Elena Camarón

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

Elena Camarón

CAMARON NAVARRO, Mª Elena     Pr     1918     MADRID    MADRID

 

 

María de la Asunción Elena Camarón y Navarro nació en Madrid, en 1866.

Elena Camarón, como fue conocida en el mundo artístico, descendía de una familia de grandes artistas que asientan sus raíces desde el siglo XV, con sus ancestros Pedro (doc. 1658), José, su padre Nicolás Camarón (ca. 1691-1766), procedentes de Huesca y dedicados a la escultura, y su tío Eliseo Bonanat a la miniatura, primero en su Segorbe natal, para marchar posteriormente a Valencia. Sus hijos José Juan y Manuel, principalmente, además de Manuela, Eliseo y Rafael, mucho menos conocidos, se dedicaron al arte. Un arte que continuó su saga a través de José Juan, establecido en Madrid, con su hijo Vicente, pintor, su nieto Fernando, escultor, y ya en el siglo XX con Elena Camarón, también pintora.

Dibujo de Fernando Camarón, de la RABASF

 

Elena, que curiosamente vivía en la Calle Infantas, 28 y 30, es decir, al menos en el mismo portal de la Asociación Española de Pintores y Escultores, no así el piso, que no hemos conseguido determinar cuál era, fue alumna de la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado.

En 1895, y tal y como recoge El Heraldo de Madrid, formó parte de la Exposición Artística del Palacio de Anglada, una muestra organizada por el vizconde de Irueste en el hoy desaparecido Palacio de Anglada, en la que el empresario logró que colaborasen la familia real y la alta aristocracia, prestando para la ocasión objetos artísticos personales, y visitaran el antiguo palacio del conocido republicano.

El Palacio de Anglada sería célebre en todo Madrid por su patio interior de “estilo árabe granadino”, “compuesto con motivos tomados del patio de los Leones y de la Sala de Embajadores” de la Alhambra.

Junto a obras de Goya, Fortuny, Ribera, Vicente López, Pradilla, Villegas, Casado, Moreno Carbonero, Domingo Marqués, Sala, Benlliure (Mariano y José), Bécquer, Sorolla, Madrazo, Jiménez Aranda, Pla, Garnelo, Santa María, Espina… la colección de abanicos de la Infanta Isabel, y más de 168 autores diferentes, figuraban obras de artistas como Elena Camarón.

Ese verano La Época la sitúa en La Granja de San Ildefonso, imaginamos que pasando el verano, puesto al año siguiente, El Liberal explica que la señorita “Elena Camarón, que no figura en la lista de actrices del teatro de la Comedia, sigue este año formando parte de dicha compañía”.

En 1899 distintos diarios de la época informan de que la alumna Elena Camarón ha sido premiada con una Medalla en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de ese curso, en la asignatura de Teoría e historia de las Bellas Artes.

En 1900 obtiene un Accésit en la asignatura de Anatomía Pictórica y otro en la de Perspectiva.

Portada del libro que incluye la Conferencia de Elena Camarón,

publicado por la Escuela Normal Central de Maestras

 

En 1901, las discípulas de la Escuela de Pintura escribieron una carta al director de El Liberal aplaudiendo la iniciativa de este medio para que el ministro de Estado admitiera a la oposición de la plaza de pensionado de paisaje en Roma, a la señorita Inocencia Arangoa, constituyendo el primer caso en el que una mujer deseaba optar a la misma. Elena Camarón fue una de las firmantes de la misma, en un caso que se resolvió favorablemente a la peticionaria.

En 1901 Elena Camarón logró el título de Profesora de Dibujo, además de una medalla en Anatomía artística y dos premios en ejercicios escritos (uno sobre grabado y otro relacionado con cuestiones estéticas).

Concurrió a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1901 presentando los cuadros de género

La Purísima Concepción, copia de Murillo; Sacerdote de Baco, copia de Rivera y Cabeza de niño, estudio del natural.

En junio de 1902, participa en la Exposición del Palacio de Cristal en la que consigue uno de los dieciséis premios dotados con 125 pesetas, que otorga la Duquesa de Denia a artistas jóvenes.

En junio de 1903 participa en la primera Exposición de Pintura Feminista del Salón Amaré, que exhibía 78 obras de distintas pintoras españolas entre las que se encontraban muchas de las primeras socias de la AEPE como Marcelina Poncela y Jardiel y María Elena Camarón.

En 1903 también presenta obra a la Exposición de Bellas Artes de Béjar, donde consigue una Tercera Medalla de Pintura.

Cuadro aparecido en La Ilustración Española y Americana,  de 1908

 

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1904 logró Mención de Honor con un “Retrato” al óleo.

Participó también en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1908, con motivo de la cual La Ilustración Española y Americana publicó una fotografía reproducción de la obra con la que concurrió a la misma, titulada “Dos de la vela y de la vela dos”.

En 1910 logró la plaza de Profesora Auxiliar de Dibujo de la Escuela Normal Central de Maestras, y con este motivo, El porvenir segoviano incluye una información acerca de la señorita de Camarón, que copiamos textualmente: “Ha sido propuesta por el tribunal competente para el cargo de auxiliar de la clase de dibujo en la Escuela Normal de Maestras de Madrid, la bella y elegante señorita Elena Camarón, que es tan inspirada artista como culta profesora. La señorita Camarón es muy conocida en esta capital; ha vivido entre nosotros muchos años; y en los salones de la buena sociedad segoviana tiene conquistados ruidosos triunfos con la magia de su voz, con el poder de su espiritual belleza, con su ingenio soberano de excelente y genial actriz, y con los encantos de su conversación, siempre amena, llena de sprit y verdaderamente sugestiva. Los padres de la señorita de Camarón contaban en Segovia con muchas simpatías por su afable trato, y su ausencia fue aquí recibida con general sentimiento. Hoy nos complacemos en felicitar a la bella y gentil Elena Camarón por el éxito que acaba de obtener, haciendo extensiva esta felicitación a su señora madre”.

Firma autógrafa de la artista

 

En las oposiciones ha tenido como compañeras a las también socias de la AEPE Luisa Botet y Mundi, Isabel Baquero y Rosado, Flora López Castrillo….

En 1912 realiza un donativo para la recaudación para una bandera de España

En 1913 por La Correspondencia de España sabemos que se le concedió una gratificación en concepto de residencia de la Escuela Normal de Maestras.

En 1915 hay constancia de su solicitud de quinquenios en la Escuela Normal de Maestras de Madrid.

El verano de 1915, El porvenir segoviano informa de que “ha llegado en compañía de su señora madre, la culta profesora de Dibujo de la Escuela Normal de Maestras de Madrid, señorita Elena Camarón, de la que se conservan gratos recuerdos en la buena sociedad segoviana”.

En 1916 participó en la Exposición de la Miniatura – Retrato en España, organizada por la Sociedad Española de Amigos del Arte, celebrada en mayo, con “Caballero de la Corte de Felipe III”, atribuido a Velázquez.

En 1918 impartió una Conferencia sobre el tema “Las artes plásticas en la vida social. El dibujo en las Escuelas Normales”, en la Escuela Normal Central de Maestras, dentro del ciclo de conferencias organizado por la Comisión de extensión cultural del centro, situado en la calle Barco, 24, dedicadas a las obreras de corte y confección del Bazar del Obrero y a las que trabajan en la Escuela del encaje.

Fotografía aparecida en La Escuela Moderna, en 1918

 

Viajó por España impartiendo esta conferencia de la que la crítica señaló que era “una brillante y hermosa defensa de la enseñanza del Dibujo. Se hace precisa –dice la Srta. Camarón- una gran campaña de divulgación artística; es labor de cultura difundir el Dibujo entre las clases populares, haciendo amar la belleza con el horror a lo grosero y vulgar”.

En 1919 participa en la Exposición de Bellas Artes de Santander, organizada por el Círculo de Bellas Artes de Madrid, que se inauguró en agosto y en la que participan otros muchos artistas socios de la Asociación Española de Pintores y Escultores como Sorolla, Vázquez Díaz, Llasera, Nogué, Pompey, Garnelo…

En 1920 participó en la realización de un tapiz en encaje a la aguja que la Escuela Normal Central de Maestros de Madrid exhibió en la Exposición de Ceramistas Españoles, que se celebró en el Salón del Círculo de Bellas Artes, como proyecto en el que intervinieron las profesoras María Castellanos, Nieves Guibelalde, Herminia Mallo y Elena Camarón, que fue ejecutado por la alumnas del centro con motivo de la conmemoración de la fiesta de la Raza.

Bodegón de caza

 

En abril de 1922 se encarga de impartir un curso de Dibujo a un grupo de párvulos de las Escuelas de Alfonso XII, en los Jardines de la Infancia, cuya directora ha facilitado el local a la señorita Camarón, “que forma parte de la Comisión de profesoras encargadas del Cursillo de Divulgación de enseñanzas artísticas”.

En 1923 aporta un donativo para la realización de un monumento funerario en memoria de Magdalena S. Fuentes.

Bodegón de rosas y abanico

 

Sabemos que además de copista del Museo del Prado, ejerció como garante de otras artistas, facilitándoles el acceso al Museo como copistas, como así lo hizo por la también socia de la AEPE Victoria Durán, quien la recordaba en sus memorias cuando de ella comentaba que «Elena Camarón me consolaba por mi renuncia al arte teatral y me decía que la pintura no tenía el aplauso sonoro y directo del público, pero que tenía el aplauso silencioso e íntimo, sobre todo, además de que un cuadro era permanente, estaba y nos sobrevivía» (Mi vida. Sucedió. Victorina Durán [2018] Edición de Idoia Murga Castro y Carmen Gaitán Salinas).

Guardiana de la Colección Camarón, con obras de sus antepasados artistas, tras su fallecimiento, ésta pasó al mercado del arte.

Como profesora, su jubilación a los setenta años se publicó en la Gaceta de Madrid de 1936.

Sólo seis años más tarde, falleció en Madrid, el 30 de diciembre de 1942, siendo enterrada en el Cementerio de la Almudena de la capital.

Dama, pastel

 

Elena Camarón y la AEPE

* Al I Salón de Otoño de 1920 concurrió inscrita como Dª María Elena Camarón, natural de Madrid, donde reside, calle de las Infantas, 28, y presentó las obras:

138.- “De la Hoz del Huéscar (Cuenca)”, óleo, 1,10 x 1,34

139.- “Paisaje del río Júcar”, óleo, 0,72 x 0,93

140.- “Paisaje del río Júcar”, óleo, 0,72 x 0,93

141.- “Paisaje del río Júcar”, óleo, 0,72 x 0,93

142.- “Paisaje del río Júcar”, óleo, 0,72 x 0,93

* II Salón de Otoño de 1921 presentó una única obra:

52.- “Retrato”, pastel, 0,88 x 0,65

* IV Salón de Otoño de 1923 concurrió con:

56.- “Rosarito”, pastel, 0,72 x 0,50

*V Salón de Otoño de 1924

“Retrato de la señora Doña Matilde Lorenzo (Profesora de la Normal)”, pastel, 0,65 x 0,50

 

Fotografía de la obra que presentó al V Salón de Otoño de 1924

 

 

Las Medallas de la AEPE: Juan Espina y Capo

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de su creador y en qué galardones se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

 

Medalla Juan Espina y Capo

del Salón de Otoño

 

En la Junta Directiva del 2 de abril de 1990 se aprobó la creación de la Medalla especial para dibujo y grabado “Juan Espina y Capo”, con similar categoría a las ya existentes Medallas Eduardo Chicharro, Mateo Inurria y José Prados López, acordándose que llevase el nombre del que fuera Secretario General de la Asociación Española de Pintores y Escultores, artífice del Primer Congreso Nacional de Bellas Artes en 1918, creador del Salón de Otoño en 1920 y excelente grabador e ilustrador.

En el año 1999, y para la disciplina de dibujo, se acordó además la creación de la Medalla de Dibujo “Roberto Fernández Balbuena” para los Salones de Otoño, motivo que hizo que la Medalla “Juan Espina y Capo” se mantuviera únicamente para la disciplina de grabado, especialidad del artista de quien toma el nombre.

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales.

Con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, para el Salón de Otoño se sustituyeron los premios de primera, segunda y tercera medalla, reservados únicamente a los socios, otorgándoles el nombre de los grandes maestros fundadores de la centenaria institución.

Fue en el 84 Salón de Otoño de 2017 cuando se establecieron los premios: Medalla de Pintura Joaquin Sorolla y Bastida, Medalla de Escultura Mariano Benlliure y Gil, Medalla de Pintura Cecilio Pla y Gallardo, Medalla de Escultura Miguel Blay y Fabregas, Medalla de Pintura Marcelina Poncela de Jardiel y Medalla de Escultura Carmen Alcoverro y Lopez.

Juan Espina y Capo

ESPINA Y CAPO, Juan  P.G 1910(F124)   1848 TORREJON VELASCO  MADRID  15.dic.1933

Socio Fundador de la AEPE

Vocal de la AEPE

Artífice del I Congreso Nacional de Bellas Artes

Secretario General de la AEPE

Fundador del Salón de Otoño

Juan Espina y Capo retratado por Joaquín Sorolla

 

Juan Espina y Capo nació en 1848 en el madrileño municipio de Torrejón de Velasco.

Era hijo del doctor Pedro Espina Martínez, prestigioso médico del Hospital Provincial de Madrid en 1852, condecorado con la cruz de la Orden Civil de la Beneficencia de primera clase por sus servicios en las epidemias de cólera ocurridas en Madrid en 1855 y 1865.

Hermano de Antonio Espina y Capo, también médico, pionero de la radiología en España, ya que fue el primero en usar los rayos X en Madrid y propuso utilizar el término «radiografía» en lugar de «fotografía» o «electrofotografía», y que fuera también académico y senador.

Padre del escritor, poeta, narrador, ensayista y periodista vanguardista,  incluido entre los escritores del novecentismo, Antonio Espina García.

Hizo el Bachillerato en el Instituto de San Isidro, en Madrid, y en 1863, cuando contaba con quince años, fue becado por la Diputación madrileña, marchando a París para ampliar estudios y entrando en contacto con las nuevas corrientes pictóricas francesas.

