Jesús Lozano Saorin recibió la Medalla de Honor de la AEPE

Emocionado y agradecido, ante la mirada de su mujer y su hija Alicia

 

En un acto celebrado el 8 de mayo de 2026 en la sede institucional de la AEPE, el acuarelista Jesús Lozano Saorin recogió la “Medalla de Honor”, que le fue otorgada de manos de su Presidente, José Gabriel Astudillo, en reconocimiento a su aportación extraordinaria al mundo del arte.

Fueron muchos los amigos y admiradores que quisieron acompañar a Saorin en este acto, como el director de la Galería Virtual Artelibre, con sede en Zaragoza, José Enrique González, Sergio Lledó, Director del Museo Pedro Quesada de Crevillente, y otros ilustres galardonados con la Medalla de Honor, como Soledad Fernández, además de los miembros de la Junta Directiva, Paloma Casado y Carmen Bonilla Carrasco.

Abrió el acto el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo López, quien tras dar la bienvenida, dio la palabra a la Secretaria General, Mª Dolores Barreda Pérez, que realizó un perfil humano del artista, resaltando el homenaje espontáneo, nacido del corazón de todos los que forman la Asociación Española de Pintores y Escultores, y haciendo especial hincapié en los valores humanos que rodean a la persona de Jesús Lozano Saorin.

Como en otras ocasiones, por lo entrañable de las palabras que a modo de introducción realizó Mª Dolores Barreda Pérez, palabras que emocionaron no sólo al homenajeado, sino a todos los asistentes, y por la encendida defensa de su perfil humano, reseñamos a continuación la intervención de la Secretaria General:

Jesús Lozano Saorín: Voz del tiempo y la luz  

Queridos socios y amigos, distinguidos invitados, amantes del arte y de la cultura:

Hoy nos reunimos para rendir homenaje a un creador cuya obra ha elevado la acuarela a un territorio de profunda emoción y extraordinaria excelencia técnica. Celebramos la vida y la trayectoria de Jesús Lozano Saorín.

Jesús nació el 10 de julio de 1957 en Jumilla (Murcia), donde pasó su infancia y parte de su adolescencia. Desde muy pequeño mostró una sensibilidad prodigiosa hacia el dibujo y el color, inclinación que nacía de manera espontánea, sin precedentes artísticos en su familia, pero con una fuerza interior irrefrenable. Sus primeros apuntes representaban objetos cotidianos del hogar: pequeños universos que él convertía en protagonistas silenciosos.

A los 12 años comenzó a pintar al óleo, iniciando un camino autodidacta sostenido por la constancia y la pasión. Aquella temprana experimentación no solo fortaleció su técnica, sino que cimentó una decisión vital: dedicarse a la pintura con absoluta entrega.

En 1981 contrajo matrimonio con la jumillana Antonia Oliva González, con quien formó una familia junto a sus tres hijos: Pilar, Jesús y Alicia.

Tres años más tarde, en 1984, Saorín se trasladó a Elche (Alicante), ciudad que se convertirá en el centro de su madurez artística, en su estudio vital, en su refugio creativo, y donde vive y trabaja. 

Fue en Elche donde, en 1987, encontró la técnica que daría forma definitiva a su voz artística: la acuarela. En ella descubrió un medio capaz de armonizar la sutileza y el rigor, la translucidez y la fuerza expresiva.

Desde ese momento, la acuarela dejó de ser una técnica para convertirse en un destino. Saorín fue adentrándose en ella con disciplina y devoción, depurando un estilo que hoy se reconoce instantáneamente: un realismo minucioso, casi hiperrealista, donde cada objeto, cada sombra, cada superficie parece contener una historia escondida. 

Su obra captura fragmentos de la memoria material: viejos lavabos, alacenas, balanzas, puertas desgastadas, estancias en silencio. Elementos a menudo olvidados que, bajo su mirada, se transforman en símbolos del paso del tiempo, en metáforas de la vida misma.

Jesús Lozano Saorín no se limita a reproducir la realidad; la reviste de dignidad, profundidad y resonancia emocional. Sus acuarelas no solo representan objetos: los iluminan desde dentro, revelando la belleza inadvertida de lo cotidiano. Esta sensibilidad lo ha llevado a ser reconocido como uno de los más destacados maestros de la acuarela española contemporánea. 

