Las Medallas de la AEPE: Cecilio Pla y Gallardo

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de su creador y en qué galardones se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

 

Medalla Cecilio Pla y Gallardo

del Salón de Otoño

 

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales.

Con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, para el Salón de Otoño se sustituyeron los premios de primera, segunda y tercera medalla, reservados únicamente a los socios, otorgándoles el nombre de los grandes maestros fundadores de la centenaria institución.

Fue en el 84 Salón de Otoño de 2017 cuando se establecieron los premios: Medalla de Pintura Joaquin Sorolla y Bastida, Medalla de Escultura Mariano Benlliure y Gil, Medalla de Pintura Cecilio Pla y Gallardo, Medalla de Escultura Miguel Blay y Fabregas, Medalla de Pintura Marcelina Poncela de Jardiel y Medalla de Escultura Carmen Alcoverro y Lopez.

Cecilio Pla y Gallardo

PLA GALLARDO, Cecilio   P   1910(F  )    22.dic.1860       VALENCIA       MADRID           3.ago.1934

Socio Fundador de la AEPE

Vocal y Contador de la Junta Directiva

 

Nació en Valencia, el 23 de noviembre de 1859. Fue el menor de los hijos del matrimonio formado por Sebastián Pla y María Gallardo. Recibió el bautismo en la parroquia de San Andrés Apóstol de Valencia, actual templo de San Juan de la Cruz, y le impusieron los nombres, según transcripción de la partida bautismal, de Cecilio, Joaquín y Abelino.

Su padre era profesor de Música, director de banda y encargado de partituras del Teatro Principal de Valencia.

Entre levantamientos carlistas y movimientos federalistas que desembocaron en la I República, el mismo Cecilio afirma haber nacido entre republicanos, y si bien nunca se interesó por la política, ni participó abiertamente en ella, sus tres hermanos mayores sí se involucraron en las barricadas, ya que pertenecían a los “milicianos de la libertad” (republicanos federales).

Autorretrato

 

En 1876 ingresó en la Escuela de Artesanos de Valencia, donde su padre quería que estudiara música, pero el que le asignaran como instrumento el bombardino, terminó de confirmarle que la música no era su destino.

Es en la Escuela donde despierta su interés por el dibujo y se matricula en esta disciplina mientras trabaja como dibujante de abanicos, práctica común entre los estudiantes de la época.

«En la estación«

 

En 1878 comenzó sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Allí tuvo como condiscípulo a Joaquín Sorolla, con quien entabla una amistad que durará toda la vida.

Tras conseguir una Medalla de Plata en la Exposición de Valencia de 1879 y otros premios, se traslada a Madrid en 1880 con su amigo Carlos Mateu.

Autorretrato

 

Su primer viaje al extranjero lo lleva a cabo en 1880, estableciéndose en Roma. Desde allí, viaja por Italia, Francia y Portugal, tomando contacto con las tendencias pictóricas de la época mientras comienza a enviar obras, la mayoría de ellas escenas de género costumbristas en las que se observa la influencia de Mariano Fortuny, con las que participa en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y con las que consigue numerosos galardones.

Regresa a Madrid y se instala en casa de su tía Pepa Pla, a quien consideró siempre su segunda madre.

«Retrato de mi madre»

 

«Retrato de mi padre»

 

Se matricula en la Academia de la Sociedad de Acuarelistas de Madrid y en 1881, junto con su amigo Joaquín Sorolla, participó por primera vez, en una Exposición Nacional de Bellas Artes. Ambos pintores pasaron totalmente inadvertidos.

«Madre e hijo en un huerto»

 

En 1882 se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y acudió, de forma paralela, a las clases particulares que impartía el también pintor valenciano Emilio Sala. Pla se convirtió en su discípulo predilecto y mantuvo hacia su maestro, siempre, una gran veneración. Le consultaba constantemente y mantuvieron una abundante correspondencia.

A lo largo de los años, Pla no perderá ocasión de manifestar el profundo sentimiento de respeto y admiración que guardaba hacia Emilio Sala.

«Valenciana«

 

A partir de 1883, comenzó a participar en diversas exposiciones y a obtener menciones y premios. Ese año logró la Medalla de Plata en la Exposición Regional de Valencia, promovida por la Sociedad Económica de Amigos del País.

Al año siguiente, consciente de que para obtener alguna mención en los certámenes nacionales había que presentar una pintura más “clásica”, realizó para la Nacional de Bellas Artes su “Dante”, con el que logró una Tercera Medalla. Este primer éxito oficial supuso el reconocimiento de su trayectoria artística y favoreció la reconciliación con sus padres.

