La Junta Directiva de la Asociación Española de Pintores y Escultores, AEPE, presidida por José Gabriel Astudillo, ha concedido su Medalla de Honor al coleccionista Rafael Botí Torres, ‘en reconocimiento y agradecimiento’ a su confianza en la Asociación, inquebrantable fe en la entidad, máxima cordialidad ‘y gran predisposición mostrada siempre a la hora de colaborar con nuestra institución’. La Medalla de Honor se entregará el 21 de diciembre de 2018 en la sede social de AEPE, al término de la tradicional Copa de Navidad.
Rafael Botí Torres, hijo del pintor cordobés Rafael Botí, figura importante formada en el taller de Vázquez Díaz, creció en ese mundo artístico paterno y hasta en alguna ocasión fue modelo de Vázquez Díaz para realizar la figura de un torero; y ya de mayor se afanó en formar una colección que, con el tiempo, alcanzó un alto nivel al adquirir numerosas obras de Vázquez Díaz. Un fondo patrimonial que desde hace años trata de compartir y por ello donó una parte sustancial de las obras de su padre a los cordobeses, donación hecha a la Diputación Provincial que difunde la Fundación Rafael Botí, constituida en un factor cultural con notable proyección; y en su testamento deja en herencia al Museo Vázquez Díaz de Nerva (Huelva) los bocetos y dibujos realizados por don Daniel Vázquez Díaz para realizar los frescos del Descubrimiento de Santa María de la Rábida.
Coleccionista, mecenas, emprendedor; una vida dedicada al fomento de la cultura. Patrocina certámenes artísticos e impulsa exposiciones; es miembro de la Asociación Española de Críticos de Arte; académico… Y la Asociación Española de Pintores y Escultores reconoce esa labor desprendida e inteligente otorgando a Rafael Botí Torres su Medalla de Honor.
En un acto celebrado el pasado día 26 de enero en la sede institucional de la AEPE, el genial artista recogió la “Medalla de Honor”, que le fue otorgada de manos de su Presidente José Gabriel Astudillo, en reconocimiento a su producción artística, que no tiene comparación posible con la obra de ningún otro artista a nivel mundial, y también por su talento, por la extraordinaria calidad de su técnica y pinceles, y por su personalísimo estilo”.
Repleta de asistentes, entre los que se encontraban numerosos socios y amigos, los también Medalla de Honor de la AEPE, Tomás Paredes Romero, Presidente de la Asociación Española de Críticos de Arte, y de todos los miembros de la Junta Directiva de la AEPE, Rafael Botí y el propio hijo del homenajeado, Diego Canogar, así como diferentes entidades colaboradoras de la Asociación Española de Pintores y Escultores, transcurrió un acto emocionado en el que a modo de introducción, la Secretaria General de la Asociación Española de Pintores y Escultores, Mª Dolores Barreda Pérez, realizó un breve recorrido por la trayectoria artística y profesional del reconocido artista de talla internacional, haciendo especial hincapié en lograr un bosquejo resumido de cómo es Rafael Canogar, y no sólo de su biografía, con datos y fechas frías y distantes, sino introduciendo a los presentes en la vida, el pensamiento y un poquito en el alma del artista.
Por su parte, el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, recordó a todos que su arte está caracterizado por el personal estilo que ha hecho de este pintor un referente para las nuevas generaciones creadoras.
Hizo además referencia al homenaje espontáneo, nacido del corazón de todos los que forman la Asociación Española de Pintores y Escultores, no sólo por distinguir al genial pintor en su vertiente artística, sino especialmente por los valores humanos que siempre han rodeado a la persona de Rafael Canogar.
José Gabriel Astudillo lo reflejó muy acertadamente cuando expresó que la creatividad de este artista, la empatía que genera con las obras que crea y una biografía repleta de éxitos profesionales han hecho de “Rafael un referente en el arte, dentro y fuera de nuestro país, en donde sus obras han ofrecido respuestas a las inquietudes artísticas de varias generaciones de españoles con respuestas repletas de coherencia, seriedad, independencia y que cuentan con el rigor como señas de identidad”.
El Presidente comentó que “Rafael es un hombre grande, no sólo de estatura, porque es un gran contenedor de ingenio, emociones y talento que, en cierto sentido, puede resumirse o aglutinarse en la actividad creativa, que incluye la mayoría de los elementos que completan el abanico de las artes plásticas”.