Sin haber cumplido 20 años, participa en la sublevación del cuartel de artillería de San Gil, el motín contra la reina Isabel II que se produjo el 22 de junio de 1866 en Madrid, con la intención de derribar la monarquía y que acabó en un rotundo fracaso. La sublevación contó con un amplio movimiento cívico-militar encabezado por Juan Prim y que contaba entre los civiles con personalidades como Mateo Sagasta.

La represión del levantamiento fue muy dura, siendo fusiladas 66 personas, en su inmensa mayoría sargentos de artillería, y también algunos soldados, de entre los más de mil detenidos.

Como participante de la sublevación, Juan Espina y Capo huye de Madrid y se refugia en la serranía de Cuenca, tras ser incluido en la sentencia de muerte por haberse batido a favor de los artilleros sublevados.  La amnistía posterior a los civiles, le alcanzó de lleno, retomando su formación artística, si bien seguía siendo una persona comprometida social y políticamente.

Tras su formación en París, regresa a Madrid e ingresa en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, siendo discípulo del paisajista Carlos de Haes.

En 1872 fue pensionado para la Academia de España en Roma, donde pasará tres años de estudios y continuos viajes a París.

Caricatura de Juan Espina y Capo aparecida en Blanco y Negro

 

Nuevamente en 1873 participa en la rebelión cantonal con núcleo en Cartagena, que sufrió España durante la I República, mientras mantenía tres guerras civiles simultáneas. El Gobierno republicano español se enfrentaba a la tercera guerra carlista, en el norte, y a una guerra civil en Cuba, la de los 10 años, en la que españoles luchaban contra españoles pues en las Antillas no había población nativa. A estas dos guerras tenemos que sumar la rebelión cantonal que se produjo entre julio de 1873 y enero de 1874.

A resultas de esta nueva participación, Juan Espina se exilia a tierras del norte de África.

A partir de entonces, la dedicación al arte se concreta y define de manera absoluta.

Participante activo en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, en la de 1881 obtiene una Tercera Medalla con “Paisajes”.

Atardecer

Después de la tempestad

 

Jardín

 

En la de 1884 consigue la Segunda Medalla con “La tarde”, y un año después, también la Segunda Medalla con “La tarde en El Pardo”.

Al margen del ámbito de las nacionales, fue galardonado en la Exposición Literario-Artística de Madrid en 1885 y en las regionales de Zaragoza y Cádiz de 1887.

En la sección de grabado, logró la Segunda Medalla en 1906 y también en 1908, alzándose con la Primera Medalla en la de 1926.

Se especializó en temas de paisaje, siguiendo las líneas de la Escuela de Barbizon, que tuvo a Théodore Rousseau como inspirador, utilizando una técnica minuciosa al servicio de un lenguaje rea­lista, con una especial valoración del ambiente y un tratamiento lumínico característico.

En el campo internacional, actuó como delegado de España en las Exposiciones Internacionales de Berlín de 1866, la de Viena de 1892 y en la de Chicago de 1893, y representó a España en las Exposiciones de Suecia y Noruega de 1890.

A lo largo de su vida desarrolló una intensa actividad académica, fue un artista viajero y asiduo visitante de los museos europeos.

Celebró numerosas exposiciones individuales y participó en muchas colectivas, presentando sus lienzos en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y en las gale­rías Hernández y Bosch.

Mundo Gráfico, 1928, inauguración de la exposición de obras de Juan Espina y Capo  y su hijo ,en el Círculo de Bellas Artes

 

En julio de 1925 realizó una exposición en el Museo de Arte Moderno que recogió la prensa, como La Esfera, que  comentaba que “ha reunido la más diversa y fecunda serie de obras de pintura y grabado: óleos, temples, acuarelas, aguafuertes, etc., y una importantísima colección de apuntes hechos con la lozanía juvenil, con la frescura espontánea que el notabilísimo maestro pone en cuanto realiza. Los apuntes de Espina, como sus grabados, tienen sobre la tradicional solidez de una educación clásica, realzando la seguridad técnica de una larga vida consagrada concienzudamente al arte, esa generosa modernidad que le hace eternamente joven”…

Deshielo

 

Fue designado académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1931, versando su discurso de ingreso acerca de «Belleza, libertad y fraternidad», verdadera profesión de fe artística: «Nada más hermoso que las obras de arte engendradas por la belleza en colaboración con la libertad y la fraternidad.» Simultáneamente,  impartía clases en el Centro Instructivo Obrero y del Fomento de las Artes.

Falleció el 15 de diciembre de 1933 en Madrid, hecho recogido por multitud de diarios de la época en los que se destacaba que … “por su talento y su arte, podía decirse que era una de las mis ilustres figuras de nuestra pintura contemporánea… modelo de laboriosidad, cultivó todos los géneros del dibujo, la pintura y el grabado… en una existencia consagrada a un arte en el que fue maestro… Espíritu independiente, con rebeldía, han sido 85 años vividos con una intensidad extraordinaria, derrochando inteligencia y corazón, siempre dispuesto a romper una lanza por el arte o por su ideal, extasiándose ante la hermosura de un paisaje o ante la belleza de una mujer”…

En otros, se lee que “a pesar de sus 85 años, estando cabal y entero, todavía se escapaba al campo para pintar acuarelas… idealista y apasionado, Don Juan Espina y Capo era uno de los mejores paisajistas españoles de todos los tiempos”…

El Pico de Peñalara

Gente en el parque

Bosque con figura

Paisaje

 

En su Torrejón de Velasco natal hay un Centro Cultural que lleva su nombre.

Demostró gran talento para las composiciones de rico cromatismo y luminosidad, especialmente en paisajes de atardeceres y auroras. Destacó también en el grabado al aguafuerte.

En sus ­paisajes hay una visión atenta de la ­realidad y un interés especial en el tratamiento del color lleno de vigor y entusiasmo, sin descuidar los valores compositivos.

Decía Juan Francés, a propósito del ingreso de Juan Espina y Capo en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando que “Juan ha sido siempre el inadaptado y el disconforme, el que consideró más bello ansiar la ruta recién abierta, violar los horizontes, que aceptar la sedentaria conformidad de los hallazgos fáciles y los caminos harto ejercidos… A él se le debe en gran parte el descubrimiento estético del Guadarrama… presente en su obra con la fidelidad lumínica y la melancolía augusta… la fuerza renovadora de espiritualismo que contiene ese afán de copiar nubes y cimas… la sutil percepción de la atmósfera, ese aprehender el aire limpio, puro, que otorga las líneas remotas y acusa lo que importa ver bien para los efectos del grabado… Una gran sensibilidad, puesta al servicio de un estilo suelto, fácil, gracioso y fluido en apuntes que se repiten sin monotonía ni fatiga… Los aguafuertes ratifican su calidad de precursor del renacentismo actual del grabado en España.

Paisaje en primavera 

Árboles

El puente 

Paisaje con cascada 

Dibujo de Segovia aparecido en La Ilustración Española y Americana

Juan Espina y Capo retratado por Francisco Maura

Juan Espina y Capo retratado por José Garnelo

Juan Espina y Capo y la AEPE

Socio fundador de la Asociación de Pintores y Escultores, de la que fue Vocal de la Junta Directiva y Secretario General.

Artífice del I Congreso Nacional de Bellas Artes que organizó la Asociación de Pintores y Escultores en 1918, que contó con el apoyo de todos los organismos oficiales, de todas las sociedades afines y los centros de enseñanza, bajo el patrocinio del Rey Alfonso XIII. El congreso se organizó con las secciones de Pintura, escultura, grabado, arte decorativo, museos, arquitectura, enseñanza y música, y en su clausura, el escultor, socio y Director General de Bellas Artes en aquellos momentos, Mariano Benlliure,  manifestó que “no sólo admiraba a los que habían realizado un acto de género desconocido en la patria española sino que, desde luego hacía suyas alguna de las conclusiones porque ya había, por coincidencia, elevado al Sr. Ministro algunas iguales y otras parecidas y que en cuanto a las restantes estaba a la disposición de sus compañeros, porque el sentimiento del arte y el amor al hermano en profesión era en él muy superior a cuanto pudiera ser en otro plano distinto de la vida”.

En la AEPE organizó además del Certamen de Arte Español en San Petersburgo.

A iniciativa suya se creó en 1920 el Salón de Otoño. A finales de ese año, la  Asociación de Pintores y Escultores le dedicó un homenaje que se llevó a cabo en el domicilio de la entidad, como reconocimiento a su preocupación y desvelo por los intereses generales de los artistas, y en el que le fue concedida la Medalla de Oro que modelara generosamente Mariano Benlliure. La Medalla, una joya más salida de las manos de Benlliure, llevaba la inscripción «A Juan Espina y Capo, organizador del primer Salón de Otoño, sus amigos y expositores.—1920.»

Acompañó a la Medalla un cuaderno de pergamino con una preciosa cubierta de Agustín, en la que figuran las firmas de los asistentes al homenaje, entre ellas las de Alcalá Galiano, Anasagastí, Alcoy, Adsuara, Alvarez de la Puebla, Agudo Ayllón, Arroyo, Argeles, Alberti, Aguiiar, Benedito, Benlliure (Juan Antonio), Francisco Blanco, Blanco Recio, Bellver, Bermejo, Beríuchi, Bea, Cuartero, Comba, Comas, Campos, Cruz (Miguel de la), Cruz Herrera, Castillo y Soriano, Costa, Castaños, Dominguez (Lucía), Domínguez (Manuel), Dal Ré, Estringana, Estany, Ferrer, Francés (Juan), Gómez Aíarcón, García Lesraes, Gutiérrez (Ernesto), Gallegos, Hermoso, Ibaseta, Inurria, Llasera, López (Agusün), Leiva, Meifren, Marín Baldo, Medina, Marinas, Mingo, Morelli, Navarro (Eduardo), Ortiz de Tudeia, Ortells, Ortiz de Urbina, Palacios (Antonio), Pedrero, Piñols, Poggio, Pulido (Ramón), Poy Dalmau, Perdigón, Peña (Maximino), Flá, Pérez Rubio, Pedraza, Ribera (José), Salazar, Torre Estefanía, Urquiola, Vincent (Julio), Villegas, Bricva, Vegué, Vargas (Pura) y Vargas Machuca.

Mariano Benlliure entrega la Medalla a Juan Espina y Capo en el homenaje que recibió  de la Asociación Española de Pintores y Escultores, de manos de su Presidente, Pedro Poggio

 

El Presidente de la Asociación, Pedro Poggio, dio las gracias a Benlliure por la desinteresada ejecución de la obra artística y dijo que en la corta existencia de la Asociación se han escrito dos páginas brillantes en su historia: la del Congreso artístico y la del primer Salón de Otoño.

Terminó diciendo que la tercera página, el homenaje a Espina, iba escrita con el corazón, siendo muy aplaudido.

La prensa del momento, en palabras de Blanco Coris, recogió el acto, añadiendo que “es digno de cariño el ilustre artista, que con su cabeza de apóstol, tras de una vida de lucha continua y de amarguras sin cuento, logra con su perseverancia sus iniciativas y su entusiasmo por las Bellas Artes llevar a la realidad lo que para muchos ha sido constante pesadilla y aspiración continua. El acto de anoche es un triunfo definitivo para todos los que comulgan en el santo amoral arte patrio, y el homenaje a Espina es una demostración elocuente de que aún no ha muerto el espíritu de fraternidad y el de gratitud hacia los que como él sacrifican todos los impulsos de sus facultades a la exaltación de la causa e intereses de las Bellas Artes españolas”.

Una imagen de la Medalla obra de Benlliure

 

Participó en cinco Salones de Otoño.

* Al I Salón de Otoño de 1920 se presentó inscrito como Juan Espina y Capo, natural de Torrejón de Velasco, Madrid; reside en Madrid, Calle de Toledo, número 55, y  concurrió con las obras:

238.- “Un encerradero de ganado en la Sierra”, óleo, 0,76 x 1,21

239.- “En las dehesas de Cercedilla”, óleo, 0,90 x 0,75

240.- “Puesta de sol”, óleo, 1,13 x 0,96

241.- “Tablero con doce apuntes”, óleo, 1,10 x 1,16

774.- “Quietud”, aguafuerte, 0,90 x 0,73

840.- “Aguafuerte” , 0,78 x 0,94

841.- “Aguafuerte” , 0,78 x 0,94

842.- “Aguafuerte” , 0,78 x 0,94

843.- “Aguafuerte” “Aguafuerte” , 0,78 x 0,94

844.- “Aguafuerte” , 0,78 x 0,94

* En el VII Salón de Otoño de 1927 figuró inscrito como Juan Espina y Capo, natural de Torrejón de Velasco, Madrid; reside en Madrid, Calle Alonso Cano, 13, y  presentó con las obras:

522.- “Molino serrano”, aguafuerte, 0,77 x 0,97

523.- “Riberas del Manzanares” ”, aguafuerte, 0,74 x 0,44

* Al VIII Salón de Otoño de 1928 presentó las obras

122.- “Sierra madrileña” (Guadarrama), óleo, 0,94 x 0,78

123.- “Ocaso” (Oriente), óleo, 0,81 x 0,60

124.- “Encerradero” (estudio), óleo, 0,42 x 0,30

326.- “Pinares (Navacerrada)”, grabado, 0,67 x 0,59

327.- “Pinares (Guadarrama)”, grabado, 0,67 x 0,59

328.- “Puesta de sol”, grabado en madera, 0,67 x 0,59

* En el IX Salón de Otoño de 1929 aparece ya como Socio de Honor de Salones anteriores, y presentó las obras:

58.- “Estudio (Guadarrama)”, óleo, 0,57 x 0,67

59.- “Estudio (Encerradero)”, óleo, 0,50 x 0,67

60.- “Apunte del natural”, óleo, 0,24 x 0,29

239.- “Bosque” (Grabado), aguafuerte, 0,65 x 0,52

240.- “Fresnos” (Grabado), aguafuerte, 0,40 x 0,44

241.- “Crepúsculo” (Grabado), aguafuerte, 0,29 x 0,37

* En el X Salón de Otoño de 1930 figuró inscrito como Juan Espina y Capo, natural de Torrejón de Velasco, Madrid; reside en Madrid, Calle Modesto Lafuente, 18, y  presentó la obra:

96.- “Camino de El Pardo”, (guache), 0,65 x 0,54

* En el XXII Salón de Otoño de 1948, y con motivo del centenario del nacimiento de Juan Espina y Capo, la Sala de Homenaje, en este caso la III, exhibió casi medio centenar de obras del artífice de los Salones: tres “Paisajes” propiedad del Círculo de Bellas Artes, “La perla de Cazorla”, “Orillas del Rhin”, “Marina (Vigo)”, “Carmen granadino”, “En el lago”, ocho acuarelas, veintiún grabados, “Retrato al óleo”, “Retrato a lápiz”, “El arroyo de Cantarranas”, “Paisaje de la Moncloa”, “Paisaje” y “Abanico”, todos ellos de colecciones particulares como la de Patricio Fernández, José María Lacruz, Sr. Clement Tribaldos, Hans O. Poppelreuther, Luciano Matos y Leopoldo Codina.

