Inaugurada la exposición de Francisca Lita en el Museo Cromática de Toledo

Contó con la presencia de José Gabriel Astudillo López,

Presidente de la AEPE, y de Luis García-Cid Roncero,

Director del Museo Cromática

El Museo Cromática de Toledo acogió el pasado sábado 5 de septiembre la inauguración de “Melodías del imaginario”, la esperada exposición individual de la artista, doctora en Bellas Artes y socia de la AEPE, Francisca Lita Sáez.

La cita cultural, que dio comienzo a las 12:00 h., es fruto del convenio estratégico anual firmado entre el espacio museístico toledano y la Asociación Española de Pintores y Escultores.

La muestra forma parte del selecto convenio anual entre la AEPE y el Museo Cromática, contando con la presencia de máximos responsables en su apertura oficial como son José Gabriel Astudillo López, Presidente de la AEPE, y de Luis García-Cid Roncero, Director del Museo Cromática, Carmen Bonilla Carrasco, Vocal de la Junta Directiva de la AEPE, además de numerosos socios y amigos que no quisieron perderse el evento.

Compuesta por técnica mixta sobre tabla, la obra explora la empatía, el aislamiento y la resiliencia inspirada en vivencias personales, incluyendo piezas como “Réquiem por la DANA” y un panel de bocetos.

Francisca Lita (Valencia, 1948), doctora en Bellas Artes y exprofesora de la UPV, posee una sólida carrera con obra en colecciones nacionales e internacionales.

 

Exposición de pintura “Melodías del imaginario”

De Francisca Lita

Museo Cromática de Toledo

Del 5 de septiembre al 4 de octubre de 2026

De X a L de 10’30 a 14’30 y de 17 a 21 h.

Plaza de la Concepción, 1

45001 Toledo

 

Recogida del carnet de nuevos socios de la AEPE

La Asociación Española de Pintores y Escultores celebró el pasado viernes 4 de septiembre un emotivo acto institucional en su sede social, enmarcado dentro de las actividades periódicas que realiza la entidad. Durante el encuentro, se procedió a la entrega oficial de carnets a los nuevos miembros que pasan a formar parte de la histórica institución centenaria. 
Ante un numeroso público integrado por creadores, socios y amigos del arte, el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo López, dio una calurosa bienvenida a los nuevos integrantes.
Bajo la atenta mirada de los miembros de la Junta Directiva, el presidente hizo entrega de las credenciales que los acreditan oficialmente como parte de esta gran familia artística a:

José Luis Salvatierra Gonzáles

Cecilia Sánchez Valverde

Veranika Makushok

Gloria Belén Ruiz Pacheco

Julio de la Torre Galdo

Antonio San Gil Cela

Ricardo Beleña Blanco

Carmen Ferrando

Juan Antonio Lastras López

Josefa Expósito Solés

Nuria Fermín González

Karla Castillo Ovando

«La incorporación de estos nuevos artistas consolida el crecimiento de nuestra entidad y reafirma el compromiso de la AEPE con el impulso del talento contemporáneo», destacó la Junta Directiva durante el evento. «Cada carnet entregado representa la continuidad y vitalidad de nuestro legado cultural».

De izq. a dcha. José Luis Salvatierra Gonzáles, Cecilia Sánchez Valverde, Veranika Makushok, Gloria Belén Ruiz Pacheco,

Julio de la Torre Galdo, José Gabriel Astudillo López, Antonio San Gil Cela, Ricardo Beleña Blanco,

Carmen Ferrando, Juan Antonio Lastras López, Josefa Expósito Solés, Nuria Fermín González y Karla Castillo Ovando

Inaugurada la exposición de «JARDINES» en el CC Galileo

La muestra, que reúne 36 obras de pintura y escultura

seleccionadas entre más de un centenar de propuestas, se exhibe

en el CC Galileo del 2 al 29 de septiembre de 2026

 

El concejal de Chamberí, Jaime González Taboada, y el presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo López, han inaugurado oficialmente este certamen que rinde homenaje a la naturaleza como fuente inagotable de inspiración artística.

El Centro Cultural Galileo, ubicado en el madrileño distrito de Chamberí, se ha transformado en un oasis artístico con la inauguración oficial de la exposición colectiva «Jardines». Organizada por la Asociación Española de Pintores y Escultores, la muestra abrió sus puertas en la tarde de ayer tras haber sido reprogramada el pasado mes de mayo por motivos organizativos del propio centro expositivo. Este aplazamiento ha permitido consolidar una propuesta cultural de primer nivel para el arranque de la temporada otoñal en la capital.

Al acto inaugural han asistido el concejal del distrito de Chamberí, Jaime González Taboada, y el presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo López, quienes han estado acompañados por miembros de la junta directiva de la entidad, así como por una nutrida representación de los creadores seleccionados y amantes del arte contemporáneo.

El jardín como refugio y lenguaje universal

La exposición se enmarca dentro de las exitosas convocatorias temáticas que la AEPE desarrolla con el fin de complementar sus certámenes tradicionales. Tras explorar géneros como la pintura de historia, el desnudo, las marinas o el paisaje urbanos, la asociación propone en esta ocasión un viaje conceptual y estético por el universo de los espacios ajardinados.

El certamen refleja la naturaleza como fuente de inspiración artística a través de 36 obras seleccionadas de entre más de un centenar de propuestas.

Recordamos el listado completo de los artistas participantes:

Eduardo Acero. Ruche (Eduardo Acero Mata) – Juana Alba (Juana Alba Delgado) – Anna Amat Campillo (Anna Mª Amat Campillo) – Carmen Basés (Carmen Basés Gómez) – José Fernando Camacho Díaz – Grace Cohen (Graciela Cohen) – Socorro Cruceta Alonso – Federico Echevarría (Federico Echevarría Sainz) – Pilar Ezquerra (Pilar Ezquerra Samaniego) – Made Gallardo (Matilde Gallardo Sánchez) – Germán (Germán Muñoz Gutiérrez) – GOSAN (Ángel González Sánchez) – Ana Gpulido (Ana García Pulido) – Visitación Guillén (Visitación García Pérez) – César González (César González García) – Susana Huerta (Susana Huerta Rodríguez) – Ricardo Lamenca (Ricardo Lamenca Espallargas) – Carmen Lantero (Carmen Lantero Lizcano) – Lobo (Karla Castillo Ovando) – Clara Luque (Clara Luque Alcaraz) – Juan Ramón Luque Ávalos – Susana Martínez Orgaz – Raquel Mayor (Raquel Mayor Lázaro) – Martos (Ignacio Martos de la Cruz) – RosiM Moreno (Mª Rosa Moreno Moreno) – Antonio Municio (Antonio Municio Gutiérrez) – Cari Muñoz (Caridad Muñoz Muñoz) – Nano Suela (Manuel Sánchez Díaz) – Odín Manuel (Odín Manuel Fuentes Martínez) – Ricardo Poyato (Ricardo Poyato Pérez) – Julio César Quintana (Julio César Quintana Borroto) – Paloma Ramírez-Montesinos (Paloma Ramírez-Montesinos Vizcayno) – David Rus (David Martín Rus) – Paloma Viladomat (Paloma García Viladomat) – Zárate (María Luisa Martínez de la Pascua de Zárate) – Anfisa Zinchenko (Anfisa Zinchenko-Patsuk)

Puedes consultar en esta misma web, pestaña Otras exposiciones, subpestaña Jardines, todos los detalles de la muestra, así como una galería de imágenes, el catálogo digital y el acto de inauguración.

Jardines

Asociación Española de Pintores y Escultores

2 al 29 de Septiembre 2026

Salas de Exposiciones José Luis Sampedro

Centro Cultural Galileo

Junta Distrito de Chamberí

Calle Fernando el Católico, 35

28015 Madrid

De lunes a domingo, de 9 a 21 h.

Metro: Quevedo (línea 2); Bus: 2, 16, 61

Bicimad: Estación 127 (calle Fernando el Católico, 19)

La AEPE en el jurado del VIII Certamen Nacional de Pintura ‘Pedro Bueno’ en Villa del Río

El prestigioso concurso cordobés encara su recta final

con la implicación directa de la

Asociación Española de Pintores y Escultores

 

El VIII Certamen Nacional de Pintura ‘Pedro Bueno’ entra en su fase más competitiva tras la reunión de su jurado de expertos en el Museo Histórico Municipal ‘Casa de las Cadenas’. En esta edición, el certamen consolida su relevancia en el panorama de las artes plásticas gracias al destacado respaldo de la Asociación Española de Pintores y Escultores, cuya vinculación aporta una prestigiosa proyección institucional al certamen.