“Esa capacidad de Rafael –continuó Astudillo- para renovarse en su trabajo cada día, con libertad y amplitud de miras y sin perder nunca la ilusión por los nuevos retos, ha sido fundamental a la hora de otorgarle esta Medalla de Honor, sobre todo por el excepcional momento que atraviesa de plenitud artística y por la pasión, valentía y excelencia con que aborda cada obra”.
Tras la imposición de la Medalla de Honor, el homenajeado dirigió unas palabras a los asistentes al acto, agradeciendo la distinción de la que era objeto y compartiendo la ilusión entre los asistentes por seguir creando belleza y generando arte.
Recuerdos muy poderosos y actuales que ha ido atesorando en su memoria a lo largo de los años, y que consiguieron emocionar al público allí congregado por la sensibilidad que transmitían las vivencias que de esta forma quiso compartir con todos.
Para finalizar el acto, Rafael Canogar aseguró que siempre estará muy cerca de la centenaria entidad y dispuesto siempre a colaborar con los artistas y creadores.
PALABRAS DE INTRODUCCIÓN DEL ACTO DE IMPOSICIÓN
DE LA MEDALLA DE HONOR DE LA AEPE,
DE LA SECRETARIA GENERAL, Mª DOLORES BARREDA PÉREZ
Señoras y señores, queridos socios y amigos, muy buenas tardes a todos y bienvenidos a esta casa común que es la Asociación Española de Pintores y Escultores.
Celebramos hoy el acto de imposición de la Medalla de Honor de nuestra entidad a D. Rafael Canogar.
De su relación con esta Asociación Española de Pintores y Escultores puedo referir que Rafael Canogar ha participado como miembro del Jurado en los últimos Salones de Otoño, así como en la nueva convocatoria del Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura, contribuyendo así a engrandecer estos premios.
Pero además de su experiencia como artista y como asesor, ha dado cumplidas muestras al acudir a la llamada de esta presidencia en el estudio del estatuto del artista que desde esta institución se ha hecho con vistas a presentar nuestras conclusiones próximamente en el Congreso de los Diputados.
De su biografía, como en las anteriores ocasiones, me gustaría remitirles a cualquier enciclopedia, o mejor aún, a la página web del autor, un fantástico recorrido por su vida y obra, atractiva visual y conceptualmente, y en donde encontrarán pormenorizados cuantos datos deseen acerca de su autor.
A mi corresponde trazar a grandes rasgos el perfil humano y la especial dimensión artística de uno de los máximos representantes del arte español actual.
Nacido en Toledo, a los 14 años aprendió el oficio a manos del maestro Vázquez Díaz, uno de los grandes socios de nuestra entidad.
El arte de vanguardia le interesa desde muy pronto, cuando comienza a hacer abstracciones, incluso antes de ir a París, en el año 1954.
Allí se encontró con el informalismo, el movimiento en gestación más avanzado del momento. Así que, al volver, empezó a trabajar en la abstracción con lo que tenía a mano, que era su creatividad.
En la abstracción y también luchando por la libertad de la forma que podía, que era realizando un trabajo de renovación de la pintura.
Así surgió el grupo “El Paso”, un grupo de arte no figurativo o informalista, en donde sus integrantes, unidos, conseguirían ser oídos. Luis Feito, Antonio Saura, Millares, Pablo Serrano y Rafael Canogar, reinventaron el espacio pictórico con una pintura libre en un país que no lo era, y que llevó la pintura de España alrededor de todo el mundo, estableciendo su escuela en la ciudad de Cuenca donde se instauró el Museo de Arte Abstracto, gracias al mecenazgo de Fernando Zóbel.
Se afanó en el informalismo con una enorme intensidad, trabajando los cuadros directamente con las manos, dejando el color sobre la superficie, con el lienzo en el suelo, echando pintura líquida que se introducía por los surcos que habían dejado sus dedos sobre la materia, en sus propias palabras: “como la lluvia cuando cae sobre los surcos creados por el hombre”.
Como él mismo ha confesado, su gran lección de pintura la encontró en el Museo del Prado, porque es allí donde estaba la raíz de la pintura de vanguardia y de ruptura: en la tensión de Goya, en la elegancia de Velázquez o en la austeridad de Zurbarán.
También luchó contra la intensidad pictórica, esa libertad más allá de la estética, que si se convierte en constante se vuelve académica y retórica.
Por eso, igual que otros artistas como Vostell y John Blake, informalistas, sintió la necesidad de volver a la realidad, lejos de la “figuración”, creando para ello una nueva realidad.
