Firmas con sello de lujo: Tomás Paredes

Gonçalo Ivo, y lo Spagnoletto al fondo

 

El arte, esa necesidad humana, esa combinación de formas y colores y luces en el caso de la pintura, no tiene patria, ni matria; tiene autor. El arte es presencia y, si carece de ella, no es nada. Gonçalo Ivo es pintor y nacido en Río de Janeiro en 1958. Pero si digo que es un pintor brasileño, ¿le identifico con idoneidad? No.

Desde inicios de febrero a los de abril tiene una amplia exposición individual de pintura y escultura en el nuevo suntuoso espacio de la galería Simões de Assis, Alameda Carlos Carvalho 2173 a, Curitiba (info@simoesdeassis.com).  Es obra reciente, 2017-2020, realizada en Nueva York y en Bethany para esta ocasión. Maderas, tablas, linos, cartones, papeles en variadas técnicas, con preferencia la témpera.

Gonçalo Ivo preparando la exposición para la galería Simöes de Assis

 

Si, nació en Brasil, pero ha vivido en París, muchos años, y en Madrid, Nueva York y en la Albers Foundation-Josef and Anni Albers de Connecticut. Ahora trabaja en su estudio de Teresópolis, junto a la biblioteca de su padre.  Hijo y albacea del poeta Ledo Ivo, pasaba muchas temporadas con su padre, le acompañó en célebres viajes y encuentros, hasta convertirse en un hombre ecuménico y políglota, aunque la lengua que mejor conoce es la de la pintura y luego la música.

Lêdo Ivo escribió una poesía figurativa, engarzando los asuntos populares y los metafísicos. Era una suerte de mago, que hacía sonreír las palabras y a las personas, desde una ascética y consumada sencillez. La sencillez está relacionada con la accesibilidad al ser, no con la simpleza. Lêdo era un hombre pequeño, grande, empático, que sin buscarlo era un generador de amigos. Tenía duende, estaba tocado por las alas de un ángel y por eso fue a morir a Sevilla, cabe el Guadalquivir con el coro de los cantos de Triana.

La pintura de Gonçalo Ivo es abstracta, o con más certeza, órfica. No aquel cubismo órfico que bautizó Apollinaire, en 1913, sino el orfismo que congregó a Delaunay, Léger, Duchamp y Kupka; el orfismo que ensambla luz y color, huyendo de perspectivas y referencias, aislándose de toda representación, con querencia geométrica, consiguiendo firmamentos de una belleza consumada, serena y grandiosa, íntima, genuina.

Cuando, en silencio, contemplo la pintura de Gonçalo, asohora, oigo la música de Bach o la de Gustave Holst y sus planetas. Y la de Monteverdi abriendo las esencias de los misterios órficos y la caja de las sensaciones. Otras veces, suena jazz y entonces las notas misteriosamente azules de la armónica de Sonny Boy Williamson II se acompasan con las notas de un piano o un clarinete hechicero, componiendo un mosaico de sensaciones y placeres que ponen dulce el corazón.

Una vista frontal de la galería Simöes de Assis con y de la exposición de Gonçalo Ivo

 

Si el arte no es emoción y misterio, si no nos altera y enriquece, si no hace que nuestros sentidos brinquen al compás de una armonía, es otra cosa, no es arte. Conmover con sólo el color y la luz, esa es la grandeza de la obra de Gonçalo Ivo. ¿De dónde salen los verdes esmeraldas, esos rojos cereza, los lapislázulis, el blanco roto? Con evidencia, de un sueño, de la paleta del autor, de su sensibilidad, de la ternura que se le escapa en su vivencia espiritual. Los colores son hijos del azar y de la magia, uno tiene previsto esto o aquello, pero un toque de tierra, de amarillo de Nápoles o de verde Veronés da al traste con todo, para liderar una sorpresa, una fusión fascinante, emotiva.

Los colores son como las fuerzas de la naturaleza, ingobernables ¿Quién domina los volcanes o los vientos? Sabemos de qué esta compuesto el aire, qué es el viento, pero cómo dominarlos. Los colores, igual. El añil se mece en una noche oscura y tristea; un topacio en el regazo del sol, enciende, o un siena en el otoño, recuerda. El color es un milagro in fieri, irrepetible, silencioso y guerrero, salvaje e imbele.

¿Qué es el orfismo? Lo que hace Gonçalo Ivo, renunciar a todas las tentaciones para concentrarse en las virtudes del color y de la luz. Soslaya la referencia del espacio para darle inmensidad, intensidad a sus cromías geometrizantes, esféricas; a la lluvia de pequeñas hojas de árboles sembrados en el viento. Al final la leve geometría desaparece para ofrecer un mosaico de sensaciones.

Orfeo deriva de personaje mitológico a dios de la música; augur y profeta, astrólogo y estratega. Poeta y músico de la Antigüedad, inventor de la cítara, añadió dos cuerdas más a la lira, en honor de las nueve musas. Píndaro lo llama “el padre de los cantos”. Hijo de Apolo y de Caliope, se enamoró de Eurídice y tras la catábasis la rescató de los ínferos, pero cuando quiso verla antes de dejar el submundo, Eurídice se desvaneció en el aire, despareciendo para la eternidad.

Una vista lateral de la galería Simöes de Assis con y de la exposición de Gonçalo Ivo

 

Ovidio, Eratóstenes, Esquilo en su desaparecida tragedia de Las basárides, Pausanias, Higinio nos dan opiniones diferentes de la desaparición de Orfeo, porque se quedó entre nosotros para unir música y poesía, luz y color, sonido y silencio, meguez y meditación, pincel y cálamo, espera y esperanza, azar y necesidad.

¿De dónde proceden estos colores aterciopelados, vibrantes, melosos, de Gonçalo Ivo? De su manera de buscar juguetes hermosos para el hombre y volarlos como vuelan los niños las cometas en la playa. De su pasión por la obra de José de Ribera. ¿Extraño? Ni por pienso. Ivo es un gran conocedor de la obra de Lo Spagnoletto, el maestro más importante del XVII, con sus rojos y azules mágicos, que hereda Ivo. Lord Byron asegura que Ribera pintaba con la sangre de los santos.

José de Ribera (Xátiva 1591-Nápoles 1562), llega a Italia en 1610. Y de primerísimo seguidor de Caravaggio se convierte en jefe de la escuela napolitana; en un grabador perfecto, admirado por Rembrandt; en el mejor dibujante de su tiempo y todavía; “de toda nuestra historia” afirma René Huygue. Firmaba “Hispanus Valentinus Setaben”, incluso “Partenope”. Pero, ¡y el color! Es Gonçalo Ivo quien lo celebra y lo perpetúa, quien lo cultiva y lo actualiza en esta fiesta selecta de su percepción sensible.

La Femme, 2020 têmpera e calcinação sobre madeira 173 x 33 x 33 cm

 

A Ribera se le tuvo por truculento y sombrío, pero superada esa mala fama que le orquestaron los franceses, comenzó a ser un seductor de las formas y del color. En sus primeros años se alaba su claroscuro, luego restaura la claridad. Esos rojos y azules de la Magdalena penitente, El martirio de San Andrés, La Purísima del convento de las Agustinas de Salamanca, La mujer barbuda, Sileno ebrio…Esos fuegos colóricos son los que arden en los lienzos de Ivo, dando vida a los mundos de sus cosmos.

La pintura y la música, como Orfeo. Porque Gonçalo es pintor, con un currículo impresionante, con un presente esplendoroso que es lo que vemos en esta exposición de Curitiba en Simões de Assis. Pero también está en la poesía, en el ensayo y en la música. Y no sólo de oyente, porque ha producido numerosos proyectos musicales, a distintos compositores e intérpretes.

Gonçalo Ivo es arquitecto y urbanista, formado por la Universidad Fluminense, pero además estudió con Iberé Camargo y Aluisio Carvão, Visitó adunia con su padre a Lygia Clark en su taller y es un contumaz visitante del Museos del Prado y otros templos del arte. Y su obra plástica no deja de crecer en tensión y poética, cada vez más sajelada, más limpia, más imponente, más inocente y carente de todo artificio como esa lluvia finísima reciente siempre cayendo y detenida.

Vuelve Gonçalo Ivo a Curitiba, en cuyo mueso ya expuso, y lo hace en plenitud. No quiero aquí repetir las colecciones donde mora, los museos y galerías donde ha expuesto, lo tienen en cientos de referencias, en internet, libros, películas. No quiero aquí sino llamar la atención sobre una obra desnuda, límpida, lúdica, lúcida en la que el color es todo: fuerza, fondo, forma, susurro, silencio y canción, plegaria, elegancia.

Cosmogonia “Africa”, 2020 óleo e folha de ouro, cobre e prata sobre linho 100 x 100 cm

 

Las Medallas de la AEPE: Mariano Benlliure Gil

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

      Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de su creador y en qué galardones se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

 

Medalla Mariano Benlliure Gil

del Salón de Otoño

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales.

Con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, para el Salón de Otoño se sustituyeron los premios de primera, segunda y tercera medalla, reservados únicamente a los socios, otorgándoles el nombre de los grandes maestros fundadores de la centenaria institución.

Fue en el 84 Salón de Otoño de 2017 cuando se establecieron los premios: Medalla de Pintura Joaquin Sorolla y Bastida, Medalla de Escultura Mariano Benlliure y Gil, Medalla de Pintura Cecilio Pla y Gallardo, Medalla de Escultura Miguel Blay y Fabregas, Medalla de Pintura Marcelina Poncela de Jardiel y Medalla de Escultura Carmen Alcoverro y Lopez.

 

Mariano Benlliure Gil

 

BENLLIURE Y GIL, Mariano       E    1910(F047)    8.set.1862   EL GRADO(V)   MADRID    9.nov.1947

 

Mariano Benlliure Gil nació el 8 de septiembre de 1862 en Valencia, en el seno de una humilde familia formada por los padres, Juan Antonio Benlliure Tomás y Ángela Gil Campos, y por sus hermanos Blas, José y Juan Antonio, todos ellos socios de la Asociación de Pintores y Escultores, si bien Mariano fue Socio Fundador con el número 47.

El cabeza de familia se especializó en pintura decorativa, introduciendo a sus hijos en el mundo artístico y preocupándose de que recibieran alguna formación, como José, que asistía como discípulo del pintor Francisco Domingo Marqués.

Mariano en cambio, que contaba haber sido mudo hasta los siete años, su hermano Juan Antonio fue ciego hasta los trece, no asistió a ninguna escuela ni academia, pese a su fuerte pasión por la escultura; era callado y observador, capaz de realizar movimientos finos que denotan que suplía la expresión oral por la plástica.

La insistencia en la falta de fluidez oral a lo largo de toda su vida, es la base de su alta capacidad manual, su agudeza visual y su autodidactismo, pues a los cinco años ya modelaba figuritas de cera con un alto grado de proporción y anatomía, que hacían las delicias de las monjas que atendían el asilo que el Marqués de Campo había levantado en la calle de la Corona y a cuyas escuelas asistió de niño.

Dibujo de José Benlliure en el que aparece su hermano Mariano, modelando a los seis años de edad

 

En 1874 la familia se traslada a Madrid, donde Mariano aprende el oficio de cincelador en la platería Meneses.

Dos años más tarde, participa en la Exposición Nacional de Bellas Artes antes de trasladarse de nuevo con la familia a Zamora, en donde recibe el encargo de un paso procesional para el que posó toda la familia y que terminó en Madrid, donde concurrió nuevamente a la Exposición Nacional con tres bustos en mármol y yeso.

En 1881 viaja a Roma junto a su hermano Juan Antonio, y donde ya residía su hermano José, abriendo un estudio que mantendría activo durante veinte años. Allí trabajó como pintor y acuarelista y se dedicó de lleno a la escultura.

 

Italia le permitió dominar las técnicas y materiales, conocer las fundiciones artísticas, visitar las canteras de Carrara y estudiar a los clásicos. Desde allí envió obra a la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1884, consiguiendo la Segunda Medalla.

Integrado en la vida cultural y artística de Roma, se relacionó con artistas como Alma Tadema, por cuya recomendación recibió un importante encargo de Henry Gurdon Marquand en Nueva York.

Viajó también a París, invitado por Francisco Domingo Marqués, para el que modeló los bustos de sus hijos, que envió a las Exposiciones Internacionales de Múnich (1890) y Berlín (1891), con las que consiguió las Primeras Medallas, y fue galardonado con Medalla de Honor en la de Viena (1894) y en la Universal de Paris de 1900.

En 1886 contrajo matrimonio con Leopoldina Tuero O’Donnell, con quien tuvo dos hijos, Leopoldina y Mariano, pero la ruptura del matrimonio le anima a trasladarse a Madrid y abrir estudio en la glorieta de Quevedo, pero sin cerrar su estudio italiano.

 

Ya conocido en el mundo artístico nacional e institucional, recibía numerosos encargos para la realización de monumentos conmemorativos, con los que consiguió la Primera Medalla en la Exposición Nacional de 1887.

En la  Exposición Nacional de 1890 presentó una gran producción en la que había obras de todo tipo de técnicas y géneros como el mármol, yeso, bronces,… mientras seguía triunfando en los concursos públicos para la realización de monumentos, alcanzando el más alto reconocimiento en la Exposición Nacional de 1895, la Medalla de Honor, que por primera vez se concedía a un escultor.

Leopoldina Tuero O’Donnell

 

En esos años, conoció a Lucrecia Arana, la primera tiple del Teatro de la Zarzuela, con quien emprendió una nueva y estable relación que perduró hasta la muerte de la cantante, y fruto de la cual nació un único hijo, José Luis Mariano.

Mariano Benlliure visto por  Ramón Casas

 

Mariano Benlliure visto por  Joaquín Sorolla

Mariano Benlliure visto por  Laszlo

 

Reconocido en los ambientes internacionales, le llegaron los primeros reconocimientos académicos e institucionales, siendo nombrado Director de la Academia de España en Roma e ingresando como Académico de Número en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.

Los nuevos y constantes encargos de monumentos en Madrid y distintas ciudades, hicieron que el artista ampliara su estudio, trasladándolo a la calle de Abascal, próximo al Paseo de la Castellana, que pronto se convertirá en punto de encuentro de los personajes más ilustres del momento, tanto para posar como participar en sus animadas tertulias. De allí salieron excepcionales y numerosos retratos y monumentos, entre ellos la larga serie dedicada a la familia real, que acostumbraba visitar al escultor para admirar sus últimas obras.

1910 fue un año trascendental para Benlliure por su concurrencia en tres exposiciones internacionales conmemorativas de las independencias de Argentina, Chile y México.  En la Exposición Internacional de Medallas Contemporáneas, organizada por la Sociedad Numismática de Nueva York, a raíz de la cual entró en contacto con Archer Huntington, que adquirió la placa Retrato de Santiago Ramón y Cajal (1909) para la Hispanic Society. Benlliure contribuyó de forma notable a la evolución de la medalla escultórica, con una abundantísima y constante producción.

Mariano Benlliure junto a Lucrecia Arana, el amor de su vida

 

Fueron años de intenso trabajo en monumentos públicos en América y España, como los monumentos a San Martín en Lima, a Simón Bolívar, a Núñez de Balboa, al cabo Noval, a José Canalejas y su mausoleo destinado al Panteón de Hombres Ilustres.

En 1917 fue elegido para ocupar la Dirección del Museo de Arte Moderno y la Dirección General de Bellas Artes, cargo desde el que asumió importantes retos como la conversión de la Ermita de San Antonio de la Florida en panteón de Goya y el traslado de sus restos desde el Cementerio de San Isidro; la creación de la Escuela de Paisaje del Paular (Rascafría, Madrid), de la Casa de Velázquez (Madrid) y del Pabellón Español en la Bienal de Venecia.

Tras su dimisión, fue nombrado Patrono del Museo Nacional del Prado.

Dos fotografías del escultor con La fuente de los niños y  junto a su nieto

 

En esos años, Archer M. Huntington le encargó un primer busto del pintor Joaquín Sorolla para presidir la sala destinada a albergar su serie de grandes lienzos Visión de España en la Hispanic Society de Nueva York, busto con el que se inició una serie de retratos de personajes ilustres de la vida cultural y política española para la sociedad y un segundo busto de Sorolla en 1932.

Además, continuó enviando obras a exposiciones nacionales e internacionales, obteniendo Medallas y distinciones, premios y honores que francamente, merecía.

Su fuerte atracción desde la infancia por el espectáculo de la lidia fomentó su amistad con algunos de los más famosos diestros a los que consagró en múltiples obras.

Lucrecia Arana y su hijo, retratados por Joaquín Sorolla

 

La repentina muerte de Lucrecia Arana el 9 de mayo de 1927, marcó profundamente a Mariano Benlliure, que se refugió en su trabajo.

En 1929, durante la inauguración en Jerez del monumento ecuestre al general Miguel Primo de Rivera, coincidió con Carmen Quevedo Pessanha, viuda del escritor y amigo Juan Nogales Delicado, a la que se uniría en matrimonio civil en 1931 en una ceremonia privada en su estudio, y que escribiría una extensa biografía del escultor publicada después de su muerte.

Unos meses después de la proclamación de la Segunda República, dimitió como director del Museo de Arte Moderno tras la remodelación de su patronato, y fue nombrado Director Honorario al tiempo que Patrono del Museo Sorolla de Madrid.

Los encargos oficiales y particulares seguían llegando, si bien se dedicó con mayor fluidez a realizar retratos  de su entorno más próximo y obras de menor tamaño en bronce y cerámica, generalmente de carácter costumbrista, modeladas con minucioso realismo.

Mariano Benlliure Tuero, fruto del primer matrimonio de Mariano con  Leopoldina Tuero O’Donnell,  fue un escritor (1868-1952) que  perteneció al Grande Oriente Español y su filiación masónica era conocida puesto que formó parte del consejo de redacción de la revista Latomia que publicaba                      la logia La Unión

 

En mayo de 1935 abrió las puertas de su estudio para presentar sus últimas obras: el Altar del Sagrado Corazón de Jesús para la Catedral de Cádiz, el Mausoleo de la familia Falla y Bonet para el Cementerio Colón de Buenos Aires, y el Sarcófago de Vicente Blasco Ibáñez, amigo desde la juventud, y del que ya había modelado un espléndido busto.

Durante los primeros meses de la Guerra Civil no quiso abandonar su estudio y permaneció en Madrid trabajando. Con 74 años de edad, casi ciego y con todos los achaques de la edad, invitado por el Gobierno Francés como miembro del Instituto de Francia, a visitar la Exposición Universal de 1937, accedió a viajar a París donde se exponían dos de sus obras, permaneciendo allí más de un año, hasta que cayó enfermo y a finales de julio de 1938 se traslada junto a su esposa Carmen Quevedo, de origen portugués, a Viseu donde ella tenía casa, familia y medios para atender su enfermedad.

Una vez recuperado, reemprendió su trabajo en el estudio del escultor Texeira Lopes que le cedió un espacio, hasta su retorno definitivo a Madrid en junio de 1939. Aún regresó a Viseu un año después para montar el Monumento a Viriato.

El escultor en uno de sus viajes a Nueva York

 

 

En los últimos años de su vida, los encargos de carácter procesional fueron abrumadores, saliendo de su taller multitud de imágenes religiosas que reemplazaron a las destruidas en la guerra civil. Tallas de las que se encargó el escultor Juan García Talens a partir de los modelos ampliados de los bocetos modelados por Benlliure.

Mariano Benlliure realizó también a lo largo de su vida artística, diseños para vajillas y elementos decorativos, como esta copa de champán para uno de sus clientes de Nueva York

 

La escultura religiosa ocupó gran parte de su trabajo de los últimos años de su vida

 

En 1942 Valencia le rindió un emotivo homenaje en el Paraninfo de la Universidad y le concedió la Medalla de Oro de la Ciudad, y en 1944 la Dirección General de Bellas Artes celebró un Homenaje Nacional en el que le fue concedida la Gran Cruz de Alfonso X, el último de la larga lista de reconocimientos oficiales y académicos que recibió a lo largo de su fructífera trayectoria artística.

Carmen Quevedo Pessanha, última esposa del artista

 

Mariano Benlliure fue miembro de diversas Academias de Bellas Artes: San Fernando de Madrid, Valencia, Zaragoza, Málaga, San Lucas de Roma, Brera de Milán, Carrara y París, así como de la Hispanic Society de Nueva York; y recibió innumerables condecoraciones entre las que destacan la Legión de Honor de Francia y Comendador de la Orden de la Corona de Italia, además de la mencionada Gran Cruz de Alfonso X y la del Mérito Militar de España.

Falleció a los 85 años, el 9 de noviembre de 1947, en su casa-estudio de la calle de Abascal en Madrid.

En cuanto se conoció la noticia de su muerte, acudieron a su casa estudio los escultores Ignacio Pinazo, Ramón Mateu y Víctor de los Rios, que hicieron mascarillas del cadáver. En su casa se instaló la capilla ardiente, habiendo sido amortajado con el hábito de San Francisco de Asís, y encerrado en un ataúd de caoba sencillo y sobrio. Llegaron después el Ministro de Educación y otras personalidades como el marqués de Lozoya, el subdirector del Museo del Prado, José Francés, en nombre de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y durante todo el día desfilaron por su domicilio numerosísimas personalidades, que firmaron en el libro de condolencias instalado en el jardín, a la entrada del estudio del escultor.

