¿De qué se informa?
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La información siempre es crítica, pero no debe de ser sectaria. Cuando es partidaria deja de informar y se convierte en propaganda. La crítica ha desaparecido, insisto. En Madrid la oferta de actos culturales es enorme, ¡albricias!, pero hay muchos medios audiovisuales y, sin embargo, todos coinciden en lo mismo, por competir, más que por cultura. Traigo hechos que han acaecido esta semana, con éxito de asistencia, pero a los que no se ha dedicado ni una línea, en la era de la comunicación, el reseñismo, la inmediatez.
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CENTENARIO DE EDUARDO ROLDÁN
En 2026, se celebra el centenario de varios artistas influyentes en la segunda mitad del siglo pasado en España. ¿Qué sepa, ningún tipo de recordatorio oficial para ninguno! Entre ellos, Eduardo Roldán, Madrid 1926-Aranjuez 2017. Y en Aranjuez, Sala Cultura de Postas, se ha inaugurado una exposición de sus obras y un programa de conferencias, recitales y conciertos. ¡Pues nada, silencio absoluto!
Eduardo Roldán, expresionista brillante, colorista visceral, radical en la crítica y las ideas, construyó un mundo fulgurante en el que se pelean heridas, rabias y emociones. Su gran valedor fue Francisco Umbral, que lo ponía en pinganitos adunia, escribiendo en Mortal y Rosa: “la materia que lo devora es la materia con que él pinta”.
Su delirio cromático se inscribe en la sensibilidad de la corte de los neobarrocos, también llamados neobarrosos y aún, neorrabiosos. Retuerce la pintura, en blanco y negro, o en colores, hasta que sangra, en canto dolorido, que se incrusta en el regazo de la desazón sangrando. No es el De Kooning español, porque el abstracto americano era eso y lírico, en tanto que nuestro Roldán es trágico, invasivo, violento, con jirones de carne y dientes al albur de sus sensaciones: un remolino detenido.
Expuso sin asiduidad, más bien solitario, pero eso no quita para reconocer el fulgor colorido de su expresionismo insumiso. Ni para silenciar su potencia entre tanto furtivo como ahora hay. Roldán pertenece a la tradición española, que parte de Goya, con las libertades ya aceptadas en su tiempo. Armoniza los grises con maestría y deconstruye con solercia las formas para ahormar una figuración deconstruida, explosiva, más que caótica, testimonio del caos social de su vivencia.
1990 personaje – esperpento (66×51) óleo sobre tabla
1970 autorretrato (100×80). Óleo sobre tabla
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DIMITRI PAPAGUEORGUIU, 1928-2016
Con motivo de “el día mundial de la lengua griega”, la Embajada de Grecia en España, ha propuesto una exposición de su obra y un recordatorio a los diez años de su muerte. La muestra se titula: La poesía griega en el arte de Dimitri. Porque, este maestro del grabado, que formó a tantos artistas españoles, que se hizo tan castizo, es un traductor e introductor de la poesía griega contemporánea en el español.
Tradujo a Odysseas Elytis, antes del Nobel de Literatura y lo trajo a Madrid y realizó un viaje iniciático con él a Toledo a ver al Greco. Y fue amigo de Yannis Ritsos, lo tradujo. Y de Yorgos Seferis. Construyó, con los poemas de estos grandes, libros hermosísimos, deslumbrantes, únicos, acompañados de sus grabados. También de Sarantis Antiocos, que participó en la velada. El rubro del homenaje no es muy fiel, porque ellos están presentes en su arte gráfico, pero él los vertió al español y los difundió en ediciones de bibliófilo y en otras comunes. Y en recitales en su taller, avispero de poetas.
Vino a Madrid, tras el duende de García Lorca, pero se hizo imprescindible en el arte de grabar y en las relaciones hispano-helenas. Manuela Armada, su mujer, pintora, le hizo un retrato, que aflora inocencia y ese pizco de pillería simpática que derrochaba. Sus medios, trabajo y pasión por la poesía. Fue profesor de la Facultad de Bellas Artes de la UCM.