Huyendo del academicismo experimentó con el realismo en un periodo marcado por el bulto, el relieve que surge de la bidimensionalidad de la superficie del cuadro hacia el espacio del espectador, mostrando una nueva realidad y derribando el muro entre la pintura y la escultura, buscando el realismo como un acercamiento al público.
En esos momentos, seleccionaba imágenes de los medios de comunicación y hacía un análisis sobre ellas, en las que el hombre está cosificado y fragmentado.
La lucha por las libertades que emprendió a partir de 1975, fue un gran motivo de trabajo que fue reconocido con el gran premio de la Bienal de São Paulo. Como él mismo ha comentado, “fue un premio pero también el comienzo de una demanda excesiva, un momento en el que tenías que rebelarte y alejarte de ese consumo que lo que hace es dividir al artista”.
En esa etapa, reivindicó la necesidad de volver a la pintura, a la bidimensionalidad de la tela, utilizando ropa para ser veraz, aluminio, objetos, moldes de manos… para hacer veraz la lucha del hombre.
Ese periodo tan fructífero e intenso fue agotando un poco su pintura. La larga serie de pinturas negras dieron paso a la necesidad de recuperar la imagen a través de “Las escenas urbanas”, estructuras donde está representado, casi simbólicamente, el hombre urbano: unos van y otros vienen, unos duermen, otros se despiertan…
En 1992 cambia nuevamente su trabajo e investiga sobre la destrucción y la reconstrucción, esa constante del hombre atemporal, trabajando con planchas de papel, troceándolas y recomponiéndolas con elementos geométricos muy simples pintados sobre diversas superficies, en un periodo conocido como de fragmentaciones.
Rafael Canogar pertenece a una generación que quiso abrir nuevos cauces sin dejar de pintar y siempre desde la pintura.
Por eso en la actualidad, confiesa que sigue creyendo en la pintura, incluso en este periodo en el que parece que la pintura interesa poco, que interesan más cosas que se muevan y que se enciendan o se adapten. Según sus propias palabras: “Yo creo en la pintura. En la Facultad de Bellas Artes ya casi ni se enseña a pintar, porque muy pocos saben pintar. Es un drama. Por eso he vuelto a la pintura, para reinventarme, para reactualizarme, porque lo que hago no tiene nada que ver con lo que hacía antes. No estoy dando pasos atrás. Me gusta trabajar con elementos mínimos para dar el máximo protagonismo expresivo a esos mínimos. Es la pintura: óleo sobre la tela y ya está”.
Rafael Canogar sólo quiere eso, pintar y hacer buena pintura, y no necesariamente inventar algo nuevo.
Sin embargo, también le interesan mucho las nuevas herramientas de los jóvenes artistas, motivo por el que aprecia y valora muchísimo, el trabajo de los artistas que reciclan y dan vida a cosas que estaban muertas, como el que realiza su hijo Daniel.
Rafael padece, sufre, sobrelleva el “terrible vicio” de la pintura; toda su vida es la pintura; se realiza pintando, creando o haciendo escultura; pintando todo el tiempo que le dejan; él piensa, como seguramente muchísimos de los presentes hoy en esta sala, que los pintores mueren pintando.
Califica de “horrible” la repetición de uno mismo y se niega a fabricar Canogares.
Pero hay en Rafael otra faceta que descubrimos, como su ayuda a la creación de colecciones y un fabuloso patrimonio de arte contemporáneo para el Estado español. Una gran etapa a la que llegó después de haber ayudado a la conquista de la libertad y que hoy confronta con la realidad que vivimos, desde una inmensa tristeza por presenciar cómo quieren destruir lo que hombres como él construyeron y que tanto costó conseguir: la concordia entre ideas tan diferentes, la capacidad de entender posiciones que no son como la tuya. Por eso ahora mismo la sociedad no es su fuente de inspiración.
Su reacción ahora es centrarse en su trabajo, en donde encuentra una serenidad necesaria ahora en su vida.
Reivindica la calidad, no la originalidad fruto de la novedad, sino el buen hacer, la buena pintura.
Lo difícil en toda su trayectoria ha sido mantenerse, conseguir que su obra tenga actualidad y puntualidad.
Fue vanguardista como artista informalista pero lejos de modas, buscó su propio estilo. Esa ha sido su originalidad.
Ver la obra de Rafael Canogar es ver auténticos autorretratos, pues todas y cada una de ellas contienen su experiencia, su ansiedad y desvelos, sus esfuerzos e ilusiones, su saber.