Su trayectoria expositiva es amplia y prestigiosa. Desde su primera muestra en 1982 en Jumilla, pasando por hitos como la exposición “Los 100 mejores de la Acuarela Española” en la Casa de Vacas de Madrid en 1991, la itinerante “Diez pintores alicantinos en Latinoamérica”, o su participación en bienales nacionales e internacionales en Barcelona, Nueva York, Bruselas, México, Italia y Egipto. Su obra ha sido acogida en museos, colecciones públicas, fundaciones y numerosas publicaciones especializadas, reflejo del alcance y la admiración que su trabajo ha suscitado a lo largo de décadas. 

No solo ha sido creador, sino también formador y difusor del arte. Ha impartido clases en la Asociación de Bellas Artes de Elche, así como talleres, cursos y conferencias en distintos lugares de España. Además, ha ejercido como jurado en diversos certámenes de pintura y ha comisariado exposiciones de carácter nacional, aportando a cada una de estas labores la misma seriedad, profesionalidad y sensibilidad que caracteriza su obra.

En el ámbito humano, Jesús Lozano Saorín se distingue por una humildad profunda y silenciosa. Trabaja desde la honestidad y la independencia artística, sin dejarse arrastrar por modas ni exigencias ajenas.

Cada una de sus acuarelas nace de la necesidad interior de crear, del placer de dialogar con la luz y con el tiempo.

Su estudio en Elche es un espacio donde se escucha el murmullo sereno de los años, donde los objetos se transforman en confidencias y donde la acuarela, bajo su mano, alcanza una transparencia que parece trascender la materia.

Además, conviene recordar que Jesús Lozano Saorín no solo ha destacado por su excelencia artística, sino también por su profundo compromiso con las instituciones que defienden y promueven las Bellas Artes en España. En 1991 ingresó como socio de la Asociación Española de Pintores y Escultores (AEPE), una de las entidades artísticas más antiguas y respetadas del país.

Desde aquel momento, su pertenencia a la AEPE no ha sido un gesto formal, sino una constante declaración de lealtad, respeto y entrega. Saorín ha honrado a la Asociación con una trayectoria ejemplar, manteniendo siempre su vínculo activo, participando en sus iniciativas, difundiendo sus valores y representándola con la dignidad que su arte encarna.

Su nombre se ha convertido, con los años, en sinónimo de compromiso: compromiso con la institución, con sus compañeros artistas, con la tradición pictórica española y con la responsabilidad cultural que supone formar parte de una organización histórica como la AEPE.

Esa fidelidad —serena, discreta, inquebrantable— es uno de los rasgos que mejor definen su dimensión humana. Saorín ha sido un socio que nunca ha buscado protagonismo, pero cuya presencia ha sido siempre un pilar; un artista que ha acompañado a la Asociación en sus retos y en sus celebraciones, sosteniéndola con su apoyo continuo, con su prestigio y con su ejemplo.

Por ello, al rendirle homenaje hoy, celebramos también a un miembro leal, a un defensor silencioso pero firme de la comunidad artística, a un creador que ha entendido que el arte no se construye solo en el estudio, sino también en la pertenencia, en el compañerismo y en la responsabilidad colectiva.

Hoy, en este homenaje institucional, reconocemos no solo al pintor brillante que ha dado prestigio a la acuarela española, sino al hombre íntegro, al maestro generoso, al poeta de los objetos, al guardián del tiempo.

Saorín nos recuerda que la belleza no siempre se encuentra en lo extraordinario, sino en aquello que permanece quieto, humilde y olvidado, esperando una mirada que lo rescate del silencio.

Jesús Lozano Saorín ha construido un legado que trasciende su obra: un legado de sensibilidad, dedicación y verdad.

Celebramos su vida, su arte y su contribución invaluable a la cultura.

Jesús Lozano Saorín no pinta escenas: pinta memorias.

No pinta cosas: pinta el alma del tiempo.

Y por eso hoy, con admiración y gratitud, lo celebramos.

Que este homenaje sea reflejo de la admiración, el respeto y la gratitud que su trayectoria inspira”.

Tras esta biografía, tomó la palabra el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo López, quien se dirigió al artista y a los asistentes con las siguientes palabras:

Queridos amigos y socios, querido Jesús:

La Asociación Española de Pintores y Escultores (AEPE), fiel a su vocación centenaria de custodiar y promover el arte en nuestro país, ha decidido otorgar la Medalla de Honor al maestro acuarelista Jesús Lozano Saorín. Con este gesto, no solo se reconoce la grandeza de un artista excepcional, sino que también queda honrada la propia Asociación Española de Pintores y Escultores, que vuelve a situarse a la altura moral e histórica de las instituciones que entienden la cultura como un patrimonio vivo.

