Firmas con sello de lujo: Tomás Paredes

En el charco de la cultura

Hay una expresión, de cumplido tránsito en el habla coloquial, meterse en un charco, que vale por buscar una complicación, un lio, tratar algún asunto complejo. Meterse es un verbo pronominal o reflexivo, que indica movimiento y decisión, introducir o aventurarse a hacer, muchas veces con la connotación de atrevimiento o de falta de idoneidad para ello. Confío en no ser ejemplo.

Hay otras frases, que se emparentan con esta. Es habitual oír que alguien se mete, o pisa, todos los charcos, para indicar que entra al trapo en todos los temas discutidos, comprometidos, candentes. Además, están meterse en camisa de once varas, que no es lo mismo, pero tiene semejanzas; meterse en un berenjenal, meterse en boca de lobo…

Por cierto, meterse en un charco no lo recoge el Diccionario Fraseológico de Manuel Seco, quien falleció el 16 de diciembre. Manuel Seco, padre de todos los diccionarios de la Academia Española, es autor de obras fundamentales como Diccionario de dudas y Diccionario del español actual. Un lexicógrafo de lujo y un caballero. A su muerte, excepto una columna de Amorós en ABC, se le ha aplicado el silencio: claro signo de ignorancia de los medios y de los lectores que deben exigir calidad a sus medios. Comprar un periódico es un contrato por el que adquirimos información contrastada y fundamental a cambio de un precio. Si no es así, te están estafando.

Manuel Seco Reymundo

 

La cultura en la antigüedad era el canto mélico, la mitología, las artes, los saberes admitidos en célebres repertorios. Fueron Herder, de una parte, y de otra Kant quienes estructuraron el concepto de cultura que hemos venido admitiendo como válido hasta ahora, que se ha implantado el guirigay, la bazofia mental y la más cultivada ignorancia.

He decidido meterme en el charco de la cultura, porque está en peligro. Y sin cultura somos salvajes. La cultura en España y con referencia a Madrid, que es donde resido. En muchas autonomías la cultura agoniza -caso de Barcelona, no de Cataluña-, si no está solemnemente muerta, a excepción de Valencia, el influjo del Guggenheim de Bilbao, Málaga, Lindbergh en Coruña…

El artículo 44 de muestra Carta Magna, Constitución española de 1978, consta de dos epígrafes: 1.- Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho. 2.-Los poderes públicos promoverán la ciencia y la investigación científica y técnica en beneficio del interés general.

¡Papel mojado! Al menos en relación a la actividad que vemos del Ministerio de Cultura, de las Consejerías de Cultura autonómicas y de los concejales del ramo en los Ayuntamientos. ¡Por supuesto que siempre hay excepciones, pero tan escasas que…!

El primer problema está en saber qué refiere el vocablo cultura. Gustavo Bueno, abusado por unos y por otros, publicó en 1996, El mito de la cultura, tratando de explicarla desmitificándola con conocimiento de causa. La cultura hoy está considerada como lo más elevado, el estado supremo del hombre, el reino de la gracia, pero había que preguntar qué entiende cada uno por cultura, porque no todo es cultura.

Portada del libro « El mito de la cultura », de Gustavo Bueno

 

En realidad, hace relación a la agricultura, que labra y cuida la tierra para obtener feraces cosechas. Así, el cerebro virgen del ser humano es moldeado por los saberes, afectos y perspectivas de conocimiento, formando una mente para convivir y compartir. La cultura está determinada por aquello que modula, ahorma nuestra inteligencia con un cariz positivo, por la sensibilidad, por el medio. La gastronomía per se, no es cultura, puede serlo la forma de consumirla; el espectáculo no es cultura, el deporte no es cultura, el cine de masas no es cultura, el turismo no es cultura, y no por ello hay que denostarlos.

¡Nos quedamos sin cultura y eso envilece y asilvestra aún más al ser humano! Se ha puesto en pinganitos ese invento de las industrias culturales. No hay mayor aberración. La cultura tiene que ver con la organización de la vida y sus comportamientos, con la espiritualidad, no con la industria, ni con la cantidad, ni con la estadística. La cultura sublima la sensación, vehicula nuestra idiosincrasia, nos dispone a la eticidad, a la epiqueya, hace de cada hecho un acto enriquecedor.

En manifestaciones a Europa Press, 18.XI.21, el académico Félix de Azúa afirma: “Poner a Iceta en Cultura es como poner a Chiquito de la Calzada”. ”Tenemos uno de los Gobiernos más ignorantes de la Historia de España y ahí están los resultados”. Que yo sepa ni el Ministerio ni nadie han rectificado al Sr. Azúa y no seré yo quien lo haga.

Bodegón de Álvaro Delgado en la tapa del catálogo de su exposición de Conde Duque

 

No es admisible, aunque si posible, que un señor que no tenga un concepto claro de lo qué es cultura, dirija un Ministerio, que además lo es del Deporte. Cuesta un triunfo que te reciban y cuando lo consigues, si no vas a por una subvención, ni te escuchan. Tengo nombres y apellidos de damnificados. No hay promoción para el arte, sino migajas; sin embargo, para el cine rebosan las subvenciones, hasta tal punto que la Academia del Cine, por esta vía, hace exposiciones de actores y directores y de lo que le echen.

Los Premio Nacionales se ha convertido en un circo de jurados obedientes, para estar a bien con todos. Los últimos nombres agraciados con el Premio Velázquez, son una conmoción tenebrosa; como los del Cervantes, convertido en el Premio de los Difuntos. Los premios no son ni una jubilación, ni una beca, ni una compensación. Los premios son distinción a la excelencia, al talento, un reconocimiento. ¿Quién evalúa la eficacia de esta política caprichosa y nefasta, injusta y despectiva, arbitraria e ignorante? ¿Una sociedad tan ignara como sus mentores políticos? ¿No hay nadie que levante la voz?

Álvaro Delgado

 

¿Para qué sirve un Ministerio de Cultura? Si no es para agilizar los proyectos de los ciudadanos, que así se cultivan, y facilitar que la diversidad luzca sus mejores galas. ¿O hemos vuelto al Ministerio de Instrucción y Propaganda? ¿Quién cuida nuestro patrimonio material e inmaterial? ¿Para qué sirve la Dirección General de Bellas Artes? María Dolores Barreda, secretaria general de AEPE, hizo un listado de los premios nacionales y de trescientos sesenta y cuatro, sólo cinco eran parar el arte.

¿Podría explicar la consejera de Cultura, Turismo y Deporte -¡ahí es nada!- de la Comunidad de Madrid cuál es su objetivo cultural? La oposición, como tampoco tiene un concepto claro, se lanza a críticas personales en lugar de señalar las deficiencias. Marta Rivera de la Cruz está en manos de sus asesores, que pagamos todos, y que acomplejados hasta el tuétano, acatetados, sólo quieren ser modernos, “muy modernos”, pero la responsable de la inacción y de la ignavia es ella.

¿En qué consiste ser moderno? No en apoyar la creatividad de nivel existente o que surge, sino en apostar por ocurrencias vacías y estrambóticas con la pretensión de epatar a los pazguatos. La banalidad, la frivolidad, las ideas estereotipadas de igualdad, las idioteces de algún atrevido parecen distinguir la modernez de estos sujetos. La gente que no tiene nada que ver con el arte no debería tener nada que ver con el arte, ¿Me explico?, reza de una de los Pensamientos despeinados de Stanislaw Jerzy Lec (Lwöw 1909-Varsovia 1966). Sustituyan la palabra arte por cultura.

Retrato de Leopoldo María Panero , por Álvaro Delgado

 

La Comunidad de Madrid no tiene un proyecto cultural, la oposición mucho menos, pues de tenerlo evaluarían las carencias, en lugar machacar con consignas marujiles. ¿Qué hace Marta Rivera de la Cruz por Madrid en el ámbito cultural? Nada. Subvenciona a grandes museos, colabora con la Academia de Bellas Artes, programa la sala de Alcalá 31- con manifiesta arbitrariedad y desacierto- y preside no sé cuántos patronatos. ¿Cómo influye en la oferta cultural de Madrid? No influye. ¿Cómo se evalúan el gasto de esta Consejería y su idoneidad? Podría ser que se dedicara a la conservación del patrimonio histórico, pero tampoco.

En Madrid influyen las exposiciones de Mapfre, El Museo del Prado, Telefónica, cada vez menos el “Reina Sofía”, la colección del Thyssen, el museo Sorolla; para una franja joven de edad, Matadero, La Casa Encendida, cada vez menos. El tour del Bernabéu, que es más visitado que cualquier museo y pagando. Si la Sra. Ayuso deja a Madrid sin entidad cultural, consintiendo la ineficacia de la Sra. Rivera de la Cruz, lo pagará y restará atractivo a la Comunidad y a la ciudad.

El caballero, la muerte y el diablo, mixta s/papel pegado a fibrapán 164 x 130, 1998

 

En 2022 se celebra el centenario del nacimiento del pintor Álvaro Delgado, madrileño de Antón Martín, y pintor determinante del expresionismo español del s. XX. Paseó el nombre de Madrid por el mundo, fue creador de la “Escuela de Madrid”, miembro de varias Academias, el artista que más intelectuales inmortalizó. Bien, pues la Sra. Rivera de la Cruz, lo ignora, no contempla esta efeméride. Me consta que, hace unos meses le presentaron un proyecto sobre este centenario y para la Sra. consejera y su equipo de ilustres no había nada de interés, ellos quieren “cosas muy modernas”.

Y si miramos al Ayuntamiento de Madrid, igual: errático, sin rumbo, dejado de la mano de Martínez Almeyda y sin una idea de lo que hay que hacer. Y la oposición, de picos pardos, sin centrarse, escorándose al vapuleo ideológico general y a la descalificación sistemática. El Ayuntamiento hizo exposiciones magníficas- tiempos del denostado Álvarez del Manzano-, muy visitadas, en el Centro Cultural de la Villa, en Conde Duque. ¿Qué hace ahora, para qué sirven Centro-Centro y Conde Duque?

Portada del libro «Pensamientos despeinados», de Stanislaw Jerzy Lec

 

Las instituciones culturales públicas no deben estar secuestradas por las ideas personales de sus directores. Se deberían elegir para ellas, no personas por un determinado tiempo, sino proyectos e ideas, de modo que se pudiera contemplar una sucesión de brillantez en lugar de una decadencia sectaria. Y las propuestas que se seleccionaren no deberían estar pagadas en su totalidad, sino en parte, para obligar a tener los pies en la tierra, cosa que no sucede hoy. No se trata de doblegarse a lo comercial, pero tampoco a la mente de un iluminado o varios. No incluyo a los Museos Nacionales, pero si al resto.

En fin, los que se proclaman de izquierdas, auténticos o espurios, dicen que sí, que es cuestión de derechas e izquierdas. Y no es verdad, es cuestión de ignorantes y menos ignorantes. Lo que el ciudadano pide hoy, mayoritariamente, es libertad, gestión, menos impuestos, menos Estado, eficacia, seriedad, limpidez, gestión, gestión…y que cada cual piense como le venga en gana.

Lo que hace el ministro Iceta no es gestión, es contentar a los suyos y ponerse a favor de corriente. El Sr. Iceta es un generador de mediocridad. Quería desmantelar los Museos Nacionales y cuando se le han echado encima, se ha escondido como una comadreja asustada, como la tenista china, negándolo todo. ¿Y qué hace Marta Rivera de la Cruz? Nada, vegetar, vivir de lo que hacen otros. Aún, no se han dado cuenta estos dirigentes floreros y superfluos que el dinero público es de todos y que, si sus acciones no generan feracidad cultural, el dinero para sus juergas ideológicas y serviles se acabará.

Madrid es una meca del teatro de toda laya y condición, hecho a espaldas de las instituciones. Pero debería serlo de la edición, de la poesía, de la música, de las marionetas, de los concursos de pensamiento, de danza, del diseño, de la creatividad, de la performance… y no lo es. Hay espectadores, pero faltan ideas, programas, gestores.

Felipe II, por Álvaro Delgado

 

La lectura es importante para la cultura. Pero no se excita gastando dinero en propaganda para que se lea. Necesita otros planes y otros profesionales. No hay que dar subvenciones a libreros, editores y distribuidores, sino premiar con compras de material para bibliotecas a quienes mejores ideas exhiban. Hay que cuidar a los lectores y a los escritores, los intermediarios son necesarios, pero sin los primeros qué harían. Porque soy un asiduo de las librerías puedo decir esto.

La cultura es la semilla más fina del espíritu humano, la herencia más valiosa del hombre, sin mitificar nada, sólo hay que sembrar, dejarla crecer; regarla, abonarla, no pisotearla, mirar como emerge en todas direcciones, porque la cultura es plural como el arte, como los humanos. Indomable como el aire. La ideología es totalitaria, dogmática, sectaria. Las instituciones deben incitar a marchar, pero no exigir que sea en una dirección concreta. La cultura sirve para muchas causas, la incultura para ninguna, es yerma, baldía, vacía, huera. La cultura construye, nos hace progresar; la incultura es reaccionaria, genera caos y desasosiego.

