Firmas con sello de lujo. Tomás Paredes

 

 

 Juan Martínez en su acmé

 

Roberto Velázquez, en los años que fue director general de Fundación Telefónica, tuvo la genial idea de iniciar una colección de obras de arte, formada por los testimonios icónicos de pintores y escultores españoles, que vivieron en el extranjero y que no regresaron a España o lo hicieron con timidez, con sordina. Unos eran exiliados políticos, otros económicos, algunos culturales.

Resulta que, unos pocos de esos autores lograron una visibilidad internacional y con ello su presencia no corría peligro. Es el caso de Picasso, Miró, Dalí, Gris, Domínguez, Palencia, Clavé. Otros, con menos proyección, no caían en el olvido, pero acababan como en un limbo, aun siendo excelentes artistas, porque no dejaban de ser extranjeros en sus países de residencia y casi desconocidos o ignorados aquí, entre nosotros.

Durante el tiempo en el que fue responsable de aquella institución, Roberto Velázquez, con un cuidado exquisito y muy bien aconsejado por expertos, adquirió para la institución obras de Ginés Parra, Viñes, Vilató, Subirá-Puig, Vázquez Díaz, Bores, Peinado, Clavé….En fin, había una larga lista en la que figuraban Guansé, Úbeda, Ángel Duarte, Pere Pagés, Manuel Torres, Valls, Juan Martínez, Blasco Mentor, Segovia, Pradal, Díaz-Ronda….Pero hubo cambios en la dirección de Telefónica y aquello se congeló y nunca más se supo.

No era un asunto baladí para el patrimonio español relacionado con la cultura, en lo que tenemos un déficit notable, vergonzoso. Alguien, en algún momento, debería estudiar en profundidad y con los datos que haya, esta actitud y la figura de Roberto Velázquez, aparentemente en la sombra, pero un personaje extraordinario y con una capacidad de gestión espléndida.

Bois Decoupe

 

Juan Martínez es un pintor y escultor español que vive en Suiza desde1969. Nacido en Navas de San Juan, Jaén, emigró con sus padres a Barcelona, donde estudió Arquitectura, y dese allí se marchó a Suiza, completando su formación en la Escuela de Bellas Artes de Lausanne, lo que hoy es el Espace Arlaud, donde realizó en 2019 una muestra antológica de su obra, muy visitada, comisariada por Françoise Jaunin.

Después de los periodos de pandemia y aislamiento, vuelve con una doble manifestación: una exhibición de su obra reciente y el estreno de un documental, después de varios años de rodajes y distintas vicisitudes. Ambas iniciativas han constituido un acontecimiento en Suiza, que debe, cuanto menos, ser conocido y valorado en España.

Con rubro Le refus du miroir – lo que el espejo nos muestra, lo que el espejo esconde-, la galería Numaga de Colombier(numaga@bluewin.ch), cantón de Neuchâtel, muestra una amplia selección de sus obras más recientes. Para ellas, para intentar acercarnos el arcano de su magia, ha escrito un texto clarificador e inspirador Nicole Gonet.

En primer lugar, hay que referirse al montaje de la obra, en una galería histórica, con la que expone desde hace varios lustros. Un ostugo donde el arte tribal africano cuenta con presencia importante. No todos los espacios están atentos a este punto, pero mostrar la obra con gusto, con sentido, como sucede en esta ocasión, facilita su acceso al espectador y facilita la percepción de su hurmiento. Es como una marca de la casa, como sucede en Madrid con la galería de Rafael Pérez Hernando, siempre exquisito en su manera de presentar el arte.

La obra de arte requiere un esfuerzo del contemplador, no podemos establecer un juicio con un vistazo de pasada. Y la pintura de Juan Martínez es, con toda probabilidad más exigente, porque no es un producto decorativo, sino un grito de nieve en las tinieblas. En El misterio de la creación artística, 1938, arguye Stefan Zweig: “Nunca comprendemos una obra con solo mirarla. Donde no preguntamos, nada aprendemos, y donde no buscamos, no encontramos nada”.

Difícil tarea

 

Se trata de un conjunto de formas que, aunque se identifican dentro de su icnografía, son distintas a lo que venía haciendo. Están sus huellas dactilares y las de su impronta mística, sus formas aerodinámicas, su imbricación pintura-escultura, sus reducciones, pero hay muchas novedades. En una gama sobria, escueta, dominada por el blanco/negro, por los grises, con valientes toques de color, se establece una deriva biomórfica, resuelta con una elegancia absoluta: hay un abrazo de la tradición y el vanguardismo, de lo estático y de lo cinematográfico.

Son imágenes generadas por la sensación, por la crítica, por la preocupación existencial de este creador desasosegante, que mueve a la intranquilidad, que fuerza a preguntarnos constantemente. Su obra, al límite de la abstracción y la figuración, de la confrontación de ética y estética, del hastío y la esperanza, nos interroga. Nos produce placer, porque está envuelta por la emoción y el misterio, pero nos sacude, nos pregunta, nos zarandea, ante todo, para que tomemos conciencia del suelo que pisamos.

Esa suerte de cortina traslúcida encubriendo al ser, velando sus angustias. Formas sinuosas, sensuales, incendiadas de vida, nos hablan a un tiempo del dolor y del amor, de su ausencia; de la necesidad, de la urgencia en recuperar la alianza de la razón y los sentidos. Pretende ser frío, refrescar la subida del fervor, pero no siempre lo consigue, por algo que está en el germen del arte: el razonamiento mágico sobrepasa al lógico y el sentimiento genera otra deriva.

Hay novedades, pero todas dentro de un sentido general de su expresión. Y también hay recuperaciones: esas figuras vestidas de los grandes armarios, esas túnicas misteriosas con tanto dentro, esa querencia de hacer visibles sus obsesiones, esa tristeza que se vuelve trágica. Esa decisión de crítica severa bajo el manto de la estética preciosista.

Nageur

 

La obra de Juan Martínez – madreras, telas, papeles- es la materialización de la memoria de un solitario, reflejos de su entidad. Sin concesión alguna al espectáculo de las modas, sin dejar nunca de ser él mismo. Sin permitir una anécdota, yendo directo al miajón, al meollo de lo que somos o creemos ser. Está en el acmé de su desarrollo, en la plena madurez que rezuma plena libertad.

Rafael Canogar, repite una y otra vez que “todo arte es político”.  Y es probable que así sea, pero en unas obras cuesta descubrirlo, percibirlo, más que en otras. Hay propuestas que nos lo ponen fácil: su obra de crítica social, la de Canogar, realista; la pintura dramática de Juan Barjola; o la pintura existencial de Juan Martínez.

Junto a esta exposición de Numaga, en el cantón de Neuchâtel, en el Théâtre de Colombier, el pasado 11 de junio, se estrenó una película sobre su vida y obra, sobre el desarrollo de su creatividad y de su existencia. Se trata de Un portrait de Juan Martínez l’intranquille, film de Fréderic Gonseth y Catherine Azad, con la participación de Françoise Jaunin, que ya comisario aquella magna exposición de Lausanne.

No he visto aún la película y por tanto no puedo decir nada sobre el contenido de la misma. Sé poco más o menos de algunos episodios que en ella se contemplan, pero no tengo perspectiva alguna sobre su dimensión. Mas, que un cineasta prestigioso se decida a hacer un documental sobre la génesis y desarrollo de una obra plática y los avatares de su autor, ya es importante ¡Qué a un español, porque sigue manteniendo el pasaporte y siendo español, le hagan en Suiza este homenaje, es una noticia importante y merece un agradecimiento por nuestra parte, por chiquito que uno sea!

Tao o dao

 

Esa película pasará por la televisión suiza y recorrerá diversos certámenes cinematográficos, porque sus autores piensan que tiene la entidad suficiente como para ser distinguida. Sería un error gravísimo que no pasara por las televisiones españolas, pero dada la atención que aquí se presta a la cultura, me malicio que no será fácil.

María Zambrano incluyo su pintura en objeto de sus ensayos. Otro de los rotundos valedores de su obra fue el escritor mexicano Carlos Fuentes, que la presentó, apoyó y difundió. O Francisco Calvo Serraller, numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que escribió los catálogos de sus exposiciones en Sevilla, Málaga, Jaén y Oviedo. El filósofo Rogelio Blanco, Agustín Gómez Arcos y yo mismo, en diferentes circunstancias y países.

Capítulo especial merece la mención de los libros especiales, de bibliógrafo, algunos de ellos diseñados por Miguel Ramos Morente, que ha realizado con Antonio Gamoneda, Juan Gelman, José Manuel Caballero Bonald y José-Flore Tappy. De especial relevancia, dentro del elevado nivel de todos ellos, es Antídotos, poemas de Caballero Bonald, dibujos de Juan Martínez, editado por el Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga, 2008.

 

O Tombeau, poemas de José-Flore Tappy y grafismos y pinturas de Juan Martínez, Editions Empreintes, Lausanne 2018. Además, tuve el privilegio de oír ese hondo poema, recitado por el excelente poeta Jacques Roman, en el Espace Arlaud a la sazón de su determinante antológica, 2019. José-Flore Tappy es la gran dama de la poesía suiza actual, en cualquier lengua, con su imponente figura que recuerda la imagen, entre dolorida y adusta, de Ana Ajmátova, a la que ha traducido al francés.

Martínez cuenta con una amplísima e intensa bibliografía de las plumas citadas y de otras y una gran presencia en galerías privadas y en espacios públicos. Es necesario recordar que fue uno de los nombres descubiertos y promocionados por Juana Mordó y que luego ha expuesto, sobre todo, en galerías alemanas y suizas, con notable asiduidad. Su obra está presente en museos como el Guggenheim de Nueva York, el Benaki de Atenas, Berlín, México D.F., Sevilla, Universidad de Málaga, Fundación Maeght.

 

Finalizando con el asunto que iniciaba estas líneas, es verdad que los museos españoles, o las instituciones, no se ocupan con regularidad de los creadores plásticos españoles, ni residentes aquí ni establecidos fuera. El Estado de las Autonomías ha conseguido que sus museos estén más atentos a lo local que a la calidad o a la perspectiva histórica. Los museos nacionales, por descontado, están en otra cosa y así nos podemos encontrar en el ”Reina” un norteamericano que nadie conoce en su país, o en Alcalá 31 a un joven que balbucea, antes que un artista español contrastado por la dimensión de su desarrollo.

Scaled

 

En Madrid tenemos varios centros expositivos nacionales, autonómicos y locales. Pero no están por la labor que debieran realizar, están en el postureo más ineficaz y arbitrario, pretenden ser muy guais, no sé si lo consiguen. El Reina Sofia de picos pardos por el mundo marginal y transversal. A la consejera de Cultura y Turismo de la CAM se le da más bien el turismo, o eso parece, que la cultura y su promoción: el arte no puede competir con el tapeo. Y de la concejala de Almeida no digamos, lo suyo es la moda y el photocall. De modo que, ¡cuánto se echa de menos a personas como Roberto Velázquez y sus iniciativas trascendentes!

 

 Tomás Paredes

                                 Presidente H. Asociación Española de Críticos de Arte/AICA Spain

 

 

 

Recordando… El Museo Pérez Comendador-Leroux

Obras, artistas, socios, pequeñas historias…

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

El Museo Pérez Comendador-Leroux

 

Fachada del Museo Pérez Comendador-Leroux, en la Casa de los Dávila en Hervás, Cáceres

 

El 25 de octubre de 1986 se inauguró en Hervás, Cáceres, el Museo Pérez Comendador-Leroux, tras la donación del legado escultórico y pictórico del matrimonio Pérez Comendador-Leroux, realizada por Roger Lecourtier Morel al Ayuntamiento de la localidad. El museo está instalado en la Casa de los Dávila, rehabilitada por la Diputación de Cáceres, en un entorno arquitectónico declarado conjunto histórico en 1969 con la colaboración del propio Enrique Pérez Comendador, miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando

El museo está ubicado en una antigua casona de finales del XVIII y principios del XIX, construida por la familia de Miguel de Arce Soto y Quiñones y Pedro Lumeras Quiñones, y contaría con la posible intervención de arquitectos salmantinos que trabajan en Hervás en el último cuarto del XVIII como Nicolás Rodriguez, Juan de Sagarvinaga o Jerónimo Garcia de Quiñones.

Situada en el centro de la población, el edificio de planta rectangular presenta fachada principal y posterior a los jardines que en un primer momento lo formaba una amplia extensión dedicada a jardín, cocheras, parrales, huerta y prados. En 1969 fue incluida en la Declaración del Conjunto Histórico de Hervás, acompañando al Barrio Judío y a otros edificios de los siglos XVI al XVIII.

Junto a la obra de Comendador, la pintura de Magdalena Leroux Morel nos propone un viaje por las ciudades conocidas y sentidas por el matrimonio de artistas: París, Sevilla, El Cairo, Madrid, pueblos y ciudades de la geografía extremeña: Cáceres, Plasencia, Badajoz, Hervás, Aldeanueva del Camino… y Roma, una y otra vez en la obra de ambos, convirtiendo al Museo Pérez Comendador-Leroux- integrado en la Red de Museos de Extremadura – en parada obligada de la ruta cultural de la Vía de la Plata.

Se suman a los fondos del Museo otras obras de amigos del matrimonio, casualmente también todos ellos miembros de la Asociación de Pintores y Escultores, como Eugenio Hermoso, Alfonso Groso o Zuloaga.

Los fondos museísticos se abren además a jóvenes artistas extremeños que han expuesto en la Sala de Exposiciones temporales del Museo, que completa su oferta cultural con otros servicios y actividades culturales como la Biblioteca Pública A. Arrojo Muñoz, la Escuela Municipal de Música, talleres, cursos de verano dedicados a la plástica y a la música…

 

 

Recordando… Madelein Leroux Morel

Obras, artistas, socios, pequeñas historias…

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

El matrimonio

Madelein Leroux y

Enrique Pérez Comendador

El matrimonio

 

Continuando con la saga de artistas que estamos recogiendo a lo largo de estos meses, hoy recordamos a uno de nuestros más ilustres socios, Enrique Pérez Comendador, casado con otra artista desconocida, la francesa Madelein Leroux. Recuperamos así su memoria, para que no duerman en el olvido.

 

Madelein Leroux Morel

Autorretrato

 

Nació en la calle Notre Dame de Champs en Montparnasse, París, el 30 de junio de 1902, de una familia de descendientes bretones afincados en París, fruto del matrimonio entre Auguste Leroux y Jenny Clotilde Morel, del que nacieron además otros dos hijos: André y Lucienne.

Su hermana Lucienne Leroux (1903-1981), siguió los pasos de Madeleine, ya que fue alumna de su padre y Ferdinand Humbert (1842-1936) en la Escuela de Bellas Artes de París, compitió por el Premio de Roma de 1926 donde obtuvo una mención por su «Ninfa dormida», luego presentada sin éxito en 1927. Obtuvo una Medalla de Plata en el Salón de Artistas Franceses en 1924 y una Medalla de Pata en la Exposición Internacional de París de 1937. Fue residente de la Casa de Velázquez de Madrid en 1935. Pintora de composición, de influencia clásica, su toque es a veces más neoimpresionista («En el río», 1920). España fue una gran fuente de inspiración para ella. Se dedicó a la docencia en Dijon, al este de Francia, y luego en la región de París.

En una fotografía de 1922

 

Su hermano André (París 1911-Nogent sur Marne 1997) fue también pintor.

Su padre, Auguste Leroux, al igual que su tío Georges Paul, que era también pintor, fue un destacado artista y profesor de la Escuela Superior de Bellas Artes de París, que decoró con algunas obras los mosaicos de la Basílica del Sagrado Corazón de París.

August Leroux

 

En este ambiente artístico creció Madeleine, que al igual que sus hermanos, fue alumna de su padre y de Ferdinand Humbert, en la Escuela de Bellas Artes de París.

En 1923 expuso en el Salón de los Artistas Franceses y en 1926 logró la Medalla de Oro en el Salón de los Artistas Franceses.

Segundo gran Premio de Roma en 1927, consistente en una beca del gobierno francés, por su obra «Stylite»

En 1929 la Casa Velázquez gestionada por el gobierno francés, la pensionó para que completara su formación en Madrid, donde estudió a los grandes maestros españoles como Velázquez, Zurbarán y Goya.

La artista en 1932

 

En la exposición de trabajos de los artistas becados que se celebró en la Casa de Velázquez en febrero de 1931, la artista presentó un par de docenas de trabajos, vistas y paisajes de lugares españoles y alguna figura femenina popular, tal y como recogen el ABC, que reseña que el escultor Mariano Benlliure adquirió una de sus obras, y el diario La Voz.

En esa exposición participó también su hermana Lucienne, becada también en la Casa de Velázquez, como reseña el Blanco y Negro del 22 de febrero de 1931.

Ese año presentó obra al Salón de Otoño.

Es en esta época cuando conoce al que se sería su marido, el escultor Enrique Pérez Comendador, con el que se casará el 22 de abril de 1931, en París y que recogieron medios como La Época y Ahora.

Presentó obra a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1932, como recoge el Blanco y Negro de la época.

En mayo de ese mismo año, realizó una exposición en el Círculo de Bellas Artes, a la que asistió el embajador francés, y quedó inmortalizada con una fotografía en el Blanco y Negro del 19 de mayo, y a la que presentó óleos, acuarelas y dibujos.

Madelein Leroux ante un retrato obra de su marido, Enrique Pérez Comendador

 

El ABC del 5 de junio de ese año, anunciaba ya que en su próximo número incluiría  reproducciones en color de la obra “El Castillo de Alcañiz”, de Madeleine Leroux.

