Firmas con sello de lujo. Tomás Paredes

Julio Larraz: un maestro de incógnito

 

 

En Larraz, nada es lo que parece. Es un protagonista, pero él hace por quitarse del foco, de forma natural. No se anuncia, pero es un maestro que ha conseguido un idiolecto, un lenguaje propio que le identifica, un estilo ahormado en la concurrencia de varios estilos. Un pintor que hay que adivinar, porque habla de los otros con admiración y conocimiento. Un mago que intenta hurtarse, pero que no logra esconder la magia icónica de su mundo. Mece la pintura con mano de seda en el regazo de la comunicación.

Activista, vitalista, exergónico; simpático, empático, extravertido: un torbellino de sosiego, un sorbo de licor que embriaga y no marea. Habla, acciona, sonríe, como si nada. Fornido, sobrado, cuenta y no para, pero no es un charlatán, porque dice lo que siente y sabe lo que dice, descendiente intelectual de don Francisco de Quevedo.

Es, a un tiempo, irónico, satírico, onírico, enérgico o dulce como una canción de cuna, como una canción de Cuba. Un batiscafo de humor que emerge o se sumerge con naturalidad y que siempre acaba en un inmenso ramo de cariño. Diríase una ventolera, pero es una brisa que lleva implícito el arte, que lo ensalza, convertido en un eslabón de una tradición cultural. Es a la vez muy antiguo y muy moderno, secluso y familiar, ligero y contundente, nefelibata y realista.

Larraz. Exodo,2022

 

Fernando Fernán-Gómez -ese monumento a la ternura, que tan pocos saben- me invitó a conocer a Larraz en un encuentro familiar y sorprendente. Así, en la distancia corta, Julio es encantador, abierto, transparente, mollar. Y pasamos una velada estupenda, sin parar, hablando de esto y aquello, es decir, de la pintura, del arte, pero como si a él no le fuere nada en el envite. Se disfruta su amor por Dalí, su respeto por Bacon, su barniz florentino, su actitud, antes de contemplar su aptitud, su abierto corazón de agua clara.

Julio Larraz tiene exposición abierta en la galería Marlborough de Madrid, con rubro Paisajes alternos, un conjunto de obras, grandes formatos sobre todo, fechadas en el último lustro. Más que suficiente para saber por dónde anda y adonde alcanza su dimensión, cuál es su compleja técnica y su solercia en la fusión. Es como un viejo rockero que no deja de improvisar sin despegarse un ápice de lo que le marca su destino expresivo, de lo que tiene que decir.

¿Y qué es lo que dice esta pintura? Más de lo que dice. Ejerce de vigía, realiza una crítica social profunda sobredorada por la cortesía de su humor y su ironía. No es un pintor narrativo, pero no deja de contarnos cosas. Los objetos de los que rodea a sus criaturas son utilizados como símbolos del poder que ejercen mandamases y mandamales. Sus imágenes denuncian la prepotencia y la arrogancia de todas las estirpes narcisistas, de las patrias sobrevenidas por la artificiosidad.

Nada es gratuito ni fortuito en su iconografía. Para resaltar su oposición a costumbres intolerantes crea personajes, que se convierten en arquetipo de su liberalismo, como es el caso de la figura de Juana Campamento y Madrigales, esa pelirroja, que caricaturiza, como hiciera Valle-Inclán, para desnudar su realidad salpicándola de gracia, de guasa, de sorna, de la poética que inunda toda su iconografía.

Larraz, Miss-Campamentos-Rolls, 2020

 

Julio Larraz nace en La Habana, 1944, y con la toma del poder por Fidel Castro, su familia se traslada a Estados Unidos, donde se radicará, llegando a Nueva York a los veinte años. Allí comienza a hacer caricaturas políticas para The New York Times, The Chicago Tribune, Vogue Magazine, The Washington Post y otras publicaciones, donde llegó a ser un cartoonist de éxito con la firma “Julio Fernández”.

Autodidacto de inicio, luego asistirá a clases del caricaturista David Levine, del pintor Aaron Shikler, retratista de famosos y políticos, y de Burton Silverman, adquiriendo una formación que le permitiría hacer juegos malabares con la figuración, construir y deconstruir a modo; cantar, iluminar, mezclar las pinturas de otros y la propia en pro de la Pintura.

Desde su primera individual en Washington, 1971, Larraz ha realizado ciento veinte muestras personales y ha participado en numerosas colectivas en diferentes estados de EE.UU., en las grandes capitales de Sudamérica, así como en varios países de Europa: España, Francia, Italia, Mónaco…Logrando un prestigio que se pone de manifiesto en sus recientes antológicas de América y Europa y en los galardones recibidos.

Su relación con España, a pesar de tener cuatro abuelos españoles y de distintas latitudes, no ha sido amplia, pero si intensa. Su primera comparecencia la tuvo en ARCO’99, cuando lo exhibió con holgura, Luis Pérez de Miami, constituyéndose en un punto de atracción. Desde 1996 trabaja en exclusiva con la galería Marlborough, que lo presentó en Madrid, primavera de 2010, con una gran muestra de piezas inolvidables. Y ahora repite, maduro y liberado, ahondando en lo que sabe hacer con maestría: ironizar con sandunga sobre los excesos y las vanidades humanas, que nadie atesora como los políticos.

Larraz Official-Business 2022

 

Decía que, en su estreno en Marlborough Madrid, mostraba piezas memorables, nadie crea que es un adorno retórico. En aquella ocasión había notas brillantes de sus especiales tauromaquias, más metafísicas y dechiriquianas que explícitas. Ya señaló Edward Lucie-Smith el parentesco de sus plazas de toros con las piazze de Giorgio de Chirico.

Y exhibía una obra subyugante, extraña, exquisita, sutil, Salones para fumar, 2009, que recoge todo un mundo de pintura que va de los prerrenacentistas a la actualidad: es la belleza como un palacio secreto donde brilla la inteligencia, el deseo, la sutileza, la contemplación, la fineza, la elegancia. Ahí están el Giotto, Simone Martini, pero también Balthus y Mozart, bajo el tamiz larraziano.

Y estaban sus famosos bodegones. Me contaba, de viva voz, que cuando llegó a EE.UU. y se inició en la pintura, el conceptual y el minimal arrasaban y que, por ir a la contra, para protestar de aquella dictadura, se puso a pintar bodegones, inspirado en el Barroco español, pero con guiños a la actualidad. Y sus homenajes a Velázquez, a Goya; y sus esperpentos, modo Valle-Inclán, para poner en claro lo que diferencia el oro del oropel, la sencillez de la parafernalia de los dictadores y enfermos macarras del poder.

Sólo un hombre curioso, o sea, ambicioso en su expresividad, inquieto, estudioso de la tradición, zahorí del misterio del arte, puede pintar con tantos guiños a tantos autores como lo hace Larraz. Son homenajes, también lecturas de Andrew Wyeth, Hopper, Velázquez, Zurbarán, Sánchez Cotán, Goya, de Chirico, Dalí, Magritte, Bacon…Pero, cuando más impacta es cuando no recuerda a nadie, sino a él mismo, con esos coches imponentes en paisajes solitarios, con las caras desfiguradas para ahondar en su denuncia, con esas procesiones carnavalescas en las que se bendice a los tiranos, que generan adhesión a través del miedo que infunden.

Quiero hacer una salvedad, no estoy descubriendo nada, pues excepto entre nosotros- y puede ser pura ignorancia- en el mundo occidental ya saben que es un maestro cuyo quehacer ha provocado una bibliografía extensa y densa. Así, los libros, en folio mayor, de Edward Lucie-Smith, Skira, Milán 2013; Julio Larraz: The Kingdon We Carry Inside, de David Ebony, Rizzoli Electa, 2021; los textos de Donald Kuspit, Edward J. Sullivan, Ariel Larraz, Guillermo Solana, Madeline Murphy Turner.

En esta propuesta madrileña son varias las obras que llaman la atención por motivos distantes. Éxodo, 2022, esa elegía a la migración de los hombres en busca de libertad, con una imagen tan surreal, tan imponente, tan impactante, tan solitaria. Es una de las piezas más importantes, no por su precio- 250.000 euros- sino por su contenido emocional y fieramente humano. La decana y la Maestranza, con esa cita de Bacon de excelente imbricación; Official Business, la misteriosa Out to Lunch.

En Alternate Passages, 2013, la obra que da título a este conjunto, la composición recuerda el asesinato de John F. Kennedy: el revuelo del atentado, el Lincoln descapotable que se desmorona, la bandera americana, el traje ensangrentado, el eco expansivo de una imagen que retumbó en todo el país, en todos los pueblos del mundo, como una honda que se va alejando sin dejar de inundarlo todo, sembrando de silencio el paisaje.

Larraz, Out-to-Lunch, 2020

 

En el texto del catálogo, Madeline Murphy Turner concluye: “El artista entreteje los temas del poder y la memoria[…]Inyectando a sus composiciones agudeza, sentimiento y misterio, Larraz propone métodos para examinar la sociedad contemporánea, transformando su pintura  en un memento mori para recordarnos lo que la vida puede ser y lo que podemos perder. En este sentido, frente al conflicto global, el exilio y el aislamiento generalizado, Julio Larraz nos demuestra que todavía queda vida, incluso en la naturaleza muerta”.

Se trata de una sabia conjunción de vida y arte, un desparpajo plástico cabe una actitud intelectual optimista, una fusión de estilos y de tiempos en un presente, como ocurre en La tierra baldía, de T.S.Eliot, el ensamblaje del pasado y el futuro en un presente determinante. Pintura figurativa, fundacional, muy americana y muy personal a la vez, que logra universalizar lo local, que nos enseña una realidad por medio de hipérboles y sátiras, de ficciones que construyen un cosmos deslumbrante y genuino.

Cuando estuvo en Cabo Cañaveral para dar fe plástica del despegue de un cohete espacial estaba junto a Robert Rauschenberg; cuando Nixon dimitió dejó la caricatura y se puso a pintar cuadros de caballete; cuando murió De Gaulle, The New York Times le pidió una imagen y él hizo en 45 minutos un busto del General…

Norteamericano cabal cuajado de españolías, pintor, escultor, grabador, lector decidido y tenaz, como Pessoa, asegura tener dentro de si todos los sueños del mundo y pinta para hacer visible lo que sueña. Sabe vivir, eso se siente a su lado, se percibe, y al cabo es un maestro, no sólo del arte, sino de la vida.

                                                                                                                   Tomás Paredes

                                 Presidente H. Asociación Española de Críticos de Arte/AICA Spain

 

Recordando… Ignacio Pinazo Martínez

Obras, artistas, socios, pequeñas historias…

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Ignacio Pinazo Martínez

Como hemos visto en la biografía de las primeras artistas de la AEPE, dedicada a Marisa Pinazo, además de ella, su padre, José Pinazo Martínez, su abuelo, Ignacio Martínez Camarlench y su tío Ignacio Pinazo Martínez, fueron socios de la Asociación de Pintores y Escultores.

     Con este motivo, recuperamos también aquí su memoria, que de otra forma ya no podríamos recordar…

 

 

Vocal de la AEPE en 1949

Socio de Mérito de la AEPE

 

PINAZO MARTINEZ, Ignacio   E   1916   30.abr.1883   VALENCIA    MADRID   13.oct.1970

 

Nació el 30 de abril de 1883 en Valencia, y desde niño estuvo rodeado de un soberbio ambiente artístico, ya que su padre, Ignacio Pinazo Camarlench, ejerció como maestro de los dos hijos del matrimonio con Teresa Martínez Monfort, enseñándoles dibujo y modelando figuras en su taller.

A la temprana edad de nueve años ingresó en la Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, donde inició su vocación escultórica, realizando dibujos de obras maestras de Hans Holbein.

Distintos retratos de Ignacio Pinazo Martínez pintados por su padre, Ignacio Pinazo Camarlench

En una fotografía viendo pintar a su padre al aire libre

 

Su padre lo envía a Madrid, donde trabajó en el taller de Mariano Benlliure, socio de la AEPE. A los veinte años, la Diputación de Valencia le concedió una beca de pensionado por cuatro años en Roma, donde tuvo como compañeros a Sorolla y Navarro, entre otros.

En 1907, visitó París y conoció a Rodin, recibiendo las lecciones del maestro de la escultura, estudiando los museos franceses y observando las tendencias de la época.

