Firmas con sello de lujo: Tomás Paredes

EDUARDO LOURENÇO, EL PENSAMIENTO

¡Un gigante del pensamiento! Portugués, iberista, europeísta convicto y confeso. Filósofo, ensayistas, crítico, docente, conferenciante, el intelectual más importante de este siglo en Portugal. Algunos nombres pudieren sonar más, caso de Manoel de Oliveira, del Premio Nobel José Saramago, del político Mário Soares, el del arquitecto Siza Vieira, pero ninguno de ellos estructuró un sistema de pensamiento, como el esculpido por el Dr. Eduardo Lourenço, siempre con Portugal al fondo.

Eduardo Lourenço de Faría (São Pedro de Rio Seco 1923- Lisboa 2020), fallecía el día 1 de diciembre, a los 97 años de edad. Analista conspicuo de Fernando Pessoa y de la identidad portuguesa, a través de la saudade. Licenciado en la Universidad de Coimbra, 1946, y profesor de esa Universidad, huirá de la dictadura de Salazar, ocupándose como lector en instituciones europeas, convalidando estudios en la Universidad de Burdeos.

Eduardo Lourenço y Tomás Paredes, Lisboa 2019

 

Profesor, en distintas épocas de su vida, de las Universidades de Hamburgo, Heidelberg, Bahía, Montpellier, Grenoble y Niza. Residió durante largos años en Vence, Provenza. La mayor parte de su obra está escrita en portugués, aunque también lo hizo en francés. La Sorbonne, 2011, en colaboración con la Fundação Gulbenkian, organizó un Coloquio Internacional en su homenaje, que fue publicado en libro: Eduardo Lourenço et la passion de l’humain, Editions Convivium lusophone, París 2013.

En 1981, conferencia sobre “Pessoa y Kierkegaard”, en el homenaje que rindió la Fundación March a Pessoa, en Madrid. Ciudad a la que tantas veces vino, a debatir o de paso de sus continuos viajes por Europa. Le acompañé al Ateneo de Madrid, donde se habló de Eugenio de Andrade, a la Feria del libro, a la Revista de Occidente, en la que colaboró con reiteración, siempre manifestando su admiración por Ortega y Gasset. Conocía nuestros clásicos al dedillo, como el pensamiento y la poesía de Miguel de Unamuno.

Autor de Heterodoxias, Tempo e Poesía, O Labirinto da Saudade, O Esplendor do Caos. Pessoa Revisitado, Portugal como destino, O canto do signo, es el pensador más influyente de su lengua. No sólo de Portugal y del portugués; su larga estancia en Francia donde fue maître à penser, le dio la ocasión de difundir su pensamiento en Europa, cuya importancia ha resaltado en diversos medios y en el libro Nós e a Europa, ou as duas razões.

También está presente en Iberoamérica, tras años en Brasil, cuyo magisterio generó una feraz bibliografía. Hay varios de sus títulos en nuestra lengua: Europa y nosotros: o las dos razones, Huerga y Fierro, Madrid 2001; Pessoa Revisitado, Pre-Textos, Valencia 2006; La muerte de Colón: metamorfosis y fin de Occidente como mito, Editora Regional de Extremadura, Badajoz 2010; A Cerca de Fernando Pessoa, Universidad de Antioquia 2013; Del colonialismo como nuestro impensado, Universidad de los Andes, y, en esa misma institución, en ebook, El laberinto de la saudade. Psicoanálisis mítico del destino portugués, traducción y prólogo de Pablo J. Pérez López.

Es el Ortega y Gasset portugués, pues hay muchas similitudes en sus maneras de pensar y de expresarse, en asuntos que han debatido, en el hurmiento que han hecho germinar. Ortega deambula entre la filosofía y la crítica, entre la razón y el pensamiento, entre la sobriedad y la brillantez poética, siempre en la proceridad. Lo mismo ocurre con el doctor Eduardo Lourenço y su fabulosa obra, que ahora edita completa, en VI gruesos volúmenes, la Fundaçao Gulbenkian.

Su campo de pensamiento es amplio: en lugar de honor, el hombre y sus circunstancias; el tiempo, la poesía: Camões, Pessoa, Antero de Quental, Eugenio de Andrade, Sophía de Mello, Osorio; la belleza, el caos y todas las edades y temperaturas de la saudade. El arte, con su obra Le miroir imaginaire: Essais sur la peinture, Editions de l’ Escanpette, 2000.. Ha incentivado la lectura de la poesía portuguesa con clara maestría. Lo prueban infinitas páginas, la Correspondencia con Jorge se Sena y otras publicaciones. Está traducido al español, francés, inglés, alemán, italiano, flamenco y checo.

Doctor honoris causa de las Universidades de Bolonia, Río de Janeiro, Nova de Lisboa, Coimbra. Entre los galardones recibidos: Premios Casa da Imprensa y Jacinto de Prado Coelho; 1986, P. Nacional de la Crítica por Fernando, Rei da nossa Baviera; Premios Europeo de Ensayo Charles Veillon, Antonio Sergio y D. Dinis; Premios Camões, Pessoa, Vergilio Ferreira; premio Extremadura a la Creación, Premio Lello.

En 1989, agregado cultural de la Embajada de Portugal en Roma. Caballero de la Orden de las Artes y Las letras y Caballero de la Legión de Honor, en Francia. En 2009, Orden de Número de Mérito Civil del Reino de España. Consejero de Estado en Portugal, desde 2016. Y a pesar de tantas distinciones: llano, sencillo, asequible, generoso, límpido, ejemplar, ético. Su letra, limpia y fina como una huella, era de cristal y requería una mirada atenta, como su pensamiento.

Fue clave en la creación del Centro de Estudios Ibéricos de Guarda, su tierra natal, el 27.XI.1999, con motivo del octavo centenario de la ciudad. Un premio anual, que lleva su nombre, reconoce la labor de personas destacadas en fomentar las relaciones entre España y Portugal. Ha sido un referente de dignidad y saber, como evidencia su legado.

El 23 de mayo de 2019, día de su 96 cumpleaños, se le hizo entrega del Premio Livraria Lello, instituido para reconocer a los humanistas de nuestro tiempo. Le acompañaron: Antonio Costa, Primer ministro; Aurora Pedro Pinto y Carlos Magno. El galardón estaba simbolizado por un trofeo, diseñado por Siza Vieira. Por la tarde, en los jardines de la  União das Cidades Capitais da Lingua Portuguesa, en Lisboa, se inauguró una enorme escultura de Eduardo Lourenço, autoría de Leonel Moura.

Corto de estatura, pero con la fuerza de un titán. Simpático, cordial, se expresaba con la firmeza que proporciona la limpieza ética y la procura estética. Hablaba un español correcto, conocía nuestra cultura literaria y filosófica y le gustaba venir a Madrid, donde conversábamos sobre el Conde de Salinas y Camões, Villamediana y nuestro barroco común, con un conocimiento que para sí quisieran algunos de nuestros intelectuales. Pero, España no le correspondió en igual grado, ni a la hora de su desaparición. Sólo he visto una pobre referencia en un artículo atribulado de José María Lassalle.

Cuando hace un año, Emilia de Dios y yo, fuimos a visitarlo a Lisboa, pasamos una tarde deliciosa, oyendo sus susurros y bisbiseos, que envolvían una eterna claridad y una permanente preocupación por el hombre y su destino. Abominó de esos rebrotes populistas y nacionalistas, que siempre han traído a Europa merma de libertades y penurias.

No sólo Portugal ha perdido un intelectual genuino, con su ausencia perdemos todos. Nos queda lo que ha escrito, un inmenso caudal de pensamiento, que requiere muchas horas de lectura y mucho agradecimiento ¡Las cabezas de oro no envejecen ni desaparecen nunca, pueden estar ocultas un lapso de tiempo, pero son eviternas, en ellas nunca se pondrá el sol!

 

                                                                                                                 Tomás Paredes

 Miembro de AICA

Las Medallas de la AEPE: Eduardo Chicharro

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

      Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de su creador y en qué galardones se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

 

Medalla Eduardo Chicharro

del Salón de Otoño

 

En 1962 se creó la Medalla Eduardo Chicharro y se nombró un jurado especial para ella, ya que esta medalla tenía reglamentación propia, cuya documentación no ha podido encontrarse, si bien conocemos estos datos por notas sueltas. Esta distinción se adjudicaba entre los poseedores de una Primera Medalla, bien fuera en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes o en los Salones de Otoño.

En la Asamblea General Extraordinaria celebrada en la Asociación de Pintores y Escultores el 28 de junio de 1963, se presentó y admitió la propuesta de que quienes optasen a la “Medalla Eduardo Chicharro” tuvieran derecho a presentar más obras que aquellos que optaban a premios menores, en forma parecida a como bastantes años atrás se hacía ya con quienes eran Socios de Mérito o Socios de Honor, con el doble fin de homenajear a esos artistas y mantener así un alto nivel de calidad en el Salón de Otoño.

En 1966 se propuso que los galardonados con la “Medalla Eduardo Chicharro” pudieran optar al “Premio Princesa Sofía”, creado dos años antes, y que inicialmente se reservaba como premio especial para las Primeras Medallas de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes.

No fue hasta 1972 cuando la AEPE propuso al Ayuntamiento de Madrid que la “Medalla Eduardo Chicharro” y la “Medalla Mateo Inurria” tuvieran una asignación económica, dotando a cada una con 25.000 pesetas que fueron aumentando o disminuyendo con el pasar del tiempo, dependiendo siempre del presupuesto asignado.

Con el cambio de milenio, la dotación económica del Ayuntamiento de Madrid fue retirada y pese a las múltiples peticiones realizadas en este sentido, no ha sido escuchada la reclamación que la AEPE viene haciendo desde hace tantos años.

Autorretrato

 

Eduardo Chicharro Agüera

CHICHARRO AGUERAS, Eduardo    P   1910(F )   17.jun.1873  MADRID   MADRID   24.may.1949

 

Fundador de la AEPE

Presidente de la AEPE

Director General de Bellas Artes

Director de la Academia de España en Roma

Director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

 

La carrera artística de Eduardo Chicharro se desarrolló con extraordinaria brillantez, siendo quizás el artista más galardonado de su tiempo, desde sus inicios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando hasta en los distintos certámenes nacionales e internacionales en los que participó.

Pese al éxito que el pintor disfrutó en vida, los historiadores del arte del siglo XX español lo han olvidado deliberadamente, por no formar parte de las corrientes de vanguardia.

Lo olvidan también intencionadamente, y le roban así su mérito y gloria propias, cuando en su biografía apuntan primero, y como hecho más destacado de su vida, el ser el progenitor del poeta Eduardo Chicharro Briones, a quien por supuesto, no se le niega su importancia, pero que gana siempre a costa de empequeñecer la figura de su padre.

Eduardo Chicharro fue un pintor “fin de siglo”, como la gran mayoría de los artistas que fundaron la Asociación Española de Pintores y Escultores y en los que encajan diversas corrientes artísticas como la denominada generación del 98, el realismo social, el simbolismo… Sensibilidades que no tienen por qué ser opuestas, excluyentes o contradictorias, pero en ningún caso se puede menoscabar la importancia de estos artistas, que no encuentran hueco en el Museo del Prado, ni en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía…

Un hueco merecido por ser grandes pintores y maestros reconocidos pero que por no tener obra en estos grandes museos, vagan en el limbo del olvido y la ignorancia.

Autorretrato, presentada al XXV Salón de Otoño

 

Eduardo Chicharro y Agüera nació en Madrid, en la Corredera Alta de San Pablo, el 17 de junio de 1873. Era hijo de Hijo del vidriero y decorador Eduardo Chicharro Serrano, fallecido prematuramente en 1875, y de la pintora santanderina Adela Agüera y Venero, que ya participara en las exposiciones del Círculo de Bellas Artes de Madrid de 1893 y 1897, y en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1899, a la que presentó la obra titulada “Un rincón de Asturias”.

Autorretrato, 1920

 

En este ambiente artístico, Eduardo fue educado con una exigente formación artística. Su madre le recordaba que su padre era artesano y un gran vidriero, y pese a que falleció cuando él solo contaba con dos años, su recuerdo seguía vivo en la pasión por el arte que compartía también con su madre, que buscó como primeros profesores para el infante a Antonio Eusebi, grabador, y al pintor Raimundo Mateos.

El más conocido Autorretrato del artista

 

Cuando se matriculó como alumno en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid, ya había recibido su primera instrucción en la Escuela de Artes y Oficios de la misma ciudad.

En medio de una época de cambios continuos y fluir artístico, Chicharro supo aunar sus conocimientos con todo lo novedoso del momento, si bien su postura se basaba en la disciplina, el trabajo duro, una gran tenacidad, una singular laboriosidad y una extraordinaria fe en su propio arte.

Eduardo Chicharro, obra de Ramón Casas

 

Además, su madre le inscribió en las clases de Dibujo Lineal, de Adorno y de Figura que se impartían en el Centro de Fomento de las Artes. Comenzó sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios y en el taller de Manuel Domínguez, y allí coincidió con Marceliano Santa María, socio fundador también de la AEPE,  estableciendo con él una gran amistad que se mantuvo de por vida. Con quince años, ingresó en la Escuela Superior de Bellas Artes, la actual Academia de San Fernando, donde destacó rápidamente.

Adela Agüera y Venero, madre del artista

 

Fue en ella donde recibió clases de Carlos de Haes en Paisaje, que le impresionó fuertemente por su manera de innovar en la pintura, de Alejo Vera en Dibujo del Natural, de Dióscoro Teófilo de la Puebla, de Colorido, quien al corregirle le decía: “Para poner colores como usted los pone, mejor están en la paleta”, de Luis de Madrazo, de Jaime Morera y de José Moreno Carbonero.

Allí obtuvo muchos premios y diplomas, como el premio metálico de Colorido y Composición de 1896 (cuando tenía 23 años) que ya le daba derecho al título de profesor de dibujo.

Entre tanto, se presentó a varias de las convocatorias de Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, consiguiendo una Mención de Honor en la de 1896 y la Segunda Medalla en la de 1898.

Viajó por esas fechas a Granada e instaló un pequeño taller en los mismos Palacios Nazaríes.

Los modelos

 

Tras esta experiencia estudió en el taller de Sorolla, que consideró a Chicharro como uno de sus mejores y más brillantes discípulos.

En 1900 viaja a Italia tras obtener el primer puesto y la beca de la Academia. Allí coincidió con Manuel Benedito y con Fernando Álvarez de Sotomayor, constituyendo entre los tres la generación más brillante de pensionados de la era alfonsina.

Chicharro aprovechó la beca para viajar a Cerdeña, mientras sus compañeros eligieron el norte de Francia, Bélgica y Holanda. Roma significó el definitivo abandono de sus incipientes preocupaciones realistas en pos de una visión ensoñada de los viejos mitos literarios, que plasmó en sus lienzos con una estética que osciló desde la inicial influencia de Sorolla hasta un mayor apego a la simplificación del dibujo y a una ejecución en la que también pesa, paradójicamente, el ejemplo de Zuloaga.

Dama

 

Estos viajes le van a permitir completar su estilo sólido y estructurado, basado en una brillante composición y en un profundo conocimiento del color.

Durante varios años viajó por toda Europa, regresando a Madrid, debido a su delicado y prematuro estado de salud, convirtiéndose en uno de los protagonistas esenciales de la vida artística madrileña.

En 1904 consiguió la Primera Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes con “Los amores de Armida y Reinaldo”. A partir de entonces ya es considerado un maestro joven. En adelante se dedica a pintar escenas costumbristas del Madrid de la época, lo que se ha venido llamando “madrileñismo”, tendencia a la que recurren la mayoría de los pintores del momento.

Capilla de Nuestra Señora de la Soledad

 

Vive en Asturias un tiempo para pasar a Ávila tras su boda con María Briones Tardat, en 1904. Allí pasarán largas temporadas. Se trata de un período durante el cual elabora obras de carácter popular, representando muchos modelos sociales. A pesar de ese retiro en Ávila sigue presentándose a certámenes por todo el mundo.

El poema de Reinaldo y Armida

 

Obtiene Medalla de Oro de segunda clase en la Exposición de Munich de 1905 y la Primera Medalla en la Exposición Internacional de Barcelona en 1907. En la línea prerrafaelista se encuentra “Las tres esposas”, que presentará en la exposición Nacional de Bellas Artes de 1908, obteniendo de nuevo la Primera Medalla.

 

Dos versiones de «Reinaldo y Armida»

 

En 1910 funda en su estudio de Madrid la Asociación de Pintores y Escultores, que también preside en varias ocasiones.

En 1912 pinta “Dolor”, con el que obtiene la Primera Medalla de Oro de la Exposición Artística Internacional de Munich de 1913 y un año después, en 1914, recibe la Medalla de Oro en la Exposición de Bellas Artes de Berlín.

Los críticos le reconocen como uno de los pintores mejor dotados para el profesorado y reclamaron para él, en 1912, la dirección de la Academia de España en Roma, cargo que le concedió el Gobierno y que ejerció hasta 1925.

«Durmiendo al niño» y «Bodegón con pescado»

En su segunda estancia en Italia adoptó un gran interés por el color. A partir de aquí comienza a componer en profundidad, le importa la técnica, lo anecdótico y pierde en cierto modo la estilización de sus figuras.

Allí comenzó a ejecutar lo que se considera su obra maestra, “Las tentaciones de Buda”. Siempre sintió mucho interés por la cultura india y viajó a París para aprender más de ella. Aparte de demostrar unos grandes conocimientos pictóricos, anatómicos y animales, quienes observaban la obra, pensaban que Chicharro había estado años en la India hasta llegar a entender la filosofía y la obra del poeta Rabindranath Tagore, en la que se inspiró para su realización y que obtendrá en 1922, la Medalla de Honor de la Exposición Nacional de Bellas Artes.

«Pigmalión»

 

Un par de años antes, había sido elegido académico electo de la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Eduardo Chicharro logra nuevos éxitos. Su fama trasciende fronteras y los museos y coleccionistas de todo el mundo adquieren sus obras.

En 1926, Chicharro deja la Academia de Roma y se establece definitivamente en España, ejerciendo como profesor de Dibujo del Natural y de Colorido en la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid.

En 1928 realiza su primera exposición monográfica bajo el título “Mujeres”, en la Sala Vilches de Madrid. Bernardino de Pantorba escribe en la Gaceta de Bellas Artes …”Lo que más admiramos en esta galería de mujeres es la sencilla facilidad con que están resueltas todas ellas. Dentro de gamas, por lo general, claras, con la luz de frente, para fijar mejor el carácter, las figuras mantienen la línea movida, rítmica, expresiva, y el color armoniosamente acordado. En algunas, la simplicidad de ejecución es pasmosa. Sobre el propio tono del lienzo, la curvada línea dice cuanto el autor quiere; el rostro y los brazos surgen de unas pinceladas de color muy diluido, puestas magistralmente, sin esfuerzo… las dificultades de los escorzos están vencidas; las telas, tratadas con suma destreza, y los fondos, hallados con gran acierto de entonación. Pintura, en fin, de la buena casta, de la que se asienta en las dos bases perennes: firmeza de dibujo y armonía de color; decorativa, sin retorcimientos de forma, sin extravagancias, sin trucos; clara, fluida, elegante, expresiva”…

En 1930 consigue la cátedra de Dibujo del Natural en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado.

En los comienzos de la Segunda República, el gobierno le nombra Director del Museo de Arte Moderno, un nombramiento que duró solo 22 días. En 1932 era designado Inspector General de las Escuelas de Artes y Oficios Artísticos. Tres años después, es nombrado Director General de Bellas Artes.

Durante la Guerra Civil vuelve a centrarse en la pintura y trabaja en Ávila, Segovia y Burgos.

«El alguacil Araujo»

«Figuras»

 

Cuando finaliza la contienda regresa a Madrid, a la antigua casa de la plaza de San Bernardo, al estudio de la calle de Bárbara de Braganza, a las clases en la Escuela Superior de Bellas Artes, a las reuniones de la Academia de San Fernando, a la Asociación de Pintores y Escultores, a las clases particulares, a las Exposiciones y los Salones de Otoño.

En 1943 será nombrado Director de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. En la primavera del año 1944 celebra una gran exposición de 40 obras en el Museo Nacional de Arte Moderno.

Junto a su familia, pasa largas temporadas de verano en Ávila. Es en esta ciudad castellana, llena de abolengo, es donde encuentra los motivos que caracterizan una gran parte de su producción, haciendo una excelente interpretación del ruralismo noventayochista.

El realismo social, un tema que también conforma su producción y que repite en fechas muy distantes con escenas que muestran el mundo de los afectos en la intimidad del hogar y con otras escenas familiares sencillas.

«Dolor»

 

Sus bellos desnudos, que plasma en numerosos cuadros de éste género, se encuadran en el realismo, pero con un aire auténticamente renovado que hace que sus figuras sean de las más interesantes de nuestro panorama artístico.

Un género importante en su producción son los retratos, donde va a dar muestras también de su habilidad pictórica y capacidad para captar la psicología de los modelos.

Sus últimas obras están marcadas por el regionalismo y el reencuentro con la Castilla profunda, pero manteniendo siempre una austeridad compositiva con personajes estáticos, de contornos precisos y rígida mirada, que continúan conservando un cierto gusto por el primitivismo prerrafaelita y el simbolismo.

«Gitana», «El tío Carromato» y «Las tentaciones de Buda»

 

Durante su vida demostró poseer un gran conocimiento del dibujo, al que en ocasiones dio más importancia que al color, y siempre estuvo ávido de aprender más. Destacan en su estilo el realismo, el naturalismo y la preocupación por la atmósfera, teniendo siempre presente la luminosidad de Sorolla y el gusto por la composición decorativa. Nunca se le pudo reprochar que no buscase las armonías del color y los tipos expresivos o fantasías de extraña visualidad sin caer en la vulgaridad realista.

Se ha dividido su obra en cuatro períodos, aunque ninguno de sus lienzos es exclusivo de uno u otro. Se habla de una etapa costumbrista hasta 1900, de otra decorativa hasta 1912, de un período realista hasta 1930 y de un otro más psicológico que se prolonga hasta sus últimos días.

Entre sus discípulos más notables se cuentan su propio hijo, el pintor y poeta Eduardo Chicharro Briones, el muralista mexicano Diego Rivera y Pablo Sansegundo Castañeda.

A las nueve menos cuarto de la mañana del 24 de mayo de 1949, fallecía en su casa de Madrid, a causa de una bronconeumonía, que le tenía postrado en el lecho desde hacía más de un mes. Fue enterrado al día siguiente en la Sacramental de San Justo de la capital.

«Mujer de perfil con quimono» y «Perséfone»

 

En 1955, en la Gaceta de Bellas Artes José Prados López lo recordaba así: …”genial en su producción, en su alargada juventud pictórica, en sus enseñanzas, en su propio verbo pedagógico, en su sencillez incomparable… horas antes de morir, sentenciaba: “Si yo volviera a vivir mis nuevos setenta y cinco años, desembocaría fatalmente en el clasicismo griego”… inquietud por lo mejor, por la superación, que es inteligencia y superioridad, inquietud por alcanzar las concreciones más altas; inquietud por esa sed de ideal y por el reconocimiento noble y humilde de no haber llegado a metas superiores… pensando en esto no hay más remedio que sonreír ante la mediocridad que nos rodea; ante el cinismo y el impudor de tanto mentecato del arte, que se cree genio porque logró un premio por turbios caminos de mala amistad o favoritismo circunstancial, al socaire de unas modas absurdas, ajenas al arte, que lo alzaron sobre pedestales de barro que el tiempo destruirá y hundirá en el olvido… Chicharro está pregonando su propia gloria en esa continuidad de belleza que no se apaga nunca, por más que luchen los ignorantes y los ineptos de todas las capillitas de la publicidad que hemos soportado y que aún estamos soportando… este hombre tiene derecho a sonreír desdeñosamente desde la otra vida, de la ignorancia, de la incapacidad y de la podredumbre de los “genios” actuales que siguen los “ismos” más disparatados”…

«El desplante», «Odalisca» y «Muchacha de Ávila»

 

El arte de Eduardo Chicharro. Por Manuel Prados López

Es sabido cómo tuvo que trabajar, en sus comienzos, sometido a una disciplina tradicional de persistencia en el dibujo, de la cual el maestro nunca renegó por anticuada. Y a nadie se le oculta que Chicharro no era un rutinario, sino el pintor más extraño a la rutina…

En la Escuela de San Fernando, donde ingresó no como un niño prodigio, sino como un muchacho trabajador y perseverante, que llevaba bien aprendido lo fundamental de su carrera, el estudiante discrepó de los tópicos pedagógicos al uso; pero no se rebeló contra la autoridad de ninguno de sus profesores, ni consideró innecesario ningún consejo, por distante que estuviese del propio sentimiento. Al contrario, Chicharro siguió siendo voluntariamente alumno de la Escuela, después de poseer el título que lo emancipara de la rectoría del dómine oficial…

Chicharro no se distingue como estudiante. ¿Cómo se muestra tan estudioso en las asignaturas fundamentales para el pintor y en las indispensables para una formación artística ancha y profunda? Es que Chicharro se siente pintor: nada más y nada menos que pintor, desde el principio de su carrera…

«Los Pieles Rojas» «Joven con peineta»

 

No es que desdeñe ningún conocimiento útil: es que necesita todo su tiempo para pintar, para aprender a pintar, para conocer todos los antecedentes de la pintura en el mundo, para estudiar a los dignos de estudio, para compararse con colosos, para valorizar y revalorizar en su concepto las grandes figuras españolas, para aprender su oficio con minuciosidad de artesano, con pasión de alquimista y con un desvelo artístico ejemplar. Él es un pintor: nada más y nada menos que un pintor español del siglo xx. Sabe a cuánto le obliga su existencia y su presencia en un momento crucial de la pintura española: cuando Rosales desaparece. Al empezar a pintar descubre que sus trabajos de adolescente, penosos, repetidos, poco estimulantes de la ilusión artística, no han de ser ineficaces, ni negativos, sino de una positiva vigencia para los arios de aprendizaje, los de magisterio, los del éxito y los de la gloria. Claro que su experiencia se irá formando en la eliminación de ciertas normas y ciertos preceptos ramplones, consuetudinarios o simplemente empíricos. Chicharro es un pintor luminoso, superdotado, inteligente, analítico, evolutivo, enemigo del empirismo por propia estimación y por puro amor a la pintura y a lo español en pintura; esto es, a la pintura española. A pesar de ello no adula la memoria de los pintores españoles de fama mundial, sino que los estudia con un raro amor de artista, con un amor nuevo y casi doloroso. Luego viaja mucho y con talento: siempre observador, siempre comparando y comparándose. En ocasiones se reconoce sumamente pequeño. Otras veces se siente impulsado por la grandeza que lo impresiona. Estudia, estudia siempre: estudia como cuando copiaba ojos, narices y bocas con una vocación de servicio a la dificultad. Estudia, aunque ya liberado de preceptivas ahormadoras. Siente la necesidad de aprender «directamente» lo que nadie le ha enseriado, ni le enseñará, con palabras habladas o escritas. Chicharro ha guardado en su cerebro y en su corazón todo lo aprendido con más o menos morosidad, con más o menos reparos. Sabe lo que es cierto y lo que no lo es: entrevé la verdad y busca sus razones. Cuanto ha seleccionado de lo aprendido es puesto, fielmente, al servicio de la verdad artística española. Así y no de otro modo había de cooperar al engrandecimiento del arte español un pintor como Chicharro —nada más y nada menos que pintor—, que no podía contentarse con aprender mucho de pintura, ni aun siquiera con dominar su oficio, ni con descubrir combinaciones, efectos, síntesis, sino que tenía que proyectar la propia luz al pasado y al futuro español, servir de nexo, enseñando lo aprendido y experimentado, en la historia de nuestra pintura. Para ello había de ser, además de maestro eminente, maestro de maestros. O lo que es igual, no le bastaba ser «nada más que pintor»; necesitaba ser también «nada menos que pintor».

