Recordando… La Tertulia del Café de Pombo

Por Mª Dolores Barreda Pérez

Obras, artistas, socios, pequeñas historias…

 

La Tertulia del Café de Pombo

José Gutiérrez Solana

1920. Óleo sobre lienzo. 161,5 x 211,5 cm

 

Hace unos años el Museo Reina Sofía lanzó un espacio web que permite explorar obras de su Colección con un zoom de gran definición con el que analizar trabajos de algunos artistas, como el famoso cuadro por todos conocido, del que fuera socio de la AEPE, José Gutiérrez Solana, titulado “La Tertulia del Café de Pombo”.

A raíz de esta información básica, realizo distintas búsquedas básicas de esa obra en la red y compruebo, que en ningún medio escrito aparece que el cuadro se presentó en el I Salón de Otoño que organiza la Asociación de Pintores y Escultores, celebrado en octubre de 1920, al que concurrió el socio José Gutiérrez Solana, inscrito así como natural de Madrid, donde reside, en la calle de Santa Feliciana número 5.

A este I Salón de Otoño presentó Gutiérrez Solana las obras 363- “La guerra” (1,30 x 1,16), 364- “Las peinadoras” (165 x 1,35), 365- “Los clowns” (1,20 x 1,16) y 366- “La tertulia del Café de Pombo” (1,85 x 2,35). En el catálogo editado con tal motivo, aparece una reproducción de la obra en blanco y negro.

En la prensa de la época encontramos algunas reseñas a la obra, como la aparecida en la revista Cosmópolis de diciembre de 1920, en la que Ballesteros de Martos firmaba un largo artículo en el que incluía lo siguiente: “Las tres notas salientes del Salón de Otoño las constituyen los envíos de Daniel Vázquez Díaz, Gutiérrez-Solana y Gustavo de Maeztu. Los tres artistas representan el único anhelo de independencia moral e intelectual que allí puede verse…. “La tertulia del Café de Pombo”, que por sus pretensiones podría ser una obra maestra, no prueba más que la impotencia técnica y la parvedad intelectiva del pintor. Ni son retratos, ni son interpretaciones más o menos personales de las psicologías de los personajes, ni hay en el cuadro nada que revele el sentimiento artístico. Es vulgar de composición y mísero de medios expresivos. Los personajes parecen muñecos de trapo inexpresivos que están esperando la mano experta del ventrílocuo para que los anime y los saque de su hieratismo un poco grotesco”.

En La Ilustración española y americana del 8 de diciembre de 1920, Ramón Rivas y Llanos se expresaba así: “Si Gutiérrez Solana hubiera nacido sesenta años antes hubiera vivido en la época del asfalto y sería un gran consumidor de este color, hoy proscripto… Sus cuatro cuadros «La guerra», «Las peinadoras», «Los clowns» y «La tertulia del café de Pombo» son oscuros lodos y sucios de color. El caso de este artista es verdaderamente curioso. Temperamento de pintor, fue víctima de predicaciones literarias que tuercen su camino lanzándole por una vía que no es la de pintura, y sin orientación fija va perdiendo sus cualidades. Es un ejemplo de retroceso lamentable. El Sr. Solana no se ha percatado que sin luz y, por consiguiente, sin color, no hay cuadro. Los que le metieron en las andanzas extraviadas en que se encuentra no estaban sin duda al tanto del movimiento pictórico actual, aun cuando lo estuvieran del literario, y así le ha salido a este artista, que pretende hacer literatura con los pinceles, y !a pintura no es literatura, es otra cosa”….

Y en La Esfera del 20 de noviembre de 1920, Silvio Lago expresaba: “Ante todo se destacan los envíos de Daniel Vázquez Díaz y de Gutiérrez Solana. “El cartujo”, de Vázquez Díaz, y “Las peinadoras”, de Solana, tan distintos de concepto y de finalidad, tan alejados de inquietud sentimental, son las sendas obras que mejor les definen a cada uno. Luego hay –en ellos siempre- los aciertos del apunte de la “Cabeza de Unamuno” y del espejo superior en “La tertulia del Café de Pombo”….

Pero más allá de todo esto, recordamos que el Café y botillería Pombo era un antiguo establecimiento que abrió sus puertas a principios del siglo XIX y estaba situado en la Calle Carretas número 4 de Madrid, junto a la Puerta del Sol, una calle que por entonces estaba repleta de librerías y tiendas ortopédicas.

En el siglo XIX y hasta la Guerra Civil, los cafés eran instituciones fundamentales en la vida cultural de Madrid y de otras ciudades españolas, por las tertulias que en ellos se realizaban.

Muchos autores hablaban ya en el siglo XIX de la botillería Pombo, la más antigua de Madrid, un local modesto conocido por su leche merengada y por el sorbete de arroz que servía, pese a que algunos platos elaborados con arroz producían diarreas, por lo que era apodado graciosamente en Madrid como «el café de los cagones».

En 1915 Ramón Gómez de la Serna decidió abrir en el local su tertulia literaria de los sábados por la noche, que bautizó como “La sagrada cripta del Pombo”, con el permiso de Eduardo Lamela, dueño del local, y atrajo allí a intelectuales y artistas que se reunían hasta la una de la madrugada.

El local, que tenía una doble entrada abierta a un gran salón, que daba paso a cinco salas y acceso a los sótanos donde se reuniría la tertulia, era de techo bajo, casi angustioso, y decoración modesta, cuya única fuente de calor eran las lámparas de gas, aunque disponía de espejos, dos grandes relojes, servicio de limpiabotas y mesas rectangulares de mármol para cuatro personas.

En 1920 José Gutiérrez Solana, tomando como modelo una fotografía de Alfonso Sánchez Portela, hijo del fotógrafo Alfonso, pintó el cuadro titulado “La tertulia del café Pombo”, que presentó en el I Salón de Otoño de la Asociación de Pintores y Escultores, celebrado en el Palacio de Exposiciones del Retiro, que se inauguró el 15 de octubre de 1920.

Después, el cuadro pasó al Café de Pombo, donde presidió la “cripta” hasta el año 1937.

En el lienzo están retratados algunos de los integrantes habituales de la tertulia: Tomás Borras, periodista, comediógrafo, novelista y autor de cuentos, Manuel Abril, escritor, periodista y crítico de arte, José Bergamín, poeta, crítico, ensayista y autor teatral, Ramón Gómez de la Serna, anfitrión, Mauricio Bacarisse, poeta, novelista y ensayista, José Gutiérrez, pintor y autor literario, Pedro Emilio Coll, escritor venezolano, Salvador Bartolozzi, pintor y dibujante y José Cabrero Mons, pintor.

La mesa de reunión de la tertulia se conserva en el Museo Nacional del Romanticismo de Madrid.

La tertulia se mantuvo hasta el año 1936, en los inicios de la guerra civil española, y el local sobrevivió hasta el año 1942, en que cerró sus puertas para siempre.

El óleo sobre lienzo de Gutiérrez Solana fue un regalo del pintor a Ramón Gómez de la Serna, quien en 1947 lo donó al Estado español, quedando expuesto en el Museo Español de Arte Contemporáneo, hasta su traslado al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Café Pombo ,en la calle Carretas nº 4, cerca de la esquina con Sol

Firmas con sello de lujo: Tomás Paredes

Vilató,

100 Obras para un centenario 

 

Vilató en su estudio. Archivo Vilató

 

Al hablar de Vilató, de Javier Vilató, siempre recuerdo la escena de Zorba el griego en la playa con su amigo y jefe, éste le pide que le enseñe a bailar y Zorba – ¿has dicho bailar? – eleva los hombros y los brazos y le dice, ¡vamos!, y comienza el ritmo lento, cadencioso, misterioso, impresionante, de la música de Mikis Theodorakis.

O cuando estuvimos oyendo a Antonia La Negra, ella alzaba los brazos antes de entonar unos tangos y Vilató se levantaba como en un rapto ascensional. Javier le pidió a la vida que le enseñara a bailar y la vida le tomó de la mano, se puso las suyas en la cintura, y comenzaron a coreografiar los sabores, los amores, los dolores, los ardores y el duende de la existencia por alegrías.

Vitalista, seductor, abierto, auténtico, campechano, mollar, jugoso como una chirimoya o una granada, que tanto gustaba y pintó. La sonrisa delataba su carácter empático, amable, cordial, incisivo. Sólo le vi una vez enfadado, cuando nos mandó llevar al bronce un barro, que se había secado y al tratar de hacer el molde para la fundición, se abrió como como una flor y lo que era una mimosa cabeza de Ishikawa se redujo a un pequeño cúmulo de polvo. Alcántara lo había advertido, pero las catástrofes son caprichosas y fatalistas.

Hijo del doctor Juan Vilató y de Lola Ruiz Picasso, creció en la casa barcelonesa de los Picasso entre obras cubistas, en la Barcelona de los años treinta y desde niño su inclinación fue el arte. Quiso ser torero, pero dejó los trastos del toreo para tomar los pinceles con ahínco y construir una obra, que fue ahormándose con el tiempo y las circunstancias, hasta conseguir un lenguaje que le distingue y ensalza.

Femme debout, 1946-47, óleo/lienzo, 195×97 cm

 

Javier Vilató Ruiz (Barcelona 1921-París 2000) fue alumno de la vida, buscó denodadamente una expresión propia, ambientada entre las obras de Picasso que tenían en casa y luego voló hasta el borde de todos los acantilados. Tras la guerra, huye a Francia con su hermano Fin y Picasso, su tío carnal, tiene que rescatarles de los campos de refugiados que habían conformado los franceses.

Ante la invasión alemana, vuelve a España, donde le espera una larga “mili” y ya mediados los cuarenta con una beca del Gobierno francés regresa a París, donde se establece. En los cincuenta era una especie de cordón umbilical con el que el Maestro se relacionaba con el mundo, con sus visitas, con los españoles que querían conocerlo. Durante largos años su contacto fue asiduo y eso marca, en lo artístico y en lo personal.

Se han dicho tantas memeces sobre su estilo y sobre su trayectoria que merece un excurso el asunto de su influencia picassiana. Lo cierto es que sus mayores huellas estilísticas no vinieron del genio de Picasso, sino de Klee, Miró, siendo un consumado postcubista que emigró hacia una figuración biomórfica en la que construye su figura con la dislocación mágica de los miembros. Fue amigo de Wifredo Lam y eso se siente.

Y sin perder el hilo, pregunto: ¿quién no fue picassiano en los cincuenta/sesenta/setenta y aún? ¿Acaso Domínguez deja de ser un primera fila por su picassismo? ¿Y qué decir de Fernández, Viñes, Peinado, Bores, Clavé, por no citar sino a españoles? En 2016, en el Grand Palais se inauguró la muestra Picasso.manía, que daba cuenta de la gran influencia de Picasso en el arte posterior a su eclosión. Cuando a Barjola le acusaban de picassiano se sentía reconfortado y respondía: “es tanto lo que admiro a este hombre que me hacen un honor diciendo que tengo influencia de sus obras”. Vilató, fue el que más cerca lo tuvo y el que más luchó, no por alejarse de su sombra, sino por buscar ese icono que revelaba el ángel y la gracia que atesoraba.

Matsie au pull bleu, 1.I.1949, óleo de 81×65 cm

 

Tenía veneración por Picasso, como hombre y como artista; respeto, cariño, reconocimiento, sabiendo con quién se conjugaba. Cuando Kahnweiler quiso representarlo, no aceptó su invitación, no por miedo, sino por evitar confusiones.  En 1995, la Fundación Arte y Tecnología de Telefónica, en su sede madrileña, montó una de las mejores exposiciones que se han hecho de su obra: “Vilató. Colecciones europeas”. En la rueda de prensa de su presentación, ante tanta pregunta sobre Picasso, Vilató comentó: “Ayer murió un magnífico pintor español en Francia, en lugar de tanta preocupación por Picasso, alguien debería haberme preguntado por la vida y obra de ese artista excepcional”.

Vilató se inicia en la figuración, pero en seguida revela su ansia de renovación y con ecos cubistas, ya en 1939, deja constancia de una forma de hacer que tendrá normas singulares. Sigue hurgando en las estructuras cubistas, pinta excelentes retratos de la poeta griega Matsie Hadjilazaros, pasa por el divisionismo y luego, cuajado de ternura, se entrega a una figuración vanguardista y exquisita. Hay retratos de Marianne Torstenson que son un primor, pintura genuina, elegancia plástica y sensual espiritualidad.

En el catálogo de la exposición de Telefónica, hay textos magníficos de Juan Manuel Bonet, André Verdet, Douglas Cooper y uno, del abajo firmante, sobre el retrato. Telefónica además editó otro volumen de consideración sobre su Escultura. Quiero recordar la figura de Roberto Velázquez, director general de la Fundación Telefónica, que fue un gran admirador y difusor de la obra de Vilató. Y no sólo eso, inicio varias colecciones de interés plástico e histórico, convirtiéndose en el mejor momento de esta Fundación, que se fortaleció gracias a la inteligencia de Roberto Velázquez.

Le bikini rose, 1977, óleoi/tela, 100×81 cm

 

Vilató es un creador plástico de largo alcance, de entidad consistente, porque si es un pintor importante, en la escultura fue un innovador y en el grabado un maestro. Muralista variado, realizó obras con azulejos y en cobre repujado. Y no sólo eso, íntimo de poetas como Jacques Prévert, Andrée Chedid, Verdet, Hadjilazaros, Embirikos, Elytis, Althen, Porcia, Holguin, dibujó y grabó para libros de poemas que han quedado como luminarias de la bibliografía.

El Museo Casa Natal de Picasso de Málaga exhibe la exposición central de esta conmemoración, 61 obras, comisariada por su hijo Xavier Vilató; el Centre Pompidou de Málaga le dedica una sala con 9 obras. Museo del Grabado Español Contemporáneo de Marbella muestra su obra gráfica, con sus magistrales maneras negras. El Museu Picasso de Barcelona los “dibujos de teléfono” a los que tan asiduo era nuestro pintor. Y la Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Almoradi, obras relacionadas con el paisaje levantino y con Lo Mompeán, donde Vilató veraneó los últimos treinta años de su vida.

Desde luego que el impulsor de todo esto ha sido su hijo Xavier, pintor y grabador de reconocido prestigio, con la colaboración de su hermana Adela y de la segunda esposa de Vilató, Marianne Torstenson. Pero no puedo dejar de felicitar a José María Luna, director del Museo Casa Natal de Picasso y de los otros museos municipales de Málaga- Centre Pompidou, Museo Ruso, etc- por su decisión y su clarividencia a la hora de organizar esta magnífica celebración.

Buste, 1980-81, óleo/lienzo, 73×60 cm

 

Tanto Barcelona, como Málaga y Marbella deben mucho a la familia Vilató Ruiz. Y más que a nadie a la figura de Javier Vilató, por hacer de puente entre instituciones y familia, cuando no existía relación, y por las piezas, objetos y recuerdos que donaron sin lucro alguno a las mencionadas instituciones malagueñas y barcelonesa. Esta era una ocasión de lujo para mostrar elegancia. Y ha sido el Ayuntamiento de Málaga, a través de su Alcalde y de José María Luna, quien más elegante se han mostrado.

