Paz Eguía Lis, Viuda de Pina. Socia Fundadora Nº 94

.

Por Mª Dolores Barreda Pérez

.

LAS SOCIAS FUNDADORAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Cinco fueron las mujeres que estuvieron dispuestas a apoyar la fundación de la Asociación de Pintores y Escultores y que como tal, firmaron y que presentamos según su orden de adhesión, para ir conociéndolas una por una y aprendiendo de ellas:

Socia Fundadora Nº 16: Luisa Botet y Mundi

Socia Fundadora Nº 29: Marcelina Poncela de Jardiel

Socia Fundadora Nº 94: Paz Eguía Viuda de Pina

Socia Fundadora Nº 131: Carmen Alcoverro

Socia Fundadora Nº 137: Pilar Montaner y Sureda

 

PAZ EGUIA LIS

Paz Eguía

Paz Eguía Lis Salot. México 1863 – 1960). Hija de Dolores Salot de Eguía y de Joaquín Eguía Lis, primer rector de la Universidad Nacional de México, director del Registro Púbico de la Propiedad Nacional de México y del Colegio de San Ildefonso.

Su padre siempre la estimuló en sus inquietudes, motivo por el cual Paz fue una mujer de extraordinario espíritu de independencia y gran voluntad.

A los 23 años entró a estudiar pintura en la Academia de San Carlos de México para hacer los estudios completos de pintora, grado que alcanza habiendo ejercido más tarde su profesión como maestra de este arte.

En la Academia de San Carlos es alumna de José Salomé Pina y pese a la diferencia de edad, se convirtió en su esposa.

Como era costumbre en aquella época, primero se casaron por la iglesia y después contrajeron matrimonio por lo civil, el 1902.

Paz 1

José Salomé Pina (1830-1909) es una de las figuras principales del arte mexicano del siglo XIX.

Discípulo de Pelegrín Clavé en la Academia de San Carlos de México, fue el primero de sus alumnos novohispanos en conseguir una pensión para acudir a Roma en 1854

Viajó por España y copió obras en el Museo del Prado.

Volvió a México y en 1889 comenzó, ayudado por sus principales discípulos, la decoración de la basílica de Guadalupe.

En 1879 recibió el encargo de realizar una copia del retrato de Hernán Cortés del Ayuntamiento de México, por la que cobró 1250 pesetas y que pertenece al Museo del Prado.

Fue maestro del muralista Diego Rivera en la Academia de San Carlos de México.

Paz abordó muchas inquietudes, como por ejemplo la escritura. Publicó un artículo en el año 1900 en “El Tiempo”, sobre Santa Prisca de Taxco y ya lo firmó con su nombre de casada: Paz Eguía Lis de Pina.

Paz 2

A la muerte de su esposo, viajó a España con el maestro Eduardo Chicharro y su grupo de discípulos, entre los que se encontraba Diego Rivera.

El martes 6 de septiembre de 1910 en “El Diario de Avila” aparece retratada con ellos en su primera plana y al pie de la foto se explica: “Chicharro, algunos de sus discípulos y los modelos”.

En 1911 contrajo matrimonio en España con Juan José Alvarez, originario de Avila. Después se separó de él y de ahí en adelante se dedicó a viajar a distintos lugares  acompañada de sus dos hijos.

Vivió en España, Cuba  y en Estados Unidos. En los momentos difíciles se ayudó dando clases de piano y pintura.

Paz 3

Nunca vendió sus cuadros; pintó para ella y sus amistades y en ocasiones, regaló sus obras en agradecimiento a quienes le ayudaron cuando se vio en situaciones difíciles.

Las obras que sobreviven de ella son aproximadamente quince, sin haberse podido hacer un recuento exacto de su producción.

La obra “Aldeana española” revela la influencia de su maestro en España, Eduardo Chicharro.

Nunca llegó a participar en las Exposiciones de la Academia de San Carlos.

Paz 4

 

LAS SOCIAS FUNDADORAS DE LA AEPE

Por Mª Dolores Barreda Pérez

LAS SOCIAS FUNDADORAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

La mujer en las Bellas Artes en la primera década del siglo XX

Nunca fueron lucidos los escenarios y exposiciones de las mujeres de principios de siglo.