Pero fueron los diarios Ahora y La Voz, los que publicaron la misma fotografía de la artista con motivo de la exposición.

Madeleine Leroux en la inauguración de su exposición en el Círculo de Bellas Artes, en 1932

La Voz, 1932

 

Amiga de la también socia de la Asociación de Pintores y Escultores Rosario de Velasco, en junio de 1932 firmaba la convocatoria para un homenaje a esta artista, junto a personalidades como Concha Espina, José Gutiérrez Solana, Juan de la Encina, Antonio Méndez Casal o Matilde Marquina.

El diario Ahora dedicó una página con dos fotografías de sus obras, que firmaba Gil Fillol, a la “pintora españolizada”, en la que se reseña que “Madeleine Leroux ha sido pensionada en la Casa de Velázquez. Pero su retina venia demasiado cargada de pintura de Montmartre para dejarse impresionar por las frondas tranquilas de la Moncloa… Madeleine Leroux venía de París a la Casa de Velázquez; pero a nosotros sus primeros cuadros, sus paisajes y figuras, no nos daban la impresión de cuadros franceses, sino de cuadros de Montmartre, que es otra cosa. Como Mari Cassat, la ninfa del impresionismo, que llenaba de ternura femenina las ásperas composiciones de Renoir, Madeleine Leroux había dado a aquella pintura dislocada y turbulenta una gentileza y una gracia de que eran incapaces los asiduos expositores de Montmartre. Acusaba, además, su obra una personalidad que no es frecuente entre los jóvenes colocados en un medio artístico uniforme. En los primeros momentos, no obstante, la Moncloa, con su magnífica ejecutoria de parque natural, con su limpio cielo, con su arboleda majestuosa y su horizonte goyesco, no parecían sugerirle una interpretación de nuestro arte. Los apuntes de entonces seguían siendo reflejo demasiado directo del naturismo pictórico importado a la tendencia impresionista por los imitadores de Monet, de Sisley, de Pissano. Sisley, especialmente, aparecía con sobrada frecuencia en las notas de monasterios castellanos… En el Círculo de Bellas Artes ha celebrado recientemente una Exposición la pintora Madeleine Leroux. Junto a cuadros de su pensionado en la Casa de Velazquez figuraban otros, hechos bajo la influencia inmediata del ambiente español. (Si pudiéramos hablar a estas alturas de escuelas regionales, diríamos más propiamente castellano.) Madeleine Leroux se ha convertido. Sin renegar de aquellas enseñanzas que animaron su formación artística de ímpetu moderno, ha visto renovada su sensibilidad en una dirección netamente española. Artista de talento, espíritu bien cultivado, más asequible por ello a las emociones de la Naturaleza, ha sabido trocar la dulce melancolía gris de las imágenes parisienses por esta suculenta alegría del color, característica de nuestros jugosos paisajes. Pero insistamos: en la obra actual de Madeleine Leroux no hay rectificaciones caprichosas. No existe esa especie de domesticidad del arte, que nos proporciona  muchas veces la sensación equivocada de temperamentos fácilmente adaptables. Lo que hay es sinceridad, emotividad, franqueza de expresión. Por eso mismo, el tránsito es poco perceptible. Entre los cuadros del pensionado y los de ahora se ha filtrado el sentimiento español, de un modo que tal vez a la propia pintora haya sorprendido. Suavemente, silenciosamente. «No pierden estos lienzos de hoy la fuerza de dibujo y la manera constructiva, que son las mejores aportaciones de la pintura nueva. Y en cambio se enriquecen con gamas y tonalidades coloristas acordes con nuestras tradiciones. Podemos decir que Madeleine Leroux ha españolizado su arte. Y, al mismo tiempo, ha traído al concepto del paisaje español la sobriedad y robustez de tendencias que Montmartre, por exceso de apresuramiento, estaba malogrando”.

Por el ABC de mayo de 1934 sabemos que la artista inauguró en París una exposición de obras ejecutadas en España, en el Ofice National Espagnol du Tourismo, de la que “habla con gran elogio la crítica parisién. Exhibe 16 óleos, 13 acuarelas y ocho dibujos de figura, paisaje y naturaleza muerta. De esta exposición se ocupa Mr. Fouqueray con entusiasmo en Le Journal, como labor de artista que ha comprendido y abordado en el espíritu del paisaje y del ambiente españoles, plantando su caballete frente a los temas vivos de los que ha sabido recoger una emoción delicada. Esta joven e ilustre pintora ha recorrido para preparar los trabajos de esta exposición, diversos ambientes, tales como Segovia, Alcañiz, Hervás, Valverde, Carmona, Sevilla, Paracuellos, Candelario y la Sierra de Guadarrama. Al acto inaugural asistió selecta concurrencia francesa y española, que elogió calurosamente la distinción y acierto logrados”.

Jerez de los Caballeros. Museo de Sevilla

 

En 1935 participó en la exposición de obras de antiguos alumnos de la Casa de Velázquez que se celebró en el salón de la calle Faubourga Saint Honoré.

En Madrid vivió en la calle del General Pardiñas, 118,  en la calle Zurbano, 34.

Falleció en 1984.

Expuso sus obras en varios países del mundo junto a las de su marido, y actualmente pueden encontrarse dos en el Museo de Bellas Artes de Sevilla y en distintas colecciones particulares, aunque muchas de ellas, se encuentran en el Museo Pérez Comendador-Leroux de Hervás.

Chinas peinándose. Exposición Nacional de Bellas Artes de 1941

 

Sus últimos años de vida los dedicó precisamente a la creación de esta casa museo, que no pudo ver terminada, pero que finalizó su sobrino Roger Lecourtier Morel en 1986.

Vista de Roma

Un parque

Parque

Monasterio de El Parral

 

La merienda, 1934

Catedral de Segovia, presentada al Salón de Otoño de 1931

 

Madeleine Leroux y la AEPE

A pesar de no ser, como su marido, socia de la AEPE, participó en los siguientes salones:

*XI Salón de Otoño de 1931, con las obras:

33.- Paisaje mediterráneo, óleo, 0,89 x 1,07

35.- El Castillo de Alcañiz, acuarel93 x 0,76

36.- La Catedral de Segovia, óleo, 0,59 x 0,69

*Al XV Salón de Otoño de 1935,  en la Sala VIII donde exponían sus obras los pensionados de la Casa de Velázquez, presentó la obra:

134.- Porte de Toledo

Calle mediterránea

Maceta de flores

Busto de Madeleine Leroux de la Fundación Capa

Lámina del Blanco y Negro de 1930

Bodegón de Navidad, del Museo de Bellas Artes de Sevilla

Recordando… Enrique Pérez Comendador

Obras, artistas, socios, pequeñas historias…

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

El matrimonio

Madelein Leroux y

Enrique Pérez Comendador

El matrimonio

 

Continuando con la saga de artistas que estamos recogiendo a lo largo de estos meses, hoy recordamos a uno de nuestros más ilustres socios, Enrique Pérez Comendador, casado con otra artista desconocida, la francesa Madelein Leroux. Recuperamos así su memoria, para que no duerman en el olvido.

 

Enrique Pérez Comendador

 

PEREZ COMENDADOR, Enrique P.E.   1920   17.nov.1900   HERVAS (Ca)  MADRID

Socio de Mérito de la AEPE

Socio de Honor de la AEPE

Vocal de la Junta Directiva de la AEPE

Director de la Academia Española de Bellas Artes de Roma

 

Enrique Pérez Comendador nació en Hervás, Cáceres, el 17 de noviembre de 1900, fruto del matrimonio entre Ángel Pérez Neila y Enriqueta Camila Comendador.

De niño asistió a la escuela de su localidad natal hasta que su padre consiguió trabajo en una fábrica de harinas en Sevilla, trasladándose toda la familia a orillas del Guadalquivir. Allí estudió con los Salesianos y en el Colegio de San Ramón y a los catorce años ingresa en la Escuela de Artes, Industrias y Bellas Artes logrando el título de Perito Aparejador.

Su interés por el arte le llevó a ingresar como aprendiz, por intermediación de un tío suyo jesuita, en el taller del escultor y Socio Fundador de la Asociación de Pintores y Escultores, Joaquín Bilbao Martínez, actividad en la que se mantuvo hasta los diecinueve años.

Fotografía de un jovencísimo Enrique Pérez Comendador

 

Se traslada entonces a Madrid tras conseguir una beca del Ayuntamiento de Sevilla y de la Diputación de Cáceres, que le permitió viajar por España y por Italia y Francia.

Por esos años, conoció al duque del Infantado, que se convirtió, durante unos años, en su protegido, y para él realizó retratos de su familia.

En 1920 logró la Primera Medalla Regional de Badajoz.

En Madrid entabló amistad con otros colegas como Miquel Blay y Jacinto Higueras, además de con pintores como Moreno Carbonero o Javier de Winthuysen, todos ellos socios de la Asociación de Pintores y Escultores.

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1924, con sólo 24 años de edad, obtiene la Tercera Medalla de Escultura.

Trabajando en el Parque de María Luisa de Sevilla

 

En 1925 ganó el concurso para erigir un monumento a Gabriel y Galán en Cáceres.

En 1929 fue galardonado con la Medalla de Oro de la Exposición Iberoamericana de Sevilla.

Ese mismo año, conoció a la pintora francesa Madeleine Loroux Morel, que por entonces se encontraba pensionada en la Casa Velázquez de Madrid.

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1930 logra la Segunda Medalla de Escultura.

Trabajando en la escultura de Francisco Rodríguez Marín

 

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1932 consigue la Primera Medalla de Escultura.

Contrae matrimonio con Madelein Leroux en París en 1932, cuando contaba con treinta y un años.

En 1934 logra el Gran Premio de Roma y obtiene una pensión para la Academia de España en Roma, por lo que se instaló en la capital italiana durante más de cinco años, en los que estudió el arte clásico que influenció su obra, sobre todo el desnudo femenino, pero también la escultura etrusca y la pintura al fresco.

Viajó también por Grecia, Inglaterra, Austria y Francia.

En 1935 ganó el Premio Nacional de Escultura.

Trabajando en su estudio

 

En 1941 se instala en Madrid, donde trabajó como profesor de Modelado del Natural y Composición Escultórica en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando hasta 1970.

Tras desempeñar distintos cargos como miembro del Patronato del Museo de Arte Moderno de Madrid (1942-1950); comisario de la Exposición Oficial de Arte Español en El Cairo y Alejandría (1950); miembro del Patronato del Museo de Arte Contemporáneo de Madrid (1960-1967) y consejero Nacional de Educación (1966-1970), en 1969 fue nombrado director de la Academia Española de Bellas Artes en Roma, puesto en el que permaneció cinco años.

En 1975 obtuvo el Premio Barón de Forna de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Vasco Núñez de Balboa, Madrid

 

Su actividad académica fue muy intensa: en 1934, fue nombrado académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de Sevilla (Premio de Honor en 1967); en 1950, correspondiente del instituto de Francia de París; en 1954 numerario de la Academia Nacional de San Lucas de Roma; en 1955, numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, ingresando en 1957; en 1962 correspondiente de la Academia Nacional de Bellas Artes de Lisboa; en 1963 correspondiente del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid; en 1964 correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, y en 1968, correspondiente de la Bellas Artes de San Telmo de Málaga y de la de Bellas Artes San Jorge de Barcelona.

Entre otras distinciones, recibió la Medalla de Oro al Mérito del Trabajo; Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio; Encomienda de la Orden del Mérito Civil y la Cruz de la Corona de Talía. Asimismo, fue distinguido como Hijo Predilecto de Hervás; Hijo Adoptivo de Sevilla y miembro de honor de la Sociedad Nacional de Bellas Artes de Chile.

Monumento a Ramón Gómez de la Serna, Las Vistillas, Madrid

 

En su localidad natal, se halla el Museo Pérez Comendador-Leroux, instalado en un importante edificio histórico del siglo XVIII, que custodia una parte importante de la obra de este matrimonio de artistas.

El conocido como “el escultor de la hispanidad”, falleció en Madrid, el 2 de marzo de 1981, a los ochenta años de edad.

En su obra, el clasicismo adquirido tras su paso por Roma, se une al regionalismo-costumbrismo que había cultivado, principalmente, en su primera época, adquiriendo sus obras, con el paso del tiempo, una monumentalidad que le acercan a una visión épica de los modelos. Además de monumentos de personajes históricos y retratos de personalidades de su tiempo, Pérez Comendador realizó imaginería para el culto de la Semana Santa. La figura humana, pues, centró toda su actividad artística.

 

Su inclinación hacia la estética del mundo clásico queda atestiguada por la rotunda sobriedad de sus esculturas, siempre equilibradas, comedidas y alejadas de cualquier abigarramiento.

Dentro de la producción de Comendador destaca la retratística, pues efigió a más de cien personajes.

El arte de Pérez Comendador destaca sobremanera por el concienzudo estudio fisonómico y expresivo de sus trabajos y por  la maestría en el dibujo y en la composición de la pieza.

Del extenso artículo que sobre el artista apareció en la Gaceta de Bellas Artes de abril de 1936, firmado por Javier Tassara, destacamos: “… se dejó influenciar más fácilmente por el arte parisino que la gracia italiana, y su arte de los primeros tiempos era un arte en el que predominaba la concisión de líneas y volúmenes… pero a pesar de su gusto moderno, bajo una sumaria estilización ponderada y magnífica, se advertía un sentido tradicional y castizo, un modo y manera a lo español, una reminiscencia grata de la escuela sevillana, que más tarde culminó en varias obras de temas cristianos…. Pérez Comendador es uno de los escultores españoles que mejor conoce la técnica de la escultura en sus diversas manifestaciones y materias. En su obra ni hay preferencia temática, ni le es dilecto éste o el otro procedimiento. Madera, bronces, terracotas, piedra, mármoles… y siempre la misma pasmosa seguridad, idéntico dominio, pareja facilidad para el logro inmediato y seguro. Además, no le es ajeno nunca el procedimiento adecuado al tema que requiere la materia propicia para su expresión plástica; “su materia” con la manera justa. El arte del escultor sabe cuándo hay que tallar y cuándo el modelado es la precisa modalidad imprescindible. Ya lo he dicho: Rodin modeló una adolescente; pero talló en mármol una vieja… Su arte, robusto y recio; su modelado, caricioso; su personalidad se destaca más en algunas otras obras… Si la materia, la forma y el motivo no es obstáculo para logros estéticos de fina calidad, el tamaño no supone dificultad alguna para Pérez Comendador”

 

Retrato de José Hernández Díaz

 

Enrique Pérez Comendador y la AEPE

Autorretrato

 

En Madrid, vivía en la calle Daniel Urrabieta, núm. 3, en la Colonia del Viso.

Socio de Mérito en el Salón de Otoño de 1925 y Socio de Honor en el Salón de 1930.

Vocal de la Junta Directiva de la AEPE en 1931

*Al V Salón de Otoño de 1924 presentó:

Retrato de mi padre

Cabeza de estudio

*Al VI Salón de Otoño de 1925 llevó:

Retrato

Cabeza de mujer

Boceto

Mochuelo

Pájaro

*Al IX Salón de Otoño de 1929:

Cabrerillo conquense

*Al X Salón de Otoño de 1930 presentó:

Joaquín Bilbao

Macarena

Sevillana

Busto

*Al XI Salón de Otoño de 1931 presentó:

Cabeza

Retrato

Retrato

Maja

Monumento a Pedro de Valdivia, Chile

 

San Pedro de Alcántara, Cáceres

 

Auguste Leroux

Pizarro

 

 

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes de la AEPE: Francisco Llorens y Díaz

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes

de la Asociación Española de Pintores y Escultores

 

La  Gaceta de Bellas Artes 1916-1920

Siguiendo la historia de la revista, en 1915 la Junta Directiva facultó a los señores Ramón Pulido y Francisco Llorens para que estudiaran lo referente a la publicación de la Gaceta.

Hasta 1935, Ramón Pulido publicó al menos treinta y seis artículos en la Gaceta de Bellas Artes sobre temas de muy variada índole.

En 1916, la dirigía Francisco Llorens, y tuvo algunas modificaciones, pues pasó a ser quincenal, incorporó un resumen de temario en primera, cambiando de cabecera en octubre y dejando de salir al público para distribuirse solamente entre los asociados y entes oficiales y artísticos.

Consta que en julio de 1916, la Junta Directiva mantenía un Vocal redactor de la Gaceta, Francisco Llorens, que figuraba además como Vocal segundo de la Junta.

En 1917 se mantenía quincenalmente con 8 páginas, impresa en Tipografía A. de Angel Alcoy, de la calle Atocha 30, dpdo. y distribución gratuita a los socios.

En julio de 1918 celebró su número 100, apareciendo entonces con doce páginas, que en octubre de 1919, llegó a las 16, con dos páginas completas de anuncios, y nuevo diseño y cambio de papel, “dándose gran importancia a la Sección libre, que significa el deseo de la Asociación de que se conozca el estado de ánimo de la vida artística”.

En los años 20 solo existían en España tres revistas dedicadas al arte, todas ellas de vida efímera y ninguna tan longeva en el tiempo como la Gaceta de Bellas Artes de la AEPE. Una de ellas era la revista MUSEUM, editada en Barcelona, que se mantuvo poco tiempo en el mercado, la de la Sociedad de Amigos del Arte, que no era para el gran público, la Revista de Bellas Artes, dirigida por Francisco Pompey y que sacó solo 20 números.

