Obras, artistas, socios, pequeñas historias…
Por Mª Dolores Barreda Pérez
Darío de Regoyos Valdés
REGOYOS VALDÉS REGOYOS Y VALDES, Darío de P 1910(N ) 1.nov.1857 RIBADESELLA LAS ARENAS 29.oct.1913
Autorretrato, 1895. Darío de Regoyos
Darío de Regoyos nació el 1 de noviembre de 1857 en Ribadesella, Asturias, en el seno de una familia de clase media.
Su padre, Darío de Regoyos y Molenillo, natural de Cabezón de Pisuerga, Valladolid, era ayudante de Obras Públicas en Asturias; en su desempeño, participó en el tendido de ferrocarriles. En Madrid se ocupó de la urbanización de los barrios madrileños de Argüelles (en el que se estableció con su familia) y Pozas. Además de su dedicación a la arquitectura ocupó algún cargo público y era diputado provincial de Madrid cuando falleció, en 1876.
Su madre, la gijonesa Benita Valdés Sieres, estaba relacionada con la burguesía de aquella villa asturiana.
Darío pasó su infancia en Asturias, donde se inició en el dibujo de la mano de su padre, gran aficionado a la pintura.
Después, la familia se trasladó a Madrid, donde estudió el bachillerato y mostró interés por la pintura y la música.
En 1876 se matriculó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la asignatura de Introducción al paisaje que impartía el socio de la AEPE, Carlos de Haes, introductor en España de las técnicas plenairistas.
Fotografías del artista en diferentes momentos de su vida
En el año 1879, viajó a Bruselas acompañando a Isaac Albéniz y Enrique Fernández Arbós, donde tomó contacto con la ‘modernidad artística’ y se convierte en discípulo de Joseph Quinaux.
Se une en 1882 al grupo de L’Essor (El Vuelo), creado en 1876 por un heterogéneo grupo de artistas, seguidores de diferentes estéticas, y cuyo objetivo común era una negación del neoclasicismo y el academicismo.
Sin embargo, Regoyos, por su preferencia inicial por los artistas del Realismo frente a los vanguardistas, se distanció de L’Essor dos años después, habiendo expuesto solo junto a ellos durante los años 1883 y 1884.
Promovido por el abogado y pintor Octave Maus y el mecenas y escritor Edmond Picard, nace en el año 1883 el grupo denominado Les XX, formado por veinte miembros (once fundadores y nueve invitados), que se hacían llamar veintistas, y estaba conformado por artistas como James Ensor, Theo van Rysselberghe o Fernand Khnopff.
Tres pinturas de Theo Van Rysselberghe en las que retrata a Darío de Regoyos tocando la guitarra
Su objetivo era promover una exposición anual, en las que cada artista presentaría seis obras, que al no existir jurado, niega o suprime la competición entre ellos. Todo esto sería, finalmente, acogido por un catálogo, así como un simultáneo ciclo de conferencias y conciertos. Entre los invitados a estas exposiciones figurarán nombres inscritos en lo más alto del desarrollo impresionista, como Paul Gauguin, Camille Pissarro o Toulouse-Lautrec.
Ese mismo año, Darío de Regoyos decide volver a pasar los meses del estío en Guipúzcoa, que con los años acabaría por convertirse en su residencia permanente, en la casa que poseía del camino de Ategorrieta, cerca de San Sebastián, donde recibió las visitas de Pío Baroja, Zuloaga, Durrio, Uranga… y otros artistas con los que promoverá exposiciones de carácter colectivo como las llevadas a Bélgica por la Asociación de Artistas Vascos.
Retrato de Darío de Regoyos, obra de Miguel de Unamuno
Retrato de Darío de Regoyos, obra de Vázquez Díaz
Darío de Regoyos, por Ramón Casas
En 1888, Darío de Regoyos le escribe una importante carta al poeta Émile Verhaeren, donde le invita a realizar juntos un viaje por España, del que nacería el libro La España Negra, que comenzó en Guipúzcoa y siguió por Guetaria, Zarauz, Rentería, Pamplona, Madrid, Ávila y Burgos.
No obstante, en primer lugar sólo se publicaron las observaciones de Émile Verhaeren, en la revista L’Art Moderne, bajo el nombre Impresions d’artiste. No es hasta su publicación en la revista Luz, fundada por el propio pintor, cuando recibirá el nombre de La España Negra, con la ampliación de esta con ilustraciones xilográficas y una serie de textos realizados por él mismo. Son, sobre todo, las aportaciones de Darío de Regoyos las que posicionan este libro como una obra crítica con la España del momento, y el que además, decide finalmente añadirle el calificativo de negra.
