Inaugurada la exposición de Antonio Téllez en la Sala de Usera

La Junta Municipal del Distrito de Usera continúa su actividad en la Sala de Exposiciones que se encuentra dentro de la sede municipal, que en el día de hoy ha inaugurado la exposición «Materia y color», que se puede visitar hasta el 9 de julio en la Sala de Exposiciones de la Junta Municipal de Usera, situada en la Avenida Rafaela Ibarra, 41, en horario de lunes a sábados de 10’30 a 13’30 y de 17 a 20 h (Domingos y festivos cerrado).

La muestra está protagonizada por las pinturas y esculturas de Antonio Téllez de Peralta, y el reducido acto que se ha llevado a cabo por motivos de la pandemia, ha contado con la presencia de Antonio Téllez de Peralta, así como de la Concejal Presidente de la Junta de Usera, Loreto Sordo, del responsable de los servicios culturales del distrito, del Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo López, del Vicepresidente, Juan Manuel López-Reina, de la vocal Paloma Casado, el Bibliotecario, Fernando de Marta y la Tesorera, Ana Martínez Córdoba, de José Luis Manzanares, Gerente de Tritoma Gestión Cultural, y de algunos amigos que no han querido perderse la exposición.

 

La presentación del catálogo ha corrido a cargo de Mª Dolores Barreda Pérez, Secretaria General de la Asociación Española de Pintores y Escultores, «Secretaria Perpetua» de la AEPE y Miembro de AECA:

«Antonio Téllez de Peralta es un artista multidisciplinar español que trabaja con distintas técnicas, principalmente óleo sobre lienzo en pintura, y múltiples materiales en escultura. Nacido en Badajoz en 1947, en 1964 se traslada a Madrid, donde se gradúa como Ingeniero Industrial y posteriormente obtiene el grado de Doctor.

Diplomado en Alta Dirección de Empresas, Diplomado por Oxford Institute for Energy Studies y Master en Trading Financiero, a lo largo de su dilatada carrera profesional ha sido primer ejecutivo en diversas empresas energéticas e industriales.

Atraído desde joven por la pintura y la escultura, comenzó trabajando con lienzos y materias, experimentando continuamente sobre la variación contemporánea de los materiales y las técnicas plásticas. En la década de los setenta, su vocación artística se acrecienta, graduándose en Bellas Artes y obteniendo después el título de Doctor con una investigación sobre el color y la materia como principales calificativos para objetos y formas, y su posterior interpretación en obras propias repletas de meditados cromatismos y funcionalidades.

Sin olvidar sus orígenes, es miembro del Club Senior de Extremadura y de la Asociación Española de Pintores y Escultores, que aúnan su amor por la tierra natal y su dedicación plástica y afán de colaboración en el desarrollo artístico y de progreso de una tierra a la que se siente profundamente orgulloso de pertenecer.

Su atracción por la escultura se convirtió en pasión gracias a su amigo y maestro, el catedrático José Luis Medina Castro, que le llevó a iniciar una meticulosa investigación personal y artística, en la que exploró los múltiples enfoques y vertientes con los que materializar su obra, que a menudo incluyen elementos innovadores.

Sus obras, basadas en la experiencia personal surgida de su actividad científica e industrial, y aplicadas a las artes plásticas, han dado como resultado la apertura de otra dimensión en la que abrir una serie de ventanas, reflejo de su pensamiento y percepción, consciente e inconsciente,  desde las que su expresión artística transforma el mundo interior y exterior, ofreciendo innumerables interpretaciones -objetivas y subjetivas- que hablan por sí solas de su arte, en el que vuelca su enorme motivación y satisfacción personal por la obra realizada.

Desde su taller situado en el madrileño distrito de Usera, desarrolla una intensa actividad que le ha llevado ya a participar en más de 70 exposiciones colectivas e individuales, a lo largo de los últimos años.

“Materia y color” es una muestra de solo algunas de las últimas obras de pintura y escultura realizadas con la misma pasión y afán como las que lleva a cabo en los últimos tiempos. Es una revisión de su fuerza expresiva y su creatividad, al servicio de su propio gozo y en la que podemos asistir a su enorme talento y forma de experimentar y evolucionar a través de pinturas y esculturas en las que se muestran claros los conceptos espaciales, metafísicos, con ideas… con temas universales pero con una interpretación muy personal.

La combinación de objetos industriales y químicos con los artísticos, hacen de su obra una peculiar narración de estilos que definen su personalidad e inquietudes.

Todas nacen del corazón, del frío análisis de su formación y sobre todo de una increíble creatividad y capacidad de trabajo, que no van a dejar indiferentes a ninguno de los que observen esas ventanas al aire , que dan forma a su alma y representan  sus inquietudes y anhelos más íntimos y delicados».

La Asociación Española de Pintores y Escultores ha editado un catálogo digital que se puede ver aquí mismo:

 

 

 

«Materia y color»

Pintura y escultura

Antonio Téllez de Peralta

Del 9 de junio al 9 de julio de 2021

Sala de Exposiciones de la Junta Municipal de Usera

De lunes a sábados: 10’30 a 13’30 y de 17 a 20 h
Domingos y festivos cerrado
Avenida Rafaela Ybarra, 41
28026 Madrid

Metro: Plaza Elíptica  (líneas 6, 11)

Bus: 6, 60, 81,78

 

 

Abierta al público la exposición del «XV Salón de Primavera de Valdepeñas»

Con las medidas de seguridad higiénica que determina la ley, pero con gran expectación y afluencia de público, que pasa por la sala en reducidos grupos, el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, acompañado por algunos miembros de la Junta Directiva, como Alicia Sánchez Carmona y Carmen Bonilla Carrasco, visitó en la tarde del 4 de junio, la Sala de Exposiciones del Centro Cultural La Confianza de Valdepeñas, donde cuelga ya la exposición del “XV Salón de Primavera de Valdepeñas. Por tierras de Castilla La Mancha”.

La muestra, que podrá visitarse hasta el próximo día 27 de junio, exhibe un total de 60 obras seleccionadas, con una temática variada y colorida como la que siempre reúne este salón.

Con las medidas de seguridad higiénica que determina la ley, pero con gran expectación y afluencia de público, que pasa por la sala en reducidos grupos, el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, acompañado por algunos miembros de la Junta Directiva, como Alicia Sánchez Carmona y Carmen Bonilla Carrasco, visitó en la tarde del 4 de junio, la Sala de Exposiciones del Centro Cultural La Confianza de Valdepeñas, donde cuelga ya la exposición del “XV Salón de Primavera de Valdepeñas. Por tierras de Castilla La Mancha”.

La muestra, que podrá visitarse hasta el próximo día 27 de junio, exhibe un total de 60 obras seleccionadas, con una temática variada y colorida como la que siempre reúne este salón.

El acto de inauguración y entrega de premios ha contado con la asistencia de la teniente de alcalde de Cultura y Turismo de Valdepeñas, Vanessa Irla,  quien ha recordado que la Asociación Española de Pintores y Escultores también organiza el Salón de Otoño en Madrid, que es de los más antiguos del país, junto con la Exposición Internacional de Artes Plásticas de Valdepeñas, “algo para poner en valor”.

En cuanto a que el Salón de Primavera se celebrase el año pasado de manera online, ha dicho que “como casi todo. Echamos mano de las nuevas tecnologías para reinventarnos y que la cultura siguiera fluyendo. El arte es fundamental. Muchas personas viven del arte y el arte aporta mucho a nuestra vidas”.

Ha comentado que “la exposición hace un recorrido por las obras de arte y cada una de ellas nos evoca un estado de ánimo, nos hace evadirnos de nuestros problemas. El arte y la cultura sanan el alma”.

La teniente de alcalde ha indicado que hay que seguir apoyando a los artistas para seguir creciendo porque “sino crecemos culturalmente, no creceremos como nación ni como país”.

Recordemos que en el año 2006, se ideó una exposición en el marco incomparable que supone el Museo Municipal de Valdepeñas, un referente en el mundo del arte contemporáneo que bajo el título de Salón de Primavera de Valdepeñas, “Por tierras de Castilla La Mancha”, ha contado desde su inicio con la colaboración del Ayuntamiento de la localidad ciudadrealeña.

El Salón contó con distintos premios en metálico y honoríficos, hasta que en el año 2017, el XI Salón de Primavera estableció ya dos premios instituidos especialmente para honrar a los fundadores de la centenaria entidad y para terminar de reconocer la importancia que esta cita tiene en el calendario expositivo de la entidad: la Medalla de Pintura José Moreno Carbonero y la Medalla de Escultura Lorenzo y Federico Coullaut Valera.

En esta edición, y por problemas derivados por la covid 19, el Museo Municipal de Valdepeñas, que permanece cerrado, no ha podido acoger las obras de la AEPE, sin embargo, el Ayuntamiento de la ciudad ciudadrealeña ha puesto a disposición de nuestra centenaria entidad el gran Centro Cultural La Confianza.

Un edificio de estilo modernista realizado por el arquitecto ilicitano Marceliano Coquillat Llofriú (1865– 1924), que ocupó el cargo de arquitecto Municipal de Barcelona durante varios años y trabajó en Cataluña, Murcia y Alicante principalmente y que se inauguró en 1913. Por las características estilísticas de la edificación se corresponde con el Modernismo imperante en la época, siendo ejemplo importante de este estilo en la ciudad de Valdepeñas.

Son más de medio centenar de obras que teníamos la ilusión de haber podido comentar en persona, pero que de forma responsable, se pueden visitar desde hoy mismo.

Para quienes no pueden asistir, hemos preparado una galería de obra, el catálogo digital habitual y las fotografías que el propio Presidente nos hace llegar, tomadas poco después del montaje de la muestra, y que nos anima a remitir a la AEPE más fotografías, que los propios socios realicen en su visita, para ir subiéndolas a la página web y guardar así el mejor recuerdo de estas exposiciones tan atípicas.

El acta del jurado del “XV Salón de Primavera de Valdepeñas. Por tierras de Castilla La Mancha” es la siguiente: el Jurado está formado por José Gabriel Astudillo López, Presidente de la AEPE, actuando como Presidente del Jurado y Mª Dolores Barreda Pérez, Secretaria General de la AEPE, en calidad de Secretaria del mismo, ambos con voz y sin voto; y como Vocales los directivos Juan Manuel López-Reina, Alicia Sánchez Carmona, Fernando de Marta Sebastián e Itziar Zabalza Murillo y acuerdan otorgar los siguientes premios:

MEDALLA DE PINTURA JOSÉ MORENO CARBONERO

Ana Muñoz. Enigma. Acrílico / tabla. 70 x 100

MEDALLA DE ESCULTURA LORENZO Y FEDERICO COULLAUT VALERA

Pilar Vich. Maternidad. Talla en piedra de Calatorao. 42 x 23 x 38

MENCIÓN DE HONOR

Conchi Artero. Marina. Acrílico / lienzo. 89 x 116

MENCIÓN DE HONOR

Juan Antonio González Sáiz – Juanchi. La transparencia de Cervantes. Maderas ensambladas. 97 x 62 x 32

MENCIÓN DE HONOR

Vicente Moya Gallego. El secreto de Aitana. Óleo / tabla. 81 x 116

MENCIÓN DE HONOR

Xisco Isern. Sin título. Escayola policromada. 40 x 29 x 17

MENCIÓN DE HONOR

Galiana. Don Quijote. Mixta / lienzo. 100 x 80

MENCIÓN DE HONOR

José Antonio de la Peña. El bocadillo. Bronce. 30 x 20 x 7

 

Recordamos que los artistas participantes en la muestra del “XV Salón de Primavera de Valdepeñas. Por tierras de Castilla La Mancha” son:

