AEPE: Nuestro patrimonio

Conocimiento y colaboración

La Asociación Española de Pintores y Escultores custodia un valioso patrimonio artístico que nos pertenece a todos. En esta sección, mostraremos pieza a pieza, las obras que forman parte de nuestros archivos e inventario.

Es también una invitación a la auditoría colaborativa. Si detectáis algún dato incorrecto, una autoría por confirmar o reconocéis una obra propia cuyo registro debamos actualizar, os animamos a poneros en contacto con nosotros. Conocer nuestro patrimonio es un orgullo, y mantenerlo vivo y fiel a la realidad es una tarea que hacemos juntos.

Anónimo

Sin título

Acrílico/lienzo

39,8 x 56,8

 

La AEPE recibe una donación de obras del socio pintor y grabador Pedro María Trapero

De manos de Paloma Trapero Torío

La Asociación Española de Pintores y Escultores (AEPE) ha recibido recientemente la donación de un valioso conjunto de obras del pintor y grabador Pedro María Trapero Sánchez-Real, gracias al generoso gesto de Paloma Trapero Torío, que pese a compartir apellido, no es familiar del artista.

Esta donación se suma a otras muchas que la entidad viene recibiendo en los últimos años por parte de familiares de artistas, quienes, movidos por el respeto, la memoria y el reconocimiento hacia la trayectoria de sus seres queridos, confían en la AEPE como institución idónea para custodiar, difundir y poner en valor sus obras.

La incorporación de estas piezas al patrimonio de la Asociación contribuye no solo a enriquecer sus fondos artísticos, sino también a reforzar su misión de conservar la historia y la producción de artistas que forman parte del tejido cultural español. En el caso de Pedro María Trapero Sánchez-Real, su obra representa una aportación significativa tanto en el ámbito de la pintura como del grabado, consolidando su lugar en el panorama artístico.

Desde la AEPE se quiere expresar un profundo agradecimiento a Paloma Trapero Torío por su gesto desinteresado, que permite que estas obras permanezcan accesibles para el conocimiento, estudio y disfrute de futuras generaciones.

Asimismo, la Asociación reconoce el valor de todas aquellas familias que, en momentos muchas veces complejos, optan por preservar el legado artístico de sus allegados a través de la donación, evitando así la dispersión o pérdida de obras que forman parte de nuestro patrimonio cultural común.

La AEPE reafirma su compromiso de seguir siendo un espacio de encuentro, conservación y difusión del arte, acogiendo con responsabilidad y respeto las obras que le son confiadas.

Las obras donadas son un grabado titulado Arrabal serrano, tres dibujos sobre papel, uno de ellos titulado Pastoral, y tres retratos al óleo de diversas autorías (Anónimo, I. Güeto y J. Lorente) y épocas.

Paloma Trapero firmará próximamente el acta de donación mientras las obras ya se han incorporado al inventario de patrimonio de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

La AEPE expresa su más sincero agradecimiento a Paloma Trapero por su desinteresada donación, ejemplo de compromiso con la cultura y con la preservación del patrimonio artístico común.

 

Pastoral

Dibujo / cartón

19 x 26 cm.

Sin título

Dibujo / papel

28 x 20 cm

Sin titulo

Dibujo / papel

18 x 20 cm.

Pedro M. Trapero

Arrabal Serrano

Grabado / papel 39 x 47 cm.

I. Güeto

Sin titulo

Óleo / lienzo 33 x 23 cm.

Anónimo

Dª María de Lutgarda Gregorio de Lerma

Óleo / tabla 76 x 55 cm.

J. Lorente

Dª Pascasia de Lerma Zon

Óleo / lienzo 76 x 55 cm.

 

Recordando… Ángel García Díaz

Obras, artistas, socios, pequeñas historias…

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Ángel García Díaz

GARCIA DIAZ, Angel     E    1910(F168)        MADRID             MADRID

Socio Fundador de la AEPE

 

 

Ángel García Díaz nació en Madrid, el 19 de diciembre de 1873, en la calle de la Madera número 14.

Con vocación temprana, con tan solo 15 años, remitió obras a la Exposición Universal de Barcelona de 1888.

Sí se sabe que tuvo contacto con el taller de damasquinado de Eusebio Zuloaga, cercano a la casa paterna y con cuyo hijo, el ceramista Daniel Zuloaga, socio de la AEPE, Ángel García colaboró al comienzo de su carrera artística.