Álvaro Delgado es un maestro del arte, más avanzado que toda esa patulea de modernos. ¡Que no se revise su obra en su centenario y en su ciudad indica en que estado se encuentra la cultura; muestra un gran desprecio a nuestra historia, caso de que se conozca, y una falta de respeto al presente y a las nuevas generaciones, que deben conocer lo que les precede, también lo de su tiempo, pero sin quemar el pasado!

   Tomás Paredes

                                Presidente H. Asociación Española de Críticos de Arte/AICA Spain

Descubriendo… Lola Gómez Gil

Por Mª Dolores Barreda Pérez

En diciembre de 2019 publicamos la biografía de una de nuestras socias: Lola Gómez Gil, dentro de la sección «Las primeras socias de la Asociación Española de Pintores y Escultores», en la que cada mes intentamos recuperar para la memoria colectiva, a aquellas mujeres que formaron parte de la centenaria entidad.

En aquella ocasión, intentamos realizar la biografía de Mª Dolores Gómez Gil, a quien todos conocían como Lola, y que había nacido en Málaga en 1895.

Acompañaba al artículo algunas imágenes de las obras de la artista, y una fotografía contenida en el Archivo Histórico «Bernardino de Pantorba»,  en la que podemos ver a la artista en su madurez.

En todos los números de nuestra Gaceta de Bellas Artes hay insertado un anuncio en el que solicitamos la colaboración de cualquier persona en la búsqueda de un contacto con familiares de los socios de nuestra entidad, de forma que podamos ampliar el archivo que mantenemos de todos ellos, para engrandecernos y dar visibilidad a quienes formaron parte del arte de España.

Fruto de esa petición, contactó con nosotros el pasado mes de diciembre  Federico Relimpio Astolfi, desde Sevilla, haciéndonos llegar una fotografía de la artista Lola Gómez Gil, realizada en el estudio-escuela de Manuel González Santos, situado en la C/ Ángeles del barrio de Santa Cruz, y fechada en 1935.

Un retrato de juventud de excepcional calidad y que viene a poner un rostro amable a un perfil que se puede descubrir en el enlace siguiente:

https://apintoresyescultores.es/dolores-gomez-gil/

Nuestro más sincero agradecimiento al escritor Federico Relimpio Astolfi.

 

 

Recordando… Antonio Maura, Presidente y Pintor

Obras, artistas, socios, pequeñas historias…

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Antonio Maura, Presidente y Pintor

Busto de Antonio Maura, obra de Mariano Benlliure

 

Antonio Maura, presidente del Consejo de Ministros en cinco ocasiones a lo largo del reinado de Alfonso XIII, nació en Palma de Mallorca el 2 de mayo de 1853. Era el séptimo hijo del matrimonio formado por Bartolomé, propietario de un taller de curtidos, y Margarita, consagrada por entero al cuidado de la familia.

Eran sus hermanos Margarita, Gabriel, Francisco, Miguel, Bartolomé, grabador y pintor, socio de la AEPE y Francisco, pintor y Socio Fundador de la Asociación de Pintores y Escultores, Susana, Concepción, Francisca y Catalina.

Fue cinco veces presidente del Gobierno (1904; 1907-1909; 1918; 1919; 1921-1922), vicepresidente del Congreso de los Diputados y ministro de Ultramar (1893), de Gracia y Justicia (1895) y de la Gobernación (1903).

Fue miembro de la Real Academia Española de la Lengua, de la Academia de Jurisprudencia y Legislación, de la de Ciencias Morales y Políticas y de la de Bellas Artes de San Fernando. Recibió numerosas distinciones, entre otras, la de Caballero de la Insigne Orden del Toisón de Oro, el Gran Collar de la Orden de la Torre y la Espada de Portugal, la Gran Cruz de la Legión de Honor de Francia, la Orden de Victoria de Inglaterra y la del Sol Naciente del Japón.

Antonio Maura, retrato obra de Francisco Maura, Museo del Prado

 

Retrato del político obra de Joaquín Sorolla

 

Antonio Maura tuvo diez hijos fruto de su matrimonio con Constancia Gamazo: Gabriel, político e historiador, Miguel, político y ministro durante la Segunda República y Honorio, dramaturgo y diputado a Cortes.

Formó parte de diversos organismos consultivos, quedando materializada su visión de estadista en grandes proyectos legislativos.

También es reseñable su faceta oratoria concretada en los discursos pronunciados en el Teatro Real de Madrid 1915, en la Plaza de Toros de Madrid 1917, y en Beranga (Santander 1917), los tres sobre Política Exterior. Además de sus numerosas intervenciones en el Parlamento, en las Academias y en los Centros Mauristas.

Antonio Maura, por su ascendencia materna, procedía de una destacable familia de artistas. Su tío, Francisco Montaner, era litógrafo y grabador profesional; su hermano Francisco, que como hemos dicho ya fue uno de los Socios Fundadores de la AEPE, tras formarse en Roma, fue pintor al óleo y catedrático de dibujo, contando el Museo de El Prado con varios lienzos suyos que ganaron Medallas en las Exposiciones Nacionales de 1890 y 1892.

Otro hermano, Bartolomé, fue Caballero de Carlos III, Jefe de la Casa De La Moneda, Grabador del Banco de España y Académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, obteniendo Medallas de Oro en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de Madrid de 1876 con el grabado de Las Lanzas y en la de 1901, con el autorretrato de Velázquez.

Antonio Maura era un gran aficionado al arte, afición que incluía la práctica de la acuarela, de la que dejó decenas de ejemplos que ilustran rincones de Cantabria, donde veraneaba, Castilla, o de los alrededores de Madrid.

Pareja de bueyes

Paisaje con casa en ruinas

 

En la casa que de veraneo en Riaño, en Solórzano, pintó Antonio junto a su hermano Francisco, un fresco en 1913, cuando tuvo un conato de atentado terrorista. Allí era visitado por Alfonso XIII, Gerardo Diego y otras personalidades del mundo cultural del momento.

Presentó cinco acuarelas al I Salón de Otoño organizado por la Asociación de Pintores y Escultores en 1920

 

En el libro “Maura: infancia y juventud”, Prudencio Rovira y Pita, califica sus primeras acuarelas, “muy cuidadas de dibujo, muy tímidas de colorido, sin las graciosas transparencias que después alcanzó cuando perdió miedo al agua. No tuvo otros modelos que los que la naturaleza le brindaba, cuando se enfrentaba a ella, sentado en la silla de campo, con el bloque de papel en las rodillas y el lápiz afiladísimo en la diestra: portaladas solemnes de la típica arquitectura montañesa; casonas como adormecidas bajo el dosel umbroso de algún pino secular; iglesias románicas espiritualizadas con los cipreses de los viejos osarios; cajigas pomposas; cimeras sobre campos húmedos y floridos; carreteras de heno balsámico, recién abatido por las guadañas; rotos muros ennoblecidos por escudos cuyos timbres pregonaban proezas hidalgas en la colonización de América; barcos reposando al abrigo de los malecones en un rincón del puerto; perfiles lejanos de las encrespadas sierras que forman la osamenta de Cantabria; pobres esbozos donde la inexperiencia del pincel consigue el balbuceo de una emoción ante la belleza que el natural prodiga en todos sus ámbitos.

Su sobrino Manuel Maura Salas, jurista y arqueólogo, hijo de su hermano Francisco, que le acompaña en sus salidas pictóricas, le calificará de devoto enamorado de la naturaleza.

Su hermano Bartolomé era socio de  la Asociación de Pintores y Escultores

Sin embrago, no fue hasta entrado el siglo cuando le dedicará más tiempo a esta inquietud. Le sirvió como antídoto a la vida pública. Pintar como medio de evasión, en ratos de ocio, con el objetivo de estar en el campo y de salir de su despacho, como hicieron otras personalidades públicas como Churchill, Eisenhower y el actual Príncipe de Gales.

Su principal argumento fue el paisaje. En él fue donde encontró sus mejores inspiraciones; tanto de su Mallorca natal como en La Montaña, pero también el campo en excursiones por el País Vasco, La Rioja, Navarra acompañado de otro de los socios de la AEPE, Gonzalo Bilbao, sur de Francia, el centro de Portugal, en la Sierra de Madrid, Aranjuez, Silos, Salamanca, Ávila, Guisando, con Francisco Pradilla quien calificaría a sus composiciones como arte espiritual y le consideró admiradísimo maestro.

En cambio no prestó demasiada atención a depurar su técnica. Aún así sus obras son dignas de un profesional experimentado, pintor de oficio. Paisaje rodeado de arquitecturas imponentes (Castillo de Manzanares El Real y de Viñuelas), otras, en cambio, decadentes o en ruinas, con unos colores suaves, sensibles; pinceladas que dinamitan la soltura y gran ternura con colores alegres que transmiten parajes melancólicos, hasta nostálgicos. Composiciones pintadas con gusto exquisito y vistas en ellas el natural con amor y delicadeza.

Su hermano Francisco fue Socio Fundador de  la Asociación de Pintores y Escultores

Es representante del paisajismo realista decimonónico.

Pintó entornos naturales, muy pocas veces acompañados de figuras animadas, quizás carros tirados por bueyes, gallinas o algún otro animal doméstico y sólo se aplicó en el retrato en el caso de que fueran familiares o amigos, como el político Sánchez Guerra, Siempre como pintor al agua, no al óleo y en dimensiones no muy grandes.

Su vocación pictórica la desarrollaba en sus expediciones o viajes de descanso que compartió con amigos como Pérez Galdós, y compañeros de veraneos como Santiago Rusiñol, del también socio de la AEPE Ángel Avilés, su profesor técnico y conocedor de los maestros ingleses, que fue un entusiasta de la acuarela, de Sorolla, quien fuera Presidente de la AEPE y le retrató en 1900 y apelaba, en su correspondencia cruzada, a su condición de pintor para que intercediera para promocionar a ciertos protegidos suyos.

En 1896, regala a su esposa un abanico pintado con tres composiciones: dos de paisajes montañeses (el puente de un río y unas casas de una aldea cántabra y la composición central es una estepa castellana, atribuible a Boecillo). Firma un cartel taurino, en 1904, que hace a su cuñado y muy amigo Trifino Gamazo, para su ganadería de El Raso del Portillo.

Distintas acuarelas obra de Antonio Maura

 

El político César de Medina Bocos, le pidió que ilustrara la portada de sus Espigas y racimos, con una vista de Castilla, que publicó en Valladolid en 1915.

El escritor montañés Pereda y Guillermo de Osma tenían obra en su despacho -lo que hoy es el Instituto Valencia de Don Juan-, también Benlliure, así como el fotógrafo Kaulak, Antonio Cánovas del Castillo y Vallejo, a quien regala cuatro acuarelas y quien, en 1916, le pide obra para ser expuesta en el Museo de Arte de Lérida, fundado por Jaime Morera, entregándole una vista de la Sierra de Guadarrama.

En 1920 expuso en el I Salón de Otoño de la Asociación de Pintores y Escultores cinco acuarelas, eso sí, no firmadas para no añadir, al mismo, el pecado, interesándose en la promoción de Juan Espina Capo.

A sus hijos fue entregando sus trabajos, y a otros familiares y allegados, no queriendo comercializarlos nunca.

La última salida con sus pinceles la hizo un domingo (dedicaba este día a pintar) de Santa Lucía, a la finca Canto del Pico en Torrelodones, propiedad de su buen amigo José María de Palacio y Abárzuza, Conde de las Almenas, donde murió en 1925, tras caer por las escaleras del palacete; y allí hizo colocar el conde una placa conmemorativa de tan funesto acontecimiento.

Sus acuarelas estuvieron expuestas en ciertas ocasiones: en febrero de 1941 en una exposición promovida por la Asociación de Escritores y Artistas; en abril de 1944, en Barcelona, por la Agrupación de Acuarelistas de Cataluña, de la que era Presidente Honorario. En 1953 se celebró una exposición organizada por el Ayuntamiento de Palma de Mallorca. Será en Madrid entre el 9 y el 20 de diciembre de 1958 cuando la Galería Velázquez exponga sus acuarelas, promovida por la Institución Cultural Española. En 1963 el presidente de la Asociación de Acuarelistas vascos, Antonio de Echévarri, en el IV Salón Nacional de la Acuarela, organizó otra exposición sobre las acuarelas de Maura, en la que Esteban Calle Iturrino criticó su obra.

De Antonio Maura procede la iniciativa del “descanso dominical” de los obreros de la que gozamos.

Antonio Maura pintando al natural en una imagen publicada por La Esfera, de 1916

 

 

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes de la AEPE: Manuel Villegas Brieva

Por Mª Dolores Barreda Pérez

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes

de la Asociación Española de Pintores y Escultores

 

La  Gaceta de Bellas Artes 1911-1912

Como vimos en el capítulo anterior, el primer cambio de cabecera apareció ya con el número 8, de 15 de enero de 1911, en el que se publicó la lista de los representantes en provincias y extranjero, puesta en conocimiento de la Junta General del pasado mes de diciembre.

También encontramos las necrológicas de los socios José Robles, Cipriano Folgueras y de Isidro Nonell en febrero.

A partir de febrero se imprimía en La Gaceta Administrativa, situada en la calle Leganitos, número 54.