La implicación de la entidad no solo se refleja a nivel institucional, sino también en la composición del comité evaluador y en el palmarés del concurso. El reconocido pintor, escultor y Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo López, forma parte activa del jurado como vocal, aportando la visión y el rigor de la histórica corporación en la selección de las piezas finalistas. Además, el respaldo de la organización se materializará en los galardones, ya que al primer premio de 7.000 euros se sumará la Medalla de la AEPE y dos Diplomas otorgados por la centenaria entidad.

En esta jornada clave, los evaluadores analizaron físicamente un total de 28 obras finalistas, las cuales consiguieron superar una criba inicial de 37 trabajos preseleccionados en formato digital. El alcalde de Villa del Río, Jesús Morales Molina, asistió al encuentro para dialogar con los miembros del tribunal y destacar la proyección cultural que esta alianza estratégica otorga al municipio.

El comité técnico está presidido por Miguel Carlos Clementson, historiador y director de la Escuela de Arte Mateo Inurria de Córdoba. Junto al presidente de la AEPE, ejercen como vocales figuras de la talla del pintor Manuel Garcés Blancart, bajo la secretaría de Álvaro Toledo Ruiz.

Este certamen rinde homenaje a Pedro Bueno Villarejo (1910-1993), mimebro de la Asociación Española de Pintores y Escultores, ilustre pintor universal nacido en Villa del Río y considerado uno de los retratistas más influyentes del siglo XX en España. El desenlace del concurso tendrá lugar el próximo 18 de septiembre a las 20:00 horas durante el acto oficial de premiación en el Salón de Plenos del Ayuntamiento local. Tras el fallo, se inaugurará formalmente la exposición temporal con las obras seleccionadas en el museo municipal.

El evento está organizado por el Ayuntamiento de Villa del Río, y cuenta con la financiación de la Diputación Provincial de Córdoba a través de la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí.

Francisca Lita presenta su exposición “Melodías del imaginario” en el Museo Cromática de Toledo

La pintora, socia de la AEPE y doctora en Bellas Artes

inaugura su muestra este sábado 5 de septiembre a las 12:00 h.

El próximo sábado 5 de septiembre, a las 12 h. del mediodía, el Museo Cromática de Toledo acogerá la inauguración de “Melodías del imaginario”, la esperada exposición individual de la artista Francisca Lita Sáez. La creadora, socia de la prestigiosa y centenaria Asociación Española de Pintores y Escultores, protagoniza esta cita clave tras ser seleccionada dentro del convenio anual firmado entre ambas instituciones.

Mediante este acuerdo estratégico, la dirección del museo toledano y la Junta Directiva de la AEPE coordinan la realización de únicamente dos grandes exposiciones individuales al año en el recinto. La propuesta plástica de Francisca Lita ha sido una de las dos apuestas definitivas para conformar el calendario cultural de este ejercicio.

El sufrimiento humano transmutado en símbolos y arte

Compuesta por obras pictóricas de diversos formatos realizadas en técnica mixta sobre tabla, la muestra aborda un denominador común: la empatía hacia el sufrimiento, el aislamiento, la enfermedad, el envejecimiento y la resiliencia ante la adversidad. Inspirada por su propia experiencia vital con patologías dolorosas como la migraña desde su juventud, Lita vuelca un imaginario creativo rico en elementos simbólicos, geometrías complejas y rostros de honda carga expresiva. Entre las obras principales que dialogarán con las salas destacan piezas de gran fuerza como “Réquiem por la DANA”, “Perplejos ante el caos y la adversidad”, “Nacer y morir” o “Luces grises convertidas en rosas”.

Como valor añadido al recorrido, la exposición incorpora un panel especial integrado por decenas de bocetos creativos previos de pequeño formato (25×16 cm). Este montaje, concebido específicamente para adaptarse al ritmo arquitectónico del Museo Cromática, busca abrir una ventana directa al método de trabajo y al proceso de experimentación plástica rápida que utiliza la autora antes de abordar sus lienzos de mayor complejidad.

Una trayectoria académica y creativa consolidada

Francisca Lita (Valencia, 1948) es doctora en Bellas Artes y ha ejercido como Profesora Titular de Grabado Calcográfico en la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV). Su dilatada trayectoria incluye muestras en espacios de relevancia nacional e internacional, y sus creaciones figuran en los fondos de instituciones como la Calcografía Nacional de Madrid, el Museo Nacional de Marbella, la Fundación Antonio Pérez de Cuenca y las universidades de Chile, Taiwán, México y Verona.

El acto de apertura oficial, abierto al público y a todos los socios de la institución, contará con la presencia de los responsables de la AEPE y del Museo Cromática de Toledo, además de la autora, este sábado 5 de septiembre a las 12:00 h.

 

 

 

Cristóbal León, ganador del XIV CPR de Urcela

La cita cultural, coorganizada con el respaldo de la AEPE,

congregó a más de 70 creadores bajo una climatología exigente

 

El certamen repartió más de 13.000 euros en galardones,

consolidándose como uno de los certámenes con mayor dotación económica de España

 

El municipio de Uclés volvió a transformarse en un monumental lienzo al aire libre con motivo del XIV Certamen Nacional de Pintura Rápida «Urcela». La prestigiosa cita artística ha contado un año más con el apoyo de la Asociación Española de Pintores y Escultores, institución que refuerza su compromiso con el talento itinerante mediante la concesión de su emblemática Medalla de la AEPE.

A pesar de los chubascos registrados durante el mediodía, el talento y la determinación de los más de 70 pintores participantes dotaron a la jornada de una espectacularidad única. Las calles, monumentos y parajes históricos de la localidad se convirtieron en improvisados talleres pictóricos donde el público pudo presenciar en directo la evolución de las piezas.

Tras una deliberación rigurosa del jurado, integrado por José Gabriel Astudillo López, Presidente de la AEPE, Ana María Gálvez Bermejo, Vicente García Fuentes y Antonio Guzmán Capel entre otros, y debido a la alta calidad técnica de los trabajos presentados, el jurado dictaminó el siguiente palmarés para las categorías principales:

Primer premio y Medalla de la AEPE: Cristóbal León García

Segundo premio: Manuel Sánchez

Tercer premio: Isidoro Moreno

Cuarto premio: Pablo Rubén López Sanz

Quinto premio: Javier Martín Aranda

Accésit: Francisco Rojas García

Accésit: Francisco Girón Polo

Accésit: Juan Manuel Campos Guisado

Accésit: Victoria Moreno Boyano

Accésit: Lluis Puiggros Puigde-Llivol

Accésit: Pedro José Sánchez Marín

Accésit: Mª Luisa García Díaz

Accésit: Blai Tomás Ibáñez

Accésit: Juan Lucena Orellana

Accésit: Pascual Gimeno Montalar

 Accésit y Diploma de la AEPE: Sandra Freire Pajuelo

La dotación total superó los 13.000 euros, distribuidos entre los cinco premios principales y 11 accésits adicionales que premiaron la originalidad, la técnica y la capacidad de síntesis bajo presión de los participantes.

Éxito organizativo e institucional

Desde la Asociación Cultural Urcela se ha expresado un profundo agradecimiento tanto a la AEPE como al tejido de patrocinadores institucionales y privados como Merkocash, Škoda Motor Pacífico, Ibérica de Patatas, Miscota, Casa Palacio Uclés by Domingo Sánchez, Alquiles, Creashop, Lorrub Reformas, Dasino Telecom, La Posada de Perico, Construcciones Llanco, Nermovil Sadeco, Casa Rural Puerta del Agua, Centro Dental Tarancón y El Monstruo de Mi Cabeza. Su estrecha colaboración ha hecho posible que este encuentro anual no solo dinamice la vida cultural de la comarca, sino que ponga en valor el patrimonio histórico y monumental de Uclés.

Las obras participantes quedaron expuestas tras el concurso, atrayendo la mirada de vecinos y coleccionistas en lo que supuso el broche de oro para una de las grandes jornadas del arte al aire libre de esta temporada estival.

Publicado el libro “Studio 26 Arte”, una gran apuesta digital para la proyección de los artistas plásticos y visuales en España

La publicación cuenta con la colaboración de la AEPE y

ya se puede ver y descargar de forma gratuita aquí mismo

 

Dirigido por el artista y crítico internacional Francisco Arroyo Ceballos,

nace como una herramienta de difusión masiva frente a las dificultades

que imponen los algoritmos actuales

 

Con el firme propósito de impulsar y dar visibilidad al talento artístico actual, se ha anunciado la publicación del libro “Studio 26 Arte”. Esta obra nace con el respaldo y la destacada colaboración de la Asociación Española de Pintores y Escultores (AEPE), una de las instituciones artísticas más longevas y prestigiosas del país. El libro ya se encuentra disponible para su descarga directa y gratuita en este mismo enlace.

