Por Mª Dolores Barreda Pérez
LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA
ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES
Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.
Carlota Fereal de Ferrari
FEREAL DE FERRARI, Carlota P 1942 BARCELONA MADRID 1956
Carlota Fereal en la ópera Circe. 1902
Carlota Fereal Cuendías nació en Orán, Argelia, el 23 de enero de 1879.
Hija del periodista y libretista musical italiano Cesare Fereal Molinari, instalado en Madrid desde 1886, y de Isabelle Cuendías Germillan, hija del liberal madrileño Manuel Cuendías, que fuera catedrático de inglés y francés en el Instituto de San Isidro de Madrid, exiliado a Francia y que falleció en Orán dos años después del nacimiento de Carlota.
En 1898 la prensa del momento destacaba: “Muy pocos días hace, el martes último, sonaba por primera vez en los periódicos madrileños el nombre de una joven, casi una niña, que principiaba la críticaa del arte bajo el más lisonjero porvenir. Entre loa distinguidos artistas que el lunes tomaron parte en el concierto celebrado en la embajada de Italia, cantó una joven que llamó extraordinariamente la atención. Esta se llama Carlota Fereal y es hija de un notable poeta y publicista italiano avecindado hace más de doce años en Madrid. Conociendo como conocíamos al padre, ignorábamos, sin embargo, las facultades artísticas de la hija. Diez y siete años cuenta solamente la señorita Fereal. Sólo por afición empezó a dedicarse al canto; hoy no sólo es una risueña esperanza, sino que sin exageración puede afirmarse que es una verdadera artista. Bien nos demostró anoche, en la reunión á que nos invitó su padre, cantando de un modo admirable el aria de Santuzza da la ópera Cavallerla rusticana, la romanza del tercer acto de Aida, el arte de La Traviata y oí raconto de la ópera Garin, de nuestro insigne Bretón, de que es autor de la letra el padre de la gentil artista, el poeta César Fereal. Cantó acompañada por el joven pianista don Ricardo Montes. A la novel artista y á su maestro el vechio y simpático Pousini felicitaron de corazón los concurrentes. Adelanto, pues, y a aprovechar el brillante porvenir con que brinda el arte á la señorita Fereal, que si no es una artista perfecta por su excesiva juventud llegará á ser con el estudio y el trabajo cantante de indiscutible valor”.
En febrero de 1901, a los 22 años de edad, Carlota debutó como soprano en la ópera La Boheme de Puccini que se estrenó en la ciudad portuguesa de Oporto. La prensa lo recogía así: “Nos telegrafían de Oporto que nuestra hermosa compatriota Carlota Fereal, ha debutado en aquel teatro de ópera con la Boheme, obteniendo) un legítimo triunfo. El público la colmó de aplausos y la hizo repetir al raconto, y en la entusiasta ovación de que fue objeto la distinguida tiple se llenó el escenario de camelias”.
El 7 de mayo de 1902, en la inauguración del Teatro Lírico de Madrid, fue parte del estreno de la ópera mitológica en tres actos Circe, de Ruperto Chapí. Carlota interpretaría el personaje femenino principal, alcanzando un gran éxito de público y con excelentes críticas de prensa.
Y pese al triunfo, Carlota se retiró de la escena musical tras el fallecimiento de su padre, ocurrido en 1904.
Revista Y, 1945
Comenzó entonces a estudiar en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, siendo discípula de Manuel Ramírez Ibáñez, uno de los Socios Fundadores de la AEPE.
En 1901 participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes con el bodegón titulado Frutas, con el que consiguió una Tercera Medalla, junto a la también socia de la AEPE, Adela Ginés.
Frutas, Tercera Medalla en la Exposición General de Bellas Artes de 1901
La prensa lo recogía así: “El cuadro de frutas de Carlota Fereal, que figura en la actual Exposición de Bellas Artes de Madrid, ha sido premiado por el Jurado; y aún sin tener en nuestro grabado la magia del color, se advierte en el claroscuro la manera delicada con que está tratado el asunto, así como la trasparencia y el jugo de las uvas, manzanas y granadas caí-
das de la volcada canastilla. La Srta. Fereal, verdadero temperamento artístico, pues no ha mucho que obtuvo legítimos triunfos en la escena como artista lírica, peca en nuestro concepto de modesta al limitarse á pintar inanimados modelos, y debe, puesto que puede, acometer obras de mayor empeño donde luzcan con mayor brío la firmeza de su dibujo y la varonil manera de poner el color”.
