Convocado el 88 Salón de Otoño de la AEPE

 

Contempla las disciplinas de Pintura, Escultura, Dibujo, Grabado y Acuarela

 

La Asociación Española de Pintores y Escultores ha convocado la que será la edición número 88 del tradicional Salón de Otoño, el certamen artístico más antiguo y prestigioso de los que se convocan en España, con el que cada año la centenaria entidad reconoce la labor de los creadores españoles en las disciplinas artísticas de pintura, escultura, dibujo, grabado y acuarela.

El Salón de Otoño nació en 1920 de forma firme y decidida, para apoyar y fomentar la creación de los pintores y escultores de España. El mayor mérito de esta convocatoria es su continuidad en el tiempo y su celebridad, y por supuesto, seguir existiendo frente a convocatorias de premios caudalosos que compiten en excelencia y repercusión, pero no arrastran nuestra historia y nuestros logros”, destaca José Gabriel Astudillo, Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

El Salón de Otoño nació para dar oportunidades a muchos talentos sin cauces de difusión, y en esta 88 edición es lo que claramente se persigue, apoyando a quienes no encuentran ocasión de exhibir su arte y arropando a quienes empiezan en esta difícil carrera, para presentarlo junto a grandes maestros por todos conocidos y admirados”, añade Astudillo.

La Asociación Española de Pintores y Escultores trabaja en una línea de cultura innovadora, es decir, no busca un despliegue de premios que supongan una dotación económica, sino una excelencia que se transforme en divulgación de la obra y del artista, y eso, -según confiesa el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo- supone no dotar económicamente los premios, sino ser creativos y encauzar a los seleccionados y galardonados en el difícil camino de la creación artística”.

Reconocer el talento es justo lo que buscan entidades como Tritoma Gestión Cultural, el Ayuntamiento de Getafe, Codina Escultura, Inmobiliarias Encuentro, Santiago de Santiago y la Agrupación Española de Acuarelistas, que confluyen en esta nueva edición del Salón de Otoño, junto al Ayuntamiento de Madrid, que exhibirá las obras seleccionadas y premiadas en la Casa de Vacas del madrileño Parque del Retiro del 28 de octubre al 28 de noviembre próximos.

Además, como ocurriera también desde el año 2017, se incluye la Medalla de Pintura Down Madrid, que se otorgará a uno de sus artistas, y que supone un claro ejemplo de inclusión de este colectivo en el mundo de las bellas artes, de forma que el ganador verá su obra expuesta en la Casa de Vacas junto al resto de artistas profesionales y noveles. Una gran oportunidad para hacer visible a un colectivo dotado de una sensibilidad extraordinaria.

El 88 Salón de Otoño repartirá un total de 18 premios, distribuidos en seis premios de acceso libre (dos específicos de escultura, uno de acuarela y el resto de pintura y escultura indistintamente) y once premios más honoríficos, reservados a socios de la AEPE (cuatro de pintura, cuatro de escultura, uno de acuarela, uno de dibujo y uno de grabado).

De entre todos los participantes, se realizará una selección de obras que conformará la exposición de obras premiadas y seleccionadas del 88 Salón de Otoño, que se podrá contemplar en la Casa de Vacas del madrileño Parque del Buen Retiro, y que en las últimas ediciones ha logrado generar una gran expectación debido a la alta calidad de las obras reunidas.

Las bases y la hoja de inscripción pueden ya descargarse en esta misma web, pestaña “Certámenes y Premios”, subpestaña “Bases”, y en la misma pestaña, subpestaña “Salón de Otoño” y aquí mismo.

 

Bases 88 Salón de Otoño 2021

BOLETIN INSCRIPCION 88 SALON DE OTOÑO 2021

 

 

88 Salón de Otoño 

de la Asociación Española de Pintores y Escultores

28 de octubre – 28 de noviembre de 2021

Casa de Vacas

Parque del Buen Retiro de Madrid

Pº de Colombia, 1. 28009 Madrid

De lunes a domingo, de 10 a 21 h.

Metro: Retiro (Línea 2)

Bus: 2, 20, 28

BICIMAD: Estación 102 (C/ Alcalá, 95) y Estación 60 (Plza. Independencia, 6)

 

Inaugurada la exposición de Antonio Téllez en la Sala de Usera

La Junta Municipal del Distrito de Usera continúa su actividad en la Sala de Exposiciones que se encuentra dentro de la sede municipal, que en el día de hoy ha inaugurado la exposición «Materia y color», que se puede visitar hasta el 9 de julio en la Sala de Exposiciones de la Junta Municipal de Usera, situada en la Avenida Rafaela Ibarra, 41, en horario de lunes a sábados de 10’30 a 13’30 y de 17 a 20 h (Domingos y festivos cerrado).

La muestra está protagonizada por las pinturas y esculturas de Antonio Téllez de Peralta, y el reducido acto que se ha llevado a cabo por motivos de la pandemia, ha contado con la presencia de Antonio Téllez de Peralta, así como de la Concejal Presidente de la Junta de Usera, Loreto Sordo, del responsable de los servicios culturales del distrito, del Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo López, del Vicepresidente, Juan Manuel López-Reina, de la vocal Paloma Casado, el Bibliotecario, Fernando de Marta y la Tesorera, Ana Martínez Córdoba, de José Luis Manzanares, Gerente de Tritoma Gestión Cultural, y de algunos amigos que no han querido perderse la exposición.

 

La presentación del catálogo ha corrido a cargo de Mª Dolores Barreda Pérez, Secretaria General de la Asociación Española de Pintores y Escultores, «Secretaria Perpetua» de la AEPE y Miembro de AECA:

«Antonio Téllez de Peralta es un artista multidisciplinar español que trabaja con distintas técnicas, principalmente óleo sobre lienzo en pintura, y múltiples materiales en escultura. Nacido en Badajoz en 1947, en 1964 se traslada a Madrid, donde se gradúa como Ingeniero Industrial y posteriormente obtiene el grado de Doctor.

Diplomado en Alta Dirección de Empresas, Diplomado por Oxford Institute for Energy Studies y Master en Trading Financiero, a lo largo de su dilatada carrera profesional ha sido primer ejecutivo en diversas empresas energéticas e industriales.

Atraído desde joven por la pintura y la escultura, comenzó trabajando con lienzos y materias, experimentando continuamente sobre la variación contemporánea de los materiales y las técnicas plásticas. En la década de los setenta, su vocación artística se acrecienta, graduándose en Bellas Artes y obteniendo después el título de Doctor con una investigación sobre el color y la materia como principales calificativos para objetos y formas, y su posterior interpretación en obras propias repletas de meditados cromatismos y funcionalidades.

Sin olvidar sus orígenes, es miembro del Club Senior de Extremadura y de la Asociación Española de Pintores y Escultores, que aúnan su amor por la tierra natal y su dedicación plástica y afán de colaboración en el desarrollo artístico y de progreso de una tierra a la que se siente profundamente orgulloso de pertenecer.

Su atracción por la escultura se convirtió en pasión gracias a su amigo y maestro, el catedrático José Luis Medina Castro, que le llevó a iniciar una meticulosa investigación personal y artística, en la que exploró los múltiples enfoques y vertientes con los que materializar su obra, que a menudo incluyen elementos innovadores.

Sus obras, basadas en la experiencia personal surgida de su actividad científica e industrial, y aplicadas a las artes plásticas, han dado como resultado la apertura de otra dimensión en la que abrir una serie de ventanas, reflejo de su pensamiento y percepción, consciente e inconsciente,  desde las que su expresión artística transforma el mundo interior y exterior, ofreciendo innumerables interpretaciones -objetivas y subjetivas- que hablan por sí solas de su arte, en el que vuelca su enorme motivación y satisfacción personal por la obra realizada.

Desde su taller situado en el madrileño distrito de Usera, desarrolla una intensa actividad que le ha llevado ya a participar en más de 70 exposiciones colectivas e individuales, a lo largo de los últimos años.

“Materia y color” es una muestra de solo algunas de las últimas obras de pintura y escultura realizadas con la misma pasión y afán como las que lleva a cabo en los últimos tiempos. Es una revisión de su fuerza expresiva y su creatividad, al servicio de su propio gozo y en la que podemos asistir a su enorme talento y forma de experimentar y evolucionar a través de pinturas y esculturas en las que se muestran claros los conceptos espaciales, metafísicos, con ideas… con temas universales pero con una interpretación muy personal.

La combinación de objetos industriales y químicos con los artísticos, hacen de su obra una peculiar narración de estilos que definen su personalidad e inquietudes.

Todas nacen del corazón, del frío análisis de su formación y sobre todo de una increíble creatividad y capacidad de trabajo, que no van a dejar indiferentes a ninguno de los que observen esas ventanas al aire , que dan forma a su alma y representan  sus inquietudes y anhelos más íntimos y delicados».

La Asociación Española de Pintores y Escultores ha editado un catálogo digital que se puede ver aquí mismo:

 

 

 

«Materia y color»

Pintura y escultura

Antonio Téllez de Peralta

Del 9 de junio al 9 de julio de 2021

Sala de Exposiciones de la Junta Municipal de Usera

De lunes a sábados: 10’30 a 13’30 y de 17 a 20 h
Domingos y festivos cerrado
Avenida Rafaela Ybarra, 41
28026 Madrid

Metro: Plaza Elíptica  (líneas 6, 11)

Bus: 6, 60, 81,78

 

 

Saorín participa en la exposición «Artelibre 20×20”

Organizada por la Galería “Arte Roma” de Zaragoza

 

El miembro de la Asociación Española de Pintores y Escultores, el prestigioso artista Saorín, participa una vez más en una de las grandes exposiciones internacionales, que realiza el director de la Galería Artelibre, José Enrique González, donde presenta la pintura a la acuarela titulada «Objetos con duende».

La muestra la componen 90 obras, de todo tipo de artistas realizadas con diferentes técnicas, pero dentro del realismo e hiperrealismo contemporáneo, de 20 x 20

La naturaleza humana tiende con facilidad a establecer asociaciones y comparaciones a partir de lo aparente, tratando de ponerle marbete a todo artista y compararlo con algún conciudadano o contemporáneo. Pero cuando se aprecia en Jesús Lozano Saorin su dominio de la técnica y el rigor de su trabajo, se advierte su singularidad; disciplina, rigor e individualidad que le permiten ejecutar depurados cuadros de una atmósfera límpida, donde el polvo en los objetos, las luces y las sombras enseñorean la obra; en donde la perfección del detalle jamás se impone a la armonía del conjunto.

Saorin nos demuestra el valor de la pintura a la acuarela, tanto en su aspecto teórico como en el práctico. Una obra que él, desliga en cierto modo, del concepto habitual que de la pintura a la acuarela se tiene, como técnica apta para la representación abocetada y libre, maniendo sin embargo, los rasgos de transparencia, brillantez cromática y frescura, características indiscutibles de esta técnica.

Es cierto, que las formas evolutivas que presenta están próximas al hiperrealismo, pero se trata de un realismo muy propio y especial. La riqueza de su oficio se advierte por su estilo limpio y depurado, que encandila a cuantos ven sus obras. No es de extrañar, porque las obras de este artista enganchan y son difíciles de olvidar.