Ha trabajado obra gráfica, collage, escultura, pintura… y a través de su obra, como artista y creador, es como él defiende y apoya la cultura y la educación, defendiendo una visión crítica de la sociedad, reencontrando valores tan fundamentales como la ética y moral.
Rafael es un hombre recto, en quien no cabe engaño ni picardía; es directo, circunspecto y grave, eso no quiere decir que no sea también atrevido y soñador; prudente, discreto, contenido, intenso, puro, íntimo, espiritual; visceral, comunicativo, afable, cercano, asequible; es inspiración para sus cuatro hijos artistas, el ideal compañero de viaje, conversador avezado, rústico poeta minimalista de rimas y juez ingenioso en las sentencias de la vida; lector infatigable, hombre generoso… una bellísima persona y un gran pintor.
Entre los múltiples premios y galardones conseguidos por toda una vida creando, destacamos la Encomienda de la Real Orden de Isabel la Católica del Ministerio de Asuntos Exteriores de España; Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de Educación a Distancia; XIII Premio Tomás Francisco Prieto de la Fundación Casa de la Moneda; Hijo Predilecto de la ciudad de Toledo; Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes; Premio Artes Plásticas Cultura de la Comunidad de Madrid; Medalla de Oro de la Feria de Arte Contemporáneo Artesevilla; Premio Extraordinario de Castilla-La Mancha, Premio Nacional del Grabado, de Calcografía Nacional, de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando; Premio de la Academia Nacional China de Pinturas y Artes…
Es Miembro numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando; de la Junta Directiva del Círculo de Bellas Artes; del Consejo Asesor de la Dirección General de Bellas Artes del Ministerio de Cultura, Vocal en el Consejo de Administración del Patrimonio Nacional…
Ha realizado más de doscientas exposiciones individuales, ha participado en cientos de colectivas, cuenta también con varias retrospectivas…
Ante todo este espectacular historial de galardones, nuestro premio de hoy a Rafael Canogar puede resultar tremendamente sencillo, pero a diferencia de estos, la Medalla que hoy te entregamos, es la única que nace de tus compañeros de profesión y fatigas; la otorgan los artistas a otro gran artista, por eso esta Medalla es única y especial, por eso es tan importante; porque con ella te conviertes en “profeta en tu tierra”, y eres homenajeado por cuantos hacen, como tú, del arte su vida.
La Medalla es la muestra de la profunda admiración que todos los socios y amigos aquí reunidos, sentimos por tu trabajo y por tu obra, porque los grandes artistas como tú son los que hacen grande a un país a través del arte.
Enhorabuena y muchas gracias
DISCURSO DEL PRESIDENTE DE LA ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES,
JOSÉ GABRIEL ASTUDILLO LÓPEZ
Rafael Canogar, miembros de la Junta Directiva, autoridades asistentes, queridos socios y amigos, bienvenidos todos y gracias por vuestra presencia en este acto que me honra presidir.
Esta Asociación siempre ha creído que homenajear a los grandes artistas que tiene España era un deber con la historia, con la propia Asociación Española de Pintores y Escultores y con todas las personas que habéis demostrado vuestro amor y vuestro compromiso con esta institución y con el mundo de las bellas artes.
Y lo hacemos de forma sencilla, pero sentida y humilde, en un reconocimiento sincero a quien tanto ha hecho por las bellas artes en España.
Porque rendir homenaje siempre ennoblece a quien lo recibe, pero engrandece también a quien lo otorga. Porque es justo alabar y reconocer a quien debe ser admirado y respetado por su creación y por su ejemplo.
Rafael Canogar es un gran humanista cuya filosofía de vida descansa y se construye desde los valores y por ello, no sé si de forma consciente e intencionada, con la ilusión de que su existencia deje huella en la Historia de las Bellas Artes, al igual que hicieron los que nos precedieron.
La suya es una forma de vivir que nace de las historias de toda una vida dedicada a las bellas artes y a la creación. Una obligación moral contraída con la que ha logrado enriquecer nuestro entorno con sus propuestas artísticas.
Nuestra admiración se extiende tanto hacia sus espléndidas creaciones primeras, llenas de sentido poético, profundidad y connotaciones oníricas, como hacia toda su gran obra posterior, de una fuerza renovadora y trascendente, en la que ha sido capaz de incorporar casi todos los hallazgos técnicos propios del informalismo.