* El XXIV Salón de Otoño de 1950 dedicó una Sala a los Fundadores de la AEPE en la que se exhibieron las siguientes obras de Juan Espina y Capo:  “Paisaje madrileño”, “Nieve en la sierra” y “Marina, 1884”.

 

Distintas fotografías del artista aparecidas en la prensa de la época

 

Placa que le dedicó su pueblo natal, obra del también socio, el escultor Martínez Repullés

 

Distintos paisajes del artista y uno pintado en un país de abanico

 

Mª Dolores Barreda Pérez, Secretaria del Jurado del 56 Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura

Fue una reunión entrañable la del 6 de julio de 2021. Una tarde-noche intensa de más de seis horas, en las que hubo anécdotas, criterios, argumentos y debates de todo tipo, que giraban en torno a todas y cada una de las obras que se habían presentado al 56 PREMIO REINA SOFIA DE PINTURA Y ESCULTURA que convoca la Asociación Española de Pintores y Escultores con la colaboración de Google.

Y entre descanso y respiro, también hubo tiempo de comentar las impresiones de cada uno de los miembros del Jurado respecto a lo que estaban viendo y sintiendo.

Esto es lo que comentó

Mª Dolores Barreda Pérez

Secretaria del Jurado

del 56 Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura

Secretaria General de la Asociación Española de Pintores y Escultores

Secretaria Perpetua de la AEPE

Miembro de AECA

 

 

«Vigilar todos y cada uno de los detalles de la organización de un premio de tanta relevancia y prestigio como el Reina Sofía no es tarea fácil. La reunión del Jurado para la selección y calificación del Premio, tampoco lo ha sido.

A pesar de no tener voto, mi preocupación constante ha sido garantizar que las obras se mostraran de la manera más digna posible, en condiciones de luz y cercanía, con un Jurado completamente entregado a debatir todas y cada una de ellas, y justificar además su decisión.

Hemos escuchado todo tipo de opiniones y ha sido una labor muy gratificante, por lo que de didáctico ha tenido, técnica y artísticamente. Oír a grandes maestros de la pintura y la escultura opinar de forma tan abierta y con tanta sensibilidad, es algo que siempre marca una gran diferencia porque sus críticas y consideraciones son siempre positivas y logran desvelar detalles y concepciones que de otra forma, quedarían ocultas o sin resaltar.

Lo que sí quisiera destacar es la calidad y variedad de los argumentos expuestos y esgrimidos a la hora de analizar todas y cada una de las obras presentadas al certamen.

De esta forma, lo importante realmente ha sido la obra, que ha ocupado el centro de toda la atención en cada momento.

La transparencia ha presidido la reunión y las bases han marcado un camino que no se ha abandonado en ningún momento.

La autoría, más allá de las firmas y estilos “reconocibles” en algunos casos, ha sido desconocida  para el jurado, primando siempre la técnica y el estilo, y los datos más básicos de cada obra reseñados por los propios autores.

He podido ver la emoción, también la admiración, en los rostros de un jurado entregado y dispuesto, que tiene presente cómo puede afectar su decisión a la vida de muchos artistas, y eso también me ha conmovido profundamente.

Estoy segura de que la exposición de obras seleccionadas va a sorprender a los propios artistas y al público y crítica en general, porque hay mucha variedad de estilos y sobre todo, mucha calidad.

Son obras soberbias que hablan de un tiempo difícil que a todos nos ha afectado y cuya visión también nos puede llegar a cambiar».

El Jurado del 56 Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura

El Jurado de las emociones

del 56 Premio Reina Sofía

de Pintura y Escultura

 

El pasado día 6 de julio de 2021 tuvo lugar la reunión del Jurado de la edición número 56 del PREMIO REINA SOFIA DE PINTURA Y ESCULTURA que convoca la Asociación Española de Pintores y Escultores y que cuenta con la excepcional colaboración de la internacional GOOGLE, que quiere así, un año más, poner de manifiesto su compromiso con el impulso del arte como medio de expresión y comunicación.

En esta ocasión el Jurado ha estado presidido por José Gabriel Astudillo López, Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, actuando como Secretaria del mismo, Mª Dolores Barreda Pérez, Secretaria General de la Asociación Española de Pintores y Escultores y que ha contado con los Vocales Josetxo Soria Checa, el pintor del realismo mágico Eduardo Naranjo, el artista multidisciplinar Alejandro Aguilar Soria, autor de la imagen visual del Premio, el escritor y Premio Planeta, Javier Sierra, Tomás Paredes, Crítico de Arte y miembro del Comité de Premios de AICA, la pintora Paula Varona, el retratista Ricardo Sanz, Dolores Chamero Moyano, Directora del Centro Cultural Casa de Vacas, y Wifredo Rincón García, del Instituto de Historia, CSIC, especialista en la pintura de Francisco Pradilla y ex presidente de la AEPE.

De izquierda a derecha: Wifredo Rincón, Paula Varona, Tomás Paredes, José Gabriel Astudillo, Ricardo Sanz, Dolores Chamero, Eduardo Naranjo, Javier Sierra, Josetxo Soria, Alejandro Aguilar Soria y Mª Dolores Barreda Pérez

 

El 56 Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura viene avalado por un jurado capacitado, que ha obrado con justicia artística, primando la calidad de las obras presentadas, y la comprensión propia de quien entiende el oficio creador, respetando las bases del certamen pero con un juicio propio que ha permitido evaluar las obras sabiendo que con su elección, se influirá en la vida de muchas personas, en la vida artística de España, seleccionando lo mejor para un certamen con tanto prestigio y carácter.

Tal y como ha comentado el Presidente del Jurado, José Gabriel Astudillo, “el jurado ha conseguido reunir obras en torno a un concepto de plástica dinámico, fomentando la confrontación entre el arte y el público al que se destina, creando un clima donde la obra seleccionada es lo primordial, no el autor como tal, o como acaparador de premios y exposiciones, de currículos inflados y accesorios burócratas. Cada obra ha sido defendida de forma particular y expresa, argumentando su estética y sus vicios, apreciando su arte, pero no de forma complaciente y superficial, valorando el esfuerzo creativo y las genialidades contenidas”.

Además, continúa Astudillo, no se ha buscado la complicidad ni la superficialidad, sino el argumento sincero de los artistas con una obra que testimonia su verdad estética, entendiendo que su concepción final se ha basado en la suma de conocimientos que dan como resultado una obra única y auténtica, fruto de la disciplina, la honestidad y la valentía creativa”.

Si hay algo que va a caracterizar la 56 edición del Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura será la variada confrontación de propuestas y estilos de autores jóvenes y veteranos, con una calidad artística y una profundidad de ideas fruto de los momentos difíciles vividos, que también se han dejado notar en el mundo de la creación.

El Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura es un certamen destinado a promover en España estas dos disciplinas artísticas, mediante la difusión cultural de las obras y el descubrimiento de nuevos talentos.

La incansable labor de fomento de la libertad de creación, la especial dedicación a la protección del patrimonio cultural y el progreso espiritual e intelectual que aporta nuestra institución a la sociedad española a través del arte universal de la creación plástica y la capacidad de generar encuentros artísticos y espacios para el arte en un proyecto absolutamente necesario en la sociedad actual, son la definición del Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura que llega a su edición número 56.

De la selección de obras realizada saldrá la obra premiada y una serie de finalistas, que han merecido la especial atención del Jurado, y todo ello podrá verse en la exposición que se celebrará como viene siendo tradicional, en la Casa de Vacas del Parque del Buen Retiro de Madrid, del 2 al 26 de septiembre de 2021, cuando tendrá lugar el fallo del jurado y entrega del Premio en un acto que presidirá S.M. la Reina Doña Sofía, Presidenta de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores, cuyo apoyo incondicional a la centenaria entidad es motivo de orgullo para la institución que ha cumplido ya 111 años de existencia..

El PREMIO REINA SOFIA DE PINTURA Y ESCULTURA está dotado con 10.000 euros a una única obra, que ha sido elegida de entre las casi 400 presentadas a la edición número 56, habiendo sido seleccionadas para la ocasión un total de 72 obras, 48 pinturas y 24 esculturas, todas ellas de gran calidad, que reúnen conceptos y estilos muy diferentes.

 

 

A pesar de no tener voto, como Presidente del Jurado he querido defender todas y cada una de las obras presentadas, darles voz a través de su propia imagen, para lograr que fueran analizadas de forma detallada y tuvieran una oportunidad que puede cambiarle la vida a muchos artistas

José Gabriel Astudillo López

 

He podido ver la emoción, también la admiración, en los rostros de un jurado entregado y dispuesto, que tiene presente cómo puede afectar su decisión a la vida de muchos artistas, y eso también me ha conmovido profundamente. Estoy segura de que la exposición de obras seleccionadas va a sorprender a los propios artistas y al público y crítica en general, porque hay mucha variedad de estilos y sobre todo, mucha calidad

Mª Dolores Barreda Pérez

 

La AEPE está haciendo una labor impagable. Desde Google esperamos seguir apoyando el certamen para que sea tan exitoso como ha sido en sus ediciones anteriores. Ese es nuestro compromiso con una institución tan prestigiosa

Josetxo Soria Checa

 

Me ha llamado mucho la atención la alta calidad de las obras presentadas, y eso nos hace darnos cuenta de que en España siempre ha habido muy buenos pintores y escultores

Eduardo Naranjo

 

Es innegable cómo se ha afianzado el premio y la alta participación lograda, una recompensa de cómo y hasta qué punto se involucra la organización, y cómo responden ante eso mismo los artistas con sus obras, y la sensación es muy hermosa y estimulante

Alejandro Aguilar Soria

 

Me gusta defender siempre aquellas obras que tienen un mensaje detrás, pero quizá es mi visión particular del arte, que creo debe transmitir algo, algún mensaje, y que además debe apoyarlo en la provocación de emociones, en no dejar indiferente al espectador

Javier Sierra

 

Valoro como extraordinario lo que está haciendo la AEPE en el mundo del arte y la cultura, porque en estos momentos, hacer que un premio de la importancia del Reina Sofía no se posponga como está pasando en todo tipo de ámbitos, tiene ya de por sí un enorme valor

Tomás Paredes

 

Creo que la AEPE está haciendo un esfuerzo titánico y brutal, porque en los peores momentos siempre se ha mantenido firme y ha estado luchando porque el arte siga adelante, no ha parado de mover el arte ni un solo día. Yo apoyo y me siento parte de este gran esfuerzo. Es todo un orgullo

Paula Varona

 

Hemos visto un poco de todo, muy variopinto y aunque cada uno tiene su opinión, como en otros muchos temas, ha habido discusiones sanas y didácticas, muy gratificantes, que le han dado otro interés y otra vida muy especial. Y las votaciones han sido muy reñidas y justificadas

Ricardo Sanz

 

Estoy muy orgullosa de ser parte de este jurado porque el Premio Reina Sofía es uno de los más prestigiosos que ahora mismo hay en España, y formar parte de él me hace sentir parte del arte y la cultura. La AEPE está haciendo un trabajo espectacular moviendo a tantos artistas y tan prometedores

Dolores Chamero

 

El certamen tiene una gran variedad de temática, no está encajado en un tópico ni en una técnica solo, por lo tanto, eso es muy interesante. Que siga manteniéndose con esta variedad de temática es lo que hace que un premio de esta importancia se mantenga en el tiempo. El esfuerzo que está haciendo la AEPE por el arte en los difíciles momentos que atraviesa la cultura en España es maravilloso

Wifredo Rincón

 

56 PREMIO REINA SOFIA DE PINTURA Y ESCULTURA

Exposición: del 6 al 26 de septiembre de 2021

Casa de Vacas del Parque del Retiro

Paseo de Colombia, s/n

28009 Madrid

De lunes a domingo de 10 a 21 horas

Metro: Retiro (línea 2)

Bus: 2, 20, 28

BICIMAD: Estación 102 (calle Alcalá, 95), estación 60 (Plaza Independencia, 6)

Las Medallas de la AEPE: Roberto Fernández Balbuena

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de su creador y en qué galardones se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

 

Medalla Roberto Fernández Balbuena

del Salón de Otoño

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales.

Con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, para el Salón de Otoño se sustituyeron los premios de primera, segunda y tercera medalla, reservados únicamente a los socios, otorgándoles el nombre de los grandes maestros fundadores de la centenaria institución.

La Asociación Española de Pintores y Escultores instituyó en el año 1999 para la disciplina de dibujo, el Premio Roberto Fernández Balbuena para los Salones de Otoño que hasta día de hoy se mantiene bajo el nombre de Medalla de Dibujo Roberto Fernández Balbuena.

Fue en el 84 Salón de Otoño de 2017 cuando se establecieron los premios: Medalla de Pintura Joaquin Sorolla y Bastida, Medalla de Escultura Mariano Benlliure y Gil, Medalla de Pintura Cecilio Pla y Gallardo, Medalla de Escultura Miguel Blay y Fabregas, Medalla de Pintura Marcelina Poncela de Jardiel y Medalla de Escultura Carmen Alcoverro y Lopez.

 

Roberto Fernández Balbuena

 

FERNANDEZ BALBUENA, Roberto  P  1922  19.nov.1890  MADRID   MEXICO  12.feb.1966

Director en funciones del Museo del Prado

Director de la Gaceta de Bellas Artes

Vocal de la Junta Directiva

 

Fotografía del artista aparecida en La Esfera, el 12 de octubre de 1929

 

Roberto Fernández Balbuena nació en Madrid el 29 de Noviembre de 1890.

