Firmas con sello de lujo: Tomás Paredes

Desde la luz

Cristino de Vera / Juan Carlos Lázaro

 

Aunque les voy a hablar de la luz, el rubro de estas líneas no es una imagen, una metáfora. Desde la luz es rubro de un librito que acaba de editar el pintor Juan Carlos Lázaro. Desconozco el número de ejemplares, pero entiendo que será corto, como edición del autor, no venal, y por su singularidad es algo que hay que airear y difundir: sería cicatero conocer esta ambueza de hurmiento y no compartirlo, sería espurio no cerner una nevada con estos copos luminiscentes. A igual que un cerezo en flor, ya el fruto formado, se sacude con delicadeza y deja caer una ventisca de flores, tiñendo la tierra de pétalos rosáceos y de perfume.

Juan Carlos Lázaro, ese susurro de cal y niebla -así habla, así se expresa-, es amigo y confidente de Cristino de Vera, un maestro que ha pintado la luz, que ha sabido hacer de la línea un reguero por donde fluye la inocencia. Cristino mojaba su pincel en Zurbarán para expresar la espiritualidad, la idoneidad para construir un arquetipo formal. Lázaro cava en la bruma y desnuda cometas nefelibatas.

Juan Carlos Lázaro y Cristino de Vera en CaixaForum, en 2018

 

Juan Carlos Lázaro ha tenido la idea, hasta ahora oculta, de guardar todos los textos de su comunicación con Cristino de Vera. Y, como actualidad obliga, aunque hay alguna dedicatoria en catálogos y libros, cartas, algún poema, son mensajes de texto, llamadas telefónicas, wasap, encuentros verbales, correos electrónicos, mensajes de contestador, audios que Lázaro ha ido conservando para ahora publicarlos, en un haz de intimidad, con el visto bueno de Cristino.

En realidad, el libro es de Cristino de Vera, porque salvo el prólogo, firmado por el canciller de Fregenal, los textos, a veces haikus, son del pintor canario ¡Qué maravilla hablar desde la luz, de la luz, envolverse en celajes de transparencia y decir lo que uno siente y piensa, sobre una obra o una acción, desconociendo que eso iba a perdurar en un libro, convirtiendo lo efímero en permanente, la casual en eviterno!

Hace ya algunos años, en un recital, el poeta Jaime Labastida, que fue director de la Academia Mexicana de la Lengua, hizo una breve introducción antes de leer sus versos y apuntó algo que no he olvidado: “en realidad, desde que las computadoras tomaron carta de naturaleza, todos escribimos con luz”. Demasiadas veces lo más sencillo es lo más hermoso, y no deja de serlo esa apreciación, pronunciada con dulce acento mexicano, de que ahora todos escribimos con luz que se torna negra sobre el blanco.

Sobre estas líneas, «Luz y tres tazas», 2010. Óleo s/lienzo, 38 x 46 de Cristino de Vera . Debajo, «243», 2012. Óleo sobre lienzo, 38 x 55 de Juan Carlos Lázaro

El tomito, como llamaba Juan Elúa a sus catálogos históricos -Galería Arteta de Bilbao y Madrid-, consta de 110 páginas, con algunas fotografías en blanco y negro de los autores, y se lee casi de una sentada, aunque no, porque muchos textos, a pesar de su brevedad, te obligan a releer, a volver, a meditar; como se lee un poema, levantando la vista, amusgándola, para fijar la atención en ese claror en el que te ubica el verso, el aforismo o la sentencia..

El lapso de tiempo que contempla esta confesión va desde 2007 a 2020. Se inicia con una carta manuscrita, 23 de junio de 2007, que Cristino deja, en la galería Gurriarán, para Juan Carlos, que a la sazón exponía en ese acogedor espacio. Y se clausura con un wasap de 25 de octubre de 2020, con alusión a su estado físico que se va deteriorando. El dolor y la alegría, la luz y la oscuridad, el silencio y la música, el color y el calor, el langor y el elán se ocultan en estas líneas como el aroma sublime en la piel de un humilde cítrico.

Cristino de Vera habla adunia de la luz de Dios, del alma limpia, de que “la luz alumbra la oscuridad del hombre”; del silencio, la bondad, la belleza, la limpidez, la transparencia, el corazón. Y es que como siente Philippe Jaccottet: “la luz ya no es hoy sino un lecho de plumas/ para el reposo del corazón”.

