Obras, artistas, socios, pequeñas historias…
Por Mª Dolores Barreda Pérez
Alfonso Grosso Sánchez
Alfonso P <1924 1.sep.1893 SEVILLA SEVILLA 9.dic.1983
Alfonso Grosso Sánchez nació el 1 de septiembre de 1893 en Sevilla, en el seno de una familia sevillana de mediana condición económica.
En 1907 se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos y en la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de la capital hispalense, cuando estaba instalada en las dependencias del Museo Provincial de Sevilla, antiguo Convento de la Merced Calzada y donde hoy está el Museo de Bellas Artes.
Allí pudo contemplar y estudiar las obras de los maestros sevillanos, siendo discípulo del también socio de la AEPE, Gonzalo Bilbao Martínez o de Virgilio Mattoni.
También recibió clases de pintura en el estudio de José García Ramos. Allí conoció y compartió inquietudes artísticas con jóvenes pintores sevillanos del momento: Santiago Martínez, Juan Rodríguez Jaldón, Miguel Ángel del Pino, José Lafita y muchos otros.
Becado por el Ayuntamiento de Sevilla visitó Francia, Inglaterra, Italia, Holanda, Suiza y Bélgica presentando exposiciones en Nueva York, París, Bilbao y Barcelona.
En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1920 obtuvo la Tercera Medalla, mientras que en la de 1932 lograría la Segunda Medalla de Pintura.
Concurrió a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1936 con «Estampa del Rocío» y «La profesión».
A partir de 1940, fue nombrado profesor de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, donde obtuvo la Cátedra de Colorido y Composición.
Fue también director del Museo de Bellas Artes de Sevilla desde 1942 hasta 1969, en el que actualmente se exponen algunas de sus obras.
En el ABC el 28 de junio de 1972, Grosso declaraba lo siguiente: “He sido director del Museo durante 26 años, los primeros de euforia, porque pudimos transformar totalmente el edificio y su instalación… Esos primeros años, el Patronato, compuesto por el marqués de San José, Don José Sebastián y Bandarán, Joaquín Romero Murube y yo, trabajamos con euforia y acierto hasta conseguir un Museo que no debía olvidar su arquitectura conventual del siglo XVII y ser, también Museo de Sevilla… Sinceramente creo que lo conseguimos. Y gracias a esto pudimos presumir de haber contribuido con ello a que Sevilla mantuviera su peculiaridad y su carácter”.
Falleció a la edad de 90 años, el 12 de diciembre de 1983 en Sevilla, víctima de un edema pulmonar.
Con él desaparecía, no sólo un pintor fecundo y de gran prestigio, sino el último costumbrista de la escuela pictórica sevillana, entendido el costumbrismo como un ejercicio creativo y no redundante o reiterativo.
Grosso escribió sobre sus cuadros: “ellos dirán con más elocuencia que yo lo que no sabría decir nunca con palabras”; y es cierto, así fue. Expresó con sus pinceles toda una teoría propia sobre la tipificación de la costumbre, a la manera de los realistas sevillanos de comienzos del siglo XX.
Fue, como el mismo se definió, un “Pintor de Sevilla”. Para él la ciudad y lo que la rodeaba era “todo un milagro de luz y de color que si no sabemos conservar los sevillanos es porque no nos lo merecemos”.
Alfonso Grosso fue un artista de talante conservador, alejado del mundo de las vanguardias de finales del XIX y comienzos del XX. El poeta José María Izquierdo lo califica en los primeros años de su trabajo como “pintor de los patios y los jardines de Sevilla”, es decir pintor del regionalismo costumbrista de las décadas iniciales del siglo anterior. Sin embargo, la trayectoria artística de Grosso no se puede circunscribir sólo a esto, ni su estilo pictórico ser considerado sin más conservador.
Antes y después de la realización de ese gran retrato colectivo que supuso el lienzo de la Inauguración de la Exposición Iberoamericana de 1929 por el Rey Alfonso XII, que se conserva actualmente en el Real Alcázar de Sevilla, su primera obra relevante, el trabajo de Grosso presentó características propias, nacidas de un intenso análisis y estudio, donde la gramática del colorido unida íntimamente a la poesía de la luz fue conjugándose en un estilo absolutamente personal.
Las temáticas de su obra fueron diversas: buen paisajista de escenarios naturales y urbanos, bodegonista interesante, pintor de retratos de alta calidad, por sus pinceles pasó buena parte de la sociedad sevillana del siglo XX, motivos religiosos varios, etc.
Hubo una temática que dio un sello característico a su quehacer, las escenas de interior en el ámbito de los conventos de clausura sevillanos, donde fue capaz de traducir a estos espacios íntimos y privados de la vida religiosa, la admiración que sintió por la pintura holandesa del siglo XVII y por artistas como Vermeer de Delf, Hooch y Metsu, aunque el espíritu creativo de Grosso participe en sus interiores conventuales o de diversos templos de una cierta inclinación naturalista muy sevillana, no exenta de matices populares.
En definitiva, la madurez de Grosso nos habla de un realista, que se movió cómodamente en la tradición creativa, capaz de modernizar epidérmicamente su estilo a través de la riqueza cromática y de un oficio artístico sólido, sobrio y de calidad.
Como pintor que fue de Sevilla y de lo sevillano, la Semana Santa ocupó un papel importante en su obra. Tanto en los interiores de los templos como en las procesiones en la calle, Grosso intentó plasmar en sus obras, a veces con sentido demasiado tipificado, otras de manera más profunda e intensa, sus sentimientos ante las imágenes y los pasos de la Semana Mayor sevillana.
Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.
Su copiosa obra que se calcula en unos 2000 lienzos, gozó de popularidad y éxito comercial, realizando a la largo de su vida diferentes exposiciones tanto en España como en Buenos Aires y Nueva York.
Era tío del escritor sevillano Alfonso Grosso.
El Ayuntamiento de Sevilla, a través del Distrito Sur, convoca cada año el Premio de Pintura Alfonso Grosso.
Alfonso Grosso y la AEPE
Alfonso Grosso participó en las siguientes ediciones del Salón de Otoño:
Al I Salón de Otoño de 1920 concurrió con las obras: La Catedral de Toledo, Interior de un convento de monjas y Una calle de Guadalupe
Al II Salón de Otoño de 1921 llevó las obras: Iglesia de pueblo y Carmona
En el III Salón de Otoño de 1922 participó con las obras: Retrato de D. Eduardo Paradas y Rosario
Al IV Salón de Otoño de 1923 concurrió con: Interior de iglesia y Asunción
En el V Salón de Otoño de 1924 estuvo presente con las obras: Interior de la Catedral de Sevilla y Carmelita
Al VI Salón de Otoño de 1925 llevó las obras: Soledad y La misa
Tras un largo paréntesis, al XIII Salón de Otoño concurrió con: La Emilia
En el XIV Salón de Otoño estuvo presente con las obras: El calvario y La calle de los Sierpes
Al XV Salón de Otoño de 1935 llevó las obras: Cabeza de gitano y Custodia Romero
En el 39 Salón de Otoño de 1968 participó con la obra La Macarrona













































