Josefina de Lanceiro Albaladejos

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

Josefina de Lanceiro Albaladejos

LANCEIRO ALBADALEJOS, Josefina de            D.P   1945            MADRID

Josefina de Lanceiro en 1958, con IA

 

Josefina de Lanceyro Albadalejo era hija de los madrileños Juan José Lanceyro Rodríguez y de Mª de la Paz Albadalejo Paredes.

Nació el 18 de diciembre de 1908 en Madrid

Casada en 1929 con el malagueño Francisco Taillefer Gil, alférez piloto de aviación que falleció en 1937 en la batalla del Jarama, con el que tuvo a una hija, Teresa Taillefer Lanceyro, que falleció.

Presentó su obra por primera vez al público en una exposición que tuvo lugar en las Galerías Costa, de Palma de Mallorca, en 1942, que incluían doce obras a lápiz y al óleo.

A este respecto, el diario Baleares adelantaba que “la joven artista aborda los temas del retrato y el bodegón. En los mismos se acusa una simpática espontaneidad y si bien se ve que están conseguidos con una técnica un tanto titubeante, ofrecen en cambio, una hábil expresividad y delicados efectos de calidad y de luz. La obra de esta artista acusa la manera de su prestigioso maestro Julio Moisés, del pintor de excepcionales facultades. Los retratos de… están bien construidos, bien sombreados y bien ambientados. Los bodegones… de una gran emoción lírica, están conseguidos con un perfecto equilibrio, una artística agrupación temática y una fina valoración… Con esta su primera salida, ha demostrado la señorita Julia de Lanceyro poseer facultades y temperamento bastantes para obtener una sólida reputación en el difícil arte de la pintura”.

Afincada en Salamanca, en 1944 realizó una exposición de retratos y paisajes (once dibujos y ocho óleos) en el Casino de aquella ciudad, donde ya se había ganado una reputación como retratista, logrando ser reconocida entre la burguesía salmantina.

Josefina de Lanceyro. Pueblo, 1958

 

Rafael Santos Torroella escribió en su crítica de esta exposición que “no acaba de afrontar con valentía las dificultades de carácter «material» que se alzan en su camino”. La artista manifestó personalmente al autor de la reseña sentirse descontenta ante la acogida suscitada por su quehacer en los círculos artísticos locales y, en particular, por la opinión vertida por el crítico en los medios. Tras citar a Santos Torroella con el fin de requerirle sus consejos y de ofrecerle explicación particular y pormenorizada de sus propósitos expositivos éste trata, a través de la prensa, de restituir el, según Lanceyro, honor pictórico mancillado y, así, desde la tribuna pública de los periódicos le aclara que dichas citadas inseguridades son “una obligada concesión que lo femenino que en usted existe tenía que hacer a su sensibilidad”.

Así, seguía escribiendo el crítico que “Josefina de Lanceyro es artista y es mujer. Con ello quiero indicarte que es necesario emplear cierta delicadeza al examinar sus pinturas. De habernos ocultado, tras el anónimo y la inicial, la realidad física de su atrayente persona, y su nombre de mujer, no habría sido fácil des cubrir que aquellas obras fueron realizadas por una breve mano del suave sexo femenino. (…) Todo lo demás, acusa la serenidad y firmeza de un pulso y un ánimo varoniles”.

El Adelanto publicó un artículo, acompañado de una fotografía de las autoridades e invitados al acto, en el que se decía que “Los óleos reflejan la personalidad firme de la pintora y en los retratos al pastel, es de notar la perfecta plástica de los mismos, que reflejan, asimismo, un modo peculiar de realizar que dice mucho en honor de Josefina de Lanceyro. La amplia colección de retratos sirve para mostrar también, como en todos ellos el perfecto parecido, el estudio de la pose y la armonía de su colorido delinean perfectamente las características admirables de la obra de Josefina de Lanceyro”.

F. Iscar Pereira escribía al respecto unos días después de la inauguración un artículo en el que desvelaba que “las obras acusan la serenidad y firmeza de un pulso y un ánimo varoniles, tanto en sus dibujos biográficos, como en la pincelada larga y suelta, reveladora de una confiada decisión, empleada con la mejor técnica en los diversos temas de sus óleos”.

Sin embargo, al hablar de sus óleos, el crítico afirmaba: “mi juicio se condensa en esta petición, apremiante y –¡cómo no!- respetuosa: ¡Josefina de Lanceyro, abandone de cuando en cuando el taller! Todo lo que pueda pintar en el estudio, le saldrá a la perfección, ni más ni menos que esas telas primorosas contempladas y admiradas en nuestro primer Salón. Pero este éxito, con ser tan resonante, verdadero y merecido, no le debe bastar a quien, dueña ya de todos los recursos de la técnica, y con un talento vigoroso y maduro, parece felizmente destinada a ensanchar los dominios de su paleta y extender el vuelo de su renombre. La Vida y la Naturaleza, están ahí, esperando la ofrenda de sus pinceles. Para lograr la fama y la riqueza, hay que peregrinar por el campo y las aldeas”…

Negativo fotográfico de pinturas de Josefina Lanceiro.  Archivo Balmes. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

 

En julio de 1944 participó en la IV Exposición Provincial de Arte, organizada por la Obra Sindical de Educación y Descanso que se celebró en Salamanca, y ese mismo año, en la I Exposición Española de Pintura y Escultura de Salamanca.