 

Francisco Llorens y Díaz

 

 

 

Retrato de Francisco Llorens en la Real Academia Gallega de Bellas Artes, 1946

 

 

LLORENS Y DIAZ, Francisco   P   1910(F082)   10.abr.1874   LA CORUÑA   MADRID  (c/Sta. Engracia)   11.feb.1948

 

Socio Fundador Nº 82

Socio de Mérito de la AEPE

Socio de Honor de la AEPE

 

Francisco Llorens Díaz nació el 10 de abril de 1874 en La Coruña.

Era el hijo menos de tres hermanos del matrimonio formado por José Llorens Batista, dedicado a la importación de ultramarinos  y de Paulina Díaz de Villar, perteneciente a una familia de la burguesía local.

Desde muy joven se sintió atraído por el dibujo, aunque debido a la presión familiar comenzó a estudiar la carrera de Comercio en La Coruña, ingresando poco después en la Escuela de Artes y Oficios de La Coruña, donde fue alumno de Román Navarro García, pintor de escenas castrenses, puesto que era también militar, que llegó a dirigir la Escuela de Artes de La Coruña.

En 1892 se matricula en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid, teniendo como profesor al paisajista Carlos de Haes.

Fue entonces cuando tuvo la oportunidad de hacer copias en el Museo del Prado, especialmente de Velázquez, Murillo y Rubens. Completó su formación en el taller del que fuera Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores, Joa­quín Sorolla, en 1893, de quien aprendió la pasión y el valor de la luz en el paisaje.

Ese mismo año participó en la Exposición de Impresiones de viaje celebrada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Costas gallegas

Estudio de mujer

 

En 1897 recibe el que será su primer trabajo profesional, el Casino de La Coruña le encarga realizar unos paneles decorativos con temas de paisaje.

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1899 obtuvo una Mención de Honor, y logró además una Beca para la Academia de España en Roma, donde pasará cuatro años, viajando por Roma, Bélgica, Holanda y París, donde quedó seducido por Cézanne y los impresionistas.

Llegada de Francisco Llorens de Roma a La Coruña

 

Compañeros y amigos se granjeó a lo largo de estos años en los que estuvo en Roma, como los socios de la Asociación de Pintores y Escultores José Benlliure, Manuel Benedito, Ramón Casas, Santiago Rusiñol, Gaudi, Sotomayor, Chicharro, Piñole y Bacarisas, con los que trabó profunda amistad.

Vive cuatro años en Roma, y desde allí colabora con el periódico coruñés El Noroeste, enviando sus impresiones bajo el pseudónimo de “Sor Checco”.

Distintas fotografías de Francisco Llorens

 

Vivió unos meses de intenso trabajo en Brujas, ciudad que le causó una profunda impresión. Tres de los cuadros que pintó en Roma, El golfo de Nápoles, Mar de Capri y Campesinas de Flandes, elogiados al parecer por el rey Víctor Manuel III, fueron adquiridos por el embajador de España en la capital italiana para que decorasen el palacio del Quirinal.

En 1906 regresa a La Coruña, frecuentando las tertulias de Emilia Pardo Bazán, en donde vivirá hasta 1913, cuando logra la cátedra de Dibujo Artístico en la Escuela de Comercio de Barcelona, ciudad en la que reside hasta que se instala en Madrid durante los inviernos, pasando los veranos en Galicia.

En 1907 obtiene la Tercera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes por su cuadro “La Encina”. Ese mismo año pinta “El Obelisco”, una de sus obras de referencia tras su regreso de Italia en la que, en palabras de Juan José Luna “Hay toda una evocación del impresionismo francés consolidado por el dibujo —Sisley, Pisarro…— y por un gusto modernista, bien puesto al día, sin someterse a ejercicios de decoración”.

Marina

El molino

Costa de Mera

 

En 1908 logra la Segunda Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes, participando en la Exposición Regional Gallega en Santiago, para la que realiza su cartel oficial y obtiene una de las tres medallas de oro de la misma.

Realiza varios carteles para el Real Club Deportivo de futbol de La Coruña.

En 1909 participa en la Exposición Internacional de Barcelona y en la Muestra Regional de Arte Gallego en Santiago de Compostela. Un año más tarde, en la Nacional de Bellas Artes, así como en la de 1912

En 1912 es elegido Académico de la Real Academia de Bellas Artes de La Coruña, de la que en 1919 es nombrado Supernumerario.

En 1916 es elegido Presidente de la sección de pintura del Círculo de Bellas Artes.

Contraluz

Aldeana 

Acuarela del bosque

 

En 1918 contrae matrimonio con Eva Rodríguez, la menor de los cinco hijos del reconocido médico coruñés José Rodríguez Martínez, con quien tendrá́ dos hijas, Eva (1920) y Rosario (1925), pero de la que enviudará en 1925.

En 1922 obtiene la Medalla de Honor de la Exposición Nacional de Bellas Artes por la obra “Rías Bajas”.

En 1924 Expone en Centro de Galicia en Madrid. Pasa ese verano en Perillo y Bastiagueiro (Oleiros, A Coruña), donde realizará numerosos apuntes que luego transformará en pinturas en su estudio madrileño de la calle Santa Engracia, nº 6.

En 1925 se le concede la Gran Cruz de la Orden de Carlos III.

Carretera de La Coruña

 

En 1926 Participa en la Exposición de Arte Contemporáneo Español en Buenos Aires.

En 1928 es nombrado académico correspondiente de la Real Academia Gallega de la Lengua.

En 1930 expone en Bélgica y Holanda. Es nombrado miembro correspondiente de la Real Academia Gallega.

Pasa el primer año de la guerra civil en su estudio de la calle Santa Engracia de Madrid, con sus hijas, trasladándose en 1937 con su familia a Valencia.

Paisaje

 

Finalizada la contienda volvió a Madrid, retomando sus veraneos en la localidad coruñesa de Sada.

En 1941 presentó una exposición en el Salón Cano de Madrid formada por paisajes de Galicia, bodegones y paisajes del jardín botánico de Valencia.

En diciembre de 1942 fue nombrado Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y un año más tarde, Académico de Honor de la Academia Provincial de Bellas Artes de La Coruña,

A partir de 1945 su salud se resiente y comienza a padecer perdidas de memoria. Realiza su último cuadro “La vela roja” que deja inacabado.

Anverso y reverso de la Medalla conmemorativa del centenario de Llorens de la Diputación de La Coruña

 

Falleció el 11 de febrero de 1948 en Madrid, donde fue enterrado junto a su esposa, pero los restos de ambos fueron trasladados posteriormente por el Ayuntamiento de La Coruña, al cementerio de San Amaro.

En 1972 se celebró en Madrid una gran exposición retrospectiva dedicada al pintor, repetida más tarde en La Coruña y Vigo.

Nuevas exposiciones de sus obras organizó Caixa Vigo en 1998 en La Coruña, Vigo, Orense y Santiago.

Madrid

Paisaje

Roma desde la Academia Española 

Encajera

 

Francisco Llorens y la AEPE

Socio Fundador de la Asociación de Pintores y Escultores, con el núm. 82. Fue Vocal de la Junta directiva desde 1914 a 1917 y en 1930. Tesorero de 1931 a 1934. Socio de Mérito en el Salón de Otoño de 1922, y de Honor en 1923.

Participó en el Salón de Otoño de los años 1920, 1921, 1931 y 1933, 1934, 1944, 1947 y en el de 1950, donde fue homenajeado. Jurado en los salones de 1931 y 1934.

*Al II Salón de Otoño de 1921 presentó las obras

Hórreos

Cuenca del Mandeo

*Al III Salón de Otoño de 1922

Nubes blancas

El pinar de Lóngora

*Al IV Salón de Otoño de 1923 las obras

El Hórreo y la iglesia

Marea alta

Roiveira

*Al XI Salón de Otoño de 1931

Otoño

Retrato

*Al XIII Salón de Otoño de 1933

Bodegón

Paisaje

Bodegón

*Al XV Salón de Otoño de 1935

Manzanas

Verde y oro

*Al XVIII Salón de Otoño de 1944

La huerta

*Al XXI Salón de Otoño de 1947

Paisaje gallego

En el XXIV Salón de Otoño de 1950 el artista contó con una Sala Retrospectiva, la Sala III, en la que se exhibieron un total de 27 obras

Mañanas de agosto en las mariñas, Valle esmeralda, Ría gallega, Canal de Brujas (Bélgica), Dehesa de la Villa, El Peirao (Betanzos), La nube, Verde gris, Detrás está el mar (La Coruña), Remanso, Playa de Sada, Playa de Sada, Autorretrato, La Beguinage, Otoño, Baceta de retrato

Otoño, Boceto de retrato, Río Mendo, El castaño, Carretera de Fontán (La Coruña), Retrato, Río Mandeo, Boceto, Serenidad, El camino del bosque, La Iglesia de San Michele (Capri), Dos apuntes de Roma, Capilla superior de la Iglesia de San Francisco de Asís, El pino, Casas de Betanzos y El Muelle (Betanzos).

En el XXXIX Salón de Otoño de 1968, una obra suya se exhibió en la Sala XII, correspondiente a Dibujos de maestros:

Paisaje

Valle Esmeralda (Valle de Barcia)

Paisaje

Mi hija

 Jardín Botánico

Ría Gallega

Paisaje

Paisaje con anciana

Pastoral

distintos paisajes de Francisco Llorens

Firma autógrafa

La Ternera

Pepa García Valenzuela

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

 

Pepa García Valenzuela

GARCIA VALENZUELA, Mª Josefa            AD.        1942      UBEDA(J)            BILBAO

 

 

María Josefa García-Valenzuela Lillo nació en Úbeda, Jaen, en 1918, si bien es cierto que he encontrado otro tipo de referencias que sitúan la fecha en 1910 y también en 1912.

Estudió con el socio de la Asociación de Pintores y Escultores, Gustavo de Maeztu, durante cinco años en Estella.

Estudió tres años más con el artista esmaltador de exquisita sensibilidad y formación colorista, el bilbaíno Francisco Álvarez Galíndez, Medalla de Oro de 1913 en la Escuela de Arte Industrial de Ginebra.

Se trasladó después a Barcelona, para continuar los estudios de esmaltado, bajo la maestría de Miguel Soldevila, el esmaltador más destacado de su tiempo, con rica gama de colores e irisaciones y junto a Modesto Morató, el famoso orfebre que abandonó el taller familiar para dedicarse por entero a los esmaltes.

La primera noticia oficial que de ella tenemos la leemos en La Voz, La Libertad, El Debate y La Nación, con motivo de su participación en el XIV Salón de Otoño de 1934, siendo propuesta para socio, junto a otras artistas asociadas como Ana de Tudela o Flora López del Castrillo.

Participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de ese mismo año, según aparece en el diario Las Provincias.

Puerto de Bermeo. Acuarela y tinta sobre papel

 

En los Cuadernos de Arte e Iconografía de la Fundación Universitaria Española, Seminario de Arte e Iconografía “Marqués de Lozoya” de Madrid (2017), se publica un Anexo correspondiente a “La discípula de Gustavo de Maeztu, María Josefa García Valenzuela”, en la que se recoge que “la artista se presentó en 1935 a la Tercera Exposición de Artistas Vascongados celebrada, como otros años, en los salones del Museo de Arte Moderno de Bilbao, junto a otros sesenta y siete artistas.

Puente del Arenal. Acuarela y tinta sobre papel

 

Allí destacó María Josefa con dos esmaltes: Vieja Castilla y Puerto de pescadores, aunque en realidad era pintora al óleo y sobre todo, era la única alumna que tenía Gustavo de Maeztu.

Ésta y el joven Arturo Acebal Idígoras, pintor y escultor, son las únicas personas que pudieron llamar «maestro» a Gustavo de Maeztu.

El encuentro de la joven Mª Josefa con Gustavo de Maeztu nos lo ha contado muchas veces pues llegan a tener gran amistad, ella y su numerosa familia, con la familia Maeztu. Nos recordaba cómo al montarse en el tranvía de Bilbao se encontró que el número del ticket era capicúa y pensó que eso le iba a traer suerte, que ha llegado el momento de conocer al artista que admiraba desde hacía tiempo y que hasta ahora no se había atrevido acercarse. Decidida fue a su casa, preguntó por él y le pide ser su alumna. Gustavo se asombró porque, claro, el someterse a un horario fijo, el explicar paso a paso su pintura, el cobrar una cantidad determinada… no eran situaciones fáciles de admitir por el «libre» Gustavo, y quedaron en que fuera por su casa cuando quisiera para verle pintar.

Con ese acuerdo era difícil coincidir pero sí iba tomando la pintora el aire de su «maestro» y sobre todo le aconsejaba cómo hacerlo y hacia qué tipo de pintura debe dirigirse. Él fue el que le recomendó que aprendiera a esmaltar, técnica que desarrolló con mucho acierto. Fue su alumna durante toda la vida de Gustavo”.

Reproducimos el afectuoso y cercano recuerdo personal de su alumna, ya mayor, sobre su admirado Gustavo de Maeztu: «Hablar lo que se dice hablar, ni sé ni pretendo. La junta de P. Históricos me ha elegido a mí por haber sido la única discípula, junto con Acebal el ceramista, de este genial pintor. Y porque quizá crean que yo sea la más adecuada para hablar de su obra. ¡Todo lo contrario! No tengo talla para enjuiciar su pintura y lo único que les diré, y mal, es algo de su vida y un poco de su obra. A mi manera. Gustavo de Maeztu fue un gran amigo, un gran señor y un magnífico pintor, y genial en todo…  Con sus pinturas a la encáustica y sus cementos colorantes, empieza a estudiar las materias con que están pintadas las cuevas de Altamira, pero como Leonardo de Vinci abarca más de lo que la vida le puede dar de sí. Sin embargo revistas científicas hablan de los cementos, y un día, en su estudio de Bilbao me enseña una carta de una empresa noruega anunciándole la visita. Llega ese día, y con su chamarra de diez bolsillos, (porque los tenía hasta por la espalda, para sus álbumes de bocetos), se va a comer con estos señores al Torróntegui. Pero por la noche en su casa da una cena de smoking y les dice que su invento de cementos colorantes o se lo compra el Estado o se lo lleva a la tumba, como así desgraciadamente ha sido, pero que no sale de España. En esa casa estudio de Estella donde yo aprendí a pintar vi desfilar gentes bohemias como él, artistas, escritores, gitanos, diplomáticos y allí en esa casa-estudio propiedad de su gran amigo el Marqués de Feria, que se lo alquilaba creo que por dos duros al mes, Gustavo de Maeztu pintaba con una mano y con la otra sostenía el tubo que se le caía. Era tan genial, que un día compró una reja por tres cuartos, y dio una fiesta a la reja, para lo cual invitó a todos los escritores navarros, poetas y pintores. Llegó Zuloaga para ese acontecimiento, y cada uno puso de su cosecha algo para cantar a la reja, que le cortó creo que 50 pesetas y se gastó miles en el canto que le dedicó. Otro día el Embajador japonés le adquiere un cuadro: motivo, unos burros. Este gran coleccionista nipón propone regalarlo al museo de su país y Gustavo ordena que a esos burros de unos gitanos, se les de un gran pienso. Jamás le oí hablar mal de ningún pintor. El que no era artista, era un buen padre de familia, o un hombre que no podía permitirse el lujo de pintar bien porque otras actividades se lo impedían y así disculpaba o el fracaso o la falta de personalidad. Gustavo de Maeztu se viene a Estella cuando el asesinato de Calvo Sotelo. Le escribe a su hermano Ramiro para que se venga aquí, porque el ambiente se pone feo, pero el gran don Ramiro, como él le llamaba, le escribe y le dice que su puesto está en Madrid y no lo puede abandonar. Y con aquella manera de hablar a escopetazos que tenía Gustavo, me dijo: ya verá como tendré que ir a buscarle en un caballo blanco como Santiago y con la boina blanca de Zumalacárregui. Era amigo de todos los gitanos, que por Maeztu tenían verdadero respeto y adoración. Cuando yo iba a pintar a su estudio, muchas veces sola en aquel caserón, me daba la llave y me decía: no tengas miedo, ahí están los gitanos que te custodiarán, porque ellos no empiezan a ser peligrosos hasta los tres kilómetros. De cerca vigilan como mastines. Y yo temblando hasta que aparecía o la madre de Maeztu o las muchachas. Este pintor que tenía enfoque mundial, jamás quiso aprovecharse de la situación de su hermano Ramiro, ni en la política ni cuando estuvo de Embajador en Buenos Aires. Recibió una invitación para exponer en una gran sala argentina y me decía siempre que cuando pasaran unos cuantos años iría. Pero jamás en aquel tiempo para que no creyeran iba al calor del puesto de su hermano. Su pereza por salir de Estella donde todo el mundo le quería y tan popular era, le restó ese puesto que le correspondía en el panorama mundial del arte, como una primera figura que era. Su muerte tan prematura, cuando tantas cosas le quedaron por hacer tuvo un final que yo creo que en Estella se recordará como nota emocionante del gran pintor bohemio y bueno. Salió del cuarto el sacerdote que le confesó, y el pobre de Maeztu ya casi sin voz, le llamó a su hermana Ángela para que encargara la mejor tarta en la pastelería y se la enviara a este ministro del Señor que tan bien le había preparado para la otra vida. Cuando su hermana me contaba esta nota triste y graciosa a la vez del pintor a quien yo debo lo que soy, recé por el alma de este hombre de espíritu; mezcla de bohemio infantil que, al final de sus días, no quiso vender sus obras a ningún precio, porque Estella se merecía un museo. Y este lo regaló él. Descanse en paz el que en su vida fue un poco de todo: escritor, poeta y hasta torero a ratos. Pero artista genial siempre, gran amigo y gran señor. Que Estella corresponda a este gesto con otro y si esta bella ciudad que posee tantos monumentos nacionales le dedicara uno a su museo, sería de justicia».