Joaquín  Alarcón González – Aracely Alarcón Morales (Aracely Alarcón) – Concepción Artero (Conchi Artero) – Juan Carlos Atroche Medina (Juan Carlos Atroche) – Jimena Aznar Rodríguez-Pardo – Juan Luis Barud Dabrowski – Joaquín Besoy Posada (Joaquín Besoy) – Carmen  Bonilla Carrasco (Carmen Bonilla) – Irene Cantalejo Martín (Irene Cantalejo) – Martina Cantero Jiménez (Martina Cantero) – Paloma Casado López (Paloma Casado) – Gloria Cediel Lafuente (Gloria Cediel) – Pilar Cortés López (P. Cortés) – Carmen Dabrowski Pernas (Maryla Dabrowska) – Elisa de la Torre Llorente (Elisa de la Torre) – Enrique Delgado Contreras – Magdalena España Luque (Magdalena España) – José Carmelo Esteban Gracia (Carmelo Esteban) – Rosa Mª Fernández Fernández – María de Francisco Salces (María de Francisco SALCES) – Mª Herminda Gago Blanco (Herminda Gago) – María García García (M. García García) – Paloma García Viladomat (Paloma Viladomat) – Federico García Zamarbide – Mª Dolores González de Mata (Loly de Mata) – Juan Antonio González Sáiz (Juan Antonio González Sáiz – Juanchi) – Ana Gutiérrez Mengual (Ana Gutiérrez) – Fernando Herranz Alonso (Alon) – Francisco Isern González (Xisco Isern) – Teiji Ishizuka – Antonio Izquierdo Ortega – Mª Ángeles Lázaro Guil  (Guil) – Pablo Linares Amor – Toñi López González (Aquafonía Toñi López) – Elisabeth López Sáiz (Elisabeth López) – Ana Martínez Córdoba (Ana Martínez) – Geanina Elisabeta Miler (Geanina Miler) – Rosa Moreno Moreno (RosiM Moreno Moreno) – Vicente Moya Gallego – Antonio Municio Gutiérrez (Antonio Municio) – Ana Muñoz Reyes (Ana Muñoz) – Fernando Peña Corchado (Leodegario) – José Antonio de la Peña García-Gadea (José Antonio de la Peña) – Juan Pérez Galiana (Galiana) – Victoria  Ramírez Escudero (Victoria Ramírez) – Pura Ramos Calderón (Pura Ramos) – Fernanda Regidor Fernández (Fernanda Regidor) – Mª Dolores Remesal Rodríguez (Lola Remesal) – Ana Reynolds Martínez (Ana Reynolds) – Reyes Rodríguez Pérez (Reyes Rodríguez) – Manolo  Romero – Mª Cristina Sánchez Estévez (Cristina Sánchez) – Mª Jesús Sánchez Gómez (Chus San) – Emilio Sotomayor Rodríguez (Emilio Sotomayor) – Arturo Tejero Esteban (Arturo Tejero) – Antonio Téllez de Peralta – Adela Trifán (Adelacreative) – José Antonio Urosa Moujadami (José Antonio Urosa) – Pilar Vich Pérez  (Pilar Vich)

El catálogo digital editado con tal motivo lo puedes ver y descargar aquí:

 

Catálogo del XV Salón de Primavera de Valdepeñas 2021

 

Y aquí tienes una galería completa de las obras:

 

y de la inauguración y exposición:

XV Salón de Primavera de Valdepeñas: «Por tierras de Castilla La Mancha»

Del 4 al 27 de junio de 2021

Inauguración Viernes 4 de junio, 19 h.

Centro Cultural La Confianza

Calle Real, 9, 13300 – Valdepeñas (Ciudad Real)

Horario: lunes a viernes: de 10 a 13 h. y de 17’30 a 20’30 h.

Sábados, domingos y festivos: cerrado

 

El 9 de junio se abre al público la exposición «Materia y color» de Antonio Téllez de Peralta

La Junta Municipal del Distrito de Usera continúa su actividad en la Sala de Exposiciones que se encuentra dentro de la sede municipal, que el día 9 de junio inaugurará la exposición «Materia y color», que se podrá visitar hasta el 9 de julio en la Sala de Exposiciones de la Junta Municipal de Usera, situada en la Avenida Rafaela Ibarra, 41, en horario de lunes a sábados de 10’30 a 13’30 y de 17 a 20 h (Domingos y festivos cerrado).

La muestra está protagonizada por las pinturas y esculturas de Antonio Téllez de Peralta, y el reducido acto que se llevará a cabo por motivos de la pandemia, contará con la presencia del autor en sala, así como del responsable de los servicios culturales del distrito, del Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo López, y de José Luis Manzanares, de Tritoma Gestión Cultural.

 

La presentación corre a cargo de Mª Dolores Barreda Pérez, Secretaria General de la Asociación Española de Pintores y Escultores, «Secretaria Perpetua» de la AEPE y Miembro de AECA:

«Antonio Téllez de Peralta es un artista multidisciplinar español que trabaja con distintas técnicas, principalmente óleo sobre lienzo en pintura, y múltiples materiales en escultura. Nacido en Badajoz en 1947, en 1964 se traslada a Madrid, donde se gradúa como Ingeniero Industrial y posteriormente obtiene el grado de Doctor.

Diplomado en Alta Dirección de Empresas, Diplomado por Oxford Institute for Energy Studies y Master en Trading Financiero, a lo largo de su dilatada carrera profesional ha sido primer ejecutivo en diversas empresas energéticas e industriales.

Atraído desde joven por la pintura y la escultura, comenzó trabajando con lienzos y materias, experimentando continuamente sobre la variación contemporánea de los materiales y las técnicas plásticas. En la década de los setenta, su vocación artística se acrecienta, graduándose en Bellas Artes y obteniendo después el título de Doctor con una investigación sobre el color y la materia como principales calificativos para objetos y formas, y su posterior interpretación en obras propias repletas de meditados cromatismos y funcionalidades.

Sin olvidar sus orígenes, es miembro del Club Senior de Extremadura y de la Asociación Española de Pintores y Escultores, que aúnan su amor por la tierra natal y su dedicación plástica y afán de colaboración en el desarrollo artístico y de progreso de una tierra a la que se siente profundamente orgulloso de pertenecer.

Su atracción por la escultura se convirtió en pasión gracias a su amigo y maestro, el catedrático José Luis Medina Castro, que le llevó a iniciar una meticulosa investigación personal y artística, en la que exploró los múltiples enfoques y vertientes con los que materializar su obra, que a menudo incluyen elementos innovadores.

Sus obras, basadas en la experiencia personal surgida de su actividad científica e industrial, y aplicadas a las artes plásticas, han dado como resultado la apertura de otra dimensión en la que abrir una serie de ventanas, reflejo de su pensamiento y percepción, consciente e inconsciente,  desde las que su expresión artística transforma el mundo interior y exterior, ofreciendo innumerables interpretaciones -objetivas y subjetivas- que hablan por sí solas de su arte, en el que vuelca su enorme motivación y satisfacción personal por la obra realizada.

Desde su taller situado en el madrileño distrito de Usera, desarrolla una intensa actividad que le ha llevado ya a participar en más de 70 exposiciones colectivas e individuales, a lo largo de los últimos años.

“Materia y color” es una muestra de solo algunas de las últimas obras de pintura y escultura realizadas con la misma pasión y afán como las que lleva a cabo en los últimos tiempos. Es una revisión de su fuerza expresiva y su creatividad, al servicio de su propio gozo y en la que podemos asistir a su enorme talento y forma de experimentar y evolucionar a través de pinturas y esculturas en las que se muestran claros los conceptos espaciales, metafísicos, con ideas… con temas universales pero con una interpretación muy personal.

La combinación de objetos industriales y químicos con los artísticos, hacen de su obra una peculiar narración de estilos que definen su personalidad e inquietudes.

Todas nacen del corazón, del frío análisis de su formación y sobre todo de una increíble creatividad y capacidad de trabajo, que no van a dejar indiferentes a ninguno de los que observen esas ventanas al aire , que dan forma a su alma y representan  sus inquietudes y anhelos más íntimos y delicados».

 

 

«Materia y color»

Antonio Téllez de Peralta

Del 9 de junio al 9 de julio de 2021

Sala de Exposiciones de la Junta Municipal de Usera

De lunes a sábados: 10’30 a 13’30 y de 17 a 20 h
Domingos y festivos cerrado
Avenida Rafaela Ybarra, 41
28026 Madrid

Metro: Plaza Elíptica  (líneas 6, 11)

Bus: 6, 60, 81,78

Las Medallas de la AEPE: Miguel Blay y Fábregas

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de su creador y en qué galardones se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

 

Medalla Miguel Blay y Fábregas

del Salón de Otoño

 

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales.

Con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, para el Salón de Otoño se sustituyeron los premios de primera, segunda y tercera medalla, reservados únicamente a los socios, otorgándoles el nombre de los grandes maestros fundadores de la centenaria institución.

Fue en el 84 Salón de Otoño de 2017 cuando se establecieron los premios: Medalla de Pintura Joaquin Sorolla y Bastida, Medalla de Escultura Mariano Benlliure y Gil, Medalla de Pintura Cecilio Pla y Gallardo, Medalla de Escultura Miguel Blay y Fabregas, Medalla de Pintura Marcelina Poncela de Jardiel y Medalla de Escultura Carmen Alcoverro y Lopez.

Miguel Blay y Fábregas

BLAY Y FABREGAS, Miguel        E    1910(F)      4.set.1866      OLOT (Ge)    MADRID   22.ene.1936

Socio Fundador de la AEPE

Presidente de la AEPE

Director de la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid

Director de la Academia de Bellas Artes de España en Roma


Miguel Blay retratado por Joaquín Sorolla

 

Fue uno de los escultores más importantes del panorama artístico español de fines del siglo XIX y comienzos del XX. En su obra están presentes la diversas corrientes de la escultura de su época de las que Blay participó: el realismo, el modernismo y el simbolismo.

Miguel Blay Fábregas nació el 8 de octubre de 1866 en Olot, Gerona, de familia modesta; su padre fue albañil y su madre costurera. Aunque no poseían estudios, y a pesar del sacrificio económico que les supuso, siempre respetaron y apoyaron las inquietudes artísticas de su hijo.

Desde muy joven observaron en él actitudes artísticas y talento, por lo que con 14 años, permitieron que fuera a las clases que impartía el pintor José Berga y Boix, en la Escuela Pública de Dibujo de Olot.

Además, Blay entró como aprendiz en el taller de imaginería religiosa El Arte Cristiano que dirigía su maestro, junto a los hermanos Joaquín y Marian Vayreda y que estaba dedicado a la construcción, decoración y venta de esculturas religiosas, siguiendo las pautas francesas del denominado “Art de Saint Sulpice”.

Miguel Blay en una fotografía de 1908

 

Allí trabajó de imaginero hasta los veintiún años, haciendo también otras labores como botones y como modelo en el Centro Artístico.

El apoyo a la vocación artística que siempre tuvieron sus padres y la oportunidad de estudiar rodeado de artistas y trabajar en el taller, fueron determinantes en la vida del artista, que en 1887 encontró el apoyo de sus maestros, que le proponen como candidato a una beca de ampliación de estudios artísticos que finalmente consigue para pasar tres años en París.

Allí asiste a la Académie Julian, donde siguió las clases con el escultor Henri-Michel-Antoine Chapu, conocido sobre todo por su faceta medallística, y tras un intenso trabajo, ingresó en la Real Escuela Especial de Bellas Artes, dirigida por el escultor Paul Dubois.

