Guzpeña expone en la localidad leonesa de Sabero

El viernes 21 de septiembre se inauguró la exposición individual que bajo el título de «MINA-DOS”, se exhibe en el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León, en la localidad leonesa de Sabero, del socio Enrique Rodríguez García, conocido artísticamente como “Guzpeña”.

La muestra, que permanecerá abierta hasta el 11 de noviembre, trata de combinar el carácter artístico con los contenidos y el espíritu del Museo de la Siderurgia y la Minería. El resultado es una selección de 38 fotografías digitales sobre las que el artista ha intervenido con elementos y geometrías característicos de su trabajo.

Además se mostrarán en dos montajes independientes dibujos preparatorios, obras en proceso y fotografías antiguas relacionadas con la minería de la zona de Prado de la Guzpeña, pueblo de tradición minera, donde nació Guzpeña y donde pasó su infancia y juventud. Pretende ser, además, un homenaje a sus predecesores, a todas las personas que con su trabajo facilitaron una vida cargada de oportunidades.

Enrique Rodríguez García “Guzpeña” nos comenta así la muestra:

Si buscamos alguna de las palabras que puedan definir la geografía de nuestro territorio emocional, una palabra fuerte y afectiva, una palabra con matices brillantes y luminosos y, también, con detalles oscuros y sombríos, una palabra que al oírla nos haga sentir una turbación en el pecho, una palabra que me transporte a un origen cargado de ilusiones y miedos, una de esas palabras es, MINA.

Mina-dos hace referencia a dos espacios físicos y a dos espacios temporales. Mina-dos traslada a un tiempo contemporáneo fragmentos de escenarios activos en otro tiempo, transfigurando su presencia. Estas imágenes representan el segundo capítulo de una narración que comenzó cinco décadas atrás. Mina-dos es una exposición de recuerdos renovados.

Mina-dos también se refiere, mediante un juego de palabras, a la condición espiritual de personas a las que un tiempo extraño, con un sabor agridulce, infirió marcas determinantes. Mina-dos es una exposición íntima, una exposición de vestigios intangibles.

Mina-dos no pretende detener el tiempo en instantáneas de lugares que pertenecieron al pasado y de los que solamente quedan rastros efímeros. Mina-dos procura registrar las huellas de los hombres que los laborearon. Las paredes siguen llenas de evocaciones, de gestos que traen a la memoria el sacrificio y la ternura. Signos que se trazaron en una azarosa batalla y que es necesario recobrar. No hay ruina, no hay abandono, solo el paso del tiempo. Hay melancolía, hay un perfume que trae a la memoria la vida que fue y que persiste como un espectro dibujado sobre los muros. Indispensable es no olvidar que donde hubo presencia humana el paisaje permanece con vida.

La tarea de reanimar el recuerdo impone una labor de construcción, no el deleite en la desolación. Rememorar es apostar por la esperanza, aventurar la fantasía para construir una realidad nueva con una apariencia distinta, enlazada con el presente. Mina-dos es un empeño de definir los vínculos que conectan una identidad artística reciente con los territorios en los que se modeló el comienzo de un carácter. Advertir la condición de heredero, de beneficiario de esta tierra. Reparar en la pertenencia a una tradición, a una cultura, a un punto de origen, a un círculo de semejantes que padecieron y saborearon el mismo viento.

El acto creativo estimulado por la remembranza posibilita que los ojos perciban más allá de la apariencia, extrayendo una imagen inédita, fresca y trascendente de la realidad. Y la imagen congrega a sus autores, a los de antes y al de ahora, a la cosa representada y a los espectadores que la contemplarán con el paso del tiempo.

Estampas de un ayer apreciado se entretejen con formas ideadas, la presencia del pasado se entrelaza con la entidad del presente. Imágenes de reencuentros. Las modestas señales de aquel trabajo cotidiano descubiertas a través de una mirada actual.