Entre junio y agosto, la redacción y administración de la revista pasó a la calle Serrano, 47, y en noviembre,  la redacción pasó a la sede social de la calle Caños, hoy Caños del Peral, que fue cuando dejó el cargo como Director de la revista Ceferino Palencia, y aunque la Gaceta siguió saliendo normalmente, su nombre desapareció de la cabecera precisamente en noviembre.

No será hasta abril de 1912 cuando oficialmente figuren en la cabecera como director Manuel Villegas, que contaba con la colaboración del periodista Joaquín Llizo.

En la Gaceta número 28 de octubre de 1912, encontramos publicada una carta que firma el maestro Joaquín Sorolla, dirigida a Manuel Villegas, en la que expone que “En la Junta de hoy se ha acordado por unanimidad que la dirección de la Gaceta sea anexa al cargo de Secretario, y así se lo participamos, dándole al mismo tiempo las más expresivas gracias por sus trabajos, el interés y el amor con que ha desempeñado el cargo”…

A lo que Manuel Villegas firma otra carta contestando que “Cuando me encargó la Junta de la dirección de la GACETA hacía yo funciones de Secretario, y cuando presenté la dimisión de mi cargo hice presente también que el número de aquel mes era el último que pensaba dirigir, porque creía que la GACETA debía estar unida a la Secretaria. A ruegos del entonces Presidente, nuestro amigo Chicharro, accedí a continuar hasta que encontrásemos quien se hiciese cargo de ese trabajo; y este verano, la última vez que nos reunimos, recordará usted que ofrecí la dirección al que la quisiese y nadie quiso aceptarla. Cito estos hechos para demostrar lo muy acertado que encuentro el acuerdo actual, por el que felicito a la Directiva. Siento no poder encontrar tan acertado el procedimiento ni felicitarles por la oportunidad. El procedimiento creo que debió ser llamarme a mí a esa sesión de la Junta antes de tomar acuerdo alguno con respecto a la GACETA, sobre todo si, como tengo entendido, se pensaba juzgar mi gestión y tratar de algunas resoluciones tomadas por mi últimamente en beneficio del periódico, pues pienso que no debe ser juzgada la gestión de un compañero sin oírle, aun cuando el juicio fuese tan favorable como me dice usted en su amable carta. Y la falta de oportunidad se manifiesta sólo con leer el artículo con que comienza este número, en que se determinan reformas y se anuncian planes de mejoras materiales para el porvenir, reformas y planes que podrían haberse dejado a la iniciativa de la nueva Dirección. Repito mi felicitación a la nueva Directiva por su unánime y acertado acuerdo, y hago a ustedes presente mi gratitud por las inmerecidos elogios de su carta”….

Publica después la Gaceta una nota bajo el título de “Unas palabras de despedida”, que firma también Manuel Villegas: “Me complazco en rogar a todos los asociados que acepten mis excusas por los retrasos que han sufrido la mayor parte de los números de nuestra GACETA, aun cuando siempre ha sido por causas ajenas a mi voluntad y a pesar de mis esfuerzos para evitarlo. Deseando entregar la GACETA al día, este número comprende la Situación de Caja, la Estafeta de la Asociación y la Gaceta Oficial correspondientes a Octubre y Noviembre. Creo haber prestado un gran servicio a la Asociación y al periódico, consiguiendo que un periodista de la alta inteligencia y exquisita cultura artística del Sr. Candamo, acepte el cargo de Redactor-jefe, a pesar del corto sueldo con que está dotado. Es mi único éxito de director de la GACETA, y espero que si nuestro cultísimo Secretario tiene -como creo- más fortuna que yo, y consigue lo que yo no he conseguido, que se aumente la reducida cantidad que hoy se destina a la GACETA, podrá recompensar mejor este importantísimo servicio y mejorar las condiciones editoriales del periódico, que bien lo necesita. Madrid, 5 de diciembre de 1912”.

MANUEL VILLEGAS BRIEVA

 

VILLEGAS BRIEVA, Manuel  P 1910 (F  )  1871      LERIDA     TOLEDO/MADRID   18.nov.1923

 

Manuel Villegas Brieva nació en Lérida en 1871.

Estudió en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid y en la Escuela de Artes y Oficios.

Consiguió premios y reconocimientos.

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1892 obtuvo la Segunda Medalla por la obra titulada “¡A la guerra!”.

Este premio le valió una pensión de la Diputación de Córdoba para estudiar en la Academia Española de Bellas Artes de Roma, bajo la dirección de Francisco Pradilla, de quien fue discípulo.

Allí terminó su formación como artista y llevó a cabo las obras más significativas de su carrera, por las que sería reconocido artísticamente.

Premiado también en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1895.

De vuelta a España, en 1910 firmó como Socio Fundador de la Asociación de Pintores y Escultores y fue nombrado Vicesecretario de la Junta Organizadora, siendo el encargado de la presentación de los Estatutos ante la Junta General del 26 de junio de 1910, ya que había colaborado en su confección.

Siguió de Vicesecretario con la primera Junta y un año más tarde, en 1911, se convirtió en el segundo Director de la Gaceta de Bellas Artes de la Asociación de Pintores y Escultores.

Muy activo en la actividad societaria, formó parte de la comisión para el estudio de la reforma de los Estatutos de las Exposiciones Nacionales de Artes Decorativas, así como de la de estudio de la Cooperativa que intentaba crear la Asociación.

 

 

Las doce en los Altos Hornos y bajo estas líneas, Último sueño de una virgen

 

En 1912 defendió ante la Asamblea General, en la que actuó de Secretario, la necesidad de la Cooperativa y además la creación de un grupo de socios protectores de la institución.

En junio de 1912 dejó la Junta Directiva para dedicarse con mayor profusión a la pintura.

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1912 logró la Primera Medalla con unos “panneaux” decorativos de las estaciones.

En 1913 ganó una Primera Medalla en la Exposición Nacional de Artes Decorativas.

Retrato de Manuel Villegas Brieva

 

Preocupado por los beneficios artísticos que reportaba la Asociación, el 17 de enero de 1915 presentó a la Asamblea General de la AEPE un proyecto alternativo al Montepío de artistas, donando obra para el festival benéfico que ese mismo año celebró la entidad para recaudar fondos.

En 1916 formó parte del comité de redacción de reformas de los Estatutos de la Asociación, a la vez que conseguía la Medalla de Oro de la Exposición de Panamá.

Siempre intentando ayudar y aportar su experiencia, en 1917 volvió a presentar a la Asamblea de la AEPE otro proyecto de Montepío para artistas.

En el Primer Congreso Nacional de Bellas Artes de 1918, que organizó la Asociación de Pintores y Escultores, representó a las Escuelas de Artes y Oficios presentando una ponencia, formando además parte del  Comité Ejecutivo del Congreso como uno de los Secretarios que tuvo.

Premio también en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1920.

La guerra

Mujeres del Valle de Ansó

Paisaje

Puerto

 

Participó en el I Salón de Otoño de 1920, donde figuró inscrito como “Villegas Brieva, Manuel; natural de Lérida; reside en Madrid, calle de las Hileras, número 4, y presentó la obra: 757.- “Cartel de la actriz Matilde Moreno (temple), 1,96 x 0,96.

Logró plaza de profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid.

En 1923 expuso en el Círculo de Bellas Artes un conjunto numeroso de cuadros que comprendían su vida de pintor y en los que se pudo ver cómo supo encauzar la expresión técnica y artística de sus obras, dentro de las corrientes del tiempo en que fueron realizadas.

Las críticas de la muestra nos hablan de “una obra digna de admiración de quien ha sabido evolucionar con el tiempo, no quedándose clavado en una época de su vida; del artista, que ha trabajado con sinceridad, poniendo en sus obras todo lo que ha visto, y poniéndolo como ha sabido; del artista que ha trabajado siempre para saber ver más intensamente y para saber expresar cada vez de un modo más adecuado sus visiones del natural”.

Ese mismo año fue nombrado Presidente del Jurado del Concurso Nacional de Grabado de 1923-1924.

En Madrid vivía en la calle Hileras, 4, aunque pasaba largos periodos en la ciudad de Toledo.

Falleció en Madrid, el 18 de noviembre de 1923, y fue enterrado el día 20 de noviembre.

Echadora de cartas

 

Además de cuadros de composición y retrato, se especializó en la figura femenina y en el arte decorativo. De pincelada amplia, la impresión repentina, modelado fácil y espontáneo, sus cuadros dan la impresión de una impaciencia agradable, de un colorido que fusiona la experiencia de la realidad con el ensueño. Sin perder sus cualidades de contemplador de la realidad, persigue fines idealistas, la elevación de la vida cotidiana más allá de los episodios vulgares, de los tipos representativos demasiado al alcance del arte.

Considerado como un tradicionalista acuciado por las modernas normas del color y del espíritu pictóricos, se muestra audaz orientado hacia una más amplia emotividad por medio del exaltados cromatismos.

Algunas de sus obras son “Entrada del puerto de Ribadesella”, “Puente de Cangas de Onís”, “Camarera”, “Castillo de Santa Catalina”, “Muchacha de Monte Mayor”, “Una gitana”, “Una corda”, “Víctimas del mar”, “Mujeres del valle de Ansó”, “Carmencita la gitana”, “La pedrera”, “Irene”, “Un accidente”, “Descanso de la modelo”, “Último sueño de una virgen” o “Las doce en los altos hornos”.

Angelita

 

Banco de sacristía

Bebiendo vino

Dama en el campo

 

Distintas obras de Manuel Villegas

 

 

 

Paula Millán Alosete

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

 

Paula Millán Alosete

 

Autorretrato, 1933

 

MILLAN ALOSETE, Paula   A.P.G.1944     10.mar.1899    MADRID   6.nov.1979  MADRID

 

Paula Millán Alosete nació el 10 de marzo de 1899 en la madrileña calle Atocha, en donde pasó su infancia junto a sus tres hermanas, con lápices y tizas, heredando el arte de su padre, Mariano Millán Velasco, pintor y escultor acreditado, restaurador y dibujante de la Cátedra de Anatomía de la Facultad de Medicina de Madrid.

Paula era completamente sorda, pero supo hacer de esta realidad un problema menor gracias al ambiente cultural en el que creció, rodeada continuamente de estímulos artísticos, acudiendo a la Escuela de Cerámica de La Moncloa, en Madrid, y teniendo por maestro al que fuera socio de la Asociación Española de Pintores y Escultores, Manuel Castro Gil.

Conoció a amigos y contertulios de su padre, muchos de ellos socios de la Asociación Española de Pintores y Escultores, como Cecilio Plá, Bagaria, Xaudaró y otros artistas de principios de siglo.

De la Escuela de Cerámica de La Moncloa pasaría a la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, en donde aprendió a trabajar con distintas técnicas como la acuarela, óleo, temple, xilografías y entelados para pared.

En 1917 obtuvo premio, previa oposición, en Enseñanza Artísticoindustrial de la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer, como recogió la Correspondencia de España.

En 1920 presentó la obra “Fruta en sazón” al I Salón de Otoño, comenzando así a ser conocida en los círculos artísticos de la época.

En 1924 presentó una portada de libro en la sección de Artes Decorativas de la Exposición Nacional de Bellas Artes.

En 1925 realizó su primera exposición en el salón permanente del Círculo de Bellas Artes, en donde exhibió cincuenta obras, de las cuales treinta eran óleos y el resto temples y acuarelas, como recogió la prensa del momento, que le dedicó un espacio especial, acompañado de una fotografía de la joven artista.

La artista en una fotografía de 1925

 

El Liberal del 6 de diciembre de 1925 incluía un artículo firmado por L.P.B. en el que destaca que es una primera exposición que presenta “un conjunto… digno de interés y estimable, por cuanto permite estudiar las facultades artísticas de la expositora. Hay en su producción escenas de la ciudad y del campo, asuntos y temas de intimidad familiar, algunos retratos y varios apuntes de paisaje… sus notas de paisajes…. donde la artista manifiesta con más espontaneidad, sin prejuicios, sus cualidades de colorista… no dudamos que ha de triunfar en su carrera artística, porque en plena juventud ha significado de un modo brillante reiteradas veces decidida vocación por el arte de la pintura y una laboriosidad digna de encomio”.

Nuevo mundo, 1925

 

La exposición significó un triunfo para Paula Millán, recibiendo además la visita de la Infanta doña Isabel, que felicitó a la artista por la belleza de sus obras.

En 1930 expuso en el Museo de Arte Moderno más de treinta dibujos y acuarelas que incluían desnudos y figuras y revelaron la base sólida recibida en la Real Academia de San Fernando.

El periodista Enrique Estévez-Ortega así lo recogió en La Esfera, en la que elogia los trabajos de Paula Millán, asegurando que “la acuarela carece de secretos para la señorita Millán… en donde se ve una extraordinaria soltura e indudable seguridad en la pincelada… en obras en las que acomete temas no del todo fáciles y con el noble afán de ir venciendo dificultades voluntariamente buscadas… Es una artista que está formándose aún, pero que ya tiene buenas condiciones, y en la que apuntan cualidades notables que hacen razonadamente fundar esperanzas en futuros logros”.

En 1932 participó en el XV Salón de Humoristas celebrado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid organizado por la Unión de Dibujantes Españoles.