Miguel Blay en una fotografía de 1915

 

Prorrogada un año más la beca de estudios, un año después decidió trasladarse a Roma para continuar su formación, compartiendo taller con el pintor argentino Carlos Baca-Flor. Desde Roma, envió la obra Los primeros fríos, con la que obtuvo el Primer Premio de la Exposición Internacional de Bellas Artes de 1892 de Madrid y que le supuso el primer gran reconocimiento. El grupo, obra precoz realizada a los veintiséis años, se convertiría en una obra de referencia para el escultor.

Después de un paréntesis de unos meses en Olot con la familia, Blay regresó de nuevo a París, donde permaneció doce años más. Allí, en 1895 Miquel Blay contrajo matrimonio con Berthe Pichard, de cuya unión nacieron cinco hijos, Jaime, Jorge, Margarita y Berta lo hicieron en la capital francesa y el más pequeño, Miguel, más tarde, en Madrid, donde falleció con apenas 8 años.

Miguel Blay en una fotografía de 1916

 

Conforme crece la familia, Blay tiene muy presentes las preocupaciones económicas, ya que estaba muy comprometido con su familia y su oficio.

La segunda etapa parisina de Miquel Blay fue la más rica en realizaciones de libre creación y las que presentan un aire renovador de manera unificada. En estos años participa regularmente en todas las ediciones del Salón de la Société des Artistes Français, y acude también a las Exposiciones de Bellas Artes de Madrid y Barcelona, donde consiguió diversos premios y galardones como el Gran Premio de la Exposición Universal de 1900 o el nombramiento, al año siguiente, de Caballero de Honor de la Legión Francesa.

Las esculturas de Miquel Blay de este período están claramente influenciadas por estéticas francesas, un rastro de las cuales permanecerá para siempre impreso en su obra, más o menos diluido y, que de alguna manera, determinará parte del carácter del escultor.

Las obras de estos años presentarán progresivamente y en paralelo ciertas características personales que asimismo se mantendrán en las obras futuras: robustez en la complexión de las figuras, serenidad y nobleza en la expresión y equilibrio y moderación tanto en el movimiento como en las influencias estilísticas.

En 1921, Miguel Blay en su estudio,  trabajando en el alto relieve destinado al monumento erigido a Alfonso XII, en el Retiro

 

En esta etapa aparece en Blay una tipología de personajes que se repetirá con frecuencia en composiciones posteriores. Por un lado, la figura femenina, desnuda o con un velo, que mantiene una estética simbolista y que el escultor utilizará como personificación de ideales o de aspectos inmateriales y, por otra parte, la figura masculina -a menudo de un rudo obrero- que servirá para representar aspectos reales o cualidades humanas y modelada con un tratamiento más realista que la figura anterior.

Junto a las obras de libre creación, Blay modela también durante estos años retratos y bustos, así como otros encargos que le proporcionaban los ambientes aristocráticos y burgueses de la capital francesa;  escultura funeraria, encargos de escultura monumental, especialidad en la que trabajará regularmente a partir de su regreso a España en 1906.

Instalado en Madrid, se dedicará sobre todo a la escultura pública y a la docencia y continuará presentando obras a las exposiciones de Bellas Artes.

En 1907 es nombrado Hijo Adoptivo de París.

 

El contacto con su Cataluña natal se mantiene desde su taller de la calle Lista donde Blay empieza en 1907 el relieve alegórico La Canción Popular para decorar la fachada del Palau de la Música Catalana que se estaba construyendo en Barcelona y que se colocaría en el edificio en 1909.

Los conceptos escultóricos que regirán las obras monumentales de Miquel Blay aparecerán teorizados en el discurso de entrada de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando titulado El monumento público que el escultor pronunció el 22 de mayo de 1910. Días después de su entrada en la Academia, Miquel Blay era nombrado profesor con carácter interino de la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid, función en la que realizó una buena labor pedagógica elevando el nivel de las enseñanzas. Posteriormente fue profesor numerario y desde 1918 hasta 1926 ejerció como director de la misma.

Retrato de Miguel Blay

 

La tipología monumental más utilizada por Blay será la de la columna, estructurando a su alrededor distintos núcleos escultóricos. Al repertorio de personajes descritos en la etapa anterior se añaden ahora figuras de niños y adolescentes, generalmente desnudos, con atrevidas y espontáneas posturas que aportarán calidez y viveza a las composiciones monumentales. Junto con la escultura monumental y, a veces, como complemento de ésta, cultivará también el relieve. De esta técnica cabe citar la calidad de sus realizaciones, siempre reflejo de la especial delicadeza y sensibilidad del escultor.

Entre los trabajos de escultura pública realizados estos años por Blay en Madrid cabe citar el relieve La Purificación para el Monumento de Alfonso XII del Parque del Retiro, el Monumento al doctor Alejandro San Martín, el Monumento a doctor Ramón de Mesonero Romanos, el Monumento al doctor Cortezo, el Monumento al Conde de Romanones de Guadalajara, el magnífico Cristo de la Paz de la iglesia del Sagrado Corazón de los Jesuitas de Gijón y el Monumento a Pi i Margall de Barcelona.

También en América Latina se abrió paso el escultor, realizando entre otros en Argentina, el proyecto del Monumento a la Independencia de la República Argentina, el Monumento al doctor Ramón Santamarina de El Tandil, el Monumento a Mariano Moreno de Buenos Aires, el Relieve del Club Español de Buenos Aires, el Monumento a San Francisco Solano de Santiago del Estero, el Monumento a los Fundadores de la Facultad de Medicina de Buenos Aires,  el Relieve en memoria de Juan Ponce de León de Puerto Rico, y otros en Montevideo como el Panteón Silvestre Ochoa del Buceo, el Monumento a José Pedro Varela y en colaboración con Mariano Benlliure, el Monumento a Vasco Núñez de Balboa de Panamá.

Una fotografía  y el busto de Miguelito, el hijo que murió cuando contaba con 8 años

 

Una larga lista de nombramientos y distinciones se añadirán al currículum del escultor durante estos años en Madrid; Vicepresidente de la Asociación de Pintores y Escultores de Madrid, Vocal del Patronato del Museo Nacional de Arte Moderno, miembro del Consejo de Instrucción Pública, Presidente de la Junta Consultiva para el Fomento de las Relaciones Artísticas con América, Oficial de la Legión de Honor, Comendador de la Legión de Honor, miembro correspondiente de la Academia Provincial de Bellas Artes de BarcelonA, de la Academia de Bellas Artes y Ciencias de Toledo, de la Academia de Bellas Artes del Instituto Francés y Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso XII.

En 1925 fue nombrado por la Corporación de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Director de la Academia Española de Bellas Artes de Roma en sustitución de Eduardo Chicharro, cargo que ocupó hasta 1932, regresando luego de nuevo a Madrid, donde falleció en 1936.

Miguel Blay retratado por Ramón Casas

 

«Solidez y belleza. He aquí, en dos vocablos, expresado todo el ideal que encierra el programa que ha de cumplir un escultor». Así lo aseguró Miguel Blay y Fábrega en su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1910.

Fotografía del maestro trabajando en su estudio

 

Blay modeló en Roma para Cataluña los grupos escultóricos de la fuente monumental de la Plaza de España de Barcelona, que había de ser inaugurada para la Exposición Universal de 1929 y el Panteón Nebot-Moreno de Lérida. De entre las realizaciones de estos últimos años están los grupos escultóricos del Palacio de Justicia de Madrid, la escultura Cuba del Monumento A Cuba del Parque del Retiro, realizado en colaboración con Mariano Benlliure, Francisco Asorey y Juan Cristóbal y el grupo de la fachada del Banco Vitalicio de Madrid.

Miguel Blay en 1936

Retrato del escultor obra de Carlos Baca-Flor

 

A la lista de distinciones personales se añadirán ahora los títulos de Socio de Honor de la Insigne Artística Congregazione dei Virtuosi al Pantheon in Roma, miembro correspondiente de la Hispanic Society of America, académico correspondiente de la Reale Insigne Accademia di San Luca de Roma y Presidente del Centro Catalán de Madrid.

El 16 de enero de 1936, cuando contaba con sesenta y nueve años, el artista sufrió un derrame cerebral y desde aquel día, guardó cama hasta que una semana después, un ataque acabó con su vida mientras estaba rodeado de todos los suyos, en su residencia de  Madrid, situada en la finca La Masía, en la carretera de Maudes (Chamartín).

Antes de la hora prevista para el traslado de sus restos, se congregaron en el patio central y las habitaciones de la casa, infinidad de significadas personalidades, especialmente artistas, que querían manifestar con cariñosa expresión todo el sentimiento que invadía al Arte español por la pérdida de tan singular valor artístico.

 

Esteve Botey, Mezquita, Estévez Ortega, Ortells, Sorolla, Stuyck, Benedito, Gonzalo Bilbao, Garnelo, Benlliure, Capuz, Moreno Carbonero, Marceliano Santa María, Vázquez Diaz, Higueras, Bañul …

La capilla ardiente estaba instalada en el salón-despacho, adornado con piezas escultóricas del artista. El cadáver, amortajado con un simple sudario, conservaba una dulce serenidad, descansando en un modestísimo ataúd, por su expresa voluntad. A la cabecera, un Crucifijo de talla, sublime, inspiración del escultor, rodeado el lecho mortuorio de multitud de coronas y ramos de flores.

La comitiva se organizó, presidiendo el duelo los hijos del artista, Jorge y Jaime, junto al Conde de Romanones, José Francés y por la Asociación de Pintores y Escultores los señores Moisés y Estévez Ortega…

Era un día lluvioso y triste aquel en que sus amigos y discípulos acompañaron sus restos hasta el cementerio de San Lorenzo y San José, donde descansan sus restos. En medio de una honda impresión, los hijos arrojaron las primeras paletadas de tierra y los discípulos cubrieron de flores la tumba, elevando todos una plegaria por su alma.

Finalizado el acto, Mariano Benlliure realizó unas declaraciones en las que aseguró que “Estoy muy apenado, muy emocionado. Miguel y yo éramos más que amigos y compañeros: éramos hermanos. Habíamos vivido juntos nuestra bohemia en Italia y en Francia. Cuando lo vi esta mañana, por última vez, en su lecho de muerte, no pude detener las lágrimas. Yo, su amigo, su compañero, su hermano, era el más fervoroso admirador de su arte… Desaparece con Blay una gran figura del arte contemporáneo español”.

Juan Adsuara por su parte, asentía “Don Miguel fue mi primer maestro, y luego mi compañero de Claustro en la Escuela de Pintura y Escultura. Yo lo quería y lo admiraba mucho. Blay, en su época, fué un innovador, muy constructivo, dentro del sentido impresionista de la escultura. A él se deben las modalidades de la escultura francesa, de puro sentido clásico, trasplantadas a nuestra escultura”.

José Blanco Coris expresaba que era “Otro gladiador del clasicismo que sucumbe, dejando una estela perdurable en la Historia de la escultura española al perpetuar en el mármol y el bronce con el cincel mágico de sus manos las figuras de Federico Rubio, Mesonero Romanos, Pi y Margall, Muñoz Degrain y tantos otros hombres ilustres que, como Miguel Blay, honran la patria, las chanclas y las bellas artes”.