La blouse blanche, 1981-83, óleo de 92×73 cm

 

Javier Vilató es un pintor, escultor y grabador de consideración de la segunda mitad del siglo XX y requería una revisión a los veinte años de su fallecimiento y a los cien de su nacencia. Y que quede bien claro, una cosa es su altruismo, y otra la dimensión de su obra. Y, sin un ápice de nacionalismo cutrero, manifiesto que en España no defendemos como debiéramos la obra de nuestros talentos plásticos. No se trata de encerrarnos, sino de abrirnos a todo, pero mostrando lo que tenemos de más valía. Y, ¡helas!, eso no lo sabemos hacer y no lo hacemos. ¿Dónde está el “Reina Sofia” en esta celebración?

Asistí a muchas de sus exposiciones y presentaciones, conocí a distintas personalidades de su mano, sé en los museos del mundo donde está representado, en las colecciones de Europa donde brilla, la bibliografía que generó y todo eso son elementos objetivos de su dimensión. Sus colegas: Guansé, Pierrette Gargallo, Subira-Puig, Segovia, Lucien Freud, por citar lo que he presenciado, hablaban de su obra con admiración. Igual sucedía con críticos, poetas, galeristas.

Nu assis, 1999, 81×65 cm, la última obra que pintó

 

A la exposición de la Casa Natal acompaña un cumplido catálogo con la imagen de las obras expuestas, textos institucionales y de Xavier, Minteguiaga-Guezala, el poeta Rafael Inglada y Germán Borrachero. Ahí está una síntesis de su vida y de su obra; desde las primeras piezas que pintó o esculpió al último cuadro que hizo, Nu assis, septiembre-diciembre de 1999, óleo sobre tela, 81×65 cm.

Les invito a ver esa exposición, a verlas todas claro, pero ésta y las piezas del Centre Pompidou son suficientes para disfrutar de un arte limpio, de un ejercicio de depuración hasta lograr su idiolecto. Vemos como lucha para salir de la figuración inicial, como se engancha al cubismo, haciéndole suyo, y como navega por el puntillismo hasta que las aguas se aclaran en las playas de Klee, para hacer una pintura intimista, poética, lírica, una meguez en las mejillas del espíritu.

Tocó todos los géneros, deshizo todas las formas para darles un sesgo nuevo, hizo del blanco un mundo donde cabe la sensualidad, la luz, el misterio, la emoción y la magia. Erotiza con inocencia, deconstruye para armonizar, colorea para traer tonos usados a la luminosidad. Diluye la luz en albura del óleo permitiendo una sonrisa en sus cuerpos de cal ardiente.

Hay en la exposición malagueña una tela pintada al alimón con Picasso. Creo que se puede ver la mano de uno y otro. Es Naturaleza muerta, s/t, 1947, óleo/lienzo, 81×65 cm. Se cuentan con los dedos de una mano las obras que Picasso hizo a cuatro manos- Max Jacob, Braque, Luis Fernández, F. Gilot y Vilató- Un honor que cupo a un selecto grupo de familiares y amigos, que resulta confortante y aleccionador.

En el retrato destacó Vilató con aire muy personal e incisivo. Entiendo que cien obras para cinco sedes obligan a una contención y estricta selección, por lo que son escasos los retratos expuestos, pero los hay. Era un profundo conocedor del retrato en la historia del arte, con predilección por los maestros renacentistas italianos y alemanes. Y eso se deja ver en muchos de su autoría.

Antes de pintar un retrato, hacia cientos de dibujos, sin exagerar, algunos serían menos, pero por hábito, dibujaba a su retratado con fragmentos de su rostro y perspectivas desde distintos ángulos. Los ojos, la boca, los pómulos, el pelo, la sonrisa; en fin, hacía un estudio exhaustivo que luego sintetizaba con los trazos de su pincel. Los hay en todos los formatos, pero siempre captando el carácter y la fisonomía de sus modelos: Marianne, maître Roger Huaert, la baronesa Alix de Rothschild, el marchante Joshua Araw; Carmen Juste, que tanto gustaba a Giacometti; Matsie Hadjilazaros en el Venaken Museum de Atenas; Portrait de Germaine, Marie-Pascal Widemann, Madame Simone Sandoz, Prof. Pierre Vidal-Naquet…

Había nacido en la misma fecha que su amigo Matta, diez años después, para dejar constancia en la historia de un arte con carácter y con poesía. Su obra no ha dejado de crecer desde su muerte y ahora reclama una mirada natural, amiga, clara, sonriente, como su vida. Fue un valiente ante la enfermedad y ejemplo de hombre de una pieza. Los que fuimos testigos de ello debemos recordarlo. Y agradecerlo. Hoy vuelvo a escuchar la voz de cobre y terciopelo de Manuel Agujetas, que tantas veces le cantó, entonando unos martinetes por su gloria.

Tomás Paredes

                   Presidente de H. de la Asociación Española de Críticos de Arte/AICA Spain

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes de la AEPE: Ceferino Palencia Álvarez Tubau

Por Mª Dolores Barreda Pérez

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes

de la Asociación Española de Pintores y Escultores

 

La  Gaceta de Bellas Artes 1910-1911

Como hemos visto, el primer número salió bajo la dirección de Ceferino Palencia Tubau en calidad de Redactor-Jefe, pero ascendido a Director antes del segundo número, sin dejar de ser Redactor-Jefe.

El coste del primer número, en julio de 1910, fue de 160 pesetas, que se rebajaron a cien pesetas para el número de diciembre de 1910, a 85 pesetas en enero y a 75 pesetas en febrero, al parecer mediante una especie de contrato con la casa impresora.

También se bajó el sueldo al Director en enero de 1911, de 100 a 79 pesetas.

Se imprimía en «La Editora», situada en la calle de San Bernardo, número 19 de Madrid, vendiéndose por suscripción, a razón de 1,50 pts. al semestre, y de 2,50 pesetas la anualidad.

En febrero de 1911 se imprimía en «La Gaceta Administrativa», en la calle de Leganitos, número 54, estando la redacción en junio de 1911, en la calle de Serrano, número 47.

La nueva revista tenía como objetivos los que marcaban los Estatutos, pero también unas limitaciones que como ya hemos visto, quedaban expuestas de forma clara en el primer número, “no ocuparse en elogio ni en censura de ninguna obra de los asociados para evitar apasionamientos”.

La Gaceta recogió los Reglamentos de Exposiciones Nacionales, los de la Internacional de Roma, Congresos Artísticos Internacionales etc.

El primer número daba cumplida cuenta de la fundación de la Asociación de Pintores y Escultores, publicándose los estatutos reglamentarios y el listado alfabético de los socios fundadores y de los socios de número, donde se podían ver los nombres de los más ilustres y afamados artistas de la España del momento.

Figuraba también un extracto de los acuerdos de la “Gaceta de Madrid”, relativos a reglamentos de Exposiciones Nacionales, oposiciones y nombramientos oficiales, noticias generales de arte en España y de todo el mundo, que hoy en día constituyen una referencia indispensable para los investigadores de la historia del arte, la venta de cuadros en los principales países del mundo, una relación de concursos nacionales e internacionales,  exposiciones abiertas en España y en el extranjero, una sección de los libros y publicaciones de interés para los artistas, e incluso extensos artículos sobre las técnicas pictóricas más tradicionales que debía conocer todo artista.

En algunos números, historias en capítulos sobre el Arte Industrial de los tejidos, e importantes artículos como “Derechos de propiedad”, que ya eran fuente de preocupación e interés en la Asociación de Pintores y Escultores, el “Discurso de Adolfo Apolloni” leído ante la lápida conmemorativa de Mariano Fortuny, el robo de la “Gioconda” de Vinci, el Robo de la “Santa Ana” en el Prado o una primera comparativa entre la “Gioconda” de Madrid y la del Louvre.

Figuraban en los primeros números ya algunos anuncios locales e importantes internacionales de Londres, Bruselas, Dusseldorf y París.

A partir del número 5 se incluía un listado de modelos dividido en tres categorías: mujeres, hombres y niños.

También incluía interesantes artículos de opinión como el titulado “A propósito de la creación de un Museo de Artes Decorativas”, que firmaba Rafael Doménech y en el que se pedía la apertura de este museo específico y necesario para el patrimonio nacional. O sobre la nueva Escuela de Cerámica en un artículo de Francisco Alcántara, el que fuera su director y también socio de la AEPE.

Y por supuesto, información societaria de interés general, como actas de las Juntas generales o como la Memoria de gestión que en el número 6, correspondiente a diciembre de 1910, firma el Vicesecretario de la entidad.

El primer cambio de cabecera tuvo lugar con el número 8, del 15 de enero de 1911, año 1.

Ceferino Palencia fue el responsable de los quince primeros números de la revista, que incluía como dirección de la Administración la calle Ayala, número 26.

Entre junio y agosto, la redacción y administración de la revista pasó a calle Serrano núm. 47, lo que nos hace pensar que Ceferino Palencia, ante los cambios del local de oficinas, decidió trasladar la redacción a su casa.

En noviembre la redacción pasó a la sede social de calle Caños, hoy Caños del Peral, momento en el que dejó el cargo como Director de la revista, pues lo cierto es que, aunque la Gaceta siguió saliendo normalmente, el nombre de Ceferino Palencia desapareció de la cabecera precisamente en noviembre de 1911.

 

CEFERINO PALENCIA ALVAREZ TUBAU

 

 

Pintor, aguafuertista, historiador, crítico de arte, escritor, dramaturgo, ensayista y político madrileño nacido en 1882.

Era hijo del popular dramaturgo y empresario teatral español Ceferino Palencia (1859-Madrid 1928), nacido en Fuente de Pedro Naharro, provincia de Cuenca (al igual que el actual Vicepresidente de la entidad, Juan Manuel López Reina) y de la gran actriz María Tubau (Madrid, 1854- Madrid, 1914), cuyo nombre artístico teatral era María Álvarez Tubau, y que más tarde adoptaría como pseudónimo su hijo Ceferino, así como su hermano, el diplomático Julio.

La actriz María Tubau, madre de Ceferino

Ceferino Palencia, padre del director

 

Ceferino Palencia Álvarez Tubau estudió el bachiller en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid y derecho en la Universidad Central de Madrid. Una vez terminados sus estudios desempeñó diversos cargos públicos en la Segunda República: fiscal; juez del distrito de Buenavista; Gobernador de las provincias de Almería, Guadalajara, Teruel y Zamora; embajador de España en los Países Bálticos.

Como hombre público, ejerció su compromiso social, que desarrolló desde una inicial postura republicana, llegando a estar algún tiempo exiliado en Francia, en incluso encarcelado, durante la dictadura de Primo de Rivera y hasta su adscripción al PSOE.

Su relación con el mundo de la pintura se debe a su amistad con el fundador de la Asociación de Pintores y Escultores, Eduardo Chicharro, con quien estudió arte, coincidiendo ambos con el pintor mexicano Diego Rivera, afincado en España en esa época.

Se casó el 6 de julio de 1909 con la escritora, actriz y diplomática Isabel Oyarzábal, a quien conoció mientras ésta trabajaba como actriz teatral en la compañía de María Tubau y Ceferino Palencia con el sobrenombre de Isabel Aranguren.

El matrimonio tuvo dos hijos: Ceferino (1910) a quien todos llamaban Cefito y María Isabel, conocida como Marisa (1914) y pasó por varias crisis surgidas por la debilidad que al parecer sentía Ceferino por las faldas femeninas, y se trasladaba continuamente de residencia por motivos laborales; así, llegarían a vivir en Suecia, Finlandia, París, Nueva York…

Con su mujer escribió alguna obra como “El arte en la cocina y la cocina en el arte”.

Ceferino en una fotografía de 1938

 

Como pintor, realizó algunas exposiciones y se presentó a distintos certámenes nacionales. Participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1915, logrando la Tercera Medalla, Medalla de Bronce en la Internacional de Panamá y Tercera Medalla en la Nacional de 1924 en grabado y obtuvo el Premio Nacional de Pintura, en 1920 y el Premio Nacional de Grabado en 1924.

Ceferino Palencia caricaturizado por Tovar, 1921

 

Socio fundador (número 126) de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Presentó tres obras al III Salón de Otoño de 1922, en donde figuró inscrito como “Palencia y A. Tubau, Ceferino; natural de Madrid; reside en Villamagna, 2 cuadruplicado”: 221.- “Japoneses”, óleo, 0,66 x 0,80; 222.- “Servicio de té”, óleo, 0,66 x 0,80 y 223.- “Flores”, óleo, 0,57 x 0,53.

Naipes

 

Pierrot y Pierette

 

Paisaje, obra de Ceferino en una tarjeta postal

 

En el campo de la literatura también obtuvo grandes reconocimientos, como el Premio Nacional de Literatura, en 1930, estando entre sus obras más conocidas, una adaptación al teatro de El fantasma de Canterville, de Oscar Wilde, alguna comedia y una monografía sobre Leonardo Alenza.

Realizó críticas de arte para La Época, El Debate, La Tribuna, La Jornada y otros diarios y pronunció variadas conferencias de tema artístico.

Ocupó importantes cargos en instituciones artísticas y educativas de gran prestigio a nivel internacional. En 1939 fue secretario del Museo de Arte Moderno de Madrid.

Durante la Guerra Civil Española se exilió como refugiado a México, de donde más tarde, en 1942, obtuvo la nacionalidad.

Ceferino y su esposa en México

 

Durante su estancia en el país sudamericano, ejerció de profesor de historia del arte en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM y en la Esmeralda del INBA.

El Director fotografiado en México

 

Cabe destacar, que además de ejercer como docente, realizaba algunas traducciones. También fue Vicepresidente del Ateneo Español de México.

Por otro lado, durante su estancia fuera de España, fue un asiduo colaborador de las revistas Las Españas y Novedades durante más de 30 años.  Además, participó en la creación del suplemento México en la Cultura.

Ceferino Palencia, Isabel, Elisa Morales y Bernardo Giner de los Ríos 27 de Enero, 1958, México

 

Publicó también libros especializados en historia del arte, y monografías sobre Pablo Ruiz Picasso, Leonardo Alenza o Rufino Tamayo (El Arte de Tamayo, Picasso y El Arte Contemporáneo en México), entre otras muchas publicaciones.

Falleció en México en 1963, a la edad de 80 años.

La familia Palencia Oyarzábal en la embajada de España en Suecia en 1938: Marissa, Cefito Palencia Oyarzábal, sentada la autora y Ceferino Palencia Álvarez-Tubau

 

Julia Alcayde de Montoya

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

Julia Alcayde de Montoya

Autorretrato al pastel

 

ALCAIDE DE MONTOYA, Julia  P   <1920    GIJON   MADRID

 

Julia Alcayde Montoya nació el 22 de mayo de 1855 en Gijón. Era la menor de los tres hijos del matrimonio formado por Manuel Alcayde, militar profesional que llegó a General, y por Julia Montoya.

Siendo muy niña, la familia se trasladó a vivir a la capital, donde desarrolló toda su vida personal y profesional, si bien no perdió nunca el contacto con su tierra natal, regresando a Asturias siempre que le era posible.

En su juventud se sintió atraída por la poesía, logrando a lo largo de su vida conocer y tratar a famosos poetas como Zorrilla, Antonio F. Grilo o el pintor y periodista Octavio Picón, que además le dedicaron versos.

