Eduardo Naranjo: homenaje a Goya

Eduardo Naranjo, Medalla de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores, inauguró el pasado mes de marzo dos exposiciones en Fuendetodos, en el aniversario del nacimiento de Goya: una retrospectiva de ‘Obra gráfica’ (1965-2016’, “la primera de mi carrera”, dijo, en la sala Ignacio Zuloaga, y la serie ‘La Tauromaquia’ en el Museo del Grabado, realizada en 2008 con diez puntas secas, que “en realidad es mi corrida: nace de mi fantasía y de elementos que brotan de mi inconsciente”. Son dos exposiciones organizadas por el Consorcio Goya-Fuendetodos de la Diputación Provincial de Zaragoza.

El pintor que pertenece a la escuela realista y expone además en China, se siente muy honrado y agradecido con la muestra. “No sé qué pensará Goya de que yo esté con él”, dijo, y contó que esa serie, que tiene piezas explícitas goyescas como ‘El salto de la garrocha’, de impecable factura, es un homenaje a su padre, un enamorado de la fiesta. Cuando él nació, “con alguna lentitud porque vine de espaldas”, su progenitor se fue al pueblo de al lado a ver una corrida. Naranjo opta por una visión personal donde acentúa el papel de la mujer, que “es muy importante para los toros”: por la forma de vestirse, por el amago de pasos de danza que realiza el torero, por el aura de sensualidad y porque “la mujer, ya sea la novia, la amante o la madre, vive el toreo de una forma especial. Otro aspecto que me ha interesado mucho es el del público: si en Goya los espectadores son masas informes, irreconocibles, yo hago retratos inventados más nítidos. Mi serie es muy subjetiva”. Y también muy cinematográfica. Con un fino y preciso sentido de los trazos y las líneas,Eduardo Naranjo le da a su obra un aire moderno y muy dinámico. El movimiento no solo se intuye: se ve.

La exposición de ‘Obra gráfica’ abarca más de medio siglo. Y refleja la evolución de un pintor de realismo más o menos onírico que le coge cariño al grabado. “En España no hay tantos grabadores ni hablamos mucho de grabado: Goya, sin duda, Fortuny, Picasso, Ricardo Baroja, y de mi tiempo, tres conmigo. No hay muchos más. A mí, como a Goya, me ha interesado la difusión de mi trabajo. La obra gráfica se expande, cumple una labor social, algo que es más difícil hacer con la obra única”. Naranjo se inició con una mirada sobre su universo rural más cercano, acusó el impacto de Vietnam y poco a poco, a medida que dominaba la técnica, fue asumiendo mayores retos, como se ve en algunas piezas excepcionales como ‘Misteriosa Laura’, de 2007, donde logra “esa textura aterciopelada” que busca. Aunque las dos series más impresionantes son ‘Poeta en Nueva York’ (1987-1991), que ha dado la vuelta al mundo, y ‘Federico en Nueva York’ (2005).

Hay un homenaje explícito a Goya en la aguatinta sobre papel ‘Plaza de la villa de Madrid’. Al fin y al cabo, como recordó Juan Carrete, especialista en grabado y autor de un texto del catálogo, “Goya y Naranjo han tenido vidas paralelas”. Ambos nacieron en un pueblo pequeño, emigraron (Goya a Italia; Naranjo a París), regresaron a Madrid y desde ahí hicieron su carrera, en la pintura y en el grabado. Quizá, como decía este miércoles Naranjo, para los dos “el arte es una necesidad”. Y matizó: “Yo lo encuentro en todas partes. En la calle, de paseo. Para mí el arte es necesario como el aire que respiro”.

 

 

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