Bajo la dirección del reconocido artista plástico y crítico internacional de arte Francisco Arroyo Ceballos, “Studio 26 Arte” se presenta en un dinámico formato cuadrado y digital a todo color. A lo largo de sus 90 páginas, la publicación reúne y promociona la obra de un conjunto referente de creadores plásticos y visuales residentes en España. Al ser un recurso de distribución gratuita, el objetivo prioritario es lograr una difusión exponencial y sin barreras que ponga en contacto directo a los artistas con coleccionistas, galeristas, críticos y amantes del arte en general.

Un salvavidas frente a la trampa de los algoritmos digitales

La publicación llega en un momento crucial para el sector. El arte en la era digital se enfrenta a una paradoja compleja: aunque nunca fue tan sencillo mostrar una obra al mundo, el ecosistema de las redes sociales se ha convertido en una trampa creativa donde cualquiera ejerce de juez y la visibilidad depende más de fórmulas matemáticas de retención que del talento técnico o la propuesta conceptual de los creadores.

Conscientes de que el algoritmo ha desplazado el criterio tradicional de los comisarios y curadores, los creadores de este proyecto conciben el libro como un valioso grano de arena y una apuesta sincera por la difusión correcta, veraz y justa. “Studio 26 Arte” se convierte así en una ventana idónea para que el público, sea entendido o no, se acerque al arte de vanguardia sin los filtros que imponen las plataformas digitales actuales.

En el siguiente enlace puedes consultar el catálogo completo de creadores y obtener una copia de la publicación:

Studio 26 Arte

 

 

Historia viva de la AEPE: El I Congreso Nacional de Bellas Artes

Por Mª Dolores Barreda Pérez

Historia viva de la Asociación Española de Pintores y Escultores

Un recorrido por la memoria y el legado de la centenaria institución

 

El I Congreso Nacional de Bellas Artes

 

Promovido por la Asociación Española de Pintores y Escultores, el Congreso reunió por primera vez a artistas, instituciones y responsables políticos para debatir una reforma integral del sistema artístico español, convirtiéndose así en uno de los hitos fundamentales de la política cultural del primer tercio del siglo XX

Portada del diario ABC del 15 de mayo de 1918 con la Sesión inaugural del I Congreso Español

de Bellas Artes presidida por S.M. el Rey Alfonso XIII en el Paraninfo de la Universidad Central de Madrid

 

UN HITO EN LA HISTORIA CULTURAL DE ESPAÑA

Entre los días 14 y 21 de mayo de 1918, Madrid acogió la celebración del Primer Congreso Nacional de Bellas Artes, una iniciativa promovida por la Asociación Española de Pintores y Escultores que supuso un acontecimiento sin precedentes en la historia cultural española.

Por primera vez se reunían en un mismo foro artistas, académicos, representantes de las principales instituciones culturales, responsables de la Administración, críticos y personalidades del mundo intelectual con un objetivo común: analizar la situación del arte español y proponer una profunda reforma de las estructuras que sustentaban su desarrollo.

Aquel Congreso nació en un momento especialmente significativo. España permanecía neutral durante la Primera Guerra Mundial, pero atravesaba una compleja crisis política y social tras los acontecimientos de 1917. Al mismo tiempo, el panorama artístico europeo experimentaba una profunda transformación impulsada por las nuevas corrientes estéticas, mientras que el sistema artístico español continuaba apoyándose, en gran medida, sobre modelos heredados del siglo XIX. Esta circunstancia hizo evidente la necesidad de abrir un debate que permitiera modernizar la enseñanza, revisar la organización de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, dignificar la profesión artística y redefinir el papel que el Estado debía desempeñar en la promoción de la cultura.

Lejos de limitarse a un encuentro corporativo, el Congreso fue concebido como un proyecto de alcance nacional. La AEPE aspiraba a construir un espacio de reflexión capaz de articular propuestas de reforma que fortalecieran las instituciones artísticas españolas y situaran el arte como uno de los pilares fundamentales de la vida cultural del país. En este sentido, el Congreso de 1918 representó el primer intento serio de abordar de forma conjunta todos los problemas que afectaban al sistema artístico español.

La trascendencia de la iniciativa resulta aún mayor si se tiene en cuenta que la Asociación Española de Pintores y Escultores apenas contaba con ocho años de existencia desde su fundación, en 1910. En ese corto espacio de tiempo ya había logrado consolidarse como la institución representativa de los artistas españoles y adquirir la suficiente autoridad para convocar un encuentro de semejante magnitud, demostrando una notable capacidad de organización y de interlocución con las administraciones públicas.

UN ACONTECIMIENTO DE ESTADO

El carácter excepcional del Congreso quedó patente desde su misma inauguración. La sesión de apertura, celebrada en el Paraninfo de la Universidad Central de Madrid, estuvo presidida por el rey Alfonso XIII, cuya presencia otorgó al encuentro una relevancia política e institucional desconocida hasta entonces en la historia del arte español.

Más allá del valor protocolario del acto, la asistencia del monarca constituyó un reconocimiento explícito de la importancia que las Bellas Artes comenzaban a adquirir dentro del proyecto cultural del Estado. La presencia del Rey legitimaba las aspiraciones de los artistas y otorgaba respaldo oficial a las reivindicaciones planteadas por la Asociación Española de Pintores y Escultores, que reclamaba una participación más activa en la definición de las políticas culturales.

Las crónicas periodísticas de la época destacaron ampliamente este aspecto. Diversos diarios calificaron el Congreso como una auténtica «fiesta culta nacional», subrayando tanto la amplitud de la representación institucional como la necesidad de proteger y prestigiar el arte español en un contexto internacional cada vez más competitivo. La prensa insistía igualmente en la conveniencia de reforzar la identidad artística nacional sin renunciar a la modernización que demandaban los nuevos tiempos.

LA GRAN REUNIÓN DEL SISTEMA ARTÍSTICO ESPAÑOL

Uno de los mayores logros de la Asociación Española de Pintores y Escultores fue reunir en torno a una misma mesa a prácticamente todas las instituciones que intervenían en la vida artística española.

Participaron representantes de la Corona, del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la Dirección General de Bellas Artes, de la Universidad Central, de la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, de la Escuela Especial de Arquitectura, de la Escuela Nacional de Artes Gráficas y de la Escuela de Artes y Oficios.

También estuvieron presentes los patronatos del Museo Nacional de Pintura —actual Museo Nacional del Prado—, del Museo Nacional de Arte Moderno —germen del actual Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía— y del Museo de Artes Industriales, hoy Museo Nacional de Artes Decorativas. A ellos se sumaron instituciones tan relevantes como el Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid, la Sociedad Central de Arquitectos, la Asociación de Escritores y Artistas, el Círculo de Bellas Artes, el Real Conservatorio de Música y Declamación y la Sociedad Amigos del Arte.

Nunca antes se había conseguido reunir un conjunto tan amplio y representativo de organismos públicos, centros docentes, museos, academias y asociaciones profesionales para debatir, de forma coordinada, el futuro del arte español. Aquella extraordinaria capacidad de convocatoria confirmó el prestigio alcanzado por la Asociación Española de Pintores y Escultores y la convirtió, de hecho, en el principal interlocutor entre los artistas y las instituciones del Estado.

Portada de la Memoria del I Congreso Nacional de Bellas Artes que publicó la AEPE

 

LOS GRANDES OBJETIVOS DEL CONGRESO

Desde su concepción, el Congreso se estructuró alrededor de una serie de objetivos fundamentales que respondían a las principales carencias detectadas en el sistema artístico español.

En primer lugar, se pretendía revisar la enseñanza de las Bellas Artes para adaptarla a las nuevas corrientes estéticas y técnicas que se desarrollaban en Europa. Los planes de estudio vigentes continuaban anclados en métodos excesivamente académicos, alejados de las necesidades de una creación artística en plena transformación.

Igualmente importante era la reforma de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, cuya organización, sistema de jurados, criterios de admisión y régimen de premios generaban desde hacía años un profundo descontento entre los artistas. El Congreso aspiraba a convertir estas exposiciones en un instrumento más justo, representativo y eficaz para impulsar la creación contemporánea.

Otro de los grandes ejes de debate fue la profesionalización del artista. Frente a la tradicional consideración del arte como una vocación, los congresistas defendieron la necesidad de reconocer plenamente su dimensión profesional, reclamando mejores condiciones económicas, una mayor protección institucional y mecanismos que garantizaran la dignidad del ejercicio artístico.

Finalmente, el Congreso planteó la necesidad de definir una auténtica política cultural de Estado. Se reclamó un mayor compromiso de las administraciones públicas con el fomento del patrimonio, el apoyo a la creación contemporánea, la concesión de becas y pensiones, el incremento de las adquisiciones oficiales y la proyección internacional del arte español como expresión de la cultura nacional.