Jacinto Higueras  exponía que “Miguel Blay ora un gran escultor. Su arte, que le hizo ocupar uno de los primeros puestos, tenía la huella- de la influencia francesa de aquella época, que ya pasó. Yo lo admiraba, sinceramente, por varias razones, entre ellas porque sabía interpretar como nadie fielmente, con gran justeza, el original que tenía delante”…

Su muerte fue sentida puesto que dejaba una extensa obra realizada y otra a medio concluir, que podía verse por sus amplios estudios en barro, en yeso, en mármol… en la Gaceta de Bellas Artes de febrero de 1936, su director y periodista Estevez Ortega dedicó un artículo sentido en el que destacaba los “tres amores de Blay: Cataluña, Francia y la Religión… en su arte, la influencia francesa fue poco a poco desapareciendo hasta conseguir su robusta personalidad… la muerte misma le sorprendió trabajando en su taller. Con el entusiasmo, capacidad y talento bien probados, no desmentidos nunca… Contó con la gloria popular, la devoción de la crítica y la gloria oficial, como se ha visto ahora con el triste caso de su muerte, acompañando a sus restos mortales hasta la postrer jornada una inmensa multitud de todas clases sociales, políticos y escritores, artistas, gente sencilla del pueblo, que arrostraron las inclemencias de una mañana gris de lluvia violenta y acompañaron el cadáver hasta el cementerio, queriendo así expresar el dolor por la pérdida del gran escultor que en vida no había hecho más que granjearse amistades y admiración por todas partes. Descanse el gran catalán y artista en paz. Bien ganado el reposo tras una actividad ejemplar. Su obra merece el eterno comentario y perdurabilidad. A ella volveremos otro día, más sereno el ánimo, contristado por la muerte del amigo queridísimo”.

Gil Fillol elogiaba también al escultor en el diario Ahora, resumiendo su trayectoria artística y destacando que “…Al lamentar la desaparición de un valor representativo debemos llorar también la muerte de un gran artista que, además de obras eminentes, deja ejemplos, lecciones y enseñanzas para los escultores actuales”.

«Los primeros fríos»

 

Hombre leal y bondadoso, deja en cuantos le conocieron vivo recuerdo de simpatía. Blay era hombre sencillo, bueno, austero. Fue estimado por todos.

Dibujante apretadísimo, hombre que modela extraordinariamente, no era un genio al uso. Se encaraba con la forma humana sin miedo y sin picardía. Analizaba, estudiaba, maceraba el barro entre las manos, ansiosas de fijar la estructura del modelo.

«Margheritina»

 

Tenía un conocimiento sólido, profundo, de la anatomía, un grandísimo amor a la forma, que usaba con monumentalidad por un lado, y patetismo por otro, basados en la costumbre segura de dibujar.

Sus desnudos son sublimes, soberbios, de fuerte modelado, concienzudos. Buscan y persiguen la belleza, que logra presentar sin necesidad de mayores adornos que los propios del cuerpo humano.

«Mujer y flores»

«Sensitiva»

Miguel Blay y la AEPE

     Como venimos viendo a través de las distintas biografías de los socios fundadores, la Asociación de Pintores y Escultores Españoles nació por iniciativa personal de Eduardo Chicharro.

     Para redactar el Manifiesto Fundacional, contó con la ayuda incondicional del escultor Miguel Blay y del pintor Cecilio Pla, siendo los tres quienes redactaron los primeros Estatutos a los que también ayudó Manuel Villegas.

     Esa primera Junta Organizadora se organizó teniendo como Presidente a Eduardo Chicharro, como Vicepresidente a Miguel Blay y a Cecilio Pla, como Contador.

     Como hemos visto en otras biografías anteriores, el Acta Fundacional la firmaban además de los tres impulsores (Chicharro, Blay y Pla), más de 180 nombres de los más aclamados y reconocidos artistas de principios de siglo.

     Desde aquella Junta Constituyente celebrada el 24 de abril de 1910, permaneció en el cargo hasta abril de 1914, en que fue nombrado Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, y pese a su negativa, desempeñó el cargo hasta el mes de noviembre, en que fue elegido Presidente José María López Mezquita.

     Pese a su estrecha vinculación con la AEPE, era mucho el trabajo que soportaba en otras instituciones y en su propio taller, por lo que nunca estuvo al margen de las actividades societarias, a las que apoyó en todo momento, ni lejos de sus amigos fundadores, con los que mantenía una fuerte relación de amistad y compañerismo.

     De esta manera, no participó en los Salones de Otoño, aunque sí donó obra para el festival que organizó la entidad mientras vivía en Madrid, primero en la calle Pinar, Nº 10 y más tarde en Maudes, Nº 2.

«Piedita Iturbide niña»

«Al ideal»

«Alegoría de la justicia»

«Eclosión»

 

Dos imágenes del Monumento a Pi y Margall

 

Detalle del Monumento a Alfonso XII


Lápida conmemorativa a Cervantes

 

Nelly Harvey

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

Nelly Harvey

 

HARVEY, Nelly                   P   1918                         LONDRES     MADRID

 

 

Según aseguran las biografías de la artista, Nelly Harvey nació en Londres en 1877.

Sin embargo, y tras una larga investigación, puedo asegurar que no fue en ese año y que tampoco fue en Londres.

Sabemos seguro que falleció el 31 de diciembre de 1961 en Madrid, siendo enterrada en el Cementerio de La Almudena, y que el 27 de abril de 1970, sus restos fueron trasladados a la Sacramental de San Isidro de Madrid.

En el expediente se hace constar expresamente que falleció a los 91 años de edad, si bien no se detalla el día y el mes de nacimiento, que correspondería a 1870, que estaba soltera y que el traslado lo solicitó una señora, sin que consten más datos acerca de la misma, en calidad de hija adoptiva.

Autorretrato

 

Sin embargo, en los registros familiares ingleses consultados, figura como Nelly a secas, y no como Nelly Ellen, y como fecha de nacimiento la de 1873, en Barton, una localidad situada en el condado de Lancashire, cerca de Manchester. En esos registros figura además que en 1881 era impresora, imaginamos que sería aprendiz, por la temprana edad en la que se data, o incluso que ese dato sea haya incluido posteriormente, de un oficio relacionado con la familia a través de su tío Harry Baverstock.

Nelly Harvey era la segunda hija del fabricante de botas irlandés Thomas Harvey y de la modista de Haddnham, en el condado de Buckinghamshire, al oeste de Londres,  Susan Baverstock, casados el 28 de junio de 1868 en la Iglesia de St. Mary de Manchester, donde residían, matrimonio que tuvo tres hijos: Matilda, Mary Ann y Nelly.

Al fallecer su padre en 1881, su madre se casó en segundas nupcias el 7 de diciembre de 1881 en la Iglesia de St. Michael de Hulme, Manchester, con el viudo Henry Counsell, que era tendero y aportaba al matrimonio tres hijos anteriores: Harry, Albert y Arthur.

Su abuelo materno William Baverstock era pintor… de casas y su tío Harry Baverstock, como hemos dicho ya, era impresor.

En las biografías oficiales del pintor escocés Sir George Frederick Harvey, miembro de la Royal Scottish Academy, se asegura que “su sobrina Nellie o Nelly Harvey (1865-1949)”, era también pintora. Sin embargo, podemos deducir que al no coincidir ni la fecha de su nacimiento, ni la de su muerte con la artista que nos ocupa, ambos no eran parientes, pese a arrastrar ese error en textos y biografías de forma continua, que demuestra que no se han contrastado estos datos base.

El padre de Nelly, Thomas Harvey, nació en Irlanda, en 1839, mientras que Sir George Frederick Harvey, que se supone es tío de Nelly, nació en Stirling, al norte de Escocia, en 1806.

Después de estudiar detalladamente la biografía de Sir George Frederick Harvey, deducimos que es pura coincidencia que una sobrina suya, de nombre Nellie Harvey, de Stirling (Escocia), y aficionada a la pintura, se tome por error por la pintora Nelly Harvey, ya que en el curso de la investigación, he hallado otras coetáneas de igual nombre, Nelly Harvey, en distintos lugares de Inglaterra como Clackmannshire, en Escocia, en el condado de Dorset, en Midlothian, en Essex, en Cheshire, en la capital inglesa e incluso en Dublín, todas ellas de fechas muy similares y algunas aficionadas también a las bellas artes.

Miss Nelly Harvey pintando en su estudio

 

No sabemos cómo fue su salto del condado de Lancashire hasta Múnich, donde se asegura que se formó en su Academia de la mano del restaurador de su pinacoteca, obteniendo sus primeros reconocimientos y de quien recibió el encargo de copiar en el Museo del Prado las grandes obras de los pintores venecianos como Tiziano, Tintoretto, el Veronés…

Perfeccionó después sus estudios en Roma, visitando Italia, Berlín, Francia y Nueva York.

Lo cierto es que en 1906, el New-York Daily Tribune la sitúa en Nueva York, destacando que Miss Nelly Harvey acaba de ser acogida como miembro de la Tribune Sunshine Society de Nueva York, frecuentada por la alta aristocracia de la ciudad norteamericana.

En 1908 aparece activa en España, fijando su residencia en Madrid, desde donde efectúa viajes de estudio por distintas ciudades españolas.

Ese mismo año participa en Salón de Otoño y al igual que hiciera en el continente americano, frecuentó la alta sociedad madrileña, alcanzando pronto fama como copista del Museo del Prado, en donde realizó copias de Velázquez, Rubens y El Greco, y seguidamente como retratista.

Los primeros retratos que pintó fueron el del Embajador británico en España, Maurice Bunsen, que desempeñó su cargo entre 1906 y 1913 y el de Madame de Lermontoff, esposa del Consejero de la Embajada de Rusia, que estuvo en España destinado hasta principios de 1912.

Posteriormente marchó a vivir a Múnich en compañía de su madre durante un par de años.

A partir de 1911 se suceden los viajes a Nueva York.

En la gran manzana realizó una exposición de sus retratos en abril de 1912, en la prestigiosa y aristocrática galería Knoedler, que cerró el año 2011, tras 165 años de historia, como así lo recoge el periódico neoyorkino The Sun.

El mismo diario recogería sus posteriores exposiciones en la misma galería en abril del año siguiente, por lo que es de suponer que enviara periódicamente obras a la célebre galería.

Galería Knoedler & Co. en una fotografía de principios de siglo

 

Después de residir en París y en Nueva York, en 1914 decidió instalarse definitivamente en Madrid, abriendo un estudio y otro taller contiguo, para impartir clases a sus discípulos, en la calle Españoleto, 10.

En 1915 participa en la Exposición Nacional de Bellas Artes con el Retrato del torero Vicente Pastor.

Desde Madrid, enviaba regularmente sus obras a otras capitales extranjeras.

Gran admiradora de El Greco y de Goya, viajó también por Burgos, Segovia, Ávila y Toledo.

Fotografía de Miss Nelly Harvey en 1916 aparecida en La Esfera

 

En 1916 llevó a cabo una exposición de cuarenta obras en el Salón Iturrioz, que incluía numerosos retratos de aristócratas, como el del poeta Ramón Goy de Silva, paisajes de Melilla y Toledo, una copia de un cuadro de Reynolds, y diferentes retratos de los Marqueses de Belvis de las Navas, Duque de Santo Mauro, Francisco Pérez, Señora de Salamanca, Conde de Sedano y Marques de Belpuig. Esta exposición fue visitada por la Infanta Isabel.

La Infanta Isabel visitando la exposición de Miss Nelly Harvey

 

De la exposición nos queda la página que le dedicó La Esfera el 23 de diciembre de 1916 en la que, además de analizar su faceta de copista del Prado, se comenta que “los cuadros propios, estos retratos que a pesar de cierto convencionalismo un poco involuntariamente adulador, advertido en sus envíos a la Exposición Nacional de 1915, supimos adivinar… Advertíase enseguida que Miss Nelly Harvey “no siente el paisaje”. Aun siendo notas fugaces, imprecisas, hechas en lienzos de pequeñas proporciones, les falta la fuerza expresiva que tienen en cambio los retratos. Carecen de personalidad y les sobra tal vez un poco de literatura. Prueba de esta indiferencia instintiva, de lo que pudiéramos llamar incompatibilidad temperamental de Miss Nelly Harvey con el paisaje es que, a pesar del ejemplo de los maestros ingleses del siglo XVIII o de los venecianos del XVI y XVII tan amados por ella, prescinde de los fondos de paisaje en sus retratos y les arranca todo el vigor o todo el dulce encanto sin preocuparse apenas de la composición ni de elegir otro fondo que una tonalidad neutra.