«Mujeres con sombrilla»

 

Vuelve a presentarse a la Exposición Nacional, en 1887, con el Entierro de Santa Leocadia, una de sus obras de mayor formato, y obtiene, de nuevo, una Tercera Medalla. A partir de este momento, abandona la pintura de historia y rechaza, al igual que Emilio Sala y Pérez Galdós, la tendencia oficial de premiar sólo obras de este género por lo que supone de estancamiento temático en la pintura.

«Cazadores», una de las obras de la colección Maxam con la que ilustró el almanaque de 1908

 

En 1890 comienza una nueva actividad, la decoración de palacios y centros oficiales, a la que destinó buena parte de sus esfuerzos durante esta década y en la que logró destacar por su buen hacer en este género, como así lo demuestran los murales de los salones principales del Casino de Madrid y otros lugares emblemáticos de la capital como el Círculo de Bellas Artes, el palacio del conde de Valdelagrana, el desaparecido Palacio de Medinaceli de la Plaza de Colón y el de la Infanta Isabel de Madrid.

«Fuente de La Cibeles»

 

Sin abandonar su participación en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, en la de 1892 obtuvo la Segunda Medalla del certamen con Las doce.

«Juventud, retrato de mi hija» que se encuentra en el Museo del Prado

 

En 1893 inicia otra nueva actividad artística: la ilustración de prensa, actividad que mantuvo hasta 1910.

Trabajó para La Ilustración Española y Americana, El Apunte Artístico, La Risa, El Imparcial y sobre todo, para la revista Blanco y Negro, en una etapa que coincide con los años en que se consolida como pintor y la evolución de la técnica empleada en la ilustración es paralela a la que se produce en su obra de caballete, en la que parte del realismo para llegar al naturalismo.

«Jugando en el parque»

 

Utiliza una línea de dibujo muy precisa, aunque en los últimos años se aprecia la evolución del autor hacia trazos menos definidos y rasgos más amplios y desdibujados.

Cecilio Pla pintando en la azotea de su estudio rodeado de alumnos

 

Más de cien obras realizó hasta la primera década del siglo xx para esta publicación y entre ellas son muchas las que se pueden considerar excelentes obras de arte.

En 1894 viajará a Granada buscando nuevos temas para su pintura. La estancia, prevista para quince días, se prolongó durante ocho meses, en los que trabajó tanto en escenas urbanas como de plein air.

Allí conoció a algunos de los que, con el tiempo, serán sus alumnos más ilustres: José María López Mezquita, José María Rodríguez Acosta y Gabriel Morcillo, si bien también lo fueron Pancho Cossío, Juan Gris, Francisco Bores, Dalí, Ramón Carazo, Núñez Losada, Rodríguez Acosta y Solana.

El artista fotografiado en su estudio

 

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1895, consigue otra Segunda Medalla para Lazo de Unión. Dos años más tarde, además de lograr Medalla de Oro de la Exposición de Valencia, se presentó a la Nacional con dos de las obras más conocidas del artista: La mosca y Heroínas, que obtiene una condecoración. De nuevo lo conseguiría cuatro años más tarde con Amor vencido, obra que además obtuvo en 1900 la Tercera Medalla de la Exposición Universal de París.

El 9 de noviembre de 1900 se casó con Valentina Navarro Halconero cuando ejercía como profesor de número en el Instituto General y Técnico de Salamanca (Universidad de Salamanca), donde ocupó la Cátedra de Dibujo.

El artista en su estudio en los años 30

Mujeres detrás de una cortina»

 

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1901 consigue la Primera Medalla de Oro con Dos generaciones (eufemismo que enmascara la penuria presupuestaria de estos certámenes), que se haría efectiva en 1915.

En estos años nacen sus hijas, Pepita y Cristina, que serán, además de sus alumnas, modelo para muchas de las obras del pintor.

Cecilio Pla pintando en su estudio

 

Hacia 1904 reanudó sus visitas veraniegas a Valencia, interrumpidas tras la muerte de sus padres. El reencuentro con la luz, el mar y el sol del Mediterráneo es determinante para su trayectoria artística, como queda plasmado, a partir de ese momento, en muchas de sus obras. Alterna sus estancias veraniegas en la playa de Las Arenas de Valencia, con cortas estancias en Buñol (Valencia), donde residía su amigo, el también pintor Layana.