A las cinco de la tarde comenzó el traslado de los restos a la Estación de Atocha en una comitiva encabezada por su nieto, familiares y amigos íntimos, a la que seguía el clero de San Juan de la Cruz, y miembros de la Asociación de Pintores y Escultores, del Círculo de Bellas Artes, de la Real Academia de Bellas Artes y la Asociación de Escritores y Artistas. Al llegar a la estación, el cadáver fue trasladado al vagón habilitado para capilla ardiente.

A su llegada a Valencia, millares de personas desfilaron para contemplar los restos del ilustre artista, en la capilla ardiente instalada en el Ayuntamiento. Y tras tres solemnes misas celebradas allí mismo, la comitiva fúnebre encabezada por la Guardia Municipal montada, abría la marcha a los portadores de las numerosísimas coronas; tras ellas, representaciones de los gremios y entidades valencianas, de la Banda Municipal, el clero y el féretro, al que seguían el capitán general de la Región Militar en representación del Jefe del Estado, Ayuntamiento, Diputación, autoridades varias, su nieto y sobrino, Enrique Benlliure y José Campos Benlliure, junto a otros íntimos del finado, el representante del Director General de Bellas Artes, representantes de las Reales Academias y otros cuerpos, representación de la Real Academia de San Fernando y una inmensa multitud. Llegados a la catedral, el cabildo rezó un responso, siendo colocado el féretro ante la Patrona de Valencia, Nuestra Señora de los Desamparados, de la que el artista era tan devoto. Pasó después la comitiva por el Museo Provincial de Bellas Artes y desde allí el entierro continuó hasta el cementerio del Cabañal, donde los restos de Mariano Benlliure recibieron sepultura, en el panteón donde reposan los restos de sus padres.

La capilla ardiente en Madrid, el traslado de los restos hasta Valencia y el multitudinario entierro de Mariano Benlliure

 

Madrid: museo abierto de Benlliure

Autor de innumerables obras civiles y funerarias, de monumentos repartidos por todo el mundo, y de abundante obra religiosa, destacaremos que es el escultor del que más obras hay en la ciudad de Madrid: las Estatuas ecuestres de Alfonso XII y del General Martínez Campos en el Retiro, el Monumento a Miguel Moya y el Grupo escultórico a Cuba, también en el Parque del Retiro, distintos sepulcros en el Panteón de Hombres Ilustres de Atocha, la Estatua de la Regente María Cristina, frente al Casón del Buen Retiro, la Estatua de Francisco de Goya, junto al Museo del Prado, en la Plaza de la Villa la Estatua de Álvaro de Bazán, la Estatua del General Manuel Cassola Fernández, en el Parque del Oeste, la Estatua del Teniente Jacinto Ruiz Mendoza en la Plaza del Rey, la Estatua de Bárbara de Braganza en la Plaza de la Villa de París, la Estatua a Loreto Prado en la Plaza de Chamberí, la Estatua en honor al Cabo Noval en la Plaza de Oriente, la Efigie del Teniente Ruiz en Chueca, el Grupo Escultórico del edificio Metrópolis de la calle Alcalá con Gran Vía, el Grupo Escultórico a Emilio Castelar en el Paseo de la Castellana y las lápidas y placas conmemorativas a José Canalejas, en la Puerta del Sol, a Serafín y Joaquín Álvarez Quintero en la calle Velázquez y a José Nogales en la Calle Santa Engracia.

Decimos que es el autor de mayor número de esculturas en Madrid y por el contrario, no cuenta el artista en la capital de España más que con una humilde lápida de cerámica situada en la tapia de la Plaza de Toros de El Batán, dedicada por los aficionados al toro y al toreo. Triste recuerdo y mal pago le hace Madrid a quien culminara obras tan sublimes, a quien ha embellecido calles y plazas, parques y jardines con su arte.

Madrid se ha convertido en su gran museo abierto y le debe también una estatua. Propuesta que sale de esta humilde Asociación Española de Pintores y Escultores, y que como tantas otras, no tendrá eco en una sociedad que ya no requiere memoria.

Perfil humano

Mariano Benlliure es el escultor español que ha gozado de mayor reconocimiento público desde sus primeros éxitos logrados en vida hasta nuestros días.

En su persona confluyen unas excepcionales dotes para el oficio, conjugadas con una asombrosa versatilidad creativa, una originalidad renovada en sus planteamientos estéticos y un manejo absoluto de todos los recursos plásticos y escenográficos que permite la creación escultórica, en la que demostró un esfuerzo continuo por evolucionar en sus diversos lenguajes estilísticos, aderezado todo ello por una actividad creadora desbordante, resultado de su inagotable energía vital y de una dedicación total a su trabajo.

Su obra tiene la aparente facilidad con que utilizó todos los recursos de las distintas técnicas de modelado y cincelado, mostrando siempre un cuidado exquisito en el acabado de las superficies, con las que supo extraer el máximo provecho a su morfología y texturas, atento al virtuosismo en los detalles, pero sin caer en el manierismo.

Mariano Benlliure esculpiendo el caballo del Monumento al General Martínez Campos que se encuentra en el madrileño Parque del Buen Retiro y en el que trabajó directamente con sus dedos, imprimiéndolos en la materia

 

Con una incontenible fogosidad creativa, de genio dinámico, de activa y vivaz inteligencia, una inusitada vocación al trabajo, para Mariano, la escultura era una expresión personal, una habilidad innata y una paleta en la que trabajar.

En esta fotografía se aprecian las proporciones de una de sus esculturas ecuestres

 

Como ya hemos visto, sus problemas de expresión oral en la niñez, hicieron que sin embargo  su prodigiosa memoria almacenara las imágenes de las pinturas que colgaban del Museo Provincial de Bellas Artes de Valencia, situado en el Convento del Carmen, donde su madre enviaba a los hijos todos los domingos por la mañana.

Lucrecia López de Arana fue la compañera fiel, entregada y sincera que buscaba su torturado espíritu y, sin reparar en la hipócrita mentalidad de la sociedad del momento, le deparó la auténtica felicidad sentimental necesaria para realizar sus mejores obras.

Su casa-estudio de la calle de Abascal, frecuentada por políticos, artistas, intelectuales, toreros…, aportó popularidad de su nombre, colocado hacía tiempo en la cima de los autores más afamados en el país, de modo que el asistir a su casa ya era un «acto público obligado» para todo aquel que quería destacar en el mundillo de la popularidad. Su casa y su amistad eran sinónimo de distinción social, abundando también los encargos de obras menores y los retratos, algunos acompañados de piezas de orfebrería.

Un destello de entrañable alegría fue el nacimiento de su nieto, hijo de su hija Niní en 1915, una de las últimas alegrías personales.

La longevidad de Mariano le acarreó la tristeza de ver desaparecer a todos sus seres queridos, desde Lucrecia Arana, que muere en 1927, hasta su hermano José, que muere en 1936. El contrarresto es siempre el hundimiento febril en su trabajo creador, capeando las circunstancias más o menos favorables que depara el proceso histórico de los años críticos de la Guerra Civil Española, una etapa en la que Mariano ya no espera más que morir trabajando. Sin embargo hay también hechos que le llenan de emoción, como si fueran la culminación de sus aspiraciones recompensadas: los homenajes que Valencia rinde a Joaquín Sorolla y a Vicente Blasco Ibáñez.

 

A pesar de tantos años de lucha y triste vejez, Mariano Benlliure tuvo la suerte de morir tal como siempre deseó: trabajando, tallando una Entrada en Jerusalén que parecía indicarle que había llegado la hora de iniciar el camino de salida de este mundo. Era el día 9 de noviembre de 1947.

El tedio de la estética clasicista avivó su propio instinto de observación de la realidad que, unido a su falta de expresión oral y a la situación humilde de su familia, redundó en un refuerzo del espíritu de trabajo, sacrificio, esfuerzo y unión familiar, cualidades que al haberlas captado desde niño pudo siempre valorar.

“Tenía una extraña mezcla de señor y bohemio,
bebía en copa de plata o en botijo verbenero
lo mismo esculpía a un rey que al golfillo colillero.

Orgulloso de su España, de sí propio era modesto,
suplicaba a la gente que le llamaba maestro
no me digáis don Mariano y escultor, ni nada de eso,
soy solo Marianet, alias el picapedrero”.

Trabajando en el busto a Sorolla de la Hispanic Society

 

No fue un artista ilustrado ni brilló por su elocuencia, sino precisamente por su sencillez, su carácter alegre y festivo, su sincera camaradería y su saber mantenerse en su puesto, pudo conservar la amistad de una clientela, indudablemente interesada en obtener su obra, a la que sabía mimar con sus detalles y atraer con el ambiente de salón, escaparate, exposición permanente y tertulia artística que lograba crear en su estudio taller.

Mariano convierte la pintura en escultura, o mejor dicho, hace una escultura que recuerda a la pintura, de ahí que podamos concluir que sus obras son el encuentro de las dos artes: composición, espacio y dibujo fusionados con el volumen, la forma y la textura, incluso el color se traduce en la combinación de volúmenes, en el logro de sombras y en la combinación de los materiales (mármol y bronce, terracota patinada, piedra natural y cerámica vidriada). El hecho de que gran parte de sus pinturas no se hayan localizado, se justifica precisamente porque las realizó en la época en que vivió en Roma y fueron vendidas en el extranjero, aparte de que nunca les concedió importancia al hablar de su obra.

Mariano gozó de la clientela del “todo Madrid” durante su prolongada carrera. La sociedad madrileña acomodada y especialmente aristocrática gustaba de su ingenio para la decoración y encontró en él, al artista que supo llenar sus ansias de novedad a tenor de las nuevas modas. Su temperamento y su sentido artístico le predisponían para ser un buen decorador y aquel ambiente, que prefería lo vago y lo impreciso, le fue favorable.

Todos los que le conocieron y han transmitido sus recuerdos nos destacan enseguida su atractivo personal: un cuerpo ágil y vigoroso, con manos encallecidas como las de un jovial trabajador, con un rostro que atrae por sus ojos pequeños y expresivos, sano de color, densas patillas rizadas y poblado bigote, pero en especial prominentes orejas que él siempre destaca en sus autocaricaturas. Y sobre todo destaca en él una sonrisa franca, eterna y contagiosa, que se hace más cálida cuando con su afable cordialidad, tiende su mano llena de vitalidad. A ello une su especial indumentaria: un gorrito de tela negra, chaleco sobre la camiseta, brazos al aire y pantalones de polaina “porque se le enfrían los pies”, todo ello manchado de barro y de tiznes blancos de escayola…, parece un obrero de la construcción al pie de la obra.

 

Gállego define así su obra: «es romántico como Carpeaux en sus niños, guirnaldas y composiciones históricas; impresionista al jugar con los efectos de luz sobre las superficies con destelleantes detalles minúsculos; expresionista porque nos habla de emociones y sentimientos; simbolista porque en toda su producción pervive la idea de la vida y de la muerte; modernista por sus ritmos ondulantes, que recogen el movimiento de una suave brisa; fidíaco en sus detalles realistas; helenístico en sus figurillas menudas de terracota; y primitivista en sus relieves de gruesos trazos […] y sobre todo un enamorado de la naturaleza y de la vida que pretende aprisionar en el barro». Sus delicados y juguetones niños que danzan entre frondas de guirnaldas, flores o frutas, así como los frisos de cerámica en donde el amor emerge entre besos furtivos y motivos alegóricos a la alegría y la abundancia, fueron sus mejores creaciones, que sus imitadores jamás llegaron a igualar.[…] En todos sus elementos ornamentales, de un potente barroquismo de raíz tan valenciana, es preciso reconocer siempre la perfección con que el artista modela, dotando a la piedra, barro o bronce de una afinada sensibilidad. De aquí también el primor incomparable de sus pequeñas composiciones, destinadas a una serie de adornos de mesa, fundidas en bronce o vaciadas en cerámica. Como en todos los escultores de su generación, la mayor excelencia de Benlliure fue el retrato. Como los grandes artistas del Renacimiento sabe captar en el modelo aquello que es constante, que constituye su expresión, el reflejo externo de su vida interior. El retrato, que obliga a ceñirse a lo natural, le permite ostentar la habilidad prodigiosa en el modelado. Es inútil citar ejemplos. En la lista innumerable de sus excelentes bustos y retratos, hasta los labrados en su extrema ancianidad, no se pueden señalar sino aciertos”.

En 1952 se realizó una emisión de billetes de 500 pesetas con el busto de Benlliure en el anverso, mientras que en el reverso figuraba el sepulcro del tenor Gayarre en el valle del Roncal, una de sus obras más conocidas y que fueron retirados de circulación en diciembre de 1971

 

Todos hemos tenido en la mano un auténtico «Benlliure»: las monedas que se acuñaron a partir de 1947 eran obra  del escultor valenciano

 

La peseta de 1946 con estrellas 19-48, se conoce como «Peseta de Benlliure», por haber sido diseñada por el escultor . La pieza fue presentada a Franco, que la rechazó porque no le gustaba la caída del cuello; en 1947 se hizo otra, con el cuello más redondeado y se puso en circulación sin que se retiraran las antiguas, que cuestan algo más de 3.000 euros la pieza

 

En el billete de 100 pesetas del 19 de febrero de 1946, aparece un retrato de medio cuerpo de Goya, inspirado en el monumento que realizó Benlliure al pintor aragonés en 1902, y que se encuentra frente al Museo del Prado

 

Mariano Benlliure y la AEPE

La fundación de la Asociación de Pintores y Escultores se fraguó según una idea de Mariano Benlliure, quien en 1904 y en el transcurso de un banquete celebrado en el Retiro, en honor de los artistas premiados en la Exposición Nacional de Bellas Artes de ese año, propuso ya la “formación de una Sociedad de Pintores y Escultores Españoles, aún residentes en el extranjero, con objeto de defender sus intereses materiales y artísticos,… fomentar todas las manifestaciones del Arte por medio de Exposiciones en España y en el extranjero, crear una Caja de socorros y pensiones…y la instalación de un salón permanente donde los individuos que perteneciera a la Asociación pudiesen exponer sus obras, dando así mayores facilidades al público y a los artistas para la venta”.

Estas y otras ideas expuestas entonces fueron acogidas por todos los presentes y los ausentes cuando las conocieron, con unánime aplauso. Pero Mariano Benlliure no volvió a acordarse de ello y la idea quedó sumida en el olvido.

Seis años más tarde, fue Eduardo Chicharro quien recordando las palabras del maestro, decidió retomar la idea y recordar a todos los artistas que era preciso unirse para constituir una fuerza, para prestarse mutualidad y recíproco apoyo, y así se formó una Junta organizadora que convocó a todos los pintores y escultores madrileños y logró reunirlos en el gran salón de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Más de 150 acudieron a este llamamiento que se convirtió en Asamblea y que reunió a artistas anónimos y a otros de primera fila, y en donde se habló de la conveniencia de la reunión de todos los artistas y se leyeron los estatutos, que habían sido previamente repartidos con las invitaciones a la convocatoria, para que los que quisieran pudieran presentar modificaciones o sugerencias, y que fueron finalmente aprobados con total unanimidad.

El encierro, presentada al XIX Salón de Otoño

Mariano Benlliure firmó el acta fundacional, convirtiéndose en Socio Fundador, con el número 47. Desde el inicio, se convirtió en miembro activo de la entidad, participando en festivales, en la suscripción popular para la adquisición de La Adoración de los Reyes de Van der Goes, iniciada por el Presidente Joaquín Sorolla.

En 1918 la Asociación de Pintores y Escultores convocó en España del I Congreso Nacional de Bellas Artes, con el beneplácito de todos los organismos oficiales y sociedades afines de la época, que estuvo bajo el Patronato del Rey, y teniendo como Presidentes de Honor, a los socios de la entidad Marceliano Santamaría, a Mariano Benlliure, Miguel Blay, Antonio Muñoz Degrain y José Llimona.

Desde su cargo como Director General de Bellas Artes, se reunió en multitud de ocasiones con el Presidente y la Junta Directiva de la Asociación de Pintores y Escultores, prestando todo el apoyo oficial que requería sacar adelante los importantes proyectos que llevó a cabo la entidad, como la realización de exposiciones en distintos países latinoamericanos, la buena marcha de la Residencia de Artistas de El Paular, la Comisión para la Exposición de Venecia, o la colaboración que mantenía en la Gaceta de Bellas Artes que publicaba la institución.

El Sagrado Corazón, que presentó al XV Salón

 

Cuando en 1921 dimitió de su cargo por razones de salud, Juan Espina y Capo, la Asociación de Pintores y Escultores le homenajeó haciéndole entrega en los locales sociales, de una Medalla de Oro modelada altruistamente por Mariano Benlliure, junto a un cuaderno con las firmas de los asistentes en reconocimiento a quien fue el alma del Primer Salón de Otoño.

Además, el propio Benlliure participó con la Asociación de Pintores y Escultores en la colaboración que hizo la entidad de una exposición y venta de obras en el Museo Provincial de Pintura de Huelva, con destino a los hospitales de sangre, en un intento de aliviar los sufrimientos ocasionados por la Guerra del Rif.

En 1924 fue elegido Vocal de la Junta Directiva de la Asociación de Pintores y Escultores bajo la presidencia de Pedro Poggio, junto a artistas como Cecilio Plá o Alcalá Galiano, y siendo Director del Museo de Arte Moderno.

En 1926 la Exposición Internacional del Grabado de Florencia, solicitó a la Asociación de Pintores y Escultores organizara la participación española, siendo elegido para presidir el comité de selección de obras.

Retrato de mi padre, que se exhibió en le XIX Salón de Otoño

 

Ese mismo año, abrió su estudio de la calle Abascal a los socios de la entidad para que pudieran ver el Monumento a Bolívar que hizo con destino a la República de Panamá.

En 1928 y con motivo del Centenario de Goya, publicó sus opiniones acerca del inmortal artista en la Gaceta de Bellas Artes, en un número dedicado al genio aragonés. Además, formó parte del comité organizador para la exposición de pintura y escultura en Bélgica y Holanda que le fue encomendado a la Asociación de Pintores y Escultores por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, así como en la que también se le encomendó a la AEPE, en la ciudad de Oslo en 1931.

En el XII Salón de Otoño de 1932 hubo una sala dedicada a Mariano Benlliure, que exhibía 17 obras, de ellas, cuatro bajorrelieves, siete cerámicas y barros, un bronce, un mármol y cuatro óleos.

1932 fue un gran año en el arte español. Las instituciones dedicadas al arte reunían a grandes maestros: Julio Moisés era el Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores, Mariano Benlliure el Presidente de la Asociación de Escritores y Artistas, y José Francés (ex Presidente de la AEPE), Vicepresidente del Círculo de Bellas Artes.

En 1934, comentando sobre las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, declaraba Mariano Benlliure que Es doloroso que nunca se haya preocupado el Estado de que existiese un local adecuado para celebrar las Exposiciones Nacionales y suponemos que esto lo decía con muy amplio conocimiento de causa puesto que él fue Director General de Bellas Artes en 1918 y se supone lucharía por conseguirlo.

Después de ver la película Alma de centauro Mariano Benlliure logro un pase privado exclusivo de la película, en el cine Progreso de Madrid, para tomar apuntes del caballo protagonista “Rex”.

Fue Jurado del XV Salón de Otoño.

Terminada la guerra en abril, en mayo de 1939, el secretario de la Asociación, José Prados López, envió una carta a los artistas que poseían Medalla de Oro de las Exposiciones Nacionales, para que entregasen de forma voluntaria aquellas medallas para ayuda a la patria en la posguerra. Toda la prensa se hizo eco, como no podía ser menos, de aquellas cartas y de la generosidad de los artistas a los que se ofreció fundir otras en inferior metal para recuerdo. Benlliure entregó la suya en un gesto altruista, otro más a lo largo de su carrera, que le honraba.

En junio de 1939, recién terminada la contienda, tomó parte en la exposición de “Obras ejecutadas en Madrid durante la guerra”.  Que se celebró en los locales de la Asociación en la calle Infanta, 30, junto a artistas como Moreno Carbonero, Martínez Cubells, Orduna, Ardavín, Llorens, Vázquez Díaz…

En 1944, la Casa de Valencia promovió un homenaje nacional a Mariano Benlliure, al que se adhirió la Asociación, siendo José Planes el representante de la institución en la Comisión del Homenaje.

En el entierro del artista, la Asociación Española de Pintores y Escultores tuvo una presencia destacaba, como no podía ser menos por uno de sus más ilustres miembros y fundadores.