Cuando Mª Josefa García Valenzuela escribió estas cuartillas todavía andaban las obras de Maeztu errantes por diferentes sótanos de la ciudad, hasta que definitivamente en 1991 se inauguró su Museo en el precioso edificio del Palacio de los Reyes de Navarra de Estella. Aunque ya muy mayor pero muy lúcida hasta el final, su alumna ha sabido que las obras de Maeztu están, por fin, bien albergadas”.

Úbeda

En 1939 estuvo presente en la Exposición de Pintura, Escultura y Arte Decorativo celebrada en el Hotel Carlton de Bilbao, que había sido la sede del Gobierno de Euzkadi, donde participa junto a otros pintores como Gustavo Maeztu, Julio Moisés, Marisa Roesset, Ignacio Zuloaga, Ignacio Zuloaga “El Mozo”, escultores como Moisés de Huerta y artistas de otras artes en las que entra nuestra artista, muchos de ellos socios de la Asociación de Pintores y Escultores.

Ese mismo año participó también en la Muestra Internacional de Arte Sacro que tuvo lugar en Vitoria.

En 1941 obtuvo un Segundo Premio en el Milenario de Castilla, celebrado en Burgos, y en 1943 el Primer Premio de Artesanía con el tríptico “Castilla”, que adquirió el Estado español.

Paisaje. tinta sobre papel

 

En 1944 el periódico Destino, en su Sección “Las exposiciones y sus artistas. Formas y colores”, dedica una columna a María Pepa García Valenzuela y sus esmaltes:

No todas las artes gozan del mismo predicamento entre el gran púbico. La pintura al óleo absorbe la casi totalidad de las vocaciones que ven en ella una mayor posibilidad de prestigio y ganancia inmediata. No habría nada que objetar a este hecho si no viéramos, paralelamente, cómo van disminuyendo los cultivadores de otras técnicas «menos asequibles. Así, el esmalte, de tan gloriosa tradición y que actualmente, salvo contadas excepciones, tiene un simple valor de arte aplicado a la joyería.

Entre estas excepciones que continúan creyendo en el esmalte como un procedimiento capaz de recoger toda la inquietud de una sensibilidad artística, cabe señalar la de la joven artista norteña María Pepa García Valenzuela. He aquí un caso simpático de vocación. Después de sus primeros éxitos —primer premio de Artes diversas, en la pasada Exposición Nacional de Artesanía; Primer Premio de la Asociación de Pintores y Escultores de Madrid—,un buen día, Mª Pepa García Valenzuela se decide a seguir el consejo de su paisano, el doctor Jauristi, uno de nuestros pocos tratadistas del arte del esmalte, que le indica el nombre de algunos esmaltadores catalanes como posibles elementos eficaces para el enriquecimiento de su técnica, ya de sí depurada y suficiente. En ocasión de su estancia en Barcelona por motivos de estudios, María Pepa Valenzuela nos ha hablado del esmalte en España, de sus posibilidades, del arte señorial de SoIdevila, de la técnica apuradísima de Morató, de Ricardo Arrúe, de Andreu Álvarez Galíndez,  y de los grandes maestros extranjeros Schneider y Gaveau.

María Pepa García Valenzuela habla con simpática vivacidad de los problemas de su arte. Pero, más que insistir sobre los elementos técnicos de su arte, tiene un curioso afán para demostramos que el esmalte es un arte capaz de reflejar el carácter de una época y la fuerza de una personalidad.

—El esmalte —nos dice— no puede detenerse en su evolución. Quizá su principal defecto ha sido siempre su excesiva dependencia en relación a otras artes. Pero no puede ser juzgado por su parasitismo accidental. Yo creo que debe renovarse, perdiendo el fácil anacronismo o la sumisión excesiva a expresiones que ya no se adaptan a nuestro momento. En este sentido, estimo en mucho la obra de Soldevila  por ser, en algunos de sus aspectos, un reflejo exacto de su tiempo, servido con una técnica excepcional. Yo busco en mis esmaltes la máxima expresión con un mínimo de líneas. En cuanto a temas, creo en la vía directa, en el apunte del natural. Ese ha sido mi camino en mis esmaltes a base de tipos vascos. En cuanto a los temas religiosos lo sacrifico todo a una fuerte expresividad. Estos valores de expresión no pueden hacernos olvidar la necesidad de una técnica exacta y precisa, pero tampoco deben sacrificarse aquellos a ésta.

Expresado en otra forma, el esmalte no es únicamente una técnica. Marta Pepa García Valenzuela tiene el propósito de celebrar en la próxima temporada su primera exposición barcelonesa. En aquella ocasión las obras hablarán por ella. Pero los que ya hemos tenido ocasión de saborear las delicadezas de su arte nos complacemos en augurar un éxito a esta exquisita artista que los buenos hados nos han traído ahora a nuestra ciudad”.

En 1945 presentó el dibujo titulado “Sinfonía marinera”, a la Exposición Nacional de Bellas Artes celebrada en los palacios del Retiro.

Sobre estas líneas, algunas fotografías de su obra Vía Crucis, pertenecientes al Archivo Moreno

 

En 1946 expuso con gran éxito sus esmaltes en San Sebastián, como así lo recogió la revista Fotos, y realizó una Exposición de Esmaltes en la Sala de Estampas del Museo Nacional de Arte Moderno, que se clausuró el 11 de noviembre con un acto en el que habla sobre la exposición el que fuera Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores, José Francés.

Anuncio del I Salón  Femenino de Arte Actual en el que participó

 

También en el año 1946, el periódico Destino, en su Sección “Las exposiciones de la semana”, dedica otra reseña a la artista, con motivo de su exposición en la Sala Argos de Barcelona:

 “El esmalte es el fruto de una técnica sabia y audaz. El llamear de los colores apasionados en el fuego helado de la superficie vitrificada, exige un cálculo certero, una lúcida penetración en el matiz, en los imponderables que cooperan en la fastuosa riqueza. María Pepa García Valenzuela ha llegado pronto a un completo dominio de tan difíciles y esquivos elementos.

  1. García Valenzuela no se aviene al triste papel que generalmente se atribuye al esmalte. Es simpático su gesto de rebeldía no admitiendo como única razón de esta técnica su fácil e inmediata aplicación a la orfebrería. De ahí este cargar el acierto sobre lo que en todo arte es expresión de una personalidad concreta. Estos esmaltes se enriquecen con la Intención explícita en sus elementos formales: en el arabesco lineal, en la modulación cromática. Se advierte que la artista ha buscado su inspiración en los apuntes del natural y que antes que esmaltadora se considera, simplemente, artista. Sus escenas vascas no son simple traducción al esmalte de formas halladas. Contienen un personal esfuerzo de interpretación de un paisaje y de un pintoresco. En cuanto a sus escenas religiosas, esta misma fuerza de personalidad se manifiesta en una expresividad amiga de laconismos que hacen más patentes las fulguraciones de la materia. Su «Via-Crucis» es un esfuerzo notabilísimo en este camino de dramática simplicidad.

María Pepa García Valenzuela acompaña sus esmaltes con algunas telas al óleo y una serie de dibujos. Estos últimos nos interesan, especialmente, porque en cierto modo constituyen los elementos previos de esta completa cristalización artística que se manifiesta en los esmaltes”.

Esta exposición fue recogida también en la Hoja oficial de la provincia de Barcelona, en la que leemos: “En las Galerías Argos hace su primera aparición en Barcelona la distinguida artista vasca María Josefa García Valenzuela. Expone algunas pinturas, dibujos coloreados y una magnífica colección de esmaltes. Estos últimos han ganado para su destacada autora lauros merecidísimos. Así, su “Rincón marinero”, obtuvo el primer premio –siendo adquirido por el Estado español- en la Exposición Nacional de Artes Decorativas de 1943; y su “Cristo muerto”- que forma parte de un interesantísimo “Vía Crucis”- fue acreedor de una Segunda Medalla en la Exposición de Artesanía celebrada en Burgos, en 1944, con motivo del Milenario de Castilla. Asimismo, fue merecedora de un Primer Premio en el Salón de Otoño del propio año, habiéndole sido adquirida también por el Estado una importante colección de dibujos sobre temas de nuestra Cruzada. María J. García Valenzuela tiene del esmalte un concepto moderno, apartado de la técnica miniaturista que parece ser la más seguida por sus cultivadores. Y en sus admirables piezas triunfa una hierática austeridad, un simplicismo lineal que no es óbice para que la artista prodigue generosamente las riquezas de color y de matiz, conseguidas en la mayor parte de sus obras con una abundancia y una armonía de tonos ciertamente notable. En otras piezas, como las que integran el aludido “Vía Crucis”, aquella también citada austeridad se acentúa adrede, en busca de una intensidad dramática cuya idónea función no se vea entorpecida por elementos que puedan paliar su ascética y emocionada expresión, lograda sobriamente. Aparte de este interesante conjunto, merece principalísimo elogio su espléndido tríptico “Alegoría” –acaso la más acabada y enjundiosa de sus realizaciones- “Puentedey”, rico en calidades y de varonil fuerza; “Dolorosa”, “Pataches”, “Nostalgia” y el ya citado “Rincón marinero”. Deseamos a la refinada y relevante artista una grata estancia entre nosotros, augurándole un éxito a todas luces justo”.

En 1950 participó en la Exposición de Arte Sacro de Roma y realizó algunas otras exposiciones, como la celebrada en la Universidad de Oviedo.

Obra presentada al XIV salón de otoño.

Estío, presentada al XXIII Salón de Otoño

 

Por Real Orden del 14/7/1953, el Estado lleva a cabo la compra de dos de sus obras con destino al Museo Nacional de Artes Decorativas, según ofrecimiento de la propia artista, y por importe de 60.000 pesetas. Se trata del tondo esmaltado titulado “Natividad”, y de la placa de vidrio y cristal titulada “Sagrada Familia. Adoración de los pastores”.

En 1954, por la revista Hola, sabemos que la artista regresó a exponer a Bilbao tras permanecer varios años en Barcelona.

Distintos apuntes y paisajes de la artista

 

En 1955 participó en la III Bienal Hispanoamericana celebrada en Barcelona.

En 1959 logró la Primera Medalla de Arte Decorativo de la Exposición de Bellas Artes correspondiente al XXX Salón de Otoño.

En 1960 obtuvo una Pensión de Bellas Artes, consistente en una asignación de 50.000 pesetas, concedida a los cultivadores de los diversos géneros artísticos, con objeto de favorecer la actividad creadora y facilitar al artista el poder liberarse por un cierto tiempo, de trabajos ajenos a la creación, estimulando otras actividades de carácter teórico, crítico o interpretativo.

En 1962 participó en el Salón Internacional Femenino, como lo recoge el Diario de Burgos, junto a otras artistas de la Asociación de Pintores y Escultores como María Revenga, Josefina Miró, Menchu Gal, Mercedes Gómez Pablos, Gloria Merino, Carmen Arozana y María Dolores Andreu.

Respecto a este I Salón Femenino de Arte Actual, recogido en la Hoja oficial de la provincia de Barcelona, hay que añadir que se celebró en la sala municipal de exposiciones del antiguo Hospital de la Santa Cruz de Barcelona, contando con la colaboración del Ayuntamiento y la Diputación de Barcelona. En el mismo participaron 56 artistas en las disciplinas de pintura, dibujo,  cerámica, grabado y esmalte, siendo la invitada de honor Olga Sacharoff.

Fuera de catálogo, María Josefa García Valenzuela exhibió varios esmaltes, figurando como becaria de la Fundación March, y destacándose que “la distinguida artista es muy conocida en el ambiente artístico de Barcelona por haber expuesto en ella varias veces sus exquisitas realizaciones”.

Natividad. Esmalte, Museo de Artes Decorativas

 

En 1962 presentó la acuarela titulada “Puerto de Agrigento”, a la Exposición Nacional de Bellas Artes, donde reseñó que era “natural de Úbeda, domiciliada en Bilbao, en el Paseo Campo Volantín, 28; discípula de Gustavo de Maeztu. Ha expuesto en Museo Nacional de Arte Moderno de Madrid, Universidad de Oviedo, Bienal de Barcelona, Exposición Internacional de Arte Femenino, exposiciones nacionales”.

En este mismo año, dentro de un estilo tradicional, pero con elementos renovadores, María Josefa García Valenzuela realizó, con ayuda de la Fundación March, un gran panel de esmalte en ópalos traslúcidos y opacos, con temas marinos.

Sagrada Familia: Adoración de los Pastores. Museo de Artes Decorativas

 

En 1970 se presentó a los Premios Villacis y Muñoz Barberán que convocaba la Diputación Provincial de Murcia, al igual que hiciera en 1974, año en que no fue admitida, y en 1976.

En 1973 presentó una exposición en la Caja de Ahorros de Oviedo con veintisiete cuadros y doce esmaltes.

Según algunas  fuentes, María Josefa García Valenzuela falleció en Bilbao, en 1997, sin embargo, en El Correo español del día 5 de marzo de 2001, se cita que “en el día de ayer falleció en Bilbao Doña María Josefa García Valenzuela, pintora”, lo cual no ofrecería dudas acerca de la fecha de su defunción, situándola en el 4 de marzo de 2001.

Los esmaltes de Maria Josefa Garcia Valenzuela figuran en museos y colecciones particulares de Méjico, Barcelona, Roma y Bilbao.

La Diputación de Asturias adquirió el esmalte “Descendimiento”, y, además de otros trabajos para esta última ciudad, la artista realizó un Vía Crucis, los esmaltes para los trasatlánticos “Cabo de San Roque” y “Cabo de San Vicente” y para algunos Paradores Nacionales.

 

La Espera, presentada al XVIII Salón de Otoño

Poema castellano, presentado al XIV Salón de Otoño

 

María Josefa García Valenzuela y la AEPE

*En el XIV Salón de Otoño de 1934, en Arte Decorativo

Poema castellano

* Al XVII Salón de Otoño de 1943 llevó

Puentedey, esmalte

La Virgencita de la aldea, esmalte

Mater Amábilis, esmalte

Puerto viejo de Algarta, esmalte

*En el XVIII Salón de Otoño de 1944 presentó

Cristo muerto, esmalte en ópalos

De la fuente, esmalte en ópalos y traslúcidos

La espera, esmalte en ópalos y traslúcidos

*Al XXI Salón de Otoño de 1947 presentó

Estío

*Al XXIII Salón de Otoño de 1949 presentó una única obra en la sección de Arte Decorativo

Estío, tríptico de esmaltes ópalos traslúcidos

*Al XXV Salón de Otoño de 1952 presentó

Paz marinera

*Al XXVI Salón de Otoño de 1954 presentó

Haro (Logroño)

Virgen marinera

Firmas con sello de lujo. Tomás Paredes

El milagro Marmurán

Así lo llamo, porque así es y así parece. No es un espejismo, es una realidad. Puede ser un oasis en el desierto, pero es presencia comercial, laboral, cultural, humanista. ¡Si no abrimos ventanas a la imaginación, a la creatividad, haremos cada vez más cerrados e irrespirables los ámbitos de nuestra convivencia! La sociedad se ha conformado de tal modo que todos los elementos que la hacen funcionar son precisos. Por eso los espacios donde se da a conocer la creación contemporánea son imprescindibles: las librerías, las galerías, los teatros, las salas de concierto, los centros culturales, los cines…

Un milagro es un suceso insólito, maravilloso. Un hecho no explicable a la luz del pensamiento lógico, de las leyes naturales, se atribuye a una intervención sobrenatural de origen divino o mistérico. En el mundo civil, milagro es un acontecimiento deslumbrante de difícil explicación: la mágica novela cervantina y la figura de Don Quijote; la poesía panteísta de Claudio Rodríguez; la pulcritud de la música de Erik Satie; una película de Visconti, un azulillo pintado, la flor del azafrán o un rincón para el arte en plena Mancha, donde pareciere que no hay sitio más que para el vino, el queso, el trabajo duro o el aburrimiento.

Las galerías de arte son ahora espacios invisibles, un ejercicio de riesgo en soledad, no sólo económico, sino vital y conceptual. Las galerías han ido perdiendo presencia y se han convertido en caprichos, bombas de acción retardada o en ostugos de resistencia. Esto en las capitales de población considerable, no quiero pensar en capitales modestas o las ubicadas en municipios agrícolas y ferroviarios, como lo está Marmurán.

¡Qué en España, en una villa ciudadrealeña como Alcázar de San Juan, con 31.000 habitantes, una galería de arte llegue a cumplir veintidós años de existencia, ya me dirán cómo calificar a este suceso insospechado! Casi nadie cree ya en los milagros, pero haberlos haylos: he aquí la prueba. De ahí el rubro de estas líneas.

Para todo hace falta una persona idónea. Ángel Maroto, alcazareño, que tiene bastante que ver con este prodigio, salió de Alcázar para trabajar en Madrid, comenzando su vida profesional en Biosca, galería de arte, en 1984, como chófer de don Aurelio y terminando como director gerente de la galería, a su cierre por fallecimiento del Sr.  Biosca, 1997. Cualquier amante del arte, activo en las últimas décadas, sabe la importancia de Biosca en el mundo del arte en España, en la segunda mitad del s. XX.

Ángel Maroto, por José Luis Romeral

 

Luego del cierre de la galería y la liquidación de los restos, Ángel Maroto vuelve a su pueblo, pero con el gusanillo del arte dentro y no tiene más remedio que inventarse una galería, en pleno corazón de la Mancha, con la idea de desarrollar todo lo que había aprendido durante doce años en Biosca y con el empeño de difundir y defender el arte que han hecho y hacen sus coterráneos.