Las obras sobre esta España pueblerina y tradicional, se caracterizan por una búsqueda latente por la expresión, y unas ideas que le acercan a la que será la generación del 98. Una cercanía que no se basa, exclusivamente, en la idea trágica sobre España que plantean estos autores, sino la forma de vivir y ver el paisaje, donde predominan las ciudades crepusculares, la sensación de ruina, y de ser intercambiables entre ellas.
Derribos, Granada
Altos hornos, Bilbao
Otro artista que influyó en Regoyos fue El Greco, de quien copió obras en el Museo del Prado, donde se consigna su entrada como copista el 6 y el 23 de diciembre de 1884, pasión que transmitió a su amigo y también socio de la AEPE, Ignacio Zuloaga.
A partir de 1890 Regoyos, que sólo había participado en exposiciones realizadas en Bélgica y Holanda, comenzó a hacerlo también en París, en Madrid y en Barcelona. La acogida que tuvieron sus exposiciones en el Salón de los Independientes de París y en la galería Durand Ruel, fue buena. Sin embargo, en las Exposiciones de Bellas Artes de Madrid fue relegado a las peores salas y obtuvo críticas muy negativas, a pesar de lo cual participó en todas las celebradas entre 1890, año en que presentó cinco obras de tamaño mediano, y 1912.
Además de participar en el Salón anual de los XX, y quizá animado por el carácter internacional que en 1892 tenía la convocatoria de la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, presentó en ésta cuatro óleos, entre ellos su Noche de difuntos, el pastel Hijas de María y dos aguafuertes.
La crítica no fue favorable pero hubo excepciones, como la de Augusto Comas y Blanco, que en El Correo, señaló acerca de sus obras: “no son fantasías hijas de un cerebro perturbado, sino impresiones verdaderas transmitidas por procedimientos desusados”.
Almendros en flor
Aguacero en la Bahía de Santoña
Costa vasca por la mañana
Participó con su obra en el Salón de los Independientes, donde expuso también en 1894 y 1895, los comprendidos entre 1901 y 1906, en 1908 y 1911.
En 1894 participó en la Segunda Exposición General de Bellas Artes de Barcelona con cuatro cuadros.
En 1894 pintó Víctimas de la fiesta (Colección Cajastur), que envió a la exposición de la Libre Esthétique de 1895, año en el que concurrió con siete obras de La España negra al Salón de los Independientes de París. Esta serie anticipa los temas de desgarrado expresionismo de José Gutiérrez Solana que, como el mismo Picasso, apreció mucho a Regoyos. El artista visitó ambas exposiciones en Bruselas y París, donde le acompañaron sus amigos Camille Pissarro y Van Rysselberghe.
El 19 de octubre de 1895 se casó en Bilbao con Henriette de Montguyon, hija de los condes de Montguyon, franceses pero residentes en la capital vizcaína, con la que tuvo seis hijos.
Los problemas de salud de su mujer y los suyos propios, van a empezar a complicar la vida del pintor, que hasta el momento se mantenía en una situación acomodada, por lo que tuvo que multiplicar para poder financiar los cuidados que requería su familia, su participación en certámenes de pintura sin gran éxito.
A través de su amigo Pissarro, conocerá al marchante Paul Durand-Ruel, que comercializará progresivamente su obra, en la que prueba técnicas puntillistas, siendo el único español que llevará a cabo esta técnica en la que emplea mucho tiempo para su realización, y que finalmente abandona.
En 1897 se publicaron las quince litografías de El Álbum Vasco, en las que aparece bien marcada la visión de la España negra y que sólo tuvieron algún éxito en Barcelona. En esta ciudad, el artista fue asiduo de El Quatre Gats, el principal núcleo de la renovación artística catalana, donde realizó en 1898 una exposición individual.
Efectos de luz. Estación del norte de Bruselas
Fiesta vasca
La Concha. Nocturno
A partir de 1900 vuelve a sus rápidas pinceladas y a pintar en su mayoría al aire libre, durante un nuevo viaje por España en busca de diferentes paisajes. Esta serie de pinturas aumenta ligeramente su popularidad, consiguiendo a través de un impresionismo tardío, un equilibrio perfecto entre las tonalidades verdes, ocres, malvas y azules y en su composición.
En 1901 volvió a viajar con Verhaeren a través de La Rioja y de Castilla. Sus exposiciones se hicieron más frecuentes y, entre ellas, destacan individuales en Durand-Ruel en cada uno de los años de 1901 a 1905, fecha esta última en la que también expuso en la Sala Parés de Barcelona.