Hijo del militar Gustavo Fernández Rodríguez Bastos y Harizmendi, natural de Ribadavia, nacido en  1841, General de Ingenieros de la Armada y Académico de la Real Academia de Ciencias, y de Socorro Balbuena Iriarte, natural de la localidad leonesa de Ardoncino.

El matrimonio tuvo diez hijos: Concepción (fallecida a temprana edad); Carmen (Superiora de las Hermanas de la Caridad, Gran Cruz de Beneficiencia); Asunción; Consuelo (casada con el arquitecto Lorenzo Gallego); Félix (notable oftalmólogo), que como Gustavo y como Roberto, había heredado un notable talento para la pintura y el dibujo. Félix era algo más que un notable pintor, era, además, muy buen retratista y escultor; José, Manuel (Ingeniero de Minas, Director de Minas de Río Tinto y Director General de Cristalera Española, casado con Emilia Fernau); Gustavo (Arquitecto, número uno de su promoción, casado con su prima Asunción Balbuena); Roberto (Arquitecto de la misma promoción que su hermano Gustavo, número dos de la promoción y notable pintor casado con Elvira Gascón); Silvio (casado con Carmen Martínez) y Socorro.

El matrimonio y los hijos, pasan los veranos en Ardoncino (León), donde queda familia y buenos recuerdos para todos.

Desde niño, Roberto muestra un gran talento para el dibujo y la pintura, al igual que su hermano Gustavo, con quien siempre mantuvo una relación más estrecha.

Con él, estudia el bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros, y ambos ingresan en 1905, en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, en la que obtienen el título de Arquitecto, en 1914, con los números uno y dos de su promoción.

La obra arquitectónica de Gustavo es ingente. Llega a ser Arquitecto Jefe de Urbanismo de la capital de España, urbaniza las riberas del Manzanares y el Paseo de la Virgen del Puerto, contribuye decisivamente al trazado de la Ciudad Lineal… Hay muchas obras suyas catalogadas en Madrid.

De 1916 a 1919 Roberto reside en Roma, pensionado por la Real Academia de Bellas Artes.

El artista en 1914

 

El artista en 1950

El artista poco antes de su fallecimiento

 

A su regreso, colabora con su hermano Gustavo en multitud de trabajos arquitectónicos para la capital, como el concurso del proyecto para el edificio del Círculo de Bellas Artes de Madrid (1919), y levantando diversas viviendas en los parques urbanizados del ensanche de la capital.

Publica dibujos y artículos en la Revista Arquitectura, de la Sociedad Central de Arquitectos. fundada en 1918 por Gustavo.

En 1923 consigue la plaza de profesor de Dibujo Geométrico en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, donde coincidió con su futura esposa, la también pintora Elvira Gascón, e imparte clases como auxiliar de proyectos en la Escuela de Arquitectura hasta el inicio de la Guerra Civil.

Remitió sus obras a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y fue premiado con la Tercera Medalla en 1924 y con la Segunda en la edición de 1926, por el lienzo propiedad del Museo del Prado, En el claustro.

Estos éxitos artísticos le animan a dedicar más tiempo a la pintura, su auténtica vocación.

Roberto amaba y valoraba sobremanera a su hermano mayor, le estimaba y admiraba personal y profesionalmente.

En noviembre de 1931, Gustavo se suicidó arrojándose al mar desde un barco frente a las costas mallorquinas de Andraitx. Tenía 42 años y había alcanzado el éxito profesional y personal.

«Autorretratos» correspondientes a distintas etapas de su vida artística

 

La orfandad derivada del suicidio de su hermano distanció a Roberto de la arquitectura, mientras se entrega a la fascinación del arte. Son años en los que se entrega por completo a la pintura.

En 1936 el gobierno le nombra Presidente de la Junta Delegada de Incautación y Salvamento del Tesoro Artístico Nacional, siendo el responsable de poner a salvo 20.000 pinturas, 12.000 objetos preciosos, centenares de tapices y más de un millón de libros. A pesar de que los bombardeos no alcanzaron ninguna obra de arte, era evidente que el Prado estaba en peligro. El gobierno de la República decide entonces evacuar los tesoros de la gran pinacoteca española, encomendándole organizar el traslado.

En 71 camiones cargados por milicianos y a 15 kilómetros por hora, los grandes maestros de la pintura viajan a Valencia, de ahí a Cataluña y, finalmente, a Ginebra, donde se montaría una exitosa exposición en el verano del 39 con las joyas de la colección antes de su devolución a España, cinco meses después del fin de la Guerra Civil.

En 1937 es nombrado Secretario de la subsección de Arte Contemporáneo del Consejo Central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Público y, en 1938, desempeña el puesto de Subdirector del Museo del Prado, prácticamente Director en funciones, ya que su titular, Pablo Picasso, nunca llegó a tomar posesión del cargo.

En 1939, el gobierno de la República le nombra Comisario de la Exposición Universal de Nueva York y agregado cultural en la Embajada de Suecia, impartirá conferencias en las que explicará la evacuación del Museo.

 

Fotografía de su esposa, la también pintora Elvira  Gascón tomada por el propio Roberto

 

El artista pintando

 

Al finalizar la guerra emprende el exilio y llega a Francia, donde, junto a José Bergamín, organiza la acogida de los exilados españoles en países simpatizantes con la República.

Desde Francia se exilió en México llegando en la expedición del barco Veendam, junto a otros miembros de la JCE, arribando a Nueva York el 17 de mayo de 1939. Desde allí los miembros de la expedición viajaron a México en autobús entrando a través de Nuevo Laredo.

En 1939 llega a México con otra veintena de arquitectos, entre los que se encuentran Félix Candela y Octavio Botella, y se dedicará a la docencia como profesor de dibujo en el Colegio Juan Ruiz de Alarcón y en la Academia Hispano-Mexicana.

En 1940, cuando consigue nacionalizarse mexicano, participará en la Exposición de Pintores Españoles que se celebra en la Casa de la Junta de Cultura Española y realiza diversas obras arquitectónicas, como la rehabilitación de un edificio para Casa de la Cultura Española (1940); un proyecto, con Ovidio Botella y Arturo Sáenz de la Calzada, para el concurso de la Casa de España (1940); edificios para Almacenes SYR en Monterrey (1948) y México D. F. (1949).

A finales de los años 40 Roberto Fernández Balbuena logra adquirir una cámara de fotos Hasselblad, y con ella toma cientos de fotografías que han permanecido ocultas. Negativos de 6 x 6, que forman un testimonio muy singular de la visión de un arquitecto y pintor, que ya cumplidos sus 50 años descubre la magia de la fotografía.

Comparte esta afición con Juan Rulfo, quien también inmortaliza los mismos paisajes, en los mismos paseos, que eran sus excursiones familiares.

Esta actividad se convierte en su cuaderno de apuntes, y crea composiciones con objetos cotidianos, llenos de intimidad, donde la gama de grises y la luz dotan de una magia extraordinaria a estas obras. También fotografía árboles milenarios, cactus, edificios y jardines. Cables de luz, esquinas y nubes. Nubes llenas de nostalgia.

En 1949, junto a Octavio Botella, funda la empresa constructora TASA (Técnicos Asociados), con la que proyecta, con Juan Rivaud, el Rancho Cortés, en Cuernavaca (1949), primera obra de TASA; y la planta de Canada Dry, en México D. F. (1950).

En 1960 abandona TASA para dedicarse sólo a la pintura, y al año se le expide la Cédula Profesional de Arquitecto.

En México lleva a cabo, con éxito, varias exposiciones entre los años 1942 y 1963.

En la Asamblea Mundial por la Paz, celebrada en 1955 en Helsinki, utilizará su experiencia y conocimientos sobre el traslado de las obras del Museo del Prado, para defender la salvaguarda del patrimonio artístico en tiempos de guerra, dando a conocer los informes que había redactado en esa época, en los que detallaba el delicado estado en el que se encontraban algunas obras maestras, como Los borrachos, Las lanzas, La fragua de Vulcano y Las Hilanderas, de Velázquez, o Las tres gracias, de Rubens.

Conversando con sus alumnos

 

Roberto Fernández Balbuena fotografiado por el escritor Juan Rulfo

 

De paseo, junto a su esposa Elvira

 

Gracias a Guadalupe Fernández Gascón, hija del leonés, conocemos la documentación imprescindible, al haber donado al Instituto de Patrimonio Cultural de España, las transparencias que su padre utilizó en la conferencia en Estocolmo, para ilustrar desde los camiones utilizados en la ‘operación Ginebra’, a cómo se embalaron las pinturas.

El 12 de febrero de 1966, cuando preparaba una exposición retrospectiva de su extensa obra, falleció en México, a la edad de 76 años.

En 1991, Madrid le dedica una exposición homenaje con la obra exhibida procedente de la muestra montada en México, en marzo del mismo año, con motivo del centenario de su nacimiento.

Su obra y la de su esposa, la también pintora leonesa Elvira Gascón, estuvieron presentes en la exposición 60 años de Exilio Español  que se celebró en el año 2000 en México.

Roberto había conocido a Elvira en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, de la que era profesora desde 1935, y coincidieron además en la Junta Delegada de Incautación, Protección y Salvamento del Tesoro Artístico, en la que ella  colaboró como auxiliar técnico desde 1937.

Ambos habían marchado a México, donde contrajeron matrimonio a los pocos días de su llegada, oficiando la ceremonia el Obispo de México D.F.

Fruto del matrimonio, nacieron dos hijas, Guadalupe y Elvira. Guadalupe se casó con José Manuel de Rivas Cheriff (un sobrino de Azaña) y tuvieron tres hijos: José Manuel, Guadalupe y Francisco, mientras que Elvira se casó con Fernando Fernández y tuvieron una hija: Julieta.

Desde su llegada a México, Elvira multiplicó su actividad como ilustradora de prensa. Suyas fueron las portadas de las primeras ediciones de El llano en llamas (1953) y de Pedro Páramo (1955), semilla fundacional del realismo mágico.

Al poco tiempo de su estancia en México ya era una reconocida ilustradora preferida por autores muy prestigiados. La crítica calificó su trabajo como “maravillosos poemas gráficos”. Pintó murales y obras de caballete al óleo, hizo esmaltes, grabados, carteles, folletos, programas de mano e ilustró artículos en periódicos y más de 210 libros de reconocidos escritores como Alfonso Reyes. Entre los años 50 y 60,   participó en 25 exposiciones individuales y 45 colectivas, además continuó con la ilustración y el dibujo.

Bodegón con jarra morada

Bodegón con limones

 

Bodegón

Bodegón con jarra


Entierro

 

Gitana

 

Perfil humano

Amigo de grandes intelectuales y artistas como Giorgio de Chirico, Juan Rulfo, Juan José Arreola y Augusto Monterroso.

Juan Manuel Bonet en su “Diccionario de las vanguardias en España”, señala que Roberto Fernández Balbuena “practicó una figuración post-cubista y post-Vázquez Díaz, tímidamente renovadora, con algunos bodegones cercanos al realismo mágico”.

El  escritor mexicano Juan José Arreola, dijo de él que “era intransigente con lo que no podía aceptar y era profundamente sincero”. Y sobre su obra artística aseguró que “a Roberto le gustaba que la luz besara cada una de las superficies del cuadro. Su paleta era realmente iridiscente: azules, verdes y morados que eran como cada una de las escamas de los tejos de luz de las alas de las mariposas”. El poeta le dedicó unos versos:

Nada tiene que ver

que tú hayas muerto,

antes te costó sufrimiento

ver cómo el mundo se acabó

en el treinta y nueve

Antonio Sáenz de la Calzada lo definió como “ese espíritu colmado de inquietudes y entusiasmo, dotado de una aguda y finísima sensibilidad siempre alerta y estremecida, que lo mantenía casi continuamente en vilo”.

Su hija Elvira recuerda que «A mi padre le gustaba pintar con unas galletas saladas untadas con paté y un caballito de tequila a su alcance, o con una toronja sacadita en gajos y bañada en  ron, que le gustaba que yo le preparara, mientras escuchaba flamenco». Decía que no le gustaba Manolo Caracol, y lo decía con su energía habitual, “¡No y no!; yo vengo de Juan Breva y paso por Don Antonio Chacón y me encuentro con la que consagra el cante que es La niña de los peines”. Roberto, “era intransigente con lo que no podía aceptar y era profundamente sincero, por lo que podía resultar terrible; él era colérico pero no tenía odio a nadie, sólo desprecio a algunos”, decía.  Pienso en su añoranza de España y en su seguro dolor por la ausencia y por la circunstancia que le tocó vivir, mientras veo sus cuadros. Pero nada hay de trágico ni de triste en su pintura. De su obra joven a su madurez hay una clara evolución pero sigue siendo el mismo pintor mirando el mundo de la misma manera. Nada de la negrura que reflejan las obras de otros artistas españoles exiliados de la época. Si acaso en su época mexicana hay algo de nostalgia. Tal y como decía Arreola: “Roberto pintaba realmente gozoso y a veces llegaba del gozo al frenesí… A Roberto le gustaba que la luz besara cada una de las superficies del cuadro… Su paleta era realmente iridiscente: azules, verdes y morados que eran como cada una de las escamas de los tejos de luz de las alas de las mariposas…” Así son sus cuadros”.

Jorge J. Crespo de la Serna destacó de él: “Muchos han escrito sobre él y sobre su bonhomía. Modesto hasta la humildad, amigo de sus amigos, todos los que le recuerdan lo hacen entrañablemente. Señalan su sencillez, su generosidad y su cordialidad sin límites. Su casa era cada semana un lugar de reunión obligatoria. Su simpatía avasalladora y su vitalidad atraían amigos irresistiblemente. “Era un hombre bueno, uno de esos justos que lo reconcilian a uno con el género humano… Si te has ido del mundo visible, Balbuena amigo, queda de ti un recuerdo imperecedero”.