Tras una larga reflexión, en marzo de 2000, ni corto ni perezoso, con moral a prueba de naufragio, Ángel Maroto se decide a abrir una galería y lo hace en la calle de Los Ángeles, una premonición de buen augurio, pues ponerse en manos de los ángeles, como hacen los artistas y poetas de rango, ya es una decisión determinante. Y lo hace con la idea de no desconectarse de los maestros que había conocido en Biosca y de acercarse a los nuevos valores.

“Marmurán”, es un acrónimo formado con las iniciales del nombre y apellidos del galerista. La muestra inaugural se titularía “Maestros del arte contemporáneo” y contó con las firmas de Juan Alcalde, Amalia Avia, Antonio Zarco, Agustín Úbeda, Antonio Guijarro, Juan Romero, Teresa Duclós, José Hernández, Evaristo Guerra, Agustín Redondela, Benjamín Palencia…

Cloweiller – Juan Romero – Romeral – Giana Prodan – José Fernando – Jesús Cobo – Pedro Quesada – Goyo Peño – Teruhiro Ando

 

Unos comienzos de plomo- mucho elogio y pocas ventas; buenas palabras y pocas acciones de mérito-, como corresponde a cualquier intento cultural, pero que no produce desaliento alguno al galerista. Sigue trabajando y, en 2007, se traslada a otro espacio, el actual, C/ Castellanos 37, ya con otra presencia más impactante y empaque de galería con solera.

En 2015, celebra su XVº aniversario, con renovadas expectativas. Entre tanto se han celebrado exposiciones colectivas, temáticas e individuales de Juan Alcalde, García Donaire, Agustín Úbeda, Rafael Alberti, Teruhiro Ando, Juan Romero, Pedro Quesada, Ángel Lizcano, Fernández Molina, Romeral, Gregorio Prieto…Asistiendo a ferias internacionales como las de Marbella, Ferco y DonostiArtean.

En el espacio Marmurán se han hecho tertulias, presentaciones de libros, lecturas de poesía, ciclos de conferencias, recitales de flamenco y otros encuentros culturales que han permitido tener un ámbito para la actividad cultural en este rincón de la Mancha, si es que en la diafanidad manchega es lícito hablar de rincones.

Ángel Maroto, Corredor Matheos – Santiago Ramos – Pepe Herreros

 

En 2020 se cumplía el vigésimo cumpleaños de esta empresa cultural, que continúa viento en popa, y estaba prevista su celebración, pero la situación de pandemia que vivíamos aconsejó retrasar toda concentración presencial hasta momentos más oportunos y felices. Por eso, ahora, y en comunión con otro espacio cultural de la ciudad, el Museo Municipal de Alcázar de San Juan, se propone una exposición homenaje a Marmurán en su XXIIº aniversario.

Y conviene decirlo sin ambages, ni titubeos, hay que celebrar a quien trabaja para la cultura, a quien la cuida y la genera, porque ésta siempre está en peligro, en precario. En un espléndido ensayo, “En torno a la poesía”, afirma el poeta griego, Premio Nobel de 1963, Yorgos Seferis: “No siento ninguna simpatía por la llamada torre de marfil y creo, por el contrario, que el arte es el medio más elevado que ayuda a los hombres a aceptarse entre ellos”. Cuando todo se polariza, es necesario mecanismos, todos los posibles, que permitan aflorar nuestra sensibilidad y que inciten a aceptarnos. Es probable que la sociedad española esté crispada y polarizada porque ve poco arte, porque no disfruta con el arte.

Ángel Maroto con José Corredor Matheos y Tomás Paredes

 

La muestra del XXIIº aniversario expone a los artistas con los que ha venido trabajando, o que ha expuesto, y que de algún modo forman la familia Marmurán; algunos ya desaparecidos como Farreras, Chillida, José Luis Sánchez, Alcalde, Arnau, Parra, Pepe Díaz, Cloweiller, Úbeda, Zarco, García Donaire, Herreros, Antonio Fernández Molina, Redondela, Eduardo Santos Murillo, Lizcano, J.L. Samper.

Más otros, gozosamente vivos y en marcha, como Juan Romero, Pedro Quesada, Jorge Lencero, Romeral, Teruhiro Ando, Nuria Cortina, Enrique Carrazoni, Laura Ríos, Andrés Escribano, Margarita Gámez, Huete, Morago, Áureo, Carlos Madrigal. Un conjunto, no sólo decoroso, sino excelente; una mezcla de generaciones y estilos que está siendo visitada con generosidad.

Ángel Maroto con Rafael Canogar y junto a Giana Prodan e Isidro Antequera

 

Un detalle, muy tribu de los artéfilos: la pieza reproducida en la tapa del catálogo, Barrio Latino, c.1980, óleo/lienzo, 27×35 cm, Juan Alcalde, es la primera que pintó el artista, tras enviudar, y la primera que compraron Ángel y Rosi, nada más llegar a Biosca, en 1984. Entonces supuso un sacrificio económico importante, pero aquella adquisición fue una declaración de principios de una vida que comenzaba cabe el arte. Juan Alcalde, al saber que era su primera adquisición, exclamó: ¡no será la última! ¡Cómo así ha sido!

¡Albricias, Marmurán ha logrado vivir XXII años, vendiendo, comprando, exponiendo, exponiéndose, acercando personas, estilos y mundos! Y, al tiempo, Ángel Maroto se ha convertido en un referente en el cosmos del arte, no sólo en Ciudad Real, sino en el país de El Quijote y más allá. Un marchante con criterio, que forma parte de jurados, que interviene en debates, que publica y edita catálogos, que escribe textos. Que se desenvuelve con desparpajo en un mundo de egos complicado ¡Un hito milagriento donde los haya!

Mesa coleccionistas, Pedro José Sánchez, Antonio Moreno, Ángel Maroto, Puri Paniagua y Antonio José Fernández-Caballero

 

Acompañando a la exposición del XXII aniversario, Museo Municipal de Alcázar de San Juan, abril a junio de 2022, Ángel Maroto, en colaboración con el Patronato Municipal de Cultura, ha organizado unas jornadas y encuentros que han sido todo un éxito. El primero congregó a los artistas Áureo, José Manuel Cañas, Nuria Cortina, Andrés Escribano y José Luis Romeral, ante una presencia ancha de colegas, críticos y gestores culturares.

El segundo encuentro, 14 de mayo de 2022, dedicado a la crítica de arte, contó con la presencia de Gianna Prodan, Julia Sáez-Angulo, Fernando Fernán-Gómez, José Fernando Sánchez Ruiz y yo mismo, como moderador. El tercero, el domingo 22 de mayo, ha reunido a coleccionistas y amigos del arte, tal Pedro José Sánchez, Antonio Moreno, Puri Paniagua, Antonio José Fernández-Caballero y Ángel Maroto ¡Parecía imposible, pero que el nombre de Alcázar de San Juan esté sonando en muchos rincones de España por esta iniciativa, reconforta!

Mesa artistas, Nuria Cortina, Aureo Gómez, Andrés escribano (no está en la foto), Ángel Maroto, José Manuel Cañas Reíllo y José Luis López Romeral

 

Para la clausura de estas jornadas, que parecían increíbles, y que han sentado doctrina y ejemplo, se ha realizado la acción poética-musical: El arte, la voz, la música y el silencio, coronada por el cante y el toque de Ricardo Fernández del Moral. Además del maestro, en la performance han intervenido: Fernando Fernán-Gómez, Manuel Luna “Macareno”, Paco Manzano, Ángel Maroto, Charo Moreno, Tomás Paredes, Pedro Quesada y Romeral.

El arte flamenco se pierde en los albores de la antigüedad, como dice Tomás Borrás, en el Preludio al cante de Fernando el de Triana, 1935: “desde Tartesos hasta la pretensa civilización laica y socializante de hoy, el cante jondo aparece y se desarrolla” en un ámbito entre Cádiz y Sevilla. Y desde sus patrias, por contagio tuvo tres vías de expansión: Málaga y Cartagena, una; Huelva, y la tercera: La Mancha.

Ricardo Fernández del Moral, Daimiel 1974, payo, cantaor que se acompaña él mismo a la guitarra, obtuvo en el LII Festival Internacional de las Minas de la Unión, la Lámpara Minera y varios premios más en los cantes por tarantas, malagueñas, soleares y tonás. Es un artista que conjuga con soltura la musa, el ángel y el duende, como demostró, en Alcázar, el domingo 29 de mayo en una acción que no sólo impresionó a la asistencia, sino que cambió la forma de presentarse ante un público que le venera. Por la limpieza de su voz redonda, por la lisura de su tono, por el don de su grandeza en los palos que desgrana con emoción y misterio.

Cartel de clausura de las Jornadas dedicadas  al XXII Aniversario de Marmurán

 

Algunos le comparan con Luis de Córdoba o con Miguel Poveda, por lo conseguido en La Unión, pero, no, no, es otro, Ricardo es un bosque de claridad donde no tiene espacio la noche. Tersa, densa, inmensa, íngrima, su voz dibuja en el aire la silueta del abrazo que se dan la fuerza y la ternura ¡No dejen de escucharlo, allá donde vaya, dejará un perfume limpio, hondo, originario, coruscante, levantisco, diferente!

                                                                                                                   Tomás Paredes

                       Presidente H. de la Asociación Española de Críticos de Arte/AICA Spaín

 

Recordando… Salón Amaré

Obras, artistas, socios, pequeñas historias…

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Salón Amaré

La Familia Amaré y la primera Exposición Feminista de Madrid

 

El Salón Amaré

Situado en el piso bajo de la casa inmediata a las Calatravas, en la calle Alcalá 23, la familia Amaré inauguró el 10 de marzo de 1900 el Salón Amaré, como magnífico Salón de Bellas Artes creado “con todos los elementos que el buen gusto y la riqueza consienten”.

Iglesia de las Calatravas, en la Calle Alcalá de Madrid. A la derecha, el gran toldo señala dónde estaba el Salón Amaré

 

En 1890, Francisco Amaré estableció una empresa de decoración y fabricación de muebles,  un gran taller de carpintero en el número 1 de la Calle de Recoletos, con vuelta al número, 16 del paseo, colindando con el hotel de Manzanedo, donde trabajaban todos los hijos, «acreditados industriales madrileños», manteniendo el taller en la calle Alameda, 36.

 

Respecto a sus muebles modernistas, la prensa ya apuntó que “es natural que el nuevo arte sea vario, caprichoso hasta la exageración y sorprendente hasta escandalizar a las multitudes habituadas a la seriedad antigua… la valentía de los productores de muebles modernistas entre nosotros, tan mal preparados para recibirlos, merece gran estimación, así como el gusto artístico indispensable para comunicar belleza e interés a objetos que deben parecerse lo menos posible a todo lo conocido… todos estos méritos concurren en los hermanos Amaré, que consagran su gusto artístico y aptitudes industriales en un taller, honra de Madrid, al embellecimiento de la casa en decoraciones y muebles, como los representados en las fotografías adjuntas, inspirados en ese arte nuevo que es la aurora del porvenir”.

Comedor estilo moderno, blanco esmalte con adornos de metal cobrizado,  ideado por Amaré, para Eduardo Sancho Mata

 

El establecimiento del Sr. Amaré, cuya inteligencia en la materia y buen gusto es indiscutible, ha logrado rivalizar con los grandes establecimientos extranjeros reuniendo cuantos muebles artísticos puedes apetecerse para el decorado de la más elegante casa, todos ellos construidos en sus talleres y con arreglo a los estilos más en boga”.

La reputación de los muebles fabricados por la casa Amaré era grande, pues la prensa publicaba que “personándose un caballero en la casa de los Sres. Amaré, preguntando los  precios de todos los muebles del almacén, sin regateos ni tira y afloja, cuando tuvo la lista, pagó el importe, y dejando una tarjeta en la que puede leerse el nombre de Richard William, les dijo: -Facturen ustedes todos estos muebles para Londres”.

Adelantado a su tiempo, en 1897 el Sr. Amaré, “dueño del establecimiento de decoración y muebles artísticos de la calle de Recoletos, ha obsequiado a sus numerosos favorecedores con artísticos calendarios para el año próximo”, tal y como rezaba El Liberal.

Ese año, ya se anunciaba como “Muebles de lujo. Amaré. Casa única en mobiliarios y decoración artística de habitaciones. Exposición y talleres, Recoletos, número 1”.

 

En julio de 1899 Enrique Amaré consiguió licencia para un almacén de muebles en la calle Alcalá, 23, el que sería conocido como Salón Amaré.

Gracias al buen hacer de Enrique Amaré, uno de los hijos de la familia, y animados por Ángela María Apolonia Pérez de Barradas y Bernuy, la Duquesa de Denia, protectora de las artes y a quien se debe gran parte del éxito del Salón Amaré, los hermanos Enrique, José, Rafael y Miguel Amaré y Algueró abrieron un  salón moderno ricamente tapizado, que marcaría tendencia y tal y como lo definieron las crónicas de la época, sería un “espléndido estuche, donde como joyas sean expuestas las obras de nuestros grandes artistas”.

La empresa se justificaba en la “necesidad del intermediario entre los artistas y los compradores de obras de arte, tan bien entendida en el extranjero como olvidada en España a costa de la ruina, del abandono y de la oscuridad en que muchos artistas viven; esa necesidad que aquí se ha ido supliendo con las artificiosas exposiciones bienales, en que no llegan al dos por mil las ventas que se realizan, con las tres o cuatro tiendas de molduras alemanas, espejos, cornucopias, cromos y cuadros de poco precio, y con las antiguas Exposiciones permanentes de Bosch y de Hernández… Gracias a ellos el que quiera deleitarse viendo cómo pintan o modelan los españoles del día, no tendrá que irse al Museo Moderno de la Nueva Biblioteca, en que faltan varias de nuestras primeras firmas y sobran otras, ni habrá tampoco de emprender peregrinación fatigosa por los contados estudios de Madrid: le bastará con visitar el establecimiento de los Señores Amaré. Estos han reunido unos cuantos cuadros, no llegan a setenta, y una docena de esculturas. Pero la calidad suple con creces y ventaja la cantidad… dicha colección está presentada, alumbrada y dispuesta de suerte que encanta sin cansar la vista”…

Pero no era sólo una actividad entendida como las actuales galerías de arte, se trataba de hacer un fabuloso escenario en el que llevar a cabo la presentación de la forma más sublime conocida en esa época, de las obras de los grandes maestros. Y en eso, tal y como justificaba la prensa, no escatimaron lujos los hermanos Amaré. Se trataba de montar un “mercado artístico” de excelencia en donde absolutamente todos los detalles estaban ideados y cuidados.

La luz que ilumina el salón, ricamente alfombrado y tapizado con sedas de un azul cuya palidez hace resaltar las pinturas, se ha obtenido por medio de ingeniosa combinación. Una gran pantalla horizontal, unida a la escocia sobre que descansa el techo por gasas gris perla, encierra los potentes focos eléctricos, cuyos rayos luminosos se templan en las casas, adquiriendo en su gris la naturaleza de la luz del día.

La pantalla, adornada con festones de flores bordadas y con el apellido Amaré, arroja sobre el suelo grata penumbra, y el visitante puede gozar de las obras sin molestia y tan completamente como si las viera a una viva luz cenital. La ilusión de luz de día es tan completa, que penetrando en el salón en medio de la mañana o de la tarde, se cree entrar en un patio, al que la luz del sol llega tibia, pero viva, como para poder apreciar todas las delicadezas del dibujo y del color.

Los cuadros, colocados sobre rico zócalo de mármol, disfrutan de bastante holgura como para no perjudicarse entre sí con las distintas e interesantísimas notas que ofrecen; todo está previsto y arreglado convenientemente con el fino instinto artístico de que los hermanos Amaré dan muestras en cuantas obras salen de sus talleres”.

Frente al penoso estado de conservación en el que por aquella época se encontraban los Palacios del Retiro, donde se celebraban las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y cualquier exposición relevante en Madrid, el Salón Amaré ofrecía a los artistas y público visitante un decoro acorde a su categoría. Se trataba de servir de estímulo para los artistas, ya que exponer en él sería una distinción más preciada aún que las recompensas oficiales.

El Salón Amaré en ABC en una fotografía de 1904

En ABC, en 1907, en la exposición de Benedito

 

El Salón Amaré fue considerado como la mejor exposición (entiéndase por ello como continente) presentada en Madrid en el último cuarto de siglo, “favoreciendo el mercado artístico y la mejor adquisición de las obras”.

Por el lujo de la instalación; por las proporciones de la sala, que permiten presentar los cuadros con espacio y sin que se perjudiquen con las distintas tonalidades; por la admirable distribución de la luz y por la selección de las obras expuestas, puede llamarse Exposición bijou (joya) el salón artístico de los Sres. Amaré… Puede considerarse la fiesta de anoche como un barnizado sin barniz ni barnizadores”…

También sabemos por la prensa de la época, que en la inauguración de sus exposiciones “la entrada se limita a los invitados y será por el portal”.

Estaba compuesto de dos salas: para llegar a la primera, se atravesaba por un espacio ocupado por «exquisitos muebles de elegante y original traza«, divanes, sillones, armarios-vitrina y muros cubiertos con riquísimas tapicerías, todo lo cual recordaba los estudios de pintores de la época.