En 1950 volvió a exponer en el Casino de Salamanca tres dibujos y un óleo en el que retrata a la señorita de Ramos-Unamuno, que fue elogiado en El Adelanto al ser “un gran óleo donde la pintora ha utilizado toda la gama esplendorosa de su arte, para darnos una impresión de suprema serenidad y belleza, reflejada de manera especial en los rasos y telas ricas del vestido y capa, donde el color adquiere tonalidades magníficas”…

El Adelanto 1944

 

En 1958, Carmen Paya ofrece en el diario Pueblo una entrevista con la artista, tras haber logrado una Segunda Medalla en el Salón de Otoño. De ella dice que es “una gran pintora, que sabe lo que se hace. Clásica, auténtica, de ahora y de siempre”… En la entrevista la artista declara que “En los retratos todos quieren verse un poquito suavizados los defectos. Eso es lógico. A una obra de arte que va a perdurar no se le van a acentuar los rasgos o el gesto que no favorece, como si casi casi se tratase de una caricatura. También a la fotografía se le procura el juego de luces y sombras que resulte mejor en vez de perjudicar al fotografiado… Por eso, cuando algunos al ver como se ha logrado el parecido, intentan quitar méritos diciendo que parece una fotografía, no saben lo que dicen o si lo saben es que desean proferir una blasfemia contra el arte. Y la prueba de que pintar no es fotografiar está en que pone usted ahí un bodegón o una figura para que lo copien varios a la vez y cada uno le da una versión distinta”.

La artista declara que firma sus cuadros como “Lanceyro”, sólo eso, “porque  así cada cual se inclinará a pensar lo que quiera. Esto suele ocurrir no sólo en la pintura, sino en casi todas las cosas. A pesar de todo lo andado en el camino de las profesiones desempeñadas por mujeres, todavía éstas han de luchar contra ese prejuicio… La mujer no se ha dedicado nunca a pintar en serio y creo que ahí está la clave del asunto, siempre se dedicó ser la mujer de su casa … y aunque tuviera afición y aptitudes maravillosas, no se las desarrollaban ni se las dirigían ni estimulaban”.

Conocemos más datos de Josefina de Lanceyro a través de esta entrevista, por la que sabemos que se dedicó a pintar en plan profesional desde el año cuarenta y siete o cuarenta y ocho, pero que desde pequeña fue siempre su gran afición, pese a que su madre solo quería que fuese una buena pianista, motivo por el cual estudió piano hasta el sexto curso.

Amante del baile clásico y el ballet, pese a todo, la pintura era su obsesión y cuando se quedó viuda y perdió también tiempo después a su hija, se dedicó con toda el alma a su verdadera vocación.

Así fue como acudió al socio de la AEPE y gran retratista, Julio Moisés, con el que aprendió y disfrutó del arte.

El Adelanto, 1950

 

En 1957 realizó una exposición de obras en Málaga.

Para la fecha de esta entrevista, 1958, declara haber celebrado ya exposiciones en Málaga, Salamanca y San Sebastián, asegurando que lo que más le gusta hacer es retrato y que pese a la enorme lucha que significa ser pintora para una mujer, todo lo que vale la pena en la vida cuesta mucho y ella es feliz pintando. Solo eso.

En el XXXI Salón de Otoño de 1960 obtuvo la Primera Medalla de Pintura.

Perteneció al Grupo Velázquez que nació en la Asociación Española de Pintores y Escultores, participando en la XIV Exposición Colectiva de Pintura y Escultura que se celebró en la sala de exposiciones del diario Pueblo en 1970.

En 1985, y como congregante de la Hermandad de San Isidro de Madrid, tuvo el honor de formar parte de la comisión de la apertura del arca que contiene el sagrado cuerpo del Santo Patrón, San Isidro Labrador, que se efectuó el 4 de mayo y que con motivo del I Centenario de la constitución de la diócesis Madrid-Alcalá, mostró públicamente el cuerpo para la veneración del público.

Josefina de Lanceyro falleció el 7 de marzo de 1997 en Madrid, siendo enterrada en el Cementerio de La Almudena.

Obra presentada al 40 Salón de Otoño

 

Josefina de Lanceyro y la AEPE

En 1966 obtuvo el Premio Extraordinario Princesa Sofía del XXXVII Salón de Otoño por la pintura titulada “S.M. la Reina Fabiola”. Se convirtió en la primera mujer en ganar el premio en su tercera convocatoria.

En 1964 logró la Medalla Eduardo Chicharro Premio Ayuntamiento de Madrid del XXXIV Salón de Otoño.

En 1960 obtuvo la Primera Medalla de Pintura del XXXI Salón de Otoño y además, el Premio Marqués de Aledo.