Que sea la AEPE quien dé este paso no solo dignifica al artista, sino que también refuerza el prestigio de la propia institución, que demuestra —una vez más— que su compromiso con el arte no es formal ni ceremonioso, sino auténtico, profundo y lleno de responsabilidad histórica.

La Asociación Española de Pintores y Escultores vuelve a demostrar así que el verdadero compromiso con la cultura consiste en reconocer la excelencia mientras aún late en las manos que la crean.

En un tiempo en el que los reconocimientos y homenajes tienden a llegar tarde, con una lentitud que hiere, cuando la voz del artista ya no puede escuchar el agradecimiento que le debemos, la AEPE reivindica un gesto tan necesario como admirable: honrar en vida a quienes ennoblecen nuestro patrimonio artístico. Queremos así recordar a toda la sociedad, que los grandes maestros deben ser reconocidos cuando pueden sentir la gratitud de su comunidad artística y del público.

La AEPE ha elegido así un camino distinto, más noble, más justo, celebrando la grandeza, mirando al maestro a los ojos y agradeciéndole su legado en unos momentos en que sus manos están creando, mostrándonos la belleza, enseñándonos, conmoviéndonos.

Este gesto no es únicamente un homenaje; es una lección moral y cultural. Es la afirmación de que el arte necesita instituciones valientes, capaces de suplir con generosidad y responsabilidad los vacíos que hoy, por desgracia, aquejan a tantos creadores.

Que una entidad centenaria como la AEPE tome la iniciativa de reconocer su trayectoria no solo hace justicia al artista, sino que también pone en evidencia una carencia: estos honores y reconocimientos públicos, que deberían emanar con naturalidad desde las propias instituciones del Estado, encuentran en la sociedad civil —una vez más— a quienes no se resignan al olvido ni a la indiferencia. Por eso la AEPE se alza como faro, recordándonos que la cultura vive en quienes la sostienen día a día, en los propios artistas y creadores como los que hoy nos reunimos aquí, para afirmar y demostrar que honrar a un artista es honrar a la sociedad misma.

Este acto viene así a suplir los vacíos de reconocimiento que hoy afectan a tantos creadores, en un contexto en el que el Estado, con demasiada frecuencia, se retrasa en rendir los honores que corresponden a quienes engrandecen nuestra identidad cultural.

Lozano Saorín, maestro y referente indiscutible de la acuarela contemporánea, ha elevado esta técnica a cotas de sensibilidad, transparencia y rigor, convirtiéndola en un lenguaje capaz de emocionar desde la transparencia, la luz y la verdad, que lo sitúan entre los grandes. Jesús Lozano Saorin encarna esa excelencia que merece ser proclamada sin demora.

Su obra, que trasciende fronteras y escuelas, encarna una dedicación absoluta al oficio y una mirada capaz de transformar la realidad en emoción contenida. Su dominio de la acuarela, su mirada depurada, su capacidad para transformar la transparencia en emoción, la luz en verdad y la disciplina en belleza, lo sitúan en la estirpe de los grandes.

Por ello, esta Medalla de Honor que hoy te entregamos, es mucho más que un premio o un galardón: es un acto de responsabilidad cultural, es un acto de justicia, un reconocimiento solemne a una trayectoria ejemplar, un gesto de gratitud colectiva y una declaración de principios. Es un ejemplo para el resto de las instituciones culturales y un recordatorio de que los artistas necesitan reconocimiento ahora, en estos tiempos, cuando su labor sigue iluminando nuestra vida colectiva.

Hoy, la AEPE reafirma su grandeza histórica. Hoy, el maestro Lozano Saorín recibe el abrazo agradecido de quienes reconocen en él a uno de los pilares de nuestra acuarela contemporánea.

Honor, pues, para el maestro.

Y honor, también, para esta institución que, fiel a su espíritu fundacional, sigue recordándonos que la cultura es un deber, un compromiso y un acto de respeto hacia quienes la engrandecen.

Muchas gracias”.

