Firmas con sello de lujo: Tomás Paredes

NENIA PARA QUE NO CUNDA EL OLVIDO…

 

…de Antonio Beneyto. El 23 de octubre, en Barcelona, fallecía Beneyto. La parroquia cultural ha registrado el deceso con cicatería, claro indicio de los niveles culturales, o de ignorancia, en los que nos movemos. Las estrellas no mueren, se apagan por un tiempo, y vuelven al antojo de la necesidad de luz de los hombres, cuando estos necesitan otras cosas que no sean futbol, política, espectáculos y viajes, ¿a dónde?.

Antonio Beneyto era un rara avis de nuestro mundo cultural, que concitaba un espíritu creativo, como ahora no se estila. Escritor y pintor, inventor de artilugios y escultor, compilador y crítico, nefelibata, postista, actor, poeta, generador de cultura, y pegamento para estrellas distantes de la constelación literaria. Y, aunque fantaseaba con lo erótico – ¿quién no lo hace?-, amante y erotómano sin par.

Tenía algo de escapista y por eso se ha diluido el impacto de su desaparición, entre Barcelona, Valencia, Albacete y Polonia. Antonio Beneyto Senabre, Albacete 1934, Barón de Chinchilla de Montearagón, iba para piloto, pero aterrizó en Mallorca y con la campanuda voz de Cela se puso en marcha a través de Papeles de Son Armadans. Desde 1967, su mundo se desarrolló en Barcelona. En su Diario del artista suicida, Onix Editor, hay un epilogo de Juan Manuel Bonet, difícil de superar, donde están todos los datos de su henchida andadura y todo el cariño que despertaba.

¿Cómo silenciar a quien hizo un centenar de exposiciones, individuales y colectivas, en el mundo; publicó treinta libros, de todos los géneros, cuando no mezclados; editor, en La Esquina, de RAMÓN, Juan Ramón, Max Aub, Ory, Brossa, Cirlot, Pizarnik; director de revistas, alma de Barcarola; miembro del grupo ZUT; amigo y corresponsal de Alejandra Pizarnik?

En un texto para catálogo, Camilo José Cela escribe: “Beneyto habla con la mano, pinta con el corazón y gesticula con el alma, que gime como un tigre con cien dardos clavados en los huevos”. Se sentía poeta, pero Juan Eduardo Cirlot, que esperaba que venciera al Minotauro, lo predestinó: “¡tu serás pintor!”.

Entre sus libros: Textos para leer dentro de un espejo morado, Un bárbaro en Barcelona, Cartas apócrifas, Tiempo de quimeras, Códols en New York, Escritos caóticos, Una gaviota en la Mancha…Hay que agradecer a Jaime D. Parra, uno de los beneytianos de rango, por las ediciones de su obra que ha realizado y todas las de Onix Editor. Antólogo de poetas polacos, de cuentos, de maravillas, que surgen de la magia de las jitanjáforas.

Beneyto, amado/amador, gustaba andar desnudo, disfrutaba despojándose de todo, para mostrarse tal y como era: tierno, bueno, soñador, creativo, leal, amigo, inocente como un sueño que ahorma la inocencia. Era eslabón de una cadena en la que se suceden los nombres de Cela, Robert Graves, Cristóbal Serra, Perucho, Marsé, Pepe Corredor, Cirlot, Antonio Fernández Molina, Pepe Esteban, Alejandra Pizarnik, Bonet, Jaime D. Parra.

El gran cronopio deslumbró en el cine con la película de Cristina Hoyos, Beneyto desdoblándose, 2010. Y triunfó en algo casi inapreciable, pero fundamental, la amistad: deja un legado material inmenso de obras creativas, pero no es fácil que supere la devoción de los amigos que ganó. Ante una apariencia de Nosferatu temible, se escondía un lugano azul, una alma cándida, dolorida, candeal, hermosa como el tigre aquel de Cela. En definitiva, una criatura especial que se convirtió en arquetipo de libertario y romántico, una inteligencia abierta a la bondad y al humanismo, una especie de hombre, que escasea. Un archipiélago cuyas islas conforman un amanecer de los sentidos, que hermosean la vida y a los hombres ¡Un milagro de esos que ocurren de raro en raro!.

 

Tomás Paredes

                                                                                                               Miembro de AICA

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