Su hermano Fermín, gran dibujante y pintor en horas de asueto, le inculcó la afición a la pintura y le enseñó los fundamentos técnicos del arte pictórico, aunque como su padre, era también militar y llegó a general como él. Gran amante de la pintura, dejó grandes cuadros que confirmaban su talento, dirigiendo la primera formación artística de Julia, que continuaría de forma autodidacta.

Su habilidad como dibujante hizo que ganara el primer premio del concurso de pintura que organizó el periódico “El Noroeste” de Gijón, lo que la llevó a frecuentar el estudio de Manuel Ramírez, que por entonces dirigía la Escuela de Artes y Oficios de Madrid.

Paisaje

 

Racimo de uvas

 

Gladiolos

Flores

 

Animada por su profesor, comenzó a presentarse a las exposiciones nacionales a partir de 1885, siendo la primera pintora asturiana en presentarse a las mismas y concurriendo desde entonces de forma regular y asidua a las mismas, así como a certámenes y muestras de arte.

Su desahogada posición económica hizo que pudiera dedicarse por entero a la pintura, siendo con Sebastián Cessa con quien se especializaría con el tiempo en los bodegones que marcarían su carrera en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid.

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1890, la reina María Cristina le compró un cuadro titulado Frutas.

En la Exposición Internacional de 1892 lograría la Medalla de Tercera Clase.

En 1893 participó en la Exposición Internacional de Chicago.

Fue la única mujer seleccionada para participar en la Exposición Internacional de Viena de 1894.

En la Exposición de 1895 conseguiría la Medalla de Tercera Clase.

En 1897, en la Exposición Nacional de Bellas Artes competiría con un jovencísimo Pablo Ruiz Picasso, que por aquel entonces tenía sólo 16 años, y cuya obra, Ciencia y caridad, obtuvo una Mención de Honor.

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1899 obtuvo la Segunda Medalla.

En 1903 participó en la exposición del Círculo de Bellas Artes, consiguiendo la Primera Medalla, siendo la primera mujer en obtenerla en una institución que posteriormente la declararía “Socio de Honor”.

Julia con algunos familiares en 1905

 

En 1907 se presentó a las Exposiciones de Bellas Artes de Berlín y Múnich, donde logró un éxito notable, hasta el punto de que algunos museos de estas ciudades adquirieron obras suyas

Participó en la Exposición Internacional de Bruselas de 1910, en la Internacional de Buenos Aires de ese mismo año y en la de Roma de 1911.

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1912 lograría también la Segunda Medalla.

Julia Alcaide votando en la Exposición Nacional de BBAA de 1912

 

En 1913 participó en la Exposición Internacional de Munich.

Participó en el Salón de Otoño de 1920, 1932 y 1933, y en el Salón de Pintura de Artistas Femeninas, celebrado en 1929.

Julia Alcayde llevó siempre una vida sencilla dedicada a la pintura.

Su última exposición tuvo lugar en 1935, cuando contaba ya con 80 años, a partir de la cual se retiró de la vida artística y social.

Su estado de salud comenzó a resentirse, y la profunda sordera que padecía la obligaron a permanecer en casa, ya que se veía obligaba a comunicarse por signos, pero esa sordera no impidió que dejara de pintar ni de exponer.

Permaneció soltera toda su vida y murió sin herederos el 18 de febrero de 1935 en su domicilio de la madrileña calle Columela, 10, perpendicular a la calle de Alcalá, frente al Parque del Retiro.

De ella escribió el poeta Antonio F. Grilo en la dedicatoria de su libro Ideales: “A la más bella y espiritual de las mujeres; a la Reyna de las artistas españolas, al pincel más inspirado de las frutas y de las flores; a mi niña mimada Julia Alcayde”.

A lo largo de su vida profesional recibió comentarios muy laudatorios por parte de la crítica aparecidos en prestigiosas revistas de la época como el Blanco y Negro, La Ilustración Española y Americana, ABC, El Sol, la revista Asturias, El Noroeste de Gijón, y en otros muchos periódicos y revistas.

El puesto de mi calle

Flores

Julia Alcayde está considerada como una de las mejores pintoras españolas de finales del siglo XIX y principios del XX, destacando por sus bodegones y escenas de caza, si bien también trabajó el paisaje con gran maestría, la escena costumbrista y el retrato.

Las composiciones de floreros y bodegones con los que se granjeó un sólido prestigio, la situaban a la altura de bodegonistas como Zurbarán, Gessa, Nonel o Juan Gris.

Su obra se enmarca en una reproducción fiel de la naturaleza y sus connotaciones climatológicas que se convirtieron en el sello diferenciador de la pintura asturiana de finales del siglo XIX.

Frutas. Museo del Prado

 

Es una de las primeras artistas asturianas de relieve y una de las máximas representantes del bodegón burgués.

Trabajó diversas técnicas: óleo, acuarela, cera, pastel y dibujo a lápiz, siempre dentro de una cierta unidad de estilo.

En su larga vida le tocó convivir con una constante sucesión de movimientos de vanguardia, desde el fauvismo al expresionismo, y, aunque en su etapa final se aprecia una cierta evolución técnica, en forma de una pincelada más suelta y atrevida, no se dejó influir decisivamente por ninguno de los movimientos artísticos de su tiempo.

Su obra se encuentra en museos como el del Prado, la Casa Museo de Jovellanos, el Museo Nacional de Arte de Cataluña, en el Museo de Zurich y en el de Berna, en infinidad de instituciones públicas y numerosas colecciones particulares de España, Munich, Berlín, Berna, Zurich, Chicago, Buenos Aires o Suiza.

Naturaleza muerta. Museo de Cataluña 

Retrato de dama

 

Algunos de sus cuadros más significativos son: Bodegón de caza (1897), El puesto de mi calle (1899), Autorretrato (1903), Bodegón de uvas, Bodegón de fruta (1897), Ermita de San Saturio, Rincón de Carabanchel, Señora con mantilla, Retrato en azulFrutas, 1890 y, en cuanto a dibujos, El niño de la carretilla y Viejo molino, entre otros.

Estudio de flores

Gitana con pañuelo

 

Julia Alcayde y la AEPE

Al I Salón de Otoño de 1920 concurrió inscrita como Julia Alcayde, natural de Gijón, reside en Madrid, Calle Columela, 10, y presentó las obras

11.- En el campo, óleo, 1,47 x 1,23

12.- Bodegón, óleo, 0,99 x 0,74

13.- Higos, óleo, 0,72 x 0,65

Al XII Salón de Otoño de 1932 presentó una única obra:

126.- Primavera, óleo, 1,24 x 1,50

Al XIII Salón de Otoño de 1933 concurrió con la obra

295.- Bodegón

 

Naturaleza muerta

Retrato de joven con manto amarillo 

Obra presentada al I Salón de Otoño

 

Esquela aparecida en el diario ABC

 

Medalla conmemorativa de Julia Alcayde de artista desconocido

 

Retrato 

Retrato

 

Firma autógrafa de Julia Alcayde

 

 

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes de la AEPE

Por Mª Dolores Barreda Pérez

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes

de la Asociación Española de Pintores y Escultores

 

En el número correspondiente al mes de octubre, abordamos la biografía del último artista que da nombre a las Medallas que otorga la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Muchas han sido las propuestas que he valorado para abordar otra serie de biografías de artistas relacionados con la centenaria entidad.

Como quiera que en años anteriores la Gaceta de Bellas Artes ya emprendió la tarea de dar a conocer la vida de los Presidentes de la AEPE, referentes indiscutibles en el mundo del arte en la España del siglo XX, me ha parecido más oportuno emprender la tarea de divulgación de una faceta menos conocida de la historia de nuestra institución, como es la de presentar las biografías de quienes dirigieron la Gaceta de Bellas Artes.

Nos encontramos con personajes ilustres, prestigiosos y afamados, algunos completamente desconocidos, pero en todos los casos, auténticos profesionales de sus respectivas ocupaciones, que bien merecen unas líneas y son parte de la historia del arte de España y por supuesto, de la historia de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Me propongo recuperar la memoria de quienes un día, tuvieron en sus manos gloria, ocasión y anhelos por hacer del proyecto común de la Asociación de Pintores y Escultores, un referente indiscutible en el mundo del arte de España.

cabecera 1

 

Nacimiento de la publicación

La España de principios del siglo XX comienza con la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Una derrota que supone una importante crisis de identidad para la política de la Restauración, y la necesidad urgente de construir una conciencia nacional desde una perspectiva moderna, equiparable al resto de países europeos.

Los cambios de todo tipo en la España de 1900 afectan a la política, a la sociedad, la economía y por supuesto, a la cultura y al arte.

La diversidad estética que surge en estos primeros años, a los que muchos llaman la “Edad de Plata” de la cultura española por el gran número de artistas surgidos, hará inevitables cambios en la forma y en el fondo del mundo del arte.

Los artistas españoles encuentran en París el lugar ideal donde más cambios se están produciendo en las tendencias plásticas, si bien en el arte oficial continúa predominando el academicismo, el historicismo y el eclecticismo.

Poco a poco, los propios artistas van asimilando la modernidad y el rupturismo, eclosionando en las vanguardias, caracterizadas por una innovación estética.

Pero los artistas también sienten la necesidad de agrupar sus fuerzas y desvelos, para defender sus intereses materiales y artísticos, para fomentar todas las manifestaciones del Arte por medio de exposiciones, para prestarse un mutuo apoyo, para hablar del arte, para tramitar los asuntos del arte que a todos atañen y están en manos de funcionarios ajenos al arte.

Y con ese espíritu, se funda la Asociación de Pintores y Escultores en 1910, bajo el reinado de Alfonso XIII, que tanto apoyo prestó a la institución.

Una entidad que necesitaba dar voz a sus ideales y que vio la necesidad de contar con una revista oficial de arte, que se ocupara en exclusiva de los temas artísticos y culturales, pero sobre todo de las artes plásticas.

La Gaceta de Bellas Artes nace así como revista mensual, con el deseo de dotar a los artistas de un medio específico, respondiendo a la necesidad de contar con todo tipo de informaciones relativas a las bellas artes.

Una idea novedosa y vanguardista, valiente, que nacía frente a los gigantes que en la época se publicaban, revistas ilustradas como Nuevo Mundo, Mundo Gráfico, Alrededor del Mundo, Blanco y Negro y La Ilustración Española y Americana (La Esfera, otro de los referentes de la época, nació en 1914).

Pero frente a ellas, era necesario contar con una publicación en la que la información específica de las artes plásticas, representara la referencia cultural por antonomasia para los artistas y amantes de las bellas artes de España y en la que además, tuvieran cabida otro tipo de manifestaciones y notas culturales literarias, con artículos, poesías, colaboraciones, críticas de arte e informaciones varias.

Portada número 1 Gaceta Bellas Artes

 

La Gaceta de Bellas Artes

La Gaceta de la Asociación de Pintores y Escultores, nació como órgano de información y comunicación de la entidad, fundada en abril de 1910, coincidiendo con la primera Asamblea General de la misma, celebrada en julio del mismo año.

En el primer número, correspondiente a julio de 1910, se publicaban los motivos de la fundación de la Asociación de Pintores y Escultores, especificándose que “Se compromete también la Asociación a crear un “Boletín o Gaceta” de información general de arte, en donde se dará cuenta al propio tiempo de la marcha administrativa de la Sociedad, y en cuya “Gaceta” se obligan, para evitar toda preferencia o apasionamiento, a no ocuparse en elogio ni en censura de ninguna obra de los asociados”.

Esta publicación que actualmente, como la muestra lo indica, será únicamente de información, puede ser pasado algún tiempo una revista de importancia grande y de excepcional interés. Puede, conservando el fin para que fue creada, ser una publicación de extensa información artística, dándole aquí a la palabra información el más amplio sentido que puede tener, abarcando todo cuanto al Arte se refiera reproduciendo obras y dando cuenta de ellas por cuantos medios pueda disponerse.

Órgano oficial de los artistas españoles, todos han de prestarle su auxilio; y con elementos de tal fuerza, es incalculable medir la importancia y transcendencia que en el arte puede llegar a tener”.

Y después, transcribía los estatutos fundacionales.

 

Breve historia de la Gaceta de Bellas Artes

Inicialmente se llamó Gaceta de la Asociación de Pintores y Escultores, a imitación del nombre de la Gaceta de Madrid, que era el entonces boletín oficial del Estado del que tomaba algunas de las noticias de interés para los asociados.

Salió a la calle incluso antes de la primera Junta General, bajo la dirección de Ceferino Palencia Tubau en calidad de Redactor Jefe, que ya en el segundo número figuró como Director.

A partir de 1921 se llamó «Gaceta de Bellas Artes» continuando la numeración empezada en 1910.

Salió con regularidad hasta 1936 y en 1944 se reanudó la publicación, compitiendo con otras publicaciones especializadas, de manera que se ha mantenido en el tiempo, con diversos paréntesis de variada fortuna, habiendo totalizado ya unos 742 números (el último publicado correspondiente a los meses de agosto y septiembre de 2021) cargados de comentarios y de interesante información sobre el arte en España y aún fuera de ella.

La importancia de esta publicación reside en que se llegó a editar ininterrumpidamente durante veinticinco años, y si bien ha atravesado etapas diversas, desde ser la referencia del mundo artístico en años en los que apenas existían este tipo de publicaciones en España y en la que colaboraron desinteresadamente importantes escritores y críticos de arte, hasta centrarse prioritariamente en aspectos de interés asociativo, hoy en día aún se mantiene como publicación de referencia de las actividades de los socios.

En 1912 se pretendía convertir a la Gaceta en una revista moderna, pensada para la gente de la calle y no sólo para los asociados, más enfocada a la opinión y que se llamaría «Por el Arte».

En 1916 tuvo algunas modificaciones, pues pasó a ser quincenal, incorporó un resumen de temario en primera, cambió la cabecera y dejó de salir al público para distribuirse solamente entre los asociados y entes oficiales y artísticos.

En 1917 se mantenía quincenalmente con distribución gratuita a los socios, celebrando en julio de 1918 su número 100.

Al inicio de los años veinte, en España solo existían dos publicaciones dedicadas al arte: la Gaceta de Bellas Artes y la revista MUSEUM, en la que se anunciaba la Gaceta de la AEPE, pero que duró poco tiempo en el mercado. Es verdad que aparecieron otras como la que editaba la Sociedad de Amigos del Arte, pero no estaba dirigida al gran público.

En 1920, coincidiendo con el Primer Salón de Artistas Independientes, el Salón de Otoño, la Gaceta editó un número extraordinario de veinte páginas, manteniéndose ya este tamaño en los siguientes.

Un año después, en 1921, la revista pasó a llamarse definitivamente Gaceta de Bellas Artes, subtitulada: “Órgano oficial de la Asociación de Pintores y Escultores”, a partir del cual se retomaba la idea de la época en que apareció bajo el título de «Por el Arte».

El 15 de diciembre de 1923 quedó registrado el diseño de marca «para distinguir una publicación periódica, revista ilustrada con la denominación Gaceta de Bellas Artes completada por un dibujo de adorno formado por rasgos artísticos combinados con dos figuras de animales fabulosos». Registro de marca de la propiedad industrial que conserva la institución en su Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba”.