Desnudo

Desnudo de Pitsburg

Desnudo

Desnudo

 

En la Gaceta de Bellas Artes de abril de 1932, escribía el crítico de arte José Prados López, quien fuera después Secretario de la AEPE, nombrado Secretario Perpetuo de la entidad, acerca de la obra de Roberto que “Roberto es el gran señor de la pintura que sabe unir en su paleta lo antiguo y lo moderno con ponderada prudencia, viendo el color a través de su temperamento individualista. Su mano le tiembla siempre de emoción extraordinaria camino de sus rectificaciones, condicionadas a su inquietud maravillosa. Incorporado, por propia convicción, a la manera valiente de la modernidad de las ideas y a las múltiples facetas de la nueva cultura, supo detenerse a tiempo para analizar minuciosamente sus sentimientos. Sus lienzos acusan de un modo definitivo esa autocrítica severa de su modalidad… huye de la pincelada ampulosa porque huye siempre se lo falso. Su gran tortura es el logro de la simplificación; por este anhelo es capaz de pintar varias veces un mismo lienzo… Ama los grandes planos y las luces honradas de los horizontes amplios: por eso consigue, aunque con más esfuerzo, lo que otros no logran con el minucioso y artificioso detalle o con la vaguedad insolente de los ignorantes”.

 En el claustro

 

Mesa de café

 

Roberto Fernández Balbuena y la AEPE

Socio de Mérito en el Salón de Otoño de 1923 y Socio de Honor en el de 1924.

Fue director de la Gaceta de Bellas Artes.

Pronunció alguna conferencia en la entidad en 1925.

Jurado en el XIII Salón de Otoño de 1932.

Vocal de la Junta directiva el 27 de julio de 1929 y 1930. Secretario provisional en septiembre de 1930.

La Asociación instituyó en 1999 para la disciplina de dibujo, el premio con su nombre en los Salones de Otoño que hasta día de hoy se mantiene.

* En el I Salón de Otoño de 1920, se inscribió como “Fernández Valbuena, D. Roberto; natural de Madrid; reside en París, Francia, rue La Fontaine, 14”, y presentó dos obras:

265.- “Retrato”, óleo, 1,43 x 1,21

266.- “Paisaje”, óledo, 1,07 x 0,87

* En el III Salón de Otoño de 1922 ya aparecía como residente en Madrid, en la calle Claudio Coello, 32, y presentó:

103.- “Paisaje”, óleo, 1,30 x 0,98

104.- “Marina”, óleo, 0,67 x 0,67

* Al IV Salón de Otoño de 1923

91.- “Estudio de retrato”, óleo, 1,34 x 1,18

* En el V Salón de Otoño de 1924 apareció ya como Socio de Mérito de Salones anteriores, y en el mismo, participó con las obras:

108.- “En la ribera”, óleo, 0,91 x 1,11

109.-“La Madonnina”, óleo, 0,90 x 0,90

110.- “Domingo”, óleo, 1,35 x 1,35

111.- “La gallina ciega”, óleo, 1,54 x 1, 72

* En el VII Salón de Otoño de 1927 participó constando en el catálogo como Socio de Honor de Salones anteriores, presentando cuatro obras sin titular:

286.- 1, óleo, 1,33 x 1,36

287.- 2, óleo, 1,23 x 1,25

288.- 3, óleo, 1,22 x 1,36

289.- 4, óleo, 1,28 x 2,15

* En el IX Salón de Otoño de 1929 se inscribió como residente en Madrid, en la calle Serrano, 73, y presentó  siete

obras, cinco de ellas bajo el mismo título, si bien eran diferentes:

63.- “Sobre la mesa de pino”, óleo, 0,98 x 0,98

64.- “Sobre la mesa de pino”, óleo, 0,82 x 1,09

65.- “Sobre la mesa de pino”, óleo, 0,92 x 0,92

66.- “Sobre la mesa de pino”, óleo, 0,96 x 0,79

67.- “Sobre la mesa de pino”, óleo, 0,96 x 1,11

68.- “Naturaleza muerta” , óleo, 1,22 x 1,60

69.- “Claroscuro” , óleo, 0,96 x 0,96

Al XII Salón de Otoño de 1932

345.- “Boceto”,  óleo

346.- “Retrato” , óleo

347.- “Estudio” , óleo

 

Círculo de Bellas Artes de Madrid

 

Planchando

 

Paisaje

 

Ahuehuete, fotografía de Roberto Fernández Balbuena

 

Desnudo con fanal

 

Desnudo en el campo

 

Desnudo en el mar

 

Desnudos luz sombra

 

Desnudo y libros

 

El matrimonio con amigos

 

Laboratorio

 

Leñadores y bueyes

 

Morucha

 

Mujer azul

Paisaje

 

Pueblo en perspectiva

 

Sardineras

 

Aída Uribe

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

Aída Uribe

URIBE, Mª Aída       P       1923       MADRID

 

 

María Aída Uribe es una artista que no llegó a tener la trascendencia de otras muchas, pero estuvo de actualidad tras exponer en distintos lugares de prestigio.

Fue una pintora de cierta modernidad.

Nada sabemos de su nacimiento, más que por las reseñas en la prensa, que lo sitúan en Guatemala, pero también en Colombia. Las referencias a este respecto, varían de un país a otro sin que haya sido posible verificar ninguno de los dos.

La única constancia expresa es que en 1918 se encontraba ya en España, y ese mismo año expuso en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, como así lo atestiguan los recortes de la prensa de la época, que simplemente la mencionan en una muestra compuesta por obras de los artistas Nicolás Raurich, Juan Luis López, Vázquez Díaz, Gutiérrez Larraya, Juan José, Adelardo Covarsi, Enrique Ochoa, Ernesto Gutiérrez, Milada Sindlerova, P. Isern y José Planes.

En 1922 presentó obra a la Exposición Nacional de Bellas Artes.

Al IV Salón de Otoño de 1923, presentó dos paisajes vascos, un bodegón y el apunte de unas barcas, un “buen paisaje”, como lo describió La Libertad, titulado “Berriatúa”

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1924 participó en la sección de artistas americanos, como pintora guatemalteca que exhibió dos paisajes titulados «Zarauz» y «Parque del Oeste», que la crítica encontró “brillantes de colorido y simples de factura”.

En otros medios se la nombra como una de los artistas vascos participantes en la Exposición Nacional, junto a grandes artistas como Zubiaurre, Maeztu, Baroja… destacando que “es una pintora joven en cuyo porvenir artístico hay que poner esperanzas. Expone solamente un paisajito, pero es muy fino y muy apacible de emoción”.

En el catálogo oficial figuró que la artista vivía en la Calle Sacramento, 19 de Zarauz, pero en la inscripción del IV Salón de Otoño de 1923, figuraba su domicilio en la calle Sacramento, 10 de Madrid. Contrastado el dato con el Ayuntamiento de Zarauz, la localidad vasca nunca ha contado con ese nombre en su callejero, por lo que deducimos que es un error en la hoja de inscripción, que debió recoger la Calle Sacramento de Madrid, sin explicar que su lugar de residencia en ese momento era Zarauz.

Participó en la primera muestra de la Sociedad de Artistas Ibéricos de 1925. Con este motivo, la revista de vanguardia Alfar, editada en La Coruña por Julio J. Casal entre 1923 y 1926, publicó también una crítica sobre Aída Uribe, en un momento estético en la que la relacionaba con la nueva figuración en sus distintas vertientes, al hilo de lo que también ocurría en Europa con el Novecento italiano y la Nueva Objetividad alemana.

Acerca de ella, se comentaba que era una artista paisajista guatemalteca asentada en Madrid y en Guipúzcoa, citándola en la relación de artistas que participaron en el evento, donde su trabajo se habría visto en una sala contigua a la principal, en la que habían reunido a los que todavía no tenían obra suficiente para mostrar grandes series.

Según Francisco Alcántara describió en El Sol, Aída Uribe “es de Guatemala, y sus luminosos paisajes cántabros suelen aparecer hace tiempo en nuestras Exposiciones. En esta de los Ibéricos tenía cuatro de laderas verdes y arboledas bañados en luz, acordes a la renovación estética del movimiento”.

«Naturaleza en silencio» el cuadro de Aida Uribe  que  apareció en La Esfera, en julio de 1927

 

Sin embargo en otro medio se comenta que …“ Aída no toca en el radicaliano colindante con el sistema cubista, pero lucha por individualizarse con rectitud de propósitos”.

Y hay aún un artículo firmado por Fritz, en el que refiriéndose a esta muestra se dice que …”Hay en esta Exposición una segunda parte de artistas que son los que, llamándose a sí mismos renovadores, revolucionarios y avanzados, agregan a sus obras el apellido de impresionistas, cubistas, expresionistas, etc., y tienen como una gloria el confundir con elementos desusados ante la vista a la crítica y al público que ellos creen honestamente burgueses. A estos grupitos pertenecen las obras firmadas por Bores, Sáenz de Tejada, Benjamín Palencia, Moreno Villa, Dalí, Santa Cruz, Ferrant, Ucelai, Urrutia, Prada, Pelegrín, Aída Uribe, Fernández Balbuena, Peinado, Cossío, Maroto, Planes”…

Expuso en el Lyceum Femenino de Madrid en 1927, consiguiendo multitud de reseñas en la prensa del momento.

Antonio Espina, en La Gaceta Literaria, escribió sobre la paisajista guatemalteca Aída Uribe, discípula de Ángel Larroque, refiriendo que era una “artista refinada y un poco tímida”, cuyos paisajes no aportaban nada nuevo en la técnica, expresada a veces con toques puntillistas, y otras de apretada energía; …”pintura de alma transparente y serena, dotada de una “suavidad intimadora”, capaz de sosegar el alma del ajetreo del mundo exterior; En algún lienzo, breve dispersión de puntillismo; en otros, apretada energía. Pero energía delicada, llena de precauciones y de un encanto que surge hasta en los apuntes de naturalezas muertas. Dediquemos un sincero elogio a Aída Uribe, A sus paisajes. Y a sus «Tulipanes”, «Margaritas » y «Claveles».

José Francés, quien fuera Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores, escribió en La Esfera que por el salón del Lyceum habían pasado muestras tan interesantes como…. el arte de Aída Uribe…

Algunos medios de la época citaban el brillante éxito obtenido por la artista en esta exposición, que además estaba siendo muy visitada por el público.

El Imparcial refería que la muestra había estado compuesta por “Veintidós paisajes y cuatro bodegones, todos al óleo… Moderna sin exceso, la autora entiende el paisaje un tanto a la manera de Regoyos; en alguno de sus bodegones parece recordar el concepto que de este género tiene Juan de Echevarría. Las obras no son grandes; hay en ellas una visión grata y fina del color, y en cuanto a la ejecución, están construidas de suerte que no se diría pintura hecha por manos de mujer. El plano en que se desarrollan las exposiciones del Lyceum antes exige la alabanza que la censura. La labor, por lo tanto, de cultura artística allí realizada, resulta de verdadero interés. Las expositoras femeninas trabajan, cada cual según sus convicciones y arte, con simpático empeño. Aplaudámoslas, por ser de justicia, galanterías, aparte”. A. V. y S.

Por su parte, La Voz relataba que ….”aparece ante el público madrileño en ese saloncillo, sino por primera vez, si menos en forma más completa y cabal, otra pintora, la señorita Aída Uribe, dotada de delicada y Serena sensibilidad para la pintura del paisaje. Expone una notable colección de paisajes, vizcaínos y madrileños, principalmente, en los que campea fervoroso sentimiento la luz difusa y clara. Algo influida por Darío de Regoyos, por quien tiene gran admiración, y aquí y allá, de una manera leve y discretísima, por Vázquez Díaz, la personalidad de esta pintora salta pronto a la vista. Hay siempre en sus paisajes una noble quietud y gracia que complace tanto a la vista como al espíritu. El sentimiento poético y encalmado de la naturaleza corre parejas en tales obras con una fina percepción de las armonías cromáticas y un sentido noble de la composición formal. Otro talento artístico femenino que convendrá no olvidar”.

Además, el miembro de la Asociación de Pintores y Escultores Francisco Alcántara, comentaba en el diario El Sol que …” Aída Uribe expone después de dos o tres años de retraimiento. Desgracias de familia alejaron temporalmente a esta notable artista guatemalteca de la vida activa de las exposiciones. Presenta ahora veinticuatro paisajes de la región cántabra, de Castilla la Vieja y de Madrid. También presenta tres o cuatro floreros. Cuando empezó a exponer en Madrid era una chiquilla, y su estilo paisajístico, todo luz y candor, el apropiado a su edad. Han pasado algunos años, y hoy trata los mismos temas que antaño, con igual sorprendente luminosidad y candor infantil. Si se tiene presente que es en la estación veraniega cuando Aída Uribe estudia el paisaje, encuéntrase explicación para esa sistemática luminosidad pero aun con tal explicación resulta poco explicable la luz de aurora de estos paisajes de Aída, luz que debe ser más subjetiva que de la realidad, puesto que anima con iguales exaltaciones rosadas o levemente cárdenas, paisajes de muy diversas localidades. Ahora que, según parece, va a dedicar su tiempo a la pintura, irá matizando su congénita luminosidad exquisita con esas notas que tanto gustan a la pintura, cuales son, por ejemplo, el tono de la luz de Madrid y de Castilla en general, tan distinto del de la luz en la región cántabra. Entre los cuadros que expone resultan de los más notables los titulados «Ondárroa«, «Orillas del Manzanares», «Carretera de Zarauz«, «Almendros en flor», «Caserío vasco» y «Claveles».

«Ondarroa» apareció en el catálogo del IV Salón de Otoño de 1923

Ondarroa” fue publicado en Gran Vida en 1927

Gran Vida escribía que …”Aída Uríbe nos ha demostrado recientemente ser artista de delicada sensibilidad con sus obras, de una gran finura de color y de una luminosidad que podríamos denominar exquisita, porque sin ser tenue es intensa y a la vez suave. Su labor, completamente moderna, pero sensata, posee cierta idealidad en muchos momentos, y por su colorido, sobre todo en los bodegones, hay algún punto de contacto con Echevarría. Como él, nuestra amiga, al tocar este asunto, ha gustado del deleite del color, ha logrado obtener esas tonalidades tan delicadas y como si dijéramos espirituales. Como él, lo mismo en este tema que en el paisaje, ama el color sin estridencias ni arrebatos. Dirías que se recrea plácidamente en él. Esta artista ha dado su primer paso con acierto. De quien así empieza hay razón para esperar mucho más”.

Por último, La Esfera se hizo eco de esta exposición, publicando incluso una fotografía de la misma, en donde se leía …”cuadro Naturaleza en silencio… recientemente expuso en el Club Femenino Lyceum, la joven y notable pintora colombiana Aída Uribe, una serie de paisajes y naturalezas en silencio, que ratificaron la importancia de esta artista, ya destacada en Exposiciones generales españolas. Uno de aquellos cuadros es el que reproducimos ahora y en el que se aprecian la delicadeza, finura y sensibilidad de la señorita Uribe, llamada a adquirir sólido prestigio en la pintura hispanoamericana”.