Atesoramos la ilusión de que a nuestro alrededor hay algo más de lo que podemos contemplar, intuimos la esencia del universo, el alma de las cosas, el aliento de nuestros predecesores. De ahí que necesitemos engendrar representaciones nuevas, ideas que sustituyan a la realidad. Proporcionar a lo primario un indumentario novedoso, enmendar su desnudez con ornamentos que estimulen a los sentidos. El entendimiento humano no analiza la existencia como una computadora, sino que la distorsiona y convierte en una obra de arte. Altera las leyes físicas y biológicas convirtiendo la percepción en torrente de sensaciones. Así se concibe una subjetividad plástica, un boceto difuminado.

Mina-dos ansía inventar espacios engalanando las arquitecturas a la medida de su autor. Anhela crear un lugar de encuentro con el recuerdo. Erigir un hogar imaginado, inmaterial y silencioso. Establecer una morada no habitable, una estancia donde sólo pueden existir los recuerdos.

 

Guzpeña, premio de pintura Artemisia 2017

El pasado viernes 1 de diciembre se dieron a conocer los ganadores del II Certamen «Artemisia» de Pintura convocado por el Distrito de Moncloa-Aravaca del Ayuntamiento de Madrid. Este Certamen de Artes Plásticas se divide en las secciones de pintura, acuarela y dibujo, tratando de potenciar técnicas como la acuarela y el dibujo, que aunque fundamentales, no tienen la relevancia que se merecen. Un certamen todavía joven, pero al que se presentaron 104 obras y que repartió la nada desdeñable cifra de 11.000 euros en premios con los que se quiere impulsar la creación artística.

Guzpeña obtuvo el primer premio en la categoría general de pintura con el acrílico sobre lienzo “Después de la noche”. Este primer premio está dotado con 3.000 euros. Con este galardón Guzpeña cierra un año increíble en el que su obra ha sido distinguida en cinco ocasiones: Primer Premio en el II Certamen de Pintura «Artemisia»de Madrid, Finalista en el 32º Premio BMW de Pintura, Mención de Honor en el XL Concurso Nacional de Pintura «Casimiro Sainz» de Reinosa (Cantabria), Premio Adquisición en los Certámenes Artísticos «Ciudad de Tomelloso», Mención de Honor en el XXI Certamen Nacional de Pintura «Ciudad de Calahorra» (La Rioja). Estos premios vienen a confirmar la trayectoria ascendente de este artista leonés natural de Prado de la Guzpeña, en la Montaña oriental y afincado a orillas del Cea, en Almanza, que está realizando una importante proyección por el resto de España. En su haber tiene más de cincuenta distinciones y premios, formando parte sus obras de importantes colecciones, ha realizado alrededor de cincuenta exposiciones individuales y ha participado en más de 350 muestras colectivas.

El Jurado del II Certamen de Pintura «Artemisia» presidido por la concejala-presidenta del distrito, Montserrat Galcerán quien delegó en el coordinador del distrito Javier Marchetti ha reconocido la creatividad y originalidad de las obras presentadas. También han formado parte del Jurado, el pintor José Sánchez Carralero López; la profesora titular de Historia del Arte y miembro de la Asociación Española de Críticos de Arte, Dolores Arroyo Fernández; La galerista Gabriela Correa Lasterra de la Galería Kreisler y el presidente de la Asociación Española de Críticos del Arte, Tomás Paredes Romero.

Las obras premiadas junto con las finalistas se podrán ver en la sala de exposiciones del Centro Cultural Moncloa hasta el próximo 30 de diciembre.

 

Enrique Guzpeña expone sus ‘Mayos y Ramos’

El Museo de León inauguró el pasado día 15 de junio la exposición temporal Mayos y Ramos del leonés Enrique Guzpeña. Los Mayos y ramos que se muestran en estas pinturas del artista no son una distorsión de la forma real de los ramos leoneses. Son la creación de nuevas formas que por su naturaleza ambigua, entrañan un contenido intelectual abstracto.