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En 1924 contenía grabados y dibujos, siendo visada por la censura militar del momento.

Los cambios de estructura y formato de la revista, corresponden en general a los cambios de Director, que busca un mejor servicio a un mejor precio.

En 1929, se anuncia la aparición de la revista «Plástica», abierta a todos los amantes del arte, buscando que sea más profesional y popular y que dirigiría Manuel Abril.

Pero «Plástica» no llegó a aparecer después de estar preparado el primer número, debido primero a huelgas en artes gráficas y luego la enfermedad del señor Abril… si bien la Gaceta tuvo un profundo cambio, adaptándose al estilo de otras revistas ilustradas de la época, y siendo, desde mayo de 1931, de periodicidad mensual.

Hacia 1934 era la única revista de arte con salida frecuente y periódica que se publicaba en España y logró un prestigio e interés, siendo muy solicitada desde el extranjero.

abril-de-1935

Durante la guerra civil dejó de publicarse. Fue un paréntesis que duró hasta 1944, donde retomó el número 459, e incluía numerosas ilustraciones y la intención de tener una periodicidad trimestral que finalmente no pudo cumplirse.

En 1949, y tras muchas gestiones, volvió a retomarse la edición a finales de 1954, con el número 463, para seguir saliendo con carácter bimestral, hasta su número 473, correspondiente al primer trimestre de 1957.

Tras los periodos de publicación de 1976 y posteriormente de 1987, se llegó a un largo paréntesis que en 1970 se vino a cubrir con un Boletín Informativo, que era más que boletín, un ensayo, tímido en el nombre, pero decidido en su contenido, para intentar reflotar la revista, publicándose veintitrés números hasta 1979.

Un nuevo intento gestionado en 1986, y gracias a una subvención del Ministerio de Cultura llegó a poner en la calle, cuatro números entre 1987 y 1989.

A finales de 1989 se comenzó a publicar puntual y mensualmente un díptico, a veces tríptico, que se llamó “Suplemento informativo de la Gaceta de Bellas Artes”, que por su extensión tenía que reducirse exclusivamente a esas labores de difusión de las actividades asociativas, sin fotografías ni otros elementos, pero que fue muy bien acogido por los socios por su eficacia informativa.

En 1995 comenzó una nueva época de la Gaceta, editada a todo color, manteniéndose en paralelo el “Suplemento Informativo”, mucho más flexible en su formato y contenido y que se distribuía exclusivamente para los socios, en tanto que la Gaceta de Bellas Artes renació con vocación de llegar a otros sectores más allá de la propia AEPE.

La comunicación con los socios continuó mediante el Suplemento informativo que siguió saliendo mensualmente con bastante puntualidad y en él se informó a los socios con anticipación el calendario de actividades del año, de premios obtenidos por nuestros asociados y de otras noticias de interés relacionadas no sólo con la Asociación sino, en general, con el arte.

A partir de 1998 se mantuvo únicamente el “Boletín informativo de la Gaceta de Bellas Artes” con diez u once números al año. Se mantuvo con 4 páginas hasta 2000, pero más tarde se incrementaron a 6 y a 8 no siendo fijo el número de ellas.

De 2005 a 2008 la Gaceta mantuvo 6 páginas, que en 2011 se incrementaron hasta 12 y se empezó a llamar Gaceta, prescindiendo del término Boletín, y a llevar otros contenidos.

En 2011 y 2012 pasó a 16 páginas.

A finales de 2013 se había solicitado colaboración de los socios en el Boletín y ya se publicó alguna, siendo el deseo incrementarlas en la medida de lo posible.

En 2014 la media de páginas rondó las 40, con muy buena aceptación por parte de los socios. Y pasó a llamarse Gaceta de Bellas Artes, suprimiendo el apelativo Boletín aunque la edición fuera modesta. Se distribuía a todos los socios por correo junto a otras informaciones más puntuales.

Se incluyeron, en blanco y negro, fotografías representativas de nuestras actividades lo que hacía años había dejado de hacerse por los altos costes que representaba entonces pero que ahora era accesible por las técnicas digitales. Y se insertaron algunos anuncios, siempre que no fueran competencia directa con nuestras actividades.

El Boletín informativo se mantuvo hasta enero de 2015, y aunque conservando el mismo formato, se presentaba ya en la página web de la centenaria entidad, manteniendo su impresión en blanco y negro y su distribución postal a los socios y entidades e instituciones culturales. Incluía además una serie de biografías sobre los Presidentes de la AEPE.

En enero de 2016 varía nuevamente la distribución del contenido, adquiriendo mayor importancia las informaciones societarias, las convocatorias y el portal del socio, eliminando la relación de exposiciones de todo tipo que se venían incluyendo y ganando peso las imágenes frente a los textos.

La evolución de la Gaceta de Bellas Artes hacia una nueva era digital fue progresiva. Además de su impresión y envío postal, adquiría un mayor protagonismo en la página web de la AEPE, enriqueciendo su contenido y aportando el dinamismo que requería la modernización que la entidad afrontaba.

A ello contribuyó decididamente la creación de otra página web, portal y buscador que bajo el nombre de www.gacetadebellasartes.es vino a volcar todos los contenidos de las gacetas desde su creación, en un proceso de digitalización financiado por Maxam.

El archivo consta de más de 40.000 imágenes digitalizadas, por las que apreciar la rica historia de la Gaceta de Bellas Artes, pudiendo observar además, la evolución de las cabeceras a lo largo de los años o los diferentes periodistas y colaboradores que tomaron parte en la revista.

Ha sido esta una actuación única que ha dirigido la Secretaria General de la AEPE, con la que se ha conseguido preservar todo este patrimonio histórico de más de ciento diez años, al que un grandísimo número de artistas contribuyeron a su creación.

Este legado de incalculable valor artístico, cultural y económico, que está al alcance de todo aquel que esté interesado en indagar en la historia cultural de nuestro país.

La digitalización de la Gaceta de Bellas Artes, a través del portal-buscador www.gacetadebellasartes.es  ha supuesto un enorme beneficio a los cada día más numerosos usuarios, estudiantes, profesores e investigadores de arte… que mediante el acceso online a la revista, están enriqueciendo la historia del arte de España desde 1910.

En enero de 2018 se produjo el último cambio de cabecera, estrenando un nuevo diseño, en el que la pintura de un ojo se asoma desde uno de los huecos de una enorme g minúscula. Una cabecera que apuesta por la serenidad y la elegancia, que hace de la revista ese “ojo” del socio, la ventana a través de la cual poder estar informado en todo momento de todo cuanto acontece en la centenaria institución.

Es un guiño de su Directora por afrontar el desafío de “modernizar nuestra modernidad” con una revista más visual, fácil y digerible, pero sin restarle información societaria de interés general. Cambios de imagen, que no de filosofía esencial.

La sección de biografías históricas sobre las primeras socias de la entidad, así como otros artículos de interés histórico para recuperar la memoria grandiosa de la institución, adquieren más peso e importancia, junto a las actividades de los socios, aunque en general, la información gráfica tiene un mayor protagonismo como elemento complementario de la información que siempre ha caracterizado a la revista.

En marzo de 2020, con el estallido de la pandemia mundial del Covid-19, la Gaceta de Bellas Artes dejó de imprimirse por la paralización de todas las estructuras económicas de España, pero su difusión digital a través de la página web y de su envío electrónico a través de listas de correos que incluían además de socios, a instituciones, organismos, entidades y medios digitales, supuso una transformación lógica que se afrontó con total naturalidad.

Los servicios que en ese difícil año prestó, son evaluables por cuantos hemos pasado un año completamente conectados e interconectados, a través de una revista que no sólo informó del mantenimiento de las actividades societarias en formato digital, de las que la AEPE fue pionera en la red, sino que proporcionó esperanza, ilusión y alegrías a cuantos la compartieron.

Fue un cambio para el que la AEPE estaba preparada, gracias a la profunda modernización lograda en su administración.

Sin haber vuelto completamente a la normalidad debido a la pandemia, la Junta Directiva estudia aún si volverá a publicar en papel la Gaceta de Bellas Artes, aunque tras más de 111 años imprimiéndose, lo lógico sería adaptarse a los nuevos hábitos surgidos tras la pandemia y las nuevas tendencias tecnológicas derivadas del entorno digital.

Así se puede afirmar que la AEPE, como entidad moderna y ecológica, es consciente del impacto que el consumo de papel tiene en nuestro entorno, y por eso se ha propuesto reducir su consumo y contribuir de esta forma a la conservación del medio ambiente, mostrando su compromiso ecológico.

Por último, destacar que a lo largo de su historia, la Gaceta de Bellas Artes ha contado con 47 cabeceras diferentes.

Grandes colaboraciones

A lo largo de más de 111 años de historia, han sido muchas las personas que han trabajado y colaborado en la Gaceta de Bellas Artes de la Asociación Española de Pintores y Escultores. Personajes ilustres tanto de la cultura nacional como internacional, que recoge el portal buscador en diferentes grupos.

Hablamos de pintores, escultores, grabadores, aguafortistas, acuarelistas, profesores, artistas, políticos, conservadores, escritores, historiadores, ingenieros, arquitectos, juristas, médicos, músicos, pedagogos…

Se publicaron artículos, historias, comentarios, poesías… y se citaron y resumieron trabajos de autores de todo tipo, desde Leonardo da Vinci a Picasso, de Emilia Pardo Bazán a Julio Camba, de Elías Tormo a Luis Pérez Bueno… y así, un largo etcétera de plumas brillantes que han dejado su huella en la revista.

Y por supuesto, un hueco destacado para la crítica y los historiadores de arte con nombres como Juan Allende-Salazar, Pablo Álvarez Rubiano, Henry Asselin, Ricardo Baeza, Cecilio Barberán, Enrique Bonet, Juan del Brezo, Antonio Campoy, María Castillo, Ernestina de Champourcin, Joaquín Ciervo, María Correas, Eugenio D’Ors, Natividad de Diego, Ángel Dotor, José Francés, José Ramón Mélida, José Ortega y Gasset, Ramón Pulido, Miguel de Unamuno…

Brillantes y destacados colaboradores que han llenado de contenido una gran revista que ya es historia del arte y del periodismo en España.

Mariano Benlliure fue uno de los colaboradores de la Gaceta de Bellas Artes

 

Planteamiento de trabajo

A partir del mes próximo abordaremos el estudio del periodo bajo el que cada director insufló vida a la Gaceta. Habrá alguno cuya biografía ya se haya descubierto en números anteriores, como la correspondiente a Roberto Fernández Balbuena, a pesar de que estudiaremos los cambios y modificaciones que bajo su dirección sufrió la revista.

Pero veremos también las biografías y las huellas que dejaron los Redactores-Jefe que expresamente aparecieron en las cabeceras de la revista, en su mayor parte periodistas y como tal, profesionales del medio que aportaron su experiencia y enriquecieron la publicación.

Un trabajo que abordo bajo la escrupulosa información obtenida por el Bibliotecario de la AEPE Fernando de Marta Sebastián, contenida en la magnífica obra “Historia de la Asociación Española de Pintores y Escultores 1910-1933 (8 décadas de arte en España”, así como de la propia Gaceta de Bellas Artes, cuya consulta se puede acceder libremente gracias al portal-buscador www.apintoresyescultores.es

Y sobre todo, gracias al apoyo incondicional que tanto la Junta Directiva, encabezada por su Presidente, José Gabriel Astudillo López, que tanto me anima a continuar el trabajo emprendido, como a los socios y amigos de la Asociación Española de Pintores y Escultores, que con sus comentarios y críticas me obligan a trabajar más duro y con más ilusión si cabe.

 

 

Josefina Pérez de la Torre

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

Josefina Pérez de la Torre

 

PEREZ DE LA TORRE, Josefina    1981  10.dic.1914     RASINES   SALAMANCA 18.ene.2005

Josefina Pérez de la Torre nació el 10 de diciembre de 1914 en Rasines, un municipio próximo a las localidades de Laredo y Castro Urdiales, en Santander.

Por razones de salud, el traslado de la familia a la Castilla reivindicada por la generación del 98, supuso un enorme contraste no solo de paisajes y colores, sino de vida. En Crespos, una localidad de Ávila muy cercana a Salamanca, pasó su infancia, dedicada a leer, sobre todo a Pereda, observar, “sembrando flores, flores blancas, color malva, amarillas, que se morían de sed en los cálidos y secos veranos de Castilla, a pesar de los paseos para regarlas cada día, y se helaban con los tremendos fríos y nevadas del invierno”.

Josefina Pérez de la Torre retratada por Malocha Pombo

 

Comenzó a pintar de niña, actividad que le gustaba mucho y con la que disfrutaba especialmente con una de las monjas del colegio de Madrid en el que estuvo interna. Junto a Sor Sacramento, conoció a alumnas que asistían al estudio de Eduardo Chicharro, Fundador y Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Su padre, el boticario de Crespos, hubiera deseado que estudiara farmacia, a ella le atraería la  medicina. Allí conocería a su marido, Pablo de Unamuno Lizárraga, en la consulta que éste tenía, como dentista, en la calle Zamora.

Se casó muy joven, en 1934, estableciéndose el matrimonio en Salamanca de forma permanente hasta la década de los setenta.

Allí conoció a su suegro, Miguel de Unamuno, a quien trató estrechamente durante sus dos últimos años de vida. “Yo leía a D. Miguel y creo que su filosofía fue lo que más me gustó, aunque luego, leyendo su poesía, tengo que decir que me encantó”. Josefina siente un gran respeto y admiración a la figura del que fue su suegro; lo adora como persona y como escritor y poeta.

Entre 1935 y 1945 tuvo cinco hijos. El primero, Miguel, todavía pudo conocer y ser conocido por el abuelo quien, meciéndole en sus brazos, sería pintado por la madre del pequeño. En plena guerra civil vendría su segundo hijo, Ramón, seguido por otros tres en la postguerra, Concepción, Josefina y Pablo.

Retrato de Miguel de Unamuno y su nieto Miguel, obra de Josefina Pérez de la Torre

 

Josefina se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios de Salamanca en los cursos 1947 al 1949, obteniendo siempre excelentes calificaciones y participando en distintas exposiciones en los años siguientes, alentada por su profesor y amigo Ramón Cuesta.

A pesar de dedicarse casi por entero a sus hijos, solía salir al campo a pintar, rodeada de niños y paisajes, pero con una vida social que le permitía frecuentar las muestras artísticas y culturales de la Salamanca de esos años.

Josefina Pérez de la Torre retratada por Antonio Torres-Bru

Los estudios que realizó después en la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy de Salamanca, la sitúan en la generación de postguerra de pintoras salmantinas de los años cuarenta como Juanita González, Ludivina Salinas, Consolación Grandes Onís, Arsenia Revilla San Román, Carmen Llorente, María Luisa Hernández, Angelita Cascón Sánchez-Cerrudo, María del Carmen Calzada, María Coscarón o Sofía Hernández.

En 1948 obtiene el Tercer Premio en la Exposición de Educación y Descanso de Salamanca. Un año más tarde, logra el Primer Premio de la misma y además, el Premio Especial (Retrato). En 1950, obtiene el  Premio Especial de Pintura de Salamanca y un año después, el Premio Provincial de Salamanca y el Segundo Premio en la Exposición Provincial de Torrelavega.