Todos estos objetivos respondían a una misma aspiración: construir un sistema artístico moderno, capaz de integrar tradición e innovación y de situar a España en sintonía con los grandes movimientos culturales europeos del momento.

El Congreso de 1918 no pretendía únicamente resolver problemas inmediatos. Su verdadera ambición consistía en sentar las bases de una profunda transformación institucional que garantizara el futuro del arte español durante las décadas siguientes. Esa voluntad reformista explica que, más de un siglo después, continúe siendo considerado uno de los acontecimientos más relevantes en la historia de las políticas culturales españolas y el primer gran foro nacional de reflexión sobre la organización del sistema artístico contemporáneo.

LAS GRANDES LÍNEAS DE DEBATE DEL CONGRESO

El programa del I Congreso Nacional de Bellas Artes fue estructurado en seis grandes secciones temáticas que abordaban prácticamente todos los ámbitos relacionados con la organización del sistema artístico español. Su contenido demuestra que los organizadores no pretendían resolver cuestiones puntuales, sino impulsar una reforma integral que afectara tanto a la formación de los artistas como a las instituciones, la política cultural y el reconocimiento social de la profesión.

LA REFORMA DE LA ENSEÑANZA ARTÍSTICA

Uno de los asuntos que suscitó mayor interés fue la situación de la enseñanza de las Bellas Artes. A comienzos del siglo XX, la formación de pintores y escultores seguía dependiendo de un modelo académico heredado del siglo XIX, basado en métodos de aprendizaje excesivamente rígidos y poco permeables a las transformaciones que estaban experimentando los centros artísticos europeos.

Los participantes coincidieron en que resultaba imprescindible revisar los planes de estudio de las escuelas y academias de arte para adaptarlos a los nuevos lenguajes estéticos y a las necesidades técnicas de la creación contemporánea. No se trataba únicamente de incorporar nuevas disciplinas, sino también de modificar la propia concepción pedagógica de la enseñanza artística, favoreciendo una formación más abierta y acorde con la evolución del arte moderno.

El debate alcanzó igualmente a la organización del profesorado y al sistema de cátedras, considerados excesivamente inmovilistas. Se defendió la incorporación de especialistas capaces de transmitir una visión más actualizada del panorama artístico internacional y de preparar a los futuros creadores para afrontar un contexto cultural mucho más competitivo.

Esta preocupación por la enseñanza ocupó un lugar central durante todo el Congreso. Tanto la prensa como las intervenciones institucionales coincidieron en señalar que la regeneración del arte español debía comenzar necesariamente por la renovación de sus centros docentes. Modernizar la educación artística significaba, en definitiva, construir los cimientos sobre los que habría de asentarse el futuro de las Bellas Artes en España.

LA REFORMA DE LAS EXPOSICIONES NACIONALES DE BELLAS ARTES

Otro de los grandes bloques de discusión giró en torno a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, principal instrumento de reconocimiento oficial de los artistas desde mediados del siglo XIX.

El reglamento aprobado en 1917 había provocado un intenso malestar entre numerosos artistas, especialmente por el funcionamiento de los jurados, el procedimiento de admisión de las obras y el sistema de concesión de premios. Muchos creadores consideraban que estos mecanismos favorecían posiciones excesivamente conservadoras y limitaban la incorporación de nuevas sensibilidades estéticas.

El Congreso se convirtió así en el escenario idóneo para analizar estas deficiencias y formular propuestas de reforma. Entre las principales reivindicaciones figuraban una composición más representativa de los jurados, criterios de selección más transparentes y una revisión profunda del régimen de recompensas, con el propósito de reducir su carácter arbitrario.

Especial relevancia adquirió el debate sobre la conveniencia de separar las adquisiciones realizadas por el Estado de la concesión de medallas y premios, evitando que ambos procesos respondieran a los mismos criterios de valoración. La propuesta pretendía reforzar la objetividad del sistema y disminuir la influencia de intereses corporativos o personales.

En realidad, tras estas discusiones subyacía una confrontación mucho más amplia entre dos formas de entender el arte español. De un lado permanecía el modelo académico tradicional, heredero de las grandes exposiciones decimonónicas; de otro, comenzaba a consolidarse una generación de artistas que reclamaba procedimientos más abiertos y una mayor presencia de las corrientes renovadoras. El Congreso no resolvió definitivamente este conflicto, pero contribuyó decisivamente a orientar las reformas que se incorporarían al Reglamento de las Exposiciones Nacionales de 1920.

EL PAPEL DEL ESTADO EN LA POLÍTICA CULTURAL

La presencia de Alfonso XIII en la inauguración simbolizó la importancia que el Congreso otorgaba a la intervención de los poderes públicos en el desarrollo de las Bellas Artes.

Los congresistas defendieron que el Estado debía asumir una responsabilidad mucho más activa en la protección y promoción del patrimonio artístico, incrementando el apoyo económico a los creadores mediante becas, pensiones, adquisiciones oficiales y programas de mecenazgo.

Igualmente importante resultó el debate sobre la proyección internacional del arte español. En un momento en que Europa redefinía su mapa político y cultural tras la Gran Guerra, numerosos participantes insistieron en la necesidad de fortalecer la presencia de los artistas españoles en el extranjero como parte de una estrategia de diplomacia cultural que reforzara el prestigio internacional de España.

Estas propuestas respondían también a un contexto político especialmente delicado. La crisis institucional abierta en 1917 había puesto de manifiesto la necesidad de reforzar aquellos elementos capaces de favorecer la cohesión nacional. En este sentido, el arte comenzó a concebirse no solo como una manifestación estética, sino también como un instrumento de identidad colectiva y un componente esencial del proyecto cultural del Estado.

Retrato de Juan Espina y Capo, por Joaquín Sorolla, Museo del Prado, artífice del I Congreso Nacional de Bellas Artes

 

LA DIGNIFICACIÓN DE LA PROFESIÓN ARTÍSTICA

Uno de los aspectos más innovadores del Congreso fue la reflexión sobre la situación profesional de los artistas españoles.

La Asociación Española de Pintores y Escultores llevaba años denunciando la precariedad económica que afectaba a buena parte del colectivo y reclamando el reconocimiento del trabajo artístico como una profesión con derechos propios y respaldo institucional.

Durante las sesiones se debatieron cuestiones relacionadas con la regulación del mercado del arte, las relaciones entre los creadores y la Administración, la necesidad de mejorar las condiciones económicas de los artistas y el establecimiento de mecanismos que garantizaran una mayor estabilidad profesional.

Estas reivindicaciones reflejaban un cambio profundo en la consideración social del artista. Frente a la imagen romántica del creador aislado, comenzaba a imponerse la figura del profesional integrado en la vida cultural del país, con responsabilidades públicas y necesidades laborales comparables a las de cualquier otra actividad intelectual.

LA ORGANIZACIÓN INSTITUCIONAL DEL SISTEMA ARTÍSTICO

Otra de las cuestiones fundamentales fue la organización corporativa de los artistas y la articulación de mecanismos permanentes de representación ante las administraciones públicas.

El Congreso analizó el papel de las asociaciones profesionales, las academias y las diferentes instituciones culturales, proponiendo fórmulas que facilitaran una coordinación más eficaz entre todas ellas.

En este terreno, la Asociación Española de Pintores y Escultores desempeñó un papel protagonista. Su capacidad para convocar el Congreso y reunir a la práctica totalidad del mundo artístico español consolidó definitivamente su prestigio como institución representativa de los artistas y como interlocutor privilegiado ante el Estado.

Muchos observadores interpretaron esta sección como el primer intento serio de establecer una política artística continuada basada en la colaboración entre los poderes públicos y las organizaciones profesionales, un planteamiento plenamente coherente con los procesos de institucionalización cultural que comenzaban a desarrollarse en otros países europeos.

UN CONGRESO CONCEBIDO COMO CELEBRACIÓN NACIONAL DEL ARTE

Junto a las sesiones de trabajo, el programa incluyó diversas actividades culturales y sociales que contribuyeron a reforzar el carácter público del acontecimiento.

Entre ellas destacaron el concierto de gala dirigido por el maestro Rafael Benedito, las recepciones organizadas en el Parque del Retiro y el homenaje tributado a Diego Velázquez ante el monumento erigido frente al Museo del Prado.

Lejos de constituir simples actos protocolarios, estas celebraciones respondían a una concepción muy concreta del Congreso. Sus organizadores entendían que el arte debía ocupar un lugar visible dentro de la vida pública y convertirse en un elemento de cohesión social y prestigio nacional. El ambiente de participación que reflejó la prensa contribuyó a proyectar la imagen del Congreso como una auténtica celebración de la cultura española, reforzando el reconocimiento público de las Bellas Artes y consolidando el éxito institucional de la iniciativa.

