Por Mª Dolores Barreda Pérez
LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA
ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES
Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.
Josefina de Lanceiro Albaladejos
LANCEIRO ALBADALEJOS, Josefina de D.P 1945 MADRID
Josefina de Lanceiro en 1958, con IA
Josefina de Lanceyro Albadalejo era hija de los madrileños Juan José Lanceyro Rodríguez y de Mª de la Paz Albadalejo Paredes.
Nació el 18 de diciembre de 1908 en Madrid
Casada en 1929 con el malagueño Francisco Taillefer Gil, alférez piloto de aviación que falleció en 1937 en la batalla del Jarama, con el que tuvo a una hija, Teresa Taillefer Lanceyro, que falleció.
Presentó su obra por primera vez al público en una exposición que tuvo lugar en las Galerías Costa, de Palma de Mallorca, en 1942, que incluían doce obras a lápiz y al óleo.
A este respecto, el diario Baleares adelantaba que “la joven artista aborda los temas del retrato y el bodegón. En los mismos se acusa una simpática espontaneidad y si bien se ve que están conseguidos con una técnica un tanto titubeante, ofrecen en cambio, una hábil expresividad y delicados efectos de calidad y de luz. La obra de esta artista acusa la manera de su prestigioso maestro Julio Moisés, del pintor de excepcionales facultades. Los retratos de… están bien construidos, bien sombreados y bien ambientados. Los bodegones… de una gran emoción lírica, están conseguidos con un perfecto equilibrio, una artística agrupación temática y una fina valoración… Con esta su primera salida, ha demostrado la señorita Julia de Lanceyro poseer facultades y temperamento bastantes para obtener una sólida reputación en el difícil arte de la pintura”.
Afincada en Salamanca, en 1944 realizó una exposición de retratos y paisajes (once dibujos y ocho óleos) en el Casino de aquella ciudad, donde ya se había ganado una reputación como retratista, logrando ser reconocida entre la burguesía salmantina.
Josefina de Lanceyro. Pueblo, 1958
Rafael Santos Torroella escribió en su crítica de esta exposición que “no acaba de afrontar con valentía las dificultades de carácter «material» que se alzan en su camino”. La artista manifestó personalmente al autor de la reseña sentirse descontenta ante la acogida suscitada por su quehacer en los círculos artísticos locales y, en particular, por la opinión vertida por el crítico en los medios. Tras citar a Santos Torroella con el fin de requerirle sus consejos y de ofrecerle explicación particular y pormenorizada de sus propósitos expositivos éste trata, a través de la prensa, de restituir el, según Lanceyro, honor pictórico mancillado y, así, desde la tribuna pública de los periódicos le aclara que dichas citadas inseguridades son “una obligada concesión que lo femenino que en usted existe tenía que hacer a su sensibilidad”.
Así, seguía escribiendo el crítico que “Josefina de Lanceyro es artista y es mujer. Con ello quiero indicarte que es necesario emplear cierta delicadeza al examinar sus pinturas. De habernos ocultado, tras el anónimo y la inicial, la realidad física de su atrayente persona, y su nombre de mujer, no habría sido fácil des cubrir que aquellas obras fueron realizadas por una breve mano del suave sexo femenino. (…) Todo lo demás, acusa la serenidad y firmeza de un pulso y un ánimo varoniles”.
El Adelanto publicó un artículo, acompañado de una fotografía de las autoridades e invitados al acto, en el que se decía que “Los óleos reflejan la personalidad firme de la pintora y en los retratos al pastel, es de notar la perfecta plástica de los mismos, que reflejan, asimismo, un modo peculiar de realizar que dice mucho en honor de Josefina de Lanceyro. La amplia colección de retratos sirve para mostrar también, como en todos ellos el perfecto parecido, el estudio de la pose y la armonía de su colorido delinean perfectamente las características admirables de la obra de Josefina de Lanceyro”.
F. Iscar Pereira escribía al respecto unos días después de la inauguración un artículo en el que desvelaba que “las obras acusan la serenidad y firmeza de un pulso y un ánimo varoniles, tanto en sus dibujos biográficos, como en la pincelada larga y suelta, reveladora de una confiada decisión, empleada con la mejor técnica en los diversos temas de sus óleos”.