Esta Medalla que hoy te entregamos es el ideal y el compendio de lo que a lo largo de estos años hemos ido imaginando y construyendo, siempre con enorme ilusión. Es una Medalla que busca ser un modelo que ejemplifica cómo queremos que se fortalezca el arte en España, con qué ideales y anhelos, con qué valores.
Esta Medalla de la AEPE agradece la contribución de Rafael Canogar para que la luz de la cultura española sea más nítida, para que nuestro patrimonio sea más y mejor conocido, y tengamos renovadas razones para enorgullecernos y deleitarnos en él.
Es este un acto de reconocimiento y también la mejor ocasión para mostrar públicamente nuestro afecto y nuestro agradecimiento a Rafael Canogar, no solo por el servicio que está realizando a la sociedad, sino también por esa capacidad de aunar la excelencia en disciplinas tan diferentes pero intrínsecamente ligadas por el denominador común del talento creativo.
Es precisamente ese talento el que hace que sus trabajos estén abonados por las virtudes del esfuerzo, la constancia, la innovación, y la inquietud creativa; todas ellas con un denominador común: un profundo amor al arte y la cultura.
Su impecable trayectoria y su transversalidad entre disciplinas nos ayudan a entender mejor el espíritu de las vanguardias internacionales que él mismo encarna.
Su trayectoria no es solo la de alguien que ha hecho de su mirada de artista un modo de vida apasionante, sino que ha querido llegar más lejos, triunfando dentro y fuera de nuestras fronteras con la utilización de técnicas tradicionales aplicadas a un lenguaje contemporáneo, combinando su compromiso social con una incesante búsqueda de la belleza.
Rafael representa toda una vida dedicada al oficio de crear, y ha sabido combinar su maestría en el dominio de la técnica, con el acercamiento y experimentación con nuevos materiales de vanguardia.
Toda su obra es una audaz meditación sobre la propia vida, en la que la altura filosófica no está reñida con la facilidad para trasladar sus planteamientos a toda clase de obras. Y una obra, en suma, con la que el artista se descubre una vez más como uno de los creadores españoles más importantes de nuestro tiempo.
Sus obras nos ayudan a comprender mejor nuestro pasado y, por tanto, nuestro presente. Una tarea en la que hoy reconocemos a Rafael Canogar, que viene a ser algo así como una mirada al pasado renovadora y rigurosa, que es además una manera de desvelar las claves del presente artístico español.
Trabajo y talento son dos características que definen también a Rafael Canogar. Cabe destacar de él su capacidad para tratar el color, el uso original de formas y texturas que logra ser, al mismo tiempo, arquetípica y plenamente actual. Quizá porque su carrera se ha movido entre la revisión de los clásicos y el desarrollo de su propio territorio personal, por eso Rafael aúna el ideal de todo artista sobresaliente: aprender del pasado para mejorar el futuro.
Su creatividad, la empatía que genera con las obras que crea, y una biografía repleta de éxitos profesionales han hecho de Rafael un referente en el arte, dentro y fuera de nuestro país. Sus obras han ofrecido “respuestas a las inquietudes artísticas de varias generaciones de españoles”; respuestas repletas de coherencia, seriedad, independencia y que cuentan con el rigor como señas de identidad.
Rafael es un hombre grande, no sólo de estatura, porque es un gran contenedor de ingenio, emociones y talento que, en cierto sentido, puede resumirse o aglutinarse en la actividad creativa, que incluye la mayoría de los elementos que completan el abanico de artes plásticas.
Esa capacidad de Rafael para renovarse en su trabajo cada día, con libertad y amplitud de miras y sin perder nunca la ilusión por los nuevos retos, ha sido fundamental a la hora de otorgarle esta Medalla de Honor, sobre todo por el excepcional momento que atraviesa de plenitud artística y por la pasión, valentía y excelencia con que aborda cada obra.
Siempre que otorgamos esta Medalla de la Asociación Española de Pintores y Escultores, lo hacemos con intención de mostrar ejemplos a seguir para la sociedad, para las nuevas generaciones y en este aspecto, Rafael representa uno de los mejores modelos de las bellas artes españolas del último siglo.
A Rafael, mi felicitación y mi deseo de que esta Medalla sirva también de impulso para seguir desarrollando con igual pasión, o mayor si es que cabe, su contribución al mundo del arte.