Vuelve  Guzpeña de nuevo a su ciudad, esta vez para exponer sus obras en las Salas del Museo de León. En las muestras que pudimos ver recientemente en la galería Ármaga y en el Auditorio Ciudad de León, el artista ofrecía una  selección de trabajos realizados durante la última década, mezclando trabajos de series diferentes. Lo que ahora nos plantea es una muestra referida a un único tema, a una singular linea de trabajo escogida de entre las variadas series temáticas en las que ha trabajado nuestro artista. La fuente que sirvió de sugerencia a los trabajos de esta exposición es la tradición leonesa de los ramos y de los mayos. Una tradición popular, que se pierde en la oscuridad de tiempos remotos, que posee el espíritu, la forma y las claves para servir de inspiración a Guzpeña, que crea una música y una coreografía adaptada a su peculiar universo plástico.

LA TRADICIÓN DEL RAMO Y EL MAYO LEONESES
El ramo leonés es un elemento decorativo que consta de una estructura de madera en la que se colocan diferentes ofrendas de colores muy vivos, como cintas, lazos, hilos, etc. También son frecuentes los ornamentos vegetales. El árbol de madera que compone el cuerpo del «ramo» puede adoptar múltiples formas: triangular , circular,  cuadrada, etc. La diversidad de los ramos, tanto en la geometría de su estructura como en cuanto a su ornamentación, ha dado lugar a múltiples variantes. Contamos también con diversas costumbres que tienen al ramo como protagonista como poner el ramo a las mozas, el ramo de quintos, situar el ramo cuando se construye una casa y se cubre con el tejado, colocar el ramo en la espadaña de la iglesia, etc.
No se puede precisar el origen del ramo, pero está aceptado que se trata de una tradición ancestral, anterior a los romanos. El ramo se liga al culto a la naturaleza y a los bosques. Un ritual que suponía ofrendas de adoración propiciatorias de fertilidad, bien en el solsticio de invierno, con el aumento de la duración de los días, o bien con la llegada de la primavera. Atraer a los espíritus benefactores que se cobijan en el mundo vegetal para que la primavera sea propicia, el campo fértil y el año proporcione abundantes alimentos.
La tradición ancestral de decorar un árbol, una rama o conjunto de ellas fue absorbida por Roma y por el Cristianismo evolucionando posteriormente a la forma sintética del ramo que conocemos hoy.  Los ramos de Navidad suelen portar doce velas, los doce meses del año. Sin embargo en algunos ramos todavía perduran símbolos paganos del culto al sol que conviven junto a símbolos cristianos.
MAYOS Y RAMOS. LAS PINTURAS
Los «Mayos y ramos» que se nos muestran en estas pinturas no son una distorsión de la forma real de los ramos leoneses.  Son la creación de nuevas formas, que por su naturaleza ambigua, entrañan un contenido intelectual abstracto. Estos «Mayos y ramos» quieren acceder a los misterios del mundo, su interés radica en alcanzar lo sublime, en ir más allá del mundo visible.
Estos «Mayos y ramos» toman como punto de partida una realidad que puede ser reconstruida; después, regeneran esa verdad objetiva con la voluntad de ofrecer un objeto insólito, que puede tener una presencia ambigua y ser sometida a múltiples interpretaciones. Esta ambigüedad se mueve entre la realidad y la ilusión creando una desemejanza que posee una vida diferente, un temperamento y una función distintas.
Los «Mayos y ramos» comparten con sus inspiradores el gusto por lo geométrico y su marcado carácter teatral. En estas pinturas los elementos geométricos y las organizaciones rítmicas parecen servir a la representación de una escena, de un acto. La geometría y la ordenación rítmica sirven a la representación ritual, a crear una música en la que cada línea es un sonido. La forma de ordenar los elementos en secuencias rítmicas y armónicas, creando patrones geométricos que se repiten periódicamente tiene mucho que ver con la propia esencia del mundo.
La tradición y la cultura heredada son morada de infinitos recuerdos, de acontecimientos transmitidos. La tradición es el lugar y es el objeto. Y el objeto mismo es un lugar donde reposan todos los mundos. La pintura constituye algo más que una pieza decorativa, es el lugar y es el objeto donde reside la experiencia humana. La pintura es el refugio, la cavidad que da amparo a la sustancia de la que está hecha la memoria.
Enrique Rodríguez ha conseguido dar forma a un lenguaje plástico coherente y eficaz, que ha dado a conocer con el seudónimo de Guzpeña.  En 1996, cuando Guzpeña realiza su primera exposición individual, inicia una intensa actividad expositiva por diferentes  salas y galerías de España, Francia, Inglaterra y Bélgica, teniendo en su haber más de cuarenta muestras individuales y alrededor de trescientas colectivas. En 2004 fue premiado en el XXVI Salón de Otoño de Pintura de Plasencia, iniciando una larga lista de galardones como los primeros premios en el Certamen  Eugenio Hermoso (2006), IV Certamen Fundación Wellington (2007), Certamen de Pintura Royal Premier Hoteles (2007), Premios Ciudad de Palencia (2008), Premio Villa de Valdemoro (2008), Premio Antonio Arnau (2008), Premio Villa de Parla (2010), Premio de Pintura Ciudad de Badajoz (2010), Premio Joaquín  Sorolla en el Salón de Otoño de Madrid (2010), Medalla de Honor en el BMW de Pintura (2005), etc. Una larga lista de instituciones cuentan con obra suya  entre sus fondos.
Enrique Rodríguez García “Guzpeña”.