Fotografía aparecida en Estampa, en 1936

 

En 1933 ganó la posición como Auxiliar artístico del Real Jardín Botánico de Madrid, plaza que ocupó hasta su jubilación en 1969 y que le permite colaborar con los más destacados botánicos del momento, aportando con sus dibujos y pinturas a mantener el nivel científico de la botánica española.

El Director del Real Jardín Botánico le dedicaría una especie nueva de Marruecos, en agradecimiento por los excelentes dibujos que realizó de la flora endémica española y en otros muchos trabajos.

La estrecha colaboración que mantuvo con Elena Paunero, conservadora del Herbario, dio como fruto la ilustración de artículos que esta última publicaba en los Anales del Instituto Botánico Cavanilles.

En 1936 presentó la obra titulada “En el río” a la Exposición Nacional de Bellas Artes, siendo recogido el hecho en la prensa, destacando lo publicado en Estampa, en donde se dedicó un espacio más que aceptable a las “Pintoras de nuestros días”, en un reportaje en el que se nos mostraba “Quiénes son y cómo viven algunas de las expositoras de la Nacional de Bellas Artes”.

 

 Alegoría de la Eucaristía

Real Jardín Botánico

Fuente de Apolo, aguafuerte

Los Jerónimos, aguafuerte

Puentedeume (La Coruña)

Casa de Campo

 

Se referían a la artista como “Una señorita trabajadora”, asegurando que “Paula Millán Alósete hace una vida como las demás, como las demás mujeres que no son pintoras… Paula hace una vida muy modesta, muy laboriosa”…

Paula compaginó su trabajo en el Botánico con el de profesora de dibujo científico en la Escuela de Estudios Auxiliares de Investigación, dependiente del CSIC, bajo la dirección de Amadeo Tortajada.

Participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1941, en la sección de grabado, con varias planchas.

En 1942 participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes. En 1947 logró un accésito en el Concurso Nacional de Pintura por la obra titulada “La guarda cuidadosa”.

A la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1945 presentó un bello cartón para tapiz titulado “En el río”.

En la VI Exposición Nacional de Arte Sacro de 1949 obtuvo Medalla de Plata en la sección de Dibujo.

En el XXVI Salón de Otoño de 1954 logró la Tercera Medalla en la sección de Grabado y Dibujo.

En los premios “Ejército” de 1956 consiguió uno de 4.000 pesetas y en 1957 otro del Ayuntamiento de Melilla por la obra “Cabeza de fraile”.

También pudo verse su obra en la I Exposición de Estampas de Navidad, en la modalidad de pintura, donde obtuvo la Medalla de Bronce.

En el XXIX Salón de Otoño de 1957 obtuvo la Primera Medalla de Dibujo y Grabado y en el Concurso Nacional de Bellas Artes de 1960 logró un accésit en la modalidad de grabado por un ex libris.

En el XXXII Salón de Otoño de 1962 consiguió la Tercera Medalla de la sección de Acuarela y entró a formar parte de la Junta Directiva de la Agrupación Española de Artistas Grabadores, quien fundara la entidad en 1923, fuera Presidente de la misma en 1933, y la refundara en 1952, y que fue además Socio de Mérito y Vicesecretario de la AEPE.

Cuantos la conocieron destacaron su bondad, espíritu afable y respetuoso, y la tremenda meticulosidad en lo concerniente a su labor profesional.

Solía trabajar con plumilla y tinta china sobre papeles hechos a mano, con marga de agua, bastante caros y difíciles de conseguir, destacando por su claridad y limpieza las ilustraciones, de trazo fluido y pulso firme.

Sus dibujos presentan un claro estilo anglosajón y en las acuarelas, también muy sobresalientes, queda clara su sólida formación en bellas artes.

Practicó, además, aunque con mucha menor frecuencia, el dibujo a la acuarela y al óleo, pero nunca dispuso de tiempo suficiente para poder llegar a hacer cosas importantes en esta especialidad. Ya jubilada, Paula, seguía trabajando por encargo.

Vivía en la Calle Atocha, 82, de Madrid,  en donde falleció el 6 de noviembre de 1979.

Sus estampas ilustran numerosas publicaciones botánicas con dibujos detallados y minuciosos.

Firmas autógrafas de la artista

 

escultura Mocina leonesa

 

Desnudo

Catedral de Burgos, grabado

Gitana

 

Paula Millán Alosete y la AEPE

Asidua al Salón de Otoño, su participación fue constante y fluida, contando con sus obras en un total de 28 ediciones del certamen, desde su primera edición en 1920 y hasta el año 1969.

Al I Salón de Otoño de 1920 presentó las obras:

481.- Fruta en sazón, óleo

482.- Cabeza de estudio, temple

483.- Cuadro con dibujos a pluma

III Salón de Otoño de 1922:

190.- Antonia, óleo 0,84 x 0,73

191.- Vendimia, óleo 1,02 x 0,84

IV Salón de Otoño de 1923

216.- Los últimos toques, óleo 0,92 x 0,79

V Salón de Otoño de 1924

232.- El té, óleo 0,95 x 1,21

233.- Panó con cuatro apuntes al óleo, 0,62 x 0,80

234.- Panó con cuatro apuntes a pluma, 0,60 x 1,08

VII Salón de Otoño de 1927

353.- Paisaje del Botánico, óleo 0,63 x 0,49

VIII Salón de Otoño de 1928

Tres desnudos femeninos

XI Salón de Otoño de 1931

312.- ¡Clavelitos!, temple 1,40 x 1,10

XVIII Salón de Otoño de 1944

209.- Recolección, temple

XIX Salón de Otoño de 1946

281.- La vuelta del trabajo, óleo

288.- Floreal, óleo

XX Salón de Otoño de 1946

9.- Lilas

XXII Salón de Otoño de 1948

87.- Vendimia

233.- Florista

XXIII Salón de Otoño de 1949

104.- Lagarteranos

10.- Desnudo, grabado

XXIV Salón de Otoño de 1950

49.- Paisaje, aguatinta

50.- La trilla, dibujo a pluma

64.- Desnudo, aguafuerte

66.- Virgen con el niño, aguafuerte

150.- Puesto de botijos, óleo

XXV Salón de Otoño de 1952

199.- El músico, óleo

447.- Estudio botánico

529.- Acueducto de Segovia, acuarela

550.- Catedral de Burgo de Osma, aguafuerte

551.- Procesión de Ntra. Sra. Del Carmen, dibujo

XXVI Salón de Otoño de 1954

93.- Retrato de mi madre, óleo

192.- Río Aye (Guinea), grabado

XXVII Salón de Otoño de 1955

98.- Patio de Cortiguera (Santander), acuarela

170.- Apunte, dibujo

XXVIII Salón de Otoño de 1957

45.- Jardín Botánico

XXIX Salón de Otoño de 1957

29.- San Pedro el Viejo, Madrid, óleo

51.- Bailarina, lápiz

55.- El responso, aguafuerte

431.- Desnudo, acuarela

XXX Salón de Otoño de 1959

154.- Florista

XXXI Salón de Otoño de 1960

61.- Casa de Campo, óleo

XXXII Salón de Otoño de 1961

55.- Patio de Mallorca, óleo

91.- La creación, arte decorativo

XXXIII Salón de Otoño de 1962

243.- Pescadora

XXXIV Salón de Otoño de 1963

223.- Patio de los Cipreses (Granada), óleo

XXXV Salón de Otoño de 1964

283.- Campesinas alavesas, óleo

XXXVI Salón de Otoño de 1965

173.- Puentedeume, óleo

XXXVII Salón de Otoño de 1966

343.- Gente en la playa

XXXVIII Salón de Otoño de 1967

372.- Albarracín

XXXIX Salón de Otoño de 1968

86.- Fiesta en Vigo

XL Salón de Otoño de 1969

229.- La Alhambra

 

imágenes del Archivo Moreno

Retrato de una mujer

Retrato de Domingo González-Regueral y Álvarez Arena

Retrato de un hombre

Mujer con cesto de flores

 

Desnudo femenino

Figura de mujer

Desnudo

 

Sin Titulo

Allium

 

Leyenda,  del Archivo Moreno

Dos mujeres en la mesa, del Archivo Moreno

 

 

Mujeres tomando café, del Archivo Moreno

Consagración de un obispo, del Archivo Moreno

Catedral de Burgo de Osma, aguafuerte

 

En el mercado

Desnudo

Lilas

Niño dormido

Retrato de mujer

 

Recordando… La Tertulia del Café de Pombo

Por Mª Dolores Barreda Pérez

Obras, artistas, socios, pequeñas historias…

 

La Tertulia del Café de Pombo

José Gutiérrez Solana

1920. Óleo sobre lienzo. 161,5 x 211,5 cm

 

Hace unos años el Museo Reina Sofía lanzó un espacio web que permite explorar obras de su Colección con un zoom de gran definición con el que analizar trabajos de algunos artistas, como el famoso cuadro por todos conocido, del que fuera socio de la AEPE, José Gutiérrez Solana, titulado “La Tertulia del Café de Pombo”.

A raíz de esta información básica, realizo distintas búsquedas básicas de esa obra en la red y compruebo, que en ningún medio escrito aparece que el cuadro se presentó en el I Salón de Otoño que organiza la Asociación de Pintores y Escultores, celebrado en octubre de 1920, al que concurrió el socio José Gutiérrez Solana, inscrito así como natural de Madrid, donde reside, en la calle de Santa Feliciana número 5.

A este I Salón de Otoño presentó Gutiérrez Solana las obras 363- “La guerra” (1,30 x 1,16), 364- “Las peinadoras” (165 x 1,35), 365- “Los clowns” (1,20 x 1,16) y 366- “La tertulia del Café de Pombo” (1,85 x 2,35). En el catálogo editado con tal motivo, aparece una reproducción de la obra en blanco y negro.

En la prensa de la época encontramos algunas reseñas a la obra, como la aparecida en la revista Cosmópolis de diciembre de 1920, en la que Ballesteros de Martos firmaba un largo artículo en el que incluía lo siguiente: “Las tres notas salientes del Salón de Otoño las constituyen los envíos de Daniel Vázquez Díaz, Gutiérrez-Solana y Gustavo de Maeztu. Los tres artistas representan el único anhelo de independencia moral e intelectual que allí puede verse…. “La tertulia del Café de Pombo”, que por sus pretensiones podría ser una obra maestra, no prueba más que la impotencia técnica y la parvedad intelectiva del pintor. Ni son retratos, ni son interpretaciones más o menos personales de las psicologías de los personajes, ni hay en el cuadro nada que revele el sentimiento artístico. Es vulgar de composición y mísero de medios expresivos. Los personajes parecen muñecos de trapo inexpresivos que están esperando la mano experta del ventrílocuo para que los anime y los saque de su hieratismo un poco grotesco”.

En La Ilustración española y americana del 8 de diciembre de 1920, Ramón Rivas y Llanos se expresaba así: “Si Gutiérrez Solana hubiera nacido sesenta años antes hubiera vivido en la época del asfalto y sería un gran consumidor de este color, hoy proscripto… Sus cuatro cuadros «La guerra», «Las peinadoras», «Los clowns» y «La tertulia del café de Pombo» son oscuros lodos y sucios de color. El caso de este artista es verdaderamente curioso. Temperamento de pintor, fue víctima de predicaciones literarias que tuercen su camino lanzándole por una vía que no es la de pintura, y sin orientación fija va perdiendo sus cualidades. Es un ejemplo de retroceso lamentable. El Sr. Solana no se ha percatado que sin luz y, por consiguiente, sin color, no hay cuadro. Los que le metieron en las andanzas extraviadas en que se encuentra no estaban sin duda al tanto del movimiento pictórico actual, aun cuando lo estuvieran del literario, y así le ha salido a este artista, que pretende hacer literatura con los pinceles, y !a pintura no es literatura, es otra cosa”….

Y en La Esfera del 20 de noviembre de 1920, Silvio Lago expresaba: “Ante todo se destacan los envíos de Daniel Vázquez Díaz y de Gutiérrez Solana. “El cartujo”, de Vázquez Díaz, y “Las peinadoras”, de Solana, tan distintos de concepto y de finalidad, tan alejados de inquietud sentimental, son las sendas obras que mejor les definen a cada uno. Luego hay –en ellos siempre- los aciertos del apunte de la “Cabeza de Unamuno” y del espejo superior en “La tertulia del Café de Pombo”….

Pero más allá de todo esto, recordamos que el Café y botillería Pombo era un antiguo establecimiento que abrió sus puertas a principios del siglo XIX y estaba situado en la Calle Carretas número 4 de Madrid, junto a la Puerta del Sol, una calle que por entonces estaba repleta de librerías y tiendas ortopédicas.

En el siglo XIX y hasta la Guerra Civil, los cafés eran instituciones fundamentales en la vida cultural de Madrid y de otras ciudades españolas, por las tertulias que en ellos se realizaban.

Muchos autores hablaban ya en el siglo XIX de la botillería Pombo, la más antigua de Madrid, un local modesto conocido por su leche merengada y por el sorbete de arroz que servía, pese a que algunos platos elaborados con arroz producían diarreas, por lo que era apodado graciosamente en Madrid como «el café de los cagones».

