Luis Bea Pelayo: Carnaval

Luis Bea (Madrid, 1878-1963) es un fotógrafo y pintor español, destacado en el ámbito del retrato y del paisaje. En el año 1925, muere su hermano y hereda el título de Marqués de Bellamar. Ingresa en la Academia Hispano-Americana en Cádiz, institución que más tarde, en 1928 le reconocerá como académico de San Luis de Zaragoza.

No era para nada frecuente encontrar obras suya en las Exposiciones Nacionales, ya que solo participó en 1924 con dos retratos. Se conocen dos donaciones suyas de obras al antiguo Museo de Arte Moderno y al Museo del Prado.

A través del también pintor español, Eduardo Chicharro, se relacionó con la colonia de artistas españoles residentes en París, ciudad donde Luis Bea también estuvo viviendo durante una etapa de su vida. Entre los pintores que conoció en la capital francesa, se encontraban Joaquín Sorolla y Manuel Benedito.

También ejerció de coleccionista de arte a lo largo de muchos años, hasta que en 1948 tomó la decisión de donar su importante colección pictórica al Museo de Bellas Artes cordobés. Entre las obras que otorgó a dicho museo había tanto piezas hechas por él mismo (como por ejemplo un corpus), como pinturas de otros artistas españoles y franceses contemporáneos a él. Cabe destacar que gracias a este obsequio que le hizo al museo cordobés se dio a conocer una nueva faceta de Luis Bea: la de viajero y gestor cultural, además de las que ya se conocían de artista y coleccionista.

Fue una figura muy importante en la historia de la Asociación Española de Pintores y Escultores, ya que no solo fue Socio Fundador, sino que también fue miembro de la Junta Directiva durante los primeros años de la AEPE.

En las paredes de tan popular asociación, se puede apreciar una de sus obras, y por coincidencias de la vida se trata de un retrato, campo en el que él era destacado.

La obra hecha sobre papel y trabajada con lápiz normal y de colores, muestra a una mujer en un único plano, ya que en el fondo solo se ve el papel y en la zona de la cabeza, el autor ha pintado unas líneas blancas para resaltar la oscuridad del cuello del abrigo. Podría decirse que la única zona terminada de la obra es el rostro de la mujer y la máscara que porta en la mano. El resto, manos y vestimenta, están coloreados con “garabatos”, dando a entender que se trata de un boceto.

Gracias a la máscara de carnaval que sostiene la modelo en su mano izquierda y a la nota que el autor ha escrito en el margen inferior derecho de la obra (el nombre del autor y el título del dibujo Carnaval 1936 Hotel Ritz), sabemos que se trata de una mujer disfrazada.

No solo por el abrigo, típico de la moda en los años veinte (ancho, liso y con los cuellos y el puño de pelo) que tapaba por completo los deslumbrantes vestidos que llevaban debajo las mujeres, sino que también por el rostro con el que posa la mujer, podría existir una referencia al concepto de “femme fatale” (mujer fatal) que surgió en el siglo XIX, gracias a las obras de diversos escritores y pintores.  Esta palabra francesa hace referencia a un personaje tipo, que por lo general se trataba de una villana que usaba su sexualidad para atrapar al desventurado héroe. Actualmente, este concepto ha evolucionado a un arquetipo visto como un personaje que constantemente cruza la línea del bien y del mal, actuando sin escrúpulos, sea cual sea su voluntad.

La mujer está representada en el momento en el que recurre al arma más básica de la seducción, la mirada. A través de este sensual examen visual de su víctima, intenta que su objetivo haga lo que ella quiere. Podría decirse que su recurso está respaldado por su postura, la mano derecha en la cadera y en la izquierda, la máscara.

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