Otro comentario que nos sugiere el arte de Miss Nelly Harvey es su preocupación por los procedimientos. Le inquietan !os diversos medios que puede emplear un artista en sus obras. Así puede afirmarse que pinta cada cuadro de un modo distinto y que tan pronto emplea finas transparencias, veladuras delicadísimas, como da una viril impresión con gruesos de color, con grandes masas sobriamente resueltas. La misma variedad de modelos ratifica este deseo latente de no anquilosar, de no amanerar su estilo.

Así, pues, nadie podría decir que este retrato del militar español curtido por el sol de África—y que es una de las mejores obras de Miss Nelly Harvey —ha sido ejecutado por la misma mano que se complació en las ternuras, suavidades y delicadas gamas del retrato de Doña Paquita de Salamanca. Ni que pudo ser pintado con tal identificación de la literatura exquisitamente emocional del autor de Sirenas Mudas, el admirable retrato del poeta Goy de Silva y olvidar de pronto esta sugestión estética para hacer los otros de un torero o de un general condecorado con innúmeras cruces. Y pasar de la sensual melancolía de este prodigioso boceto de retrato —en que se ve una mujer llena de crepusculares nostalgias— al dulcemente apasionado Retrato de mi madre.

Esta flexibilidad del temperamento artístico de Miss Harvey, esta diversidad de conocimientos técnicos, es lo que acusa la supremacía de su pintura y lo que ha dado lugar á tantos retratos de positivo mérito como la ilustre pintora inglesa expuso recientemente en el Salón Iturrioz.

En ningún momento podrá decirse de su arte que tiene como única expresión los efectos de su temperamento femenino. Miss Nelly Harvey, que algunas veces tiene delicadezas y ternuras de mujer, pone otras en sus lienzos alardes de un temperamento viril y enérgico. Siempre sabe rendirse a la soberanía del Arte”.

Nelly Harvey supo relacionarse con la nobleza y la aristocracia de su época, incluso con la realeza, y en mayo de 1917, retrató a la reina Victoria Eugenia, que posó para ella en el Palacio de Oriente y posteriormente al canónigo del Palacio Real don Plácido Verde.

Retrato de S.M. la Reina Victoria Eugenia de 1917

Retrato de S.M. la Reina Victoria Eugenia realizado en 1921 para la legación de España en Lisboa

 

A este propósito, la revista Blanco y Negro del 5 de agosto de 1917 dedicaba una página en la que se reproducía el retrato de S.M. en un artículo firmado por Rodolfo Gil en el que decía que “en sus retratos hay una inconfundible fuerza interna que, huyendo del artificio, plasma y perpetúa en el lienzo la verdad psicológica de la expresión. Sus retratos de hombre dijéranse obras del realismo español en su mejor época. Y por lo que toca a sus retratos femeninos, forman preciada serie y, contemplándolos, se puede por ellos proclamar a miss Harvey pintora de todas las elegancias aristocráticas… este de la Reina de España, que a fe es de los mejores retratos que se han hecho de S.M. doña Victoria Eugenia. Ni en la figura ni en el fondo ha querido recoger la artista la ostentación de la majestad; es un retrato de la Reina para la Reina, y precisamente aumenta su encanto este su sesgo de intimidad, que no esfuma en la actitud la propia gallardía de la realeza. Muy bien de entonación y de estupendo parecido, el busto de nuestra Soberana, de loable precisión artística, es un acierto indiscutible. Nunca se pudo aplicar más propiamente la frase popular “Está hablando”. Toda el alma de la augusta señora irradia de su gentilísima cabeza, que corona el oro de sus rizos…. Afianzan esta impresión de elegante naturalidad la tonalidad clara y suave del vestido…. Y la exquisita discreción de posar con discretas joyas… Nelly Harvey puede estar satisfecha”…

No fue esta la única vez que retrató a S.M. la Reina Victoria Eugenia, ya que para la Legación de España en Lisboa, pintó otro retrato de ella que mereció elogios y críticas muy positivas.

A principios de marzo de 1918, la pareja formada por la pintora, grabadora e ilustradora figurativa francesa, que estuvo estrechamente asociada con la aparición del arte moderno, Marie Laurencin y su marido, el barón Otto van Watjen, se instalan en Madrid.

Marie Laurencin pasa entonces mucho tiempo con su compañera y amiga, la artista Nelly Harvey, sobre todo en el Museo del Prado, donde estudia con la ayuda de la inglesa, a Velázquez, el Greco y Goya, pintores que ambas veían como sus únicos ejemplos.

En 1924 expuso en el Foaais Udstillingen de Copenhague, obras como el “Retrato del Pastor Jensen”, hecho recogido por la prensa del momento, como la crónica que desde París realizó Andrés Meller, en la que destacaba que sus retratos “tienen una factura de gran solidez, dibujo correcto, sobrio y muy vigoroso, siendo el modelado de un gran relieve”…

Copia del Retrato del marqués de Mirabel realizado por Van Dyck

Distintas copias realizadas por Nelly Harvey del Museo del Prado

 

El 12 de diciembre de 1925, en La Voz de la Mujer, revista mensual dirigida por Celsia Regis, aparece una reseña de la artista en relación a la Exposición Nacional de Bellas Artes, de la que se dice: «Hace años que reside en España la distinguida pintora inglesa Nelly Harvey. Ha venido atraída por nuestros clásicos de la pintura, y de ellos ha procurado incorporar determinados valores técnicos y estéticos. En las obras que expone, y especialmente en los retratos, su arte ha ganado en tintas gríseas y en sobriedad colorista. Hay en su obra un equilibrio cromático muy simpático y un cierto britanismo que se funde muy bien con los elementos hispanos que ha adquirido.»

La artista fotografiada en 1925 por el diario Región

 

En agosto de 1925 leemos un amplio reportaje de la artista en el diario Región, en el que se asegura que “ha realizado ya exposiciones exitosas en Munich, Londres, París, Berlín, Dusseldorf, Copenhague, Nueva York, Madrid y Barcelona”.

Por el periódico de la época La Nación, de mayo de 1928, sabemos que acostumbraba a celebrar reuniones en su estudio de la carretera de Chamartín, …”que recuerda los clásicos salones franceses… El estudio está en la parte alta de un pequeño chalet, rodeado por jardín espeso de frutales y de gazón… la gran habitación de trabajo, cuajada de lienzos prodigiosos y el pequeño salón anexo, donde se toma el oloroso té… el tema principal de la causerie fue la admiración y comentario de las obras de la gran pintora. No parecen óleos la mayoría; son casi todas como cromos ingleses delicadísimos de composición y de color…. Estos viernes de la notable artista son de los que hacen grata fecha en las tardes de la season. Aramis”.

En 1930 presentó a la Exposición Nacional de Bellas Artes los retratos de la Sra. de V. y de Julián Valdepares.

También en febrero de 1930 expuso su obra en la Exposición de Pintura y Escultura del Círculo de Bellas Artes de Madrid, junto a otros muchos artistas socios de la Asociación de Pintores y Escultores como Julio Moisés, Nicanor Piñole, Cecilio Pla, Pérez Rubio, Verdugo Landí y Rafael Botí.

Nelly Harvey en 1930 en su estudio

 

En 1946 presentó obras en la Exposición del Instituto Británico de artistas españoles e ingleses.

En 1951 participó en la Exposición de Buenos Aires, antecedente de la I Bienal Hispanoamericana de Arte, donde se mostraron gran número de obras de artistas consagrados y académicos, y una pintura figurativa con influencias y maneras más cercanas a la modernidad.

A la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1952 presentó las obras “Las dos hermanas” y “Retrato de María de Bustemante”.

Por su estudio pasaron multitud de artistas que aprendieron el arte del retrato, como la pintora jerezana Maruchi Molinero.

A partir de esa fecha, su huella se pierde irremediablemente.

Falleció el 31 de diciembre de 1961, a los 91 años de edad.

El Museo del Prado posee la obra titulada “Susan Baverstock”, (la madre de la artista) un óleo sobre lienzo fechado en 1906, de 129,5 x 86 cms, donación de Dolores Fernández en 1968 con destino al Museo de Arte Moderno, pero que se encuentra depositado en el Museo de Jaén.

Retrato de Susan Baverstock, su madre. Colección Museo del Prado, en depósito en Jaén

 

Su obra está presente en multitud de colecciones privadas españolas y americanas.

Sus retratos denotan una mano diestra, un pincel fino y de buena casta, pese a tener cierto aire adulador con sus modelos, su aspiración por dejar satisfechos a los personajes que retrata es la clave para lograr nuevos clientes.

Muchos de ellos se ven rejuvenecidos y hermoseados, con una pintura de buen tono, agradable a la vista, algo hueca de contenido en la que se ve que la autora es una hábil retratista e intenta profundizar en el carácter de sus modelos.

Paisaje

 

De técnica espontánea, fácil, con oficio, si bien el retrato es un género que limita las posibilidades creativas del artista, ya que debe mantener el parecido con el sujeto del natural, las obras de Nelly Harvey no son una mera reproducción de los rasgos, sino que influye mucho la sensibilidad de la propia artista, que interpreta los rasgos más diferenciables a su gusto y en las características del arte del tiempo en que lo realiza.

La artista sabía que un buen retrato debe captar la emoción, el alma y la esencia de la persona, y lo cierto es que todas las mujeres, los cientos de mujeres y de hombres y niños por ella retratados, se reconocieron en sus obras y se gustaron.

El retrato de Miss Nelly se convirtió en un apasionante objeto de estudio porque concentraba en sí la mayoría de las funciones de la pintura, sobre todo el dominio de la anatomía humana, que la artista ejercía con sutileza y habilidad, sabiendo plasmar sutiles diferencias de los personajes, identificables en todo momento.

En sus retratos, fieles reflejos de la época en que están hechos, se ven reflejados aspectos como la riqueza y el poder del ambiente aristocrático en el que se movía la artista, que a través de la vanidad de la época logró hacer de sus trabajos un símbolo de posición social.

Pese a lo que se pueda creer, realizar un buen retrato lleva un tiempo considerable y requiere varias sesiones de posado, ya que la artista no utilizaba (como ahora se hace) fotografías de las que copiar, y con un estudio previo de la postura del sujeto, que revela su estado emocional y físico, así como la vestimenta. Más que un retrato en sí, era un hecho “social” que Nelly supo aprovechar, pues a sus dotes artísticas unía una gran simpatía y “don de gentes”, de manera que un encargo llevaba a otro en una época en la que era habitual retratarse entre las clases pudientes.

Y sabía además, que en un encargo, el artista tiene que ser justo con quien paga, defendiendo el cuadro y al personaje, siendo correcto y elegante, y a la vez elevando esa imagen a la categoría de arte.

Y nadie como Nelly Harvey supo hacer del retrato un objeto social imprescindible y bello.

De los cientos de retratos que hizo a lo largo de su longeva vida, nos queda el testimonio único y espléndido, pese a ser en blanco y negro, que recogió el Archivo de Arte Español Mariano Moreno, con casi doscientas fotografías de retratos de la artista, que ante la imposibilidad de recoger en estas líneas, hemos incluido en esta página web en tres grandes galerías dedicadas a los retratos de mujeres, de hombres y de familias, y en los que el lector podrá apreciar el arte que encierran todos y cada uno de ellos.