En esta época, simultaneaba su afición pictórica con su faceta como cantante, cosechando críticas como la aparecida en La Ilustración española y americana en 1902: “Tiene Carlota Fereal arrogante figura, gran belleza y verdadera elegancia en la escena, con la particularidad, digna á nuestro juicio de especial mención, de que en su modo de vestir, como en su manera de interpretar artísticamente el personaje, resplandece siempre la honesta distinción de la señorita”.
Vendedora, Exposición General de Bellas Artes de 1906
En la Exposición del Círculo de Bellas Artes de 1903 obtuvo premios.
En 1906 participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes con cuatro lienzos, entre los que se encontraba una pareja de retratos femeninos costumbristas del mismo tamaño: Peinándose (antes del trabajo), y Vendedora.
En 1908 participó en la Exposición de Zaragoza de Arte Moderno con “unas vigorosas notas de color” y en la Exposición del Círculo Artístico de Barcelona.
Antes del trabajo, presentada al 24 Salón de Otoño
El 4 de mayo de 1908, con 29 años, contrajo matrimonio en la Iglesia del Carmen de Madrid, con Emilio Luis Ferrari, hijo del poeta, periodista y académico Emilio Ferrari, abogado jefe de la Casa de Socorro de Buenavista, con quien tendría varios hijos, uno de ellos, Emilio César Ferrari Fereal, fue profesor de Canto Lírico y Dramático en el Conservatorio Superior de Música de Madrid.
La artista, que hasta entonces residía en la calle Salud, 13 de Madrid, se trasladó junto a su marido a la calle Almagro, 32.
En 1910 presentó a la Exposición Nacional de Bellas Artes cuatro obras: Estudio de Asturias, Iglesia de San Martín de Laspra (Asturias), Capilla de la escuela de San Martín de Laspra (Asturias) y Apuntes, que a juicio del crítico José Ramón Mélida, estaban “muy bien de luz, de color y de factura”.
En 1911 participó con un imponente tríptico al óleo titulado Redención, en la I Exposición Nacional de Artes Decorativas, que fue premiada con la Primera Medalla de Oro al año siguiente en la Exposición Regional de Valladolid, celebrada en el Colegio Mayor Santa Cruz.
En 1912 concurrió a la Exposición Nacional de Bellas Artes con dos obras: Rincón de Asturias y Lilas.
En 1928 participó en la Exposición que la Real Academia de la Concepción de Valladolid realizó en el Ateneo de aquella ciudad, obteniendo Diploma de segunda clase.
Retrato de niña, del 25 Salón de Otoño
Retrato, del 25 Salón de Otoño
Tras un largo paréntesis en el que Carlota se dedicó a cuidar de sus hijos, en 1941 participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes con el cuadro titulado Lilas, haciendo constar que su domicilio se encontraba en la calle Almagro, 32, 2º derecha.
Un año más tarde lo haría al XVI Salón de Otoño con un Rincón de Marín y un Bodegón.
En 1943 concurrió a la Exposición Nacional de Bellas Artes con la obra Bodegón y al XVII Salón de Otoño.
Los siguientes años, volvió a presentar obra al XVIII Salón de Otoño de 1944, a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1945, con la obra Frutas y rosas y al XIX Salón de Otoño de ese mismo año.
Por una entrevista realizada en 1945 concedida a la revista Y, sabemos que “he cantado con la compañía del Scala de Milán, recorriendo toda Europa, y soy también profesora de piano… he pintado siempre, porque me ha gustado más que nada. Lo que pasa es que estuve algún tiempo alejada del arte. Esto sucedió cuando mis hijos eran pequeños. Dejé de pintar hasta que los crié, porque me sentía madre más que ninguna otra cosa. En pintura cultivo el paisaje y los bodegones, lo mismo al óleo que a la acuarela. Mi maestro, mi gran maestro, fue el pintor Manuel Ramírez Ibañez. Me gustan Sorolla, Tiziano y Veronés. Tengo dos medallas regionales, obtenidas en Valladolid, en los años 1907 y 1912, y una segunda medalla, en Zaragoza. Nací en Oran; pero como vine a España al año de nacer, me considero netamente española. Además, estoy casada con un español”.