En 1955 fallece Pablo de Unamuno. Josefina queda viuda con cinco hijos, y es entonces cuando el patronato de huérfanos de médicos, a través del Colegio de Médicos, sufragó los estudios en una institución, de los dos hijos varones mayores, como alumnos internos en Logroño. Fue una ayuda realmente importante para ella, y permitió que pudieran estudiar la carrera de Medicina.

Anochecer en Salamanca

 

La prensa salmantina publicará noticias de sus obras hasta el año 1956.

En la década de los setenta, Josefina alternará su domicilio salmantino con la ciudad de Cádiz, donde desarrolla además una importante faceta literaria escribiendo poesía y cuentos, que ella misma define como “prosa poética”.

Crucero de la Puerta del Río, Salamanca

Josefina contrae nuevamente matrimonio con un buen hombre que tuvo a gala ejercer como albacea de su producción artística y literaria.

En Cádiz, publicará dos libros en 1986 “Pinceladas” y “7 días en la vida de un escolar y otros cuentos” e intensificará una intensa actividad creativa.

De sus libros se ha destacado siempre su “castellano puro y sencillo con un fondo poético que hasta cierto punto se puede calificar de “juanramoniano” y con un intimismo retrospectivo”.

“A VECES EL ROSAL TIENE ROSAS

tiene hojas, ramas,

las rosas tienen pétalos,

color, perfume.

A veces al rosal

le quedan las espinas solamente”.

Otoño en el río

 

A caballo entre Cádiz, Escocia, donde viven dos de sus hijas, y Salamanca, durante dos décadas realizará una veintena de exposiciones individuales y participará en otras muchas colectivas en diversos lugares de España, además de otras tantas de carácter benéfico y recibiendo la mayor parte de los reconocimientos que obtuvo a lo largo de su vida, como el Primer Premio en la Exposición de Educación y Descanso de Salamanca de 1949, el Primer Premio de las Exposiciones Provinciales de Educación y Descanso de Cádiz de 1976 y 1977, el Primer Premio Ciudad de Rota de 1979, Primer Premio Tema Miróbriga de Ciudad Rodrigo (Salamanca) de 1979,  el Primer Premio Medalla Ruiz Mateos en Rota de 1980, o el Primer Premio Tema el Mar del Casino de Salamanca de 1982…

Paisaje

 

En 1981, Josefina había terminado ya el cuadro más conocido que pintó sobre Miguel de Unamuno y en el que éste aparece junto a su hijo Miguel; el otro, lo terminaría un año después, si bien en ambos se refleja la huella personal que logró plasmar en el lenguaje pictórico, obra que se conserva en la Casa-Museo Unamuno de la Universidad de Salamanca.

En los años noventa, Josefina ya había dejado de pintar. En los últimos ocho años de su vida, un accidente cerebrovascular y la pérdida de visión la apartaron de toda actividad pictórica y literaria.

Falleció en Salamanca el 18 de enero de 2005.

 

«Bruma en Cádiz» y «Vista de Cádiz»

 

Tuvieron que pasar catorce años para que se le dedicara una exposición antológica que se celebró en la Sala de exposiciones del Palacio de la Salina de Salamanca. Comisariada por su hijo Pablo, a la inauguración de la misma acudieron sus mejores trabajos: sus hijos y diez de los 19 nietos de la artista.

La muestra incluyó un catálogo con una biografía sobre su vida y obra, y escritos del académico de la RAE José Antonio Pascual, la historiadora Josefina Cuesta y el experto en arte Ricardo López Serrano.

Gran parte de su trabajo acabó en manos familiares. Hay catalogadas más de 400 obras en manos privadas y más de un centenar de la que se tiene conocimiento por fotografías y que están en manos de coleccionistas de origen desconocido.

Girasoles

El Gitano

Diálogo imposible

Cocina

 

Josefina de la Torre pintó bodegones con flores, paisajes y retratos, especialmente de niños, y maternidades.

Cultivó una rica variedad de géneros: paisaje urbano, rural y marino, retratos, bodegones y una serie de maternidades de exquisita sensibilidad y buen gusto.

En sus retratos se adivina el estudio sicológico que llevaba a cabo la artista profundizando en el alma de los retratados, mientras que en sus maternidades, la atmósfera se impregna de una ternura que nunca resulta empalagosa.

Los paisajes urbanos los resuelve con soltura y facilidad, poniendo bastante más énfasis en los rurales, y alcanzando la plenitud en las marinas, de forma especial cuando como una evocación de Turner, empasta la escena y la sume en una especie de neblina que contribuye a edulcorar la imagen de las playas gaditanas con un juego sutil de la bruma y de la luz. Incluso en algún momento, como señal de plenitud, se permite jugar con la sinopsis y apuntar a la abstracción.

Josefina de la Torre justifica el haber dejado de considerar el bodegón como un género secundario. Utiliza toda clase con maestría y dibujo de alta calidad. Además, sus flores huelen a primavera, sus ramos o sus centros rezuman bienestar y armonía, mientras juega con la composición y la luz, con una agilidad que le permite plasmar la escena de forma accesible y familiar. Son imágenes cercanas, ingenuas y que cualquiera tiene la sensación de haberla visto en su domicilio.

Fue una mujer abierta, alegre, libre, comunicativa, conversadora; apreciaba la vida. Buena persona, agradable de trato, simpática, alegre, sensible, encantadora, recordarán algunas de sus amigas artistas.

Sus autores preferidos fueron Bécquer y sus Rimas, Rubén Darío, José María de Pereda, Neruda, Marañón, Unamuno… Entre sus pintores preferidos, Goya, los impresionistas y la pintura poética o mágica.

La pintura de Josefina Pérez de la Torre siempre fue libre de modas y necesidades ajenas a su propia voluntad.

Su legado descansa y reposa orgulloso en sus hijos y sus nietos, que han seguido la saga pictórica que iniciara aquella niña de carácter alegre y abierto para la que la pintura era su pasión.

Maternidad en rosa

Lactancia en penumbra

Madre embelesada

Siesta en el campo

Josefina Pérez de la Torre y la AEPE

Pese a haberse hecho socia de la centenaria institución, únicamente nos consta su participación en la I Exposición de Pequeño Formato, que organizó la Asociación Española de Pintores y Escultores y se ha convertido ya en tradicional al llegar este mismo año a su edición número 40, y que se celebró del 28 de marzo al 12 de abril de 1980, en la Sala de Arte Eureka, de la calle Caballero de Gracia, 21 de la capital, en donde presentó el óleo titulado    “Maternidad”.

 

Gallinero

Bailarina

 

Retrato de Jaime Pedro y José Ignacio  Fernández Vera

Retrato de Carmen Santos

Retrato de Carmina Unamuno

Josefina Pérez de la Torre  en los años 70

 

Retrato de Miguel de Unamuno

Santiago de Cartes, Cantabria

 

Firmas con sello de lujo: Tomás Paredes

La pluralidad del arte:

Tres exposiciones memorables

 

(CANOGAR, CALLERY, VILLENEUVE)

 

 

En un librito de aforismos, Piedra para mi tiempo, 1919, dice Lucien Blaga: “Con las plumas de otro puedes adornarte, pero no puedes volar. Eso poca gente lo sabe, pero no lo ignoran los pájaros”. ¡Aviso para críticos, artistas, curadores, furtivos!

¡Que el arte es plural, poca gente lo advierte, pero no lo deben ignorar ni sus amantes, ni creadores, ni intermediarios! Tenemos la manía de etiquetar, compartimentar y establecer un orden para el arte que resulta imprudente, rutinario, que frena su desarrollo y deturpa su libertad. Hemos pasado del “arte es lo que yo digo que es arte” al “arte es lo que el mercado dice que es arte”. ¡Y los profesionales sin inmutarse!

El arte es plural, como la sociedad, como la vida, como el paisaje, como el mar a pesar de su aparente igualdad ¡Las aguas son semejantes, pero todos los mares distintos! Nada mejor para probarlo que estos escolios a tres exposiciones distantes, memorables, que se pueden contemplar en Madrid, octubre/noviembre 2021: Rafael Canogar en Galería Álvaro Alcázar(galeria@galeriaalvaroalcazar.com) , Simon Callery Galería Rafael Pérez Hernando(info@rphart.net) y Charles Villeneuve en Casa de Vacas, parque del Retiro(charlvilleneuve@gmail.com).

Las tres son excepcionales, diversas, incomparables, con contenidos que producen sensaciones incontroladas, que conmueven, emocionan y reconfortan el espíritu. Las dos de galerías privadas con escasos visitantes, la de Casa de Vacas con 92.193 espectadores. Aunque el número de asistentes no sea determinante de calidad.

A pesar del desprecio que están sufriendo las galerías privadas de arte, son necesarias. Con toda probabilidad las galerías necesitan cambiar, adaptarse al ahora (alguna lo hace ya), pero, de momento, cumplen una función: la de poner en contacto al público con lo que van generando los artífices plásticos.

Estás líneas son homenaje a José de Castro Arines (Tuy 1911-Madrid 1997), crítico de arte, recordando sus crónicas del panorama expositivo de Madrid en su tiempo. No voy a considerar todas las exposiciones actuales, sino tres destacables: una, la consagración de la pintura mediante la pintura pura; otra, la recuperación de un sesgo arqueológico y telúrico de la pintura a través de telas desgarradas y cosidas. La tercera, manifestación de belleza y sensibilidad imbricando virtuosismo, maestría y talento plástico.

Los misoneistas pueden tener virtudes, igual que defectos los filoneistas. Para los que se postulan líderes de la modernez, los materiales duros son reaccionarios y los procesos viejunos y extemporáneos. Nada más absurdo, reaccionarios son aquellos que manipulan el pasado imponiendo sus criterios al margen de la sensibilidad y la inteligencia. Fidias hizo de la piedra un milagro para la eternidad. ¿Es Jan van Eyck un reaccionario por inventar y difundir la pintura al óleo? Antes que Rafael Sanzio, Alberto Durero pintó a la acuarela creando una técnica gloriosa a la que se suma con desparpajo Charles Villeneuve.

RAFAEL CANOGAR


Canogar, Toledo 1935, es el más internacional de los artistas españoles vivos. Se formó con Vázquez Díaz, cofundó el grupo El Paso y ha desarrollado una obra impresionante, hija de su búsqueda incansable y de la experimentación; continua con una alta exigencia autocrítica para no caer en el academicismo. Para conocer el grado de internacionalidad de un creador no hay más que ver sus cotizaciones en el mundo y los museos e instituciones donde está presente: Canogar supera la prueba con holgura.

Son datos objetivos, los interesados pueden buscar y verán sus obras en más de ciento cincuenta instituciones de cinco continentes. Es verdad que El Paso le dio visibilidad, pero no lo es menos que su obra ha crecido al margen de aquella estética y que su iconografía es tan feraz, tan plural, que alcanza una densa complejidad.

Durante la pandemia, se aisló en Marbella y, en absoluta soledad, dio un nuevo giro a su quehacer, sin cejar nunca en la inquietud de expresar la pintura a base de pintura, sin repetirse. Y creó una amplísima serie de trabajos abstractos, que pueden verse como paisajes donde el cielo y la tierra se abrazan, se consuelan la luz y la oscuridad, se miran las aguas y los vientos. Recurrió al metacrilato, pintándolo por ambas caras, y obtuvo un resultado espléndido: un canto en el que el horizonte se hace íntimo y remoto al tiempo, surcos que airean la tierra, abren el sol o afloran la luz de la noche. También telas y papeles surcados por el esplendor. Es complicado decir más con tan pocos elementos.

Hay obras decadentes al margen de la edad de sus autores y obras que rezuman descaro adolescente en creadores provectos. ¿Cuándo entra en decadencia un autor? Cuando se expresa con torpeza, repitiendo fórmulas que, aun siendo propias, ya experimentó. El caso de Canogar es llamativo, no sólo por su noble aspecto físico, sino por su capacidad creativa, por su constante frenesí para reinventar la pintura con la rebeldía de su trazo.

Rafael Canogar es una personalidad que desborda el oficio. Pintor, escultor, grabador, escritor, habla y escribe con solercia y con solvencia. Es un hombre ponderado, inteligente, sagaz. Nunca le he oído levantar la voz, ni perder la compostura, para defender aquello que creyere digno de defensa o aclaración. Es un caballero toledano con algo de azoriniano, elegante, capaz y al día, como un sempiterno amanecer.

Toda esta pintura se expuso a principios de año en el Museo Infanta Elena de Tomelloso, como deferencia a la labor cultural que hace Rafael Torres Ugena en el orbe Virgen de las Viñas. Ahora se muestra en la Galería Álvaro Alcázar, con una presencia imponente y rubro Orígenes: un espacio hermosísimo, amplio, techos altos, luminoso, dedicado entero a la exhibición de esta entrega con la que Canogar se reafirma, retrocede para avanzar, retomando aquellos Orígenes de Lezama Lima, donde se inventaba un nuevo cosmos lirico y poético ¡Pintura rimbaudiana adolescente!

Hay piezas magistrales, en su esencia, en su despojamiento, como Pivote, Fausto, Axial, Barda, Calima, Atavío, Éxodo, Péndulo…La pintura se desnuda y engrandece, se hace naturaleza y se muestra como un canto de vida y esperanza. No precisa ni un dato de apoyo quien pinta con esta majestuosa sencillez y probidad, con esta belleza sensual y tal capacidad de ensoñación ¡Canogar ha regresado a donde siempre ha permanecido!

Armazón Acrílico sobre metacrilato 200 x 150


Cruzada Acrílico sobre metacrilato 255 x 150

 

 

Fausto Acrílico sobre metacrilato 150 x 150

Leyenda Acrílico sobre metacrilato 255 x 155

 

 

S.P 38 Acrílico sobre metacrilato 70 x 50

 

SIMON CALLERY

 

Rafael Pérez Hernando es un galerista especial, siempre dispuesto a sorprendernos con lo que muestra y cómo lo exhibe: montajes propios, sobrios, elegantes, limpios. Su estética preferida es ascética, ática, sorda, tierna, genuina, de ebria sensibilidad. Ahí está su compromiso con Griffa, Viallat, Saytour, Hernández Pijuán, Beatriz Olano, el más puro Lamazares. Ahora incorpora por vez primera la obra de Simon Callery.

Que Simon Callery, Londres 1960, sea aquí un absoluto desconocido, no quiere decir que no haya desarrollado un lenguaje particular, ni que su obra no esté en el Btitish o en la Tate Gallery, o que tenga una andadura internacional, exponiendo en Zurich, Bélgica, París, Los Angeles, Turin y por supuesto, adunia en Londres y otros enclaves ingleses.

Su modo de trabajo es de arqueólogo de campo, extiende sus telas en yacimientos y ahí las impregna de naturaleza, historia y antigüedad. Allí, sobre el terreno excavado, las tinta y agujerea, las rasga, las cose, las remienda hasta conseguir un icono que relaciona el proceso ¡Un mosaico arcaico y de ahora mismo, iluminado de cromías silenciosas!

