Por Mª Dolores Barreda Pérez
LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA
ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES
Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.
Julia Relinque Ferrater
RELINQUE FERRATER, Julia P <1969 14.ene.1933 MADRID MADRID
Julia Relinque Ferrater nació en Madrid, el 14 de enero de 1933.
Su familia veraneaba en Los Caños de Meca.
Allí conoció a su marido, militar de tradición histórica en la ciudad de Vejer, con quien vivió en Madrid, pero siempre manteniendo los vínculos con Los Caños de Meca.
Estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando y en la Academia de Eduardo Peña.
Profesora de Bellas Artes, mantenía un estudio en los años 80 (C/ Carranza, 12) con infinidad de discípulos que reconocieron en ella la importancia del color y las formas.
En el XL Salón de Otoño de 1969 obtuvo la Segunda Medalla de Figura, “en una figura que supera en mucho a su propio paisaje escenográfico”.
La artista Julia Relinque en distintos momentos de su vida
En 1969 expuso en la Galería Toisón de la madrileña calle Arenal, bajo el título de “Figuras y paisajes”, apareciendo en el diario Pueblo una reseña de su obra: “Es de apreciar la valentía con que Julia Relinque acomete los temas difíciles y acata los escorzos de una figuración que no se para en barras ni se conforma con cualquier cosa. De haberse conformado la pintura de Julia Relinque a esos pequeños apuntes de paisaje que veo en esta exposición, mi elogio no hubiera tenido reservas, porque esas manchas de color son excelentes. Pero esta pintora busca la dificultad de los temas arduos, y ahí su pintura se queda todavía insuficiente, corta de expresión, pese a la exuberancia de color y de trazo que hay en ella. Porque Julia Relinque pinta con pasión, esa “Pasión razonable” sin la cual no parece que pueda haber obra de arte posible”.
Por su parte, en el ABC, Antonio Manuel Campoy escribía: “Julia Relinque parece proyectarse como pintora en varias maneras, a cada una de las cuales corresponde un concepto diferente. Paisajista, compositora de figuras, de escenas, pone en cada uno de sus cuadros fuerza expresiva y un vivísimo sentido del color”.
En 1971 participó en la I Bienal de Pintura de León y en el Concurso Nacional de Pintura.
La Dirección General de Bellas Artes adquirió su dibujo “El extraño mundo de los recuerdos” de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1972, con destino al Museo de Arte Contemporáneo.
En 1972 participó en la II Bienal de pintura Félix Adelantado de la Escuela de Artes y Oficios.
En 1972 expuso en la Asociación de Artistas de La Coruña un total de 24 obras.
Paisaje
Hombre con niña
En 1973 expuso en Madrid. En el ABC de las Artes escribía A.M. Campoy: “La pintora, sin desposeerse de su inicial sentido del color, se preocupa ahora por la captación de un mundo que, si ya no es literal, ofrece diversas claves de interpretación social. Creo que estamos ante otra versión del realismo nuevo, acentuada aquí con elementos de misterio que, en definitiva, informan de poesía sus composiciones. Gusta de los valores matéricos, y hay cuadros en los que se dirían predominar valores de modelado. Julia Relínque nos sorprende de la mejor manera (Estudios Peña)”.
En 1974 expuso en Madrid nuevamente en la Galería Toisón, y el diario Pueblo le dedicaba estas líneas: “Se advierte en esta pintura la pasión de pintar; se delata en ella el afán de aprisionar en el color una imagen que ha pasado a ser ya un estado de alma y que, a partir de ahí, puede serlo ya todo: realidad soñada, abstracción, mancha de color, pomo de luz… Esta pintora, que ha dado ya buena cuenta de ese difícil ejercicio que es definir sin trampa ni cartón, es decir, sin acartonar la figura humana, acomete ahora el paisaje con la misma sed de llegar a saciarse en la verdad de la pintura. Cada vez, a cada nueva exposición que veo de su obra, advierto un mayor desempeño de la realidad que nunca tiranizó su obra, pero que la tenía sujeta a su rigor. Esa realidad persiste pero ya es solo un punto de partida para su gran aventura del color que ahora envuelve a todas sus significaciones del paisaje. Ya sé que cualquier profecía en arte es arriesgada, pero declaro que no me sorprendería ver diluirse del todo en la más pura abstracción a esa porción de realismo que todavía se advierte en la apasionada pintura de Julia Relinque”.