LA REPERCUSIÓN DEL CONGRESO Y SU INFLUENCIA EN LA POLÍTICA ARTÍSTICA ESPAÑOLA

Aunque muchas de las propuestas formuladas durante el I Congreso Nacional de Bellas Artes no encontraron una aplicación inmediata, su influencia sobre la evolución del sistema artístico español fue mucho más profunda de lo que podría deducirse de sus resultados inmediatos. El Congreso abrió un proceso de reflexión colectiva que marcaría buena parte de los debates sobre política cultural durante las décadas siguientes y consolidó la idea de que la organización de las Bellas Artes debía convertirse en una cuestión de interés público.

Uno de los ámbitos en los que su influencia resultó más visible fue el de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes. Las críticas formuladas en las distintas sesiones del Congreso respecto a la composición de los jurados, los procedimientos de admisión de las obras y el régimen de premios no quedaron reducidas al terreno de la discusión teórica, sino que contribuyeron a impulsar la revisión del sistema reglamentario que culminaría con la aprobación del nuevo Reglamento de 1920.

Aquella reforma incorporó parte de las inquietudes planteadas por los congresistas y supuso un intento de racionalizar el funcionamiento de las Exposiciones Nacionales. Se introdujeron modificaciones destinadas a mejorar la organización de los jurados, revisar determinados procedimientos administrativos y responder a algunas de las críticas que desde hacía años venían formulando los propios artistas. Sin embargo, las transformaciones fueron necesariamente parciales y no alteraron la estructura fundamental del modelo expositivo heredado del siglo XIX.

Las tensiones entre tradición y renovación continuaron siendo una constante durante las convocatorias celebradas entre 1919 y 1936. Los jurados siguieron estando dominados por académicos y artistas consagrados, circunstancia que provocó frecuentes controversias acerca de la admisión de obras, la distribución de premios y la escasa representación de los propios creadores en la toma de decisiones. Las discusiones surgidas en torno a cada Exposición Nacional demostraban que muchos de los problemas denunciados en 1918 permanecían todavía sin resolver.

Aun así, el Congreso había conseguido introducir un cambio de enorme trascendencia: por primera vez el funcionamiento de las Exposiciones Nacionales dejaba de considerarse una cuestión exclusivamente administrativa para convertirse en objeto de un debate público sobre los criterios de legitimación artística, la representación de los artistas y el papel del Estado en la promoción de la creación contemporánea.

LA CONSOLIDACIÓN DE LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Si el Congreso produjo una consecuencia inmediata fue el fortalecimiento institucional de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

La organización del encuentro demostró que la AEPE había alcanzado un grado de madurez excepcional apenas ocho años después de su fundación. Ninguna otra entidad artística española había conseguido convocar a un número tan amplio de organismos oficiales, centros docentes, academias, museos y asociaciones profesionales, ni reunir en un mismo foro a representantes de la Corona, la Administración y el conjunto del mundo artístico.

A partir de 1918, la AEPE quedó definitivamente reconocida como la principal interlocutora de los artistas ante las instituciones públicas. Su capacidad para articular propuestas de alcance nacional reforzó su prestigio y consolidó un modelo de representación profesional que continuaría desempeñando un papel fundamental durante las décadas posteriores.

No debe olvidarse que muchas de las reivindicaciones debatidas en el Congreso venían siendo defendidas por la Asociación desde su creación. La convocatoria de aquel encuentro supuso, por tanto, la culminación de un intenso trabajo desarrollado durante años para situar las necesidades de los artistas en el centro del debate cultural español.

EL ARTISTA COMO PROTAGONISTA DE LA VIDA PÚBLICA

Otro de los logros más significativos del Congreso fue contribuir a modificar la percepción social de la figura del artista.

Hasta entonces, la actividad creadora seguía estando asociada con frecuencia a una concepción casi vocacional, dependiente de los encargos oficiales, de las recompensas obtenidas en las Exposiciones Nacionales o del limitado mercado privado existente en España. Frente a esta realidad, el Congreso defendió una visión mucho más moderna del artista como profesional cualificado, integrante activo de la vida intelectual del país y merecedor de una protección institucional comparable a la dispensada a otras actividades culturales.

Esta transformación conceptual resultó especialmente importante porque anticipaba un fenómeno que se consolidaría progresivamente en Europa durante el siglo XX: la consideración del creador como agente cultural con derechos, responsabilidades y capacidad de interlocución ante las administraciones públicas.

Aunque muchas de las mejoras laborales reclamadas no llegaron a materializarse plenamente, el Congreso dejó establecida una nueva manera de entender la profesión artística que influiría en los debates posteriores sobre asociaciones profesionales, protección social y organización del mercado del arte.

BLANCO Y NEGRO MADRID 19-05-1918

 

LUCES Y SOMBRAS DE UN PROYECTO REFORMISTA

Pese al entusiasmo que despertó el Congreso y a la amplitud de sus objetivos, la mayor parte de las reformas proyectadas avanzaron con una lentitud considerable.

El Estado continuó ejerciendo un fuerte control sobre la carrera de los artistas a través del sistema de premios, adquisiciones oficiales y pensiones. Las Exposiciones Nacionales siguieron siendo el principal instrumento de legitimación artística, manteniendo buena parte de las inercias heredadas del siglo XIX y alimentando periódicas controversias acerca de la imparcialidad de sus jurados y de los criterios empleados para valorar las obras.

Tampoco la enseñanza artística experimentó la profunda renovación que muchos congresistas reclamaban. Aunque se produjeron ajustes parciales, el sistema docente permaneció en gran medida vinculado a estructuras académicas tradicionales, retrasando la incorporación plena de las corrientes renovadoras que ya se habían consolidado en otros países europeos.

La precariedad económica de numerosos artistas tampoco encontró una solución definitiva. El mercado español del arte seguía siendo reducido y dependía en exceso del apoyo institucional, circunstancia que limitaba las posibilidades de desarrollo profesional de buena parte de los creadores.

En consecuencia, puede afirmarse que el Congreso actuó más como un programa de reformas que como una transformación inmediata del sistema artístico. Su importancia reside menos en las medidas que logró implantar de forma directa que en haber formulado, por primera vez de manera conjunta y sistemática, un diagnóstico completo de las carencias estructurales del arte español y un proyecto coherente para superarlas.

Clausura del I Congreso Nacional de Bellas Artes celebrada en domicilio social  de la Asociación Española

de Pintores y Escultores presidida por Mariano Benlliure, en la calle Alcalá, 44 Principal, donde tenía en aquellos años la sede la AEPE

 

UN REFERENTE PARA LA HISTORIOGRAFÍA ARTÍSTICA

Con el paso del tiempo, el I Congreso Nacional de Bellas Artes ha adquirido un valor que trasciende ampliamente el de los acuerdos adoptados durante sus sesiones.

La historiografía contemporánea lo considera el primer gran foro nacional dedicado a debatir de manera integral la organización del sistema artístico español. En él confluyeron cuestiones relacionadas con la enseñanza, la legislación, la profesión artística, la política cultural, las instituciones, el patrimonio, la proyección internacional del arte y la representación corporativa de los creadores, configurando un programa extraordinariamente avanzado para su tiempo.

Desde esta perspectiva, el Congreso de 1918 debe entenderse como el punto de partida de un proceso de modernización institucional que, con avances y retrocesos, marcaría la evolución de las Bellas Artes españolas durante el primer tercio del siglo XX. Su verdadero legado no radica únicamente en las reformas que inspiró, sino en haber demostrado que el futuro del arte español solo podía construirse mediante el diálogo entre artistas, instituciones y poderes públicos.

EPÍLOGO. EL LEGADO DEL I CONGRESO NACIONAL DE BELLAS ARTES

Más de un siglo después, muchas de las cuestiones debatidas durante aquellas jornadas conservan una sorprendente actualidad. La relación entre las administraciones públicas y los creadores, la financiación de la cultura, la enseñanza artística, la representación profesional de los artistas o la necesidad de definir políticas culturales estables siguen formando parte de los debates contemporáneos. Cambian los contextos y los instrumentos, pero muchas de las preguntas esenciales continúan siendo las mismas.

Resulta significativo que, desde 1918, España no haya vuelto a celebrar un Congreso Nacional de Bellas Artes concebido con la misma amplitud institucional y con idéntica vocación reformadora. A lo largo del último siglo se han organizado congresos científicos, encuentros universitarios, jornadas profesionales y reuniones especializadas, pero ninguno ha reunido simultáneamente a artistas, administraciones públicas, academias, museos, centros docentes, asociaciones profesionales y responsables políticos para reflexionar de manera conjunta sobre el futuro del sistema artístico español.