Dibuja y pinta con precisión, definiendo las formas al detalle y haciendo concordar tema y forma en imágenes no precisamente ‘bellas’ en cuanto a su iconografía. Pero si se aísla todo esto, y nos esforzamos en escudriñar lo que subyace bajo la forma de expresión artística, podremos observar que estamos ante verdaderas obras de arte, y no ante un trabajo posiblemente, solo bien hecho.

Saorin tiene la exquisita facultad de convertir lo degradado y vulgar, en algo fascinante y atractivo, elevando su insignificancia a materia artística. Sus cuadros son fragmentos de dura y cruel realidad, en el fondo no dejan de ser parte de nuestra existencia. En definitiva, la objetividad en la representación de los temas que desarrolla, nos introduce en una serie de interrogantes entre el pasado más inmediato y el futuro

Galería Arte Roma – Plaza de San Miguel 13 – Zaragoza

Inauguración 5 de Junio (del 5 de junio al 15 de julio)

De lunes a sábado de 10 a 13,30 y de 17 a 20,30h

Aforo Limitado

 

Video de la exposición: https://www.facebook.com/galeria.artelibre/videos/2700782823555984

Abierta al público la exposición del «XV Salón de Primavera de Valdepeñas»

Con las medidas de seguridad higiénica que determina la ley, pero con gran expectación y afluencia de público, que pasa por la sala en reducidos grupos, el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, acompañado por algunos miembros de la Junta Directiva, como Alicia Sánchez Carmona y Carmen Bonilla Carrasco, visitó en la tarde del 4 de junio, la Sala de Exposiciones del Centro Cultural La Confianza de Valdepeñas, donde cuelga ya la exposición del “XV Salón de Primavera de Valdepeñas. Por tierras de Castilla La Mancha”.

La muestra, que podrá visitarse hasta el próximo día 27 de junio, exhibe un total de 60 obras seleccionadas, con una temática variada y colorida como la que siempre reúne este salón.

Con las medidas de seguridad higiénica que determina la ley, pero con gran expectación y afluencia de público, que pasa por la sala en reducidos grupos, el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, acompañado por algunos miembros de la Junta Directiva, como Alicia Sánchez Carmona y Carmen Bonilla Carrasco, visitó en la tarde del 4 de junio, la Sala de Exposiciones del Centro Cultural La Confianza de Valdepeñas, donde cuelga ya la exposición del “XV Salón de Primavera de Valdepeñas. Por tierras de Castilla La Mancha”.

La muestra, que podrá visitarse hasta el próximo día 27 de junio, exhibe un total de 60 obras seleccionadas, con una temática variada y colorida como la que siempre reúne este salón.

El acto de inauguración y entrega de premios ha contado con la asistencia de la teniente de alcalde de Cultura y Turismo de Valdepeñas, Vanessa Irla,  quien ha recordado que la Asociación Española de Pintores y Escultores también organiza el Salón de Otoño en Madrid, que es de los más antiguos del país, junto con la Exposición Internacional de Artes Plásticas de Valdepeñas, “algo para poner en valor”.

En cuanto a que el Salón de Primavera se celebrase el año pasado de manera online, ha dicho que “como casi todo. Echamos mano de las nuevas tecnologías para reinventarnos y que la cultura siguiera fluyendo. El arte es fundamental. Muchas personas viven del arte y el arte aporta mucho a nuestra vidas”.

Ha comentado que “la exposición hace un recorrido por las obras de arte y cada una de ellas nos evoca un estado de ánimo, nos hace evadirnos de nuestros problemas. El arte y la cultura sanan el alma”.

La teniente de alcalde ha indicado que hay que seguir apoyando a los artistas para seguir creciendo porque “sino crecemos culturalmente, no creceremos como nación ni como país”.

Recordemos que en el año 2006, se ideó una exposición en el marco incomparable que supone el Museo Municipal de Valdepeñas, un referente en el mundo del arte contemporáneo que bajo el título de Salón de Primavera de Valdepeñas, “Por tierras de Castilla La Mancha”, ha contado desde su inicio con la colaboración del Ayuntamiento de la localidad ciudadrealeña.

El Salón contó con distintos premios en metálico y honoríficos, hasta que en el año 2017, el XI Salón de Primavera estableció ya dos premios instituidos especialmente para honrar a los fundadores de la centenaria entidad y para terminar de reconocer la importancia que esta cita tiene en el calendario expositivo de la entidad: la Medalla de Pintura José Moreno Carbonero y la Medalla de Escultura Lorenzo y Federico Coullaut Valera.

En esta edición, y por problemas derivados por la covid 19, el Museo Municipal de Valdepeñas, que permanece cerrado, no ha podido acoger las obras de la AEPE, sin embargo, el Ayuntamiento de la ciudad ciudadrealeña ha puesto a disposición de nuestra centenaria entidad el gran Centro Cultural La Confianza.

Un edificio de estilo modernista realizado por el arquitecto ilicitano Marceliano Coquillat Llofriú (1865– 1924), que ocupó el cargo de arquitecto Municipal de Barcelona durante varios años y trabajó en Cataluña, Murcia y Alicante principalmente y que se inauguró en 1913. Por las características estilísticas de la edificación se corresponde con el Modernismo imperante en la época, siendo ejemplo importante de este estilo en la ciudad de Valdepeñas.

Son más de medio centenar de obras que teníamos la ilusión de haber podido comentar en persona, pero que de forma responsable, se pueden visitar desde hoy mismo.

Para quienes no pueden asistir, hemos preparado una galería de obra, el catálogo digital habitual y las fotografías que el propio Presidente nos hace llegar, tomadas poco después del montaje de la muestra, y que nos anima a remitir a la AEPE más fotografías, que los propios socios realicen en su visita, para ir subiéndolas a la página web y guardar así el mejor recuerdo de estas exposiciones tan atípicas.

El acta del jurado del “XV Salón de Primavera de Valdepeñas. Por tierras de Castilla La Mancha” es la siguiente: el Jurado está formado por José Gabriel Astudillo López, Presidente de la AEPE, actuando como Presidente del Jurado y Mª Dolores Barreda Pérez, Secretaria General de la AEPE, en calidad de Secretaria del mismo, ambos con voz y sin voto; y como Vocales los directivos Juan Manuel López-Reina, Alicia Sánchez Carmona, Fernando de Marta Sebastián e Itziar Zabalza Murillo y acuerdan otorgar los siguientes premios:

MEDALLA DE PINTURA JOSÉ MORENO CARBONERO

Ana Muñoz. Enigma. Acrílico / tabla. 70 x 100

MEDALLA DE ESCULTURA LORENZO Y FEDERICO COULLAUT VALERA

Pilar Vich. Maternidad. Talla en piedra de Calatorao. 42 x 23 x 38

MENCIÓN DE HONOR

Conchi Artero. Marina. Acrílico / lienzo. 89 x 116

MENCIÓN DE HONOR

Juan Antonio González Sáiz – Juanchi. La transparencia de Cervantes. Maderas ensambladas. 97 x 62 x 32

MENCIÓN DE HONOR

Vicente Moya Gallego. El secreto de Aitana. Óleo / tabla. 81 x 116

MENCIÓN DE HONOR

Xisco Isern. Sin título. Escayola policromada. 40 x 29 x 17

MENCIÓN DE HONOR

Galiana. Don Quijote. Mixta / lienzo. 100 x 80

MENCIÓN DE HONOR

José Antonio de la Peña. El bocadillo. Bronce. 30 x 20 x 7

 

Recordamos que los artistas participantes en la muestra del “XV Salón de Primavera de Valdepeñas. Por tierras de Castilla La Mancha” son:

Joaquín  Alarcón González – Aracely Alarcón Morales (Aracely Alarcón) – Concepción Artero (Conchi Artero) – Juan Carlos Atroche Medina (Juan Carlos Atroche) – Jimena Aznar Rodríguez-Pardo – Juan Luis Barud Dabrowski – Joaquín Besoy Posada (Joaquín Besoy) – Carmen  Bonilla Carrasco (Carmen Bonilla) – Irene Cantalejo Martín (Irene Cantalejo) – Martina Cantero Jiménez (Martina Cantero) – Paloma Casado López (Paloma Casado) – Gloria Cediel Lafuente (Gloria Cediel) – Pilar Cortés López (P. Cortés) – Carmen Dabrowski Pernas (Maryla Dabrowska) – Elisa de la Torre Llorente (Elisa de la Torre) – Enrique Delgado Contreras – Magdalena España Luque (Magdalena España) – José Carmelo Esteban Gracia (Carmelo Esteban) – Rosa Mª Fernández Fernández – María de Francisco Salces (María de Francisco SALCES) – Mª Herminda Gago Blanco (Herminda Gago) – María García García (M. García García) – Paloma García Viladomat (Paloma Viladomat) – Federico García Zamarbide – Mª Dolores González de Mata (Loly de Mata) – Juan Antonio González Sáiz (Juan Antonio González Sáiz – Juanchi) – Ana Gutiérrez Mengual (Ana Gutiérrez) – Fernando Herranz Alonso (Alon) – Francisco Isern González (Xisco Isern) – Teiji Ishizuka – Antonio Izquierdo Ortega – Mª Ángeles Lázaro Guil  (Guil) – Pablo Linares Amor – Toñi López González (Aquafonía Toñi López) – Elisabeth López Sáiz (Elisabeth López) – Ana Martínez Córdoba (Ana Martínez) – Geanina Elisabeta Miler (Geanina Miler) – Rosa Moreno Moreno (RosiM Moreno Moreno) – Vicente Moya Gallego – Antonio Municio Gutiérrez (Antonio Municio) – Ana Muñoz Reyes (Ana Muñoz) – Fernando Peña Corchado (Leodegario) – José Antonio de la Peña García-Gadea (José Antonio de la Peña) – Juan Pérez Galiana (Galiana) – Victoria  Ramírez Escudero (Victoria Ramírez) – Pura Ramos Calderón (Pura Ramos) – Fernanda Regidor Fernández (Fernanda Regidor) – Mª Dolores Remesal Rodríguez (Lola Remesal) – Ana Reynolds Martínez (Ana Reynolds) – Reyes Rodríguez Pérez (Reyes Rodríguez) – Manolo  Romero – Mª Cristina Sánchez Estévez (Cristina Sánchez) – Mª Jesús Sánchez Gómez (Chus San) – Emilio Sotomayor Rodríguez (Emilio Sotomayor) – Arturo Tejero Esteban (Arturo Tejero) – Antonio Téllez de Peralta – Adela Trifán (Adelacreative) – José Antonio Urosa Moujadami (José Antonio Urosa) – Pilar Vich Pérez  (Pilar Vich)

El catálogo digital editado con tal motivo lo puedes ver y descargar aquí:

 

Catálogo del XV Salón de Primavera de Valdepeñas 2021

 

Y aquí tienes una galería completa de las obras:

 

y de la inauguración y exposición:

XV Salón de Primavera de Valdepeñas: «Por tierras de Castilla La Mancha»

Del 4 al 27 de junio de 2021

Inauguración Viernes 4 de junio, 19 h.

Centro Cultural La Confianza

Calle Real, 9, 13300 – Valdepeñas (Ciudad Real)

Horario: lunes a viernes: de 10 a 13 h. y de 17’30 a 20’30 h.