 

Nelly Hervey y la AEPE

En el I Salón de Otoño de 1920 apareció inscrita como Harvey, Miss Nelly; natural de Londres (Inglaterra); reside en Madrid, calle del Españoleto, número 10, y al mismo presentó las obras:

370.- “Retrato de la Señora de V”, óleo 0,74 x 0,67

371.- “Retrato del Conde de S.” óleo, 0,76 x 0,66

372.- “Bodegón de fruta”, óleo, 0,70 x 0,61

373.- “Estudio de una mora”, óleo, 0,56 x 0,46

374.- “Apunte de la Sierra de Gredos”, óleo, 0,46 x 0,36

375.- “Apunte de la cuesta de África”, óleo, 0,36 x 0,28

Al II Salón de Otoño de 1921, en el que figuró inscrita de la misma forma, llevó la obra:

139.- “Retrato de D. Fernando Jaizaga”, óleo, 0,93 x 0,81

En el V Salón de Otoño de 1924 mereció la calificación de Socio de Honor, y concurrió con las obras:

162.- “Retrato de la Señorita M. M.”, óleo, 0,90 x 0,75

163.- “Muchacho de Dinamarca”, óleo,0,86 x 0,75

164.- “Muchacha con un gato”, óleo,0,95 x 0,75

165.- “Bodegón”, óleo, 0,66 x 0,56

Al VI Salón de Otoño de 1925, en donde ya consta como Socio de Honor de Salones anteriores, presentó los siguientes trabajos:

154.- “Retrato de la Sra. de P.”, óleo, 118 x 100

155.- “Retrato de la Srta Dª. Isabel de C.”, óleo, 84 x 72

156.- “Bodegón de flores”, óleo, 107 x 85

157.- “Bodegón de frutas y flores”, óleo, 100 x 102

158.- “Vista de Garucha”, óleo, 45 x 55

En el VII Salón de Otoño de 1927, figuró inscrita como que residía en Madrid, “Villalabor”, calle de Vicente Perea (Prosperidad), y presentó dos óleos:

318.- “Retrato de la Sra. Doña Isabel de la T.”, 90 x 75

319.- “Bodegón de flores”, 65 x 55

Al VIII Salón de Otoño de 1928 presentó un único óleo:

147.- “Retrato de la señora V.”, óleo, 0,90 x 0,80

Al IX Salón de Otoño de 1929 presentoó dos obras:

96.- “Retrato de Alvarito Miláns del Bosch”, óleo, 0,75 x 0,62

97.- “Retrato de la señora de W.”, óleo, 1,09 x 0 ,93

En el X Salón de Otoño de 1930 apareció inscrita como Srta. Nelly Harvey, natural de Londres, vive en Madrid, calle de Vicente Perea, Villa Labor, Carretera de Chamartín (Socio de Honor de Salones anteriores). Y presentó las obras:

139.- “Carlitos”, óleo,0,93 x 0,82

140.- “Retrato del Sr. Rieu-Vernet”, óleo, 1,03 x 0,81

141.- “Puente de Alcántara, Toledo”, óleo, 0,50 x 0,43

Al XI Salón de Otoño de 1931

253.- “Retrato de la señora de F.”, óleo, 0,89 x 0,90

267.- “Retrato de Florence Chester”, óleo, 1,04 x 0,90

285.- “Retrato del Señor de H.”, óleo, 1,48 x 1,20

Al XII Salón de Otoño de 1932

157.- “Retrato del Señor G. Ch.”, óleo, 0,94 x 0,82

172.- “Retrato de la señora M.”, óleo, 1,30 x 1,00

203.- “Bodegón de flores”, óleo, 0,45 x 0,36

Al XIII Salón de Otoño de 1933

6.- “Retrato del niño Jolin Dijón”, óleo

24.- “Retrato de la Señorita M. de R.”, óleo

Al XIV Salón de Otoño de 1934

140.- “Retrato de José Criado”

Al XVI Salón de Otoño de 1942

“Retrato de Nelly Schultes”

“Retrato”

“Marie Sol”

Al XVII Salón de Otoño de 1943

“Retrato de Queeny de C.”

Al XVIII Salón de Otoño de 1944

“Retrato de Don Juan J. de P.V.”

 

Abierta al público la exposición del «58 Certamen de San Isidro»

Con las medidas de seguridad higiénica que determina la ley, pero con gran expectación y afluencia de público, que pasa por la sala en reducidos grupos, el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, acompañado por algunos miembros de la Junta Directiva, como Antonio Téllez de Peralta, Paloma Casado, Carmen Bonilla Carrasco y Ana Martínez Córdoba, ha visitado esta tarde la Sala de Exposiciones “La Lonja”, del Centro Cultural Casa del Reloj de la Junta del Distrito de Arganzuela, donde cuelga ya la exposición del “58 Certamen de Artes Plásticas San Isidro de tema madrileño”.

 

La muestra, que podrá visitarse hasta el próximo día 28 de mayo, exhibe un total de 56 obras seleccionadas, además de un artista invitado como es Manuel de Íñigo, con una temática en torno a la ciudad de Madrid, que ha tenido tanta tradición y es siempre fuente de inspiración para artistas.

El Certamen de San Isidro de la Asociación Española de Pintores y Escultores es una convocatoria tradicional en la AEPE, que este año llega a su edición número 58 y suele siempre coincidir con las fiestas patronales de la ciudad de Madrid.

Ha venido siendo denominada indistintamente como exposición de temas madrileños o de San Isidro, que es su nombre oficial, puesto que las fechas han sido siempre más o menos coincidentes con las populares fiestas de Madrid y el tema casi siempre obligatorio “Madrid en su sentido más amplio”, aunque en alguna ocasión solamente recomendado.

Son más de medio centenar de obras que teníamos la ilusión de haber podido comentar en persona, pero que de forma responsable, se pueden visitar desde hoy mismo.

Para quienes no puedan asistir, hemos preparado una galería de obra, el catálogo digital habitual y las fotografías que el propio Presidente nos hace llegar, tomadas poco después del montaje de la muestra, y que nos anima a remitir a la AEPE más fotografías, que los propios socios realicen en su visita, para ir subiéndolas a la página web y guardar así el mejor recuerdo de estas exposiciones tan atípicas.

El acta del jurado del «58 Certamen de San Isidro», es la siguiente: el Jurado está formado por José Gabriel Astudillo López, Presidente de la AEPE, actuando como Presidente del Jurado y Mª Dolores Barreda Pérez, Secretaria General de la AEPE, en calidad de Secretaria del mismo, ambos con voz y sin voto; y como Vocales los directivos Juan Manuel López-Reina, Alicia Sánchez Carmona, Fernando de Marta y Ana Martínez Córdoba y acuerdan otorgar los siguientes premios:

MEDALLA DE PINTURA ANTONIO CASERO SANZ: Agustín González. La gran nevada de Madrid. Óleo / tabla. 85 x 130

MEDALLA DE ESCULTURA LUIS BENEDITO VIVES: Jesús Pérez Hornero. Pasado y Presente. Sintética / chapa de acero forjado en frío y roble. 54 x 54 x 33

MENCIÓN DE HONOR: Aracely Alarcón. Catedral de la Almudena. Óleo / madera. 100 x 100

MENCIÓN DE HONOR: Karfer Eguia. Centro Financiero BBVA. Óleo / lienzo. 81 x 65

MENCIÓN DE HONOR: M. García García. Menina. Resina y metal. 39 x 21 x 17

MENCIÓN DE HONOR: Juan Layos Pantoja. Casa Allende. Óleo / tabla. 110 x 72

MENCIÓN DE HONOR: Julio Nuez. Casa del Reloj. Hierro soldado y lacado óxido / madera. 76 x 76 x 31

MENCIÓN DE HONOR: Julián Peinador. Primavera en el Retiro. Mixta / lienzo. 73 x 92

 

Recordamos que los artistas participantes en la muestra del «58 Certamen de San Isidro» son:

Joaquín Alarcón González – Aracely Alarcón Morales (Aracely Alarcón) – Francisco E. Bertrán Hernández (Paco Bertrán) – Carmen Bonilla Carrasco (Carmen Bonilla) – Alfonso Calle García (Alfonso Calle) – Martina Cantero Jiménez (Martina Cantero) – Paloma Casado López (Paloma Casado) – Ignacio Cenarro Campos (Ignacio Cenarro) – Mari Luz Dupont (Dupont) – Carmen Durán Sanz (Carmen Durán) – Magdalena España Luque (Magdalena España) – Carmen Espinosa Soto (Carmen Espinosa) – José Carmelo Esteban Gracia (Carmelo Esteban) – Karlos Fernández Eguia (KarferEguia) – Rosa M. Fernández Fernández – María García García (M. García García) – Ángeles García-Quismondo – Manuel Gascón Roldán (Manuel Gascón) – J. Pedro Gómez Gómez (J. Pedro Gómez) – Agustín González Salvador (Agustín González) – Juan Antonio González Sáiz (Juan Antonio González Sáiz – Juanchi -) – Argentina González Tamames – Fernando Herranz Alonso (Alon) – Manuel de Íñigo Camús (Manuel de Íñigo) – Antonio Izquierdo Ortega – Mónica Jimeno Romero (Mónica Jimeno Arte) – Juan Layos Pantoja – Pablo Linares Amor – Carlos V. Losa Revuelta (Carlos Losa) – Antonio Lucas García (Antonio Lucas) – Juan Ramón Luque Ávalos – José Luis Martín de Blas Aguado (José Luis Martín de Blas) – Mª Luisa Martínez de la Pascua de Zárate (Zárate) – Santiago Morollón Quejido (Santiago Morollón) – Antonio Municio Gutiérrez (Antonio Municio) – Julio Nuez Martínez (Julio Nuez) – Ángel Núñez García – Catalina Orozco de la Torre (Catalina Orart) – María Padial Gallego (Mani Padial) – Julián Peinador de Juana (Julián Peinador) – Jesús Pérez Hornero – Paloma Ramírez-Montesinos Vizcayno (Paloma Ramírez-Montesinos) – Ana Reynolds Martínez (Ana Reynolds) – Juan Antonio Romero Pérez (Juan Antonio Romero) – Nuria Ruiz de Alegría – Guillermo Sanz Murat (Murat) – Jorge Andrés Segovia Gabucio (Jorge Segovia Gabucio) – Emilio Sotomayor Rodríguez (Emilio Sotomayor) – Arturo Tejero Esteban (Arturo Tejero) – Antonio Téllez de Peralta – José Valladares Moreno – Gregorio de la Vega Hernáiz – Begoña Zamora Maroto  (Begoña Zamora)

 

El catálogo digital editado con tal motivo lo puedes ver y descargar aquí:

 

Catálogo digital del 58 Certamen de San Isidro 2021

 

Por supuesto, también incluimos una galería de obras:

 

Y fotografías y vídeos de la exposición:

 

 

58 Certamen de San Isidro de tema madrileño

 Del 6 al 28 de mayo de 2021

Sala de Exposiciones La Lonja

Centro Cultural Casa del Reloj

De lunes a sábado: De 10 a 14 h. y de 17 a 20 h.

Domingos y festivos cerrado

Paseo de la Chopera, 6-10

28045 Madrid

Metro: Legazpi (líneas 3, 6)

Bus: 62, 6, 78, 148

 

Cuatro tumbas, dos cuerpos y Goya sin cabeza

Cuatro tumbas, dos cuerpos y

Goya sin cabeza

Tumba de Goya en la Sacramental de San Isidro, en el Panteón de Hombres Ilustres, que fuera su tercer enterramiento

 

Francisco de Goya fue enterrado en el cementerio de la Grande Chartreuse, en el mismo panteón de la familia Goicoechea, donde yacía ya su amigo Martín Miguel Goicoechea, que era su consuegro, padre de Gumersinda Goicoechea, esposa de Javier Goya, el hijo mayor del pintor.