Esta circunstancia otorga al Congreso promovido por la Asociación Española de Pintores y Escultores un carácter excepcional. No fue únicamente un acontecimiento cultural de gran relevancia ni una brillante iniciativa corporativa. Constituyó el primer gran proyecto colectivo para definir una política nacional de las Bellas Artes, una empresa que situó a los artistas como protagonistas del debate sobre la organización de la cultura española y que convirtió a la Asociación en una institución decisiva dentro de la historia del arte contemporáneo en España.

Por todo ello, el I Congreso Nacional de Bellas Artes de 1918 debe ser considerado uno de los hitos fundamentales del patrimonio institucional de la Asociación Española de Pintores y Escultores y, al mismo tiempo, una referencia imprescindible para comprender la evolución de las políticas culturales españolas durante el primer tercio del siglo XX. Su legado no se limita a las reformas que inspiró, sino que permanece vivo como ejemplo de diálogo, consenso y compromiso colectivo con el futuro del arte español.

Más de cien años después, aquel Congreso continúa recordándonos que el progreso de las Bellas Artes depende no solo del talento de sus creadores, sino también de la capacidad de las instituciones y de la sociedad para construir espacios comunes de reflexión, colaboración y responsabilidad compartida. Esa fue la gran aportación del Congreso de 1918 y, probablemente, la razón por la que sigue ocupando un lugar singular en la memoria de la cultura española.

Por ello, el I Congreso Nacional de Bellas Artes debe ocupar el lugar que le corresponde: no solo como uno de los episodios más relevantes de la historia de la Asociación Española de Pintores y Escultores, sino también como el primer gran intento de construir, desde el consenso y la reflexión colectiva, una auténtica política nacional para las Bellas Artes en España.

Sesión inaugural del I Congreso Español de Bellas Artes presidida por S.M. el Rey Alfonso XIII en el Paraninfo de la Universidad Central de Madrid

Fotografía de La Ilustración Española y Americana, 22 de mayo de 1918

 

 

Paz de Borbón y Borbón

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

Paz de Borbón y Borbón

María de la Paz Juana Amelia Adalberta Francisca de Paula Juana Bautista Isabel Francisca de Asís

Infanta de España y Princesa de Baviera

 

Socia de Honor de la AEPE

La Infanta Paz de Borbón retratada por Franz-Seraph von Lenbach

 

La Infanta Paz de Borbón y Borbón nació en Madrid, el 23 de junio de 1862 en el Palacio Real, residencia oficial de la familia real española.

Era la octava hija de la reina Isabel II y de Francisco de Asís, y quinta entre los hijos supervivientes, todos ellos mayores que ella: Isabel (conocida popularmente como La Chata), Aflonso XII, rey de España, Pilar y Eulalia.

Cuando tenía sólo seis años, y mientras se encontraban veraneando en San Sebastián, la familia real tuvo que abandonar España en 1868, tras la Revolución Gloriosa que destronó a su madre, Isabel II.

Tras la derrota de las fuerzas fieles a la reina, la situación se volvió peligrosa y tuvieron que marcharse de forma rápida, cruzando la frontera hacia Francia.

Instalados en París, vivieron en el llamado Palacio de Castiella, residencia que servía como corte en el exilio.

Paz creció allí junto a sus hermanas Pilar y Eulalia, recibiendo una educación cuidada en el Colegio del Sagrado Corazón de París, en un ambiente más europeo e internacional del que habría tenido de haberse quedado en España.

 

La Infanta Paz de Borbón

La Infanta Paz y su marido, el Príncipe Luis Fernando de Baviera

 

Vivió el exilio bajo la influencia de su madre y su entorno más cercano, ya que su padre, el rey consorte, vivía en otra residencia, haciendo vidas separadas que marcaron la infancia de la infanta.

La relación con su padre fue siempre fría y formal, lo que modeló su carácter, mucho más sensible, reservado y reflexivo que el de sus hermanas.

Su educación primorosa incluyó estudios de música, literatura y pintura, afición que mantendría toda su vida.

En 1876, su hermano Alfonso XII recuperó el trono, y Paz regresó a España con unos 14 años, en un momento que marcó el paso de su adolescencia, volviendo a la corte madrileña ya como joven infanta y debiendo adaptarse otra vez a la vida oficial.

En 1879, la muerte de su hermana Pilar, con quien compartía dormitorio, viene a marcarla profundamente, ya que además de hermana, era compañera y amiga cercana. Años más tarde, en su memoria, pondría el nombre de su hermana, a la que nunca olvidó, a su hija.

Años más tarde, la infanta Paz se enamoró de su primo Luis Fernando de Baviera, príncipe bávaro y médico de formación, con quien contrajo matrimonio en 1883.

Fue un matrimonio inusual y atípico, ya que a pesar de ser un matrimonio dinástico (entre familias reales), no fue impuesto de forma estricta, pues según testimonios y sus propias memorias, hubo un afecto real entre la pareja. La infanta buscaba la felicidad con su marido, no solo cumplir un deber.

Tras presenciar el matrimonio poco feliz de su madre y el de su hermana Isabel, del todo convencional, la infanta Paz contrajo matrimonio por elección personal, dentro de lo posible, algo poco habitual en su entorno.

Tras la boda, la Princesa de Baviera se instaló en Múnich, Baviera, en el Palacio de Nymphenburg, donde viviría gran parte de su vida.

La Infanta Eulalia y la Infanta Paz

 

Con menos ceremonial en la corte bávara y en un ambiente más intelectual y europeo, la Princesa gozó de mayor libertad personal, ya que el matrimonio llevaba una vida más discreta dentro de la nobleza, y teniendo en cuenta que su marido no era un político activo, sino médico, y muy interesado en la ciencia y los avances médicos.

El matrimonio tuvo tres hijos: Fernando, Adalberto y Pilar, siendo una madre muy implicada, algo que ella misma valoraba mucho teniendo en cuenta su propia infancia y la desafección amorosa de sus padres.

La plácida vida en palacio le permitió llevar a cabo una gran actividad cultural, escribiendo libros y memorias, colaborando en periódicos como el ABC y asistiendo y patrocinando veladas musicales, literarias y artísticas que le permitieron relacionarse con artistas e intelectuales, e incluso el compositor Richard Strauss le dedicó una obra.

Implicada en proyectos sociales, participó activamente en actividades benéficas y educativas. Así, en 1914 fundó en Múnich el Pedagogium español, una escuela para niños sin recursos, por lo que recibió la Gran Cruz de la Orden de Alfonso XII en favor del arte y de la ciencia.

Estableció relaciones culturales entre España y Baviera. Junto a su hija Pilar formó parte de asociaciones protectoras de la infancia y de la paz entre las naciones. Asistió a congresos mundiales por la paz y la justicia organizados por la Internacional Democrática de Congresos Pacifistas, a la cabeza de los cuales estaba Marc Sangnier (París, 1921; Friburgo, Alemania, 1923; Londres, 1924; Luxemburgo, 1925, y Bierville, Francia, 1926). Perteneció a la Liga Mundial por la Paz de las Madres Educadoras en Múnich. Creó la asociación Obras de Caridad Seráfica.

Desde su llegada a Múnich ayudó a artistas y a músicos españoles que mantuvieron relaciones con Alemania, entre ellos el violinista Sarasate y el compositor Tomás Bretón.

Durante la Primera Guerra Mundial trabajó como enfermera en colaboración con la Cruz Roja. España había permanecido neutral, fuera de la contienda, pero la infanta mantuvo relaciones con el rey Alfonso XIII para que, de manera legal, la ayudase a localizar a los desaparecidos o heridos que se pudieran encontrar en hospitales de los enemigos de Alemania.

En 1918 cayó la monarquía bávara y se proclamó una república. La Princesa de Baviera y su familia perdieron su posición oficial, volviendo su vida más privada y tranquila, menos ligada a ceremonias cortesanas.

Fue una época en la que desarrolló su faceta intelectual, escribiendo libros de memorias y reflexiones, consciente de los grandes cambios históricos que había vivido.

La familia de la Infanta Paz

               

Junto a su esposo, el Príncipe de Baviera

Junto a su hija María Pilar

 

Después de la caída de la monarquía bávara en 1918, a Paz y su familia se les permitió seguir residiendo en un ala del palacio de Nymphenburg; sin embargo, ese mismo año se trasladaron a un piso en la Odeonsplatz de Múnich. La economía de la familia se sostuvo con los ingresos de la lista civil española, provenientes de su posición de infanta de España.

A la llegada del nacismo al poder en 1933, su familia fue puesta bajo una estricta vigilancia. La Gestapo le prohibió mantener correspondencia con España, salvo excepciones como su sobrino, el ya exiliado Alfonso XIII.

