Firmas con sello de lujo. Tomás Paredes

¿Qué está pasando con la crítica?

¡Estará buena la breve tribu que venera a Robe Iniesta! Antes del deceso, silencio, cuando no menosprecio. Ha sido morir y todos se han desbocado a hacerlo suyo, desde el psicópata al más baboso de los mercenarios, un maratón oportunista y caricaturesco. ¡No guarden inquina sus adeptos, es un signo más de nuestra decadencia, intelectual y emotiva! De ausencia de crítica, autocrítica, dignidad. ¡Un panorama repugnante! Los plañideros no deben ignorar que se han retratado.

Conviene remarcar que no todas las canciones son poesía, las canciones son eso, canciones y, a veces, ni eso. La proceridad de la canción está en que se la apropie el pueblo, ahí está su grandeza, si además tiene algunas gotas de poesía, miel sobre hojuelas, ocurre con Sabina, Krahe o Chicho. Pero, ninguno de ellos son Édith Piaf, Bob Dylan o Brassens. Manuel Machado, ese gigante torturado, escribió esta joya:

LA COPLA

Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.

Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.

Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.

Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.

La crítica ha desaparecido, en muchos campos. Yo me muevo entre la literatura y el arte, pero el mal se ha extendido y la ruina crítica es expansiva. Nuestra cultura, en español, no es que esté para sacar mucho pecho, pero han existido hombres de pensamiento crítico evidente, avalado por sus juicios, como Américo Castro, Unamuno, Ortega y Gasset, José Gaos, Nicolás Gómez Dávila, Borges, Octavio Paz, Dámaso Alonso…

¿Existen hoy mentalidades semejantes a las de Heidegger, Russell, Popper, Gottlob Frege, Hannah Arendt, Roland Barthes o Eduardo Lourenço? Me temo que no, por mucho que alguno defienda a este o aquel correligionario. Son tiempos de vacas flacas en el arte y la literatura, en el pensamiento. O en plan más doméstico, ¿hay hoy algún Lafuente Ferrari, Manuel Sacristán, Gaya Nuño, Gonzalo Sobejano, García Yebra, Julio Caro, Ramón Carande o P. Custodio Vega? No será fácil encontrarlo.

Manuel Machado

 

¿Qué ha pasado con la crítica? No es que esté en crisis, sino que se ha diluido. Cada vez son menos los espacios para la crítica en los medios audiovisuales, pero eso no es óbice para que un pensamiento crítico sea expresado, porque hay más posibilidades que nunca en el cuérnago electrónico. Se va a una rueda prensa donde se presenta una exposición, un libro, una obra teatral, y al día siguiente vemos repetida, en los diferentes medios, la misma opinión que se ha transmitido a los convocados. Hay alguno que cambia cuatro cosas para aparentar que hace; otros, ni se molestan. ¿Qué se hizo del espíritu crítico?

La crítica es una acción del intelecto que razona un juicio, analizando de forma objetiva las características de algo o a alguien; un examen razonante, que ahorma un juicio, un criterio que se expresa en público. En el Romanticismo prevaleció el poder de la emoción y la subjetividad. Reaccionando, T.S. Eliot, una crítica ejemplar, exigía rigor intelectual, condición de objetividad y correlato objetivo. Mas, Baudelaire defendía una crítica apasionada, parcial, subjetiva, poética, buscando la belleza en lo moderno.

¿Por qué no? Me quedo con lo bueno de una y otra, en tanto en cuanto sea crítica constructiva. Una crítica puede ser negativa, pero no debe ser hiriente, faltona, inmoral, destructiva. Para opinar el primer requisito es tener opinión. El juicio se edifica con varios elementos: información, debate, conocimiento, ponderación y conclusión. Alguno cree que la intuición es un soplo romántico. No, la intuición está hecha de buen juicio, razonamiento, búsqueda de entidad y de los copos que nieva el pensamiento mágico.

Ortega y Gasset

 

He formado parte de cientos de jurados, conozco su desarrollo y respeto el fallo de sus deliberaciones, claro, sabiendo que se adopta el juicio de la mayoría. En los concursos públicos nacionales, al beneficiarse alguien de dinero público, debería existir una transparencia, que no hay, y saber quién ha propuesto al candidato y cómo se ha llegado al veredicto.

A mí, en concreto, me gustaría saber quién ha propuesto al premio Velázquez de este año, qué miembros del jurado conocían su obra y qué razones hay para designar a Patricia Belli y no otros candidatos. Respeto la decisión de premiar a Patricia Belli, a quién felicito, pero tengo derecho a saber el cómo y el qué. Esta petición no deturpa la obra de la artista galardonada, sino que la afianzaría.

Sucede igual con el Premio Cervantes, a quién he leído, mas, del mismo modo, importa saber qué miembros del jurado habían leído a Gonzalo Celorio. Y lo mismo con el Premio Nacional de las Letras: está bien que den una alegría a María Victoria Atencia, pero, ¿si es tan importante, por qué hay que esperar a que cumpla 93 años para reconocerla? ¡La dinámica de este Ministerio de Cultura es bastante proterva! No digo que yo conozco y los demás ignoran, no, sólo pretendo que haya transparencia.

José Gaos

 

Los Premio Nacionales, el Cervantes, el Reina Sofia de Poesía Iberoamericana y el Velázquez evidencia una manipulación política que los descategoriza, los enerva, los hunde. Enseguida saldrá el oportunista de turno, con este o aquel nombre, y claro que hay aciertos, pero, mucho más, caprichos compensatorios de no se sabe bien qué. Y no cuestiono a los premiados, pero señalo arbitrariedades dañinas e innecesarias. ¿Cuántos Premio Cervantes son antesala de la muerte del autor? ¡Repásese el historial y se verá!

Para formar parte de un jurado hay que estar bien formado. No vale un me gusta, hay que fundamentar la opinión. El jurado ejerce una crítica determinante, elige a uno y rechaza a otros; de los que selecciona, debe de tener conocimiento suficiente para decantarse. En arte plástico, tienes la obra delante -bueno, ahora no, salvo el Salón de Otoño y el Premio Reina Sofia de la AEPE y algún otro, todo es digital, frívolo, a la ligera, impropio-, pero en literatura, tienes que ir leído, con bagaje, con oficio, con criterio construido.

Eduardo Lourenco

 

¿En qué consiste el criterio?  Criterio, del gr. criterion=juzgar, es discernimiento y juicio para conocer la realidad de algo o alguien. No se tiene mucho o poco criterio, se tiene o se carece de él. Con los años se va adormeciendo y si no se percibe su muerte, su ausencia, es que se carece de criterio. Sin buen juicio, sin criterio no hay justicia. Y un fallo aspira siempre a hacer justicia.

El criterio está por encima de los gustos, las preferencias, las filias y las fobias, las circunstancias, los intereses. La simpatía por algo o alguien no puede obnubilar nuestro juicio acerca de su realidad. El juicio no es “una facultad del alma” como asegura el DRAE, sino una muestra de nuestro criterio.