¡Que te robe protagonismo la lengua griega es un honor! Intervinieron: el embajador, Excmo. Sr. Apostolos Baltas, Antón Alvar, Alfredo Silván Rodríguez y Sarantis Antiocos. No se habló mucho de su amistad con Ritsos, pero ahí están sus libros Claro de luna y Canciones llanas de la amarga tierra. Ni de su relación con Elytis, el primero en traducir La bondad en el sendero de los lobos, y más, luego fue una avalancha de versiones, pero Dimitri estuvo ahí en el inicio, donde todo es más difícil y desierto.
Allí no cabía un alfiler, pero después, ya ven. Nada. ¿Merece tanta dedicación y el manejo de tanta belleza el menosprecio? ¡La libertad está ahí, allá cada cual con lo que elija! Una sociedad culta tiene posibilidad de ser libre; una sociedad ignorante, chabacana, está presta para ser confundida, abusada, manipulada.
Yannis Ritsos y Dimitri Papagueorguiu
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RAFAEL PÉREZ HERNANDO
Es un galerista y dirige la galería de arte homónima, en Madrid, Calle de Orellana, cabe la Plaza de París. Se diría un hombre despistado, ajeno, pero no, está muy atento a lo concreto y apunta los instantes con precisión majestuosa, poniendo monedas de oro sobre una pobre estameña. ¡Entre la realidad más severa y la candidez, sus textos!
Rafael ha publicado su segundo libro, el otoño pasado, nadie me había informado, ni lo he visto referenciado en parte alguna hasta ahora. El libo se titula Deja que las velas se apaguen solas y lo edita la prestigiosa editorial Pre-Textos. Los que han visitado su galería saben que muestra una línea de arte sobria, mínimal, ebria de soledad, de silencios. Un buen ejemplo es su exposición actual, obras emotivas de Din Matamoro y juegos monocromáticos de Regine Schumann.
¿Aforismos, líneas de pensamiento, versos, apuntamientos, referencias desnudas, realida seca? A veces tiene algo de heraclitiano y otras de bagatela; percepciones y sensaciones esenciales, escuetas, frías. Lo más evidente es la conexión de lo que escribe con lo que expone en su espacio. No conozco otro caso. Cuando leo sus notas pienso en la pintura de Giorgio Griffa, Cao, Sabine Finkenauer, Ofelia o, sobre todo, en Hernández Pijuan.
¿Después de tres o cuatro meses no hay un rincón de papel o de pantalla que dedique un párrafo a este libro, singular, extraño, en los huesos, a la intemperie de todo? ¿Hacia dónde se dirige esta sociedad iletrada, sectaria, decapitada, discapacitada, absurda y materialista? Su primer libro, Las higueras necesitan compañía, 2023, es del mismo sesgo. ¡Algo debe de tener el agua cuando la bendicen! Rafael, galerista y escritor.
Tapa del libro de Rafael Pérez Hernando
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ROMERAL, EL DÍA QUE MURIÓ RETIJA
Al llegar, le vi de luto, chaqueta y corbata negra. Y pregunté quién había muerto: “Hoy ha fallecido Retija y no puedo dejar de sentirlo”. Su actitud, me sacudió. ¡No empezaba mal la velada! Retija era un cantaor de La Solana, lo conocí en los noventa en La Soleá, tenía una voz candeal y lavanda. Era menudo y cantaba liviano tras un día de trabajo en el andamio. De menestral se metamorfoseaba en jilguero, al anochecer, y encendía su cante de antorcha manchega, que alumbra. Cuando un cantaor muere algún ostugo del mundo se oscurece y crece el silencio, zaguán del antro del olvido.
La Tertulia Peñaltar, Casa de Ávila, rendía homenaje a José Luis López Romeral, el pintor Romeral, por sus cincuenta años de exposiciones y tras un rosario de celebraciones en 2025: Toledo, Madrid, Trujillo, Alcázar, Valdepeñas, Melque, San Martín de Montalbán, Getafe…. Pintor y flamencólogo, en la órbita de Francisco Moreno Galván. El acto lo dirigía el acuarelista Pablo Reviriego.