En el Socialista, firmaba una nota Emiliano M. Aguilera en la que decía que “Aída Uribe pertenece a ese sector de paisajistas que busca gradaciones de color y de forma en la naturaleza, y que tomando ciertos detalles de ésta, “componen” sus obras. Aída Uribe puede estar satisfecha de su labor. Esta demuestra bien a las claras que su autora ha obtenido óptimos resultados en la línea de conducta artística que se ha marcado. “Ondárroa”, únicamente, bastaría para poner de manifiesto el feliz éxito logrado por la señorita Uribe en su empresa. De este cuadro podríamos decir que es una armonía elíptica, en la que la forma y el color siguen esa dirección sin perder paralelismo. Dentro de la escuela a que se ha afiliado, Aída Uribe adquirirá prestigio, porque está muy bien impuesta en las normas que ha consagrado la escuela en cuestión”.

Amiga de la pintora paisajista Nicasia de Madariaga Rementeria, a quien visitaba con frecuencia en su casa de Mañaria que todos conocían como la Casa de los Artistas, a la que solían acudir otros muchos como los hermanos Baroja o la pintora polaca y socia de la Asociación Española de Pintores y Escultores, Victoria de Malinowska.

En enero de 1944 participó en una exposición en la Sala Delsa de Bilbao, y con este motivo La Gaceta del Norte publicaba la siguiente reseña: “Una bilbaína aclimatada en Madrid, tiene una preferencia sentimental al lanzarse a exponer sus obras, meditadas y trabajadas con labor de años y elige Bilbao y ofrece a sus paisanos el fruto de sus obras de pintura con criterio honrado que escusa aparatosas presentaciones. Aída Uribe compone estos cuadros de contemplativa con los más simples elementos, ungidos de sentimiento y vibración íntima en los que el ambiente lo sugiere todo, sin necesidad de extremar ni buscar la composición hecha ni conformada porque no hace falta cuando se trata de aprisionar el sentido de los seres y de las cosas, raras veces perceptible en lo complicado y compuesto. Nada más sencillo y evocador que ese cuadrito de las afueras desoladas de la capital española allá donde termina lo urbano con un farol y una valla y empiezan a encenderse las luces vibrantes del sol campesino de Castilla calcinando las graveras que esconde el artificio de la urbe. Solo con ese cuadro aun habiendo otros más que acreditan a Aída Uribe como pintora de sentido y fuerza interior, creeríamos habernos, en efecto, con una artista que busca y halla los caminos de la emoción por los más honrados procedimientos. Nos gustan más los paisajes esos, sencillos, franciscanos, que sus bodegones y flores, en los que las calidades no se han logrado con la precisión que se exige en estos temas ingratos, que no tienen otra justificación en pintura. “Paisaje de la Casa de Campo” es otro de los cuadros bien vistos e interpretados con esa fina percepción que distingue a la distinguida pintora bilbaína Aída Uribe”. J. de I.

Tras esta última reseña, su rastro desaparece, no habiendo sido posible encontrarla en los distintos ayuntamientos del País Vasco, donde se supone que se afincó, ni tampoco confirmar su fallecimiento en España o su regreso al país de origen, que tampoco hemos podido constatar a través de las distintas embajadas.

 

Aída Uribe y la AEPE

Participó en el IV Salón de Otoño de 1923, en donde apareció inscrita como Uribe, María Aída; natural de Guatemala, reside en Madrid, Sacramento, 10, pral. Presentó cuatro óleos:

302.- “Ondárroa (Paisaje vasco)”, 0,79 x 0,93

303.- “Berriatúa (Paisaje vasco)”, 0,58 x 0,66

304.- “Naranjas y limones”, 0,57 x 0,45

305.- “Lanchas (Apunte)”, 0,19 x 0,27

Portada del Catálogo de la Exposición de Artistas Ibéricos de 1925 en la que participó la artista

Inaugurada la exposición de Antonio Téllez en la Sala de Usera

La Junta Municipal del Distrito de Usera continúa su actividad en la Sala de Exposiciones que se encuentra dentro de la sede municipal, que en el día de hoy ha inaugurado la exposición «Materia y color», que se puede visitar hasta el 9 de julio en la Sala de Exposiciones de la Junta Municipal de Usera, situada en la Avenida Rafaela Ibarra, 41, en horario de lunes a sábados de 10’30 a 13’30 y de 17 a 20 h (Domingos y festivos cerrado).

La muestra está protagonizada por las pinturas y esculturas de Antonio Téllez de Peralta, y el reducido acto que se ha llevado a cabo por motivos de la pandemia, ha contado con la presencia de Antonio Téllez de Peralta, así como de la Concejal Presidente de la Junta de Usera, Loreto Sordo, del responsable de los servicios culturales del distrito, del Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo López, del Vicepresidente, Juan Manuel López-Reina, de la vocal Paloma Casado, el Bibliotecario, Fernando de Marta y la Tesorera, Ana Martínez Córdoba, de José Luis Manzanares, Gerente de Tritoma Gestión Cultural, y de algunos amigos que no han querido perderse la exposición.

 

La presentación del catálogo ha corrido a cargo de Mª Dolores Barreda Pérez, Secretaria General de la Asociación Española de Pintores y Escultores, «Secretaria Perpetua» de la AEPE y Miembro de AECA:

«Antonio Téllez de Peralta es un artista multidisciplinar español que trabaja con distintas técnicas, principalmente óleo sobre lienzo en pintura, y múltiples materiales en escultura. Nacido en Badajoz en 1947, en 1964 se traslada a Madrid, donde se gradúa como Ingeniero Industrial y posteriormente obtiene el grado de Doctor.

Diplomado en Alta Dirección de Empresas, Diplomado por Oxford Institute for Energy Studies y Master en Trading Financiero, a lo largo de su dilatada carrera profesional ha sido primer ejecutivo en diversas empresas energéticas e industriales.

Atraído desde joven por la pintura y la escultura, comenzó trabajando con lienzos y materias, experimentando continuamente sobre la variación contemporánea de los materiales y las técnicas plásticas. En la década de los setenta, su vocación artística se acrecienta, graduándose en Bellas Artes y obteniendo después el título de Doctor con una investigación sobre el color y la materia como principales calificativos para objetos y formas, y su posterior interpretación en obras propias repletas de meditados cromatismos y funcionalidades.

Sin olvidar sus orígenes, es miembro del Club Senior de Extremadura y de la Asociación Española de Pintores y Escultores, que aúnan su amor por la tierra natal y su dedicación plástica y afán de colaboración en el desarrollo artístico y de progreso de una tierra a la que se siente profundamente orgulloso de pertenecer.

Su atracción por la escultura se convirtió en pasión gracias a su amigo y maestro, el catedrático José Luis Medina Castro, que le llevó a iniciar una meticulosa investigación personal y artística, en la que exploró los múltiples enfoques y vertientes con los que materializar su obra, que a menudo incluyen elementos innovadores.

Sus obras, basadas en la experiencia personal surgida de su actividad científica e industrial, y aplicadas a las artes plásticas, han dado como resultado la apertura de otra dimensión en la que abrir una serie de ventanas, reflejo de su pensamiento y percepción, consciente e inconsciente,  desde las que su expresión artística transforma el mundo interior y exterior, ofreciendo innumerables interpretaciones -objetivas y subjetivas- que hablan por sí solas de su arte, en el que vuelca su enorme motivación y satisfacción personal por la obra realizada.

Desde su taller situado en el madrileño distrito de Usera, desarrolla una intensa actividad que le ha llevado ya a participar en más de 70 exposiciones colectivas e individuales, a lo largo de los últimos años.

“Materia y color” es una muestra de solo algunas de las últimas obras de pintura y escultura realizadas con la misma pasión y afán como las que lleva a cabo en los últimos tiempos. Es una revisión de su fuerza expresiva y su creatividad, al servicio de su propio gozo y en la que podemos asistir a su enorme talento y forma de experimentar y evolucionar a través de pinturas y esculturas en las que se muestran claros los conceptos espaciales, metafísicos, con ideas… con temas universales pero con una interpretación muy personal.

La combinación de objetos industriales y químicos con los artísticos, hacen de su obra una peculiar narración de estilos que definen su personalidad e inquietudes.

Todas nacen del corazón, del frío análisis de su formación y sobre todo de una increíble creatividad y capacidad de trabajo, que no van a dejar indiferentes a ninguno de los que observen esas ventanas al aire , que dan forma a su alma y representan  sus inquietudes y anhelos más íntimos y delicados».

La Asociación Española de Pintores y Escultores ha editado un catálogo digital que se puede ver aquí mismo:

 

 

 

«Materia y color»

Pintura y escultura

Antonio Téllez de Peralta

Del 9 de junio al 9 de julio de 2021

Sala de Exposiciones de la Junta Municipal de Usera

De lunes a sábados: 10’30 a 13’30 y de 17 a 20 h
Domingos y festivos cerrado
Avenida Rafaela Ybarra, 41
28026 Madrid

Metro: Plaza Elíptica  (líneas 6, 11)

Bus: 6, 60, 81,78

 

 

Abierta al público la exposición del «XV Salón de Primavera de Valdepeñas»

Con las medidas de seguridad higiénica que determina la ley, pero con gran expectación y afluencia de público, que pasa por la sala en reducidos grupos, el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, acompañado por algunos miembros de la Junta Directiva, como Alicia Sánchez Carmona y Carmen Bonilla Carrasco, visitó en la tarde del 4 de junio, la Sala de Exposiciones del Centro Cultural La Confianza de Valdepeñas, donde cuelga ya la exposición del “XV Salón de Primavera de Valdepeñas. Por tierras de Castilla La Mancha”.

La muestra, que podrá visitarse hasta el próximo día 27 de junio, exhibe un total de 60 obras seleccionadas, con una temática variada y colorida como la que siempre reúne este salón.

Con las medidas de seguridad higiénica que determina la ley, pero con gran expectación y afluencia de público, que pasa por la sala en reducidos grupos, el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, acompañado por algunos miembros de la Junta Directiva, como Alicia Sánchez Carmona y Carmen Bonilla Carrasco, visitó en la tarde del 4 de junio, la Sala de Exposiciones del Centro Cultural La Confianza de Valdepeñas, donde cuelga ya la exposición del “XV Salón de Primavera de Valdepeñas. Por tierras de Castilla La Mancha”.

La muestra, que podrá visitarse hasta el próximo día 27 de junio, exhibe un total de 60 obras seleccionadas, con una temática variada y colorida como la que siempre reúne este salón.

El acto de inauguración y entrega de premios ha contado con la asistencia de la teniente de alcalde de Cultura y Turismo de Valdepeñas, Vanessa Irla,  quien ha recordado que la Asociación Española de Pintores y Escultores también organiza el Salón de Otoño en Madrid, que es de los más antiguos del país, junto con la Exposición Internacional de Artes Plásticas de Valdepeñas, “algo para poner en valor”.

En cuanto a que el Salón de Primavera se celebrase el año pasado de manera online, ha dicho que “como casi todo. Echamos mano de las nuevas tecnologías para reinventarnos y que la cultura siguiera fluyendo. El arte es fundamental. Muchas personas viven del arte y el arte aporta mucho a nuestra vidas”.

Ha comentado que “la exposición hace un recorrido por las obras de arte y cada una de ellas nos evoca un estado de ánimo, nos hace evadirnos de nuestros problemas. El arte y la cultura sanan el alma”.

La teniente de alcalde ha indicado que hay que seguir apoyando a los artistas para seguir creciendo porque “sino crecemos culturalmente, no creceremos como nación ni como país”.

Recordemos que en el año 2006, se ideó una exposición en el marco incomparable que supone el Museo Municipal de Valdepeñas, un referente en el mundo del arte contemporáneo que bajo el título de Salón de Primavera de Valdepeñas, “Por tierras de Castilla La Mancha”, ha contado desde su inicio con la colaboración del Ayuntamiento de la localidad ciudadrealeña.

El Salón contó con distintos premios en metálico y honoríficos, hasta que en el año 2017, el XI Salón de Primavera estableció ya dos premios instituidos especialmente para honrar a los fundadores de la centenaria entidad y para terminar de reconocer la importancia que esta cita tiene en el calendario expositivo de la entidad: la Medalla de Pintura José Moreno Carbonero y la Medalla de Escultura Lorenzo y Federico Coullaut Valera.

En esta edición, y por problemas derivados por la covid 19, el Museo Municipal de Valdepeñas, que permanece cerrado, no ha podido acoger las obras de la AEPE, sin embargo, el Ayuntamiento de la ciudad ciudadrealeña ha puesto a disposición de nuestra centenaria entidad el gran Centro Cultural La Confianza.

Un edificio de estilo modernista realizado por el arquitecto ilicitano Marceliano Coquillat Llofriú (1865– 1924), que ocupó el cargo de arquitecto Municipal de Barcelona durante varios años y trabajó en Cataluña, Murcia y Alicante principalmente y que se inauguró en 1913. Por las características estilísticas de la edificación se corresponde con el Modernismo imperante en la época, siendo ejemplo importante de este estilo en la ciudad de Valdepeñas.

Son más de medio centenar de obras que teníamos la ilusión de haber podido comentar en persona, pero que de forma responsable, se pueden visitar desde hoy mismo.

Para quienes no pueden asistir, hemos preparado una galería de obra, el catálogo digital habitual y las fotografías que el propio Presidente nos hace llegar, tomadas poco después del montaje de la muestra, y que nos anima a remitir a la AEPE más fotografías, que los propios socios realicen en su visita, para ir subiéndolas a la página web y guardar así el mejor recuerdo de estas exposiciones tan atípicas.