Sábados, domingos y festivos: cerrado

 

Inaugurada la exposición «Pradilla y la pintura. Contexto de una obsesión»

El Museo de Zaragoza acoge una exposición temporal sobre el pintor aragonés Francisco Pradilla, con motivo del centenario de su fallecimiento. La muestra, titulada «Pradilla y la pintura. Contexto de una obsesión», recoge las diferentes etapas del artista aragonés, desde su formación temprana en Zaragoza y Madrid, su posterior paso por Roma, su fase como director del Museo del Prado y el reconocimiento de su obra, hasta su obsesión por la reina Juana I de Castilla y sus últimos trabajos. La exposición estará abierta al público hasta el próximo 15 de septiembre.

La muestra incluye una treintena de piezas entre obra gráfica, óleo y escultura, y exhibe cuadros que ya se exponen en el Museo, como el autorretrato del propio autor realizado en 1887 –y que hoy ha presidido la presentación de la exposición– o el cuadro de La reina Juana la Loca recluida en Tordesillas con su hija (depósito del Museo Nacional del Prado), pintado en 1907 y que constituye uno de sus principales ejemplos como artista. De hecho, la muestra se acompaña de un audiovisual que profundiza en este lienzo.

La exposición sobre Francisco Pradilla ofrece un recorrido por los hitos biográficos y pictóricos del artista y se estructura en tres apartados: el primero está centrado en la producción artística del autor, siendo una muestra representativa de todas sus etapas, géneros y técnicas; la segunda se aproxima a la obra de maestros, compañeros, discípulos y amigos para descubrir cómo era el ambiente artístico de la época y conocer en mayor profundidad la trayectoria vital de nuestro protagonista a través de las personas con las que se relacionó; la tercera, y última, se centra en la obsesión del pintor por la reina Juana I de Castilla a lo largo de toda su carrera y trata de aproximarnos a la figura de esta monarca.

La exposición cuenta con una selección de obras de Pradilla procedente de los fondos del Museo de Zaragoza, como Estudio de caballo para el cuadro El suspiro del moro o Doña Pilar Villanova y también de otros autores como Retrato del doctor Lera, tallado en mármol por Ponciano Ponzano, Retrato de Santiago Ramón y Cajal de Joaquín Sorolla o Retrato de Pradilla de Alejandro Ferrant. Destacan los depósitos del Museo del Prado en esta institución, es el caso del citado lienzo La reina Juana La Loca recluida en Tordesillas o Paisaje de Capri, ambos de Pradilla. La exposición cuenta con obras de otras instituciones como La campana de Huesca, de José Casado del Alisal de Museo de Huesca o Doña Juana la Loca del Museo Nacional del Romanticismo. Completan la muestra obras de la colección descendientes de Pradilla; Vista de Zaragoza, de Juan José Gárate, prestada por la Diputación Provincial de Zaragoza o La Reina doña Juana la Loca: estudio histórico, de Antonio Rodríguez, de la Universidad de Zaragoza, entre otras.

Francisco Pradilla

Nacido un 24 de julio de 1848 en Villanueva de Gállego y fallecido en Madrid un 1 de noviembre de 1921, fue un gran pintor, director de la Real Academia de España en Roma y del Museo del Prado.

Aprendió con dos pintores decoradores en Zaragoza. En 1863 se trasladó a Madrid, donde estudió a los antiguos maestros. En 1874 fue pensionado en la primera promoción en la Academia de España en Roma junto a Casto Plasencia, Jaime Morera y Alejandro Ferrant y Fischermans, continuando después su estancia en Roma. Su primer cuadro de importancia fue El rapto de las sabinas para las oposiciones a la pensión de la Academia española en Roma, al que siguió en 1878 Doña Juana la Loca, como trabajo de dicha pensión. Por este colosal cuadro obtuvo medalla de honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes (España) de 1878 y una medalla de honor en la Exposición Universal de París de 1878.

Por encargo del Ayuntamiento de Zaragoza, realizó los cuadros de Alfonso I el Batallador y de Alfonso X el Sabio. Se superó con la realización de La rendición de Granada (3,3 x 5,5 m) de 1882, que destaca tanto por la limpieza de la caracterización como por la viveza de la representación y la grandeza del estilo. El cuadro ganó el primer premio en una exposición de Múnich de 1893. Otras obras de este autor de gran interés son: El suspiro del moro, La lección de Venus al amor, y Vendimia en las lagunas Pontinas.

Además de estas composiciones, Pradilla también tiene obras más pequeñas sobre la vida del pueblo, del tipo que realizó Mariano Fortuny. En el Museo Carmen Thyssen Málaga se encuentra Lavanderas gallegas (1887), en el que el artista realiza una escena costumbrista compuesta por un grupo de mujeres que se afanan en lavar la ropa en el campo.

Cabe anotar que fue el director de la Real Academia de España en Roma, si bien por poco tiempo, pues renunció al decepcionarse por los engorrosos trámites burocráticos que dificultaban su gestión y le impedían dedicarse a pintar; sin embargo, el 3 de febrero de 1896 aceptó el puesto de director del Museo del Prado, siendo sustituido dos años después por el hasta entonces subdirector, el pintor Luis Álvarez Catalá, que contaba con el apoyo institucional de la reina María Cristina.

Falleció el 1 de noviembre de 1921 en Madrid, dejando una extensa obra tras de sí.

Patricia Jiménez, Premio AEPE en El Romeral

El sábado 29 de mayo de 2021 se celebró el XXII Certamen de Pintura Rápida Nicole Nomblot, en la villa toledana de El Romeral, en el que desde sus inicios colabora la Asociación Española de Pintores y Escultores con la concesión de un premio dotado de Diploma y Medalla.

Este año no podía ser menos y a la cita acudió el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, que formó parte del Jurado reunido para la ocasión, junto a Javier Rubio Nomblot, crítico de arte y comisario, Manuel Barbero, licenciado en Bellas Artes, Montserrat Montalvo, Licenciada en Historia del Arte y Josefa Ramírez, Concejala de Cultura de El Romeral.

José Gabriel Astudillo y Patricia Jiménez Molina, Medalla de la AEPE en El Romeral

 

La calurosa mañana comenzó con la elección de los escenarios que serían los motivos retratados, y que resultaron muy imaginativos y peculiarmente significativos y reconocibles para todos los habitantes de El Romeral, una villa que lucha por mantener viva sus tradiciones y costumbres y presume de celebrar uno de los más afamados certámenes pictóricos, gracias al cual han conseguido ya formar una importante colección de arte.

A las cinco de la tarde todos los participantes se reunieron en la Casa de la Cultura, cuyo sombreado patio acogió la exposición de las obras de todos los artistas, siendo visitada por los vecinos del pueblo, que pudieron ejercer también su derecho a voto en la categoría de votación popular.

Tras la deliberación del Jurado, se dieron a conocer y se verificó la entrega de premios, que resultó quedar así:

Primer Premio, dotado con 800 euros a la obra de Francisco Segura Aguado.

El segundo Premio, dotado con 400 euros recayó en Diego Lope González.

El Tercer Premio de votación popular, dotado con 300 euros, fue para una obra de Mª Carmen Sepúlveda Alamino.

El Premio de la Asociación Española de Pintores y Escultores dotado con medalla y diploma, recayó en la obra de Patricia Jiménez Molina.

 

El 9 de junio se abre al público la exposición «Materia y color» de Antonio Téllez de Peralta

La Junta Municipal del Distrito de Usera continúa su actividad en la Sala de Exposiciones que se encuentra dentro de la sede municipal, que el día 9 de junio inaugurará la exposición «Materia y color», que se podrá visitar hasta el 9 de julio en la Sala de Exposiciones de la Junta Municipal de Usera, situada en la Avenida Rafaela Ibarra, 41, en horario de lunes a sábados de 10’30 a 13’30 y de 17 a 20 h (Domingos y festivos cerrado).

La muestra está protagonizada por las pinturas y esculturas de Antonio Téllez de Peralta, y el reducido acto que se llevará a cabo por motivos de la pandemia, contará con la presencia del autor en sala, así como del responsable de los servicios culturales del distrito, del Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo López, y de José Luis Manzanares, de Tritoma Gestión Cultural.

 

La presentación corre a cargo de Mª Dolores Barreda Pérez, Secretaria General de la Asociación Española de Pintores y Escultores, «Secretaria Perpetua» de la AEPE y Miembro de AECA:

«Antonio Téllez de Peralta es un artista multidisciplinar español que trabaja con distintas técnicas, principalmente óleo sobre lienzo en pintura, y múltiples materiales en escultura. Nacido en Badajoz en 1947, en 1964 se traslada a Madrid, donde se gradúa como Ingeniero Industrial y posteriormente obtiene el grado de Doctor.

Diplomado en Alta Dirección de Empresas, Diplomado por Oxford Institute for Energy Studies y Master en Trading Financiero, a lo largo de su dilatada carrera profesional ha sido primer ejecutivo en diversas empresas energéticas e industriales.

Atraído desde joven por la pintura y la escultura, comenzó trabajando con lienzos y materias, experimentando continuamente sobre la variación contemporánea de los materiales y las técnicas plásticas. En la década de los setenta, su vocación artística se acrecienta, graduándose en Bellas Artes y obteniendo después el título de Doctor con una investigación sobre el color y la materia como principales calificativos para objetos y formas, y su posterior interpretación en obras propias repletas de meditados cromatismos y funcionalidades.

Sin olvidar sus orígenes, es miembro del Club Senior de Extremadura y de la Asociación Española de Pintores y Escultores, que aúnan su amor por la tierra natal y su dedicación plástica y afán de colaboración en el desarrollo artístico y de progreso de una tierra a la que se siente profundamente orgulloso de pertenecer.

Su atracción por la escultura se convirtió en pasión gracias a su amigo y maestro, el catedrático José Luis Medina Castro, que le llevó a iniciar una meticulosa investigación personal y artística, en la que exploró los múltiples enfoques y vertientes con los que materializar su obra, que a menudo incluyen elementos innovadores.

Sus obras, basadas en la experiencia personal surgida de su actividad científica e industrial, y aplicadas a las artes plásticas, han dado como resultado la apertura de otra dimensión en la que abrir una serie de ventanas, reflejo de su pensamiento y percepción, consciente e inconsciente,  desde las que su expresión artística transforma el mundo interior y exterior, ofreciendo innumerables interpretaciones -objetivas y subjetivas- que hablan por sí solas de su arte, en el que vuelca su enorme motivación y satisfacción personal por la obra realizada.

Desde su taller situado en el madrileño distrito de Usera, desarrolla una intensa actividad que le ha llevado ya a participar en más de 70 exposiciones colectivas e individuales, a lo largo de los últimos años.

“Materia y color” es una muestra de solo algunas de las últimas obras de pintura y escultura realizadas con la misma pasión y afán como las que lleva a cabo en los últimos tiempos. Es una revisión de su fuerza expresiva y su creatividad, al servicio de su propio gozo y en la que podemos asistir a su enorme talento y forma de experimentar y evolucionar a través de pinturas y esculturas en las que se muestran claros los conceptos espaciales, metafísicos, con ideas… con temas universales pero con una interpretación muy personal.