Sin embargo, al hablar de sus óleos, el crítico afirmaba: “mi juicio se condensa en esta petición, apremiante y –¡cómo no!- respetuosa: ¡Josefina de Lanceyro, abandone de cuando en cuando el taller! Todo lo que pueda pintar en el estudio, le saldrá a la perfección, ni más ni menos que esas telas primorosas contempladas y admiradas en nuestro primer Salón. Pero este éxito, con ser tan resonante, verdadero y merecido, no le debe bastar a quien, dueña ya de todos los recursos de la técnica, y con un talento vigoroso y maduro, parece felizmente destinada a ensanchar los dominios de su paleta y extender el vuelo de su renombre. La Vida y la Naturaleza, están ahí, esperando la ofrenda de sus pinceles. Para lograr la fama y la riqueza, hay que peregrinar por el campo y las aldeas”…
Negativo fotográfico de pinturas de Josefina Lanceiro. Archivo Balmes. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
En julio de 1944 participó en la IV Exposición Provincial de Arte, organizada por la Obra Sindical de Educación y Descanso que se celebró en Salamanca, y ese mismo año, en la I Exposición Española de Pintura y Escultura de Salamanca.
En 1950 volvió a exponer en el Casino de Salamanca tres dibujos y un óleo en el que retrata a la señorita de Ramos-Unamuno, que fue elogiado en El Adelanto al ser “un gran óleo donde la pintora ha utilizado toda la gama esplendorosa de su arte, para darnos una impresión de suprema serenidad y belleza, reflejada de manera especial en los rasos y telas ricas del vestido y capa, donde el color adquiere tonalidades magníficas”…
El Adelanto 1944
En 1958, Carmen Paya ofrece en el diario Pueblo una entrevista con la artista, tras haber logrado una Segunda Medalla en el Salón de Otoño. De ella dice que es “una gran pintora, que sabe lo que se hace. Clásica, auténtica, de ahora y de siempre”… En la entrevista la artista declara que “En los retratos todos quieren verse un poquito suavizados los defectos. Eso es lógico. A una obra de arte que va a perdurar no se le van a acentuar los rasgos o el gesto que no favorece, como si casi casi se tratase de una caricatura. También a la fotografía se le procura el juego de luces y sombras que resulte mejor en vez de perjudicar al fotografiado… Por eso, cuando algunos al ver como se ha logrado el parecido, intentan quitar méritos diciendo que parece una fotografía, no saben lo que dicen o si lo saben es que desean proferir una blasfemia contra el arte. Y la prueba de que pintar no es fotografiar está en que pone usted ahí un bodegón o una figura para que lo copien varios a la vez y cada uno le da una versión distinta”.
La artista declara que firma sus cuadros como “Lanceyro”, sólo eso, “porque así cada cual se inclinará a pensar lo que quiera. Esto suele ocurrir no sólo en la pintura, sino en casi todas las cosas. A pesar de todo lo andado en el camino de las profesiones desempeñadas por mujeres, todavía éstas han de luchar contra ese prejuicio… La mujer no se ha dedicado nunca a pintar en serio y creo que ahí está la clave del asunto, siempre se dedicó ser la mujer de su casa … y aunque tuviera afición y aptitudes maravillosas, no se las desarrollaban ni se las dirigían ni estimulaban”.
Conocemos más datos de Josefina de Lanceyro a través de esta entrevista, por la que sabemos que se dedicó a pintar en plan profesional desde el año cuarenta y siete o cuarenta y ocho, pero que desde pequeña fue siempre su gran afición, pese a que su madre solo quería que fuese una buena pianista, motivo por el cual estudió piano hasta el sexto curso.
Amante del baile clásico y el ballet, pese a todo, la pintura era su obsesión y cuando se quedó viuda y perdió también tiempo después a su hija, se dedicó con toda el alma a su verdadera vocación.
Así fue como acudió al socio de la AEPE y gran retratista, Julio Moisés, con el que aprendió y disfrutó del arte.