En 1915 Ramón Gómez de la Serna decidió abrir en el local su tertulia literaria de los sábados por la noche, que bautizó como “La sagrada cripta del Pombo”, con el permiso de Eduardo Lamela, dueño del local, y atrajo allí a intelectuales y artistas que se reunían hasta la una de la madrugada.

El local, que tenía una doble entrada abierta a un gran salón, que daba paso a cinco salas y acceso a los sótanos donde se reuniría la tertulia, era de techo bajo, casi angustioso, y decoración modesta, cuya única fuente de calor eran las lámparas de gas, aunque disponía de espejos, dos grandes relojes, servicio de limpiabotas y mesas rectangulares de mármol para cuatro personas.

En 1920 José Gutiérrez Solana, tomando como modelo una fotografía de Alfonso Sánchez Portela, hijo del fotógrafo Alfonso, pintó el cuadro titulado “La tertulia del café Pombo”, que presentó en el I Salón de Otoño de la Asociación de Pintores y Escultores, celebrado en el Palacio de Exposiciones del Retiro, que se inauguró el 15 de octubre de 1920.

Después, el cuadro pasó al Café de Pombo, donde presidió la “cripta” hasta el año 1937.

En el lienzo están retratados algunos de los integrantes habituales de la tertulia: Tomás Borras, periodista, comediógrafo, novelista y autor de cuentos, Manuel Abril, escritor, periodista y crítico de arte, José Bergamín, poeta, crítico, ensayista y autor teatral, Ramón Gómez de la Serna, anfitrión, Mauricio Bacarisse, poeta, novelista y ensayista, José Gutiérrez, pintor y autor literario, Pedro Emilio Coll, escritor venezolano, Salvador Bartolozzi, pintor y dibujante y José Cabrero Mons, pintor.

La mesa de reunión de la tertulia se conserva en el Museo Nacional del Romanticismo de Madrid.

La tertulia se mantuvo hasta el año 1936, en los inicios de la guerra civil española, y el local sobrevivió hasta el año 1942, en que cerró sus puertas para siempre.

El óleo sobre lienzo de Gutiérrez Solana fue un regalo del pintor a Ramón Gómez de la Serna, quien en 1947 lo donó al Estado español, quedando expuesto en el Museo Español de Arte Contemporáneo, hasta su traslado al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Café Pombo ,en la calle Carretas nº 4, cerca de la esquina con Sol

Firmas con sello de lujo: Tomás Paredes

Vilató,

100 Obras para un centenario 

 

Vilató en su estudio. Archivo Vilató

 

Al hablar de Vilató, de Javier Vilató, siempre recuerdo la escena de Zorba el griego en la playa con su amigo y jefe, éste le pide que le enseñe a bailar y Zorba – ¿has dicho bailar? – eleva los hombros y los brazos y le dice, ¡vamos!, y comienza el ritmo lento, cadencioso, misterioso, impresionante, de la música de Mikis Theodorakis.

O cuando estuvimos oyendo a Antonia La Negra, ella alzaba los brazos antes de entonar unos tangos y Vilató se levantaba como en un rapto ascensional. Javier le pidió a la vida que le enseñara a bailar y la vida le tomó de la mano, se puso las suyas en la cintura, y comenzaron a coreografiar los sabores, los amores, los dolores, los ardores y el duende de la existencia por alegrías.

Vitalista, seductor, abierto, auténtico, campechano, mollar, jugoso como una chirimoya o una granada, que tanto gustaba y pintó. La sonrisa delataba su carácter empático, amable, cordial, incisivo. Sólo le vi una vez enfadado, cuando nos mandó llevar al bronce un barro, que se había secado y al tratar de hacer el molde para la fundición, se abrió como como una flor y lo que era una mimosa cabeza de Ishikawa se redujo a un pequeño cúmulo de polvo. Alcántara lo había advertido, pero las catástrofes son caprichosas y fatalistas.

Hijo del doctor Juan Vilató y de Lola Ruiz Picasso, creció en la casa barcelonesa de los Picasso entre obras cubistas, en la Barcelona de los años treinta y desde niño su inclinación fue el arte. Quiso ser torero, pero dejó los trastos del toreo para tomar los pinceles con ahínco y construir una obra, que fue ahormándose con el tiempo y las circunstancias, hasta conseguir un lenguaje que le distingue y ensalza.

Femme debout, 1946-47, óleo/lienzo, 195×97 cm

 

Javier Vilató Ruiz (Barcelona 1921-París 2000) fue alumno de la vida, buscó denodadamente una expresión propia, ambientada entre las obras de Picasso que tenían en casa y luego voló hasta el borde de todos los acantilados. Tras la guerra, huye a Francia con su hermano Fin y Picasso, su tío carnal, tiene que rescatarles de los campos de refugiados que habían conformado los franceses.

Ante la invasión alemana, vuelve a España, donde le espera una larga “mili” y ya mediados los cuarenta con una beca del Gobierno francés regresa a París, donde se establece. En los cincuenta era una especie de cordón umbilical con el que el Maestro se relacionaba con el mundo, con sus visitas, con los españoles que querían conocerlo. Durante largos años su contacto fue asiduo y eso marca, en lo artístico y en lo personal.

Se han dicho tantas memeces sobre su estilo y sobre su trayectoria que merece un excurso el asunto de su influencia picassiana. Lo cierto es que sus mayores huellas estilísticas no vinieron del genio de Picasso, sino de Klee, Miró, siendo un consumado postcubista que emigró hacia una figuración biomórfica en la que construye su figura con la dislocación mágica de los miembros. Fue amigo de Wifredo Lam y eso se siente.

Y sin perder el hilo, pregunto: ¿quién no fue picassiano en los cincuenta/sesenta/setenta y aún? ¿Acaso Domínguez deja de ser un primera fila por su picassismo? ¿Y qué decir de Fernández, Viñes, Peinado, Bores, Clavé, por no citar sino a españoles? En 2016, en el Grand Palais se inauguró la muestra Picasso.manía, que daba cuenta de la gran influencia de Picasso en el arte posterior a su eclosión. Cuando a Barjola le acusaban de picassiano se sentía reconfortado y respondía: “es tanto lo que admiro a este hombre que me hacen un honor diciendo que tengo influencia de sus obras”. Vilató, fue el que más cerca lo tuvo y el que más luchó, no por alejarse de su sombra, sino por buscar ese icono que revelaba el ángel y la gracia que atesoraba.

Matsie au pull bleu, 1.I.1949, óleo de 81×65 cm

 

Tenía veneración por Picasso, como hombre y como artista; respeto, cariño, reconocimiento, sabiendo con quién se conjugaba. Cuando Kahnweiler quiso representarlo, no aceptó su invitación, no por miedo, sino por evitar confusiones.  En 1995, la Fundación Arte y Tecnología de Telefónica, en su sede madrileña, montó una de las mejores exposiciones que se han hecho de su obra: “Vilató. Colecciones europeas”. En la rueda de prensa de su presentación, ante tanta pregunta sobre Picasso, Vilató comentó: “Ayer murió un magnífico pintor español en Francia, en lugar de tanta preocupación por Picasso, alguien debería haberme preguntado por la vida y obra de ese artista excepcional”.

Vilató se inicia en la figuración, pero en seguida revela su ansia de renovación y con ecos cubistas, ya en 1939, deja constancia de una forma de hacer que tendrá normas singulares. Sigue hurgando en las estructuras cubistas, pinta excelentes retratos de la poeta griega Matsie Hadjilazaros, pasa por el divisionismo y luego, cuajado de ternura, se entrega a una figuración vanguardista y exquisita. Hay retratos de Marianne Torstenson que son un primor, pintura genuina, elegancia plástica y sensual espiritualidad.

En el catálogo de la exposición de Telefónica, hay textos magníficos de Juan Manuel Bonet, André Verdet, Douglas Cooper y uno, del abajo firmante, sobre el retrato. Telefónica además editó otro volumen de consideración sobre su Escultura. Quiero recordar la figura de Roberto Velázquez, director general de la Fundación Telefónica, que fue un gran admirador y difusor de la obra de Vilató. Y no sólo eso, inicio varias colecciones de interés plástico e histórico, convirtiéndose en el mejor momento de esta Fundación, que se fortaleció gracias a la inteligencia de Roberto Velázquez.

Le bikini rose, 1977, óleoi/tela, 100×81 cm

 

Vilató es un creador plástico de largo alcance, de entidad consistente, porque si es un pintor importante, en la escultura fue un innovador y en el grabado un maestro. Muralista variado, realizó obras con azulejos y en cobre repujado. Y no sólo eso, íntimo de poetas como Jacques Prévert, Andrée Chedid, Verdet, Hadjilazaros, Embirikos, Elytis, Althen, Porcia, Holguin, dibujó y grabó para libros de poemas que han quedado como luminarias de la bibliografía.

El Museo Casa Natal de Picasso de Málaga exhibe la exposición central de esta conmemoración, 61 obras, comisariada por su hijo Xavier Vilató; el Centre Pompidou de Málaga le dedica una sala con 9 obras. Museo del Grabado Español Contemporáneo de Marbella muestra su obra gráfica, con sus magistrales maneras negras. El Museu Picasso de Barcelona los “dibujos de teléfono” a los que tan asiduo era nuestro pintor. Y la Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Almoradi, obras relacionadas con el paisaje levantino y con Lo Mompeán, donde Vilató veraneó los últimos treinta años de su vida.

Desde luego que el impulsor de todo esto ha sido su hijo Xavier, pintor y grabador de reconocido prestigio, con la colaboración de su hermana Adela y de la segunda esposa de Vilató, Marianne Torstenson. Pero no puedo dejar de felicitar a José María Luna, director del Museo Casa Natal de Picasso y de los otros museos municipales de Málaga- Centre Pompidou, Museo Ruso, etc- por su decisión y su clarividencia a la hora de organizar esta magnífica celebración.

Buste, 1980-81, óleo/lienzo, 73×60 cm

 

Tanto Barcelona, como Málaga y Marbella deben mucho a la familia Vilató Ruiz. Y más que a nadie a la figura de Javier Vilató, por hacer de puente entre instituciones y familia, cuando no existía relación, y por las piezas, objetos y recuerdos que donaron sin lucro alguno a las mencionadas instituciones malagueñas y barcelonesa. Esta era una ocasión de lujo para mostrar elegancia. Y ha sido el Ayuntamiento de Málaga, a través de su Alcalde y de José María Luna, quien más elegante se han mostrado.

La blouse blanche, 1981-83, óleo de 92×73 cm

 

Javier Vilató es un pintor, escultor y grabador de consideración de la segunda mitad del siglo XX y requería una revisión a los veinte años de su fallecimiento y a los cien de su nacencia. Y que quede bien claro, una cosa es su altruismo, y otra la dimensión de su obra. Y, sin un ápice de nacionalismo cutrero, manifiesto que en España no defendemos como debiéramos la obra de nuestros talentos plásticos. No se trata de encerrarnos, sino de abrirnos a todo, pero mostrando lo que tenemos de más valía. Y, ¡helas!, eso no lo sabemos hacer y no lo hacemos. ¿Dónde está el “Reina Sofia” en esta celebración?

Asistí a muchas de sus exposiciones y presentaciones, conocí a distintas personalidades de su mano, sé en los museos del mundo donde está representado, en las colecciones de Europa donde brilla, la bibliografía que generó y todo eso son elementos objetivos de su dimensión. Sus colegas: Guansé, Pierrette Gargallo, Subira-Puig, Segovia, Lucien Freud, por citar lo que he presenciado, hablaban de su obra con admiración. Igual sucedía con críticos, poetas, galeristas.

Nu assis, 1999, 81×65 cm, la última obra que pintó

 

A la exposición de la Casa Natal acompaña un cumplido catálogo con la imagen de las obras expuestas, textos institucionales y de Xavier, Minteguiaga-Guezala, el poeta Rafael Inglada y Germán Borrachero. Ahí está una síntesis de su vida y de su obra; desde las primeras piezas que pintó o esculpió al último cuadro que hizo, Nu assis, septiembre-diciembre de 1999, óleo sobre tela, 81×65 cm.

Les invito a ver esa exposición, a verlas todas claro, pero ésta y las piezas del Centre Pompidou son suficientes para disfrutar de un arte limpio, de un ejercicio de depuración hasta lograr su idiolecto. Vemos como lucha para salir de la figuración inicial, como se engancha al cubismo, haciéndole suyo, y como navega por el puntillismo hasta que las aguas se aclaran en las playas de Klee, para hacer una pintura intimista, poética, lírica, una meguez en las mejillas del espíritu.

Tocó todos los géneros, deshizo todas las formas para darles un sesgo nuevo, hizo del blanco un mundo donde cabe la sensualidad, la luz, el misterio, la emoción y la magia. Erotiza con inocencia, deconstruye para armonizar, colorea para traer tonos usados a la luminosidad. Diluye la luz en albura del óleo permitiendo una sonrisa en sus cuerpos de cal ardiente.