La combinación de objetos industriales y químicos con los artísticos, hacen de su obra una peculiar narración de estilos que definen su personalidad e inquietudes.

Todas nacen del corazón, del frío análisis de su formación y sobre todo de una increíble creatividad y capacidad de trabajo, que no van a dejar indiferentes a ninguno de los que observen esas ventanas al aire , que dan forma a su alma y representan  sus inquietudes y anhelos más íntimos y delicados».

 

 

«Materia y color»

Antonio Téllez de Peralta

Del 9 de junio al 9 de julio de 2021

Sala de Exposiciones de la Junta Municipal de Usera

De lunes a sábados: 10’30 a 13’30 y de 17 a 20 h
Domingos y festivos cerrado
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Galatea en la oscuridad

Las múltiples vidas del Pigmalión de Eduardo Chicharro y Agüera (1925)

Por Edmundo Murray

Edmundo Murray. E. Schwarz, Granada 2021

El ensayo de Edmundo Murray «Art and Diplomacy» se publicará en 2022. Murray es doctor en letras por la Universidad de Zurich y ha sido editor de las publicaciones de la Organización del Comercio. Su libro ilustrado «Centre William Rappard» apareció en 2011.

 

Pigmalión (1925), Eduardo Chicharro y Agüera, óleo, 312 cm x 167 cm

 

Tengo frío. Aquí estoy, desnuda. Está todo tan oscuro, como un túnel de piedra húmeda. Como una tumba. ¿Por qué nos tratan así? ¿Qué hemos hecho para merecer este castigo? Nada importa. Continúo despertando cada día, cada instante, ya no hay tiempo. Mi cuerpo hermoso como la luna jugando en los glaciares. Mi amante artista a mis pies, rogando para que ocurra el milagro. Mármol de Chipre transformándose en mi carne, sangre viva, músculos, tendones. Pero ese hombre sin cabeza… El horror de la oscuridad en mis ojos a punto de abrirse a la vida.

Un luminoso día de verano hace veinte años visité por primera vez el Centro William Rappard.[1] El sol brillaba sobre el lago Léman y los lejanos glaciares del Monte Blanco. El edificio monumental de los años locos, que en la ciudad de Calvino han sido tan sobrios como la religiosidad escondida en sus valles y montañas, es actualmente la oficina de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Ginebra. Con un diseño de villa florentina renacentista, debemos al arquitecto Georges Épitaux, de Lausanne, el sobrio aspecto monacal en el que diplomáticos y funcionarios de todo el mundo discuten día a día las reglas internacionales del comercio. Construido en 1926 para la Oficina Internacional del Trabajo (OIT), este edificio al borde del lago es una metáfora de la justicia social como medio para alcanzar la paz entre los pueblos. Lo que no era poco, considerando los horrores de la guerra reciente y la inestabilidad social en muchas naciones.

Acudí a la convocatoria para las oposiciones por un puesto de editor. Entré sin más en el majestuoso vestíbulo principal, ya que no estaban todavía los controles, guardias, cámaras y scanners que ahora protegen y afean el edificio. Un ujier corpulento, completamente calvo y vestido con un elegante uniforme me informó que las personas que debían entrevistarme no estaban todavía disponibles. Debía esperar en el Salón de los Pasos Perdidos. Siguiendo sus indicaciones, llegué a una gran sala en la que brillaban pisos de mármol y las pulidas maderas.

Adornado por relieves decorando algunas columnas y marcos de puertas, el aspecto de estos ambientes era despojado y elegante como una mezquita medieval. Grises y caoba como colores dominantes, se diría que reflejaban la neutralidad diplomática como contexto. Nada debe dar motivos para que alguien se sienta ofendido: el principio de la no discriminación como vector de la imaginación.

Confieso que no me llamó la atención en ese momento, sino años más tarde, la ausencia casi total de obras de arte en este salón y en el vestíbulo principal. Era tal mi excitación por la posibilidad de trabajar en un edificio poblado de históricos fantasmas de la diplomacia internacional que no reparé en las paredes desnudas como espacios vacíos de forma y color. Una buena parte de mi vida profesional estaría ligada a estas paredes y al estudio e investigación apasionados sobre el arte escondido en el Centro William Rappard. No podía sospechar que, a pocos metros del sillón donde esperaba, una colorida tela de Eduardo Chicharro languidecía cubierta por paneles de madera detrás de una de esas paredes.

Arte interesado

Durante la construcción del edificio en 1923-1925, la OIT lanzó un pedido a todos los países miembros de la organización para que contribuyeran a su decoración. La respuesta fue inmediata, y en varios casos los gobiernos respondieron enviando grandes piezas creadas expresamente para el «templo del trabajo”, como fue mencionado por un crítico de la época.[2] Los artistas se esforzaron para interpretar de diversas maneras el mensaje de trabajar por la paz y la justicia social. Así se instalaron en la nueva construcción las grandes esculturas Paz y Justicia de Luc Jaggi (Suiza), el mosaico en cerámica de Delft Construyendo el futuro de Albert Hahn Jr. (Holanda), el alto relieve en bronce Los ladrilleros de Constantin Meunier (Bélgica), la esculturas El muchacho de la túnica azul de Gilbert Bayes (Gran Bretaña) y El Tíber de Pietro Canonica (Italia), los magníficos vitrales diseñados por Max Pechstein (Alemania), y el sobrio mural La dignidad del trabajo de Maurice Denis (Francia), entre muchos otros.[3]

Todos amamos aquello del Ars gratia artis,[4] pero aquí el arte ha sido objeto de complicados intereses. Decorar la sede de la OIT mostrando al mundo el nuevo internacionalismo de las relaciones diplomáticas era una forma de cimentar los vínculos entre pueblos que habían combatido fieramente en la guerra. Los gobiernos y también asociaciones y federaciones de sindicatos laborales competían entre ellos para dejar huella en la primera sede del novedoso sistema internacional que se inauguraba a partir del Tratado de Versalles.

España no quiso quedar atrás en este nuevo periodo de las negociaciones multilaterales. Los funcionarios en el gobierno de Miguel Primo de Rivera respondieron rápidamente a la convocatoria solicitando a Eduardo Chicharro uno de sus famosos cuadros.

No me extenderé aquí en la obra y vida del fundador de la AEPE, que tan bien han sido tratadas por varios expertos.[5] Pero es importante señalar que Chicharro era un artista muy bien conectado con la élite gobernante en el Madrid de los años veinte y, gracias a su talento y esfuerzo, tenía acceso privilegiado a muchos de los asuntos que tenían que ver con el arte público. No es de extrañar que, en este contexto, el encargo para una obra que sería enviada a Ginebra recayera sobre uno de los más prestigiosos pintores de cámara de la corte de Alfonso XIII.

¿Estaba terminado el cuadro cuando Chicharro recibió el encargo y lo envió sin más al gobierno? O bien, ¿pintó el artista esta obra con el concepto de que ocupara un lugar en el nuevo edificio del trabajo en Ginebra? Con la información disponible actualmente no es posible responder a estas preguntas. Solo podemos intentar adivinar sus intenciones y las de aquellos que le hicieron el encargo. Chicharro contaba con excelentes relaciones en la casa real y el gobierno. Al encontrarse todavía a cargo de la Academia de España en Roma, es posible que el encargo se haya resuelto expeditivamente remitiendo la tela ya completada de Pigmalión a las autoridades para ser enviada a Ginebra.

En contraste con muchas piezas y decoraciones presentadas por gobiernos e instituciones o encargadas por la OIT, nada en Pigmalión nos habla del trabajo o de otros valores de la comunidad internacional. Por ejemplo, Paz y Justicia de Jaggi, flanqueando el acceso a la entrada principal, y Construyendo el futuro de Hahn Jr. en el vestíbulo principal, son alusiones directas al mensaje principal de la organización sobre paz y justicia social. El cuadro de Chicharro, en cambio, expresa un valor emocional algo desconectado del ambiente diplomático del edificio, y podría estar colgado en un museo o galería sin relación alguna con los principios de las organizaciones internacionales.

Es difícil identificar la intencionalidad del artista, pero algunas posibilidades pueden explorarse. Existen relaciones conceptuales entre el tema de la creación de un ser ideal y el contexto de las relaciones internacionales al principio de la década de 1920. En esos años, la idea de la diplomacia multilateral era un concepto relativamente nuevo entre las naciones. La primera organización internacional fue la Unión Telegráfica Internacional, establecida en 1865. La realidad terrible de la Primera Guerra Mundial fue el detonante que convenció a los líderes de las Grandes Potencias y de otros gobiernos de que era necesario desarrollar un foro más amplio que el de las negociaciones bilaterales para asegurar la paz del mundo. Pero la injusticia social era un obstáculo para este cometido. La primera misión de las negociaciones entre los distintos países era discutir y acordar las reglas internacionales de trabajo justas. La creación de la Sociedad de las Naciones y de la OIT eran pasos importantes, pero las nuevas instituciones debían superar el escepticismo creciente del público.

La actitud del escultor Pigmalión en el cuadro de Chicharro postrándose de forma humilde ante los dioses y la figura de Galatea despertando a la vida pueden verse como metáforas pictóricas de este contexto internacional al principio de los años veinte. Embajadores y delegados de los gobiernos ofrecen sus plegarias para que las nuevas organizaciones internacionales sean la vía para alcanzar la justicia social y la paz mundial.

Los modelos

 

Sueños Ovidianos

Pigmalión de Eduardo Chicharro ilustra con maestría de luz y color el punto culminante de la historia incluida por el poeta romano en el décimo libro de sus Metamorfosis. En la narrativa de Ovidio, el misógino rey de Chipre Pigmalión, un escultor que rechaza las liviandades de las mujeres de su reino, crea una estatua de una bella mujer llamada Galatea. Al ver la belleza y perfección de la mujer, cae rendido de amor a sus pies. Ruega entonces a Afrodita para que la piedra se convierta en cálida piel. La diosa del amor envía a su mensajero Eros, quien despierta a Galatea de sus sueños de mármol.

La mayoría de las representaciones artísticas de Pigmalión y Galatea ocurren antes o después de este instante culmine de la transformación.[6] Pero en esta pintura, Chicharro nos ofrece el momento exacto en que la fría estatua despierta en todo el esplendor de su cuerpo desnudo, coronado por la potente luz espiritual. Eros toma la forma de tres o cuatro colibríes que estimulan el cuerpo de la mujer. Una luz divina, en la que se adivinan ecos de Joaquín Sorolla, desciende con etérea espiritualidad sobre la suntuosidad de la figura femenina. Mientras tanto, el escultor está todavía postrado absorto en sus plegarias sin darse cuenta de que el milagro ocurre en la parte superior del cuadro. Una sucesión de cortinados cubren el ventanal del fondo, de donde proviene un contraluz que enfatiza la delicadeza en las formas de Galatea. Siguiendo la tradición de otras representaciones de Pigmalión, ramos de flores aparecen como ofrendas a los pies de la escultura. Galatea alza su rostro y mano derecha mientras la otra mano intenta cubrir su vista de la brillante luz celestial. Está despertando. La humanidad de su cuerpo todavía es incompleta, con algunas marcas en su brazo derecho a través de las que puede verse el fondo (aunque también podrían ser una referencia a la sujeción de la criatura a su creador). Los ojos están aún cerrados. Una cinta sostiene el oscuro cabello salvaje. Todo es un abrirse a la vida.