Juan de Valdés (Cuenca c.1494-Nápoles 1541), humanista, erasmista, luterano, gentilhombre de capa y espada del papa Clemente VII, excelso escritor español, estricto gramático antinormativo, escribió una obra fundamental, Diálogo de la lengua, 1535, aunque no vio la luz hasta 1737, cuando Gregorio Mayans y Siscar lo publica como anónimo. En esa obra magna, asegura Juan de Valdés:

 -“Si yo uviese de escoger, más querría con mediano ingenio buen juicio, que con razonable juicio buen ingenio.

-¿Por qué?

-Porque hombres de grandes ingenios son los que se pierden en heregías y las falsas opiniones por falta de juicio. No ay tal joya en el hombre como el buen juicio”.

 

El humanista Iacopo Bonfadio llamaba a Juan de Valdés, el “compiuto uomo”, su prestigio fue extraordinario y su talento avanzado, avezado, claro, meridiano, limpio, pulcro. Acusaba Antonio de Nebrija de exceso de andalucismos y de oscuridad. Su defensa del juicio, lo que construye el criterio, es idónea, vanguardista, preclara. No confundir con Juan de Valdés Leal, siglo siguiente, pincel maestro del barroco.

No hay inspiración, hay talento expresivo y pensamiento, diafanidad y lejanía de tergiversación. La función del crítico está en rescatar del pasado lo que no debe desaparecer, ni opacarse; y del presente, lo mismo. No está tanto en exornar, como en distinguir; en adornar como en poner en claro el porqué de su dimensión, pues importa más el juico que el ingenio, como quería Juan de Valdés.

Ramón Carance

 

La ausencia de crítica, su perversión, conducen a una cosecha editorial ancha, blanda, débil, sin hurmiento; a un tropel de obras plásticas, cuyo único aval es estar colgadas en las paredes de una galería de arte. La adulación, el sahumerio bobalicón y servil lleva a la caricatura y al ridículo.  El exceso genuflexo de elogios a los que están por encima – y no quiero ni pensar en la política- no es más que un autorretrato del que lo realiza, una confesión lamentable e indigna, un servilismo del peor jaez.

Casi todas las traducciones son alabadas por los reseñistas de turno, que a menudo desconocen la lengua original de las que son vertidas. Hoy, todo el mundo publica – arribistas, trepas, laboteros, bocachanclas, mafiosos, burlangas, reyes- y están en su derecho, pero ese arrebato bochornoso exige una crítica correctora, que no existe. Detrás de una súplica, de sólito hay siempre una mentira. Tras cada elogio desmedido, gratuito, se agazapa una indignidad, un signo inaudito de dependencia.

Patricia Belli

                                                                                                                  Tomás Paredes

                                                                                              Presidente H. de AICA Spain

Recordando… Francisco Nicolau Sander

Obras, artistas, socios, pequeñas historias…

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Francisco Nicolau Sander

NICOLAU SANDER, Francisco       P           1921          BARCELONA      MADRID

Socio de Mérito de la AEPE

 

Francisco Nicolau Sander, IA

 

Francisco Nicolau Sander nació en Barcelona, el 21 de julio de 1890.

Casado en primeras nupcias con María Pou Comas, con la que tuvo dos hijos: Manuel (que cuenta a su vez con tres hijos: Manuel, Francisco y María del Pilar, nietos que han realizado una importante donación de obras a la AEPE)) y Pepita, fallecida sin descendencia.

Desde muy joven despuntó en el dibujo y la pintura, verdadera vocación que le llevaría a realizar distintas exposiciones y a participar en distintos certámenes y premios de arte.

Francisco Nicolau Sander, IA

 

Pero las condiciones artísticas que se daban en la Barcelona del momento, con la eclosión del modernismo, hicieron que terminara dedicándose a la pintura y decoración, muy de moda en aquel momento, formándose en los talleres de la casa F. Vidal, que fundara Francisco Vidal y Jevellí, donde se llevó a cabo una auténtica recuperación de los viejos oficios y la integración del arte a la industria, especialmente en la decoración, a través de la incorporación de artesanos de los más diversos oficios de las artes industriales, que aportaron a los muebles los complementos necesarios.

De esta manera, y gracias a su formación, realizó innumerables trabajos de decoración en distintos establecimientos y comercios de la ciudad Condal, como los realizados en la Casa Segura, Santa Eulalia, etc.

La calidad de sus trabajos le llevaron a trasladarse a Madrid junto a su familia, donde continuó realizando obras decorativas y otras artísticas, con las que participó en distintos certámenes y exposiciones, integrándose en el ambiente artístico de la capital y compartiendo oficio con otros relevantes artistas.

Asiduo al  Café Montaña, el célebre local de la Puerta del Sol, famoso por ser el escenario donde tuvo lugar el enfrentamiento entre Valle Inclán y Manuel Bueno, que hizo tener que amputar el brazo al autor de Luces de Bohemia, y que fue centro de reunión de artistas modernistas y literatos de la Generación del 98.

En 1928 presentó la obra Flores y frutas al VIII Salón de Otoño, que le valió el premio de concesión del título de Socio de Mérito.

Tras unos años en Madrid, Francisco regresó con su familia a su Barcelona natal, donde finalizaría su etapa de pintor y fallecería víctima de un accidente cardiovascular, en 1935, cuando contaba solo con 45 años, siendo enterrado en el cementerio de las Corts.

En su temática abundaban los paisajes y bodegones, temas con los que más a gusto se sentía su paleta y con los que sacaba adelante a su familia, aunque también realizó numerosos desnudos y bocetos decorativos.

Francisco Nicolau y la AEPE

Participó en el VIII Salón de Otoño con las obras: Flores y frutos, Langosta y Susana.

 

Importante donación a la AEPE de los nietos

del socio Francisco Nicolau Sander

Con fecha 3 de diciembre de 2025 ha quedado firmada el acta de donación de 16 obras que Manuel, Francisco y Mª Pilar Nicolau Roigé, han donado a la Asociación Española de Pintores y Escultores y que ya han sido convenientemente inventariadas, incorporándose al patrimonio de la AEPE.

 Se trata de siete óleos y dibujos del artista y Socio de Honor de la AEPE, Francisco Nicolau Sander, además de fotografías y documentos como su pasaporte, tarjeta de socio del Liceo de América, fotografías personales del archivo del artista, diseños de mobiliario y catálogos, y el Diploma de Socio de Honor de la AEPE, cuyo diseño a día de hoy, sigue siendo el mismo.

Desde la Asociación Española de Pintores y Escultores no podemos más que agradecer a la familia Nicolau esta donación, que supone un gesto de confianza más de los artistas y sus familias, que ven en la AEPE el lugar más adecuado para preservar su legado.

De esta manera, la AEPE reafirma su rol como «casa de los artistas», consolidando su prestigio y su labor de difusión de las artes plásticas.

La AEPE recibe continuamente donaciones, confirmando su importancia como custodio del arte español y promotor incansable de la cultura.

En homenaje al artista, en esta Gaceta de Bellas Artes de enero de 2026, se incluye una biografía que ha sido posible realizar gracias a la aportación de sus nietos Manuel, Francisco y Pilar, a quienes agradecemos no sólo su donación, sino la memoria artística de su abuelo, recuperado así del olvido para todos los amantes del arte y la cultura.

“Los nietos por unanimidad, Manuel Nicolau, Francisco Nicolau y María del Pilar Nicolau, hemos decidido donar a la Asociación Española de Pintores y Escultores, parte de las obras de las que disponemos, así como documentos personales, los cuales detallamos a continuación”.