Participó en las siguientes ediciones del Salón de Otoño:

XVIII Salón de Otoño de 1944: Rosas de invierno, Evocación y Curro

XIX Salón de Otoño de 1945: Alí Babá, Jarra, Autorretrato

X Salón de Otoño de 1946: Mi sobrina María Teresa

XXI Salón de Otoño de 1947: Mi sobrina Elena

XXII Salón de Otoño de 1948: Retrato de la Srta.Purita Ramos Unamuno y Calas

XXIII Salón de Otoño de 1949: Retrato

XXV Salón de Otoño de 1952: Retrato de la Sra. De Pérez Villanueva

XXVI Salón de Otoño de 1954: Naturaleza en silencio y Sra. De Aranda

XXIX Salón de Otoño de 1957: Retrato de la Sra. De Loraque, Sueños y Rondeña

XXX Salón de Otoño de 1959: Gitana

XXXI Salón de Otoño de 1960: Srta. De la Cámara

XXXII Salón de Otoño de 1961: Naturaleza en silencio

XXXIII Salón de Otoño de 1962: Primavera y Retrato

XXXIV Salón de Otoño de 1963: Figura

XXXV Salón de Otoño de 1964: Opalma, Otoño, Saharanis, El  novicio y Sra. De García de Castro

XXXVI Salón de Otoño de 1965: Margarita Taillefer Souvirón de Maldonado y Chiqui y Negrito

XXXVII Salón de Otoño de 1966: Diosa de la felicidad, La molinera, Brigitte, Retrato de la Marquesa de Pombo y Morgiona

XXXVIII Salón de Otoño de 1967: S.A.R. la Princesa Sofía

XXXIX Salón de Otoño de 1968: Retrato de César Girón

XL Salón de Otoño de 1969: Sra. De Taifeller y S.A.R. la Infanta Doña Elena

A pesar de haber participado en tantas ediciones del salón, solo en un catálogo aparece una foto de su obra.

Pueblo, 1958

Firmas con sello de lujo. Tomás Paredes

¿De qué se informa?

 

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La información siempre es crítica, pero no debe de ser sectaria. Cuando es partidaria deja de informar y se convierte en propaganda. La crítica ha desaparecido, insisto. En Madrid la oferta de actos culturales es enorme, ¡albricias!, pero hay muchos medios audiovisuales y, sin embargo, todos coinciden en lo mismo, por competir, más que por cultura. Traigo hechos que han acaecido esta semana, con éxito de asistencia, pero a los que no se ha dedicado ni una línea, en la era de la comunicación, el reseñismo, la inmediatez.

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 CENTENARIO DE EDUARDO ROLDÁN

En 2026, se celebra el centenario de varios artistas influyentes en la segunda mitad del siglo pasado en España. ¿Qué sepa, ningún tipo de recordatorio oficial para ninguno! Entre ellos, Eduardo Roldán, Madrid 1926-Aranjuez 2017. Y en Aranjuez, Sala Cultura de Postas, se ha inaugurado una exposición de sus obras y un programa de conferencias, recitales y conciertos. ¡Pues nada, silencio absoluto!

Eduardo Roldán, expresionista brillante, colorista visceral, radical en la crítica y las ideas, construyó un mundo fulgurante en el que se pelean heridas, rabias y emociones. Su gran valedor fue Francisco Umbral, que lo ponía en pinganitos adunia, escribiendo en Mortal y Rosa: “la materia que lo devora es la materia con que él pinta”.

Su delirio cromático se inscribe en la sensibilidad de la corte de los neobarrocos, también llamados neobarrosos y aún, neorrabiosos. Retuerce la pintura, en blanco y negro, o en colores, hasta que sangra, en canto dolorido, que se incrusta en el regazo de la desazón sangrando. No es el De Kooning español, porque el abstracto americano era eso y lírico, en tanto que nuestro Roldán es trágico, invasivo, violento, con jirones de carne y dientes al albur de sus sensaciones: un remolino detenido.

Expuso sin asiduidad, más bien solitario, pero eso no quita para reconocer el fulgor colorido de su expresionismo insumiso. Ni para silenciar su potencia entre tanto furtivo como ahora hay. Roldán pertenece a la tradición española, que parte de Goya, con las libertades ya aceptadas en su tiempo. Armoniza los grises con maestría y deconstruye con solercia las formas para ahormar una figuración deconstruida, explosiva, más que caótica, testimonio del caos social de su vivencia.

1990 personaje – esperpento (66×51) óleo sobre tabla

1970 autorretrato (100×80). Óleo sobre tabla

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DIMITRI  PAPAGUEORGUIU, 1928-2016

 

Con motivo de “el día mundial de la lengua griega”, la Embajada de Grecia en España, ha propuesto una exposición de su obra y un recordatorio a los diez años de su muerte. La muestra se titula: La poesía griega en el arte de Dimitri. Porque, este maestro del grabado, que formó a tantos artistas españoles, que se hizo tan castizo, es un traductor e introductor de la poesía griega contemporánea en el español.

Tradujo a Odysseas Elytis, antes del Nobel de Literatura y lo trajo a Madrid y realizó un viaje iniciático con él a Toledo a ver al Greco. Y fue amigo de Yannis Ritsos, lo tradujo. Y de Yorgos Seferis. Construyó, con los poemas de estos grandes, libros hermosísimos, deslumbrantes, únicos, acompañados de sus grabados. También de Sarantis Antiocos, que participó en la velada. El rubro del homenaje no es muy fiel, porque ellos están presentes en su arte gráfico, pero él los vertió al español y los difundió en ediciones de bibliófilo y en otras comunes.  Y en recitales en su taller, avispero de poetas.

Vino a Madrid, tras el duende de García Lorca, pero se hizo imprescindible en el arte de grabar y en las relaciones hispano-helenas. Manuela Armada, su mujer, pintora, le hizo un retrato, que aflora inocencia y ese pizco de pillería simpática que derrochaba. Sus medios, trabajo y pasión por la poesía. Fue profesor de la Facultad de Bellas Artes de la UCM.