Entre 1889 y 1895 estudió escultura en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, dependiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde coincidió con los pintores Eduardo Chicharro y Fernando Álvarez de Sotomayor, de su misma generación, con quienes fundaría en 1910 la AEPE.

Simultáneamente, acudió como aprendiz a los talleres de Elías Martín Riesco y Ricardo Bellver, autor del Ángel caído, en el madrileño parque del Retiro, que influyó notoriamente en las primeras obras de Ángel García.

En la Exposición Internacional de 1892 recibió una Mención de Honor por Retrato del Excmo. Sr. D. Ramón Vigil, obispo de Oviedo y Giotto adolescente.

Repetiría galardón en las exposiciones nacionales de 1895 y 1897, siendo de esta época su primer encargo de envergadura, la ornamentación del Ministerio de Fomento en la glorieta de Carlos V, luego Ministerio de Agricultura, actualmente de Medio Ambiente.

En 1897, con veinticuatro años, ya había realizado los modelos que pasaría a cerámica Daniel Zuloaga, entre ellos las alegorías La Minería y La Industria en las fachadas laterales, y las enjutas orlando la bóveda de la escalera principal en el interior. Fue el comienzo de una carrera que aportaría numerosas piezas a edificaciones singulares.

Azulejos del Ministerio de Fomento

Cariátides del Instituto Cervantes

 

En 1898 contrajo matrimonio con Julia Morales Atienza, con quien tuvo ocho hijos, de los cuales Rafael también se dedicó a la escultura ornamental.

En 1900 obtuvo la Pensión Piquer de Escultura, permaneciendo con su familia tres años en Roma y dos más en París.

Durante el pensionado modeló los remates ecuestres para el puente de María Cristina en San Sebastián, con los cuales consiguió la Segunda Medalla en Escultura en la Exposición Nacional de 1904.

Para el arquitecto Julio Martínez Zapata ejecutó en 1913 un notable relieve sobre la entrada a la madrileña Casa de Socorro Municipal del distrito de Centro.

En 1906 logró la Primera Medalla de Escultura Decorativa en la Exposición Nacional con las parejas de Mineros que adornan los torreones de la Escuela de Minas de Madrid, proyectada por Ricardo Velázquez Bosco, con quien ya colaboró en el Ministerio de Fomento.

Con él también llevaría a cabo la obra escultórica de la Fundación de la Duquesa de Sevillano, conocida como Condesa de la Vega del Pozo, en Guadalajara, así como el ornato del palacio ducal en dicha ciudad.

Ángel García participaría desde su inicio en las obras de la Fundación, entre 1885 y 1916, destacando la cripta del imponente panteón del monumento funerario de aire modernista que llevó a cabo entre 1916 y 1921.

Una de las figuras del monumento, que presentó a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1920, titulada Jota, obtendría una condecoración.

 

Casino de Madrid

 

Entre 1908 y 1916 también llevaría a cabo las esculturas en el Asilo para Institutrices en la calle de Castelló en Madrid, actual colegio del Pilar, por encargo de la Duquesa de Sevillano.

Con Martínez Zapata trabajó en el Puente de la Reina Victoria, frente a la ermita de San Antonio de la Florida, inaugurado en 1909, realizando los osos de las farolas, símbolo de Madrid.

Angel García Díaz conoció a Palacios gracias a su maestro Velázquez Bosco, y su colaboración con el gran arquitecto fue donde su arte encontró la mejor expresión de la unión entre la escultura y la arquitectura.

El edificio del Palacio de Comunicaciones en Cibeles, hoy sede del Ayuntamiento, que ambos construyeron entre 1907 y 1919, es casi una gran escultura modelada cuidadosamente pieza a pieza.

En el Patio de Carterías fue instalado, en un barracón, un gran taller de escultura donde se desarrollaron todas las ornamentaciones a partir de dibujos de Palacios y de Ángel García Díaz, que éste convertía en figuras de yeso. Al parecer llegó a haber ciento treinta operarios que transformaban la obra en piedra caliza de Colmenar y Petrel.

Edificio Adriática

 

En Correos realizó una extensa estatuaria, así como en el cercano Banco Español del Río de la Plata, en la calle de Alcalá esquina con Barquillo, también según proyecto de Palacios, sede del actual Instituto de España, con las formidables parejas de cariátides en el chaflán, y si bien ambos proyectos aparecen firmados por Antonio Palacios y Joaquín Otamendi, fue Palacios -magnífico dibujante- el encargado del ornato. La relación del arquitecto gallego con Ángel García fue muy fructífera.