«La familia del anarquista» y «Las uveras»

 

Eduardo Chicharro y la Asociación de Pintores y Escultores. Por José y Manuel Prados López

El maestro Chicharro era un hombre sencillo, enemigo de exhibiciones, sin aparato social ni protocolario, de vida solitaria e íntima, con gustos al margen de la vulgaridad…. Sus pasiones eran la pintura, las antigüedades y los libros. Gastaba en ello sumas considerables de dinero, de ese dinero que otros hombres destinan al placer material, intrascendente y frívolo…. Siempre con sed de cultura, de conocimientos… que le elevaron a la cumbre de la autoridad técnica e histórica… y tuvo también ilusiones magníficas con la misma fuerza y hondura que tienen unos amores humanos. Una de ellas fue la Asociación de Pintores y Escultores de España. Él la fundó, a ella consagró sus años, por ella luchó y sufrió, con ese fanatismo y adhesión con que se mira al hijo del amor.

El 24 de abril de 1910, se reúnen en el estudio de Chicharro de la calle Ayala, 28, un plantel de artistas notables alrededor del maestro, que contaba con 37 años… Blay, Plá, Baroja, Marinas, Benedito, Sotomayor, Pinazo, López Mezquita, Santamaría, Moreno Carbonero, Muñoz Degrain, Benlliure, Pradilla, Inurria, Romero de Torres, Coullaut Valera… y muchos que fueron y son aún maestros del arte de España.

Allí Chicharro les explicó su deseo, aportando sugerencias y llenando a sus compañeros de su propio entusiasmo. Y así fue como entre los maestros y los jóvenes discípulos, más tarde maestros también, se fundó la Asociación de Pintores y Escultores, en la idea de ser adalides de reivindicaciones artísticas…

Para Chicharro, la entidad fue la preocupación máxima de su vida… fue su primer Presidente en abril de 1910, y murió siendo su Presidente también… ocupó la presidencia en varias ocasiones, siendo Presidente Honorario y Delegado de la Asociación en Roma.

«Boyaderas indias”

 

Jamás volvió la espalda ni rehuyó su ayuda a la entidad. La Asociación de Pintores y Escultores fue uno de los mayores amores de la vida de Chicharro, por la que luchó con entereza y carácter, sintiéndose respetado hasta por sus enemigos.

Muchas fueron las victorias conseguidas al frente de la entidad, todas al servicio del arte y de los artistas, sus compañeros, y nunca en su propio provecho. Muchas han sido las vicisitudes por las que la Asociación atravesó; muchas las mejoras logradas por otros presidentes, pero las más grandes realidades conseguidas, los momentos de mayor prestigio, las más nobles sugerencias en pro de la cosa artística, tuvieron su máxima eficacia en los años en que Chicharro se sentaba en el sillón presidencial, sobre todo en los de iniciación, cuando el maestro estaba rodeado de los más altos prestigios del arte nacional.

Aquella primera Junta Organizadora proclamó en su primer artículo –que no ha cambiado desde entonces- que la Asociación de Pintores y Escultores se formaba para conseguir la unión de todos los artistas profesionales de la pintura, escultura, grabado y artes decorativas, profesores de enseñanza de las artes y protectores de las mismas, con la aclaración de la defensa por todos los medios legales de sus intereses materiales y artísticos… exposiciones personales y colectivas y relación cordial y práctica con todos los organismos artísticos del mundo…

“Retrato del Conde de Romanones” y “Melancolía”

 

… y seis meses más tarde, el comisario general de las Exposiciones de Bellas Artes encomendaba a la Asociación los proyectos de Reglamento de dichas exposiciones y de la de Artes Decorativas… el Círculo de Bellas Artes pide a la Asociación un representante para la Exposición Internacional de Artes Gráficas y distintas distinciones y deferencias de los organismos artísticos españoles y extranjeros para con la Asociación, que fueron fruto de la labor sistemática del maestro Chicharro, que luchó toda su vida para que la entidad que él fundara tuviera la máxima autoridad en el ambiente del arte, dentro y fuera de España…

Chicharro no descansa en su labor presidencial por sumar nuevas ventajas para sus amigos los artistas. Consigue que se dicte una Real Orden con fecha 12 de julio de 1912, que declara a la Asociación de Pintores y Escultores de Utilidad Pública, con carácter de Benéfica y Honores de Corporación Oficial y continúa en sus trabajos por conseguir los derechos de propiedad de los artistas. Y en el mayor auge de su prestigio, cesa como Presidente por tener que encargarse de la dirección de la Academia de España en Roma, si bien se marcha contento de haber puesto los cimientos de una gran Asociación, encauzada hacia fines prácticos y en manos del gran Sorolla, segundo Presidente del organismo soñado por todos.

… desde Roma, sigue ayudando y velando por la Asociación… pidiendo el reconocimiento de la personalidad de la entidad, exigiendo como corporación oficial artística que esté representada en Juntas, Patronatos, Exposiciones Nacionales e Internacionales, como tiene derecho reconocido por la Real Orden…

“Frente al espejo” y “Retrato del Martínez Cubells”

 

… en 1915 muere en Madrid la madre del maestro y la Asociación le escribe a Roma para expresarle su condolencia colectiva… aplaude el I Congreso de Bellas Artes que organiza la Asociación en 1918, bajo el Patronato del Rey y que cuenta con los grandes maestros del arte, socios de la entidad, participando con distintas proposiciones que se presentan al Congreso y que son la base del sistema cultural actual, tales como: la creación de una escuela-taller para escultores; exposiciones de escultura con independencia de la pintura; la creación de direcciones en las galerías de escultura de los museos antiguo y moderno; la creación de una Junta Asesora de la Dirección General de Bellas Artes; la creación de plazas de modelado y vaciado en las Escuelas de Artes y Oficios; la creación de un museo moderno de escultura, la creación de nuevos museos provinciales…

En 1920 se realiza uno de los acontecimientos mayores que la Asociación tiene en su haber práctico y artístico, en bien de los artistas españoles: la fundación de los Salones de Otoño por iniciativa de Juan Espina y Capo. El éxito fue definitivo. Allí se originó una grata y simpática mezcolanza de maestros y discípulos… unos Salones de Otoño que hoy conservan el mismo espíritu de comprensión y cordialidad que iniciara en su primera exhibición… porque vinieron a dar cabida a ese ejército de artistas jóvenes cuyas condiciones económicas o limitación de conocimientos les impedía colgar sus obras en las Exposiciones Nacionales o particulares… por eso los Salones de Otoño han tenido y seguirán teniendo un porcentaje mediocre que contrastará siempre con las obras maestras… por eso son una necesidad y una justicia para ese sector en lucha, que sueña y que se inquieta, que se atreve con todas las audacias y que ensaya todas las rebeldías… por eso ha habido obras de atrevimiento y de ensayo que la Asociación ha amparado siempre, sin encasillarse en tradicionalismos sistemáticos, ya que todos sus asociados son iguales, sin fronteras de ideales ni de técnicas, ni de tendencias…. La Asociación de Pintores y Escultores, fundando los Salones de Otoño, cumplió uno de los mejores fines societarios de su reglamento y, artísticamente, realizó una labor meritísima en favor de los artistas modestos que no tienen cabida en otras exposiciones oficiales. Este fue el pensamiento del maestro Chicharro, que toda su vida tuvo la idea fija de la ayuda cordial y sincera para sus compañeros. Este fue su propósito primero al fundar la Asociación y a este fin supeditó, en todo momento, sus afanes camaraderiles, muy especialmente para la juventud, tal vez porque él no conoció nunca, desde sus principios, la escasez ni la modestia material en su arte. Por eso es justo e importante resaltar esta virtud del gran pintor, algo desconocida de muchos.

Eduardo Chicharro y la AEPE

Al XIII Salón de Otoño de 1933 concurrió con el óleo “Desnudo”, situada en la Sala IV, identificada con el Nº 34.

Al XVIII Salón de Otoño de 1944 presentó un óleo titulado “La Modelo”, que se expuso en la Sala III, con el Nº 81.

En el XXIII Salón de Otoño de 1949, y con motivo del reciente fallecimiento del artista, se le dedicó una Sala de “Homenaje al Maestro Chicharro, Fundador y Presidente electivo hasta su muerte de la Asociación de Pintores y Escultores”, en la que se exhibieron cinco obras: “Tres edades”, “El Idiota”, “La Mantilla negra”, “La pintora Yugo” y “Gosyescas”.

El XXIV Salón de Otoño de 1950 dedicó una “Sala Retrospectiva del Maestro Chicharro”, la Sala V, que contó con quince cuadros: “La Casa de Misericordia”, “Desnudos”, “La Venus de la Rosa”, “La costurera”, “El regalo”, “Beldad marroquí”, “Beldad mejicana”, “India”, “Princesa rusa”, “Manto hindú”, “Mantellina abulense”, “Nostalgia”, “El libro rojo”, “Marcela” y “Moza de Ávila”.

En el XXV Salón de Otoño de 1952, con motivo de las bodas de plata del certamen, se incluyó un recuerdo en forma de “Sala de Maestros”, en el que se colgó un “Autorretrato” del fundador de la Asociación, Eduardo Chicharro.

En el XXXIII Salón de Otoño de 1962 se preparó una Sala de Presidentes, Fundadores y Primeras Medallas, la Sala V, en la que se expusieron cinco óleos del Maestro Chicharro: “Mujer italiana”, “Retrato de la esposa del pintor”, “La Cofradía del Resucitado”, “Retrato de la hija del pintor” y “El telar”.

En el XXXIV Salón de Otoño de 1963, y con motivo de la creación de la “Medalla Eduardo Chicharro” como homenaje al fundador y Presidente, en la Sala XII se colgó el óleo “Mujer de Ávila”.

En el XXXVII Salón de Otoño de 1966 , en la Sala XII, “Sala de Maestros”, se exhibió la obra “Muchacha abulense”.

En el XXXVIII Salón de Otoño de 1967, en la “Sala de Maestros”, Sala XI, se colgó el óleo “La ofrenda”.

En el XXXIX Salón de Otoño de 1968, la “Sala de Maestros”, Sala IX, colgó la obra “El regalo”.

En el 50 Salón de Otoño de 1983 se incluyó una “Sala Homenaje a los artistas que hicieron posible el I Salón de Otoño en 1920”. Con este motivo, se exhibieron dos obras del maestro Chicharro: “Autorretrato” y “Fetiche”.

Obras expuestas en el Salón de Otoño, en distintas ediciones

«El Chamarilero»

«Escena»

En su toma de posesión como académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, junto a Eugenio Hermoso

 

Firmas autógrafas del maestro

«Retrato en grupo»

 

«Retrato de una dama con mantilla»

 

«Predicadores del bien y del mal» fotografia de Chicharro y Gregorio Priego

«Il penduto» fotografia de Chicharro y Gregorio Priego

Placa de su casa en la Plaza Vázquez de Mella de Madrid

 

Rosario Suárez Castiello

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

Rosario Suárez-Castiello

SUAREZ-CASTIELLO, Rosario  P         1925  MADRID        MADRID

 

Rosario Suárez-Castiello y Mumbert se inscribió en nuestra entidad en 1925 como pintora, con domicilio en la Calle Lista, 87 de Madrid.

Rosario Suárez-Castiello en su juventud

 

Su nieta, Concha Gil García, nos confirma que nació el 30 de septiembre de 1893 y falleció el 18 de enero de 1986, cuando contaba con 93 años de edad.

Era hija de Manuel José María Suárez Castiello y Espada (fallecido en el año 1900)  guatemalteco de origen asturiano, y de Ester Mumbert y López de Arbona, de origen catalán, fallecida en 1960; el matrimonio tuvo cuatro hijos: Guillermo, Trinidad, Carmen y Rosario.

Pasó su infancia en Madrid, rodeada de un ambiente académico y culto en el que el arte y la cultura eran enseñanzas habituales de su progenitor, con quien compartió su pasión por la pintura.

Su padre, socio fundador de la Sociedad Fotográfica de Madrid, de la que llegó a ser su primer Presidente, estaba muy al día de los avances de la técnica, inmerso además en el ambiente artístico de finales del siglo XIX, y contaba con grandes amigos artistas, como Timoteo Pérez Rubio, miembro de la Asociación de Pintores y Escultores y discípulo del también socio Adelardo Covarsi, y del paisajista José Franco Cordero.

Retrato inacabado de su padre

 

Además, también pintaba y acudía al estudio del afamado Casado del Alisal, uno de los socios Fundadores de la AEPE, si bien el descubrimiento de las técnicas fotográficas le hicieron decantarse por esta disciplina.

En un ambiente propicio para las artes, Rosario comenzó a dibujar y acudió a distintas academias particulares de bellas artes, pero no en una enseñanza oficial y reglada, sino más bien desarrollando una afición especial que finalmente la cautivó.

Copia de la Venus de Tiziano del Museo del Prado

 

Rosario se casó muy joven y quedó viuda muy joven también. Su esposo, Adrián Gil, algo mayor que ella, falleció en unas vacaciones estivales en San Sebastián, debido a la gripe de 1918, dejando al cuidado de la joven artista a dos hijos: Rosarito, que nació ese mismo año y falleció en 1992, y Adrián, que contaba con solo tres años (1915- 19/03/2004, casado con Conchita García Reguera y con hijos Concha, Paloma y Adrián).

A partir de ese momento, la vida de Rosario cambió, y pese a no tener estrecheces económicas, se dedicó por completo a sus hijos.

Cuando ya habían dejado atrás su niñez, Rosario retoma la pintura y frecuenta el ambiente artístico de la época.

En febrero de 1928 participará como jurado en el concurso de belleza infantil organizado por la revista “La Moda Práctica”, en el que la niña “Rosarito Gil y Suárez Castiello” resulta ganadora del segundo premio (medalla de plata).

Folleto de la exposición en el Lyceum

 

En abril de 1928 realizó una exposición en el Club Femenino Lyceum, en la que presentó diez cuadros de paisajes y retratos en los que ya se apuntó que “la paleta de la inspirada pintora es rica en claridades de luz y de color, que juegan, en su mano, ágilmente, según una técnica de tipo moderno. En los paisajes, de Alcudia y de La Granja están resueltos los arduos problemas pictóricos del género, de una manera reveladora de la emoción con que los ha sentido la artista; uno de ellos, en armonías de amarillos insinuados, es un acierto cabal”.

Recogida la información en distintos medios como el ABC, en el periódico El Heraldo de Madrid aparece una reproducción de la obra más notable de la muestra, titulada “Ritmo”, mientras que en La Nación, se especifica que la artista es la “viuda de Gil”.

Blanco y Negro, «Mi hija Rosario»

 

Los cuadros que presentó en aquella ocasión fueron: “Los olivos y el valle” (Alcudia), “Tarde de primavera”, “Mañana de primavera”, “El Palacio de San Ildefonso”, “La casita olvidada”, “Verja escondida”, “Ritmo”, “Juventud”, “Sol de septiembre” y “Carmencita Ayza” (retrato).

Además, la revista Gran Mundo, la presenta bajo el subtítulo de “Las artistas que triunfan”, en la que se dice que “hace algún tiempo ya Royal (el nombre del periodista que escribe la nota) tuvo el honor de ocuparse de las obras pictóricas y literarias de esta artista de sensibilidad exquisita y de arte depurado que se llama Rosario Suárez Castiello, reconociéndola como una legítima esperanza de la pintura española. Ahora podemos decir que ya no es una esperanza, sino una realidad; como lo ha probado en la exposición que ha hecho este mes de mayo pasado en el saloncito de exposiciones del Lyceum-Club Español, la que ha llamado justamente la atención de todos los grandes críticos y del público culto y artista que acude a estos certámenes. Rosario Suárez Castiello ha presentado varios cuadros de figura y de paisaje que son un verdadero encanto de técnica y de arte concienzudo. Entre los paisajes, es un alarde de suave finura y de verdad en su luz y también en su técnica el titulado “Tarde de primavera”. Entre sus cuadros de figura, siendo todos muy apreciables, son dignos de mención el retrato de niña que titula “Carmen Aiza” y su gran cuadro, el que podemos considerar como el “clou” de su obra y que se llama “Ritmo”. En esta elegante y bellísima figura de mujer, que es un alarde de buen gusto y de perfecto conocimiento de la pintura, en la cual con tonos suavísimos hace resaltar una figura vigorosa de una mujer engalanada a la española, que tiene además de muchas cualidades, todas estimables, la de hacer ver que Rosario no pinta imitando a nadie y que nadie influye sobre ella, no más que la verdad en la pintura y un amor por el arte ferviente y único. Felicitamos a la artista que en tan poco tiempo ha triunfado tan definitivamente y esperamos que la nueva vez que nos regale nuestra vista con la exposición de sus nuevas obras, tendremos como ahora igual motivo para felicitarla y llamarla “Maestra”, ya de un modo rotundo y para siempre”.

Revista Gran Mundo

 

En 1929 aparece una reseña en el Blanco y Negro de la nueva exposición de Rosario, en la que se recuerda que en la exposición del Lyceum presentó una gran obra titulada “Ritmo”, que también se exhibe en esa ocasión, junto a obras que sostienen “con gran firmeza su fuerza expresiva. Un retrato titulado “Mi hija Rosario”, ofrece interesantes calidades”…

Ritmo

 

Por una información publicada en el Heraldo de Madrid en junio de 1929, sabemos de una nueva exposición colectiva celebrada en el “Salón de El Heraldo”, en la que participará junto a otras artistas como Marousia Valero, María Luisa Pérez Herrero, Amparo González Figueroa, Marisa Roeset, Gisella Eiffnusi, María de los Angeles López Roberts y Lola de la Vega. Lo interesante de la muestra es que es de obras femeninas por vez primera agrupadas en Madrid y organizada por Teresa de Nyssen, quien seleccionó las pintoras que debían formar parte de la muestra.

El Heraldo de Madrid, la artista es la tercera por la izquierda

 

La información incluye una fotografía en la que aparecen todas las artistas participantes, aunque sin identificarlas, si bien gracias a la familia, sabemos que Rosario es la tercera por la izquierda.

Socia del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid entre los años 1930 y 1935, en la que aparece inscrita como pintora.

En 1932 surge la revista cultural Noreste, en Zaragoza, a iniciativa de , en cuyo décimo número participa, un ejemplar dedicado a las mujeres heroínas de vanguardia, aquellas «Heroínas españolas modernas son las mujeres que desafían la desapacibilidad del actual vivir, consagrándose a una gimnasia espiritual que produce frutos sólidos y duraderos. Como las artes y la poesía se enriquecen cuanto que se alegran con sus aportaciones, creímos procedente ofrecerles un sencillo homenaje en nuestras páginas […]».

Distintos paisajes de la artista

 

En 1934, participa en el Salón de Otoño, como así lo recoge el ABC, destacando que es una artista que está “inspirada en sus retratos”.

En la publicación de 1935 aparecen recogidos los trabajos de escritoras y artistas como Carmen Conde, María Luisa M. de Buendía, Elena Fortún, Margarita de Pedroso, Juana de Ibarbourou, Rosario Suárez-Castiello, Josefina de la Torre, María Cegarra Salcedo, María Dolores Arana, María Teresa Roca de Togores, Maruja Falena, Ruth Velázquez, Menchu Gal, Rosario de Velasco, Ángeles Santos, Norah Borges,  Dionisia Masdeu,…

De hecho, la revista publica en ese número una poesía de Rosario y además la fotografía de uno de sus cuadros titulado “Retrato”.

Retrato

 

 

Y es que Rosario, además de pintar también escribe. Recogemos una de sus poesías, publicada en este número, y titulada “Capricho azul

¡Azulada florecilla,

Miosotis,

Que a la orilla de un remanso del riachuelo te acoges;

Con los azules del cielo

Te pintaron los colores,

Y de estrellitas se hicieron

Tus corolas, Miosotis!

Entre la yerba olorosa surge tu linda turquesa

Ávida del fresco borde,

Miosotis,

¡Bello marco del espejo

Que con primor te recoge,

Como absorbe de los cielos

Sus azules, Miosotis!

De ese color de infinito son los ojos de mi bella,

Que yo he de hacer que se antoje,

Miosotis,

Del encanto de tu espejo…

¡Quiero provocar el roce

De tres azules tan bellos

Y nítidos como soles!

Y en la florida mañana, ella vendrá a la pradera,

Toda temblando de goce,

Y yo veré cuando moje

El oro de sus cabellos

Haciendo vibrar las aguas que, constantes, te recogen…

¿Comprendes ya, Miosotis?…

¡Indefinible momento!

En su cristal, al fin calmo, surgirá el reflejo dócil:

La armonía clara, suave, de tres azules concordes,

Tu Flor, sus Ojos, el Cielo… ¡Todo lo que amo, Miosotis!

En mayo de 1935, la Librería Internacional de Zaragoza montó un escaparate especial que dedicó exclusivamente a jóvenes mujeres artistas y escritoras, en donde estaba incluida la artista junto a otras como Rosario de Velasco o Josefina de la Torre, miembros también de la Asociación de Pintores y Escultores.

Escaparate de la Librería Internacional de Zaragoza

 

La guerra fue un duro golpe para Rosario, que vivió en Madrid junto a su hija Rosarito, que arrastraba distintos problemas de salud que mantuvo a lo largo de toda su vida, y con su hijo Adrián en el frente.

La posguerra fue una etapa de superación interior y dedicación plena nuevamente a su familia, que la apartó de su vocación artística de forma pública.

El Liberal

 

Los momentos vividos en el frente por su hijo hicieron mella también en su salud, que logró recuperar gracias a sus constantes cuidados.

Página de Blanco y Negro en donde apareció una reseña de  la artista

 

Sí tenemos noticias suyas del mes de marzo de 1946, gracias al artículo publicado en La Vanguardia Española y firmado por José Francés, quien fuera Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, respecto al Primer Salón Femenino de Bellas Artes, en el que se subraya su participación, si bien no se especifica si es con un paisaje o bodegón. Organizado por el semanario “Domingo” y patrocinado por la Dirección General de Bellas Artes, se llevó a cabo en el Museo de Arte Moderno.

El pintor Román Bonet Sintes, conocido como Bon, le hizo una caricatura que conocemos también  gracias a su nieta Concha Gil.

 

Escritora de distintas revistas y publicaciones literarias y culturales, principalmente en la década de los años veinte y treinta, que firmaba como Soledad Montes, publicó bajo ese pseudónimo dos novelas, la titulada “El punto de partida. Novela de psicología normales”, de 1951 y “Tres Romances ensoñados”, de julio de 1953.

 

Su familia conserva manuscritas sin publicar, otras dos tituladas “El otro Julio. Historia de un hondo amor” y “La tremenda historia”.

Vivió para sus hijos, ocupándose de ellos en distintas etapas de una vida dedicada a los demás. Era independiente y moderna para su tiempo, pero la tristeza vivida y las penurias provocadas por la guerra civil, fueron cicatrices que marcaron para siempre su existencia.

Retrato de mi hija Rosario

 

Rosario Suárez-Castiello y la AEPE

* En el VI Salón de Otoño de 1925 figuró inscrita como Dª Rosario Suárez-Castiello, natural de Madrid, donde reside, en Claudio Coello, 116. Al mismo presentó las obras:

314.- “La fuente de Latona” (Jardines de San Ildefonso), óleo, 77 x 87

315.-  “La carretera (San Ildefonso)”, óleo, 57 x 70

316.- “Encinar de Alcudia” (Ciudad Real), óleo, 50 x 65

* Al VIII Salón de Otoño de 1928 concurrió con la obra:

247.- “Carmencita Ayza” (Retrato, óleo) 0,75 x 0,67

* Al XIII Salón de Otoño de 1933 presentó dos obras:

Sala VII, 128.- “Sus libros”

Sala VIII 137.- “Abstracción”

 

Obra presentada al VI Salón de Otoño

 

Obra presentada al VI Salón de Otoño

 

«Rosario»

«Mi hijo Adrián»

«Rosario»

 

«Retrato»

«Adrián»

«Mujer con mantilla»

 

Firmas con sello de lujo: Tomás Paredes

NENIA PARA QUE NO CUNDA EL OLVIDO…

 

…de Antonio Beneyto. El 23 de octubre, en Barcelona, fallecía Beneyto. La parroquia cultural ha registrado el deceso con cicatería, claro indicio de los niveles culturales, o de ignorancia, en los que nos movemos. Las estrellas no mueren, se apagan por un tiempo, y vuelven al antojo de la necesidad de luz de los hombres, cuando estos necesitan otras cosas que no sean futbol, política, espectáculos y viajes, ¿a dónde?.

Antonio Beneyto era un rara avis de nuestro mundo cultural, que concitaba un espíritu creativo, como ahora no se estila. Escritor y pintor, inventor de artilugios y escultor, compilador y crítico, nefelibata, postista, actor, poeta, generador de cultura, y pegamento para estrellas distantes de la constelación literaria. Y, aunque fantaseaba con lo erótico – ¿quién no lo hace?-, amante y erotómano sin par.

Tenía algo de escapista y por eso se ha diluido el impacto de su desaparición, entre Barcelona, Valencia, Albacete y Polonia. Antonio Beneyto Senabre, Albacete 1934, Barón de Chinchilla de Montearagón, iba para piloto, pero aterrizó en Mallorca y con la campanuda voz de Cela se puso en marcha a través de Papeles de Son Armadans. Desde 1967, su mundo se desarrolló en Barcelona. En su Diario del artista suicida, Onix Editor, hay un epilogo de Juan Manuel Bonet, difícil de superar, donde están todos los datos de su henchida andadura y todo el cariño que despertaba.

¿Cómo silenciar a quien hizo un centenar de exposiciones, individuales y colectivas, en el mundo; publicó treinta libros, de todos los géneros, cuando no mezclados; editor, en La Esquina, de RAMÓN, Juan Ramón, Max Aub, Ory, Brossa, Cirlot, Pizarnik; director de revistas, alma de Barcarola; miembro del grupo ZUT; amigo y corresponsal de Alejandra Pizarnik?

En un texto para catálogo, Camilo José Cela escribe: “Beneyto habla con la mano, pinta con el corazón y gesticula con el alma, que gime como un tigre con cien dardos clavados en los huevos”. Se sentía poeta, pero Juan Eduardo Cirlot, que esperaba que venciera al Minotauro, lo predestinó: “¡tu serás pintor!”.

Entre sus libros: Textos para leer dentro de un espejo morado, Un bárbaro en Barcelona, Cartas apócrifas, Tiempo de quimeras, Códols en New York, Escritos caóticos, Una gaviota en la Mancha…Hay que agradecer a Jaime D. Parra, uno de los beneytianos de rango, por las ediciones de su obra que ha realizado y todas las de Onix Editor. Antólogo de poetas polacos, de cuentos, de maravillas, que surgen de la magia de las jitanjáforas.