¡Que te robe protagonismo la lengua griega es un honor! Intervinieron: el embajador, Excmo. Sr. Apostolos Baltas, Antón Alvar, Alfredo Silván Rodríguez y Sarantis Antiocos. No se habló mucho de su amistad con Ritsos, pero ahí están sus libros Claro de luna y Canciones llanas de la amarga tierra.  Ni de su relación con Elytis, el primero en traducir La bondad en el sendero de los lobos, y más, luego fue una avalancha de versiones, pero Dimitri estuvo ahí en el inicio, donde todo es más difícil y desierto.

Allí no cabía un alfiler, pero después, ya ven. Nada. ¿Merece tanta dedicación y el manejo de tanta belleza el menosprecio? ¡La libertad está ahí, allá cada cual con lo que elija! Una sociedad culta tiene posibilidad de ser libre; una sociedad ignorante, chabacana, está presta para ser confundida, abusada, manipulada.

Yannis Ritsos y Dimitri Papagueorguiu

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RAFAEL PÉREZ HERNANDO

 

Es un galerista y dirige la galería de arte homónima, en Madrid, Calle de Orellana, cabe la Plaza de París. Se diría un hombre despistado, ajeno, pero no, está muy atento a lo concreto y apunta los instantes con precisión majestuosa, poniendo monedas de oro sobre una pobre estameña. ¡Entre la realidad más severa y la candidez, sus textos!

Rafael ha publicado su segundo libro, el otoño pasado, nadie me había informado, ni lo he visto referenciado en parte alguna hasta ahora. El libo se titula Deja que las velas se apaguen solas y lo edita la prestigiosa editorial Pre-Textos. Los que han visitado su galería saben que muestra una línea de arte sobria, mínimal, ebria de soledad, de silencios. Un buen ejemplo es su exposición actual, obras emotivas de Din Matamoro y juegos monocromáticos de Regine Schumann.

¿Aforismos, líneas de pensamiento, versos, apuntamientos, referencias desnudas, realida seca? A veces tiene algo de heraclitiano y otras de bagatela; percepciones y sensaciones esenciales, escuetas, frías. Lo más evidente es la conexión de lo que escribe con lo que expone en su espacio. No conozco otro caso. Cuando leo sus notas pienso en la pintura de Giorgio Griffa, Cao, Sabine Finkenauer, Ofelia o, sobre todo, en Hernández Pijuan.

¿Después de tres o cuatro meses no hay un rincón de papel o de pantalla que dedique un párrafo a este libro, singular, extraño, en los huesos, a la intemperie de todo? ¿Hacia dónde se dirige esta sociedad iletrada, sectaria, decapitada, discapacitada, absurda y materialista? Su primer libro, Las higueras necesitan compañía, 2023, es del mismo sesgo. ¡Algo debe de tener el agua cuando la bendicen! Rafael, galerista y escritor.

 

Tapa del libro de Rafael Pérez Hernando

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ROMERAL, EL DÍA QUE MURIÓ RETIJA

 

Al llegar, le vi de luto, chaqueta y corbata negra. Y pregunté quién había muerto: “Hoy ha fallecido Retija y no puedo dejar de sentirlo”. Su actitud, me sacudió. ¡No empezaba mal la velada! Retija era un cantaor de La Solana, lo conocí en los noventa en La Soleá, tenía una voz candeal y lavanda. Era menudo y cantaba liviano tras un día de trabajo en el andamio. De menestral se metamorfoseaba en jilguero, al anochecer, y encendía su cante de antorcha manchega, que alumbra. Cuando un cantaor muere algún ostugo del mundo se oscurece y crece el silencio, zaguán del antro del olvido.

La Tertulia Peñaltar, Casa de Ávila, rendía homenaje a José Luis López Romeral, el pintor Romeral, por sus cincuenta años de exposiciones y tras un rosario de celebraciones en 2025: Toledo, Madrid, Trujillo, Alcázar, Valdepeñas, Melque, San Martín de Montalbán, Getafe…. Pintor y flamencólogo, en la órbita de Francisco Moreno Galván. El acto lo dirigía el acuarelista Pablo Reviriego.

Enseguida tomó la palabra Romeral y, tras los agradecimientos, fue desgranando, con mágica sencillez, su vida, desde su infancia al presente. Y mostrando los cuadros que dibujan su andadura plástica. Contó anécdotas, citando a personas de su consideración y recitó algún poema propio: todo en un tono de intimidad y de nobleza que conquistó la sala, que estaba a rebosar. Habló tan divinamente que nadie quería que terminara

Más que charla profesional fue una confesión, que iba hechizando oído y corazón de los oyentes. Todo olía a sábanas blancas aromadas de membrillo en una casa de pueblo donde se fraguó el horizonte de su decencia. Y así se percibía, como una oración, una plegaria agradecida y que se agradece, porque toca las hebras de nuestra sensibilidad. Y asohora, aquel rincón común se convertía en un palacio ahíto de majestad y de dignidad. La grandeza, de sólito, emerge de la sencillez, en la autenticidad genuina de las almas que identifican la libertad de ser para la vida, la naturalidad sin afectación.