Al finalizar la Guerra Civil española, a partir de 1939, ayudó cuanto pudo a los emigrados españoles partidarios de la República.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el Ejército de los Estados Unidos ocupó Múnich. Varios soldados asaltaron a la infanta y a su esposo, como lo narró en sus memorias el príncipe Constantino de Baviera: “Les amenazaban con un revólver gritando: ‘¡Venga, las joyas!’. Mi abuela Paz les entregó un joyero con las alhajas heredadas de su madre, Isabel II, que habían podido salvarse. Los norteamericanos, para probar la autenticidad del botín, rascaron las piedras preciosas contra el cristal de una ventana. Luego se enfurecieron: ‘¡No quedan señales; es todo falso!’ Mi abuela, con voz tranquila, respondió en inglés:  ‘Qué curioso, siempre creí que las joyas de mi madre eran auténticas’.

Abanicos pintados por la Infanta Paz

 

Durante toda su vida viajó numerosas veces a España y a París, donde residía su madre. El antiguo secretario de Isabel II, Miguel Tenorio, vivió al lado de la infanta Paz, quien en cierta ocasión declaró que era su padre biológico. Había llegado a Múnich hacia 1890 y allí murió el 11 de diciembre de 1916; dejó sus escasos bienes a doña Paz.

Durante sus estancias en España, alternó entre el Palacio Real, el palacete de los duques de Riánsares (Tarancón, Cuenca) y su finca en Saelices (Cuenca).

La infanta Paz, desde su llegada a Múnich, escribió varios artículos y algunas poesías que fueron publicados en el periódico ABC de Madrid desde el año 1883 y en 1902 se editaron en Friburgo con el nombre de Treinta y cuatro Composiciones. En 1902, tras un viaje a Roma, escribió un librito, Mi peregrinación a Roma, editado en Alemania y más tarde, en 1922, lo tituló Roma eterna y fue reeditado en Madrid y en Múnich. Escribió también la obra Buscando las huellas de Don Quijote, Freiburg, 1905. Durante varios años la infanta Paz escribió un Diario que publicó en Madrid en 1909 con el nombre De mi vida. Impresiones. En 1902 editó en Múnich una biografía titulada Emanuela Teresa, de la Orden de Santa Clara, hija del elector Emanuel de Baviera. Junto a su hijo escribió Cuatro revoluciones e intermedios. Setenta años de mi vida. Memorias de la Infanta Paz. Comentarios del Príncipe Alberto, que fue editado en Madrid por la editorial Espasa Calpe en 1935.

Por su afición al dibujo y a la pintura, doña Paz reunió un álbum con sus obras que tituló Álbum de dibujos de artistas españoles, depositado en la Biblioteca Nacional de España.

A principios de 1946, la infanta sufrió una caída por escaleras en el palacio de Nymphenburg. El accidente la dejó postrada por varios meses hasta que falleció el 3 de diciembre de ese mismo año. Uno de los anarquistas españoles a los que la infanta socorrió en Baviera tras la Guerra Civil escribió: “Paz agonizó el 3 de diciembre de 1946, a las 5.45 de la mañana. Ese día lo recuerdo como el más amargo y triste de mi vida, consciente de que con el cerebro y el corazón de Paz habíamos perdido no sólo a la persona más profundamente amada por todos nosotros, sino también todas nuestras esperanzas por una reconciliación pacífica y fraternal entre las dos Españas”.

Sus restos fueron inhumados el 7 de diciembre en la cripta de los Wittlesbach en la Iglesia de San Miguel de Múnich. Tenía 84 años.

Puerto de Comillas, cuadro de la Infanta Paz en La Ilustración española y americana, 1882

 

La Infanta Paz fue una notable pintora aficionada y mecenas muy activa y respetada. Formada bajo la dirección del pintor Carlos Múgica Pérez, pintor, dibujante e ilustrador, conocido paisajista y profesor de la época, las obras de la Princesa destacaron principalmente en la acuarela y el dibujo, que según confesó, eran sus técnicas preferidas, y aunque muy asociadas a las mujeres de la alta nobleza, ella supo llevar a un nivel profesional reconocido por la crítica.

Aunque dominaba el óleo, su sensibilidad técnica destacó especialmente en formatos que requerían una enorme precisión y un control absoluto de la mancha y la línea, como la ilustración editorial. Su destreza con el dibujo lineal le permitió diseñar directamente sobre madera para periódicos e ilustraciones impresas, como sus colaboraciones para la revista infantil La Niñez.

Sin embargo, su lenguaje preferido fue la acuarela sobre papel. Obras como su aclamada Mi único modelo (1881) demuestran un dominio sutil de la luz y el agua, reflejando el realismo burgués y el costumbrismo de la época.

Pintó también numerosos abanicos y objetos suntuarios a mano, un soporte sumamente complejo debido a la superficie plegada y los materiales delicados (como la seda o el cabritillo).

La pintura sobre abanicos de seda —el soporte o «país» del abanico— exigía una adaptación drástica de las destrezas de la acuarela. La seda es un material textil, absorbente y flexible que no se comporta como el papel, por lo que la Infanta Paz tuvo que dominar técnicas específicas para mantener su característico nivel de detalle.

En catálogos históricos como el de la célebre Exposición de El Abanico en España, se registran piezas pintadas por ella —algunas en colaboración con su hermana Eulalia— que evidencian este minucioso proceso.

Acuarela

Portada de dos de sus libros

 

Los motivos temáticos que la Infanta Paz elegía para pintar sus abanicos reflejan un equilibrio perfecto entre la tradición cortesana europea, el costumbrismo español y el romanticismo alemán que adoptó tras mudarse a Múnich. Al igual que en sus acuarelas, huía de la rigidez de los retratos oficiales para centrarse en escenas líricas y de la naturaleza.

Sus abanicos giraban en torno a cuatro grandes ejes temáticos: Alegorías e Idilios Románticos, con escenas pastoriles, idilios amorosos y composiciones alegóricas; Paisajes y Vistas Históricas, quizás influenciada por su formación con el paisajista Carlos Múgica, que se plasmaba con fuerza en este soporte con vistas detalladas de jardines, monumentos y rincones de palacios que habían marcado su vida; Recuerdos de España, recreando con nostalgia patios andaluces o paisajes castellanos; y Vistas bávaras, propias de su nuevo hogar t ras su matrimonio,donde los lagos de Baviera, los bosques centroeuropeos y las perspectivas del propio Palacio de Nymphenburg se convirtieron en un motivo recurrente de sus obras.

Sus obras presentaban escenas costumbristas e intimistas, donde eran habituales las escenas domésticas con niños, juegos infantiles y la vida familiar cotidiana de palacio. Composiciones en las que destaca su naturalidad y la captura de manera cercana de la psicología de los personajes.

En las Naturalezas Vivas y Motivos Florales de sus abanicos, la infanta optaba por guirnaldas, ramas florecidas y estudios botánicos de gran precisión técnica. Combinaba flores europeas clásicas con elementos de inspiración oriental (como ramas de almendro o composiciones asimétricas), una tendencia estética muy en boga a finales del siglo XIX.

Muchas de estas valiosas piezas acababan convirtiéndose en regalos personales para reinas y princesas de toda Europa, o se donaban a las tómbolas y subastas de caridad que ella misma organizaba en Madrid y Múnich.

En 1881 la Infanta Paz participó con dos acuarelas en la Exposición que se realizó en el centro artístico del Sr. Hernández, una iniciativa privada que se realizó en la calle del Desengaño, 22 y 25, junto a grandes nombres artísticos del panorama nacional (más de 200) como Pradilla, Villegas, Rosales, Fortuny, Casado del Alisal, Benlliure, Ferrant, Villodas, Comba, Haes, Mélida, Moreno Carbonero, Agrassot, Beruete, Lhardi, Hispaleto…

La prensa de la época resaltó que “Las dos acuarelas presentadas por S.A. la Infanta doña Paz, son asimismo notables por la gracia y delicadeza con que se hallan ejecutadas. Su dibujo es correcto y el colorido está tratado con una perfección digna de todo elogio”.

Y también se leía: “Doña Paz de Borbón pinta como pintan los príncipes… cuando éstos tienen buenas disposiciones naturales. Pinta con gracia y con miedo. Sabe seguro que está condenada a no tener consejeros, sino admiradores y enemigos. Ningún maestro, ningún inteligente, hubiera dejado de advertirle el riesgo á que se arrojaba al poner una figura vestida de blanco, sobre un fondo poco menos blanco que el vestido. Sea de ello lo que quiera, agradezcamos y saludemos con afectuoso respeto, esas dos tentativas afortunadas; Mi único modelo y Puerto de Comillas, no tanto por lo que valgan como por lo mucho que para el arte representan. Para el arte, único rey de derecho divino”.

