Alvaro García Santamaría: El flujo pictórico

El viernes 4 de enero tuvo lugar el acto de inauguración de la exposición que bajo el título de “El flujo pictórico”, nos presentó el socio Álvaro García Santamaría. El acto estuvo presidido por José Gabriel Astudillo López, Presidente de la AEPE, acompañado de la Secretaria General, Mª Dolores Barreda Pérez, y de los Vocales Antonio Téllez, Carmen Bonilla Carrasco, del Bibliotecario, Fernando de Marta, y de la Tesorera, Ana Martínez Córdoba.

La muestra nos la presentó así el propio autor:

Este proyecto partió de un objetivo, que a lo largo de su investigación, tomó una forma completamente distinta de la que se pretendía en su comienzo. La idea inicial, era la plasmación de la angustia apoyada en el lenguaje pictórico, una premisa sostenida más en la espontaneidad del pintor por expresar dicho concepto bajo la sombra dominante del pincel, sobre el blanco expectante de luz acrílica del lienzo, que de un despliegue de elementos artísticos actuales, con discurso marcadamente conceptualista.

Todo esto, sujeto al abyecto referente visual que suponen las imágenes fotográficas del artista madrileño David Nebreda, quien, con su estética terriblemente aberrante y salvajemente gráfica, respecto al deplorable estado tanto físico como psíquico, en el cual se encuentra, afirma con estos actos la certeza de su propia existencia y el reclamo de su propia purificación, a través de estos dolorosos retratos. Retratos, que sin duda hieren la sensibilidad del espectador, mostrándole a él su propia realidad, con la esperanza de cambiarla y simultáneamente, salpicando al público de ese horror físico, que sacude visceralmente el alma, al asistir a tan desagradable espectáculo.

No obstante, como se señaló anteriormente, esta obra tan solo pretendía utilizar dichos recursos como soporte para levantar algo que nada tenía que ver con los trabajos ritualistas de Nebreda, pues estos se tomarían como inspiración estética y formal a fin de servir como vehículo transmisor de mi idea, la idea de la angustia, pues como el artista Luc Tuymans dijo en su momento, “uso todo lo que tengo en mis manos para llegar esa imagen, que es una imagen pintada”. Sin embargo, a lo largo del proceso creativo, se produjo un encuentro con una nueva premisa para el proyecto, algo que arrojaría luz a un planteamiento más conceptual y de gran atractivo temático.

Este nuevo punto de partida hablaría del suceso que se produce al trasladar una imagen fotográfica dentro del lenguaje de la pintura. Es un tema que nos habla acerca del fenómeno mágico de esta estrategia artística que transforma la evidencia física captada por la tecnología humana en nueva realidad que se elabora en la paleta del mago, cargando el pincel con ese fuego creador que configurará una nueva imagen a partir de la ya existente, dotándola de esos atributos que la pintura transfiere al pasar por su filtro. Esto nos abre un amplio debate acerca de la imagen como un fuerte componente dentro del arte, algo que puede utilizarse para distintos fines, algo que puede sufrir una transmutación al sacarla de su entorno contextual y depositarla en otro.

No obstante, es importante señalar la crudeza referencial de la cual partía, dado que el soporte utilizado eran unas escabrosas fotografías del artista español David Nebreda. Imágenes perturbadoras, que en cierto modo entablan un diálogo con la angustia. Pero lo interesante de la cuestión, es el hecho de que, al pasar un objeto de un estadio a otro, este va adquiriendo otras connotaciones, que derivan, en un paliativo, a la bestialidad, que Nebreda, deja caer sobre el espíritu lacerado, de un público, que sufre los latigazos, de tal realidad registrada.

De este modo, los cuadros han ido perdiendo esa intensidad gráfica punzante, a favor de una reflexión más espiritual sobre el dolor humano. Si Nebreda representa el dolor inhumano y salvaje, estas pinturas se convierten en el antídoto a tal aflicción provocada. Algunos de estos lienzos incluso respiran una cierta religiosidad, fruto de unos sombreados que acaban creando un fuerte contraste entre la figura, sus sombras y el fondo oscuro. Se podría decir, que existe una cierta tendencia tenebrista, la cual aleja a estas figuras del sórdido espectáculo desarrollado por la mente quebrada de Nebreda para traernos a un nuevo recinto, provisto de ciertas reminiscencias estilísticas reconocibles en la tradición clásica, que inevitablemente cruzan nuestro conocimiento histórico de la pintura, el cual supone un escudo poderoso, frente a las acres connotaciones fotográficas de Nebreda. Por otro lado, debemos hablar, de una cierta libertad a la hora de desechar, ciertos elementos compositivos, que desde mi punto de vista, se encontraban en términos, de prescindibles.

En lo que respecta al acometimiento de mi pintura, he lanzado siempre una vista general, al conjunto, para poder determinar, si debía eliminar o no, alguna parte de la fotografía, para su mejor o peor captación, de lo que realmente trasciende visualmente. De lo que se corresponde con unos códigos muy concretos, insertos en una estructura que solo el creador de esa fotografía conoce, y para con la cual resultaba innecesario contar, Francis Bacon, quien compone el grupo de antecedentes de este proyecto, en una ocasión habló de ello diciendo, “la foto me echa una mano, me sirve de apoyo, me recuerda y me provoca imágenes.

La fotografía me permite arrancar; después borro, resto, hago desaparecer 31.” Durante el proceso creativo, siempre he tratado de guardar una distancia física, entre mí mismo y el lienzo, para así poder manejar un mayor control proporcional, de lo representado, y no caer de esta manera en una peligrosa discordancia formal del conjunto retratado. Se han dado casos, en los cuales, me he visto inclinado, por un afán, más experimental y transgresor, en lo que se refiere, al cambio del color, por blanco y negro, en estas figuraciones pictóricas. Así, he podido comprobar, los cambios estéticos desarrollados, a partir de este punto de partida cromático.

También es interesante, hablar del proceso estilístico, que han ido experimentando estas pinturas. Si bien en unos cuadros, se ha manifestado una tendencia expresiva, dentro del formato en que estos se hallaban, otros han recorrido terrenos más espirituales, cercanos a la pintura religiosa del barroco. De esta manera, han quedado unas imágenes más calmosas, e insertas en un lenguaje, que la historia del arte reconoce. Por lo que toda esa anterior agresividad hiriente creada por Nebreda, se disipa, dando paso a un discurso de espiritualidad humana, que no ejerce ningún poder de repulsión, sobre el espectador, más bien, plantea un ejercicio de interiorización. Otros en cambio, han circulado por campos más contemporáneos, volcando el gesto pictórico, en unas manchas de colores grises, superpuestas sobre una figuración, operada con gran dinamismo y espontaneidad, dando como resultado, una representación, que respira esencia humana.

Catálogo digital Álvaro García Santamaría

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