El artista también recibió otros encargos municipales, como la restauración de la Fuente de la Fama, de Pedro de Ribera, en 1911 cuando iba a ser trasladada al Parque del Oeste y que actualmente se encuentra en los Jardines del Arquitecto Ribera en la calle de Barceló.

En 1909 construyó su propia vivienda y taller de escultura, según proyecto arquitectónico de su amigo Palacios, que estaba ubicada en la esquina de la calle Ríos Rosas con Alonso Cano, derribado completamente después de la guerra. Este taller sería uno de los más grandes de un escultor en Madrid, junto con el de Mariano Benlliure.

Escudo de mármol de la sede del Colegio de Notarios de Madrid

 

También formaría equipo con él para el concurso del monumento a las Cortes de Cádiz de 1911, así como en la Virgen de la Roca, de diecisiete metros de altura, construida cerca de Bayona; suyas son la cara y manos en mármol de la Virgen, así como el boceto original en arcilla, siendo la última colaboración con Palacios el remate con pegasos que no se llevó a término para la sede del Círculo de Bellas Artes en 1924.

Otras obras destacables son las esculturas en mármol que realizó para la iglesia de San Manuel y San Benito, proyectada por Fernando Arbós y construida entre 1903 y 1910;  la ornamentación de la escalera del Casino de Madrid en la calle de Alcalá, que llevó a cabo hacia 1911, y el escudo para el Colegio Notarial de Madrid de 1927.

Foto Archivo de la Villa Madrid Casa Estudio de Ángel García Díaz

Escuela de Minas de Ríos Rosas

Iglesia de San Manuel y San Benito

 

Formando equipo con el arquitecto José María Lorite, en 1915 se presentó al concurso para el monumento a Cervantes en la Plaza de España de Madrid. Pese a que el proyecto recibió, junto con otros dos, la Cruz de la Orden Civil de Alfonso XII, supuso una gran decepción para el escultor, quien consideró siempre su propuesta muy superior a la ganadora de Coullaut Valera y Martínez Zapatero, escultor y arquitecto, respectivamente.

Otras obras de Ángel García Díaz son las del Colegio del Pilar, en la calle de Castelló, suyos son los ángeles de las fachadas laterales, las figuras del pabellón acceso y la fachada de la iglesia en la calle Príncipe de Vergara, y la ornamentación del Edificio Adriática, en Callao; el conjunto funerario para los restos de la Condesa de la Vega del Pozo;  el monumento al Sagrado Corazón de Jesús en Béjar, 1928; el monumento al Sagrado Corazón de Jesús, en Valdepeñas de Jaén, 1928; el busto del doctor Jaime Vera colocado en la fachada del colegio del mismo nombre, 1930.

Con la muerte de su esposa, en 1929, comenzó el declive del artista.

Desde la década de 1930 hasta aproximadamente 1945 se dedicó a esculpir escudos, frisos y capiteles para diversas sucursales del Banco de España, destacando la de Albacete, que realizaría en 1935.

En 1933 fue nombrado titular de la cátedra de Escultura Decorativa y Ornamentación en la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado.

Durante la Guerra Civil, fue separado de su cargo docente, reintegrándose a la cátedra pasada la contienda.

Instituto Cervantes de Madrid

 

El empuje de la arquitectura moderna, paulatinamente desornamentada, supuso una merma en los encargos a Ángel García, quien hubo de vender su gran estudio en 1936, perdiéndose desgraciadamente casi todas sus maquetas y documentos.

Se trasladó a uno más pequeño, en la calle de Modesto Lafuente.

El fallecimiento de su amigo Antonio Palacios en 1945, contribuiría a su tristeza y decaimiento. En sus últimos años no tuvo apenas trabajo y sí muchos problemas económicos.

Tras jubilarse permaneció ligado a la enseñanza como profesor con carácter gratuito hasta su muerte, ocurrida el 15 de julio de 1954, en su último taller del número 47 de la calle de Lope de Vega de Madrid.

Palacio de Comunicaciones de Madrid

 

La escultura de Ángel García Díaz está repleta de imaginación desbordante, inmersa entre lo grotesco, macabro, fantasmagórico y surrealista, despertando atención y admiración por igual. Sus trabajos fueron determinantes en la grandiosidad de aquellos magnos edificios de arquitectura irrepetible. Consiguió un gran prestigio entre los arquitectos, trabajó con los más notables, pero una desconsideración por parte de sus compañeros escultores.

