Firmas con sello de lujo: Tomás Paredes

Alcántara reinaugura la Casa de la Entrevista

 

Como el lector sabe, el 20 de enero de 1486 se produjo la primera entrevista, en Alcalá de Henares, entre los Reyes Católicos y Colón para preparar el futuro viaje a América. Y se señaló a este lugar, como espacio del encuentro. También sabemos que, en realidad, la reunión de la Reina Católica y el navegante se produjo a unos pasos de aquí en esa fecha, en lo que hoy es el Palacio Arzobispal.

Al final de los sesenta del s. XX, el entonces Instituto de Cultura Hispánica lo rehabilitó, dándole el nombre de Casa de la Entrevista, en recuerdo del hecho histórico, al recinto que fue el Antiguo Monasterio de San Juan de la Penitencia, fundado por el gran Cisneros. Este espacio pasó por varios usos, convirtiéndose en sala de exposiciones en los ochenta.

Ahora vuelve a remozarse y a tener un nuevo destino, como centro de recepción de visitantes institucionales y de foro cultural polivalente. Y para su apertura oficial se ha montado una importante exposición de obra de Alcántara en torno al Viaje. Una muestra breve, pero completa, porque a las piezas en distintos tipos de piedra se unen sus pinturas y sus enormes dibujos sobre papeles de arroz.

Esculturas que recorren toda su trayectoria, desde las iniciales o primitivas a sus piezas postcubistas y sus estilizaciones de un lirismo contrastado. Pinturas al temple y al huevo, gran parte de ellas dedicadas a la interpretación de las imágenes de Cervantes y El Quijote, como no podría ser de otra manera, estando en Alcalá de Henares, que es donde tiene su taller y reside Andrés Alcántara. Aún, diversidad de dragones, pinturas y grabados, huella que queda de sus exposiciones y estancia en China. Los dibujos de gran formato refieren los siglos áureos, en especial a Felipe II, una pieza impactante.

Judith Piquet, Alcaldesa de Alcalá de Henares y Alcántara

 

Es preciso felicitar al Ayuntamiento complutense por la idea de mostrar una exposición de obras de arte en el espacio en el que van a recibir vistas oficiales, porque sus huéspedes se van a mover entre pinturas y esculturas, que siempre es mucho más interesante que estar en espacio anodinos y sin carácter. Una decisión que alza el nivel un poco, en este momento en que urge elevar el tono de interrelación, que está por los suelos y con el proyecto educativo atizado de manera contundente por el informe Pisa.

Alcántara es una ínsula extraña en la escultura española de estos últimos lustros. Entre San Juan de la Cruz y El Cabrero, la mística ardiente y el flamenco adusto; cabe el Cántico Espiritual y esa milonga hombruna y cadenciosa de Como el tiempo de poniente. Ínsula extraña de Juan de la Cuz es metáfora del alma aislada, imantada de trascendencia. Un escultor distinto, secluso, lueñe, de contrastes, maestro de la talla directa en piedra, en cuyas manos germinan las semillas del hechizo.

Andrés F. Alcántara, Torredelcampo (Jaén) 1960, comenzó urgido por descubrir formas en la madera. Ya en Granada adquirió conocimientos de talla y modelado, pero fue su maestro Paúl quién le enseñó el manejo con la piedra y algunos secretos de la talla directa. Luego pasaría por la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense, pero ejerciendo más de docente que de discente. Comenzando a trabajar esculturas para exposiciones y encargos, ya exclusivamente en piedra. Poco más tarde, traslada su taller a Alcalá de Henares y ahí sigue.

Él siempre aduce que tiene lagunas, ¡y quién no las tiene!, pero es cierto que posee un gran conocimiento de la Filosofía y que es un lector decidido y preciso de poesía. No es muy habitual encontrar escultores que reciten desde Virgilio a César Vallejo pasando por los sonetos de Lope y de Quevedo. Todo esto, me consta, no es una sospecha. Y quiere decir que su primera herramienta para el proceso a desarrollar es el pensamiento, pues sin pensamiento no hay proceso y sin éste, sólo hay ocurrencias. Además, es amante del flamenco, identitario de espíritus revueltos y creativos.

Cabeza de mujer», calatorao,  1990, obra de Alcántara

 

Su idiolecto viene de un concepto atávico de la escultura: formas primigenias, alternando la piedra sajelada con superficies rugosas naturales que anuncian un hálito originario. De ese lenguaje primitivista pasó a formas clásicas, como antesala del vanguardismo. Porque, el corazón de su obra es vanguardista. Un transitar del vorticismo al cubismo, de la osadía a la experimentación, del fuego a la nieve; de Gaudier-Brzeska a Henri Laurens y vuelta a Boccioni, todo ello con la meguez bruna de la voz indómita de Agujetas, con quien aparece en una imagen aquí publicada.