Hay en la exposición malagueña una tela pintada al alimón con Picasso. Creo que se puede ver la mano de uno y otro. Es Naturaleza muerta, s/t, 1947, óleo/lienzo, 81×65 cm. Se cuentan con los dedos de una mano las obras que Picasso hizo a cuatro manos- Max Jacob, Braque, Luis Fernández, F. Gilot y Vilató- Un honor que cupo a un selecto grupo de familiares y amigos, que resulta confortante y aleccionador.

En el retrato destacó Vilató con aire muy personal e incisivo. Entiendo que cien obras para cinco sedes obligan a una contención y estricta selección, por lo que son escasos los retratos expuestos, pero los hay. Era un profundo conocedor del retrato en la historia del arte, con predilección por los maestros renacentistas italianos y alemanes. Y eso se deja ver en muchos de su autoría.

Antes de pintar un retrato, hacia cientos de dibujos, sin exagerar, algunos serían menos, pero por hábito, dibujaba a su retratado con fragmentos de su rostro y perspectivas desde distintos ángulos. Los ojos, la boca, los pómulos, el pelo, la sonrisa; en fin, hacía un estudio exhaustivo que luego sintetizaba con los trazos de su pincel. Los hay en todos los formatos, pero siempre captando el carácter y la fisonomía de sus modelos: Marianne, maître Roger Huaert, la baronesa Alix de Rothschild, el marchante Joshua Araw; Carmen Juste, que tanto gustaba a Giacometti; Matsie Hadjilazaros en el Venaken Museum de Atenas; Portrait de Germaine, Marie-Pascal Widemann, Madame Simone Sandoz, Prof. Pierre Vidal-Naquet…

Había nacido en la misma fecha que su amigo Matta, diez años después, para dejar constancia en la historia de un arte con carácter y con poesía. Su obra no ha dejado de crecer desde su muerte y ahora reclama una mirada natural, amiga, clara, sonriente, como su vida. Fue un valiente ante la enfermedad y ejemplo de hombre de una pieza. Los que fuimos testigos de ello debemos recordarlo. Y agradecerlo. Hoy vuelvo a escuchar la voz de cobre y terciopelo de Manuel Agujetas, que tantas veces le cantó, entonando unos martinetes por su gloria.

Tomás Paredes

                   Presidente de H. de la Asociación Española de Críticos de Arte/AICA Spain

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes de la AEPE: Ceferino Palencia Álvarez Tubau

Por Mª Dolores Barreda Pérez

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes

de la Asociación Española de Pintores y Escultores

 

La  Gaceta de Bellas Artes 1910-1911

Como hemos visto, el primer número salió bajo la dirección de Ceferino Palencia Tubau en calidad de Redactor-Jefe, pero ascendido a Director antes del segundo número, sin dejar de ser Redactor-Jefe.

El coste del primer número, en julio de 1910, fue de 160 pesetas, que se rebajaron a cien pesetas para el número de diciembre de 1910, a 85 pesetas en enero y a 75 pesetas en febrero, al parecer mediante una especie de contrato con la casa impresora.

También se bajó el sueldo al Director en enero de 1911, de 100 a 79 pesetas.

Se imprimía en «La Editora», situada en la calle de San Bernardo, número 19 de Madrid, vendiéndose por suscripción, a razón de 1,50 pts. al semestre, y de 2,50 pesetas la anualidad.

En febrero de 1911 se imprimía en «La Gaceta Administrativa», en la calle de Leganitos, número 54, estando la redacción en junio de 1911, en la calle de Serrano, número 47.

La nueva revista tenía como objetivos los que marcaban los Estatutos, pero también unas limitaciones que como ya hemos visto, quedaban expuestas de forma clara en el primer número, “no ocuparse en elogio ni en censura de ninguna obra de los asociados para evitar apasionamientos”.

La Gaceta recogió los Reglamentos de Exposiciones Nacionales, los de la Internacional de Roma, Congresos Artísticos Internacionales etc.

El primer número daba cumplida cuenta de la fundación de la Asociación de Pintores y Escultores, publicándose los estatutos reglamentarios y el listado alfabético de los socios fundadores y de los socios de número, donde se podían ver los nombres de los más ilustres y afamados artistas de la España del momento.

Figuraba también un extracto de los acuerdos de la “Gaceta de Madrid”, relativos a reglamentos de Exposiciones Nacionales, oposiciones y nombramientos oficiales, noticias generales de arte en España y de todo el mundo, que hoy en día constituyen una referencia indispensable para los investigadores de la historia del arte, la venta de cuadros en los principales países del mundo, una relación de concursos nacionales e internacionales,  exposiciones abiertas en España y en el extranjero, una sección de los libros y publicaciones de interés para los artistas, e incluso extensos artículos sobre las técnicas pictóricas más tradicionales que debía conocer todo artista.

En algunos números, historias en capítulos sobre el Arte Industrial de los tejidos, e importantes artículos como “Derechos de propiedad”, que ya eran fuente de preocupación e interés en la Asociación de Pintores y Escultores, el “Discurso de Adolfo Apolloni” leído ante la lápida conmemorativa de Mariano Fortuny, el robo de la “Gioconda” de Vinci, el Robo de la “Santa Ana” en el Prado o una primera comparativa entre la “Gioconda” de Madrid y la del Louvre.

Figuraban en los primeros números ya algunos anuncios locales e importantes internacionales de Londres, Bruselas, Dusseldorf y París.

A partir del número 5 se incluía un listado de modelos dividido en tres categorías: mujeres, hombres y niños.

También incluía interesantes artículos de opinión como el titulado “A propósito de la creación de un Museo de Artes Decorativas”, que firmaba Rafael Doménech y en el que se pedía la apertura de este museo específico y necesario para el patrimonio nacional. O sobre la nueva Escuela de Cerámica en un artículo de Francisco Alcántara, el que fuera su director y también socio de la AEPE.

Y por supuesto, información societaria de interés general, como actas de las Juntas generales o como la Memoria de gestión que en el número 6, correspondiente a diciembre de 1910, firma el Vicesecretario de la entidad.

El primer cambio de cabecera tuvo lugar con el número 8, del 15 de enero de 1911, año 1.

Ceferino Palencia fue el responsable de los quince primeros números de la revista, que incluía como dirección de la Administración la calle Ayala, número 26.

Entre junio y agosto, la redacción y administración de la revista pasó a calle Serrano núm. 47, lo que nos hace pensar que Ceferino Palencia, ante los cambios del local de oficinas, decidió trasladar la redacción a su casa.

En noviembre la redacción pasó a la sede social de calle Caños, hoy Caños del Peral, momento en el que dejó el cargo como Director de la revista, pues lo cierto es que, aunque la Gaceta siguió saliendo normalmente, el nombre de Ceferino Palencia desapareció de la cabecera precisamente en noviembre de 1911.

 

CEFERINO PALENCIA ALVAREZ TUBAU

 

 

Pintor, aguafuertista, historiador, crítico de arte, escritor, dramaturgo, ensayista y político madrileño nacido en 1882.

Era hijo del popular dramaturgo y empresario teatral español Ceferino Palencia (1859-Madrid 1928), nacido en Fuente de Pedro Naharro, provincia de Cuenca (al igual que el actual Vicepresidente de la entidad, Juan Manuel López Reina) y de la gran actriz María Tubau (Madrid, 1854- Madrid, 1914), cuyo nombre artístico teatral era María Álvarez Tubau, y que más tarde adoptaría como pseudónimo su hijo Ceferino, así como su hermano, el diplomático Julio.

La actriz María Tubau, madre de Ceferino

Ceferino Palencia, padre del director

 

Ceferino Palencia Álvarez Tubau estudió el bachiller en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid y derecho en la Universidad Central de Madrid. Una vez terminados sus estudios desempeñó diversos cargos públicos en la Segunda República: fiscal; juez del distrito de Buenavista; Gobernador de las provincias de Almería, Guadalajara, Teruel y Zamora; embajador de España en los Países Bálticos.

Como hombre público, ejerció su compromiso social, que desarrolló desde una inicial postura republicana, llegando a estar algún tiempo exiliado en Francia, en incluso encarcelado, durante la dictadura de Primo de Rivera y hasta su adscripción al PSOE.

Su relación con el mundo de la pintura se debe a su amistad con el fundador de la Asociación de Pintores y Escultores, Eduardo Chicharro, con quien estudió arte, coincidiendo ambos con el pintor mexicano Diego Rivera, afincado en España en esa época.

Se casó el 6 de julio de 1909 con la escritora, actriz y diplomática Isabel Oyarzábal, a quien conoció mientras ésta trabajaba como actriz teatral en la compañía de María Tubau y Ceferino Palencia con el sobrenombre de Isabel Aranguren.

El matrimonio tuvo dos hijos: Ceferino (1910) a quien todos llamaban Cefito y María Isabel, conocida como Marisa (1914) y pasó por varias crisis surgidas por la debilidad que al parecer sentía Ceferino por las faldas femeninas, y se trasladaba continuamente de residencia por motivos laborales; así, llegarían a vivir en Suecia, Finlandia, París, Nueva York…

Con su mujer escribió alguna obra como “El arte en la cocina y la cocina en el arte”.

Ceferino en una fotografía de 1938

 

Como pintor, realizó algunas exposiciones y se presentó a distintos certámenes nacionales. Participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1915, logrando la Tercera Medalla, Medalla de Bronce en la Internacional de Panamá y Tercera Medalla en la Nacional de 1924 en grabado y obtuvo el Premio Nacional de Pintura, en 1920 y el Premio Nacional de Grabado en 1924.

Ceferino Palencia caricaturizado por Tovar, 1921

 

Socio fundador (número 126) de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Presentó tres obras al III Salón de Otoño de 1922, en donde figuró inscrito como “Palencia y A. Tubau, Ceferino; natural de Madrid; reside en Villamagna, 2 cuadruplicado”: 221.- “Japoneses”, óleo, 0,66 x 0,80; 222.- “Servicio de té”, óleo, 0,66 x 0,80 y 223.- “Flores”, óleo, 0,57 x 0,53.

Naipes

 

Pierrot y Pierette

 

Paisaje, obra de Ceferino en una tarjeta postal

 

En el campo de la literatura también obtuvo grandes reconocimientos, como el Premio Nacional de Literatura, en 1930, estando entre sus obras más conocidas, una adaptación al teatro de El fantasma de Canterville, de Oscar Wilde, alguna comedia y una monografía sobre Leonardo Alenza.

Realizó críticas de arte para La Época, El Debate, La Tribuna, La Jornada y otros diarios y pronunció variadas conferencias de tema artístico.

Ocupó importantes cargos en instituciones artísticas y educativas de gran prestigio a nivel internacional. En 1939 fue secretario del Museo de Arte Moderno de Madrid.

Durante la Guerra Civil Española se exilió como refugiado a México, de donde más tarde, en 1942, obtuvo la nacionalidad.

Ceferino y su esposa en México

 

Durante su estancia en el país sudamericano, ejerció de profesor de historia del arte en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM y en la Esmeralda del INBA.

El Director fotografiado en México

 

Cabe destacar, que además de ejercer como docente, realizaba algunas traducciones. También fue Vicepresidente del Ateneo Español de México.

Por otro lado, durante su estancia fuera de España, fue un asiduo colaborador de las revistas Las Españas y Novedades durante más de 30 años.  Además, participó en la creación del suplemento México en la Cultura.

Ceferino Palencia, Isabel, Elisa Morales y Bernardo Giner de los Ríos 27 de Enero, 1958, México

 

Publicó también libros especializados en historia del arte, y monografías sobre Pablo Ruiz Picasso, Leonardo Alenza o Rufino Tamayo (El Arte de Tamayo, Picasso y El Arte Contemporáneo en México), entre otras muchas publicaciones.

Falleció en México en 1963, a la edad de 80 años.

La familia Palencia Oyarzábal en la embajada de España en Suecia en 1938: Marissa, Cefito Palencia Oyarzábal, sentada la autora y Ceferino Palencia Álvarez-Tubau

 

Julia Alcayde de Montoya

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

Julia Alcayde de Montoya

Autorretrato al pastel

 

ALCAIDE DE MONTOYA, Julia  P   <1920    GIJON   MADRID

 

Julia Alcayde Montoya nació el 22 de mayo de 1855 en Gijón. Era la menor de los tres hijos del matrimonio formado por Manuel Alcayde, militar profesional que llegó a General, y por Julia Montoya.

Siendo muy niña, la familia se trasladó a vivir a la capital, donde desarrolló toda su vida personal y profesional, si bien no perdió nunca el contacto con su tierra natal, regresando a Asturias siempre que le era posible.

En su juventud se sintió atraída por la poesía, logrando a lo largo de su vida conocer y tratar a famosos poetas como Zorrilla, Antonio F. Grilo o el pintor y periodista Octavio Picón, que además le dedicaron versos.

Su hermano Fermín, gran dibujante y pintor en horas de asueto, le inculcó la afición a la pintura y le enseñó los fundamentos técnicos del arte pictórico, aunque como su padre, era también militar y llegó a general como él. Gran amante de la pintura, dejó grandes cuadros que confirmaban su talento, dirigiendo la primera formación artística de Julia, que continuaría de forma autodidacta.