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DIMENSIÓN DE CARMEN PALLARÉS

 

Dimensión que se agiganta, inconmensurable, infinita. ¿Cómo se mide la esencia de la poesía, de la poeta? En la férvida longitud de su canto conspicuo, en el ritmo armónico de libros como Camino de mi palacio, 2012, o El sol azabache de la melancolía. Carmen Pallarés es una poeta oculta, seclusa, silenciosa, pero inmensa. Ella ha elegido con tesón hurtarse al espejo, pero yo la he buscado hasta en el azogue y me maravilla esa capacidad suya de llegar a la proceridad como si nada.

Carmen Pallarés es crítico de arte, pintora sutil,crea playas para que las gaviotas dibujen en la arena la cartografía del misterio. Autora de monografías, artículos de periódico y, ante todo, poeta, con vocación de alcanzar el infinito, tras la luz, como la copa de los árboles. Carmen es canto, transparente como el agua, como el aire; huele a limpio, a manzana conservada entre el grano, frágil, quebradiza pero más duradera que el bronce.

Abedul Ediciones edita su librito -por la extensión, 35 pp.-Recordarte, una elegía a la muerte de su madre, más bien canto místico de amor espiritual en la órbita yepesiana. No está escrito en verso, pero es poesía; no prosa poética, como se dice con desdén, sino poesía en versículos largos, barrocos, que se alargan a lomos de una ola seductora. A veces, uno piensa que está leyendo a Fray Luis, un castellano tibar, un lenguaje de los ángeles. La frase se va estirando, zigzagueando, reptando como sierpe de nardo sobre un lecho de camelias. Nos quedamos sin aire, llenos de música; embebidos, sorprendidos por la meguez de su escritura.

En la Noche Oscura su corazón late como pulso del tiempo, donde el amor se cobija al socaire del cataclismo. Y cita a Rumí, porque su plegaria enciende un pueblo de aromas sufíes. Y habla de Dios, y de la fe, y la creencia, y reina un perfume del sándalo que le ha regalado Tagore. No conozco una despedida de esta pulcritud, ni un canto a la madre que frise su belleza. No se puede citar un versículo, porque un pétalo nunca prefigura la hermosura de la rosa. ¡No lo olviden, Recordarte, impresionante Carmen Pallarés!.

Y puedo seguir, pero no quiero abusar del espacio ni del lector. El martes 24, en la Casa de Segovia, el maestro Carlos Muñoz de Pablos dio una lección magistral sobre el Patrimonio, la vidriera y su arte. Fue una perfomance sensacional, ante unos sesenta afortunados, pero ¿ahí se queda todo? Al tiempo, páginas y páginas para la nueva colectiva del “Reina Sofia”, sin orden ni concierto, un juego irreverente, en el que el Sr. Urtasun, enciclopédica ignorancia y carencia de sensibilidad, ve un “acontecimiento cultural de primera magnitud para España”. ¡Terra leviter super nos requiescat!

Tapa del libro de Carmen Pallarés

Tomás Paredes

Presidente H. de AICA Spain

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes de la AEPE: Antonio de Santiago

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes

de la Asociación Española de Pintores y Escultores

Antonio de Santiago

SANTIAGO GUTIERREZ, Antonio de                      Cr        <1978                       14.feb.1926             LOPERA                        MADRID   01.nov.2010

 

Socio de Mérito de la AEPE

Antonio de Santiago. Foto de Cronista de Lopera

 

Nació el 14 de febrero de 1926 en Lopera, Jaén, donde cursó sus primeros estudios.

Estudió Bachillerato en Córdoba y posteriormente, Ingeniería Técnica Industrial en Madrid.

Trabajador de Telefónica, que compaginó con su gran afición, el cine y las artes.

Periodista incansable, llegó a ser Director de la revista Técnica Industrial.

Escribió en varias revistas de Cine y de Artes plásticas como Diart, Correo del Arte, Rex, Km 0, Puerta de Alcalá, Arcinema, El Punto de las Artes…

Miembro de AICA, Asociación Internacional de Críticos de Arte, de ACPI, Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana, de FIJET, Federación Internacional de Periodistas y Escritores de Turismo, de AEPE, Asociación Española de Pintores y Escultores, de CEC, Círculo de Escritores Cinematográficos, de la que fue Vocal y Tesorero…

Corresponsal en España de la revista chilena de cine Ecran, que se editó entre 1953 y 1971.

Corresponsal internacional de la revista argentina Mundo Radial.

Viajero infatigable al que siempre acompañaba su esposa, Ana Laporte.

La Estafeta Literaria 15/8/1973. El CEC, Círculo de Escritores Cinematográficos, organizó un ciclo de cine polaco, que fue el primer contacto masivo del espectador español con la cinematografía de países socialistas

Autor de numerosísimas entrevistas a los mejores actores del cine mundial. En el marco de las XXI Jornadas de Historia de Lopera, se le rindió un pequeño homenaje con una exposición de 25 fotografías que él mismo aportó.

Vocal de la Unión de Periodistas en 1992.

Colaborador de las actividades culturales y artísticas de su Lopera natal, amante de su pueblo y sus gentes, a quienes inmortalizó en otra de sus grandes aficiones, la fotografía. A la Biblioteca Pública Municipal cedió su importante colección de libros de arte y cinematografía.

