Por Mª Dolores Barreda Pérez
Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes
de la Asociación Española de Pintores y Escultores
Epílogo de una historia compartida
Desde noviembre de 2021, en la Asociación Española de Pintores y Escultores he venido publicando, de forma ininterrumpida y con periodicidad mensual, una sección dedicada a reconstruir la historia de la Gaceta de Bellas Artes a través de quienes la hicieron posible: sus directores, redactores y colaboradores.
A lo largo de estos meses, el lector ha podido recorrer más de un siglo de historia editorial, desde los primeros responsables de la publicación hasta quienes, en distintas etapas, asumieron la tarea —siempre exigente— de dar forma, continuidad y sentido a una revista que es hoy parte inseparable del patrimonio cultural de la propia AEPE.
Han sido un total de 48 semblanzas en las que descubrir la biografía de artistas maravillosos y a veces olvidados como Ceferino Palencia Álvarez Tubau, Manuel Villegas Brieva, Joaquín Llizo, Bernardo González de Cándamo, José Garnelo y Alda, José Pinazo Martínez, Ramón Pulido, Francisco Llorens, Cándido Medina Queralt, Lorenzo Aguirre, Francisco Pompey, Tomás Gutiérrez Larraya, Francisco Blanco, Pedro García Camio, Bernardino de Pantorba, José Francés, Jesús María Perdigón, Ángel Vegué, Fernández Balbuena, José Subirá, Enrique Estévez Ortega, Ricardo Baroja, Esteve Botey, Emilio Romero Barrero, Julio Moisés, Julio Vicent, Juan Adsuara, Guido Caprotti, Enrique Pérez Comendador, Emilio García Martínez, Carlos Casado, Luis Rubio Verano Aguirre, Luis Benedito, Miguel Lucas San Mateo, Fructuoso Orduna, Julián Moret, Emiliano Martín Aguilera, Santiago Camarasa, Luis Gil Fillol, Javier Tassara, Antonio Méndez Casal, Cecilio Barberán, José Prados López, César Fernández Ardavín, Rafael Pellicer, Ramón Ferreiro Lago, Miguel Carrión, Francisco Prados de la Plaza, Luis Brihuega, Carlos San Román, Manuel de Íñigo, Edmundo Lloret, Emilio Pina, Isidoro Herránz Constenla, José Luis del Palacio, Agustín Romo, Antonio de Santiago, Fernando de Marta, Antonio Otiñano y Juan de la Cruz Pallarés.
Quedaron en el tintero otros muchos nombres de artistas de quienes se ha perdido su memoria por completo, haciendo imposible esbozar al menos una mínima biografía. Nombres anónimos que quedan recogidos en el libro de Fernando de Marta: “Historia de la Asociación Española de Pintores y Escultores, 1910-1993, 8 décadas de arte en España”, Madrid, 1994, que ha sido base del trabajo minucioso que he afrontado.
En 116 años de historia de la Gaceta de Bellas Artes, han sido muchas las personas que han trabajado y colaborado en la publicación. La mayoría de los que tenemos constancia, personajes ilustres tanto de la cultura nacional como internacional, vienen recogidos en la página web del portal buscador de la gaceta, organizados en diferentes grupos según su profesión (artistas, cargos en instituciones, conservadores, escritores, historiadores, ingenieros/arquitectos, juristas, médicos, músicos, pedagogos), para hacer más fácil su búsqueda.
https://gacetadebellasartes.es/periodistas-y-colaboradores/
Nombres míticos como Jacinto Benavente, Enrique Bonet, Emilio Carrere, Ernestina de Champourcin, Eugenio D’Ors, Wenceslao Fernández Flores, Lafuente Ferrari, Manuel Machado, Martínez Sierra, Gabriela Mistral, Julián Moret, Amado Nervo, Ortega y Gasset, Wifredo Rincón, Ángel del Río, Javier Rubio Nomblot, Tomás Paredes, Unamuno, Pedro Corral, Rafael Flórez, Elías Tormo, Manuel de Arte Retamino, Luis Pérez Bueno, Aureliano de Beruete, Carmen de Burgos, Julio Camba, Narciso Sentenach, Emile Verhaeren, Santiago Ramón y Cajal… la lista sería interminable.
En casi cinco años, hemos puesto nombres a una cabecera, aunque no se trataba únicamente de identificar a los responsables de la publicación, sino de intentar comprender el contexto, las circunstancias y el compromiso personal de quienes sostuvieron la voz de la Asociación Española de Pintores y Escultores en cada momento histórico.
Este recorrido alcanza ahora su punto final.
No porque la historia concluya —nunca lo hace—, sino porque la sección ha llegado a su presente.
Y en ese presente, la dirección de la Gaceta de Bellas Artes recae en quien ha sido, precisamente, la autora de estos artículos. Una circunstancia que introduce una lógica excepción: no corresponde cerrar esta sección con un texto dedicado a quien la ha escrito y la dirige en la actualidad.
Lejos de ser una ausencia, esta decisión responde a un criterio de coherencia y de respeto hacia el propio enfoque de la sección. Si el propósito ha sido siempre analizar, contextualizar y poner en valor la labor de otros, resulta natural que ese ejercicio no se proyecte sobre quien lo ha llevado a cabo. La historia, en ese punto, debe quedar abierta.
Porque, en realidad, ese es el sentido último de este trabajo.
La serie Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes no solo ha permitido recuperar nombres, fechas y trayectorias. Ha puesto de manifiesto algo más profundo: la continuidad de un proyecto colectivo que ha sabido adaptarse a los cambios, resistir las dificultades y mantener viva una publicación durante más de un siglo. Cada director, cada redactor, cada colaborador ha sido un eslabón necesario en esa cadena.
Y esa cadena continúa.
La Gaceta de Bellas Artes no es únicamente un testimonio del pasado, sino una herramienta viva al servicio de los artistas y de la cultura. Su permanencia es, en sí misma, una prueba del compromiso sostenido de la Asociación Española de Pintores y Escultores con la difusión del arte y el pensamiento artístico.
Cerrar esta sección es, por tanto, una forma de abrir otra etapa: la de seguir escribiendo, desde el presente, las páginas que algún día formarán parte de esa misma historia.
Porque si algo ha quedado claro en este recorrido es que la Gaceta de Bellas Artes no pertenece a una sola persona, ni a una sola época. Pertenece a todos aquellos que, ayer y hoy, han entendido que la cultura se construye con continuidad, con memoria y con responsabilidad.
Y esa tarea —como la propia historia— no tiene final.
Alcanzamos así el final de este trayecto compartido. Y llegados a este punto, siento la necesidad de detenerme un instante y mirar atrás, no con nostalgia, sino con gratitud. Gratitud hacia todos aquellos que, a lo largo de los años, habéis habitado estas páginas con vuestra mirada atenta y paciencia generosa.
Gracias por acompañarme entre nombres y fechas, por recorrer biografías, por deteneros en los detalles quizá minuciosos, a veces silenciosos, de la historia del arte y de quienes la construyen.
Gracias por sostener, con vuestra fidelidad, el pulso de esta sección, incluso cuando el camino se volvía denso de datos o exigente en memoria.
Porque si algo ha dado verdadero sentido a estas líneas no ha sido solo lo contado, sino el hecho de saberme leída, comprendida, acompañada. En esa complicidad discreta, casi invisible, ha latido siempre la esencia de la Gaceta de Bellas Artes.
A todos vosotros, que habéis estado ahí —con paciencia, con curiosidad, con afecto—, mi más hondo y sincero agradecimiento. Sin vosotros, estas palabras no habrían encontrado nunca su destino.
Muchas gracias


