Eugenio Cabello en la muestra “Escultores burgaleses”

El nuevo espacio nacido tras la techumbre de San Juan se viste de escultura. Volumen contra volumen. Diecisiete autores burgaleses arropan las desnudas y frías piedras de la antigua iglesia con sus obras. Madera, piedra, hierro. Raquel Condado, Teodoro Ruiz, Humberto Abad, Ángel Gil Cuevas, Antonio Lindstrom, Eugenio Cabello, Carlos Armiño, Josefa León Tejero, Ana Núñez, José Luis Ramos, Alberto Bañuelos, Ángel Bustillo, Carlos Cermeño, Julio Carazo, Javier Sanz, Guadalupe Óscar y Óscar Martín se conjuran en Volumen en el Monasterio, una colectiva que peleará contra la furia de los elementos hasta el 14 de abril.

Caen las gotas sobre el retrato de cerámica de Raquel Condado -¿lloran esos ojos de mujer?- y un oxímoron se apodera de Teodoro Ruiz en El nacimiento de la muerte.

Por la deconstrucción apuesta Alberto Bañuelos. También Humberto Abad. Misma palabra, conceptos, materiales y propuestas dispares.

El primero presenta Deconstrucción 919, un canto rodado que juega con la ambivalencia. De texturas. De emociones. Suavidad y salvajismo. «Lo más simple que hay en el mundo es un canto rodado y actuamos en él como alquimistas», reflexiona Bañuelos, que pronto viajará a México, donde sus creaciones siguen de gira, y que, entre las viejas piedras del cenobio, sopesa si su abuelo, médico, como toda la familia, fue director de este viejo hospital.

Mientras que el segundo, que está a punto de llevar su obra a Lisboa, acaba de recogerla de Cáceres y mostrará nueva producción en diciembre en el Arco de Santa María, se pone a tono con el espacio, «construido, deconstruido y vuelto a construir», en una suerte de puzle. Pieza a pieza se articula un diálogo entre una silla de pino de Soria y una cara de castaño de Indias que grita. ¿Qué?
La sensibilidad hace equilibrios en hojalata de la férrea mano de Ana Núñez. La Victoria es una pieza nacida tras una visita al Museo Louvre de París. Cuenta la artista que la Victoria Alada de Samotracia la impresionó y he ahí su versión.

Volumen en el Monasterio supone igualmente la vuelta a las salas de Carlos Cermeño. Hacía tiempo que el que fuera director de la Escuela de Arte no exponía, aunque su estudio siguiera activo.
Comparte espacio en el ábside con una instalación de Julio Carazo; una cerámica de Guadalupe Óscar, El olmo y su gracia, con su huella de fantasía; Sentirse-sentarse, de Javier Sanz, en gres pétreo, que abre el abanico de significados y donde unos verán el retrato de un hombre y una mujer, otros advertirán un guiño por la igualdad; y un altar de Óscar Martín, Shivaratri (un compromiso de amor y paz), realizado en bronce, aluminio y acero.

En la otrora nave central, San Juan se miden con las curvas de secuoya de Carlos Armiño y las de olivo de Eugenio Cabello, los fieros cuernos de acero del Homenaje a la tauromaquia de José Antonio Bustillo, la evolución del Preneandertal de Antonio Lindstrom y el avance de Josefa León Tijero en Viendo circular el mundo. Se estremecen con Una historia en la piel de Ángel Gil Cuevas y se cuelgan de la Morfología de un sueño en rakú de José Luis Ramos. Volumen contra volumen

Iglesia del Monasterio de San Juan.

Del 10 de marzo al 14 de abril.

“Volumen en el Monasterio”. Exposición de escultores burgaleses.

(2) Orasi

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