También continuaron sus viajes, aunque el conjunto más importante de sus obras lo pintó en el País Vasco. En ellas aparece un planteamiento opuesto a la pintura de ejecución fácil y colorido luminoso de Sorolla. Formó así un frente común con Zuloaga y los pintores afines al 98, y los principales escritores de esta generación escribieron en distintas ocasiones en favor suyo.
En 1904 obtuvo en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid una Mención de Honor, pero sufrió un duro ataque por parte de la crítica, no sólo por parte de Antonio Cánovas, Ismael Estevan y Rafael Doménech, que le eran hostiles, sino también de escritores luego más comprensivos con lo moderno, como Francisco Alcántara y José Francés, que años después le defenderían.
En 1908, año en que obtuvo una Medalla de Tercera Clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, expuso en el Salón Vilches de Madrid y participó en el Salón del Círculo con cuatro cuadros.
El baño en Rentería
Plaza de Burgos al atardecer
Noche de difuntos
El pino de Béjar
Tras dos estancias en Durango durante las cuales pinta diversas vistas de la villa y de localidades vecinas, en 1909 se traslada a Guecho y recibe los cuidados del médico Juan Antonio Gádiz, dado su cada vez peor estado de salud.
En 1910 realizó un viaje a Granada donde estuvo varios meses, pasando luego a Bilbao y, en busca de un clima más benigno, se trasladó a Barcelona, donde vivió entre septiembre de 1911 y mayo de 1912. Allí recibió el diagnóstico de su enfermedad: cáncer de lengua, que trató de curar viajando a Suiza y Alemania.
A su regreso a Barcelona, perdió la capacidad de hablar y celebró varias exposiciones individuales en Bilbao (1911), Barcelona (1912 y 1913) y Buenos Aires (1912).
Falleció en Barcelona, el 29 de octubre de 1913, tras haber continuado pintando hasta el final de sus días.
Pancorbo, el tren que pasa
El paso del tren
En Bélgica, en 1914 recibió el homenaje de una exposición a cargo de la asociación La Libre Esthétique, promovida por su director Octave Maus.
Considerado maestro de la luz y el color, en su pintura, se advierte un creciente simbolismo, en donde prácticamente todos los elementos responden a una idea mayor, en forma de metáfora.
Como pintor, es indudable que poseía una gran curiosidad, con la cual fue capaz de dejar de lado el naturalismo y adentrarse en el impresionismo, e incluso superarlo, con el puntillismo y pre-simbolismo. Llega así a ser más atrevido que pintores contemporáneos como Sorolla o Ignacio Zuloaga.
Su dibujo resulta un tanto primario, casi naif, en contraste con un colorido vivo de gusto internacional, que entonces era mayoritariamente denostado en España.
Existe una amplia muestra de su arte en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, el MNAC de Barcelona y el Museo Carmen Thyssen de Málaga.
La granja
Las redes
Plencia
Si se intentase dividir su pintura por etapas, habría que centrarse en el concepto, más que en el método, para encontrar diferencias. Como dos grandes categorías la pintura de Regoyos puede entenderse como en ocasiones íntima y en otras, crítica y expresiva. En la primera, la pintura estará supeditada a la consecución de un instante, de un recuerdo o de una impresión de la naturaleza. La paleta aquí, es clara, de colores suaves o a veces, artificiales. En la segunda se mantiene siempre crítico, con una visión desgarrada de la realidad y donde alcanza el expresionismo. Es en su etapa madura como pintor cuando se adentra en el plenairismo. Esta etapa pictórica podría resumirse fácilmente en las palabras del propio pintor en la revista francesa Mercure de France en 1905, cuando aseguró que “Si volviera a comenzar mi vida, volvería a utilizar una paleta clara, sin tierras, sin negros, y sólo haría paisaje, entregándome por completo a las impresiones que recibiera de la naturaleza”.
Por los muertos
Una calle de Córdoba
Sierra Nevada
Aunque el protagonismo es del paisaje, Regoyos introduce siempre figuras humanas que se integran perfectamente el paisaje.
Artistas españoles posteriores le tendrán como referencia, tanto por su rebeldía como por su obra, como Picasso, y escritores del 98, como Baroja, por su actitud, y su color en España, el negro.
Tiene calles en su honor en Oviedo, Ribadesella, Bilbao, Durango, Irún, Rentería, Azuqueca de Henares y Cabezón de Pisuerga.
Puerto de Bilbao
Mercado de Durango
Viernes Santo en Castilla
El puente del Arenal





