Al I Salón de Otoño de 1920 concurrió Mariano Benlliure y Gil, inscrito así, reseñando que es “natural de Valencia; reside en Madrid, calle de Abascal, número 53”, y presentó las obras:

872.- El garrochista (bronce) y 873.- Mi nieto (mármol)

En el II Salón de Otoño de 1921 presenó:

277.- Escultura

Al VII Salón de Otoño de 1927, reseñado ya como Socio de Honor de Salones anteriores, presentó las obras:

482.- Busto-Retrato del Excmo. Sr. D. José Francos Rodríguez (bronce), 483.- Busto-Retrato del pintor Domingo Marqués (bronce) y 484.- ·l Garrochista (estatuita ecuestre, en bronce)

Al XI Salón de Otoño de 1931 concurrió con:

121.- Boceto de la estatua del duque de Rivas (bronce) y 270.- Arrancándose (bronce)

En el XII Salón de Otoño de 1932 hubo una sala dedicada a Mariano Benlliure, que exhibía 17 obras, de ellas, cuatro bajorrelieves, siete cerámicas y barros, un bronce, un mármol y cuatro óleos: Cuatro placas relieves de niños, tituladas Las cuatro estaciones, La Sagrada familia, placa en cerámica, Goya, ídem, Velázquez, ídem, La bailaora, figura en cerámica, Niño, barro cocido, Cabeza de gitana, ídem, Busto de mujer, ídem, Bretón, medalla barro cocido, Las víctimas de la fiesta, bronce, Amalio Gimeno, mármol, La vara, óleo, Matilde Benlliure, óleo, Angelita Benlliure, óleo

En el XIII Salón de Otoño de 1933 llevó las obras: 79.- Las víctimas de Navidad (bronce), 80.- Hacia el redil (bronce), 13.- La primera alegría (barro cocido esmaltado), 11.- Mantilla española (cerámica) y 35.- Busto de Romero de Torres

Al XIV Salón de Otoño de 1935 presentó 15.- Don Tirso Rodrigáñez y Sagasta (busto en bronce)

En el XV Salón de Otoño de 1935 presentó las obras:

372.- La maja de la mantilla, 373.- Retrato del escultor portugués Antonio Teixeira López, 374.- Sagrado Corazón (talla policromada)

En el XVI Salón de Otoño de 1942 exhibió las obras:1.- Cristo yacente de Hellín (escayola), 2.- Retrato de Mercedes Sangroniz (escayola), 3.- Anverso de la medalla de Rodríguez Marín (bronce), 4.- Reverso de la medalla de Rodríguez Marín (bronce), 5.- Medalla del maestro Bretón (bronce) y 6.- Retrato de Nelly Schultes (bronce)

En el XVII Salón de Otoño de 1942 llevó: 5.- La Marías y 8.- Retrato de Aniceto Marinas (escayola)

En el XIX Salón de Otoño de 1946 contó con Sala propia y se exhibieron las obras: 1.- Retrato del padre (bronce), 2.- Retrato de la madre (mármol), 3.- Retrato de don Aniceto Marinas (bronce), 4.- Autorretrato (bronce), 5.- Retrato de don José Benlliure (bronce), 6.- La perrita “Tinita” (bronce), 7.- La perrita “Tasquitas” (bronce), 8.- Retrato del Caudillo (mármol), 9.- Estatuita ecuestre de Fernando Primo de Rivera (bronce), 10.- Busto estudio del Teniente Gral. Orgaz (yeso), 11.- Retrato de Mercedes (yeso), 12.- Retrato del escultor Laszlo Zinner (yeso), 13.- Busto del pintor Jorge Apperley (yeso), 14.- Grupo del encierro (bronce), 15.- El arrastre (bronce), 16.- Busto de Lucrecita (bronce) y 17.- Toro marrajo (óleo)

En el 50 Salón de Otoño de 1983, en la Sala Homenaje a los artistas que hicieron posible el I Salón de Otoño en 1920, se exhibió la obra D. Segismundo Moret (Dedicado a don Natalio Rivas), bronce.

 

Mariano Benlliure fotografiado junto a su hermano José

 

Dos fotografías aparecidas en el diario ABC, arriba en la tumba de Cánovas, en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid y abajo, despachando cuando era Director General de Bellas Artes

Concepción Boter Torrens

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

Concepción Boter Torrens (Chita)

 

BOTER TORRENS (CHITA), Conchita   P     1933    BARCELONA     MATARO (B)    Calle Barcelona, 12, Mataró

Concepción Boter y Torrens o Torrents se inscribió en nuestra entidad en la sección de “Pintura”.

Socia de número nacida en Barcelona, y que era conocida como “Chita Boter”, como aparecía inscrita en los distintos certámenes en los que participó. En la ficha, aportó como dirección la Calle Barcelona, número 12 de Mataró.

Si bien en las fuentes consultadas aparece como que nació en Mataró, en el año 1900, y se desconoce la fecha de su muerte, tras una ardua investigación puedo afirmar que la artista nació en Barcelona, en el año 1899, y que falleció en Mataró, el 9 de septiembre de 1979, cuando contaba con 80 años de edad, y sin descendencia.

Poco conocemos de su vida personal, más allá del hecho de que tenía dos hermanos, Juan y María.

Su especialidad fueron las marinas, influida tal vez por la belleza de la costa de su ciudad natal.

En 1926 expuso cinco óleos en la Sociedad Artística y Literaria de Mataró, junto a otros artistas locales.

En marzo de 1930 realizó su primera exposición individual en la histórica Sala Parés de Barcelona, que la crítica recogió comentando que era una muestra …”sin grandes pretensiones, que presenta unas notas de color de tendencias impresionistas, que saben a pintura seria, y esto es muy recomendable para su actuación futura”.

También presentó la obra “Bodegón”, a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1930.

Barcas en la Playa de Mataró

 

Su labor expositiva continuó, con la muestra que llevó a cabo en junio de 1931 y posteriormente en 1933, en la sala La Pinacoteca, galería que abriera sus puertas en 1928. En aquellas exposiciones aparecía aún como Concepción Boter.

Presentó la obra titulada “Plaza de la Libertad (Mataró)” al Salón de Otoño de 1931.

En 1933 participó en el Salón de Otoño que convoca la Asociación de Pintores y Escultores, en la Sala de Artistas Catalanes, reseñando algunos medios “las finas notas” de la artista, o la afortunada autora de “Los eucaliptus”, “Playa de Tossa del Mar” y “Calle de Tossa del Mar”, mientras que otros comentaban que …”La Playa de Tossa, de la señorita Chita Boter, descarta, las pasadas creencias de la pintura de espíritu afeminado o monjil, que en arte equivale a ñoñería o mal gusto… Chita es la emoción sentida y transmitida en el mismo momento, y que produce el magnífico resultado de sus paisajes, de impresión rápida, gustosos de composición y de un sobrio colorido. La citada playa y los eucaliptos son buena muestra de la obra de esta muchacha”.

En 1934 participó en la Exposición de Primavera que organizaba la Junta Municipal de Exposiciones de Arte de Barcelona con la obra “Paisaje de San Andrés de Llavaneras”.

Ese mismo año, participó en una exposición celebrada en la Sala Busquets, con el grupo “Art Vivent”, junto a otros artistas como Bassa-Ribera, Clarasó, Farré, Gispert…

En febrero de 1935 inauguró una exposición individual en la Sala Busquets de Barcelona, junto al retratista cubano José Rovira y Soler. Exhibió cinco figuras, siete paisajes de Tarrasa y trece bodegones.

La prensa de la época recogió que “Concepción Boter presenta una serie de treinta telas, con un estilo subjetivo netamente femenino. Los temas del paisaje son únicamente los pretextos necesarios a su fantasía colorística, llena de ingenuidad, sin notas brillantes, que se ejercita a lo largo de una gama apagada, sin perfiles ni volúmenes acusados, pero con la huella visible de una íntima inquietud que da a sus pinceladas una graciosa inseguridad”. Y en otro medio se comenta que “las pinturas de la artista Concepción Boter, obtienen un señalado triunfo por el lirismo que caracteriza la obra de esta joven pintora”.

En octubre de ese mismo año, la Unión Gremial Mataronesa inauguró su sede local con una exposición de artistas locales en la que estaba también incluida Concepción.

En 1935 participó en el Salón de Artistas Aragoneses y un año después en la Exposición de Primavera de Barcelona, con la obra titulada “La balsa de la roca”.

De mañana llegan barcas

 

En 1959 expuso nuevamente en la galería La Pinacoteca de Barcelona, en donde presentó una selección de paisajes y marinas. La prensa recogió el hecho reseñando que es …”una muestra de la pintora, que por su temática juzgamos es hija del Maresme… nos presenta la artista una extensa colección de óleos sobre temas de playa y de bosque, más un interior con figuras. Barcas en descanso sobre la arena, escena que algunas veces se acompaña con la presencia de algunas siluetas de pescadores, espesos conjuntos de árboles, en los que los múltiples verdes de la vegetación se extienden en copiosas diferenciaciones, le sirven a Chita Boter para comunicarnos su visión tierna y emocionada de sus horizontes acostumbrados.  Desde luego, Concepción Boter siente mucho más el color que la forma y, con el color, la luz. En este sentido, es uno de los más felices momentos de esta exposición la escena de playa marcada con el número 3, donde la embriaguez lumínica hace vibrar toda la superficie del lienzo. Señalemos, también el paisaje número 6, con su vertical hilera de álamos temblorosos, y el número 10, en el que la sensación de la pequeña llanura del prado en que pacen las bestias está buscada con diáfano colorido”.

En octubre de 1962, y repitiendo en la sala La Pinacoteca de Barcelona, la prensa recogía que …”con una lírica prosa del escritor y pintor José María de Sucre… caracteriza la obra de la artista una atenta emotividad a los encantos específicos de la naturaleza en sus diversos aspectos y un entusiasmo innegable para su plasmación, que exagerado sería decir que está lograda plenamente en todas las realizaciones que ofrece la artista a nuestra consideración”.

Anuncio de la exposición de Conchita Boter de 1931

 

Como ya he reseñado al inicio de esta biografía, falleció a los 80 años de edad, el 9 de septiembre de 1979, en su domicilio de la Ronda d’Alfons X, El Savi, 50 de Mataró. Soltera, sin descendencia, después de una vida dedicada a la pintura.

Tiene obra en el Museo de Mataró, en el Museo Marítimo de Barcelona, en el Museo de Hospitalet y en el Museo de Badalona.

Concepción Boter Torrens y la AEPE

En el XI Salón de Otoño de 1931, apareció inscrita como Srta. Chisa Boter Torrens, natural de Barcelona. Reside en Mataró, Barcelona, 12.

393.- “Plaza de la Libertad (Mataró)”, óleo 0,58 x 0,54

En el XIII Salón de Otoño de 1933 figura inscrita como Srta. Chita Boter Torréns, natural de Barcelona. Vive en Mataró, Barcelona, 11.

90.- “Los eucaliptus”, óleo

110.- “Playa de Tossa del Mar (Gerona)”

174.- “Calle de Tossa del Mar” óleo

Detalle de la obra «De mañana llegan barcas» con la firma de la artista

Flora López del Castrillo

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

Flora López del Castrillo

LOPEZ DEL CASTRILLO, Flora    P    1934                    1876     MADRID              MADRID

 

La artista Flora L. Castrillo en una fotografía aparecida en Estampa, en 1930

 

Firmaba su obra y era conocida como Flora L. Castrillo o Flora Castrillo.

Especialista en la pintura de abanicos, Flora López Castrillo nació en Madrid el 24 de noviembre de 1878, en el seno de una familia en la que había además otras dos hijas: Remedios, telegrafista de profesión, y Eulalia, de ocupación “sus labores”.

En una vocación tardía, con 27 años, se matriculó en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid, en la que estudió de 1905 a 1911.

En el último curso, obtiene premios en todas las materias cursadas.

En 1910 se presenta a la Exposición Nacional de Bellas Artes, donde consiguió una Medalla Honorífica por la obra titulada “Marina”, que en algunos medios de la época apareció con la reseña añadida de “Nuevo procedimiento para pintar marinas con azúcar piedra. Patente de invención”.

La obra, aparece así inscrita en el catálogo oficial:

118.- “Marina”

Allá va la nave;

¿quién sabe do va?

¡Ay triste el que fía

del viento y la mar!- 0,98 x 1,70.

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1912 conseguiría la Tercera Medalla con la obra que aparecía así en el catálogo oficial:

461.- “Marina”

Junto al agua se ponía

Y las ondas aguardaba

Y al verlas llegar huía;

Pero a veces no podía

Y el blanco pie se mojaba.

(“La Galatea”, de Gil Polo).- 0,98 x 1,69.

Pese a que pueda parecer que es la misma obra de la Exposición de 1910, nada tienen que ver una con otra, como puede verse en las fotografías que se incluyen en este artículo.

Además, presentó las obras “El desayuno de la muñeca”.- 0,72 x 1,13, y “Flores”.- 0,36 x 0,50.

El Estado compró la “Marina” y se destinó al Museo de Arte Moderno de Madrid, donde estuvo expuesta hasta que en 1971, el Museo Centro de Arte Reina Sofía lo adquirió, permaneciendo en el Museo del Prado hasta que en 2016 se depositó en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid.

En la Exposición de Artes Decorativas de 1913 obtuvo una Segunda Medalla.

Flora L. Castrillo junto a su maestro el pintor y también socio de la AEPE,  Muñoz Degrain

 

Ese mismo año, acompaña a Antonio Muñoz Degrain a un viaje a Valencia con motivo de la donación que el pintor hizo al Museo Provincial de esa ciudad, de muchas de sus obras, así como de muebles y otros objetos que coleccionaba.

En las entrevistas que concedió con motivo de ese viaje, mencionaba que … “a mi discípula Flora Castrillo y a mi nos tiene en el hotel de Roma”. En otro medio se reseñaba que ambos, acudieron al Ayuntamiento, en donde saludaron al Alcalde y allí examinaron los cuadros de la Casa Consistorial”…

Otro medio publicaba además una fotografía, …”un retrato de Muñoz Degrain hecho por Novella, en Valencia el pasado verano, que dedica a su discípula Flora Castrillo, que con él se halla en el estudio de pintor durante nuestra charla, y tiene a guisa de dedicatoria estas palabras, que son otro retrato de D. Antonio: “Cuidadito con lo que pintas, que te estoy viendo…” … No crea usted  que yo acostumbro a dedicar retratos a nadie. No tengo hábitos de bailarina… a esta niña, sí. Hago con ella una excepción, porque trabaja con fruto, dirigida por mí, y la tengo mucho cariño”…

Finalmente, en otro periódico y ya en enero de 1914, el propio Muñoz Degrain explica: …”Me hicieron profesor de la Escuela de Pintura… no fui nunca aficionado a enseñar. Prueba de ello que no tengo otros discípulos sino aquellos que fueron a mi clase en la Academia y por excepción José Nogales, malagueño, y Flora Castrillo, que de la Escuela ha salido también. Acudía a mi clase y me llegué a interesar por ella porque vi su gran aplicación y los adelantos que hacía, justificados además por su mucho amor al trabajo. Me la traje a mi estudio y estoy satisfecho de haberlo hecho así.

Obra de 1910

 

Flora ha tenida ya varios premios en la Escuela por su aplicación. Algún disgusto me ha causado, porque dieron en decir gentes maliciosas que yo la pintaba los cuadros. Es absolutamente falso. Cuando en la Escuela mereció premio en paisaje estaba sola y a nadie quedaron dudas de que tenía para el arte aptitudes poco comunes. En la Exposición de Arte Decorativo figuraron obras suyas bastante notables. Una acertadísima por todos conceptos, “La cantatiz griega”. En la Exposición de 1912 obtuvo una tercera medalla por su cuadro “Galatea”, inspirado en un poema del celebrado valenciano Gil Polo, que floreció ya mediado el siglo XVI. Figura el cuadro, Galatea en la orilla del mar en el poético momento que Gil Polo trazó de mano maestra en estos versos irreprochables:

Junto al agua se ponía

Y las ondas aguardaba

Y en  verlas llegar, huía,

Pero a veces no podía

Y el blanco pié se mojaba”.

En esa obra, adopta un estilo inusual y atrevido, empleando referencias de la cultura clásica, ofreciendo una escena que, envuelta en un ambiente onírico y ensoñado, desata una caprichosa visión simbolista apreciada en el infinito mar.

Ese mismo año, participará en la Exposición que la Asociación de Pintores y Escultores organizó en Brighton, en la que expusieron artistas de primera fila, muchos de ellos, socios de la entidad como ella misma.

A la Exposición de Artes Decorativas de 1915 presentó las obras Brisas helénicas y Noche clara.

«Vista de Orense al atardecer«

 

Con los paisajes “Costa de Mallorca” y “Un astillero en la bahía de Vigo”, participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1917, de los que la crítica dijo que no eran más que “aprovechadas imitaciones de una discípula de Munoz Degrain”, o en otra reseña el crítico Silvio Lago apuntaba que …”Para pintar como Muñoz Degrain, hay que ser Muñoz Degrain. Véanse, como ejemplo de ello, otros dos cuadros titulados Mallorca y Astillero en la bahía, que firma la señorita Flora Castrillo. Así pinta Muñoz Degrain”.

En 1919 participa en la Exposición de Bellas Artes de Santander, donde coincide con otros socios de la Asociación de Pintores y Escultores, como María Luisa Pérez Herrero,  Esperanza Cañizares, Joaquín Sorolla, Timoteo Pérez Rubio…

En 1920 consigue plaza como profesora de dibujo en la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer, fecha a partir de la cual casi no existen noticias si no son puramente de su trabajo.

«La vida en el mar»

 

En 1922 varios medios recogen la exposición que junto a su maestro, Muñoz Degrain, realizó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En una pared se exhibían los cuadros, en la otra,  sus obras de “países de abanicos pintados en el tipo tradicional de asuntos reales o alegóricos; son el pequeño cuadro que se extiende sobre el varillaje del abanico, que se pliega y desaparece, y que manos femeninas mueven sin que los ojos puedan seguir tan rápidamente estos movimientos para contemplar la pequeña obra de arte. Por eso los abanicos que aprisionan un pequeño cuadro, considerados con un elevado valor artístico que es preciso apreciar bien, se colocan y embellecen una vitrina, menos que unas manos femeninas. La señorita Flora Castrillo ha recibido de su maestro una sólida educación pictórica, y en la Escuela del Hogar, de la cual es profesora de abaniquería artística, desarrolla sus enseñanzas, orientadas hacia ese sentido elevado de arte, creando la obra única y no por el lado modesto de la industria artística”.

Blanco Coris firmaba en el Heraldo otra crítica en la que comentaba que  …”la notable artista Flora Castrillo exhibe una colección de abanicos originales para la enseñanza de la especialidad de esta clase de pintura en la Escuela del Hogar. Flora Castrillo goza de merecida reputación como profesora de la citada Escuela y como paisajista honra a su maestro Muñoz Degrain. Dieciocho vitelas forman el conjunto de su Exposición. Estas pinturas ofrecen una variedad interesante de técnica y asuntos. Las unas están resueltas con espontánea y franca factura; las otras obedecen a la índole de las composiciones y están más acabadas, y en todas ellas aparece siempre la colorista, que entona, que domina el ambiente, obteniendo con tonalidades finas y simpáticas conjuntos de una originalidad y visualidad armónica admirables. Las marinas, paisajes, figuras, asuntos y alegorías de sus abanicos están tratadas con característico sentimiento varonil. Flora Castrillo es una artista que se reveló por su pintura recia. Desde sus primeros pasos en el arte, cuando era discípula de la Escuela Superior de Bellas Artes, se manifestó alejada de las tildes femeninas de los miniados, de las sutilidades propias de las mujeres pintoras, revelando una robustez de paleta y una factura tan personales, que en la actualidad figura al lado de los maestros del paisaje moderno. No nos extraña el éxito de la Castrillo en la nueva fase con que se presenta al público y a la crítica en el salón de actos de la Academia de San Fernando, porque el que pinta con alma y honradez de devoto de nuestra ideografía e historia, lleva siempre las de vencer y recoger buena cosecha de lauros”.

«Marina», de  1912, y  detalle de la obra

 

En enero de 1923 La Esfera recoge dos fotografías de países de abanico, realizados por la artista, a los que acompaña el siguiente texto: “Dentro de la trayectoria ideológica y técnica del arte admirable de Muñoz Degrain, Flora Castrillo, la insigne pintora, viene destacando hace tiempo su personalidad vigorosa, el sensible temperamento que la caracteriza. Como su maestro, Flora Castrillo no concibe el arte sin finalidad sentimental, sin las sugestiones intelectuales que lo ennoblecen y le depuran. Así procura siempre no componer un cuadro, no dejarse llevar de una externa emoción visual antes de encontrarle su valor íntimo, el entrañable idealismo que corresponda a la belleza externa de los colores. Con igual fortuna trata el paisaje romántico o realista que los temas históricos o los episodios legendarios. Revela en esa obra suya, realizada con fervor y con capacidad, una preparación cultural muy sólida y una bien distribuida selección de motivos.  En diversas Exposiciones Nacionales la señorita Castrillo ha conseguido notables recompensas que ha culminado hasta ahora en una segunda medalla por su lienzo Safo, lienzo de  un positivo encanto y de una escrupulosa fidelidad de época.

Nombrada profesora de la Escuela del Hogar de la clase de pintura de abanicos, su buen gusto, su inspiración amplia y su sensibilidad se manifiestas de un modo total en modelos como este Idilio y Granada, reproducidos en la presente página. Ambos formaban parte de una Exposición interesantísima que la señorita Castrillo celebró simultánea a la de cuadros de su maestro el glorioso autor de Otelo y Desdémona, en la Real Academia de San Fernando. Huyendo de los tópicos manidos, de las repeticiones manoseadas que suelen utilizar los especialistas del género; prescindiendo de las fantasías ultramodernas o los asuntos caricaturescos que desvirtúan el sentido tradicional de los países de abanico, Flora Castrillo demostraba de un modo práctico que puede y debe llevarse como los antiguos maestros abaniqueros el concepto del cuadro a la frágil frivolidad de este objeto tan femenino.