Beneyto, amado/amador, gustaba andar desnudo, disfrutaba despojándose de todo, para mostrarse tal y como era: tierno, bueno, soñador, creativo, leal, amigo, inocente como un sueño que ahorma la inocencia. Era eslabón de una cadena en la que se suceden los nombres de Cela, Robert Graves, Cristóbal Serra, Perucho, Marsé, Pepe Corredor, Cirlot, Antonio Fernández Molina, Pepe Esteban, Alejandra Pizarnik, Bonet, Jaime D. Parra.

El gran cronopio deslumbró en el cine con la película de Cristina Hoyos, Beneyto desdoblándose, 2010. Y triunfó en algo casi inapreciable, pero fundamental, la amistad: deja un legado material inmenso de obras creativas, pero no es fácil que supere la devoción de los amigos que ganó. Ante una apariencia de Nosferatu temible, se escondía un lugano azul, una alma cándida, dolorida, candeal, hermosa como el tigre aquel de Cela. En definitiva, una criatura especial que se convirtió en arquetipo de libertario y romántico, una inteligencia abierta a la bondad y al humanismo, una especie de hombre, que escasea. Un archipiélago cuyas islas conforman un amanecer de los sentidos, que hermosean la vida y a los hombres ¡Un milagro de esos que ocurren de raro en raro!.

 

Tomás Paredes

                                                                                                               Miembro de AICA

Las Medallas de la AEPE: Santiago de Santiago

Por Mª Dolores Barreda Pérez

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de su creador y en qué galardones se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

Premio Santiago de Santiago

del Salón de Otoño

 

Desde 1967 el escultor Santiago de Santiago concede un premio con su nombre en el Salón de Otoño, consistente en una escultura de su creación.

El altruismo es una virtud extraordinaria. Un mecenazgo como el que lleva realizando más de 53 años ya Santiago de Santiago, sólo puede ser expresión de su generosidad personal orientada al apoyo de la cultura, del arte y específicamente, a la escultura. Por eso creo que debemos ensalzar esta iniciativa y fortalecer el desarrollo de una acción que se ha consolidado en el tiempo y ha adquirido rango de  institución.

El mecenazgo ejercido por Santiago de Santiago nunca se ha improvisado porque requiere un terreno fértil que lo propicie y que encontró abonado en nuestra centenaria institución.

El escultor lleva más de medio siglo motivando a los jóvenes, a los amantes de la escultura, a implicarse en esta técnica artística, contribuyendo a tal fin con su esfuerzo, su tiempo y sus recursos.

Por eso, Santiago de Santiago merece el reconocimiento de la Asociación Española de Pintores y Escultores, de la que llegó a ser Vicepresidente y en la que estuvo muy implicado, y de la sociedad en general, porque su labor de mecenazgo sobrevive bajo el amparo de lo que significa el arte, por encima de su rentabilidad y rédito mediático y social.

Podemos ver también su ejemplo como la creación de una cultura de la generosidad, cargada con el dinamismo ennoblecedor de la naturaleza humana que rodea al propio artista.

Ser mecenas no equivale a tener mucho dinero y decidir invertirlo en arte. Que ésa sea la tendencia actual no significa que no sigan existiendo mecenas realmente comprometidos con el arte, que no se mueven por vanidad ni por interés, sino por sincera voluntad de mecenazgo. Hoy traemos a la actualidad a una de esas figuras, Santiago de Santiago, un mecenas que ha hecho de la escultura, del difícil arte de la escultura, toda su vida.

 

Santiago de Santiago

 

SANTIAGO HERNANDEZ, Santiago de   E   <1957  1925.jul.  1925  NAVALESCURIAL  MADRID

Vicepresidente de la AEPE

Premio Princesa Sofía 1971

 

El escultor, pintor y poeta Santiago de Santiago nació en Navaescurial, provincia de Ávila, el 25 de julio de 1925.

Santiago es celoso de su intimidad y de su vida. Sí, celoso digo. Pese a las infinitas páginas de sociedad en las que aparece, quienes le conocemos desde hace ya tantos años, sabemos que es sólo una portada de su vida.

Su verdadera intimidad yace protegida por un breve y escueto currículo oficial, en el que se destaca únicamente su carácter autodidacta y sus estudios de escultura en Francia, Italia y Japón.

En su propia web, solo se mencionan la infinidad de premios que ha recibido, los monumentos que tiene ubicados por toda la geografía nacional y también por México, Dinamarca, Japón, Checoslovaquia, Rusia, Grecia, etc, además de una larga lista de exposiciones realizadas a lo largo de su trayectoria artística.

Pero nada más allá.

Para afrontar una biografía de este tipo hay múltiples recursos, sobre todo porque la mayoría de los artistas que dan nombre a las Medallas de la Asociación Española de Pintores y Escultores, fueron socios fundadores y lejano queda ya su recuerdo.

Pero con Santiago de Santiago es diferente. Me puede el cariño y el recuerdo de haber compartido con él experiencias y de pensar que, pese a todo, nada “conozco” de su vida.

Caigo en el dilema de que mi opinión personal pueda desplazar la balanza que intento mantener equilibrada a la hora de estudiar a cada artista, procurando ofrecer a los lectores, datos precisos y objetivos, alejados de sentencias propias.

Pero me puse a investigar a Santiago, y no hallé referencias personales de ningún tipo, sino datos de inauguraciones de exposiciones, de monumentos, de homenajes… y tras mucho rebuscar, al fin hallé una semblanza, parte de la cual voy a reproducir, por ser lo más parecido a una biografía que he podido encontrar.

Se publicó en La Estafeta Literaria del 1 de mayo de 1976, bajo el título de “El sino y la vocación de Santiago de Santiago”. Firmaba el artículo, Luis López Anglada, y dejando a un lado la parte más literaria, decía así:

“Santiago, joven andariego por las encrucijadas de la gran ciudad, dudaba entre el mundo mecánico y exacto de la ingeniería o el apasionante misterio de la clínica y la disección. Vestía ya, mozo talludo, el uniforme de soldado en el madrileño regimiento de Saboya… cuando cayó en sus manos un manual de quiromancia. Curioso y divertido, Santiago de Santiago miró sus propias rayas y analizó, según lo que había leído, el misterio de sus palmas. Sí… se le abrió un sueño de piedras que tomaban apariencias humanas, barros que se moldeaban entre sus dedos, modelos que ofrecían a sus ojos la gracia de sus curvas femeninas. Luego, una profecía de estancias reales, de visitas anunciadas con las etiquetas que marca el protocolo, la gloria de su nombre repetido una y otra vez por todas las tierras del mundo. Aunque horóscopos y buenaventuras no fueran a torcer una vida hacia rumbos distintos, si sirvieron para despertar en el joven soldado una nueva vocación. ¿Por qué no probar en los caminos del arte? Él había visto la perfección del cuerpo sobre las losas de las aulas clínicas y había aprendido la armonía de la materia en sus estudios ingenieriles. ¿Por qué no probar a llevar la belleza a cuerpos y formas que esperaban invisibles en la dureza de la roca?

Santiago de Santiago se entregó con pasión a su nueva aventura. Trabajó incansablemente hasta lograr el oficio que nunca había pensado poseer. Él, poeta a ratos, había escrito unos versos que le servían como lema:

“Lo único que vale

Es

La fuerza de tu Humanidad…”

Y aquella fuerza no había de faltarle, como tampoco un asombroso talento para asimilar rápidamente técnicas y enseñanzas que pronto dieron fruto en obras que comenzaron a despertar, primero la curiosidad y en seguida la admiración de quienes visitaron sus primeras exposiciones.

En el 84 Salón de Otoño, Santiago de Santiago otorgó personalmente el premio que lleva su nombre

 

Unos años han bastado para que el nombre de Santiago de Santiago se haya consagrado en nuestro mundo artístico como el de uno de nuestros más eminentes escultores. Su estudio, es una muestra de la categoría de este artista, que hace apenas quince años ni siquiera había imaginado que iba a recibir un día a lo más importante de la sociedad madrileña de nuestro tiempo. Bustos de escritores, artistas, aristócratas, se repiten en un prodigio de interpretación y perfecta armonía. Un día Santiago de Santiago se vio honrado con la visita de los que poco tiempo después ocuparían el trono de España, y de las manos del escultor salieron los bustos de sus augustas personas, vinculando, ya para siempre, la obra del artista a la historia de nuestro tiempo.

Cualquiera podría pensar que este hombre, al que el éxito ha sonreído de manera inusitada, puede haberse instalado en las fronteras de los inasequibles, o se podría pensar en la posibilidad de que –como ocurrió tantas veces entre los artistas –  un viento de vanidades se impusiera sobre su humana condición. El cronista puede dar fe de que Santiago de Santiago es un hombre pleno de cordialidad, entregado de todo corazón a su trabajo y dispuesto siempre a charlar amigablemente con quienes le visitan…. Este hombre que ha sabido hacer surgir de sus manos el milagro de la obra escultórica y ha dado vida y pasión al barro y a la piedra, a veces se deja llevar por una ilusionada vocación de poesía, y se basta a sí mismo para glosar, en los catálogos de sus obras, con versos propios, su propia razón de artista.

Entregando un busto a los Emperadores de Japón

 

Santiago nos va mostrando sus esculturas. La mano se va hacia la caricia de la piedra pulida con enamorado afán de creador. No es un aventurero en los caminos de la vanguardia. Ha tenido la prudencia de afianzarse en una manera de ser que le entronca con los grandes escultores de nuestro tiempo, pero sin cerrar los ojos a la tradición, que gusta de no deformar las imágenes ni de abstraer en formas ideales la realidad de la materia….

Santiago de Santiago sabe que dentro de la piedra hay algo más que forma y geometría. Sus manos, al transformar la materia, le infunden el espíritu que él sabe que existe en todo lo creado, el soplo divino del Creador que hizo la tierra y los cielos”…

En otra escueta versión de su vocación artística, se lee:

“Cumplía el servicio militar cuando cayó en sus manos un libro sobre la quiromancia, de esos que explican la adivinación por las rayas de la mano. Le interesó tanto que no solo lo leyó, sino que lo estudió en sus ratos libres. Y se examinó a fondo las manos. En sus rayas y montes planetarios estaba escrito su destino de escultor!!!

Las características eran claras, destacadas, definitivas… afortunadamente, en ese momento, la influencia del libro era más fuerte que el lógico escepticismo que un “descubrimiento” así produce. Quiso comprobar la base que pudiera haber en aquella señal y se puso a prueba: modelaba cera, barro, escayola; arañaba la piedra con cualquier instrumento cortante… y descubrió con sorpresa que tenía una cierta facilidad para conseguir las formas. Facultad innata que años después haría exclamar al marqués de Lozoya: “Parece como si las manos de Santiago tuviesen el poder de transmitir la vida. He visto cómo, con una rapidez inverosímil, la masa amorfa del barro se anima como si el escultor hubiera infundido espíritu en ella”.

En el XLIV Salón de Otoño, que visitaron los entonces Príncipes de Asturias, don Juan Carlos y doña Sofía

 

Estudió anatomía en la Facultad de Medicina de Madrid y escultura en Francia, Italia y Marruecos.

El destino que estaba escrito en las rayas de su mano… se ha cumplido”.

Desde el principio de su actividad artística, presentaba sus obras en su estudio, que también mantenía una escuela de modelado por la que han pasado multitud de artistas de toda España. En las presentaciones, siempre contaba con la presencia de lo más selecto de la intelectualidad, así como con numerosísimas personalidades del arte y la cultura, además de otras autoridades y personajes públicos de la escena española que gozaban de gran popularidad.

En la inauguración de un busto al rey Balduino, en presencia de su viuda, la reina Fabiola de Bélgica, y de S.M. doña Sofía

 

En los años 80, creo su propio Estudio-Museo, ubicado en su famoso domicilio de la calle Eduardo Aunós de Madrid, donde exhibe una exposición permanente de su obra y en el que impone además, de manera regular,  La Orden del Torsón de Santiago, una distinción obra del propio escultor, creada con el propósito de poder premiar a aquellas personas que realizan una importante actividad en beneficio de la humanidad.  “El corazón anida en el torso; un gran corazón necesita un gran torso, de ahí el Torsón”, explica el propio Santiago de Santiago.

En octubre de 1990, el entonces Concejal Presidente de la Junta de Retiro, José Gabriel Astudillo López, y la Directora de Casa de Vacas, Mª Dolores Barreda Pérez, realizaron una exposición monográfica en el centro Casa de Vacas del Retiro en la que se presentaban los proyectos y maquetas de las obras que dos años después se instalaron en el Museo al Aire Libre de Tortosa, que inauguró el entonces Príncipe de Asturias, don Felipe de Borbón.

Una de las esculturas de mayores dimensiones del Parque

 

Algunos Premios y distinciones

1957 Tercera Medalla del Salón de Otoño. Premio Marqués de Aledo; 1963 Primera Medalla de Artes Decorativas del Salón de Otoño; 1965 Medalla Mateo Inurria ; 1968 Premio Ayuntamiento de Madrid del Salón de Otoño; 1970 Premio Exaltación al Trabajo y Espiga de Oro de Valdepeñas; 1971 Premio Extraordinario “Princesa Sofía” del Salón de Otoño; Miembro de Honor de la orden “Gran Duque de Alba”; 1975 Segundo Premio Exposición Internacional del Deporte en las Bellas Artes; 1976 la Cruz Militar con distintivo Blanco de 1ª Clase; 1977 Medalla de Honor del Salón de Otoño; 1982 Medalla Oro y brillantes S.E.K.; 1990 Exposición en la “Casa de Vacas”, para la presentación del proyecto y obras del Museo al Aire Libre en Tortosa (Tarragona); Premio a la Exposición del Tercer Gran Premio Rodin; 1991Inauguración Monumento a “La Violetera” (Madrid); Monumento “Los Niños de la Bola” (Colegio San Ildefonso, Madrid); Inauguración del Museo al Aire Libre de Tortosa, con un Monolito central de 7,5 m. y cuarenta esculturas, más otras cuarenta y ocho esculturas repartidas por todo el Parque; 2001 Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo…

Distintos bustos obra de Santiago de Santiago

 

Estatuas y monumentos

“Amigos”, Plaza Federico Mahou (Madrid); al Niño, Jardines de San Francisco (Madrid); a Ruiz Jiménez (Jaén); a Manuel Salces (Santander); General Fernández Capalleja (Melilla); Siete monumentos a Rojas Navarrete en los diversos campamentos de Milicias Universitarias de España; a los Caídos, Regimiento de Transmisiones de El Pardo; a Gregorio Alcalá (Cuenca); a Gustavo Adolfo Bécquer (Madrid); a los Muertos de la Legión (Zaragoza); a Bimllenario de Lugo (Lugo); a Rubén Darío (Cádiz); a Rubén Darío (Ávila); a Rubén Darío (Segovia); a Rubén Darío (Alicante); a Fofó, Parque de Atracciones (Madrid); al Amor, Playa de Aro (Gerona); a Álvaro Iglesias (Madrid); a Goya, Piedrahita (Ávila); a Santiago Bernabéu (Madrid); a la Madre Soltera, Leganés (Madrid); Evasión, A.S.R. (Segovia); Cenit, A.S.R. (Segovia); Leil Voliv, A.S.R. (Segovia); a La Abuelita (Soria); al Colegial, Portland, Oregón (Estados Unidos); a la Labor Deportiva S.E.K. (Madrid); al Golf, Villamartín (Alicante); a Plutarco Elías Calles, Fundación P.R.I. (México D.F.); a Francisco de Goya, Fuendetodos (Zaragoza); Arzobispo Carrillo Acuña (Alcalá de Henares); Clara de Campoamor (Madrid); a Plutarco Elías Calles, Auditorio Nacional (México D.F.); “Los Niños de la Bola”, Colegio San Ildefonso (Madrid);  “La Salida”, Polideportivo de Aluche (Madrid); “D. Quijote” (México D.F.); “Quijote 2000”, Museo Cervantino (Guanajuato, México);  “Hospital San Rafael”; “Colegios S.E.K.”(Valencia); Universidad del Tepeyac (México); de S.A.R. el Príncipe de Asturias en Villaviciosa de Odón (Madrid); “La Salida”, León, Guanajuato (México);  “Amigos” (Oviedo); “Fuente España” (Santiago de Chile); “Mavi” (Oviedo);  “El Marqués del Duero” (Marbella); Mausoleo Lola y Antonio Flores; “Sol de España” y “Danza I” (Japón); 4 esculturas monumentales en Marbella; escultura monumental en “Parque España” (Japón);  “Proyección Faústica” a 8 mts. Colegio Internacional de Levante; a Benito Pérez Galdós (Santander); al actor Arturo Fernández para colocar en el Parque de Priañes (Oviedo); a “La Mujer Aguileña”, Águilas (Murcia); a “San Pedro”, San Pedro de Alcántara (Málaga); al “Caballero Templario Peregrino”, (Santiago de Compostela); “Los Angeles de Puebla” (México); “Colegios S.E.K” (Segovia); a Fernando VI. Aranjuez (Madrid); a Paco Rabal. Aguilas (Murcia); a Cervantes. Torrelavega (Cantabria); a Cervantes. Guanajuato (México); al Virrey D. Joaquín del Pino y Rozas. Baena (Córdoba); Dos Grupos Escultóricos. Alcorcón (Madrid); “Nacimiento y Creación de Navalcarnero”. Navalcarnero (Madrid); “Hola”. Coin (Málaga); a Isabel la Católica. Medina del Campo (Valladolid) y Alcalá de Henares; a Cervantes. Patras (Lepanto). Grecia; a la Guardia Civil. Mérida (Badajoz);  “Limpiabotas”.  Haro (La Rioja);  “Al Abulense Emprendedor”, Navaescurial (Ávila); “Piedad”. (Oviedo)….

Junto a S.M. el Rey Don Juan Carlos y el Presidente de México

Distintos monumentos instalados por el mundo que nos dan idea de las proporciones de su obra

 

Una llamada que le cambió la vida

Los artistas, los grandes artistas de cualquier parte del mundo, viven de su trabajo, en la actualidad, al menos lo intentan. Pero cuando uno es artista, lucha por sobrevivir con mayor o menor éxito, y por llegar a ser parte de la historia y por dejar su huella creativa y de belleza en este mundo cada vez más atípico y variable.

Uno tiene que comer y recibe encargos de todo tipo. Le gustarán más o menos, pero se debe a ellos y a su arte. Como cualquier hijo de vecino, el artista también tiene su propia ideología, y es libre también de declararla o reservarla para él, pero el acto creador no reconoce doctrinas que no sean las puramente dictadas por el ansia de trabajar y crear, sin límites ni fondos ocultos.

A Santiago de Santiago le cambió la vida cuando en mitad de la noche, recibió tres llamadas de teléfono la madrugada del jueves 20 de noviembre de 1975. Las dos primeras no las cogió. En la tercera, ya despierto, levantó el teléfono. Eran las cuatro de la mañana. Al otro lado de la línea, un coronel de la Casa Militar le prevenía: el motivo de su llamada era un asunto de máxima urgencia, debía dirigirse al instante al hospital La Paz, donde el entonces Jefe del Estado, Francisco Franco, estaba ingresado: “no hay tiempo. Hay que hacer una mascarilla”.

Santiago de Santiago supo en aquel momento que aquella sería la última noche de Francisco Franco, así que recogió lo necesario – yesos, escayola, cincel- y puso rumbo al centro hospitalario. Dicen desde su entorno que cuando llegó, Franco  todavía estaba vivo. O al menos, eso le pareció a él, pues su cuerpo todavía desprendía calor. El cadáver se encontraba en una habitación de la primera planta del centro hospitalario.

De esta forma, el escultor fue una de las primeras personas en ver el cadáver de Francisco Franco, unas tres horas y media después del fallecimiento y ya a solas, obró como solo él sabía y tomó las medidas de la cara y de las manos del cadáver. Luego aplicó aceite y moldeó las facciones de la máscara con escayola sobre su rostro. Apenas tardó una hora. Finalmente, le limpió el rostro con alcohol y luego se marchó de allí.

Entre llamada y llamada no atendida, el coronel había estado intentando contactar también con otro escultor de prestigio: Juan de Ávalos, aquel republicano de izquierdas a quien también le cambió la vida haber ganado un concurso para hacer unas estatuas y realizar el conjunto escultórico del Valle de los Caídos. Él, que siendo artista, también tenía que comer y sobrevivir, quedó de la misma manera marcado ya por siempre y reprobado y ninguneado por la progre intelectualidad hasta nuestros días.

Juan de Ávalos se encontraba en esos momentos en su ciudad natal, Mérida, y fue avisado de urgencia, pero para cuando quiso llegar a Madrid ya era demasiado tarde.

Las páginas amarillas de la época, en sentido literal puesto que era donde se buscaban los teléfonos de los negocios o servicios que uno necesitaba y que hoy quedan tan lejos y son tan desconocidas para los jóvenes, tuvieron la culpa de todo. Allí aparecía, en el apartado de “Escultores”, casi al final de la lista, el nombre de Santiago de Santiago, con estudio y domicilio en la calle Eduardo Aunós de Madrid, y el teléfono.

Santiago de Santiago realizó así la mascarilla y las manos de Francisco Franco, un esbozo casi fidedigno de su rostro justo en el momento de la muerte. “Quedé sorprendido, confesó el escultor, de encontrarle tan natural. Las manos estaban como rejuvenecidas”.

Y a partir de aquel día, igual que le ocurriera en otros tiempos a Juan de Ávalos, todo fue ya diferente para Santiago.

En las imágenes se pueden ver a distintos miembros de la Casa Real posando para el artista: el entonces Príncipe de Asturias, S.M. Don Juan Carlos, Doña Sofía y Don Juan de Borbón

 

Santiago de Santiago y la AEPE

A principios de los años sesenta, Santiago de Santiago participó activamente en las actividades de la Asociación Española de Pintores y Escultores, formando parte por esa fecha, de la comisión organizadora del Salón de Otoño.

También fue jurado en distintas ediciones del Salón de Otoño.

En el XXXVII Salón de Otoño, se dedicó una sala especial de Honor a Santiago de Santiago, en la que expuso 23 escayolas, piedras, mármoles, maderas, bronces y terracotas.

En 1956 se fundó en el seno de la Asociación Española de Pintores y Escultores el Grupo Velázquez, presidido por José Cruz Herrera y formado por ocho pintores más: Antonio Casero, Enrique García Carrilero, Domingo Huetos, Antonio L. Pinero, Rogelio García Vázquez, José Pérez Gil, José Valenciano y Manuel Izquierdo Vivas y como único escultor, Santiago de Santiago. Un grupo que fue creciendo sobre todo en la década de los sesenta.

En el XLV Salón de Otoño de 1977, el jurado especial, compuesto por el Marqués de Lozoya, Luis Brihuega, D.Antonio Cobos, J. López Anglada, Francisco Prados de la Plaza y Miguel Carrión como secretario, se reunió el día 19 de setiembre y acordó conceder la Medalla de Honor por la obra realizada en el transcurso de su actividad artística al escultor Santiago de Santiago. Dicho Jurado tuvo carácter de extraordinario a efectos de la citada medalla, ya que, cabe recordar que, tanto para esta medalla como para el Premio Princesa Sofía se formaban jurados especiales y era necesario a los candidatos reunir determinadas condiciones.

Tercera Medalla del Salón de Otoño de 1957. Premio Marques de Aledo.

Primera Medalla de Arte Decorativo en el Salón de Otoño de 1963.

Premio Excmo. Ayuntamiento de Madrid en el Certamen de San Isidro de 1976.

Medalla Mateo Inurria en el Salón de Otoño de 1966.

Premio Excmo. Ayuntamiento de Madrid del Salón de Otoño de 1968.

Premio Especial Princesa Sofía del Salón de Otoño de 1971.

Medalla de Honor en el Salón de Otoño de 1977.

Vocal de la Junta Directiva desde 1960 a 1969;  Contador de 1970 a 1972; Relaciones Públicas entre 1973 y 1974 y Vicepresidente hasta 1987.

Participó en los siguientes Salones de Otoño:

XXVII Salón de Otoño de 1955: “Retrato del Excmo. Sr. D. Joaquín Ruiz-Giménez”.

XXVIII Salón de Otoño de 1957: “Retrato de Don Bernardo López”.

XXIX Salón de Otoño de 1957: “Busto de Mari Carmen” y “Fou-Fou”.

XXX Salón de Otoño de 1959: “Retrato de la Srta. Maruja Hernández” y “Figura”.

XXXI Salón de Otoño de 1960: “Íñigo”, “Pedrín” y “Carmiña”.

XXXIII Salón de Otoño de 1962: “Carmina”, “José Pedro”, “Rocío”, “Figura” y “Sirena”.

XXXIV Salón de Otoño de 1963: “Virgen de la Paz”, “Mujer y ciervo”, “Escena de caza”, “Wagner”, “Litz”, “S.A. el Príncipe Juan Carlos”, “Carmina”, “Bojou” y “Soledad”

XXXV Salón de Otoño de 1964: “S.A. el Príncipe Juan Carlos”, “S.A. la Princesa Sofía”, “Inmaculada” escayola, “Merche” mármol, “Regina O.” escayola, “Charo” bronce, “Busto” mármol y “José Pedro” mármol.

XXXVI Salón de Otoño de 1965: “Relieve”, “Ratoncín” terracota, “Cachorro” mármol, “Trueno” escayola, “Tamico”, “Estela” escayola, “Nicolás Trancho” bronce y “Retrato de niña” piedra.

XXXVII Salón de Otoño de 1966, Sala de Honor “S.M. Alfonso XIII”, “S.E. el Generalísimo Franco”, “Maite”, “Composición”, “Hermanas Sonante”, “Mari Carmen San José”, “Hebe”, “Trofeo”, “Nany”, “Don Manuel Conde”, “Mari Carmen”, “Cachorro”, “Covadonga”, “Torso”, “Virgen con el niño”, “Cándido (Mesonero Mayor de Castilla)”, “Martinete”, “Caly”, “Señora de León”, “Señora de Hernán Gómez”, “Maite” y “Yerma”.

XXXVIII Salón de Otoño de 1967: “Virgen y el niño” escayola, “Marta” escayola, “Sonia” escayola, “José Manuel” mármol y “Torso”.

XXXIX Salón de Otoño de 1968: “Señora de Salama”, “Señora de Rubio del Castillo”, “Grachya Barreiros Espínola”, “Maite Barreiros Espínola”, “Señorita Isabel Fierro Guerra”, “Tico Medina”, “M.P.”, “Terracota”, “Terracota”, “Inés”, “Carlos N. Barriopedro”, “Elena” y “Marta”.

XL Salón de Otoño de 1969: “Los siete elementos”, “Juan Belmonte”, “Grupo I”, “Holga”,  “Un grito en la noche”, “Marybel”, “Don Graciliano Barreiros”, “Sra. De Ferreiro”, “Nietos de D. Francisco Sullá”, “Unidad elíptica número II” y “Don Federico Galindo”.

XLI Salón de Otoño de 1971: “Los siete elementos”, “Perla Cristal” y “Figura”

XLV Salón de Otoño de 1977: “El amor salva”, “La ponzoña”, “Figura I”, “Figura II”, “Nueve sinfonietas”, “Mazasisi” y “Relax-1”.

