Firmas con sello de lujo. Tomás Paredes

Elogio de la Galería de Arte,

Bajo el signo de «Marmurán»

 

¿Qué es una “Galería de Arte”? Pareciera una obviedad, pero, a fuer de insistente, quiero explicar qué es para mí. Una “Galería de Arte” es una empresa privada, un espacio físico donde se exhibe obra de artistas, en diferentes técnicas. Además, es un centro difusor del arte de cualquier tiempo y su principal objetivo consiste en hacer coleccionistas, captar clientes a los que proporcionar obras para su colección o su disfrute personal. También, un centro de reunión, de contactos, de amigos del arte.

El coleccionismo, sobre todo el privado, es fundamental para el desarrollo del arte y ese no lo hacen los Museos, ni los Centros Culturales, lo hacen los galeristas, porque en ello les va su sueldo y su vida. La fragilidad del coleccionismo actual está en relación directa con el trabajo de los galeristas, no siempre tan eficaz y profesional como debiera. En el mundo del arte a ningún gestor se le exigen resultados, salvo al galerista, pues si no son buenos, tiene que cerrar y quedarse en la calle.

Al tener un carácter privado, de empresa, debe obtener beneficios de su actividad, porque de lo contrario no podrá ejercer la labor que la justifica. Es decir, la misión fundamental de la galería, del galerista, es mostrar el arte, que estime oportuno, para venderlo, obteniendo a cambio una rentabilidad. El galerista tiene un sueldo, el espacio tiene un costo, los gastos generales son la otra parte del negocio, que hay que satisfacer para que permanezca. La galería está obligada a cobrar al expositor una parte de las ventas ya que media con el comprador y promociona al artista.

¿Por qué es necesaria una “Galeria de Arte”? Sirven al interés general cultural de un país, informan a los amantes del arte, porque saben a dónde pueden acudir a ver lo que se hace o lo que se ha hecho. Proporcionan a los artistas la oportunidad de mostrar su trabajo, de venderlo y poder seguir viviendo y trabajando. Es el lugar que deberían visitar los directores de museos, centros culturales, instituciones públicas para tener una visión de lo que se está haciendo y poder comprar o promocionar aquello que esté en sus intereses estéticos, históricos o intelectuales, o sobresalga como un milagro. También los críticos, informadores de prensa e historiadores del arte deberían visitarlas.

Tapa del catálogo exposición José Ortega-José Díaz

 

Cada periódico, revista, portal digital tienen su equipo de profesionales que con sus pareceres ahorman la publicación. La mayoría recibe órdenes del espacio que deben visitar y los caracteres que han de escribir; otros, proponen nombres y se les asignan caracteres. Lo que indica que no todos los críticos son visitantes de las galerías, sino que por lo general sólo van a aquellas de las que tienen que dar noticia y emitir su criterio.

Y utilizo el condicional en ía, porque lo que debería suceder muy pocas veces pasa. ¿Irá el director del Reina Sofia o alguien de su equipo a ver la extraordinaria exposición de acuarelas de Juan Díaz en la Galeria Tamara Kreisler? Me temo que no. ¿Irá alguien de Babelia a ver lo que expone el maestro Cumadí en la Galería Estampa? ¡Ojalá, pero no! ¿Se acercarán los directores de Salas Institucionales de Exposiciones de Madrid a ver la obra de Inés Medina en la Galería José de la Mano? ¡Difícil y mira que la tienen cerca!

Pero, tampoco van los informadores y críticos a la Casa de la Entrevista de Alcalá de Henares a contemplar la gran exposición de escultura y de pintura de Alcántara. Ni a los centros municipales con la excusa de que están mal gestionados. Yo visito galerías y apenas me encuentro con nadie, siquiera profesionales, en Leandro Navarro, Casado Santapau o Ponce + Robles, siempre con muestras dignas, importantes, con hurmiento.

¡Hay tantas galerías de arte, con propuesta tan plural que no hay excusa para no visitarlas! Quien está habituado, al final, las ve casi todas, pero, tampoco se trata de verlo todo, sino aquello que seleccionamos según nuestros intereses y sensibilidad. Las galerías ofrecen de manera gratuita una lección de cultura cada día y el ciudadano debería compensarlo en visitas. No estoy insinuando que deban de estar subvencionadas con dinero público por su función, no; pido que se visiten y que se compre. ¿Por qué las instituciones públicas y privadas van a ARCO y compran, pero no van a las galerías?

Cartel de la mesa redonda exposición Marmurán

 

En ARCO hay de todo, pero, el conjunto de galerías ofrece más diversidad que una feria y menos ruido; más serenidad, mejores condiciones de observación. El arte es plural y esa condición incontestable se aprecia cuando vemos algo por separado, no todo a la vez en jornadas maratonianas, agobiantes. Las ferias existen, están bien, pero el trabajo de un año de una galería no puede ser suplantado por una muestra conjunta de cuatro días.