De entre la serie notabilísima de modelos se han elegido estos dos, por como resumen los dos aspectos más definidos de Flora Castrillo: el paisaje y la composición de asunto erótico con la gracia de las vitelistas del siglo XVIII”.

En 1926 participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes con los óleos Amanecer en la playa (Valencia) y Rincón de pasajes, por las que obtiene una Segunda Medalla.

En 1927 participa en el VII Salón de Otoño, al que concurre con el óleo Tarde de otoño.

Un año más tarde, al VIII Salón de Otoño presentará la obra Ninfas en recreo campestre.

Dos países de abanico  de Flora L. Castrillo aparecidos en La Esfera en 1923

 

Con los óleos  Vuelta de la pesca (Málaga) y Un arrabal (Orense), concurrió a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1930. En la revista Estampa, que además publica un retrato de la artista pintando una de sus obras, fotografía de Benítez Casaux, el periodista Ignacio Carral destaca el …”afecto filial hacia su maestro. Así, la señorita flora L. Castrillo, que dio sus primeros pasos en el Arte al lado de Muñoz Degrain y permaneció junto a él hasta su muerte. -¡Cuántas veces –exclama- me decía el maestro: “¡Qué lástima que no seas chico!” Y es que los chicos se le iban, se le rebelaban. Mientas yo permanecía siempre a su lado”.

Presentó obra al Salón de Otoño de 1934, y a la Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de 1934 y 1935.

Imaginamos que debió pasar la guerra civil en Madrid, tras la que continuó con la docencia como profesora hasta su jubilación en 1948, cuando contaba con 70 años, falleciendo al poco tiempo.

Se la considera una de las pocas mujeres artistas dedicadas al simbolismo modernista de comienzos del siglo XX.

Su interés por el paisaje la convirtió en una de las pocas pintoras españolas dedicadas a este género artístico durante el siglo XIX y comienzos del siglo XX, si bien destacó además, como pintora de marinas.

Durante sus años de estudio en la Escuela de Pintura, trabó amistad con su director, el socio de la AEPE José Nogales Sevilla, y ambos admiradores y discípulos del también socio Antonio Muñoz Degrain, a quienes influenció artísticamente.

Convertida en discípula predilecta de Muñoz Degrain como hemos visto, las formas y figuras de sus obras respetan el estilo del artista valenciano, creando, en definitiva, un estilo personal y propio.

Sus obras reflejan el espíritu simbolista de los poetas de la época, huyendo de la realidad del momento que le tocó vivir, a través de la espiritualidad, el misterio y la fantasía.

Flora usa un lenguaje personal y particular mediante una línea en el dibujo meditada, vivaz y de enorme plasticidad, consolidada en los trazos de la mar. Sumergida en la pintura de historia, sus obras tienen una cuidada composición, dedicando gran atención a los pequeños detalles, desplegando así cierta factura preciosista.

«Idilio en La Caleta» (1914) de Flora López Castrillo. Oleo sobre lienzo 150,5 x 108,5

 

Sin abandonar del todo la minuciosa ejecución en pos de una libertad de pincel, utiliza tonalidades que escapan a los colores tradicionales utilizados en el género pictórico del paisaje, factor que asoma la originalidad de su trabajo como artista, cuyo instinto para insinuar atmósferas y espacios emocionales, incita a la visión de un sueño, lo irreal, cautivando del todo al espectador.

Los matices azulados, grises y rosados surgen como una marca de singularidad en sus proyectos, donde la figura humana continuará siendo la protagonista, así como la utilización de atrevidos contrastes y su buen sentido en la composición, la sitúan, junto a Antonio Muñoz Degrain, en la vanguardia del paisajismo español.

Flora L. Castrillo y la AEPE

En el VII Salón de Otoño de 1927, apareció inscrita como Dª. Flora L. Castrillo, natural de Madrid, donde reside, San Lorenzo, 2. A la misma, presentó el óleo

259.- “Tarde de otoño”, 0,67 x 0,53. Sin foto

Al VIII Salón de Otoño de 1928, concurrió como Srta. Flora L., natural de Madrid, donde reside, San Lorenzo, 2, sextuplicado.

101.- “Ninfas en recreo campestre”, óleo, 0,62 x 0,49 sin foto

En el XIV Salón de Otoño de 1934, figuró inscrita como Dª Flora, Castrillo L., natural de Madrid. Vive en San Lorenzo, 4.

152.- “De vuelta de la pesca (Málaga)”, óleo. Sin foto

Flora López Castrillo, alumna predilecta de Muñoz Degrain, aparece de espaldas en esta pintura

 

Las Medallas de la AEPE: Joaquín Sorolla Bastida

Por Mª Dolores Barreda Pérez

      Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de su creador y en qué galardones se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

Medalla Joaquín Sorolla y Bastida

del Salón de Otoño

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales.

Con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, para el Salón de Otoño se sustituyeron los premios de primera, segunda y tercera medalla, reservados únicamente a los socios, otorgándoles el nombre de los grandes maestros fundadores de la centenaria institución.

Fue en el 84 Salón de Otoño de 2017 cuando se establecieron los premios: Medalla de Pintura Joaquin Sorolla y Bastida, Medalla de Escultura Mariano Benlliure y Gil, Medalla de Pintura Cecilio Pla y Gallardo, Medalla de Escultura Miguel Blay y Fabregas, Medalla de Pintura Marcelina Poncela de Jardiel y Medalla de Escultura Carmen Alcoverro y Lopez.

Joaquín Sorolla y Bastida

SOROLLA Y BASTIDA, Joaquín    P    1910(F070)      27/2/1863     CERCEDILLA      10/8/1923

Socio Fundador de la AEPE

Presidente de la AEPE

 

Joaquín Sorolla Bastida nació en Valencia, el 27 de febrero de 1863. Hijo de Joaquín Sorolla Gascón (natural de Cantavieja, Teruel) y de Mª Concepción Bastida Prat (Valencia), que un año más tarde tuvieron además otra hija llamada Concha.

Con sólo dos años de edad, los hermanos quedan huérfanos, al fallecer sus padres víctimas de una epidemia de cólera, siendo acogidos por su tía materna Isabel y por su marido, que intentó en vano enseñarle el oficio de cerrajero, pero aunque lo llegó a hacer, desde muy niño se dedicaba al dibujo con gran maestría.

Pronto sus maestros recomendaron a la familia que se matriculara en la Escuela de Artesanos de Valencia, donde estudia dibujo y dos años más tarde, estudia ya en la Escuela Superior de Bellas Artes de Valencia, donde coincide con Blas, José y Juan Antonio Benlliure, además de con José Vilar Torres e Ignacio Pinazo, que recién llegado de Italia, le muestra la nueva forma de tratar la luz en base al tratamiento de la mancha, coincidiendo con el impresionismo en la búsqueda de los efectos luminosos, estilo que rápidamente adopta Sorolla.

Fotografías de Joaquín Sorolla. De izquierda a derecha,  con  20 años, con  25 años y a los 30

 

Allí conocerá también a otro alumno cuyo padre era el prestigioso fotógrafo Antonio García, que le da trabajo como iluminador de fotografías, y padre de quien más tarde se convertiría en su esposa, Clotilde García.

En 1880 consigue una medalla de plata por su obra «Moro acechando la ocasión de su venganza» en la exposición de la ya desaparecida Sociedad Recreativa El Iris de Valencia.

En 1881, envía a la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, tres marinas valencianas, de temática histórica y dramática, que pasaron inadvertidas al no encajar con la pintura oficial.

A partir de ese momento, estudia la obra de Velázquez en el Museo del Prado, además de otros autores, y cuya influencia permanecerá visible en todas sus obras.

Marcado por el realismo, su profesor Gonzalo Salvá le anima a presentar obra a la Exposición Regional de Valencia de 1883, donde consigue una Medalla de Oro. En la Exposición Nacional de 1884 logra la Medalla de Segunda Clase por la melodramática obra titulada “Defensa del Parque de Artillería de Monteléon”.

                                

                                       

 

Diferentes «Autorretratos» realizados por el maestro

 

La obra “El grito de palleter”, sobre la Guerra de la Independencia, le vale una pensión de la Diputación Provincial de Valencia para viajar a Roma, donde estudia el arte clásico y renacentista.  Allí conoce la obra de Mariano Fortuny, cuya influencia orientalista se refleja en algunas de sus obras de ese periodo.

Su viaje a París, junto al pintor Pedro Gil, le sirve para conocer de primera mano el impresionismo, que le hace variar su temática y estilo y marca el contacto con las vanguardias europeas y sus relaciones con otros pintores a los que admira, como Singer Sargent, Boldini y Zorn.

En 1888 se amplía la pensión concedida para su estancia en Roma, y Joaquín vuelve a Asís, junto a su esposa Clotilde García del Castillo, con quien ese mismo año ha contraído matrimonio en Valencia.

Es una época en la que abundan los temas costumbristas y anecdóticos que vende con profusión, lo mismo que pequeñas acuarelas que comercializa su marchante, Francisco Jover.

Junto a su mujer Clotilde, en 1889 se instalan en Madrid, donde en pocos años alcanzará gran renombre como pintor.

Comienza a pintar al aire libre, dominando con maestría la luz y combinándola con escenas cotidianas y paisajísticas de la vida mediterránea. Es el camino que le llevará a un estilo propio en el que existen ciertas similitudes con el impresionismo y en donde se definen sus pinceladas largas y su uso del color negro, pero en donde la luz y el color lo son todo.

Autorretrato con fondo de mar

 

En 1889 nace su hija María, y tres años después, su hijo Joaquín.

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1892 logra la Primera Medalla con la obra “¡Otra Margarita!” y más tarde, con “¡Aún dicen que el pescado es caro!”, obtuvo la Primera Medalla de la Exposición Nacional de 1895, cuadro que fue comprado por el Estado Español.

En 1895, nace en Valencia su hija menor Elena, lo que le llevó a interesarse por el tema de los niños, que a partir de este momento explotó de forma continuada con gran éxito, así como las representaciones de su familia en las distintas etapas de su vida.

«Niños en la playa de Valencia»

«Sol de la tarde» , el cuadro que según su propio autor, era el mejor que había hecho en toda su vida

 

Siguiendo la sugerencia de su amigo Aureliano Beruete, comienza a cultivar el retrato de forma muy exitosa, al servicio de personalidades de la época, gozando de gran prestigio y siendo solicitado de forma continua e incesante.

Con “Triste herencia” recibió, en 1900, la Medalla de Honor de la Exposición Universal de París.

Hacia el verano de 1905, en Jávea, realiza una serie de pinturas de niños desnudos, una de sus series más famosas que junto a los retratos, que le valieron el encargo de la Hispanic Society of America, de una serie de retratos de españoles célebres para la biblioteca de la institución que había fundado. Este conjunto, que se conoce con el nombre de «Galería iconográfica de españoles ilustres», fue incrementándose, entre 1909 y 1920, con óleos de personalidades contemporáneas a Sorolla, vinculadas al mundo de las letras y de las ciencias, algunos de ellos destacados miembros de la Generación del 98.

Son años de intenso trabajo y viajes por Europa, principalmente Inglaterra y Francia, en los que traba amistad con grandes pintores del momento y conoce de primera mano las vanguardias.

Jardín de su casa-estudio en Madrid

 

En 1905, el pintor adquirió un solar en la Calle del General Martínez Campos de Madrid, junto a la residencia de la actriz María Guerrero, en donde construyó su casa-estudio y al que incorporó tres jardines, y por deseo de su viuda, Clotilde García del Castillo, donó todos sus bienes al Estado Español, en un museo que honra su memoria. Allí se reúnen gran parte de sus obras maestras, así como muebles y objetos que formaron parte de su vida cotidiana.

Entre 1906 y 1907 retrata a la familia real en la Granja de San Ildefonso y cuatro años después, el hispanista norteamericano Milton Huntington, le encomienda la decoración de una gran estancia rectangular de la Hispanic Society, con una serie de paneles que ilustrarían las distintas regiones de España, mostrando su peculiar carácter a través de sus paisajes y sus gentes.

«Los Nazarenos», para la Hispanic Society

 

La sala, que en principio fue proyectada para ser una biblioteca, finalmente quedó convertida en la «Sala Sorolla», con catorce paneles de gran tamaño, pintados al óleo, y montada póstumamente en 1926.

Esta serie que Sorolla empezó a esbozar en 1911, quedó concluida en 1919 y su ejecución llevó al artista a viajar por toda España pintando y tomando apuntes durante los ocho años que duró la creación del trabajo. Una obra colosal que ocupó los últimos años de su vida activa; él mismo la consideró «la obra de su vida».

La siesta

 

En 1906 expuso en la Galería Georges Petit de París, donde presenta medio millar de obras, que le valen el reconocimiento internacional en toda Europa y América, además de un grandísimo prestigio.

Un año después repetirá experiencia en Alemania y en 1908 en Londres.

En 1910 se convierte en Socio Fundador de la Asociación de Pintores y Escultores, con el número 70, firmando el acta Fundacional. En 1912 es elegido por unanimidad Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores, cargo del que dimitiría dos años después debido al trabajo, a los encargos y a los múltiples viajes que conllevaron.

Paisaje de Guipúzcoa

 

En 1911 expone en Nueva York, Buffalo y Boston, gracias a Archer Milton Huntington, muestras con las que logrará un éxito total y unánime, mientras continúa el encargo de la Hispanic Society of America.

El 29 de junio de 1919, desde Ayamonte, mandó un telegrama a su familia comunicándoles la terminación del último cuadro. Lamentablemente no puede asistir a Nueva York para el montaje de los paneles porqué el 17 de junio de 1920, sufre un ataque de hemiplejia que lo deja inválido del lazo izquierdo.

Su enfermedad le impidió entregar la obra ni cobrar lo que se había estipulado. Habría que esperar la muerte del artista el 10 de agosto de 1923, en la localidad madrileña de Cercedilla, y la resolución de lo que se había relacionado en el testamento, para que la Hispanic Society of America liquidara el contrato firmado en 1911, y así, el 16 de enero de 1926, se inaugura la Sala Sorolla.

«Aragón. La jota», de la serie «Visión de España», para la Hispanic Society

 

Su extraña muerte

«Amanece lloviendo y yo con dolor de cabeza«, esto escribía Joaquín Sorolla en enero de 1919 a su mujer, apenas un año antes de sufrir un accidente cerebrovascular que haría que los tres últimos años de su vida fuesen un infierno.

Las menciones a sus cefaleas durante estos meses son constantes. El pintor lleva años recorriendo España, recogiendo apuntes y bocetos, pintando el encargo de la Hispanic Society. Un proyecto que le enriquecerá y catapultará a la fama, pero que le costará también la salud.

Su profesionalidad, que le hace intentar acabar la pintura de la mejor manera posible, su búsqueda de la perfección, de la obra maestra, le impide abandonar. Quiere aprehender la vida, captarla, atraparla para llevarla a Nueva York, llevar la España que se está perdiendo. Quiere vivirlo en primera persona, en directo, dibujarlo, pintarlo y sentirlo.

Su biografía ampliada demuestra los incontables viajes que hizo, las pinturas que pintó en sitio, todo el proceso creativo de lo que iba a ser esa decoración, como una cantidad de trabajo enorme, a lo que habría que sumar que esos viajes se hacían en unas condiciones no muy agradables, con el desgaste que conllevan.

Las quejas al cansancio y a los problemas de salud, son habituales en las cartas a su mujer, Clotilde, casi a diario. Y casi siempre en la misma dirección: los mareos.

Síntomas de lo que le acabaría matando y que siempre se ha achacado al agotamiento que le llevó a enfermar, ya que nunca se ha llegado a determinar con precisión qué aceleró el deterioro de su salud y le causó, a la postre, su temprana muerte. Pero el agotamiento de por sí no explica el ataque, ni que fumara y comiera de manera abundante.

En este contexto, unos recientes hallazgos realizados durante la restauración de 32 borradores del pintor para su Visión de España han confirmado una nueva vía.

Como fue tradicional hasta principios de siglo, Sorolla utilizaba en sus obras colores realizados con productos químicos que hoy están prohibidos. Los análisis de su paleta apuntan a que entre sus pigmentos habituales se hallaban algunos de los más tóxicos, como el bermellón, uno de sus colores fetiche, un pigmento que se conseguía a partir del cinabrio, compuesto en un 85% de mercurio y en un 15% de azufre.

A principios del siglo XX se popularizó una opción de bermellón creada a partir de cadmio, bastante menos perjudicial. Otro tanto pasaba con el blanco de plomo, un pigmento que fue sustituido por el blanco de titanio a partir de 1919, y que en la actualidad está prohibido para pintura interior. Y el tercer pigmento nocivo habitual en la paleta de Sorolla era el verde de Scheele, del que se dice que mató a Napoleón.

En la actualidad, estos tres colores se elaboran con pigmentos inocuos y sólidos, pero en la época de Sorolla eran comunes las soluciones venenosas. De hecho, también de Goya y otros grandes pintores, se dice que padecieron enfermedades provocadas por el uso de estos pigmentos nocivos.

Según comenta Carlos Aimeur, la cuestión es si llegaron a envenenarle, ya que algunos de los síntomas que describe de esos días coinciden con el hidrargirismo o intoxicación por mercurio, especialmente los problemas renales.

Una elevada exposición al bermellón, que empleaba con asiduidad, unida al hecho de que era un fumador compulsivo, podría haberle intoxicado.

Felipe Garín apunta a un problema de salud hoy superado como posible culpable del ataque cerebrovascular: la hipertensión, descartando en principio la intoxicación y apostando por estos problemas de tensión arterial que entonces no se trataban, a lo que habría que añadir lo poco que se cuidaba «Cuando tenía vértigos se tomaba una copita de jérez«.

Todo ese trabajo agotador repleto de bocetos, apuntes, líneas… nunca se ha visto, motivo que crea aún más desconcierto al no lograr vislumbrar como se debiera, la cantidad de trabajo realizado y que luego no fue utilizado en los paneles, pero sirvió de previo. Un trabajo que desde el año 2014 se encuentra en proceso de restauración. Estamos hablando de más de 170 bocetos del proceso creativo de la Visión de España, en los que bien puede decirse que Sorolla se dejó la vida.

El 10 de agosto por la tarde, rodeado de su esposa y sus hijos, falleció en el hotelito que poseía en Cercedilla, trasladándose sus restos a Madrid en un furgón automóvil.

Dos fotografías de Sorolla en su lecho de muerte

El hotelito en el que falleció el maestro en Cercedilla

 

El cadáver estuvo expuesto en uno de los salones de su casa-estudio, por el que desfiló numeroso público. Después, se organizó la comitiva fúnebre que acompañó al cadáver en su conducción a la estación del Mediodía para su traslado a Valencia. A hombros de su hijo y sus alumnos de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, hasta la estación de Atocha. Tras el féretro, el escultor Mariano Benlliure en representación del Rey, distintos Ministros y familiares, artistas, políticos, literatos… frente a la Biblioteca Nacional se rezó un responso y al llegar a la estación, otro, antes de que cargaran en un furgón convertido en capilla ardiente sus restos.

Clotilde en la capilla ardiente que se instaló en su casa-estudio de Madrid

 

Con honores de capitán general que muere con mando en plaza, fue recibido en Valencia, junto a una comisión del Ayuntamiento y del Círculo de Bellas Artes. Las tropas cubrieron la carrera que había de seguir la comitiva y un piquete del regimiento de Mallorca, con bandera y música, acudió a rendir honores a la estación. Los edificios públicos y casas particulares, adornaron con luto sus balcones…

Salida del féretro rumbo a la estación de Atocha de Madrid

 

La comitiva la abría una sección de la Guarcia Civil montada que daba paso al armón de Artillería que llevaba el féretro. El recorrido pasó por el Círculo de Bellas Artes, desde donde fue llevado a hombros por los compañeros artistas.

 

Dos imágenes del multitudinario entierro en Valencia

 

Al llegar al cementerio, fue destapado el féretro. La viuda sufrió un desmayo del cual se repuso al poco… la despedida de los familiares fue conmovedora. No hubo discursos y el cadáver fue depositado en el panteón.

La manifestación de duelo de Valencia, fue imponente, sentida y serena. Participaron todas las clases sociales. Las flores, coronas y laureles se contaron por cientos.

 

Trabajador incansable

Sorolla es el mayor exponente del impresionismo español, con una interpretación basada en el protagonismo absoluto de la luz y en el movimiento de las figuras. Los cambios de intensidad de la luz pueden modificar los colores y difuminar las formas. Los colores son puros, sin mezclas, con pinceladas cortas y yuxtapuestas que aumentan la luminosidad.

Según Sorolla, «El arte no tiene nada que ver con lo que sea feo o triste. La luz es la vida de todo lo que toca, por tanto cuanto más luz en la pintura más vida, más verdad, más belleza». El protagonismo lo tiene siempre la propia técnica luminista y su dominio del dibujo y del color para producir efectos de luz. Su prodigiosa retentiva le permitía hacer obras de gran formato en las que retenía la luz y el movimiento de toda la escena de un momento fugaz.

Frente al término «luminismo», algunos autores proponen el término «sorollismo» para calificar su obra.

Desde su juventud, se interesó también por la pintura al aire libre, con la que trataba de captar la luminosidad mediterránea, tanto en la huerta valenciana como en la playa, al igual que hicieron los impresionistas franceses. Entre sus temas preferidos, destaca su dedicación al paisaje levantino, de ambiente costero, siempre con presencia humana, que plasma con un protagonismo absoluto de la luz.