-Pintura bodegón (No observamos ni firma , ni fecha)

-Pintura mujer desnuda firmada Nicolau 32

-Titulo de socio de mérito otorgado en Octubre-1928

-Bocetos de mobiliario (firmados por Francisco Nicolau)

-Catálogo de mobiliarios

-Fotografías del Bar Montaña de Madrid, en bajos Hotel Paris (centro de reunión de diferentes artistas), donde realizaban sus tertulias

-Dos fotografías de Francisco Nicolau Sander

-Pasaporte de Francisco Nicolau Sander

-Un boceto de señora desnuda y una fotografía de flores y frutas (suponemos que es el cuadro que presentó en el VIII, salón de Otoño, Madrid 1928)

-Un boceto de señor sentado dedicado a nuestro abuelo por un amigo pintor (firma ilegible.

-Un boceto retrato de nuestro abuelo firmado por Antonio Castaño López (al igual que nuestro abuelo, presento una obra en el VIII Salón de Otoño)

-Tarjeta de presentación de Francisco Nicolau Sander

-Tarjeta de Francisco Nicolau decorador (dibuixos per a Fusteria, Cerralleria i Mobles)

-Tarjeta de identidad Socio 439 a favor de Francisco Nicolau de Fomento de las artes decorativas 9-01-31

-Tarjeta de Socio a favor de Francisco Nicolau, Madrid Liceo de América 1922

-Fotografía edificio taller de F. Vidal (lugar dónde obtuvo conocimientos relevantes de decoración)

Pasaporte de Francisco Nicolau Sander

Tarjeta de identidad Socio 439 a favor de Francisco Nicolau de Fomento de las artes decorativas 9-01-31

Tarjeta de Socio a favor de Francisco Nicolau, Madrid Liceo de América 1922

Fotografía de Flores y frutas (probablemente el cuadro que presentó en el VIII, salón de Otoño, Madrid 1928

Título de Socio de Mérito del VIII Salón de Otoño de 1928

Fotografía del edificio taller de F. Vidal, donde se formó

Fotografías del Café Montaña de Madrid, en los bajos  del Hotel Paris , en la Puerta del Sol

Bocetos de mobiliario (firmados por Francisco Nicolau)

Pintura bodegón (Sin firma, ni fecha)

Mujer desnuda firmada Nicolau 32

Boceto de señora desnuda

Boceto de señor sentado dedicado a nuestro abuelo por un amigo pintor (firma ilegible)

Boceto retrato de nuestro abuelo firmado por Antonio Castaño López, que presentó una obra en el VIII Salón de Otoño

Tarjetas de presentación de Francisco Nicolau Sander y de Francisco Nicolau decorador (dibuixos per a Fusteria, Cerralleria i Mobles)

Catálogo de mobiliarios

Recordando… Fernando de Amárica Medina

Obras, artistas, socios, pequeñas historias…

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Fernando de Amárica Medina

AMARICA Y MEDINA, Fernando de           P       1910(F014)           1.jun.1866       VITORIA        VITORIA (Estación 38)          6.set.1956

Socio Fundador de la AEPE

Socio de Honor de la AEPE


Autorretrato

 

Fernando Amárica Medina, más conocido como Fernando de Amárica, nació el 1 de junio de 1866 en Vitoria, en la misma casa en la que fallecería, mandada construir por su abuelo, Marcos de Amárica y Gómez de Sáseta.

Hijo único del acaudalado matrimonio formado por Vidal Amárica y Otazu y Nicolasa Medina y Montero, se formó en su ciudad natal, cursando dibujo en la Escuela de Artes y Oficios a partir de 1885.

Retrato de mi madre

 

Cumpliendo los deseos de su tío Ramón, comenzó a estudiar derecho en la Universidad de Valladolid, licenciándose a los 21 años, pero con la firme convicción de que éste no era su camino.

De regreso a Vitoria, el estímulo de su amigo y maestro Ignacio Díaz de Olano, le impulsa a pintar de forma continua.

Autorretrato

 

En 1895 viaja a Italia, aprovechando la estancia en Roma de su amigo, conociendo Roma, Florencia, Venecia, Milán y Nápoles, donde incrementará sus conocimientos pictóricos.

En 1898 se traslada a Madrid, donde permanecerá por varios meses pintando en el estudio del que fuera Presidente de la AEPE, Joaquín Sorolla, y teniendo como compañeros y amigos a dos de los Fundadores de la centenaria entidad, Eduardo Chicharro y Manuel Benedito.

En 1899 participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes con sus lienzos La vega del Guëll en abril y Tarde en septiembre en las orillas del Zadorra en Trespuentes.

 

En 1900 realiza su primer viaje a París, ciudad en la que recibe una fuerte influencia del impresionismo, en especial de Monet y Sisley, asistiendo a clases de dibujo de desnudo en la Academia Delecluce, donde entablará amistad con el también socio Anglada Camarasa.

Viaja posteriormente a Holanda, donde estudia las obras de Rembrandt.

De regreso a su ciudad, convertido ya en un caballero de estampa arrogante, poblada barba y bigote enhiesto, era considerado como hombre culto y gran artista.

Participará asiduamente en exposiciones nacionales e internacionales.

Antes de la tormenta

Calle de Haro

Espigadoras

 

Envía al Salón de París (Société Nationale de Beaux Arts) en el año 1903 su cuadro Soir de Septembre aux bords de la Zadorra, que es admitido y elogiosamente comentado por la crítica, y ese mismo año ingresa en la Junta Directiva de la Escuela de Artes y Oficios de Vitoria.

En 1905 vuelve a participar en el Salón de París con su obra Derrière l’eglise, triste coin ensoleillé, paisaje con figuras, que también es admitida y alabada. Esta circunstancia le anima a viajar a París, donde permanece una temporada en la que continuó estudiando y asimilando las nuevas influencias, que contribuirán a fijar su personalidad dentro de su visión realista.

Ese mismo año expuso en Marsella.

En 1908 vuelve a concurrir al Salón de la Société Nationale y presenta su obra Solitude Mélancolique. Ese mismo año decide participar en la Exposición Internacional de Marsella con tres cuadros de los que tenía en París para su venta. Así termina su experiencia parisina. Es la única etapa de su vida en la que intentó vender para, como él dice, “hacer firma”.

Estanque con surtidor

Granada

La Vega del Güell en abril. Museo del Prado

 

Junto a largos períodos de inactividad, hay otros en los que se libera, y pinta la Llanada Alavesa, sus chopos, el monte Gorbea nevado, gris, rosado, el monte Amboto, el Udala, la hora del atardecer de su amado río Zadorra. Pinta Bermeo y sus costas, el valle de Léniz, las peñas de Urquiola, La Rioja…

En 1910 pasó una temporada en Granada, impregnándose de la luz del sur.

Su gran tríptico de casi tres metros Las Puertas de Vizcaya figurará en la Exposición del Congreso de Guernica, celebrado en Bilbao en 1922.

En 1923 celebró una exposición individual en Madrid en el Palacio de Bibliotecas y Museos, logrando un gran éxito.

En ella figuraron cuarenta y cuatro obras, dos de las cuales ingresaron en el Museo de Arte Moderno: Tarde de septiembre a orillas del Zadorra y La Vega de Quel en abril.

