El orgullo de pertenecer a esta casa común

José Gabriel Astudillo López

Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores

 

El otoño siempre ha sido para esta casa una época especial. La intensa actividad que desarrollamos nos acelera el pulso y nos hace vibrar y demostrarnos así, que seguimos más vivos que nunca, más fuertes y más motivados para seguir haciendo que el arte sea nuestra pasión.

Un lema que estáis viendo en nuestras convocatorias y que nos define, pero que también demostramos porque sentimos que cada actividad nos acerca más a nuestro ideal de proporcionar auténticas oportunidades en las que todos los artistas pueden dar a conocer su obra.

Las citas son emocionantes y culminarán con el 89 Salón de Otoño, todo un reto que nos acerca a la celebración del 90 Salón el año próximo, que ya preparamos también con tiempo para que sea un gran acontecimiento a nivel nacional.

Entre tanto, hay muchas y muy diversas actividades en las que todos tenéis cabida y que nos encanta compartir, como nos enorgullece ver que muchos de vosotros exhibís con orgullo vuestra pertenencia a nuestra institución en las muestras y exposiciones que lleváis a cabo, incluyendo nuestro logotipo en ellas y confiando en que son signo siempre de calidad y buen hacer.

Me sorprende a diario ver ese entusiasmo por vuestra parte, que agradezco en nombre de cuantos formamos esta casa común, y que nos sitúa en puestos de relevancia a nivel artístico y cultural. Un detalle que a todos nos beneficia y hace grandes, como grandes artistas sois y demostráis en cada convocatoria.

No hace falta recordaros que nos hagáis llegar toda la información de vuestra vida artística, para incluirla en esta Gaceta que con tanto acierto dirige nuestra Secretaria General, Mª Dolores Barreda Pérez, y que con tan buen criterio, ha ampliado la sección de socios, dando cabida a todos vuestros envíos.

Va a ser un gran otoño que precederá a un gran año de mucho arte.

Y como siempre os digo, cuento con vosotros.

 

Llevamos 112 haciendo arte

112 años de pasión por el arte

112 años haciendo cultura en España

Firmas con sello de lujo. Tomás Paredes

 

El dibujo: Pedro Martínez Sierra

 

El seis de octubre se inaugura en Ávila, Palacio Los Serrano, una retrospectiva del dibujo de Pedro Martínez Sierra, propuesta por la Fundación Ávila. Coinciden en ella dos hechos insólitos: una institución que apuesta por el dibujo y una obra fundamentada en el desarrollo de su esencia. En medio del naufragio cultural que vivimos, en el mundo del arte, resulta conmovedor encontrarse con este acontecimiento, por lo que felicito a la Fundación Ávila y a sus responsables por hacer posible la publicitación de esta obra excepcional.

 

Autorretrato en fotografía

 

Sin atisbo alguno de ironía o doble sentido. Defender el dibujo es fundamental, no sólo por lo que representa respecto de la configuración de la forma, sino porque se está abonando su desaparición. Encontrar hoy un arquitecto que dibuje o un pintor que lo haga, con prosapia, es empresa arriesgada y dificultosa, cuando no imposible. ¡Hasta catedráticos hay, en una Facultad de Bellas Artes, que estiman más importante saber coser que dibujar! Y no quiero decir más. Por ello y por la entidad plástica que ensalza es importante esta muestra.

El arte está ejecutado por el hombre y es para el hombre. Al margen de toda elucubración, algunas incluso atractivas, el arte se hace para impresionar al hombre, por distintas causas y variados cauces. En consecuencia, hablemos primero del artista, de quien se expresa a través del dibujo, en este caso; luego, de la obra.

Lo que más admiro en Martínez Sierra es su fundada rebeldía. Rebelde de carne y hueso, saboreando el triunfo y el fracaso, el dolor y la gloria, el arcano y el esfuerzo. Todo ser se ilumina en el halo de su misterio. Emotivo, mágico, lúdico, exergónico, cántico. Vuela con el carboncillo tatuando el papel de vida. Es chispa que enciende el fuego, resplandor de lo hondo, el azul del cielo en el fondo del pozo, perito en identificar una cartografía de las emociones.

Siempre tuvo una cabeza caravaggesca, o de efebo dórico, la sigue teniendo, ya de plata coronada. Aquí se muestra un autorretrato fotográfico, soberbio. Se creería que está peleado con el mundo, pero jamás dejó de asirse a la ternura. Trazo puro nervio, fuerza furia fiera, sus huellas dejan surcos y establecen un código de heridas y caricias, de cuerpos contorsionados, listos para saltar, pero contenidos en el fulgor de su viveza. Impulsivo, decisivo, resuelto, convulso, es el hombre camusiano penitente, fedatario, confidente del hermetismo. Brillante, arbitrario, augural, deslumbrante en sus zigzagueantes decisiones plásticas.

Diríase más alto de lo que es, ascensional, sarmentoso, impetuoso, pólvora que estalla en una ambueza de jazmines. Un punto seco, cortante, distante, adusto, como si tuviere necesidad de construir un escudo para proteger su intimidad, donde un rescoldo cenagoso aviva su mordacidad y su claridad entre las sombras; sus dudas y sus certezas. No dibuja lo que sueña, dibuja para soñar, para inaugurar esquejes a las sensaciones.

“La bicicleta”, 100×70 cm, dibujo a carbón y lápiz conté, 1981

 

Siempre a caballo del recuerdo y la esperanza, del escozor y la ansiedad, de la desazón y la intuición, de la luz y las tinieblas, del rito y del mito, de la aspereza y la meguez. Destino contradictorio para un corazón claro, transparente, lacerado, hambriento de darse al por mayor, pero condenado a gotear secretos expresionistas, a buscar a tientas la realidad. En la noche de su adolescencia se fragua la ambición de su madurez.

Aislado, huido, secluso, iba para galeno, pero su rebeldía nazarena acabó inventando formas al sufrimiento, al amor, a las contiendas que los hombres se empeñan en prolongar sin porqué. Administrador del espacio, hace que los cuerpos y las almas se retuerzan exornando imperiosos el carnaval del tiempo; cuerpos y almas que se purifican en el crisol de su idiolecto. Apabullante, sobrado, tímido, en guardia, en celo.

El gesto y la mirada le delatan, no puede fingir, es fieramente humano, duro e imbele a un tiempo, porque aquel que viene del dolor nunca deja de ser vulnerable, nunca dimite, aunque sueñe que es un minotauro, aunque sueñe, aunque tenga todo el derecho del mundo a aparentar una solidez, que termina siendo deleznable.

El trazo sagaz, limpio, impío o benevolente; la mano dúctil a los dictados del cerebro. El corazón es aquí un invitado que se altera o se sosiega sin variar el curso de la sensación. En la agresiva sintaxis de su expresividad, pasamos sin solución de continuidad del endecasílabo al verso de pie quebrado, de la caricia al filo de la navaja, del calor al frío, del sol a la nieve.

El dibujo como un grito, una danza con piruetas y desplantes, exprimiéndose, dándose, girando como un animal que quiere zafarse de la muerte. El dibujo como un manifiesto sin palabras, en cueros, en los huesos, descarnado, histriónico, hirsuto, irónico, agónico. El dibujo no como soporte, sino como juramento, como deseo inconfesable, obsceno y sensual como la lujuria. Lujuria sobria, ascética, provocadora, diáfana, pasional, tal una oración o una blasfemia.

“La contorsionista”, 24×33 cm, dibujo a carbón y lápiz conté, 1990

 

De inicio, el aprendizaje, la ambición de arrancar sus secretos al natural, obsesionado con ir más allá. Desde 1974, sin modelo, profundizando, metido de hoz y coz en descubrir el misterio, en colocarse en las fronteras del paraíso, arañando hasta descarnar para enseñarlo todo, enseñando a vivir en las fronteras

Taxidermistas, equilibristas, palafreneros, izas y rabizas, comblezas y amantes del precipicio. Hombres, mujeres, bestias, bajo el escrutinio del carboncillo, de la perspicacia, analizados sin consuelo ni traición. Escenas que podrían ser retóricas pero que acaban proponiéndose trágicas, anunciando el naturalismo de la poesía esquilea, del expresionismo limpio y duro.

Imágenes látigo, no complacientes, inquisidoras, de esas que meten los dedos en la llaga, sal en las heridas. Y todo ello con la mayor austeridad. Aquí la belleza está en la solercia de la ejecución, en la materialización del proceso, no en el icono; en la manera de destruir la forma para instituir la sensación, en el estilo que deja constancia de un estado de ánimo.

“El sueño del palafrenero”, 24×34 cm, dibujo a carbón, 2004

 

Hay sentimientos y sensaciones que no caben en la estrechez del currículo. Como su decisión de ser cuando lo tenía todo en contra; su pasión por decirse en el dibujo, por mostrarse tal cual y no como parecía. Su soledad en los momentos más festivos, su soledad siempre. La de ser el catedrático de Dibujo más joven de la Complutense. La dedicación de su vida a la docencia del dibujo, el recuerdo de algunos de sus alumnos de que era el único profesor que dibujaba in situ, en la clase, a cuerpo gentil con el carboncillo en la mano.

 Hay sucesos de la vida que no tienen su lugar en una fría relación de hechos. Su participación y dirección de tesis doctorales, su labor en tribunales y jurados, su pertenencia al Comité de ARCO, hasta que no pudo soportar el espectáculo, la confusión de arte y cultura. Son numerosos los textos y ensayos de su autoría, en volúmenes propios o en colaboración acerca del Dibujo. Sus clases, sus conferencias, los galardones recibidos.

“Macaco”, 97×67 cm, dibujo a carbón y lápiz conté, 1989

 

El espectador tiene el privilegio de poder contemplar, en Ávila y hasta el 19 de noviembre, una panorámica de la obra dibujística de Martínez Sierra. Bien es verdad que a zancadas porque las obras están fechadas entre 1974 y 2020, si bien algunas se muestran por vez primera. Pero, son más que suficientes para tomar conciencia de su mundo y conocer su radical expresionismo: su íntima mismidad, su íngrima sensibilidad, la virtud de su línea. No puedo silenciar que la fotografías de los originales se deben a Pedro de Agustín.

En una entrevista que le hice en El Punto de las Artes, 25.II.05, aseguraba: “Dibujar bien no es acertar, es resolver”. Acertar no es lo primordial, tiene connotaciones azarosas, casuales. Resolver alude a establecer un orden conjugando forma y espacio con el tiempo. La fidelidad del dibujo no está en lograr el parecido, sino en mostrar el profundo sentido de las cosas, como definía la poesía James Joyce.

Martínez Sierra no ha hecho más que diez muestras personales desde 1973 al presente. Eso no le ha impedido ser premiado, ni tener una dimensión y una presencia en el dibujo del último cuarto de siglo. Siempre se ha alejado del mercado. Las dinámicas burocráticas no van ni con este hombre ni con esta obra. Pinta al óleo, a la acuarela, a la aguada, pero cuando dibuja se vacía, se atreve a revolucionar: es un transgresor, un chamán de la figuración, un ángel del expresionismo.

Por encima de la admiración a Hans Baldung Grien, a Durero, Goya, Egon Schiele o Balthus, está la fuerza de su carácter, sus demonios interiores que guerrean con la memoria y con los símbolos, con la vida y con la muerte, con la tradición y su renovación. En el colofón de su catálogo de la exposición que hizo con Ángeles Penche, Madrid 2005, colocaba una cita de Friedrich Nietzsche, Más allá del bien y del mal: “Ten cuidado, cuando expulses a tus demonios, de no expulsar lo mejor que hay en ti”.