Enseguida tomó la palabra Romeral y, tras los agradecimientos, fue desgranando, con mágica sencillez, su vida, desde su infancia al presente. Y mostrando los cuadros que dibujan su andadura plástica. Contó anécdotas, citando a personas de su consideración y recitó algún poema propio: todo en un tono de intimidad y de nobleza que conquistó la sala, que estaba a rebosar. Habló tan divinamente que nadie quería que terminara
Más que charla profesional fue una confesión, que iba hechizando oído y corazón de los oyentes. Todo olía a sábanas blancas aromadas de membrillo en una casa de pueblo donde se fraguó el horizonte de su decencia. Y así se percibía, como una oración, una plegaria agradecida y que se agradece, porque toca las hebras de nuestra sensibilidad. Y asohora, aquel rincón común se convertía en un palacio ahíto de majestad y de dignidad. La grandeza, de sólito, emerge de la sencillez, en la autenticidad genuina de las almas que identifican la libertad de ser para la vida, la naturalidad sin afectación.
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DIMENSIÓN DE CARMEN PALLARÉS
Dimensión que se agiganta, inconmensurable, infinita. ¿Cómo se mide la esencia de la poesía, de la poeta? En la férvida longitud de su canto conspicuo, en el ritmo armónico de libros como Camino de mi palacio, 2012, o El sol azabache de la melancolía. Carmen Pallarés es una poeta oculta, seclusa, silenciosa, pero inmensa. Ella ha elegido con tesón hurtarse al espejo, pero yo la he buscado hasta en el azogue y me maravilla esa capacidad suya de llegar a la proceridad como si nada.
Carmen Pallarés es crítico de arte, pintora sutil,crea playas para que las gaviotas dibujen en la arena la cartografía del misterio. Autora de monografías, artículos de periódico y, ante todo, poeta, con vocación de alcanzar el infinito, tras la luz, como la copa de los árboles. Carmen es canto, transparente como el agua, como el aire; huele a limpio, a manzana conservada entre el grano, frágil, quebradiza pero más duradera que el bronce.
Abedul Ediciones edita su librito -por la extensión, 35 pp.-Recordarte, una elegía a la muerte de su madre, más bien canto místico de amor espiritual en la órbita yepesiana. No está escrito en verso, pero es poesía; no prosa poética, como se dice con desdén, sino poesía en versículos largos, barrocos, que se alargan a lomos de una ola seductora. A veces, uno piensa que está leyendo a Fray Luis, un castellano tibar, un lenguaje de los ángeles. La frase se va estirando, zigzagueando, reptando como sierpe de nardo sobre un lecho de camelias. Nos quedamos sin aire, llenos de música; embebidos, sorprendidos por la meguez de su escritura.
En la Noche Oscura su corazón late como pulso del tiempo, donde el amor se cobija al socaire del cataclismo. Y cita a Rumí, porque su plegaria enciende un pueblo de aromas sufíes. Y habla de Dios, y de la fe, y la creencia, y reina un perfume del sándalo que le ha regalado Tagore. No conozco una despedida de esta pulcritud, ni un canto a la madre que frise su belleza. No se puede citar un versículo, porque un pétalo nunca prefigura la hermosura de la rosa. ¡No lo olviden, Recordarte, impresionante Carmen Pallarés!.
Y puedo seguir, pero no quiero abusar del espacio ni del lector. El martes 24, en la Casa de Segovia, el maestro Carlos Muñoz de Pablos dio una lección magistral sobre el Patrimonio, la vidriera y su arte. Fue una perfomance sensacional, ante unos sesenta afortunados, pero ¿ahí se queda todo? Al tiempo, páginas y páginas para la nueva colectiva del “Reina Sofia”, sin orden ni concierto, un juego irreverente, en el que el Sr. Urtasun, enciclopédica ignorancia y carencia de sensibilidad, ve un “acontecimiento cultural de primera magnitud para España”. ¡Terra leviter super nos requiescat!
Tapa del libro de Carmen Pallarés
Tomás Paredes
Presidente H. de AICA Spain