En el año 1924 tiene lugar, en el paraninfo de la Escuela de Artes y Oficios de Vitoria, la exposición homenaje que su ciudad le dedica y que viene a ser una continuación de la de Madrid.

Lanada de Vitoria en mayo, desde Durana

Luz en la cumbre

Paisaje

 

Participa, asimismo, en la Exposición de Arte Español 1828-1928, organizada por la Dirección General de Bellas Artes que se celebró en Bélgica y Holanda.

Entre los años 1928 y 1934 realizó varios viajes a París, realizando además una exposición en la Sala Delcraux de Bilbao y participando en la Exposición de Arte Español de Bélgica. Un año más tarde, lo haría también en la celebrada en Holanda.

En el año 1935 inaugura su exposición personal en Barcelona, en las Galerías Layetanas, con un total de treinta y un cuadros, que recibió críticas muy elogiosas.

Paisajes

 

Durante la guerra civil permaneció varios meses en Galicia. Regresó a Vitoria, cuando el frente de guerra se había alejado. Terminada la contienda, vuelve a pintar, recorre la provincia de Guipúzcoa, vuelve al Ebro, a Estella.

En 1945 ingresan en el Museo de Bellas Artes de Bilbao dos cuadros suyos, Misticismo vasco y Paisaje romántico.

En 1950 cede al Museo de San Telmo de San Sebastián varias de sus obras: El valle de Léniz, Amboto y Udala, Montañas de peñas y nubes, Tranquilidad de un ocaso otoñal, Lejanías del Iregua, Grises en el Ega y Salinas de Léniz. Entretanto, su pintura sigue evolucionando, las formas se disuelven con especial cuidado en los efectos atmosféricos, la sensación de aprehender el movimiento en un instante.

Paisajes

 

En 1952 se quedó ciego, pero siguió pintando de memoria.

 

En los últimos años de su vida, aún participa en la exposición colectiva Pintores de Vitoria, que se celebra en las Galerías Altamira de Madrid en 1952.

La última preocupación del artista fue que, en el futuro, se pudiera contemplar su obra en su globalidad.

Para ello constituyó la fundación que lleva su nombre y el de su padre y cuya sede actual se halla en el Museo de Bellas Artes de Álava, en el cual se encuentra depositada y expuesta la mayor parte de su producción.

Falleció el 6 de noviembre de 1956, a los 91 años, en Vitoria, siendo enterrado en el Cementerio de Santa Isabel, sin descendencia.

Paisajes

 

En enero de 2025 se producía el cierre de la Sala Amárica para convertirla en un centro de emprendimiento ajeno a la cultura, lo que supone una grave desnaturalización del legado de Fernando de Amárica y una traición al espíritu de su testamento. Tal y como señala el artista  Iñaki Larrimbe, “el pintor vitoriano, consciente del valor del arte y la educación, dejó su patrimonio a la ciudad con una finalidad muy clara: que su obra sirviera para inspirar a futuras generaciones y que su legado estuviera al servicio del arte y la sociedad”.

En su testamento, Amárica estableció con claridad su voluntad: “Establezco, pues, por el presente testamento un Pabellón o Salas en la ciudad de Vitoria que se denominarán ‘Galería Fernando de Amárica y Medina’, destinado a la exposición permanente con carácter público de mis cuadros, debidamente seleccionados”.

Este espacio, situado dentro de su propia finca, no era un simple lugar de almacenamiento de su obra, sino un centro de referencia cultural pensado para la inspiración y la formación artística.

El cierre de la Sala Amárica y su transformación en un proyecto sin relación con la cultura desvirtúa completamente la finalidad de su legado. Su testamento lo dejaba claro: “En el remanente de mis bienes y derechos nombro por único heredero a la Entidad benéfico-docente […] cuya finalidad es doble: de un lado, crear pensiones de estudio en el extranjero y pensiones de retiro o vejez para obreros; y de otro, establecer la exhibición, en una galería o pabellón construido ad hoc, de mi obra pictórica para que inspire vocaciones artísticas y procure enseñanzas con su permanente y pública exhibición”.

Paisajes

 

Este cambio de uso supone una clara desviación de su testamento. Aunque parte de su colección se expone en el Museo de Bellas Artes de Álava, Amárica no solo buscaba la conservación de su obra, sino también la creación de un espacio propio dedicado exclusivamente a su legado. Como se recoge en su testamento: “Para dar realidad a la idea, quiero que se edifique un Pabellón en el ángulo suroeste de mi finca, calle de Dato número 38 de Vitoria, […] comprendiendo las Salas que se destinarán a conservar y exponer en ellas mis cuadros”.

La desaparición de este espacio y su sustitución por un proyecto empresarial ignora el mandato del testador y vulnera su voluntad expresada en el testamento. Su legado cultural ha sido diluido en favor de un uso ajeno a su propósito original, cuando su deseo era claro: “Si llega un día en que no se cumpla conocidamente la Fundación que dejo establecida, en que abiertamente se falte a lo estatuido, nadie se ocupe de ella y la abandonase en cargo, faculto y ruego al Alcalde de Vitoria, al Presidente de la Audiencia y al de la Diputación de Álava […] que promuevan la destitución y remoción del Patronato que hubiere y haciéndose cargo interina y transitoriamente del mismo, cuiden que la Fundación se restituya a su propósito original”.

Fernando de Amárica legó su patrimonio con una intención inequívoca: que su obra se conservara en un espacio público propio, accesible y permanente. La desaparición de la Sala Amárica es, sin duda, una traición a su memoria y a su voluntad.

Conocido por sus luminosos paisajes, influidos en cierto modo por Sorolla y por el también socio de la AEPE, Ignacio Zuloaga, es considerado uno de los pintores vascos más importantes y su prolífica obra abarca casi medio millar de cuadros.

Vitoria le recuerda con el nombre de una plaza en el mismo espacio donde se encontraba su casa natal.

París

Retrato de Enrique Lévêque

 

En 1990 el Banco Zaragozano celebró una exposición con una selección de su obra, inaugurando la nueva sala abierta por esta institución bancaria en esta ciudad.

En 1950 publicó el libro titulado Desde mi molino.

Entre sus cientos de cuadros, algunos de los más conocidos son: Alava, Escalando al cielo, La vega del Quel en abril, Desnudo, Autorretrato, Tarde en septiembre en las orillas del Zadorra en Trespuentes, La vuelta del Zadorra en Villodas

La Fundación Vidal y Fernando de Amárica posee más de 200 de sus cuadros, estando su sede en el Museo de Bellas Artes de Álava.

Su obra está presente en el Museo del Prado, en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, en el Museo San Telmo de San Sebastián, y en infinidad de colecciones privadas.

Busto en homenaje de Fernando de Amárica en los jardines del Museo de Bellas Artes de Álava

 

Fernando de Amárica pertenece a la generación de artistas que introdujo en el País Vasco la modernidad pictórica con modelo francés. Una generación que dedicó una gran atención al paisaje, género privilegiado del impresionismo, pero Amárica, no lo utilizó -al contrario de otros- como campo idóneo para el lucimiento de las innovaciones en el tratamiento cromático y lumínico de las imágenes, ni como manifiesto regionalista o ideológico, sino que -así lo parece- sintió de una manera directa la hermosura y la calma espiritual de los paisajes que conoció y quiso reflejarlos casi podríamos pensar que para sí mismo.