Aquellos escultores, escayolistas y ceramistas de la época modernista eran conscientes de que sus trabajos en la decoración artística de fachadas iban a quedarse en el anonimato, incluso hasta el extremo de no existir datos en no pocos casos acerca de a quienes pertenecen tales o cuales obras.

Ángel García Díaz fue en su tiempo un artista reconocido y considerado por la prensa un «insigne” y laureado escultor, pero por varias razones cayó en el olvido y hoy día es prácticamente un desconocido.

Al parecer firmó muy pocas obras, huía de la prensa, y fue más un bohemio que una persona ambiciosa.

Lazarillo de Tormes

Monumento al Sagrado Corazón de Jesús, Valdepeñas de Jaén, 1928

Casa de socorro

Colegio del Pilar

 

Ángel García Díaz y la AEPE

Participó en las siguientes ediciones del Salón de Otoño:

I Salón de Otoño de 1920: Aurora, Crisálida, Virgen de las Nieves, Virgen del Pilar y Jesús.

Junto a Antonio Palacios, con la obra Virgen de la Roca

VI Salón de Otoño de 1925: Riente

Oso del puente de la Reina Victoria

Pila de agua bendita de la Capilla Real de Sevilla

 

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes: Epílogo de una historia compartida

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes

de la Asociación Española de Pintores y Escultores

 

Epílogo de una historia compartida

Desde noviembre de 2021, en la Asociación Española de Pintores y Escultores he venido publicando, de forma ininterrumpida y con periodicidad mensual, una sección dedicada a reconstruir la historia de la Gaceta de Bellas Artes a través de quienes la hicieron posible: sus directores, redactores y colaboradores.

A lo largo de estos meses, el lector ha podido recorrer más de un siglo de historia editorial, desde los primeros responsables de la publicación hasta quienes, en distintas etapas, asumieron la tarea —siempre exigente— de dar forma, continuidad y sentido a una revista que es hoy parte inseparable del patrimonio cultural de la propia AEPE.

Han sido un total de 48 semblanzas en las que descubrir la biografía de artistas maravillosos y a veces olvidados como Ceferino Palencia Álvarez Tubau, Manuel Villegas Brieva, Joaquín Llizo, Bernardo González de Cándamo, José Garnelo y Alda, José Pinazo Martínez, Ramón Pulido, Francisco Llorens, Cándido Medina Queralt, Lorenzo Aguirre, Francisco Pompey, Tomás Gutiérrez Larraya, Francisco Blanco, Pedro García Camio, Bernardino de Pantorba, José Francés, Jesús María Perdigón, Ángel Vegué, Fernández Balbuena, José Subirá, Enrique Estévez Ortega, Ricardo Baroja, Esteve Botey, Emilio Romero Barrero, Julio Moisés, Julio Vicent, Juan Adsuara, Guido Caprotti, Enrique Pérez Comendador, Emilio García Martínez, Carlos Casado, Luis Rubio Verano Aguirre, Luis Benedito, Miguel Lucas San Mateo, Fructuoso Orduna, Julián Moret, Emiliano Martín Aguilera, Santiago Camarasa, Luis Gil Fillol, Javier Tassara, Antonio Méndez Casal, Cecilio Barberán, José Prados López, César Fernández Ardavín, Rafael Pellicer, Ramón Ferreiro Lago, Miguel Carrión, Francisco Prados de la Plaza, Luis Brihuega, Carlos San Román, Manuel de Íñigo, Edmundo Lloret, Emilio Pina, Isidoro Herránz Constenla, José Luis del Palacio, Agustín Romo, Antonio de Santiago, Fernando de Marta, Antonio Otiñano y Juan de la Cruz Pallarés.

Quedaron en el tintero otros muchos nombres de artistas de quienes se ha perdido su memoria por completo, haciendo imposible esbozar al menos una mínima biografía. Nombres anónimos que quedan recogidos en el libro de Fernando de Marta: “Historia de la Asociación Española de Pintores y Escultores, 1910-1993, 8 décadas de arte en España”, Madrid, 1994, que ha sido base del trabajo minucioso que he afrontado.