 

A continuación, el Presidente entregó la Medalla de Honor a Jesús Lozano Saorin, junto al Diploma acreditativo, que recibió emocionado. El artista, que en algunos momentos se mostró nervioso y agradecido y quiso corresponder dirigiéndose a todos con las siguientes palabras:

Autoridades, señoras y señores, muy buenas noches. Estimados miembros de la Junta Directiva de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Recibir esta Medalla de Honor, el mayor reconocimiento que concede nuestra institución, constituye uno de los momentos más emocionantes de mi vida. Es un verdadero privilegio que acojo con humildad y profunda gratitud. Este reconocimiento adquiere para mí un valor extraordinario, pues pone de relieve toda una trayectoria dedicada a mi gran pasión: la pintura.

Anteriormente, tuve también el honor de recibir el reconocimiento más importante que se concede en España a una obra artística: el Premio Reina Sofía, impulsado y promovido por esta entidad. Esta nueva distinción llega como un verdadero broche de oro; un galardón al que no es posible postularse, pues se otorga por decisión directa. No es un reconocimiento menor, pues viene de la mano de la agrupación más prestigiosa y longeva de nuestro país. Sinceramente, me ha colmado de satisfacción.

Esta Medalla de Honor, que recibo hoy, no solo distingue mi trayectoria artística, sino que fortalece aún más mi vínculo con esta comunidad de creadores, con quienes comparto vocación, desvelos, sacrificios y alegrías desde hace varias décadas.

En este momento, deseo expresar mi más profundo agradecimiento a nuestro Presidente, D. José Gabriel Astudillo López, por sus generosas palabras, así como a la Secretaria General, Da. Mª Dolores Barreda Pérez, por la excelente semblanza que ha realizado de mi trayectoria. Mi gratitud se extiende a todos los miembros de la Junta Directiva por haber considerado que mi labor merecía tal distinción.

Con vuestra encomiable labor habéis logrado ilusionar, impulsando numerosos proyectos que hacen cada día más necesaria vuestra implicación. Gracias a nuestra Asociación, que con sus 116 años de historia supera ampliamente el siglo de existencia manteniendo siempre viva la llama de la creación y consolidando ese espacio imprescindible donde pintores y escultores nos encontramos para dialogar sobre un arte que no es superfluo, sino algo mucho más profundo: una necesidad interior, un antídoto contra el olvido; pues el arte es, en su esencia, es lo que distingue al ser humano y lo eleva. Al volver la mirada atrás, recuerdo los años de aprendizaje, las caídas y los reinicios, las búsquedas obstinadas de lo real, de la verdad.

Confieso que soy autodidacta porque la vida no me dio otra elección. Tal vez por eso mi pintura conserve cierta pureza, nacida de un camino de autoaprendizaje, guiado únicamente por la intuición y la perseverancia. Siempre he rehuido de las tendencias, he preferido ser un espíritu libre que, como las aves, aprendió a volar por sí mismo. Sigo persiguiendo ese sueño mantenido en el tiempo: atrapar, aunque sea por un instante, la verdad de la pintura. En este empeño he comprendido que pintar es siempre una tensión viva entre lo visible y lo invisible, entre lo que vemos y lo que subyace bajo la forma de expresión artística. El Arte es una pasión que exige riesgos entrega y dedicación.

No quiero dejar de recordar en este día a mis padres, a mi esposa, a mis hijos y a toda mi familia, quienes han compartido conmigo ausencias, renuncias y anhelos. Con su paciencia y comprensión han sostenido mi trabajo; por ello, esta distinción que recibo hoy les pertenece también a ellos

Del mismo modo, le pertenece a este gran colectivo, los miembros de la Asociación Española de Pintores y Escultores, que ha sido y sigue siendo un referente y un hogar para todos nosotros.

Quiero dedicar también este reconocimiento a los que hoy comienzan, a todos ellos les digo: no renunciéis jamás a vuestra pasión; cuidad con valentía la libertad de expresaros lejos de modas; buscad siempre la excelencia y la verdad, porque en ellas reside la autenticidad de la creación. El camino es complicado y, para superarlo, tendréis que poner todo vuestro empeño, constancia y el mayor ímpetu del que seáis capaces.

Debo confesarles que acepto esta Medalla de Honor no como un final en mi camino, sino como un estímulo, que me alienta a seguir luchando.

Muchas gracias por este honor, y por el regalo de su compañía en una noche tan especial. Buenas noches.

El acto finalizó con la firma de Jesús Lozano Saorin en el Libro de Honor de la AEPE, bajo la atenta mirada del Presidente, José Gabriel Astudillo y Mª Dolores Barreda Pérez.

Tras la foto final de algunos de los asistentes, se brindó por el artista con un vino de Jumilla especialmente traído al acto por el homenajeado.

 

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