El artista e intelectual Balsa de la Vega escribió al respecto, mostrándose particularmente impresionado por la segunda sala del Salón: “de forma trapezoidal y totalmente tapizadas sus paredes de seda, se evidencia aquí la preocupación por el problema de la iluminación… Al parecer, y en línea con experimentaciones llevadas a cabo en la Sociedad de Acuarelistas de Londres (luz eléctrica moderada por gruesas telas blancas), se utilizaron lámparas veladas con tules al objeto de eliminar brillos y dar la apariencia de luz diurna”.

Blanco y negro 1901

Blanco y negro 1904 suscripción al monumento a Castelar

 

En el salón Amaré se expuso durante diez años la mejor pintura producida en España, y a la vez, en las habitaciones contiguas, exhibía la Casa Amaré sus muebles que, por aquel tiempo, iban a parar a las mansiones más ricas de Madrid.

Se debe, por tanto a los hermanos Amaré la creación del tipo de salón moderno de exposiciones de pintura ricamente tapizado, de coloraciones discretas, alfombras de adecuados matices, muebles como para realzar las pinturas y sobrias instalaciones de éstas, dando idea, más que de almacenes de cuadros, de estancias particulares, lujosas y exquisitas.

La prensa de la época hablaba de ellos en estos términos: “Los Sres. Amaré son Industriales a la moderna, con verdadero espíritu de artistas que se consagran a los negocios en los cuales han logrado envidiable reputación con nobles aspiraciones, no sólo cifradas en la ganancia material, que alcanzan también a la fama y que sirven para justo enaltecimiento del nombre.

Los muebles de los Sres. Amaré, construidos con arreglo a proyectos que idea y dibuja Enrique Amaré, un artista completo, dan a la casa de que hablamos grandísima notoriedad; pero ésta ha de acrecentarse de seguro con el propósito que realizan a la sazón los Sres. Amaré… Se trata de una exposición artística, pequeña por el número de obras, pero grande por su importancia. Los Sres. Amaré, con esplendidez por nadie igualada, han preparado un salón donde ofrecen grandiosa hospitalidad a los trabajos de los más insignes pintores y escultores de España. Decorada con sumo gusto, con el gusto que tiene un hogar propio en aquella casa, dispuesta en condiciones admirables, la sala Amaré es un alarde honroso de la fuerza de los artistas… Todas las obras expuestas son de tamaño propio para la venta”.

La primera exposición que inauguró el Salón Amaré lo hizo por todo lo alto, con las mejores firmas de los pintores y escultores del momento: Sorolla, Ricardo y Raimundo Madrazo, Bilbao, Muños Degrain, José y Luis Jiménez Aranda, Viniegra, Menéndez Pidal, Moreno Carbonero, Beruete, Simoner, Martínez Abades, Martínez Cubells, Benedito, Fortuny, Raurich, Gessa, Saint Aubin, Pulido, Tomás Martín, Domingo Muñoz, Ferrant, los hermanos Benlliure, Lhardy, los hermanos Masriera, Carlos Vázquez, Peña Muñoz, Nogales, Barruso, Nájera, Plá, Alcalá Galiano, Sala, Santa María, Pinazo, Domínguez, Haes, Miguel Blay, Susillo, Marinas, Alcoverro, Castaño, Vancells y Trilles.

Para la gran inauguración, los hermanos Amaré celebraron después un “banquete suntuoso” especialmente dirigido a la prensa y en el que participaron representantes de los principales periódicos y revistas ilustradas del momento, muchos artistas, intelectuales y altos cargos gubernamentales como el director del Museo de Reproducciones.

Era, pues, una forma de “vender” una gran sala de exposiciones y una muestra que se “vendía” sola por los grandes artistas participantes en ella.

En esta primera exposición con la que se inauguraba el Salón Amaré, la prensa destacó que “la instalación está hecha con exquisito y lujoso gusto, formando un conjunto superior a lo más notable que en este género se habrá hecho en España”.

El más selecto Madrid pasó por aquel Salón Amaré, incluso contó con la asistencia en días posteriores, de los Reyes de España, convirtiéndose pronto en una cita obligada en el panorama artístico español.

En septiembre de 1900, los hermanos Amaré crearon también un concurso abierto a los artistas para premiar el mejor cartel anunciador de su Exposición de muebles artísticos, siendo el ganador del mismo José Francés (Agramunt), hijo, adjudicándosele un premio de 500 pesetas (de la época). La prensa cita que los carteles que optaban a premio se expusieron, habiendo algunos “dignos de mención por su originalidad y buen gusto”.

Casi un año después de la apertura del Salón Amaré, la revista Mundo Gráfico hacía balance en los siguientes términos: … “Los lienzos expuestos han alcanczado casi todos precios elevados, y algunos afortunados maestros han recibido encargos para otros. Francisco Amaré fundó la casa hace años dedicando su inteligencia a la construcción de muebles de lujo de orden artístico… sus hijos y sucesores con acierto, establecieron una Exposición permanente de obras pictóricas escogidas, y lo han realizado con éxito… Los señores Amaré han ampliado las salas y decorado con gusto la entrada y salón central. El grabado que acompaña estas líneas, es reproducción de la talla en que se destaca el retrato del laborioso industrial Francisco Amaré, ya finado… El hecho de encontrarse un lienzo en dicha casa ofrece garantía de la autenticidad de la firma de su autor, sin que exista peligro alguno de error, toda vez que los interesados entregan directamente las obras que destinan a la venta… la casa Amaré no escatima gastos a la hora de montar la instalación en un lujoso templo”.

 

La familia Amaré

Relieve modernista con la talla del retrato de Francisco Amaré que preside la entrada al Salón Amaré

 

Francisco Amaré y Vilas, industrial dedicado a la ebanistería y Francisca Algueró, hermana del licenciado Reverendo Rafael Algueró y tía del que fuera concejal y alcalde del Ayuntamiento de Tortosa, Francisco de Paula Algueró y Morata.

El matrimonio tuvo seis hijos: Enrique (1864-1919), José María (1867-¿?), Rafael (1872-¿?), Federico (1874-¿?), Miguel (1882-¿?) y Arturo (1885-¿?).

Excepto de Enrique, que nació en Tortosa, del resto de los hermanos se conserva su expediente académico en el Instituto de Segunda Enseñanza Cardenal Cisneros de Madrid. De José además, el expediente de su paso por el Instituto de San Isidro de Madrid de enseñanza secundaria.

En el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid del martes 11 de julio de 1911, se publica una citación para Miguel y José María Amaré Algueró, de los que se dice que “Miguel Amaré y Algueró, de unos treinta y seis años, soltero, del comercio” y a “José María Amaré y Algueró, de unos cuarenta y cinco años, casado, de igual profesión”, “sus señas son: el primero, estatura regular, más bien grueso, pelo castaño; y el segundo, estatura alta, grueso, pelo castaño”.

Sabemos por las crónicas de la época, que todos trabajaron en el taller de muebles del patriarca, aunque después algunos siguieran su camino. Datos hay pocos, de algunos de ellos ninguno, pero vamos a intentar trazar un breve perfil de ellos.

José Amaré Algueró. 1867-¿?

Director económico del Salón Amaré. Cursó estudios de Bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros y en el Instituto San Isidro de Madrid.

En su expediente académico consta que a día 20 de septiembre de 1879 tenía 12 años de edad y vivía en la Calle Biblioteca, nº 8 de Madrid.

Trabajó con sus hermanos, siendo conocidos por la denominación de «hermanos Amaré».​

 

Rafael Amaré Algueró. 1872-¿ ?

Escultor y ebanista. Cursó estudios de Bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid.

En 1927 se siguió contra él un juicio verbal civil, sacándose a pública subasta una máquina de escribir marca “Royal” de su propiedad, tasada en 375 pesetas.

Trabajó con sus hermanos en el Salón Amaré.

 

Arturo Amaré Algueró. 1885 –¿

Del que nada sabemos.

Salón principal de la Exposición Amaré, Blanco y Negro 1900

 

Federico Amaré Algueró 1874-¿)  Fotógrafo.

Cursó estudios de Bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid.

Había participado en la prensa con varios reportajes gráficos.

Federico Amaré fue miembro de la expedición obrera comisionada para asistir a la Exposición Universal de París de 1900. Participará como delegado del Círculo de la Unión Industrial. En la lista de miembros publicada por la Gaceta de Madrid del 21 de julio de 1900 [Núm. 202, p. 297] figura como fotógrafo.

En 1905 será premiado en la Exposición Fotográfica de Bilbao con Medalla de Bronce y Premio Lumière al lema «Luz y Sombra».

En 1907 participará en la exposición organizada por la Real Sociedad Fotográfica Madrileña; obtendrá mención honorífica en la categoría de «Figura, retrato y composición». Sobre este premio había dicho la revista mensual ilustrada La fotografía: “Federico Amarés (que es profesional, pero que, al parecer promiscuo), presenta trabajos muy en grande y muy bien acabados. Señalemos un moro (de los que van a Cartagena) y un tirador de armas muy bien retratado. Merecía más de una Mención honorífica”.

Su estudio de Cartagena estaba en la calle San Miguel, número 1. La actividad principal eran las ampliaciones, reproducciones, pinturas y esmaltes. Comenzará a funcionar en 1905, sumando a la de estudio la condición de galería fotográfica. En 1910 el estudio estará en la calle Marina Española, número 11.

En el Diario de Tortosa del 25 de febrero de 1904 [Año XII, núm. 6719] se menciona a Federico como hermano de Enrique Amaré, «acreditados industriales madrileños».

En un artículo titulado La Casa Moderna, publicado el 11 de junio de 1904 en Blanco y Negro [Año XIV, núm. 684] se habla de un salón decorado al estilo Luis XV, «…construido por los Sres. Amaré para un capitalista de Cartagena». Una coincidencia que relaciona a los industriales madrileños con el estudio de Federico en aquella ciudad.

 

Miguel Amaré Algueró (1882-¿)

Madrid. Cursó estudios de Bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid.

Trabajó con sus hermanos, siendo conocidos por la denominación de «hermanos Amaré». Tuvo una hija natural, María del Carmen Dijes Fernández, que hubo de reconocer tras un fallo judicial de la Audiencia Provincial de Madrid en 1947.

Enrique Amaré y Algueró, Tortosa, hacia 1864.

Era un gran pintor decorador, escenógrafo, mueblista y marchante de arte que entre 1890 y 1891 realizaba las pinturas de decorados del teatro Eslava de Madrid.

Era además profesor de Dibujo de Adorno y Figura del yeso en el Círculo de la Unión Industrial de Madrid.

Enrique Amaré y Algueró  en Mundo Gráfico, 1919

 

Trabajó con sus hermanos, siendo conocidos por la denominación de «hermanos Amaré», aunque Enrique sería «el artista de la casa».

Fue jurado en casi todas las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de 1899 en la sección de Arte Decorativo.

En 1900 fundó junto a su hermano José el famoso Salón Amaré de Madrid.

En 1904 fue premiado en la Exposición  Nacional de Bellas Artes, en la sección de Artes Decorativas. Obtuvo también Primera Medalla en la Escuela Superior de Artes e Industrias de Toledo.

Por esos mundos  1 de junio de 1904

 

Falleció en 1919 a la edad de 55 años. Tal y como comentaron los periódicos de la época, Enrique Amaré era un verdadero artista de talla… una excelente persona, de gran modestia, que había logrado su reputación a fuerza de trabajo y virtuosidad.

En el registro de patentes aparece una suya, en la sección de Artes liberales (Economía doméstica e industrias diversas), con el número 55.475, “Enrique Amaré. Invención. “La fabricación de pañuelos de incrustaciones de maderas y otras materias para las habitaciones”.

Autorretrato de Enrique Amaré

 

De él escribió Francisco Alcántara, socio de la Asociación Española de Pintores y Escultores tras su muerte, “Enrique Amaré era el artista de la casa y lo era con las patriarcales apariencias de hombre de taller, de traje, porte, conversación, no existían diferencias con los más modestos de sus colaboradores, maestros, oficiales o aprendices, que se movían impulsados por las ideas de aquel para la ejecución de sus proyectos. Sus bellas decoraciones fueron premiadas en concursos oficiales con mercancías de segunda y de primera clase. También fue Enrique Amaré jurado en casi todas las Exposiciones de Arte decorativo celebradas en Madrid. Acabo de saber que este notable artista e incansable trabajador ha muerto, después de larga y penosa enfermedad, a los 55 años; y con la melancolía que la muerte pone en los recuerdos más gratos, voy, conducido por mi memoria, al través de los que acabo de enumerar, recuerdos de días felices para Enrique Amaré, hasta aquel gran taller de carpintero de la ronda de Atocha, muy cerca de la antigua Basílica, creado por su padre y en donde conocí a Enrique y a sus otros hermanos, cuando vivían en aquella atmósfera de constancia y entusiasmo triunfales que saben crear los espíritus valientes y las familias emprendedoras para educación de sus hijos. Pocas veces dejan esos hombres y esas casas, en las que una pareja feliz y fecunda lanza a la vida bien dotados luchadores, de alcanzar una página en la historia de la ciudad o de la nación. El viejo Amaré alcanzó su objeto en el notable artista decorador que acaba de morir y en sus otros hijos, siempre activos y trabajadores. Yo consagro hoy a la  buena memoria de Enrique Amaré el recuerdo de aquellos artículos que publiqué hace cuarenta años en periódicos que ya no existen, artículos poseídos del espíritu de reconstitución nacional que prevalecía en el taller de su padre”…

El Heraldo de Madrid. 13 de julio de 1919

 

El Salón Amaré realizó la primera Exposición Feminista de Madrid

Exposición de Pintura Feminista en el Salón Amaré, Madrid, 1903 ABC

 

En 1896 se celebró la primera exposición feminista de nuestro país en la Sala Parés de Barcelona, por influencia del ambiente cultural parisino, a la que siguieron otras tres celebradas en la misma sala hasta 1900 y por las que pasaron alrededor de 200 artistas.

Pero el triunfo obtenido por la primera muestra se fue diluyendo progresivamente y a partir de 1900 se interrumpieron por la crisis del mercado artístico barcelonés y por la baja participación de artistas en la última celebrada, a la que concurrieron únicamente veintitrés pintoras. En estas exhibiciones, de eclecticismo estilístico, había profesionales y aficionadas.

En 1903, emulando a las celebradas en la Sala Parés de Barcelona, se celebró la Primera Exposición Feminista en el madrileño Salón Amaré en la que participaron alrededor de cuarenta pintoras, entre las que destacaban asociadas de la Asociación de Pintores y Escultores como Julia Alcayde, Fernanda Francés y Marcelina Poncela.

La exposición se inauguró con una fiesta y en La Época se escribió: “El número y calidad de las obras que figuran en esta Exposición demuestran elocuentemente que el núcleo madrileño de femmes peintres tiene importancia y significación”.

La Dinastía indicaba: “Y la verdad, ensancha el ánimo que aquí, donde la mujer cuenta con tan limitado campo de acción, se le abran nuevos caminos que, no sólo han de poner de relieve su cultura, sino que hasta pueden llegar a ser medios de vida”.

El Liberal comentaba así la exposición: “La serie, tan interesante, de Exposiciones particulares de pintura y escultura presentadas este año en el Salón Amaré, se cierra con la primera Exposición de pintura feminista, recientemente abierta, y que durará hasta final de mes. Con esta Exposición, á la que seguirán otras de la misma clase en loa años sucesivos, la pintura femenina, que hasta aquí ha sido entre nosotros un elemento de recreo y adorno en la educación de la mujer, puede adquirir un valor artístico y comercial que la transforme de entretenimiento de lujo en una profesión. Así ocurre fuera de España. Las salas del Museo del Prado, sobre todo las de Velázquez y Murillo, se ven de ordinario más frecuentadas que por los pintores, por las pintoras del extranjero que acuden a copiar las obras maestras de nuestros grandes artistas. La pintura femenina, trasladada de la apreciación benévola y complaciente de la familia y de las amistades en el gabinete del hogar, a la sanción del público de la crítica en la Exposición, entrará en un periodo de indudable progreso, impulsado por el estímulo.

Esta sola consideración asegura el buen éxito que a la larga tendrá la primera Exposición de pintura feminista organizada por los Sres. Amaré. Pero este éxito es también actual, pues pertenece al conjunto do las setenta y ocho obras expuestas. No espera el visitante, al examinarlas, encontrarse con que casi todas corresponden a un nivel medio de pintura, más extraño que por la falta de cuadros sobresalientes, por la ausencia de cuadros que desentonen por su escasez de valor. Y esta sorpresa se torna más viva al saberse que la galantería dispensó a los cuadros de la selección, al ser admitidos.

Los asuntos de la mayoría de las obras concuerdan con el carácter doméstico que aquí tiene la pintura femenina. Dominan los bodegones, los estudios de frutas, de caza muerta y de animales caseros, y las composiciones de flores, trasladadas del jardín a la casa, y agrupadas a gusto. Son menos frecuentes los trabajos de paisajes y marinas pintados al aire libre, y hay una gran escasez de estudios del modelo humano, sobre todo del masculino.

Es la pintura de placer y de adorno, encerrada en casa, donde tiene forzosamente que escoger su material de estudio; pintura todavía tímida, por prevenciones de exotismo, para realizarse con desenfado ante la naturaleza, y no tan completamente informada por el arte, que pueda entregarse con libertad al estudio del modelo.

Prescindiendo en general, de la naturaleza y del modelo, esta pintura femenina no puede elevarse a una altura muy considerable; pero dentro del campo limitado en que se produce, hay en la Exposición Amaré obras de mérito muy apreciable, de verdadero valor artístico.