Su habilidad como dibujante hizo que ganara el primer premio del concurso de pintura que organizó el periódico “El Noroeste” de Gijón, lo que la llevó a frecuentar el estudio de Manuel Ramírez, que por entonces dirigía la Escuela de Artes y Oficios de Madrid.

Paisaje

 

Racimo de uvas

 

Gladiolos

Flores

 

Animada por su profesor, comenzó a presentarse a las exposiciones nacionales a partir de 1885, siendo la primera pintora asturiana en presentarse a las mismas y concurriendo desde entonces de forma regular y asidua a las mismas, así como a certámenes y muestras de arte.

Su desahogada posición económica hizo que pudiera dedicarse por entero a la pintura, siendo con Sebastián Cessa con quien se especializaría con el tiempo en los bodegones que marcarían su carrera en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid.

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1890, la reina María Cristina le compró un cuadro titulado Frutas.

En la Exposición Internacional de 1892 lograría la Medalla de Tercera Clase.

En 1893 participó en la Exposición Internacional de Chicago.

Fue la única mujer seleccionada para participar en la Exposición Internacional de Viena de 1894.

En la Exposición de 1895 conseguiría la Medalla de Tercera Clase.

En 1897, en la Exposición Nacional de Bellas Artes competiría con un jovencísimo Pablo Ruiz Picasso, que por aquel entonces tenía sólo 16 años, y cuya obra, Ciencia y caridad, obtuvo una Mención de Honor.

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1899 obtuvo la Segunda Medalla.

En 1903 participó en la exposición del Círculo de Bellas Artes, consiguiendo la Primera Medalla, siendo la primera mujer en obtenerla en una institución que posteriormente la declararía “Socio de Honor”.

Julia con algunos familiares en 1905

 

En 1907 se presentó a las Exposiciones de Bellas Artes de Berlín y Múnich, donde logró un éxito notable, hasta el punto de que algunos museos de estas ciudades adquirieron obras suyas

Participó en la Exposición Internacional de Bruselas de 1910, en la Internacional de Buenos Aires de ese mismo año y en la de Roma de 1911.

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1912 lograría también la Segunda Medalla.

Julia Alcaide votando en la Exposición Nacional de BBAA de 1912

 

En 1913 participó en la Exposición Internacional de Munich.

Participó en el Salón de Otoño de 1920, 1932 y 1933, y en el Salón de Pintura de Artistas Femeninas, celebrado en 1929.

Julia Alcayde llevó siempre una vida sencilla dedicada a la pintura.

Su última exposición tuvo lugar en 1935, cuando contaba ya con 80 años, a partir de la cual se retiró de la vida artística y social.

Su estado de salud comenzó a resentirse, y la profunda sordera que padecía la obligaron a permanecer en casa, ya que se veía obligaba a comunicarse por signos, pero esa sordera no impidió que dejara de pintar ni de exponer.

Permaneció soltera toda su vida y murió sin herederos el 18 de febrero de 1935 en su domicilio de la madrileña calle Columela, 10, perpendicular a la calle de Alcalá, frente al Parque del Retiro.

De ella escribió el poeta Antonio F. Grilo en la dedicatoria de su libro Ideales: “A la más bella y espiritual de las mujeres; a la Reyna de las artistas españolas, al pincel más inspirado de las frutas y de las flores; a mi niña mimada Julia Alcayde”.

A lo largo de su vida profesional recibió comentarios muy laudatorios por parte de la crítica aparecidos en prestigiosas revistas de la época como el Blanco y Negro, La Ilustración Española y Americana, ABC, El Sol, la revista Asturias, El Noroeste de Gijón, y en otros muchos periódicos y revistas.

El puesto de mi calle

Flores

Julia Alcayde está considerada como una de las mejores pintoras españolas de finales del siglo XIX y principios del XX, destacando por sus bodegones y escenas de caza, si bien también trabajó el paisaje con gran maestría, la escena costumbrista y el retrato.

Las composiciones de floreros y bodegones con los que se granjeó un sólido prestigio, la situaban a la altura de bodegonistas como Zurbarán, Gessa, Nonel o Juan Gris.

Su obra se enmarca en una reproducción fiel de la naturaleza y sus connotaciones climatológicas que se convirtieron en el sello diferenciador de la pintura asturiana de finales del siglo XIX.

Frutas. Museo del Prado

 

Es una de las primeras artistas asturianas de relieve y una de las máximas representantes del bodegón burgués.

Trabajó diversas técnicas: óleo, acuarela, cera, pastel y dibujo a lápiz, siempre dentro de una cierta unidad de estilo.

En su larga vida le tocó convivir con una constante sucesión de movimientos de vanguardia, desde el fauvismo al expresionismo, y, aunque en su etapa final se aprecia una cierta evolución técnica, en forma de una pincelada más suelta y atrevida, no se dejó influir decisivamente por ninguno de los movimientos artísticos de su tiempo.

Su obra se encuentra en museos como el del Prado, la Casa Museo de Jovellanos, el Museo Nacional de Arte de Cataluña, en el Museo de Zurich y en el de Berna, en infinidad de instituciones públicas y numerosas colecciones particulares de España, Munich, Berlín, Berna, Zurich, Chicago, Buenos Aires o Suiza.

Naturaleza muerta. Museo de Cataluña 

Retrato de dama

 

Algunos de sus cuadros más significativos son: Bodegón de caza (1897), El puesto de mi calle (1899), Autorretrato (1903), Bodegón de uvas, Bodegón de fruta (1897), Ermita de San Saturio, Rincón de Carabanchel, Señora con mantilla, Retrato en azulFrutas, 1890 y, en cuanto a dibujos, El niño de la carretilla y Viejo molino, entre otros.

Estudio de flores

Gitana con pañuelo

 

Julia Alcayde y la AEPE

Al I Salón de Otoño de 1920 concurrió inscrita como Julia Alcayde, natural de Gijón, reside en Madrid, Calle Columela, 10, y presentó las obras

11.- En el campo, óleo, 1,47 x 1,23

12.- Bodegón, óleo, 0,99 x 0,74

13.- Higos, óleo, 0,72 x 0,65

Al XII Salón de Otoño de 1932 presentó una única obra:

126.- Primavera, óleo, 1,24 x 1,50

Al XIII Salón de Otoño de 1933 concurrió con la obra

295.- Bodegón

 

Naturaleza muerta

Retrato de joven con manto amarillo 

Obra presentada al I Salón de Otoño

 

Esquela aparecida en el diario ABC

 

Medalla conmemorativa de Julia Alcayde de artista desconocido

 

Retrato 

Retrato

 

Firma autógrafa de Julia Alcayde

 

 

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes de la AEPE

Por Mª Dolores Barreda Pérez

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes

de la Asociación Española de Pintores y Escultores

 

En el número correspondiente al mes de octubre, abordamos la biografía del último artista que da nombre a las Medallas que otorga la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Muchas han sido las propuestas que he valorado para abordar otra serie de biografías de artistas relacionados con la centenaria entidad.

Como quiera que en años anteriores la Gaceta de Bellas Artes ya emprendió la tarea de dar a conocer la vida de los Presidentes de la AEPE, referentes indiscutibles en el mundo del arte en la España del siglo XX, me ha parecido más oportuno emprender la tarea de divulgación de una faceta menos conocida de la historia de nuestra institución, como es la de presentar las biografías de quienes dirigieron la Gaceta de Bellas Artes.

Nos encontramos con personajes ilustres, prestigiosos y afamados, algunos completamente desconocidos, pero en todos los casos, auténticos profesionales de sus respectivas ocupaciones, que bien merecen unas líneas y son parte de la historia del arte de España y por supuesto, de la historia de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Me propongo recuperar la memoria de quienes un día, tuvieron en sus manos gloria, ocasión y anhelos por hacer del proyecto común de la Asociación de Pintores y Escultores, un referente indiscutible en el mundo del arte de España.

cabecera 1

 

Nacimiento de la publicación

La España de principios del siglo XX comienza con la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Una derrota que supone una importante crisis de identidad para la política de la Restauración, y la necesidad urgente de construir una conciencia nacional desde una perspectiva moderna, equiparable al resto de países europeos.

Los cambios de todo tipo en la España de 1900 afectan a la política, a la sociedad, la economía y por supuesto, a la cultura y al arte.

La diversidad estética que surge en estos primeros años, a los que muchos llaman la “Edad de Plata” de la cultura española por el gran número de artistas surgidos, hará inevitables cambios en la forma y en el fondo del mundo del arte.

Los artistas españoles encuentran en París el lugar ideal donde más cambios se están produciendo en las tendencias plásticas, si bien en el arte oficial continúa predominando el academicismo, el historicismo y el eclecticismo.

Poco a poco, los propios artistas van asimilando la modernidad y el rupturismo, eclosionando en las vanguardias, caracterizadas por una innovación estética.

Pero los artistas también sienten la necesidad de agrupar sus fuerzas y desvelos, para defender sus intereses materiales y artísticos, para fomentar todas las manifestaciones del Arte por medio de exposiciones, para prestarse un mutuo apoyo, para hablar del arte, para tramitar los asuntos del arte que a todos atañen y están en manos de funcionarios ajenos al arte.

Y con ese espíritu, se funda la Asociación de Pintores y Escultores en 1910, bajo el reinado de Alfonso XIII, que tanto apoyo prestó a la institución.

Una entidad que necesitaba dar voz a sus ideales y que vio la necesidad de contar con una revista oficial de arte, que se ocupara en exclusiva de los temas artísticos y culturales, pero sobre todo de las artes plásticas.

La Gaceta de Bellas Artes nace así como revista mensual, con el deseo de dotar a los artistas de un medio específico, respondiendo a la necesidad de contar con todo tipo de informaciones relativas a las bellas artes.

Una idea novedosa y vanguardista, valiente, que nacía frente a los gigantes que en la época se publicaban, revistas ilustradas como Nuevo Mundo, Mundo Gráfico, Alrededor del Mundo, Blanco y Negro y La Ilustración Española y Americana (La Esfera, otro de los referentes de la época, nació en 1914).

Pero frente a ellas, era necesario contar con una publicación en la que la información específica de las artes plásticas, representara la referencia cultural por antonomasia para los artistas y amantes de las bellas artes de España y en la que además, tuvieran cabida otro tipo de manifestaciones y notas culturales literarias, con artículos, poesías, colaboraciones, críticas de arte e informaciones varias.

Portada número 1 Gaceta Bellas Artes

 

La Gaceta de Bellas Artes

La Gaceta de la Asociación de Pintores y Escultores, nació como órgano de información y comunicación de la entidad, fundada en abril de 1910, coincidiendo con la primera Asamblea General de la misma, celebrada en julio del mismo año.

En el primer número, correspondiente a julio de 1910, se publicaban los motivos de la fundación de la Asociación de Pintores y Escultores, especificándose que “Se compromete también la Asociación a crear un “Boletín o Gaceta” de información general de arte, en donde se dará cuenta al propio tiempo de la marcha administrativa de la Sociedad, y en cuya “Gaceta” se obligan, para evitar toda preferencia o apasionamiento, a no ocuparse en elogio ni en censura de ninguna obra de los asociados”.

Esta publicación que actualmente, como la muestra lo indica, será únicamente de información, puede ser pasado algún tiempo una revista de importancia grande y de excepcional interés. Puede, conservando el fin para que fue creada, ser una publicación de extensa información artística, dándole aquí a la palabra información el más amplio sentido que puede tener, abarcando todo cuanto al Arte se refiera reproduciendo obras y dando cuenta de ellas por cuantos medios pueda disponerse.

Órgano oficial de los artistas españoles, todos han de prestarle su auxilio; y con elementos de tal fuerza, es incalculable medir la importancia y transcendencia que en el arte puede llegar a tener”.

Y después, transcribía los estatutos fundacionales.

 

Breve historia de la Gaceta de Bellas Artes

Inicialmente se llamó Gaceta de la Asociación de Pintores y Escultores, a imitación del nombre de la Gaceta de Madrid, que era el entonces boletín oficial del Estado del que tomaba algunas de las noticias de interés para los asociados.

Salió a la calle incluso antes de la primera Junta General, bajo la dirección de Ceferino Palencia Tubau en calidad de Redactor Jefe, que ya en el segundo número figuró como Director.

A partir de 1921 se llamó «Gaceta de Bellas Artes» continuando la numeración empezada en 1910.

Salió con regularidad hasta 1936 y en 1944 se reanudó la publicación, compitiendo con otras publicaciones especializadas, de manera que se ha mantenido en el tiempo, con diversos paréntesis de variada fortuna, habiendo totalizado ya unos 742 números (el último publicado correspondiente a los meses de agosto y septiembre de 2021) cargados de comentarios y de interesante información sobre el arte en España y aún fuera de ella.

La importancia de esta publicación reside en que se llegó a editar ininterrumpidamente durante veinticinco años, y si bien ha atravesado etapas diversas, desde ser la referencia del mundo artístico en años en los que apenas existían este tipo de publicaciones en España y en la que colaboraron desinteresadamente importantes escritores y críticos de arte, hasta centrarse prioritariamente en aspectos de interés asociativo, hoy en día aún se mantiene como publicación de referencia de las actividades de los socios.

En 1912 se pretendía convertir a la Gaceta en una revista moderna, pensada para la gente de la calle y no sólo para los asociados, más enfocada a la opinión y que se llamaría «Por el Arte».