Allí recibió el encargo del director del Museo Nacional de Reproducciones Artísticas, don José Ramón Mélida, también socio de la AEPE, de realizar una copia de la Dama de Elche, que se encontraba expuesta bajo una campana de cristal en la sala ibérica del Louvre.

Encargo que Pinazo realizó, pues se le permitió el acceso a la obra durante tres sesiones de trabajo, para sacar un modelado en barro por puntos, sistema que permite la exactitud de todas las medidas del original.

Del modelo en barro se hizo un vaciado para conseguir un molde, lo que permitió sacar un cierto número de copias en escayola reforzada, retocadas y policromadas por el propio autor, considerándose todas ellas piezas originales por el carácter artesanal de la manufactura.

Se desconoce cuántas Damas de Elche realizó, aunque sabemos que en el Museo de Albacete se encuentra la numerada con el 60, con el fin de suministrar a entidades públicas y privadas las réplicas, para su difusión cultural y el conocimiento de tan importante obra de arte, y sabemos que Pinazo firmó y numeró cada una de ellas.

Pinazo fue muy cuidadoso a la hora de atender las peticiones de copias de la Dama de Elche, solo las hacía para instituciones culturales o personalidades de reconocida valía, pero copias de escayola se enviaron a los museos e instituciones más importantes de Europa y América, que todavía la exponen.

Sobre una de estas copias hay una curiosa anécdota, en su visita a Madrid de octubre de 1940 el jefe de las S.S., Heinrich Himmler, demuestra un especial interés por contemplar la réplica expuesta en el Museo del Prado, quedando testimonio gráfico del entusiasmo del siniestro personaje ante la misma.

Heinrich Himmler viendo la Dama de Eche de Pinazo en Madrid

En la Exposición Nacional de 1899 de Madrid, obtuvo una Mención de Honor, por la escultura Mi primera obra. Nueve años más tarde, en 1908, lograría una Segunda Medalla en la Exposición Internacional Hispano-Francesa de Zaragoza, por su obra Santuzza.

Mater Natura, Colección Carmen Tthyssen

El saque

Monumento a Ignacio Pinazo Camarlench

 

En 1915, presentó a la Exposición Nacional de Bellas Artes su obra denominada Saque, por la que logró la Segunda Medalla, en la cual muestra a un jugador de pelota valenciana, vestido a la usanza clásica.

En la Exposición Nacional de 1917, envió su obra Ofrenda, donde la forma se hace realidad, y la belleza existe siempre en el desnudo, situando al arte griego en la cúspide de todo. Sus desnudos son luminosos y apasionados.

En 1918, en el Salón de París recibió un gran galardón, la Medalla de la Legión de Honor, por su busto titulado El alcalde de Benifarach, estudio de raza con gran realismo en su rostro. Ese mismo año realizó el Monumento al Marqués de Borja (El Escorial) y al año siguiente, Estudio.

Dos fotografías de su obra Pagania, de 1920, basada en la Dama de Elche

 

En la década de 1920 realizó el grueso principal de su producción: Grupo de “Valencia” (1920), Busto del pintor valenciano Ignacio Pinazo Camarlench (1921), Busto de Magdalenita (1924), La Vida, La Oratoria, La Ofrenda a los dioses familiares, La Confarreatur, El Liberto. Realizó los bajorrelieves en el Salón de Actos del Colegio Notarial de Albacete y el boceto de la estatua colosal que se encuentra en el hall, del mismo edificio, Estatua colosal de la Fe, que remata la fachada exterior del edificio (1925), Busto del ingeniero de montes, don Ricardo Codorníu (1926), Bustos de los hijos de los príncipes de Hohenlohe (1927), Monumento a don Roque Martínez Pérez, en Jumilla (Murcia), jardín del rey don Pedro (1927). Las obras de Jesús Prendido, María Magdalena, Dolorosa, Virgen del Carmen, Virgen de la Asunción Yacente, Jesús Nazareno, para la Semana Santa de Jumilla las elaboró entre 1929 y 1952.

Guillot Carratalá señala que Ignacio Pinazo es el mejor escultor retratista que ha tenido España, durante la primera mitad del siglo xx.

Pinazo hace una síntesis entre el relato escultórico de la antigüedad clásica y los bustos étnicos de la región valenciana, de gran expresión y extraordinario realismo, ejemplo de ello es el busto que esculpió en mármol del nuncio en España, Cardenal Cicognan, o los de Padre Fullana, María Pinazo, Tío Quico, y el maravilloso retrato de su hija, titulado Obsesión, de cabellos barrocos, que caen sobre la frente femenina, busto en el que se juntan dos concepciones estéticas: belleza y sentimiento.

Ignacio Pinazo Martínez modelando la copia de la Dama de Elche

Trabajando en un busto

 

Tras muchos años de trabajo, concurrió a la Exposición Nacional de 1948, en la que obtuvo la Primera Medalla por su obra: Enigma, donde se aprecia claramente la influencia de la Venus Borghese de Canova; en la de Pinazo se muestra a una bellísima joven desnuda, reclinada, volviendo su cabeza dulce y encantadora, de insuperable belleza, que Gaya Nuño califica de “guapa ninfa”.

Terminada la Guerra Civil se dedicó a la imaginería religiosa, sin alejarse de lo profano.

En 1945, ingresó en la Orden de Alfonso X el Sabio, en 1967 fue nombrado miembro numerario de la Real Academia de San Carlos de Valencia, y fue también profesor de la Escuela Normal de Albacete y de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid.

Ignacio Pinazo Martínez fue un escultor entusiasta de la estatuaria clásica griega, sobre todo de Fidias, del desnudo femenino y de Donatello en el Renacimiento italiano.

Falleció en Godella, Valencia, el 10 de octubre de 1970.

Ofrenda

Enigma

Mujer

 

Ignacio Pinazo Martínez y la AEPE

En Madrid, vivía en la calle Luis Díaz Cobeña, 18, en Lope de Vega, 55 y en Antonio García Quejido, 18.

Fue Vocal de la Asociación de Pintores y Escultores de 1949 a 1957.

Realizó la placa homenaje a Eduardo Rosales en 1949.

Socio de Mérito en el Salón de Otoño de 1935.

Participó en los siguientes Salones:

II Salón de Otoño de 1921:

296.- Retrato de Aureliano de Beruete y Moret, busto en bronce

297.- Pagania, bronce

298.- Amparito, bronce

En el V Salón de Otoño de 1924 presentó las obras:

447.- Magdalenita, bronce plateado

448.- Cabeza de querubín, bronce

Al VII Salón de Otoño de 1927:

503.- Retrato de Antonio Gotor, bronce

Al XIV Salón de Otoño de 1934:

9.- Retrato del pintor Pinazo Camarlench

Al XV Salón de Otoño de 1935:

368.- Valenciana, escayola

Al XVII Salón de Otoño de 1943:

12.- Generalísimo Franco, escayola

162.- Retrato de Muñoz Seca

Al XXIII Salón de Otoño de 1949:

22.- Retrato del Reverendo Padre Fullana, tierra cocida

Al XXVI Salón de Otoño de 1954:

167.- Consumatum Est, barro cocido

 

Distintas obras presentadas a los Salones de Otoño

 

Recordando… Ignacio Pinazo Camarlench

Obras, artistas, socios, pequeñas historias…

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Ignacio Pinazo Camarlench

Como hemos visto en la biografía de las primeras artistas de la AEPE, dedicada a Marisa Pinazo, además de ella, su padre, José Pinazo Martínez, su abuelo, Ignacio Martínez Camarlench y su tío Ignacio Pinazo Martínez, fueron socios de la Asociación de Pintores y Escultores.

     Con este motivo, recuperamos también aquí su memoria, que de otra forma ya no podríamos recordar…

Autorretrato, 1895

 

PINAZO CAMARLENCH, Ignacio  P 1911(N)  11.ene.1849  GODELLA (V)  18.oct.1916 GODELLA (V)

 

Ignacio Pinazo Camarlench nació en Valencia, el 11 de enero de 1849. Fue el segundo hijo de una familia numerosa humilde, propietaria de un pequeño comercio, que residía a las afueras de Valencia.

Con tan sólo ocho años, quedó huérfano de madre, que falleció de cólera, en una de las pandemias que asolaban España en el siglo XIX, y obligado por la situación familiar, fue panadero, platero, sombrerero y pintor de abanicos y azulejos.

En 1865, inducido por su amigo José Miralles, para el que trabajó como aprendiz de dorador en su taller, asistió a clases nocturnas gratuitas en la Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Durante seis años compaginó su trabajo de sombrerero con las lecciones impartidas por el pintor José Fernández Olmos en la Academia, mostrando grandes habilidades plásticas.

Autorretrato

 

En 1865 el cólera acabó también con la vida de su padre y de su madrastra, haciéndose cargo de Ignacio y sus hermanos su abuelo paterno, quien le facilitó un pequeño espacio en la casa para pintar.

Un segundo accésit en la clase de Dibujo al Natural y un primero en la de Composición, animaron al joven a dedicarse exclusivamente a la pintura.

Su primer encargo conocido fue el lienzo de Santa Mónica de 1871, que presentó bajo el título de La Caridad a la Exposición Regional de Barcelona de 1873.

Apunte

Las hijas del Cid

Bella herida por Cupido

Los últimos momentos de Jaime I el Conquistador

 

En 1871 consiguió la Medalla de Plata en la Exposición de la Sociedad de Amigos del País de Valencia, por una serie de estudios que le animaron a presentarse a una plaza de pensionado en Roma convocada por la Diputación Provincial, cuya prueba final fue el lienzo El Cardenal Adriano, que desaprobó el jurado, pero que sus amigos enviaron un año más tarde, a la Exposición de la Sociedad Económica de Amigos del País de Valencia, donde mereció una Medalla de Plata Dorada, premio que le permitió emprender un viaje por su cuenta a Italia, acompañado de sus amigos el pintor José Miralles y el escultor Jerónimo Sunyol, entre 1872 y 1874.

En Roma conoció al maestro Fortuny, influencia que se vio reflejada rápidamente en sus primeras obras, y a Casto Plasencia, que estaba promoviendo una nueva concepción del género del paisaje y que tanta influencia tendría en España.

De regreso a Valencia, llamado por la quinta de Castelar, decidió continuar con su formación en la Academia de Acuarelas y pasó antes tres meses en Barcelona, junto con su amigo Juan Peyró.

De nuevo en Valencia volvió a optar por una plaza de pensionado en Roma, que consiguió con el cuadro Desembarco de Francisco I, rey de Francia, en el muelle de Valencia, inspirado en La Rendición de Breda de Velázquez.

Baco niño

Paisaje de Valencia

 

Poco antes de regresar a Italia, contrajo matrimonio con Teresa Martínez Monfort en Valencia, a quien retrató en numerosas ocasiones durante toda su carrera y fue una auténtica musa para muchas de sus obras.

En este segundo viaje a Italia, Ignacio Pinazo admiró profundamente a Hans Holbein, a quien llegó a considerar como maestro. Estudió a los clásicos, pintó obras de factura académica y entró en contacto con el grupo de los macchiaioli, representantes de la aportación italiana al realismo europeo, de los que asimiló la temática cotidiana y el gusto por el paisaje realista al plain air, y determinados procedimientos técnicos, como la pintura sobre tabla sin preparación previa.

Mostró interés por el retrato infantil, que aumentó tras el nacimiento en 1879 de su hijo José, que llegó a ocupar uno de los capítulos más interesantes de la producción del artista. Niños que fueron retratados como personajes mitológicos, bajo la forma de dioses, amorcillos, ninfas o querubines, cargados de gran simbolismo.

Dos de sus más conocidas obras son Baco niño, conocido también como El Fauno y un primer ensayo de pintura de historia como pensionado titulado Las hijas del Cid, que fueron expuestas en la Exposición de la Lonja de Valencia, y que fueron galardonadas con el Diploma de Medalla de Oro concedido por el Ayuntamiento.

Detalle, Carnaval en la Alameda

Juegos icarios

Apunte

Fotografía del artista en su estudio

 

En 1878 envió a la Diputación desde Roma, Don Jaime el Conquistador, moribundo, entregando la espada al infante don Pedro, continuando así la renovación del género de pintura de historia iniciada por Rosales, que envió también a la Exposición Nacional de 1881, donde fue galardonado con una Segunda Medalla y, seguidamente, adquirido por el Estado.

En España, Ignacio Pinazo siguió alternando los temas de historia, con la pintura de paisaje y con los retratos, especialmente infantiles.