Los cuadros de más vuelo están hechos fuera de ese límite y uno de ellos, precisamente el más notable de la Exposición, pertenece a la señorita sevillana María Luisa Puiggener, que lo ha enviado desde Sevilla, donde pinta… De flores y frutas hay cuadros lindísimos, que recuerdan las obras de este género que pinta en París María Luisa de la Riva, cuyos cuadros se echan de menos en esta Exposición… las demás señoritas son…. Todas ellas demuestran en sus obras muy buenas aptitudes para la pintura, que se irán desarrollando con los certámenes sucesivos. Para la Exposición del año que viene habrá que apretar, porque los Sres. Amaré piensan nombrar un Jurado para la admisión de las obras, que podrá cumplir su cometido con entera libertad, porque serán pintoras las que hayan de componerlo.”

El Álbum Ibero Americano cita también a todas las participantes: Julia Alcayde, Marcelina Poncela, Fernanda Francés, Elvira Beltrán de Lis, Amalia de la Iglesia y Romea, Regina Alcaide de Zafra, Julia Argumosa de León y Rafaela Aroca, como Elena María Camarón, Esperanza Fonseca, Teresa Gil Sanz, Concha Lozano y Montalvo, Sánchez Aroca, Soledad y Victoria de la Vega Carrasco, Concepción Ramos Martín, Encarnación Bustillo, Ángela Dalmau de Grau, Pilar Bermejo Álvarez, María B. de Rivera, Eugenia Cañedo, Isabel Carré López, Milagros Castañeda, Ana de Ciraf, María Alieu Couselle, Chao de Romea, Matilde Escribano, Haselden, Ofelia Meléndez Pando, Luisa Nasaldeu, María Notario y Merino, Julia Oliet, Francisca Olivar Copons, Felisa Palacio, Ángeles, Isabel, Obdulia y Carmen Rodríguez Valdés, Luisa Samper, Aurora de la Torre.

Entre ellas había pintoras con cierto relieve artístico, algunas eran miembros de la aristocracia y de clases sociales adineradas, otras eran maestras y habían estudiado o estaban estudiando en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado o se habían formado en la Escuela de Artes y Oficios de la calle de la Palma; el resto eran aficionadas, algunas discípulas de Marcelina Poncela según se desprende de la noticia que apareció en el Boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones y que habla sobre la participación de dos castellanas en esta primera exposición feminista, Marcelina Poncela y Encarnación Bustillo Salomón: “Marcelina Poncela de Jardiel, laureada en Exposiciones generales, y verdaderamente maestra, pues en el Salón Amaré se ven obras de discípulas suyas, presenta cinco obras de paisaje, frutas y flores entre las que destaca su obra Camino del Pardo que parece producto de un pincel masculino“.

No fue favorable la reseña sobre esta exposición en La Correspondencia de España ya que su autor escribe que “había disfrutado más con la belleza de las artistas que con sus obras”. Indica que era una “muestra muy femenina” y la compara con la celebrada en París durante el mes de mayo de ese mismo año, dejando entender que ésta es un fracaso.

La Exposición del Salón Amaré de Madrid, se podría considerar como un primer paso asociativo, en el que las mujeres quisieron significarse.

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes de la AEPE: Ramón Pulido Fernández

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes

de la Asociación Española de Pintores y Escultores

 

Ramón Pulido Fernández

PULIDO FERNANDEZ, Ramón   P  1910(F031)   27.jul.1868    MADRID    MADRID

Socio Fundador Nº 31

Socio de Mérito de la AEPE

Socio de Honor de la AEPE

 

 

Ramón Pulido Fernández nació en Madrid el 3 de julio de 1867, aunque en los archivos de la AEPE figura como fecha de nacimiento el 27 de julio de ese mismo año.

Poco sabemos de su vida personal y de su infancia, más allá de que la familia la formaba el matrimonio y tres hijos: Juana, Ángel y Ramón.

En 1885, con apenas 17 años, apareció en El Liberal con motivo de una subasta benéfica para la que donó una obra que fue reconocida como de “una valentía poco común en el dibujo y una extraordinaria brillantez en el colorido”.

Comenzó su formación en el estudio de Alejandro Ferrant, otro de los socios Fundadores de la Asociación de Pintores y Escultores, y en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, donde obtuvo sus primeros triunfos con sobresalientes, accésits, diplomas y medalla en la carrera.

 

Ramón Pulido en dos fotografías  aparecidas en la prensa en 1918 y 1916

 

En 1888 participó en la Exposición de Barcelona con un cuadro que representaba a Alfonso VI orando ante el sepulcro de San Isidro, que la prensa calificó como “primera obra formal y de empeño del joven pintor… conocido en los círculos artísticos y reputado por muchos ilustres pintores como una brillante esperanza. El cuadro de Pulido, por su inspirada composición, por su dibujo y por su hermoso colorido, revela en su autor condiciones envidiables de que el tiempo y el estudio pueden sacar obras de primer orden….estos días el cuadro lo han visto los pintores más famosos de Madrid y han tributado al joven artista sinceros elogios”.

En una fotografía aparecida en El Liberal en 1925

 

Envía la obra “El 17 de julio de 1834” a la Exposición Nacional de 1890, que la prensa consideró que “tenía detalles justos y bien pintados, pero cuyo asunto es el defecto capital del cuadro”, y a la de 1892.

La Diputación Provincial de Madrid le pensionó para ampliar estudios de pintura en Roma durante dos años, prorrogándole la concesión por otros dos más.

En 1894 participó en la Exposición de impresiones de viaje celebrada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, que exhibía los apuntes y bocetos recogidos por sus socios en las expediciones del último verano. En aquella ocasión, Ramón Pulido presentó quince apuntes de Venecia, Nápoles, Pompeya, Roma y Lido.

Obtuvo Tercera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes en 1895.

Caricatura aparecida en El Imparcial, en 1925

 

Para 1899 ya se había cobrado una excelente reputación como decorador, al haber realizado “panneaus” y pinturas murales de grandes dimensiones, algunas con más de 60 metros.

En 1900, Francisco Alcántara, otro de los socios de la Asociación de Pintores y Escultores, firmaba en El Imparcial una nota acerca del mural que el artista acababa de realizar en la capilla gótica de la casa de salud de Cuatro Caminos, inspirado en los pintores florentinos de los siglos XIV y XV, en una obra de “vasta superficie… de gran belleza y expresión delicadísima… en la que abundan los ciertos. El gran grupo de ángeles de la izquierda es lo mejor que en su género hay en España… Ramón Pulido ha encontrado una senda por la que pocos podrán seguirle y en la que le esperan brillantes triunfos”.

También ese año terminó los frescos del templo de los Trapenses del Val de San José, que el propio artista enseñó a algunos amigos y que fue recogido por la prensa como una expedición  a la que acudieron artistas como Alejandro Saint Aubin, periodistas como Antonio Cánovas y Vallejo, críticos como Luis Pardo, además de los hermanos Amaré.

En su estudio. Blanco y Negro de 1906

 

En la Exposición de Bellas Artes de 1901 consiguió la Tercera Medalla, compitiendo con nombres como Joaquín Sorolla, Gonzalo Bilbao, José Mª López Mezquita o Aureliano de Beruete, todos ellos socios fundadores de la Asociación de Pintores y Escultores.

En la Exposición de Bellas Artes de 1906 obtuvo la Segunda Medalla por el óleo «Inmaculada».

Descubrió la ciudad de Toledo, que le apasionó, y en la que vivió y trabajó como Profesor de Término de la Escuela de Artes y Oficios Artísticos, grado en la época a la que sólo algunos llegaban tras mucho tiempo ejerciendo en la docencia y méritos acumulados.

Con el tiempo llegó a ser director de la misma de 1934 a 1936, impartiendo la asignatura de Dibujo Artístico y de Historia del Arte.

Desde que comenzara a concurrir a las Exposiciones Nacionales en 1896 y hasta 1912 se dedicó principalmente a trabajar en los frescos de grandes dimensiones de distintas instituciones religiosas.

Colaboró además de forma habitual con artículos en la prensa nacional, en diarios como El Globo, El Liberal, La Correspondencia de España…  y también en La Gaceta de Bellas Artes, órgano de la Asociación de Pintores y Escultores, y en el diario local El Castellano, así como en la revista Toledo.

Escribió un pequeño tomo altamente sustancioso titulado «La Pintura Religiosa», libro en que repasa y hace crítica instructiva de las obras y autores comprendidos, extendido principalmente al Renacimiento y al Barroco.

José Francés, que fuera Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores, recogía en una nota publicada en 1916 en Mundo Gráfico, que se trata de “un documentado e interesantísimo estudio de las obras de este género pictórico y de los autores que preferentemente la han cultivado en todo los siglos… Mucha es la autoridad del ilustre crítico para tratar la materia”…

Banquete con que fue obsequiado por su exposición en el Círculo de Bellas Artes en Blanco y Negro

 

La fotografía del banquete aparecida en Nuevo Mundo

 

Gracias a su iniciativa, Eduardo Rosales cuenta con un monumento en Madrid, proyecto que fue aprobado por el Ayuntamiento en 1916, haciéndose además otro tipo de actividades como conferencias y homenajes que él mismo promovió.

Propuso multitud de iniciativas de forma continua, que no llegaron a realizarse o no tuvieron la repercusión que él buscaba, pero que justificaban su amor al arte y a los artistas y el reconocimiento al trabajo de los mismos, como el monumento a Casimiro Sainz, a Muñoz Degrain…

Vivía en un hotelito en el que también edificó su estudio, en la calle Ávila, 9, en Cuatro Caminos, donde cultivaba su jardín y trabajaba también por la urbanización y ornato de la extensa barriada, colaborando con arquitectos y el ayuntamiento de la capital en los diferentes proyectos al respecto.

Fue socio del Círculo de Bellas Artes, al frente de cuya sección de Arte Decorativo realizó exposiciones y actividades de gran importancia.

En 1925 realizó en los salones del Círculo de Bellas Artes una exposición que incluía paisajes, pinturas religiosas, “con hondas ambientaciones espirituales, escenas de la Dehesa de la Villa, paisajes expresados con acierto, cariño y emoción decorativa… de pocos colores que él mismo prepara… y en pinturas de animales de técnica luminista donde el estudio de las formas y de la anatomía y el de los fondos, son de gran justeza, porque el dibujo y las calidades del color no se sacrifican en holocausto de la luz”…

¡Pobre padre mío!   

De vuelta de un entierro en Roma

 

Con motivo de la exposición, el Círculo de Bellas Artes ofreció un banquete en su honor para festejar el éxito de crítica y público que obtuvo.

Ramón Pulido entendía que Toledo era una ciudad singular para fomentar el arte, reclamando para ella mayor prevalencia en orden a estudios a impartir y a considerarla como punto clave en la especialidad. Estaba convencido de que «Toledo puede crear una gran escuela de arte castellano, no sólo artes suntuarias y decorativas sino arte puro…  Toledo tiene orfebres, tallistas, rejero, bordador, ceramista, encajera, y no hablemos de escultores… La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando puede hacer mucho en ese sentido”, no dejando de exponer y pedir apoyo para crear en Toledo un Centro de Restauración con rango universitario superior.

Miembro de la  Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

Él mismo escribió que …”Sin ser toledano, siento por Toledo suma admiración y cariño, y cuando pasa una temporada sin haber podido ir a visitarla, un anhelo por recorrer sus poéticas callejuelas”…

En 1922 ya se adhería al periodista Santiago Camarasa, solicitando ambos que “Toledo fuera declarada monumento nacional en su conjunto”, declaración que no llegó hasta 1940.

Para el Museo de Infantería instalado en el Alcázar, pintó Pulido un extraordinario cuadro cuyo tema era el de la visita que Carlos V hizo a Francisco I de Francia en el Palacio Real, lugar de acogida del francés por algún tiempo.

Aldeana

Dama con un paraguas

La degollación de los frailes, en San Francisco el Grande

 

Ramón Pulido, hombre bueno, fue respetado y respetuoso con cuantas personas conoció, en particular con sus alumnos, e igual de afable con ellos. A Ramón Pulido puede atribuírsele carácter ingenuo poseído, añadido a una acusada real miopía y también su naturaleza envejecida, con una constitución física acusadamente menguada, por lo que las correcciones efectuadas en los ejercicios de los alumnos caían con escepticismo en el aula.

Le pesaba mucho la gran carga de trabajo que tuvo durante toda su vida; extremadamente sensible, le afectaban mucho los sinsabores y dificultades que a otros con parecidos contratiempos no les habrían ocasionado similares quebrantos.

La Inmaculada Concepción

 

Hombre enjuto, de cuerpo algo inclinado hacia delante, más una miopía advertida y una visión bastante disminuida, su paso al andar era ligero, aunque parecía que se esforzaba mucho porque sus piernas no delataran un mayor envejecimiento.

Ramón Pulido era en exceso temeroso ante cualquier eventualidad, pensando que podría acusársele de contrario a lo imperante en aquella turbulenta época política, aumentado su prejuicio por haber sido articulista de un periódico católico como era El Castellano.

Nunca buscó la fama, por ser de talante modesto, si bien tuvo reconocida notoriedad.

Plaza del Grove

Mater Purísima

 

Estallada la guerra de 1936, en los primeros meses de la subversión trató de cumplir con su cometido acudiendo a la Escuela de Artes, no sin hallarse en todo instante profundamente conturbado; se daba cuenta de que su aspecto infundía sospechas a los milicianos extremistas que habían llegado a la ciudad para luchar contra los sitiados en el Alcázar; “pelo canoso y coronilla, más algo encorvado y reconociéndose con apariencia de fraile ocultando su profesión”, era para sentir miedo continuo.

Enrique Vera, ese otro gran pintor y compañero de enseñanza, y otro de los socios de la Asociación de Pintores y Escultores, estuvo a su lado en todo momento proporcionándole protección, pues con Vera no se metía nadie.

El altar mayor de la nueva iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, obra de Pulido, en una imagen aparecida en La Esfera

Infancia de Jesús

 

Pero Ramón Pulido volvió a Madrid, recogiéndose en su casa, donde pasó penosamente los iniciales meses de guerra. Conforme transcurría el conflicto, aumentó su inquietud y sus temores, y completamente acobardado y sin posibilidad de proporcionar alimentos y refugio a su familia, y a pesar de ser creyente, se quitó la vida en 1936.

Nadie habló de ello nunca. No fue noticia. No se reflejó en ningún periódico de la época ni en ese año ni en los posteriores. Del suicidio nunca se habla en la prensa.

Ramón Pulido fue un gran pintor que cultivó la pintura de historia imperante en su época, pero también la social y religiosa, realizada en grandes lienzos.

Marina con personajes

Firma autógrafa del artista

 

Tiende en sus cuadros a un post-romanticismo, distante del impresionismo tardío imperante en sus brillantes años de artista. Dominaba la composición y las formas, muy cuidadas, con argumentos oníricos y atributos simbólicos.

Obras suyas colgaron en el Museo del siglo XIX (Casón del Buen Retiro madrileño), en instituciones como el Hospital de la Cruz Roja de Madrid, en palacios, el salón de baile del Balneario de La Toja y en numerosos templos de Madrid, como el de Nuestra Señora de los Ángeles, la parroquia de San Ramón Nonato de Vallecas, el monasterio del Val de San José de los trapenses (Getafe), la Iglesia de los Agustinos, el retablo mayor de la capilla del hospital de San José y Santa Adela, los existentes en colecciones particulares, en palacios y establecimientos y alguno en la mansión toledana del profesor de Cerámica Sebastián Aguado, al que le unía estrecha amistad.

Salas y comedor del Balneario de La Toja, con pinturas de Ramón Pulido

Paisaje con caballos

La Violetera

Paleta con paisaje

 

Ramón Pulido Fernández y la AEPE

Socio Fundador de la Asociación de Pintores y Escultores, con el número 31, publicó al menos treinta y seis artículos en la Gaceta de Bellas Artes sobre temas muy variados.

Vocal de la Junta Directiva en 1914, repitió cargo en la de 1932 a 1934.

Activo participante de todo tipo de actividades de la entidad, donó obra para el festival benéfico de 1915, pronunció varias conferencias en distintos años, como la del Ciclo Goya, en 1928.

Además, formó parte del Comité para la organización de una Federación de artistas que promovió la AEPE, de la que hizo la presentación del proyecto en junio de 1932.

Socio de Mérito y Socio de Honor de la AEPE.

Participó en los Salones de Otoño de:

IX Salón de Otoño de 1929:

152.- Rosas y albaricoques, óleo, 0,81 x 0,85

153.- Margaritina, óleo, 0,40 x 0,32

154.- Palacio Ducal de Venecia, óleo, 0,53 x 0,37

155.- San Marcos de Venecia, óleo, 0,37 x 0,53

X Salón de Otoño de 1930:

221.- Patio toledano, óleo, 0,66 x 0,87

222.- Rosas blancas, óleo, 0,84 x 0,50

223.- Rosas, óleo, 0,82 x 0,60

XI Salón de Otoño de 1931

110.- Calle de la Indeña (Toledo), óleo, 0,87 x 0,65

117.- Plaza de Valdecaleros (Toledo), óleo, 0,60 x 0,82

367.- Rosas y cerezas, óleo, 0,79 x 0,70

XII Salón de Otoño de 1932:

99.- Rosas, óleo, 0,57 x 0,67

100.- Los Batanes (Sierra de Alcaraz), óleo, 1,20 x 1,19

101.- Un jardín, óleo, 0,90 x 0,80

102.- Mercedes, óleo, 0,50 x 0,45

103.- Rosas, óleo, 0,72 x 0,79

XIII Salón de Otoño de 1933:

116.- La Quinta de los Pinos (Madrid), paisaje óleo

117.- Rosas, óleo

118.- Paisaje de la Moncloa, óleo

 

Parroquia de San Ramón Nonato, en el  Puente de Vallecas

Calle del pueblo

Pura Vázquez de la Varga

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

 

Pura Vázquez de la Varga

VAZQUEZ DE LA BARGA, Purificación       P       1920       MADRID      MADRID

 

Mujeres españolas revista bisemanal 1930

 

Pura Vázquez de la Varga nació en Madrid, en 1902.