Simon Callery trabaja “para que la pintura vuelva a ser lo que era y, como resultado, obtener una mejor conciencia de nosotros mismos”. No es malo el propósito, ni fácil. Para que el arte nos transforme, ha de interesarnos, hemos de necesitarlo, contemplarlo. Ahora no se dan esas circunstancias en la sociedad. O se dan con escasez. Nuestros coetáneos prefieren el espectáculo, el entretenimiento, antes que el arte, que cuestiona.

El espectador verá, en Rafael Pérez Hernando, un montaje depurado, escueto, con cinco piezas mayores y cinco formatos breves frontales. Lienzos desgarrados, con grandes o pequeños agujeros, cosidos y remiendos, con cuatro caras: anterior, posterior y dos interiores, formando una suerte de túnel o ámbito o útero; el haz y el envés. Y gamas de colores sufridos, intensos, callados, verdes militar, tierras, tintos, cobrizos, ocres pardos.

Es como una máscara terrosa, impresión de restos de los terrenos excavados; cartografía arqueológica de vida y prehistoria. Acaso vestigios positivados de otras civilizaciones, signos y formas, sobre la piel de unas lonas, que empapa de pintura al temple. Al ver estas piezas me han venido a la mente algunos nombres- Rivera, Farreras, Fontana, Burri- de creadores muy distintos, que también se ligaron al misterio de la naturaleza con hurmiento, con magia, con don, experimentales.

Simon Callery, vive y trabaja entre Londres y Turín, es un excavador de yacimientos del sentido, un arqueólogo del espíritu. Busca y descubre en los orígenes, saca a luz lo que no sabe que encuentra y nos hace tomarnos en serio lo que aparenta una obviedad. Un arte diferente, que agarra, que sujeta la mirada y que nos hace pensar. No parece brillar, pero tiene luz, es como leer a Homero a través de Odysseas Elytis, o el Cantar de Mio Cid revisitado por Claudio Rodríguez.

Graduado en arte en el Cardif College, desde 1992 ha intervenido en veinte y siete individuales y en cientos de colectivas, como ArtNow’19 en la Tate Gallery. Becario de diversas instituciones de Inglaterra, Italia, India o Francia, forma parte presente de prestigiosas colecciones europeas y norteamericanas.

Dark Green Pocket Painting, 2020. Tela, pintura al temple, hilo y madera. 54 x 40 x 10 cm

 

Nesscliffe 19 Vertical, 2020. Tela, pintura al temple, lápiz, hilo y madera. 242 x 105 x 28 cm

 

Red Mantle, 2020. Tela, pintura al temple, cuerda, hilo y madera. 220 x 180 x 25 cm

 

Simon Callery en el sitio arqueológico de Nesscliffe (UK) en 2019

 

CHARLES VILLENEUVE

Se define a sí mismo como un artesano que comenzó trabajando la madera como ebanista, estudiando después diseño y como remate, arquitectura. Por tanto, arquitecto, diseñador, ebanista y pintor. Pero cuando contemplamos su obra, asohora, vemos que se trata de un virtuoso del dibujo y la acuarela. Pareciera que pinta el rumor del agua y el bisbiseo del viento, que hace titilar la luz, que espejea como un arcano.

Durante el mes de octubre ha expuesto en Casa de Vacas del Retiro, con éxito descomunal: 92.193 visitantes. Cuando lean estas líneas, ya no podrán ver sus obras, pero entren en internet y youtube y se asombrarán con los videos y referencias visuales de su trabajo. Ha causado conmoción su imaginario y, sobre todo, su proceso de ejecución. Él ha montado la exposición, así como las vitrinas y el mobiliario, diseñado y hecho por él mismo.

Charles Villeneuve, Nantes 1971, pertenece a una familia de ebanistas y artesanos y en ella se forma. Pero, quiere ir más allá, hace diseño y Arquitectura. Comienza a trabajar como arquitecto, pero lo que le satisface es la pintura. Deja todo lo demás y se consagra a la acuarela a través de sus evidentes dotes de dibujante. Una estancia formadora, en la Casa de Velázquez, le ligan a Madrid y desde los inicios de siglo reside entre nosotros, exponiendo regularmente.

A todo esto, le precede la obtención del Premio Nacional de Arquitectura de la Academie de Beaux Arts de París, en 1997, lo que antes fuera el Prix Roma. Luego ha obtenido numerosos galardones, que no voy a referir, pues internet está repleto de sus referencias. Si voy a comentar su sensibilidad y osadía, su chispa creativa, su capacidad de crear nuevas sensaciones al espectador.

¿Qué hace de Charles Villeneuve un artista diferente? Su obra, claro; su dibujo, su maestría al componer grandes panorámicas, con una sutileza y elegancia manifiestas. Su material, el papel y la acuarela. Su procedimiento, pintura del natural. Toma infinitos apuntes in situ, en cuadernos que exhibe, y luego en el estudio, con la morosidad del tallador de diamantes, da vida a esas enormes instantáneas, que subyugan. Paisajista urbano, a modo, pero también de interiores, retratista y calígrafo chino madrileño ya.

No trata de poner la pintura a merced de la acuarela, sino de hacer realismo con la ductilidad de la acuarela. A menudo vemos pintura a la acuarela con un carácter obsoleto, enmarañado y confuso. Hay algunos acuarelistas que han rescatado esta técnica del amaneramiento, del torpe manoseo, del aburrimiento, es el caso de Juan Díaz o de Charles Villeneuve, gigante y riguroso.

Con él, la acuarela se limpia, se poetiza, se atreve, vibra, aspirando a la perfección y la belleza ¿No es eso al arte? Villeneuve, en este trabajo de los últimos años que ha presentado en Madrid, alcanza un nivel difícil de igualar. Su pulcritud, su valentía, su acierto, sus novedosas soluciones hacen de su obra un idiolecto que le distingue y le ensalza. Une al rigor de sus formas la sensación mágica de los ambientes, que transforma en vistas espectaculares maravillando al espectador.

Grand Paris in progress Crédito Juan Carlos Dongil García

 

Grand Paris in progress Crédito Juan Carlos Dongil García

 

Grand Paris in progress Crédito Juan Carlos Dongil García

 

Grand Paris in progress Crédito Juan Carlos Dongil García

 

London Acuarela y tinta sobre papel 56 x 200

 

Paris. Rive Gauche Acuarela y tinta sobre papel 80 x 71

 

COLOFÓN

He reunido en este texto tres estéticas distintas, pero en su fin no tan diferentes. Canogar hace magia de la pintura con la pintura. Callery nos provoca una sensación arqueológica con una exquisita manera de entender el temple. Y Villeneuve renuncia a toda retórica para decir con la acuarela que el paisaje lo hacemos nosotros y nos acompaña en nuestros movimientos como una sutil sombra poemática, para demostrarnos que no hay técnicas caducas o modernas, sino arte o artificio ¡Y logra hacer del gris un paraíso!

¿Acaso alguien puede asegurar que el arte es sólo figurativo? O ¿abstracto, conceptual? ¿Es por ventura la rosa sólo roja? ¡Que unos trazos gestuales de óleo o acrílico nos sugieran sensaciones semejantes a las que nos producen unas telas agujereadas o una vista del Sena a la acuarela, no sólo es posible sino natural! ¿Es, o no, plural el arte?  ¿Quién se apasiona con Velázquez no lo puede hacer con Rothko o con Manolo Rivera? ¡El aroma de la rosa no esta condicionado por un color! Y que ningún crítico sienta la tentación de pensar que un autor ha tenido suerte porque él escriba de su obra, muy al contrario, la suerte es del crítico que sigue encontrando obras que le motiven, le conmuevan y le fuercen a compartir sus sensaciones ¡Ya saben con las plumas de otro no se puede volar!

                                                                                                                   Tomás Paredes

                   Presidente de H. de la Asociación Española de Críticos de Arte/AICA Spain

 

Esperanza Cañizares y López Sandino

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

Esperanza Cañizares y López Sandino

CAÑIZARES Y LOPEZ SANDINO, Esperanza     P     1919     MADRID   MADRID

 

 

Esperanza Cañizares y López Sandino nació en Madrid el 15 de junio de 1892, hija de Francisco Cañizares y Esperanza López. Nieta del médico de Atienza, Cirilo López, quien fuera Voluntario de la Libertad, nombre adoptado durante el Sexenio por la Milicia Nacional, una de las tres ramas del republicanismo de la provincia de Guadalajara, exactamente la posibilista, que él presidía.

Su hermana María Dolores, nació en 1903 en Algeciras, aunque la familia vivía en Madrid, donde once años antes había nacido Esperanza. María Dolores fue la única bibliotecaria de la Universidad Central que continuó en su puesto de trabajo después de la Guerra Civil. Dirigió también el servicio circulante de lectura del Hospital Clínico, puesto en marcha en 1935, de forma gratuita y con ayuda voluntaria de estudiantes. Hacia 1944, bajo su responsabilidad la biblioteca de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Madrid aumentó sus fondos considerablemente y se llevó a cabo una importante reorganización.

En cuanto a Esperanza, en 1913 visitaba con frecuencia la localidad de Atienza, suponemos que visitando a sus abuelos maternos.

Las primeras noticias que tenemos de ella corresponden a los años 1914 y 1915 por su contribución en la Fiesta de la Flor del norte de Madrid.

Escultura con forma de roleo de terracota representando a la niña Esperanza Cañizares López en el año 1900, por N. de Pineda. Debajo, detalle de la obra

 

En 1919 participa junto a las también socias de la Asociación de Pintores y Escultores María Luisa Pérez Herrero y Flora López Castrillo, en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Santander, coincidiendo con otros muchos socios de la entidad como, Joaquín Sorolla, Timoteo Pérez Rubio…

Su afición por las artes y la cultura en general, la lleva a participar en la obra de Jacinto Benavente “Al natural”, con motivo de la función benéfica celebrada en el Teatro de la Princesa.

Clase de dibujo del natural escuela de pintura, escultura y grabado 1929 Crónica

 

Además, tenemos noticias de ella al solicitar una pensión a la Junta para la Ampliación de Estudios a través de una carta donde dice que vive con sus padres en la calle Hermosilla, nº 32, entresuelo, derecha, que desea ampliar sus conocimientos pictóricos en París por un periodo de tres años, que carece de medios y que no aporta ningún trabajo suyo por “no saber cuál de ellos sería preferible para formar juicio” pero sí un certificado de aptitud de francés emitido por la Escuela Central de Idiomas.

En 1920 participa y exhibe tres obras en el I Salón de Otoño; además, copia para el Museo del Prado “Mujeres del cántaro”, de Goya. En el mismo libro aparece tachado que realizó también una copia de “La dolorosa”, de Tiziano y un fragmento de “Fraguas” de Velázquez.

En 1921 presentará un óleo al II Salón de Otoño, con un pequeño incidente por el que pedirá una indemnización debido al deterioro de una de sus obras. Aunque se le deniega esta aportación monetaria, meses después recoge el cuadro.

Tenemos noticias de ella dos años más tarde, en 1923, cuando vuelve a aparecer como copista  del Museo del Prado con la obra de Goya “Gallinita ciega”.

El 2 de septiembre de 1925 envía una carta al Director General de Bellas Artes argumentando que ha estudiado en la escuela las asignaturas correspondientes a tres grupos, sin ser alumna oficial, y que desea continuar sus estudios en enseñanza oficial, pero pudiendo realizar los exámenes como alumna libre.

En la misiva, añade que es hija de una mujer viuda y sin recursos para poder pagar tanto las matrículas, como los derechos de examen y finaliza pidiendo la matrícula gratuita para los primeros grupos de la sección de Pintura, petición que se le concede.

Fotografía de María Dolores Cañizares, hermana de Esperanza

El 5 de septiembre solicita el examen de ingreso en la escuela, adjuntando el pago de 5 pesetas. Cuatro días después rellena la matrícula en modalidad de enseñanza libre para las asignaturas de Perspectiva, Anatomía, Enseñanza general del modelado, Historia del Arte (Antigua y Media), Dibujo de estatuas, Estudios preparatorios de colorido, Historia del Arte (Edad Moderna y Contemporánea) y Dibujo del natural en reposo.

Además, añade que se le ha concedido la matrícula gratuita por Orden de 8 de septiembre de 1924. Un día después, Asunción Vela y López, secretaria de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, emite un documento manuscrito donde acredita que Cañizares López aprobó “hace tiempo” las asignaturas de Aritmética y Geometría, Historia de España y Universal, así como Geografía de España y Universal.

En el Portal de Archivos Españoles aparece el expediente completo de Esperanza Cañizares

 

El 29 de octubre de 1925 solicita matrícula gratuita haciendo referencia a la Orden del 21 de octubre de 1925 para el curso 1925-1926, y selecciona Dibujo de estatuas, Estudios preparatorios de colorido, Historia del Arte (2º grupo) y Dibujo del natural en reposo.

El 1 de septiembre de 1926 envía una carta mecanografiada al Director General de Bellas Artes, solicitando matrícula gratuita por su condición de huérfana y durante ese mismo año participa como auxiliar de venta en la exposición benéfica que organiza el alumnado de la escuela a favor de Cuba.

Además, también participa en la comisión del homenaje realizado al socio de la AEPE, Rafael Doménech el 17 de marzo de ese mismo año, junto con otros seis varones.

En esta fecha vuelve a trabajar como copista del Museo del Prado con la realización de “La Purísima”, de Murillo y “La sagrada familia”, de Rafael.

El 5 de septiembre de 1927, envía otra carta manuscrita al director solicitando la concesión de matrícula gratuita por ser huérfana y no disponer de medios económicos suficientes.

Casi un mes después rellena el impreso de matriculación para las asignaturas de Colorido y composición, Pintura decorativa, Pintura al aire libre, Dibujo de ropajes, Estudios prácticos de ornamentación, Estudios de los métodos y procedimientos y Dibujo del natural en reposo.

Sin embargo, en su expediente aparece otra instancia de matriculación con fecha de 16 de octubre de 1927, según la cual, realiza la matrícula en enseñanza oficial para las asignaturas de Colorido y composición, Estudio de las formas arquitectónicas, Teoría de las Bellas Artes, Dibujo del natural en reposo, Dibujo del natural en movimiento y Dibujo científico, con sello de “gratuita”.

El 8 de octubre de 1928 se matricula en enseñanza oficial de las asignaturas de Pintura al aire libre, Dibujo del natural en movimiento, Grabado de reproducción y Colorido y composición, obteniendo matrícula de honor en la segunda y en la última.

También en 1928 aparece como copista del Museo del Prado con las obras “La vendimia”, de Francisco de Goya y el “Cristo”, de Velázquez.

El 5 de octubre de 1929 solicita matricularse en Pintura (en enseñanza libre) y Dibujo del natural en movimiento (en enseñanza oficial) y recibe una pensión del Ayuntamiento de Madrid.

En diciembre de 1929, el periodista Juan del Sarto, para la revista Crónica, realiza una entrevista al secretario de la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, Manuel Menéndez, en la que relaciona los nombres de algunas alumnas de la misma, muchas de ellas socias de la AEPE, entre las que se encuentra Esperanza Cañizares.

Esquela publicada en el ABC informando del fallecimiento de la artista

 

El 30 de septiembre de 1930 se matricula únicamente de Pintura al aire libre para el curso 1930-1931 y en mayo firma una carta conjunta con otros compañeros de la escuela en memoria del profesor recientemente fallecido y socio de la AEPE, Julio Romero de Torres.