Esta Medalla de la Asociación Española de Pintores y Escultores tiene de especial el hecho de que es un reconocimiento de otros artistas que como tú, buscan la belleza y la inspiración diarias para ofrecer lo mejor de sí mismos a la sociedad.
Es un homenaje de quienes comparten tus anhelos, tus sueños y el profundo amor por el trabajo; es una distinción que otorgamos tus compañeros de profesión en un sincero acto que representa todo nuestro respeto y admiración por quien tanto ha hecho por el arte y los artistas.
Después de escuchar las palabras de nuestra Secretaria General, que en esencia ha reflejado quién es Rafael Canogar, habría muchísimo más que decir pero me gustaría que al término de este acto, entendiéramos todos al menos la inmensa grandeza de este prolífico artista.
Me gustaría mucho dejar constancia del tremendo orgullo que a todos nos embarga poder realizar este acto, agradeciendo y devolviendo la generosidad que Rafael ha demostrado con la Asociación Española de Pintores y Escultores, colaborando con nuestra institución siempre que le hemos requerido, acudiendo presto y solícito nuestra llamada y siendo ya parte de la historia de los Salones de Otoño y del Premio Reina Sofía.
Siendo ya parte de la historia de una centenaria entidad como la nuestra, que hoy está plena y feliz al realizar este solemne acto de reconocimiento a Rafael Canogar.
Deseo, al concluir mis palabras, agradecer a esta audiencia la cariñosa acogida que está dando a Rafael Canogar.
Y a él mismo sólo repetirle que muchas gracias por hacer lo que haces y por ser como eres: maestro.
En un acto celebrado el pasado viernes en la sede institucional de la AEPE, el crítico de arte Tomás Paredes recogió la “Medalla de Honor”, que le fue otorgada de manos de su Presidente, José Gabriel Astudillo, en reconocimiento a su aportación extraordinaria al mundo del arte.
Repleta de asistentes, entre los que se encontraban numerosos socios y amigos, así como diferentes entidades colaboradoras de la Asociación Española de Pintores y Escultores, transcurrió un acto emocionado en el que a modo de introducción, la Secretaria General, Mª Dolores Barreda Pérez, realizó un breve recorrido por la trayectoria profesional del reconocido crítico y Presidente de la Asociación Española de Críticos de Arte (AECA), miembro de AICA y académico de la Real Academia de Bellas Artes de Nuestra Señora de las Angustias de Granada.
El homenaje espontáneo, nacido del corazón de todos los que forman la Asociación Española de Pintores y Escultores, no sólo quiso recordar al extraordinario profesional, sino que hizo especial hincapié en los valores humanos que rodean a la persona de Tomás Paredes.
Tal y como aseguró la Secretaria General, Mª Dolores Barreda Pérez, no se trataba de hablar de su faceta como profesor, periodista y crítico de arte, colaborador de tantas publicaciones, conferenciante, miembro de Jurados, curador y montador de exposiciones prestigiosas y autor de múltiples libros de especial sensibilidad lírica, sino de hablar y presentar a un Tomás Paredes comprometido con sus sentimientos y con el mundo de la creación.
Mª Dolores Barreda Pérez realizó el siguiente perfil del homenajeado:
«Tomás Paredes estudió en Granada, y más precisamente en El Escorial, y su aprendizaje estuvo a cargo de los Curas Agustinos. Fue una formación y educación sólida con una gran oferta cultural que despertó en él su interés por la estética.
Comienza la carrera de abogacía, es Licenciado en Derecho, pero aunque se graduó nunca llegó a ejercer la profesión. Licenciado además en Historia del Arte e Historia Antigua por la Universidad Complutense de Madrid.
Admirador de exposiciones, a las que suele a acudir a diario, un método que practica y con el que a lo largo de su dilatada experiencia, ha aprendido a mirar, apreciar y trabajar.
Opuesto a la crítica descriptiva, que no es tal, sino más bien la intención de que la persona vea las cosas a través de los ojos de quien hace una crónica de actualidad del cuadro.
Como crítico su opinión no coincide con la del público, y no lo hace porque todos buscan un motivo y un significado en cada obra, mientras que Tomás sólo busca sentir algo con esa obra. Por eso prefiere trabajar como curador y como crítico, apreciando y sintiendo las obras.
Enamorado de la poesía y la prosa poética, concibe el arte como una búsqueda de armonía y orden en medio del caos que es el mundo antes de ser «cosmos», antes de ser esta unidad donde todo tiene su causa y su explicación. Es satisfacción y consuelo para el hombre.