La obra de Sorolla sorprende por su fecundidad: casi tres mil cuadros y más de veinte mil dibujos y apuntes. Si bien se observa en ella la estética impresionista, no cabe duda de que el estudio de Velázquez y Goya, influye en su diseño de los temas. En sus escenas valencianas de la playa y pesca, muestra una técnica de mancha gruesa que capta la vibración lumínica del cielo mediterráneo, en las velas desplegadas, en las arenas y, sobre todo en los cuerpos húmedos de los niños.

Sorolla posando con Clotilde

Pintando en La Alhambra

 

Junto a su hijo Joaquín

Sorolla fue un pintor de vida personal y social muy ordenada, que seguía los cánones de la moral burguesa entonces imperante y con una vida familiar muy importante.

Fue un trabajador empedernido que vivió para pintar y triunfar, dedicando numerosas horas al día a esta actividad y sacrificando todo a su trabajo.

Sus viajes de veraneo los aprovechaba para pintar los paisajes mediterráneos o atlánticos, por lo que ni siquiera entonces se desvinculaba de la pintura.

Por ello su producción es ingente y podía presentar en sus exposiciones de París o Berlín, medio millar de obras.

Es un ejemplo de cómo la laboriosidad, la constancia y el método riguroso, conducen a un estilo personal que puede producir también obras geniales.

Reunión navideña de la familia de Sorolla celebrada en casa de su suegro, en Valencia, en 1907. De izquierda a derecha: Concha Sorolla (hermana del pintor), Joaquín Sorolla, Pepita García del Castillo (cuñada), Clotilde García del Castillo (esposa), Elena Sorolla García (hija), Antonio García Peris (suegro y autor de la foto), Clotilde del Castillo (suegra), Isabel Bastida (madre adoptiva), María Sorolla García (hija), Enrique Matarredona (cuñado), y Joaquín Sorolla García (hijo)

 

Discípulos de Joaquín Sorolla

Discípulos de Joaquín Sorolla se pueden considerar a Manuel Benedito (1875-1963), Antonio Fillol (1870-1930), Salvador Tuset (1883-1951), José Benlliure Ortiz (1884-1916) y José Pinazo Martínez (1879-1933).

También se ha hecho hincapié en algunos familiares de Sorolla que participaron activamente en la pintura. De su hija María Sorolla (1890-1956). Discípulo directo fue Francisco Pons Arnau (1886-1953), que terminó casándose con su hija María, que tiene una evidente estética sorollesca.

Joaquín Sorolla y la AEPE

Socio Fundador de la Asociación de Pintores y Escultores, desde el mismo año 1910 en que firmó el acta fundacional, participó activamente en la misma. Ese mismo año, organizó junto a otros socios, un festival destinado a recaudar fondos para contar con un local social, además de otros proyectos como la Cooperativa de artistas, un Salón de Exposiciones, la organización de la Exposición Española en México…

En 1911 participó en el Comité de Patrocinio del Congreso Artístico Internacional de Roma y un año después, en su propio estudio, abrió al público una exposición homenaje al socio Aureliano de Beruete, gran amigo suyo fallecido unos meses antes.

En 1912 Eduardo Chicharro dimite como Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores, al ser nombrado Director de la Academia de España en Roma. El 9 de junio se convoca Junta General Extraordinaria, que se celebró en el local social de la Calle Caños, 1, en la que es elegido por unanimidad como Presidente, Joaquín Sorolla y Bastida, teniendo como Vicepresidente a Miguel Blay y Fábregas.

Curiosamente, a la primera Junta Directiva en la que debía tomar posesión como Presidente, no pudo asistir por hallarse en Toledo, tomando posesión por carta. Su estancia en Toledo se debía a la realización de la serie Las Provincias de España que para The Hispanic Society of America había firmado un poco antes.

La Junta Directiva se reunió el 15 de enero de 1913 en el domicilio de su Presidente, Joaquín Sorolla, en la calle del General Martínez Campos, 13 y 15, a las 3 de la tarde, tratando sobre un oficio al Ministro para intentar activar la devolución de las obras de la Exposición Anglolatina, que se encontraban detenidas en Vigo, al parecer por un trámite burocrático. Asimismo, por dimisión del representante de la Asociación en Roma, Enrique Segura, se propuso y eligió a Eduardo Chicharro, creyendo más indicado que lo fuera quien precisamente dejó la presidencia de la Asociación para desplazarse a Roma con el cargo de Director de la Academia Española en la ciudad italiana.

Hubo noticias de la posible venta de La Adoración de los Reyes de Van der Goes, y surgió de la Asociación la idea de una suscripción popular para su adquisición con destino al Museo del Prado, figurando en una primera lista el Presidente Sorolla, Benlliure, Garnelo, José Villegas, Marqués de Urquijo, la viuda de Beruete y otros muchos donativos de diversas cantidades y cartas de adhesión, que demostraron el éxito de la iniciativa.

Finalmente no fue posible adquirir la pintura por existir complejos problemas legales, entre ellos un compromiso de venta con avales, cifrado en 1.180.000 francos con escritura pública y con entrega a cuenta. Este cuadro fue conocido también como el cuadro de Monforte. Eduardo Chicharro nos aclarará casi veinticinco años más tarde, que llegaron a recaudarse un total de cinco millones de pesetas de la época.

Clotilde con traje gris

 

Bajo la Presidencia de Joaquín Sorolla, y por iniciativa de la municipalidad de Brighton, en Inglaterra, se comenzó a organizar a fin de año una exposición de pintura española en aquella ciudad, para lo que se desplazó a Madrid el Director del Museo y Galerías de Bellas Artes de Brighton, Mr. Henry D. Roberts, que confió a la Asociación de Pintores y Escultores los trabajos en España, aunque con gastos por cuenta de aquel municipio. La exposición se celebró a mediados del año siguiente.

Con Sorolla como Presidente, la Asociación de Pintores y Escultores nombró socios honorarios a la Reina Victoria Eugenia, a la Infanta Isabel, Infanta Paz, a la Princesa Beatriz y a los Príncipes Carlos, Fernando y Alfonso, que tantas veces habían honrado con su presencia los actos que la Asociación organizó, tales como veladas benéficas, exposiciones y el magnífico baile celebrado en el Teatro Real el día 17 de enero de este año.

La Junta Directiva de 6 de enero de 1914 trató acerca de la exposición de Brighton, que se inauguró a mitad de año y suponiendo un enorme éxito, acudiendo una brillante representación del arte español, y que se clausuró en agosto.

Mr. Roberts, con quien se trató esta exposición, representaba también a las galerías Grafton de Londres, e invitó de nuevo a la Asociación a celebrar una exposición de artistas españoles en dichas galerías, que se verificó en diciembre de ese año.

En la Junta Directiva celebrada el 5 de abril de 1914, presentó su dimisión, si bien continuó ligado a las actividades de la entidad, participando y colaborando en cuanto pudo con ella.

En vida, Joaquín Sorolla no participó en el Salón de Otoño. El exceso de trabajo que siempre tuvo, los encargos y los viajes, hicieron que no participara profusamente en este tipo de convocatorias más que a principios y mediados de su carrera artística.

En el Salón de Otoño de 1932, se honró su memoria dedicándole la Sala III, en la que se exhibieron un total de 32 obras pertenecientes a distintos coleccionistas particulares que las prestaron para la ocasión, en las que había distintos paisajes, marinas, bocetos, estudios y retratos.

La Sala Sorolla fue un gran éxito de público y crítica, rindiéndose tributo a quien fuera Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores, y al que llamaron “fascinador de las masas americanas sólo por sus pinceles”, el de “la habilidad pasmosa” y “maravillosa vitalidad de sus obras”, o el del arte que rayaba “en una apoteosis de externa y visible belleza”…

El éxito de la iniciativa lo fue a pesar de las innumerables trabas que en todo momento puso el Museo Sorolla, que finalmente no quiso participar en la muestra de exaltación del valenciano. La Asociación de Pintores y Escultores, gracias a su prestigio, logró reunir obras para la Sala III, contando con sus propios medios, por eso el éxito fue mayor aún.

En el XXIV Salón de Otoño de 1950, en la Sala XI dedicada a los Fundadores, se exhibió un Autorretrato de Joaquín Sorolla, poco conocido y de su juventud, puesto que no llevaba barba.

En el XXXIII Salón de Otoño de 1962, con motivo del cincuentenario de la fundación, la Sala V o Sala de fundadores expuso tres obras de Sorolla: “Retrato de don Carlos Urcola” óleo, “Jardines de la Granja” y “Retrato de la Sra. Viudad de Urcola”.

En el 50 Salón de Otoño de 1983, se dedicó una Sala Homenaje a los artistas que hicieron posible el I Salón de Otoño en 1920, en la que se exhibió el cuadro de Sorolla “Maternidad”.

 

Autorretrato

 

Perfil humano

Era un hombre entrañable, extraordinariamente familiar y cariñoso, entregado a su familia. Enamorado, como demuestran sus cartas. Tuvo que viajar con frecuencia y las misivas que enviaba a su esposa reflejan un amor definitivo.

Joaquín Sorolla fue un español que amó a su patria, y eso se ve por la simpatía que dio a sus figuras y paisajes, por la sinceridad con que los trasladó a sus lienzos.

Tuvo además de talento, verdadero genio, cosa que no es lo mismo. El talento da en un blanco que todos ven, el genio alcanza blancos invisibles para los demás mortales. Un genio poderoso, acometedor, incansable.

Una maestría total, inspiración, atrevimiento, desenvoltura, técnica, instinto, movimiento, alegría, luz, sol, vida, agua, magia…

Incansable, trabajador, con espíritu siempre despierto y alerta,

Le gustaba la belleza, admiraba la inteligencia. Fue un hombre de su tiempo, atento a los devenires, a las nuevas industrias artísticas, a la fotografía, a los inventos… con ideas liberales.

Sorolla fue un hombre de carácter apacible, simple, llano, transparente, sin dobleces, sin pretensiones más allá de los suyos y del fruto de su esfuerzo.

Tiene templanza, ímpetu y vehemencia. Es afectuoso, romántico, cariñoso, protector y optimista.

“Los duelos con sol son menos”, solía decir el pintor y, sin saberlo él estaba resumiendo en una sola frase la esencia de su existencialismo, su concepción de la vida: la felicidad, la jovialidad; la fugacidad de la vida transcurriendo entre la risa de los niños jugando en la playa, la caricia de la brisa del mar, las flores en el jardín, y la alegría brillando en una España vestida de blanco que vive, trabaja y se divierte, llena constantemente de luz, de colores y de sol.

 

Firmas con sello de lujo: Tomás Paredes

Zachrisson, en el Conde-Duque

 

Con rubro Julio Zachisson. Un artista entre dos orillas se muestra, en las salas del primer piso del Museo Contemporáneo de Madrid, Centro Cultural Conde Duque, una retrospectiva de la obra del artista panameño, residente en España desde el año 1961. El proyecto comisariado por Marcos Giralt Torrente y Denis Long, quiere explicar la diversidad que ahorma la dimensión estética de Zachrisson. Las magníficas fotografías que acompañan estas líneas son de la autoría del pintor Adolfo Asmat.

Julio Zachrisson (2013) © Asmat Chirinos-Zavala

 

 

Los cuarteles de Conde Duque se construyeron a partir de 1771 con planos y dirección de Pedro de Ribera. Y posee una de las tres puertas barrocas importantes de Madrid. El cuartel estuvo destinado a la guardia de corps y en épocas posteriores sufrió un abandono y deterioro notables. En 1969 fue rehabilitado bajo la mirada exquisita de Julio Cano Lasso, que le dio su nuevo esplendor. Todavía en 2006, con la dirección del arquitecto Carlos de Riaño sufrió una nueva readaptación, que es la que ahora conserva, C7 Conde Duque, Madrid.

Los dirigentes municipales, que no han querido reactivarlo o que han despreciado las posibilidades de Conde Duque, después de la etapa floreciente en que lo dirigió Luis Caruncho, no han sabido cómo hacerlo imprescindible. Le han cambiado varias veces de nombre y de objetivos, llegamos a la actualidad, sin saber si es centro cultural, museo, salas polivalentes de actividades diversas o espacio para el espectáculo ¡Es hora de renunciar a la improvisación y hacer de Conde Duque un fortín de la cultura, está en la mano de Almeida!

Como quiera que sea, para los interesados, la exposición Zachrisson- ningún cartel la anuncia en la entrada, ni después- está en el espacio del Museo Contemporáneo, subiendo las escaleras en el primer piso, de nuevo a la izquierda, en una sala angosta que no propicia el montaje que requeriría una obra tan singular como deslumbrante.

Pájaro azul. Óleo sobre lienzo- 100 x 81 cm © Asmat Chirinos-Zavala

 

Julio Augusto Norman Sigfrid Zachrisson Acevedo, Panamá 1927, estudia en su país, marcha a México donde se forma en grabado, en la Esmeralda, impregnándose del aroma de Tamayo; y desde ahí marcha a Italia, amplía estudios y en 1961 viene a Madrid para conocer el Museo del Prado, pero todo se concatena para quedarse entre nosotros. En 1966 conoce a su mujer Marisé Torrente y desde ahí a nuestros días ha bailado un tango apretando la cintura del arte.

Es verdad que los inicios de Zachrisson en Madrid le ligan al tórculo y a la obra gráfica, a la Calcografía y al grupo 15, siendo el maestro de Pepe Hernández y de otros. Mas, su lenguaje plástico se expande a distintos materiales y variadas técnicas, pues como se comprueba en la muestra conoce tan bien el grabado calcográfico, como la pintura, el dibujo, la escultura o la cerámica. Es hondo en todo, genuino, pero en la pintura pasiona.

Brujo culebrero. Óleo sobre lienzo-100 x 81 cm © Asmat Chirinos-Zavala

 

Las piezas más alejadas en el tiempo son los dibujos de 1960 y las más cercanas pinturas de 2003. Entre medias están los grabados desde 1963, la cerámica de los 70, las esculturas de los 80 y la pintura recorriendo toda su vida, desde 1970 al 2003. Y lo más importante: ver cómo construye un lenguaje y como se mantiene fiel y reconocible a una creatividad, una forma de vida y una manera pensar, transformado en el gran cronopio del icono, en una melodía fogosa de Charlie Parker.

A la exposición acompaña un catálogo de gran formato, con todas las obras reproducidas y con toda la información precisa de su ancho currículo. Con un texto introductorio de Juan Manuel Bonet que es una maravilla, por cómo va ligando la vida y el arte que han hecho de Zachrisson un artista especial y un mago de la imagen. No se puede escribir de Zachrisson sin mencionar la poesía y la música caribeñas, sin reproducir ese ambiente, que Bonet traslada al papel, con conocimiento y solercia, como pocos lo lograrían.

Julio Zachrisson (2010) © Asmat Chirinos-Zavala

 

La palabra Zachrisson tiene fuego, movimiento, ritmo. Es pétalo de azúcar caribeña, diamela de son y geometría, fiesta de cromías y de falenas ¡Julio es un ser de sed y calentura, dulce como la fruta madura y dulce, ascético como la soledad y la quena! Crepita sin arder y echa raíces en el viento. Irónico, zumbón, secluso, cariñoso, baila en el filo de la navaja de la oscuridad y camina, en secreto, por el jazmín inquebrantable de la ternura.

Zachrisson no es surrealista, ni cubista, ni manierista, encarna lo real maravilloso; es colorista, insólito, festivo, se cimbrea con la magia y la destreza del relámpago. Goya le tienta, le mira, le influye, pero sin olvidar su genuina pertenencia a América Latina. Maestro de grabadores, joya, jinjol y lujuria; caribe de plata tórrida, tibar, pítico, íngrimo, mágico, lúdico, es un verso de Rogelio Sinan cantado por Carpentier.

TABACO TAINO. Aguafuerte -papel Arches 91 x 63 cm-plancha 81 x 54.5 cm. Edición 30 ( 1995)© Asmat Chirinos-Zavala

 

¡Ya era hora! Con más de setenta exposiciones en ambas Américas y capitales de Europa. Premio Dibujo-Concursos Nacionales; Premios Castro Gil, Soberanía Nacional de Panamá, Aragón-Goya; Condecoración Vasco Núñez de Balboa de Panamá. ¡Ya era hora de que Zachrisson tuviera una exposición antológica y un catálogo acorde a su entidad plástica!

El montaje siendo correcto, no lo veo adecuado, porque está todo mezclado y hay demasiada obra. Es probable que, con menos cantidad de grabados y dibujos, las obras importantes hubieran respirado mejor. Igual sucede con la escultura y la cerámica. Se adoptan criterios de montaje que sin ser incorrectos no son idóneos. Pero, con todo, felicito al Ayuntamiento de Madrid por esta iniciativa y animo a visitarla- estará abierta al público hasta el mes de julio- porque su obra merece una atención, que a menudo se ha relegado.

BULLARENGUE- Óleo sobre lienzo- 100 x 81 cm © Asmat Chirinos-Zavala

 

Zachrisson nunca ha hecho mucho por sí mismo, ni se ha propuesto como ejemplo, pero eso no empece que sea hoy uno de los maestros vivos del arte latinoamericano, con Gerardo Chávez o Iturria. Zachrisson está en las colecciones del MoMA, en las de “Reina Sofía”, Museo de Ponce de Puerto Rico, BNE, Museum of Brooklyn, Instituto Panameño de Arte, Metropolitan Museum of Art, M. Bs As de Bilbao, Real Academia de San Fernando, Smithsonian Institution de Washington….

Debería haberse hecho un desplegable, algún tipo de documento para que el espectador, el visitante tuviera un recuerdo de lo que ha visto. Estamos en pandemia, sí, pero no creo que lo uno impida lo otro. Y un detalle, si alguien pretende comprar el catálogo, no puede porque hay que ir a una librería, calle Concepción Jerónima, a una distancia considerable de donde se exhibe la obra ¡Señora Levy, pónganse las pilas, la cultura hay que apoyarla no de boquilla sino con hechos y no con hábitos descatalogados!

De su obra han escrito Luis González Robles, Ángel Crespo, José Hierro, Raúl Chávarri, Marta Traba, Carmen Martín Gaite, Martínez Sarrión, A. Fernández Molina, Gonzalo Torrente Ballester, Juan Malpartida, Miguel Logroño, Castro Florez,  Edilia Camargo, Eberhard Schlotter, Ángela de Picardi, Torrente Malvido y yo mismo, entre otros.

¡Un artista entre dos orillas! Un pura sangre del arte con una estética que une el viejo y el nuevo mundo. Un idiolecto que contiene todos los ingredientes del realismo mágico, una obra que nos enriquece, que nos ensalza, que nos conmueve con su misterio y su emoción. Un mundo en el que hay que entrar para disfrutar, para enriquecerse, para entender que “el arte no sirve para nada, pero es imprescindible”, como repite el maestro Zachrisson

 ¡Qué chévere, Bullarengue, El brujo culebrero, Guaraguao, La saloma, Bijao, El duende, Pájaro azul, Burundanga! Obras que les van a transportar a otros mundos, apasionantes y estuosos, fascinantes, con duende, como es el mágico fabulador de tanta gracia. Sin pedirlo ni buscarlo, los dioses le han protegido siempre, ahora sólo falta que ustedes se introduzcan en ese cosmos elegante y se contagien de su calentura, los visitantes, los espectadores se lo agradecerán a sí mismos.

Por qué lo llaman Bellas Artes cuando quieren decir “cultura”

Análisis de los premios que se conceden en España

 

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

En la vieja “normalidad” que teníamos hasta hace casi un año, en el mes de enero asistíamos al despliegue informativo de los medios de todo tipo, con motivo de los distintos premios cinematográficos que se otorgan en España. Premios como los Forqué, Feroz, los del Sindicato de Actores, de Directores, los Gaudí, Asecan…. que culminan con los Premios Goya y su polémico trofeo.

Febrero era el mes de las ferias de arte, con premios más o menos reconocidos, pero en cualquier caso, menos difundidos e interesantes para los medios: ARCO, ART Madrid o JUSTMAD son algunas de las ferias que más atraían la atención del público y la prensa, por propuestas controvertidas de las que sólo se hablaba por generar una expectación y polémica, por resultar una provocación ideada justamente para ello, más que por su interés artístico y académico. El triunfo de la extravagancia imperaba frente a la calidad y seriedad de las propuestas… pero qué voy a contar yo del mercado del arte que ya no sepáis…

Pero enero además, nos trae siempre una ristra de Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes concedidas a personalidades de la cultura… y claro está, este 2021 no podía ser menos, así que ya han publicado la relación de los 32 galardonados en 2020, a quienes desde estas líneas, felicito y valoro, reconozco sus méritos y aplaudo. Son un ingeniero textil y diseñador de moda, un director de escena, un acróbata y payaso, una editorial, un cocinero, un filósofo, un catedrático de historia, un catedrático de estética y teoría de las artes, dos compositores y directores de orquesta, cuatro bailaores, coreógrafos y directores y bailarines, cinco actores, dos directores, guionistas y productores, tres músicos, un soprano, un cantante, tres instituciones, dos coleccionistas y mecenas, un restaurador, y un artista multidisciplinar del performance.