En el rubro de estas líneas se lee “Bajo el signo de “Marmurán”, por razones diversas: por ser un espacio pequeño, por su excentrismo en un medio rural, su programa, sus actividades de funcionamiento y, ante todo, por su exposición actual: José Ortega, José Diaz. Dos miradas comprometidas. La Galería Marmurán está ubicada en la C/ Castellanos 37 de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) a 150 km de Madrid, a 133 km de Ciudad Real, y ha cumplido ya más de veinte y seis años, es decir, goza de cierta estabilidad y no se trata de un experimento, aunque muchos no quieren enterarse.

Como pueden comprobar su programa es muy amplio a través de la obra de artistas nacionales y reputados cabe la de alguna promesa joven. Entre las temáticas, este año montó un homenaje al Postismo, celebrando los ochenta años de su fundación, con un éxito desbordado, tal que Guillermo de Osma la quiso mostrar en su prestigioso espacio de Madrid, lo que ocurrió a principios de julio y con repercusión.

Ahora, con el comisariado de Ángel Maroto, exhibe una muestra de consideración: José Ortega, José Diaz. Dos miradas comprometidas, abierta hasta el 30 de noviembre. El contenido es excelente, el montaje gustoso. Hay óleos, grabados, carteles, tablas, textos, fotografías, catálogos de sus trayectorias, ordenado con gran nivel y estética evidente. Piezas recuperadas del olvido de dos artistas opacados, es triste y hermoso al tiempo que sea una pequeña galería la que se ocupe de recuperar patrimonio histórico-artístico.

Serie homenaje a El Greco, Apostolario: Ángel Maroto; grafito, acrílico y tinta, 2013/14, Romeral

 

Y por si fuere poco, siguiendo su modus operandi, Ángel Maroto organizó una mesa redonda en torno a la muestra, el 21 de octubre, en la que intervinimos Francisco Matas, presidente de la Asociación Amigos Pintor Ortega; Andrés Escribano, creador multi; Ángel Maroto, fundador de Marmurán y yo mismo. Y aunque el espacio era escaso, estaba repleto, una sorpresa, dada la asistencia raquítica habitual a los actos culturales.

Y este lo era en alto grado, ya que hablamos de sus trayectorias, de sus lenguajes, de sus exilios, de una España negra y una España gris, de sus maneras de comprometerse con el arte y con la vida. José Ortega (Arroba de los Montes 1921-París 1990) y Pepe Díaz (Campo de Criptana 1930-Madrid 2015). Alguien puso ardiente énfasis en su militancia comunista, para mí lo importante es que se trata de dos creadores que tenían algo que decir y lo dijeron creando un idiolecto y evidenciando su compromiso con la vida, con la cultura, con una existencia rica en acontecimientos de toda laya.

La época abstracta de Pepe Díaz es magnífica, algún crítico dice que se anticipa a Tápies, no es cierto y además es muy diferente. Los ensueños grises de Pepe Díaz son un retrato de seda de un tiempo preciso y oscuro, parcos y bellos como como una luna en un cielo raso de enero. Bohemio, torero, buen cocinero, jugador de póker, canturreaba flamenco y vivía entre el hedonismo y el peligro hermoso. ¿Tuvo amigos o se le acercaron los rufianes? Su final fue triste como un atardecer de invierno.

Ortega es otra cosa, cofundador de Estampa Popular, en clave de Clavé algún tiempo, en los sesenta/setenta deja unas huellas propias que le dan sentido. Esa figuración vanguardista y poética presenta signos de presencia y dimensión. En Italia, su país de acogida, tiene museos y consideración, aquí reina el olvido. No es fácil que una exposición tan breve en un espacio mínimo diga tanto y señale a tantos.

Santiago Carrillo y José Diaz, 28.IV.91, fotografía de T.P.R.

 

Pues, las galerías también cumplen esta misión, absolutamente altruistas, porque nadie compra ni un sello para una carta, ocupándose en hacer el trabajo que deberían hacer las instituciones públicas. En Castilla-La Mancha, como en otras instancias, hay dinero para lo que se quiere, pero no para lo que la cultura necesita. Se malrotan millones en proyectos estrafalarios- dígase el caos Polo en Santa Fe, o los colorines de Okuda en plena Mancha- y se escamotea la atención a acciones urgentes y necesarias.

¡Que hay galerías piratas que juegan como trileros! De acuerdo, pero eso no puede empañar la función de profesionales que hacen un trabajo privado que siempre acaba teniendo un beneficio público y social respecto a nuestro patrimonio histórico-artístico. ¡Visiten la exposición de Marmurán y verán cuantas cosas descubren! No es una propuesta para expertos, ellos lo saben todo, si no para el espectador normal, que no ha dejado las ganas de aprender y de sentir, que continúa con hambre de conocer, que sabe que el arte hace  una vida vivida, aportando nuevas expectativas.

 

 

Tomás Paredes

                                                                                               Presidente H. de AICA/Spain

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