El acta del jurado del “XV Salón de Primavera de Valdepeñas. Por tierras de Castilla La Mancha” es la siguiente: el Jurado está formado por José Gabriel Astudillo López, Presidente de la AEPE, actuando como Presidente del Jurado y Mª Dolores Barreda Pérez, Secretaria General de la AEPE, en calidad de Secretaria del mismo, ambos con voz y sin voto; y como Vocales los directivos Juan Manuel López-Reina, Alicia Sánchez Carmona, Fernando de Marta Sebastián e Itziar Zabalza Murillo y acuerdan otorgar los siguientes premios:

MEDALLA DE PINTURA JOSÉ MORENO CARBONERO

Ana Muñoz. Enigma. Acrílico / tabla. 70 x 100

MEDALLA DE ESCULTURA LORENZO Y FEDERICO COULLAUT VALERA

Pilar Vich. Maternidad. Talla en piedra de Calatorao. 42 x 23 x 38

MENCIÓN DE HONOR

Conchi Artero. Marina. Acrílico / lienzo. 89 x 116

MENCIÓN DE HONOR

Juan Antonio González Sáiz – Juanchi. La transparencia de Cervantes. Maderas ensambladas. 97 x 62 x 32

MENCIÓN DE HONOR

Vicente Moya Gallego. El secreto de Aitana. Óleo / tabla. 81 x 116

MENCIÓN DE HONOR

Xisco Isern. Sin título. Escayola policromada. 40 x 29 x 17

MENCIÓN DE HONOR

Galiana. Don Quijote. Mixta / lienzo. 100 x 80

MENCIÓN DE HONOR

José Antonio de la Peña. El bocadillo. Bronce. 30 x 20 x 7

 

Recordamos que los artistas participantes en la muestra del “XV Salón de Primavera de Valdepeñas. Por tierras de Castilla La Mancha” son:

Joaquín  Alarcón González – Aracely Alarcón Morales (Aracely Alarcón) – Concepción Artero (Conchi Artero) – Juan Carlos Atroche Medina (Juan Carlos Atroche) – Jimena Aznar Rodríguez-Pardo – Juan Luis Barud Dabrowski – Joaquín Besoy Posada (Joaquín Besoy) – Carmen  Bonilla Carrasco (Carmen Bonilla) – Irene Cantalejo Martín (Irene Cantalejo) – Martina Cantero Jiménez (Martina Cantero) – Paloma Casado López (Paloma Casado) – Gloria Cediel Lafuente (Gloria Cediel) – Pilar Cortés López (P. Cortés) – Carmen Dabrowski Pernas (Maryla Dabrowska) – Elisa de la Torre Llorente (Elisa de la Torre) – Enrique Delgado Contreras – Magdalena España Luque (Magdalena España) – José Carmelo Esteban Gracia (Carmelo Esteban) – Rosa Mª Fernández Fernández – María de Francisco Salces (María de Francisco SALCES) – Mª Herminda Gago Blanco (Herminda Gago) – María García García (M. García García) – Paloma García Viladomat (Paloma Viladomat) – Federico García Zamarbide – Mª Dolores González de Mata (Loly de Mata) – Juan Antonio González Sáiz (Juan Antonio González Sáiz – Juanchi) – Ana Gutiérrez Mengual (Ana Gutiérrez) – Fernando Herranz Alonso (Alon) – Francisco Isern González (Xisco Isern) – Teiji Ishizuka – Antonio Izquierdo Ortega – Mª Ángeles Lázaro Guil  (Guil) – Pablo Linares Amor – Toñi López González (Aquafonía Toñi López) – Elisabeth López Sáiz (Elisabeth López) – Ana Martínez Córdoba (Ana Martínez) – Geanina Elisabeta Miler (Geanina Miler) – Rosa Moreno Moreno (RosiM Moreno Moreno) – Vicente Moya Gallego – Antonio Municio Gutiérrez (Antonio Municio) – Ana Muñoz Reyes (Ana Muñoz) – Fernando Peña Corchado (Leodegario) – José Antonio de la Peña García-Gadea (José Antonio de la Peña) – Juan Pérez Galiana (Galiana) – Victoria  Ramírez Escudero (Victoria Ramírez) – Pura Ramos Calderón (Pura Ramos) – Fernanda Regidor Fernández (Fernanda Regidor) – Mª Dolores Remesal Rodríguez (Lola Remesal) – Ana Reynolds Martínez (Ana Reynolds) – Reyes Rodríguez Pérez (Reyes Rodríguez) – Manolo  Romero – Mª Cristina Sánchez Estévez (Cristina Sánchez) – Mª Jesús Sánchez Gómez (Chus San) – Emilio Sotomayor Rodríguez (Emilio Sotomayor) – Arturo Tejero Esteban (Arturo Tejero) – Antonio Téllez de Peralta – Adela Trifán (Adelacreative) – José Antonio Urosa Moujadami (José Antonio Urosa) – Pilar Vich Pérez  (Pilar Vich)

El catálogo digital editado con tal motivo lo puedes ver y descargar aquí:

 

Catálogo del XV Salón de Primavera de Valdepeñas 2021

 

Y aquí tienes una galería completa de las obras:

 

y de la inauguración y exposición:

XV Salón de Primavera de Valdepeñas: «Por tierras de Castilla La Mancha»

Del 4 al 27 de junio de 2021

Inauguración Viernes 4 de junio, 19 h.

Centro Cultural La Confianza

Calle Real, 9, 13300 – Valdepeñas (Ciudad Real)

Horario: lunes a viernes: de 10 a 13 h. y de 17’30 a 20’30 h.

Sábados, domingos y festivos: cerrado

 

El 9 de junio se abre al público la exposición «Materia y color» de Antonio Téllez de Peralta

La Junta Municipal del Distrito de Usera continúa su actividad en la Sala de Exposiciones que se encuentra dentro de la sede municipal, que el día 9 de junio inaugurará la exposición «Materia y color», que se podrá visitar hasta el 9 de julio en la Sala de Exposiciones de la Junta Municipal de Usera, situada en la Avenida Rafaela Ibarra, 41, en horario de lunes a sábados de 10’30 a 13’30 y de 17 a 20 h (Domingos y festivos cerrado).

La muestra está protagonizada por las pinturas y esculturas de Antonio Téllez de Peralta, y el reducido acto que se llevará a cabo por motivos de la pandemia, contará con la presencia del autor en sala, así como del responsable de los servicios culturales del distrito, del Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo López, y de José Luis Manzanares, de Tritoma Gestión Cultural.

 

La presentación corre a cargo de Mª Dolores Barreda Pérez, Secretaria General de la Asociación Española de Pintores y Escultores, «Secretaria Perpetua» de la AEPE y Miembro de AECA:

«Antonio Téllez de Peralta es un artista multidisciplinar español que trabaja con distintas técnicas, principalmente óleo sobre lienzo en pintura, y múltiples materiales en escultura. Nacido en Badajoz en 1947, en 1964 se traslada a Madrid, donde se gradúa como Ingeniero Industrial y posteriormente obtiene el grado de Doctor.

Diplomado en Alta Dirección de Empresas, Diplomado por Oxford Institute for Energy Studies y Master en Trading Financiero, a lo largo de su dilatada carrera profesional ha sido primer ejecutivo en diversas empresas energéticas e industriales.

Atraído desde joven por la pintura y la escultura, comenzó trabajando con lienzos y materias, experimentando continuamente sobre la variación contemporánea de los materiales y las técnicas plásticas. En la década de los setenta, su vocación artística se acrecienta, graduándose en Bellas Artes y obteniendo después el título de Doctor con una investigación sobre el color y la materia como principales calificativos para objetos y formas, y su posterior interpretación en obras propias repletas de meditados cromatismos y funcionalidades.

Sin olvidar sus orígenes, es miembro del Club Senior de Extremadura y de la Asociación Española de Pintores y Escultores, que aúnan su amor por la tierra natal y su dedicación plástica y afán de colaboración en el desarrollo artístico y de progreso de una tierra a la que se siente profundamente orgulloso de pertenecer.

Su atracción por la escultura se convirtió en pasión gracias a su amigo y maestro, el catedrático José Luis Medina Castro, que le llevó a iniciar una meticulosa investigación personal y artística, en la que exploró los múltiples enfoques y vertientes con los que materializar su obra, que a menudo incluyen elementos innovadores.

Sus obras, basadas en la experiencia personal surgida de su actividad científica e industrial, y aplicadas a las artes plásticas, han dado como resultado la apertura de otra dimensión en la que abrir una serie de ventanas, reflejo de su pensamiento y percepción, consciente e inconsciente,  desde las que su expresión artística transforma el mundo interior y exterior, ofreciendo innumerables interpretaciones -objetivas y subjetivas- que hablan por sí solas de su arte, en el que vuelca su enorme motivación y satisfacción personal por la obra realizada.

Desde su taller situado en el madrileño distrito de Usera, desarrolla una intensa actividad que le ha llevado ya a participar en más de 70 exposiciones colectivas e individuales, a lo largo de los últimos años.

“Materia y color” es una muestra de solo algunas de las últimas obras de pintura y escultura realizadas con la misma pasión y afán como las que lleva a cabo en los últimos tiempos. Es una revisión de su fuerza expresiva y su creatividad, al servicio de su propio gozo y en la que podemos asistir a su enorme talento y forma de experimentar y evolucionar a través de pinturas y esculturas en las que se muestran claros los conceptos espaciales, metafísicos, con ideas… con temas universales pero con una interpretación muy personal.

La combinación de objetos industriales y químicos con los artísticos, hacen de su obra una peculiar narración de estilos que definen su personalidad e inquietudes.

Todas nacen del corazón, del frío análisis de su formación y sobre todo de una increíble creatividad y capacidad de trabajo, que no van a dejar indiferentes a ninguno de los que observen esas ventanas al aire , que dan forma a su alma y representan  sus inquietudes y anhelos más íntimos y delicados».

 

 

«Materia y color»

Antonio Téllez de Peralta

Del 9 de junio al 9 de julio de 2021

Sala de Exposiciones de la Junta Municipal de Usera

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Las Medallas de la AEPE: Miguel Blay y Fábregas

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de su creador y en qué galardones se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

 

Medalla Miguel Blay y Fábregas

del Salón de Otoño

 

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales.

Con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, para el Salón de Otoño se sustituyeron los premios de primera, segunda y tercera medalla, reservados únicamente a los socios, otorgándoles el nombre de los grandes maestros fundadores de la centenaria institución.

Fue en el 84 Salón de Otoño de 2017 cuando se establecieron los premios: Medalla de Pintura Joaquin Sorolla y Bastida, Medalla de Escultura Mariano Benlliure y Gil, Medalla de Pintura Cecilio Pla y Gallardo, Medalla de Escultura Miguel Blay y Fabregas, Medalla de Pintura Marcelina Poncela de Jardiel y Medalla de Escultura Carmen Alcoverro y Lopez.

Miguel Blay y Fábregas

BLAY Y FABREGAS, Miguel        E    1910(F)      4.set.1866      OLOT (Ge)    MADRID   22.ene.1936

Socio Fundador de la AEPE

Presidente de la AEPE

Director de la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid

Director de la Academia de Bellas Artes de España en Roma


Miguel Blay retratado por Joaquín Sorolla

 

Fue uno de los escultores más importantes del panorama artístico español de fines del siglo XIX y comienzos del XX. En su obra están presentes la diversas corrientes de la escultura de su época de las que Blay participó: el realismo, el modernismo y el simbolismo.

Miguel Blay Fábregas nació el 8 de octubre de 1866 en Olot, Gerona, de familia modesta; su padre fue albañil y su madre costurera. Aunque no poseían estudios, y a pesar del sacrificio económico que les supuso, siempre respetaron y apoyaron las inquietudes artísticas de su hijo.

Desde muy joven observaron en él actitudes artísticas y talento, por lo que con 14 años, permitieron que fuera a las clases que impartía el pintor José Berga y Boix, en la Escuela Pública de Dibujo de Olot.

Además, Blay entró como aprendiz en el taller de imaginería religiosa El Arte Cristiano que dirigía su maestro, junto a los hermanos Joaquín y Marian Vayreda y que estaba dedicado a la construcción, decoración y venta de esculturas religiosas, siguiendo las pautas francesas del denominado “Art de Saint Sulpice”.

Miguel Blay en una fotografía de 1908

 

Allí trabajó de imaginero hasta los veintiún años, haciendo también otras labores como botones y como modelo en el Centro Artístico.

El apoyo a la vocación artística que siempre tuvieron sus padres y la oportunidad de estudiar rodeado de artistas y trabajar en el taller, fueron determinantes en la vida del artista, que en 1887 encontró el apoyo de sus maestros, que le proponen como candidato a una beca de ampliación de estudios artísticos que finalmente consigue para pasar tres años en París.

Allí asiste a la Académie Julian, donde siguió las clases con el escultor Henri-Michel-Antoine Chapu, conocido sobre todo por su faceta medallística, y tras un intenso trabajo, ingresó en la Real Escuela Especial de Bellas Artes, dirigida por el escultor Paul Dubois.

Miguel Blay en una fotografía de 1915

 

Prorrogada un año más la beca de estudios, un año después decidió trasladarse a Roma para continuar su formación, compartiendo taller con el pintor argentino Carlos Baca-Flor. Desde Roma, envió la obra Los primeros fríos, con la que obtuvo el Primer Premio de la Exposición Internacional de Bellas Artes de 1892 de Madrid y que le supuso el primer gran reconocimiento. El grupo, obra precoz realizada a los veintiséis años, se convertiría en una obra de referencia para el escultor.

Después de un paréntesis de unos meses en Olot con la familia, Blay regresó de nuevo a París, donde permaneció doce años más. Allí, en 1895 Miquel Blay contrajo matrimonio con Berthe Pichard, de cuya unión nacieron cinco hijos, Jaime, Jorge, Margarita y Berta lo hicieron en la capital francesa y el más pequeño, Miguel, más tarde, en Madrid, donde falleció con apenas 8 años.

Miguel Blay en una fotografía de 1916

 

Conforme crece la familia, Blay tiene muy presentes las preocupaciones económicas, ya que estaba muy comprometido con su familia y su oficio.

La segunda etapa parisina de Miquel Blay fue la más rica en realizaciones de libre creación y las que presentan un aire renovador de manera unificada. En estos años participa regularmente en todas las ediciones del Salón de la Société des Artistes Français, y acude también a las Exposiciones de Bellas Artes de Madrid y Barcelona, donde consiguió diversos premios y galardones como el Gran Premio de la Exposición Universal de 1900 o el nombramiento, al año siguiente, de Caballero de Honor de la Legión Francesa.

Las esculturas de Miquel Blay de este período están claramente influenciadas por estéticas francesas, un rastro de las cuales permanecerá para siempre impreso en su obra, más o menos diluido y, que de alguna manera, determinará parte del carácter del escultor.