En 1916 tuvo algunas modificaciones, pues pasó a ser quincenal, incorporó un resumen de temario en primera, cambió la cabecera y dejó de salir al público para distribuirse solamente entre los asociados y entes oficiales y artísticos.

En 1917 se mantenía quincenalmente con distribución gratuita a los socios, celebrando en julio de 1918 su número 100.

Al inicio de los años veinte, en España solo existían dos publicaciones dedicadas al arte: la Gaceta de Bellas Artes y la revista MUSEUM, en la que se anunciaba la Gaceta de la AEPE, pero que duró poco tiempo en el mercado. Es verdad que aparecieron otras como la que editaba la Sociedad de Amigos del Arte, pero no estaba dirigida al gran público.

En 1920, coincidiendo con el Primer Salón de Artistas Independientes, el Salón de Otoño, la Gaceta editó un número extraordinario de veinte páginas, manteniéndose ya este tamaño en los siguientes.

Un año después, en 1921, la revista pasó a llamarse definitivamente Gaceta de Bellas Artes, subtitulada: “Órgano oficial de la Asociación de Pintores y Escultores”, a partir del cual se retomaba la idea de la época en que apareció bajo el título de «Por el Arte».

El 15 de diciembre de 1923 quedó registrado el diseño de marca «para distinguir una publicación periódica, revista ilustrada con la denominación Gaceta de Bellas Artes completada por un dibujo de adorno formado por rasgos artísticos combinados con dos figuras de animales fabulosos». Registro de marca de la propiedad industrial que conserva la institución en su Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba”.

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En 1924 contenía grabados y dibujos, siendo visada por la censura militar del momento.

Los cambios de estructura y formato de la revista, corresponden en general a los cambios de Director, que busca un mejor servicio a un mejor precio.

En 1929, se anuncia la aparición de la revista «Plástica», abierta a todos los amantes del arte, buscando que sea más profesional y popular y que dirigiría Manuel Abril.

Pero «Plástica» no llegó a aparecer después de estar preparado el primer número, debido primero a huelgas en artes gráficas y luego la enfermedad del señor Abril… si bien la Gaceta tuvo un profundo cambio, adaptándose al estilo de otras revistas ilustradas de la época, y siendo, desde mayo de 1931, de periodicidad mensual.

Hacia 1934 era la única revista de arte con salida frecuente y periódica que se publicaba en España y logró un prestigio e interés, siendo muy solicitada desde el extranjero.

abril-de-1935

Durante la guerra civil dejó de publicarse. Fue un paréntesis que duró hasta 1944, donde retomó el número 459, e incluía numerosas ilustraciones y la intención de tener una periodicidad trimestral que finalmente no pudo cumplirse.

En 1949, y tras muchas gestiones, volvió a retomarse la edición a finales de 1954, con el número 463, para seguir saliendo con carácter bimestral, hasta su número 473, correspondiente al primer trimestre de 1957.

Tras los periodos de publicación de 1976 y posteriormente de 1987, se llegó a un largo paréntesis que en 1970 se vino a cubrir con un Boletín Informativo, que era más que boletín, un ensayo, tímido en el nombre, pero decidido en su contenido, para intentar reflotar la revista, publicándose veintitrés números hasta 1979.

Un nuevo intento gestionado en 1986, y gracias a una subvención del Ministerio de Cultura llegó a poner en la calle, cuatro números entre 1987 y 1989.

A finales de 1989 se comenzó a publicar puntual y mensualmente un díptico, a veces tríptico, que se llamó “Suplemento informativo de la Gaceta de Bellas Artes”, que por su extensión tenía que reducirse exclusivamente a esas labores de difusión de las actividades asociativas, sin fotografías ni otros elementos, pero que fue muy bien acogido por los socios por su eficacia informativa.

En 1995 comenzó una nueva época de la Gaceta, editada a todo color, manteniéndose en paralelo el “Suplemento Informativo”, mucho más flexible en su formato y contenido y que se distribuía exclusivamente para los socios, en tanto que la Gaceta de Bellas Artes renació con vocación de llegar a otros sectores más allá de la propia AEPE.

La comunicación con los socios continuó mediante el Suplemento informativo que siguió saliendo mensualmente con bastante puntualidad y en él se informó a los socios con anticipación el calendario de actividades del año, de premios obtenidos por nuestros asociados y de otras noticias de interés relacionadas no sólo con la Asociación sino, en general, con el arte.

A partir de 1998 se mantuvo únicamente el “Boletín informativo de la Gaceta de Bellas Artes” con diez u once números al año. Se mantuvo con 4 páginas hasta 2000, pero más tarde se incrementaron a 6 y a 8 no siendo fijo el número de ellas.

De 2005 a 2008 la Gaceta mantuvo 6 páginas, que en 2011 se incrementaron hasta 12 y se empezó a llamar Gaceta, prescindiendo del término Boletín, y a llevar otros contenidos.

En 2011 y 2012 pasó a 16 páginas.

A finales de 2013 se había solicitado colaboración de los socios en el Boletín y ya se publicó alguna, siendo el deseo incrementarlas en la medida de lo posible.

En 2014 la media de páginas rondó las 40, con muy buena aceptación por parte de los socios. Y pasó a llamarse Gaceta de Bellas Artes, suprimiendo el apelativo Boletín aunque la edición fuera modesta. Se distribuía a todos los socios por correo junto a otras informaciones más puntuales.

Se incluyeron, en blanco y negro, fotografías representativas de nuestras actividades lo que hacía años había dejado de hacerse por los altos costes que representaba entonces pero que ahora era accesible por las técnicas digitales. Y se insertaron algunos anuncios, siempre que no fueran competencia directa con nuestras actividades.

El Boletín informativo se mantuvo hasta enero de 2015, y aunque conservando el mismo formato, se presentaba ya en la página web de la centenaria entidad, manteniendo su impresión en blanco y negro y su distribución postal a los socios y entidades e instituciones culturales. Incluía además una serie de biografías sobre los Presidentes de la AEPE.

En enero de 2016 varía nuevamente la distribución del contenido, adquiriendo mayor importancia las informaciones societarias, las convocatorias y el portal del socio, eliminando la relación de exposiciones de todo tipo que se venían incluyendo y ganando peso las imágenes frente a los textos.

La evolución de la Gaceta de Bellas Artes hacia una nueva era digital fue progresiva. Además de su impresión y envío postal, adquiría un mayor protagonismo en la página web de la AEPE, enriqueciendo su contenido y aportando el dinamismo que requería la modernización que la entidad afrontaba.

A ello contribuyó decididamente la creación de otra página web, portal y buscador que bajo el nombre de www.gacetadebellasartes.es vino a volcar todos los contenidos de las gacetas desde su creación, en un proceso de digitalización financiado por Maxam.

El archivo consta de más de 40.000 imágenes digitalizadas, por las que apreciar la rica historia de la Gaceta de Bellas Artes, pudiendo observar además, la evolución de las cabeceras a lo largo de los años o los diferentes periodistas y colaboradores que tomaron parte en la revista.

Ha sido esta una actuación única que ha dirigido la Secretaria General de la AEPE, con la que se ha conseguido preservar todo este patrimonio histórico de más de ciento diez años, al que un grandísimo número de artistas contribuyeron a su creación.

Este legado de incalculable valor artístico, cultural y económico, que está al alcance de todo aquel que esté interesado en indagar en la historia cultural de nuestro país.

La digitalización de la Gaceta de Bellas Artes, a través del portal-buscador www.gacetadebellasartes.es  ha supuesto un enorme beneficio a los cada día más numerosos usuarios, estudiantes, profesores e investigadores de arte… que mediante el acceso online a la revista, están enriqueciendo la historia del arte de España desde 1910.

En enero de 2018 se produjo el último cambio de cabecera, estrenando un nuevo diseño, en el que la pintura de un ojo se asoma desde uno de los huecos de una enorme g minúscula. Una cabecera que apuesta por la serenidad y la elegancia, que hace de la revista ese “ojo” del socio, la ventana a través de la cual poder estar informado en todo momento de todo cuanto acontece en la centenaria institución.

Es un guiño de su Directora por afrontar el desafío de “modernizar nuestra modernidad” con una revista más visual, fácil y digerible, pero sin restarle información societaria de interés general. Cambios de imagen, que no de filosofía esencial.

La sección de biografías históricas sobre las primeras socias de la entidad, así como otros artículos de interés histórico para recuperar la memoria grandiosa de la institución, adquieren más peso e importancia, junto a las actividades de los socios, aunque en general, la información gráfica tiene un mayor protagonismo como elemento complementario de la información que siempre ha caracterizado a la revista.

En marzo de 2020, con el estallido de la pandemia mundial del Covid-19, la Gaceta de Bellas Artes dejó de imprimirse por la paralización de todas las estructuras económicas de España, pero su difusión digital a través de la página web y de su envío electrónico a través de listas de correos que incluían además de socios, a instituciones, organismos, entidades y medios digitales, supuso una transformación lógica que se afrontó con total naturalidad.

Los servicios que en ese difícil año prestó, son evaluables por cuantos hemos pasado un año completamente conectados e interconectados, a través de una revista que no sólo informó del mantenimiento de las actividades societarias en formato digital, de las que la AEPE fue pionera en la red, sino que proporcionó esperanza, ilusión y alegrías a cuantos la compartieron.

Fue un cambio para el que la AEPE estaba preparada, gracias a la profunda modernización lograda en su administración.

Sin haber vuelto completamente a la normalidad debido a la pandemia, la Junta Directiva estudia aún si volverá a publicar en papel la Gaceta de Bellas Artes, aunque tras más de 111 años imprimiéndose, lo lógico sería adaptarse a los nuevos hábitos surgidos tras la pandemia y las nuevas tendencias tecnológicas derivadas del entorno digital.

Así se puede afirmar que la AEPE, como entidad moderna y ecológica, es consciente del impacto que el consumo de papel tiene en nuestro entorno, y por eso se ha propuesto reducir su consumo y contribuir de esta forma a la conservación del medio ambiente, mostrando su compromiso ecológico.

Por último, destacar que a lo largo de su historia, la Gaceta de Bellas Artes ha contado con 47 cabeceras diferentes.

Grandes colaboraciones

A lo largo de más de 111 años de historia, han sido muchas las personas que han trabajado y colaborado en la Gaceta de Bellas Artes de la Asociación Española de Pintores y Escultores. Personajes ilustres tanto de la cultura nacional como internacional, que recoge el portal buscador en diferentes grupos.

Hablamos de pintores, escultores, grabadores, aguafortistas, acuarelistas, profesores, artistas, políticos, conservadores, escritores, historiadores, ingenieros, arquitectos, juristas, médicos, músicos, pedagogos…

Se publicaron artículos, historias, comentarios, poesías… y se citaron y resumieron trabajos de autores de todo tipo, desde Leonardo da Vinci a Picasso, de Emilia Pardo Bazán a Julio Camba, de Elías Tormo a Luis Pérez Bueno… y así, un largo etcétera de plumas brillantes que han dejado su huella en la revista.

Y por supuesto, un hueco destacado para la crítica y los historiadores de arte con nombres como Juan Allende-Salazar, Pablo Álvarez Rubiano, Henry Asselin, Ricardo Baeza, Cecilio Barberán, Enrique Bonet, Juan del Brezo, Antonio Campoy, María Castillo, Ernestina de Champourcin, Joaquín Ciervo, María Correas, Eugenio D’Ors, Natividad de Diego, Ángel Dotor, José Francés, José Ramón Mélida, José Ortega y Gasset, Ramón Pulido, Miguel de Unamuno…

Brillantes y destacados colaboradores que han llenado de contenido una gran revista que ya es historia del arte y del periodismo en España.

Mariano Benlliure fue uno de los colaboradores de la Gaceta de Bellas Artes

 

Planteamiento de trabajo

A partir del mes próximo abordaremos el estudio del periodo bajo el que cada director insufló vida a la Gaceta. Habrá alguno cuya biografía ya se haya descubierto en números anteriores, como la correspondiente a Roberto Fernández Balbuena, a pesar de que estudiaremos los cambios y modificaciones que bajo su dirección sufrió la revista.

Pero veremos también las biografías y las huellas que dejaron los Redactores-Jefe que expresamente aparecieron en las cabeceras de la revista, en su mayor parte periodistas y como tal, profesionales del medio que aportaron su experiencia y enriquecieron la publicación.

Un trabajo que abordo bajo la escrupulosa información obtenida por el Bibliotecario de la AEPE Fernando de Marta Sebastián, contenida en la magnífica obra “Historia de la Asociación Española de Pintores y Escultores 1910-1933 (8 décadas de arte en España”, así como de la propia Gaceta de Bellas Artes, cuya consulta se puede acceder libremente gracias al portal-buscador www.apintoresyescultores.es

Y sobre todo, gracias al apoyo incondicional que tanto la Junta Directiva, encabezada por su Presidente, José Gabriel Astudillo López, que tanto me anima a continuar el trabajo emprendido, como a los socios y amigos de la Asociación Española de Pintores y Escultores, que con sus comentarios y críticas me obligan a trabajar más duro y con más ilusión si cabe.

 

 

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