En 1976 expuso en la Galería Orfila de Madrid, destacando la revista de Bellas Artes: “Después de varios años sin ver ninguna obra de Julia Relinque contemplamos una exposición en la galería Orfila. Grata contemplación por cuanto se trata de una muestra de importancia, con cuadros en los que la artista se ha propuesto una superior síntesis dentro de composiciones complicadas y ha abordado lo que pudiéramos llamar intencionalidad. La pintora aparece ahora como antes como un testigo transmisor de realidades y de emociones. El cambio que han visto algunos espectadores y teóricos del arte en la producción de esta artista, me parece un cambio lógico, y en la línea que empezó a marcar hace años con sus paisajes muy ambientados y muy sabiamente resueltos. Era la situación de la artista frente a un mundo sereno, bello, tranquilo. Ahora se pone, se sitúa la pintora frente a temas más tristes, más dramáticos, más injustos y es natural que la transmisión emocional sea diferente. Lo puramente plástico permanece inalterable, eso sí, con gratos resultados de superior maduración pictórica”.
Calle de pueblo
Pareja
Por su parte, el diario Pueblo destacaba: “Julia Relinque se ha situado al otro lado de la muerte. La forma sólo un espectro que aparece y que irradia en ondas sucesivas su vibración de la vida que ha perdido. Hay un estremecimiento de muerte en esa fase de la obra de Julia Relinque. La pintora ha desertado del paisaje y de la figura real para comunicarnos su sospecha de otro mundo que solo se hace visible por el espíritu. Ya es sensación de algo y no evidencia de algo su pintura. Los cuerpos diluyen su contorno al desenfocar la realidad, se disipan en grises y ocres desmayados, abandonan su fisonomía y se conforman a ser bultos de luz, espectros. Y a su obra no se deja mirar con ojos de verdad, sino de sospecha. Y la mirada se obliga a poner la sensibilidad en juego, para iniciarse en el mensaje esotérico que encierra esta pintura. No de otro modo puede atravesar la mirada el velo de misterio que cubre a esas siluetas fantasmales. Julia Relinque ha renunciado al color para entrar en la clausura de unos grises y azules apagados. Ha renunciado también a la sensualidad que tuvo su pintura para disciplinarse en unos bultos de luz donde apenas sí cuaja una forma tangible. Solo una obra de mucha consistencia anterior y de muy sensible vida interior podía establecerse en este reino apenas visible sin caer en un tenebrismo superficial”.
Blanco y Negro aportaba otro punto de vista: “En arte no hay generación espontánea, hay indagaciones y respuestas, escribe Javier Villán presentando esta quinta exposición individual de Julia Relinque en Madrid. Y en este camino de preguntas al prójimo y a sí misma, Julia Relinque ha llegado a establecer un diálogo desolador, que ahora narra con bello lenguaje, volviendo la espalda a su mundo anterior, más próximo a la Naturaleza. Aunque cabría preguntarse si estos paisajes interiores, si estas vivencias, no son también Naturaleza –cruel- y si su momento no se corresponde con una situación, con un estado de ánimo. En cualquier caso, la pintura no sufre alteración. Es, técnicamente, buena. Cualquiera de las direcciones que apunta –al movimiento, el onirismo- es válida y sólo espera una decisión de la pintora. Una elección. Julia Relinque parece encontrarse en un cruce. ¿Qué artista puede escapar a estas etapas cuando trabaja con sinceridad?”.
En 1981 obtuvo el Premio Nacional de Dibujo “Antonio del Rincón”, de la institución Marqués de Santillana.
Ese mismo año, participó en el Gran Premio de Pintura de la Cámara Oficial de Comercio e Industria de Madrid, con la presencia de pintores iberoamericanos.
Paisaje de la sierra madrileña
Paisaje en amarillos
Y en noviembre de 1981 participó en la VI Bienal de Pintura Provincia de León, celebrada en el Palacio de la Diputación.
En 1983 expuso en la Galería Margall de Oviedo y en la Sala Ramón Durán de Madrid.
En 1985 expuso en la Sala de Cultura de Vejer, junto a Francisco Prieto.
En 1987 expuso en Serrano Cinco, Centro de Arte y Antigüedades de Madrid. El ABC recogía unas impresiones de las obras de la artista: “Julia Relinque ha gustado siempre de diversificar sus posibilidades de pintora a través de géneros muy varios y maneras muy distintas. Entre todas ellas hemos de elegir, por un lado, sus estudios del natural y paisajes, y por otro lado –seguro que el que más interesa- su vuelo imaginativo, que cristaliza en composiciones cargadas de un eros surreal y llenas también de símbolos, y ello sin olvidar la primera materia de estos mundos, la pintura. Julia Relinque debe prolongar esta gran oportunidad suya, adentrarse del todo en una experiencia pictórica casi infrecuente hoy y para la que está bien dotada”.