A la izquierda de la escena, una poderosa escultura a medio terminar presenta a un hombre sin cabeza al que le faltan piernas y brazos. Sin duda, es una evocación del Torso del Belvedere, que Chicharro pudo ver durante su estadía en Roma entre 1912 y 1925.[7] Su figura torturada parece ser la única representación masculina del cuadro. Y el escultor puede percibirse como una escultora, peinada y vestida al estilo de la época y con sus formas delicadas en el nacimiento del cuello y parte de la espalda. Todo parece indicar que el artista quiso representar a una Pigmaliona en lugar del  tradicional personaje masculino. Pero el travestismo de la leyenda griega no es completo. El objeto de amor y de artificial idealización sigue siendo una escultura femenina, un fetiche que no deja de recordar a un aspecto lésbico de la historia que no estaría fuera de lugar en el contexto narrativo de Ovidio.[8]

Un misterio prodigioso ocurre ante nuestros ojos. Galatea sufre una suerte de transubstanciación a contramano, en la que los accidentes visibles permanecen y la substancia cambia de escultural a humana. El Pigmalión de Chicharro encarna ese instante de mágica conversión que resulta en la nueva mujer. El milagro continúa cada vez que observamos la escena.

El escultor podría ser cualquier artista, incluso el mismo Chicharro enamorado de su propia obra. Como Alberto Durero en sus autorretratos, o Diego Velázquez en Las Meninas. Incluso en la intencionalidad de un selfie moderno, el protagonismo del creador vive en la criatura. En el mismo Centro William Rappard, Dean Cornwell aparece como cliente de la barbería que se encuentra entre sus coloridas ilustraciones de la “Sala A” (1955), y Seán Keating nos mira directo a los ojos desde un rincón de su Desarrollo Industrial de Irlanda (1961). Todo lo que ocurre en Pigmalión ocurre gracias al artista.

El asombroso desnudo de Galatea presenta otras complejidades. Muchos visitantes observan en silencio los detalles anatómicos que han sido evitados o borrados en su mons veneris. ¿Incluyó el artista la forma de los genitales femeninos y luego los borró, o simplemente lo evitó? ¿Quiso tal vez enfatizar la virginidad de su personaje en comparación con las mujeres de Chipre que despreciaba el rey-escultor? La escultura femenina que es objeto de deseo del creador carece de sexo visible. En franco contraste con El origen del mundo de Gustave Courbet (1866), la concepción de la Galatea de Chicharro tiene reminiscencias de un automaton griego: una herramienta para desempeñar funciones robóticas. La vida a la que despierta Galatea está de este modo limitada a los designios del artista. La metamorfosis de escultura en ser humano es entonces incompleta. Como humana, Galatea debería ser libre para amar o rechazar a su creador. Pero ella ha sido concebida como un fetiche y programada al estilo de los cíborgs imaginados por George Grosz. Tal vez para evitar escándalos, el desnudo de Galatea no es completo. Pero la visión del artista no es siempre la del público.

¿Por qué? ¿Es que soy un bandido, un criminal? El castigo a la oscuridad es tal vez el peor que podrían haber imaginado para un artista de la forma y el color. Sigo rogando para que ella se convierta en realidad. No, no es verdad. Mi plegaria es desde hace tantos años que pueda ver otra vez la luz. Completar ese retrato inacabado. Abarrotar mis líneas de nuevos volúmenes. Jugar otra vez con la sutilidad de las sombras. La luz. Contemplar el silencio amoroso de mi Galatea. Mi luz.

Suprimir la “carne joven y fresca … la pintura voluptuosa, la pintura para el deleite de los sentidos”[9]

La recepción del Pigmalión de Chicharro ha sido dificultada por varios factores. Al parecer, la obra fue enviada por el gobierno español y formalmente aceptada por las autoridades de la OIT. Entre junio de 1926 y julio de 1928, de acuerdo a la documentación existente, el cuadro fue al parecer instalado en la entrada de empleados del nuevo edificio, pero en 1936 se elevó su prominencia colgándolo en la Sala de corresponsales.

Pocos años después de la inauguración del Centro William Rappard dos anexos ampliaron el espacio de conferencias y oficinas. El número cada vez más grande de funcionarios y las reuniones frecuentes obligaban a las autoridades de la OIT a proyectar la construcción de nuevas alas del edificio. Harold Butler, quien sucedió a Albert Thomas como Director de la OIT, y su equipo añadieron dos anexos: uno hacia el lago para albergar las salas de reunión del Consejo de Administración, y el otro hacia la Rue de Lausanne con oficinas y áreas de servicio. El arquitecto del edificio original, Georges Épitaux, fue contratado nuevamente para realizar las extensiones, con la misión de conservar el estilo y el tipo de decoraciones originales.

Hoy en día pueden verse en el anexo del lago el Salón de los Pasos Perdidos y sus espacios adyacentes. Uno de ellos, actualmente la “Sala Y”, fue a partir de 1936 la Sala de Corresponsales, reservada a los periodistas acreditados. A unos pasos de la Sala del Consejo (llamada hoy “Sala Wyndham-White” o “Sala W”), la Sala de Corresponsales estaba decorada en los comienzos con un gran candelabro Menorah hecho en madera por la artista Batia Lishansky, y con amueblado y decoraciones presentadas por diversas instituciones.[10] Presidiendo esta sala, pegado con fuerte cola directamente a la pared con orientación este, el Pigmalión de Chicharro adquirió una importancia de la que hasta ese momento no había gozado.

La Sala de Corresponsales hacia 1937 (Archivo Histórico de la OIT)

El 21 de Septiembre de 1937, el director Harold Butler y sus asistentes visitaron la Sala de Corresponsales recientemente decorada. Una sesión del Consejo de Administración tendría lugar próximamente y había que asegurarse que las salas y espacios de conferencias estuvieran preparados para recibir las importantes visitas oficiales que llegarían en breve. El colorido Pigmalión fue objeto de una crítica directa de Butler, quien expresó a sus colaboradores que estaba “sorprendido de ver que el cuadro español por el artista Chicharo [sic] fue colocado en la Sala de Corresponsales. El Director desea que sea retirado y colocado en un lugar menos visible”. [11]

El tono sobrio y firme del memorando interno emitido por Maurice Thudichum, asistente del director de administración, no deja dudas sobre la pobre recepción de Pigmalión por el Director de la organización y su equipo. Sin ninguna consideración al estatuto de regalo oficial de un gobierno, una carta fue enviada inmediatamente al arquitecto para que retirase el cuadro de la Sala de Corresponsales. Desde su estudio de Lausanne, Épitaux respondió que retirar el lienzo “implica riesgos y los que están a cargo quieren cubrirse. El cuadro de Chicharro ha sido realizado sobre un lienzo cuyo estado es delicado. Durante su transporte, se ha roto una fracción del tamaño de un puño y ha sido necesario rehacerla. Por eso dudo que la pieza pueda ser retirada y colocada en otro lugar, y creo que una nueva manipulación causará daños importantes”. [12]

La documentación a mano no incluye referencias al protocolo diplomático ni a los riesgos de retirar o dañar una obra de arte. Con pragmatismo suizo, el arquitecto solo evocaba las razones económicas de quitar Pigmalión, sugiriendo que su valor no llegaba al costo de manipulación, unos 4000 francos suizos de 1937 (aproximadamente 17000 francos suizos de hoy). Alguien añadió de puño y letra en el margen: “That is certain”, eso es seguro. [13] Estas palabras pueden ser de Harold Butler o de otro oficial de habla inglesa, y revelan la poca apreciación que tenía Pigmalión entre ellos.

Finalmente, los directores de la OIT se decidieron por una solución radical. Como el lienzo no podía ser retirado sin consecuencias, fue cubierto por varios paneles de madera para evitar su exhibición. De este modo, Pigmalión fue escondido de la vista del público y, con el paso del tiempo, olvidado por los funcionarios y visitantes del Centro William Rappard. Durante siete décadas, la pieza de Chicharro durmió en la oscuridad y desapareció de la memoria colectiva de este grupo.

Identidades cambiantes: descubrimiento y restauración

La OIT construyó el moderno edificio que ocupa actualmente cerca del Palacio de las Naciones, y abandonó el Centro William Rappard en 1975. Entre ese año y hasta 1977, el edificio fue renovado en forma integral, y luego recibió al secretariado del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (más conocido como GATT por su abreviación en inglés), el Alto Comisionado de las Naciones Unidas por los Refugiados y el Instituto de Estudios Internacionales de Ginebra.

La Sala de Corresponsales fue transformada en una pequeña cafetería. El arquitecto a cargo de la renovación, Roger Praplan, no fue informado de la existencia de Pigmalión detrás de una de las paredes. Por muchos años más, los colores brillantes y el claroscuro en la escena del escultor Pigmalión y su deseada Galatea seguirían en las sombras del olvido.

En 2006, una circunstancia fortuita habría de cambiar la suerte del Pigmalión. Ese año, una archivista trabajaba en la clasificación de la masiva documentación histórica de la OIT para ser digitalizada. Observando varias fotografías de las obras de arte de la OIT dio con un documento original. Robert Henri Graf, un bibliotecario que había colaborado con la organización después de la Segunda Guerra Mundial, dejó en 1951 el manuscrito inédito de un catálogo de las obras de arte del Centro William Rappard. En el documento abundan las descripciones escritas a máquina y fotografías de esculturas, alto relieves y pinturas donadas a la OIT para ornamentar el antiguo edificio. En las páginas 75 y 76 se detallan los pormenores de la donación de la pieza de Chicharro y Agüera por el gobierno español. Sin embargo, pensó la joven archivista, el cuadro no figura entre las obras de arte del edificio actual de la OIT. ¿Dónde estará el Pigmalión?

Por una de esas casualidades que ayudan a los historiadores, la archivista estaba casada con un funcionario de la OMC que trabajaba en el antiguo edificio de la OIT. Gracias a este matrimonio, la búsqueda comenzó en el Centro William Rappard. Armados con material y fotos de archivo, un grupo de funcionarios se ocupó de buscar más información.

En la mañana del 27 de Abril de 2007, un grupo se reunió en la antigua Sala de Corresponsales que después funcionó como cafetería, y ahora había sido convertida en una sala de reuniones. Con mucha ilusión, y no poco temor por la suerte del cuadro, comenzaron a retirar los paneles de madera colocados en 1937 y el Pigmalión volvió a la luz. Después de setenta años de descuidado olvido, algunos colores estaban deslucidos y había ralladuras y pequeños fragmentos que se habían perdido. Durante ese verano, el taller suizo Saint Dimas se encargó de restaurar el cuadro para reponer su colorido original y se instaló en la sala un nuevo sistema de iluminación para darle todo el brillo que merece. Desde ese momento, Pigmalión es visible nuevamente al público en el Centro William Rappard.