Sus primeras obras beben del plenairismo academicista, con preocupación por la luz y efectos tonales. El dibujo es lo primero que busca, seguido del color y la ejecución. Influencia de la “Escuela de Barbison” (1830-1870) y el pintor y también socio de la AEPE, Carlos de Haes.

La influencia del “luminismo” de Sorolla es patente en su obra, con su cada vez mayor interés por la luz y sus efectos. Amárica fue un impresionista por la coincidencia de ver y sentir el paisaje, aunque hay que considerarle un pintor autodidacta.

A partir de 1915 su estilo es pleno de un realismo luminoso, virtuoso en lo formal, desarrollando una pintura sensorial. Fiel a si mismo pinta lo que ve, de forma emocional. Su amor al paisaje es algo innato. Luces y sombras se cruzan rítmicamente, como reflejo de la realidad cambiante de sosegada belleza. En los años 20 pinta el mar que se convierte en elemento principal. Sin estridencias. Pinta cada vez con mayor libertad, no plantea una única técnica, sino un lento proceso de adecuación dentro de su madurez. Pintor pulcro y esmerado, sensorial y contemplativo. La serie de cuadros de sus “Espejos” en el rio Ebro, contiene obras magistrales. Su pincel es firme y seguro en sus maneras y atrevido en sus contrastes. Lo vital y estético cruzan intereses. Cada vez es menos realista, con movimientos ondulantes.

Hacia los años 30, sus obras son un compendio de todo lo visto, lo entendido, lo estudiado y vivido, su visión es cada vez más internacional, sin renunciar a sus ideales. Sus estados de ánimo cada vez más se trasladan al lienzo. De lenta y discreta modernidad, pletórico de color y de luz, de aire y de vida. Sabe aprehender el alma del paisaje y su interpretación lo convierte en creación.

Durante las décadas de los años cuarenta y cincuenta, pinta una serie de cuadros capitales dentro de su obra. Su pincelada suelta se muestra llena de dinamismo, lo intuitivo se sobrepone a lo razonado, lo espontáneo a lo meditado, lo sentido a lo calculado.

Vista de Vitoria

Vitoria

 

Fernando de Amárica y la AEPE

Como socio de honor de la Asociación de Pintores y Escultores de Madrid, concurrió a varios Salones de Otoño. En 1948 presentó Espejo gris en el Ebro, Espejo verde en el Ebro y Espejo en el Ebro. Continúa sus envíos en los años 1949 y 1950. En el XXIII Salón presenta Orillas del Zadorra en primavera. Al XXIV Salón de Otoño envía Riberas del Iregua, Una plaza en La Rioja, Sauces del Zadorra, Grises en el Ega.

Concurre también al XXV Salón de Otoño de 1952 con Atractivo de lo viejo, Llorones gigantes, La chopera dorada de las brujas y El sol incendia la sierra de Urbasa. En 1955 envía Síntesis. Cuenca del Duero.

Zadorra

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes de la AEPE: José Luis Palacio Jouvé

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes

de la Asociación Española de Pintores y Escultores

José Luis Palacio Jouvé

PALACIO JOUVE, José Luis del         P   <1959       1930 MADRID          MADRID

Vocal de la AEPE

 

José Luis del Palacio Jouvé nació en Madrid, en 1930.

De 1936 al 40, su subconsciente es grabado por la vivencia de la guerra civil, sus primeros recuerdos salpicados por la tristeza de la guerra y el hambre.

 Entre 1945 y 1947 estudió dibujo en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid con el pintor José Ramón Zaragoza y modelado con el escultor Ángel Ferrant, ambos socios de la AEPE.

De 1948 a 1953 cursó estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, siendo discípulo de los también socios de la AEPE, Joaquín Valverde y Daniel Vázquez Díaz.

Finaliza los estudios de Bellas Artes con los primeros premios en colorido y composición artísticos.

Miembro de la Academia Libre de Artes y Letras de San Antón y fundador del Club de Amigos de la Unesco.

Ha expuesto su obra en las principales, galerías españolas y en París, Nueva York, Tetuán, México, Florencia, Venecia, Roma, etc…

En 1953 recibe el Primer Premio de Escenografía en concurso celebrado por el Teatro Español Universitario.

En 1954, obtiene el Primer Premio y la Medalla de Oro en el concurso provincial de pintura organizado por Educación y Descanso.

En 1957, logra la beca de estudios en Italia, en oposición convocada por el Ministerio de Educación Nacional;

Primera Medalla del Salón de Otoño de 1964 y Premio Mutua de Taxistas del mismo año; Segunda Medalla del Salón de 1963 y Tercera Medalla del de 1959.

En 1966 consigue el Premio Calderón y el Premio Santa Cristina.

Premio Ayuntamiento de Madrid de 1970.

Retrato de Antonio Buero Vallejo

 

Retrato de Camilo José Cela

 

Retrato de César Navarro de Francisco

 

Participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de los años 1951, 1955, 1957 y 1970, así como en distintas muestras colectivas, como las realizadas en Círculo 2, Grifé y Escoda, Exposiciones Repesa, Sala de la Dirección General de Bellas Artes, Segunda Exposición de las Artes en Europa (Bruselas), Círculo de Bellas Artes, Sala Abril con el grupo «Lorca», Unicef, Club Urbis, Bienal Internacional de Pontevedra, Exposición Homenaje a «Ramón Gómez de la Serna», Exposición Homenaje a Granada con Federico al fondo, Premio Galería Durán», Exposiciones «Madrid visto por sus Pintores», Exposiciones animalistas de la Academia de Artes y Letras de San Antón, Exposición Homenaje al Marqués de Pontejos, etc…

También realizó exposiciones individuales en Valencia, Sala Mateu, en Madrid, en la Sala de la Escuela Superior de Bellas Artes y en la Galería Macarrón, en Cuenca, en el Salón Rojo de la Excelentísima Diputación y en las Salas de la Caja de Ahorros de Cuenca, en Bilbao, en la Galería Retana…

Pinta y amplía estudios en ciudades y museos de París 1953, Xauen, Tetuán, Río Martín 1954. Roma, Florencia y Venecia 1957. México, Guadalajara (Jalisco) y Nueva York 1973.

Organiza entre otros actos culturales, mesas redondas y exposiciones como el «Homenaje al pintor Eugenio Hermoso,» en Badajoz, la exposición «Tierno y la Paz», en el Planetario de Madrid…

Finalista del Premio Gregorio Quejido, junto al escultor Enrique Salamanca, la cantante Monserrat Caballé, el actor Rafael Pellicena y los poetas Diego Jesús Jiménez y Alberti.

