Colaboraciones de nuestros socios: Alfonso Calle, «El gesto en la pintura»

«El gesto en la pintura»

“Hambre” 2017. Acuarela sobre papel 100×70 cm.

 

Esta pintura la hice pública el 1 de enero del 2017; y no era para felicitar el Año Nuevo sino para mostrar un proceso reflexivo personal cuyo origen se me va difuminando en la memoria No recuerdo cuándo empezó pero sí que me sigue fascinando y que, aplicándolo en la pintura, los sigo manifestando en muchas de ellas.

No tiene nada que ver con la Navidad y sí con estas fiestas, aunque mucho más con esa manera nuestra de observar la vida de soslayo, con ese no detenerse a pensar en cosas que nos son desagradables, con esa absolución personal que nos invita a desentendernos y decidir “No está en mi mano”.

Cuando la publiqué hacía un mes que comprendí que tendría que soportar día a día algo que estaba claro en mi mente, la mirada de un niño al que el hambre le muestra las puertas de la muerte, y todo lo que ello significa. ¡Fue muy duro! Tanto que muchas veces estuve a punto de abandonar porque, a muchos nos pasa, nuestra mente transita a menudo por caminos que nosotros no elegimos conscientemente y que la mía me iba a llevar al lado de mi niño cuando pintara, cuando no, y seguramente, como así fue, cuando dumiera.

Así terminé el año 2016 y así comencé el 2017. Nadie me obligó, fue decisión mía. No quería que el mensaje se asociara a la Navidad, pero la casualidad quiso que ese 1 de enero la hiciera pública sin que mi intención fuera perturbar ese espíritu navideño del “os quiero y jeje jaja”, sino simplemente mostrar ese mundo de gestos humanos en que ando estudiando desde hace ya mucho tiempo.

Un gesto es la reacción a una sensación, a una emoción o a ambas cosas. En este caso creo que es a ambas cosas pues, muchas veces la sensación (percepción con los sentidos) es la fuente de la emoción.

En esta pintura me interesaba mostrar, a través del gesto, la tremenda, por injusta, esa contradicción que no se les cae de la boca a multitud de personas y personajes de todo el mundo cuando hablan del “Estado de bienestar” o de la controvertida “globalización”.

“Estado de bienestar”… Ya sé que esa expresión pude significar demasiadas cosas pero yo  quiero simplificar ese análisis. Cuando alguien o algo conocido no se encuentra bien, la propia y racional conciencia, si es limpia, te hace sentirte mal. No queremos las guerras, ni la injusticia, ni el abuso, ni la esclavitud, ni el hambre… Pues bien: Dos bebés cuando están juntos, si uno llora, llora también el otro aunque ignore porqué. ¡Lloran por simpatía! Igual lo hacen hasta las cuerdas de una guitarra cuando están afinadas de manera que si pulsas una de ellas y produces el mismo sonido que da su contigua al aire, ambas “vibran por simpatía”, natural armonía, pero nosotros, demasiado a menudo, no lo hacemos, miramos a otra parte.

“Globalización”… ¿Comprende el globo también al tercer mundo? ¿Alguien puede pensar que esa “globalización” ha podido llegar a ese lugar donde mi niño, un manojo de gestos, que ni gime ni llora, mientras tuerce la boca mordida por las llagas, mira, tan solo mira, perdido entre nosotros?… Y tras un mes pintándolo no pude averiguar, ni quiero averiguarlo, si buscaba a Dios para pedirle ayuda o es al resto del mundo para estamparle esa mirada en su conciencia.

No quería representar una escena estereotipada de hambre, no una guerra ni un poblado, no plato vacío ni nada que nos explique la causa de la escena. Solo su cuerpo, sus gestos. Mostrar su delgadez, la crispación de su mano, su boca, y sobre todo sus ojos.

Deseaba al niño  muy cerca, casi, demasiado cerca, para obligar al espectador a que se empapara de miseria, para que reparara en su mirada perdida. Que pudiera preguntarse: ¿Qué estará mirando?

También el gesto de la boca nos cuenta mucho más que si hablara, abierta y torcida, mostrando los dientes, que no grita ni delata emoción alguna.

En la mano un pañuelo para limpiarse…

¡Los gestos! ¡Los gestos! ¡La importancia de los gestos!

Pintar no es necesariamente ni solamente un proceso de reflexión o de disfrute estético sino una de toma de posesión de una imagen, de una escena, de una idea, con la que has de convivir obligatoriamente durante el tiempo que te lleve su realización.

El espectador, depositario definitivo de la obra, tiene la gran ventaja de ver o de mirar pero puede renunciar a ambas cosas. El pintor a ninguna de ellas. En este caso, al espectador puede que no le guste lo que ve y no lo mire, o que sí lo mire durante el tiempo para decidir que no le agrada y se aleje, pero a mí me costó un mes como pintor convivir con alguien muriéndose ¡De hambre!

Con esta obra no busqué deliberadamente conmover, apelar a sentimientos, busqué denunciar el conformismo, invitar a pensar en esos otros mundos que están en este y los ignoramos como si no existieran, busqué reflexionar sobre los gestos. Lo hice con una obra posiblemente incómoda, pero también sabedor de que las incomodidades deben formar y forman parte de nuestro día a día.

Todos sabemos, aunque no seamos conscientes de ello, que un bebé de un año no entiende nada de lo que le habla su madre, pero sí sabe, por sus gestos, si está alegre, enfadada o triste, lo que significa que el gesto es anterior a la palabra. Parce muy lógico que los antiguos se entendieran más por gestos que por palabras, estas mienten mucho mejor que los gestos. Siempre he sido un observador de los gestos, incluso de los animales pero fundamentalmente de las personas, y desde que empecé a pintar en serio, he tratado de descifrar su significado. Dicen que los ojos son el espejo del alma. Yo he andado buscando, a través de sus gestos el alma de las gentes y a veces creo que he estado cerca de averiguarlo pero no lo he conseguido.

Con “Hambre” me propuse algo muy complicado, pero me gustan los retos y las complicaciones, aunque no supere los primeros ni resuelva las segundas, pero ambos los afronto.

Quería pintar lo que mi niño siente.

Madrid a 5 de septiembre de 2026

Alfonso Calle

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