El 24 de septiembre de 1931 selecciona cursar la misma asignatura para 1931-1932. Curiosamente, a 1931 pertenece un índice del periódico Madrid automóvil, donde aparece Esperanza Cañizares como propietaria de un vehículo de marca Ford, matrícula 40957, mismo año en que solicita otra pensión a la Junta para la Ampliación de Estudios con el objetivo de estudiar el arte de Italia e Inglaterra, asegurando conocer ambos idiomas y estar domiciliada en la calle Manuel Cortina, nº 8, donde vive con sus padres y su hermana María Dolores.

El 10 de julio de 1933 envía una carta manuscrita al director de la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado solicitando que se le entregue su partida de nacimiento para poder participar en la “preparación de Profesores de Dibujo para los Institutos y Colegios subvencionados de segunda enseñanza”.

En 1935 aparece registrada como “pensionista” en el padrón municipal.

El 10 de octubre de 1936, es denunciada por “desafección al régimen” en el marco del Tribunal para la Represión del Fascismo. En el escrito adjunto aparece como “soltera”, “pensionista” y domiciliada en la dirección citada con anterioridad. Es detenida por figurar en un fichero de Renovación Española, cuyos datos habían sido facilitados a la Comisaría por la Juventud Socialista Unificada.

Cañizares negó su adhesión a todo partido político, a pesar de lo cual, el 6 de noviembre es trasladada a la Cárcel de Mujeres de la Plaza Conde Toreno. En la página 9 del mismo documento indica que trabajaba como profesora, tiene 44 años, vive con su hermana, que es “empleada en la Facultad de Medicina”, es creyente y acude asiduamente a la iglesia.

Tras el juicio, el 10 de diciembre de 1936 se dictamina la pena de encarcelamiento y Cañizares firma aceptándola. El 22 de diciembre de 1936 se celebra otro juicio contra Esperanza Cañizares, pero esta vez resulta absuelta a cambio del pago de una multa. En la siguiente página se informa que:

… “la inculpada Esperanza Cañizares López fue detenida; pero no son ciertos y así se declara, los hechos que se le vinieron imputando, ni aparecen tampoco otros motivos de peligrosidad ni desafección al régimen”.

Esta causa contra Cañizares queda archivada el 20 de marzo de 1936 y es enviada al Tribunal Supremo.

Imaginamos que pasó la guerra civil en Madrid, ya que no hay más datos en este sentido.

Firma autógrafa de Esperanza Cañizares

 

El 13 de marzo de 1940, presenta al Museo del Prado una copia de una obra.

En 1941, presenta un “Bodegón” a la Exposición Nacional de Bellas Artes.

En 1942 vuelve a participar en la Exposición Nacional de Bellas Artes con otro “Bodegón”.

Con un paréntesis de nueve años en los que no encontramos más noticias de ella, el 19 de octubre de 1951 entrega otra copia al Museo del Prado.

En 1955 vuelve a aparecer como copista del mismo museo con “La Virgen”, de Orley.

En 1956 la encontramos con otro trabajo en el Prado.

A partir de esta fecha perdemos su pista…

Falleció en Madrid, el 24 de abril de 1980, y fue enterrada en el Cementerio de La Almudena de la capital. En la esquela publicada en el diario ABC, se refieren a ella como “pintora y profesora de dibujo y pintura”, por lo que es lógico pensar que al no tener ningún expediente como maestra, tuviera su propio estudio en el que impartir clases de arte.

 

«Mi prima en su jardín» óleo presentado al I Salón de Otoño de 1920

 

Esperanza Cañizares y la AEPE

En el I Salón de Otoño de 1920 apareció inscrita como Cañizares y L. Sandino, Dª Esperanza; natural de Madrid donde reside, calle de Génova, núm. 11. Y presentó las obras:

147.- “Mi prima en su jardín”, óleo, 1,20 x 1,00

148.- “Apunte de paisaje”, óleo, 0,60 x 0,41

149.- “Apunte de paisaje”, óleo, 0,45 x 0,41

En el II Salón de Otoño de 1921 apareció inscrita como Cañizares, Srta. Esperanza; natural de Madrid, vive en Francos Rodríguez, 16, y presentó una única obra:

55.- “Boceto para retrato”, óleo, 0,53 x 0,45

 

 

Las Medallas de la AEPE: Eulogio Varela Sartorio

Por Mª Dolores Barreda Pérez

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de los galardones en los que se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

Medalla de Ilustración “Eulogio Varela”

del Salón de Dibujo, Grabado y la Ilustración

 

En el año 2016 la Asociación Española de Pintores y Escultores convocó por vez primera el Salón de Dibujo de la AEPE, que constituyó un rotundo éxito.

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales. En el caso del Salón del Dibujo, Grabado e Ilustración, y como en el resto de las ocasiones con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, se instituyeron los siguientes premios: La Medalla de Dibujo Marceliano Santamaría Sedano, la Medalla de Grabado Francisco Esteve Botey y la Medalla de Ilustración Eulogio Varela Sartorio.

 

EULOGIO VARELA SARTORIO

VARELA SARTORIO, Eulogio     P   1910(F114)   20.feb.1868  Pto.Sta.MARIA   MADRID 25.dic.1955

Socio Fundador

Autorretrato

 

Nació el 20 de febrero de 1868 en El Puerto de Santa María, Cádiz. Hijo de Eulogio Varela Vieites y de Antonia Sartorio Uriarte, fue el segundo de seis hermanos.

Debido a la profesión del padre, contador de fondos, cuando Eulogio contaba con pocos años de vida la familia se trasladará en un principio a Madrid y posteriormente a Valladolid.

En Valladolid termina un sobresaliente bachiller y se matricula en la Facultad de Ciencias que deberá abandonar por caer enfermo de tifus.

Su afición al dibujo se manifestó muy tempranamente, lo que le llevó a la Escuela de Artes y Oficios, cuyo director, José Martí y Monsó, le distinguió de manera notoria.

Participó en Exposiciones y obtuvo éxitos que se interrumpieron cuando su familia tuvo que trasladarse a Madrid.

En la capital, rápidamente se hizo notar en el estudio del que también fuera socio de la AEPE, Alejandro Ferrant Fischermans, que encontró en él un excelente ayudante, a la vez que lograría matricularse en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando.

El artista en 1906

En 1887 la Diputación de Valladolid el concede una beca para ampliar estudios en Roma, que no podrá disfrutar a causa de la enfermedad; como contraprestación la corporación vallisoletana le concede una pequeña beca con la que se instala definitivamente en Madrid concretamente en la calle Claudio Coello, número 27.

Como la pintura no le proporcionaba ingresos suficientes con los que vivir, dio lecciones de dibujo y pintura en colegios y a particulares y colaboró en revistas nacionales e hispanoamericanas

Su vida cambió cuando conoció y llegó a una estrecha amistad, como Emilio Salas, que le tomó bajo su protección, guiándole, aconsejándole y animándole a vencer su timidez, porque desde el primer momento vio su gran valía.

A finales de 1892 realiza al fin un breve viaje a Roma para regresar a Madrid unos pocos meses después.

En 1893 pinta un conocido Autorretrato y obtiene Mención de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes.

En 1894 logra un sonado triunfo en la VI Exposición Bienal del Círculo de Bellas Artes de Madrid con la obra Meditación, y con los lienzos Retrato de la señorita A.V, ¡No te apenes mujer!, Ensueño y La novela, que son considerados por la crítica como obras enmarcadas dentro de la “escuela moderna”.

En 1895 participa en la Exposición Nacional de Bellas Artes, sección pintura, con tres obras (una de ellas taurina En el tentadero), obteniendo de nuevo Mención de Honor.

En 1896 participa en la Exposición Internacional de Múnich y lleva a cabo la decoración del Salón de Bailes del Casino Venatorio de Valladolid, con un programa iconográfico mitológico relacionado con la caza, logrando ciertos comentarios laudatorios de la prensa local.

Además también presenta su óleo En mi estudio en el Círculo de Bellas Artes de Madrid que la misma crítica vallisoletana trata muy bien, obteniendo buenas críticas de la prensa como en El eco de Castilla.

El 20 de febrero contrae matrimonio con Genoveva Hervias Leiva, con la que tendrá cuatro hijos: Eulogio, Gloria, Carlos y Jacinto. La nueva situación económica le obliga a dar clases y alternarlo con su gran pasión: la ilustración gráfica gracias a la intervención de su amigo Emilio Sala.

El artista en 1926

 

En 1897 quedo tercero en el concurso para la elección del cartel de Anís el Mono.

En 1898 llegó a Blanco y Negro, donde realizó un trabajo esmerado, muy superior a cuanto se conocía en España por aquellos tiempos..

Colaboró también en publicaciones como Blanco y Negro y La Ilustración Española y Americana, ABC, El Liberal, Pan y toros, Madrid Cómico y Helios.

Cuando la actriz María Guerrero le pidió a Emilio Salas que le pintase el telón del teatro Español, Varela le ayudó en su trabajo, lo mismo que en la pintura del techo del Casino de Madrid.

Aumentando su prestigio cada vez más, Echegaray le distinguió con su amistad, lo mismo que otros hombres ilustres de la época.

En 1900 logra el Segundo Premio del concurso convocado por El Liberal y además, el Segundo Premio en el concurso de carteles del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Una imagen de Eulogio con su mujer y algunos hijos en 1929 aparecida en ABC

 

El año siguiente, el Ayuntamiento de Madrid le encarga el cartel del carnaval madrileño y recibe también el encargo de la Unión Española de Explosivos, con el motivo de Santa Bárbara (acuarela gouache sobre papel, 49×27), destinado a un calendario y almanaque, que finalmente no se publicaría en favor de otro cartel de Arturo Mélida Alinari.

Según Gaya Nuño, en esa época conoce a Picasso, al que aconsejará sobre el campo de la ilustración gráfica.

En 1901 presenta a la Exposición Nacional de Bellas Artes, sección artes decorativas, Dibujos y bocetos decorativos de claro tinte modernista logrando una Tercera Medalla de bronce.

En 1902 comienza a introducir acuarelas y pastel en sus obras para Blanco y Negro, y cuando trabaja sobre cartulina, usa grafito que de manera muy marcada va dejando un surco que se aprecia al pasar la tinta a posteriori.

Fotografías tomadas en 1929 y aparecidas en ABC

El artista en los  años 50 tomando apuntes del natural en Cercedilla

 

Los motivos iconográficos del norte de Europa son cada vez más frecuentes en sus dibujos así como sus homenajes a los salterios y códices medievales. La cantidad de letreros, rótulos, frontispicios, diseños de viñetas, portarretratos, letras capitales, orlas, portadas a color, diseño de tapas conmemorativas para encuadernación, rúbricas o monogramas y logotipos de Varela en la revistas son cada vez más profusos, quedando muchos de sus letreros para secciones como iconos que se mantendrán durante años más allá de su estancia en la publicación.

En 1904 logra el Primer Premio del concurso del baile de máscaras del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Viaja a menudo a París donde visita varios talleres de arte decorativo y emprende una concienzuda consulta de numerosas publicaciones europeas.

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1904, en la sección artes decorativas, logra la Segunda Medalla, presentando un cartel con la típica mujer art nouveau.

Inicia la factura de obras bajo el influjo wagneriano, posiblemente imbuido por el wagnerianismo de artistas como Darío o Egusquiza y los catalanes como su colega ex librista Adrià Gual.

Triunfante en la pintura decorativa y en el cartel, también cultivó la pintura de cabllete, en la que produjo obras muy interesantes y poco conocidas.

Concurrió con éxito a las Exposiciones de Artes Decorativas de Munich y Viena.

En 1905 ingresó por oposición en las Escuelas de Artes y Oficios.

Dama con lazo rosa

 

Abrió un taller de artes gráficas en la calle Hortaleza 130 de Madrid, junto a su amigo Joaquín Xaudaró, con el que emprende una múltiple labor de decoración tanto de exterior como de interior y de menús, programas, carteles, postales, impresos y demás, que pronto gozaría del favor de la clientela y que a la postre le llevaría a instalarlo en la calle Diego de León nº 7 y 9, donde al mismo tiempo tendría su propia casa.

Presenta a la Exposición Nacional de Bellas Artes sección artes decorativas varias obras como la pintura decorativa Fiesta veneciana, por la que obtiene de nuevo Medalla de Plata.

En 1908 logra la Primera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes sección artes decorativas, con su Álbum de cien proyectos varios, “verdadera obra maestra del arte decorativo modernista” según Brasas Egido y del que aún su nieta Genoveva conserva piezas. Todo un compendio del Varela más diseñador, con todo tipo de diseños de útiles y ornatos en el más exquisito de los trazos.

Berruguete en su estudio

En 1910 obtiene la Primera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes, sección artes decorativas, y en 1913 la Primera Medalla en la Exposición Nacional de Artes Decorativas e Industriales, logrando por oposición el cargo de ayudante de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, con  una proyección gráfica cada vez más vinculada al diseño.

Ese mismo año, junto a otros primeros nombres del panorama artístico español, colabora y participa en la fundación de la Asociación de Pintores y Escultores.

En 1922 ascendió por concurso a profesor de término.

Retrato de mujer

A partir de 1934 se dedica vocacionalmente a la pintura con muchos bocetos de retratos, paisaje, notas del natural y academias realizados con “exquisita composición” y “prodigiosa y atildada pulcritud”, en muchos casos desde su casa de Cercedilla y  también se centrará en la parte teórica de la docencia.

En 1939 se jubila como profesor de término después de haber obtenido por oposición plaza de profesor auxiliar de dibujo artístico y ser nombrado comisario director de una sección durante la guerra civil.

El 25 de diciembre de 1955, fallece en su casa de Diego de León número 9 de Madrid.

Poco después de su muerte se exhibió parte de su obra en la exposición Ilustradores de Blanco y Negro y ABC, montada por Prensa Española con motivo de las bodas de oro del diario, celebrada en los salones de la Sociedad Española de Amigos del Arte en la Biblioteca Nacional.

Paisajes

Con el título de “Temas de Composición Decorativa” dio a la imprenta un excelente tratado que editó Espasa.-Calpe, quedando a su muerte inéditos el “Tratado de Perspectiva” y la “Historia y Arquitectura de la Letra”, con más de 300 abecedarios clásicos, modernos y originales.

En la exposición El Modernismo en España celebrada en octubre-diciembre de 1969 en el Casón del Buen Retiro de Madrid se exhibieron varias obras suyas.

En 1974 en la galería Art-Press, del diario Pueblo de Madrid, se inaugura la primera exposición monográfica del artista, que mostrará casi un centenar de obras del artista.

En 1979 el Ayuntamiento de El Puerto de Santa María de Cádiz acuerda dar el nombre del artista a una plaza de la localidad gaditana.

Cartel Feria y Fiestas Santander. 1909

En 1980 se celebró el XXV aniversario de la muerte de Varela, inaugurándose una exposición homenaje en el Castillo de San Marcos de El Puerto de Santa María de Cádiz, con ochenta y cinco obras, cuarenta y cuatro donadas por la familia.