En este edificio histórico trabajé durante 20 años como editor. Además de varias publicaciones sobre su arquitectura y las obras de arte, junto a mis colegas, organizamos muchas veces grupos de visitas guiadas para aquellos que estaban interesados en conocer el antiguo edificio de la OIT. Muchos visitantes participan en multitudinarios eventos, como los días de puertas abiertas realizados desde el año 2009. Otros son miembros de grupos de estudiantes, profesionales, funcionarios de gobiernos y expertos de muchos países de paso por Ginebra. Entrar en la “Sala Y” con estos grupos ha sido siempre una experiencia interesante. Un silencio pesado desciende sobre  la sala. Miradas incómodas se intercambian entre las personas. Alguien exclama tímidamente: “increíble”, “asombroso”. Pero la mayoría permanece observando el cuadro de Chicharro en silencio.

Casi un siglo después de su creación, Pigmalión sigue desafiando nuestros valores éticos y estéticos. Nos puede gustar o no el vívido claroscuro con sus detalles de color, la extraña desnudez de Galatea, la humilde sumisión del (o de la) artista, la mutilada figura masculina de la escultura y, más aún, la idea tan antigua y tan actual de que un ser humano pueda ser creado para satisfacer el placer espiritual o material de otro. Pero no podemos quedar indiferentes. En sintonía con la zarazitelnost de León Tolstoy, nos “infectamos” de diversas maneras y en diferentes grados con las emociones que vienen del lienzo.[14] Sea para admirarlo o criticarlo, o incluso para censurarlo y esconderlo, es un vínculo sensible entre nosotros y el artista, Eduardo Chicharro, que se renueva cada vez que estamos frente al Pigmalión.

Alguien, hace siglos, cortó mi cabeza, mis piernas, mis brazos, hasta mi sexo. Ahora solo soy un torso, nada más. Soy el llamado Torso del Belvedere. Mi creador Apolonio de Atenas, hijo de Néstor, reprodujo una escultura del segundo siglo antes de Cristo, que representaba a un coloso de los que ya no se ven. Y yo estoy atrapado en esta escena inútil de Pigmalión y Galatea, mirándolos eternamente desde un rincón con mi cuerpo sin ojos. No soy importante para ellos. Para nadie. Creo que Galatea me tiene miedo, pero soy solo una figura mutilada mirando a un artista que crea a una mujer. Viajé con ellos desde España a Suiza. En Ginebra nos recibieron muy bien, pero al cabo de unos años nos encerraron. Setenta años hemos pasado en la sombra helada. Nos encontraron luego y ahora estamos otra vez recreando esta escena para todos los que nos visitan. Algunos nos admiran y otros nos desprecian. Hay quien habla de pecado, de sexo, de la mujer como objeto. O dicen que no somos una obra de arte. ¿Tendrán miedo? Todos hablan. Tal vez en el futuro haya quien nos cubra nuevamente. O incluso nos destruyan. O nos envíen a un museo. No lo sé. Pero lo que es cierto es que nadie, mirándonos, queda indiferente. La historia se repite. El creador creado y su criatura creadora. Aún siendo un torso sin cabeza ni pies ni manos, tengo una deuda con el artista. La libertad del artista.

 

 

 

[1] En 1977 el edificio de la Rue de Lausanne, Ginebra, fue llamado así en honor del diplomático y catedrático suizo William Rappard (1883-1958), responsable en gran parte de la elección de esta ciudad como sede de la Sociedad de las Naciones y de la OIT.

[2] Paul Budry, L’édifice du Bureau International du Travail (1926).

[3] Robert Henri Graf, Le Bureau International du Travail : les œuvres d’art et les dons reçus par cette institution (1951). Manuscrito inédito (Archivo histórico de la OIT).

[4] Ars gratia artis (el arte por amor al arte), principio del arte desinteresado enunciado por Immanuel Kant en La crítica del juicio (1790).

[5] Ver María Dolores Barreda Pérez, “Medalla Eduardo Chicharro del Salón de Otoño” en Las medallas de la AEPE: Eduardo Chicharro, Asociación Española de Pintores y Escultores, 2021 (http://apintoresyescultores.es/las-medallas-de-la-aepe-eduardo-chicharro/).

[6] Hay varias versiones sobre el final de la historia. La mayoría menciona un final feliz con una familia formada por Pigmalión, Galatea y sus hijos. Pero en otra más curiosa, Galatea se da cuenta que ella no es la única esposa de Pigmalión, ya que el escultor ha creado un gran número de estatuas convertidas en bellas mujeres. En esta versión, Pigmalión muere bajo el cuchillo de Galatea.

[7] Agradezco esta información a la historiadora del arte Róisín Kennedy de University College Dublin.

[8] Otras obras de Chicharro, como El poema de Armida y Rinaldo (1904) y La tentación del Buda (1921) incluyen alusiones al homoerotismo femenino.

[9] Discurso de Eduardo Chicharro en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 14 de mayo de 1922 (Madrid, Mateu: 1922), p. 34.

[10] El Menorah de Batia Lishanksy es un regalo de 1919 de la Organización General de Trabajadores (“Histadrut”) de los judíos residentes en Palestina.

[11] “Lors d’une visite au rez-de-chausée de l’annexe Nord, le 21 septembre, le Directeur s’étonne que l’on ait placé le tableau espagnol du peintre Chicharo, à la salle de correspondance. Il désire le voir enlever et placer dans un endroit moins visible”. Memorando de M. Thudichum, 25 Septiembre de 1937 (Archivo Histórico de la OIT).

[12] “Cette dépose est un travail spécial, comportant des risques et ceux qui s’en chargent désirent s’en couvrir. Or, le tableau Chicharo a été peint sur un tissu devenu cassant et lors de la dépose un fragment gros comme la paume de la main a été arraché et a dû être refait. C’est dire que je doute que le tableau puisse être déposé et reposé, et il est à craindre qu’une nouvelle manipulation ne cause des dégradations importantes”. Carta de G. Epitaux, 4 de Octubre de 1937 (Archivo Histórico de la OIT).

[13] Epitaux, 4 de Octubre de 1937.

[14] León Tolstoy, “What is Art?”, traducción de Alymer Maude (1899), p. 2.

Firmas con sello de lujo: Tomás Paredes

Desde la luz

Cristino de Vera / Juan Carlos Lázaro

 

Aunque les voy a hablar de la luz, el rubro de estas líneas no es una imagen, una metáfora. Desde la luz es rubro de un librito que acaba de editar el pintor Juan Carlos Lázaro. Desconozco el número de ejemplares, pero entiendo que será corto, como edición del autor, no venal, y por su singularidad es algo que hay que airear y difundir: sería cicatero conocer esta ambueza de hurmiento y no compartirlo, sería espurio no cerner una nevada con estos copos luminiscentes. A igual que un cerezo en flor, ya el fruto formado, se sacude con delicadeza y deja caer una ventisca de flores, tiñendo la tierra de pétalos rosáceos y de perfume.

Juan Carlos Lázaro, ese susurro de cal y niebla -así habla, así se expresa-, es amigo y confidente de Cristino de Vera, un maestro que ha pintado la luz, que ha sabido hacer de la línea un reguero por donde fluye la inocencia. Cristino mojaba su pincel en Zurbarán para expresar la espiritualidad, la idoneidad para construir un arquetipo formal. Lázaro cava en la bruma y desnuda cometas nefelibatas.

Juan Carlos Lázaro y Cristino de Vera en CaixaForum, en 2018

 

Juan Carlos Lázaro ha tenido la idea, hasta ahora oculta, de guardar todos los textos de su comunicación con Cristino de Vera. Y, como actualidad obliga, aunque hay alguna dedicatoria en catálogos y libros, cartas, algún poema, son mensajes de texto, llamadas telefónicas, wasap, encuentros verbales, correos electrónicos, mensajes de contestador, audios que Lázaro ha ido conservando para ahora publicarlos, en un haz de intimidad, con el visto bueno de Cristino.

En realidad, el libro es de Cristino de Vera, porque salvo el prólogo, firmado por el canciller de Fregenal, los textos, a veces haikus, son del pintor canario ¡Qué maravilla hablar desde la luz, de la luz, envolverse en celajes de transparencia y decir lo que uno siente y piensa, sobre una obra o una acción, desconociendo que eso iba a perdurar en un libro, convirtiendo lo efímero en permanente, la casual en eviterno!

Hace ya algunos años, en un recital, el poeta Jaime Labastida, que fue director de la Academia Mexicana de la Lengua, hizo una breve introducción antes de leer sus versos y apuntó algo que no he olvidado: “en realidad, desde que las computadoras tomaron carta de naturaleza, todos escribimos con luz”. Demasiadas veces lo más sencillo es lo más hermoso, y no deja de serlo esa apreciación, pronunciada con dulce acento mexicano, de que ahora todos escribimos con luz que se torna negra sobre el blanco.

Sobre estas líneas, «Luz y tres tazas», 2010. Óleo s/lienzo, 38 x 46 de Cristino de Vera . Debajo, «243», 2012. Óleo sobre lienzo, 38 x 55 de Juan Carlos Lázaro

El tomito, como llamaba Juan Elúa a sus catálogos históricos -Galería Arteta de Bilbao y Madrid-, consta de 110 páginas, con algunas fotografías en blanco y negro de los autores, y se lee casi de una sentada, aunque no, porque muchos textos, a pesar de su brevedad, te obligan a releer, a volver, a meditar; como se lee un poema, levantando la vista, amusgándola, para fijar la atención en ese claror en el que te ubica el verso, el aforismo o la sentencia..

El lapso de tiempo que contempla esta confesión va desde 2007 a 2020. Se inicia con una carta manuscrita, 23 de junio de 2007, que Cristino deja, en la galería Gurriarán, para Juan Carlos, que a la sazón exponía en ese acogedor espacio. Y se clausura con un wasap de 25 de octubre de 2020, con alusión a su estado físico que se va deteriorando. El dolor y la alegría, la luz y la oscuridad, el silencio y la música, el color y el calor, el langor y el elán se ocultan en estas líneas como el aroma sublime en la piel de un humilde cítrico.

Cristino de Vera habla adunia de la luz de Dios, del alma limpia, de que “la luz alumbra la oscuridad del hombre”; del silencio, la bondad, la belleza, la limpidez, la transparencia, el corazón. Y es que como siente Philippe Jaccottet: “la luz ya no es hoy sino un lecho de plumas/ para el reposo del corazón”.

Sobre estas líneas, «Cráneo y espejo», 1998. Óleo/lienzo, 73 x 50 de Cristino de Vera. Debajo, «Pintura 26», 2015. Óleo / lienzo, 34 x 55, de Lázaro

Hay tantos amaneceres en esos mensajes traslúcidos, que la obra de Lázaro le provoca, que arman un vocerío, que no logra opacar el silencio, “silencio que suena a alma grande”; música de Bach, de Händel, de Satie…”Es una bonita idea que dos artistas se comuniquen con el corazón en la mano”. Con las palmas abiertas inaugurando el esplendor, bendiciendo la inocencia con el rescoldo níveo del alba, con el azafrán de la espuma que reverbera en la claridad.

Páginas cuajadas de alma, paz, pureza, luz de Dios: “Yo no he llegado a la claridad, no se llega nunca. Se llega cuando uno se muere y Dios te recibe”. Porque como sabia Claudio Rodríguez:

                                          Siempre la claridad viene del cielo;

                                          es un don: no se halla entre las cosas

                                         sino muy por encima, y las ocupa….