Recuperó la memoria y difundió los trabajos de sus pintores locales contemporáneos, como Vicente Toro, Anguita, Pedro Monje, Paco Cantero, Miguel Acevedo, Julián Gallego, Juan Manuel Pérez, Rafael Toribio, Juan José Porras o Manuel J. Antúnez…

Fue un «embajador de la cultura» de Lopera, Jaén, en Madrid durante muchos años, contribuyendo a la difusión de artistas y obras.

Falleció en Madrid el 1 de noviembre de 2010, siendo enterrado en Lopera.

Antonio de Santiago Gutiérrez, Vicente Toro Orti  y Matías Prats Cañete. Foto de Cronista de Lopera

 

Fue una figura activa e influyente en el panorama artístico español, participando en debates sobre la problemática actual de la crítica de arte.

Su trabajo consistió en analizar, describir y contextualizar obras, artistas y tendencias, dejando una huella en el registro periodístico de la crítica de arte en España.

Con Frank Sinatra. Foto de Cronista de Lopera

A Madrid llegaron  las máximas figuras de Hollywood, incluidas algunas que sólo eran invitados o visitantes ilustres. Uno de éstos fue John Ford, que aparece en el centro de la fotografía, convertida por su presencia en un valioso documento. De izquierda a derecha: Jaime Prades, vicepresidente de la Compañía Bronston; Santiago de la Cruz, Pascual Cebollada, Luis Gómez Mesa, John Ford, Fernando Méndez-Leite y Antonio de Santiago, todos ellos de la Junta del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC), invitados aquel día a presenciar el rodaje de una película.

Junto a Federico Fellini y Giulietta Masina. Fotos de Cronista de Lopera

Salvador Dalí. Fotos de Cronista de Lopera

 

Antonio de Santiago y la AEPE

En 1976, siendo ya un conocido crítico de arte, comenzó a colaborar con el Boletín Informativo que publicaba la AEPE, del que se hacían 800 ejemplares, que en agosto de ese año tuvieron un coste de 36.561 pesetas, si bien no parece que todos los meses fuera lo mismo.

Director de la Gaceta de Bellas Artes de la Asociación Española de Pintores y Escultores en 1976.

Vocal de la Junta directiva en 1978.

Asesor Cultural de la AEPE en 1984, 1985, 1990, 1991, 1992.

Jurado de los certámenes que organizaba la AEPE.

Pronunció diversas conferencias en la sede social.

Socio de Mérito de la AEPE en 1997.

Directivos del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC), haciendo entrega en Chicote de un frascón de vino de Valdepeñas para su museo, que era una tertulia clásica.  De izquierda a derecha: Jano (dibujante decorador de la frasca), Santiago de la Cruz, J. Romero Marchent, Chicote, Luis Gómez Mesa y Antonio de Santiago

Junto a Lex Barker. Fotos  de Cronista de Lopera

Marlon Brando. Fotos  de Cronista de Lopera

James Stewart

Debbie Reynolds

Claudia Cardinale

Charlton Heston. Fotos Cronista de Lopera

Junto a Carmen Sevilla y Vittorio de Sica

Aurora Bautista. Fotos de Cronista de Lopera

 

Recordando… Ricardo Verdugo Landi

Obras, artistas, socios, pequeñas historias…

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Ricardo Verdugo Landi

VERDUGO LANDI, Ricardo                  P    1916                 27.ene.1871          MALAGA              MADRID          2.oct.1930

Socio de Mérito de la AEPE

 

Ricardo Verdugo Landi, Gaceta de Bellas Artes, 1930, con IA

 

Ricardo Verdugo Landi nació el 27 de enero de 1871 en Málaga.

De familia de periodistas, era hijo de Joaquín María Verdugo Delgado, director de la Revista de Málaga en 1874 y La Justicia en 1888, pero sobre todo fundador, propietario y director del diario malagueño Las Noticias desde 1876,  periódico  donde  su  hijo  Francisco  –posteriormente  famoso  periodista–  ejerció  como  crítico  taurino  bajo  el pseudónimo de Verduguillo.

En  esa  empresa familiar los hijos Joaquín, Ricardo y Francisco aprendieron a amar el oficio y  todo  lo  relacionado  con  él,  confeccionando  el  periódico,  dibujando y escribiendo para él, nutriendo sus inquietudes, asistiendo cuando se podía a las clases artísticas, cambiando  el  papel  por  el  lienzo  cuando  el  trabajo  lo  permitía.

Sus aficiones artísticas pronto lo llevaron a inscribirse en la Escuela de Bellas Artes en 1886, con quince años, donde se convirtió en un discípulo predilecto de Emilio Ocón y Rivas en la recién instaurada cátedra de Paisaje, quien lo instruye en el arte de extraer poesía y emoción pintando cielo y agua, influyéndolo decididamente por el género de la marina. Pese a su vocación temprana por las marinas, sus obras de juventud se acercan al estilo de Fortuny.

 

En Málaga comienzan a circular en 1887 las producciones de Ricardo, pequeñas tablas de estilo minucioso y temática ingenua.

En 1892 presentó su obra Desembarcando en la Exposición Internacional de Madrid, que conmemoraba el IV Centenario del Descubrimiento de América, por la que obtuvo una mención honorífica. De ese mismo año es la obra Marina (Museo del Prado, Depósito Museo Ciudad Real) Ese mismo año donó al Museo Municipal de Málaga la obra Pidiendo auxilio. Continúa participando en las exposiciones nacionales, enviando a una marina de grandes dimensiones, Naufragio.