Esta absoluta falta de artistas plásticos me ha llevado a estudiar en profundidad la desproporción de premios que pese a llamarse de “cultura” o de “bellas artes”, no premian ni distinguen a los pintores, escultores, dibujantes y acuarelistas.

Si revisamos el calendario de premios anuales “oficiales” de arte, descubrimos la gran laguna, el océano inmenso que separa unos artistas (creadores) de otros, comparados. El respaldo de todos los gobiernos a las artes mixtas (cine, teatro y ópera) y dinámicas o temporales (música, danza y literatura) frente a las artes visuales (pintura, dibujo y grabado) y a la escultura, es abrumador, es vergonzoso y denigrante.

Es también, definitorio de las políticas culturales llevadas a cabo por los gobiernos y muestra claramente el empobrecedor espacio cultural que manejan los gobernantes, demostrando la pérdida del nivel artístico que España ha ido desperdiciando con los años, hasta acabar sucumbiendo ya del todo.

Y es que el número de premios y la atención dispensada por las instituciones a la cinematografía y la literatura, empequeñecen y terminan haciendo insignificante los escasos premios de artes plásticas que se otorgan en España.

Pero para poder hablar con propiedad de este asunto, vamos a ver primero los premios que concede el Ministerio de Cultura, o en los que participa, y por comparación, apreciaremos de forma más sencilla lo que afirmo.

 

19 PREMIOS NACIONALES DE LITERATURA

* Premio de Literatura en Lengua Castellana «Miguel de Cervantes»

* Premio Nacional de las Letras Españolas

* Premios Nacionales de Literatura, Modalidad Ensayo

* Premios Nacionales de Literatura, Modalidad Literatura dramática

* Premios Nacionales de Literatura, Modalidad Literatura infantil y juvenil

* Premios Nacionales de Literatura, Modalidad Narrativa

* Premios Nacionales de Literatura, Modalidad Poesía

* Premios Nacionales de Literatura, Modalidad Poesía Joven “Miguel Hernández”

* Premio Nacional de Historia de España

* Premio Nacional a la Mejor Traducción

* Premio Nacional a la Obra de un Traductor

* Premio Nacional del Cómic

* Premio Nacional de Ilustración

* Premio Nacional de Periodismo Cultural

* Premio Nacional de Fomento de la Lectura

* Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural

* Premio a las mejores encuadernaciones artísticas

* Premio a los libros mejor editados

* Premio «Quevedos»

 

32 PREMIOS DE CINE Y AUDIOVISUALES

* Premios a la cinematografía

* Premio Nacional de Cinematografía

* 32 Premios Goya (película, dirección, dirección novel, guión original, guión adaptado, música original, canción original, actor protagonista, actriz protagonista, actor de reparto, actriz de reparto, actor revelación, actriz revelación, dirección de producción, fotografía, montaje, dirección artística, diseño de vestuario, maquillaje y peluquería, sonido, efectos especiales, animación, documental, iberoamericana, europea, cortometraje de ficción español, cortometraje documental español, cortometraje de animación español, Goya de honor

 

2 PREMIOS MÁS DE CINE

* Participación española en los Premios Oscar de Hollywood, concedidos por The Academy of Motion Picture Arts and Sciences – EE.UU./USA (1927-2019)

* Participación española en los Premios del Cine Europeo (European Film Awards), concedidos por la Academia de Cine Europeo (1988-2019)

 

18 PREMIOS DE CINE MÁS, ENGLOBADOS COMO “OTROS PREMIOS”

* Premios ASECAN del Cine Andaluz de la Asociación de Escritoras y Escritores Cinematográficos de Andalucía

* Medallas CEC (Premio Círculo de Escritores Cinematográficos)

* Premio Cinematográfico José María Forqué

Medalla de Oro de EGEDA (a la trayectoria de un productor en el cine español)

Premio Especial EGEDA al mejor largometraje documental y/o de animación

Premios a la mejor interpretación masculina y femenina

Premio al mejor largometraje latinoamericano

* Premio de Comunicación Alfonso Sánchez

* Medalla de Oro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España

* Premios Feroz de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España

* Premios Fotogramas de Plata

* Premios Gaudí de la Academia del Cine Catalán,

* Premio González Sinde de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, Premios Mestre Mateo de la Academia Galega do Audiovisual

* Premio Muñoz Suay de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España

* Premio Segundo de Chomón de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España

* Premios SOMRIU de Somriu Producciones, productora encargada de asignar el jurado que valora las obras que optan a los galardones

* Premios Turia (Premis Turia) de la Comunidad Valenciana

* Premios Unión de Actores

* Premio Zinemira (Zinemira – Gala de Cine Vasco) del Festival Internacional de Cine de San Sebastián y la Consejería de Cultura del Gobierno Vasco

 

12 PREMIOS NACIONALES DE GASTRONOMIA

* Jefe de Cocina

* Director de Sala

* Sumiller

* Labor Periodística

* Premio Especial

* Toda una vida

* Publicación

* Mejor Publicación Periódica Offline

* Mejor Publicación Periódica Online

* Radio y Televisión

* Gastronomía Saludable (Personalidad)

* Gastronomía Saludable (Institución)

 

7 PREMIOS DE ARTES ESCENICAS Y MUSICA

* Premio Nacional de Música

* Premio Nacional de Danza

* Premio Nacional de Teatro

* Premio Nacional de Circo

* Premio Nacional de las Músicas Actuales

* Premio Nacional de Artes Escénicas para la Infancia y la Juventud

* Premio de Teatro para autores noveles Calderón de la Barca

 

5 PREMIOS EUROPEOS DE MEDIO AMBIENTE A LA EMPRESA

Gestión

Producto y/o servicio

Proceso

Cooperación empresarial internacional

Empresa y Biodiversidad

 

1 PREMIO DE TAUROMAQUIA

* Premio Nacional de Tauromaquia

 

4 PREMIOS NACIONALES DE INNOVACION

* Modalidad “Trayectoria Innovadora”

* Modalidad “Gran Empresa”

* Modalidad “Pequeña y Mediana Empresa”

* Mención Especial en Innovación en la modalidad Pequeña y Mediana Empresa

 

4 PREMIOS NACIONALES DE DISEÑO

* Modalidad “Profesionales”

* Modalidad “Empresa”

* Modalidad “Jóvenes Diseñadores”

* Mención Especial en Diseño en la modalidad “Empresa”

 

13 PREMIOS NACIONALES DEL DEPORTE

* Premio Rey Felipe

* Premio Reina Letizia

* Premio Rey Juan Carlos

* Premio Reina Sofía

* Premio Princesa Leonor

* Premio Infanta Sofía

* Trofeo Comunidad Iberoamericana

* Copa Barón de Güell

* Copa Stadium

* Premio Consejo Superior de Deportes

* Trofeo Joaquín Blume

* Premio Nacional a las Artes y las Ciencias Aplicadas al Deporte

* Premio Nacional Francisco Fernández Ochoa

 

11 PREMIOS NACIONALES DE INVESTIGACIÓN DE ESPAÑA

* Premio Nacional de Investigación Alejandro Malaspina

* Premio Nacional de Investigación Blas Cabrera

* Premio Nacional de Investigación Gregorio Marañón

* Premio Nacional de Investigación Enrique Moles

* Premio Nacional de Investigación Juan de la Cierva

* Premio Nacional de Investigación Julio Rey Pastor

* Premio Nacional de Investigación Leonardo Torres Quevedo

* Premio Nacional de Investigación

* Premio Nacional de Investigación Pascual Madoz

* Premio Nacional de Investigación Ramón Menéndez Pidal

* Premio Nacional de Investigación Santiago Ramón y Cajal

 

171 PREMIOS NACIONALES DE FIN DE CARRERA DE EDUCACIÓN UNIVERSITARIA

* Rama de Ciencias de la Salud: 24 premios

* Rama de Ciencias: 27 premios

* Rama de Artes y Humanidades: 39 premios

* Rama de Ciencias Sociales y Jurídicas: 36 premios

* Rama de lngeniería y Arquitectura: 45 premios

 

1 PREMIO NACIONAL DE ARQUITECTURA

 

1 PREMIO NACIONAL DE URBANISMO

 

1 PREMIO NACIONAL DE CALIDAD DE LA VIVIENDA

 

4 PREMIOS CULTURALES

* Patrimonio Histórico

* Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales

* Industrias Culturales

* Premio Nacional de Televisión

 

4 PREMIOS DE ARTE

* Premio «Velázquez» de las Artes Plásticas

* Premio Nacional de Artes Plásticas

* Premio Nacional de Fotografía

* Premio Nacional de Diseño de Moda

 

La suma total de premios que otorga el Estado es de 310. Y de 310, las artes plásticas solo cuentan con dos, que además englobarían indistintamente la pintura, la escultura y la arquitectura, ya que el cómic y la ilustración están incluidos en los premios de Literatura.

Además, cabe tener en cuenta que el Premio “Velázquez” se otorga de forma anual, pero alternando entre artistas de España e de Iberoamérica.

Frente a 310 premios tan importantes, no ha importado mezclar pintura y escultura en un mismo saco, dos disciplinas que pese a su desarrollo, nada tienen que ver artística y técnicamente hablando. No nos ocupamos del grabado porque el Premio Nacional de Grabado lo otorga la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, no el Ministerio de Cultura.

Esto en cuanto a premios nacionales. Pero queda aún por hablar de las Medallas y Recompensas que también otorga el Estado y que corresponden a distintos ámbitos:

 

EN GENERAL

*  Insigne Orden del Toisón de Oro

* Real y Distinguida Orden Española de Carlos III

* Orden del Mérito Civil

* Orden de Isabel la Católica

 

EN LOS ÁMBITOS POLÍTICO Y JURÍDICO

  • Orden del Mérito Constitucional
  • Orden de la Cruz de San Raimundo de Peñafort
  • Orden de Cisneros
  • Real Orden de Reconocimiento Civil a las Víctimas del Terrorismo

 

EN ÁMBITOS SOCIALES

  • Orden al Mérito del Plan Nacional sobre Drogas
  • Orden Civil de Beneficencia (desaparecida)
  • Orden Civil de Sanidad
  • Orden Civil de la Solidaridad Social
  • Medalla al Mérito Social Penitenciario
  • Medalla de Honor de la Emigración
  • Medalla y Placa a la Promoción de los Valores de Igualdad

 

EN EL ÁMBITO DE LA SEGURIDAD

  • Orden del Mérito Policial
  • Orden del Mérito del Cuerpo de la Guardia Civil
  • Medalla al Mérito Penitenciario
  • Medalla al Mérito de la Protección Civil
  • Medalla al Mérito de la Seguridad Vial

 

MILITARES EN GENERAL

  • Real y Militar Orden de San Fernando
  • Medalla Militar
  • Cruz de Guerra
  • Medalla del Ejército
  • Medalla Naval
  • Medalla Aérea
  • Cruz del Mérito Militar
  • Cruz del Mérito Naval
  • Cruz del Mérito Aeronáutico
  • Citación como Distinguido
  • Mención Honorífica
  • Real y Militar Orden de San Hermenegildo
  • Cruz a la Constancia en el Servicio
  • Medalla de Servicio de la Unión Europea Occidental
  • Medalla OTAN

 

EN ÁMBITOS SOCIOECONÓMICOS

  • Medalla al Mérito en el Trabajo
  • Orden Civil del Mérito Medioambiental
  • Orden del Mérito Agrario, Pesquero y Alimentario
  • Orden Civil del Mérito Postal
  • Orden Civil del Mérito de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información
  • Medalla al Mérito en el Seguro
  • Medalla al Mérito Turístico
  • Placa al Mérito Turístico
  • Medalla al Mérito del Transporte Terrestre
  • Placa al Mérito del Transporte Terrestre
  • Medalla al Mérito de la Marina Mercante
  • Placa al Mérito de la Marina Mercante

 

EN ÁMBITOS SOCIOCULTURALES

  • Orden Civil de Alfonso X El Sabio
  • Medalla al Mérito en las Bellas Artes
  • Medalla al Mérito en la Investigación y en la Educación Universitaria
  • Orden de las Artes y las Letras de España
  • Real Orden del Mérito Deportivo
  • Medalla al Mérito Filatélico
  • Medalla al Mérito de la Radioafición

 

En total y en general, 54 Recompensas y Medallas básicas, porque un mismo reconocimiento se puede otorgar a múltiples personas o instituciones. De las 54, sólo 3 tienen algo que ver con las artes plásticas: la de Alfonso X El Sabio, que premia los méritos contraídos en los campos de la educación, la ciencia, la cultura, la docencia y la investigación; la Orden de las Artes y las Letras, que se concede tanto a personas físicas como jurídicas, nacionales o extranjeras, que se hayan distinguido en difusión de la cultura e imagen de España, a través de sus obras o activa participación en ámbitos relacionados con la creación artística o literaria; y la Medalla al Mérito en las Bellas Artes, que se concede personas o corporaciones, instituciones, personas jurídicas, organismos o entidades públicas o privadas que destaquen en los campos literario, dramático, musical, coreográfico, de interpretación, etc…

Como vemos, las artes plásticas continúan estando completamente descompensadas. Claro está que quien esté familiarizado con estas Medallas, sabe que últimamente se dan en serie, cada año en mayor número y proporción, con lo cual cabría pensar que entonces aumenta la posibilidad de que la pintura y la escultura, ni siquiera voy a incluir ya el dibujo o la acuarela por resultar simplemente anecdóticos en estos listados, pero nada más lejos de la verdad. A mayor número de medallas anuales, menos posibilidades de que las artes plásticas estén incluidas.

Basta analizar las últimas ediciones: el año 2020 se han concedido 32 Medallas al Mérito en las Bellas Artes. En 2019, fueron 24; en 2018, 21; en 2017, 24… pero siempre en las modalidades de Teatro, Música, Danza, Circo,… tan solo en la edición de 2018 hubo un pintor…

Así que solo cabe preguntar: ¿Dónde están las Bellas Artes? ¿Dónde la pintura, la escultura? ¿Dónde el dibujo, la acuarela? ¿Dónde? ¿Y dónde están las bellas artes? ¿Dónde se han quedado? ¿Por qué entonces lo llaman Bellas Artes cuando se refieren a “cultura” en general?

En las tres últimas ediciones, hay un sinfín de músicos, cantantes, actores, bailarines, directores de cine, fotógrafos, compositores, acróbatas, cocineros,… pero tan sólo un pintor como hemos dicho.

En base a esas variables y volubles reglas, basadas únicamente en el amiguismo y populismo imperante en nuestra sociedad, si en las Medallas al Mérito en las Bellas Artes no hay escritores, puesto que tienen reservados Premios Nacionales, no entendemos por qué hay actores, que tienen reservados ya 52 premios, o cocineros, con 12 premios específicos, o músicos, o bailarines…

Claro que todos estos oficios y ramas del saber pueden alegar también lo mismo respecto a los artistas plásticos, pero como ya hemos visto, nada que ver con el resto de premios establecidos. Es más, específicamente el Premio Nacional de Artes Plásticas desde su creación en 1980, se ha concedido a 64 personas, incluso se ha dado la paradoja de quedar desierto, como si en España no hubiera buenos artistas, y su distribución ha sido de la siguiente forma: se ha otorgado a 24 pintores, 11 escultores, 15 artistas que engloban varias disciplinas como pintor/escultor/grabador/artista gráfico/dibujante/arquitecto, 1 creador de tapices, 1 fotógrafo, 7 artistas conceptuales y a 1 músico y compositor. Increíble, ¿verdad?

Un premio que comenzó a dar 6 galardones por edición, para ir bajando luego a 5, después a 2 y finalmente quedar en un único acertante, perdón, otorgado.

Es inconcebible seguir llamando Bellas Artes a la cultura en general. Sobre todo  porque en España, decir cultura es sinónimo de colectividad y populismo, de espectáculo de masas y sobre todo, de entretenimiento.

Y esa es la pena que arrastramos, que en lugar de atender a una cultura de obras elaboradas conforme a las reglas del arte, basada en el talento y el esfuerzo, en el duro trabajo, y la creatividad, nos centramos de forma inconsciente y mezquina en la colectividad, llamando “cultura popular” lo que no es más que espectáculos de masas.

Olvidamos que la cultura, lejos de extenderse universalmente a toda la condición humana, se reduce a minorías, que no tiene por qué significar élites: todo el mundo interpreta el mundo, pero sólo unos pocos escriben una novela, enuncian una ley científica o componen una sinfonía.

Excepto en España, claro. Porque ahora en España, todos somos fotógrafos, pintores, cantantes, actores, presentadores,… y no digo nada ya de Influencers, bloggers, youtubers, coachings, conferenciantes,…

¿En serio? La cultura colectiva no para de enviarnos mensajes en los que se nos dice que “hay un artista en ti”, pero lejos de la realidad, el arte se enseña en escuelas y facultades, se practica, se vive en lo que siempre se ha llamado “vocación”, en la que el artista dedica toda su vida a buscar la fascinación de generar una obra original y nueva que enriquezca el mundo con una perfección que antes no existía…

Para el resto de mortales, la primera intención a la hora de “crear” cultura, reside casi siempre en calcular el precio que puede recibir a cambio…

El gobierno de España hace tiempo que habla de “cultura” refiriéndose a ella en el sentido de industria cultural. De ahí que mezcle en sus premios, órdenes, medallas y distinciones a personas e instituciones sin ningún tipo de criterio serio y fiable, más allá de la popularidad que éstos alcancen y el momento político que se viva.

Visto así, tenemos un serio problema. La industria cultural está reemplazando a la auténtica cultura, con el agravante de que encima se nos presenta revestida de un aura de dignidad infame que en ningún caso le corresponde.

Libre de la servidumbre industrial y la rentabilidad económica, el Ministerio de Cultura debería ocuparse de propiciar las condiciones para la creación de obras culturales, además de su conservación, distribución y difusión. Y sobre todo, hacerlo de un modo independiente, autonomía que perdió hace ya lustros, a manos de las prioridades del partidismo político, nepotismo y el amiguismo.

Cuestiones de presupuesto, pensarán algunos… nada hay que pueda justificar la desidia que las bellas artes, que las artes plásticas sufren en España. Ni siquiera la falta de presupuestos, porque para llevar a cabo alguna acción reconocible, lo único que se precisa es “voluntad política”.

Pese a la burocracia, a las normas rígidas establecidas, al propio funcionamiento trasnochado de la administración, simples gestos podrían propiciar una mayor atención a las artes plásticas. Sólo con establecer premios específicos inexistentes en la actualidad, algo se avanzaría.

Desde estas líneas pido su creación, reivindico vivamente que se contemplen las disciplinas necesarias para que la pintura tenga un premio nacional propio, al igual que la escultura, así como otras disciplinas como el dibujo y la acuarela, por no hablar del reconocimiento que merecen otras artes aplicadas sin ningún tipo de presencia en galardones actuales, tales como el diseño industrial, de interiores y gráfico, además de la artesanía y las artes decorativas que engloben oficios tradicionales que no deben perderse como la cerámica y la porcelana, ebanistería y mobiliario, forja, joyería, mosaico, orfebrería, tejidos, alfombras y tapicería, vidrio, cuero, jardinería y paisajismo….

Y puestos a pedir, pues como en los Premios Goya: al mejor pintor, a la mejor pintora, al mejor escultor, a la mejor escultora….

Artes que es necesario fomentar y son cada vez más importantes no sólo por lo que han significado históricamente, sino porque han alcanzado categoría de obras de arte por su significación y el alto grado de perfección alcanzado por las manufacturas. Pruebas de ello las encontramos en cualquier museo del mundo.

Artes que han sido pioneras en la formación profesional y son la base del mantenimiento de los oficios artesanales como fuente generadora de empleo y promoción económica en la cultura tradicional.

Artes que no cuentan con el reconocimiento que merecen y se han convertido en la base de empleo y acción empresarial de muchas regiones y comarcas españolas, que centran su oferta de ocio, cada vez más demandada en todo el mundo, en la cultura tradicional.

Pido por tanto, la creación del Premio Nacional de Pintura, del Premio Nacional de Escultura, del Premio Nacional de Dibujo, del Premio Nacional de Acuarela, Premio Nacional de Cerámica y Porcelana, Premio Nacional de Orfebrería… porque hay artistas en España dignos de ser tenidos en cuenta, muchos y muy buenos y sobre todo muy desconocidos para el público en general.

Y es que en España siempre ha habido talento, y vocación, y arte. Está ahí, pero nadie se molesta en descubrirlo, ni siquiera las administraciones.

El Ministerio de Cultura, si es que algún día termina de ser algo temporal y deja de ser políticamente correcto, populista y demagogo, debería comenzar a trabajar y funcionar más allá de proseguir únicamente con la política y organización ya establecida y constituida como inamovible por cómoda y sabida; debería contemplar que las artes son esenciales en la vida de un pueblo, en una nación como España, de larga y brillante trayectoria artística.

Y por supuesto, cambiar muchas, muchísimas cosas que nos parecen graves, inaceptables, inauditas y de las que apenas se habla, como el recientemente aprobado Estatuto del Artista, que lejos de ordenar y delimitar sus problemas no ha hecho más que dejar la puerta abierta al puro hecho económico, lejos de la vida real de los creadores y del día a día al que se enfrentan.