Sobre estas líneas, «Cráneo y espejo», 1998. Óleo/lienzo, 73 x 50 de Cristino de Vera. Debajo, «Pintura 26», 2015. Óleo / lienzo, 34 x 55, de Lázaro

Hay tantos amaneceres en esos mensajes traslúcidos, que la obra de Lázaro le provoca, que arman un vocerío, que no logra opacar el silencio, “silencio que suena a alma grande”; música de Bach, de Händel, de Satie…”Es una bonita idea que dos artistas se comuniquen con el corazón en la mano”. Con las palmas abiertas inaugurando el esplendor, bendiciendo la inocencia con el rescoldo níveo del alba, con el azafrán de la espuma que reverbera en la claridad.

Páginas cuajadas de alma, paz, pureza, luz de Dios: “Yo no he llegado a la claridad, no se llega nunca. Se llega cuando uno se muere y Dios te recibe”. Porque como sabia Claudio Rodríguez:

                                          Siempre la claridad viene del cielo;

                                          es un don: no se halla entre las cosas

                                         sino muy por encima, y las ocupa….

Luz, más luz pedía Goethe, el pie ya en el estribo. Abunda la luz en esas obras y esas palabras, pero, más el silencio, la soledad, el misterio, la emoción, la esencia. Lucian Blaga que escribió Los poemas de la luz, dijo en Piedras para mi tiempo: “Es verdad que las sombras se parecen a la oscuridad, pero son hijas de la luz”. De la luz nace el camino, la luz llueve fina sobre el aire inundando la naturaleza de claror. De la luz surge la vida, de la luz vive la inteligencia, la luz esa escultura de la razón.

Sobre estas líneas, «Tres tazas de luz», 2007. Óleo/lienzo, 99 x 81 de Cristino de Vera. Debajo, «Pintura 66», 2017. Óleo/lienzo, 27 x 41, de Lázaro

 

Cristino insiste una y otra vez, en la autenticidad, en la originalidad, en la particularidad: sé tú, no te desvíes, ¡sapere aude! Y Lázaro se entrega al rito de la perennidad y renace en cada cuadro, emergiendo de las tonoeblas como un rayo de sol blanco como la nieve, que se enciende de fervor por la eficiencia, un clamor de esencialidad, de latencia, de presencia apenas. Las formas, invisibles, están ahí, vigilando la canción del tiempo y su melodía celeste, orientando sus pasos, esperando la meguez que las consolide.

Cristino de Vera, Santa Cruz de Tenerife 1931, maestro del pincel y místico, asceta cromático y sobrio en el misterio, pintor de la luz y sus huellas. Cabe Juan Carlos Lázaro, Fregenal de La Sierra 1962, augur de silencios y músicas de sal, notario del encuentro de la magia, de la insinuación del acaso. Dos generaciones mediante, ambos buscando denodadamente el espíritu de la luz, la pulcritud, el relámpago de la dimensión, que cada uno expresa como una plegaria de amor.

Dos pintores que se miran DESDE LA LUZ: Cristino, juanramoniano, zurbaranesco; canto gregoriano, que urge que la noche se pueble de luminosidad, entrando en la senda de Bach. Lázaro, litúrgico y lene, como la melodía de un violín al que acaricia Mendelssohn; mistérico de las formas que se ahorman con la estirpe de la transparencia, caudal de asombro y coral de sombras.

 

Sobre estas líneas, «Dos cestas con florecillas», 1998. Óleo/lienzo, 92 x 65 de Cristino de Vera y debajo, los dos artistas en 2017

 

No es un libro más, es un libro que tiene más en su apariencia leve; un libro con el que el maestro bendice la obra del iniciado y aplaude la llegada del provenir. No se trata de maestro y alumno, de río y afluente, no. Son obras muy distintas, que coinciden en la luz de Dios, que es lúcida, múltiple, profunda, suave, acorde y cambiadiza en su diáfano apogeo. Cristino, como Horacio, construye un monumento para Lázaro. Y Lázaro lo observa, desconcertado, unánime, como quien oye un vagido originario y tiembla de emoción y desasosiego, porque lo escruta desde fuera, pero él está dentro, como un juego milagrero de chamanes.

                                                                                                                  Tomás Paredes

             Presidente de Honor de la Asociación Española de Críticos de Arte/AICA Spain

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, aceptas el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver Política de cookies
Privacidad