Goicoechea era un comerciante navarro de Alsasua, residente en Madrid, donde tenía un próspero negocio de tejidos y ropas.

Goicoechea nació en 1775 y murió en 1825, tres años antes que Goya y era contrario al absolutismo que habría de reinstaurar Fernando VII a su vuelta a España, por lo que se vio obligado a exiliarse, instalándose con su familia en Burdeos.

Memorial que recuerda en el cementerio de Burdeos Francia el enterramiento original de Goya

 

En el entierro de Goya, no debieron hacerse bien las cosas por alguna razón. El caso es que ambos, fueron depositados en la misma tumba sin que nadie identificara de una u otra forma ambos cuerpos.

Por este motivo, cuando fueron exhumados, no se pudo determinar quién era quien, por lo que, ante la duda, se decidió el traslado de los dos.

Fue su amigo Pío de Molina quien redactó en latín el texto pomposo de la lápida, y más adelante, en la casa mortuoria, otra lápida declara:

Francisco Goya y Lucientes

Ne a Fuendetodos (Espagne)

Le 30 mars 1746.

Est mort dans cette maison

Le 16 avril 1828.

La comunicación que el 8 de mayo se elevó a Fernando VII, dándole cuenta de la muerte de Goya, decía que murió “de una parálisis en el lado derecho que terminó en un accidente apoplético”.

Y así quedó todo.

     Desde este primer enterramiento en 1828 transcurren 52 años hasta 1880, en que el cónsul de España en Burdeos, Joaquín Pereyra, en una de sus visitas al  cementerio  de  La Chartreuse  en el que yacía su esposa, se topa con la tumba de Goya en muy mal estado: “Como desde el año 1878 tengo enterrado en el cementerio de la Chartreuse de esta ciudad el cadáver de mi señora, tengo la costumbre de visitarlo con mucha frecuencia. En una de estas visitas, en el año 1880, hizo la casualidad que descubriese la tumba que encierra los restos del insigne pintor Don Francisco de Goya y Lucientes en un estado ruinoso, y de tal manera abandonada que no puede menos de impresionarme, sonrojándome al considerar que los restos de esta ilustre gloria se encontrasen sepultados en el mayor olvido y abandono en tierra extranjera, y sentenciados de que un día fuesen a confundirse en el osario común. Traté de tomar informes sobre el particular a fin de dar cuentas a nuestro gobierno, y me propuse procurar hacer lo posible por mi parte para que estos restos fuesen trasladados a España a un panteón digno de tan insigne patricio.”

Pero tuvieron que pasar cuatro años, hasta que 1884 el gobierno español dio carácter oficial al estado de la tumba.

Pereyra entonces emprende las gestiones pertinentes ante las autoridades francesas para que le autoricen a abrirla. No se entiende muy bien el porqué de tanto empeño sabiendo que la apertura del féretro no le daba derecho al inmediato traslado a España.

Oficialmente no obtuvo permiso de apertura hasta pasados 8 años, es decir, hasta 1888, que es cuando redacta el detallado informe:

Habiéndose llevado a cabo la exhumación y reconocimiento de los restos mortales del insigne pintor Don Francisco de Goya con las debidas formalidades, observamos que abierta la tumba nos encontramos en presencia de dos cajas, una de las cuales estaba forrada de zinc, y la otra de madera sencilla sin ninguna placa ni inscripción exterior, y ambas de igual longitud, por lo que procedieron a abrirse ambas. En la que estaba forrada de zinc se encontraron los huesos completos de una persona, y en la otra estaban todos los huesos de un cuerpo humano, excepción hecha de la cabeza que faltaba por completo, lo que no dejó de sorprendernos grandemente a todos los allí presentes. Y precisamente todo induce a creer que los huesos encerrados en esta última caja son los de Goya por ser los huesos de las tibias mucho mayores que los contenidos en la caja de zinc y además por haberse encontrado en ella restos de un tejido de seda de color marrón, que deben ser los del gorro con que se presume fue enterrado Goya, así como por estando más próxima de la entrada del caveau debió ser la última que en él se colocó. No habiéndose encontrado  en  la  caja  de  madera traza alguna de que hubiere sido abierta  ni  la  mandíbula  inferior  ni diente alguno, todo induce á creer que á Goya lo enterrarían decapitado, bien por un médico o por algún amador furibundo de notabilidades.”

El informe exacerbó las cábalas, ayer y hoy. Algunos han supuesto que pudo ser el mismo Goya quien diese consentimiento a su amigo el doctor Jules Lafargue para que nada más fallecer le cortase la cabeza y la analizase. Entonces estaba en boga la frenología instaurada por el alemán Franz Gall, que trataba de relacionar la observación del cerebro y el cráneo con la genialidad, la maldad o la locura, entre otras cosas.

La operación la suponen algunos en secreto en el asilo San Juan de Burdeos, lugar donde Goya se inspiró para realizar su serie de dibujos conocida como Los locos de Burdeos. E     s decir, que si Goya falleció a las 2 de la madrugada, la siniestra operación tuvo que haberse hecho en las horas que quedaban de la noche, ya que en el transcurso del día que comenzaba Goya iba a ser enterrado.

Las cosas no concuerdan realmente, porque es del todo impensable que la familia del pintor, sus amigos y vecinos más queridos, además de las autoridades eclesiásticas, pendientes en aquel momento del cadáver del pintor, no se hubiesen percatado de la decapitación.

La desaparición  de  la cabeza, como sugiere Pereyra, pudo deberse también a su sustracción de la tumba con el fin de vendérsela sencillamente a quien podía interesarle entonces: un médico frenólogo, y es que en los años de la muerte del pintor, estaba de moda en medicina la llamada frenología. Esta ciencia, pretendía estudiar los rasgos intelectuales y morales de la persona a partir de la forma de su cráneo.

Algunos anatomistas de la época hacían estudios sobre cuerpos de personas corrientes para llegar a sus conclusiones. Pero rara vez se tenía la oportunidad de estudiar el cadáver de una persona sobresaliente, un genio del arte, y por eso el cráneo de Goya era una pieza apetecible.

Pero el enigma vuelve a surgir cuando el informe de Joaquín Pereyra constata que no había detectado manipulación alguna de tumba y féretro.

Pereyra obtuvo por fin permiso para abrir la tumba pero no bastó, puesto que tuvo que esperar tres años más hasta que en 1891, le concedieron la orden oficial del traslado de los restos de Goya a Madrid.

Columna de la Plaza del Pilar de Zaragoza trasladada en 1927 desde el cementerio de Burdeos. Es la original que presidía la tumba de Goya y de su amigo Goicoechea

 

Ante aquella dilación, la tumba abierta hubo de volver a ser cerrada a cal y canto, y así permaneció nada menos que ocho años, hasta que en 1899 se procede al traslado definitivo por tren, que se verificó el 5 de junio por la noche.

El día 6 de junio, el tren llega a Irún; Goya entraba de nuevo en suelo español, tras 71 años ausente en el cementerio bordelés.

El día 7 de junio, el tren llega a Madrid, y el féretro es llevado temporalmente a una cripta de la Colegiata de San Isidro, en la calle Toledo, donde permaneció un año más mientras terminaba la construcción del panteón que iba a acoger definitivamente a Goya, que finalizó el 11 de mayo de 1900.

La nueva tumba se hallaba en la Sacramental de San Isidro, junto a la Ermita de San Isidro, en lo alto de la margen derecha del Manzanares, donde estaba la Pradera de San Isidro que tan bien conoció Goya cuando vivía en la Quinta del Sordo.

En realidad, la sepultura constaba de cuatro tumbas opuestas, en torno a un pedestal con medallones sobre el que se alzaba una columna de varios metros coronada por la alegoría de la Fama. Goya tuvo que compartir el mausoleo con Leandro Fernández de Moratín, su amigo, Meléndez Valdés y Donoso Cortés.

La tumba de Goya mira hacia Madrid. Aun dentro de su elegante diseño, el mausoleo fue una desconsideración enorme, porque Goya se merecía una obra funeraria para él solo. La obra se había iniciado cuatro años antes, en 1896, a cargo del arquitecto Joaquín de la Concha y del gran escultor Ricardo Bellver, autor del Ángel Caído del Retiro, que realizaron un trabajo impecable.

Exhumación de los restos de Goya en 1919

 

En ese cementerio permaneció Goya diecinueve años, hasta 1919, compartiendo cementerio con Pepita Tudó, la Maja Desnuda y Vestida, amante y mujer de Manuel Godoy, ubicada en un modesto nicho a unos cien metros de donde estaba quien la hizo eterna.

En 1919 se determina su traslado a la ermita de San Antonio de la Florida, cuya bóveda había pintado.

Allí, en el centro del templo, Goya reposa en su última tumba diseñada por el arquitecto Antonio Flórez, juntamente con su inseparable consuegro, que lo acompañaba desde los días de Burdeos.

Detrás de ambos templos se encuentra el diminuto cementerio en que reposan los restos de los fusilados la madrugada del 3 de mayo de 1808 por tropas francesas de ocupación y que Goya plasmó en su obra maestra Los Fusilamientos del 3 de mayo.

 

 

 

 

Enfermedad y muerte de Goya

Diagnósticos y últimos días del artista

 

Autorretrato de Goya con el Doctor Arrieta

 

Por supuesto, no podemos obviar la edad en la que falleció, cuando contaba con 82 años, ni que la esperanza de vida de mediados del siglo XIX era de tan solo 40 años. Si a ello añadimos las ínfimas condiciones sanitarias en las que se vivía, el transcurso de una vida en la que se ha presenciado una guerra, la penuria de los viajes por caminos inmundos y otros muchos condicionantes, podemos afirmar que Francisco de Goya fue un privilegiado por llegar a esa edad.

Otra cosa es las condiciones físicas en las que vivió 82 años, las secuelas que su salud arrastraba.

En 1792 cayó gravemente enfermo en el transcurso de un viaje a Cádiz. Contaba con 46 años de edad y los médicos le diagnosticaron cólicos.

La enfermedad, cuya recuperación le llevó casi dos años, la pasó junto a su amigo Sebastián Martínez, quien fue testigo de cómo el artista quedó sordo, explicando su dolencia como un “mal que le hace a su cabeza, que es donde tiene todo su mal” y que “el ruido en la cabeza y la sordera en nada han cedido, pero está mucho mejor de la vista y ya no tiene la turbación que tenía, que le hacía perder el equilibrio. Ya sube y baja las escaleras muy bien y por fin hace cosas que no podía”.

A partir de estas referencias, se llegó a la conclusión que el artista había padecido una crisis psicótica (algunos investigadores apuntan que fue de tipo esquizofrénico) o sífilis.

La dificultad para mantener el equilibrio y para ver, las alucinaciones, los fuertes dolores de cabeza y la pérdida de audición en ambos oídos podrían estar causados por una enfermedad que se propagó desde el cerebro hacia los órganos auditivos.

Infecciones como la meningitis o la sífilis pueden provocar estas reacciones, aunque no encajan exactamente en este caso. Se podría esperar que la sífilis mostrara con los años algunos síntomas neurológicos progresivos o la demencia, que no apareció durante la vida de nuestro artista.

Ésta y otras crisis de salud que ya sufría, se han querido explicar también por el llamado “saturnismo”, envenenamiento por el manejo casi cotidiano de albayalde con que imprimaba todos sus lienzos, hecho con plomo, y que puede causar cólicos y sordera, ya que se sabe que Goya usaba una cantidad excesiva de pintura blanca de plomo. Pero últimamente parece descartarse el envenenamiento por plomo porque aparte de su sordera, Goya se recuperó de sus otros síntomas.

Ahora se apunta como hipótesis más plausible una enfermedad autoinmune conocida como síndrome de Susac, que se caracteriza, precisamente, por alucinaciones, parálisis y pérdida de la audición.