Su clave para entender el arte pasa por la educación. En un mundo en el que el público parece no poseer un criterio, aquello que le indican que haga es lo que hace. La clave esta en la formación, en un espíritu crítico, de otra manera nos dejamos avasallar por la industria y sus modas, que todo lo masifica.
Elegir entre cosas malas no es crítica sino aceptación; y es la libertad lo que define al género humano. El hombre tiene un lado espiritual y debe trabajarlo,
Como Presidente de la Asociación Madrileña de Críticos de Arte (AMCA), tuvo especial interés, y en eso se iguala a nuestro Presidente, en la actualización de la entidad y su adecuación a la legislación vigente, realizando una gran labor que por todos fue reconocida y le abrió las puertas de la Asociación Española de Críticos de Arte que actualmente dirige con tanto acierto.
Su interés como Presidente de esta entidad es la formación y actualización del critico, a través de la comparación, la contextualización histórico-social de obras, artistas y tendencias, la información al público a través de juicios y opiniones avaladas por profesionales y en definitiva, y en esto coincide con la labor que desde la Asociación Española de Pintores y Escultores estamos desarrollando, el respaldo profesional al crítico, en nuestro caso al artista, y una base sólida en materia de arte.
Él mismo se ha encargado de definir someramente cómo debe ser un crítico: calidad literaria, precisión en sus juicios, profundidad de pensamiento, hasta convertirse en un pensador de la estética, llevando sus conclusiones más allá de la mera crónica artística.
Todo eso reúne Tomás Paredes en su labor diaria, todo eso y si se me permite decirlo, con un claro estilo poético que le convierte en un artista más, como los que conforman esta AEPE, sólo que Tomás es un artista de la palabra, y de ahí nuestra profunda admiración por su trabajo y los méritos para la concesión de esta Medalla de Honor que hoy nos reúne aquí a todos”.
Por su parte, el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo López, le dedicó las siguientes palabras:
“D. Tomás Paredes, miembros de la Junta Directiva, autoridades asistentes, queridos socios y amigos, bienvenidos todos y gracias por vuestra presencia en este acto que me honro presidir.
La historia de las instituciones se construye sobre la huella indeleble que marca el paso de quienes han formado parte de ellas. Sumando con el prestigio de las personas que obtienen su reconocimiento. Nutrimos su historia con el trabajo, el mérito, la capacidad y, sobre todo, la dignidad y la honestidad de quienes otorgan influencia, autoridad y ascendencia a las instituciones que las integran o las acogen.
Es nuestra norma de honores y distinciones que la Medalla de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores se concederá a personas de sobresaliente prestigio, nacional o internacional, en el campo de las artes, y a personas o entidades que hayan prestado servicios extraordinarios a la centenaria Asociación Española de Pintores y Escultores.
Es, pues, la Medalla de Honor un símbolo que consagra a quien aglutina méritos y reconocimientos. Sobresalir en alguno de esos ámbitos artísticos te hace acreedor de ella y es difícil, pero en tu caso, Tomás, hablamos de sobresalir, de distinguirte en el campo de la aportación extraordinaria que has realizado al mundo del arte.
Tu prestigio internacional queda puesto de manifiesto en los múltiples trabajos que llevas a cabo como Presidente de la Asociación Española de Críticos de Arte (AECA) y miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA).
En el campo de la crítica de arte solo hay que ver tus trabajos y publicaciones, reconocidas y estudiadas, tus colaboraciones en diarios y revistas especializadas en arte, en “La Vanguardia” de Barcelona, donde ahora trabajas, sobre mercado del arte, y en revistas nacionales e internacionales.
En el apartado cultural nos regalas libros con textos y poemas que no hacen más que confirmar tu amor por la palabra, por el arte en todos sus géneros.
Y si de méritos y excelencia académica y de gestión hablamos, tu faceta de conferenciante, curador y montador de exposiciones y sobre todo como Presidente de Asociaciones especializadas, hacen de ti un experto que impulsa proyectos e integra colectivos, reivindicando la importancia de la educación en todas sus etapas.
Por todo ello, por creer en el arte, por apostar por los artistas de este país, por invertir en el conocimiento de su obra, por tratar del esfuerzo creador a diario y por unirnos en el esfuerzo común del arte, te has hecho merecedor de esta Medalla de Honor, que te distingue como defensor del mundo del arte y la creación.