XLVI Salón de Otoño de 1978: “Goya”, “Carmen” y “Milagros”

XLVII Salón de Otoño de 1979: “Rosa María” y “Escultura”

L Salón de Otoño de 1983: “Hebe-II” y “Espejo”

LXII Salón de Otoño de 1995: “J.L.”

«Maite», obra presentada al XXXVII Salón de Otoño

 

Busto presentado al XXXVI Salón de Otoño

 

Don Juan de Borbón

 

Obra presentada al XXXVII Saló de Otoño

Distintas obras características de su arte

Junto a José Gabriel Astudillo, Presidente de la AEPE, en el transcurso de la visita que le hizo a principios de año

 

 

 

Los “memes” de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y otras bromas de la prensa

por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Mientras preparo la documentación para realizar la biografía de la artista Mª Luisa Pérez Herrero, descubro algunas bromas que hacían los periodistas de la época, algo habitual respecto a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes.

Entonces, recuerdo varios libros de los que colecciono, en los que se hace una crítica de todos y cada uno de los cuadros y esculturas presentados a una Exposición Nacional de Bellas Artes, apuntes cómicos que comentan de forma irónica escenas que describen los cuadros, muchas de ellas en prosa, pero con abundantes rimas, que lo mismo se ríen crudamente del tema tratado, como del pintor, de algún fallo en la ejecución… aunque también aplauden cuando a juicio del autor, lo merece la obra.

Para los jóvenes, traduciendo un poco todo esto, se trataría de auténticos “memes” de la época. Vamos a ponernos en situación: finales del siglo XIX y principios del XX, la prensa escrita, como hoy el teléfono móvil, lo es todo. Quien no sale en los periódicos, no es nadie.

Periódicos de tamaños imposibles, de letra más imposible aún de leer, con escasas fotografías y textos grandilocuentes, repletos de continuas metáforas y descripciones.

Al igual que hoy con los móviles, había multitud de periódicos de todo tipo, serios, políticos, dirigidos a la mujer, cómicos, satíricos, de provincias, ilustrados,… pero no voy a entrar en más detalles porque nos llevaría a un estudio mucho más detallado y exhaustivo que no es el propósito de este artículo.

El ambiente de la época es más o menos este: la población que trabaja no suele leer la prensa; la burguesía tiene mucho tiempo para hacerlo y siguen a los auténticos “influencer” del momento, es decir, los periodistas. Cada uno de ellos, con un estilo propio, con seguidores, que trabaja para un medio distinto y pese a que hay muchos diferentes, la competencia es atroz.

En estas circunstancias, dejando aparte el clima social y político, y por resumir muchísimo y centrarnos más en el tema, hay periodistas, incluso aficionados, que intentan ser “originales”, y para ello, deben ir más allá que el resto.

Así que algunos prueban a comentar la visita del momento, sea a una Exposición Nacional o a un banquete o a cualquier otro acto social de gran afluencia de público, de forma distinta y curiosa.

Revista cómica

 

Es así como surge el comentario jocoso-satírico de los cuadros incluidos en una Exposición Nacional de Bellas Artes, hecho que se repetirá en bastantes de ellas, y algunos lo hacen explicando que …”el autor de estas líneas, que no es pintor ni es crítico… ha visitado la Exposición en concepto de curioso… (que ya por aquel entonces también los había). Uno de los amigos que me acompañó tuvo la curiosidad de escribir y coleccionar las poéticas impresiones que, en un rato de buen humor, le produjeron los cuadros, dando lugar a esta obra, que no pretende ser de ningún modo una colección de juicios, y menos hoy que todos los españoles lo hemos perdido”

Como vemos, un grupo de amigos visita una exposición, igual que ahora se hace, y “echan allí el día”, o la tarde, o la mañana, y con un poco de humor, surgen comentarios de todo tipo.

En la actualidad, haríamos una fotografía y lanzaríamos a las redes sociales nuestras notas y coletillas, si bien es verdad que nos “cortaríamos” mucho a la hora de poner calificativo a algunas cosas que en el arte se ven… (me acuerdo en este momento de ARCO, en donde siempre hay controversias con algunas obras), hasta haríamos “memes” al respecto.

A tener en cuenta que en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes se presentaban casi un millar de obras. Sí, sí, he dicho bien, no es como ahora con poco más de 50 obras expuestas. No, allí se exhibían centenares de cuadros y esculturas de todo tipo. Sería como el ARCO actual: quien quería triunfar en el arte, tenía que estar allí, y las aspiraciones a veces se desinflaban, pero todos lo intentaban presentando uno o varios cuadros a la exposición.

En otro de los libros aparecen los preparativos de la “Expo” también en verso, diciendo realidades de plena actualidad como:

…”Primer escollo ¡y qué escollo!

casi, casi insuperable:

entrar en la Exposición

unos cuantos días antes

de abrirse, para ir sacando

notas, datos y detalles

de las obras presentadas,

que son cien mil y la madre.

Como desde hace dos años

el PALACIO DE LAS ARTES

no se ha abierto para nada

y no se ha ocupado nadie

de dar por allí una vuelta

a ver si los temporales

han causado desperfectos,

como era de sospecharse,

se encontraron, al abrirle,

que no tenía cristales,

que algunos muros estaban,

por las lluvias, agrietándose,

que estaba podrida y rota

gran parte del maderamen

que no había ni una teja;

en fin, ¡la mar de percances!”

Pero si solo comento esta curiosidad de forma tan genérica, nada se ve ni resulta significativo, por eso, he intentado hacer una recopilación que incluya una variedad de casos, para que el lector pueda juzgar la interpretación “periodística”, equivalente a una crítica de arte, a un “meme” actual, que muchos tildarán de poco seria, pero ya sabemos todos que a veces, medio en broma, medio en serio, se aportan opiniones reales que sólo así pueden decirse… o nos atrevemos a decir.

Igualmente hay que tener en cuenta que algunos autores incluyen el apellido del artista sobre el que hacen el comentario, si bien otros lo callan, diciendo únicamente el título de la obra para evitar así conflictos mayores… y que muchos libros de este calado se publicaron bajo pseudónimo, si bien también había valientes que sin ningún pudor, ostentaban y relacionaban sus apellidos.

Veamos algunos ejemplos:

 

Sala I, entrando a la derecha:

 

“Preparando la red”. S. Mañá.

Sí, prepárela; pero me parece que los Jurados no caen en ella y menos si se enteran de que los peces le han comido a usted el muslo izquierdo.

 

“Ciencias y Caridad”. Ruiz

Siento ante tanto dolor

Reírme como un bergante,

Pero el caso es superior:

¿pues no está el señor doctor

Tomándole el pulso a un guante?

 

“Labrando la tierra”. L. Millás

Me hizo el mismo efecto

Cuando vi este cuadro,

Que si comer viese

Los limones agrios;

Se me aguó la boca,

Me sentí crispado

Y se me pusieron

Los dientes muy largos.

 

“¡Pobre viuda!”. Verget (C)

Hombre: pues le diré a usté,

Será pobre y viuda y todo,

Pero se aprieta el corsé.

 

“Defensa de Manila”. E. Santos

Me parece poca defensa. Bien dicen que los indios tienen el don de la imitación; no hay más que verlo. Está en la misma postura que el fraile, sólo que sin lantaca.

 

“Retrato de niño”. Pinazo

Hay pocos retratos buenos

Como aquel del coronel;

Pero éste no es como aquel,

No, señor, ¡ni mucho menos!

 

“Paisaje”. Espina

Hermosísimo, como lo son también los apuntes que tiene usted enfrente.

Mu bien pintao,

Choquela usté,

Eso se llama

Tener pincel.

No tienen malo

Ni tanto así.

-Está usté en todo.

-¡Claro que sí!

 

Sala segunda, Entrando á la derecha.

 

“Pintura literaria”. Rusiñol

Lo confieso ingenuamente: yo he sido de los más encarnizados enemigos de usted como pintor; le fui cobrando antipatía por convicción propia, en presencia de sus cuadros, no sugerida ó por insuflación oficiosa, como la cobran otros. Su impresionismo me rayaba las tripas; aquel Patio azul de la EXPOSICIÓN pasada completó mi odio. Sí, Sr. Rusiñol; le odiaba como artista. Pero he visto esos medios puntos que significan una adivinación» un ensueño de la pintura de los siglos XÍII y XIV con toda la pureza de su misticismo naturalista, reflejo de las primeras luchas entre la fixiología y la teodicea, que entonces latían en el fondo del corazón amordazadas por la tiranía y desdibujadas por la ignorancia y que más tarde habían de irse vigorizando, hasta llegar de auto de fe en auto de fe á la Enciclopedia, germen de todos esos cuadros, que tienen por fondo el obscuro recinto de una fábrica y que hoy llenan las salas de todas las Exposiciones; he visto estos medios puntos que le revelan á usted como pintor erudito {rara avis),y sobretodo he visto el patio del Seminario que exhibe usted en este mismo muro de la Sala, al otro lado de la puerta, lienzo que le revela como observador de la naturaleza y como colorista honrado que pinta lo que es, á despecho del gusto y de la tendencia general, y confieso, Sr. Rusiñol, que me va usted convenciendo. Yo he visto esa luz á la caída de la tarde, cuando el sol se filtra en el zenit por entre nubes de color de fuego; yo he visto teñirse de ese color las faldas de las montañas, los muros de las torres que miran á Occidente, y es así de crudo y así de agrio. Yo he visto la penumbra del tal créspulo que envuelve á los seminaristas de su cuadro, y es de esa diáfana tristeza que en él se nota. Yo encuentro todo eso muy )usto de color, y confieso ingenuamente que usted me ha convencido.

 

2.Retrato de S. M. el Rey

El asunto es inviolable;

la ejecución criminal;

el delito cometido

es de lesa-magestad.

 

  1. La tarde en los mismos alrededores

Sobra niebla y falta luz;

hay nubes cual cataratas

y un pato con unas patas

que parece un avestruz.

 

  1. Suplicio del Justicia de Aragón don Juán de Lanuza

El suplicio de Lanuza;

cuadro angustioso v solemne.

fía y hombres predestinados

á que los maten dos veces.

 

  1. Barcelona mirada desde la montaña del Montjuic

La vista… muy bien tomada;

efecto… bastante fuerte;

luz… rara hasta cierto punto;

color… de café con leche.

 

  1. Paisajes

Telégrafo, tren, luz, vía,

están muertos, sin color,

y hasta se advierten los síntomas

de la descomposición.

 

  1. Estudio de cabeza

Por doble sistema estudias

pues haces en la obra misma

un estudio de cabeza

y, al mismo tiempo, de risa.

 

  1. Naranjas

Si la entera es igual á la empezada,

no se la coma Vd., que está pasada.

 

  1. Monje cartujo en su vida contemplativa

Falta verdad y color;

¿es un niño ó un embudo?

Para fraile tan menudo

ese es mucho resplandor.

 

  1. Retrato del autor

Agradable de color,

en el ojal sobra cinta…

usted es un gran pintor,

que aunque no pinte, la-pinta,

 

  1. Prisión del trovador

Solo veo pretensiones

al contemplar este cuadro;

de todo lo que contiene

lo más bonito es el marco.

 

  1. Maja

Un brazo de vara y media;

sin tenerse que encojer,

la que baja del vehículo

puede agarrarse los pies.

 

  1. Pensionista

Señora respetable, lujosa pieza.

¡Ayl si fuera verdad tanta belleza.

 

  1. Retrato de una señorita

Ese retrato se muere

víctima de un asesino

que lo envenenó al ponerlo

en fondo de cardenillo.

 

“Marina”. Martínez Abades

No vuelva usted á mandar

los lienzos en un paquete

como las piezas de tela

están en los almacenes,

porque luego, al desdoblarlos,

se le notan los dobleces

y algunos se deshilachan

como ha ocurrido con éste,

porque va usted á obligar

en la Exposición que viene

á que traigan un anafre,

á que las planchas calienten

y á que se planchen los cuadros

y el autor si le conviene.

 

“Viva página de gloria”. Butragueño

Lo será, menos para el autor.

 

“Silencio”. Álvarez (D. B )

¡Bueno!…. Pues, callemos. No vaya á decir el autor que contrariamos su indicación.

 

  1. Estudio del natural. Retrato del autor

Se ha retratado difunto,

ó en el acto de espirar.

¡Ay! qué hará Vd. con el prójimo

tratándose Vd. tan mal.

 

  1. Picador

—No te acerques, Baldomera,

que si estira un poco el brazo,

nos va á encajar un puyazo

en mitad de la sesera.

 

  1. La paz=Vuelta al hogar

¡Qué cara la del soldado!

¡vaya un humor que padece!

para volver de ese modo

mejor fuera no volviese.

 

  1. La muerte de César

Mucho senador… de esquina,

poco pintor, grande asunto,

los asesinos de César,

todos me parecen Brutos.

 

  1. Galileo en la Inquisición

Color malo, muy violenta

la figura en ciertas partes,

piernas de bronce ó asfalto

de todo, menos de carne.

 

  1. El toque de la oración

El toque de la oración

es un cuadro de gran mérito,

un verdadero tesoro

de poesía y sentimiento.

La campana, la mendiga,

la ermita, la luz, el cielo,

todo es sublime, expresivo,

fácil, natural y bello.

El que pase ante tu obra

y nada sienta en su pecho,

es un hombre sin creencia,

sin corazón ó está ciego.

 

  1. Prisión de la última reina de Mallorca

Al verla así tan blanquita

y tan ligera de ropa,

dudo si vá á la prisión

ó si se marcha á la alcoba.

Parece un pilón de azúcar

de esos pilones de arroba,

¡Jesús! en paños menores

una reina de Mallorca.

El príncipe tiene un pié

que es media vara y aun sobra!’

de lejos parece un

pimiento de la Ríoja.

Se cae de puro bueno

el rey con toda su cólera,

hay dos coros de ambos sexos

de sayones y sayonas.

Nicasio Serret. Prisión de la última reina de Mallorca. Exposición Nacional de Bellas Artes de 1876

 

  1. Boceto de unas casas

Si el boceto está bien hecho,

lo cual me parece fácil

no vivía en esas casas

aunque las dieran de valde.

 

  1. Retrato de un capitán

¡Un escaparate pide!

Lacre todo al rededor.

No tiene luz por temor

de que el fondo se liquide.

Figura poco animada,

expresión del color, fría:

es una fotografía

de á peseta, iluminada.

 

  1. Capilla de San Jorge

Bastante dura,

mucho barniz;

esta pintura

me hace feliz.

 

322, 323, 324, 325, 326, 327, 328… Cuadritos del Sr. Pérez Rubio

Verdad, corrección, vigor;

fecundo en buenas ideas,

¡cómo lamento que seas

un artista al por menor.

Manía tan extremada

hará que pintes, sin gloria,

toda la moderna historia

en cuadritos de á pulgada.

 

  1. Niña jugando con una gallina

Juego que no entiendo yo,

ni nadie lo entenderá

la niña jugando está,

mas con la gallina, nó.

 

  1. Los héroes de la Independencia española

Daoiz y Velarde, sublimes,

el cura no tiene precio,

la maja siento que ponga

la mano izquierda en el suelo.

Las otras figuras, buenas,

menos una qué va huyendo,

un color… de circunstancias;

el cuadro merece un premio.

 

  1. Aldeana

¡Jesús, qué manos, qué pies!

ese estilo me amedrenta,

esta debe ser parienta

del ciento noventa y tres.

 

  1. El Jaleo

No es malo, pero en el fondo

hay un brazo y una mano,

que bien pudieran pasar

por un tenedor de palo.

 

  1. Las primeras Joyas

Algo de bueno se vé,

una idea muy bonita;

lástima que la aldeanita

tenga un uñero en el pié.

 

  1. El «quinientos sesenta y ocho» en la casa de maternidad de Barcelona

El niño estaba robusto,

ese ya no mama… come;

si se descuidan un poco

le presentan con bigote.

 

  1. Las blancas dan mate en tres jugadas

Estudia más el asunto,

y aunque no lo pintes bien,

al fin serás con el tiempo…

gran jugador de ajedrez.

 

  1. Cigarrera

¿Cigarreras? ¿dónde están?

solo hay una ciudadana;

pues si todas son así

no me gustan… ni pintadas.

 

  1. Italianas

Negruzca, vieja, ordinaria:

esta es una italiana,

nacida en Cangas de Onís,

qué va dé siega á la Alcarria.

 

  1. Una suerte de vara en la plaza de Madrid

Regular; tiene una falta:

las piernas de los toreros.

Cómo luce aquel que salta

sus espárragos trigueros.

Nunca he visto unas canillas

más delgaduchas y tiernas.

—¡¡Que tocan á banderillas!!

—Pues cójase usted las piernas.

 

  1. Retrato de la hija del autor

Aunque el color no es muy bueno

ni la tela está muy propia,

me parece que tu hija

es la mejor de tus obras.

 

  1. Niña cosiendo

No espere usted que le riña;

ni palabra le diré,

En cambio dígame usté

en donde vive esa niña.

 

  1. Baile de máscaras

Un baile de medio pelo

donde abundan los horteras.

Este de fijo en Setiembre

lo venderás en la feria.

 

  1. Escena de la vida artística

Hecho por todo lo alto

tiene verdad y salero;

es cuadro muy español

y con algo de flamenco.

 

  1. Interior del coro de la catedral de Toledo

Un interior bien pintado,

con una luz sorprendente.

Me gustará mucho más

cuando se vaya la gente.

 

Gedeón. Parodias visuales de las esculturas Velázquez de Aniceto Marinas y La mina de carbón de Mateo Inurria

 

19O y 191. Canal de Mancorbo y costa de Lequeitio

—Paisajes bellos, divinos;

esto sí que es natural…

—¿De quién es?

—De Carlos Haes.

—Pues no me diga usted más,

—¡Qué agua!

—¿Si será de veras?

—No te acerques mucho, Juan,

no sea que nos salpique

y me moje el delantal.

 

  1. Muerte de Cleopatra

Algo bueno hay en tu obra,

pero te haré una advertencia;

según nos dicen las crónicas

Cleopatra no era tan fea.

 

  1. Estudio del natural

Como estudio no está mal.

Cuando palotes hacia

yo estudiaba y no escribía.

Tú buenas cosas preludias

y no pintas pero estudias.

 

1253, 1254, 1255, 1256, 1257. Estudios de los alrededores de Madrid

—¡Magníficos! ¿Y esa gasa?

—Es que se ha muerto el autor.

—No me extraña, que lo bueno

siempre se lo lleva Dios.

 

  1. Hablando con la zagala

Dada la altura del mozo

y el tamaño de la moza,

debe Vd. poner por título

«Hablando con una mosca.»

 

  1. Burlado y vencido. Saint-Aubin

Cuadro de gran interés,

que está muy bien presentado

de la cabeza á los pies,

y á mí me parece que es

lo mejor que usté ha pintado.

 

  1. Paisaje de Ampuero. Conejo

No, señor; gazapo.

 

652-653. Marinas. Meiffren

Me carga este Meiffren

porque siempre pinta bien.

 

  1. Violeta. Escoriaza

Sí, señor; violeta y negro.

 

Un retrato

Qué mujer! encantadora,

hermosa, dulce, buen tono,

y unos ojos!… pero cómo

me gusta a mi esta señora

 

Y algunos libros finalizan con epílogos que también lo dicen todo:

“Al ver la noche venir

del Pabellón al salir,

cuando ya iban á cerrar

quise otras obras mirar,

quise volverme á reír.

Mas noté que embellecían

conforme la luz perdían,

y al verlos de sombra llenos

de lejos… me parecían

todos los cuadros muy buenos.

¡Cubra del arte el local

la noche con su capuz…

la Exposición Nacional

no debe tener rival,

vista de noche y sin luz!”

 

Pero como todo en esta vida, los “memes” evolucionaron. En los años treinta ya no se llevaba la rima ni la prosa, ni las críticas pomposas. Perdón, me ha salido un verso después de leer tantos…

Así que se impuso el “periodismo” más sofisticado, de la mano de literatos en los que la pluma era algo mucho más interesante de leer. Y así llegamos a lo que comentaba al principio de este reportaje, cuando estaba investigando acerca de la pintora Mª Luisa Pérez Herrero.

Se trata de una noticia aparecida en El Heraldo de Madrid en 1930, firmada por el periodista vallisoletano José Luis Salado, muy popular en el Madrid republicano, sobre todo en los ambientes de la farándula teatral y cinematográfica, que apostó por la modernidad, la frivolidad, la renovación y una actitud contraria al lastre de la tradición en el mundo del espectáculo.

El entonces joven autor de novelas galantes, que había trabajado en París se convirtió en azote de los ahuecaos, cronista de guerra y crítico teatral, sin olvidar el costumbrismo de los tranvías o los baches del pavimento en un Madrid en plena guerra.

Y lo hacía con humor, con un fino humor que mantuvo hasta su salida de Madrid, sin dejar de protestar por el precio de las entradas al teatro o la calidad de las representaciones, dejando por el camino algunas vedettes y tanguistas, evocadas con una sonrisa porque prefería los sones de un foxtrot.

Fruto de esa personalidad, publicaba una noticia bajo el epígrafe de “El reportero en la Exposición”, cuyo titular era “La Sociedad de Amigos Íntimos del Otoño va a procesar a un paisajista”, el subtítulo: “Porque se le ha ocurrido pintar un paisaje claro”.

 

El texto, en el que reconocerán el humor del que antes hablaba, lo copio literal, puesto que la conservación del ejemplar es algo deficiente.

¿Sabían ustedes que desde hace algún tiempo funciona en España la Sociedad de Amigos Íntimos del Otoño? Pues sí; funciona. Tiene su Junta directiva: su presidente, sus vocales, su secretario… Tiene delegaciones en Aranjuez, en Granada. Tiene incluso señoritas en la lista –bien nutrida- de socios: la señorita María Luisa Pérez Herrero. (María Luisa Pérez Herrero, que ha instalado su estudio en un palacio comercial de la Gran Vía –timbres telefónicos, subir y bajar de ascensores, bullicio de “dactylos”; la prisa urbana, que habría cantado Verhaëren-, como Enrique Suárez de Deza escribe comedias en otra colmena de la acera de enfrente…)

-¿Y para qué sirve la Sociedad de Amigos Íntimos del Otoño?

– ¡Ah! Tiene una misión perfectamente definida que cumplir.

– ¿Y quién dice usted que es el presidente?

– Rusiñol.

La Sociedad tiene, por lo pronto, una relación de los jardines que hay en España. Una relación detalladísima, con toda clase de datos, casi a la manera con que “Azorín” describe –sin olvidarse de un solo árbol- el claro paisaje levantino. Jardines gallegos, jardines catalanes, jardines verdes de Asturias, jardines de Castilla. En la Sociedad de Amigos Íntimos del Otoño lo saben todo: cuántas rosas hay en cada jardín, el número de hormigas, los nombres de los guardas, sus gustos, sus inquietudes… Pero no se ha llegado a tal minuciosidad por un puro amor a la estadística, sino simplemente para darle un uniforme otoñal –un uniforme melancólico-  a todos los jardines de España, ya que en las filas de la Sociedad forman los paisajistas de estirpe rusiñolesca…. Guerra al jardín en primavera, con las rosas desangrándose, con un olor caliente. La Sociedad de Amigos Íntimos del Otoño no acepta otro tipo de jardín que el jardín abandonado, en sombra, con ese reflejo de sol poniente que se refleja –lágrima aurirroja- en los macizos de boj sin recortar…

Y la Junta directiva, en sus reuniones, adopta acuerdos de verdadera trascendencia.

Por ejemplo:

-Hay que amonestar al guarda encargado del jardín que figura con el número 128 del catálogo.

-¿Qué ha hecho?

-Tener limpios todos los paseos.

-¿Pero ni una mala hoja seca?

-Como ustedes lo oyen.

-¡Con lo que decoran las hojas secas, que son, según el suspirante decir becqueriano, juguete del viento!…

Efectivamente, desde que Rusiñol descubrió el filón pictórico de Arajuez –mañanas del “Rana Verde”, junto al río sonoro- no hay paisajista que deje de dar su correspondiente glpecito a los bojes pintados de sol, a las avenidas con una alfombra de hojas rubias, y, en fin, a todos los elementos que constituyen la decoración nostálgica de los jardines por la otoñada. En la sala novena de la Exposición hay así, un cuadro –el titulado “Contraluz”, de D. Julio Barrera- que responde exactamente al patrón rusiñolesco:  tres salas más allá –en la duodécima- aparecen otros dos paisajes melancólicos: uno de Francisco Planas; otro de Ros y Güell… Existe, en efecto, una masonería del paisaje en penumbra. Y la culpa es de la Sociedad de Amigos Íntimos del Otoño, que ha llegado incluso a formar tribunales de honor a los pintores que pintan paisajes claros. Mal va a pasarlo, por ejemplo, el expositor Manuel Moreno, que ha concurrido al certamen con un cuadro que titula, expresivamente, “Primavera en Mallorca”, y donde puede verse a un pastor poeta sobre el acreditado fondo mallorquín de almendros en flor. Pero es que éste de Mallorca es un pleito viejo. Los paisajistas de Mallorca se han mostrado siempre reacios a ingresar en la Sociedad de Amigos Íntimos del Otoño.

Había antes diálogos tremendos entre los cipreses de Rusiñol y los almendros de la isla dorada:

Los cipreses. -¿Por qué no queréis juntaros con nosotros?

Los almendros. -Porque derramáis tristeza.

Los cipreses. –No sabe ser triste sino quien es inteligente. A nosotros nos consta la fugacidad de la vida. A la puerta de cada cementerio vigila siempre una pareja de hermanos nuestros.

Los almendros. –Por lo oído, vosotros vais por parejas, como la Guardia civil y los Quintero…

Los cipreses. –Somos los notarios de la Muerte. Nuestras copas, finas y largas, parecen esa pluma con que firman los testamentos.

Los almendros. -¡Bah! Literatura, mala literatura.

Los cipreses. -¿Y habláis vosotros de literatura? Vosotros, que estáis cargados de madrigales cursis. Que si estáis nevados de azahar, que si vuestra flor es el velo nupcial de la primavera…

Los almendros. -¡Fúnebres!

Los cipreses. -¡Frívolos!

Pero se llegó a un acuerdo: un porcentaje. La Sociedad de Amigos Íntimos del Otoño, es así de diplomática en sus decisiones”.

Mª Luisa Pérez Herrero

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

María Luisa Pérez Herrero

 

PEREZ HERRERA, Mª Luisa    P  1919  12.abr.1887  MADRID  26 may.1934MADRID

Madrid, 12 de abril de 1898 – Madrid, 26 de mayo de 1934

Cuenta con una calle en el madrileño distrito de Chamartín

 

La pintora Mª Luisa Pérez Herrero nació en Madrid, el 12 de abril de 1898. Sin embargo, en los registros de la Asociación Española de Pintores y Escultores, en los que cada artista, de puño y letra, consignaba sus datos personales, figura como fecha de nacimiento el 12 de abril de 1887.

Nació en el seno de una familia humilde, hija de Manuel Pérez Calvo y de Francisca Herrero Fernández, que tuvieron también otro hijo llamado Félix.

Imagen aparecida en la Revista La Esfera, de 1923

 

Mª Luisa estudió en el Colegio San Luis de los Franceses de la calle Tres Cruces, fundado en esa ubicación en 1856 y que estaba a cargo de las Siervas de María, luego de las Siervas de la Caridad, y quedaba relativamente cercano a la residencia familiar, que por entonces estaba en la calle Orellana, 3.