Luz, más luz pedía Goethe, el pie ya en el estribo. Abunda la luz en esas obras y esas palabras, pero, más el silencio, la soledad, el misterio, la emoción, la esencia. Lucian Blaga que escribió Los poemas de la luz, dijo en Piedras para mi tiempo: “Es verdad que las sombras se parecen a la oscuridad, pero son hijas de la luz”. De la luz nace el camino, la luz llueve fina sobre el aire inundando la naturaleza de claror. De la luz surge la vida, de la luz vive la inteligencia, la luz esa escultura de la razón.

Sobre estas líneas, «Tres tazas de luz», 2007. Óleo/lienzo, 99 x 81 de Cristino de Vera. Debajo, «Pintura 66», 2017. Óleo/lienzo, 27 x 41, de Lázaro

 

Cristino insiste una y otra vez, en la autenticidad, en la originalidad, en la particularidad: sé tú, no te desvíes, ¡sapere aude! Y Lázaro se entrega al rito de la perennidad y renace en cada cuadro, emergiendo de las tonoeblas como un rayo de sol blanco como la nieve, que se enciende de fervor por la eficiencia, un clamor de esencialidad, de latencia, de presencia apenas. Las formas, invisibles, están ahí, vigilando la canción del tiempo y su melodía celeste, orientando sus pasos, esperando la meguez que las consolide.

Cristino de Vera, Santa Cruz de Tenerife 1931, maestro del pincel y místico, asceta cromático y sobrio en el misterio, pintor de la luz y sus huellas. Cabe Juan Carlos Lázaro, Fregenal de La Sierra 1962, augur de silencios y músicas de sal, notario del encuentro de la magia, de la insinuación del acaso. Dos generaciones mediante, ambos buscando denodadamente el espíritu de la luz, la pulcritud, el relámpago de la dimensión, que cada uno expresa como una plegaria de amor.

Dos pintores que se miran DESDE LA LUZ: Cristino, juanramoniano, zurbaranesco; canto gregoriano, que urge que la noche se pueble de luminosidad, entrando en la senda de Bach. Lázaro, litúrgico y lene, como la melodía de un violín al que acaricia Mendelssohn; mistérico de las formas que se ahorman con la estirpe de la transparencia, caudal de asombro y coral de sombras.

 

Sobre estas líneas, «Dos cestas con florecillas», 1998. Óleo/lienzo, 92 x 65 de Cristino de Vera y debajo, los dos artistas en 2017

 

No es un libro más, es un libro que tiene más en su apariencia leve; un libro con el que el maestro bendice la obra del iniciado y aplaude la llegada del provenir. No se trata de maestro y alumno, de río y afluente, no. Son obras muy distintas, que coinciden en la luz de Dios, que es lúcida, múltiple, profunda, suave, acorde y cambiadiza en su diáfano apogeo. Cristino, como Horacio, construye un monumento para Lázaro. Y Lázaro lo observa, desconcertado, unánime, como quien oye un vagido originario y tiembla de emoción y desasosiego, porque lo escruta desde fuera, pero él está dentro, como un juego milagrero de chamanes.

                                                                                                                  Tomás Paredes

             Presidente de Honor de la Asociación Española de Críticos de Arte/AICA Spain

Las Medallas de la AEPE: Miguel Blay y Fábregas

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de su creador y en qué galardones se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

 

Medalla Miguel Blay y Fábregas

del Salón de Otoño

 

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales.

Con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, para el Salón de Otoño se sustituyeron los premios de primera, segunda y tercera medalla, reservados únicamente a los socios, otorgándoles el nombre de los grandes maestros fundadores de la centenaria institución.

Fue en el 84 Salón de Otoño de 2017 cuando se establecieron los premios: Medalla de Pintura Joaquin Sorolla y Bastida, Medalla de Escultura Mariano Benlliure y Gil, Medalla de Pintura Cecilio Pla y Gallardo, Medalla de Escultura Miguel Blay y Fabregas, Medalla de Pintura Marcelina Poncela de Jardiel y Medalla de Escultura Carmen Alcoverro y Lopez.

Miguel Blay y Fábregas

BLAY Y FABREGAS, Miguel        E    1910(F)      4.set.1866      OLOT (Ge)    MADRID   22.ene.1936

Socio Fundador de la AEPE

Presidente de la AEPE

Director de la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid

Director de la Academia de Bellas Artes de España en Roma


Miguel Blay retratado por Joaquín Sorolla

 

Fue uno de los escultores más importantes del panorama artístico español de fines del siglo XIX y comienzos del XX. En su obra están presentes la diversas corrientes de la escultura de su época de las que Blay participó: el realismo, el modernismo y el simbolismo.

Miguel Blay Fábregas nació el 8 de octubre de 1866 en Olot, Gerona, de familia modesta; su padre fue albañil y su madre costurera. Aunque no poseían estudios, y a pesar del sacrificio económico que les supuso, siempre respetaron y apoyaron las inquietudes artísticas de su hijo.

Desde muy joven observaron en él actitudes artísticas y talento, por lo que con 14 años, permitieron que fuera a las clases que impartía el pintor José Berga y Boix, en la Escuela Pública de Dibujo de Olot.

Además, Blay entró como aprendiz en el taller de imaginería religiosa El Arte Cristiano que dirigía su maestro, junto a los hermanos Joaquín y Marian Vayreda y que estaba dedicado a la construcción, decoración y venta de esculturas religiosas, siguiendo las pautas francesas del denominado “Art de Saint Sulpice”.

Miguel Blay en una fotografía de 1908

 

Allí trabajó de imaginero hasta los veintiún años, haciendo también otras labores como botones y como modelo en el Centro Artístico.

El apoyo a la vocación artística que siempre tuvieron sus padres y la oportunidad de estudiar rodeado de artistas y trabajar en el taller, fueron determinantes en la vida del artista, que en 1887 encontró el apoyo de sus maestros, que le proponen como candidato a una beca de ampliación de estudios artísticos que finalmente consigue para pasar tres años en París.

Allí asiste a la Académie Julian, donde siguió las clases con el escultor Henri-Michel-Antoine Chapu, conocido sobre todo por su faceta medallística, y tras un intenso trabajo, ingresó en la Real Escuela Especial de Bellas Artes, dirigida por el escultor Paul Dubois.

Miguel Blay en una fotografía de 1915

 

Prorrogada un año más la beca de estudios, un año después decidió trasladarse a Roma para continuar su formación, compartiendo taller con el pintor argentino Carlos Baca-Flor. Desde Roma, envió la obra Los primeros fríos, con la que obtuvo el Primer Premio de la Exposición Internacional de Bellas Artes de 1892 de Madrid y que le supuso el primer gran reconocimiento. El grupo, obra precoz realizada a los veintiséis años, se convertiría en una obra de referencia para el escultor.

Después de un paréntesis de unos meses en Olot con la familia, Blay regresó de nuevo a París, donde permaneció doce años más. Allí, en 1895 Miquel Blay contrajo matrimonio con Berthe Pichard, de cuya unión nacieron cinco hijos, Jaime, Jorge, Margarita y Berta lo hicieron en la capital francesa y el más pequeño, Miguel, más tarde, en Madrid, donde falleció con apenas 8 años.

Miguel Blay en una fotografía de 1916

 

Conforme crece la familia, Blay tiene muy presentes las preocupaciones económicas, ya que estaba muy comprometido con su familia y su oficio.

La segunda etapa parisina de Miquel Blay fue la más rica en realizaciones de libre creación y las que presentan un aire renovador de manera unificada. En estos años participa regularmente en todas las ediciones del Salón de la Société des Artistes Français, y acude también a las Exposiciones de Bellas Artes de Madrid y Barcelona, donde consiguió diversos premios y galardones como el Gran Premio de la Exposición Universal de 1900 o el nombramiento, al año siguiente, de Caballero de Honor de la Legión Francesa.

Las esculturas de Miquel Blay de este período están claramente influenciadas por estéticas francesas, un rastro de las cuales permanecerá para siempre impreso en su obra, más o menos diluido y, que de alguna manera, determinará parte del carácter del escultor.

Las obras de estos años presentarán progresivamente y en paralelo ciertas características personales que asimismo se mantendrán en las obras futuras: robustez en la complexión de las figuras, serenidad y nobleza en la expresión y equilibrio y moderación tanto en el movimiento como en las influencias estilísticas.

En 1921, Miguel Blay en su estudio,  trabajando en el alto relieve destinado al monumento erigido a Alfonso XII, en el Retiro

 

En esta etapa aparece en Blay una tipología de personajes que se repetirá con frecuencia en composiciones posteriores. Por un lado, la figura femenina, desnuda o con un velo, que mantiene una estética simbolista y que el escultor utilizará como personificación de ideales o de aspectos inmateriales y, por otra parte, la figura masculina -a menudo de un rudo obrero- que servirá para representar aspectos reales o cualidades humanas y modelada con un tratamiento más realista que la figura anterior.

Junto a las obras de libre creación, Blay modela también durante estos años retratos y bustos, así como otros encargos que le proporcionaban los ambientes aristocráticos y burgueses de la capital francesa;  escultura funeraria, encargos de escultura monumental, especialidad en la que trabajará regularmente a partir de su regreso a España en 1906.

Instalado en Madrid, se dedicará sobre todo a la escultura pública y a la docencia y continuará presentando obras a las exposiciones de Bellas Artes.

En 1907 es nombrado Hijo Adoptivo de París.

 

El contacto con su Cataluña natal se mantiene desde su taller de la calle Lista donde Blay empieza en 1907 el relieve alegórico La Canción Popular para decorar la fachada del Palau de la Música Catalana que se estaba construyendo en Barcelona y que se colocaría en el edificio en 1909.

Los conceptos escultóricos que regirán las obras monumentales de Miquel Blay aparecerán teorizados en el discurso de entrada de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando titulado El monumento público que el escultor pronunció el 22 de mayo de 1910. Días después de su entrada en la Academia, Miquel Blay era nombrado profesor con carácter interino de la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid, función en la que realizó una buena labor pedagógica elevando el nivel de las enseñanzas. Posteriormente fue profesor numerario y desde 1918 hasta 1926 ejerció como director de la misma.

Retrato de Miguel Blay

 

La tipología monumental más utilizada por Blay será la de la columna, estructurando a su alrededor distintos núcleos escultóricos. Al repertorio de personajes descritos en la etapa anterior se añaden ahora figuras de niños y adolescentes, generalmente desnudos, con atrevidas y espontáneas posturas que aportarán calidez y viveza a las composiciones monumentales. Junto con la escultura monumental y, a veces, como complemento de ésta, cultivará también el relieve. De esta técnica cabe citar la calidad de sus realizaciones, siempre reflejo de la especial delicadeza y sensibilidad del escultor.

Entre los trabajos de escultura pública realizados estos años por Blay en Madrid cabe citar el relieve La Purificación para el Monumento de Alfonso XII del Parque del Retiro, el Monumento al doctor Alejandro San Martín, el Monumento a doctor Ramón de Mesonero Romanos, el Monumento al doctor Cortezo, el Monumento al Conde de Romanones de Guadalajara, el magnífico Cristo de la Paz de la iglesia del Sagrado Corazón de los Jesuitas de Gijón y el Monumento a Pi i Margall de Barcelona.