Eres un crítico valiente para reclamar de la sociedad sus valores artísticos; valiente para mantener tus ideas desde el respeto al que opina de otra forma; valiente para defender a los artistas, demostrándonos que con las palabras, que con la comunicación, podemos construir un modelo de sociedad mas justa, en la que los artistas podamos desarrollar todo nuestro potencial.
Tomás Paredes es además un Humanista preocupado por que las futuras generaciones conozcan y aprecien el arte, y eso lo hace a través de la pluma, con la que escribe los trazos de esa historia, de nuestra propia historia como artistas y de la historia de esta histórica Asociación Española de Pintores y Escultores.
Tu faceta de profesor la llevas a todo, desde tu humildad. Enseñas sacando todo lo que tenemos dentro. Enseñas mirando a los ojos con la verdad en ellos. Y nos has enseñado a jugar con las palabras, a medirlas, a quererlas.
A título personal existen dos palabras que siempre están y estarán en mi vida. Dos palabras que quiero transmitir en el día a día, con mi familia, con mis amigos, en mi trabajo y por supuesto en la Asociación Española de Pintores y Escultores. Sé que compartimos el amor por una de ellas que es “gracias”, pero esa hoy, te la dejo a ti.
La otra palabra es “verdad”, no tanto por lo bien que suena, lo elegante y equilibrada que es su escritura sino, como tú nos has enseñado, por lo que abarca, por lo que significa, por lo que lleva detrás. Esa palabra “verdad” hoy quiero transmitirla a todos y en especial a ti.
Esas sensaciones son las que experimentamos hoy al saberte parte de la Asociación Española de Pintores y Escultores, esa luz que veo reflejada en nuestros rostros al querer que te sientas uno más de nosotros. Dar es siempre recibir. La Asociación te entrega la Medalla de Honor y a cambio recibe el honor de contar contigo, entre sus miembros más preclaros.
No hay Medalla que pueda hacerse de la aleación del cariño, la amistad y el agradecimiento, con la que simbólicamente está hecha la Medalla de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores. Permitirme que disfrute del honor de entregársela a D. Tomás Paredes Romero.
Permitirme que os invite a disfrutar del privilegio de contar entre los beneficiarios de este galardón con un hombre ilusionado por el mundo del arte, con un amante de la comunicación, amigo de la palabra y de las palabras, con un entusiasta de la enseñanza y del poder de la creación artística.
Queridos amigos, cuando se instituye un premio, que supone el máximo reconocimiento a su destinatario, por su trayectoria profesional y humana, no solo se encumbra a quien lo recibe, también se enaltece a quien lo otorga.
Tomás, ya formas parte de la historia de la Asociación Española de Pintores y Escultores. Una historia escrita también con el esfuerzo y la ilusión de los hombres y mujeres que trabajan día a día haciendo arte.
Recibe en nombre de todos nosotros el abrazo y el elogio unánime de esta Asociación Española de Pintores y Escultores
Gracias en nombre de todos sus socios”.
Tomás Paredes, que en algunos momentos se mostró muy emocionado, agradeció la distinción que le otorga una entidad centenaria y tan reconocida como la Asociación Española de Pintores y Escultores, rica en historia y llena de nombres de primer orden en el mundo del arte. Su intervención le llevó a dirigir unas palabras a los numerosísimos asistentes en las que recordó la necesidad de la existencia de los artistas en la sociedad y de lo idóneo que sería la recuperación de los valores inmortales del mundo del arte.
Fueron muchos los amigos y admiradores que quisieron acompañar a Tomás Paredes en este acto, como el escultor Venancio Blanco, el académico José María Luzón, cuyo abuelo, el pintor Nogué, fue uno de los fundadores de la AEPE, el pintor Francisco Farreras, el coleccionista y académico Rafael Botí, el coleccionista portugués Agostinho Cordeiro, Rosa Martínez Lahidalga, Julia Sáez Angulo, Benito de Diego y un largo etcétera de socios y amigos, además de los miembros de la Junta Directiva como son Alejandro Aguilar Soria, Juan de la Cruz Pallarés, Juan Manuel López Reina, Mercedes Ballesteros, Fernando de Marta, Alicia Sánchez Carmona , Carlos Muro, Rosa Gallego, Pablo Reviriego,…
Para finalizar el acto, Tomás Paredes aseguró que este reconocimiento le impulsará para seguir trabajando con más ganas si cabe, en las emociones que cada una de las obras que contempla le transmiten, continuando con una labor que emprendió hace ya muchos años por el amor que siente por el arte.
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