Secuelas de su mal será una sordera total, que le imposibilitó para comunicarse si no era a través de señas.

Según el doctor Pedro Montilla, que ha estudiado la enfermedad de Goya en base a sus cartas, el propio artista describía sus síntomas: zumbidos, alucinaciones acústicas y visuales y pérdida de conocimiento. Señales que como decíamos, eliminarían la posibilidad de que se tratase de la sífilis, dado que esta enfermedad acaba en una demencia absoluta que Goya no sufrió en sus 82 años de vida.

También desmonta la teoría de que se tratase del síndrome de Cogan, que afecta al laberinto del oído, que está en relación con la autoconciencia de nuestro espacio en el mundo. Y descarta una posible intoxicación por plomo, ya que a la larga produciría una parálisis en las manos que Goya nunca tuvo, pese a que usaba el albayalde, carbonato de plomo, al comenzar sus cuadros. Aleja también la teoría de una locura maníaco-depresiva, que ha sido otra posibilidad con la que se ha especulado a lo largo de los años.

Según el doctor Montilla, la enfermedad que sufrió el pintor fue la malaria, endémica en la zona de Aragón y el delta del Ebro, y que al utilizar la corteza de quina como remedio a sus dolores, se volvió adicto a esta sustancia, ya que de ello habla en sus cartas. Y es que la quina en exceso, es neurotóxica y potencia los efectos negativos de la malaria.

En base a este planteamiento, la malaria pudo afectar al cuerpo en su momento de mayor gravedad, en 1792, estando hospitalizado en Cádiz durante dos meses hasta su recuperación. Por tanto, ese factor patológico pudo suponer un disparadero que separó su mundo real y su mundo imaginativo y sirvió para fomentar ese mundo pictórico que él creó.

Como quiera que podamos seguir especulando con el tema, baste recordar que Francisco de Goya, en 1824, es decir, con 78 años, pide una licencia al rey (pues su puesto de pintor de cámara así lo requiere) para irse a Francia con la excusa de tomas las aguas de Plombieres, saliendo de viaje hacia París, y haciendo parada en Burdeos, que le llevó más de tres días.

De París vuelve a Burdeos, como huésped de Leocadia Zorrilla, donde cultiva la amistad de compatriotas como Leandro Fernández de Moratín, Manuel Silvela, Juan Bautista Muguiro, José Pío de Molina y Martín Miguel de Goicoechea.

Solicita otra prórroga al rey que obtiene, pese a que en 1826 regresa a Madrid casi ya con 80 años y otros tres días de viaje que debieron resultar agotadores. En la capital, solicita la jubilación y regresa a Francia, instalándose nuevamente en casa de Leocadia, en Burdeos.

Allí transcurren sus últimos meses, los días de su enfermedad; allí muere rodeado de un nieto, su ahijada Rosarito, Leocadia, los amigos, el pintor Brugada, que son los que le rodean en las horas finales y quienes ven su rostro inmóvil en la madrugada del 16 de abril. Su hijo, Francisco Javier Goya, que había salido de España para ver a su padre, no llega a tiempo para verlo vivo.

Doce días después de la muerte, Leocadia dirigía a Moratín una carta en la que cuenta cómo acabó la vida del maestro: “El día 2 de abril, día de sus días, amaneció a las cinco sin habla, que recobró a la hora y se le paralizó  el  lado.  Así ha estado trece días. Conocía a todos hasta tres horas antes de morir, veía la mano, pero como alelado. No hubo momento después seguro, pues la debilidad le impedía entender lo que decía, y disparataba. Falleció del 15 al 16, a las dos de la mañana. Se quedó como él duerme, y hasta el médico se asombró de su valor. Dice éste que nada padeció”.

 

Los Goyas desaparecidos

Los Goyas desaparecidos

La lista de obras que se sabe que han existido o existen, y de las que hace años se desconoce su paradero, es enorme.

Las obras más antiguas de Goya que se han perdido, y para siempre, son las que realizó para la iglesia de su localidad natal, Fuendetodos, y que desgraciadamente se destruyeron durante la guerra civil.

Goya pintó en el exterior e interior de las puertas del armario relicario. Y también en el muro, encima del mueble. De todo ello solo quedan unas fotografías en blanco y negro.

Algo parecido ocurrió con «San Joaquín y Santa Ana» y «Visión de San Antonio», que se encontraban en la catedral de Valencia, y con una «Aparición de la Virgen del Pilar» que estaba en la iglesia parroquial de Urrea de Gaén localidad y municipio español de la provincia de Teruel perteneciente a la comarca del Bajo Martín, Aragón. La guerra civil acabó con ellas y ahora nos podemos imaginar cómo eran por simples fotografías.

Años antes, durante la Guerra de la Independencia, se perdieron los cuadros de la iglesia de San Fernando en Torrero, hoy en día un barrio de Zaragoza.

El fuego acabó también con pinturas de gran belleza, como un retrato de Antonio Porcel, que al parecer estuvo en Granada hasta finales del siglo XIX y que después de ser comprado por el embajador argentino en España, estuvo expuesto bastante tiempo en el Jockey Club de Buenos Aires. Un incendio declarado en el edificio en 1953 acabó con buena parte de la colección de pintura de la institución, aunque del retrato se conservan fotografías.

En el mismo incendio pereció «El huracán», un cuadro de 73 por 100 centímetros, pero del que ahora los expertos dudan de que realmente fuera realizado por Goya, y apuntan a Eugenio Lucas como posible autor.

Y es que en el catálogo de obras de Goya hay cuadros desaparecidos para siempre por catástrofes o sucesos y también muchas sorpresas, con cuadros que ocultos durante años, aparecen a la venta o acaban en el extranjero.

 

Un cuadro que no se ha vuelto a ver es un retrato de Bayeu que estuvo en la colección del marqués de Casa Torres y que desde principios de siglo los estudiosos no saben dónde está.

Lo mismo sucede con un retrato de Ramón de Pignatelli de cuerpo entero. Se enseñaba una copia hasta ahora en el Museo de Zaragoza, pero del original que estaba en Zaragoza en 1860 se ha perdido la pista.

El que sí ha aparecido es el retrato del barón de la Menglana, que en la actualidad está siendo restaurando.

Hay otras obras a las que es harto difícil poder seguir la pista debido a sus pequeñas dimensiones, como el  «Don Juan y el comendador», o un boceto de «La multiplicación de los panes y los peces», la monumental pintura realizada para la Santa Cueva de Cádiz.

Pierre Gassier, autor del catálogo de obras de Goya, sitúa «La cocina de las brujas», en México, pero hay otras como un «Retrato de mujer», firmado y realizado entre 1808 y 1812, de las que no se sabe nada, como el retrato de «La infanta María Isabel», pintado hacia 1800, que fue vendido en subasta por la casa Lempertz, de Colonia, en 1935. Los bombardeos y destrucciones que sufrió la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial arrasaron los archivos de la citada casa de subastas, y se desconoce a quién fue vendido y dónde ha acabado.

El aguafuerte «Un ciego cantando con su guitarra y su lazarillo», también titulado «Romance de ciego», que guarda relación con el cartón para tapiz «El ciego de la guitarra», pertenecía en 1928 al zaragozano Sebastián Monserrat, y su destino actual se ignora, ya que el ejemplar que se conserva en el Metropolitan de Nueva York fue adquirido por el museo neoyorquino con anterioridad a la venta de la colección Monserrat.

Hace un tiempo, unos ladrones se llevaron del castillo de Voergaard, en Dinamarca, el cuadro «El loco», aunque algunos expertos dudaban de que realmente fuera de Goya.

Pero el robo más famoso de los últimos tiempos tuvo lugar en noviembre de 2006, cuando fue sustraído durante un traslado a Nueva York la obra «Niños del carretón», que el FBI recuperó días después.

Otras obras de las que nada se sabe serían un retrato de Ramón Cabrera, otro de la condesa-duquesa de Benavente y una escena con el emblema del Real Instituto Militar de Madrid.

En 2018 apareció la obra Visión fantasmal, un óleo sobre lienzo de 26 por 17 centímetros, en paradero desconocido desde 1928, gracias a la donación al Museo de Zaragoza de una familia aragonesa.

Visión fantasmal

 

En 2019 aparecieron tres retratos que un día huyeron de la Guerra Civil a Francia y desde allí a un lugar aún hoy desconocido. Hasta 1936, los tres retratos de Goya formaron parte del catálogo que decoraba el Palacio de Zubieta de la bella localidad de Lekeitio, ya que eran parte del patrimonio artístico de sus ilustres moradores, Bernarda Tavira y Cerón Cuevas (Viuda de Fernando Adán de Yarza), cuyo retrato pintó Goya entre 1787 y 1788 en un óleo sobre lienzo, y que acompañó a los retratos de su hijo y su nuera, Antonio Adán de Yarza y María Ramona de Barbachano.

Retratos de María Ramona de Barbachano., Bernarda Tavira  y  Antonio Adán de Yarza

 

 

 

 

 

Unos pinceles y una paleta de Goya

Unos pinceles y una paleta de Goya

Paleta de Goya que se exhibe en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

 

En 1933 la Gaceta de Bellas Artes del 1 de julio, recogía una noticia que pasó inadvertida en la prensa de la época. Se trataba de la adquisición de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de una paleta y unos pinceles que fueron de Goya.

Una paleta y unos pinceles que en realidad eran mucho más que unas reliquias: eran la puerta abierta a la fantasía y a la imaginación y a todos esos pensamientos que nos vendrían a la cabeza al pensar si con ellos, justamente con esa paleta y esos pinceles, el gran genio aragonés hubiera pintado su Maja… o los Fusilamientos, o la familia de Carlos IV…

La historia de la paleta y los pinceles comienza en Burdeos, donde residió algún tiempo el pintor español Antonio Brugada, quien pintó un cuadro en el que reproducía el mausoleo que guardaba los restos de Goya en aquella población.

Allí adquirió una paleta y unos pinceles que pertenecían al artista cuya tumba acababa de pintar, y que llevó consigo cuando volvió a España.

En Madrid, se los muestra a Federico de Madrazo en 1843, hasta que de Brugada pasaron a ser propiedad del señor Badiola, padre de Dolores Badiola, que heredó las reliquias de su padre y que se casó con el maestro Saco del Valle.

Una vez fallecido Saco del Valle, su viuda, Dolores Badiola, ofreció al Estado su adquisición, que tras un estudio e informe de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, fueron adquiridas en 1933.

Antonio Brugada Mausoleo de Goya en Burdeos

 

Entre los documentos que prueban su autenticidad, hay un certificado de Federico de Madrazo, que presidiera la Academia durante veintisiete años y cuya palabra aporta, pues, garantía, además de un testimonio del académico y socio de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Moreno Carbonero, quien afirma que oyó a Luis Madrazo hablar con veneración de una paleta y unos pinceles que habían sido de Goya, hace ya muchísimos años.

Todo ello fue estudio de la Academia, que cotejó la letra del documento de Madrazo con la de otros documentos existentes en el centro, resultando ser auténtico el certificado de Federico de Madrazo y auténticas, por tanto, las goyescas reliquias.

Tanto el cuadro de Brugada, que reproducía el mausoleo que guardaba los restos de Goya en Burdeos, como la que él mismo denominó como última paleta de Goya, las donó al Liceo Artístico y Literario de Madrid, en donde se colocó, orlada de un ramo de oro, en la sala principal.

La paleta se exhibe en la actualidad en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Es de madera de nogal y está enmarcada en laurel dorado. A título de curiosidad, el lote que vendió Dolores incluía el cuadro y la paleta y ascendió a 3.000 pesetas, de las de 1933.

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