No puedo cerrar este artículo sin mencionar también otro tipo de Premios Nacionales que se conceden en España, pero que otorgan instituciones oficiales y entidades cuyos fondos públicos son parte de su organización, tales como las Reales Academias, Reales Sociedades, Ministerios… todos ellos, de carácter más técnico y profesional, que pese a aportar algo de notoriedad, no logran la visibilidad y difusión que debieran (Premio Nacional de Matemáticas, de Investigación Julio Rey Pastor, de investigaciones en Ciencias Físicas,…).

Hay además otros premios que dan prestigio, muy pocos; los hay que lo quitan, muchos; y la inmensa mayoría, no sirve ni para una cosa ni para otra porque no significan absolutamente nada.

Por supuesto, nada vamos a decir de los Premios Princesa de Asturias, cada vez más centrados en una proyección internacional al estilo Nobel y sobre todo, cada vez más populistas y vendidos a una notoriedad que ningún bien hacen a la institución, puesto que dudosamente respetan los estatutos con los que nació el premio.

Mucho más cabría decir y opinar sobre el tema… esto ha sido un simple arañazo con el que reflexionar acerca de la mayor noticia cultural aparecida en los medios en el mes de enero.

Triste, no?

Medalla al Mérito en las Bellas Artes

Autor desconocido.

Constituida por un círculo ligeramente convexo, con perfil de casquete esférico, en esmalte azul, de veinticinco milímetros de diámetro, rodeado por un marco de ovas, y sobre el que campean enlazadas las iniciales en plata, esmaltada en blanco, de las palabras Bellas Artes. Alrededor llevará una primera orla o corona de hojas de roble, y luego otra de laurel, el todo timbrado de la corona real española. Los elementos metálicos de la Medalla serán de oro y sus dimensiones, setenta milímetros en el eje vertical y cincuenta y cinco milímetros en el horizontal.
La Medalla se usará colgada de una cinta corta de moaré azul, con una lista roja central de dos milímetros de ancho.

Llevará además en el lado izquierdo del pecho una placa, con idénticas características y dimensiones, de ochenta por sesenta y cinco milímetros.

Las Medallas de la AEPE: Mateo Inurria Lainosa

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

      Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de su creador y en qué galardones se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

Medalla Mateo Inurria

del Salón de Otoño

En 1962 se creó la Medalla Mateo Inurria y al igual que la de Eduardo Chicharro, se nombró un jurado especial para ella, ya que esta medalla tenía reglamentación propia, cuya documentación no ha podido encontrarse, si bien conocemos estos datos por notas sueltas. Esta distinción se adjudicaba entre los poseedores de una Primera Medalla, bien fuera en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes o en los Salones de Otoño.

En 1966 se propuso que los galardonados con la “Medalla Mateo Inurria” pudieran optar al “Premio Princesa Sofía”, creado dos años antes, y que inicialmente se reservaba como premio especial para las Primeras Medallas de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes.

No fue hasta 1972 cuando la AEPE propuso al Ayuntamiento de Madrid que la “Medalla Eduardo Chicharro” y la “Medalla Mateo Inurria” tuvieran una asignación económica, dotando a cada una con 25.000 pesetas que fueron aumentando o disminuyendo con el pasar del tiempo, dependiendo siempre del presupuesto asignado.

Con el cambio de milenio, la dotación económica del Ayuntamiento de Madrid fue retirada y pese a las múltiples peticiones realizadas en este sentido, no ha sido escuchada la reclamación que la AEPE viene haciendo desde hace tantos años.

 

Mateo Inurria Lainosa

INURRIA LAINOSA, Mateo     E     1910(F077)   25.mar..1867   CORDOBA   MADRID    21.feb.1924

Socio Fundador de la AEPE

Vocal de la AEPE

Mateo Inurria Lainosa, escultor, profesor, restaurador y decorador, nació en Córdoba, el 25 de marzo de 1867. Sus desnudos de gran simplicidad formal y pureza de líneas le convierten en uno de los precursores de la renovación de la escultura española del siglo XX.

Primogénito del matrimonio formado por el vasco Mateo Inurria Uriarte y la valenciana Vicenta Lainosa Corcolla. El padre, siendo oficial con destino en Sevilla, abandonó el Ejército y entró en el taller del escultor decorador José Lainosa Genovés, padre de su novia Vicenta. Poco tiempo después, José Lainosa y su familia se trasladaron a vivir a Córdoba, buscando mejores condiciones de trabajo, estableciéndose en el barrio de Santa Marina. Mateo Inurria Uriarte les acompañó, casándose con Vicenta el 22 de abril de 1860. El joven escultor continuó en Córdoba la actividad aprendida en el taller de su suegro, dedicándose a la decoración escultórica y a la cantería.

Mateo Inurria Uriarte y Vicenta Lainosa Corcolla tuvieron su primer hogar en la casa n.º 24 de la calle de Alfaros, donde nació el escultor, Mateo Inurria Lainosa.

En una ambiente familiar artístico, desde muy pequeño despuntó por su afición a la escultura, comenzando sus estudios en la Escuela Provincial de Bellas Artes de Córdoba donde recibieron también formación artística Rafael García Guijo, y los socios de la AEPE Lorenzo Coullaut Valera y los hermanos Rafael y Julio Romero de Torres.

Con solo quince años realizó una de sus más conocidas obras, “Ángel orante”, para la fachada de la capilla del cementerio de Montoro.

Ángel orante

 

Entre 1883 y 1890 cursó estudios en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid, pensionado por la Diputación Provincial de Córdoba, y participando ya en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1890 con la obra “Un naúfrago”, tachada de vaciado del natural por el jurado.

Un naufrago

 

Este fue el mismo trato injusto que persiguiera a Auguste Rodin en el Salón de París del 77, pero para Inurria, el fracaso se convirtió en éxito cuando la Córdoba se volcó con él, organizando un festival en su honor y adquiriendo por suscripción popular la obra.

Vivió temporalmente en París y en Roma, donde coincidió con otros artistas de su generación como los socios de la AEPE Rafael Romero de Torres y Marceliano Santamaría.

En 1891 contrajo matrimonio con la también cordobesa María Luisa Serrano Crespo, maestra de la ciudad andaluza, con quien no tuvo descendencia. María Luisa era sobrina del poeta y periodista cordobés Antonio Fernández Grilo, el que fue “poeta real de Alfonso XII” y autor de la célebre obra “Las Ermitas”.

En esa época, trabaja como profesor y restaurador y realiza esculturas gratificantes para él en las que va evolucionando y buscando siempre la expresión sencilla y clara, además de esculturas de temática religiosa, como la titulada “Vivo sin vivir en mí”, en la que representa a Santa Teresa de Jesús y que se perdió en la Exposición Universal de Chicago de 1893.

A la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1895 presentó la obra “Lucio Anneo Séneca”, que consiguió la Medalla de Segunda Clase y fue adquirida por el Estado.

Lucio Anneo Séneca

 

Inmerso en monumentos y encargos, trabajó en las restauraciones de la Mezquita Catedral de Córdoba, que dirigía Ricardo Velázquez Bosco.

En 1896 comienza su actividad como profesor, que tenía una importancia especial para él, ejerciendo como Catedrático de Modelado de la Figura y de Dibujo de Antiguo, en la Escuela Municipal de Artes y Oficios de Córdoba, que también dirigió, hasta que en 1902 pasó a dirigir la recién creada Escuela Superior de Artes Industriales de Córdoba.

En 1897 es elegido Socio de Número de la Real Academia de Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, realizando para el Ayuntamiento de esa capital, el proyecto de Monumento al Gran Capitán.

Distintas fotografías del maestro entre 1915 y 1924

 

Dos años después, consiguió la Medalla de Primera Clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes con “La mina de carbón”, una composición en altorrelieve y figuras exentas de temática de denuncia social.

La mina de carbón, obra destruida en el Museo de Arte Moderno

 

Continúa participando en las distintas Exposiciones Nacionales de Bellas Artes mientras va creciendo su reconocimiento a nivel nacional, que le proporciona nuevos encargos, como el del Ayuntamiento de Madrid para la realización de un Monumento a Lope de Vega, en la Plaza de la Encarnación.

Monumento a Lope de Vega en Madrid

 

Son años de una intensa actividad profesional en la que dedica su tiempo a la docencia y a su contribución al conjunto monumental conmemorativo a Alfonso XII en el madrileño Parque del Buen Retiro, para el que aportó el grupo escultórico “La Marina”.

Grupo «La Marina», perteneciente al Monumento a Alfonso XII en el madrileño Parque del Buen Retiro

 

Bien relacionado en el ambiente artístico, contaba con grandes amigos dentro de su profesión, como el socio de la AEPE Ignacio Zuloaga, con quien hizo de anfitrión de Auguste Rodin en su visita a Córdoba. Una visita que continuó en amistad a tenor de la correspondencia que posteriormente mantuvo con el francés, a quien admiraba profundamente y con quien compartía los injustos juicios de valor de los críticos respecto a sus obras.

Son años de intenso trabajo en los que realiza monumentos y encargos de todo tipo y en los que continúa presentando obras a las distintas Exposiciones Nacionales de Bellas Artes.

 

En 1910 participa en las excavaciones de Medina Azahara que dirigía también Velázquez Bosco.

Un año más tarde, tomó posesión como profesor de Término y Vaciado de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, trasladándose a la capital y volcándose entonces en la creación escultórica y abriéndose al mundo artístico de la época, lo que le granjeó mayor reconocimiento de crítica y público.

Forma

La Parra

 

Desde Madrid, realiza distintos viajes a Toledo, Burgos, Salamanca y Segovia en donde documenta sus obras posteriores. Un periodo fructífero que se refleja en multitud de monumentos, bustos, esculturas y que culminó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1920, a la que presentó tres obras “Ídolo eterno”, “La Parra” y “Forma” que lograron un éxito total, premiándosele con la Medalla de Honor. Estas dos últimas obras, pertenecen a la colección del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, mientras que en el Museo del Prado exhibe “Lucio Anneo Séneca”.

Monumento a Barroso y Castillo de Córdoba, destruido durante algaradas populares

 

Como era habitual en la época, un grupo de artistas organizó un banquete en honor del artista en los jardines del Hotel Ritz, como homenaje y reconocimiento por su Medalla en la Nacional.

Banquete homenaje a Inurria, en el centro, junto a Miguel Blay, Mariano Benlliure y Francos Rodríguez

 

En su taller en la Glorieta de Quevedo, donde gestó sus últimas obras, vivió tres años de intensa actividad que culminaron con su ingreso como Académico Numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1922.

Un año después, adquirió una nueva casa, Villa Udia, a las afueras de Madrid, en Chamartín, en la misma calle que hoy lleva su nombre.

El 1 de enero de 1924 una angina de pecho le apartó de su trabajo, falleciendo en su recién estrenada casa, el 21 de febrero, donde se instaló su capilla ardiente por la que desfilaron multitud de personalidades.

En las notas de la prensa se detallaba que “el cadáver fue envuelto en un sudario y encerrado en un ataúd forrado de terciopelo negro que se colocó en el centro de la casa, frente a un altar con un crucifijo”. A las cuatro de la tarde del 23 de febrero, se llevó a cabo el entierro: “abría la marcha el clero parroquial con cruz alzada; seguía la carroza fúnebre que conducía el féretro, y en la que se colocó una corona dedicada al finado por el Ayuntamiento de Córdoba. A uno y otro lado iban alumbrando porteros del Círculo de Bellas Artes y de la Real Academia de San Fernando… en el acompañamiento, que era muy numeroso, figuraban representaciones de la Asociación de Pintores y Escultores, los socios Julio Vicent, Sr. Ferrándiz, Blanco Coris, Alcántara, Benedito, Torre Isunza, Vázquez Dían, Victorio Macho, Codina, Santamaría, Romero de Torres, Capuz, José Francés, Benlliure”… que acompañaron al cadáver hasta el cementerio de La Almudena de Madrid, donde recibió cristiana sepultura.

Quienes le trataron, le recordaron como una persona sencilla, afable, culto en sumo grado, y un luchador afanoso de superarse siempre en su arte.

Mateo Inurria en su estudio

Una de las últimas fotografías que se tomaron del maestro

 

Tras el fallecimiento de Mateo Inurria, su viuda, María Luisa Serrano Crespo, como única heredera de sus bienes, intentó hacer un museo sobre su marido, vendiendo la colección al Ayuntamiento de Madrid y, después, al de Córdoba. Pero no fue hasta 1942 cuando se deposita en el Museo de Bellas Artes de Córdoba, donde se le dedicó una sala exclusiva, en una de las ampliaciones del museo, en donde se exhibían además obras de su colección particular, como diversos grabados de artistas europeos y españoles de los siglos XVII y XVIII.

Poco después de su muerte, los socios de la AEPE Salazar Alonso, Anasagasti, José Francés y Lerroux, José de Benito y José del Campo solicitaron al Ayuntamiento de Madrid la colocación de una lápida en memoria del escultor, que fue obra del también socio de la AEPE y discípulo de Inurria, Pedro Torre Isunza y se colocó en la fachada del edificio a través del cual se accedía al taller del maestro, en la Glorieta de Quevedo, 5. Al acto de inauguración acudieron el alcalde de Madrid, José Francés, la viuda de Inurria y una representación institucional de la Asociación de Pintores y Escultores.

Descubrimiento de la lápida en honor de Mateo Inurria con su viuda dirigiéndose a los asistentes

 

Tras su muerte, y viendo la comunidad artística que no se había homenajeado lo suficiente en vida a tan gran escultor, se organizó una muestra en el mes de noviembre en el Palacio de Bibliotecas y Museos, la actual Biblioteca Nacional, con 69 obras que hacían un pequeño recorrido de su producción, pero además la exposición se completaba con muebles, enseres personales del artista, como pinturas y grabados, de su propia colección.

A la inauguración asistió una representación de la Asociación de Pintores y Escultores, con algunos de sus socios como Mariano Benlliure, Miguel Blay…

Exposición-homenaje póstumo a Mateo Inurria presidida por su viuda

 

Cuatro años después, Córdoba reconocía al escultor con un busto esculpido por uno de sus discípulos: Adolfo Aznar, que pasaría a la historia como cineasta y no como escultor.

Busto de Inurria obra de Adolfo Aznar

En sus primeros estudios, Mateo lnurria sólo se pudo formar en la estética del naturalismo y en la práctica del realismo. Por eso, toda la obra que realiza hasta aproximadamente 1898, está empapada de todos estos conceptos, a lo que habría que añadir cierta constante historicista local que muchos bautizaron como “cordobesismo de raíz estoica senequista”.

A lo largo de sus primeras obras Inurria demostró situarse dentro de un romanticismo de cuño moderado, donde importaban más los valores visuales y táctiles que los derivados del movimiento, el volumen o el espacio.

Busto de la esposa del artista, María Luisa Serrano Crespo

 

En «La mina de carbón», obra desaparecida, su realismo es evidente e Ilustra cómo Inurria se vio imbuido en los ideales noventayochistas y comprometido con su tiempo, pero será el inicio de un proceso idealizador en la escultura del maestro que prepara su obra para el gran salto al Modernismo.

Esta es la primera etapa sin salida, pues el maestro no realiza nada esencialmente distinto de lo ya hecho y no se ha encontrado aun definitivamente con su personalidad.

A partir de 1900, lnurria ya se nos muestra reaccionando contra el estilo tradicional de la escultura del romanticismo español, dando un primer salto hacia la sencillez temática en lo monumental.

Será esta una etapa marcada por la influencia del gran padre de una de las vertientes de la escultura del siglo XX, August Rodín. Compartió con él acusaciones de plagio, pero nadie supo verla, de hecho, ningún amigo, compañero, crítico… nombró jamás al francés como fuente de inspiración de sus obras hasta que en 1984, Ramón Montes Ruiz publicara la interesante correspondencia entre los dos grandes artistas.

Según la misma, cuando Rodin visitó el estudio de Inurria, quedó muy impresionado de su obra, alabando «la buena simplicidad de la disposición, y la noble modestia en el ropaje que en silencio deja todo el valor a las cabezas, expresivas en su simplificación».

En esta etapa, Inurria asimiló todas las ideas estéticas que poseía el maestro francés, como devolver a la escultura el verdadero sentido de los valores escultóricos, el reconocimiento de la existencia de la masa y el volumen, la interrelación entre entrantes y salientes, la importancia del tratamiento de superficies, la articulación de los planos, la unidad en la concepción, es decir, el concebir la forma en profundidad surgiendo de un centro que se expande de adentro afuera y gravitando sobre todo ello una fe ciega y absoluta en el natural.

Esta es la verdadera herencia que Inurria recibe de Rodin, junto a la visión estética del Modernismo, en su lucha por conseguir la fuerza del “instante” y el ideal de la mujer, que siempre mantuvo. De hecho, Inurria -salvo en el caso de que se tratase de un monumento o tema religioso- no esculpió ningún cuerpo masculino a lo largo de su futura trayectoria.

Con la llegada del nuevo siglo, Mateo Inurria era ya un destacado modernista; a partir de 1910, con la evolución del arte en toda Europa, a Inurria, Rodin se le había quedado ya pequeño.

Es una época en la que en aquellas obras que no tenían que adecuarse a los requerimientos del cliente, se dedicó a tratar la temática de la mujer por medio de su cuerpo desnudo: el ídolo eterno.

El momento culminante y decisivo en su trayectoria escultórica se sitúa en 1920, cuando obtiene la Medalla de Honor en la Nacional. En esta etapa, lleva su escultura a la forma pura liberada de toda anécdota. Su mérito fue la sabia manera de estilizar la forma, llegando a límites inasequibles en la variedad claro oscuro y la riqueza de matices.

Su obra «La Parra», no es ni más ni menos que el canto modernista de la voluptuosidad puesto en favor de la exaltación de los valores de la raza: la mediterraneidad andaluza simbolizada en ese racismo de uvas que sostiene la mujer y que más que alimento es pura alegoría de fertilidad.

La Parra

 

«Ensueño» marca la síntesis definitiva donde lo ideológico queda también patentizado: un desnudo de mujer provisto de esa melancolía típica del modernismo en la que queda también expresada la prototípica belleza de la raza: la de la raza andaluza simbolizada por sus mujeres, en la que tanto hizo hincapié la propaganda del Regionalismo como superación de las nostalgias esteticistas del Modernismo.

Ensueño

 

Su obra de temática religiosa coincide en lo fundamental con esta etapa de madurez y donde se demuestra ese afán de modernidad, ese afán de estar en todo al día que mantuvo a lo largo de toda su vida, este gusto por la idealización exótica tan cara al modernismo, ejemplificada a través de esa significativa composición a la manera del arte bizantino. Cristo no sería nunca para Inurria ese ser atormentado por la pasión en su afán de salvar a los hombres, sino simplemente ese ser tranquilo y melancólico, que con su interioridad contenida anuncia la definitiva felicidad para los humanos.

Cristo Redentor

La flagelación de Cristo

 

Poco se ha hablado también de Inurria como restaurador de monumentos arquitectónicos antiguos; la iglesia de San Pablo de Córdoba, primera parroquia levantada en la ciudad cuando la Reconquista, no se podría comprender ni ver tal y como lo hacemos hoy sin su esmerada y meritísima intervención, que respetó todo lo primitivo en ella y suplió solo lo indispensable para su estática. Pero su gran triunfo fue sin duda, sus trabajos en la Mezquita de Córdoba y en Medina Azahara, cuando las primeras excavaciones comenzaron de manera oficial, despejando cualquier tipo de duda al respecto, si es que todavía la había, de lo que yacía bajo el suelo.

Estamos acostumbrados a pensar en un Inurria escondido en la soledad de su taller y ajeno a las variantes ideológicas que se produjeron en la mentalidad de su tiempo, pero nada más lejos de la realidad: fue un hombre constantemente enraizado en su época y no ajeno a lo que en su horizonte ideológico se fraguaba en cada momento.

Eso, unido al hecho de haber vivido entre dos fechas que transcurren entre los finales del siglo pasado y los inicios del presente, como a la mayor parte de nuestros maestros fundadores de la Asociación de Pintores y Escultores, es lo que hace que su obra no tenga la difusión ni la importancia que se da a otros maestros catalogados en una época más concreta de la historia del arte en España.

Exposiciones Nacionales

Envió obra a las Exposiciones Nacional de Bellas Artes de 1890, 1895, 1899, 1915, 1919 y 1920

Premios y distinciones

1895 Medalla de Segunda Clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes

1899 Medalla de Primera Clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes

1915 Medalla de Oro en la Exposición Internacional de Panamá

1919 Diploma de Honor en la Exposición Hispano-Francesa de Zaragoza

1920 Medalla de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes

Obras públicas y monumentos

«Monumento a Lope de Vega», 1902, Madrid.

Grupo representativo de La Marina para el «Monumento a Alfonso XII», 1905, Madrid.

Busto y lápida al poeta Manuel Reina, 1906, Puente Genil, Córdoba.

«Monumento a Eduardo Rosales», 1922, Pº del Pintor Rosales, Madrid.

«Monumento al Gran Capitán», 1923, Córdoba.

«Ángel orante», para el cementerio de Montoro, actualmente en el Museo de esta ciudad.