“Taxidermista con lince”, 48,05×48,05, dibujo a carbón, 2002

 

Todos vivimos con el peso de nuestra historia y sus avatares, que nadie conoce mejor que uno mismo.  Pedro une el desparpajo visionario de Rimbaud al carácter indeleble de Nietzsche, armoniza la gracia de una mano prodigiosa con los demonios interiores en un discurso genuino, expresivo, profundo, brillante y agónico. Tiene un yatagán de seda en las flores de sus manos.

El dibujo es arte, el arte es hijo de la sorpresa de los sentidos bien afinados, no es ocurrencia, ni milagro, sino conjunción de emociones y necesidades expresivas de las últimas habitaciones del palacio del hombre. El pensamiento ordena para responder, el dibujo conjuga para resolver. Una línea es capaz de retratar el mundo, un carácter, un prodigio, el juego de un mago. Con la austeridad de una línea identificadora no puede competir ni el deslumbre del color.

“Eros y Tanatos”, 24,5×34,5 cm, dibujo a carbón, 2020

 

Los poetas se expresan con palabras, lustrando con ambrosía sus sensaciones; el músico con sonidos; el cineasta con una sucesión calibrada de imágenes; el dibujante con líneas de luz, o bistres, que abren puertas al instinto, a la razón, a la sazón. Tenemos ante nosotros un muro infranqueable, pero queremos traspasarlo, ver la otra orilla, y ahí juega el arte un papel determinante, no por lo que nos muestra, sino por las herramientas que nos facilita para cumplir nuestros retos.

Quien practica el dibujo anhela la perfección, no formal, sino expresiva; la expresión idónea y definitiva. Y sabe que el fulgor no llega cuando uno quiere, sino, a nuestro pesar, cuando se conjugan el cerebro, la mano, la sensación y la sensibilidad y se conjuran para hacer danzar los sentidos con la armonía precisa de la inocencia. Y esos son los territorios que transitan estos dibujos de Martínez Sierra, esquivos, contorsionistas, dolientes, victoriosos o domeñados por sus virtudes originarias.

                                                                                                                   Tomás Paredes

                                   Presidente H. Asociación Española de Críticos de Art/AICA Spain

 

 

Recordando… Julio Antonio

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Julio Antonio

 

Continuando con la saga de artistas que estamos recogiendo a lo largo de estos meses, hoy recordamos a uno de nuestros más ilustres socios. Recuperamos así su memoria, para que no duerma en el olvido.

 

Julio Antonio

ANTONIO, Julio            E           1910(F053)                  ALMADEN            feb.1919

Socio Fundador Nº 53

Autorretrato

 

Julio Antonio Rodríguez Hernández nació el 6 de febrero de 1889, en Mora del Ebro, Tarragona. Fue bautizado con el nombre de Antonio y Julio.

Hijo de Aquilino Rodríguez García, natural de León y alférez de infantería, y de Lucía Hernández Costa, natural de Mora del Ebro, el matrimonio tuvo tres hijos: Julio Antonio, Josefa y Erenia.

La vida militar de su padre, que viajaba constantemente por el este de España, cambió cuando éste fue destinado a Cuba. Entonces la familia quedó bajo la protección de su tío, Ricardo Díaz Rodríguez, Responsable de Administración Civil o interventor de Hacienda y que llegó a ser Gobernador de Tarragona.

Julio Antonio con 3 años

Julio Antonio en 1900

La familia en 1895

 

La tutela que ejerció fue positiva y beneficiosa, ya que el tío y especialmente su madre, siempre apoyaron la dedicación al arte de Julio Antonio, cuya infancia y adolescencia fueron las normales, si bien tenía muy clara su vocación artística.

Sus primeros maestros fueron Luis Viñas Viñals, en Mora del Ebro, y el escultor Bernardo Verderol y Roig y la pintora María Pedrol en Tarragona, donde asistía a las clases del Ateneo Tarraconense para la Clase Obrera.

En 1898 volvió de Cuba su padre, que continuó en la reserva de Tarragona hasta que en 1904 se le concedió el retiro.

Julio Antonio se traslada a Barcelona, trabajando en el taller del imaginero Félix Ferrer.

En 1905 viaja a Murcia, donde realiza un bajorrelieve con la efigie de Juan de la Cierva, y su primer grupo escultórico, Flores Malsanas.

Autorretrato

 

Arrastrando ya problemas de salud, su familia se traslada primero a Valencia, donde Julio Antonio la visita siempre que puede, en constantes viajes a Barcelona y Mora del Ebro, y luego a Almadén, donde su tío trabaja como interventor de una empresa minera.

En Almadén descubre el ambiente minero, el trabajo de las minas, la miseria, cuerpos, torsos y tipos que influirán tan decisivamente en su arte, centrado en el ser humano como tal, con toda su carga de trabajo y de esfuerzo, pero libre y puro, no tocado por connotación de ninguna clase de mensaje social o político.

Allí volverá siempre que puede a inspirarse, dejando dibujos y sanguinas inolvidables sobre los niños y comenzará a idear los primeros bustos de la Raza como el Minero, con el que comenzará su producción más madura.

Con 18 años, Julio Antonio se traslada a Madrid, donde entra a trabajar en los talleres del escultor, fundador y Vicepresidente de la Asociación de Pintores y Escultores, Miguel Blay, del que aprenderá todo y al que según muchos opinan, superará.

Allí trabajará mucho modelando, dibujando y con muchas ansias en un ambiente que se tornó en amistad con el maestro.

Cuando Julio Antonio, pasado un tiempo, dejó de ir tan a menudo al taller de Miguel Blay, su madre, inquieta, se dirigió al maestro, pero éste le contesto: “Señora, vuestro hijo ya no tiene nada más que aprender de mí”.

En una carta a sus padres, Julio Antonio, define su actitud delante de los escultores de la época: “Cuando llegué a Madrid, lo hice adorando al dios Blay con todo el fanatismo de un ingenuo. Menospreciaba, sin saber qué hacía ni qué decía, la escultura de Benlliure, Querol y Marinas… Blay es el único al que respeto en lo que respecta al dominio de la materia, en lo referente a dar calidad, pero eso sí, como artista y escultor, os diré que lo considero un poco mejor que las otras calamidades, pero sólo un poco mejor”.

Distintas fotografías del artista

 

Establece su estudio en la calle Villanueva y acude asiduamente al Círculo de Bellas Artes, donde entabla amistad con otros artistas como Miguel Viladrich y Luis Bagaria.

Sociable y abierto, franco, bohemio, vitalista, emprendedor, generoso, guapo y gentil, con cierta cultura, él mismo escribía: “Soy amigo de casi toda la juventud intelectual: Oroz, Anselmo Miguel, Valle-inclán, Pío y Ricardo Baroja, Alcántara, Solana, Martínez Pérez, Villodas, Juan Francés, Ramírez Ángel, Eugenio Noel, Ramón Gómez de la Serna, Ramón Pérez de Ayala”… Algunos de sus amigos lo definían así:

Para Bernardino de Pantorba “Era un joven de buena estatura y aspecto saludable, por más que la muerte, que ya lo quería para ella… una voz opaca, porque su cara, de piel bronceada, denunciaba una salud campesina, como de hombre que trabajaba al aire libre y el cielo abierto. El torso era amplio, rotundo el pecho y ágiles movimientos. Su cabeza era romana, tenía facciones nobles, frente clara, perfil de medalla, con la nariz aguileña, la boca sutil y la barbilla prominente. Se vestía con ropa tirando a la manera típica de Quartier latin, pero con aire español: gran chambergo, entre Rubens y Cordobés; camisa de cuello amplio y flojo, corbata flotante, capa larga y voladiza y zapatos semi bajos con amplias cintas”.

Victorio Macho decía que “Su cara era bella, de color oliváceo, la boca grande y sensual, ambiciosa de vida, de nariz aguileña, y las manos fuertes, de creador. Tenía tipo de cortijero andaluz y el moreno de barro cocido, pañuelo rojo al cuello y sombrero amplio”.

Tenía el tipo de un romano”, recuerda Pío Baroja.

Todos hemos visto alguna vez a Julio Antonio, calzado con zuecos, torear el frío feroz de Madrid con una capa tronada”, escribía Julio Camba.

El artista trabajando en su estudio

 

En “La Esfera” del mismo día de su muerte, José Francés, quien fuera Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores, bajo el pseudónimo de Silvio Lago, recordaba aquellos primeros años: “hace poco más de doce años, Julio Antonio surge en Madrid. Tiene en la sangre y en la cara la sensualidad noble, el ansia pagana y conquistadora que, con un don ancestral de belleza, le otorgó su cuna tarraconense. También trae visiones moras de Córdoba, y en sus pupilas, además, la trágica resignación de la gente que baja cada día a agonizar un poco en las minas. Madrid lo absorbe momentáneamente, le inyecta literaturas, le da aventuras galantes y tertulias de café que desvirtúan si no se dejan a tiempo. Entonces Julio Antonio dibuja. Dibuja frenéticamente, tozudamente, ocho y diez horas diarias delante de la modelo, con una tenacidad aguda e inquisitiva del cuerpo humano… y, de pronto, acompañado de Miquel Viladrich, abandona Madrid y sus círculos y sus mujeres vampiresas para recorrer caminos reales o senderos apartados, pueblos escondidos en la sombra de los siglos o ciudades viejas erizadas de templos”.

De conversaciones de tertulia y de largas divagaciones de su propia imaginación, Julio Antonio iba perfilando ya la realización de una larga serie de bustos que recogerían el amplio espectro humano de toda la Península.

Entre la bohemia, tenía buena relación con cierto mundo de gitanos y de entonces datan numerosos retratos de pastel de gitanas y el bronce de María, la querida que fue del Pernales, retrato de una vieja, el rostro de la cual muestra una bella serenidad entre clásica y oriental.

Julio Antonio y Colombine. Archivo MAMT

 

El ambiente del taller lo recordaba así Gómez de la Serna: “por aquellos días una gitanería habladora y pintoresca invadía el estudio. Julio Antonio hacía el busto de una bella gitana, y dibujaba, con trazos más negros las viejas de la parentela, mientras Viladrich hacía nacer el cabello negro en sus retratos de gitana… Julio Antonio parecía un gitano entre gitanos”.

A final de 1908, Julio Antonio vuelve esporádicamente a Tarragona para hacer una exposición en el Salón de Lectura del Ateneo Tarraconense para la Clase Obrera. La exposición es sobre todo de dibujos, carbón y sanguina, siendo la única que hizo el escultor. De esculturas, solo había un busto de un niño y un relieve titulado Aprendiz de artista.

Julio Antonio diseñó este exlibris de Eugenio Noel

El artista en el taller tocando la guitarra

 

Julio Antonio nunca fue muy amigo de las exposiciones, como no lo era de halagar ningún tipo de público ni de preocuparse de hacer una obra para recibir elogios.

Esta exposición, que fue muy aplaudida por la crítica local, coincide con su primer viaje, en compañía de Viladrich, por tierras españolas. Vitoria, Burgos, Zaragoza, Pamplona, Ávila, en una de las varias veces que tenía que recorrer, a pie o en carro, las tierras castellanas, empujado por esta ansia que siempre tuvo de vivir e integrase con la gente de toda España, con su tierra, con sus paisajes y con los pueblos, y también con su arte.

En verano de 1909, y gracias a la ayuda del estudio de mil pesetas que le concedía la Diputación de Tarragona, Julio Antonio viaja tres meses a Italia, acompañado por su madre. Será el único viaje al extranjero.

Visita Roma, Nápoles y Florencia. Como tantos escultores de la época, los museos italianos le entusiasman, sobre todo Donatello y Miguel Ángel.

Autógrafo del artista

 

De vuelta, pasará por París, visitará el Louvre  y conocerá la obra de Rodin y Bourdelle.