En 1899 vuelve a enviar otra obra Oleaje con la que consiguió una tercera medalla en la Exposición Nacional de Madrid, e igual premio obtiene en la de 1906 por Alta mar (Museo del Prado, Depósito Ministerio del Trabajo).

Una de las vistas más características del paisaje costero malagueño, tantas veces pintado por su maestro Emilio Ocón, la pintó Verdugo Landi en 1917, con el título El Peñón del Cuervo (Colección Fundación Unicaja, Málaga).

Algunos de los galardones artísticos que obtuvo son: Mención de Honor de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1892, Mención de Honor de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1895, Tercera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1896, Mención de Honor de la de 1899, Mención de Honor de la de 1906, Segunda Medalla de la Exposición Internacional de Panamá en 1916, Gran Diploma de Honor de la Exposición Hispano-Francesa de 1919 celebrada en Zaragoza, Segunda Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1920, Segunda Medalla de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929.

 

También realizó múltiples exposiciones individuales, como la celebrada en 1921 en el Majestic Hall de Bilbao y el Círculo de Bellas Artes de Madrid. En el Salón Parés de Barcelona, 1922, y los Salones de El Siglo, también en Barcelona, 1923. En la Casa Nancy, en 1925, en el Salón Vilches de Madrid en 1928. Volvió a exponer en Málaga en 1924. Después de su muerte le dedicaron homenajes en las Galerías Layetanas y la Sala Parés de Barcelona.

Alternó su carrera artística con su puesto de conservador del Museo Municipal de Málaga, cargo en el que estuvo entre 1895 y 1897, sucediendo en el mismo a José Ruiz Blasco, el padre de Picasso.

Tras su dimisión, la familia se traslada a Madrid, donde los hermanos iniciarán una trayectoria profesional como pintor y periodistas.

Y es que las ilusiones pictóricas de Ricardo chocaron con la realidad de la falta de clientela, teniendo que dedicarse a pintar cuadros expresamente para ser subastados en las salas de puja que estaban de moda en la época, formando un pequeño taller con Francisco, que preparaba los lienzos y pintaba cielo y mar, hasta que las telas recibían los retoques de Ricardo, que terminaba finalizando embarcaciones y figuras.

 

Francisco dará continuidad sobre todo a una fructífera carrera como dibujante de revistas ilustradas, encontrándose su obra reproducida con asiduidad a partir de ese momento, pero no solo en la ciudad de acogida, sino que en paralelo publicará también en el otro gran centro editorial del momento, Barcelona. Y no estará solo, sino que se verá normalmente acompañado por su hermano Ricardo, cada uno con un estilo bien definido: ilustrador figurativo Ricardo, caricaturista Francisco.

Trabaja primero como retocador en el periódico ABC, pero en el momento del nacimiento del Príncipe de Asturias, se le ocurrió hacer su primera composición fotográfica debido a que se les prohibió la entrada a los periodistas al palacio real. Así compuso una escena con una canastilla de encajes, colocó en ella a un recién nacido, escogió de los archivos las fotografías de los grandes de España que tenían acceso a la Cámara Real, los agrupó alrededor del infante en la ceremonia de presentación. Aquella composición le valió el nombramiento, por Luca de Tena, como director artístico de todas las publicaciones de ABC.

 

 

Junto a su hermano Francisco, fundó La Esfera, la revista ilustrada de corte modernista ensalzada por Benito Pérez Galdós como culmen gráfico de la edición española, y Nuevo Mundo, donde publica ilustraciones de sus obras y colabora en la redacción y dirección.

En 1924 es nombrado miembro del jurado de carteles de Semana Santa de Málaga, que lo acoge en su Academia de San Telmo. El Ayuntamiento lo nombrará hijo predilecto, consecuencia de la difusión por medio de sus obras, de la belleza de las costas malagueñas.

Su vocación artística también lo llevó al campo de la ilustración con grandes recursos, dados sus conocimientos en la labor periodística y editorial. Durante más de treinta años no interrumpió su asistencia a certámenes y exposiciones tanto nacionales como internacionales, relacionándose con artistas e intelectuales como José Prados López, Muñoz Degrain, Moreno Carbonero y otros muchos socios de la Asociación de Pintores y Escultores. Pese a la distancia, nunca perdió sus contactos con su ciudad de origen.

ABC, 30/11/1930

Gaceta de Bellas Artes, 1930

 

A los cincuenta y nueve años de edad, el 3 de octubre de 1930, falleció en Madrid el artista, al que se honra con un medallón grabado con su nombre en un acantilado de los que retrató con sus pinceles y de cara al mar que tanto amó.

En el Salón de Otoño de 1930, la Asociación Española de Pintores y Escultores le honró con una sala-homenaje por su reciente fallecimiento, recordando al artista, al amigo, al pintor y trabajador del arte.