La exposición La España Ilustrada, celebrada en la sala del Banco Bilbao Vizcaya en Madrid en 1992, incluirá algunas piezas de Varela, así como en la exposición celebrada en 1993 Un siglo de ilustración española en las páginas de Blanco y Negro, en la sala Sant Jaume de la Fundación La Caixa de Barcelona y que a la postre se trasladaría a Zaragoza.

Músico Lector. 1947

En el año 2008, con motivo de la muestra Alphonse Mucha 1860-1939. Seducción, Modernidad, Utopía organizada por la Obra Social Fundación La Caixa en colaboración con la Mucha Foundation, aparecerá en ella el artista español liderando el influjo del Art Nouveau en Madrid.

Entre 2010 y 2013 la obra de Varela estuvo presente en las exposiciones realizadas por la Colección ABC El efecto iceberg. Dibujo e Ilustración españoles entre dos fines de siglo,  comisariada por Juan Manuel Bonet y Portadas. Dibujo de primera plana comisariada por Ramón Esparza.

De enero a junio de 2014 se celebró la exposición Eulogio Varela. Modernismo y modernidad en el Museo ABC de Madrid, que en 2015 se trasladó al Alcázar de Sevilla, Sala del Apeadero.

Cartel  realizado para la Unión de Explosivos

Estilo

La “modernidad” en las ilustraciones de Varela no radicaba tanto en su estilo modernista, internacional y cosmopolita tan del gusto de la burguesía madrileña de la época, sino más bien en la formulación de una “nueva forma artística” plasmada en un cartón o un papel y presta a ser disfrutada por un amplio segmento social, “democratizando” por fin el arte.

faceta artística- la ilustración gráfica-

Las principales características de Varela como ilustrador le hicieron un referente en las revistas ilustradas madrileñas del momento, equiparable a los casos de Alphonse Mucha o Eugene Grasset en París, un estilo muy influido por el Art Nouveau parisino, si bien en Varela se aprecia una riqueza de repertorios y estilos difícilmente localizable en otros artistas coetáneos.

Su estilo viraría lejos del mero ejercicio copista hacia una vertiente mucho más abierta a la innovación de volúmenes mediante el juego de trazos, líneas y áreas de cierta planitud con tintas negras y saturadas. Este último gusto por el “realismo sintético” provocado por el uso de los entramados lineales, le vino dado gracias a su contacto con un joven Juan Gris a partir de 1906.

En sus trabajos se aprecia el afán por estilizar las páginas que ilustraba, fruto de sus viajes a Múnich o a París y del estudio minucioso de las prácticas en los talleres de artes gráficas internacionales así como de los numerosos ejemplares de publicaciones extranjeras que almacenaba en su casa, donde era vecino y amigo Santiago Ramón y Cajal, admirable dibujante al margen de sus méritos médicos reconocidos.

Cartel para el Carnaval de Madrid. 1901

Dos son los principales motivos en la obra dibujística de Varela: la mujer, en sus diferentes acepciones simbolistas, modernistas o clásicas, y la naturaleza, como marco idealizado, trasunto de emociones, ornato y aliada de la mujer en su suma estilización.

Los dibujos wagnerianos efectuados por Várela en los primeros años del siglo, coinciden con las noticias sobre Wagner y su música aparecidas en las páginas de Blanco y Negro, hasta 1910, año en el que podemos situar uno de los mejores dibujos wagnerianos de todos los hallados hasta ahora en el panorama gráfico español.

 

Perfil humano

Eulogio Varela es un estudioso de su oficio, un elemento reivindicativo de las denominadas “artes menores”. Fue un artista polifacético y complejo, un decorador, pintor, ilustrador, teórico, diseñador, pedagogo y una suerte de artista “humanista” y esteta, afanado en el trabajo y la perseverancia, en el conocimiento de su oficio.

Recordado como un señor amigable, de gran bonhomía, enamorado de su esposa Genoveva, a quien solía utilizar como modelo.

Siempre abierto a dar y ayudar, sus grandes manos repartían caramelos entre los niños. Patriarca de una familia acomodada, sin vivir ni mucho menos en la opulencia sí supo salir de sus estrecheces de juventud gracias a un sentido del trabajo infatigable que le condujo a ser profesor, lo que sin duda le permitiría alcanzar esa estabilidad familiar y laboral tan anhelada.

De enorme cultura, un erudito de su oficio y en general poseedor de una ingente biblioteca de libros y revistas ilustradas en cuyas páginas a buen seguro descubriría muchos de los conocimientos de los que hacía gala a nivel internacional.

Eulogio tenía gran mano para el diseño y labor de muebles, marcos para sus propias obras, cajas decoradas, cajones, etc. Su hijo Carlos fue uno de los más relevantes fotógrafos de Cercedilla, lugar de vacaciones de la familia e hijo del maestro.

Firmas con sello de lujo: Tomás Paredes

¿Es Óscar Domínguez un universo por descubrir?

      Escolios al estudio de José Carlos Guerra Cabrera

 

No pocos, al leer el rubro que antecede, sonreirán y me tacharán de ingenuo. ¡Cómo un pintor tan cotizado, con una obra que ha generado tan inmenso caudal de bibliografía, que ha tenido una vida novelesca y aventurera, un surrealista genuino posee aún algo por descubrir, seis décadas después de su muerte!

Y sí, hay mucho por descubrir y poner en claro en la vida y obra de Óscar Domínguez, a pesar de las variadas monografías que le han dedicado sus especialistas. ¡Si en España hubiere amor por el arte, visión de futuro y un poco de decencia intelectual, hace mucho que Óscar Domínguez se habría convertido en una estrella del firmamento arte, como lo son Picasso, Dalí, Miró, Warhol, Matisse o Magritte! ¡Ni un ápice menos!

José Domínguez

Aunque no ignoro la atención que le presta el TEA de Tenerife y las antológicas que se han hecho en España, quiero ir más lejos, pues ya deberían haber llegado a un acuerdo el Reina Sofía y el Centro Pompidou, con otras colaboraciones necesarias, para realizar un gran lanzamiento internacional, un gran evento cultural en torno a su obra. ¿Para qué sirve el Ministerio de Cultura?

Lo que de suso digo, lo que seguirá no es producto del capricho sino del conocimiento y, sobre todo, de la lectura de una obra monumental: Óscar Domínguez. Obra, contexto y tragedia, José Carlos Guerra Cabrera, Islas Canarias 2020. ¡Qué un libro de esta enjundia sea una autoedición, aunque colaboren instituciones del archipiélago, ya indica cómo estamos culturalmente y con qué infraestructuras de difusión cultural contamos!

¿Qué hace ese pobre y desnortado Ministerio de Cultura y Deporte? ¿Cultura y deporte? Es como mezclar agua y aceite. Ningún ministro del ramo ha hecho gran cosa, pero don Miquel de las Mercedes se dedica a repartir migajas entre los adeptos y a quedar bien con todo el mundo y con todas las lenguas oficiales, menospreciando la principal. El Ministerio de Cultura y Deporte no está interesado en potenciar y difundir la cultura que se crea en España, sólo se ocupa en conceder subvenciones para parchear agujeros y acallar descontentos. ¡El señor Iceta ha demostrado, en el lapso de su reinado, que lo más cerca que está del arte es cuando baila o lee a J. D’O en francés!

José Carlos Guerra

 

El libro que referencio, de José Carlos Guerra, es monumental -por formato, peso, extensión, hondura, contenido, imágenes, 456 pp. gran folio- Es apabullante por la cantidad y calidad de la información que exhibe, por la veracidad del detalle, por la investigación que ha exigido, por la seriedad que rezuma lejos del postureo crítico, por la totalidad que abarca tanto en los temas felices como en los controvertidos.

¿Y qué difusión se ha hecho a este trabajo excepcional y arriesgado? Por lo que he podido comprobar, escasa, localista y limosnera. A mis manos ha llegado por la mediación de Jorge Rodríguez de Rivera -encargado de realizar el catálogo razonado de la obra gráfica de Domínguez y amigo- que me lo recomendó y pidió a su autor que me lo enviare, lo que generosamente ha realizado. Pero no es el regalo contundente lo que propicia estas líneas, sino el influjo que desprende el libro y mi compromiso intelectual y estético. ¡Si te ponen un sol en las manos, no puedes desentenderte, sino gozar de su luz y compartirla con todos!

Arrivée de la Belle Époque. 1935. Escultura-objeto: figurilla femenina pintada de rojo, marco de madera y algodón. 45 x 20 x 5 cm. Colección particular

Don Quijote. 1949. Óleo sobre lienzo. 61,5 x 46 cm. Colección particular

José Carlos Guerra Cabrera (guerrajc@movistar.es), Canarias 1947, doctor por la Universidad de La Laguna, tesis: Los encargos pictóricos narrativos de las cofradías venecianas (1490-1535) Pintura, religiosidad y sociedad.  Catedrático de bachillerato hasta 2008, es autor de varios títulos entre ellos: Biografía de Marmaduke Rawdon. Un mercader inglés en Tenerife en el siglo XVII y este gigantesco estudio global acerca de la vida y obra de Domínguez.

Antes de adentrarnos en el terreno propio del caimán– apodo de Domínguez entre sus colegas y amigos- tengo que afirmar que el libro se lee con gran facilidad, cuál si fuere una novela de fluida narración, un argumento airoso trufado de fechas y datos técnicos, que te atrapa y no te deja. Lo he leído en tres sesiones consecutivas, porque Guerra te pone la miel en los labios y la succionas o se pierde. Es preciso matizar que la facilidad se trabaja y que está siempre aliada a la sencillez y por eso resulta majestuosa, convirtiendo en máxima expresividad la identidad de lo mínimo, en lo que fue maestro incomparable Azorín.

Es verdad que, en este ensayo, que participa de otros géneros, no están bien estudiadas las exposiciones colecticas en las que participó, como advierte el autor. Si, todas las personales. En ocasiones no se menciona la ubicación de la obra que se comenta, porque quizá se ignore el paradero. Hay algunas erratas, como una reiterada s final en el apellido de Szyszlo. Casi siempre se menciona a los mismos pintores españoles, o no, en su ámbito parisino y, por ejemplo, tuvo más relación con Javier Vilató- no Xavier-, Antonio Clavé y otros de lo que se cuenta. Se citan autobiografías y memorias, sin contrastar las citas.

Erotica. 1954. Óleo sobre lienzo. 230 x 156 cm. Colección particular

La famille. 1950. Óleo sobre lienzo. 85 x 112 cm. Colección particular

Dicho esto -que no es sustancial, ni empaña la luminosidad de la propuesta, ni deturpa su hurmiento- la obra es el gran archivo donde está todo Domínguez: su iniciación, lo que fue y lo que es, aunque más basado en el mundo de las últimas cotizaciones en subastas que en el lugar que ocupa en la memoria colectiva, que desde mi óptica no es el que debiera ocupar.

Óscar Domínguez (Tenerife1906-París1957), es uno de los sempiternos volcanes canarios, que desde 1929 se instaló en París, con perspectivas comerciales primero, que se disolvieron ante su inclinación apasionada hacia el arte, llegando a formar parte de la elite del arte contemporáneo, entre los años treinta y cincuenta del s. XX. Es un creador de amplios registros, ángel del objeto, pintor, escultor, grabador, escritor que hizo brillar su talento en el orbe surrealista.

No es un pintor más del entorno de Breton, es un genio peculiar que despliega una fantasía y una imaginación soberbias de las que se sirvió el Papa del surrealismo. Si en un principio su técnica no fue solvente, la fue afinando hasta convertirse en un maestro capaz de crear, copiar- con tal perfección que burló a los expertos- y poner luz donde sólo había oscuridad.

Su agitada vida no debe distraernos respecto a la dimensión de su obra plástica. Es una tentación adentrarnos en su compleja vida erótica, pero no debemos dejarnos llevar de lo anecdótico.  Se convirtió en icono surrealista, plástico, sexual, genial, comercial, etílico. Se codeó con Picasso, Paul Eluard, Breton, grandes marchantes, críticos de fuste, poetas, historiadores. Tuvo varias mujeres, comblezas o legítimas, siendo la última Marie-Laure Bischoffsheim, vizcondesa de Noailles. Plagió a Picasso, De Chirico, Miró y todo lo que se le puso en el camino. Un hombre de genio desbordado por encima de las convenciones que acabó suicidándose.


Le Minotaure amiral. 1951. Óleo sobre lienzo. 41 x 33 cm. Colección particular

Les siphons surréalistes. 1937. Óleo sobre lienzo. 100 x 73 cm. Colección particular

La obsesión de Domínguez con el suicido data de 1933. Ernesto Sábato comenta otra intentona en 1938. Falto de dinero, deprimido, alcohólico y acromegálico, el 31 de diciembre de 1957, mientras le esperaban para una cena de fin de año, se cortó las venas, poniendo fin a su vida. Es sintomático de la estrella abandonada que, casi todas las necrológicas que aparecieron en los periódicos franceses fueren anónimas. Le debemos una reparación a este genio por lo que construyó, no es admisible que quien había sido un ídolo muriese tan al desnudo, en precario, y sin un pizco de ternura.

Domínguez fue un surrealista convicto y confeso, natural, carismático; sus cartas son poemas surrealistas, como los títulos de sus obras. Y sus libros, Les deux qui se croisent, 1947. Todo ello está estudiado y editado, pero disperso y se cubre de lejanía y silencio.

No puedo desmenuzar el ambicioso contenido del libro, hay que leerlo. A pesar de su volumen, es un enorme placer. La sensación que produce es tan feraz, tan hermosa, que merece el esfuerzo de adentrarse en este Paraíso, que también tiene su Purgatorio y su Infierno. José Carlos Guerra ha escrito la Divina Comedia de Domínguez, que no sólo tuvo un Virgilio.

Violette Nozières. 1934. Óleo sobre lienzo. 81,5 x 100,3 cm. Colección particular.

Tauromachie. 1947. Óleo sobre lienzo. 70 x 100 cm. Galería de Moravia. Brno

Pero, ¿dónde está situado hoy Domínguez? En la frontera; a un extremo de los más grandes y en la cúpula de los regulares. Bien es cierto que el mercado, tan denostado siempre, es quien más le ha puesto en pinganitos. Estando ahí, no está en la primera línea y eso no es culpa de su obra sino de nosotros y de los vedetismos.

En contra de una corriente muy extendida y cansina, aberrante, que defiende que interesa más lo que se dice de la obra que la obra, yo defiendo la obra, por encima de todo, pues sin ella no hay nada. ¡Si nuestro autor ha sido la fuente de una grandísima bibliografía, cómo no está en el Olimpo? No pretendo insinuar que está olvidado, ni descubrir nada; si, que está mal valorado, sin el cariño ni la devoción que se presta a otros gigantes. Se ha escrito de él más que se ha expuesto y la fuerza del arte plástico entra por los ojos y sube al alma, o al cerebro, ocasionando un chispazo donde se origina la poesía.

Reitero mi agradecimiento al autor por dedicar su tiempo y su atención a poner en claro el caos dominguesco. Las páginas que dedica al pastiche y las copias son oportunas y deliciosas. Contemplen las imágenes que se adjuntan y los cientos de ellas que el libro contiene y se preguntarán conmigo: ¿si existe un genio plástico nacido entre nosotros, por qué no proclamarlo? ¡Qué la leyenda no opaque su esplendor!

 

Tomás Paredes

                                                              Presidente de H. de AICA Spain

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