Otros medios afirmaban: “«Mi único modelo» y el «Puerto de Comillas» son los títulos de los cuadros que la egregia artista se ha dignado presentar. Nadie se atreverá á tacharme de adulador cortesano, al decir, que la augusta hermana del Rey, ha demostrado notables condiciones para el arte que con tanta afición cultiva, y que en sus cuadros revela conocimiento, inspiración, gusto y que posee el secreto del colorido”.

En 1882, participó con otra acuarela titulada “Tomado al vuelo”, en la VII Exposición de la Sociedad de Acuarelistas de la que era presidenta honoraria. En aquella ocasión, la prensa dijo que “en el retrato de un niño, revela en esta acuarela notables adelantos y gran seguridad en la ejecución”.

Un año más tarde, volvió a presentar dos acuarelas a la Exposición del Centro Artístico del Sr. Hernández. La prensa destacó: “Una de ellas que titula «María» es una preciosa murciana de dibujo notable, cuya cabeza ha sido admirablemente modelada. Es una verdadera obra de arte, digna de figurar entre las acuarelas de reputadas firmas. A su alteza ha servido de modelo «María», la bella hija de su maestro Sr. Manresa. «En mayo» titula doña Paz de Borbon su segunda acuarela. Es el mismo tipo de la costurera «Petra», que se exhibió en el palacio de Arenzana, convertido en graciosa florista”.

La Infanta Paz no fue una simple aficionada cortesana, sino una artista respetada por los principales críticos e historiadores de su tiempo. Su valía quedó consagrada en los registros de la historia del arte a través de referencias de gran nivel, como la del célebre biógrafo e historiador del arte español Manuel Ossorio y Bernard, que elogió su talento y la incluyó formalmente en su obra cumbre, la Galería biográfica de artistas españoles del siglo XIX, citando extensamente la calidad y variedad de su producción.

Mi único modelo, cuadro de la Infanta Paz aparecido en La ilustración española y americana, 1882

 

Además, el historiador y crítico británico Walter Shaw Sparrow, incluyó en su célebre libro recopilatorio Women Painters of the World una fotografía del retrato que hizo de su hermana, la infanta Eulalia, en un interior alhambresco, titulado Mi único modelo (1881), consolidando así su estatus artístico fuera de España.

Mi único modelo es una  de sus acuarelas más famosas y tuvo tanta repercusión que se convirtió en un grabado xilográfico publicado en la prestigiosa revista La Ilustración Española y Americana en 1882, al igual que la titulada Puerto de Comillas, que se publicaron con ocasión de la exposición de acuarelas y dibujos que realizó la infanta.

Dedicaba gran parte del día a pintar en su estudio personal, leer y escribir libros, memorias y artículos. Colaboraba activamente en el hospital de los Caballeros de San Jorge, donde ayudaba a financiar medicamentos para pacientes sin recursos junto a su marido.

A lo largo de su vida, Participó de manera activa en las exposiciones y eventos benéficos de arte en Madrid, vendiendo y donando sus obras para causas sociales.

Su legado directo se conserva en el Álbum de dibujos de artistas españoles, un volumen que ella misma encuadernó y guardó con sus creaciones, custodiado hoy en la Biblioteca Nacional.

Su influencia en los pintores españoles se tradujo en un potente mecenazgo que les abrió las puertas del mercado artístico alemán. Múnich celebraba anualmente grandes muestras en el famoso Palacio de Cristal (Glaspalast). La infanta medió y colaboró intensamente para asegurar la inclusión, promoción y visibilidad de las obras de pintores españoles en estas prestigiosas exposiciones internacionales.

Pero no solo ayudó a los artistas de su país natal, sino que usó su influencia ante la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando para promocionar en España a grandes maestros bávaros, como el retratista Franz-Seraph von Lenbach, fortaleciendo el intercambio técnico entre ambas naciones.

Su residencia en Nymphenburg funcionó como un punto de encuentro y mecenazgo para músicos y pintores españoles de paso por Alemania, ofreciéndoles apoyo financiero, contactos con la aristocracia local y un entorno seguro para desarrollar su arte.

La Infanta Paz y su hija Pilar

La Infanta en una de las últimas imágenes que de ella se conocen

Un merecido descanso

José Gabriel Astudillo López

Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores

 

Llegamos al mes de agosto tras un primer tramo de 2026 especialmente intenso para la Asociación Española de Pintores y Escultores. Han sido meses repletos de exposiciones, certámenes, presentaciones, encuentros culturales y actividades que han vuelto a demostrar la extraordinaria vitalidad de nuestra institución y, sobre todo, el compromiso de nuestros socios y artistas con la creación y la difusión del arte.

Ahora, como cada año, hacemos una breve pausa. Las vacaciones estivales suponen un merecido descanso para todos, pero también representan una magnífica oportunidad para aquello que mejor sabemos hacer: crear. El artista rara vez se detiene. Cambian los escenarios, los ritmos y las obligaciones, pero la mirada permanece siempre atenta, encontrando inspiración en la luz del verano, en los paisajes, en los viajes, en la vida cotidiana y en los silencios que tan necesarios son para la reflexión artística.

Por eso quiero aprovechar estas líneas para animar a todos nuestros socios y amigos a que conviertan este tiempo de descanso en un tiempo fértil para la creación. Porque el curso artístico que nos espera a partir de septiembre llega cargado de importantes citas que volverán a situar a la AEPE como uno de los grandes referentes del panorama artístico español.

Entre ellas destaca, naturalmente, la convocatoria ya abierta del 93 Salón de Otoño, el certamen artístico más antiguo y prestigioso de los que se convocan en España. Cada edición supone un nuevo reto y una nueva oportunidad para mostrar el talento, la sensibilidad y la capacidad de innovación de los artistas contemporáneos. Del mismo modo, permanecen abiertas otras convocatorias de gran relevancia que merecen toda nuestra atención y participación: el 45 Certamen de Pequeño Formato, que año tras año demuestra que la grandeza artística no depende de las dimensiones de una obra; el XI Salón de Arte Realista, consolidado ya como una referencia imprescindible para los creadores que encuentran en la realidad su principal fuente de inspiración; y el XI Salón de Dibujo, Grabado e Ilustración, que continúa reivindicando disciplinas fundamentales en la historia y el presente de las artes plásticas.

Todas ellas constituyen magníficas oportunidades para presentar nuevos trabajos, compartir inquietudes creativas y contribuir al enriquecimiento cultural que caracteriza a nuestra asociación desde hace más de un siglo.

Septiembre marcará además el inicio de una nueva etapa de actividad institucional. Retomaremos la programación de exposiciones, conferencias, presentaciones, visitas culturales, encuentros artísticos y cuantos proyectos permitan seguir impulsando la presencia de la AEPE en la sociedad y reforzando nuestro compromiso con la promoción de las Bellas Artes. Nuevas iniciativas y propuestas irán sumándose a una agenda que anuncia ya un final de año especialmente dinámico e ilusionante.

Por ello, mientras las puertas de nuestras sedes toman un breve respiro estival, os invito a mantener abiertos los talleres, los estudios y, sobre todo, la imaginación. Que estos días sirvan para experimentar, investigar, dibujar, pintar, esculpir, grabar, proyectar y soñar nuevas obras. El arte no entiende de vacaciones; simplemente cambia de ritmo para regresar con más fuerza.

Quiero también aprovechar esta ocasión para agradecer, de corazón, la confianza que los socios de la AEPE han vuelto a depositar en mí al renovarme su apoyo como presidente de nuestra querida Asociación. Recibo esta responsabilidad con emoción, humildad y una enorme ilusión, consciente de que el verdadero valor de la AEPE reside en las personas que la integran y en el talento de los artistas que mantienen vivo su espíritu. Gracias por permitirme continuar al frente de este apasionante proyecto colectivo que compartimos desde el amor al arte y el compromiso con las Bellas Artes. Seguiré trabajando con la misma dedicación para que la AEPE continúe creciendo, fortaleciendo su prestigio y ofreciendo a los artistas las oportunidades y el reconocimiento que merecen.

En nombre de la Junta Directiva de la Asociación Española de Pintores y Escultores, deseo a todos un feliz verano y un merecido descanso. Nos reencontraremos en septiembre con energías renovadas y con el entusiasmo de seguir construyendo juntos nuevas páginas de la historia de la AEPE.

Os esperamos con vuestras obras, vuestra creatividad y vuestra ilusión. El próximo Salón de Otoño y las numerosas convocatorias abiertas ya están en marcha. Ahora es el momento de crear.

Llevamos 116 años haciendo arte

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