A su regreso de Italia se encierra unos meses en Almadén y trabaja intensamente. Así salen, una detrás de otra, las primeras piezas que él mismo irá englobando dentro de la serie bustos de la Raza, la obra más original y valiosa de Julio Antonio. Pretendía llegar a crear una inmensa galería donde estuvieran representados personajes del pueblo, tipos, caracteres, y rasgos de todas las tierras peninsulares.

Los bustos de la Raza son rostros retratados de las mismas tierras donde habían nacido, como si el paisaje viviera en ellos y se convirtiera en carne y piel, en suprema fusión del hombre y su tierra. Los rasgos de estos bustos son muy diferentes los unos de los otros, pero todos tienen, como antecedente, el interés del autor por crear figuras no solo realistas, sino profundamente humanas, casi retratos psicológicos, es como querer plasmar el alma, el carácter, incluso, casi la ascendencia y el pasado presente en cada rasgo, cada arruga, cada gesto. Y todo eso tratado con una serenidad que es una mezcla extraña de nobleza mediterránea, clásica, con la naturalidad del pueblo más castizo.

La Raza: joven de la Mancha

La Raza: joven de Ávila de los Caballeros

La Raza: minera de Puertollano

Retrato de Julián Cañedo

María la gitana

Minero de Almadén

 

En Madrid acaba el retrato del poeta Lasso de la Vega, una de las piezas más finas de su serie de bustos. En Almadén hace el retrato de los niños Darío y Piedad, el de Rosa María y su autorretrato en relieve. También en esta ciudad acaba el esbozo de la figura en bronce del torero Lagartijo, inicialmente concebido como un monumento, del cual hace esbozos y dibujos, que debía levantarse en Córdoba, aunque este proyecto nunca se convirtió en realidad por falta de interés de la misma ciudad.

Julio Antonio trabajaba, y mucho. Margarita Nelken, que según parece estaba enamorada de él, escribe: “Pocos artistas se deben haber dado a tal fanatismo y tal integridad a su arte. El arte se lo comía, como un nuevo Moloch”.

Más adelante, el escultor llegará a disponer de tres estudios en Madrid: en la calle Villanueva, el de la Cuesta de las Descargas, otro al lado de casa de sus amigos los hermanos Julián y Castor Cañedo, y el más íntimo, el que comparte con sus amigos más fieles, Julián Lozano, el escultor Enrique Lorenzo Salazar, que acabó los principales monumentos que Julio Antonio dejó sin colocar, y el también escultor Santiago Costa, autor del monumento que le dedicó a su villa natal, Mora del Ebro.

Esa extraña fiebre de vivir y trabajar que lo domina, que le obliga a trabajar sin descanso, lo impulsa también a viajar: su obra está permanentemente ligada a constantes excursiones fuera de Madrid, por todas las tierras peninsulares, y de todo eso y de la variedad de emplazamientos de sus monumentos, nos hablan no pocos testimonios.

 

Monumento a Ruperto Chapí

 

Julio Antonio dejó acabados solo cinco monumentos.

De 1911 data su mejor monumento, el que según él mismo, podría quedar como muestra de la escultura que pretendió en sus ambiciones monumentales, el dedicado a los Héroes de Tarragona.

Pero antes, mientras tanto y después de éstos, el artista no paró de concebir, imaginar y hasta plasma y dibujar, construcciones monumentales.

En el Ayuntamiento de Tarragona se había convocado un concurso en memoria de los héroes muertos en el asedio y asalto de la ciudad por los franceses en 1811.

El esbozo presentado, una figura de 38 centímetros, representaba una mujer -personificación de la ciudad- con un héroe muerto en los brazos y otro héroe herido, en el suelo a su lado. Una vez adjudicado el concurso, Julio Antonio tuvo que empezar a trabajar. El escultor se dedicó plenamente y durante mucho tiempo. Primero hizo los bustos de los dos héroes en mármol, verdaderas obras maestras, y después, en bronce, el de Tarraco.

Monumento a los héroes de Tarragona

 

Según confesó su madre, Julio Antonio tuvo el primer vómito de sangre a causa de los disgustos originados por el monumento a Tarragona.

Acudió al Hospital General de Madrid para que le hicieran un primer diagnóstico, y fue allí donde conoció al Doctor Marañón. Cuando se presentó en la consulta, el ilustre médico no lo quiso recibir a causa del exceso de pacientes que tenía que visitar. Alguien le recomendó que le pasara un dibujo suyo a través de un enfermero. El Dr. Marañón salió enseguida a la puerta.

En 1915 lo trató el Doctor Barrachina, de Valencia.

El artista, resignado a sufrir una extraña afección, no abandonó la actividad artística ni la intensa vida social, sino todo lo contrario, se sumergió en sus últimos años, en un intento de agotar, exprimir al máximo cada momento de la poca vida que le habían concedido.

En 1915 el Círculo de Bellas Artes abrió su salón permanente de exposiciones de calle Príncipe con obras de F. Domingo, Muñoz Degrain, Ferrant, Martínez Cubells, Benedito, López Mezquita, Miguel Nieto, Santamaría, Pla, Morera, Nestor, Mariano Benlliure, Julio Antonio y Arnau.

 

Viladrich, Valenciano Nieto y Julio Antonio

 

Los monumentos construidos por Julio Antonio son los siguientes:

Monumento al teniente Braulio de la Portilla, muerto en combate en el Barranco del Lobo, en la Guerra de Marruecos (1909), inaugurado en el “Parque del Oeste” de Madrid el 14 de diciembre de 1913.

Monumento al arquitecto, ingeniero, y arabista Eduardo Saavedra y Moragas, constructor del ferrocarril de Torralba en Soria. Fue colocado en Tarragona en 1913.

Monumento al farmacéutico Camo, colocado en Huesca, hacia 1916. Monumento a Goya, en Fuendetodos, inaugurado el 8 de octubre de 1917, en una jornada memorable organizada por Ignacio Zuloaga, quien además pagó el monumento.

Monumento al compositor Ruperto Chapí, situado en el Parque del Buen Retiro de Madrid, en el que comenzó a trabajar en 1917, pero que no fue inaugurado hasta después de su muerte, en junio de 1921.

La concepción del Monumento a Wagner, encargado por la Asociación Wagneriana de Madrid en 1912, destinado a ser colocado en el Parque del Oeste, fue una realidad en la que Julio Antonio se entregó apasionadamente y en el cual trabajó meses y meses. Cuando ya estaba casi acabada, el mismo escultor demolió gran parte a golpes de martillo, y a día de hoy sólo se conserva la cabeza de yeso, que actualmente está guardada en los almacenes de la Diputación de Tarragona.

En 1914, en Ávila, donde intentó recuperar la salud Julio Antonio vuelve a trabajar intensamente en el ambicioso proyecto de los bustos de la Raza.

En Madrid, en su última etapa de vida hará los bustos de Castor y Julián Cañedo, buenos amigos en casa de los cuales tenía incluso habilitado un taller. Esos retratos son un auténtico ejemplo de modelado, y también el busto de su prima, la Condesita de la Gracia y el Recuerdo. Para el marido de la condesa, el marqués de la Rodriga, hizo una Fuente de Venus, para su casa de Oviedo, la cual parece que fue destruida durante la Guerra Civil.

También desarrolló trabajos como cartelista e ilustrador, pero no fue muy conocida, ilustró obras de amigos suyos, como Ramón Gómez de la Serna,  Eugenio Noel y Antonio Hoyos y Vinent.

En 1916 recibió el encargo de realizar un monumento -mausoleo a Alberto Lemonier. En este conjunto trabajó los últimos años de su vida.

El mármol del joven debió ser la última pieza en la cual trabajó el autor, que cada vez se encontraba más fatigado.

La Sociedad de Amigos del Arte de Madrid hizo, en enero de 1919, una curiosa exposición: una única pieza, el Mausoleo Lemonier, pomposamente presentado en una gran sala decorada con festones negros y sin otro objeto que distraiga la atención.

Los reyes visitan la exposición. En la foto, en la que aparece la reina Cristina al lado de Gregorio Marañón y el marqués de Montesa, se puede ver a un Julio Antonio febril, con una cara delgada y casi desencajada, acariciado ya por la muerte: son sus últimos días.

Los Reyes junto al escultor y su madre  visitando la exposición del Mausoleo Lemonier

Mausoleo Lemonier. Archivo Ruiz Vernaci

 

La prensa y el pueblo crean una leyenda entorno al artista que, cuando apenas cumplía los treinta, estaba a punto de morir, y de la pieza expuesta, la figura yaciente de la cual casi se podía creer que era el autorretrato del escultor agonizando. No hace falta nada más para garantizar un éxito popular apoteósico, quizás un poco macabro: las colas se alargan para visitar la exposición, en los bajos de la Biblioteca Nacional, llegan hasta Cibeles y hacen necesaria la regulación del tránsito y de los peatones.

El éxito es sorprendente, pero el escultor tiene que ser internado definitivamente. El Dr. Marañón lo ingresa en el Sanatorio Villa Luz, de su amigo el Dr. Antonio García Tapia. Julio Antonio ya no saldrá vivo de allí.

Se escribe: “El mausoleo de Julio Antonio”. El joven yaciente ya no es Alberto Lemonier: es Julio Antonio. Y la fiebre popular madrileña le da al trágico desenlace carácter de grandeza.

El 15 de febrero de 1919, a las siete de la tarde, Julio Antonio muere en los brazos de su madre, rodeado de amigos, los que siempre le ayudaron. En el comunicado de los médicos aseguran que la causa de la muerte es una meningitis tuberculosa. También le acompañan las hermanas, el Dr. Marañón, Pérez de Ayala, Moya del Pino, Enrique Lorenzo Salazar, Julián Lozano y Bagaria.

Fue enterrado al día siguiente en el cementerio de la Almudena en una sepultura propiedad del Doctor Marañón. Sólo para dar una idea de cómo impresionó a todo Madrid la muerte de Julio Antonio, recordamos que en la comitiva fúnebre figuraban, entre otros, Menéndez Pidal, Ignacio Zuloaga, José Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Gregorio Marañón, los hermanos Álvarez Quintero, Luis Araquistain, Julio Camba, José Bergamín, Bagaria, Goyanes, Tapia, Ramón Gómez de la Serna, Lázaro Galdiano, Madariaga, Azaña, Julio Romero de Torres y muchas otras personalidades más.

Su muerte se convirtió en un verdadero luto cultural del cual se hizo gran eco toda la prensa de la época. Se abrió una suscripción pro-monumento a Julio Antonio.

Julio Antonio en su lecho de muerte, por Juan de Echevarría

El dibujo que del artista muerto hizo Daniel Vázquez Díaz

El entierro del escultor

Tumba del escultor en el cementerio de La Almudena

 

En abril del mismo año, se organizó una magna exposición con los bustos de la Raza, en una sala del piso principal de Teatro Real, cuando fueron entregados al Rey por el Conde de Abasolo, quien  los había adquirido unos meses antes.

En 1921 se inauguró el busto dedicado a Julio Antonio, obra de Enrique Lorenzo. El busto se instaló en los jardines del Palacio de Bibliotecas y Museos Nacionales. Al acto asistió el rey, la reina, las infantas y la familia de Julio Antonio.

La familia depositando flores ante el busto del artista situado en los jardines de la Biblioteca Nacional

 

Pasadas algunas semanas de la muerte de Julio Antonio, poco a poco, el entusiasmo se fue transformando en olvido. El Mausoleo Lemonier quedó en la casa de la familia Lemonier, en la calle Goya, donde se podía visitar. Después de la guerra, en 1940, fue depositado en el Museo de Arte Moderno de Madrid, con la condición de ser expuesto, cosa que el nuevo gobierno no cumplió. En vista de que había estado abandonado en un almacén, la familia lo reclamó y se lo llevó al Museo de San Telmo en San Sebastián, hasta que finalmente, en los años sesenta, fue adquirido por la Diputación de Tarragona.