Paralelamente, fue  nombrado profesor sustituto de Colorido por la Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. El Ateneo Científico y Literario de Valencia le nombró presidente de su Sección de Bellas Artes.

Valencia sufrió en 1885 una epidemia de cólera que asoló la ciudad. La familia Pinazo se desplazó, a la finca “Villa María”, en Godella, donde comenzó un período de gran actividad y consolidación de su pintura.

Allí cerca se construyó una casa en 1895 que terminó siendo, años más tarde, su residencia habitual, y poco a poco fue desvinculándose de los ambientes artísticos e intelectuales, y aislándose, concentrándose de lleno en captar el encanto del pueblo valenciano en su vida cotidiana y recuperando su interés por el paisaje descubierto en Italia, retratos de factura impresionista, y numerosos pequeños lienzos y tablas en los que el pintor experimentó con la luz y el color de forma subjetiva.

Alfonso XIII

Alegoría de la Vendimia

Retrato de Teresa  Martínez Monfort, esposa del artista

Fallera

Desembarco de Francisco I en Valencia

 

En 1888 Pinazo presentó en la Exposición Universal de Barcelona el lienzo Pompas de jabón,  bajo el título La primera ilusión. Un año más tarde el artista obtuvo grandes éxitos como retratista y decorador de la alta sociedad valenciana.

Realizó varios proyectos decorativos tras los que se sucedieron grandes reconocimientos a su trayectoria, como su nombramiento, en 1894 de socio de mérito de la Sociedad Económica de Amigos del País de Alicante.

En la Exposición Nacional de Bellas Artes fue galardonado con la Medalla de Segunda Clase por el Retrato de Nicanor Picó, que envió junto con la obra Muchacha y Cupido fumando.

El 15 de marzo de 1896 fue elegido académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, para el que redactó un polémico discurso titulado De la ignorancia en el arte, que no fue publicado hasta dieciocho años después.

Medalla de Oro en la Nacional de 1897 por el Retrato de José María Mellado, fue la primera vez que se concedió un galardón de estas características a un retrato, en lugar de a una pintura de historia, como marcaba el gusto imperante.

En 1899 logra la Primera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid con el cuadro Lección de memoria, compartida con los también socios de la Asociación de Pintores y Escultores Luis Menéndez Pidal y Gonzalo Bilbao.

Cristo Yacente

El guardagujas

Pinazo pintando en Roma

 

Con el cambio de siglo, le llegaron una serie de encargos oficiales, de entre los cuales, el más importante fue el Retrato del Rey Alfonso XIII de cadete.

En 1903 fue nombrado académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y profesor auxiliar de Dibujo en la Escuela de Artes e Industrias de Madrid. Pero, aquejado por una salud muy débil debido a una fuerte pulmonía, regresó a Valencia instalándose en su residencia de Godella.

En 1909 obtuvo Diploma de Honor y la Medalla de Oro en la Exposición Regional Valenciana por los lienzos Muerte del Rey y Lección de memoria, mismo premio que recibió un año más tarde en la Exposición Nacional de Bellas Artes, celebrada excepcionalmente en Valencia.

En 1910, participó también en la muestra del Museo Municipal de Barcelona titulada Retratos y dibujos antiguos y modernos con un total de diecisiete obras.

En 1912 le fue concedida la Medalla de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes.

El Ayuntamiento de Godella le dio su nombre a la calle en la que estaba su casa y el de Valencia cambió el nombre de la antigua plaza del Picadero por la de plaza de Ignacio Pinazo.

En su residencia de Godella, falleció, a los setenta y siete años de edad, el 18 de octubre de 1916, a consecuencia de una bronquitis aguda. Toda la prensa de la ciudad se hizo eco del profundo sentir que produjo su fallecimiento.

Dos años más tarde, se levantó en su honor un monumento en el paraninfo de la Universidad valenciana y Gonzalez Martí publicó la primera monografía sobre su vida y su obra. La mayor colección pública de obras de Ignacio Pinazo se encuentra en el Instituto Valenciano de Arte Moderno, que posee más de cien cuadros y más de seiscientos dibujos.

Ignacio Pinazo Camarlench fue el pionero de la pintura moderna valenciana, representante del impresionismo español, cuando su estilo, polivalente y afín a diferentes registros artísticos, es difícil de inscribir dentro de una corriente artística determinada.

Perteneciente a la misma generación que Darío de Regoyos, Santiago Rusiñol, Aureliano de Beruete y Emilio Sala, fue un pintor avanzado e innovador que rompió con los esquemas tradicionales de género y abrió nuevas posibilidades para la pintura decimonónica.

Su modernidad radicó, principalmente, en su particular acercamiento a la realidad y en la manera de abordar con su pintura, su entorno más inmediato.

Anticipó aspectos de la pintura del siglo xx, tales como ese naturalismo que, por su estética del inacabado, se sitúa próximo a la abstracción.

 

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes de la AEPE: José Pinazo Martínez

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes

de la Asociación Española de Pintores y Escultores

 

La  Gaceta de Bellas Artes 1915-1916

 

En enero de 1915 vuelve a editarse la Gaceta de la Asociación de Pintores y Escultores.

En la cabecera aparece como Secretario de la Asociación, José Pinazo Martínez, por lo que en base a lo publicado en el número 28 de la Gaceta de Bellas Artes de 1912, en el que se expone que “En la Junta de hoy se ha acordado por unanimidad que la dirección de la Gaceta sea anexa al cargo de Secretario”… debemos interpretar pues, que la nueva etapa de publicación de la revista, contaba con la dirección de José Pinazo Martínez.

El formato y el papel se mantenían, y seguía imprimiéndose en Gráficas Mateu, con un coste de tirada de 133 pesetas.

Además, volvió a recuperar la antigua numeración y comenzaba con un saludo “A nuestros compañeros”, en el que se detalla el “deseo de que estas páginas sean lazo de unión entre todos los artistas y sirvan para reflejar la labor que realizamos y los proyectos que tenemos”… Sin entrar en detalles, refiere también que la suspensión de la revista “Por el Arte”, se ha debido a motivos de índole económica. Y añade… “No terminamos estas líneas sin prodigar un aplauso a José Garnelo, Director que fue de la Revista Por el Arte, y a los Sres. Mateu, que la confeccionaban en sus talleres; uno y otros se han desvelado por realizar una obra que, a la vez que ha tenido en encanto de ser personal, ha sido motivo de orgullo para la Asociación de Pintores y Escultores”.

Los primeros números de 1915 se limitaron a informaciones societarias y de la Gaceta de Madrid, que reflejaba las convocatorias y reglamentos de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, tratándose los estudios de la Junta Directiva sobre los derechos de propiedad artística y otro tipo de noticias oficiales, como concursos para la elaboración de monumentos públicos, subastas, convocatorias…

En el número de octubre de 1915, se publicaba la carta que Ramón Pulido envió al Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, en la que le pedía la restauración de los techos de Lucas Jordán situados en el Museo de Reproducciones, recordándole también el lamentable estado de los murales de Goya en la Florida.

También comienza a incluir noticias varias y nos hace saber que la Real orden de 10 de junio de 1912, por la cual se le conceden honores de Corporación oficial, otorga a la Asociación de Pintores y Escultores el derecho a tener representación oficial en la Junta del Patronato del Museo de Arte Moderno.

En la de diciembre de 1915, se anuncia que se ha acordado que a partir del próximo año, la Gaceta de la Asociación “sea bimensual, reduciendo algo su tamaño y ajustando el texto a las necesidades del momento”.

 

José Pinazo Martínez

 

 

Socio Fundador Nº 50

Secretario de la AEPE en 1914

Socio de Mérito de la AEPE

 

PINAZO MARTINEZ, José         P        1910(F050)    1879         ROMA          MADRID

 

José Pinazo Martínez nació el 10 de julio de 1879, en la ciudad de Roma, por encontrarse allí residiendo su padre, el también socio de la AEPE Ignacio Pinazo Camarlench, disfrutando de la pensión de pintura de la Diputación Provincial de Valencia, que había ganado en 1876.

José Pinazo era hijo de Ignacio Pinazo Camarlench y de Teresa Martínez. Con solo dos años de edad, la familia regresa a España, instalándose en Valencia.

En marzo de 1883, nace el segundo hijo de la familia, Ignacio Pinazo Martínez, igualmente socio de la AEPE, que llegará a ser un afamado escultor.

Desde niño comienza a desarrollar su vocación pictórica, casi antes de aprender a leer y escribir, debido a la personalidad de su padre, y al ambiente artístico en que vive durante su infancia y adolescencia, bajo la atenta mirada de su padre.

Juntos, frecuentan un gimansio y comparten la afición del ejercicio físico que José mantuvo toda su vida.

En esta época, José Pinazo pinta impresionado por la obra de su padre, hasta el extremo incluso, de copiar algunos de sus cuadros. Mientras permanece en el gimnasio, su padre le borraba todo aquello que no le parecía bien. De esta forma, José, tendría que enfrentarse a su regreso con los problemas pictóricos que no había resuelto el día anterior. Al mismo tiempo completa su aprendizaje con el escultor Gilaber, acudiendo al estudio de éste diariamente.

Esta relación pictórica padre-hijo durará poco tiempo, pues sus concepciones del mundo van a ser radicalmente distintas, además de que el nombre de su padre se convertirá en una de las barreras que José tendrá que traspasar para encontrarse consigo mismo y con su pintura.

Con apenas catorce años José concurre a la exposición del Ayuntamiento de Valencia, donde obtiene un accésit de Segunda Medalla, y a la exposición de la Sociedad Económica de Amigos del País de Alicante, siendo premiado también con una Segunda Medalla; sin embargo, en ambos casos es tomado en cuenta sólo por su apellido, lo que le hace trasladarse a Madrid.

 

Autorretrato de 1904

Autorretrato realizado en París

El pintor y su hija Marisa, conversan con un visitante en su estudio. 1930, EFE

 

En la Exposición Nacional de 1895 continuará siendo conocido como el hijo de Ignacio Pinazo.

En 1897 se desliga de su padre y ya no pinta en la casa familiar de Godella, abriendo su propio estudio en la Calle Cirilo Amorós de Valencia. Este mismo año vuelve a concurrir a la Exposición de Madrid con tres obras, logrando una Medalla. Para José Pinazo Martínez es una exposición importante porque por primera vez la crítica no alude a su padre.

En 1899 envía a la Exposición Nacional de Madrid un óleo, con el que consigue una Medalla de Tercera Clase.

En la Exposición Universal de París de 1900 consigue una Medalla de Plata, y otra en la de 1901, en el año en el que participa en el I Concurso Artístico, organizado por la Revista Blanco y Negro y cuando se matricula en la Academia de San Carlos de Valencia.

Allí se presenta a la Pensión, pero los artistas que optan con él a dicha plaza, elevan un escrito de protesta al Tribunal, argumentando que Pinazo, no era valenciano (requisito para presentarse a la oposición), puesto que había nacido en Roma. El Tribunal considera que su nacimiento en la ciudad italiana es un hecho accidental y no aceptan las alegaciones maliciosas, pero durante la celebración de los ejercicios de oposición se desató una dura campaña de prensa, organizada por el El Pueblo, periódico dirigido por Blasco Ibáñez de ideología republicana y radical que, en todo momento, apoyó a Viscaí, simpatizante del Partido y en contra de José Pinazo Martínez, unido de alguna forma a los círculos conservadores de tendencia monárquica.

José Pinazo Martínez, posa en su estudio junto a una de sus obras. EFE, 1930

 

La sensación de rechazo que siente José Pinazo Martínez ante todos estos problemas, va a significar un total alejamiento del ambiente artístico valenciano, desarrollando, definitivamente, su actividad profesional en Madrid. Sólo esporádicamente, volverá a la casa familiar en Godella.

En 1904, retoma la costumbre de enviar obras a la Exposición de Madrid. Un año más tarde vuelve a intentar la pensión de Pintura de la Diputación Provincial de Valencia. En esta ocasión, se presenta también a la pensión de escultura, su hermano Ignacio, pero nuevamente los ataques de El Pueblo se recrudecen, extendidos ahora a su hermano, lo que induce a José a no presentarse a las oposiciones. Su hermano Ignacio conseguirá la pensión de escultura, marchando a París y Roma a completar sus estudios.

En Madrid conoce a la que más tarde será su mujer, Magdalena Mitjans, hija de Luis Mitjans, un mecenas que le aconsejó viajar a París y Londres, como así hizo en 1906, contrayendo matrimonio un año más tarde. Fruto de esta unión nacerán sus dos hijas Mª Teresa y Mª Luisa.