«Busto de Don Luis Ramírez Galuzo», 1922, en La Línea de la Concepción

Monumento a Barroso, en Córdoba

Monumento a Juan Muñoz Chávez, en Cáceres,

Monumento a Carlos Carbonell y Morand, en Córdoba

Grupo funerario Cristo Redentor para el mausoleo que su hermano Agustín Inurria, arquitecto, realizaba para Ángel Vélaz en el cementerio de La Recoleta en Buenos Aires, Argentina

Para el Casino de Madrid conjunto escultórico Las tres edades de la mujer, formado por tres desnudos conocidos como Crisálida, Coquetería y Flor de granado

Cristo atado a la columna, para la iglesia de Santa María de Guernica, la única obra tallada en madera y policromada

Lápida funeraria de Eustasio Terroba Naval

Fuente monumental en San Sebastián

Cristo del Perdón y San Miguel Arcángel, ambas para el cementerio madrileño de la Almudena

Monumento al Gran Capitán, en Córdoba

Monumento a Rosales, Madrid

 

Obras

Alegoría de Córdoba; Alegoría de la Pintura; Materia en Triunfo; Un náufrago; bustos de Don Quijote, Cristo en su expiración, Lagartijo, José María Montoya, Señá Fuencisla, Teodora Zuloaga, Francisco Rizzi, Claudio Coello, Fernández de Córdoba, Francisco de Quevedo, Juan de Toledo y Ramírez de Madrid, que hoy se exponen en la Galería de Madrileños Ilustres del Ayuntamiento de Madrid; relieve Cristo en el desierto, relieve en plata repujada San José; Panteón de Ricardo Ortiz Villalón (1907), en Cabra (Córdoba); ¡Mujer!; diseño y decoración escultórica de la Biblioteca del Círculo de la Amistad, Liceo Artístico y Literario de Córdoba; Niña, Ídolo eterno, Deseo, Sensualidad, La Parra, Forma, Gitana, Luisita Montoya, Conchita Montoya, María, Ensueño, subtitulada Mi discurso en mármol, Lucio Anneo Séneca

El Lagartijo, busto en bronce

Busto en bronce de Rosales

Monumento al Lagartijo

Maternidad

Un lobo de mar

Monumentos que no llegaron a realizarse

Proyecto de Monumento a Rosalía de Castro para Santiago de Compostela

Proyecto de Monumento a Pestalozzi para la Escuela Superior de Magisterio, en Madrid

Proyecto de Monumento a Cervantes, para la plaza de España en Madrid.

Mateo Inurria y la AEPE

En el I Congreso de Bellas Artes que organizó la Asociación de Pintores y Escultores, actuó como Presidente de la sección de Escultura,

Al I Salón de Otoño de 1920 acudió con un busto en mármol, Nº 957, y en el mismo apareció inscrito como Inurria, D. Mateo; reside en Madrid, Alberto Aguilera, 14.

Las ilustraciones que aparecían en el catálogo del Salón de Otoño de 1935

 

En el XV Salón de Otoño de 1935, por iniciativa del Director de la Gaceta de Bellas Artes, Estévez Ortega, se le dedicó la Sala V, bajo el título de “Arte retrospectivo”, exhibiéndose un total de 51 obras entre mármoles, bronces, cerámicas y cuadros:

Mármoles: Ídolo eterno, Gitana, Desnudo de mujer, María, Cabeza de Cristo, Busto de mujer sin terminar.

Bronces: La Parra, Deseo, Niña, Ensueño, Mujer española, Lobo de mar, Reflexión, Gitana, María, Gran Capitán, Maternidad, Toilette, Niña, Yelmo de Mambrino, Medalla de las Bellas Artes.

Cerámicas: Señá Fuencisla, Los cuatro continentes: Europa, Asia, África, América, Crisálida, Coquetería, Flor de Granada, Flagelación (Cristo en la columna), Forma, Gran Capitán, Rosales boceto, Rosales busto, Cabeza de nazareno, Alfonso el Sabio, Gran Capitán y Proyecto de sepulcro del arzobispo de Tarragona.

Cuadros: fotografías del proyecto de monumento a Cervantes; fotografías del proyecto de monumento a Cervantes, detalle, fotografías del monumento a Antonio Barroso, Flor de Granada, proyecto de panteón, fotografías de varias obras, dibujo del monumento a Barroso, varios dibujos, fotografías de monumentos y obras, fotografías de La Marina del grupo de Alfonso XII del Retiro, fotografías de monumentos religiosos, dibujo del Quijote, retrato grande con marco dorado. (los muebles que exornan la Sala pertenecen a la colección de Mateo Ynurria y se hallan de venta).

Autógrafo del maestro

Las tres edades de la mujer

Placa homenaje que le dedicó el Ayuntamiento de Madrid

 

Encarnación Rubio Gómez

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

Encarnación Rubio Gómez

RUBIO GOMEZ, Encarnación    P.G. 1934     7.set.1898       MADRID        MADRID/ALICANTE

 

 

Encarnación Rubio Gómez se inscribió en nuestra entidad como “Pintora y Grabadora”, en 1934. Socia de número nacida en Madrid el 7 de septiembre de 1898. Reside entre Madrid y Alicante.

Eso es lo que de puño y letra escribió, pese a que en su certificado de nacimiento quedara recogido que fue un 8 de septiembre.

Era hija del matrimonio formado por Patrocinio Gómez y Fernández (1878, natural de Córdoba) y de Jacinto Rubio y Moreno (1870, San Clemente, Cuenca), con domicilio en la Calle Santa Teresa, número 12, 4º.

En 1921  presentó la solicitud para acceder al examen de ingreso, cuando contaba con 23 años y domicilio en el Paseo de Atocha, nº 23, en donde quedó registrado que “presento certificado de haber terminado todas las asignaturas de Profesora de 1ª enseñanza”.

En septiembre de 1922 José Maurino envía una carta a Miguel Blay, uno de los tres fundadores de la Asociación de Pintores y Escultores, donde recomienda a “la señorita” Encarnación Rubio Gómez y añade: “tiene muchísima disposición para el dibujo y la pintura”.

En 1922 se matricula en enseñanza oficial de las asignaturas de Perspectiva, Anatomía, Historia del Arte en las Edades Media y Antigua, Enseñanza general del modelado y Dibujo de estatuas, por las que paga un total de 40 pesetas. Un año después, se matricularía en enseñanza oficial en las asignaturas de Estudios preparatorios de colorido, Historia del Arte de segundo grupo, Dibujo del natural en reposo y Grabado en dulce. En 1924 lo hará en las asignaturas de Colorido y composición, Teoría de las Bellas Artes, Estudio de las formas arquitectónicas, Dibujo del natural en movimiento, Dibujo científico y Grabado de reproducción.

En esta fecha, vive en la calle Pérez Galdós (Puente de Vallecas), nº 46.

Discípula de los miembros de la Asociación Española de Pintores y Escultores Julio Romero de Torres, del pintor, aguafortista y grabador Manuel Castro Gil y del maestro grabador Francisco Esteve Botey, fue compañera de estudios de Salvador Dalí.

En 1925 se matricula en las asignaturas de Pintura decorativa, Pintura al aire libre, Dibujo de ropajes de estatuas y del natural, Estudios prácticos de ornamentación, Estudio de los métodos y Grabado original, siendo en esta asignatura donde consigue Matrícula de Honor.

En 1926 obtiene el título de Maestra por la Escuela Normal de Maestras de Guadalajara, cuando cuenta con 28 años.

En los archivos del Museo del Prado aparece como copista de dos Bodegones de Van Ess y Cristo en la cruz, de Velázquez.

Animada por las altas calificaciones obtenidas, en los siguientes años se matricula en Grabado calcográfico, Pintura decorativa, Grabado original y Grabado y estampación.

Participa en la sección de Grabado de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1930 con las obras de “Panneau con cuatro pruebas al aguafuerte”, tituladas: Claustro, Casa de picos, Galleguita y Casitas en Cordón y Calle de la Torre (aguafuerte).

Tras la guerra civil, continúa sus estudios de Grabado y estampación hasta que en 1940 decide matricularse en la Escuela Central de Bellas Artes de San Fernando.

Combina sus clases con su actividad como copista en el Museo del Prado, en unas fechas en las que se presenta a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1941 con dos aguafuertes “Retrato de Don C. Sáinz de los Terreros” y “Retrato del Doctor D. Eloy Montero”.

Según reseña de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1941, concurrió inscrita como sigue: “Rubio Gómez (Encarnación).- Natural de Madrid. Domiciliada en la calle del Pacífico, 43. Discípula de Carlos Vergel y Francisco Esteve Botey.”

Por esas fechas, reside en la calle Pacífico, número 43, piso 9º.

Tenía un estudio de pintura en el que daba clases y al que acudieron artistas como el pintor madrileño Severino Carbajo o la pintora toledana Marina Isabel Pérez.

En 1942 es nombrada “Profesor Encargado de Curso de Grabado Calcográfico” en la Escuela Superior de Bellas Artes de Sevilla, con un sueldo anual de 6.000 pesetas .

Tres años después es nombrada “Profesora Auxiliar numeraria de la Sección de Dibujo y Grabado” de la Escuela Superior de Bellas Artes de Sevilla, con un sueldo de 4.000 pesetas.

En 1945 obtiene la Tercera Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1945, con la obra “Monasterio de Santa Paula (Sevilla)”, un aguafuerte adquirido por el Estado por 3.000 pesetas.

En 1948 es nombrada “Catedrático interino de Grabado Calcográfico de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, con un sueldo de 10.000 pesetas.

Ese mismo año presenta su aguafuerte y aguatinta “Conjunto Sevilla” y “Pinos en la sierra” (aguafuerte y punta seca) en la Exposición Nacional de Bellas Artes y aparece domiciliada en la ciudad de Sevilla, calle Cervantes, nº 4.

En 1950 ocupa el cargo de auxiliar numeraria de la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, en Sevilla.

En 1960 logra  la Tercera Medalla en la sección de Pintura en el Salón de Otoño;  un año más tarde obtiene el premio de la Sala Barriobeña, así como la Primera Medalla en la sección de Grabado en el Salón de Otoño.

Vocal de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Profesores de Dibujo en 1963, año en el que logró también el Premio Ordóñez Valdés en el Salón de Otoño.

En la XIV edición de la Exposición de Otoño de Sevilla (no confundir con el Salón de Otoño organizado por la AEPE en Madrid) de 1965 participó con tres pinturas; en la XVI edición lo hizo con dos obras, obteniendo el Premio de la Compañía Sevillana de Electricidad S.A. por la obra “Claustro Románico (S. Martin – Segovia)”. Presentó obras también a las ediciones número XVII, XLIII,

Encarnación Rubio Gómez y la AEPE

Al XXXII Salón de Otoño de 1961 participó con la obra titulada “Retrato”, especificando únicamente que era un óleo inscrito con el número 114.

Al XXXIII Salón de Otoño de 1962 presentó tres obras:

10.-“Paisaje” (grabado)

11.- “Paquita” (dibujo)

15.- “Alcalá de Guadaira” (grabado)

En el XXXIV Salón de Otoño de 1963 concurrió con las obras:

129.- “Panorama de Segovia” (óleo)

138.- “Travesía de Escuderos” (Segovia) (óleo)

 

“Monasterio de Santa Paula (Sevilla)”, obra con la que consiguió la Tercera Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1945

Firmas con sello de lujo: Tomás Paredes

Cruzeiro Seixas y sus relaciones con España

 

Con la muerte de Cruzeiro Seixas, a veinticinco días de su centenario, desaparece un histórico del surrealismo, poco conocido. Hoy, cualquier nombre determinante de la cultura, ni en Portugal, ni en España, ni en lugar alguno, tiene la presencia y el reconocimiento que debiera. La cultura está en retroceso y de ello nos alertaba Cruzeiro en entrevistas y textos, en mi última visita antepandemia.

Hay obra gráfica suya entre nosotros, algunas esculturas múltiples, pero escasas traducciones de su poesía, que es la gran desconocida de su poliédrica obra, de su ingente y genuina sensibilidad. Pintor y poeta, hizo de la carta un monumento.

Cruzeiro Seixas fue para mi más que un poeta, que un artista. Una figura tutelar, padre, hermano, amigo, un colega con el que jugar a muchos juegos maravillosos, siempre en un ámbito humanista, cultural, límpido, feraz y enriquecedor. Cruzeiro era un laberinto de ternura, que te atrapaba y del que no podías salir sin el socorro de su fantasía ícara. Detestaba parecer, era un volcán de seda, que fascinaba con armonía, sin distorsiones.

Cruzeiro Seixas fotografíado por Joao Prates

 

Cruzeiro: caballero, honesto, generoso, amigo, un ser libre y alado como un pájaro. Nació para volar y la vida le llevó en un barco encantado por muchos mares y puertos de África, Asia y Europa. La imaginación le hizo conocer mundos mágicos, que el transformó en poemas, dibujos, pinturas, objetos y sonrisas. Sonreía con cordialidad: acogedor, afable, íntimo, dulce, elegante, coqueto. Nunca altivo. Incluso cuando ya casi no veía, cuidaba su compostura y presencia.

En los cincuenta, residiendo en Lisboa Francisco Aranda, hizo gran amistad con Mario Cesariny, a la que más tarde se unirían Artur do Cruzeiro Seixas y Manuel Rodríguez. Amistad que sólo se quebraría con la muerte. Cuando Mario o Cruzeiro venían a Madrid, se alojaban con Aranda, en su casa de Carlos III. Aranda, estudioso del cine es autor de Luis Buñuel. Biografía crítica, 1964, y de El surrealismo español, 1981.

¡El azar haciendo siempre trabajos delirantes! Gumersindo Yuste, por gestión de Álvaro Perdigão, tuvo una exposición en Estoril, Galería da Junta do Turismo. Amigo íntimo, me pidió que le acompañara y allá que nos fuimos, con la coincidencia de que la fecha en la que entramos en Portugal, era el 25 de abril de 1974, día en que estalló la Revolução dos Cravos. Ni que decir tiene lo que aquello fue y lo que supuso para nosotros, un tanto sorprendidos por los acontecimientos. La exposición se inauguraba el 27 de abril y así se hizo. En 1976, volvió a exponer Yuste en ese espacio, que a la sazón dirigía Artur do Cruzeiro Seixas, y allí regresamos y lo encontré por vez primera.

No volví a saber de él hasta 1986, después de la llegada definitiva a Madrid de Eugenio Granell, amigo suyo y de Cesariny. Por medio de Granell tomé conciencia de su talento  y de su obra. Lo vi en distintas ocasiones con Cesariny, Eugenio y Amparo Segarra.

Desde el principio, me ocupé de que, en El Punto de las Artes, aparecieran referencia de sus exposiciones, comentarios a sus libros, los actos que oficiaba con los diferentes grupos surrealistas del mundo. Sobre todo, exposiciones individuales y de grupo en Portugal, España, París, Londres, de lo que él me informaba puntualmente.

Pero el contacto mayor se produjo cuando la Galería de Sao Bento de Antonio Prates, vino a la Feria de Estampa y cuando abrió el Centro Portugués de Serigrafia, CPS, y se la Galería António Prates en Lisboa. António y João Prates lo trajeron a Arco, Estampa y a la galería que António Prates inauguró en Madrid, C/ Blanca de Navarra, y trataron de acercar su obra a los coleccionistas.

Tomás Paredes visitó a Cruzeiro Seixas justo antes de la pandemia

 

En esos años yo viajé con frecuencia a Lisboa y nos vimos y comenzamos a mantener una correspondencia, con cartas, postales y envíos de libros, siempre con sus característicos dibujos y pinturas. La persona de contacto era João Prates, que se ocupó de él como una especie de familiar, con cariño y con respeto manifiestos. También María João Fernandes, poeta y hada, que tanto ha aportado al entendimiento de su obra. Y más tarde, Carlos Cabral Nunes y Nuno Espinho da Silva, gestores de Perve.

Gustaba la escultura de Andrés Alcántara y escribió la presentación de uno de los catálogos de su exposición en Lisboa, para otro hizo un poema. Con Alcántara y João Prates estuvimos, en muchas ocasiones, en los restaurantes de A Madragoa, en su casa Rua da Rosa. Es justo señalar que a Cruzeiro le gustaba coleccionar, que consideraba el coleccionismo indispensable, tanto como la lectura.

Por diligencia de João Prates conoció a Luis Moro, a quien estimaba y que también tiene textos y cartas de Cruzeiro. Luis Moro le visitaba e hizo un libro con Cruzeiro y se frecuentaron hasta que Luis puso rumbo a México. Aún, una relación ancha y cordial con Juan Barreto y Fátima Rueda, a su vez muy cercanos a Amparo, Eugenio Granell y Natalia Fernández Segarra.

Perfecto E. Cuadrado, lusista tenaz y total, profesor de la Universidad de Les Illes Balears, es su testamentario y la persona que ha ordenado su legado y regido el Centro del Surrealismo de Vila Nova de Famalicão, donde se encuentra el mayor acervo de Cruzeiro Seixas. Ha publicado la Correspondencia Cesariny-Cruzeiro, ha comisariado sus exposiciones y ha estado en todo el análisis y lanzamiento al mundo del surrealismo portugués. Traductor de sus versos e investigador de la andadura creativa de Cruzeiro.

Contacto importante mantuvo con Juan Carlos Valera, poeta y editor conquense. Menú-Cuadernos de Poesía realizó una edición facsimilar de tres libros de Mario Henrique Leiría, que el poeta dejó a Cruzeiro, quién pidió a J. C. Valera su edición, que se llevó a cabo con participación de Granell, Raúl Perez, Saura, Jaguer, Antonio María Lisboa, Jules Perahim, Jose Pierre, Isabel Meyrelles, Carlos Calvet y J. C. Valera.

Cruzeiro Seixas participó en las siguientes ediciones conquenses: Dados, Poemas de I. Meyrelles, Homenaje a Philip West, Homenaje a PHASES, Cadavre Exquis y Africa, quince poemas de Cruzeiro Seixas, con serigrafia y collages del poeta y traducción de J.C. Valera. Y Valera ya ha puesto en marcha la exposición de la historia de Menú, en la que participará la obra de Cruzeiro y una huella fértil para su centenario.

En 2001, la Fundación Eugenio Granell de Santiago de Compostela montó una muestra antológica de Cruzeiro Seixas. Y ese mismo año, “La Estirpe de los Argonautas” editó en Mérida, Galería de Espejos, una preciosa edición de poemas de Cruzeiro, al cuidado y traducción de Perfecto A. Cuadrado, que ya había publicado You Are Welcome to Elsinore. Poesía surrealista portuguesa, selección y traducción, Edicións Laiovento, Santiago de Compostela, 1996.

Y no puedo dejar de mencionar a mi enciclopédico amigo, Xosé Antón Castro- catedrático, aventurero y marino- que escribió sobre Cruzeiro y Cesariny en aquella muestra conjunta de la Xunta de Galicia, 2010, y en otras circunstancias. Algún día tendremos que ocuparnos de que Antón Castro, ¡el auténtico!, deje de ser clandestino y airee la novela de su vida, su amor al mar y su rigor determinante en el arte.

Cruzeiro adoraba a Mario Cesariny, le admiraba, le respetaba; cuando estuvieron enfadados, no se hablaban, pero el respeto quedó intacto. Cruzeiro no daba importancia a nada de lo que hacía, poniendo siempre por encima de todo a O Mario. Y siempre que alguien refería algo de su poesía, él la situaba por debajo de la Mario. Y esa actitud se ha convertido en una idea recibida, en un tópico, que precisa debate.

¡No desdeñen la poesía de Cruzeiro Seixas, es importante y luminosa! Su condición de secreta, su edición tardía -excepto Eu falo en chamas, 1986-, han rebajado u opacado su interés, lo que es absolutamente injusto. Sus pinturas son formatos breves, lo que no les resta interés, pero no alcanzan el misterio de su poesía; Ediçoes Quasi publicó, en 2002, tres gruesos volúmenes de su poesía y otro está por salir. Ahora Porto Editora lanza una nueva edición de sus Poesías Completas.  Si, era un surrealista integral, genial en sus objetos, pero eso no empecé la mágica belleza de su poesía.

En 2012, la revista surrealista DERRAME, de Santiago de Chile, en su nº 8, dedicó un especial a la obra de Arturo Cruzeiro Seixas, “una de las figuras más importantes y señeras del surrealismo portugués”, según la propia publicación chilena.

Participé en la presentación del Catálogo razonado de su obra seriada o múltiple, en el Centro Portugués de Serigrafía, Lisboa, con el Excmo. Sr Presidente de la República de Portugal, María João Fernandes, el autor y António Prates. Fue un acto memorable, pero aún lo fue mucho más la cena que siguió, en un barcito de enfrente, con unos cuantos amigos, y en la que Cruzeiro Seixas recitó a Camões, Lope de Vega, Juan de Yepes, Pessoa, Cesariny…con una cabeza y un corazón deslumbrantes, hechiceros.

El 15 de noviembre, próximo pasado, el diario ABC publicaba una hermosa necrológica de Cruzeiro Seixas escrita por Juan Manuel Bonet, poeta y bibliógrafo de fuste, que sabe de sus libros y pinturas. Bonet conoce bien la obra de Cruzeiro y en doble vertiente lusófona, dominando los ambientes portugués y brasileiro. Cruzeiro está editado también en Brasil.

Estas líneas quieren celebrar la existencia de un ser maravilloso, que tuvimos la fortuna de conocer y disfrutar ¡Cruzeiro ha sido un milagro y los milagros se veneran y nos guardan!

Tomás Paredes

                                                                                                               Miembro de AICA

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