Perteneció al Grupo Velázquez, creado en el seno de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Retrato de Lauro Olmo

 

Retrato de Luis Buñuel Portolés

 

Cultivó el género del retrato, figurando éstos en colecciones privadas, museos y centros oficiales como la Fundación Ramón Areces, el  Instituto Nacional de Estadística, la Dirección General de la Guardia Civil, el Ministerio del Ejército, el Colegio de Síndicos de la Bolsa, el Museo Municipal de Madrid…

Para el crítico de arte L. Figuerola-Ferretti, “José Luis del Palacio ha recogido la tradición del bien pintar, reanudando un camino en el que concurren la sencillez del tema y la conciencia de mantener a toda costa los valores esenciales del juego puramente plástico de la pintura, al margen de los vaivenes y preocupaciones conceptuales, tantas veces extra-pictóricos, de nuestro tiempo. Figura y paisaje en toda la simplicidad de su definición geométrica, y con toda la complejidad de su enfrentamiento y solución por un pintor exigente, centra la obra de José Luis del Palacio y es, en cada una de sus versiones, donde el espectador, marginado del cotidiano avatar de los «ismos» enlaza, puede juzgar del dibujo, del color, del tono y de matiz que siempre han constituido una ambición de calidades para el artista.

Obras presentadas al 40 Salón de Otoño

 

La luz que pedía Werther en su agonía, la luz que está pidiendo la pintura de hoy en su difícil encrucijada tal vez esté en la vuelta a estos cuadros de José Luis del Palacio como una sutil y deleitosa divisa, además de como un finísimo ejercicio de sensibilidad. Quizás en esta «vuelta» a los orígenes de nuestro modernismo, con algunas de las desinencias inmarcesibles ya para todo artista sentidas como homenaje y tradición, radique la evidencia de una crisis que afecta a todo creador. José Luis del Palacio parece así proponérnoslo en estas pinturas concebidas con hondura de profunda humanidad”.

Árboles, obra presentada al 41 Salón de Otoño

 

Del 42 Salón de Otoño

 

Por su parte, A.M. Campoy escribía acerca de él: “Todo retrato pintado comprensivamente es un retrato del artista, no del modelo» Oscar Wilde. Si todos tomamos literalmente lo que dice Oscar Wilde no tendríamos más que un paradoja. Pero es más hondo lo que propone a nuestro entendimiento, pues alude a la inequívoca personalidad del pintor proyectándose en su obra, sea ésta retrato, paisaje o bodegón. ¿ Por qué antes de localizar al retratado localizamos a Van Dyck, a Velázquez, a Goya? Porque lo que acaba caracterizando el retrato es el estilo, la manera del pintor, y a ello alude Oscar Wilde en su aparente paradoja. Así, todo retrato pintado por José Luis del Palacio, (Ramón Gómez de la Serna, Valle-Inclán, el alcalde Tierno, el marqués de Pontejos, ese señor y esa señora que no conocemos, esos niños que también nos son desconocidos) declara en el acto, casi a gritos, la autoría del gran pintor madrileño. Siempre hay en estos retratos algo que los distingue y los caracteriza; son, por supuesto, los modelos que posaron para el pintor, pero son esencialmente el pintor mismo, y como el caso de José Luis del Palacio nos ocurre ante todo pintor de retratos («pintor» no «retratista»), se llamen Ricardo Macarrón, Revello de Toro, Westendorp, tantos otros (pero no muchos más). La galería de retratos de José Luis del Palacio ya es extensa, y dentro de poco será tan extensa como las de Ramón Casas o Álvaro Delgado. Son galerías imprescindibles para localizar algo más que la imagen de los retratados: sus almas, tan aparentes en los retratos estos de José Luis del Palacio”.

Maternidad, presentada al 43 Salón de Otoño

Felicitación de navidad de El Corte Inglés de 1972

 

José Luis Palacio y la AEPE

Vocal de la AEPE de 1970 a 1972.

Participó en los salones de 1952, 1954, 1959, 1960, 1963, 1964, 1965, y de 1968 a 1973.

XXV Salón de Otoño de 1952: Cabeza de viejo, Trozo de vida visto desde lejos, Boceto escenográfico, Vida, Dibujo y Dibujo

XXVI Salón de Otoño de 1954: Xauen

XXIX Salón de Otoño de 1957: Suburbio

XXX Salón de Otoño de 1959: Vieja

XXXIV Salón de Otoño de 1963: Almería y Casa de Campo

XXXV Salón de Otoño de 1964: Maternidad, Fraternidad y Maternidad

XXXVI Salón de Otoño de 1965: Borrachera, Francesa, La familia, Don Antonio Martín Cubero, El filósofo, Madre

XXXVII Salón de Otoño de 1966: Maternidad

39 Salón de Otoño de 1968: Mujer trabajando, Desnudo junto a la ventana, El tercer mundo (grito en el vacío), Vieja sola y Viejas grúas humanizadas

40 Salón de Otoño de 1969: Paisaje de Ávila (Villa del Tiétar), Palomares (Almería), Cuevas de Almanzora, Y vio que no era bueno

41 Salón de Otoño de 1971: Árboles

42 Salón de Otoño de 1972

43 Salón de Otoño de 1973: Maternidad y Desconfianza

50 Salón de Otoño de 1983: Madrid desde mi estudio

Enrique Tierno en la Plaza Mayor

Ana María Fernández Aceytuno Gavarrón

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

Ana María Fernández Aceytuno Gavarrón

FERNÁNDEZ-ACEYTUNO GAVARRON, Ana Maria      Ac      8.nov.1924     ALICANTE      MADRID

Ana María Fernández Aceytuno Gavarrón nació en Alicante el 6 de noviembre de 1924.

Era hija de  Juan Fernández-Aceytuno y de María Teresa Gavarrón.

Como consecuencia de los diferentes destinos de su padre, sus hermanos nacen (por este orden) en diferentes ciudades: Federico en Cádiz, María Luisa en Ceuta, Ana María en Alicante (donde apenas estuvo unos meses) y Mariano en Madrid, General de División de Infantería destinado varios años en la Agrupación de Tropas Nómadas, auténtico conocedor del desierto y sus gentes.

A los ocho años de edad se traslada al Sahara Español, a raíz del nombramiento de su padre como Gobernador Político-Militar de la colonia Río de Oro (actualmente Dakla). Durante tres años vivirá en un lugar aislado, en un fuerte militar, “el fuerte de Villacisneros”, situado junto a un pequeño aeródromo, un poblado saharaui, una ría y el inmenso desierto.

Ese periodo, que recuerda como el mejor de su infancia, deja una impronta muy marcada en Ana María, una niña muy imaginativa y sensible que absorbe del infinito paisaje la importancia de la luz que pinta en diferentes tonos y colores según los momentos del día. Ocres las dunas al amanecer, del color del fuego la desembocadura de la ría al caer la tarde y, por las noches, de un azul luminoso, el cielo salpicado de brillantes estrellas el cielo, un cielo que “le proporcionaba una sensación de paz que no ha podido encontrar nunca en otros cielos”.

El comienzo de la guerra civil rompe esa aventura, la familia regresa a la península y, durante el periodo de la guerra, se desplazan de un lado a otro, ya que su madre intentaba estar siempre lo más cerca posible de su marido.

Terminada la guerra, vuelven a África, esta vez a la ciudad de Sidi Ifni, siendo nombrado su padre Jefe del Grupo de Tiradores, cargo que desempeñó hasta su jubilación. Ana María tenía 15 años.

Debido a los continuos cambios de residencia y las circunstancias que los acompañaron, no había tenido oportunidad de recibir una educación reglada, subsanándose de forma muy básica con profesoras particulares cuando era posible, mientras sus hermanos siguieron con éxito la carrera militar.