En 1988 expuso en Zayas Club de Madrid. A propósito de la exposición, Antonio Manuel Campoy firmaba en ABC la siguiente crítica: “No es que Julia Relinque vulnere la esencia unitaria de su obra, sino que, en cada caso, la pintora elige la técnica y la manera idónea que mejor van a un cuadro, y así cuando conviene a la expresión de los representado, esta se proyecta en un dibujo pulcro y meticuloso, en una paleta llena de luz, en un clima nocturno. El paisaje exige lo suyo, lo suyo la composición fantaseada. Lo contrario daría lugar a una uniformidad solo epidermicamente alterada por los asuntos. Pero Julia quiere dotar a cada una de sus obras de una personalidad distinta. Claro que el espectador puede, a su vez, elegir el camino de la pintora que más le afecte y le encante. Uno de ellos, el más personal tal vez, es el camino de esa noche silente que se prestigia de misterio en algunos cuadros. Se diría que esta es la expresión más fiel de la pintora ( que así se fuga a la libertad de su quehacer, olvidándose de su magisterio). El poeta Abel Beire creyó ver una insospechada lírica crueldad en esta niña que acupunturan agujas inquietantes. Pero son agujas mágicas, mágicas agujas de amor. Los nocturnos sí que son crueles para la memoria y el presentimiento”.
Participó en el IX Salón de Pequeño Formato de la AEPE de 1988, que se celebró en la Galería Infantas de Madrid.
El último retrato inconcluso que pintó la artista
Paisaje
En 1989 expuso en la Sala Barquillo de Caja de Madrid, firmando una reseña Antonio Manuel Campoy, en el diario ABC, que hablaba en estos términos de la muestra: “Ahora, como en otras ocasiones, reencontramos el mundo diverso de Julia Relinque (madrileña, profesora de Bellas Artes), un mundo solo relacionado entre sí por la sensibilidad y la pericia de la pintura y que podría agruparse en tres o cuatro maneras de entender la realidad, entre ellas, y tal vez emblematizándola, la de su fantasía, elemento este tan real como el paisaje mirado o como el de bodegón dispuesto. Porque, en arte sobre todo, el dato fantástico forma tanta parte como de lo real como el dato objetivo, como los sueños forman parte tan esencial de nuestro acontecer. No hay visión, por realista que quiera ser, que no tenga su correspondiente ingrediente imaginativo, y este ingrediente, en algunos casos, forma parte del cortejo figurativo más estimable de Julia Relinque, que es capaz, por otra parte, de pormenorizar los elementos de una composición determinada, con un oficio tan depurado como el que ella tiene. Pero tal vez sea dentro de una nueva figuración ( siempre hay una nueva figuración, como hay una nueva abstracción) donde la pintora parece proyectarse mejor y con más originalidad, ya se trate de paisajes casi enteramente soñados, ya sean paisajes a punto de abstraerse en su ignición. Se ha dicho que el paisaje es un estado de alma, y así es como hay que entender los paisajes de Julia Relinque: como ocasiones plásticas que se corresponden a los estados de su alma, que unas veces miran las cosas como son y otras veces las transforman en aspiraciones. Pintura cuya originalidad reside en su no querer dejar de ser así, en su evolución gradual, sin saltos, aunque lo cierto sea que esta exposición supone un gran paso respecto a las anteriores. Puede hablarse, con toda propiedad, de una pintura personalizada, Julia Relinque sin lugar a dudas”.
En 1991 formó parte de la Exposición – Homenaje a Joaquín Vizcaíno, Marques de Pontejos, en la Galería de la Caja de Ahorros de Madrid.
En 1993 realizó una exposición en la Galería Xeito de Madrid.
En 1994 participó en la muestra colectiva Crear en España, que reunía a 40 artistas españoles en Casa de Bastidas, coordinada por el arquitecto Tonny Prat Ventó.
En 1995 el Centro Cultural Buenavista del Ayuntamiento de Madrid, acogió una exposición de los alumnos de la Escuela Julia Relinque, que contó con muy buena acogida de público y crítica, recogiendo trabajos de Esmeralda Hernández, Rosario Santos, Paloma Saldaña y Antonio Luengo.
En 1995 es nombrada Cofrade de Honor por la Cofradía del Santísimo Cristo del Consuelo y María Santísima del Sacromonte.
En 1997 expuso en la Caja San Fernando de Sevilla, en la Sala San Fernando-Jerez.
Paisaje
Pueblo
Para la Asociación de Amigos del Palacio de Boadilla del Monte dotó un premio de pintura con su nombre en los años 80 del siglo XX.
Para el Certamen de Pintura Rápida de Ávila, convocado por el Hogar de Ávila en Madrid, estableció el Premio de Pintura «Julia Relinque» que se otorgó desde el año 1984.
Tiene obra en la colección de Novacaixagalicia, en el Museo Municipal de Orense, fechada en 1995.
Consta representación de su obra en colecciones privadas de Canadá, Estados Unidos, Francia, Alemania, Japón, República Dominicana, España…
Artista inquieta e incesante investigadora, se sumerge en la búsqueda de nuevas técnicas, materiales, pigmentos minerales… Su trayectoria artística queda reflejada en sus distintas etapas y estilos, paisajista, retratista, conceptualista, impresionista y esas obras figurativas, con una grandísima carga onírica, que le ha concedido un hueco importante dentro de los artistas contemporáneos del siglo XX.