En 116 años de historia de la Gaceta de Bellas Artes, han sido muchas las personas que han trabajado y colaborado en la publicación. La mayoría de los que tenemos constancia, personajes ilustres tanto de la cultura nacional como internacional, vienen recogidos en la página web del portal buscador de la gaceta, organizados en diferentes grupos según su profesión (artistas, cargos en instituciones, conservadores, escritores, historiadores, ingenieros/arquitectos, juristas, médicos, músicos, pedagogos), para hacer más fácil su búsqueda.

https://gacetadebellasartes.es/periodistas-y-colaboradores/

Nombres míticos como Jacinto Benavente, Enrique Bonet, Emilio Carrere, Ernestina de Champourcin, Eugenio D’Ors, Wenceslao Fernández Flores, Lafuente Ferrari, Manuel Machado, Martínez Sierra, Gabriela Mistral, Julián Moret, Amado Nervo, Ortega y Gasset, Wifredo Rincón, Ángel del Río,  Javier Rubio Nomblot, Tomás Paredes, Unamuno, Pedro Corral, Rafael Flórez, Elías Tormo, Manuel de Arte Retamino, Luis Pérez Bueno, Aureliano de Beruete, Carmen de Burgos, Julio Camba, Narciso Sentenach, Emile Verhaeren, Santiago Ramón y Cajal… la lista sería interminable.

En casi cinco años, hemos puesto nombres a una cabecera, aunque no se trataba únicamente de identificar a los responsables de la publicación, sino de intentar comprender el contexto, las circunstancias y el compromiso personal de quienes sostuvieron la voz de la Asociación Española de Pintores y Escultores en cada momento histórico.

Este recorrido alcanza ahora su punto final.

No porque la historia concluya —nunca lo hace—, sino porque la sección ha llegado a su presente.

Y en ese presente, la dirección de la Gaceta de Bellas Artes recae en quien ha sido, precisamente, la autora de estos artículos. Una circunstancia que introduce una lógica excepción: no corresponde cerrar esta sección con un texto dedicado a quien la ha escrito y la dirige en la actualidad.

Lejos de ser una ausencia, esta decisión responde a un criterio de coherencia y de respeto hacia el propio enfoque de la sección. Si el propósito ha sido siempre analizar, contextualizar y poner en valor la labor de otros, resulta natural que ese ejercicio no se proyecte sobre quien lo ha llevado a cabo. La historia, en ese punto, debe quedar abierta.

Porque, en realidad, ese es el sentido último de este trabajo.

La serie Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes no solo ha permitido recuperar nombres, fechas y trayectorias. Ha puesto de manifiesto algo más profundo: la continuidad de un proyecto colectivo que ha sabido adaptarse a los cambios, resistir las dificultades y mantener viva una publicación durante más de un siglo. Cada director, cada redactor, cada colaborador ha sido un eslabón necesario en esa cadena.

Y esa cadena continúa.

La Gaceta de Bellas Artes no es únicamente un testimonio del pasado, sino una herramienta viva al servicio de los artistas y de la cultura. Su permanencia es, en sí misma, una prueba del compromiso sostenido de la Asociación Española de Pintores y Escultores con la difusión del arte y el pensamiento artístico.

Cerrar esta sección es, por tanto, una forma de abrir otra etapa: la de seguir escribiendo, desde el presente, las páginas que algún día formarán parte de esa misma historia.

Porque si algo ha quedado claro en este recorrido es que la Gaceta de Bellas Artes no pertenece a una sola persona, ni a una sola época. Pertenece a todos aquellos que, ayer y hoy, han entendido que la cultura se construye con continuidad, con memoria y con responsabilidad.

Y esa tarea —como la propia historia— no tiene final.

Alcanzamos así el final de este trayecto compartido. Y llegados a este punto, siento la necesidad de detenerme un instante y mirar atrás, no con nostalgia, sino con gratitud. Gratitud hacia todos aquellos que, a lo largo de los años, habéis habitado estas páginas con vuestra mirada atenta y paciencia generosa.

Gracias por acompañarme entre nombres y fechas, por recorrer biografías, por deteneros en los detalles quizá minuciosos, a veces silenciosos, de la historia del arte y de quienes la construyen.

Gracias por sostener, con vuestra fidelidad, el pulso de esta sección, incluso cuando el camino se volvía denso de datos o exigente en memoria.

Porque si algo ha dado verdadero sentido a estas líneas no ha sido solo lo contado, sino el hecho de saberme leída, comprendida, acompañada. En esa complicidad discreta, casi invisible, ha latido siempre la esencia de la Gaceta de Bellas Artes.