Los bustos de la Raza, que había sido regalados al Rey Alfonso XIII, fueron dados por el monarca al Museo de Arte Moderno de Madrid, el cual organizó una sala permanente dedicada a Julio Antonio que se inauguró en 1922 y exhibía además el Monumento a los héroes de Tarragona y los estudios preparatorios del mismo.

 

Exposición de los bustos de La Raza

 

Al cabo de unos años, esta sala fue desmontada para organizar una exposición sobre Zuloaga. Los dibujos, que había sido depositados por la madre del artista, volvieron a ser reclamados cuando se comprobó el desmantelamiento de la sala, y la presencia de Julio Antonio desapareció del museo madrileño.

La Diputación de Tarragona decidió en 1976 crear unas salas especialmente dedicadas a Julio Antonio.

En 1988 en la Bienal Iberoamericana de Arte de Ciudad de México se exhibió una obra del escultor, junto a otras de muchos de los socios de la AEPE.

Pasados diez años de su muerte su pueblo natal, Mora del Ebro, le colocó una lápida conmemorativa en la casa donde nació aquel hijo preclaro (cayó más adelante a causa de los bombardeos de la Guerra Civil), con un texto de Pérez de Ayala, perfecta descripción de lo que había sido la vida del gran artista:

EL DÍA VI DE FEBRERO DE MDCCCLXXXIX

NACIÓ EN ESTA CASA JULIO ANTONIO

ÚLTIMO DE LOS ESCULTORES CLÁSICOS

Y PRIMERO DE LOS MODERNOS

POSEYÓ PULCRITUD DEL ALMA Y DE ROSTRO

CUANTOS LE CONOCIERON LE AMARON

FUERON BREVES SUS DÍAS: ETERNO SU ARTE

VIVIÓ IGNORADO

MURIÓ GLORIOSO

SUS AMIGOS ESCRIBEN EN ESTOS MUROS

UNA FECHA QUE LAS FUTURAS GENERACIONES

HISPANAS QUERRÁN SABER.

En 2018 los restos del escultor fueron exhumados y trasladados a su pueblo natal en una de las acciones que con motivo del centenario de su muerte organizó la Diputación de Tarragona. En Madrid, había sido enterrado en una sepultura propiedad de la familia Marañón, donde también fue sepultada su madre, en una concesión que finalizaba en 2023.

Tumba del escultor en el cementerio de Mora del Ebro

 

Julio Antonio y la AEPE

Socio Fundador con el número

En el I Salón de Otoño de 1920, en la Sala VII del Círculo de Bellas Artes se expuso su obra:

768.- Desnudo de mujer, bronce

En 1970 se decidió que el Salón de Otoño fuera una bienal, y en el año que no hubiera, se realizara un homenaje exposición de artistas olvidados. De esa manera, se acordó rendir homenaje a Julio Antonio en una exposición que se celebraría en el Palacio de Cristal del Retiro con obras de Julio Antonio y del dibujante Francisco Sancha.

Así fue como la Asociación Española de Pintores y Escultores organizó una muestra que resultó muy gravosa y esforzada, puesto que el Comisario de Exposiciones del Ministerio, Luis González Robles, que era Director del Museo de Arte Contemporáneo, debía proporcionar las obras, siendo insuficientes las que reunió, lo que obligó a “acompañar” a las del escultor, con otras de Eduardo Chicharro, Solana, Benedito, Emir…

Tras muchas dificultades, la exposición-homenaje a Julio Antonio se inauguró en enero de 1971, sin catálogo de obras, puesto que no había un gran presupuesto, y de los carteles se encargó la Comisaría General de Exposiciones, perteneciente a la Dirección General del Ministerio de Educación y Ciencia.

 

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes de la AEPE: Francisco Pompey Salgueiro

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes

de la Asociación Española de Pintores y Escultores

 

La  Gaceta de Bellas Artes 1921 

Tras la dimisión de Cándido Medina Queralt como director de la Gaceta en marzo de 1921, la Junta Directiva del 22 de ese mes, designó a Francisco Pompey como Director-Delegado de la Gaceta, un nombramiento que conllevó un cambio en la publicación.

En el número 164, correspondiente al 15 de marzo de 1921, nuestra Gaceta, que hasta este momento se llamaba Gaceta de la Asociación de Pintores y Escultores pasó a llamarse Gaceta de Bellas Artes y se subtituló Órgano de la Asociación de Pintores y Escultores, comenzando con el editorial Vida nueva.

Decía expresamente ese número “que hasta aquí vino siendo una GACETA solamente para los artistas de la Asociación y seguía doce años lleva de vida la Asociación y durante ese tiempo, con una constancia que no se esperaban los artistas, ha ido trabajando, abriéndose camino hasta llegar a interesar a la opinión pública… como quiera que nos faltaba el ponernos en comunicación con el público amante de las Bellas Artes, se nos ocurrió el hacer de nuestra GACETA íntima una revista que sea el gentil heraldo de nuestros proyectos y de nuestros ideales artísticos… Nuestro proyecto es ir aumentando páginas, cambiar el papel de portada por el couché, ampliar el número de fotograbados, empezando por la publicación de una anteportada que lleve una reproducción de un grabado al aguafuerte…».

Nuevo proyecto, a partir del cual se retomaba un estilo de revista que recordaba, aunque actualizado, el que tuvo en el año 1913, cuando se llamó Por el arte.

Comenzó contando con la colaboración ocasional de figuras como Jacinto Benavente, Francisco Villaespesa, José Ortega y Gasset, Joaquín Dicenta hijo, Sarah Lorenzana, Emilia Pardo Bazán, José Nogué, Antonio Méndez Casal, Goy de Silva, Rubén Darío, Marqués de Dosfuentes…

Se notificó a los asociados que podían enviar para su publicación foto o dibujo de sus obras con motivo de algún triunfo o encargo importante.

El número de abril costaba ya 50 cts. y a partir de ese momento, dedicaba un apartado para las altas de socios habidas desde el número anterior, y las bajas por fallecimiento a las que se dedicaba mayor espacio si se tenía conocimiento en un tiempo razonable, o páginas completas en casos especiales, como el caso de Francisco Pradilla.

En noviembre de 1921 Francisco Pompey cursó la baja de la Asociación, motivada por sus continuos viajes y ausencias de Madrid.

La Gaceta de septiembre apareció con una portada a la que se incorporó un color, el verde, haciendo como una orla de flores y se incluyeron entre los textos algunas anécdotas sobre tema artístico con cierto humor.

En noviembre se cambió de papel y se quitó la orla. Al número ordinal de la Gaceta se le añadió otro, entre paréntesis, contando los correspondientes a esta última etapa.

Se comenzó una serie de biografías sobre artistas extranjeros, empezando con los argentinos…

El 15 de diciembre de 1921 quedó registrado el diseño de marca para distinguir una publicación periódica, revista ilustrada con la denominación Gaceta de Bellas Artes completada por un dibujo de adorno formado por rasgos artísticos combinados con dos figuras de animales fabulosos. Dicho diseño de marca se aprecia ya en la portada de 1 de diciembre de 1921, siendo imposible determinar quién fue su autor.

Diseño de marca de la Gaceta de Bellas Artes

 

El número de 15 de diciembre incluyó un Boletin, suplemento de la Gaceta de Bellas Artes destinado sólo a los asociados.

 

Francisco Pompey Salgueiro

POMPEY SALGUEIRO, Francisco        P       1910(N )      1887             PUEBLA GUZMAN        MADRID            1917

 

 

Francisco Pompey Salgueiro nació en el año 1887 en La Puebla de Guzmán, provincia de Huelva.

La familia Pompey vivió unos años en el vecino municipio minero de Nerva.

En 1904 Francisco Pompey se trasladó a Madrid ingresando en la Escuela de Artes y Oficios de la calle de los Estudios, de la que era director Francisco Américo, el compañero romano de Rosales, que se interesó por él y al que preparó para la Escuela de Ssn Fernando, donde Pompey tuvo por condiscípulos a Solana, Labrada, Robledano, Victorio Macho, Nogué…

A partir de 1909, y hasta 1952, concurrió a exposiciones españolas, francesas e hispanoamericanas, siempre como paisajista y pintor de retratos.

Fijada su residencia en Madrid, en 1911 ya escribía artículos de crítica de arte en diarios como El Globo, o El Día de Madrid, haciendo sus pinitos con comedias cortas y ejerciendo como periodista, a la vez que pintor.

De hecho, en La Correspondencia de España se incluye en ese año una reseña acerca de su pintura, en la que se destaca que …”estudia, ve, observa y luego pinta. Y después de pintar, duda y achaca al original el acierto, quedándose solo con la satisfacción de haber sabido copiar… Veo en él un gran artista para dentro de poco, para muy pronto. De momento, ensaya victoriosamente algo muy nuevo y muy personal en el color. De un autorretrato que tiene en su estudio he podido deducir su empeño por lograr con una tonalidad sola un conjunto armónico, todo sobriedad, energía, vida. Cuando al empezar, se tiene concepto tan restringido de la fantasía y voluntad bastante para imponer a estas reglas severísimas, no es difícil llegar en la técnica a la perfección. A eso tiende Pompey en los comienzos de su carrera: a pintar antes que a soñar… en el retrato, por ejemplo, estudia las líneas y el verismo con honradez muy laudable… en el paisaje se aparta de rutinas que no pueden tener ya justificación… en sus demás ensayos, este joven artista lucha heroicamente por la verdad, interpretándola muchas veces de un modo acabado. La Diputación de Huelva, su pueblo, va a pensionar a Pompey para estudiar en Italia… yo felicito a Pompey por las obras suyas que he visto y le auguro un porvenir brillante. Su lucha por la notoriedad hará bien pronto la conquista de esta”.

En 1912 el periodista Manuel Abril firma un artículo en el que comenta que Pompey …”en su estudio de la calle del Carmen guarda retratos de procedimiento enérgico y de intención cerebral. Se ve claro que antes de coger el pincel medita y desentraña el carácter del modelo; prefija la factura que convendrá a tal carácter; con arreglo a esto ejecuta, y después completa el cuadro con un fondo convencional, imaginativo, donde figuran accesorios alegóricos referentes a la personalidad del retratado… autorretrato a punta de lápiz, excelente, amplio de dibujo y de limpieza escueta, segura y sin engaños… y dos lienzos: una castellana impregnada de dulce misticismo y una chula del Madrid bajo y de “la vida”… toda la obra dice de un espíritu que piensa, busca, intenta, ensaya y, trabajando siempre, consigue. Su pintura y su orientación requiere más trabajo, más austeridad y rigor en la resolución de un plan que aquellos que únicamente se proponen la copia mecánica de lo externo. El camino de Pompey es el bueno; pero es el difícil y espinoso”…

En 1916 participa en el homenaje a su amigo Rubén Darío, que se celebra en el Salón Moderno de Madrid, con un retrato del poeta acompañado de su esposa e hijo que mereció elogios de la crítica.

Un año más tarde, mantuvo una disputa con los responsables del Ministerio relativa a la solicitud de una pensión para la Academia de Roma, a la que según las normas y reglamento, no podía acceder por tener 30 años y estar además casado.

El artista, trabajando en su estudio en 1928

 

Entre tanto, continúa pintando y haciendo críticas de exposiciones de arte que son publicadas en los principales medios de la época.