En el contexto de la época y del entorno social de la familia, eso no fue objeto de preocupación para sus padres, aunque sí para ella, que se rebelaba internamente y lo sintió durante muchos años como una carencia, un vacío de conocimientos que no podía satisfacer.

 

En Sidi Ifni contrae matrimonio con José Alonso Mayo, un oficial culto, buen lector, conocedor y estudioso de las lenguas, dialectos y costumbres de la población nativa, por lo que poco tiempo después, ya como capitán, se trasladarán a Tagragra, un distrito del interior de la provincia de Ifni.

La oficina de Asuntos Indígenas de Tiugsa, donde vive la familia, guarda cierta semejanza con el fuerte de su infancia, de hecho se la conocía en la zona como “el fuerte de Tagragra”. El paisaje nada tiene que ver con el desierto de dunas: es una extensa llanura rojiza, pedregosa, enmarcada por cadenas montañosas, pero de nuevo está presente ese cielo inconmensurable, la misma luz y las noches estrelladas.

Mientras su marido se ocupa de la administración del distrito, Ana María tiene oportunidad de ampliar su formación, al disponer de buena literatura a su disposición, al mismo tiempo que siente la necesidad de plasmar en lienzos lo que su retina y sus sentidos captan.

De esa época, autodidacta, son sus primeros cuadros, pintados al óleo, principalmente retratos, paisajes o construcciones típicas bereberes. En ese lugar permanecerán hasta avanzado 1955.

Tras unos meses en El Aaiún, en 1956, Ana María abandona África, a la que nunca volverá. Tiene 32 años y 4 hijos. Ha vivido en ella 25 años, solo interrumpidos por el paréntesis de la Guerra Civil Española. Y, aunque aún no lo sabe, le han dejado una huella que solo se hará visible en su obra artística años más tarde. Su paleta de colores ocres, amarillos, rojos, naranjas, morados, son los colores del desierto.

El matrimonio tuvo siete hijos: Maria Teresa (1948), Ana María (1949), José Miguel (1951-2004), Javier (1955), Carlos (1958), Elena (1961) y Cristina (1964).

 

Los siguientes 17 años transcurrirán en Las Palmas, una ciudad luminosa, en unas islas con un paisaje reconocible -no en vano están geográficamente frente a la costa africana- con el mar siempre presente.

Durante estos años se dedica fundamentalmente a atender a su amplia familia que ha ido aumentando hasta un total de siete hijos, y a su madre viuda. Su carácter dulce y generoso no le deja tiempo para plantearse otro tipo de realización personal.

En 1973 la familia se traslada definitivamente a Madrid. Fue un cambio brusco que sintió más que como un cambio de ciudad, como un adiós a una etapa de su vida. No tiene amigas, todo es muy distinto a lo que ha conocido hasta ahora, el ruido, las distancias, los edificios, la falta de espacio. Se siente sola, ahogada.

Pero los hijos han crecido, los mayores viven ya su vida, y por primera vez dispone de poco, pero algo, de tiempo para ella misma. La atracción por la pintura que sintió en su juventud sigue latente. Y Madrid le ofrece oportunidades insospechadas.

 

Uno de sus hijos le informa de la existencia de pruebas de acceso para ingresar en la Escuela Oficial de Cerámica de Madrid, se presenta y aprueba. Tiene 51 años y es en este momento cuando comienza su trayectoria artística.

Allí sigue cursos de dibujo, pintura y cerámica (1975 a 1982). Uno de sus maestros es el socio de la AEPE, Julio Quesada Guilabert, de gran talla artística y humana que ella vivió como un privilegio. Uno de los primeros días de clase, el profesor se acercó y observó su trabajo. Ana María esperaba que le corrigiera pero, tras un rato, el profesor le dijo: “Sigue tu camino”.

Descubre, en la técnica de la acuarela, la forma de expresión que da respuesta a sus sentimientos, a su mirada. Disfruta y sufre con la magia de la acuarela e intenta expresarse con libertad, buscando texturas difíciles de conseguir, caminos que la sorprendan.

Prosigue sus estudios en la Agrupación Española de Acuarelistas (1983-1986), con otro socio de la AEPE, el acuarelista Rafael Requena, permaneciendo como socia de la Agrupación Española de Acuarelistas de Madrid y de la Asociación Española de Pintores y Escultores durante muchos años, siendo su trabajo en el campo de la acuarela prolífico y reconocido.

 

En 1982 viaja a París. Es otoño, hace frío, y la luz, siempre la luz, esa luz imprecisa de noviembre, se filtra entre las hojas secas de los árboles que caen formando una alfombra amarilla en el suelo. Imágenes que recoge en su retina y más tarde se verán reflejadas en acuarelas de paisajes. Más allá de los monumentos, edificios, avenidas, los paseos por el Sena o por Montmartre, Ana María disfruta contemplando la pintura de Renoir, Toulouse-Lautrec, Degas, Cezanne, Matisse, Picasso, atenta a cada pincelada. Pasa largos ratos a solas, sentada en un banco de la sala de los nenúfares de Claude Monet, en el Musée de L´Orangerie. Es su primera salida a Europa.

A ese viaje seguirán otros. Durante varios veranos acude, con un grupo de acuarelistas y el excepcional Julio Quesada y su mujer, a distintos lugares donde, además de pasarlo muy bien, pintan al aire libre y al regresar exponen sus obras. Armados con sus maletas, pinceles y demás material, además de buen humor y hasta guitarras, viajan a Venecia, Amsterdam, Brujas, Portugal, Galicia, Asturias… En ocasiones se organizan encuentros con otros grupos de acuarelistas.

Por primera vez en su vida tiene un espacio propio en el que no es madre de, esposa de, hija de. Es ella, Ana María. Y sin abandonar sus obligaciones familiares, consigue compatibilizar el tiempo con una dedicación cada vez más intensa a la pintura. En el contexto de la época y del entorno social que la rodea, ha sido un logro de dimensiones sorprendentes.

 

La artista considera la acuarela un ARTE con mayúsculas y le gusta investigar con total libertad distintas técnicas, materiales, hasta obtener el resultado deseado. Posiblemente, sin ser consciente de ello, se dejó influenciar por las principales corrientes de principios del siglo XX.

Podemos encontrar en sus cuadros trazos del impresionismo, el fauvismo, el expresionismo y hasta el abstracto, junto a obras más clásicas asociadas a un acuarelismo paisajista. Pero lo interesante es cómo hace suyas todas estas influencias imprimiendo a sus obras su carácter, su rebeldía, su estilo personal. Sus cuadros pocas veces retratan personas pero hablan en un lenguaje humano y orgánico, y esto es lo que le da el sello a la pintora: un lenguaje propio.

En el año 2004, la artista sufre un hecho devastador, la muerte de uno de sus hijos que, además, participaba con frecuencia activamente en la organización de sus exposiciones. A partir de entonces su paleta de colores se oscurece, se va apartando paulatinamente de la pintura hasta abandonarla. No vuelve a exponer.