En una fotografía aparecida en La Esfera

 

Perteneciente a la alta burguesía madrileña, Magdalena aporta a la vida de José posición social, una situación económica desahogada y una esmerada educación, además de un perfecto conocimiento de varios idiomas, convirtiéndose en su compañera, administradora y asesora en la elección de telas y trajes para la elaboración de sus cuadros, procurando su aislamiento del mundo exterior, para que concentre todos sus esfuerzos en pintar, creando un ambiente familiar equilibrado y sereno.

En 1908, concurre a la Exposición Nacional con seis obras y en 1909 realiza dos exposiciones. Una, con su hermano Ignacio en la Sala Vilches de Madrid, a cuya inauguración asiste la Infanta Dña. Isabel y toda la alta sociedad madrileña, y otra en Barcelona, en la Sala Parés, que tuvo una excelente acogida entre la prensa y el público.

A la Exposición Nacional de 1910 envía una obra que plasma el resultado de sus investigaciones pictóricas: la pincelada pierde soltura, y las figuras se convierten en masas de color claramente diferenciadas, a través de un dibujo cada vez más sólido. La crítica lo coloca frente a López Mezquita, los hermanos Zubiaurre y Álvarez Sala, considerándolo como un gran «colorista».

Con su esposa Magdalena Mitjans y el escultor Mateu en Cuba 1921

 

Participa en la Exposición Nacional de 1911 con un tríptico de grandes dimensiones, consiguiendo Medalla de Plata, al igual que en la Exposición Nacional de Madrid del año siguiente. Concurre también a la Exposición Internacional de Roma de 1911 y a la Nacional de 1912.

Hasta 1915 trabaja intensamente en su estudio madrileño de la calle Sánchez Bustillo, por donde pasan críticos y periodistas, que son testigos de su trabajo.

Exposición en las Galerías Gimpel & Wildenstein en Nueva York. 1920

 

En 1914 expone en Brighton y Londres. En esta Exhibition of Modern Spanish Art, no se limita al envío de dos obras ya conocidas, sino que tiene también un sentido institucional, dado que era Presidente de la Sección de Pintura del Círculo de Bellas Artes y Segundo Secretario de la Asociación de Pintores y Escultores de España, lo que motivó que fuera nombrado portavoz de los expositores de Brighton en Londres, a la vez que representante en Madrid del Comité Organizador de la Exposición.

En 1916, su padre se encuentra muy enfermo y el artista alquila un estudio en Godella, donde se trasladan los Pinazo. Año en el que comienza su proyección en el extranjero, consiguiendo una Medalla de Oro en la Exposición Internacional de Panamá. Participa además en la Exposición de Saint Louis (Missouri), organizada por la Sección Internacional de Pintores del Carnegie Institute de Pittsburg.

 

José Pinazo retratado por López Mezquita

 

En agosto, Sorolla organiza en Valencia la Exposición de la Juventud Valenciana en la que José presentará siete obras.

A finales de agosto y principios de septiembre, expone en Bilbao, en la Asociación de Artistas Vascos, en los locales del Círculo de Bellas Artes y el Ateneo.

El 16 de octubre de 1916, fallece en su casa de Godella, Ignacio Pinazo Camarlench, una muerte que supuso el alejamiento definitivo de Valencia, a la que sólo regresaría, temporalmente, en 1921.

 

En noviembre de 1916, exhibe sus obras en las Galerías Layetanas de Barcelona y un año después en la Nacional de Madrid y en la IV Exposición de Pintura Española de Buenos Aires.

La Exposición del Círculo de Bellas Artes de 1918 supuso un éxito de prensa y público.

Obras de una coloración exuberante, que no llega a producir un efecto sensual, como ocurre con Romero de Torres, sino más bien, un efecto sintético. Este efecto consiste en delimitar amplios campos cromáticos con líneas curvas y arabescos muy marcados. Prescinde de la dictadura del modelo, resolviendo la imagen, de acuerdo con la idea que él quiere dar.

La Exposición es visitada por la Reina Victoria Eugenia, la Infanta Isabel.

Amor, naturaleza y Arte

 

En 1919 realiza una Exposición Individual bajo el patrocinio de la Asociación de Pintores y Escultores. Será la mayor exposición individual de las celebradas hasta ahora por Pinazo en la que exhibe 32 obras.

En 1920, gracias a la exposición que organiza Mr. Hunntington en las Galleries of E. Gimpel and Wildenstein, la crítica y el público se rinden a su obra y así, expondrá después en Londres en 1921 y en Cuba y en los años posteriores en el Instituto Carnegie de Pittsburg y en las Galerías Albright de Buffalo, en los Salones Christoffe de Buenos Aires, patrocinada por la AEPE, en la Haya, Amsterdam…

Camino al cielo

 

Ya en Godella, sus hijas empiezan a interesarse por el arte y dibujan en cuartillas, en el estudio paterno. Es su hija menor, Mª Luisa, la más interesada en seguir los pasos del padre, llegando a exponer en los Salones de Otoño de Madrid, y, que, ha continuado pintando hasta su desaparición. Durante el año de 1922, envía a la Exposición Nacional de Madrid, tan sólo un cuadro.

En marzo y abril de 1925, realiza su última gran exposición individual, en el Palacio de Bibliotecas y Museos de Madrid.

Bodegón con limones

 

En 1929 recibe el encargo de Mr. Hunntington de la Hispanic Society of América de Nueva York, para realizar un gran lienzo decorativo, en el que debían aparecer plasmadas las costumbres valencianas, a través de los retratos de su familia. El resultado del encargo es Nosotros Antes de salir para América, cuadro en el que la crítica coincide en señalar es la síntesis de la obra de José Pinazo Martínez (…) se encuentra dominado por un afán de dibujo sobrio y acentuado por un deseo de la línea pura que le lleva a acusarla destacándose enérgicamente con un trazo oscuro y fino.

Participará con cinco obras en la Bienal de Venecia y en la Exposición de Arte Novecentista de Valencia.

Durante el curso 1931-32, ocupa la plaza de profesor de la clase de Desnudo y Ropaje de la madrileña Academia de San Fernando.

Fallera

Floreal

Chulapa

 

En el verano de 1933 enferma, mientras veranea en El Escorial, a causa de un antrax. No le da mucha importancia, ya que se encuentra dedicado a preparar un viaje a Chile. Sin embargo, en el mes de noviembre, un enfriamiento agrava su estado de salud, produciéndole una septicemia. Como la septicemia produce mucha alteración, se descompensó hasta el punto de confundirlo todo, los colores, los objetos, hasta las personas. Esta enfermedad irreversible, acaba con su vida el 3 de diciembre de 1933 a la edad de 53 años.

El impacto que la pérdida del pintor produce en los ambientes artísticos españoles es muy grande. La casa de la familia Pinazo permanece llena de gente durante más de tres meses para mostrar sus condolencias a la viuda y las hijas.

En 1935 se celebra su última exposición individual con carácter póstumo, en el Museo de Arte Moderno de Madrid. El catálogo está diseñado por su hija María Luisa y prologado por el crítico Juan de la Encina.

 

Luciérnaga

Nosotros

 

En el momento de su muerte, se encuentra en el cenit de su carrera, siendo reconocido oficialmente con las condecoraciones de la Cruz de Isabel La Católica, Cruz de la Orden Civil de Alfonso XII, Medalla de los Sitios de Zaragoza y Caballero de la Legión de Honor francesa.

Bernardino de Pantorba, en la Gaceta de Bellas Artes de abril de 1923 decía esto del pintor: …”Tiene toda su producción un sello peculiar de elegancia, serenidad y armonía, de ritmo en la línea y de esplendor en el colorido; un alto valor decorativo la anima… Exaltación de la naturaleza, meridional, levantina, valenciana… de sus mujeres, sus flores, sus frutas, la policromía de sus trajes populares, la alegría que nace en su tierra y el amor que inflama el pecho de sus hijos, todo lo vemos ahí, expresado con un sano alborozo, interpretado con un alentador y juvenil optimismo. Cuanto puede animar el conjunto está elegido y colocado con suma destreza… pompa colorista que se nos mete en los ojos, con alegría de fiesta… las flores, las frutas, la figura humana, la naturaleza, todo lo trata con el mismo vigor constructivo, con idéntica complacencia… Serenas y graciosas; así son las mujeres y las niñas que pinta; todo en ellas reposa; todo en ellas tiene un aire mesurado, tranquilo, recogido y casto… El retrato de la Señora de Solms… con sus manos magistralmente pintadas.. es una obra digna de figurar entre los grandes retratos femeninos del arte contemporáneo… Pinazo es uno de los poquísimos pintores de talla que tratan la naturaleza muerta con verdadero amor y con grandísimo acierto. Sus bodegones son admirables por la modernidad de su concepto, por el brío, la soltura con que están pintados… las frutas de Pinazo son carnosas, sabrosas y jugosas, como la fruta misma; no está en ellas perseguido el detalle a la manera puramente objetiva, fría, de los bodegonistas al uso”…

Claveles

La maja de las campanillas

Retrato de Virtudes

 

Julián Moret, en la Gaceta de Bellas Artes de enero de 1934, con motivo de la muerte del artista, reseñaba…”Pinazo era un pensador del pincel. Su arrogancia y su maestría le llevaban cotidianamente a definir pintando; pero definiciones que abarcaban límites inconmensurables, rebosantes de matices espirituales y pletóricas de profunda ciencia cerebral y materializada… Su obra tenía cuajada la bohemia de Fortuny, la perfecta dicción colorista y lineal de Rosales… el eclecticismo de Plácido Francés… que le sirvió para fundar matices y simplificar escorzos, añadiendo a sus últimas obras, el sello inconfundible de su paleta regionalista, en bellísimos parajes de vida, naturaleza muerta y figuras, tocadas de impresionismo delicado, de expresiones finísimas y plena dulzura cuajadas de añoranzas”

Boceto

 

José Pinazo Martínez y la AEPE

Socio Fundador Nº 50, en 1910 formó parte de la comisión de estudio de la Cooperativa que intentaba organizar la AEPE.

Fue nombrado Vicesecretario en 1912 y Secretario en 1914, puesto del que tuvo que dimitir en 1917 al ser nombrado Secretario del Círculo de Bellas Artes, si bien continuó como Vocal de la AEPE.

Donó obra para el festival que organizó la AEPE en 1915.

En el Salón de Otoño de 1929 fue nombrado Socio de Mérito.

En el IX Salón de Otoño de 1929 figuró inscrito como José Pinazo Martínez, vive en Madrid, calle Fortuny, 7. Presentó las obras:

146.- Retrato, óleo, 1,23 x 1,05

147.- Retrato, óleo, 1,15 x 1,03

148.- Bodegón, óleo, 0,77 x 1,00

En el XXIV Salón de Otoño de 1950, estuvo presente en la Sala XI de Fundadores

9.- Niña

10.- Bodegón

11.- Niña

José Pinazo Martínez con su padre Ignacio Pinazo Camarlench en su estudio de la calle Bustillo de Madrid 1915

Niña, presentada al Salón de Otoño

Pintando el retrato de la Srta. Rivero en Buenos Aires en 1926

Posando para el escultor Mateu en la Habana 1919

Marisa Pinazo Mitjans

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

Marisa Pinazo Mitjans

ABC, 1931

 

PINAZO MITJANS, Marisa      P       1935           MADRID        MADRID

 

Hija de José Pinazo Martínez (10/7/1879 Roma + 2/12/1933 Madrid) y de Magdalena Mitjans y Sans (1889 +14/2/1977 Madrid), nieta de Ignacio Pinazo Camarlench.

El matrimonio tuvo dos hijas: María Teresa, nacida en 1910 en Madrid, y María Luisa, nacida también en Madrid el 24 de abril de 1912.

Su infancia transcurrió en la localidad valenciana de Godella, donde el matrimonio vivía con el patriarca de la familia Pinazo, hasta su fallecimiento en 1916.

Después, se trasladaron a vivir a Madrid, a la calle Sánchez Bustillo, 3.

Dotada de una tremenda sensibilidad artística y humana, desde niña comenzó a desarrollar su instinto para la pintura y el dibujo, contando con una mano privilegiada.

Distintos retratos de Marisa Pinazo de niña, realizados por su padre, José Pinazo Martínez

 

Bajo el constante aprendizaje del mundo de la pintura que su padre le proporciona y la esmerada educación que recibe de su madre, Marisa crece en un ambiente familiar propicio para las bellas artes.