El Adelanto, 1950
En 1957 realizó una exposición de obras en Málaga.
Para la fecha de esta entrevista, 1958, declara haber celebrado ya exposiciones en Málaga, Salamanca y San Sebastián, asegurando que lo que más le gusta hacer es retrato y que pese a la enorme lucha que significa ser pintora para una mujer, todo lo que vale la pena en la vida cuesta mucho y ella es feliz pintando. Solo eso.
En el XXXI Salón de Otoño de 1960 obtuvo la Primera Medalla de Pintura.
Perteneció al Grupo Velázquez que nació en la Asociación Española de Pintores y Escultores, participando en la XIV Exposición Colectiva de Pintura y Escultura que se celebró en la sala de exposiciones del diario Pueblo en 1970.
En 1985, y como congregante de la Hermandad de San Isidro de Madrid, tuvo el honor de formar parte de la comisión de la apertura del arca que contiene el sagrado cuerpo del Santo Patrón, San Isidro Labrador, que se efectuó el 4 de mayo y que con motivo del I Centenario de la constitución de la diócesis Madrid-Alcalá, mostró públicamente el cuerpo para la veneración del público.
Josefina de Lanceyro falleció el 7 de marzo de 1997 en Madrid, siendo enterrada en el Cementerio de La Almudena.
Obra presentada al 40 Salón de Otoño
Josefina de Lanceyro y la AEPE
En 1966 obtuvo el Premio Extraordinario Princesa Sofía del XXXVII Salón de Otoño por la pintura titulada “S.M. la Reina Fabiola”. Se convirtió en la primera mujer en ganar el premio en su tercera convocatoria.
En 1964 logró la Medalla Eduardo Chicharro Premio Ayuntamiento de Madrid del XXXIV Salón de Otoño.
En 1960 obtuvo la Primera Medalla de Pintura del XXXI Salón de Otoño y además, el Premio Marqués de Aledo.
Participó en las siguientes ediciones del Salón de Otoño:
XVIII Salón de Otoño de 1944: Rosas de invierno, Evocación y Curro
XIX Salón de Otoño de 1945: Alí Babá, Jarra, Autorretrato
X Salón de Otoño de 1946: Mi sobrina María Teresa
XXI Salón de Otoño de 1947: Mi sobrina Elena
XXII Salón de Otoño de 1948: Retrato de la Srta.Purita Ramos Unamuno y Calas
XXIII Salón de Otoño de 1949: Retrato
XXV Salón de Otoño de 1952: Retrato de la Sra. De Pérez Villanueva
XXVI Salón de Otoño de 1954: Naturaleza en silencio y Sra. De Aranda
XXIX Salón de Otoño de 1957: Retrato de la Sra. De Loraque, Sueños y Rondeña
XXX Salón de Otoño de 1959: Gitana
XXXI Salón de Otoño de 1960: Srta. De la Cámara
XXXII Salón de Otoño de 1961: Naturaleza en silencio
XXXIII Salón de Otoño de 1962: Primavera y Retrato
XXXIV Salón de Otoño de 1963: Figura
XXXV Salón de Otoño de 1964: Opalma, Otoño, Saharanis, El novicio y Sra. De García de Castro
XXXVI Salón de Otoño de 1965: Margarita Taillefer Souvirón de Maldonado y Chiqui y Negrito
XXXVII Salón de Otoño de 1966: Diosa de la felicidad, La molinera, Brigitte, Retrato de la Marquesa de Pombo y Morgiona
XXXVIII Salón de Otoño de 1967: S.A.R. la Princesa Sofía
XXXIX Salón de Otoño de 1968: Retrato de César Girón
XL Salón de Otoño de 1969: Sra. De Taifeller y S.A.R. la Infanta Doña Elena
A pesar de haber participado en tantas ediciones del salón, solo en un catálogo aparece una foto de su obra.
Pueblo, 1958


















































