 

Sin embargo es difícil poner freno a la creatividad del artista. En una de sus últimas exposiciones, titulada “El color del tiempo”, conoce al Dr. Juan Madrid, director de un grupo llamado “Los Mayores también cuentan”, que participaban en actividades de cuenta-cuentos en colegios, centros de mayores, bibliotecas públicas, etc. Inicialmente trabajaban con cuentos que ya existían, los de toda la vida, pero pronto Ana María sugiere que debían escribir sus propios cuentos. Y a sus 80 años emerge una nueva capacidad creadora de la artista: la de escritora.

Durante la siguiente década no solo escribió numerosos cuentos infantiles, algunos de los cuales fueron recopilados en un libro titulado “El libro de los cuentos y las historias verdaderas”, sino también relatos de su vida nómada durante su estancia en África, “Mi vida por entregas”, y numerosos textos de pensamientos y reflexiones que compartía con sus amigos o familia a través del correo electrónico (tuvo que aprender a manejar el ordenador al que llamaba Mi adorable enemigo). Mantuvo su actividad en el grupo mientras la edad se lo permitió.

Esta es por tanto la biografía no solo de una pintora, sino de una mujer que, sin estridencias, con tenacidad y mucho esfuerzo, y no sin dificultades, fue capaz de cambiar su destino, al tiempo que intentó siempre ayudar a cambiarlo a todos los que se cruzaron en su camino.

Falleció en Madrid el 24 de marzo de 2021.

 

EXPOSICIONES INDIVIDUALES- Pub-Galería “El Pilón” de la Ciudad de los Poetas. Madrid, 1984.- Casino de la Unión. Segovia, 1984.- Salas de exposiciones del Torreón de Lozoya. Segovia, 1986.- Galería de Arte Yurfa. Las Palmas de Gran Canaria, 1987, 1989, 1992.- Casona del Pagador. San Felipe, Gran Canaria, 1992.- Sala de Arte Mirart. Madrid, 1993.- Sala de Exposiciones del Colegio de Abogados de Las Palmas, 1995.- Sala de Exposiciones  de la Fundación Canaria Mapfre Guanarteme de Las Palmas, muestra titulada “A través del color”, 2000.- Fundación  Gregorio Sánchez.  Muestra titulada “El Color del Tiempo”. Madrid, 2002.- Pub-Galería La Inquilina. Muestra titulada “El Color del Tiempo II”. Madrid, 2003.

 

EXPOSICIONES COLECTIVAS – II Muestra de Artistas Noveles en el Torreón de Lozoya. Segovia, 1984.- Grupo Libreros 4, Madrid, 1984.- Exposición-Homenaje a Francisco Bonnin, organizada por la Asociación de Acuarelistas Canarios. Las Palmas de Gran Canaria, 1986. – Exposición Acuarelistas Canarios en el Colegio de Abogados. Las Palmas de Gran Canaria, 1986.- Exposición Homenaje a  Antonio Puche, 1989.- Obras de Pequeño Formato. Sala Mirart. Madrid, 1992, 1993, 1994. – Exposición “Galicia-94. Grupo Quesada”. Sala Mirart. Madrid, 1994.

PARTICIPACIÓN EN CERTÁMENES – Concurso de Pintura del Ayuntamiento de Leganés, 1980, 1981.- Concurso de Pintura de Galerías Preciados. Madrid, 1982, 1983. – Certamen de la AEDA Caja de Madrid, 1983.- Salón Temas de Madrid. AEDA, Madrid, 1986.- Certamen de Acuarela de la Caja de Madrid, 1986, 1987, 1988, 1990, 1991, 1992, 1993, 1997.- Salón de Otoño de Madrid. AEPE, 1986, 1987, 1989, 1990, 1991.- Certamen “Temas de Madrid”. Ayuntamiento de Madrid, 1986, 1987, 1988.- Certamen Pequeño Formato. AEPE, 1987, 1988, 1989, 1990, 1991, 1992, 1993, 1994.- Certamen Nacional de Acuarela Caja de Madrid, 1983, 1989, 1990, 1993.- Certamen “Tema Carnaval”. AEPE, 1990, 1991, 1992, 1993.- Certamen “Tema Jardines, Aranjuez”. AEPE, 1990, 1991, 1992, 1993, 1994.- Certamen de Acuarelas “El Tormo”. AEDA, 1990, 1991.- Certamen Minicuadros. AEPE, 1991, 1994, 1995.- Exposición Nacional de Acuarelas. AEDA, 1991.- II Salón de Invierno. AEDA, 1994. – Certamen Carmen Holgueras “Mujeres para la Democracia”. Ayuntamiento de Madrid, 1993, 1994.- I Exposición de Acuarelas “Puerta de Toledo”. AEDA, 1995.- II Certamen “Todos”. AEDA, 1998.- XI Certamen de Artes Plásticas “Tema Jardines, Aranjuez”. AEPE, 1999.

 

Es citada entre los acuarelistas actuales más activos en el libro “La acuarela y los acuarelistas. Prólogo a una exposición”, obra de Ángel del Campo y Francés, de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, edición realizada con motivo de la Exposición Nacional de Acuarela (Madrid, 1991). De. Correo del Arte S.L., 1991 , y es nombrada Miembro Honorífico de la Sociedad de Amigos del Museo de la Acuarela de México.

Posee entre otros galardones, el Premio Fortuny de la Agrupación de Acuarelistas de Madrid (1985), la Mención de Honor de la Agrupación de Acuarelistas de Madrid (1986), Mención de Honor del XVII Certamen de Acuarela (1990) de Caja de Madrid, Mención de Honor del VI Certamen de Pintura Carmen Hogueras, el Primer premio y la medalla del Ayuntamiento de Madrid en el Certamen “Mujeres para la Democracia” (1994), Accésit en el XI Certamen de Artes Plásticas “Tema Jardines”, organizado por la Asociación Española de Pintores y Escultores (1999).

Su obra ha sido seleccionada en importantes certámenes, entre los que cabe destacar, el Certamen Nacional de Acuarela Caja de Madrid (1983-89-90-93), la Exposición Nacional de Acuarelas de la Agrupación Española de Acuarelistas (1991); el Salón de Otoño (1986-87-89-90 91) y el II Salón de Invierno de Acuarela (1994) de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

En 1984, con motivo de la exposición de acuarelas de pequeño formato que realizó en el Casino de la Unión de Segovia, la crítica decía de ella: “en las cuales demuestra su buen gusto y su soltura en el momento de plasmar los motivos que para ella son preferidos, los paisajes –campestres y urbanos-, las marinas y los bodegones. La soltura de la artista es lo que más nos gusta de toda la exposición. En algunas ocasiones y en determinados cuadros, quizás la pintora se deje llevar pocas veces, la verdad, por algún que otro efectismo, aprovechando la textura del papel o la acuosidad de la pincelada. Pero aún en estos casos todo queda equilibrado por el buen gusto y la profesionalidad del artista”…

Esta biografía ha sido posible gracias a los datos proporcionados por la familia Alonso Fernández-Aceytuno, especialmente por Ana María Alonso, a quien agradecemos la recuperación de la memoria de una gran artista.

Ana María Fernández Aceytuno y la AEPE

Participó en las siguientes ediciones del Salón de Otoño:

53 Salón de Otoño de 1986: Impresión de mar y Paisaje frío

54 Salón de Otoño de 1987: Tarde de otoño

56 Salón de Otoño de 1989: El río

57 Salón de Otoño de 1990: Rompiente

 

 

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