Exposición virtual de Juan Jiménez

El 26 de febrero, de forma simbólica, inauguramos la exposición virtual de la Sala de Exposiciones «Eduardo Chicharro» de la AEPE, del socio Juan Jiménez, titulada “La Gran Mascarada ¿Quién es quién?”.

Muestra que es posible gracias a la inquietud que en todo momento ha demostrado por hacer real esta exhibición, facilitando el material y aportando la ilusión propia de quien desea mostrar al mundo sus obras.

Con este motivo, a partir del 26 de febrero colgará  de esta web el catálogo digital elaborado con tal motivo, así como una galería de obra del artista.

Todo ello puede seguirse además por el canal de la AEPE en Youtube y por las redes sociales en las que tiene presencia la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Sin duda estamos ante una nueva emocionante cita.

 

La exposición nos la presenta así María Tecla Portela Carreiro

“La Gran Mascarada ¿Quién es quién?. Retratos con mascarilla”

Decimos “mascarilla” creemos que como diminutivo de “máscara”, pero se nos antojan tan diferentes que ni siquiera los sinónimos vienen a ser los mismos… Como tampoco lo son los sentidos figurados que, desde antiguo, han venido adquiriendo nuestros vocablos… Pues “antifaz”, “careta” y -en su caso- “excusa”, “pretexto” o “disimulo”, no se igualan a “cubreboca”, “tapabocas”, “barbijo” – que, tan bello y acendrado, casi casi se nos hace el barbuquejo de un sombrero…- o, más laboratorial, si así vale- “nasobuco”… No, no es lo mismo. Podríamos buscar, si hiciesen al caso, “camuj”, “carátula”, “embozo” o “rebozo” o “rebocillo”, “carantamaula” … qué sé yo, y adjudicarle a cada uno su preciso lugar lógico, etimológico, semántico, sentimental creo que también, sí; sentimental, que es lo que hace uno cuando recupera una prenda antigua o un término en desuso. Y respiraríamos, si pudiésemos, si nos dejasen…

Ahora todos nos hemos puesto mascarilla, o –para ser más exactos – nos la han puesto, o nos la han impuesto… los virus, las circunstancias, tampoco sabemos muy bien qué ni quién porque también van embozados, aunque con el poco estilo de los embozos de hogaño.

Nos hemos dado cuenta de que nos cuesta incluso reconocernos los unos a los otros, tapadas que están nuestras risas, nuestras sonrisas, en las caras y en los espíritus. Y de que nos reconocemos a nosotros mismos solamente volviéndonos hacia dentro, reencontrándonos con un alma a la que no siempre prestamos la atención debida. Sí, y levantamos los ojos, a veces para reír, a veces para lamentarnos, a veces para soñar en voz alta, otras precisamente para dejar soñar, quién sabe lo que cada alma necesita en cada momento de soledad y aislamiento.

Juan Jiménez no se despeina – y no porque carezca de cabellera, sino porque no pierde su aplomo castizo- ni con mascarilla. Es un maestro de la línea, un creador de trazos y sentires, y – pintor de paisajes, desnudos, animalejos y otros suspiros– descubre que el alma se refleja en los ojos y no importa –como diría alguien con su estilo– que no se vean las morisquetas… porque lo que habla, en realidad, son las miradas, esas que devuelven lo que las almas cargan, soportan y, tantas veces, arrastran.

Descubrir quién es quién detrás de un rostro cuasi velado no es difícil porque el trazo de Juan logra retratar la chispa de alma que reflejan los mirares, las visiones de otras almas, la empatía que no podemos percibir en el gesto completo de un rostro del que nos hurtan los hoyuelos y el gracejo, el encogimiento del duelo, la expresión de la pena, la mueca del cansancio, los visajes de la contrariedad…

Una mascarada es un festín, “un festín o sarao de personas enmascaradas” como también es “una comparsa de máscaras”. Y un festín es esta galería de retratos que nos regala Juan, captando chispas de almas que se cuelan por las rendijas para salir al aire y respirar lo que se pueda. Y también es “una farsa”, una “acción realizada para fingir”. Aunque ahora, precisamente ahora, las almas nos mostramos como somos –más o menos amables, más o menos bruscas, depende de cada una, o de la hora del día, quién lo sabe- ya no nos interesa ni disimular, ni fingir, ni aparentar lo que no somos, nos conformamos con ser, o eso pensamos. A la farsa se nos lleva tal como se nos impone la mordaza, no vamos por jolgorio o divertimento, no, esta vez no. Por eso Juan Jiménez consigue retratarnos así, con la sonrisa o la tristeza que traducen nuestros ojos…

¿A que en un recorrido por esta galería de personajes somos capaces de reconocer a casi todos los que conocemos de algo o, por lo menos, reconocer algún destello del alma de los que desconocemos?

Nos reencontramos, los unos a los otros y a nosotros mismos. Y Juan Jiménez retrata nuestra propia conciencia, una autoconciencia recobrada. Absolutamente desenmascarados.

 

Catálogo digital Juan Jiménez

 

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