También en América Latina se abrió paso el escultor, realizando entre otros en Argentina, el proyecto del Monumento a la Independencia de la República Argentina, el Monumento al doctor Ramón Santamarina de El Tandil, el Monumento a Mariano Moreno de Buenos Aires, el Relieve del Club Español de Buenos Aires, el Monumento a San Francisco Solano de Santiago del Estero, el Monumento a los Fundadores de la Facultad de Medicina de Buenos Aires,  el Relieve en memoria de Juan Ponce de León de Puerto Rico, y otros en Montevideo como el Panteón Silvestre Ochoa del Buceo, el Monumento a José Pedro Varela y en colaboración con Mariano Benlliure, el Monumento a Vasco Núñez de Balboa de Panamá.

Una fotografía  y el busto de Miguelito, el hijo que murió cuando contaba con 8 años

 

Una larga lista de nombramientos y distinciones se añadirán al currículum del escultor durante estos años en Madrid; Vicepresidente de la Asociación de Pintores y Escultores de Madrid, Vocal del Patronato del Museo Nacional de Arte Moderno, miembro del Consejo de Instrucción Pública, Presidente de la Junta Consultiva para el Fomento de las Relaciones Artísticas con América, Oficial de la Legión de Honor, Comendador de la Legión de Honor, miembro correspondiente de la Academia Provincial de Bellas Artes de BarcelonA, de la Academia de Bellas Artes y Ciencias de Toledo, de la Academia de Bellas Artes del Instituto Francés y Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso XII.

En 1925 fue nombrado por la Corporación de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Director de la Academia Española de Bellas Artes de Roma en sustitución de Eduardo Chicharro, cargo que ocupó hasta 1932, regresando luego de nuevo a Madrid, donde falleció en 1936.

Miguel Blay retratado por Ramón Casas

 

«Solidez y belleza. He aquí, en dos vocablos, expresado todo el ideal que encierra el programa que ha de cumplir un escultor». Así lo aseguró Miguel Blay y Fábrega en su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1910.

Fotografía del maestro trabajando en su estudio

 

Blay modeló en Roma para Cataluña los grupos escultóricos de la fuente monumental de la Plaza de España de Barcelona, que había de ser inaugurada para la Exposición Universal de 1929 y el Panteón Nebot-Moreno de Lérida. De entre las realizaciones de estos últimos años están los grupos escultóricos del Palacio de Justicia de Madrid, la escultura Cuba del Monumento A Cuba del Parque del Retiro, realizado en colaboración con Mariano Benlliure, Francisco Asorey y Juan Cristóbal y el grupo de la fachada del Banco Vitalicio de Madrid.

Miguel Blay en 1936

Retrato del escultor obra de Carlos Baca-Flor

 

A la lista de distinciones personales se añadirán ahora los títulos de Socio de Honor de la Insigne Artística Congregazione dei Virtuosi al Pantheon in Roma, miembro correspondiente de la Hispanic Society of America, académico correspondiente de la Reale Insigne Accademia di San Luca de Roma y Presidente del Centro Catalán de Madrid.

El 16 de enero de 1936, cuando contaba con sesenta y nueve años, el artista sufrió un derrame cerebral y desde aquel día, guardó cama hasta que una semana después, un ataque acabó con su vida mientras estaba rodeado de todos los suyos, en su residencia de  Madrid, situada en la finca La Masía, en la carretera de Maudes (Chamartín).

Antes de la hora prevista para el traslado de sus restos, se congregaron en el patio central y las habitaciones de la casa, infinidad de significadas personalidades, especialmente artistas, que querían manifestar con cariñosa expresión todo el sentimiento que invadía al Arte español por la pérdida de tan singular valor artístico.

 

Esteve Botey, Mezquita, Estévez Ortega, Ortells, Sorolla, Stuyck, Benedito, Gonzalo Bilbao, Garnelo, Benlliure, Capuz, Moreno Carbonero, Marceliano Santa María, Vázquez Diaz, Higueras, Bañul …

La capilla ardiente estaba instalada en el salón-despacho, adornado con piezas escultóricas del artista. El cadáver, amortajado con un simple sudario, conservaba una dulce serenidad, descansando en un modestísimo ataúd, por su expresa voluntad. A la cabecera, un Crucifijo de talla, sublime, inspiración del escultor, rodeado el lecho mortuorio de multitud de coronas y ramos de flores.

La comitiva se organizó, presidiendo el duelo los hijos del artista, Jorge y Jaime, junto al Conde de Romanones, José Francés y por la Asociación de Pintores y Escultores los señores Moisés y Estévez Ortega…

Era un día lluvioso y triste aquel en que sus amigos y discípulos acompañaron sus restos hasta el cementerio de San Lorenzo y San José, donde descansan sus restos. En medio de una honda impresión, los hijos arrojaron las primeras paletadas de tierra y los discípulos cubrieron de flores la tumba, elevando todos una plegaria por su alma.

Finalizado el acto, Mariano Benlliure realizó unas declaraciones en las que aseguró que “Estoy muy apenado, muy emocionado. Miguel y yo éramos más que amigos y compañeros: éramos hermanos. Habíamos vivido juntos nuestra bohemia en Italia y en Francia. Cuando lo vi esta mañana, por última vez, en su lecho de muerte, no pude detener las lágrimas. Yo, su amigo, su compañero, su hermano, era el más fervoroso admirador de su arte… Desaparece con Blay una gran figura del arte contemporáneo español”.

Juan Adsuara por su parte, asentía “Don Miguel fue mi primer maestro, y luego mi compañero de Claustro en la Escuela de Pintura y Escultura. Yo lo quería y lo admiraba mucho. Blay, en su época, fué un innovador, muy constructivo, dentro del sentido impresionista de la escultura. A él se deben las modalidades de la escultura francesa, de puro sentido clásico, trasplantadas a nuestra escultura”.

José Blanco Coris expresaba que era “Otro gladiador del clasicismo que sucumbe, dejando una estela perdurable en la Historia de la escultura española al perpetuar en el mármol y el bronce con el cincel mágico de sus manos las figuras de Federico Rubio, Mesonero Romanos, Pi y Margall, Muñoz Degrain y tantos otros hombres ilustres que, como Miguel Blay, honran la patria, las chanclas y las bellas artes”.

Jacinto Higueras  exponía que “Miguel Blay ora un gran escultor. Su arte, que le hizo ocupar uno de los primeros puestos, tenía la huella- de la influencia francesa de aquella época, que ya pasó. Yo lo admiraba, sinceramente, por varias razones, entre ellas porque sabía interpretar como nadie fielmente, con gran justeza, el original que tenía delante”…

Su muerte fue sentida puesto que dejaba una extensa obra realizada y otra a medio concluir, que podía verse por sus amplios estudios en barro, en yeso, en mármol… en la Gaceta de Bellas Artes de febrero de 1936, su director y periodista Estevez Ortega dedicó un artículo sentido en el que destacaba los “tres amores de Blay: Cataluña, Francia y la Religión… en su arte, la influencia francesa fue poco a poco desapareciendo hasta conseguir su robusta personalidad… la muerte misma le sorprendió trabajando en su taller. Con el entusiasmo, capacidad y talento bien probados, no desmentidos nunca… Contó con la gloria popular, la devoción de la crítica y la gloria oficial, como se ha visto ahora con el triste caso de su muerte, acompañando a sus restos mortales hasta la postrer jornada una inmensa multitud de todas clases sociales, políticos y escritores, artistas, gente sencilla del pueblo, que arrostraron las inclemencias de una mañana gris de lluvia violenta y acompañaron el cadáver hasta el cementerio, queriendo así expresar el dolor por la pérdida del gran escultor que en vida no había hecho más que granjearse amistades y admiración por todas partes. Descanse el gran catalán y artista en paz. Bien ganado el reposo tras una actividad ejemplar. Su obra merece el eterno comentario y perdurabilidad. A ella volveremos otro día, más sereno el ánimo, contristado por la muerte del amigo queridísimo”.

Gil Fillol elogiaba también al escultor en el diario Ahora, resumiendo su trayectoria artística y destacando que “…Al lamentar la desaparición de un valor representativo debemos llorar también la muerte de un gran artista que, además de obras eminentes, deja ejemplos, lecciones y enseñanzas para los escultores actuales”.

«Los primeros fríos»

 

Hombre leal y bondadoso, deja en cuantos le conocieron vivo recuerdo de simpatía. Blay era hombre sencillo, bueno, austero. Fue estimado por todos.

Dibujante apretadísimo, hombre que modela extraordinariamente, no era un genio al uso. Se encaraba con la forma humana sin miedo y sin picardía. Analizaba, estudiaba, maceraba el barro entre las manos, ansiosas de fijar la estructura del modelo.

«Margheritina»

 

Tenía un conocimiento sólido, profundo, de la anatomía, un grandísimo amor a la forma, que usaba con monumentalidad por un lado, y patetismo por otro, basados en la costumbre segura de dibujar.

Sus desnudos son sublimes, soberbios, de fuerte modelado, concienzudos. Buscan y persiguen la belleza, que logra presentar sin necesidad de mayores adornos que los propios del cuerpo humano.

«Mujer y flores»

«Sensitiva»

Miguel Blay y la AEPE

     Como venimos viendo a través de las distintas biografías de los socios fundadores, la Asociación de Pintores y Escultores Españoles nació por iniciativa personal de Eduardo Chicharro.

     Para redactar el Manifiesto Fundacional, contó con la ayuda incondicional del escultor Miguel Blay y del pintor Cecilio Pla, siendo los tres quienes redactaron los primeros Estatutos a los que también ayudó Manuel Villegas.

     Esa primera Junta Organizadora se organizó teniendo como Presidente a Eduardo Chicharro, como Vicepresidente a Miguel Blay y a Cecilio Pla, como Contador.

     Como hemos visto en otras biografías anteriores, el Acta Fundacional la firmaban además de los tres impulsores (Chicharro, Blay y Pla), más de 180 nombres de los más aclamados y reconocidos artistas de principios de siglo.

     Desde aquella Junta Constituyente celebrada el 24 de abril de 1910, permaneció en el cargo hasta abril de 1914, en que fue nombrado Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, y pese a su negativa, desempeñó el cargo hasta el mes de noviembre, en que fue elegido Presidente José María López Mezquita.

     Pese a su estrecha vinculación con la AEPE, era mucho el trabajo que soportaba en otras instituciones y en su propio taller, por lo que nunca estuvo al margen de las actividades societarias, a las que apoyó en todo momento, ni lejos de sus amigos fundadores, con los que mantenía una fuerte relación de amistad y compañerismo.

     De esta manera, no participó en los Salones de Otoño, aunque sí donó obra para el festival que organizó la entidad mientras vivía en Madrid, primero en la calle Pinar, Nº 10 y más tarde en Maudes, Nº 2.

«Piedita Iturbide niña»

«Al ideal»

«Alegoría de la justicia»

«Eclosión»

 

Dos imágenes del Monumento a Pi y Margall

 

Detalle del Monumento a Alfonso XII


Lápida conmemorativa a Cervantes

 

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