En 1918 organizó, junto a Carlos Verger, Eduardo Navarro y Manuel Abril, una importante Exposición de Aguafuertes en el Ateneo de Madrid, en la que se podían ver firmas excepcionales y de gran repercusión, como las de Goya, Leonardo Alenza, Lameyer, Giraldo, Fortuny, Egusquiza, Ricardo Baroja, Espina y Capo, Fortuny hijo, Lhardy, Labrada, Esteve Botey, Verger, Pedraza, Castro Gil, señorita Botet, Milada Sindlarova, Loigorry, Madrazo, Unceta, A.M.Nieto, Arteta, Darío de Regoyos, G.Larraya, Goy de Silva, Lambert,… La exposición resultó ser un rotundo éxito.

También imparte conferencias, como la titulada “El realismo y el espíritu en el arte”, que en 1918 congregó en el Ateneo de Madrid a destacados artistas y en la que destacaba que …”nada hay que perjudique tanto a los jóvenes artistas como dejarse influir por la literatura psicológica y las críticas de arte de señores que, sin haber esbozado un dibujo en su vida (y, por tanto sin práctica de sus teorías), se permiten dar consejos y señalar rutas, equívocas y perjudiciales en la mayoría de las ocasiones”…

Cuando en 1918 Mariano Benlliure, siendo Director General de Bellas Artes, crea la Residencia de Pintores de El Paular, bajo la dirección de Antonio Muñoz Degrain, Francisco Pompey logra ser pensionado y además, nombrado alumno secretario directamente por el pintor.

La Acción, 1918

 

Entre 1916 y 1918 fue secretario técnico del Director Geenral de Bellas Artes, Mariano Benlliure, con el que desarrolló una labor muy positiva en la política española de bellas artes.

En 1919 y ya en solitario, Francisco Pompey logró llevar a cabo la segunda Exposición de Aguafortistas, en la que se exhibían inéditos de Goya, además de obras de Pradilla, Lucas, Rosales, Julio Antonio, Domingo Marqués, Fortuny, Unceta, Alenza… y además, la primera de Dibujos íntimos. Un año más tarde, realizaría la tercera Exposición de Aguafortistas y la segunda de Dibujos íntimos.

ABC, 15/6/1919  en la inauguración de la Exposición de Aguafortistas

 

Más centrado en las labores periodísticas, dirigió durante un breve espacio de tiempo la Gaceta de Bellas Artes de la Asociación de Pintores y Escultores, para pasar a crear la denominada Revista de Bellas Artes, que no hay que confundir con la primera y en cuya cabecera figuraba la frase: “Esta revista no pertenece a ninguna entidad”.

La incluyó Pompey en su publicación ya que tenía que diferenciar así su propia revista, de nombre similar a la de la Gaceta de Bellas Artes de la AEPE, que como decimos dirigió en 1921 y de la que dimitió según explicó, por …”no estar de acuerdo con sus contenidos”.

Su Revista de Bellas Artes se dedicó a informar sobre exposiciones y concursos, nombramientos y convocatorias, de la misma forma que ya lo hacía la Gaceta de Bellas Artes de la AEPE desde 1910.

Proyecto el suyo que duró menos de tres años y tuvo desde su inicio serios problemas económicos.

Dos autógrafos manuscritos de Francisco Pompey

 

Participó en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de 1922 y 1924 y finalmente, en 1925 se le concedió la consideración de pensionado para ampliar estudios en el extranjero siendo funcionario administrativo del ministerio de Instrucción Pública.

Viajó entonces por Italia y París, donde realizó una exposición en 1928 cuyos ecos recogió la revista Unión patriótica, que publicaba además dos fotografías de sus obras, en un artículo firmado por Rodrigo de Triana que destacaba que …”Pompey es pintor y escritor. Un verdadero temperamento de artista de fina sensibilidad y extraordinaria comprensión… un artista muy español que no se ha dejado influir por las corrientes modernistas. La prensa francesa, al hacer la crítica de su reciente exposición, le dedica sinceros y calurosos elogios. Adolphe de Talgairolle afirma que Pompey, en su triple carrera de amigo del arte, de crítico y de profesional, ha encontrado su expresión integral. Pompey ha llevado a París interesantes visiones de España y no de la España de exportación y pandereta, sino de la verdadera, de la menos conocida, por ser más sincera y real. Deliberadamente ha huído de fáciles efectismos y recogido notas de belleza típico y profundamente racial… en suma, se exponen treinta telas en las que dentro de la unidad del estilo personal, vibran los más variados e interesantes aspectos artísticos. Pero Pompey no solo ha triunfado como pintor, sino también como escritor, como crítico de arte. Su pluma ha logrado abrirse camino en poco tiempo y hoy su firma figura en las columnas del importante periódico París-Madrid y de otras valiosas revistas francesas”…

Paisaje

Vista panorámica del viejo Madrid

Rubén Darío con su esposa e hijo y Desnudo

 

Por la Revista hispanoamericana de ciencias, letras y artes sabemos que una galería de Nueva York compró una de las obras de la exposición de París que representaba una vista panorámica del Madrid viejo, que reproducía junto a una fotografía del artista trabajando.

Sus años en París los pasa con amigos como Vázquez Díaz, María Blanchard, Picasso, Modigliani, Juan Gris, Durrio, Kunz, Rubén, Rodin, Utrillo, Renoir, Carolina Otero, Susana Valadón, Beltrán Masés, Mateo Hernández, María Laurencin, Maillol, Foujita, Zuloaga, Croce, Soutine, Colette …

En 1931 realizó una exposición de pinturas en el Instituto Ibérico Americano de Berlín, que acompañó de una conferencia sobre el arte moderno español. Unos meses antes, había impartido otras conferencias en el mismo escenario, dedicadas a los escultores del siglo XVII y a la vida y obra de Zurbarán, y que eran continuación de las que dio en la Casa de España en París y las de Berlín y Praga (Checoslovaquia).

Ese mismo año expuso en el Salón Nacional de París, mereciendo los elogios de la crítica, que no dudó en considerar a Pompey como un “pintor de remarcables condiciones técnicas y una profunda visión de poesía del paisaje”.

Durante esos años se dedicó a la divulgación de la historia del arte español antiguo y moderno en otros países europeos y sudamericanos a través de artículos publicados en los principales diarios y revistas.

En 1933 regresó a España y retomó su actividad conferenciante y periodística, disertando acerca de “Los pintores judíos. La escuela de París”, en la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

El Imparcial, El Globo,… son sólo algunas cabeceras donde se publicaban sus artículos de crítica de arte.

Fuente de la corona, París

Desnudo

 

Invitado por la Societe pour la Propagation des Lengues extrangeres en France, en octubre de 1933 impartió una conferencia en el Amphitreatre Michelet de la Sorbona de París, que versó acerca del impresionismo francés en la obra de Velázquez, siendo muy aplaudida.

Durante el periodo de guerra nada se sabe de él hasta el año 1941, en que realiza una exposición de pinturas en el local de la Confederación Nacional de Casas Regionales de la Carrera de San Jerónimo, 32. La muestra despertó interés por tratarse de un artista que hacía más de veinte años no exponía sus obras en España, y constaba de 48 cuadros con …”color y dibujo y reflejos de las inquietudes artísticas de su autor”.

Ese mismo año presentó obra a la Exposición Nacional de Bellas Artes mientras continuaba escribiendo en publicaciones del momento como Falange, Yugo, ABC, La Nueva España, El Pueblo Gallego…

En 1942 publicó un ensayo titulado “Los artistas y el público”, que …”toca puntos muy vivos de la estética moderna y de la sensibilidad general a que aquella responde… subrayamos con especial interés los puntos de vista situados por el autor acerca de Cezanne y de Modigliani, en relación con corrientes del gusto que pasan… y que en una u otra forma suelen volver”.

En 1946 participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes y publicó una monografía titulada “Goya”. Antes ya había escrito otra titulada “El Prado, sus 200 mejores obras”, “Zurbarán, su vida y sus obras”, “Museo Nacional de Arte Moderno”. Según el  autor,  su obra “es un ensayo con 105 grabados que recogen lo más sobresaliente de la obra total del aragonés”.

También en 1946 realizó una exposición de paisajes bajo el título de “Estampas de viajes por Europa”, en la Sala Marabine de la Carrera de San Jerónimo, 33.

Monasterio de El Paular

Marina

 

En 1947, el Jurado designado por el Círculo de Bellas Artes para fallar el concurso de críticas de arte sobre la II Exposición de Artistas Laureados con Medalla de Oro, le concedió el primer premio por un trabajo publicado en el diario El Español.

En 1952 hizo otra exposición de pinturas en las Galerías Altamira de la calle Prado, 2.

En 1960 participó con una obra en el homenaje aniversario del poeta Rubén Darío en la exposición iconográfica de obras de grandes artistas como Daniel Vázquez Díaz, Gregorio Prieto…

En 1964 participó en la XIII Exposición de Otoño de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría.

Autorretrato

Paisaje

Paisaje

 

En 1967, con motivo de su ochenta cumpleaños, el escritor y pintor fue agasajado por un grupo de amigos que le ofrecieron una cena de homenaje que se celebró en el Círculo de Bellas Artes.

En 1972 publicó uno de sus libros más inolvidables titulado “Recuerdos de un pintor que escribe”, en el que evoca a sus maestros y amigos de Madrid y París con una “generosidad y una delicadeza, ternura soterrada más bien, que hacen de esta obra algo único en la bibliografía artística que hacen de él una deliciosa y penetrante crónica del arte español moderno y contemporáneo”…

El canalillo, 1921

Su último libro

 

Amigo de artistas como Sorolla, Ricardo Baroja, Valle-Inclán, Carrere, Julio Antonio, Solana, Hermoso, Rusiñol, Gómez de la Serna, Sawa, Villaespesa, Pérez Galdós, Benavente y muchos otros, sobre Francisco Pompey han escrito André Lhote, Emile Blanche, W. George, Henri Focillon, Paul Fierens, Maurice Denis, Bourdelle, Sara Bernard, Jean Cassou…

Francisco Pompey Salgueiro falleció en 1974 en Madrid.

Con motivo de su fallecimiento, el ABC publicaba una semblanza con un óleo de Pompey por Vázquez Díaz y un dibujo de Vargas Ruiz

 

El diario ABC publicó un artículo que firmaba Antonio Manuel Campoy, en el que hablaba sobre el crítico y pintor, desgranando rasgos personales y profesionales que no me resisto a citar. …”su figurilla pulcra y nerviosa… era una costumbre, como lo había sido José Francés, como vino siendo Picasso durante años y años. no era imaginable un Madrid sin Pompey, como nadie lo imaginaría tampoco sin la tienda de los Macarrón, sin el Salón Cano, sin el Ateneo o sin el Rastro… Aunque últimamente se recluía en su estudio de la calle del Casino… debió ser pequeñito, en los últimos años se quedó más minimizado todavía, muy delgadito, erguido siempre, solitario, con su sombrero, sus guantes, su gabán y su bastón puros y un indeclinable clavel en la solapa. Sus ojillos, entre irritados y burlones, se entreveían tras el oscuro de las gafas. Iba y venía por la ciudad como un pajarito, curioso de escaparates de librería, de exposiciones, de muchachas bonitas. Era como un gorrión de esos que todavía dan saltitos en Recoletos y en Montmartre. No era fácil de carácter… había nacido en Puebla de Guzmán (Huelva) en 1887 (aunque siempre se puso en duda tal fecha, pues los amigos más viejos de Pompey, como Robledano, Benedito, Sotomayor, Francés, creían que se quitaba años)… Fue sobre todo, un crítico e historiador del arte y, en segundo lugar, pintor”.

Autor de estudios sobre Zurbarán, Goya, Velázquez, Picasso, Valdés Leal, Alonso Cano, Rubens, Rosales, Fortuny… un total de 23 obras originales y participante en otras dos.