Con tal motivo, en la Gaceta de Bellas Artes de noviembre de 1930, su director, Enrique Estévez Ortega firmaba un extenso artículo bajo el título de “El pintor del mar: Ricardo Verdugo Landi”, en donde se le recordaba y describía: …”Su parla inagotable y pintoresca, su gracioso ceceo andaluz, sus juicios tajantes… su gran optimismo desbordante, que únicamente en sus postrera horas empezó a extinguirse y a apagarse al tono mismo de su vida que languidecía… la frente ancha, surcada de arrugas, extendiéndose hacia arriba y hacia atrás, por su poca cabellera; los ojos -que circundaban unas ojeras rugosas- inquietos, brillantes, burlones… unos ademanes -como sus frases- rotundos, y unos pasos lentos, cansados, como entumecidos… era un hombre inteligente, vivo, muy ingenioso, despierto y vivaz… Verdugo Landi era, sin disputa, el primero de los marinistas españoles… era un hombre siempre joven, alegre y decidor, rebelde por vocación y por temperamento, pero que tenía de la amistad el mejor sentido y a la que rendía pleitesía siempre. ¡De tan poquísimos hombres se puede decir lo mismo! Era un hombre optimista, que tenía fe en sí mismo y en su obra. “Yo hago mis exposiciones y me compran. ¡En mi estudio no está una obra mucho tiempo!… Algunos compañeros se asombran de que venda tanto y me preguntan: ¿Qué hace usted para vender? Yo les doy la contestación en seguida: Hacer cosas agradables. ¡Cosas agradables! Ahí estaba el secreto de su éxito”.

 

Su obra está centrada en la representación del mar y la geografía costera, principalmente de la costa andaluza por la que sentía predilección, aunque también retrató las costas norteñas así como sus valles frondosos e industrias.

En su estilo se mezcla la composición clásica con la evocación romántica y el naturalismo con el idealismo, granjeándose en su madurez un sello acertado e identificativo por el que las marinas de Málaga de principio de siglo tuvieron su apellido y sus pinceladas.

Ricardo Verdugo Landi constituye uno de los más notables marinistas de la escuela malagueña. La identificación del mar como protagonista absoluto de la composición, adquiere protagonismo en sus estudios de variabilidad: oleajes, puestas de sol, mar embravecido, en calma, mostrando todo un sentido narrativo con la profusión de olas y rompientes, en los que se acerca a una pincelada de tipo impresionista.

 

Su aportación artística planteó una nueva interpretación del paisaje marino, subrayando un dramatismo y tensión en los efectos del mar y sus diferentes estados, que poco o nada tenían que ver con esas visiones anteriores plácidas de Gómez Gil o el propio Ocón. Se acerca, de este modo, a una nueva forma de ver el paisaje, cercano a las teorías noventayochistas del paisaje, con nuevos encuadres donde la agresividad, lo agreste del paisaje, se fundía con la investigación en la luz y las perspectivas. Para ello tuvo que alejarse de la tranquila costa mediterránea malagueña, de suaves perfiles, para adentrarse en otros paisajes y costas más agrestes, como la costa del País Vasco y del Cantábrico.

En las necrológicas de la época se decía de él que era “El pintor del mar. Marinero en lienzo, poeta de azules e inimitable creador de una escuela pictórica de marinas”.

En El Heraldo de Madrid, C.G.R. escribía: “Ayer, Julio Romero, faraón de la paleta, último moro de la dormida Córdoba. Hoy,  Ricardo Verdugo. Andalucía va dictando crespones a los lienzos maestros de sus artistas. Fiel y sereno a su sentimiento y pensamiento, con una visión personal que no admitió nunca la tiranía de las épocas, Ricardo Verdugo realizó su obra fuerte al embate de las modas, sin temor a aparecer como un trasnochado. El, generoso de azules, millonario de luces, no podía ser un trasnochado nunca. Su temperamento le situaba, en cierto modo, en el realismo colorista, captando al descubrirla la belleza del mar con una precisión y maestría raramente alcanzada por nuestros pintores realistas. Sus marinas son auténticas instantáneas del gran personaje, del gran dinámico, del Lon Chaney de las mil caras, que entre horizonte y playa, ardido o melancólico da soles, es el mar.

Muere en plena madurez de su arte y de su vida. Azotado y vencido por una enfermedad cruel, que no ha sabido perdonarle. Y yo, que por generación y por gustos soy testigo irrecusable de todas las modernidades, quiero descubrirme ante su nombre que nos deja. Me parece un ademán de elemental y mínima justicia”.

 

Algunas de sus obras se encuentran expuestas en el Museo del Prado, el Museo Nacional de Arte de Cataluña, el Museo Carmen Thyssen de Málaga.

 

Ricardo Verdugo Landi y la AEPE

Participó en las siguientes ediciones del Salón de Otoño:

I Salón de Otoño de 1920: Panneau con quince apuntes de Alicante y Panneau con quince apuntes de Alicante, San Sebastián y Paisajes

IV Salón de Otoño  de 1923: Costas de Garrafo y Balandro

V Salón de Otoño de 1924: Efecto de luz y Mar movida

VI Salón de Otoño de 1925: Piedras del Morlaco (Málaga), Altos Hornos (Bilbao), Panó con nueve apuntes de Málaga, Panó con nueve apuntes de Málaga

Además de su padre y hermanos, su sobrina Encarnación Margarita Isabel Verdugo Díez, conocida popularmente como Margarita Landi, hija de Joaquín, heredó también la vena periodística, al ser la primera periodista española que se especializó en información de sucesos.

Blanco y Negro, 1924

Margarita Landi

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