Las dotes artísticas de la joven debieron quedar patentes desde temprana edad, y como la familia no disponía de recursos económicos con los que sufragar la inscripción en la Escuela de Pintura, Escultura y Grabado, solicitó la matrícula gratuita.

Ya en el curso de 1918-19, ganó un premio en metálico consistente en 62,50 pesetas en la asignatura de Paisaje, obteniendo también diploma en febrero de 1919, en Dibujo del antiguo.

Fotografía de 1920 aparecida en la prensa de la época

 

En la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid fue discípula de Antonio Muñoz Degrain, uno de los Socios Fundadores de la Asociación Española de Pintores y Escultores y un excelente paisajista del que sin lugar a dudas recibió el influjo que denota cada obra, de su intenso amor por el paisaje.

En 1919 consiguió una beca en el Monasterio de El Paular, en donde desarrolló su afición por la pintura de paisaje que la caracterizaba. Así lo recogía, en la sección titulada Actualidad femenina, la revista popular ilustrada Mundo Gráfico de 1919, en donde la información se acompañaba de una fotografía de la artista.

A finales de 1919, la Biblioteca Nacional (Salón de los Amigos del Arte), acogía la segunda exposición de los alumnos pensionados en El Paular, en donde obtuvo el Primer Premio, hecho que recogió la prensa de la época, que publicó fotografías de la artista y una breve reseña en la que destacaba que …“la artista presenta, entre cuadros, apuntes y estudios, trece obras muy bien pintadas… que tienen un gran encanto y poesía”…

De esa fecha data una reseña que el periodista Juan de la Encina le dedica en el Semanario España: “Rusiñol ha influido sin duda en la señorita María Luisa Pérez Herrero. No por el simple hecho indiferente de que esta señorita haya tomado por tema de algunas de sus obras los jardines de Aranjuez, sino por el modo de componer, en parte, por el estilo y la intención… paisajes finos, brillantes, decorativos. Están ejecutados con un cierto brío y franqueza poco femeninos. Parecen que han salido de mano de varón. Bien empastados y jugosos, sin embargo, a las veces, como es natural en quien comienza, se le enturbia y adensa el color y no consigue el efecto que se propone su autora. El tiempo y el estudio traerán lo que falta”…

«Calleja de Miraflores de la Sierra» y «Puesta de sol», de 1923

 

En agosto de 1919 el Círculo de Bellas Artes de Madrid organizó la Exposición de Bellas Artes en Santander, que incluía más de 350 obras de pintura, escultura y grabado, de artistas como Sorolla, Moreno Carbonero, Muñoz Degrain, López-Mezquita, Domingo Marqués y Pinazo Martínez, entre otros muchos, exhibiendo además una obra de la joven artista Mª Luisa Pérez Herrero.

En aquellos momentos la artista comenzó a destacar por su buen hacer, ocupando portadas de publicaciones a todo color algunos de sus cuadros realizados en El Paular, como el aparecido en La Esfera el 21 de febrero de 1920, titulado “Un rincón de la iglesia”.

 

El pintor y crítico de arte José Blanco Coris, dedica entonces unas líneas en El Heraldo de Madrid, a la artista: “Para nuestros lectores la Srta. Pérez Herrero no es una desconocida. Nos hemos ocupado de ella, con elogio… pertenece al grupo de alumnas que hace poco tiempo ingresaron en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, de las que han seguido con brillantez y aprovechamiento las enseñanzas de aquel centro de cultura… María Luisa Pérez no es una pintora femenina, no refleja el espíritu de mujer en sus obras que están resueltas con factura valiente de pincelada francesa y nerviosa. Su paleta es limpia y luminosa y siente el natural con grandeza… en sus estudios y apuntes no hemos encontrado ningún detalle mezquino, ninguna de esas notas pequeñas que todos los artistas hacen y poseen en el laboratorio de sus producciones… cuadros impresionados del natural con el tema obligado de la nota amarilla, nos recordaron las primeras obras de Mir, por su brillantez y luminosidad, por su factura amplia. La señorita Pérez Herrero, cuya modestia y sencillez son encantadoras, es una artista de gran porvenir, cuyos primeros pasos en la pintura revelan una disposición extraordinaria; la de ir al natural con lienzos de a metro a luchar con los elementos, y esto, que lo hacen contados artistas, es una gran virtud, un gran deseo de avanzar y llegar en poco tiempo a donde otros llegaron a maestros por sus pasos contados. María Luisa Pérez Herrero pertenece al grupo, que poco a poco vamos dando a conocer, de las mujeres pintoras y escultoras que en la actualidad honran y son el encanto de las Bellas Artes españolas”.

En 1920 se le concede una Bolsa de viaje con motivo de la Exposición Nacional celebrada ese año y participa en el Primer Salón de Otoño de Artistas Independientes de Madrid, celebrado en el Palacio de Exposiciones del Parque del Retiro de Madrid y organizado por la Asociación de Pintores y Escultores. Una presencia que no pasó desapercibidos para la crítica y el público.

En agosto de 1921 consiguió aprobar la plaza de ayudante de Dibujo de la Escuela Normal de Maestras de Madrid, participando en noviembre en la Exposición de Artistas Madrileños junto a grandes pintores, miembros de la Asociación de Pintores y Escultores, como Eduardo Chicharro, José Bermejo, Juan Espina, Martínez Cubells, Hernández Nájera, Ramón Pulido, Roberto Fernández Balbuena, Ricardo Fons, la familia Zuloaga (Daniel, Juan, Esperanza y Teodora), y otros muchos artistas.

Una vez más destacaron las obras de Mª Luisa, que mereció una reseña firmada por Ramón José Izquierdo en La Correspondencia de España, quien aseguraba que  “La pintura de paisaje ha hecho evolución en Madrid… en primera línea, debe contarse a María Luisa Pérez Herrero. Frondas estivales la revela como una artista indiscutible, y hace concebir incalculables esperanzas para lo porvenir, teniendo en cuenta que este cuadro, que vale más incomparablemente que los de muchos que se hallan en el final de su carrera artística y se llaman laureados y maestros, es debido a una joven que empezó ayer a pintar. Es verdaderamente raro que en tan poco tiempo se pueda adquirir tanta maestría en la interpretación del natural. La luz, el color, la perspectiva difícil de las enramadas iluminadas por el sol. En cuanto a la poesía que respira su cuadro, no nos extraña que la haya sentido, porque es mujer y artista”.

Con motivo de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1922, distintos periódicos de la época recogen la concesión de una Tercera Medalla a la artista por su obra titulada “Frondas estivales”.

En abril de 1923 realizó una exposición en el Salón permanente del Círculo de Bellas Artes de Madrid, que fue visitada por el rey Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia, llegando a ser portada del diario ABC.

Fotografía aparecida en El Heraldo de 1923

 

Los comentarios se vuelven cada vez más sólidos y prestigiosos, como el que hace en El Heraldo, el crítico Blanco Coris, destacando que fue “S.M. la Reina Victoria la primera en visitar la muestra y adquirir dos de sus  notables paisajes”…la artista ha puesto su alma entera en la tarea de ofrecernos el ambiente, el encanto y la poesía de las alamedas del Real Sitio, con la honradez y la brillantez de paleta que la caracteriza… en el grupo de los paisajes de la sierra sobresalen lienzos magistrales, obras completas de técnica, color, luz y perspectiva… una nota vigorosa y bien resuelta de una contraluz de sol. Conciertan con estas obras en número de treinta y una, ofreciendo un conjunto brillante y una demostración ponderante de las facultades de esta joven artista”.

Gran Vida destaca también la exposición comentando: … “la labor de esta artista que, aun no siendo nada brusca, ha sabido, sin embargo, abstraerse de ese algo de ñoñería que suelen tener los trabajos femeninos, hasta el punto que, de primera vez, da la sensación de haber sido ejecutadas por manos más vigorosas… una prueba de su valentía… en otras obras empieza a percibirse más el alma de la mujer, sin que esto quiera decir que hallásemos la más ligera falta de vigor. Es, pues, la obra de nuestra joven y estimada pintora, simpática por su modestia, decidida, pero sin estrabismos ni alucinaciones coloristas, antes por el contrario es delicada, bien definida, toda armonía, es la halagüeña esperanza del mañana, la promesa de un brillante porvenir…”

La artista fotografiada en 1935 para Mundo Femenino

 

José Francés, quien fuera Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores, le dedica un amplio reportaje, bajo el título de “Una pintora paisajista”, que incluye párrafos como éstos:

…”La vernalidad del ambiente y la fidelidad emocional de los lienzos de la señorita Pérez Herrero han sido, por el momento, más fuertes que nuestro afán de concretar. Dentro del alud paisajista, los cuadros de la señorita Pérez Herrero salvan y se libertan por su esencia peculiar.

«La calle Arcediano de Salamanca»

 

La señorita Pérez Herrero no es el turista mercantil del paisaje… La extraña y valiosa calidad viril del temperamento y de la técnica. Porque María Pérez Herrero pinta como un hombre»—se ha dicho demasiadas veces… el arte de la señorita Pérez Herrero, tiene un acento varonil, una seguridad varonil, una varonil elocuencia. No se sabría definir exactamente con palabras en qué consiste ese carácter de masculinidad en un paisaje; pero es lo cierto que existe. Otras pintoras—evitemos alusiones directas—se ve en seguida que pintan como su mamá bordaba relojeras y zapatillas o como una hermanita suya hace encaje de bolillos… La señorita Pérez Herrero… siente un comprensivo amor al paisaje, se le adivina el deleite de interpretar el amplio milagro de la luz en el aire libre. Su Exposición actual se compone de dos temas distintos: Aranjuez y Miraflores de la Sierra. Los jardines artificialmente logrados y el natural espectáculo pueblerino. Dos épocas también: el otoño preferentemente en los ¡jardines; el verano encandeciendo muros, azulando sombras y mustiando tierras, en las callejas o los caminos … Y siempre María Luisa Pérez Herrero acusa la veracidad de cada sitio y cada hora. Y siempre con un lenguaje enérgico donde hasta la misma languidez otoñal se libra de alfeñiquería femenina… la señorita Pérez Herrero lo consigue en la fidelidad expresiva de la Naturaleza. Cuando abarca horizontes no mengua su brío. Significación fuerte de esa capacidad es el lienzo titulado Lejanía, que está logrado de un modo sereno y atmosférico. En los apuntes se muestra también basta qué profundidad sabe abarcar los fugitivos matices de las cosas”…

Ilustración de 1920

 

En 1923 la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas le otorga una pensión en París. María Luisa Pérez Herrero recibe entonces un homenaje-despedida el día 27 de abril, tras el cual se trasladó a París y a Bélgica. El banquete de honor fue organizado por los profesores, compañeros admiradores y amigos, que deseaban ofrecerle su testimonio de admiración.

Fue un año de intenso trabajo para la artista y fruto de ese viaje, será premiada tres años más tarde en la Exposición de Cádiz de 1926.

Fotografía de la revista Blanco y Negro, 1934

 

Presentó obras a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1924 y ya finalizado su viaje, volvió a exponer los paisajes de Francia y Bélgica en el Salón de Exposiciones del Circulo de Bellas Artes en diciembre de 1925, recibiendo nuevamente la visita de los reyes y elogiosas críticas,  como esta, firmada por L.P.S. en la que destaca: “El triunfo logrado por esta notable pintora de paisajes no ha sido para nosotros una sorpresa. Lo esperábamos. La corriente y curso de su arte estaba definido para cuantos seguimos con interés las cuestiones que afectan al cultivo y desarrollo de las artes-bellas… La Pérez Herrero ha creado con fortuna esos sus cuadros, todos bellos y todos distintos. La mayoría de sus paisajes parecen querer ser y vivir por sí mismos, codiciosos de soledad y silencio. En los canales y viejas calles de Brujas todo parece sumido en el recuerdo de glorias. Quizá las primeras obras de la Pérez Herrero pudieron darnos la impresión de sentimiento de melancolía, de pesadumbre… del sentimiento romántico de Santiago Rusiñol… Desde entonces han pasado algunos años…”

«Melancolía«, aparecida en la revista La Esfera

 

Hesperia firmó en la revista Gran vida otro texto: “Tarea grata para la memoria es recordar la labor expuesta en el Círculo de Bellas Artes por María Luisa hace dos años; era toda una promesa de un porvenir halagüeño; …al contemplar sus nuevas producciones, realizadas unas entré la bruma del Sena, otras bajo el cielo de Bélgica, algo parecido al nuestro, hemos tenido la inmensa alegría de ver en sus lienzos, más enérgicos quizás, la misma serenidad que cuando marchó; ha retenido en ellos todo cuanto sus ojos contemplaron, sin ningún afán innovador, abstrayéndose con resolución inquebrantable del ambiente casi anárquico que la rodeaba. Esta firmeza suya en seguir el camino, comenzado acertadamente, en medio de una Babel de tendencias, en el centro de las exaltaciones y estridencias de unas u otras nuevas orientaciones del arte, nos demuestra que la base sobre la que desarrolla sus actividades nuestra artista es sólida, pues únicamente así puede permanecerse inmutable, sin el más leve contagio de influencia alguna. Indudablemente, el ardoroso celo en el estudio allende la frontera ha contribuido a que adquiriese mayor dominio en su técnica, cada vez más robusta, más resuelta. La diafanidad de su paleta se ha acentuado; esas notas grises, tan finas, …tiene, sin embargo, una vaporosa transparencia… Los efectos de sol en esos trozos de los jardines tienen la natural luminosidad…. El estímulo de la recompensa obtenida; el afán de demostrar al regreso que no se malgastó el tiempo; la ilusión del éxito, hicieron redoblar sus esfuerzos, trabajar intensamente, logrando que su labor fructífera, de una gran fecundidad, obtuviese la deseada aprobación unánime, a la par que el avance dado con tal brío la colocara entre las de los buenos paisajistas. Ante la nueva obra de María Luisa, de conjunto acertadísimo y bello; ante la realización de esperanzas concebidas, hemos de pensar con verdadera alegría que si su enérgica voluntad y la fe en sí misma le han dado valor para salvar dolorosos escollos y conseguir colocarse en primera fila, pronto, si, como es de esperar, sus ánimos no decaen, la veremos ocupar un puesto de honor, llegar a la cúspide de esa cumbre tan soñada, a la que pocas veces se llega joven aún”.

«Oración»

 

Los comentarios fueron unánimes. En otro artículo se lee: …”María Luisa Pérez Herrero es una pintora que hermana con feliz acierto el tecnicismo aprendido de los viejos maestros y la clara y moderna visión de los bellos paisajes, que traslada al lienzo Ubre de todo prejuicio, buscando reflejar en su obra la verdad y la emoción. Y tanto busca lo emotivo María Luisa, la gentil artista, que en ocasiones hace literatura con sus cuadros, porque en ciertos paisajes y apuntes se observa el atormentado espíritu de la autora, a quien impregnan de un sentimiento romántico, melancólico, él ambiente gris de las grandes urbes en que se agitan entre brumas y lluvias las vidas afanosas de las multitudes, o hacen soñadora los lagares solitarios y- sugeridores que recuerdan tiempos pretéritos y gloriosos. La obra de María Luisa Pérez Herrero, realizada con verdadero amor, atrae por su sinceridad y sencillez. No se advierten en ella afectación ni deseo de asombrar con procedimientos nuevos o extravagantes. Está hecha honradamente por quien tiene medios de halagar el snobismo de los que alardean de modernos o de conseguir el aplauso de la galería. Ni unos ni otros son adulados por la artista, a quien no faltan los plácemes del público, el premio de la crítica y el éxito de venta Todo se lo merece la trabajadora e Inteligente pintora”.

La artista en Mundo Gráfico

 

Y justo cuando empezábamos a dejar atrás críticas en las que se hace referencia continua a su condición de mujer, la Unión ilustrada publicó un artículo firmado por otra mujer llamada Regina, en el que se comenta en tono más que jocoso que: …”-Esta muchacha .pinta como un .hombre-… -Yo creo lo contrario, que pinta : como mujer -las mujeres no tienen generalmente esa maestría, ese verismo, y los asuntos, si se quitan las flores y los niños… – i Ah, vamos! Tú te refieres a las que disculpan su ñoñería» con un sexo, sin tener en cuenta que esa incapacidad de hacer acosas serias también se da en los hombres… Creo que si la mujer tiene verdadero talento, puede y debe hacer las cosas con la misma maestría que cualquier hombre; y, sin embargo, su obra ha de ser en todo momento viril. Aquí tenéis un ejemplo. María Luisa Herero pinta como un hombre y siente como una mujer que es. Sus cuadros, irreprochables en la factura, podrían ostentar en lo que a dominio de la técnica se refiere una firma masculina; pero un espíritu varonil no podría darles en esa ternura de interpretación, esa dulce melancolía tan femenina. -Tienes razón-asintió Marichu- se puede ser muy femenina sin ser ñoña”…

Nuevo Mundo, 1925

 

Presentó obra también a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1926 y en 1927 vuelve a realizar una exposición en el Lyceum Club Femenino que fue muy bien acogida con críticas como: “María Luisa Pérez Herrero sigue con inquebrantable tesón y entusiasmo su buen camino elegido, o sea desarrollando su actividad siempre al impulso del sentimiento y, por lo tanto, sin preocupaciones de evolución ni esnobismos. Una vez más esta artista ha traspuesto las fronteras, ha pasado entre la exaltación de diversas tendencias, logrando salir libre de todo contagio; su nueva obra, que hace bien poco hemos contemplado, así lo demuestra; en los bellos paisajes de Brujas, Holanda y París hay una enérgica resolución, una firmeza hay en permanecer fiel al íntimo sentir, que tarde o nunca podrá quebrantar ninguna de esas modalidades tan en boga e insustanciales. Nuestra amiga, hoy por hoy, unifica la acción con el sentimiento. ¡Dios le conserve la perseverancia!”.

«Estampa«, 1929

 

O esta otra: “Acaso sea María Luisa Pérez Herrero una de las artistas que con mayor firmeza va creándose una personalidad en la pintura, y, sin duda ninguna, puede afirmarse, que nadie como ella trabaja y lucha en busca de aquella suprema fórmula de la belleza, que es ideal de todo aquel que a las artes consagra su obra. María Luisa recorre el Mundo, en su ansia de nuevos horizontes, y en todos lados recoge con delicada emoción y exquisita factura los paisajes que son regalo de los gemidos y sugieren ideas a la imaginación. Los cuadros de María Luisa Pérez Herrero -yo poseo uno que no vacilo en calificar de primoroso- son una demostración irrefutable de la marcha triunfal que sigue la inteligente y gentil pintora. Los paisajes españoles, las tierras holandesas, las viejas ciudades belgas, los bellos rincones de Francia, canales, calles, jardines. palacios, puertos, todo, en suma, cuanto impresiona la retina de nuestra compatriota tiene su interpretación justa y personalísima en los lienzos que manchan los pinceles de la joven pintora. Y por esto sus Exposiciones son éxitos rotundos de público, de crítica y de venta, que no sólo de aplausos viven los artistas”.

Gran Vida, 1926

 

A finales de 1928 realizó otra exposición en la Sociedad de Amigos del Arte, muestra que recogía sus obras, “interesantes recuerdos de sus recientes viajes por Francia, Bélgica e Italia”, cuyos cuadros son “muestras felicísimas de un fino impresionismo rezagado”… “Desde aquella muchacha … recién salida de la Escuela de San Fernando, a la que atraían los atardeceres otoñales de la Moncloa y del Retiro y las frondas de Aranjuez, a esta joven que se enfrenta con los parquea parisinos, sumidos en la niebla, con las silenciosas calles de las viejas ciudades belgas y con las piedras doradas de los antiguos edificios de Venecia y Roma, hay un corto período de tiempo en que su arte se depura precipitadamente y en el que esta notable paisajista logra captar mejor cada día que transcurre la infinita poesía de los paisajes que ve”.

Gran Vida, 1926

 

Luis León firmaba en la Unión patriótica, un artículo titulado “Los paisajes de María Luisa Pérez Herrero” en el que reseñaba que “emocionan por su sinceridad. Nada de convencionalismos ni de efectos rebuscados y artificiosos. Nada de amaneramientos de estilo, ni de audacias más o menos avanzadas, para seguir la moda. La artista se ha colocado ante el natural, sin prejuicios ni preocupaciones; una sensibilidad exquisita y susceptible de ser impresionada, un talento comprensivo, una noble sinceridad y un temperamento capaz de trasladar al lienzo las notas de color, de armonía y de belleza que han pasado por su alma. Lo que la ilustre paisajista ha llevado a sus cuadros, no son las frías copias del natural, sino sus propias emociones transformadas en luz, en acordes cromáticos y en bellas formas vibrantes de vida… ese es el supremo encanto de estos paisajes. Y en su sinceridad está el secreto de su valor…A través de las tonalidades y las líneas de estos paisajes aparece siempre el alma de la artista. La técnica es sencilla y sobria, desprovista de afectación. No se ve nunca la preocupación de producir efectos exteriores… Ella refleja los bellos matices del natural, pero no como espejo inconsciente, sino como un alma vibrante de emoción, que da vida al reflejo y en cada nota pone un acento de creación. Ofrece, pues, el conjunto de esta obra lo que en arte tiene más valor: personalidad, carácter y la noble orientación de un idealismo”.

Paisaje de Alsasua

 

Para José Francés, esta exposición supuso el triunfo de la artista y así lo relató en La Esfera, en un extenso texto del que destacamos: “María Pérez Herrero es la nómada apasionada de los lugares melancólicos… aprendió en los jardines rusiñolescos… bajo la sombra tutelar del viejo pintor catalán…pero en El Paular se evadió del rusiñolismo… su paleta gana en elementos cromáticos. No hay tanto verde de arquitecturas vegetales, ni tantos ocres y cadmios de otoño… Después se suceden los viajes… el pozo cromático no se agota…la señorita Pérez Herrero es una elegíaca del paisaje, como Rusiñol es un paisajista elegíaco…si al principio parecía coincidir con el maestro catalán, luego abandonaría las coincidencias temáticas y tonales para decir con acento propio la misma modalidad espiritual… temas preferentes que vemos reiterados sin fatiga ni obstinación. Al contrario, fluidamente, deliciosamente atractivos, con algo nuevo e inédito… Cada vez la encontramos mejor dueña de sus facultades y más aprovechada de la natural educación estética recibida. Cada vez también más afirmativa de su personalidad, sin peligro de amaneramiento… La exposición que ahora celebra en el Salón de Amigos del Arte tiene el valor consagrativo y definidor”…

La artista fotografiada para Gran Vida, en 1926

 

En julio de 1929 participará en la Exposición permanente del Círculo de Bellas Artes, en el Salón de Amigos del Arte, junto a otros grandes artistas como Chicharro, Hermoso, Adsuara, Verdugo Landi, Baroja, Julio Moisés, Pulido, Urquiola, Blanco Coris, Zubiaurre, Zuloaga…

Para finalizar el año, la revista La Esfera, le dedica una página completa con la reproducción de tres de sus obras, que firma Antonio García Bouza y titula “Lo que ha hecho María Luisa Pérez Herrero”, refiriéndose a su estancia en Salamanca. Según descubrimos en el relato, un amigo salmantino, Julio Fabrés de Solís, ha dado hospitalidad en su casa a la pintora durante tres semanas. Aquello debió ser un gran acontecimiento para una ciudad como Salamanca, sobre todo porque la artista se dedicó a pintar del natural sus calles y monumentos en plena calle, rodeada de la expectación propia que atraía a niños y mayores. Allí pintó más de una docena de cuadros en la primera visita que realizaba a la ciudad… “Todo lo que ha visto y traducido con sus pinceles ha sido por ella misma buscado con esa fina perspicacia de los verdaderos artistas”…

«Escena del bosque»

 

Entre 1929 y 1934 participó con sus obras en distintas exposiciones en las que siempre aparecía reseñada como “uno de nuestros excelentes paisajistas” o “célebre paisajista”, mientras sus obras ocupaban las portadas de prestigiosas revistas como Blanco y Negro o La Esfera y colabora en otras publicaciones como la revista Ellas, Semanario de las mujeres españolas, dirigida por José Mª Pemán, junto a Rafael Fernández Cuevas, «Osear» y Manuel Pedros..

«Interior con jarrón de crisantemos»

 

En 1930 la pintora visita la Puebla de Bolívar, en Vizcaya, tierra donde nacieron los antepasados del héroe. La prensa recoge el viaje…”Todo Puebla de Bolívar, con su ambiente de poesía y su atmósfera de luz, ha pasado a los lienzos de María Luisa Pérez Herrero… Diez y seis cuadros… magnífica obra, en verdad… por la perfección artística con que ha sido realizado… Los cuadros son de un inmenso valor histórico y de extraordinario mérito artístico… y figuran en una Exposición que, con motivo del Centenario del Libertador, ha de organizarse en Venezuela. Será indudablemente un maravilloso éxito. Venezuela sabrá apreciar como es debido la delicadeza del homenaje y el valor de la labor artística”.

El Liberal, 1928

 

Presentó dos cuadros a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1932 que merecieron el calificativo de “acertadísimos”.

Distintas ilustraciones aparecidas en La Esfera, en 1929

 

A la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1934 presentó dos obras tituladas  “Urdiain (Navarra)” y “Por tierras de Navarra”. En la inscripción situó su domicilio en la calle Isaac Peral, nº 12, 1º.

La exposición, celebrada en los Palacios del Retiro madrileño, se inauguró el día 24 de mayo y contó con la presencia del Presidente de la República y de Miguel Blay, Vicepresidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

«Canal de Brujas»

 

La artista había llevado sus obras y horas antes del “vernissage”, se sintió indispuesta.  El rápido desenlace de la funesta operación de apéndice a la que fue sometida “in extremis”, fue devastador, falleciendo dos días después, el 26 de mayo de 1934. Sus restos descansan en el madrileño cementerio de La Almudena.

La prensa recogió la triste noticia: “Casi repentinamente, en plena juventud, cuando las ilusiones de su arte parecían más próximas al triunfo, ha fallecido ayer en Madrid la notabilísima pintora María Luisa Pérez Herrero. La noticia causará dolor y sorpresa. Su pujante vigor artístico, puesto de manifiesto en la actual Exposición de Bellas Artes, donde se admiran dos obras suyas de las más destacadas del certamen, era promesa de esa consagración a que todos los artistas aspiran… fue prototipo de pintoras disciplinadas. Se formó en el estudio, a fuerza de constancia y vocación y había llegado, tras una lucha dura, pero sin claudicaciones ni desmayos, a ese grado de madurez y maestría que acreditan sus últimas obras. ¡Triste es pensar que son las últimas! Lo mejor de ellas no es solo la delicadeza y ternura con que están ejecutadas, ni la emoción profunda que difunde su espíritu sereno, sino las esperanzas que hacían concebir para un futuro próximo, que la muerte ha truncado. Descanse en paz la excelente pintora”….

En distintos medios se leía… “Se podía considerar como una de las figuras más interesantes de nuestra pintura contemporánea, y a sus méritos de artista, a sus lauros oficiales, había que añadir el encanto personal, su bondad, su gentileza, su talento. Entre artistas y profanos deja un recuerdo dulce y amable que servirá de lenitivo al dolor de perderla”….

