Marcelino Santamaría Sedano: Sin título

Este mes volvemos al baúl de los recuerdos, a la cámara donde se hallan los santos griales de nuestra antiquísima asociación, para hablar sobre otra figura fundamental en la historia de ésta, nuestra entidad artística: Marceliano Santamaría Sedano (Burgos, 1866-Madrid, 1952), que el 24 de enero de 1936 fue nombrado Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, en la renovación parcial de la Junta Directiva de la entidad.

Este pintor español inició su formación artística como platero y orfebre, al igual que su padre. Más tarde asistió, a diferencia de su padre, a la Academia de Dibujo del Consulado del Mar de Burgos. Una vez terminados sus estudios en la academia local, se trasladó a Madrid, en donde continuó con su formación artística en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, en el Círculo de Bellas Artes y en el estudio del pintor Manuel Domínguez.

A lo largo de su trayectoria artística, obtuvo un gran número de reconocimientos como la Tercera Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes en 1887 y la Segunda Medalla en la misma muestra en 1892; la Medalla de Oro en la Exposición Internacional de Sevilla en 1929; o la Beca de la Academia de España en Roma (1891 y 1895), donde pintó una de sus más famosas obras (El Triunfo de la Santa Cruz) que más tarde expondría en las Exposición Internacional de Madrid y en la Exposición Universal de Chicago.

También se dedicó a la docencia. Fue profesor de la Academia de Artes y Oficios de Madrid, y en 1934, llegó a ser Director de la misma. Con el paso del tiempo, fue ocupando diferentes cargos oficiales, mientras seguía creando obra, en la que se ve cómo trabajó las diferentes temáticas existentes, aunque fue especialmente reconocido por sus paisajes castellanos, sus cuadros de historia y retratos.

En este caso nos enfrentamos con un paisaje rural en el que, en el centro, dividiendo la acuarela en dos partes prácticamente exactas, hay un pastor rodeado por sus ovejas, y al lado derecho del personaje hay un árbol casi de la misma altura que el protagonista. El guía está en una posición relajada, observando, a través de lo poco que le deja ver el gorro, cómo pastan los esponjosos animales.

Por la ropa de abrigo que lleva el zagal, el cielo despejado y la luz, podría tratarse de uno de esos primeros días de primavera, en el que el sol, no solo empieza a calentar de verdad, sino que también irradia luminosidad. Uno de esos días en los que nos podemos pasar un largo rato al sol, medio adormilados, mientras nuestros huesos se calientan, dejando el frío del invierno atrás.

A lo lejos, en los demás planos del fondo, no solo se aprecian montañas, sino que también hay una especie de tienda de campaña blanca, como la típica de las películas de indios y vaqueros.

Aunque el artista la definiera como una acuarela sobre papel, también vemos otras dos técnicas. Una de ellas es el dibujo, presente en toda la obra, de hecho, el autor no ha intentado disimularla, sino que en ocasiones está aún más acentuada para marcar las siluetas de las figuras, para que no exista ninguna duda sobre la forma de cada una de ellas. Por otro lado, está el lápiz de color, que utiliza como herramienta para oscurecer determinadas zonas del paisaje, para aumentar el contraste de claroscuro en la obra, herramienta a través de la cual no solo se acentúan más las formas y sus detalles, sino que también, obviamente, el clima.

Marceliano Santamaría
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