Pedro Frías Alejandro: La Paz

Una vez dijo alguien “pienso, luego existo”, o como se diría en latín “cogito ergo sum”, frase a través de la cual se explicaba que todo ser capaz de pensar, tiene alma. Pero no se paró a pensar en si “los seres pensantes” son capaces de dotar de alma a los objetos.

El arte, tal y como he mencionado en más de una ocasión, es una de las ciencias que estudia el ser humano desde tiempos inmemorables, y…curiosamente es la única que alberga un pedacito del alma de sus creadores. Por lo que se podría decir que la teoría de René Descartes, que se convirtió en el elemento fundamental del racionalismo occidental, no es del todo certera.

Hasta el día de hoy, no me he enfrentado a ninguna escultura, posiblemente sea porque me parece una de las representaciones artísticas que más respeto me imponen. Os preguntareis, ¿respeto? ¿Por qué una escultura te impone respeto? Pues bien, todo comenzó cuando en el instituto cursé la asignatura de Historia del Arte. Todas y cada una de las esculturas me transmitían una total y absoluta cercanía, era como si se tratara de personas reales que por diversos motivos, se quedaron petrificadas en diferentes posturas, y si a este factor se le une la monumentalidad con la que ejecutaban las obras, lo que éstas transmiten es respeto.

Además, no solo me transfiere ese sentimiento, sino que también, me parece una de las representaciones artísticas más difíciles, y a su vez, si se ejecuta bien, una de las más agradecidas. Aspecto que pude comprobar durante la carrera.

Creo que uno nunca se cansa de observar una escultura. Esto no quiere decir que de otras representaciones artísticas como la pintura, grabado o fotografía, nos cansemos más fácilmente. Simplemente, la escultura tiene una aurea, una esencia, que es capaz de atraparnos y hacer que estemos observándola horas y horas sin cansarnos. Posiblemente ese sea el motivo por el cual hasta el día de hoy no haya tenido agallas suficientes para enfrentarme a una escultura.

El lugar en el que está expuesta la obra sobre la que os voy a hablar, no está al alcance de los ojos de todos, ya que se encuentra en el despacho del Presidente de la AEPE, oculta tímidamente detrás de una pizarra.

Se trata de un busto, titulado “La Paz”, del artista Pedro Frías Alejandro. Este imaginero palentino posee un estilo bastante característico que se encuentra a caballo entre el clasicismo, movimiento cultural, estético e intelectual inspirado en los patrones estéticos y filosóficos de la antigüedad clásica, caracterizada por una incansable búsqueda de la perfección del hombre en sus aspectos físicos y la vanguardia, tendencia artística, cultural, política, filosófica y literaria que se refiere a las personas o las obras que son experimentales o innovadoras.

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La obra de Pedro Frías Alejandro se desarrolla en diversos campos dentro del arte con una gran variedad de temas. Pero su especialidad es la creación de imágenes y cuerpos modelados y definidos de forma rígida y simétrica.

A lo largo de su trayectoria artística, se aprecia una constante, la figura de la mujer, la cual trabaja a través de líneas angulosas y calmadas. Se trata de un característico estilo estético y plástico por el que sobresalió por encima de los artistas de aquel entonces, y por el que, a día de hoy, se le sigue reconociendo.

En esta escultura, fechada en 1936, se aprecia que está esculpida desde el sentimiento más íntimo del artista, denotando así el reflejo de su personalidad artística y demostrando la calidad de su trabajo.

Se trata de la representación del concepto de paz, a través del busto de una mujer. Por aquel entonces, era muy común representar conceptos abstractos como el amor, la ira, etc. a través, sobre todo, de la figura femenina.

Por otro lado, también cabría mencionar que esta pieza es como el buen vino, es decir, el paso de los años ha hecho que el blanco característico de la escayola haya desaparecido, dotándola así de personalidad propia, de manera que ya no es tan evidente el material del que está hecha.

Como bien se ha dicho anteriormente, esta pieza pertenece al patrimonio artístico de la Asociación Española de Pintores y Escultores, y participó, en el 2013, en el denominado Salón Para el Recuerdo, muestra organizada por la AEPE en La Vaguada. En ella, se expusieron las obras de setenta artistas españoles de peso, de la talla de Julio Antonio, Rafael Argelés Escriche, Luis Bea Pelayo, Enrique Brañez de Hoyos, Juan Espina Capo o Manuel de Íñigo Camús, entre otros.

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