Las obras de estos años presentarán progresivamente y en paralelo ciertas características personales que asimismo se mantendrán en las obras futuras: robustez en la complexión de las figuras, serenidad y nobleza en la expresión y equilibrio y moderación tanto en el movimiento como en las influencias estilísticas.

En 1921, Miguel Blay en su estudio,  trabajando en el alto relieve destinado al monumento erigido a Alfonso XII, en el Retiro

 

En esta etapa aparece en Blay una tipología de personajes que se repetirá con frecuencia en composiciones posteriores. Por un lado, la figura femenina, desnuda o con un velo, que mantiene una estética simbolista y que el escultor utilizará como personificación de ideales o de aspectos inmateriales y, por otra parte, la figura masculina -a menudo de un rudo obrero- que servirá para representar aspectos reales o cualidades humanas y modelada con un tratamiento más realista que la figura anterior.

Junto a las obras de libre creación, Blay modela también durante estos años retratos y bustos, así como otros encargos que le proporcionaban los ambientes aristocráticos y burgueses de la capital francesa;  escultura funeraria, encargos de escultura monumental, especialidad en la que trabajará regularmente a partir de su regreso a España en 1906.

Instalado en Madrid, se dedicará sobre todo a la escultura pública y a la docencia y continuará presentando obras a las exposiciones de Bellas Artes.

En 1907 es nombrado Hijo Adoptivo de París.

 

El contacto con su Cataluña natal se mantiene desde su taller de la calle Lista donde Blay empieza en 1907 el relieve alegórico La Canción Popular para decorar la fachada del Palau de la Música Catalana que se estaba construyendo en Barcelona y que se colocaría en el edificio en 1909.

Los conceptos escultóricos que regirán las obras monumentales de Miquel Blay aparecerán teorizados en el discurso de entrada de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando titulado El monumento público que el escultor pronunció el 22 de mayo de 1910. Días después de su entrada en la Academia, Miquel Blay era nombrado profesor con carácter interino de la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid, función en la que realizó una buena labor pedagógica elevando el nivel de las enseñanzas. Posteriormente fue profesor numerario y desde 1918 hasta 1926 ejerció como director de la misma.

Retrato de Miguel Blay

 

La tipología monumental más utilizada por Blay será la de la columna, estructurando a su alrededor distintos núcleos escultóricos. Al repertorio de personajes descritos en la etapa anterior se añaden ahora figuras de niños y adolescentes, generalmente desnudos, con atrevidas y espontáneas posturas que aportarán calidez y viveza a las composiciones monumentales. Junto con la escultura monumental y, a veces, como complemento de ésta, cultivará también el relieve. De esta técnica cabe citar la calidad de sus realizaciones, siempre reflejo de la especial delicadeza y sensibilidad del escultor.

Entre los trabajos de escultura pública realizados estos años por Blay en Madrid cabe citar el relieve La Purificación para el Monumento de Alfonso XII del Parque del Retiro, el Monumento al doctor Alejandro San Martín, el Monumento a doctor Ramón de Mesonero Romanos, el Monumento al doctor Cortezo, el Monumento al Conde de Romanones de Guadalajara, el magnífico Cristo de la Paz de la iglesia del Sagrado Corazón de los Jesuitas de Gijón y el Monumento a Pi i Margall de Barcelona.

También en América Latina se abrió paso el escultor, realizando entre otros en Argentina, el proyecto del Monumento a la Independencia de la República Argentina, el Monumento al doctor Ramón Santamarina de El Tandil, el Monumento a Mariano Moreno de Buenos Aires, el Relieve del Club Español de Buenos Aires, el Monumento a San Francisco Solano de Santiago del Estero, el Monumento a los Fundadores de la Facultad de Medicina de Buenos Aires,  el Relieve en memoria de Juan Ponce de León de Puerto Rico, y otros en Montevideo como el Panteón Silvestre Ochoa del Buceo, el Monumento a José Pedro Varela y en colaboración con Mariano Benlliure, el Monumento a Vasco Núñez de Balboa de Panamá.

Una fotografía  y el busto de Miguelito, el hijo que murió cuando contaba con 8 años

 

Una larga lista de nombramientos y distinciones se añadirán al currículum del escultor durante estos años en Madrid; Vicepresidente de la Asociación de Pintores y Escultores de Madrid, Vocal del Patronato del Museo Nacional de Arte Moderno, miembro del Consejo de Instrucción Pública, Presidente de la Junta Consultiva para el Fomento de las Relaciones Artísticas con América, Oficial de la Legión de Honor, Comendador de la Legión de Honor, miembro correspondiente de la Academia Provincial de Bellas Artes de BarcelonA, de la Academia de Bellas Artes y Ciencias de Toledo, de la Academia de Bellas Artes del Instituto Francés y Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso XII.

En 1925 fue nombrado por la Corporación de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Director de la Academia Española de Bellas Artes de Roma en sustitución de Eduardo Chicharro, cargo que ocupó hasta 1932, regresando luego de nuevo a Madrid, donde falleció en 1936.

Miguel Blay retratado por Ramón Casas

 

«Solidez y belleza. He aquí, en dos vocablos, expresado todo el ideal que encierra el programa que ha de cumplir un escultor». Así lo aseguró Miguel Blay y Fábrega en su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1910.

Fotografía del maestro trabajando en su estudio

 

Blay modeló en Roma para Cataluña los grupos escultóricos de la fuente monumental de la Plaza de España de Barcelona, que había de ser inaugurada para la Exposición Universal de 1929 y el Panteón Nebot-Moreno de Lérida. De entre las realizaciones de estos últimos años están los grupos escultóricos del Palacio de Justicia de Madrid, la escultura Cuba del Monumento A Cuba del Parque del Retiro, realizado en colaboración con Mariano Benlliure, Francisco Asorey y Juan Cristóbal y el grupo de la fachada del Banco Vitalicio de Madrid.

Miguel Blay en 1936

Retrato del escultor obra de Carlos Baca-Flor

 

A la lista de distinciones personales se añadirán ahora los títulos de Socio de Honor de la Insigne Artística Congregazione dei Virtuosi al Pantheon in Roma, miembro correspondiente de la Hispanic Society of America, académico correspondiente de la Reale Insigne Accademia di San Luca de Roma y Presidente del Centro Catalán de Madrid.

El 16 de enero de 1936, cuando contaba con sesenta y nueve años, el artista sufrió un derrame cerebral y desde aquel día, guardó cama hasta que una semana después, un ataque acabó con su vida mientras estaba rodeado de todos los suyos, en su residencia de  Madrid, situada en la finca La Masía, en la carretera de Maudes (Chamartín).

Antes de la hora prevista para el traslado de sus restos, se congregaron en el patio central y las habitaciones de la casa, infinidad de significadas personalidades, especialmente artistas, que querían manifestar con cariñosa expresión todo el sentimiento que invadía al Arte español por la pérdida de tan singular valor artístico.

 

Esteve Botey, Mezquita, Estévez Ortega, Ortells, Sorolla, Stuyck, Benedito, Gonzalo Bilbao, Garnelo, Benlliure, Capuz, Moreno Carbonero, Marceliano Santa María, Vázquez Diaz, Higueras, Bañul …

La capilla ardiente estaba instalada en el salón-despacho, adornado con piezas escultóricas del artista. El cadáver, amortajado con un simple sudario, conservaba una dulce serenidad, descansando en un modestísimo ataúd, por su expresa voluntad. A la cabecera, un Crucifijo de talla, sublime, inspiración del escultor, rodeado el lecho mortuorio de multitud de coronas y ramos de flores.

La comitiva se organizó, presidiendo el duelo los hijos del artista, Jorge y Jaime, junto al Conde de Romanones, José Francés y por la Asociación de Pintores y Escultores los señores Moisés y Estévez Ortega…

Era un día lluvioso y triste aquel en que sus amigos y discípulos acompañaron sus restos hasta el cementerio de San Lorenzo y San José, donde descansan sus restos. En medio de una honda impresión, los hijos arrojaron las primeras paletadas de tierra y los discípulos cubrieron de flores la tumba, elevando todos una plegaria por su alma.

Finalizado el acto, Mariano Benlliure realizó unas declaraciones en las que aseguró que “Estoy muy apenado, muy emocionado. Miguel y yo éramos más que amigos y compañeros: éramos hermanos. Habíamos vivido juntos nuestra bohemia en Italia y en Francia. Cuando lo vi esta mañana, por última vez, en su lecho de muerte, no pude detener las lágrimas. Yo, su amigo, su compañero, su hermano, era el más fervoroso admirador de su arte… Desaparece con Blay una gran figura del arte contemporáneo español”.

Juan Adsuara por su parte, asentía “Don Miguel fue mi primer maestro, y luego mi compañero de Claustro en la Escuela de Pintura y Escultura. Yo lo quería y lo admiraba mucho. Blay, en su época, fué un innovador, muy constructivo, dentro del sentido impresionista de la escultura. A él se deben las modalidades de la escultura francesa, de puro sentido clásico, trasplantadas a nuestra escultura”.

José Blanco Coris expresaba que era “Otro gladiador del clasicismo que sucumbe, dejando una estela perdurable en la Historia de la escultura española al perpetuar en el mármol y el bronce con el cincel mágico de sus manos las figuras de Federico Rubio, Mesonero Romanos, Pi y Margall, Muñoz Degrain y tantos otros hombres ilustres que, como Miguel Blay, honran la patria, las chanclas y las bellas artes”.

Jacinto Higueras  exponía que “Miguel Blay ora un gran escultor. Su arte, que le hizo ocupar uno de los primeros puestos, tenía la huella- de la influencia francesa de aquella época, que ya pasó. Yo lo admiraba, sinceramente, por varias razones, entre ellas porque sabía interpretar como nadie fielmente, con gran justeza, el original que tenía delante”…

Su muerte fue sentida puesto que dejaba una extensa obra realizada y otra a medio concluir, que podía verse por sus amplios estudios en barro, en yeso, en mármol… en la Gaceta de Bellas Artes de febrero de 1936, su director y periodista Estevez Ortega dedicó un artículo sentido en el que destacaba los “tres amores de Blay: Cataluña, Francia y la Religión… en su arte, la influencia francesa fue poco a poco desapareciendo hasta conseguir su robusta personalidad… la muerte misma le sorprendió trabajando en su taller. Con el entusiasmo, capacidad y talento bien probados, no desmentidos nunca… Contó con la gloria popular, la devoción de la crítica y la gloria oficial, como se ha visto ahora con el triste caso de su muerte, acompañando a sus restos mortales hasta la postrer jornada una inmensa multitud de todas clases sociales, políticos y escritores, artistas, gente sencilla del pueblo, que arrostraron las inclemencias de una mañana gris de lluvia violenta y acompañaron el cadáver hasta el cementerio, queriendo así expresar el dolor por la pérdida del gran escultor que en vida no había hecho más que granjearse amistades y admiración por todas partes. Descanse el gran catalán y artista en paz. Bien ganado el reposo tras una actividad ejemplar. Su obra merece el eterno comentario y perdurabilidad. A ella volveremos otro día, más sereno el ánimo, contristado por la muerte del amigo queridísimo”.

Gil Fillol elogiaba también al escultor en el diario Ahora, resumiendo su trayectoria artística y destacando que “…Al lamentar la desaparición de un valor representativo debemos llorar también la muerte de un gran artista que, además de obras eminentes, deja ejemplos, lecciones y enseñanzas para los escultores actuales”.

«Los primeros fríos»

 

Hombre leal y bondadoso, deja en cuantos le conocieron vivo recuerdo de simpatía. Blay era hombre sencillo, bueno, austero. Fue estimado por todos.

Dibujante apretadísimo, hombre que modela extraordinariamente, no era un genio al uso. Se encaraba con la forma humana sin miedo y sin picardía. Analizaba, estudiaba, maceraba el barro entre las manos, ansiosas de fijar la estructura del modelo.

«Margheritina»

 

Tenía un conocimiento sólido, profundo, de la anatomía, un grandísimo amor a la forma, que usaba con monumentalidad por un lado, y patetismo por otro, basados en la costumbre segura de dibujar.

Sus desnudos son sublimes, soberbios, de fuerte modelado, concienzudos. Buscan y persiguen la belleza, que logra presentar sin necesidad de mayores adornos que los propios del cuerpo humano.

«Mujer y flores»

«Sensitiva»

Miguel Blay y la AEPE

     Como venimos viendo a través de las distintas biografías de los socios fundadores, la Asociación de Pintores y Escultores Españoles nació por iniciativa personal de Eduardo Chicharro.

     Para redactar el Manifiesto Fundacional, contó con la ayuda incondicional del escultor Miguel Blay y del pintor Cecilio Pla, siendo los tres quienes redactaron los primeros Estatutos a los que también ayudó Manuel Villegas.

     Esa primera Junta Organizadora se organizó teniendo como Presidente a Eduardo Chicharro, como Vicepresidente a Miguel Blay y a Cecilio Pla, como Contador.

     Como hemos visto en otras biografías anteriores, el Acta Fundacional la firmaban además de los tres impulsores (Chicharro, Blay y Pla), más de 180 nombres de los más aclamados y reconocidos artistas de principios de siglo.

     Desde aquella Junta Constituyente celebrada el 24 de abril de 1910, permaneció en el cargo hasta abril de 1914, en que fue nombrado Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, y pese a su negativa, desempeñó el cargo hasta el mes de noviembre, en que fue elegido Presidente José María López Mezquita.

     Pese a su estrecha vinculación con la AEPE, era mucho el trabajo que soportaba en otras instituciones y en su propio taller, por lo que nunca estuvo al margen de las actividades societarias, a las que apoyó en todo momento, ni lejos de sus amigos fundadores, con los que mantenía una fuerte relación de amistad y compañerismo.

     De esta manera, no participó en los Salones de Otoño, aunque sí donó obra para el festival que organizó la entidad mientras vivía en Madrid, primero en la calle Pinar, Nº 10 y más tarde en Maudes, Nº 2.

«Piedita Iturbide niña»

«Al ideal»

«Alegoría de la justicia»

«Eclosión»

 

Dos imágenes del Monumento a Pi y Margall

 

Detalle del Monumento a Alfonso XII


Lápida conmemorativa a Cervantes

 

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