Esta muestra no es una antológica, sino sucesión de hitos de una vida de escultor. Desde su prehistoria al presente. Hubo un excurso exornado de xiangbao: su exposición en China, estancia, intervenciones. ¡Agradecido recuerdo a Jesús Martín! De ahí surgió una cascada de dibujos, pinturas esculturas, grabados, siempre con el dragón como enseña, poniendo la simbología oriental en nuestro panorama icónico

Toda definición de arte es reductora. Cuando se abrazan emoción y misterio saltan chispas, que ahorman cosmos que ya no importa definir, porque inducen a sentir. Sin forma no hay vida, ni alma, ni concepto, ni alcándara para que el viento suba y cante como el tiempo de poniente o con la áspera lisura de Chocolate. Sin proceso no hay obra. La escultura es la estructura de un sueño, que el artista inventa, creando una nueva realidad. Esculpir es pensar, aguaitar el misterio, que atesora un espíritu inocente, que llueve sensibilidad sobre la vida.

En España no han sido tantos los maestros que, a través de la talla directa en piedra, han conseguido insuflar vida en la materia, y ternura y eternidad: Mateo Hernández, Lobo, Emiliano Barral, Fernando Paúl, su maestro, y él mismo. He sido testigo de su tránsito expresivo, determinado por su vigor, la perfección, rigor técnico y proyección de pensamiento; ajeno a modas y manierismos. ¡El pensamiento jamás dimite en la obra magna! Y el aislamiento: ha marchado solo, secluso, armando un diálogo entre estructura de ensueño y el silencio. Heidegger equipara el pensamiento a un Viaje, porque en su desarrollo vamos descubriendo estancias que ahorman el resultado.

Torso femenino», calatorao, 1997, Alcántara

 

Menudearon los homenajes inaugurales a la venus de Hohle Fels y al Löwenmensch en aquellas sorprendentes exhibiciones de los Baños Árabes de Jaén, bajo la mirada fiera de Manolo Urbano. En Madrid, comenzó el veneno del lirismo, que inundó de pájaros y diosas, estrellas y corceles, los bosques de su alucinación. Después, en Alcalá, se consolidó como el gran escultor, austero y sereno, límpido, que no solo pica sino que estudia, que lee como pocos, entregado a regar la luna con miradas de niño para que crezcan las plantas de la virtud. Con el objetivo de acercarse cada día más al corazón del secreto, porque tiene por blanco la divisa del conde de Villamediana: “Todo lo posible es poco”.

El cantaor José Domínguez Muñoz, más conocido por El Cabrero- ¡homenaje a su sentir! -, que acaba de fallecer, compuso con su mujer, Elena Bermúdez, la letra y música de Como el tiempo de poniente; en una de sus estrofas reza: “Siempre fui esa oveja negra / que supo esquivar la piedra / que le tiraban a dar. / Y entre más pasan los años / más me aparto del rebaño / porque no sé adónde va”.

No es un retrato de Alcántara, pero no le va a molestar la melodía. Escultura que creció con el tiempo de poniente, que sabía a donde iba, que ha llegado a crear este oasis, que no desprecia la belleza del desierto, pero que celebra la entidad de un pensamiento y la proceridad de un sentimiento a través de las formas, en un soporte noble, el material más antiguo y duro de la naturaleza. ¡El aguaitador del misterio nos ha permitido acariciar la emoción, que se cobija en las cárcavas de la materia: talento, sensibilidad, hurmiento!

Suburá-Puig, Vilató y Alcántara, 1997

Alcántara con Agujetas, 19.III, 2003

Juan Matínez, Gamoneda y Alcántara, abril de 2009

 

Cuando Baudelaire asumía que le escultura era aburrida, se estaba refiriendo a aquellas formas de finales del XIX, amaneradas, acartonadas, sin vida. Durante las vanguardias, que surgen como reacción a ese ambiente caduco e inane, letal, carente de vibraciones y de presencia, se abren ventanas, vías para que se manifieste la sensibilidad de hombres que han materializado sus sueños, a través de formas que nos subliman. ¡Henri Laurens, Gargallo, Julio Gonzaáez, Barbara Hepworth, Brancussi, Arp! No estoy comparando estas piezas expuestas con la obra de eso grandes autores, sino sintiendo que de estas sensibilidades nacen las formas etéreas, terrígenas, primigenias de Alcántara, logrando que la materia soporte una realidad inexplicable, sorprendente, emotiva, arcana.

Es la cuarta exposición de Alcántara en este espacio, gran parte de sus exhibiciones se han desarrollado en ámbitos institucionales españoles, en Lisboa, París y en Shanghái. La crítica, que es muy perezosa en España, no le ha seguido como debiera y es por ello que, para muchos esta muestra sea un descubrimiento. La crítica entre nosotros sigue siendo muy de aficionado, motivo por el cual no siempre cumple su objetivo. Mas, cuando hay obra, la crítica no determina nada. Y aquí la hay, lo pueden contrastar, porque la muestra estará abierta al público, con los horarios que se fijen, durante doce meses. ¡Aquí las formas se convierten en animales de oro caminando por las heridas del tiempo!

                                                                                                               Tomás Paredes

                                                                                             Presidente H. de AICA/Spain

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