En Madrid, vivía en la Calle Hilarión Eslava, número 28.

De su pintura se decía que abrió paso entre el arte antiguo y moderno; sus obras, que principalmente eran paisajes y por los que consiguió gran fama, se asemejaban enormemente a la de los artistas del siglo XVI, eran unas copias exactas en las que se alternaba la pintura con la poesía; sus creaciones, a pesar de tener rasgos trágicos como los del Greco, los fondos son sombríos armoniosos y delicados; demuestran una seguridad artística admirable; y se aprecia una gran influencia de tres artistas principalmente: el Greco, Goya y de su contemporáneo Julio Romero de Torres.

Orilla del mar

Paisaje

Naturaleza muerta

 

Francisco Pompey y la AEPE

Fue Socio de número en el año de la fundación, con el número de adhesión 123.

Al I Salón de Otoño de 1920 presentó las obras:

603.- Retrato de señora, óleo, 1,07 x 0,89

604.- El jardín de la corona, óleo, 1,15 x 0,95

Unión Patriótica, 1928

 

 

Ángeles Parra de Lavin

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

 

Ángeles Parra de Lavin

PARRA DE LAVIN, Angeles        P    1936       CADIZ           SANTANDER

 

La artista en una foto de 1927

 

Conocida artísticamente como Ángeles Parra de Lavin, que era como se hacía llamar ya casada, Ángeles Parra de los Reyes nació en Cádiz, alrededor de 1905, creemos que de forma ocasional, puesto que pertenecía a la alta burguesía cántabra.

Hija de Paz de los Reyes y Morales y de Juan Parra Alba, que había llegado a la República Dominicana con los bolsillos vacíos y logró hacer fortuna gracias a su voluntad inquebrantable y a su ambición.

Una fortuna sólida gracias a la casa comercial que con su mismo nombre, dejaría establecida en América (Sucesores de Juan Parra Alba) cuando regresó a España, erigiendo una lujosa mansión en Santander. Allí dejó huella y memoria, citando su historia en libros de costumbres dominicanas y perviviendo su memoria en el nombre de una calle de Santo Domingo.

Casado con Paz de los Reyes y Morales, Vizcondesa de Llanteno, Juan Parra Alba falleció en 1922, dejando viuda y siete hijos: Juan Alfonso (casado con Laura Murga), Juana María (1897, casada con Julio Castro del Rosario), María de la Paz Virginia (casada con Guillermo Rances y Lías), Pedro, Francisco, casado con Carmen Cobián, se quedó a vivir en Santo Domingo, República Dominicana, mientras que el resto de la familia, madre y hermanos, se vinieron a España, María de los Ángeles y Fernando.

Imaginamos una infancia relacionada con el mundo de la cultura y el arte, con todas las manifestaciones de las que Santander disfrutó a principios de siglo, cuando era lugar de encuentro y veraneo de la burguesía y la realeza.

La afición a la pintura de Ángeles no sólo se manifestó en ella, sino que su hermana Virginia también se dedicó al arte, coincidiendo las hermanas en algunas exposiciones.

Ángeles fue discípula de Álvarez de Sotomayor, quien fuera Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, y de Daniel Vázquez Díaz, socio de la AEPE. También aprendió de la mano de uno de los fundadores y también Presidente de la AEPE, Eduardo Chicharro, lo que justifica su pertenencia a la entidad.

Dos influencias tan contrapuestas, ya que los estilos, escuelas y tendencias son antagónicas, que terminaron depurando la propia técnica de la artista.

En 1923 contrajo matrimonio en la madrileña iglesia de Santa Bárbara con el arquitecto montañés Valentín Ramón Lavín del Noval, adoptando desde entonces su apellido y firmando como Ángeles Parra de Lavín.

Residía en Santander, en la calle de Castelar, número 31.

La primera noticia que tenemos de la artista corresponde a su intervención en una competición de “Lawn-Tennis” benéfica, con destino al Ropero de Santa Victoria, en la que tomó parte con su marido en un partido de dobles en agosto de 1926, y un año más tarde, por su asistencia al baile celebrado en el Club de Regatas de Santander.

En 1927 contribuye a la suscripción popular para levantar un monumento a la memoria de Concha Espina en la capital cántabra, y celebra en el Ateneo de Santander, cuya sección de Artes Plásticas preside su marido, la primera exposición de cuadros.

A esta muestra asistió la Reina Victoria, que “hizo elogios de la exposición y felicitó efusivamente a la artista, que fue también muy felicitada por el éxito de su exposición, ante la que han desfilado numerosas personas”.

En 1927 cuando inauguró su exposición, que visitó la Reina Victoria Eugenia

 

La exposición tuvo un gran eco en la prensa local del momento, como así lo recogió El Pueblo cántabro, que comienza haciendo una crónica social del acto de inauguración, con los asistentes regios y la alta sociedad de Santander, y termina dedicando comentarios a la artista, diciendo que hace un año, …”el pintor Chicharro había tenido frases de caluroso elogio y estímulo para la artista… palabras proféticas… ¿Cómo es posible que en un año se llegue a la seguridad asombrosa con que aparecen resueltos todos los problemas técnicos, vencidas todas las dificultades en estos lienzos? ¿Cómo se puede llegar a ese dominio del dibujo y del color que hacen atribuibles estos cuadros a un maestro encanecido ante el caballete?… En el caso extraordinario de Ángeles Parra de Lavin, la inspiración, el sentimiento artístico, lo han hecho todo, lo han vencido todo… hay especialmente un cuadro, un autorretrato –“Estudio en blancos” lo titula la artista- que es algo asombroso y admirable… el fondo del retrato es blanco también; el cuadro es una sinfonía de pureza; la luz vibra hasta hacer entornar los ojos. La figura de la artista, que en otros lienzos  -como un autorretrato que en el catálogo figura con el número 7 y que parece pintado por Benedito- es una frágil y frívola silueta de mujer moderna, aparece aquí con un halo de espiritualidad que la hace incorpórea… un retrato admirable el de Toñuca Lavín… el parecido es asombroso, no se trata de un parecido fotográfico nacido de la reproducción fiel de los rasgos fisonómicos: la artista ha plasmado, a un tiempo mismo, el rostro y el espíritu… de su rápido paso por algunos estudios guarda la artista recuerdos que se evocan ante los lienzos que expone… felicitémonos de que la irresistible vocación de esta mujer admirable la arranquen a la elegante frivolidad en que naufragan otros espíritus menos fuertes que el suyo”.

ABC 30/8/1927

 

En el diario La Región también se recoge la exposición, en una nota firmada por el periodista, político e historiador Maximiano García Venero, en la que destaca que la obra de Ángeles Parra de Lavín tiene una “soberana intuición, un prodigioso sentimiento artístico, pulido y esmerilado tan solo, por una delicada educación, recibida desde la cuna. No ha pasado su corazón, por el alambique de la academia. Felicitémonos de ello. Quizá la intuición se hubiera doblegado y perecido, bajo el peso abrumador de los clasicismos instituidos, con la rigidez de código… en Santander, Ángel Espinosa Herrera… fue hace algunos años el primero que la vio pintar y las indicaciones ponderadas que guiaron a la dama pintora, fueron precisamente de Espinosa. Pero de esa permanencia limitada en los estudios de grandes pintores, Ángeles Parra ha logrado sacar libre su temperamento de influencias. Ha aprendido lo que de oficio tiene el arte… la exposición en el Ateneo de Santander tiene esclarecidas virtudes artísticas… Están expuestos veinte cuadros, obra copiosa, que recaba para su autora un puesto excelente en arte… Nos encontramos ante una pintora que merece toda la atención… reparos minúsculos… todos esos reparos y observaciones quedan anonadados, no solo por su insignificancia, sino también por los aciertos indudables de color, dibujo y expresión de los cuadros… nos parece que es una excelente, una notable pintora, de merecimientos grandes”…

Recogida también la exposición en el diario El Cantábrico, con una crónica firmada por José Mª García Rodríguez-Alcalde, en la que felicita a la artista por la exposición “con que honra al Ateneo de Santander, y que la testimonia como formante en la vanguardia del feminismo aceptable y deseable: el de la elegancia espiritual”.

Alejandro Gilardi firma en El Cantábrico otro artículo en el que dice que le produce “sorpresa y admiración en nuestro ánimo la contemplación de las notables obras que expone, sobre todo teniendo presente que hace poco más de un año que ha dado principio a su carrera artística, en la que tantos triunfos le aguardan si persevera en ella, a juzgar por los primeros frutos de su preclaro talento, más propios de la madurez de un artista consagrado que de los de una novel que comienza a ascender por la difícil y espinosa senda que conduce al arte de Apeles”….

Como vemos, la exposición dio mucho de sí, y diarios como La Región y La Voz de Cantabria, incluían una nota un poco antes de que fuera clausurada.

La Virgen. I Exposición de Pintura y Escultura de Castilla y león

 

En 1928 la prestigiosa revista La Esfera, dedica dos páginas a la artista, con ilustraciones de sus obras, en una crítica realizada por José Francés, quien fuera Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, en la que realiza un paralelismo entre la pintora y la escritora Concha Espina, equiparando el sentimiento cántabro que una describe con el que la otra lo pinta.

Cuadros de brío sereno… una profunda virtualidad femínea dentro de una forma armoniosa y fuerte… el sentimiento de belleza… consigue un virtualismo acentuado, un aire de añoranza noble por las cadencias atmosféricas de Cantabria… retratos de una firmeza constructiva… las figuras femeninas tienen reminiscencia fisonómica y psicológica con el retrato… que pinta con pincelada amplia y dimensiones naturales, se encierran en el tamaño reducido de una miniatura agrandada… predilección por las gamas frías, los acordes tonales finos y delicados, pero también una repetida sucesión de acordes cálidos, de entonaciones oscuras y densas donde resaltan los rostros como una claridad lunar… Yo prefiero los lienzos grandes en que las figuras femeninas se muestran de modo más suelto y convincente. El color es aquí también de una limpia y sosegada belleza. Predominan los grises… los blancos, los azules, los sienas, los verdes claros. Y de cuando en cuando, un rojo que canta sin desentonar… estas figuras de mujer están vistas sin frivolidad, sin ñoñería y sin descoco… de aquí el atractivo esencial que poseen, la integridad femínea no falseada ni enardecida como en otros casos de dudosa ambigüedad de ciertas artistas o escritoras”…

En 1928, en el diario valenciano Las Provincias, publica Luis de Galinsoga una columna en la que habla de la pintora santanderina con motivo de la exposición que está realizando en el Salón Nancy de Madrid, de algunas de sus obras. …”La probidad, la honradez, el ingenuo entusiasmo con que la pintora crea su obra… su inspiración, de finura y de suavidad elegante… a veces, hasta con demasiada sistemática sobriedad, con lo cual, si de momento algunos cuadros aparecen fríos, a la larga la obra de conjunto ganará en limpieza de amaneramiento, en depuración de estilo… En dibujo, es firme, sucinta, intransigente, a la buena usanza y al buen dogma. Modela la forma sin insistir en la línea… en el color, gusta de plantearse muy severos problemas técnicos que su talento acierta siempre a resolver: son sobremanera ejemplares los estudios en blanco y en rojo”…

Nuevo Mundo, 1928

 

La exposición apareció también en otros medios como en La Época, que asegura que la muestra ha sido patrocinada por la Asociación de Pintores y Escultores en el Salón Nancy de la carrera de San Jerónimo.