A todos vosotros, que habéis estado ahí —con paciencia, con curiosidad, con afecto—, mi más hondo y sincero agradecimiento. Sin vosotros, estas palabras no habrían encontrado nunca su destino.

Muchas gracias

Carlota Fereal de Ferrari

Por Mª Dolores Barreda Pérez

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

Carlota Fereal de Ferrari

FEREAL DE FERRARI, Carlota      P    1942      BARCELONA          MADRID         1956

Carlota Fereal en la ópera Circe. 1902

 

Carlota Fereal Cuendías nació en Orán, Argelia, el 23 de enero de 1879.

Hija del periodista y libretista musical italiano Cesare Fereal Molinari, instalado en Madrid desde 1886, y de Isabelle Cuendías Germillan, hija del liberal madrileño Manuel Cuendías, que fuera catedrático de inglés y francés en el Instituto de San Isidro de Madrid, exiliado a Francia y que falleció en Orán dos años después del nacimiento de Carlota.

En 1898 la prensa del momento destacaba: “Muy pocos días hace, el martes último, sonaba por primera vez en los periódicos madrileños el nombre de una joven, casi una niña, que principiaba la críticaa del arte bajo el más lisonjero porvenir. Entre loa distinguidos artistas que el lunes tomaron parte en el concierto celebrado en la embajada de Italia, cantó una joven que llamó extraordinariamente la atención. Esta se llama Carlota Fereal y es hija de un notable poeta y publicista italiano avecindado hace más de doce años en Madrid. Conociendo como conocíamos al padre, ignorábamos, sin embargo, las facultades artísticas de la hija. Diez y siete años cuenta solamente la señorita Fereal. Sólo por afición empezó a dedicarse al canto; hoy no sólo es una risueña esperanza, sino que sin exageración puede afirmarse que es una verdadera artista. Bien nos demostró anoche, en la reunión á que nos invitó su padre, cantando de un modo admirable el aria de Santuzza da la ópera Cavallerla rusticana, la romanza del tercer acto de Aida, el arte de La Traviata y oí raconto de la ópera Garin, de nuestro insigne Bretón, de que es autor de la letra el padre de la gentil artista, el poeta César Fereal. Cantó acompañada por el joven pianista don Ricardo Montes. A la novel artista y á su maestro el vechio y simpático Pousini felicitaron de corazón los concurrentes. Adelanto, pues, y a aprovechar el brillante porvenir con que brinda el arte á la señorita Fereal, que si no es una artista perfecta por su excesiva juventud llegará á ser con el estudio y el trabajo cantante de indiscutible valor”.

En febrero de 1901, a los 22 años de edad, Carlota debutó como soprano en la ópera La Boheme de Puccini que se estrenó en la ciudad portuguesa de Oporto. La prensa lo recogía así: “Nos telegrafían de Oporto que nuestra hermosa compatriota Carlota Fereal, ha debutado en aquel teatro de ópera con la Boheme, obteniendo) un legítimo triunfo. El público la colmó de aplausos y la hizo repetir al raconto, y en la entusiasta ovación de que fue objeto la distinguida tiple se llenó el escenario de camelias”.

El 7 de mayo de 1902, en la inauguración del Teatro Lírico de Madrid, fue parte del estreno de la ópera mitológica en tres actos Circe, de Ruperto Chapí. Carlota interpretaría el personaje femenino principal, alcanzando un gran éxito de público y con excelentes críticas de prensa.

Y pese al triunfo, Carlota se retiró de la escena musical tras el fallecimiento de su padre, ocurrido en 1904.

Revista Y, 1945

 

Comenzó entonces a estudiar en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, siendo discípula de Manuel Ramírez Ibáñez, uno de los Socios Fundadores de la AEPE.

En 1901 participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes con el bodegón titulado Frutas, con el que consiguió una Tercera Medalla, junto a la también socia de la AEPE, Adela Ginés.

Frutas, Tercera Medalla en la Exposición General de Bellas Artes de 1901

 

La prensa lo recogía así: “El cuadro de frutas de Carlota Fereal, que figura en la actual Exposición de Bellas Artes de Madrid, ha sido premiado por el Jurado; y aún sin tener en nuestro grabado la magia del color, se advierte en el claroscuro la manera delicada con que está tratado el asunto, así como la trasparencia y el jugo de las uvas, manzanas y granadas caí-

das de la volcada canastilla. La Srta. Fereal, verdadero temperamento artístico, pues no ha mucho que obtuvo legítimos triunfos en la escena como artista lírica, peca en nuestro concepto de modesta al limitarse á pintar inanimados modelos, y debe, puesto que puede, acometer obras de mayor empeño donde luzcan con mayor brío la firmeza de su dibujo y la varonil manera de poner el color”.