Los últimos años de vida de su padre, Marisa asumirá el papel que había venido haciendo su madre de apoyo constante al pintor y al hombre. Estará con él permanentemente pintando en el estudio, o llevando sus asuntos personales, sirviéndole de modelo e incluso saliendo al campo y tomando para él apuntes y notas, donde dibuja figuras y objetos que luego servirán a José Pinazo para la elaboración de sus obras.

Retrato de Marisa, por José Pinazo, 1928

 

En 1930, en la revista Blanco y Negro, se hablaba por primera vez de la artista en estos términos: …”Pinazo tiene esposa, compañera y dos hijas que añaden a la simpatía y la belleza la circunstancia de haber nacido de la una con pelo negro y ojos negros; la otra, con ojos claros y pelo de buen oro…. Jovencísima aún, lleva pintados no más de media docena de lienzos y ya se puede decir que hay en ella una pintora… puede apreciarse la excelente manera de entender de esta criatura dotadísima… Y ¡qué ejemplo el de elegir esas materias humildes…! ¡Cómo va, gracias a Dios, abriéndose camino la buena educación plástica…! Unas cuantas cajas de cartón, unos frascos, dos o tres bombillas o una sartén y unos platos… “Pues tengo aquí delante un cuadro preciosísimo… Sí, si… Muy bien está… pero ¡que muy requetebién! Más me convenzo cuanto más lo miro.. Es uno de los Pinazo más “primera medalla” que conozco”…

 

En 1931, el ABC publica un reportaje titulado “Caras nuevas”, en el que se habla así de la artista: …”Marisa Pinazo es pintora. Suave temperamento, espíritu en reposo que busca también el reposo en el arte… Propende hoy a un quietismo cálido. Agrupa esas formas menudas, esas masas de materia diversa, modeladas para la utilidad, y las enlaza en una composición que revela ciencia, pero también un orden interno, una valoración cariñosa, subjetiva, de niña-mujer. No son pueriles los cuadros de Marisa Pinazo, y  sin embargo, fluyen los candores que ella encontró en las menudencias y en las pobres cosas que forman el menaje del mundo. Dio con la manera de robustecer los contornos, de infundir seriedad al color, de bañar en una luz cernida a los humildes seres manuales. La botella, el plato, la bombilla eléctrica, el tintero, el vaso, el búcaro… Andábamos entre esas cosas sin verlas. Marisa Pinazo nos enseña con qué afición las debemos mirar. Hay algo de cuento y varita mágica, de hada de lo inerte, en su pintura”.

 

Y también en el ABC, leemos …”Un Estudio de la gentilísima- Marisa Pinazo confirma cuanto había de prometedores augurios respecto al espíritu de artista de esta muchacha, vástago que honra e ilumina con luz propia su estirpe egregia. El cuadro de Marisa Pinazo representa, con relación a sus obras anteriores, una estilización de la natural, sencillez y de la espontánea gracia que brota de su arte personalísimo. Unas nonadas como tema, y, sin embargo, ¡qué poder evocador el de la candorosa levedad de unas infantiles alegorías… En cuanto a técnica, hay en esta obra un tratado de moderna pintura”.

En 1931 concurre al XI Salón de Otoño, mereciendo una reseña de la revista Nuevo Mundo, en la que se lee: … “También discreta, selectísima, la serie de Naturaleza s en silencio. Maestros como Juan de Echevarría y Nicanor Piñole tienen la coincidente compañía de jóvenes estéticamente capacitados: Marisa Piñazo, Cristóbal González, Chicharro Briones”… y también: …”Marisa Pinazo, en una naturaleza muerta, marca el avance seguro y dichoso de su arte hacia la claridad dispositiva y tonal que también –y tan bien- está en las obras recientes de su padre; pero con un sentido personalísimo y de indiscutible atractivo en las suyas propias”…

En 1932 participó en el Salón de “Heraldo de Madrid”, apareciendo en la prensa como “El arte nuevo de catorce jóvenes reunidos en nuestra capilla”, una exposición de arte moderno en la que coincidió con pintores y escultores escogidos para la ocasión: Arroute, Waldo Insúa, Cobo Barquera, Serny, Borrás Casanova, Gil Guerra, Cristóbal González, Rosario de Velasco, también socia de la AEPE, Florit y Horacio Ferrar, además de los escultores Compostela, Monreal y Vassallo.

En otros diarios se referían a que “el grupo obedece a los dictados de libertad y rebeldía, con propósitos levantados de cultivar el arte nuevo”. Se detallaba que se habían agrupado bajo el nombre de grupo “Acción”.

En Crónica, de mayo de 1932, se publicaba un reportaje sobre lo que la palma de la mano decía de algunas artistas. En el caso de Marisa Pinazo se leía: “La belleza, la expresión, toda ella, es un ritmo de línea. Ritmo de carcajadas suaves y conversaciones en murmullo, ritmo de pinceladas que acaban sus cuadros con un perfil rasgado, casi áspero, capaz de infundirles aún más ingenuidad”…

 

La prematura muerte de su padre en 1933 marca en ella una profunda herida, pero continúa pintando y realizando algunas exposiciones.

En 1933 repite experiencia en el Salón de “Heraldo de Madrid”, con la Exposición de Artistas Independientes. En el Heraldo de Madrid del 28 de febrero se publicaban las fotografías de los componentes del Salón, 14 artistas entre los que ya no aparece Rosario de Velasco, que es sustituida por el pintor Cataluña, publicándose en los días siguientes, algunas fotografías del acto de inauguración.

Fotografía aparecida en el Heraldo, en 1933

 

En 1934 la Junta General de la Casa Regional Valencia rindió un homenaje a José Pinazo, y con tal motivo, y por aclamación popular, acordó nombrar socios de honor a las hijas del finado, María Teresa y Marisa.

En el Blanco y Negro del 28 de abril de 1935, el cuadro “Azucenas”, presentado al Salón de Otoño, ocupa una página entera, mientras que a lo largo de diferentes días de octubre y noviembre, se hace eco de la obra con diferentes reseñas, como la que afirma que … “Hay excepciones honrosas, como el Bodegón de Marisa Pinazo…”, o …“Unas azucenas de delicada factura dentro del sentido moderno”… o la que aseguraba que el …”Bodegón, de la Srta. De Pinazo, que hasta hace poco algo cobarde en el color, ha vencido esta timidez con resultado espléndido. Su obra, si no la más profunda, es la que más encanto tiene entre todo el concurso”… mientras que Julián Moret firmaba unas notas en La Epoca, asegurando que …”Marisa Pinazo describe con una paleta dilectísima, todo un poema literario”…

Azucenas

Bodegón de las bombillas

Bodegón de los pajaritos

Bodegón marinero

 

Faisanes

Magnolias

 

Tan meritoria obra le valió a la artista la recompensa de ser propuesta como Socio de Mérito del Salón de Otoño.

Y otra gran reseña, firmada por Rafael Suárez Solís, que en Crónica decía que …”Estos primeros pasos de una Marisa Pinazo, de un Vázquez Aggerholm, n o pueden denunciarse como lecciones aprendidas. Si acaso, infiltradas o exaltadas. Tomamos estos dos ejemplos por corresponder a dos hijos de pintores ilustres- uno, muerto; otro, activo: don José Pinazo y Martínez, y don Daniel Vázquez Díaz- , de quienes no se puede decir que siguen la simple manera doctrinal de sus padres. Si los recuerdan en sus obras, no es por la lección o por la imitación, sino por cierto “aire de familia” que en arte se llama temperamento y, en última instancia, escuela. Tienen la misma inquietud de raza, como un día la tuvieron los “familiares” Velázquez y Carreño, Madrazo y Vicente López. Pero nada más. Lejos de ser Marisa Pinazo como don José Pinazo y Martínez, y Rafael Vázquez Aggerholm, como don Daniel Vázquez Díaz, debemos considerar que Vázquez Díaz y Pinazo Martínez serían hoy, si hoy empezaran a pintar, como son pintores sus hijos. En Marisa Pinazo el “aire de familia” ha tomado unos rumbos de gran modernidad, con los que da a lo simplemente levantino- color, disposición, plástica –un movimiento y una elocuencia universales y dinámicos. Aprieta sin demorarse y “deja” en el lienzo una inquietud que señala el paso por la vida del arte de una generación rebelde a permanecer en el pasado”…

En 1935 participó en la Exposición celebrada en Valencia en la que se reunieron 38 esculturas y 200 pinturas de firmas como Sorolla, Pinazo padre, hijo y nieta, Benlliure, José y Pepino, Segrelles, Bartolomé, Mongrell, Tomás Murillo, Peris Brell, Domingo, Sigüenza, Novellas y Messeguer entre otros.

En junio de 1935 la revista zaragozana Noroeste dedicó su número 10 íntegramente a algunas escritoras y artistas modernas de lengua española como Carmen Conde, Ernestina de Champourcin, Elena Fortún… y entre las que se encontraba también Marisa Pinazo.

Paisaje

 

En 1936 Participó en la Exposición de Arte Español en París.

En marzo de 1939 contrae matrimonio con Francisco Fernández Longoria, que llegó a ser Jefe del Estado Mayor del Ministerio del Aire, Teniente General Jefe de la Región Aérea Atlántica y Jefe de la Región Aérea Central y Consejero del Reino en 1969.

En 1943 tuvo a su hija María Luisa, cuando ya contaba con dos varones, Francisco y José Luis. Francisco Fernández-Longoria Pinazo se casó con Carmen Muñoz-Seca Blanc, hija del literato Pedro Muñoz-Seca, y tuvieron los hijos: Miguel, Nuria, Paula y Jorge Fernández-Longoria Muñoz-Seca

A partir de entonces, pintará de forma esporádica, acudiendo al estudio en Madrid del pintor valenciano Amadeo Roca, que fuera alumno de José Benlliure, profesor en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando y académico en San Carlos de Valencia.

También acudía a tomar apuntes en las sesiones del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Paisaje

 

Falleció el 21 de febrero de 1990 en Madrid, a los 78 años.

Javier Pérez Rojas dijo de ella que “es una autora de depuradas y sintéticas naturalezas muertas donde los objetos irradian vida propia”.

Retrato de Pacorro

 

Marisa Pinazo y la AEPE

Al XI Salón de Otoño de 1931 concurrió inscrita como Marisa Pinazo, natural de Madrid. Vive en Fortuny, 7, y presentó la obra:

74.- Estudio, óleo, 0,62 x 0,88

Al XIV Salón de Otoño de 1934

7.- Azucenas, óleo, 0,80 x 0,70

Al XV Salón de Otoño de 1935

16.- Bodegón, óleo, 0,87 x 0,98

Azucenas, presentado al XIV Salón de Otoño

Restauración de la escultura «Retrato de Carlos del Pozo» de Mariano Benlliure

Por Blanca del Pilar Balbuena Lorenzo

Experta en Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural

 

Pertenece al fondo patrimonial de la Asociación Española de Pintores y Escultores, gracias a una donación de Alejandro Aguilar Soria, Socio de Honor de la AEPE

«Retrato de Carlos del Pozo«, de Mariano Benlliure

 

Su nombre completo era Carlos Rodríguez del Pozo. Era hijo del gobernador de la capital cuando el país aún era una colonia española. Probablemente debutó de barítono en 1911 en el Teatro Reale de Madrid como Wagner en » Fausto » de C. Gounod. Pronto comenzó a cantar partes principales de barítono. En 1913, en el mismo teatro, apareció como Silvio junto a Titta Ruffo (Tonio) en «Pagliacci» de R. Leoncavallo. En 1924 aquí cantó la parte de Rigoletto. En 1927 en el teatro de la Zarzuela de Madrid apareció en » Mignon » como socio de Conchita Supervía, Roberto D’Alessio y Felipe Romito. En 1928 en el mismo teatro participa en » Les Contes d’Hoffmann » junto a Vicente Sempere, Matilde Revenga, Hina Spani, Pina Raymondo y Giulio Fregosi. En 1932 en el Teatro Calderón de Madrid alcanzó un gran éxito como Don Bartolo en » Il Barbiere di Siviglia » junto a Maria Espinalt, Vicente Simón, Carlo Morelli y Aníbal Vela. Se retiró de los escenarios en 1940.