cartel A3 definitivo

circuito genealogico

el silencio de los pajaros

Guzpeña expone su obra en el Palacio Ducal de Medinaceli

El artista leonés Enrique Rodríguez, más conocido como Guzpeña, muestra  sus últimos trabajos en el Palacio Ducal de Medinaceli durante este mes de junio. Después de  finalizada la exposición que en los meses de abril y mayo ocupó la madrileña galería de arte «Dionis Bennassar, Guzpeña traslada sus obras hasta las históricas tierras sorianas de Medinaceli, y al incomparable marco del rehabilitado Palacio Ducal, que se ha convertido en un centro de arte contemporáneo con una amplia oferta cultural que se traduce en conciertos, cursos y exposiciones de arte contemporáneo.

Guzpeña es natural de Prado de la Guzpeña (1964), población situada en las estribaciones de la Cordillera Cantábrica, en el norte de la provincia de León.

En «Recuerdos de la memoria», título que recibe la muestra, el artista leonés lleva a cabo un juego divertido de formas y colores, que introducen al espectador en una búsqueda constante de paisajes olvidados.

Guzpeña consigue un sabio tratamiento del color que impregna y cautiva la mirada del espectador. Este pintor sueña paisajes fantásticos habitados por seres geométricos. En la obra de Guzpeña hay una iconografía coherente y única. Estas pinturas no  tratan de reflejar el mundo que nos rodea, sino otra realidad producto de la imaginación.

Al tratar de expresar esa visión interior apreciamos retazos de formas conocidas. Las formas, carentes de elementos anecdóticos que las identifiquen claramente, siempre mantienen el recuerdo de una realidad reconocible.

Desde 1996, cuando Guzpeña realiza su primera exposición individual en la Galería Sardón de León, inicia una intensa actividad expositiva por diferentes salas y galerías de España, Francia, Inglaterra y Bélgica, teniendo en su haber más de cuarenta muestras individuales y alrededor de trescientas colectivas.

En 2004 fue premiado en el XXVI Salón de Otoño de Pintura de Plasencia, iniciando una larga lista de galardones como los primeros premios en el Certamen Eugenio Hermoso (2006), IV Certamen Fundación Wellington (2007), Certamen de Pintura Royal Premier Hoteles (2007), Premios Ciudad de Palencia (2008), Premio Villa de Valdemoro (2008), Premio Antonio Arnau (2008), Premio Villa de Parla (2010), Premio de Pintura Ciudad de Badajoz (2010), Premio Joaquín Sorolla en el Salón de Otoño de Madrid (2010), Medalla de Honor en el BMW de Pintura (2005), etc.

Una larga lista de instituciones cuentan con obra suya entre sus fondos. Una buena oportunidad de conocer la obra de este artista de reconocimiento cada vez mayor en el panorama artístico nacional.

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