Retrato de Mujer
Paisaje
Tras su fallecimiento en 2017, un año más tarde su familia donó todas sus obras, así como objetos personales vinculados a su vida artística como el caballete, las paletas, fotografías, premios, libros, etc. al Ayuntamiento de Vejer, para su exhibición permanente en el Museo de la Casa Marqués de Tamarón, donde una de las salas está dedicada a ella debido a su vinculación con esa localidad gaditana que consideraba su “pueblo” y en donde realizó varias exposiciones a lo largo de su vida.
A día de hoy, tristemente tenemos que hablar de cómo el Ayuntamiento de Vejer ha retirado todo rastro de la artista, olvidando en un almacén la obra y los objetos que la familia con tanta sensibilidad, donó para el disfrute de sus vecinos.
Las Salas dedicadas a la artista en el Museo de la Casa Marqués de Tamarón de Vejer tal y como se montó para su exhibición permanente
El entonces Alcalde de Vejer, José Ortiz Galván, del Partido Popular, firmó la acogida de una donación que prometió exhibiría de forma permanente en el Museo de Vejer. El actual Alcalde, Antonio González Mellado, del Partido Socialista, demostrando una incomprensible insensibilidad, ha desmontado la exposición permanente, lo que ha levantado un sentimiento de indignación evidente en la familia. Y es que situaciones como esta tocan la fibra ética y emocional de lo que significa el arte.
No sólo se trata de la ruptura de un pacto de confianza. Una donación no es una simple transacción de objetos; es un acto de generosidad basado en la confianza de que la institución preservará y honrará el legado del artista. Cuando el Ayuntamiento retira la obra sin una justificación clara o una alternativa de visibilidad, rompe ese vínculo, enviando a todos los ciudadanos un claro mensaje en el que se demuestra que la generosidad de un vecino no tiene un valor duradero para su administración.
Tratar la obra de una artista local como un mueble que se quita y se pone reduce el arte a simple hecho decorativo. El arte es, ante todo, memoria e identidad. Al esconder la obra, se está silenciando la voz de la artista y privando a toda la comunidad de conocer su propia historia cultural. Es, en esencia, una forma de «invisibilización» institucional. El arte es memoria viva, no un inventario.
Tan desalentador es, que cualquier otra persona que esté considerando donar patrimonio a su administración local más cercana, al propio estado, desistirá. Si el público ve que los legados familiares terminan acumulando polvo en un almacén oscuro a los dos años, dejarán de donar. Esto empobrece los fondos públicos y condena a que obras valiosas acaben en el mercado privado o en el olvido, actuando así como un desincentivo para futuros mecenas.
En cualquier caso, la falta de sensibilidad hacia el componente humano es definitorio de un equipo de gobierno, de un partido, de una persona, de un político.
Detrás de cada obra de Julia Relinque hay una vida de trabajo y una familia que, en lugar de vender las piezas, decidió compartirlas con todos. Retirarlas sin más es una falta de respeto al esfuerzo de la creadora y al duelo de la familia, que buscaba en el museo un lugar de reconocimiento y permanencia para su ser querido.
Las instituciones públicas tienen el deber no solo de «guardar» cosas, sino de promover la cultura. Mantener obras en un depósito sin planes de rotación ni exposiciones itinerantes es una gestión pasiva que no cumple con el fin social de un museo público. La responsabilidad cultural de un Ayuntamiento que trata así a una de sus ilustres vecinas es una negligencia institucional y una falta de altura política, una traición al patrimonio local, es una cuestión de miopía cultural, de desprecio al legado humano y una clara malversación de intenciones que habla de la escasísima ética de los gobernante de Vejer.
Ahí queda nuestra queja como entidad cultural de primer orden y en apoyo a la familia que tan generosamente ha actuado.
Julia falleció en 2017 en Chiclana y descansa para siempre mecida por las aguas de la Bahía de Trafalgar.
Julia Relinque y la AEPE
Participó en las siguientes ediciones del Salón de Otoño:
XXXVIII Salón de Otoño de 1967: Flores y Bodegón
39 Salón de Otoño de 1968: Casa Beger
40 Salón de Otoño de 1969: Desnudo, Vejer en silencio, Tierras de Granada, Sierra de Granada y Olivos de Granada
41 Salón de Otoño de 1971: Intimidad, Drama artístico, Reposo y Nuevos horizontes
Desde estas líneas, mi más sincero apoyo y agradecimiento a su hijo, Emilio Alonso Relinque, y a su nieta, Alba Alonso Olariaga, por las facilidades para realizar esta biografía.





