 

Carlos del Pozo, además de barítono, fue un locutor de radio para la cadena EAJ-7 Unión Radio Madrid (el embrión de la Cadena SER) (Pérez, 2008). Esta emisora se inauguró el 17 de junio de 1925 y tuvo su sede en la sexta planta del edificio de la Sociedad Madrid-París, en el número 32 de la Gran Vía. A la inauguración asistió el rey Alfonso XIII junto con el Consejo de Administración de “Unión Radio”, el alcalde de Madrid, el Director General de Comunicaciones, el presidente de la Diputación, …remarcando la importancia que tuvo la cadena desde su lanzamiento.

Pronto salió el primer número de “Ondas”, revista editada por esta empresa radiofónica y de la cual fue su portavoz. Uno de los logros más importantes de la programación de “Unión Radio” fue el diario hablado “La Palabra”, un informativo general que se retransmitió por primera vez el martes 7 de octubre de 1930 para toda la cadena. Con 20 minutos de duración, contó con las voces de Luis Medina y Carlos del Pozo, tratando de deportes y toros, donde coincidiría con el escultor Mariano Benlliure.

Se sabe con certeza que la escultura de Don Carlos del Pozo la realizó Mariano Benlliure en 1942, gracias a una fotografía encontrada en el libro de Violeta Montoliu Soler titulado “Mariano Benlliure: 1862-1947”. En estas fechas, Carlos del Pozo ya estaba retirado de Unión Radio, por lo que la realización del busto se pudo deber a una relación amistosa entre los dos.

Dos fotografías donde se puede ver a Mariano Benlliure junto a Carlos del Pozo y el busto objeto de la restauración

ESTADO DE CONSERVACION

Las distintas patologías que interfieren en la conservación del bien, así como el grado de afectación de las mismas, permiten afirmar que el estado de conservación de la escultura a simple vista es relativamente bueno, pero no se puede considerar una pieza estable.

Se pudo observar una pérdida general de la pátina del bien, así como modificaciones en el cromatismo que dificultan en gran medida la lectura del conjunto. Este cambio en el color de la obra se debe a una espesa capa de suciedad de tipo graso, probablemente de carbón, producida por las condiciones ambientales del lugar donde residía la escultura. Sumado a lo anterior, se distinguen pequeñas pérdidas y rasguños en toda la superficie.

La gran falta matérica trasera es uno de los daños más notorios, posiblemente causado, así mismo, por una mala manipulación, transporte y/o almacenaje precario. Además, se podría constatar una importante marca en la frente del retratado. Este deterioro puede deberse a la absorción de partículas y materiales de carácter ácido, favorecido por el rozamiento durante la manipulación.

Finalmente, se han encontrado elementos incrustados de color naranja-marrón, en la solapa y la base de la escultura, así como en la frente, de origen desconocido y sin una finalidad concreta. Los grafitis, ubicados en la base junto al nombre del retratado, se reducen a una zona bastante apartada de la escultura, pero son bastante molestos e identificables.

INTERVENCION. LIMPIEZA MECANICA

La importante cantidad de suciedad que recubre la escultura puede transportar partículas de carácter ácido que reaccionen químicamente con el yeso, por lo que se decidió eliminar dicha polución mediante la utilización de brochas suaves y distintas gomas de borrar, una excelente alternativa a otros tratamientos más agresivos con disolventes.

Lámina 2. Solapa tras limpieza con gomas

LIMPIEZA QUIMICA CON MÉTODO ACUOSO

Una vez concluía la limpieza mecánica, se inició una serie de limpiezas por toda la superficie con un producto adecuado respecto a la cantidad de humedad que transfiere y al control del tiempo de actuación: el agar-agar. Se optó por la elaboración de un gel viscoso empleando esta tipología de alga, aplicándolo por la superficie, controlando en todo momento el tiempo de actuación para asegurar la estabilidad del soporte. Aplicándolo en  sucesivas capas, se obtuvo un resultado muy satisfactorio, inclusive en zonas tan delicadas como la inscripción a lápiz “Carlos del Pozo”, las áreas que presentaban zonas naranjas y los recovecos más inaccesibles, como las solapas y algunas zonas de la cara.

La limpieza química se justifica dada la higroscopicidad del yeso, que hace que el polvo y la suciedad, presentes en el ambiente y cuyo vehículo de transporte es la humedad, se adhiera a la matriz y sea imposible eliminarlos mediante tratamientos más sencillos.

Lámina 3. Efectividad del gel agar-agar

TRATAMIENTOS DE REINTEGRACION     

Existen numerosos deterioros de pequeño y mediano tamaño que interfieren con la lectura de la escultura, siendo necesario realizar reintegraciones volumétricas, utilizando una técnica y materiales que permitan distinguir el original de los añadidos, así como estables químicamente a lo largo del tiempo. Se elaboró un estuco que permitió rellenar aquellas faltas más molestas, utilizando un espatulín y, posteriormente, lijándolas para aplanar la superficie.

En cuanto a la reintegración cromática de las faltas estucadas – ya que destacan en gran medida del original – se utilizaron acuarelas QoR en Aquazol®, unos pigmentos realizados especialmente para el campo de conservación. La técnica utilizada fue el puntillismo, permitiendo discernir levemente la reintegración con el yeso original siendo reversible y facilitando posteriores tareas conservativas.

CONCLUSIONES

Tras la realización de estos procesos de intervención, se ha podido constatar la efectividad de los mismos, otorgando a la escultura la estabilidad que requería. Dichos procedimientos se han escogido teniendo en cuenta proyectos anteriores, constatando su efectividad sobre obras similares. La nueva visión de la escultura permite apreciarla tal y como pudo ser cuando se realizó.

AGRADECIMIENTOS

Este proyecto ha sido posible gracias a la AEPE, la cual me ha dado la gran oportunidad de realizar la restauración de una escultura realmente maravillosa e importante para nuestro patrimonio. Su labor como asociación no solo se remite a velar por los artistas actuales, sino a cuidar los bienes que constituyen parte de nuestra historia.

El trabajo completo puede consultarse aquí:

RESTAURACIÓN DE LA ESCULTURA DE MARIANO BENLLIURE

La escultura antes de comenzar la restauración

«Retrato de Carlos del Pozo«, obra de Mariano Benlliure, ya restaurada

 

Firmas con sello de lujo: Tomás Paredes

El creador ante el desconcierto

 

“Egolatría”, 2022, óleo sobre lienzo, 200×200 cm, Alamá

 

Estamos, en tiempos desasosegantes, desconcertados. Y, aunque es generalizado, quiero referirme a los creadores: al pintor, al escultor, al compositor, al poeta, al pensador, todos en el erial. Los artistas miran el horizonte y ven un muro negro, intentan abrir una brecha y qué observan al otro lado: furtivos con cabeza de anuro, buitres disfrazados de banqueros, políticos inanes, ratas al violín, mitrados demoniacos, periodistas palmeros, azoreros inquietantes, también algún coleccionista, ciudadanos activos: una sociedad en manos del azar.

Pero, a los artistas nadie les ha obligado a escoger el camino que han preferido. Sea por el motivo que fuere – existencial, caprichoso, casual- han elegido y lo que no pueden ignorar es que han elegido una vida dura, difícil, en soledad. La imagen del triunfador que derrocha, malrota, y se convierte en un dios fulero, es una idea ensoñada, equívoca y fraudulenta, pues, en su mayoría, esas vidas son de plástico, de oropel, pura filfa.

Ya conocen – por cierto, ¿han leído algún poema de Yorgos Seféris?- a Seféris para quien el camino actual de lo que entendemos por arte lo han establecido los poetas, pero sin que tengamos que resignarnos y estar de manos cruzadas, porque: “…para el creador auténtico siempre hay otro camino”. No vale instalarse en el lacerante ostugo de la queja. Cuanta más oscuridad más obligados estamos a buscar la luz, a inventar caminos ¡No todo está hecho, quedan miles de respuestas maravillosas por decir!

Yorgos Seféris

La guerra no es un arte, ni ahora, ni nunca, da lo mismo leer a Esquilo, -que participó en las guerras de Maratón, Salamina y probable en Platea, 479 a. d. C.- a Polibio, que a Juan Ginés de Sepúlveda o a Valle-Inclán. La guerra es un fracaso, que saca lo peor del hombre. A un orbe en descomposición, se une el sadismo de una guerra inventada por Putin, un asesino de oficio, que el mundo padecerá si no se le lleva ante un Tribunal Internacional que juzgue sus crímenes, su destrucción y que la Federación Rusa pague.

¿Y qué puede hacer el artista ante este horizonte de desolación y barbarie? Pues, trabajar, crear, dar su respuesta, enseñar que el hombre que es un mendigo, una bestia cuando pierde la cabeza, también pude ser un ángel. Escribir, pintar, componer, dejar constancia de su espíritu, de su presencia, que es más duradera que el bronce, como sabia Horacio: Exegi monumentum aere perennius, Oda XXX, Libro III.

El arte es como el amor, una promesa de perfección, una aventura por la belleza, un oasis en el desierto, una cima a conquistar, a encontrar, valorar y disfrutar. El artista no está en una carrera, sino en un camino que hay que hacer, que dura toda la vida. Si no, es capricho momentáneo, que nada tiene que ver con el compromiso humano con la creatividad. No sólo vale ponerle corazón, porque no hay corazón sin inteligencia.

Maurice Ravel (1875-1937), el gran compositor francés, repetía: “La inspiración consiste en sentarse a trabajar todos los días a la misma hora”. Los griegos resolvieron este asunto, echando mano de la mitología. Apolo, dios de la creación, vivía en el monte Parnaso rodeado de las musas, que bajaban a insuflar a los mortales los secretos de la creación artística.

Las musas son nueve: Caliope, Clío,Erato, Euterpe, Melpémone, Polimnia (pantomima), Talía, Terpsícore y Urania(astronomía). En la antigüedad, Safo, c. 600 a. d.C., llegó a ser considerada la décima musa, Platón dixit; algo que sucedió siglos después, a Sor Juana Inés de la Cruz, nombrada “Fénix de América” y también “décima musa”.

Las musas eran hijas de Zeus y Mnemósine, titánide hija de Gea y Uranio, la memoria, que desciende a la tierra a susurrar ideas a los humanos para alentar su creatividad. A partir del romanticismo, las funciones de artesano y artista se separan. Desde entonces el prototipo de artista individual, que se realiza desarrollando su genio es Beethoven (1770-1827). Cien años después, Gustav Maher (1860-1911), exclamaba: “cuando se intenta concebir una obra colosal, uno es un instrumento en manos del universo”.

No quiero desviarme, pero me apetecería, a los terrenos pantanosos de la inspiración. Pretendo concienciar y que cada cual se pregunte, se examine, se mire al espejo y resuelva qué relación tiene con el arte, cuál su cometido, su misión, si es que la hay. ¡Quién tiene hambre, ha de comer, no puede perder el tiempo en bizantinismos!

En las entrevistas de Joaquín Soler Serrano, “A fondo” en TVE, años 70, participó Jorge Luis Borges, que afirmaba: “La tarea del arte es esa, es transformar lo que se nos ocurre continuamente. Transformar todo eso en símbolos, transformarlo en música, transformarlo en algo que puede perdurar en la memoria de los hombres. Es nuestro deber y tenemos que cumplir con ello, o nos sentiremos muy desdichados”.

El creador no puede trabajar pensando si se va a vender o no, si gusta o va a ser rechazado, el arte no es un tuit que se lanza, a la espera de un zasca o un me gusta. El arte es un destello de inteligencia, trufado de técnica, talento, sensibilidad; de toda esa amalgama de sensaciones, emociones y misterio que ahorman la entidad de un artista.

 

Odysséas Elytis

En Crónica de una década escribe Odisséas Elytis: “He aquí la misión del poeta, hacer sensible, aunque sea por un momento, la presencia de la poesía. En los siglos pasados, desde Heráclito hasta Sade y hasta Rimbaud, sin saberlo, lo habían conseguido”. No es seguro que los creadores ignoren el alcance de lo que hacen. Otra cosa es que puedan sugerir extremos en los que no habían pensado, pero Wagner sabe lo que busca, igual que Wallace Stevens, Falla, Luis Cernuda o Theo Angelopoulos.

En el transcurso de una conferencia sobre Dante, afirma T.S.Eliot: “La misión del poeta, hacer comprender al pueblo lo incompresible….”  Yo prefiero hablar de sentir, porque hay sensaciones que sentimos y no comprendemos y no sólo, como reacción intelectual, sino somática. El artista se implica por entero en lo que realiza, se vuelca en lo que consigue, luego tiene que distinguir la sensación del pensamiento, la emoción de la sensibilidad, lo hondo de la ocurrencia.