En esta época, simultaneaba su afición pictórica con su faceta como cantante, cosechando críticas como la aparecida en La Ilustración española y americana en 1902: “Tiene Carlota Fereal arrogante figura, gran belleza y verdadera elegancia en la escena, con la particularidad, digna á nuestro juicio de especial mención, de que en su modo de vestir, como en su manera de interpretar artísticamente el personaje, resplandece siempre la honesta distinción de la señorita”.

Vendedora, Exposición General de Bellas Artes de 1906

 

En la Exposición del Círculo de Bellas Artes de 1903 obtuvo premios.

En 1906 participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes con cuatro lienzos, entre los que se encontraba una pareja de retratos femeninos costumbristas del mismo tamaño: Peinándose (antes del trabajo), y Vendedora.

En 1908 participó en la Exposición de Zaragoza de Arte Moderno con “unas vigorosas notas de color” y en la Exposición del Círculo Artístico de Barcelona.

Antes del trabajo, presentada al 24 Salón de Otoño

 

El 4 de mayo de 1908, con 29 años, contrajo matrimonio en la Iglesia del Carmen de Madrid, con Emilio Luis Ferrari, hijo del poeta, periodista y académico Emilio Ferrari, abogado jefe de la Casa de Socorro de Buenavista, con quien tendría varios hijos, uno de ellos, Emilio César Ferrari Fereal, fue profesor de Canto Lírico y Dramático en el Conservatorio Superior de Música de Madrid.

La artista, que hasta entonces residía en la calle Salud, 13 de Madrid, se trasladó junto a su marido a la calle Almagro, 32.

En 1910 presentó a la Exposición Nacional de Bellas Artes cuatro obras: Estudio de Asturias, Iglesia de San Martín de Laspra (Asturias), Capilla de la escuela de San Martín de Laspra (Asturias) y Apuntes, que a juicio del crítico José Ramón Mélida, estaban “muy bien de luz, de color y de factura”.

En 1911 participó con un imponente tríptico al óleo titulado Redención, en la I Exposición Nacional de Artes Decorativas, que fue premiada con la Primera Medalla de Oro al año siguiente en la Exposición Regional de Valladolid, celebrada en el Colegio Mayor Santa Cruz.

En 1912 concurrió a la Exposición Nacional de Bellas Artes con dos obras: Rincón de Asturias y Lilas.

En 1928 participó en la Exposición que la Real Academia de la Concepción de Valladolid realizó en el Ateneo de aquella ciudad, obteniendo Diploma de segunda clase.

Retrato de niña, del 25 Salón de Otoño

Retrato, del 25 Salón de Otoño

 

Tras un largo paréntesis en el que Carlota se dedicó a cuidar de sus hijos, en 1941 participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes con el cuadro titulado Lilas, haciendo constar que su domicilio se encontraba en la calle Almagro, 32, 2º derecha.

Un año más tarde lo haría al XVI Salón de Otoño con un Rincón de Marín y un Bodegón.

En 1943 concurrió a la Exposición Nacional de Bellas Artes con la obra Bodegón y al XVII Salón de Otoño.

Los siguientes años, volvió a presentar obra al XVIII Salón de Otoño de 1944, a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1945, con la obra Frutas y rosas y al XIX Salón de Otoño de ese mismo año.

Por una entrevista realizada en 1945 concedida a la revista Y, sabemos que “he cantado con la compañía del Scala de Milán, recorriendo toda Europa, y soy también profesora de piano… he pintado siempre, porque me ha gustado más que nada. Lo que pasa es que estuve algún tiempo alejada del arte. Esto sucedió cuando mis hijos eran pequeños. Dejé de pintar hasta que los crié, porque me sentía madre más que ninguna otra cosa. En pintura cultivo el paisaje y los bodegones, lo mismo al óleo que a la acuarela. Mi maestro, mi gran maestro, fue el pintor Manuel Ramírez Ibañez. Me gustan Sorolla, Tiziano y Veronés. Tengo dos medallas regionales, obtenidas en Valladolid, en los años 1907 y 1912, y una segunda medalla, en Zaragoza. Nací en Oran; pero como vine a España al año de nacer, me considero netamente española. Además, estoy casada con un español”.

