COLABORACIONES DE ULTRAMAR Francisco Gazitúa: la materia, el territorio y la poesía de la escultura chilena

Francisco Gazitúa: la materia, el territorio

y la poesía de la escultura chilena

 

Por Iván Palomo

Universidad de Talca, Chile. Socio de la AEPE

 

Hablar de Francisco Gazitúa es hablar de uno de los nombres fundamentales de la escultura chilena contemporánea. Su trayectoria, desarrollada durante varias décadas entre Chile y Europa, ha estado marcada por una relación profunda con los materiales, especialmente la piedra y el hierro, y por una manera de entender la escultura que vincula materia, territorio, oficio y memoria.

Nacido en Santiago de Chile en 1944, Gazitúa estudió en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile, donde se formó con destacados artistas, entre ellos la escultora Marta Colvin, Premio Nacional de Arte y una de las grandes figuras de la escultura chilena del siglo XX. Aquella formación dejó una huella importante: la valoración del oficio, el conocimiento directo de los materiales y una concepción de la escultura estrechamente relacionada con el espacio y el paisaje.

Francisco Gazitúa

Rueda

Posteriormente continuó su formación en Inglaterra, en la Saint Martin’s School of Art de Londres, uno de los centros que tuvieron especial relevancia en la renovación de la escultura británica durante la segunda mitad del siglo XX. Allí no sólo profundizó su formación artística, sino que también ejerció la docencia. La experiencia europea amplió su horizonte y lo puso en contacto con algunas de las discusiones centrales de la escultura contemporánea.

Sin embargo, una característica esencial de su trayectoria ha sido su permanente regreso a Chile y a su geografía. En la obra de Gazitúa, el territorio no funciona simplemente como escenario. Está presente en la elección de los materiales, en las formas, en las escalas y en la manera en que sus esculturas se relacionan con el espacio.

Piedra y hierro: materiales con memoria

Gazitúa ha trabajado principalmente con piedra y hierro, dos materiales de enorme fuerza física y simbólica. No intenta ocultar sus características naturales. Por el contrario, parece dialogar con ellas.

La piedra conserva su peso, su textura y su memoria geológica. El hierro, sometido al fuego, al golpe y a la transformación del oficio, adquiere líneas y tensiones que pueden recordar herramientas, embarcaciones, estructuras arquitectónicas o formas surgidas del paisaje.

En ambos casos existe una característica reconocible de su trabajo: el respeto por la materia.  Sus esculturas no buscan convertir el material en algo completamente distinto de aquello que es. La intervención del escultor convive con las propiedades de la piedra o del metal. De ese diálogo surge buena parte de la potencia de su obra.

Esta relación explica también la importancia que Gazitúa concede al taller y al trabajo manual. En una época en que buena parte de la producción artística puede alejarse de la ejecución material de la obra, él ha mantenido una relación directa con los procesos de cortar, forjar, ensamblar y construir.  La escultura es, para Gazitúa, pensamiento y creación, pero también oficio.

Una escultura vinculada al paisaje

Otro rasgo central de su obra es la escala monumental y su relación con los espacios públicos.  Varias de sus esculturas han sido concebidas para dialogar con ciudades, parques y paisajes abiertos. En ellas, el vacío adquiere tanta importancia como la materia. El espectador no sólo observa la obra: puede desplazarse alrededor de ella, descubrir perspectivas diferentes y comprender cómo la escultura modifica el espacio que ocupa.

Esta dimensión resulta particularmente significativa en un país como Chile, cuya geografía está marcada por grandes contrastes: la cordillera de los Andes, el océano Pacífico, los valles, los ríos y una extraordinaria extensión territorial.

Sin recurrir a una representación literal del paisaje, la obra de Gazitúa parece recoger algo de esa geografía. Hay en sus esculturas verticalidades, equilibrios, tensiones y aperturas que establecen relaciones con el entorno y que permiten reconocer una sensibilidad profundamente vinculada al territorio.

Esta relación entre escultura, materia y paisaje puede apreciarse de manera especialmente clara en el Parque de Esculturas de la Universidad de Talca, en la zona centro-sur de Chile. Allí se emplazan tres obras de Francisco Gazitúa: Sauce, realizada en hierro; Rueda, que reúne hierro y roca; y Flauta precolombina, tallada en piedra. Tres obras distintas que permiten reconocer, en un mismo espacio, algunos de los elementos esenciales de su lenguaje escultórico: la fuerza de la materia, el equilibrio y el diálogo permanente de la obra con el lugar que la acoge.

La vinculación de Gazitúa con esta Universidad se mantiene hasta hoy: forma parte de su Comité Consultivo de Arte, instancia destinada a contribuir al resguardo y proyección del patrimonio artístico universitario.

Esta concepción de la escultura en diálogo con el lugar aparece expresada por el propio Gazitúa en una frase que abre Palabra emplazada, libro editado por Guillermo García y publicado por la Editorial Universidad de Talca en 2026: “La escultura es una palabra emplazada, cuyo mensaje se comunica en contrapunto con el lugar específico que habita”.

Su trabajo ha alcanzado también una importante presencia internacional. Obras suyas forman parte de colecciones y espacios públicos dentro y fuera de Chile, confirmando una trayectoria capaz de mantener una identidad propia y, al mismo tiempo, dialogar con el lenguaje universal de la escultura contemporánea.

Mirador del Plomo

 

Maestro y formador

La contribución de Francisco Gazitúa a la cultura chilena no se limita a su producción artística. A lo largo de su vida ha desarrollado también una importante labor docente y formativa.   Su manera de transmitir la escultura está estrechamente relacionada con su propia práctica: aprender observando, trabajando y conociendo los materiales. Esta dimensión de maestro ha permitido que su influencia alcance a nuevas generaciones de artistas.

En reconocimiento a su extensa trayectoria y a su aporte al desarrollo de las artes visuales, en 2021 recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas de Chile, la principal distinción que el Estado chileno concede en este ámbito.

El reconocimiento coronó una trayectoria de décadas, pero no significó un punto final. Gazitúa ha continuado trabajando desde el taller, manteniendo esa particular combinación de reflexión, materia y oficio que caracteriza su producción.

Circunnavegación

 

Desde el sur del mundo

Acercar la obra de Francisco Gazitúa al público español permite también aproximarse a una parte de la historia reciente de la escultura chilena.

Chile posee una destacada tradición escultórica, representada por artistas como Lily Garafulic, Marta Colvin y Samuel Román, todos ellos Premios Nacionales de Arte y protagonistas de distintas etapas de la modernización de la escultura en el país. Gazitúa pertenece a una generación posterior y prolonga, desde un lenguaje propio, aquella tradición.  Su obra demuestra que lo local y lo universal no son dimensiones contrapuestas. Desde la piedra, el hierro, el taller y el paisaje chileno, Francisco Gazitúa ha construido un lenguaje capaz de atravesar fronteras.

Quizás allí radique una de las claves de su escultura: hacer que materiales aparentemente silenciosos —una piedra, una barra de hierro— adquieran presencia, tensión y poesía.  Y conseguir que, al contemplarlos, volvamos también a mirar el territorio que los rodea.

Flauta andina

 

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