T.S. Eliot

El artista es humano y depende de sus circunstancias, el arte es la sublimación del ser, sin mitificación alguna, por eso cuando estamos en la tarea de hacer algo sublime, espléndido, no podemos estar pendientes de otras cosas, sino metidos de hoz y coz en lo que estamos ejecutando. Cuando nos emocionamos, nos sentimos desbordados, sin preguntas. Cuando nos encanta el trino de un azulillo pintado, ¿acaso nos preguntamos algo, o nos dejamos llevar por el placer? Cuándo leemos a San juan de la Cruz, ¿qué hay más importante que ese vértigo estuoso de misticismo y sensualidad?

Tiempos duros, que no excusan desorientación o pereza. ¿Para quién crea el artista? Para nadie y para todos, para si y para la eternidad. El enorme poeta ninguneado, el grandullón y mollar Jesús Hilario Tundidor, en el frontis de su libro En voz baja, 1969, coloca este poema, “Borrachera”: “Con los ojos/ rojos, escribo/ para la inmortalidad. / Con los ojos/ blancos, escribo/ para nadie. / He dado mi vida/ por la claridad. / Con los ojos/ rojos, escribo, / sin embargo, / también para nadie”.

Jesús Hilario Tundidor

Flaubert estaba obsesionado con la forma. En unos pensamientos recopilados por su sobrina, Caroline Franklin-Grout, publicados por Louis Conard, 1915, asegura: ”No siempre hay que creer que el sentimiento lo es todo. En las artes, nada existe sin la forma”. Cuando hay sensaciones por comunicar, siempre habrá nuevas formas para su expresión. Para Hugo von Hofmannsthal: “El tiempo en que se vive otorga determinadas formas. Franquear el círculo de la fascinación y obtener formas nuevas, tal es el acto creador”.

“Vulcano”, serie Red, 2019, óleo, esmalte y resina/tela, 200×200, Alamá

Todos conformamos la sociedad, pero cada uno debe ejercer su cometido. Y el de los creadores es buscar nuevas formas para decir lo que aún no se ha dicho de manera idónea. Nada es definitivo, en tanto la vida fluya, y mucho menos en el mundo de la cultura, en el pensamiento. La dificultad nos exige un esfuerzo que debemos hacer sin ambages. O dedicarnos a otra misión gregaria ¡Para deslumbrar hay que tener luz!

El Rey Planeta, Homenaje a Velázquez, Felipe IV a caballo”, 2017, mixta/lienzo 200×200., Alamá

No hay mayor fracaso para el artista que no realizar lo que sueña. O sí, no intentarlo. No puede distraerse con acciones ajenas, con sucesos que no puede gobernar, tiene que buscar dentro de si y dar lo que tiene, si no lo consigue, se sentirá “muy desdichado”. No vale culpar a las circunstancias, somos nosotros los dueños de nuestro destino, de nuestros aciertos o nuestra inoperancia. Lo que ven, lo que sienten, tienen que transformarlo en algo que nos conmueva, en “algo que puede perdurar en la memoria de los hombres”. Es innoble que las mascaradas del tiempo arranquen al ser de la gloria.

“Canto XXXIV, Lucifer”, 2021, t. mixta/tela, 200x200cm., Alamá.

“Canto II, Dante, Si volse a Retro”, 2021, t. mixta sobre tela, 134×89 cm, Alamá

Para acompañar estas palabras he pedido a Jordi Alamá, Granollers 1986, unas imágenes de su obra. El día 7 de abril, inaugura en Barcelona su recreación del Infierno de Dante. Alamá es un ejemplo de talento, de acierto y de trabajo. Un hombre de nuestro tiempo, joven, tenaz, luchador y decidido que está tocando con sus nudillos a las puertas de la eternidad.

 

                                                                                                                  Tomás Paredes

                        Presidente H. de la Asociación Española de Críticos de Arte/AICA Spain

La cultura del «todo vale»

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

En la Asociación Española de Pintores y Escultores no entendemos nada de arte. Es una lástima. Llevamos ya 112 años de historia sin discernir lo que es y lo que no es arte.

Los grandes maestros de finales del siglo XIX, del siglo XX y de principios del siglo XXI son sólo unos iletrados, unos pobres incultos en cuestiones de arte a los que de nada sirve pedirles su opinión en este y en otros temas.

Y así nos va. Como diría alguien… “pa lo que hemos quedao”…

Debe ser que no estamos en la honda… claro, que cualquiera va y dice que no sabemos de arte, ni creemos en el arte contemporáneo entendido tal y como se presenta en ferias como ASCO… uy, perdón, ARCO.

No. Ni siquiera estamos a la altura.

Estamos necesitados de alguien que nos indique qué es arte y qué no, algún experto que nos dirija y nos guíe porque, con total sinceridad, no entendemos de arte.

En la web de la feria he leído que ARCO “es un motor de pensamiento alrededor del arte contemporáneo”… vale. “El arte visto a través de las galerías y su esencial relación con artistas y coleccionistas”… bueno. “Investigar, de la mano de comisarios y profesionales, en torno al presente y futuro del arte contemporáneo”… bien. Queda de lo más bonito dicho así.

 

Si lo he entendido, son las galerías las que presentan a artistas con nuevas y diferentes propuestas de arte. Es decir, las galerías nos enseñan lo que es y lo que no es arte.

No se trata de diferenciar y distinguir artistas, sino de educarnos e instruirnos sobre lo que es el arte. Y claro, eso lo hacen de forma totalmente desinteresada, porque como pueblo llano, estamos muy necesitados de que alguien decida por nosotros qué es arte.

Por eso, ya no se trata de saber pintar o esculpir, eso es lo de menos. Valiente tontería he dicho. No, ya no se trata de eso. Se trata de ser el más original y “quedarse con la peña”, el más gracioso, el que mejor desate la polémica, consiguiendo ese minuto de gloria y fama con obras creadas únicamente para eso. Se trata de ser extravagante y sorprendente, de generar controversia, de provocar… eso es el arte contemporáneo.

Ya no sirve ser artista, ahora hay que ser otra cosa… por ejemplo, trabajar en una tienda de bricolaje, o meternos de lleno en los oficios de decorador y escaparatista… Me niego a utilizar palabras de procedencia anglosajona para describir oficios tradicionales cuya terminología está muy bien definida en el idioma español.

Leo en un periódico que los “espectadores no siempre entienden de arte moderno y las vanguardias que se exponen en el certamen de creaciones contemporáneas más importantes de nuestro país”, a pesar de que (esto lo veo en otros medios) “la población está ávida de experiencias nuevas y apetencias artísticas”, y que “la  gente que va a ARCO sabe de arte contemporáneo y nuevas tendencias”.

 

Bueno, vale, pues yo he ido y sigo diciendo que no sé nada de arte. Que cuando fui y me encontré una escalera junto a una pared, y escuchaba a un corrillo definiendo esa “propuesta”, como algo que nos hace llamar la atención sobre cómo va ascendiendo el arte… pues resulta que llegó el operario y cerró la escalera y se la llevó… y la cara de incredulidad de los “entendidos” no hizo sino reafirmarme en mi total ignorancia y pésima educación cultural.

No”, me dicen. “Lo importante es el concepto, no el arte material”… Vale, aceptamos pulpo como animal de compañía. “Es normal tener reacciones de desprecio y rechazo al arte contemporáneo, porque es complicado comprender una obra sin saber absolutamente nada del autor”… acabáramos…

Debe ser normal entonces mi rechazo a obras como la realizada por una señora que grabó una operación quirúrgica para una oclusión parcial de su vagina… pero claro, es normal porque no entiendo ni una sola palabra de arte.

En diferentes medios comentan que es recomendable consultar la opinión de expertos en arte contemporáneo: galeristas, comisarios, casas de subastas, especialistas con los que aprender qué es el arte contemporáneo.

Así que volvemos a un círculo vicioso en el que las galerías deciden qué es arte e intentan enseñárselo al pueblo. Cada año, definen cuál es el arte “bueno” y cuál no, el que se cotiza, el que le gusta a coleccionistas e instituciones que pagan auténticos “pastizales” por obras incalificables que según las galerías, son arte contemporáneo.

 

Leo también que “la educación artística que recibimos (sobre la que hay tanto que decir aún) se ha quedado anticuada y tiende a apreciar el arte como se hacía hace cien años atrás, dejando de lado, en general, el arte contemporáneo”. Pues no me digas más. Eso va a ser.

Cuando seguimos denunciando la falta de educación artística en la enseñanza, resulta que la que se da es para ver obras de hace 100 años… soberbia explicación. Las mejores obras de arte de toda la  historia de la humanidad, algunas tienen más de 100 años, pero vamos, pocas, a decir de quien ha escrito esa reseña… están anticuadas y las vemos con ojos antiguos, por eso no sabemos apreciar bien el arte contemporáneo.

Ni sabemos distinguir, ni diferenciar, ni discernir si lo que vemos es una obra de arte o es una operación quirúrgica…

Y lo peor de todo es la postura “políticamente correcta” de los artistas. Salvo raras y contadas excepciones, aquí nadie dice ni mú, ni saca los pies del tiesto… no sea que se quede fuera de un posible futuro en ARCO, que difícil veo si no se tiene galería, ni presenta a perros que se atan con longanizas, o máquinas que den besos, e incluso elefantes que hablen o ballenas que vuelen…

Porque aquí, vale todo, y si no lo ves, es porque no entiendes nada de arte. Como me pasa a mí, que soy una gran ignorante.

Recordando… Pedro Serra Farnés

Obras, artistas, socios, pequeñas historias…

Por Mª Dolores Barreda Pérez

Como hemos visto en la biografía de las primeras artistas de la AEPE, dedicada  a Mercedes Padró Graner, además de ella, su padre, Ramón Padró y Pedret, su hermano, José Padró Graner y su esposo, Pedro Serra Farnés, fueron socios de la Asociación de Pintores y Escultores.

Con este motivo, recuperamos también aquí su memoria, que de otra forma ya no podríamos recordar…

Pedro Serra Farnés

SERRA FARNES, Pedro  P  1919  31.ene.1890   BARCELONA      MADRID/PARIS    4.oct.1974

 

Pedro Serra Farnés nació en Barcelona, el 31 de enero de 1890.

Se formó en la Escuela de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid, pero su verdadero aprendizaje- según propia confesión- lo hizo viendo los paisajes de Beruete y otros grandes artistas en el museo de Arte Moderno.

Paisaje

 

Pero  sobre todo, de la propia naturaleza en el campo, donde pasaba semanas con su tienda de campaña en los veranos, sin más compañía que la de sus pinceles y sus tablitas, la mayoría, tapas de cajas de puros.

Pintó mucho en la Sierra de Gata y de Gredos, y en el hermoso pueblo de Villafranca del Bierzo.

También algo, aunque no mucho, en Blanes y San Cugat del Vallés.

Estuvo casado con Mercedes Padró Graner, también pintora, que repartía su tiempo entre la pintura y la enseñanza.

Celebró numerosas exposiciones individuales y colectivas, concurriendo a certámenes y concursos.

Un “verdadero maestro de la escuela paisajística catalana” que manejaba a la perfección todos los matices de la luz.

Socio de Mérito del III Salón de Otoño de 1922.

 

Paisaje

El Heraldo de Madrid en 1924 comentaba que …”Deben ser citados con elogio los dos paisajes expuestos por Pedro Serra Farnés, aunque quizá uno de ellos, el señalado con el número .306, sobre la realidad sensorial, siempre tan despierta y viva en este notabilísimo paisajista, se presiente una excesiva preocupación intelectual”…

En 1925 realizó una exposición en Santander que recogió la Gaceta de Bellas Artes de la AEPE.

En 1926 realizó una exposición de paisajes en el Salón Nancy, cuya reseña apareció en El Liberal y en La Libertad, que le dedicaba unas líneas: “Serra Farnés presenta hasta veinticuatro obras, paisajes exclusivamente… Hay en estos cuadros una versión del otoño madrileña, que denuncia la procedencia levantina del artista. Sin falsear el paisaje matritense, Serra Farnés  infunde con su lirismo aquella dulzura y aquella dorada tonalidad que mentaron en la tierra nativa sus pupilas de romántico. El espíritu de Maragall canta un poco en este Madrid del pintor, que olvida la acritud del agro castellano par a recoger esa nota de oasis, como nostálgica de fronda y de verdura, que es nuestro otoño. De los paisajes serranos… hay que hacer hincapié en una cualidad, bien definida de esta colección de obras de Serna Farnés: la unidad. El artista no titubea, ni salta, ni siquiera hace alarde de su característica virtud. Por eso dentro de la íntima cohesión que se observa en toda la obra, encontramos gran riqueza de matices y momentos. Nuestro sincero pariabién al pintor”.