Apuntes de Ontes, del 19 Salón de Otoño

 

En 1946, concurre al XX Salón de Otoño y a su edición siguiente de 1947.

A la Nacional de 1948 llevó un Bodegón, y al XXII Salón de Otoño de ese año, igual que a la edición del XXIII Salón de Otoño y al XXIV de 1950.

Participaría también en el XXV Salón de Otoño de 1952, que sería el último envío de su obra, obteniendo Medalla.

Flores y frutas, del 16 Salón de Otoño

Redención, de la I Exposición Nacional de Artes Decorativas de 1911

 

Falleció en 1955 cuando contaba con 76 años.

En 1956 se celebró en la Asociación de Escritores y Artistas de Madrid una exposición póstuma de obras de la artista incluyendo el retrato de la pintora ejecutado por su maestro Manuel Ramírez.

En abril de 1956, en el diario Pueblo Julio Trenas dedicaba su columna a la artista bajo el título de La cantante pintora: “estos días se ha cumplido un año de la muerte de Carlota Ferreal de Ferrari. Feliz, elogiable idea, la de dedicar una muestra homenaje póstumo a la gran pintora que en su juventud fue asimismo cantante famosa. Carlota Fereal, tiple lírica, fue la voz que abrió cantando la ópera Circe de Chapí en el teatro lírico Nacional o Gran teatro, empresa que culminaba una campaña en pro de la apetecida ópera española llevada a cabo por los maestros Chapí y Bretón. Otras felices actuaciones e interpretaciones de la cantante cuentan quienes tienen memoria y las vivieron. Pero ella se retiró pronto de la escena. El hogar la llamó imperiosamente y su vocación en estética encontró cauce ininterrumpido exclusivamente en la pintura. Como pintora ilustre ha sido conocida durante muchos años entre los profesionales plásticos. Una vuelta acuriosada por la exposición de la calle del rollo nos sitúa ante un artista muy de su tiempo. Gustoso saber las exigencias del dibujo y la fugacidad impresionista del color, así como de nutrir el cuadro cuando de una composición se trata, de la posible anécdota. Recordemos este gran lienzo antes del trabajo, donde una modista ante su máquina de coser y después de aprender la fatigosa tarea, tiene coquetería y juventud suficientes para darse los últimos toques al rostro y al peinado. Hay también paisajes asturianos, vistos con pupila cariciosa y amable y flores. Esas flores que Carlota Ferial pintaba con tanta delectación, finura y gusto. Acaso acordándose de las que llegaban a su camerino los días de sus grandes triunfos como cantante”.

Calle de Estínez, del 23 Salón de Otoño

Cesto de frutas, del 17 Salón de Otoño

Bodegón de frutos y rosas, del 22 Salón de Otoño

 

 

Carlota Fereal y la AEPE

Participó en las siguientes ediciones del Salón de Otoño:

Al XVI Salón de Otoño de 1942: Rincón de Marín y Flores y Frutas

Al XVII Salón de Otoño de 1943: Cesto de frutas

Al XVIII Salón de Otoño de 1944: Iglesia de San Martín y Calle de Raíces (Avilés)

Al XIX Salón de Otoño de 1945: Apuntes de Ontes y Hórreos

Al XX Salón de Otoño de 1946: Una calle de Génova

Al XXI Salón de Otoño de 1947: Bodegón

Al XXII Salón de Otoño de 1948: Cabeza de estudio de doña Carmen Goya y Bodegón de frutas y rosas

Al XXIII Salón de Otoño de 1949: Calle de Estínez

Al XXIV Salón de Otoño de 1950: Paisaje de Galicia y Antes del trabajo

Al XXV Salón de Otoño de 1952: La Boheme, Retrato de niña y Retrato del poeta Ferrari

 

Iglesia de San Martín  del 18 Salón de Otoño

AÑO JOSÉ GARNELO Y ALDA: La AEPE en el 160 aniversario de su nacimiento

AÑO JOSÉ GARNELO Y ALDA: La AEPE en el 160 aniversario de su nacimiento

Subdirector del Museo del Prado

Socio Fundador de la Asociación de Pintores y Escultores

Secretario de la Asociación de Pintores y Escultores

 

 

http://apintoresyescultores.es/los-directores-de-la-gaceta-de-bellas-artes-de-la-aepe-jose-santiago-garnelo-y-alda/

 

La muerte de Lucano

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