En 1906 se volvió a presentar al Certamen Nacional con varias obras, entre las que destaca el Retrato de Dña. Cecilia Yumury y San Isidro patrón de Madrid.

El artista en su estudio en 1906

 

Cecilio Pla dedicó gran parte de su vida a la enseñanza, en su estudio, cuando su prestigio se consolida, y después en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Ejerce la docencia sin interferir en la personalidad del alumno. Respetaba siempre los individualismos de cada discípulo al impartir sus conocimientos.

No pretendió nunca crear escuela para que su estilo sea imitado, sino que enseñaba a pintar.

Formó a sus alumnos para que cada uno siguiera su propia tendencia, pero dándoles, a la vez, una base técnica que les permitiera trasladar al lienzo lo que realmente querían plasmar.

«Autorretrato pintando»

 

Las preocupaciones básicas de Pla en el ejercicio del magisterio fueron, en primer lugar, que sus alumnos adquirieran una técnica “a través de un estudio disciplinado, que les permita ejercer su profesión, sin olvidar en ningún momento que es imprescindible el sentimiento y el corazón”. La segunda preocupación era el futuro profesional de sus alumnos, como manifiesta en varias entrevistas, en la Cartilla de Arte Pictórico y en su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

«La mosca»

 

En 1910, a la muerte de su maestro Emilio Sala, toma posesión de la Cátedra de Estética del Color y Procedimientos Pictóricos en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid.

«Mar dormida»

 

Publicó, en 1914, la primera edición de su Cartilla de arte pictórico, obra que él define como un sumario de consejos prácticos para estudiantes de Bellas Artes y que es un puente para comprender la Gramática del Color que había publicado su maestro, Emilio Sala.

«Verbena»

 

En la Cartilla desarrolla un método de enseñanza neutro, centrado en la técnica de la pintura. En el capítulo “Resumen” afirma que si se siguen las pautas de este aprendizaje se conserva libre la personalidad y el temperamento del que estudia, ya que sólo pretende educar el aparato visual para que, al leer del natural, se obtengan los mejores resultados.

En 1914 presentó a la Nacional otra de sus obras más conocidas La esposa del pintor, Dña. Valentina Navarro y dos años después, al mismo certamen, el Retrato de su hija. Juventud.

«La condesa de Yumuri»

 

En 1917 la Asociación de Pintores y Escultores de Madrid le nombró Contador de la Junta Directiva que presidía el pintor Manuel Benedito y donde ejercía de secretario José Pinazo. Realizó, en 1920, una exposición individual en el Real Club Astur de Regatas, que incluía treinta y cinco obras entre las que se encontraban Mar Dormido y Noche de luna (boceto este último de la más conocida Pleamar).

En 1922 presentó, en el Bazar Masaveu de Oviedo, una nueva exposición, la mayor parte de las obras eran “notas de color”, pequeñas tablas o lienzos de playa, totalmente impresionistas, obras características de Cecilio Pla en sus últimos años.

«Paisaje»

 

El 23 de marzo de 1924 tomó posesión de su cargo de académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Ocupó la plaza destinada inicialmente a Sorolla, quien, una vez nombrado académico, tras haber presentado el cuadro y el texto de su discurso, falleció antes de tomar posesión; como era de esperar, su discurso fue un muy sentido recuerdo y homenaje a su paisano y amigo.

«Retrato en la playa»

«Retrato en una tumbona»

 

En 1925 formó parte del jurado de las Exposiciones de Bellas Artes a las que tantas veces él mismo se había presentado. Volvió a presentarse, el año siguiente, con Lirio entre lirios. En estos años la mayor parte de su producción artística la realizaba en la playa de Las Arenas de Valencia. Abundan las escenas de playa, de pequeño formato, de pincelada suelta e intenso colorido, llenas de niños, que él mismo denomina “colorines”.

En 1928 es nombrado, por unanimidad, académico de número de la Academia de San Carlos de Valencia y el mismo año publicó la segunda edición de su Cartilla de Arte Pictórico, que vuelve a dedicar a su maestro Sala.

«Cupido lloroso»

 

En 1931 se jubiló como profesor de Estética del Color en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, estando gravemente enfermo con una congestión pulmonar en el mes de julio, de la que se restablecerá, aunque su salud quedará comprometida.

En 1932 recibió de sus alumnos un homenaje, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

«Jugando en la playa» 

 

Fue nombrado hijo predilecto de la ciudad de Valencia en 1933. Con este motivo se celebraron numerosos actos en su ciudad natal. Entre otros un homenaje y una exposición en los salones de la Federación Industrial y Mercantil, con treinta y una obra y ochenta y siete apuntes de playa.