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En 1926 obtuvo la Tercera  Medalla de Pintura en la Exposición Nacional de Bellas Artes, y en la de 1927, mereció que la prensa de la época detallara que su “campo bañado de sol lleno de alegría, y otro nublado, es un prodigio de melancolía y dulce expresión”.

De su participación en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1934, El Siglo Futuro destacó que “de año en año nos va mostrando nuevas gamas de su gran capacidad pictórica”.

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En 1925 y junto a Tomás Gutiérrez Larraya, realizó una importante exposición de paisajes en Santander, que mereció la siguiente crítica en el diario El Cantábrico: … “Pedro Serra Farnés, notable pintor catalán que, a juzgar por los cuadros que presenta, tiene una preferencia y una devoción honda por los paisajes de tierras de Ávila. Serra Farnés era desconocido hasta ayer del público montañés… es un paisajista admirable, un impresionista; pero no un impresionista que no deja sus cuadros, los elementos del mismo, construidos. En el impresionismo de Serra Farnés no hay esas grandes esfumaciones, esas indecisiones que dejan las cosas como vacilantes y sin terminar. En los paisajes admirables, aciertos de luz y de color, vibra el sentido de belleza de los paisajes de altura de Castilla… la obra emociona y cautiva… con cuadros valientes, de plena Naturaleza, en los que las montañas, nos dan la impresión fuerte de admirables paisajes que causan inquietud y emoción… y bellísimos apuntes, que fueron muy celebrados por el distinguido público… merece sinceros aplausos y nuestra admiración este artista realmente notable. Antes de terminar, hemos de decir que Serra Farnés, admirador del paisaje montañés, piensa recorrer la región pasiega para hacer algunas de sus obras en el precioso valle montañés”.

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Sin embargo, al finalizar la exposición, el mismo diario comenta que la exposición del artista ha sido “un salto más en el vacío sentimental… sólo ha vendido dos cuadros y en precios muy baratos… cuando nos ha dicho eso sin amargura, sin el menos gesto de protesta, sólo lamentaba no poder cumplir su promesa de ir a tierras pasiegas para pintar aquellos paisajes serenos, tranquilos, de aire puro, tan originales en su mismo género de montañeses… y nosotros hemos lamentado muy de veras que el sueño del poeta paisajista no se haya podido realizar… no ha podido ser… esta es la tragedia íntima de todos los paisajistas, aun de los que son verdaderamente admirables, como lo es este, que ha sido elogiado, pero que no ha vendido más que dos cuadros de la colección admirable que presentaba”…

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En 1929 Serra Farnés no se había dado por vencido, pues El Cantábrico publica que se encuentra pintando en la montaña cántabra, enamorado de “esa tierra, de sus paisajes, y gusta durante el estío, y ya son dos los veranos que aquí ha pasado, contemplar los campos e interpretar sus bellezas a través de su temperamento de mediterráneo y de su visión de artista acostumbrado a las grandes oleadas luminosas de su país. Vimos la obra de Serra Farnés que nos produjo honda emoción… ha sabido sentir la armonía maravillosa del ambiente apacible, suave, ensoñador, de la campiña pasiega… ha sido una lástima que no haya hecho una exposición en Santander de sus cuadros, varios de los cuales han quedado en la Montaña, comprados por un ilustre paisano”…

 

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Participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1934.

En 1942, en los premios del XVI Salón de Otoño, obtuvo uno de 500 pesetas.

En el Salón de Otoño de 1948 logró el Premio Boris Bureba.

Presentó obra a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1945.

En la Gaceta de Bellas Artes de la AEPE de febrero de 1997, se mencionó que se cumplían los 25 años de su fallecimiento, fechándolo en 1972 y no en 1974 como indican otras biografías, que sitúan su defunción el 4 de octubre de 1974 en Madrid.

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Pedro Serra Farnés y la AEPE

Activo participante del Salón de Otoño

* En el I Salón de Otoño de 1920 apareció inscrito como natural de Barcelona, reside en Madrid, calle de Augusto Figuero, 23

707.- Muere el día, óleo, 0,96 x 1,07

708.- La Pinara, óleo, 0,73 x 0,79

709.- Panneau con seis apuntes de la Sierra de Gredos, óleo, 0,50 x 0,81

* Al II Salón de Otoño de 1921

251.- Villafranca del Bierzo, óleo, 1,07 x 0,92

252.- La primera luz, óleo, 0,72 x 0,80

253.- Tríptico, óleo, 0,23 x 0,80

* Al III Salón de Otoño de 1922

277.- Estío en Madrid, óleo, 1,04 x 1,43

278.- Alrededores de Madrid, óleo, 0,91 x 1,08

279.- Villafranca del Bierzo, óleo, 0,80 x 1,08

280.- Apunte, óleo, 0,46 x 0,57

281.- Apunte, óleo, 0,40 x 0,30

* En el IV Salón de Otoño de 1923 aparece ya como Socio de Mérito en el Salón de 1922

289.- Sierra de Piedrahita, óleo, 1,45 x 1,15

290.- Lluvia en Sierra de Gata, óleo, 1,10 x 0,95

291.- Pueblo castellano, óleo, 1,10 x 0,95

292.- El campanario, óleo, 1,10 x 0,95

293.- Piedralaves, óleo, 0,75 x 0,60

485.- Panó con tres notas, óleo, 0,24 x 0,81

* Al V Salón de Otoño de 1924

306.- Paisaje, óleo, 0.50 x 0,63

307.-Paisaje, óleo, 0,50 x 0,63

* Al VI Salón de Otoño de 1925

304.- Camino de los Serrano, óleo, 91 x 107

305.- Monte de la Jura, óleo,91 x 107

306.- Valle Corneia, óleo, 63 x 78

307.- Pesquera (Ávila) , óleo, 63 x 78

308.- Apunte, óleo, 30 x40

309.- Apunte, óleo, 30 x 40

310.- Apunte, óleo, 30 x 40

311.- Apunte, óleo, 30 x 40

* Al VII Salón de Otoño de 1927

412.- Nieblas, óleo, 0,65 x 0,75

413.- Montañas de León, óleo, 0,65 x 0,75

* Al VIII Salón de Otoño de 1928

240.- Otoño en Madrid, óleo

241.- La huerta, óleo

242.- La masía, óleo

243.- Piedrahita, óleo

* Al X Salón de Otoño de 1930 figuró que vivía en Conde de Romanones, 15

263.- Nieblas en el Montseny, óleo, 0,95 x 1,14

264.- San Cugat del Vallés, óleo, 0,83 x 0,97

265.- La Cruz de término, óleo, 0,62 x 0,73

266.- Paisaje de Santander, óleo, 0,62 x 0,73

* En el XIV Salón de Otoño de 1934 figuró que vivía en la Calle de Franco, 12, Colonia de la Cruz del Rayo.

232.- Luz de mañana (El Vallés) , óleo, 0,83 x 0,99

235.- Paisaje de Vega de Pas, óleo, 0,64 x 0,73

* Al XV Salón de Otoño de 1935

58.- La huerta, óleo, 0,70 x 0,90

60.- El monte, óleo, 0,73 x 0,90

62.- Alrededores de Madrid, óleo, 0,80 x 0,90

73.- Pastando, óleo, 0,80 x 0,90

75.- Las colmenas, óleo, 0,80 x 0,90

* Al XVI Salón de Otoño de 1942

40.- El camino, óleo

44.- Lago de la Casa de Campo, óleo

56.- Río Alberche, óleo

74.- Puerto Mijares, óleo

76.- Casa de Campo, óleo,

* Al XXI Salón de Otoño de 1947

32.- La sierra, óleo

* Al XXII Salón de Otoño de 1948

141.- Dehesa de la Villa

142.- Río Manzanares

143.- Día de sol

Al XXIII Salón de Otoño de 1949

67.- El Pardo

Al XXXIV Salón de Otoño de 1963

Manzanares el Real

209.- El Pardo, óleo

Al XXXV Salón de Otoño de 1964

163.- Paisaje de Castilla, óleo

164.- Río Manzanares, óleo

165.- El Pardo, óleo

Al XXXVII Salón de Otoño de 1966

219.- Cercanías de Madrid

280.- Cercanías de Guadalajara

 

Paisaje

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Recordando… José Padró Graner

Obras, artistas, socios, pequeñas historias…

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

José Padró Graner

PADRO  GRANÉR , José     P    1917       MADRID

 

Como hemos visto en la biografía de las primeras artistas de la AEPE, dedicada a Mercedes Padró Graner, además de ella, su padre, Ramón Padró y Pedret, su hermano, José Padró Graner y su esposo, Pedro Serra Farnés, fueron socios de la Asociación de Pintores y Escultores.

Con este motivo, recuperamos también aquí su memoria, que de otra forma ya no podríamos recordar…

José Padró Graner fue un pintor y fotógrafo que nació en Madrid, en 1900.

Tenía su Estudio de Pintura y Galeria Fotografica en la calle Huertas, 70 de Madrid.

Estudió  en la Escuela Superior de Artes y Oficios y allí obtuvo un premio de dibujo de adorno y figura. Fue uno de los primeros fotógrafos que realizaba cualquier clase de trabajo, tanto de retratos como de grupos y de empresas.

Contrajo matrimonio con la hija de Santiago Ramón y Cajal, Pilar Ramón y Cajal Fariñas, con quien tuvo dos hijos: Pilar y María Teresa Padró Ramón. Descendiente de ellos era José Manuel Sainz de los Terreros Padró, abogado y periodista.

Recibió la Cruz de Caballero de Isabel la Católica.

“El negro Pío”

 

Estuvo dedicado especialmente realizar las orlas de finalización de estudios del ejército y sobre todo de Medicina, de la Universidad de Madrid.

Realizó el famoso retrato a Santiago Ramón y Cajal que fue  ampliamente distribuido por toda España para una campaña de recaudación de fondos para la Fundación que el científico tenía de apoyo a los jóvenes investigadores.

También realizó numerosos trabajos para los médicos de su época que deseaban publicar, y  sobre todo los que publicaron en la Revista de  “Los Progresos de la Clínica” cuyos Directores científicos eran Luis Guedea y Calvo,  Catedrático de Patologia Quirúrgica de la Facultad de Medicina de Madrid, y Antonio Simonena y Zabalegui, Catedrático de Patología Médica de la Facultad de Medicina de Madrid.

En los trabajos médicos se publicaba el autor de la fotografía dada la autoridad del mismo y se ponía en la publicación con la denominación: Padró o Sr. Padró o J. Padró.

En 1919 figura como Vicepresidente de la Junta Directiva de la Revista Unión Fotográfica, órgano de difusión de los empresarios del sector y referente en la materia (1919-1924), que dirigió junto a Antonio Cánovas del Castillo Vallejo, y que, curiosamente, tenía la redacción en la calle Huertas, 70, la misma de su estudio.

La Junta Directiva estaba compuesta por los mejores fotógrafos del momento: Manuel Alviach, Antonio Cánovas, Amador Cuesta, Mauricio Utrilla, de la Fotografía Ideal, Ramón Alonso, Celedonio López, José Padró y Carlos Sánchez, de la Fotografía Veronés.

En agosto de 1905, cuando se crea la Facultad de Ciencias de la Universidad Central, fue nombrado Tecnógrafo de dicha Facultad, llegando a colaborar con su suegro.

Son destacables también los álbumes de las promociones de la Academia de Infantería de Toledo que realizó entre 1907 y 1925.

Falleció en 1931.

Es famosa la obra que realizó, titulada “El negro Pío”, una copia, encargada por Manuel Antón y Ferrándiz, primer director del Museo de Antropología y uno de los principales divulgadores de esta disciplina en España, de otra pintura de 1786 que también se guarda en el museo. La pintura representa a un individuo de raza negra que sufre una enfermedad de despigmentación de la piel, probablemente vitíligo.

 

Retrato oficial de Santiago Ramón y Cajal

 

Retrato oficial de Miguel Blay, Vicepresidente y Fundador de la AEPE, obra de José Padró

Cabecera de la revista Unión Fotográfica, de la que fue director

 

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