Apuntes de Ontes, del 19 Salón de Otoño
En 1946, concurre al XX Salón de Otoño y a su edición siguiente de 1947.
A la Nacional de 1948 llevó un Bodegón, y al XXII Salón de Otoño de ese año, igual que a la edición del XXIII Salón de Otoño y al XXIV de 1950.
Participaría también en el XXV Salón de Otoño de 1952, que sería el último envío de su obra, obteniendo Medalla.
Flores y frutas, del 16 Salón de Otoño
Redención, de la I Exposición Nacional de Artes Decorativas de 1911
Falleció en 1955 cuando contaba con 76 años.
En 1956 se celebró en la Asociación de Escritores y Artistas de Madrid una exposición póstuma de obras de la artista incluyendo el retrato de la pintora ejecutado por su maestro Manuel Ramírez.
En abril de 1956, en el diario Pueblo Julio Trenas dedicaba su columna a la artista bajo el título de La cantante pintora: “estos días se ha cumplido un año de la muerte de Carlota Ferreal de Ferrari. Feliz, elogiable idea, la de dedicar una muestra homenaje póstumo a la gran pintora que en su juventud fue asimismo cantante famosa. Carlota Fereal, tiple lírica, fue la voz que abrió cantando la ópera Circe de Chapí en el teatro lírico Nacional o Gran teatro, empresa que culminaba una campaña en pro de la apetecida ópera española llevada a cabo por los maestros Chapí y Bretón. Otras felices actuaciones e interpretaciones de la cantante cuentan quienes tienen memoria y las vivieron. Pero ella se retiró pronto de la escena. El hogar la llamó imperiosamente y su vocación en estética encontró cauce ininterrumpido exclusivamente en la pintura. Como pintora ilustre ha sido conocida durante muchos años entre los profesionales plásticos. Una vuelta acuriosada por la exposición de la calle del rollo nos sitúa ante un artista muy de su tiempo. Gustoso saber las exigencias del dibujo y la fugacidad impresionista del color, así como de nutrir el cuadro cuando de una composición se trata, de la posible anécdota. Recordemos este gran lienzo antes del trabajo, donde una modista ante su máquina de coser y después de aprender la fatigosa tarea, tiene coquetería y juventud suficientes para darse los últimos toques al rostro y al peinado. Hay también paisajes asturianos, vistos con pupila cariciosa y amable y flores. Esas flores que Carlota Ferial pintaba con tanta delectación, finura y gusto. Acaso acordándose de las que llegaban a su camerino los días de sus grandes triunfos como cantante”.
Calle de Estínez, del 23 Salón de Otoño
Cesto de frutas, del 17 Salón de Otoño
Bodegón de frutos y rosas, del 22 Salón de Otoño
Carlota Fereal y la AEPE
Participó en las siguientes ediciones del Salón de Otoño:
Al XVI Salón de Otoño de 1942: Rincón de Marín y Flores y Frutas
Al XVII Salón de Otoño de 1943: Cesto de frutas
Al XVIII Salón de Otoño de 1944: Iglesia de San Martín y Calle de Raíces (Avilés)
Al XIX Salón de Otoño de 1945: Apuntes de Ontes y Hórreos
Al XX Salón de Otoño de 1946: Una calle de Génova
Al XXI Salón de Otoño de 1947: Bodegón
Al XXII Salón de Otoño de 1948: Cabeza de estudio de doña Carmen Goya y Bodegón de frutas y rosas
Al XXIII Salón de Otoño de 1949: Calle de Estínez
Al XXIV Salón de Otoño de 1950: Paisaje de Galicia y Antes del trabajo
Al XXV Salón de Otoño de 1952: La Boheme, Retrato de niña y Retrato del poeta Ferrari
Iglesia de San Martín del 18 Salón de Otoño