«Cecilio Pla» por Ulpiano Checa

 

Murió el 4 de agosto de 1934, en Madrid, rodeado de su familia y demás parientes. Pese a las fechas estivales, en las que la capital se queda casi desierta, fueron muchas las personas que se unieron al duelo en la conducción del cadáver hasta la Sacramental de Santa María, en donde recibió sepultura.

Luna de miel»

«Lazo de unión»

 

En torno del automóvil-estufa, plagado de hermosas coronas, el duelo lo presidían los sobrinos carnales del finado: Ricardo y Sebastián Pla, sus hijos políticos, señores Luchsinger y Delgado, su discípulo predilecto, Pablo Cócera, José Garnelo en representación de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, y en representación de la Asociación de Pintores y Escultores muchos artistas y amigos como Miguel Blay, Benedito, Sorolla, Capuz, Victorio Macho… y representaciones de la ciudad de Valencia.

«Mujeres en el jardín»

 

La comitiva marchó a pie desde la casa mortuoria hasta la entrada de la Gran vía, en donde se despidió el duelo, siendo muchos los carruajes que siguieron hasta el cementerio. La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando puso en sus balcones negras colgaduras en señal de duelo.

La Verbena»

 

Del homenaje póstumo, celebrado en enero de 1935 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, quedan las palabras del crítico José Francés, uno de los análisis más lúcidos que se han hecho de Cecilio Pla por un contemporáneo suyo: “Esencialmente maestro, vocativamente profesor, abnegadamente revelador de ojos y dirigente de manos ajenas es lo que quiso ser y lo que fue con toda eficacia íntegra Cecilio Pla.

La lista de sus discípulos con ecos propios es extensa y ejemplar. Supo, hasta un punto que no le es accesible a muchos, enseñar sin egoísmo artístico ni humillación escolástica.

«En la playa»

 

Sus apuntes, vibrantes, millares de notas vivas fugaces, polícromas, donde saltan colores, formas, arabescos sobre la oscuridad azul del mar y la sordera sabia de la playa. Temas favoritos al artista fiel al Mediterráneo y a su Levante nativos. Sus lienzos, dotados de alma interior, de sentimiento elevado, no cediendo solamente al gozo de la luz y el color, sino ahondando en la emoción y la inquietud espirituales […]”.

«Las doce»

«Mejor que una foto».

 

Hombre de encantadora y atrayente bondad, era estimadísimo en el amplio círculo de sus amistades.

Como ya hemos dicho, Cecilio Pla era un gran trabajador, que encontraba en su trabajo la felicidad que le granjeó la simpatía el afecto de todos sus amigos, conocidos y cuantos le trataron, que no dudaron en revelar que era un hombre “todo corazón”. Un mérito que le hizo muy querido para todos sus discípulos, con un amor altruista a la enseñanza y una afición constante al estudio y a la observación del natural, que le mantenían sereno ante las pasiones deslumbrantes de la costa levantina.

Artista ilustre, maestro de juicio sano y prudente, hombre estimabilísimo, tiene las cualidades del verdadero artista: rapidez en la concepción y entusiasmo por su arte.

Valentina Navarro, esposa del pintor, que también aparece debajo, junto a su hija.

 

Valenciano por naturaleza y madrileñísimo de corazón, trabajador infatigable, logró una reputación sana y honrada.

Hombre sensible de tiernos afectos en donde tienen primacía sus padres, su tía Josefa, protectora en los tiempos difíciles, y también su maestro, Emilio Sala, por quien sentía auténtica veneración. Después su esposa, sus hijas y nieta, y tras todos ellos, sus discípulos, numerosos y brillantes. Así ha transcurrido su vida, entre honores, amor y profundos respetos… como los grandes y heroicos militares, caerá en la brecha, pintando y dando generosamente a los discípulos la savia de su saber y de su experiencia…

 

La sepultura de Cecilio Pla y su esposa, Valentina Navarro, una simple lápida en la Sacramental de Santa María de Madrid, donde también descansan sus tíos. No mereció otro homenaje de sus compañeros y alumnos…

 

Cecilio Pla y la AEPE

Como venimos viendo a través de las distintas biografías de los socios fundadores, la Asociación de Pintores y Escultores Españoles nació por iniciativa personal de Eduardo Chicharro.

Para redactar el Manifiesto Fundacional, contó con la ayuda incondicional del escultor Miguel Blay y del pintor Cecilio Pla, siendo los tres quienes redactaron los primeros Estatutos a los que también ayudó Manuel Villegas.