O incluso: …”Esos son para mí los recuerdos más vivos; cartas donde expresaba siempre la nostalgia de España, y sobre todo, de su Madrid y de Aranjuez… Pero nos queda su densa obra, sin efectismos ni amaneramientos moderna, sin alarde de vanguardismo llena de vigorosa espontaneidad y trazada con soberbia técnica… La última tarde que estuvo a vernos, fué el 15 de mayo, con su madre, su sobrina y una excelente amiga, que ha velado su espantosa agonía de mártir. María Luisa cortó los últimos lirios del jardín. Para el estudio, me dijo. Y viendo los rosales cuajados de capullos, tardíos por el frío tenaz, añadió: —Volveré pronto, cuando estén abiertas las rosas. Ha sido la última vez que la he visto. Y esas primeras rosas han ido en su ataúd… Asociando su nombre al de tantos pintores y tantos poetas muertos cuando prodigaban el «divino tesoro», cuando ya las promesas habían cuajado en realidades, pero estas realidades habrían la promesa de más vastas perspectivas, buscaremos el consuelo posible en la idea de que los predilectos de los dioses mueren jóvenes, frase, no por mil veces repetida, tumba las rosas y los merecidos laureles.. menos oportuna. MATILDE RAS Las amargas lágrimas son para los que cumplimos el deber de dejar sobre su Ciudad Lineal, 30 de mayo 1934”.

La Gaceta de Bellas Artes destacó sobre su socia: “En la Sala XVII están los paisajes de la infortunada María Luisa Pérez Herrero, cuando más ansias de vivir tenía y más ilusiones se había forjado. Sus dos paisajes, sencillos y delicados, nos hablan de un buen temperamento de paisajista, prematuramente malogrado, y de una artista sensible al color y que sabía ver el natural”.

La Esfera, 1929

 

A propuesta del Jurado de la Exposición de Bellas Artes, el Estado adquirió por un valor de 3.000 pesetas, la obra titulada “Urdiain”, en reconocimiento de sus méritos y homenaje a su memoria.

Días después, la Junta Directiva de la Asociación Española de Pintores y Escultores acordó abrir una suscripción popular para poner una lápida sobre la tumba de la notable pintora, haciendo pública la noticia en los diarios e invitando a los artistas expositores de la Nacional a aportar sus donativos.

La Suscripción popular abierta por la Asociación de Pintores y Escultores se publicó en todos los diarios de la época

 

Vivió también en el número 10 de la calle Ataulfo en Madrid, ​ existiendo actualmente una calle con su nombre en el madrileño distrito de Chamartín.

Firma autógrafa de la artista

 

Sólo unos meses después, en diciembre de ese mismo año, el Círculo de Bellas Artes acogía una exposición póstuma de sus obras, de “aquellos lienzos que habían quedado en su estudio… el placer estético que ha de producirnos la contemplación de su obra ha de estar unido a la tristeza que nos causa el saber que ya la artista no exista…. Obras ejecutadas en Bélgica, Francia y en diversos lugares de España”…

A la inauguración de la muestra póstuma acudieron su madre y su hermano, y distintos familiares …”que han querido honrar su memoria con la mejor ofrenda para una artista, exhibir un conjunto seleccionadísimo y delicado de toda su producción estética… con una figura, se presentan cincuenta y cinco paisajes de Europa, en sus viajes de estudio y formación… de esta ilustre paisajista”…

 

Distintos paisajes de París

 

También se leía: …”Lienzos de una evocación nostálgica, la emoción estética se transfiere al recuerdo de la artista… María Luisa fue haciendo el camino de su carrera artística. Disputaba, sin privilegio alguno, y también sin debilidad, porque es justo reconocer la fortaleza de su carácter, el puesto que pretendía alcanzar; se  lo disputaba a los demás pintores y no era ni quería ser más que un pintor más cuyos laureles fuesen otorgados por el acierto con que la mano supiera llevar al lienzo las sensaciones captadas a la naturaleza. Un concurso, un certamen, una exposición. En cada paso afirmaba su personalidad. Llegó a situarse en la primera línea de nuestros paisajistas. Sus lienzos de Aranjuez, comenzaron a colocar su nombre entre los de los pintores más interesantes de la hora actual” …

«Una calle de Brujas» 1927

 

«Rincón de la Iglesia«, 1920

 

«El Monasterio de El Paular»

 

«Casa Rectoral de Salamanca», 1929

 

«Canal de Venecia»

 

Gil Fillol, en Ahora Madrid, fue más allá. Cerraba el artículo reivindicando lo que sería justo enmendar, lo que desde estas insignificantes líneas también apoyamos: …”En el estricto sentido profesional, María Luisa fue un «pintor». Me acuerdo aún de sus primeros cuadros, cuando, esclavizada todavía por las enseñanzas del colegio, concebía entonces el paisaje un poco a la práctica casera… Ya al celebrar la Exposición en la Sociedad Amigos del Arte (enero de 1929)… María Luisa Pérez-Herrero se había hecho pintor. Era su pintura robusta, vigorosa, arquitectural; pero sin ocultar los infinitos matices de su alma femenina. Parecía pintor por la fuerte solidez constructiva y el garbo masculino de los severos paisajes. Pero en sus Obras resplandecía siempre aquel encanto ingenuo y sencillo, de belleza modesta y natural, que fue siempre el mejor ornato de su labor artística. Supo salvar, a fuerza de talento, los instantes de peligro en que las pintoras, sintiéndose pintores, abandonan definitivamente su ventajosa posición en el Arte. La ternura, la comprensión, la afectividad, todas esas hermosas cualidades de la mujer sensible que estimula el amor a la Naturaleza, suelen apagarse ante las preocupaciones de una técnica briosa y varonil. En María Luisa no cedieron al impulso de sus alientos de pintor. Se hicieron, por lo contrario, más firmes y señeras bajo el signo de su sensibilidad de pintora. Y brillaron más destacadamente en aquellos dos cuadros últimos: “Urdiain» y “Por tierras de Navarra», en los cuales la malograda artista cifraba sus legítimas aspiraciones.

Yo no sé si María Luisa Pérez-Herrero está representada en nuestro Museo de Pinturas.  Es justo que lo estén todas las pintoras ilustres que pintan como los pintores ilustres. Pero es necesario que  no falte ésta, quien, además de ser notable en alto grado, dio a sus paisajes un sello personal, inconfundible, de auténtica y sincera feminidad”.

Un año después, aún era recordada en los círculos artísticos… hasta hoy.

«Urdiain»

 

Mª Luisa Pérez Herrero y la AEPE

Al primer Salón concurrió inscrita como Dª María Luisa Pérez Herrero; natural de Madrid, donde reside, en la calle de Ataulfo, núm. 10, y presentó tres óleos, los titulados “Sol de la tarde (Aranjuez), paisaje, óleo; 1,21 x 1,29; “Hora romántica”, óleo; 0,93 x 0,82; y “Jardín de Aranjuez”, óleo; 0,86 x 0,70.

Al VI Salón de Otoño de 1925 presentó tres óleos: el titulado “El Dyver” (Brujas); 130 x 120; “Una calle de Brujas”, 106 x 88 y “Canal viejo”, 112 x 86.

Al X Salón de Otoño de 1930 presentó dos óleos, el número 211 titulado “Jardín de la Princesa” (Madrid), 1,22 x 1,30; y “Plaza del Burgo” (Brujas), de 0,93 x 0,38.

 

Buscando la tumba olvidada… entre los sepulcros que ya nadie visita

Llegamos temprano al madrileño cementerio de La Almudena donde  se encuentra la tumba de Mª Luisa Pérez Herrero. Es un día radiante de sol que invita al paseo y a la búsqueda… Llevamos las referencias aportadas diligentemente por los servicios de la mayor necrópolis de Europa, y pese a ello… es casi casi, como buscar una aguja en un pajar.

Echamos más de media mañana en limpiar de hojas secas las tumbas, por ver si en alguna figura el nombre que buscamos; el musgo, la piedra… letras irreconocibles por el paso del tiempo y el olvido, que también esculpe como pinta en algunos lienzos.

Y de pronto,  encontramos a Matías, que cuida de muchas tumbas y de su arreglo y mantenimiento. Es providencial, porque estábamos a punto de tirar la toalla, pero conocedor de su oficio, rápidamente sitúa las coordenadas y en menos de diez minutos nos encontramos  limpiando una  tumba repleta de hojas y musgo, de tiempo y olvido, ante la que aparece, por fin, una simple lápida  con un bajorrelieve en el que se adivina la efigie de Mª Luisa y unos pinceles.

El texto es escueto: A LA PINTORA Mª LUISA PEREZ HERRERO SUS COMPAÑEROS.  Rodeando el círculo, a la derecha, difícilmente se lee: A LOS 36 AÑOS.

Esta fue la lápida que en 1934 , y por suscripción popular de la Asociación Española de Pintores y Escultores, le brindaron sus compañeros como último tributo.

Cinco años más tarde, la tumba recibió los restos de su madre, fallecida, curiosamente, el mismo día que realizamos la búsqueda de la tumba de la artista, un 15 de noviembre. Coincidencia?

En 1949 recibió también los restos de su hermano Félix y un 16 de noviembre de 1977, los restos de su padre. La familia  entonces, dispuso una lápida con los nombres de los padres y el hermano, situando justo en el centro, la lápida original de Mª Luisa.

Allí duerme el sueño inmortal de los justos, que en esta vida, da igual quien hayas sido, ni los méritos que aportes… el olvido es una lápida mucho mayor que cualquier mausoleo, y a pesar de la familia y los amigos… cuando caen las hojas de la indiferencia, ya no hay vuelta atrás…

Al menos ha quedado limpia, la hemos adecentado todo lo posible. Mientras lo hacemos, le cuento a Matías su historia, sorprendido como está por el inesperado hallazgo y curioso por algo tan inusual. Sólo lamenta pensar que el sitio no ha sido limpiado en… más de treinta años, de eso dice, puede dar fe. Y sólo piensa en la tristeza de comprobar cuántas tumbas como esa, no reciben ya la visita, aunque tardía, de nadie.

Antes de irnos, un enorme gato de los que abundan en esa parte del cementerio, toma posesión del espacio rehabilitado y me conforta pensar que a partir de ese momento, Mª Luisa va a tener ya siempre compañía…

 

Las Medallas de la AEPE: Francisco Esteve Botey

Por Mª Dolores Barreda Pérez

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de su creador y en qué galardones se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

Medalla de Grabado Francisco Esteve Botey

del Salón de Dibujo, Grabado e Ilustración

En el año 2016 la Asociación Española de Pintores y Escultores convocó por vez primera el Salón de Dibujo de la AEPE, que constituyó un rotundo éxito. Un año más tarde y con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, se instituyeron los siguientes premios: La Medalla de Dibujo Marceliano Santamaría Sedano, la Medalla de Grabado Francisco Esteve Botey y la Medalla de Ilustración Eulogio Varela Sartorio.

FRANCISCO ESTEVE BOTEY

ESTEVE BOTEY, Francisco    P.G. 1910(N)           19.ene.1884    S. MARTIN PROVENSALS(B)   MADRID              4.jul.1955

El pintor, grabador, aguafuertista y publicista Francisco Esteve y Botey, nació en la localidad barcelonesa de San Martín de Provensals, en 1884.

Hijo de un comerciante radicado en el barrio de Poble Nou de Barcelona, que poseía una especial habilidad para tallar en madera pequeñas figuras perfectamente modeladas, y de Natalia, el matrimonio tuvo tres hijos: Francisco, María Dolores y José María.

Llegó a Madrid siendo muy niño y pronto se descubrió su afición al arte, conociendo pronto también sus primeros éxitos.

Fue un estudiante brillante y su paso por la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid fue realmente extraordinario: obtuvo premios en todas las asignaturas de la carrera, lo que le valió el máximo galardón como alumno con más aprovechamiento.

Discípulo del vallisoletano Ricardo de los Ríos, uno de los más grandes grabadores españoles, un artista formado en la Escuela de Bellas Artes de París, donde residió varios años, «Caballero de la Legión de Honor» y reconocido internacionalmente con siete medallas de oro y tres diplomas de honor.

La estrecha relación con su maestro fue para Esteve Botey fundamental: su maestro fue quien decidió que estudiara grabado, cuya «taumatúrgica ejecución» le atraía poderosamente por su complejidad técnica, por «el color rojo de las planchas de cobre, el verde esmeralda intenso y transparente del aguafuerte, aquel tórculo que lanzaba la prueba»… Él lo recuerda en sus memorias: «Yo hube de dedicarme especialmente al grabado por la voluntad decidida del profesor De los Ríos».

La Gaceta de Bellas Artes del 15 de mayo de 1920

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La estrecha amistad con su maestro le permitió «repatriar» para España, en 1920, las 40 planchas de cobre de «La tauromaquia» de Francisco de Goya. Esteve las compró a De los Ríos en 1920 con dinero propio -25.000 francos- y tras realizar numerosas gestiones, frustradas todas, para que el Estado español las adquiriera, fue el Círculo de Bellas Artes el que las adquirió, tras haber rechazado inicialmente su compra, dando pruebas de lo que el artista calificó de «la desconfianza como norma», cuando ello no le reportaba ningún tipo de beneficio económico particular.

Este hecho tan singular fue recogido en la Gaceta de Bellas Artes del 15 de mayo de 1920 y en la de febrero de 1922, que reproducimos íntegras, por cuanto de hecho histórico debe tenerse y cuya actualidad, desgraciadamente, es tan similar al momento actual que vivimos, que sobrecoge.

La Gaceta de Bellas Artes de febrero de 1922

En la actualidad pertenecen a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde forman parte de los fondos de la Calcografía Nacional.

Viajó pensionado por dos veces a Francia, Italia, Bélgica, Inglaterra y Suiza, para ampliar sus estudios.

A los veinte años ganó por oposición la plaza de profesor de dibujo, teoría y práctica del arte en la benemérita institución Fomento de las Artes, cargo que desempeñó cerca de cuatro lustros.

En 1910 fue nombrado auxiliar de la clase de grabado en la Escuela de San Fernando y unos años después profesor de pintura decorativa con la enseñanza de ejercicios prácticos de ornamentación.

Fue profesor de dibujo, teoría y práctica del arte de la Sociedad de Fomento de las Artes, de las Escuelas Normales de Barcelona y profesor de dibujo artístico de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid.

Profesor de dibujo artístico de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Madrid en 1922, de la que fue también Director honorario y Profesor de los Becarios Superdotados del Ayuntamiento de Madrid.

Barcas en el puerto

Desde 1923, fue catedrático de la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado de Bellas Artes de San Fernando, y sacó a la luz dos del total de seis libros dedicados al arte, que escribiría a lo largo de su vida: «El grabado» y «El desnudo en el arte».

El primero, que lo convertiría en «el principal teórico del grabado en su época», estaba prologado por otro prestigioso grabador, el mallorquín Bartolomé Maura Montaner, hermano del que fue varias veces jefe del Gobierno de la Restauración Antonio Maura, y socio también de número de la Asociación Española de Pintores y Escultores desde 1910, y reproducía varias obras originales de Esteve Botey. Fue editado en 1914 y hoy está considerado una auténtica «joya bibliográfica».

El segundo, en el que hacía un recorrido por las creaciones pictóricas de lo que siempre consideró «la más bella expresión del Arte, síntesis de la Naturaleza, vituperada precisamente por quienes la miran con ojos profanos», el mismo año de 1926.

Pero, además, desde varios años antes, gozaba del más amplio reconocimiento a su obra. Tras haber alcanzado terceras medallas en las exposiciones nacionales de Bellas Artes de 1908 y 1910, el primer premio del Círculo de Bellas Artes en 1911 y una segunda en la Nacional de 1915, había obtenido una primera, en la de 1920, por un bello y vigoroso tríptico de motivo marinero, «Barcas en el puerto», cuyo título completo era «Barcas en el puerto de Barcelona», según escribió a lápiz en una de las pruebas que se conservan.

Casa de pescadores

Con aquel tríptico, de dimensiones poco habituales en aquellos años -49,4 x 64,5 cm el panel central y 48,5 x 32 cm cada uno de los laterales- y que, según escribió José Francés en «La Esfera», era «la culminación del género», se premiaba «su maestría indiscutible como grabador», diría años después Bernardino de Pantorba en su «Historia Crítica de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes». Y aquel máximo galardón sería refrendado después con la Medalla de Oro en la Exposición Internacional de Barcelona de 1929.

Francisco contrajo matrimonio con Inés, con quien tuvo dos hijos: Francisco, director de la Biblioteca de Toledo, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y autor de varias obras, entre ellas una notable «Historia de la Cultura»; y Lolita, que tras estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, seguiría como grabadora durante algunos años la andadura artística de su padre y la compartiría con su marido, el también pintor y grabador Luis Alegre Núñez, miembro también de la Asociación Española de Pintores y Escultores y que fuera Premio Nacional de Grabado en 1950.

La saga iniciada por Francisco continúa en su nieta, la pintora, grabadora y profesora de Arte en un instituto madrileño Lola Alegre Esteve.

Adscrito al realismo -Antonio Gallego lo calificaría de «un realismo de buena ley»-, Francisco Esteve Botey creó pinturas y grabados, fundamentalmente, de paisajes españoles y extranjeros con las distintas técnicas con las que trabajaba. Sintió una especial predilección por los motivos marineros. Después del tríptico doblemente galardonado creó, entre otro, un óleo sobre lienzo titulado «Costa cantábrica», que presentó a la Nacional de Bellas Artes de 1943, las litografías de Cudillero, el grabado titulado «Barcas», y otro precioso grabado, el díptico «De vuelta de la pesca», también de gran formato, que fechó en plancha en 1946 y presentó a la Nacional de Bellas Artes de 1950.

Cartón del aguafuerte Pobre hijo

Su habitual forma de trabajar consistía en pintar primero al óleo o a la acuarela directamente del natural, en una sesión rápida. Después plasmaría aquel paisaje con el buril o la punta seca sobre las planchas de cobre o de cinc, traduciendo con minuciosidad los matices y las múltiples calidades de sus grabados, en distintas gamas de rayados o de aguatintas.

Como dibujante, tenía maestría y precisión, derivada de su disciplina de grabador y su excelente paleta de acuarelista, que utiliza tonos cálidos para dotar de frescura sus obras.

En junio de 1928, expuso varias acuarelas en la Galería Nancy, de Madrid, junto a un total de 37 obras. Algunas de ellas fueron reproducidas en varios periódicos madrileños, entre otros el «ABC», y resaltados por los mejores críticos, como Francisco Alcántara, que en «El Sol» habló de Esteve Botey como un artista «descriptivo, minucioso, brillante en ocasiones…»

En la década de los cuarenta realizó una serie de seis litografías titulada «Cudillero», dibujadas con lápiz graso sobre cinc de grano fino y cuyas planchas, con una huella de 30 x 40 cm, de media, son, desde 1998, propiedad del Museo de Bellas Artes de Asturias y con las que alcanzó el Premio Nacional de Grabado, concedido en 1944 por la Dirección General de Bellas Artes.

Dama con mantilla

La asturiana localidad de Cudillero mantuvo con Francisco Esteve Botey una estrecha relación, siendo plasmada en infinidad de lienzos, tablas, cartulinas y planchas de cobre o cinc. Un paisaje evocador con antecedentes pictóricos en la “Colonia artística de Muros”, formada entre los años 1884 y 1890, similar a otras colonias artísticas a las que nos referimos en anteriores biografías.

En Cudillero, donde pasó largas temporadas con su familia, reunía además a sus discípulos de San Fernando pensionados en la Residencia del Monasterio de El Paular, una institución creada, en 1921, por el escultor valenciano Mariano Benlliure, uno de los fundadores de la Asociación Española de Pintores y Escultores, en su época de Director General de Bellas Artes, que dirigiría durante una década, desde 1923.

Trataba de acostumbrarlos a la «pintura al aire libre», porque «el cuadro debe pintarse en el natural, mirando frente a frente los árboles, las rocas y las charcas, en vez de ampliar los estudios con peligrosas invenciones fuera de la verdad», tal como escribió en su «Evocación del viejo Madrid. Recuerdos y experiencias de un viejo pintor».

Remitió asiduamente sus obras a muestras y certámenes, dedicando su vida al estudio del grabado y sus técnicas.

En Madrid, vivía en la calle Onésimo Redondo, 28, el actual Paseo de San Vicente, Nº 20.

Falleció en Madrid, el 4 de julio de 1955.

Francisco Esteve Botey

De él decía otro de nuestros ilustres socios, Bernardino de Pantorba, que “su retina y su pincel están acostumbrados a enfrentarse con el natural; no a huir de él, por seguir borreguilmente cualquier “ismo” de moderna fabricación. Su arte es sencillo y veraz, de los que  no necesitan exégesis; la soltura de su dibujo corre por cauce disciplinado, y su visión del color, nunca estridente, se mantiene afinada, ponderada… la personalidad de Esteve Botey debe señalarse a la juventud como un ejemplo digno de ser seguido”…

Fundador de la Asociación Española de Acuarelistas en 1945 y su primer Presidente, también presidió la Sección de Grabado del Círculo de Bellas Artes, al que siempre estuvo muy vinculado; impulsor de los trabajos de grabadores y acuarelistas, a través del grupo de «los 24» socio fundador de la Revista de Grabado La Estampa; y, sin duda alguna, el teórico y tratadista del arte de la incisión de mayor importancia en la historia artística española.

Concurrió, entras otras, a las Exposiciones artísticas celebradas en Buenos Aires, Aix-les-Bains, Bruselas, Munich, Brighton, Londres y Panamá, así como las de Madrid, Barcelona, Bilbao, Málaga, Cádiz, etc.

Figuró como jurado de concursos, exposiciones y oposiciones, y en el primer Congreso Nacional de Bellas Artes celebrado en Madrid por iniciativa de la Asociación de Pintores y Escultores, ocupó una presidencia.  Colaboró ​​con originales literarios y artísticos en importantes revistas y publicaciones de arte.

Dos de las múltiples portadas que las obras de Esteve Botey publicó en la revista Blanco y Negro

Corrida de toros pueblerina, obra presentada al XVIII Salón de Otoño

Premios y distinciones:

Tercera Medalla de la Exposición Nacional de 1908 y de 1910; Segunda Medalla en la de 1915 y Primera Medalla de la Exposición Nacional de 1920; Primera Medalla de Grabado de la Exposición Nacional de 1929; Medalla de Oro en Panamá en 1916; Premio en el Concurso del Círculo de Bellas Artes de Madrid de 1919; Primer premio del Concurso Nacional de Grabado 1923; Premio Nacional de Grabado en 1944; Medalla de Oro en grabado en la Exposición Internacional de Barcelona en 1929; Medalla de Honor de la Agrupación de grabadores; Medalla de Honor de la Diputación de Alicante; Académico correspondiente de las de San Jorge, San Carlos, y de Cuba; Cruz de Alfonso XII; Cruz de Alfonso X el Sabio; Encomienda de Alfonso X el Sabio; Oficial de la Academia de Francia en 1932; Medalla Roig Enseñat en el primer Salón del Consejo Nacional de la Acuarela, en junio de 1955

Entre otros escritos, La evocación del viejo Madrid. El camposanto de San Mateo. Recuerdos y experiencias de un viejo pintor; Publicó seis libros de arte, “Grabado” (1914) declarado «de Mérito», El grabado en la ilustración del libro, y colaboró en algunas revistas de arte, como Coleccionismo (226) en 1922.

Parque de París, presentada al XVII Salón de Otoño

Autorretrato

Francisco Esteve Botey y la AEPE

Socio de Número de la Asociación donde ingresó en 1910. Donó obra para el festival benéfico en 1915.

Socio de Mérito en el Salón de Otoño de 1927 y Socio de Honor en el de 1929.

Vocal de la Junta Directiva entre el 27 junio de 1929 y 1930.

Se hizo cargo de la dirección de la Gaceta de Bellas Artes.

Presentó obra a once Salones de Otoño, concurriendo como forma de alentar a las nuevas generaciones de artistas y apoyarlos en la exhibición de sus obras.

Al I Salón de Otoño de 1920 presentó un grabado titulado “Aguafuerte”.

Al VII Salón de Otoño de 1927 la pintura titulada “Lolita” y la pintura “Nuestra Señora de París”

Al IX Salón de Otoño de 1929 presentó las pinturas “Paisaje del Guadarrama” y “Claustro de Santillana del Mar”

Al XVI Salón de Otoño de 1942 la pintura “Lirios del Valle” y el grabado “Nieve en Venecia”

Al XVII Salón de Otoño de 1943 la pintura “Garganta en el purtagorio (El Paular)” y el grabado “Jardín de Saint Cloud (París)”

Al XVIII Salón de Otoño de 1944 los grabados “Campesina”, “Somnolencia” y “Corrida de toros pueblerina”.

Al XX Salón de Otoño de 1946 presentó el grabado “Oración”

Al XXII Salón de Otoño de 1948 la acuarela “La Virgen del Lluch (Mallorca)” y el grabado “Puente de Austerlik”

Al XXIII Salón de Otoño de 1949 presentó la acuarela “Casas de pescadores en Asturias”

Al XXV Salón de Otoño de 1952 la acuarela “Enfermera” y el grabado “Hogar asturiano”

Al XXVI Salón de Otoño de 1954 la pintura “Casa de la Hermandad del Señor”

«Enfermera», obra presentada al XXV Salón de Otoño

«Descanso»

«Un canal de Venecia», aguafuerte

«La vieja gitana», acuarela

«Cardando lana»

«Fuente de Apolo»

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Bibliografía y webgrafía

“Historia y crítica de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes celebradas en España” Pantorba, Bernardino de [1948], Madrid, Jesús Ramón García-Rama, 1980, p. 400.

“El grabado en España. Siglos XIX-XX”, Valeriano Bozal, «Summa Artis», Madrid, Espasa Calpe, 1988, t. XXXII, pp. 617-618.

Vega, Jesusa, Catálogo de estampas, Madrid, Museo del Prado, 1992, pp. 39-40.

https://www.museodelprado.es/aprende/enciclopedia/voz/esteve-y-botey-francisco/4680398e-47ce-4fe6-9cef-2aa96688fcad

https://aedamadrid.org/wp-content/uploads/2020/07/20200707_Acuarelia_83.pdf

https://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=1350880

http://www.culturaydeporte.gob.es/mnceramica/colecciones/seleccion-piezas/pintura-artes-graficas/barcas-en-el-puerto.html

https://www.lne.es/nueva-quintana/2010/01/25/esteve-botey-fascinacion-cudillero/861563.html

https://www.duran-subastas.com/tienda-online/pintura/francisco-esteve-botey-la-vieja-gitana.html

La Correspondencia de España 25/10/1925 5/1/1913  27/10/1914  29/10/1914  8/12/1914  9/12/1914  22/5/1915  23/5/1915  16/7/1915  28/10/1915  8/9/1917  29/8/1918  5/3/1923

La Esfera 24/7/1920  11/2/1922

La Ilustración artística  14/7/1915

Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba” de la Asociación Española de Pintores y Escultores

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María Navas de Escuder

Por Mª Dolores Barreda Pérez

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

María Navas de Escuder

NAVAS DE ESCUDER, María     1975         28.may.1911      BARCELONA      BARCELONA

María Rosa de Navas Escuder conocida por su nombre de casada María Rosa Navas de Ribé

María Rosa Navas de Escuder se inscribió en nuestra entidad en la sección de “Artes Decorativas”. Socia de número nacida en Barcelona el 28 de mayo de 1911, según ella misma escribió, si bien en el mundo artístico es conocida por su nombre de casada: María Rosa Navas de Ribé.