Vivía en la Calle Espoz y Mina, 6, duplicado.

Según confesaba ella misma, fue discípula de Cecilio Pla y de Sorolla.

Pese a que en muchas crónicas figure que comenzó a pintar en 1922, no es cierto, sobre todo teniendo en cuenta que ya en 1920 concurrió al I Salón de Otoño de la AEPE con dos obras.

Una de las dos obras presentadas al I Salón de Otoño de 1920

 

En 1924 concurrió a la Exposición Nacional de Bellas Artes, mereciendo un dibujo del semanario Buen Humor, en el que se publicaba un epigrama:

La autora, para evitar

A la modelo el sonrojo,

Esperó para pintar

Que hubiera cerrado el ojo”.

Buen Humor. Semanario satírico. Sobre la Exposición Nacional de BBAA de 1924

 

Como vimos en la Gaceta de Bellas Artes de diciembre de 2020, algunos periódicos de la época hacían una crítica a los cuadros y esculturas presentados a la Exposición Nacional de Bellas Artes, apuntes cómicos que comentaban de forma irónica escenas, que describen los cuadros, muchas de ellas en prosa, pero con abundantes rimas, que lo mismo se ríen crudamente del tema tratado, como del pintor, de algún fallo en la ejecución… o aplauden también cuando se merece.

En 1929 realizó una exposición en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, que fue recogida en algunos periódicos de la época como El Socialista, que en su sección de Notas de arte, publicaba: “Las Exposiciones del Círculo de Bellas Artes”, por Emiliano M. Aguilera … “la pintura de una joven y bella muchacha, Pura Vázquez de la Varga, que usufructúa con el señor Rossi el Salón de Exposiciones del Círculo de Bellas Artes. Me interesa, antes de discurrir acerca de los cuadros de la señorita de Vázquez de la Varga, reiterar una afirmación: para mí, la juventud de un artista no puede imponerme benevolencia. Ni la juventud ni la belleza, en el caso de tratase, como en la ocasión presente, de comentar la labor de una mujer… Pura Vázquez, a quien yo, acaso erróneamente, considero como alumna de la Escuela de San Fernando, sabe muchas cosas de gran interés para una pintora. Sabe dibujar muy correctamente, sabe disponer con gusto las personas u objetos que traslada a sus lienzos, sabe hacer grata su pintura, logra calidades muy estimables y aún magistrales con frecuencia… Sabe lo preciso para llegar a realizar cuadros admirables y de gran interés. Ahí están, en el Círculo de Bellas Artes, ese lienzo titulado “Dominadora”, de auténtico empaque artístico, y esas notas de Marruecos, tan sabiamente iluminadas, para demostrar este aserto. Y allí están, igualmente, media docena de retratos demostrando que Pura Vázquez cultiva con fortuna este género. Expone actualmente la señorita de Vázquez de la Varga un cuadro que, no pasando de regular, promete –conocidas las aptitudes de su autora- otro excelente. Se titula el cuadro en cuestión “Gato y gata”. Aparece en este lienzo una mujer desnuda tendida sobre un amplio diván; compone una graciosa actitud y guarda el incógnito. Cerca de ella, un lustroso gato se acurruca. Una piel atigrada, que cubre en parte el diván, evoca la idea de sensualidad que preside la concepción del cuadro. Al fondo, un ventanal y un cortinón. El símbolo de sensualidad, de caricia, está hoy plenamente obtenido en este cuadro. En él hay trozos bellísimos. La cabeza de la modelo, sus manos y algunos otros trozos del cuerpo están muy bien construidos. Empero… Al lado de otros de la señorita de Vázquez de la Varga, desmerece. Pero ninguno como él acusa el temperamento artístico de esta joven pintora”.

El Socialista, 1929

 

En Mundo Gráfico se recogía también la exposición, así como en La Libertad y El Liberal, medio por el que sabemos que “En vista del creciente y extraordinario éxito de la Exposición de obras de la ilustre pintora madrileña, que se celebra en el Círculo de Bellas Artes, se ha acordado prorrogarla”…

Mundo Gráfico, 1929

 

En El Heraldo de Madrid de marzo de 1929 se hace una larga reseña: ….”la joven pintora que, a pesar de su juventud, a pesar de ser una chiquilla, ha logrado en el cultivo del arte muy interesantes resultados. El cuadro representando una hermosa mujer tocada con blanca mantilla, que preside por estos días el salón, basta para considerar a esta señorita como una estimable pintora. El cuadro en cuestión –y como este otros varios que se exhiben a su alrededor- tiene una elegante factura, posee gracia, es grato a la retina y ostenta admirables calidades. Algunos retratos firmados por la señorita Vázquez de la Varga nos dicen que ésta domina este género, y algunos paisajes, muy bien ambientados y muy bien de luz, demuestran que la señorita Vázquez de la Varga es igualmente una buena paisajista. Sus notas de Marruecos tienen una calidad en la luz inmejorable. Carece Purificación de personalidad; a sus años, esto no puede contristarla. Contados son los artistas que recién iniciada su juventud se han acreditado de personales. Empero la señorita Vázquez de la Varga debe recapacitar ahora, ante estos óptimos resultados, y con la seguridad de que tiene indiscutibles dotes de artista, seguridad que le dan esos resultados, debe procurar afirmar una personalidad”.

 

Pura Vázquez de la Varga en 1929 en su taller, del Archivo Moreno

 

En La Esfera firmó José Francés, quien fuera Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores, un extenso artículo que incluía dos fotografías de obras de la artista, en el que se leía: …”la retratista fue la señorita Pura Vázquez de la Varga. Discípula de Cecilio Pla –que tan excelente maestro y orientador estético de buenos pintores actuales ha sido- la señorita Vázquez de la Varga tiene verdadero temperamento pictórico. Ve el color y la forma en un sentido clasicista que no excluye simpáticas aspiraciones de modernidad, aunque las refrena todavía cierto temor a desatender las solicitaciones de los temas habituales. Exhibía cerca de sesenta obras de diverso mérito y distinta época… El artista se deja ganar por el gozo instintivo de llenar todas las paredes, y cuelga, junto a obras estimables, obras que no lo son tanto. Nada habría perdido la señorita Vázquez de la Varga con eliminar de su exposición algunos estudios, y hasta cuadros de su época de aprendizaje. Reducida a unas proporciones más modestas en apariencia, pero más conscientes de la actual capacidad, en realidad, la exposición de la señorita Vázquez de la Varga habría tenido otro aspecto menos inseguro y codicioso. Habría sido esa exposición discreta y ponderada a que debe aspirar todo artista en sus comienzos, cuando todavía hay puntos débiles y vulnerables que no conviene ofrecer al ataque del compañero o del crítico. No se crea, sin embargo, que naufragase plenamente en la cantidad numérica la calidad estética. Había una serie de retratos muy notables en el conjunto, y a ella podían añadirse varios lienzos de la colección de cuadros marroquíes, vistos con valentía cromática y enérgico trazo. En mi humilde opinión, la señorita Vázquez de la Varga será una buena pintora de retratos. Tal vez lo sea ya. Y sin que se pueda negar interés y mérito positivos a sus figuras femeninas –el retrato, por ejemplo, de la notable escritora Melchora Herrero es un acierto de elegante sobriedad de parecido fisonómico y de buen gusto- es en la interpretación de la figura masculina donde mejor expresa su arte y su talento la señorita Vázquez de la Varga. Concienzudamente dibujados, desdeñando fáciles éxitos tonales, limitándose a grises finos y a negros enérgicos, estos retratos viriles están logrados de un modo sencillo y agradable, sin caer en adulación al modelo, procurando por el contrario, desentrañar su espíritu a través de la honrada interpretación de los rasgos faciales. Abundaban los lienzos de tal clase en la exposición; pero sobresalían los del padre de la artista y los de los doctores Martín Fernández, Ripollés y Martín Muñoz. Por último, ya se dice que en la colección de figuras, paisajes y ambientes marroquíes no faltaban tampoco laudables resultados de luz y color. Las figuras de chiquillos estaban tratadas con singular ternura y gracioso atractivo pictórico”.

La Esfera, 1929

 

En febrero de 1930, Mujeres Españolas, revista semanal, publicaba en su portada un dibujo de la artista, así como una fotografía con el título “La notable artista madrileña Pura Vázquez de la Varga acude a nuestra invitación enviándonos su interpretación de Dulcinea”.

Unos meses más tarde, La Correspondencia de Valencia publicaba una entrevista firmada por Fidel Cabeza, que se reprodujo también en El Adelanto de Salamanca y en El Diario de Córdoba, bajo el título de “Charlas de actualidad”, en la que descubrimos que comenzó a pintar en 1922, con Joaquín Sorolla, un “hombre modesto que tanto bien hizo a todos los jóvenes artistas de España”. Pura Vázquez es una mujer joven, simpática. Alegría cascabelera… Tiene mucho trabajo, “siempre más de lo que puede hacerse”… Cree que la pintura de España “es muy recia, de un colorido admirable por la limpieza de paleta y la simplificación de colores. Nuestra pintura no tiene que envidiar a la de ningún otro país”. A la pregunta de si cree que la mujer triunfará en la pintura, responde que “puede hacer mucho si se dedica a estudiarla en serio y se deja de florecitas, etc, etc, poniéndose a dibujar en serio, ya que la mujer posee una sensibilidad más agudizada que el hombre”. Prefiere a Sorolla, “más intenso”.  Soltera aún, confiesa no creer en la existencia del hombre perfecto y en cuanto al feminismo, cree que “la mujer nunca debe dejar de ser mujer. Parecerse al hombre nunca debe, porque entonces nos hemos caído”.

Mujeres españolas revista bisemanal 1930

 

En el Blanco y Negro de noviembre de 1931, en la información relativa al XI Salón de Otoño, se reseña que hay una sala dedicada a Pura Vázquez, (no porque hubiera una sala entera dedicada a ella, sino porque concurrió al Salón de 1931 con un total de 18 pinturas al óelo), “pintora simbolista que hubo ya de exponer hace unos meses en el salón del Heraldo; pintora de un esoterismo entre humanitario y místico… Ala que ara la tierra… Luz que de un triángulo astral vierte gotas de plata o de alma célica por los peldaños de una escalinata fantasmal que del Más Allá desciende hasta nosotros… Fulgor de cruz nacarada entre el oleaje proceloso de un torvo mar en tormenta”.

Retrato de señora

 

En 1942 presenta una exposición en La Coruña, donde se reseña que es discípula de Sorolla y que la artista estaba trabajando en diversas obras en las que se plasmaban paisajes de pazos y tipos populares gallegos. Una tendencia que ya había manifestado en otra colección sobre temática marroquí que había realizado con anterioridad.

En 1942 firma el “Retrato del padre Nicolás Sancho Moreno” que posee en su colección de obras el Ayuntamiento de Alcañiz, en Teruel. Esta obra forma parte del grupo de retratos protocolarios u oficiales de la colección municipal, fue realizada para conformar la “galería de alcañizanos ilustres” del salón de sesiones del Ayuntamiento de Alcañiz. En ella se presenta al autor de la conocida Descripción histórica, artística… de Alcañiz (1860) con el hábito cisterciense para subrayar el alto cargo que ocupó en la Orden de San Bernardo: prior (el último) del Real Monasterio de Rueda, uno de los más antiguos y célebres de Aragón.

Retrato del Padre Nicolás Sancho Moreno

Retrato de Concepción Falci

 

El encargo de la obra se hizo a la pintora Purificación Vázquez de la Varga el mismo año 42, así como otros dos retratos de los esposos Concepción Faci y Julián de Santapau, los tres según encargo de Emilio Díaz, Alcalde de Alcañiz y principal responsable del legado del matrimonio, circunstancia que facilitó el pago de estas obras. Se dio además la circunstancia de que la artista, tras recibir este triple encargo, decidió entregar gratuitamente el “Retrato del padre Nicolás Sancho Moreno”.

La correspondencia entre Emilio Díaz y Purificación Vázquez de la Varga aporta numerosos detalles sobre los encargos, como es el hecho de que Abelardo Álvarez Estrada fuera quien le proporcionara el nombre de la artista al Alcalde de Alcañiz, tras haber visto sus obras “en la Exposición de Bellas Artes, dedicadas a pazos y a las maruxiñas”, y comenta que “cobrará 3.000 pesetas por cada uno”.

La artista se tomó muy en serio el encargo, preguntando sobre las “medidas exactas que debían tener, el color de los ojos, cabellos y pies de estos señores; y cuantos datos complementarios le dicte su buen juicio que puedan serme útiles para su mejor realización”.

Serán ”lienzos pintados al óleo, que deberán tener unas dimensiones de 0’75 mts. por 1’05 mts. con una faja blanca en la parte baja en la forma y leyenda que se indica en la fotografía”. También precisa que “en cuanto a la fotografía del padre Nicolás Sancho, ha sido sacada de un grabado antiguo y es lo único que podemos ofrecerle como modelo”.

Pero Pura solicitó además “alguna fotografía de Alcañiz “del castillo en lejanía o de otra de las muy bellas vistas de esa ciudad, para hacer con ellas algún fondo”.

Tras dos meses de trabajo, las tres obras se entregaron al Ayuntamiento de Alcañiz, que presumió de tener obra de “una pintora de reconocido prestigio en la época, discípula de Sorolla y especializada, precisamente, en el retrato”.

La Diputación de La Coruña adquirió a la pintora madrileña una obra en 1945. Se trata de un lienzo que refleja a una joven ansotana. Ya Sorolla había pintado a una anciana ansotana y a su nieta, vistiendo el traje típico de esa localidad. Para ello, contrató a esta peculiar pareja que, desde su tierra aragonesa, se había desplazado a Madrid para vender te de roca en 1911.

Cuadro de la Diputación de La Coruña

 

Sorolla que, por entonces, estaba realizando los bocetos para el encargo de la Hispanic Society, las fotografió a la puerta del convento de las Descalzas Reales y después las llevó a su estudio. Sabemos que se llamaban Sebastiana Puyó y Sebastiana Brun. Es posible que Pura Vázquez se inspirara en ellas, pues no creemos que llegara a viajar hasta el valle de Ansó.

Sebastiana Puyó y su nieta Sebastiana Brun fotografiadas en Las Descalzas

Sebastiana Puyó y su nieta Sebastiana Brun retratadas por Sorolla en su casa taller

 

En 1950 participó en la Primera Exposición de Pintores de África del Instituto de Estudios Africanos de Madrid. En el catálogo de la muestra, se dice …”en realidad hemos de llegar a una mujer, la única expositora africanista, Pura Vázquez de la Varga, para encontrar en su “Rifeña”, pese a una técnica débil, un rostro de intensidad notable, aureolada sólo por gradaciones blancas, sin olvidarnos de la delicada intimidad evocada en su “Rincón de Tetuán”…

 

En 1950 envía también la obra titulada “Sibila” a la Exposición Nacional de Bellas Artes.

En julio de 1974 participó en la exposición “El desnudo en la pintura”, que realizó la Galería de arte Atisha de Madrid, junto a otros artistas como Abeja, Rufino Alonso, María José Altuna, Leonardo Andrande, Francisco Bengoa, José María Calvo Delgado, José Luis Cantero Pastor, Clarós, Luis B. Caputo Demarco, María Sol Carrasco, Marta Durán, Mariano del Corral, Ángel Gainza, Juanjo, María Jesús Herrero Alonso, Rafael Lafuente, Juan Mas Ramón, Manuel Mingorance, Jorge Muñoz, Mariano Olcese, Celedonio Perellón, Carlos Pujol, Víctor Puyuelo, Rem, Jaime Rocamora, Concepción Salinero, Pilar Toscano y Mary Carmen Vargués.

Y tras esta reseña en prensa, se pierde su pista… tal vez para siempre.

Pintora de paisaje y de figuras, su técnica es ágil y triunfó lo mismo en las opulencias decorativas como en los sobrios toques de tipo moderno. Notable fueron su colección de paisajes de Marruecos, con acierto de luz y color, impresionismo vivaz, y sabe captar con presteza los cambiantes fugitivos de la atmósfera.

Pura Vázquez de la Varga y la AEPE

Concurrió al I Salón de Otoño de 1920 inscrita como Pura Vázquez de la Varga, natural de Madrid, donde reside, calle de Espoz y Mina, núm. 6 duplicado. Presentó dos obras:

733.- Carrera nacional, óleo, 2,35 x 1,68

734.- Benita (estudio), óleo, 0,70 x 0,43

Al XI Salón de Otoño de 1931 presentó un total de 18 obras que se exhibieron en la Sala XI:

325.- Sonidos, óleo

332.- ¿Un hombre?, óleo

318.- ¿Una mujer?, óleo

328.- Siglo XX, óleo

316.- La historia, óleo

317.- El beso, óleo

315.- Fecundación, óleo

326.- Esperanza, óleo

323.- Maternidad, óleo

322.- Amanecer, óleo

320.- Orfandad, óleo

319.- El pobrecito de Asís, óleo

331.- Cristo, óleo

330.- Dios, óleo

321.- La escalera del Pretorio, óleo

324.- La santa compañía, óleo

329.- Después de la marcha triunfal, óleo

327.- El tiempo, óleo

 

 

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