El diario La Nación recogió una amplia reseña en la que destacaba que la artista presentó 22 lienzos que incluían seis retratos, un autorretrato y 15 estudios de temas muy acertadamente tratados. Destacaba La Nación que la artista posee la “gran cualidad de manejar con suma gracia y maestría los colores más pálidos y los tonos más notoriamente leves… muestra de ello es su “Estudio en blanco”, acertadísimo”…

La revista Nuevo Mundo publicaba con este motivo, una reseña que incluía una fotografía de la artista ante su Autorretrato.

Para festejar el triunfo de la artista en Madrid, la Sociedad “Lawn-Tennis” organizó un banquete baile con el que homenajearla, que se celebró el 21 de julio de 1928.

Si la artista ya pertenecía a la alta sociedad cántabra, su faceta de pintora hizo que fuera muy demandada en todo tipo de fiestas benéficas y nobles causas para las que siempre tuvo un regalo o aportación salida de sus pinceles.

En septiembre de 1929 participó en la exposición de pintura contemporánea de pintores montañeses, organizada por el Conde de Güell en el Parador de Gil Blas, de Santillana del Mar. En algunos diarios se dice que se trataba de la I Exposición de Pintura y Escultura de Castilla y León, siendo las fechas de su celebración del 15 de septiembre de 1929 al 30 de septiembre de 1930.

Allí concurrió junto a otros artistas como la Archiduquesa Margarita, Lola de la Vega, Gutiérrez Solana, Mariano Cossío, Gerardo Alvear y otros muchos reputados maestros que colgaron 83 obras. La exposición sirvió también de homenaje al pintor Agustín Riancho.

En agosto de 1932 el diario La Voz de Cantabria recogía la noticia de la celebración de una exposición en la Feria de Muestras en la que participaban artistas como Francisco Iturrino, Agustín Riancho, María Gutiérrez Cuetos, Casimiro Sainz, Justo Colongues, Rogelio Egusquiza, Rufino Ceballos,… y respecto a la artista Ángeles Parra de Lavin, comenta que “la primera vez que supimos de ella fue en la exposición del Ateneo. Un rasgo que proclama su integridad artística es ese  de no rehuir las dificultades, sino, por el contrario, buscarlas para alcanzar la satisfacción de resolverlas. Así en ese autorretrato, tan agradable de color, la lucha de luces está airosamente resuelta”.

La maja de la sonrisa, y debajo, Estudio en blanco, aparecidas en La Esfera

 

En 1934 debuta en la Exposición Nacional de Bellas Artes con un “Retrato”. La Voz de Cantabria recogía el hecho de la participación de cinco artistas montañeses en la Exposición Nacional, comentando que Ángeles Parra “ha enviado a la exposición un cuadro que resume sus características de pintora. Es un retrato. La factura, cuidada en luces, colores y dibujo hasta la exactitud. Pintura equilibrada en la que el dibujo no predomina sobre el color ni el color sobre el dibujo. Pintura… pintura… Observando sus lienzos se advierte cómo sus preocupaciones se concentran sobre las cuestiones de técnica… pinta honradamente… busca las dificultades de orden técnico… entre los cuadros de los notables, el cuadro de Ángeles Parra se mantiene dignamente. Lo cual, tratándose de un debutante en el certamen, puede considerarse como un estimable triunfo”.

En 1934 la artista vuelve a realizar una exposición de sus obras en el Ateneo de Santander, recogida por La Voz de Cantabria, que destaca “el finísimo colorido que entona maravillosamente con el carácter de la composición que… tiene un inconfundible y personalísimo sello que adquiere grandes vuelos en los retratos, de una jugosidad de expresión estimabilísima… el arte de esta artista que pinta por afición y sabe de técnica y de colorido, ha de alcanzar prontamente el puesto que entre los pintores de valía le corresponde por derecho propio”.

La exposición tuvo buena acogida de público, lo que motivó que se prorrogase ante el numeroso público visitante.

En 1935 entró a formar parte de la sección femenina del Ateneo de Santander, constituida en esas fechas, y que llevó a cabo distintas actividades y homenajes a personalidades femeninas de la época.

En 1943 pintó el “Retrato de Concha Espina”, donde plasmó a la escritora santanderina en su plenitud, obra que se conserva en el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria.

En 1945 participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes.

En 1950 participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes con el cuadro titulado “Retrato”.

Ese mismo año, el Boletín Oficial de la Provincia de Santander publicaba la aprobación de la propuesta de la Junta de Patronato del Museo Municipal de Pinturas, de la donación de un cuadro de Ángeles Parra de Lavín, con destino al Museo Municipal de Bellas Artes.

Retrato de Concha Espina 1943, óleo sobre lienzo MUSEO DE BELLAS ARTES, Santander

 

En 1954 participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes con un “Autorretrato”.

En 1979 participó en la I Exposición de Pintoras y Escultoras de Cantabria celebrada en 1979, junto a su hermana Virginia y a otras artistas como Maria Blanchard, Carmen Gómez Raba, Maria Mazarrasa, Paloma Alvarez de Lara, Maria del Carmen Alvarez Lavín, Luz de Alvear, Pilar Berían, Teresa Blanco del Piñal, Texi Camus, Pilar Cossio, Maria Jesús Cueto Puente, Berta Fernández Abascal, Charo González, Rosita González Torre, Aurora Gutierrez Sosa, Angeles Herrero, Elena Illade López, Maria Angeles Labrador, Pilar Martínez «Pimaro», Josefina Millor Albisua, Maria Luisa B. Miñambres, Margarita Moro Ribalaygua, Cristina Muñiz,  Hortensia Pascual, Pepita Peña, Nana Piñeiro, Mercedes Rodriguez Elvira, Belen Saro, Raquel Sendino Gutierrez, Gema Soldevilla, Tinidad Sotos Bayarri, Carmen Van den Eynde, Zoa Veci Blanco.

Esta es la última noticia que se tiene de la artista, no habiendo podido averiguar la fecha de defunción.

Juventud, obra publicada en La Esfera

 

La artista tiene cuatro óleos en el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria: el titulado “Miedo”, “Retrato de Concha Espina”, “El río” y “Palmeras”.

En los ambientes artísticos madrileños corría una anécdota relativa a la artista: el pintor Fernando Calderón relata cómo su maestro, el pintor Barquera, profesor en la Academia Elorz de la calle Menéndez Pelayo, era un crítico ácido y mordaz, hacedor de rimas jocosas, como la que le dedicó a Ángeles Parra de Lavín:

Que la pinten con guitarra,

que la pinten con violín,

¡qué mal pinta Ángeles

Parra de Lavín!

Andalucía,  del XIV Salón de Otoño

Ángeles Parra de Lavín y la AEPE

Al XIV Salón de Otoño de 1934 concurrió con dos obras

6.- Capillo montañés, óleo 1,09 x 1,30

80.- Andalucía, óleo 1,46 x 1,30

 

 

Enrique Delgado Contreras expone en el CC Sanchinarro

El socio Enrique Delgado Contreras inaugura el próximo día 7 de octubre, a las 19 h. una exposición de pintura titulada “Del Figurativo a la abstracción”, en el Centro Cultural Sanchinarro, situado en la calle Princesa de Ebolí, 29 de Madrid, que podrá visitarse hasta el 1 de noviembre en horario de L a V de 9 a 22 h. S y D de 10 a 22 h.

El propio artista nos presenta así su exposición:

«En el año 2022 inicio una evolución radical de mi estilo pictórico, incorporando a mis cuadros materiales textiles pegados y pintados, es una paso total hacia la abstracción, el paisaje ha desaparecido, los cuadros bidimensionales parecen vistas aéreas de encrucijadas de caminos. Esta etapa de mi pintura es la que he titulado LA INCORPOREIDAD DEL COLOR Y LA FORMA.

 Mi pintura se vuelve más conceptual y más abstracta, y ya  en mis últimos cuadros  una paleta más reducida con colores blancos  y rojos ,blancos y negros, que mezclo con materia terrosa para los fondos, incorporando collages  mediante los cuales , se crean diversos planos para dar una sensación de profundidad y jugar con los colores y con objetos imaginarios superpuestos en el cuadro

 

1 catalogo triptico

 

 

Enrique Delgado Contreras

Exposición de pintura: Del Figurativo a la abstracción

Centro Cultural Sanchinarro

C/ Princesa de Ebolí, 29

28050 – Madrid

Del 4 de octubre al 1 de noviembre de 2022

Horario: L a V de 9 a 22 h. S y D de 10 a 22 h.

Myriam Álvarez de Toledo expone en el Palacio de los Fajardo de Murcia

El pasado 7 de septiembre de 2022, la socia Myriam Álvarez de Toledo inauguró la exposición titulada “Dos etapas de mi vida”, en Museo Arqueológico de Cehegín, Murcia, en el Palacio de los Fajardo, que podrá verse hasta el 24 de octubre en horario de 10 a 14 y de 18 a 20 h.

Afincada en Madrid y enamorada desde pequeña por los caballos y el campo, representaciones que no ha abandonado desde entonces, en esta última etapa de su trabajo, muestra gran interés por los animales exóticos y su entorno.

Myriam posee un talento extraordinario a la hora de representar la naturaleza y todo lo que le rodea.

Muestra una gran destreza técnica en el momento de mostrar la anatomía animal, y junto al color, crea auténticas obras de arte llenas de vitalidad.

La artista tiene un deseo incondicional de acercarnos a una realidad amable y alegre, llena de color, y mientras ella disfruta realizando sus cuadros buscando un significado especial en cada obra, aspira a que el espectador sienta esa sensación en cada uno de sus trabajos.

Myriam Álvarez de Toledo nos presenta así su exposición:  En los cuadros que muestro en «Dos etapas de mi vida» plasmo la naturaleza con una paleta cargada de color, predominando el tono turquesa y verde esmeralda.

En unos viajes que hice al Caribe, me atrajeron las aves por sus grandes plumajes, y comencé pintando Guacamayos. Los Quetzales también me apasionaron, su nombre significa serpiente de plumas preciosas, y fui pintando un gran abanico de aves exóticas. Igualmente me llamó la atención ese mar de corales con esa gran riqueza cromática que tienen sus arrecifes. He traído dos cuadros de fondo marino uno del Caribe y otro de España para contrastarlos. Por otro lado, se encuentran las cebras, con sus listones transversales e inclinados, de color pardo o negro y sus grandes posaderas. Y finalmente los caballos que siempre inserto en todas mis exposiciones por ser mi gran pasión.

Myriam Álvarez de Toledo

“Dos etapas de mi vida”

Museo Arqueológico de Cehegín

Murcia

Palacio de los Fajardo

Plaza del Castillo,1,

Hasta 24 de octubre

Horario de 10 a 14 h. y de 18 a 20h

 

 

Annette Schock expone en la Sala Vaquero Poblador de Badajoz

Del 15 de septiembre al 6 de noviembre de 2022 la socia Annette Schock se encuentra exponiendo sus últimas obras bajo el título de “Carne[S]” en la Sala Vaquero Poblador  perteneciente a la Diputación de Badajoz, en el Hospital Centro Vivo de la capital extremeña.

 

La muestra nos la presenta así Alfonso de la Torre, crítico de arte y comisario de la exposición:

«Cuerpos de mujeres y rostros de animales componen esta exposición de ANNETTE SCHOCK (Waiblingen, Baden-Württemberg, 1968), bajo el título, poco inocente, paradójico más bien, de “CARNE[S]”.  Artista residente en España desde 2003, frecuente viajera entre Alemania y Austria, la exposición reúne dos de los grandes ciclos de su quehacer en los últimos años que, de alguna forma, parecen estar tramados en estas salas de “El Hospital”: animales y cuerpos de mujer.