Pocos datos existen respecto a su familia, si bien sabemos que era nieta del industrial Miguel Escuder y Castellano, quien fuera el creador de la primera máquina de coser española llamada “Aurora” (1862), y que tuvo un gran éxito en el mercado español.  

Miguel Escuder se casó con Rosa Rodríguez, tuvieron varios hijos, como los gemelos José y Joaquín, nacidos en 1876 y la madre de nuestra artista, que contrajo matrimonio con el señor Navas y del que nacería María Rosa Navas de Escuder.

Miguel Escuder, inventor de la máquina de coser española «Aurora»

Distintos anuncios aparecidos en la prensa de la época que hacían publicidad de la máquina de coser inventada por Miguel Escuder

Pasó por el Círculo de San Lucas y por la academia Baixas, situada en la Calle Pino, 1 de la capital catalana, en donde estudió Dibujo y Pintura para las Artes, Carreras y Oficios. Esta Academia, fundada en 1892 por el pintor José María Baixas, preparaba a sus alumnos para el ingreso en la Escuela de Bellas Artes, siendo una de las más prestigiosas de Barcelona. Mantenía además un pequeño negocio familiar de artesanía, que probablemente llamaría la atención de María Rosa, que comenzó a trabajar con la cerámica.

La Academia Baixas se anunciaba con folletos como este

En alguna reseña se comenta que José Guardiola Torregrosa, el pintor catalán cuya obra fue un exponente de su vocación mediterránea expresada con la luz y el color, le animó en sus inicios.

Con una vocación firme y ya bien decidida, se especializó en la porcelana, disciplina en la que consiguió esmaltes agrietados de una gran calidad.

Trabajó en la Manufacture Nationale de Sèvres, la famosa fábrica de porcelanas de Francia, una de las principales fábricas de porcelana europea en funcionamiento desde mediados del siglo XVIII y que continúa su producción hasta la actualidad.

Para la Fábrica de Sêvres realizó un jarrón y medallones, todos ellos catalogados, y en los que demostró “su capacidad creadora, de elegante concepción de esta artesanía señorial y primorosa, que tiene en ella una cultivadora excepcionalmente dotada y exquisita”.

En 1950 expuso individualmente en Barcelona, en Madrid y en París.

En noviembre de 1950 realiza una exposición de porcelanas en la Galería de Arte Grifé & Escoda de Barcelona.

Grifé & Escoda publicaba periódicamente anuncios en la prensa de la época

En diciembre de 1953 expone en las Galerías Syra de Barcelona, una muestra de sus realizaciones en porcelanas, que revelan un notable dominio de la técnica del modelado y decorado de aquella materia, así como del subsiguiente proceso de cochura y acabado de las piezas. La crítica explicaba que la exposición era …”una completísima y compleja colección de obras de ese género en las que patentiza, sobre un temperamento innato, de artista y un buen gusto refinadísimo, sus grandes progresos en la difícil y delicada elaboración de los más variados objetos, esculturados con verdadera maestría y, sobre todo en los motivos florales que decoran algunas piezas o que constituyen por sí mismos el tema de otras, haciendo alarde de una ejecución afiligranada y preciosista, de una pulcritud y sensibilidad evocadoras de los grandes artífices dieciochescos de la porcelana”… “La estancia de la señora de Ribé en la famosa manufactura de Sèvres ha permitido, sin duda, a esta entusiasta artista completar sus conocimientos, fruto de los cuales es esta su actual demostración de capacidad creadora, de elegante concepción de esta artesanía señorial y primorosa, que tiene en ella una cultivadora excepcionalmente dotada y exquisita”.

En el ABC del 7 de mayo de 1955 se anuncia una exposición de magníficas porcelanas de Navas de Ribé, en Los Madrazo, 25.

Recibió Diploma de Honor en la Exposición Internacional de Cannes de 1955 de la Academia Internacional de Cerámica como premio a la calidad de la obra que aportó en aquel certamen.

En 1956 la artista protagoniza un reportaje en el NODO, que hace especial hincapié en su trabajo como poseedora del “secreto de la pasta y colores al gran fuego, cuidada coloración de la masa y el tono de las coloraciones”.

Fotograma del reportaje que el NODO dedicó a la artista en 1956 en la que aparece trabajando en su taller

En 1956 expuso en la Sala Rovira de Barcelona, una muestra de la que se publicó en la prensa del momento la siguiente reseña: “Una vez más el arte refinado de María Rosa de Navas de Ribé se ofrece a nuestra contemplación y admiración como algo que sólo puede brotar de las manos femeninas y privilegiadas, en su maestría, de la gentil artífice y artista sin rival en nuestra patria. Hemos escrito, al principio, “una vez más”. Y ello es inexacto. Porque en las porcelanas artísticas que desde el sábado expone la señora de Ribé, ésta no se limita a repetir piezas, técnicas y formas ya presentadas en otras ocasiones, sino que, en un maravilloso alarde de superación, nos brinda un conjunto de nuevas y auténticas creaciones, en las que triunfa la variedad, originalidad y elegancia de las estructuras, el exquisito gusto de las coloraciones y motivos decorativos –incursos en un sentido moderno del más refinado concepto y que tiene aquí su mejor justificación plástica- y las calidades prodigiosamente obtenidas, en las pigmentaciones mates, que culminan en las piezas de ese juego de té decorado en gris y rosa, verdadera filigrana de sensibilidad y joya preciadísima de esta estupenda exposición”…. E.F.

Fotograma del NODO con distintas piezas de cerámica

En 1956 llegó a patentar un sistema de decoración mediante el cual utiliza pastas de varios colores para dar tonalidades a las obras. En la solicitud de patente se especifica que es un procedimiento para la decoración de piezas cerámicas, sean de porcelana, gres , cerámica loza o similares, que esencialmente consiste en establecer un primer dibujo de colorante por vertido de una mezcla de pasta de porcelana coloreada en el interior del molde, el cual se hace oscilar a fin de obtener el reparto artístico del color aprovechando la fluidez inicial de dicha pasta cuya humedad es absorbida por el molde. En la segunda fase se añade sobre esta primera capa de pasta colorante encima del primero haciéndolo correr mediante inclinaciones irregulares de la pieza para que adopte las formas caprichosas que se desee. Sigue luego una segunda cocción de colorantes similar a la primera, es decir a baja temperatura y hasta iniciación del vitrificado. Se continua así aplicando tantos colores como se desee y efectuando después de cada aplicación una cocción a baja temperatura. Finalmente, se aplica sobre el conjunto el barniz o colorante final y la pieza se lleva al horno de cocción definitiva donde todos sus elementos colorantes sufren el proceso de vitrificación.

En 1958 realizó una exposición de cerámica en París, que el diario ABC recogió bajo el título de Españoles en París, y en la que se dice que …. “la exposición de cerámica de María Rosa Navas de Ribé dio ocasión para recordar a los críticos de París la nunca desmentida tradición de nuestra patria, a la que modernamente se ha sumado con tanto entusiasmo el propio Picasso…  Situada a la escala de su condición la tan femenina cerámica de María Rosa Navas, ha merecido el aplauso, tanto por sus intrínsecas condiciones artísticas, como en su fuerza decorativa”.

En 1962 expone sus obras en la Sala Biosca, de la cual se publica una reseña en la que se ensalza el arte de la ceramista: “No es frecuente contemplar en la mano femenina dominio de un oficio, y más cuando éste se halla aplicado a la porcelana y cerámica. Es frecuente encontrar mujeres ceramistas; pero que hacen que la cocción y la labor de horno sea por mano ajena y no hecha por ellas mismas. El caso de vocación de María Navas es singular, ya que ella misma prepara colores, barros, mezclas y realiza, las complicadas y muy cuidadas labores de realización. Claro es que, así debe ser para que el resultado estético tenga originalidad y valor de pieza única… La colección expuesta pone de manifiesto el profundo amor que la artista ha puesto en cada pieza, a la que algunas añade secretos, recogidos en sus andanzas por Europa en busca de obtener calidades… María Navas de Ribé, de buena ascendencia catalana, lo que indica enamoramiento por oficios, ha ofrecido un muestrario que llega desde el “biscuit” al barro cocido y a la obtención de una riquísima porcelana en sonido y transparencia, y todo ello aplicado a las más diversas formas, desde el simple capricho ornamental hasta los objetos de aplicación suntuaria. Esta exposición, por su extensión y por su calidad, es una isla entre tanta muestra ceramista que tiene a Picasso por modelo y que se repite con ligeras variantes. Nosotros diríamos que María Navas ha aplicado un sentido catalán muy del XVIII a sus realizaciones, consiguiendo imponer un sello personal que valora los objetos expuestos en la dimensión artística y estética que les hace entrar con mayúscula en las artes menores que, en muchas ocasiones, merecen el calificativo de mayores, y sea ejemplo de máximo el de Benvenutto Cellini, al cual se deben acoger todos aquellos que aspiran a realizar algo “menor” que tenga impronta de creación personal”.

Una de las piezas que aparecen en el reportaje que dedica el NODO a la artista

En 1963 algunas de sus obras se mostraron en la exposición que bajo el título de “Señal 70”, se celebró en la sala del Real Círculo Artístico de Barcelona y que recogía una antológica del curso artístico barcelonés de 1969-70, resultante de las selecciones mensuales que realizaba el jurado permanente del concurso anual de artes plásticas que patrocinaba Radio Barcelona.

En 1963 expuso en la Sala Grifé & Escoda de Barcelona, apareciendo una crítica firmada por Xavier Regas que decía: “Tras un paréntesis de seis años de ausencia de nuestras salas de exposiciones, María Rosa de Navas de Ribé exhibe un nutrido y selectísimo conjunto de porcelanas que atestiguan de modo indiscutible no solo el grado de perfección técnica a que ha llegado la obra de esta gran artista, sino la multiforme inspiración y refinada sensibilidad de que dan fe sus variadas y preciosas piezas. Desde sus primeros contactos con el público barcelonés, hemos seguido la trayectoria, siempre ascendente, de María Rosa de Navas, lo que nos ha permitido comprobar cómo, desde sus pasos iniciales –reveladores ya de una pericia extraordinaria y de un buen gusto innato-, la exquisita artista acreditó una personalidad y una inquietud estética que, tras los estudios realizados en Sèvres y en otras manufacturas europeas de prestigiosa tradición, habían de encontrar en su propio talento y en el dictado de su fecunda vena creadora de cauce espléndido que le ha valido merecidos triunfos internacionales. Las admirables piezas que ahora expone –jarros, búcaros, tazas, vasos, placas y piezas de joyería, realizadas éstas en colaboración con el reputado orfebre Alfonso Serrah- son un alarde de diversidad formal, de calidades y transparencias prodigiosas, de coloraciones y mates obtenidos con magistral dominio técnico y matizaciones sutilísimas, formando un índice de maravillosas sugestiones ópticas y táctiles, que confirman el alto grado de plenitud y las inagotables y crecientes posibilidades de un arte en el que la señora de Ribé compite dignamente con los más acreditados maestros universales”...

Otra de las piezas que aparecen en el reportaje que dedica el NODO a la artista

Casada con Ramón Ribé, el ABC del 3 de diciembre de 1968 recoge las Medallas del 39 Salón de Otoño, señalando que en la Sección de Arte Decorativo, la Primera Medalla ha sido para María Rosa de Navas de Ribé.

Destacó también por sus esmaltes agrietados y por sus decoraciones bajo cubierta.

Pionera en muchas cosas, montó su propio horno de porcelana y que resultó ser el primero montado en Barcelona, ​​instalado en su taller del Pueblo Español en 1958 … “María Rosa de Navas de Ribé es una artista que… lleva a cabo una labor más que considerable cuya calidad, buen gusto y perfecta realización tiene ganado el sufragio de las personas más cultas y entendidas tanto de aquí como del extranjero. Ha estudiado y trabajador largamente nuestra artista en la manufactura de Sèvres, donde se ha familiarizado con los secretos de la técnica y donde ha obtenido las más elogiosas calificaciones en reconocimiento de sus indiscutibles aptitudes. Ellas le permiten innovaciones y fantasías … conjugando hábilmente las distintas cocciones y el juego de mates y brillantes en un sentido de novedad que no excluye la buena tradición. Acaba de montar María Rosa de Navas de Ribé, en su taller el primer horno de porcelana en Barcelona, en el que ha realizado ya varias cocciones a alta y baja temperatura, con resultado excelente. Este horno le ha de permitir alcanzar hasta más de 1.300 grados, lo que la facultará para la obtención de las mejores calidades de pocelana dura, sea esmaltada, sea en biscuit, sin tener que recurrir a auxilios foráneos para la realización de piezas de serio compromiso… como ya lo ha demostrado en múltiples ocasiones anteriores”.

Así apareció en la prensa el primer horno de porcelana de Barcelona

En el Museo del Diseño de Barcelona hay dos piezas suyas de cerámica hechas con porcelana y con finalidad ornamental. En el catálogo del museo, se reproducen con el texto: “Tanto el jarrón como los pisapapeles están decorados con motivos vegetales de colores vivos la porcelana blanca; el primero presenta los esmaltes corridos de manera intencionada. El pisapapeles está decorado con una superposición de colores y el reverso lleva incisa la leyenda «PAT», que tal vez hace referencia a una de sus patentes. Las dos obras presentan firma incisa en la base: «Navas», y la fecha. La importancia de su obra radica en la excepcionalidad de mujeres autoras en esta época a las colecciones de artes de autores del MDB, sólo acompañada de nombres como el de Angelina Alós o Elisenda Sala, y esta es una oportunidad para poder poner de relieve la importancia de estas ceramistas”.

Las dos piezas de cerámica que se encuentran en el Museo del Diseño de Barcelona: arriba, jarrón ornamental y bajo estas líneas, pisapapeles decorativo

Participó en el I, II, III V, VI y VII  Salón Femenino de Arte Actual de 1962, 1963, 1964, 1966, 1967 y 1968.

Tiene obra en los museos especializados de Valencia, Sèvres y Faenza.

Falleció en Port de la Selva, Alt Empordá, en 1979.

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María de Navas Escuder y la AEPE

En el XXXVIII  Salón de Otoño de 1967 se inscribió en la sección de Arte Decorativo como María de Navas, presentando la obra:

Nº 40.- Vitrina con piezas únicas de cerámica

Al XLIII Salón de Otoño de 1973 presentó tres obras:

286.- Cerámica 2

287.- Cerámica 1

288.- Flores

Bibliografía y Webgrafía

https://books.apple.com/es/book/dona-i-artista-la-col-lecci%C3%B3-del-museu-de-terrassa/id1463546281?l=en&ls=1

https://ajuntament.barcelona.cat/museudeldisseny/sites/default/files/010_cataleg_dincrement_patrimonial_2016-2017-1_definitiu.pdf

ABC 6/3/1958  13/12/1968  7/5/1955  19/5/1955 

La Vanguardia  14/6/1962

NO DO Nº 707B del 23 de julio de 1956

Hoja Oficial de la provincia de Barcelona 20/11/1950  27/11/1950  28/12/1953  4/1/1954   14/1/1963

Hoja del lunes  28/12/1953  14/05/1956  6/8/1962   14/1/1963

Pueblo 1958

Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba” de la Asociación Española de Pintores y Escultores

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Las Medallas de la AEPE: Marceliano Santa María Sedano

Por Mª Dolores Barreda Pérez

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de los galardones en los que se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones. 

Medalla de Dibujo “Marceliano Santa María Sedano”

del Salón de Dibujo, Grabado e Ilustración

En el año 2016 la Asociación Española de Pintores y Escultores convocó por vez primera el Salón de Dibujo de la AEPE, que constituyó un rotundo éxito.

Con este Salón, buscamos que sea a través del lenguaje universal que representa el dibujo, una de las formas de engrandecer la manifestación artística de la pintura, mediante la eclosión de una técnica de representación elevada, base de toda la creación plástica, en una exposición de obras seleccionadas, siguiendo estrictos criterios de calidad y excelencia.

Además del dibujo, el grabado ha sido también una técnica muy utilizada por los artistas, que estamos intentando recuperar y elevar al nivel que merece. Y lo mismo ocurre con la ilustración, mermada drásticamente de cualquier presencia expositiva, que debe ocupar su espacio y que nos gustaría dignificar.

El Salón del Dibujo, Grabado e Ilustración de la AEPE, constituye pues una cita grandiosa, una excelente oportunidad de presentar el talento y la calidad de todos los artistas y cuenta con dos premios instituidos especialmente para honrar a los fundadores de la centenaria entidad y para terminar de reconocer la importancia que esta cita tiene en el calendario expositivo de la entidad.

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales. En el caso del Salón del Dibujo, Grabado e Ilustración, y como en el resto de las ocasiones con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, se instituyeron los siguientes premios: La Medalla de Dibujo Marceliano Santamaría Sedano, la Medalla de Grabado Francisco Esteve Botey y la Medalla de Ilustración Eulogio Varela Sartorio.

MARCELIANO SANTA MARIA SEDANO

SANTAMARIA SEDANO, Marceliano  P   1923  18.jun.1866   BURGOS   MADRID  12.10.1952

Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores

Director de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos

El año 2021 se cumplen 155 años de su nacimiento

Autorretrato

El pintor, academicista e impresionista Marceliano Santa María Sedano o Marceliano Santamaría y Sedano como también lo escriben distintos medios, nació en Burgos, el 18 de junio de 1866, en el seno de una familia artesana dedicada a la platería.

Con su padre, Luciano, aprendió los oficios de platero, oribe (el trabajo con oro) y joyero, y básicamente a dibujar, a fuerza de diseñar cálices y custodias, construyendo candelabros y martillando bandejas.

Es en el taller donde adquiere una sólida formación estética y espiritual que le acompañaría de por vida, en la ciudad sonora del pasado, en el taller de orfebrería religiosa y repartida entre libros y pinceles. Este sedimento romántico saldrá siempre a la superficie en sus obras y en su vida personal, que reflejará la emoción y el alma del artista.

Alternó los estudios de bachiller, que terminó en Palencia, con los artísticos de la Academia de Dibujo, situada en la antigua sede del Consulado del Mar de Burgos, donde impartían clases los maestros Isidro Gil Gavilondo y Evaristo Barrio.

En compañía de su tío Ángel Sedano Espiga, canónigo de la Catedral, se trasladó a Madrid, en 1885, con el deseo de asistir a las clases del Círculo de Bellas Artes y a la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando.

Apenas llegado a Madrid, un trágico accidente puso en gravísimo peligro su vida. En la calle de San Bernardo le atropello un tranvía, destrozándole la mandíbula inferior y parte del cuello. Sacado de entre las ruedas y conducido a su domicilio, después de la primera cura en la Casa de Socorro, tardó más de diez meses en triunfar su robusta naturaleza contra la muerte. 

Entró después como aprendiz al estudio del pintor Manuel Domínguez Sánchez, teniendo como compañeros a los artistas Fernando Álvarez de Sotomayor y Eduardo Chicharro Agüera, ambos fundadores de la Asociación de Pintores y Escultores y además, Presidentes, como él mismo luego, de la misma, llegando el uno a Director del Museo del Prado y a Director de la Academia Española de Roma el otro.

En 1885 obtuvo el Segundo Premio en la Exposición de Bellas Artes de Burgos con un estudio de paisaje, después de haber realizado diversos trabajos de ilustraciones.

En el campo

Logró el Primer Premio al año siguiente y tras la concesión de la Tercera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1890, fue becado por la Diputación Provincial de Burgos para ampliar estudios en Italia, fijando su residencia en Roma durante cinco años, compartiendo pinceles con Rafael Romero de Torres, con Mateo Inurria, con artistas que como él, ansiaban la gloria y rezumaban un intenso amor al arte.

Fue allí donde pintó el famoso lienzo El triunfo de la Santa Cruz en las Navas de Tolosa, en el que ha sabido conservar como tantas otras obras del maestro, hitos de los momentos evolutivos de su arte, y del que la crítica italiana destacó que era “miltoniano de concepto y miguelangesco de ejecución”. Todo en él es arrogante y gigantesco: cerca de 6 metros por cinco, la composición, el episodio que conmemora, la técnica segura, la frescura del trazo, la espontaneidad de la ejecución…

Paisaje castellano

Pintado en pleno verano, el terrible calor húmedo de Roma se lo puso difícil al maestro, que se encerró con el cadáver de un enorme caballo blanco, recién muerto, y tres negros vivientes y sudorosos. La descomposición del equino y la exudación, causaban una atmósfera nauseabunda que el artista venció, pese a los desvanecimientos, contando el autor en entrevistas posteriores, que perdió parcialmente el sentido del olfato de buenos olores, conservando de forma pertinaz el de los repugnantes, lo que nos da idea de su concepto realista de la pintura.

El triunfo de la Santa Cruz en las Navas de Tolosa

En 1895 vuelve a España para afincarse en Burgos, donde el Ayuntamiento de Burgos le requiere para pintar cuadros, murales y techos.

A partir de 1900 se dedica a la enseñanza en Burgos y crea una famosa escuela de pintores que siguieron con su estilo; además, el pintor realizó numerosos retratos reales, retratos de aristócratas y burgueses locales. No obstante, el sobrenombre de «Pintor de Castilla» le viene por sus innumerables paisajes, de una sensibilidad cercana a la mostrada en literatura por la generación del 98, que consideraba Castilla y sus paisajes como médula de España.

Ya en Madrid, inició nueva etapa artística que incluyó también una intensa dedicación pedagógica, ejerciendo la docencia en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos.

Sol de verano

La Medalla de Primera Clase la ganó en la Exposición Nacional de 1910 con Angélica y Medoro. Destaca su colaboración en muchos concursos y escritos en publicaciones de la época (Blanco y Negro, Revista Moderna, La Ilustración Española y Americana, Boletín de la Real Academia de San Fernando, Caras y Caretas, etc.).

Angélica y Medoro

En 1912 fue elegido miembro de la Real Academia de San Fernando a los cuarenta y seis años de edad.

En diciembre de 1914 falleció su madre.

Vivía Marceliano con su hermana Carmen, viuda de Teodoro Boneta y Osés, Mayor de Intendencia Militar, hasta que se casó con Carmen Arán, aunque en algunos inventarios figura como Orán, si bien el chalet donde vivía era “Villa Arán”, y los familiares mantienen el apellido Arán.

La fama del pintor fue extendiendo la enorme popularidad adquirida hasta que en 1914 apareció, en las columnas de La Esfera, el primer comentario del que fuera su principal cronista Silvio Lago, seudónimo de José Francés, además de otras muchas críticas que evidencian la estima hacia el pintor de ilustres personajes de la época, como Valle-Inclán, Azorín, Camón Aznar, fray Justo Pérez de Urbel, Armiñán, Sánchez Camargo, Cossío, de la Fuente, etc.

El río

Representó a la Academia de San Fernando en el Primer Congreso Nacional de Bellas Artes, en 1918, que fue organizado por la Asociación de Pintores y Escultores, perteneciendo al Comité Ejecutivo del Congreso.

Desempeñó entre otros, los cargos de Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores, Presidente de Honor del Círculo de Bellas Artes y Académico correspondiente en diversas Academias nacionales y extranjeras.

Retrató a innumerables personajes de la época como Echegaray, Eduardo Dato, Primo de Rivera, Franco y pintó en veintiséis ocasiones al Rey Alfonso XIII, la primera de ellas cuando aún no había sido proclamado Monarca de España, y en otras varias a su esposa, la Reina Doña Victoria Eugenia.

Programa de mano de la exposición de Burgos de 1923

En 1919 participó en una exposición hispano-francesa de Zaragoza junto a Beruete, Regoyos, Francisco Domingo, Picasso, Arteta, Vázquez Díaz, Gargallo, Bonnard, Vlaminck y otros. Era por entonces presidente de la sección de pintura del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Pasaba las vacaciones en su ciudad natal, dedicando gran parte de la actividad a pintar el paisaje burgalés, ganándose el apelativo de “Pintor de Castilla”, como hasta hoy se le conoce.

El Ayuntamiento organizó una exposición individual en 1923 y acordó nombrarlo Hijo Predilecto de Burgos el año siguiente, entregándoselo junto a la Gran Cruz de Isabel la Católica, solicitada previamente por el Concejo.

La Ilustración Española y Americana de 1913

Premiado en numerosísimas ocasiones, fue condecorado con la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, la Gran Cruz de Leopoldo II de Bélgica, el título de caballero de la Legión de Honor, la Medalla de Oro de la Cruz Roja Española, la Medalla del Trabajo, entre otros honores, como el de caballero del Santísimo y Santiago de Burgos.

En 1934 fue nombrado Director de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, cargo que ocupó hasta su jubilación.

En este año, recibe la Medalla de Honor en la Nacional de Bellas Artes, lo que supone su definitiva consagración en el mundo de la pintura.

Durante la Guerra Civil, su salud empeora y tiene que ingeniar soluciones para poder pintar, ya que le era imposible comprar los instrumentos necesarios. Tras la contienda, continuó su actividad con mucha menos intensidad. En esta época recibió la Medalla de Oro Extraordinaria del Círculo de Bellas Artes en 1943, y también se convirtió en mentor, protector y benefactor de jóvenes artistas.

Rebaño

Gracias a su mediación, en agosto de 1944 el Ayuntamiento de Burgos cedió el Palacio de la Audiencia de Burgos, a la Asociación Nacional de Pintores y Escultores para llevar a cabo una muestra cuyos protagonistas fueron los burgaleses Marcela Escolano, que presentó doce obras, en su mayoría paisajes, y Pablo Remacha, en la especialidad de forjado. Fue una gran innovación el coprotagonismo del género femenino en la muestra, siendo Marcela Escolano la única mujer que triunfó dentro del panorama de la pintura burgalesa en la época.

En Burgos logró ser profeta en su tierra, con una estima popular tan importante, que la corporación municipal acordó concederle la Medalla de Oro de Burgos en 1946.

Busto del artista en el Paseo del Espolón de Burgos

En 1948 el Gobierno Civil, la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Burgos patrocinaron una exposición individual en el Teatro Principal de Burgos, que también dedicó al pintor de Castilla un museo, instalado en el antiguo Monasterio de San Juan y el salón o andén central del paseo del Espolón, que está presidido por su busto.

Programa de mano del homenaje del Club Rotary

Además de pintor, Marceliano Santa María fue ilustrador, director artístico de empresas dedicadas a las artes industriales, proyectista de obras de orfebrería, alfombras y vidrieras, jurado casi sin cesar y promotor de exposiciones; es decir, uno de los prohombres que tuvieron en sus manos un magnífico tanto por ciento de la actividad artística española de la época.

Programa de la exposición en las Galerías Layetanas de Barcelona de 1935

Y si por todo ello no fuera suficiente, podía haber ejercido perfectamente la escultura, que también practicaba con acierto; dio conferencias; se entregó a la enseñanza; estimuló vocaciones mediante el magisterio artístico, incluso negándose legítimos ocios de jubilado. Y escribió un muy considerable puñado de artículos y discursos académicos, donde se evidencian sus inquietudes culturales y su insobornable pasión por Burgos y por Castilla.

