Juan Espina y Capo: Espirna

El despacho del Presidente de la AEPE es como la cueva de Alíbaba, una cámara repleta de tesoros. Ahí se encuentran un gran número de obras de todos los grandes maestros que han formado las diferentes Juntas Directivas de la Asociación, desde su fundación en 1910. Como Bernardino de Pantorba, Fernando de Marta o Emilio Pina Lupiáñez, entre otros muchos.

Pero en este caso nos vamos a centrar en un pequeño grabado de Juan Espina y Capo (1848- 1933), pintor y grabador español, que fue el Secretario General de la Asociación Española de Pintores y Escultores (desde el año 1917 hasta el 1920).

El hijo del escritor vanguardista Pedro Espina Martínez, viajó siendo él muy joven a París, concretamente en el año 1863, a la edad de 15 años. A la vuelta de éste temprano viaje, ingresó en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, como discípulo del paisajista belga Carlos Haes. Años más tarde fue becado durante tres años por la Academia de España en Roma. Y antes de volver a España, pasó una temporada en la ciudad que visitó siendo todavía un niño, París.

A lo largo de su carrera profesional, recibió un gran número de reconocimientos, como la tercera medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes en 1881, y la segunda medalla en la misma exposición en las ediciones celebradas en 1884 y 1895. También participó en exposiciones internacionales como la Exposición Internacional de Berlín en 1866, en Viena en 1892 y en Chicago en 1893. Además, fue el representante de España en las Exposiciones de Suecia y Noruega en el año 1890. Es importante mencionar, que fue quien impulsó y organizó el Primer Salón de Otoño, uno de los certámenes más antiguos y prestigiosos de nuestro país, que a día de hoy lo sigue realizando la AEPE cada año, con el mismo objetivo, ganas e ilusión con el que lo hicieron antaño.

Pero, a pesar de ganar un gran número de reconocimientos tanto en el campo de la pintura como en otros, sobre todo, destacó como grabador, campo en el que en 1926 recibió el máximo galardón, en la Exposición Nacional de Bellas Artes en 1926.

En esta pequeña obra (grabado 10,5 por 13 cm, y papel 21 por 26 cm) de esta importante figura artística, aparece representado un paisaje, temática en la que se especializó, siguiendo las directrices de la Escuela de Barbizon, formada por un conjunto de pintores franceses reunidos en torno al pueblo de Barbizon (Francia), que no solo crearon una tendencia artística, sino que también trabajaron el orden social de este mismo pueblo (esta escuela estuvo activa durante los años 1830 y 1870 aproximadamente) y de Carlos Haes, paisajista belga del que fue discípulo.

Se trata de un paisaje campestre, en el que entre la frondosa vegetación alrededor de un río que casi divide la composición en dos, se aprecian dos figuras. Una de ellas, la que se encuentra en la parte derecha de la composición, está mucho más definida que la del lado izquierdo. Pero no lo suficiente como para poder identificar con certeza de lo que se trata. Por la perspectiva, lo más lógico sería decir que se trata de una construcción, una edificación situada a lo lejos del bosque. ¿Pero porque esta construcción se repite, un poco más difuminada en el margen izquierdo de la obra?

En esta ocasión, el título de la obra Espirna, no nos ayuda lo suficiente como para poder resolver el acertijo. Por lo que sí que da pie a echar a volar nuestra inventiva.

¿Quién no conoce al italiano Sandro Boticelli (1445-1510) y su obra Escenas de La Historia de Nastagio degli Onesti que alberga el Museo del Prado? Pues en cierta manera me recuerda a estas escenas, y ¿en qué sentido? Boticelli, en un mismo cuadro representó diferentes escenas, como si fuera un comic.

Pues bien, en ese aspecto es en lo que me recuerda esta obra de Juan Espina y Capo, en utilizar una obra para representar diferentes escenas.  Lo más interesante es como, a través de esta obra que fácilmente se reconoce que es un paisaje, introduciendo estos dos elementos, se da pie a la especulación.

Es lo más fascinante del arte, que a pesar de que la obra sea cien por cien figurativa, vemos reflejados aspectos nuestros, tanto de nuestra inventiva como de nuestra vida cotidiana.

juan espina
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