Refiere así por un lado la condición humana y el cuerpo que portamos, el femenino con frecuencia sometido al dictamen, al albur caprichoso de la moda. A la par que ofrece una misteriosa mirada sobre los animales, como encarnación y símbolo de la irresponsabilidad de nuestro paradójico tiempo. Son principalmente los animales alimenticios que, con frecuencia, sobreviven en condiciones lamentables, es el caso de las granjas donde, tras el placentero verano alpino, llegará el duro invierno y la tristeza del animal estabulado. “Las Tres Gracias” quizás sean el símbolo, tres amigas de Annette, vacas austriacas hermosas cuya personalidad la artista conoce y explica en detalle: “merecen ser retratadas”, sentenciará nuestra creadora.

Por otro lado, las representaciones de cuerpos de mujer, mediante diversas tipologías que le sirven de modelo, desde la más delgada y atlética, Andrea, hasta aquella otra más gruesa.  U otra más, modelo capaz de exhibir las carnes sin reparo.    Dibujadas con insistencia, verdadera familia de modelos, a veces anotadas en un crecer vertiginoso del dibujo.  Los estudios donde trabaja Annette Schock están poblados por centenares de dibujos, permaneciendo en su memoria artistas como Giacometti, Messager o Schiele.  Con ellos ha referido tanto la soledad como también la preocupación de nuestro tiempo por el cuerpo y sus medidas, transmitiendo además su experiencia (y dolor) personal.

Recogiendo el legado de otras pintoras de animales, evoco aquí a la mítica Rosa Bonheur, nuestra creadora es viajera desde el dibujo en blanco y negro del carboncillo, pasando por algunas pinturas de exaltado color fauve, pues es Annette Schock una extraordinaria e infatigada dibujante, dominando el uso de dicho carboncillo tanto en el papel como en el lienzo, al que añadirá frecuentemente pintura acrílica. Ya señalamos, los dibujos ocupan (“invaden” podríamos escribir) sus estudios entre Alemania y Madrid, al modo de apuntes preparatorios que componen grandes mosaicos que le servirán de fuente de estudio, como muestra esta exposición. De esta forma crecerán los grandes cuadros, surgidos tras un exhaustivo análisis y selección cuidada de los estadios de los bocetos, utilizando a veces también la fotografía en el proceso previo al dibujo y, de alguna forma, ese complejo ejercicio es el punto de partida de su mirada sobre estas carne(s).

¿Al punto?, ¿Sangrante? Por favor, la mesa está servida».

Actos programados:

Visita guiada con la presencia de la artista, coctel y música el 21 de octubre a las 20 h

Conversación entre Annette Schock y el comisario Alfonso de la Torre entorno a la exposición CARNE[S] y presentación del catálogo, el 4 de Noviembre a las 19 h.

Annette Schock

Exposición de pintura: CARNE[S]

Comisariado por Alfonso de la Torre

15 de Septiembre – 6 de Noviembre de 2022

Sala Vaquero Poblador

Diputación de Badajoz

El Hospital Centro Vivo

Pl.San Atón, 06001 Badajoz

Martes a Domingo de 10 a 22 h 

 

Enlaces:

https://elhospital.dip-badajoz.es/

https://youtu.be/Pw_WTpK0IR0

https://www.directoextremadura.com/noticias_provincia/2022-09-15/6/31437/annette-schock-deslumbra-con-sus-pinturas-de-animales-y-cuerpo-humano.html

El 5 de octubre se inaugura el 41 Certamen de Pequeño Formato de la AEPE

La Sala de Exposiciones del Centro Cultural “Moncloa” acoge desde el día 5 y hasta el próximo 28 de octubre, el 41 Certamen de Pequeño Formato de la AEPE que organiza la Asociación Española de Pintores y Escultores, para el que se han seleccionado un total de 66 obras de 62 autores diferentes, de entre más de las doscientas presentadas, y en la que participan reconocidos autores de esta disciplina.

Al acto de inauguración, que tendrá lugar el miércoles 5 de octubre, a las 19 h,  asistirán el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, el Vicepresidente de la entidad, Juan Manuel López-Reina, la Secretaria General, Mª Dolores Barreda Pérez,  el resto de miembros de la Junta Directiva, además de la Concejala Presidenta de Moncloa, Loreto Sordo, acompañada de los servicios culturales del distrito.

En el acto de inauguración de la muestra tendrá lugar el fallo del jurado y entrega de premios, puesto que la convocatoria cuenta con dos galardones honoríficos: la Medalla de Pintura Francisco Pradilla y la Medalla de Escultura Juan Bautista Adsuara como merecido homenaje a los maestros fundadores de la centenaria entidad.

Los artistas seleccionados en esta ocasión para integrar la exposición del 41 Certamen de Pequeño Formato de la AEPE, son:

Luis Andrés Acevedo Manso

Joaquín Alarcón González (Joaquín Alarcón)

Gloria Andrade Lasso (Gloria Andrade )

Jimena Aznar Rodríguez-Pardo (Jimena Aznar)

Luis Bascuñana Ramírez (Luis Bascuñana)

Francisco Bertrán Hernández (Paco Bertrán)

Alfonso Calle García (Alfonso Calle)

Carmen Cañete Pérez  (Carmen Cañete)

José María Carchenilla Sánchez (J.M. Carchenilla)

Paloma Casado López (Paloma Casado)

Pedro Caurín Lozano (Pedro Caurín)

Gloria Cediel Lafuente (Gloria Cediel )

Pilar Cortés López (P. Cortés)

Charo Crespo Marcelo (Charo Crespo)

Rui Chen Chen (Rui Chen)

Santiago Diges Junco (Diges)

Alberto Luis García González (Alberto Duvall)

José Carmelo Esteban Gracia (Carmelo Esteban)

Francisco Franco Ramírez de Arellano (Arellano)

Raffaella Freyre Ortíz (Raffaella Freyre)

Mariano Galán Ortega (Mariano Galán)

Sergio García Díez (Sergio García)

Vicente García Fuentes

José Luis García Martín

Carmen García Mesás (Naná Mesás)

Federico García Zamarbide

Fernando Gascó Alberich (Gasconde)

Jesús Gómez del Peso (Jesús del Peso)

Rafael Gómez Mena (Mena)

Larissa González Martínez (Larisa G. Rush)

Juan Antonio González Sáiz (Juan Antonio González Sáiz – Juanchi)

Lydia Gordillo Pereira (Lydia Gordillo Pereira)

Loreto Innerarity

Teiji Ishizuka

Patricia Larrea Almeida (Patricia Larrea)

Pablo Linares Amor

Francisca Lita Sáez

Laura López Parra (L. L. Parra)

Juan Ramón Luque Ávalos

Yolanda Marchante Serra (Marchante Serra)

Carlos Alberto Márquez Mora (Carlos Márquez)

Emilio Martínez Sánchez

Isabel Momparler Juan (I. Momparler)

Cándido Monge Pérez  (Cándido Monge)

Rosa Mª Moreno Moreno (RosiM Moreno)

Isabel Moreno González (Alosete)

Pedro Muñoz Mendoza (Pedro Muñoz)

Concha Navarro Conde (Concha Navarro)

Julio Nuez Martínez (Julio Nuez)

José Antonio de la Peña García-Gadea (José Antonio de la Peña)

Juan Pérez Galiana (Galiana)

Ekaterina Ponomareva

Mª Gracia Ramírez Juan (Gracia Ramírez Juan)

Roberto Ramudo Arregui (Roberto Ramudo)

Marta Reina Chacón (Marta Reina)

Jorge Rodríguez Fernández  (Jorge Yunta)

Riccardo Rossi

José Miguel Ruiz Ortega (J. Miguel Márquez)

Nieves Sostres Francas (Minu Sostres)

Antonio Téllez de Peralta (Antonio Téllez)

José Antonio Urosa Moujadami (José Antonio Urosa)

Miguel Vedia Ortega (Miguel Vedia)

 

 

41 Certamen de Pequeño Formato

5 a 28 de octubre de 2022

Inauguración: miércoles 5 de octubre de 2022, 19 h.

Sala de Exposiciones del Centro Cultural Moncloa

Junta Municipal de Moncloa-Aravaca

Plaza Moncloa, 1. 28008 Madrid

De lunes a viernes: De 11 a 14 h. y de 17 a 20’30 h.

Metro: Moncloa (líneas 3, 6)

Bus: 1, 44, C2, 82, 132, 138, 160, 162, C1, 161, 83, 133, A, G, 46, 16, 61

El 6 de octubre se inaugura el VII Salón de Arte Realista de la AEPE

La Sala de Exposiciones del Centro Cultural “Eduardo Úrculo” de Tetuán acoge desde el día 4 y hasta el próximo 27 de octubre, el VII Salón de Arte Realista de la AEPE que organiza la Asociación Española de Pintores y Escultores, para el que se han seleccionado un total de 30 obras, incluyendo una decena de esculturas, de entre más del centenar presentadas, y en la que participan reconocidos autores de esta disciplina.

Al acto de inauguración, que tendrá lugar el jueves 6 de octubre, a las 19 h,  asistirán el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, el Vicepresidente de la entidad, Juan Manuel López-Reina, la Secretaria General, Mª Dolores Barreda Pérez,  el resto de miembros de la Junta Directiva, además de la Concejala Presidenta de Tetuán, Blanca Pinedo Texidor, acompañada de los servicios culturales del distrito.

En el acto de inauguración de la muestra tendrá lugar el fallo del jurado y entrega de premios, puesto que la convocatoria cuenta con dos galardones honoríficos: la Medalla de Pintura José Villegas Cordero, y la Medalla de Escultura Juan Cristóbal, como merecido homenaje a los maestros fundadores de la centenaria entidad.

Los artistas seleccionados en esta ocasión para integrar la exposición del VII Salón de Arte Realista de la AEPE, son:

Joaquín Alarcón González (Joaquín Alarcón)

Mª. Isabel Alonso Vázquez (Isabel Alonso)

Alejandro Aynós Romero (Alejandro Aynós)

Joaquín Besoy Posada (Joaquín Besoy)

Alfonso Calle García (Alfonso Calle)

Martina Cantero Jiménez (Martina Cantero)

Paloma Casado López (Paloma Casado)

Rafael Castillo Ruiz (Rafa. C)

Gloria Cediel Lafuente (Gloria Cediel)

Pilar Cortés López (Pilar Cortés)

Mar Esteban Villar (Mar Esteban)

Paloma Faci Cañedo-Argüelles

Joaquín Fernández Igual

Raffaella Freyre Ortíz  (Raffaella Freyre)

Sergio García Díez (Sergio García)

Federico García Zamarbide

Svetlana Kovalenko Schelchkova  (Svetlana Kovalenko)

Juan Layos Pantoja(Juan Layos)

Juan Ramón Luque Ávalos

Pedro Muñoz Mendoza (Pedro Muñoz)

José Antonio de la Peña García-Gadea (José Antonio de la Peña)

Félix Quiroga Cubas (Félix Quiroga)

Mª José Rebollo Feria (Magui Rebollo)

Mª Cristina Sánchez Estévez (Cristina Sánchez)

David  Sánchez Sánchez (David Sánchez)

Mª Dolores  Santos Castillo (Lola Santos)

Mª Nieves Sostres Francas (Minu Sostres)

Antonio Téllez de Peralta (Antonio Téllez )

José Antonio Urosa Moujadami (José Antonio Urosa)

Rosario Vaquerizo López (Charo Vaquerizo)

 

 

VII Salón de Arte Realista de la AEPE

Del 4 al 27 de octubre de 2022

Inauguración: 6 de octubre de 2022, 19 h.

Salas de Exposiciones “Eduardo Úrculo” 

Junta Distrito de Tetuán

Plaza Donoso, 5

28029 Madrid

De lunes a sábado, de 9 a 21’30 h. Domingos y festivos: cerrado

Metro: Ventilla (línea 9)

Bus: 177, 42

 

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