Fotografía aparecida en La Esfera, en 1914

Silvio Lago, el crítico, y José Francés, el amigo, escribían así acerca de su figura:

…”el maestro alcanzó gloria pronto en el arte de retratar gentes, componer humanas escenas y evocar aventuras y poemáticos idealismos… y se dio a amar por entero la contemplación y relato de su tierra nativa y a mantener ferviente la nostalgia de la figura del Cid…

…murió en plena dedicación de lo que constituyera la ilusión y la actividad infinita de toda su vida: el arte….

…cada verano, Santa María volvía a su tierra, lo que se traducía en una serie, sin cesar renovada, de visiones frescas, fragantes, plenas de claro optimismo, felizmente opuestas a la tendencia monocroma que suele oscurecer el arte de los pintores en su máxima senectud….

… artista dotado de una inmarchitable ingenuidad, de una casi infantil ufanía… la sensatez noble, el equilibrio reflexivo y, sobre todo, su infinita bondad y tolerancia… su obra estuvo saturada de cultura literaria, de apasionado conocimiento de la historia de la patria…

… entre el Triunfo de la Santa Cruz y Angélica y Medoro, se suceden veinte años de una renovación estética constante, de un permanente anhelo de perfecciones sensoriales y espiritualismos cada vez más sensibles, hasta llegar a la depurada quintaesencia de su arte, donde la verdad y el ensueño se fundían en unas creaciones que heredaban legítimas la aúrea atmósfera y voluptuosa complacencia cromática de los venecianos…

… Marceliano rinde tributo a su época. Está siempre en la vanguardia y compite con los maestros coetáneos. Así, no solamente puede estudiarse a lo largo de la dilatada obra de Santa María su propia personalidad, sino hallar como un resumen de las diversas tendencias que han agitado la pintura española durante el último período del siglo XIX y los primeros del XX.

… aborda y triunfa en todos los géneros:

El lienzo histórico: Triunfo de la Santa Cruz, Las hijas del Cid, Se va ensanchando Castilla …

El cuadro simbolista: El mar dará sus muertos (La Resurrección de la carne)…

La pintura decorativa: techos del Ayuntamiento de Burgos y del Palacio de Justicia de Madrid… El cuadro anecdótico y costumbrista: ¿Será difteria?, A la Epístola…

Los cuadros de tendencia social y melodramática…

El cuadro al gusto finisecular: Entierro de una niña, A mejorar la raza burguesa. …

Los temas religiosos: Santa Teresa, El Buen Pastor, Santa Casilda, San Benito, Las Animas, La Santísima Trinidad…

El cuadro de tema rural, de concepto reciamente naturalista: El esquileo…

… pero predominan en su obra los temas cidianos, reflejados con un esplendor cromático propio de Tiziano, composición robusta, sobria de tonos, enérgica de trazo, con la obsesión de enaltecer lo supremo de la pintura y la personificación de la misma y la lealtad castellanas.

… Sus paisajes rurales son obras con un aparente aspecto de grandes bocetos de impresionistas y fugaces interpretaciones, donde predominan las gamas claras, azules, transparentes, rosadas lejanías, verdores jugosos y la canción del agua en regatos y arroyos, o majestades fluviales. Son obras que siempre interpretó del natural y jamás reinterpretó en el interior de un estudio.

… Pasó la guerra civil en Madrid, con angustia e inquietud, pero con la alegría inesperada de recibir un sobre franqueado en la zona nacional, con un sello en el que se reproducía su cuadro “Se va ensanchando Castilla” y que constituía un homenaje al arte del pintor. 

… Marceliano Santa María es robusto, musculoso, bien plantado, con los hombros anchos de un guerrero de castellana historia … Y es, al mismo tiempo, sencillo, parco y sentimental, como un pastor de égloga o un oteador de horizontes en el ingente silencio de las cumbres…

… He sido testigo tembloroso, apenado, de los últimos momentos de Marceliano Santa María y puedo decir que la última impresión vital que se llevó al otro mundo fue la de una infinita alegría, al decirle yo —el amigo y el crítico tan leal a él— que su cuadro Ya se van los pastores a la Extremadura y el boceto del retrato de su sobrina con el hijo, niño, me parecían admirables. Fue esta idea la postrera de su pensamiento….  

Paraje con pinos

Marceliano falleció a las dos de la tarde víctima de una bronco-neumonía, en su casa estudio de la calle Abel, 17, cuando contaba con 86 años. Cuatro días antes, seguía pintando su cuadro “Ya se van los pastores a la Extremadura”, aquejado de un fuerte catarro que degeneró pero que le mantuvo en pleno uso de sus facultades.

En el momento de su muerte se encontraban con él su sobrino, Juan Antonio Arán Martínez de Setién Santa María (al que había adoptado como hijo propio al carecer de descendencia) y el crítico y amigo Juan Francés.

Retrato de Carmen Orán, esposa del pintor

Fue enterrado en la Sacramental de la Almudena, junto a su esposa Carmen Arán.

Junto a su hijo adoptivo

Marceliano Santa María y la AEPE

* En el XII Salón de Otoño de 1932:  Aparece inscrito como Santa María, (D. Marceliano). Reside en Madrid, Abel, 11. Sala V Pintura:

21.- “Un páramo” (óleo, 0,76 x 0,90

22.- “Aldea solitaria” (óleo), 0,90 x 0,97

* En el XIII Salón de Otoño de 1933, el maestro contó con una Sala propia en la que exhibió 33 obras: Luz dorada, El sendero, Ancha es Castilla, Burgos, El Tajuña, Calle de Poza de la Sal, El Manzanares, Cauce en el Soto, Urones, Villalvilla, Cuestas de Zulema, Ventorrillo, Pradoluengo, Gavillas, Ermita de Toberna, Casas rústicas, El esquileo, Campo de Burgos, Tierra labrada, Calle de Pradoluengo, Quintanilleja, Páramo, El río Henares, El Pardo, Aldea solitaria, Arroyo de Gredos, Tierra encendida, Calleja sombría, Campos de oro, Arboleda, Serranía, Pinar y Calle de Cotar.

* En el XV Salón de Otoño de 1935 apareció inscrito como “Santa María (D. Marceliano), natural de Burgos. Reside en Madrid, Abel, 19. Socio de Honor del Salón de 1923. Al mismo, concurrió con cinco obras que se exhibieron en la Sala III:

29.- “Covarrubias” (óleo) 0,65 x 0,71

30.- “El vado” (óleo) 0,65 x 0,71

31.- “Lejanía” (óleo) 0,80 x 0,85

32.- “Ribera frondosa” (óleo) 0,65 x 0,71

33.- “Molinillo” (óleo) 6,65 x 0,71

Molinillo, obra presentada al XV Salón de Otoño

* En el XXIV Salón de Otoño de 1950 estuvo también presente en la Sala XI, dedicada a los Fundadores de la Asociación de Pintores y Escultores, junto a artistas como Espina y Capo, Moreno Carbonero, Pinazo, Joaquín Sorolla, Zubiaurre… con tres obras:

21.- “Quintanilla Vivar”

22.- “Fruta del tiempo”

23.- “Puente rústico”.

Fruta del tiempo, obra presentada al XXIV Salón de Otoño

* En el XXV Salón de Otoño de 1952 también presentó tres obras:
246.- “Aldea castellana” (óleo)

247.- “Camino de Lilaila” (óleo)

248.- “Panorama burgalés” (óleo)

Aldea castellana, obra presentada al XXV Salón de Otoño

* En el XXIX Salón de Otoño de 1957 estuvo presente ya que la Junta Directiva quiso recordar al maestro dedicándole una Sala de Honor (Sala IV) al que “fuera nuestro Presidente, Socio de Honor y Fundador, Medalla de Honor de las Nacionales, gloria de la pintura española, aquel simpático y cordial ejemplar humano que fue el Sr. D. Marceliano Santa María”. En la misma, se exhibieron las obras: “Sra. Dª Milagros de la Paz de Matos” (retrato), “Bodegón”, “D. Florencio Rodríguez” (retrato), “Conchita” (retrato), “La resurrección de la carne”, “Esposa del autor” (retrato), “Ilmo. Sr. D. Luis Sánchez Cuervo” (retrato), “Excmo. Sr. D. Ricardo Rada” (retrato), “D. José Rodiles de  Salas” (retrato), “María Luisa Simón” (retrato), “Retrato familiar” (obra póstuma), “D. Juan Antonio de Arán” (retrato), “Excmo. Sr. D. José Echegaray” (retrato), “Excmo. Sr. D. Manrique Mariscal de Gante” (retrato), “Dña. Carmen Heredia de Regueral” (retrato), “D. José Rodiles Pascual” (retrato), “Bodegón”, “Dña. María Fabra de Fraile” (retrato), “Regreso de la cacería”, “La solana”, “Villalvilla”, “Orbaneja”, “Zagala”, “Vivar del Cid”, “Gavillas”, “Tierras del Cid”, “Panderetera”, “Sesteando”, “Nieve en Amaniel”, “Lavadero de Cortes”, “La parva”, “Río Cardeña”, “Autorretrato”, “Tierra mater”, “Portillo”, “Trillando”, “Lavanderas del Arlanzón”, “Serpenteo del cauce”, “Panorama burgalés”, “Sigüenza”, “Castellana”, “Vado de Escaño”, “Parador de Villatoro”, “Calma estival”, “Lavadero cubierto”, “Calle de Poza de la Sal”, y “Colegiata de Peñaranda”.

* En el XXXIII Salón de Otoño de 1962, con motivo del aniversario de la fundación de la entidad, estuvo también presente en la Sala Quinta, llamada Sala de Fundadores, junto a otros artistas como Joaquín Sorolla, Valentín Zubiaurre, Chicharro, Álvarez de Sotomayor, … en la que se exhibieron sus obras:

143.- “Término de Villacienzo” (óleo)

149.- “Parador de Villatoro” (óleo)

165.- “Retrato de Inmaculada Martínez de Setién” (óleo)

Ventorrillo, obra presentada al XXXIII Salón de Otoño

* En el XXXVIII Salón de Otoño de 1967 se presentó una Sala de Maestros con nombres señeros como Chicharro, Soria Aedo, Roberto Domingo, Cruz Herrera, Bardasano… exhibió dos obras:

321.- “Figura”

322.- “Paisaje”

Retrato de Inmaculada Martínez de Setién que se exhibió en el XXXIII Salón de Otoño

EN 2021 SE CUMPLE EL 155 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL ARTISTA

La conmemoración de los nacimientos o las defunciones, por la proximidad a los seres eminentes que han merecido este homenaje, casi pueden reducirse a una entrañable evocación. Si en el momento de su óbito surgió la necrología, aún viva y caliente, al correr de los años su recuerdo se encuentra en una zona de transición, en la que gravita el pasado, en colisión con los gustos, los modos y las modas del presente.

Tan sólo en el curso de varias generaciones llega a consolidarse la fama, y así podemos afirmar que por un escalonamiento de juicios llegamos a hacer un análisis sereno del pretérito, tanto por lo que respecta al personaje como a sus obras.

A veces la estela de la vida de un gran hombre se pierde en un Guadiana espiritual para aparecer en la superficie pasados muchos años como en un descubrimiento maravilloso, que, pese a los avatares del olvido, justifica esa constante de las artes y de las letras, ya que, sin el apoyo de lo que fue, lo llamado nuevo y lo moderno, con cierta petulancia de inventores gregarios, no podría existir. Son importantes, sin embargo, estos recuerdos y volver nuestra atención a los que por sus obras fueron objeto de admiración, estima y enseñanza.

Mas sin pasado, sin memoria para juzgar el pasado, lo presente no tendría sentido.

Ribera

Santa María triunfó en las difíciles circunstancias del renacimiento contemporáneo, sin apartarse sin embargo, de lo que resultaba todavía discreto. Pero su verdadera cumbre la alcanzó en 1933, en el marco del Salón de Otoño, organizado por esta Asociación de Pintores y Escultores, con en una sala repleta de paisajes de Castilla, junto a otra sala de extraordinario valor consagrada a Julio Romero de Torres. El éxito es popular, de una espontaneidad extraordinaria, de una unanimidad de crítica de los matices más contrarios en el campo del periodismo. La pintura española había sabido interpretar de una manera original los valores ambientales del paisaje burgalés, donde se resume una Castilla no del todo esteparia, sino una Castilla con reflejos de agua, con alcores amables, con lejanías íntimas y acogedoras vistas, e interpretadas de una manera espontánea, sin profundizar en valores anecdóticos de un puro paisaje o valores sicológicos del paisanaje, con la inspiración del paisaje burgalés sentido a la manera de un profeta (frase que repetía muchas veces Santa María), que capta rápidamente, taquigráficamente, la extraña enseñanza de una luz superior, esta luz admirable y difícil de Castilla, tratada de una manera etérea con un mínimo de plasticidad, con fugacidad instantánea, en una especie de síntesis de dos horas de observación, donde se expresa y recoge un mundo en el solo instante de unas pinceladas.

Así como la escuela impresionista francesa había conseguido esa misma expresión en el color, Santa María trató de crear otra escuela de valores ambientales puramente luminosos, con una vibración acertada de colorido, del que no se aparta, pero que no es lo esencial en sus cuadros. Es precisamente cuando pretende resaltar con preferencia efectos de color, cuando sus paisajes resultan ser acertados, porque su verdadera originalidad está, como repito, en conseguir el valor expresivo de una luz viva, como aquel Zohar o luz mística propia de sus antepasados israelitas en Castilla.

Marceliano había ya ganado la medalla de honor, máximo galardón, un año antes de que se la concediesen en la exposición nacional de 1934. La había ganado en ese Salón de Otoño de 1933. Poco importaba ya el cuadro concreto a que se había de otorgar ese galardón, en lucha con colosos como Gutiérrez Solana, Soria Aedo y Maiffren. Ese premio sólo podía ser el resumen de un historial y la creación de un estilo. El estilo fue el de sus paisajes burgaleses que habían quedado consagrados desde el año anterior. Santa María conjuga su libertad y espontaneidad a una especie de ascenso de escalafón, de avance firme entre distinciones oficiales y trabajo de academias.

El esplendor lo vivió en ese Salón de Otoño, luego en Burgos, cuando recibió la Medalla de Oro de la ciudad, la Gran Cruz de Isabel la Católica, la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio,… el ocaso lleva viviéndolo ya desde hace casi medio siglo en el que su visión de Castilla ha sido poco a poco olvidada de manera trágica e imperdonable.

EL OLVIDADO PINTOR DE CASTILLA

El Museo del Prado está en deuda con el artista. La mayor pinacoteca nacional cuenta en su inventario con cinco obras del pintor burgalés. Sin embargo, ninguna de ellas se puede ver en Madrid:

* “La misa de pontifical”, para cuyo personaje central, el obispo arrodillado, tomó como modelo a su amado tío, canónigo de la catedral de Burgos, se encuentra en depósito en el Palacio Real de Riofrío.

La misa de pontifical

* “El triunfo de la Santa Cruz en la batalla de las Navas de Tolosa”, pertenece al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, pero se encuentra en depósito en el Museo Marceliano Santa María, aunque ahora mismo no se exhibe debido a las obras que acaban de llevarse a cabo en el Monasterio de San Juan que acoge la colección.

El Triunfo de la Santa Cruz en la Batalla de las Navas de Tolosa tal y como se exhibía en el Museo Marceliano Santa María

* “Angélica y Medoro”, también del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en depósito en el Museo Marceliano Santa María de Burgos.

Angélica y Mérodo

* “Las hijas del Cid”, perteneciente al Museo del Prado, pero que aparece como “No expuesto”, comprensible al apreciarse perfectamente el ruinoso estado de conservación que muestra y cuya fotografía exhibe la propia web del Museo.

Las hijas del Cid

* “Páramo”, perteneciente al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, pero actualmente en depósito en el Museo de Salamanca.

Páramo

Incomprensible pero cierto… la obra de este gran pintor no tiene cabida en el Museo del Prado ni en el Reina Sofía. Definitivamente, no interesa. Además, habría que añadir la censura moralizante que en la actualidad sufrirían algunas de estas obras, cuya exhibición sería impensable: una misa… que a nadie ya interesa, la batalla de las Navas de Tolosa, en donde los esclavos negros, (me niego a escribir aquí hombres de color porque ¿de qué color son?, ¿en qué contexto histórico nos encontramos?) son arrollados por la victoriosa y triunfante Cruz… imposible exponer este cuadro en el contexto actual, visto con los ojos maledicentes de la progresía absurda, como imposible es aquel otro de Soria Aedo titulado “Turbas sin Dios”, que representa la quema de una iglesia y la profanación de un crucifijo por las turbas republicanas…. Porque como escucho ahora en las visitas guiadas, un desgraciado incendio ocurrido en 1936, destruyó el edificio…

En Madrid, la ciudad que le aplaudió y encumbró, solo pueden verse dos lienzos suyos en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando: el titulado “Atalaya castellana” y el “Retrato de Carmen Orán”, en cuyo inventario nadie ha reparado que el apellido de su mujer no se corresponde a la ficha, ya que figura como Orán, siendo Arán el correcto.

Retrato de Carmen Orán, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Pueden verse también, aunque sólo en los días visitables, los frescos que pintara en el Palacio de Justicia de Madrid, tan de actualidad hasta hace poco, ya que bajo sus techos se ha llevado a cabo el famoso juicio del proceso de Cataluña.

Atalaya castellana, también en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Y quitando las colecciones y coleccionistas privados, cuyo número será elevado, pero de los que el común de los mortales no tenemos acceso, ninguna otra obra de Marceliano Santa María puede verse en Madrid.

Una deuda que bien podrían reparar algunas instituciones echando mano a la familia, deseosa de perpetuar el reconocimiento del artista, con sus magníficos paisajes tan característicos tan diferentes a los evocados por la generación del 98, pero tan esenciales para entender la vida y el arte de ese periodo de la historia artística de España que parece esfumarse sin remedio.

MUSEO MARCELIANO SANTA MARIA DE BURGOS

El Museo Marceliano Santa María de Burgos se encuentra enclavado en el Claustro del Monasterio de San Juan Bautista de la capital burgalesa. De titularidad municipal, ha atravesado por distintas etapas de olvido por parte del consistorio, que actualmente ha vuelto a reunir al patronato desde que en 1979 lo hiciera por última vez, para determinar el futuro de la sede.

Las obras de la cubierta del claustro han obligado a desmontar las obras de este museo, que aguardan custodiadas lo que al respecto determine el patronato, que debe ahora aprobar un proyecto de musealización y lanzar un concurso de ideas que adapte un espacio tan complejo y permita la colocación de las obras.

Museo Marceliano Santa María en Burgos

Otro gran problema que debe vencer el patronato es la asignación en los presupuestos municipales de un presupuesto propio, del que hasta este momento ha carecido el museo, ya que el potencial del museo, que es excelente y de primer orden, necesita de otros proyectos especiales (como exposiciones temporales o cualquier otro tipo de evento), para mantener el museo activo y convertirse en una opción que el público aprecie y distinga. De ese movimiento y de esa intensidad, dependerá el interés del público, posibilitando que se ofrezca a los visitantes una forma interesante de conocer el arte y al artista.

De todo ello depende que el futuro Museo Marceliano Santa María se convierta en un auténtico referente cultural de Burgos, de España y por supuesto, de la escena internacional.

Museo Marceliano Santa María

El museo se nutre de fondos propios de la ciudad de Burgos, pertenecientes al Ayuntamiento, así como de obras en depósito, donaciones y la obra cedida por los familiares de Marceliano Santa María, integrantes del Patronato y que viene a ser aproximadamente el 60 % de la colección.

La familia del artista, representada en el Patronato por Pilar Arán, Juan José Setién, Cristina Romano y otros sobrinos, ven con preocupación el futuro del Museo, sobre todo en los tiempos que vivimos, sobre todo por los largos plazos y las trabas administrativas que parecen no tener fin, pero pese a las que confían, pueda llegar a recuperarse la memoria de tan insigne artista.

Museo Marceliano Santa María

Según nos asegura Ignacio González, técnico responsable del Ayuntamiento de Burgos, la totalidad de la obra del museo se encuentra inventariada y debidamente embalada para evitar que los trabajos de la cubierta pudieran dañar cualquier obra, a la espera de que el concurso de ideas pueda al fin ver la luz y se proceda a la adjudicación del mismo, interrumpido por la inesperada pandemia que sufrimos, y cuya licitación se esperaba para el segundo semestre del año.

A la espera de una nueva reunión del Patronato, el interés por la obra de este burgalés universal no decae, sobre todo ahora, que una de sus obras más emblemáticas, va a estar presente en la exposición que bajo el título de “Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931)”, inaugurará próximamente el Museo Nacional del Prado y que podrá visitarse del 6 de octubre de 2020 al 14 de marzo del año 2021.

EL PALACIO DE JUSTICIA

Ocho  grandes e ilustres pintores y escultores españoles, todos ellos miembros de la Asociación Española de Pintores y Escultores, se encargaron de la decoración pictórica y escultórica del nuevo Palacio de Justicia de Madrid: Marceliano Santa María, José Garnelo, Alvaro Alcalá Galiano, Enrique Simonet, Miguel Blay, Lorenzo Coullaut Valera, Mario Capuz y Fructuoso Orduña.

Nos referimos al Tribunal Supremo, cuya sede se encuentra en el antiguo Monasterio Real de la Visitación de Nuestra Señora, conocido popularmente en Madrid como las Salesas Reales, que en 1915 sufrió un incendio que devastó completamente el edificio y ocasionó su posterior reforma por parte del arquitecto Joaquín Rojí y López Calvo.

Frescos de Marceliano Santa María en el Tribunal Supremo

Se encargó a artistas del momento, esculturas y frescos que enriqueciesen las fachadas y estancias nobles. Estas obras realizadas ex profeso para el edificio se centraron lógicamente en representaciones referidas a la Justicia, la Equidad, el Derecho y la Jurisprudencia, el gran cuarteto de las alegorías jurídicas.

En el antiguo vestíbulo de la Audiencia Provincial, situado junto a la entrada de la calle del Marqués de la Ensenada, se encuentran una serie de medallones pictóricos firmados por Álvaro Alcalá Galiano, conde del Real Aprecio: Derecho Natural, Derecho Romano, Derecho Canónico, Derecho Internacional y La entrega a Moisés de las tablas de la Ley. Se trata de alegorías que simbolizan la Administración de la Justicia, que se completan con cuatro mosaicos también alegóricos, situados sobre las puertas que se abren en los muros laterales, y que representan a la Ley, La Fortaleza, La Igualdad y la Elocuencia.

Alcalá Galiano también realizó las pinturas de los tramos alternos del techo de la galería de los pasos perdidos de la planta superior, que hacen alusión a conceptos relacionados igualmente con la Justicia: el delito, la riqueza, el progreso y la verdad desnuda.

El Salón del Pleno del Tribunal Supremo, la estancia de mayor riqueza del edificio, y donde se celebra el acto solemne de apertura del año judicial presidido por el rey, está cubierto con una bóveda esquifada y un techo moldurado con dorados. En el centro se sitúa la composición pictórica La Ley triunfando sobre el mal o El vencimiento de los delitos y los vicios ante la aparición de la Justicia, realizada por Marceliano Santa María Sedano en 1920, composición que simboliza la esperanza y la espera de la aplicación de las leyes y del cumplimiento de las sentencias.

El antedespacho del presidente del Tribunal Supremo, en el frente norte del edificio, está cubierto con una cúpula semiesférica con pinturas de José Garnelo y Alda, ejecutadas en 1924 y cuyo trabajo puede considerarse como la exaltación final de la Justicia.

La iluminación de la bóveda se consigue por medio de cinco ventanales elípticos, que rodean el contorno de la línea de arranque, y entre las vidrieras, se sitúan alegorías de las distintas ramas o modalidades del Derecho: Derecho Natural, Derecho Civil, Derecho Canónico, Derecho Internacional, Derecho Mercantil y Derecho Penal. 

En el centro de la cúpula se desarrolla el tema principal del conjunto: La imposición por España del collar de la Justicia a la Magistratura. Del anillo de la base de la bóveda arranca un árbol, el árbol de la justicia, entre cuyo ramaje se despliegan las representaciones alegóricas de las virtudes y dignidades, que han de tutelar la acción de los magistrados: la Asiduidad, la Vigilancia, la Perseverancia, la Reflexión, la Fama, el Amor a la Justicia, la Verdad, la Meditación, la Memoria, el Entendimiento, la Gloria y la Voluntad.

La entrada principal y la escalera se cubren con una gran vidriera de la casa Maumejean, en las que aparecen de nuevo figuras alegóricas de la Justicia, y una serie de pinturas en la cornisa que presentan escenas costumbristas, que hacen referencia a las regiones españolas y las principales fuentes de producción obra de Enrique Simonet Lombardo.

Descendiendo por la escalera, se sitúan junto a su arranque dos esculturas de Lorenzo Coullaut Valera que representan a Justiniano y Alfonso X el Sabio, dos alegorías de la Jurisprudencia.

En la fachada principal, situada frente a la plaza de la Villa de París, el único elemento que destacaba era la portada de acceso, rematada por un gran frontón triangular, sobre el que se colocó en 1920 un grupo escultórico firmado por Miguel Blay, La Justicia amparándose en la Equidad y el Derecho.

A los lados del grupo central, encontramos otras dos esculturas realizadas también por Blay. A la derecha, la representación del Derecho Romano. En el lado contrario, tenemos el Derecho Civil.

Las hornacinas situadas a los lados de la entrada principal albergan las estatuas de los juristas Papiniano y Gayo, obras de Mario Capuz y Vicent, que simbolizan a la Jurisprudencia.

En cuanto a las esculturas de las hornacinas laterales, representan a hombres de leyes, que simbolizan otra vez la Jurisprudencia: Gregorio López y Jacome Ruiz. La escultura de Jacome Ruiz fue realizada por Fructuoso Orduna y la de Gregorio López es obra de Mario Capuz.

Bibliografía y webgrafía

http://dbe.rah.es/biografias/7518/marceliano-santa-maria-sedano

“Necrología. D. Marceliano Santa María y Sedano”, por José Francés

Biografía de Marceliano Santa María y Sedano, por José Pablo Arévalo García-Galán

“Las exposiciones de los pintores burgaleses en las salas de arte y galerías de burgos. (I)”. Almudena Alonso González

La Esfera 26/12/1914 13/4/1918 14/2/1920 3/7/1920 4/2/1922  29/11/1924

Mundo Gráfico 14/4/1915

La Epoca 11/2/1915  26/6/1920

La Ilustración Española y Americana 22/6/1917

La Ilustración artística 5/7/1915

Mundo gráfico 26/5/1915

La Correspondencia de España 27/2/1916

Hojas selectas 1/1917

Nuevo mundo 24/11/1916  2/2/1917 3/11/1933

Actualidad hispana. 7/1934

Castilla (Madrid. 1924). 2/11/1924

Francisco de Cossío, Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando Nº 24 de 1967

Museo del Prado

https://realacademiabellasartessanfernando.com/es

http://www.aytoburgos.es/direcciones/museo-marceliano-santa-maria-0

http://www.museodeburgos.com/index.php?option=com_content&task=view&id=851&Itemid=121

https://www.diariodeburgos.es/noticia/z2117bbd8-ee14-80e1-ae2a05226616d7c0/los-sucesores-de-marceliano-santa-maria-defienden-el-museo

Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba” de la Asociación Española de Pintores y Escultores

www.gacetadebellasartes.es

www.salondeotoño.es

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