«Cuidando generaciones»

 

Esa primera Junta Organizadora se organizó teniendo como Presidente a Eduardo Chicharro, como Vicepresidente a Miguel Blay y contando con distintos cargos como el que ocupó Cecilio Pla, de Contador.

El Acta Fundacional la firmaban Joaquín Sorolla, Aniceto Marinas, Manuel Benedito, Antonio Muñoz Degrain, José Mª López Mezquita, José Moreno Carbonero, José Pinazo Martínez, Alejandro Ferrant, Rafael Domenech, Manuel Villegas, Francisco Maura, Cipriano Folgueras, Ricardo Baroja, Juan Vancells, Manuel Marín, José Villegas, Luis Menéndez Pidal, José Llasera, Emilio Porset, Joaquín Ibasola,  Clivillés, Enrique Marín, Eulogio Varela, Emilio Nombela, Miguel Jadraque, Eduardo Urquiola, Pedro Collado, Segundo Moreno, Manuel Castaños, José Mangot, Alejandro de Villodas, Fernando de Villodas, Luis Domínguez, Vicente Larraga, Fernando Alberti, Constantino F. Guijarro, Manuel Ramirez, Gómez Alarcón, Luis Tejero y Espina, Manfredo Kühn, F. Díaz Mackenna, Pedro Lacruz, M. García González, Federico Avrial y Alba…

«Muchacha en la fuente»

 

Aquella primera Junta Constituyente convocó Junta General para el 26 de junio, a las tres de la tarde, en los locales de la Escuela Especial de Dibujo, Grabado y Pintura, a fin de explicar a cuantos se iban adhiriendo a la recién constituida Asociación, los Estatutos por los que se regiría su funcionamiento, recogiéndose las observaciones que fueran pertinentes antes de su publicación definitiva. Una vez leídos y debatidos, se procedió a la elección de la primera Junta Directiva que quedó constituida

                Los socios pudieron remitir cuantas consideraciones desearan relacionadas con el Reglamento hasta el 31 de agosto, a calle Serrano 51.

Según relata el propio Eduardo Chicharro en la Gaceta de Bellas Artes de julio de 1935, …El primer acto que celebró la Asociación fue una Exposición de Lucas en un local de la calle de Cañizares, y en cuyos trabajos me ayudaron, sobremanera entusiasmados, Cecilio Pla y Sinesio Delgado”…

En 1919 formó parte de la sección de exposiciones de la Asociación de Pintores y Escultores, junto a Martínez Cubells, Mateo Inurria y Roberto Domingo.

El primer Salón de Otoño de la Asociación de Pintores y Escultores, que nació a iniciativa de Juan Espina y Capo, contó con un reglamento que establecía una comisión interventora y además, para una mejor organización, se formó una comisión de exposiciones de la que formó parte Cecilio Pla junto a otros grandes artistas.

«Chica comiendo pan»

 

En 1924, en la Junta General Extraordinaria celebrada el 19 de enero, quedó constituida la Junta Directiva para ese año, bajo la Presidencia de Pedro Poggio, teniendo como Vicepresidente a Alcalá Galiano, Tesorero a Urquiola, Contador a Aguirre y de Vocales a Vicent, de la Cruz, Benlliure, Cuartero, Forns, Martínez Cubells, Francés, Serra Farnés, Martínez Vázquez, Cecilio Pla y Marín Higuero, siendo Secretario Pedro G. Camio.

Participó en el I Salón de Otoño de 1920, figurando inscrito como natural de Valencia; reside en Madrid, calle de San Marcos, 35, y presentó dos óleos:

592.- “En la playa de Valencia”, 1,30 x 1,50

593.- “Lluvia”, 1,01 x 1,38

En el 50 Salón de Otoño de 1983, con motivo del 50 aniversario de la creación del certamen, se rindió homenaje a los artistas que hicieron posible el I Salón de Otoño de 1920, entre los que se encontraba Cecilio Pla, del que se exhibió la obra “Mujer entre cortinas”.

 

Distintas ilustraciones del artista:

 

«Retrato de Ricardo Pla«, hermano del pintor

 

«Mi hija Pepita Pla«

 

Caricatura del artista aparecida en Madrid Cómico

 

Fotografía de Cecilio Pla aparecida en La Esfera en 1924

 

«Jaulas con pájaros«

 

Grupo valenciano en fiestas

«El Entierro de Santa Leocadia«

 

 

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