La descortesía ocupaba el puesto que por derecho propio correspondía al trabajo artístico de la mujer, dada la importancia de las obras presentadas en las diferentes secciones de las distintas Exposiciones Nacionales de Bellas Artes con firmas femeninas.

En aquel momento se ponía en ridículo toda mujer que, saliendo de la rutina, estudiara y se enriqueciera, como si fuera un perjuicio que la mujer aprendiese.

Bien es verdad que había voces que defendían que “será siempre mejor y más provechoso para los suyos, que la mujer asista a las sabias lecciones del Ateneo, que vaya a los museos, porque oiría hablar de las obras clásicas o modernas de Calderón o Cervantes, … pues que esto, a más de deleitar su espíritu, cultiva su inteligencia y la dispone en condiciones ventajosas para la lucha por la existencia en la sociedad, a aquella que por azares de la vida sea el único sostén de su familia, o tenga precisión de coadyuvar al sostenimiento de la suya, por ser escaso el sueldo del marido, o excesiva la familia, cumpliendo con lo que dice Fray Luis de León, de que la mujer debe ayudar a su marido, siempre que pueda honradamente. Muchas mujeres viven con los puntos de su pluma, y no son pocas las que tienen su paleta como único medio de subsistencia. Y ¿qué mejor ocupación que la artística para una mujer que tiene que trabajar, y que por su salud o por cualquier conveniencia social no puede dedicarse a trabajos de confección, única profesión destinada (aunque a medias, pues siempre se paga mejor al modisto que a la mujer?”.

Pero estas voces que hoy nos parecen tan superadas, no dejaban de ser siempre una excepción en la prensa de la época, dominada por hombres y en la que triunfaban también los hombres como artistas.

La principal pega consistía en que la mujer que se dedicaba a las artes estaba abandonando los cuidados domésticos, el hogar y sobre todo, el cuidado de los hijos, descuidando sus obligaciones como esposas y madres y el buen gobierno de sus casas.

Sin embargo, sí se le concedía verdadero “mérito artístico” a algunas obras creadas por pintoras; no a las propias féminas en sí, sino a la obra, y no a toda la obra, sino sólo a algunas.

En este ambiente, sólo a las hijas de familias acomodadas les era posible el acceso de manera independiente a la educación artística. Para el resto de mujeres, pertenecientes a clases medias, el desarrollo de  su actividad artística se realizó a través de sus relaciones, bien sea como madres, hijas, hermanas, parejas o esposas de otros artistas. Otras, las menos, se introducen en los círculos artísticos

como modelos y trasforman después sus aficiones artísticas en labor profesional, con el apoyo de sus esposos y amantes, y en muchas ocasiones, a pesar de colaborar (trabajos que por supuesto iban mucho más allá de la simple colaboración) con sus esposos o amantes.

Puntualmente tuvieron el reconocimiento a su genialidad y creatividad en sus innovaciones artísticas, participaron en exposiciones y salones, y vendieron sus cuadros, pero pocas han entrado a formar parte de los libros de Historia del Arte.

Las trabas a las que se enfrentaban hicieron muy difícil que pudieran desempeñar un papel más destacado. Asumieron en la mayoría de los casos una subordinación artística respecto de sus compañeros, intentando a través de temáticas más femeninas, que estaban a su alcance, desarrollar sus actividades artísticas. Quizá precisamente porque no fueron consideradas como artísticas en un sentido intelectual.

Nuevos datos de la Fundación de la Asociación Española de Pintores y Escultores

En este ambiente, el 15 de abril de 1910 se funda la Asociación Española de Pintores y Escultores en la ciudad de Madrid. Los socios fundadores, 180 en total, son nombres brillantes, conocidos, admirados, pero entre todos ellos, únicamente fueron cinco las mujeres que firmaron como socias fundadoras.

Cinco grandes mujeres, como ahora veremos, que supieron destacar unas por sí mismas, y otras pese a sus apellidos, ya que estaban vinculadas al mundo del arte a través de parientes directos. Sólo una sintió la verdadera vocación del arte sin haber mediado en el ambiente familiar la influencia de sus progenitores o hermanos.

Cinco grandes mujeres, desconocidas para muchos, que vamos a ir descubriendo en éste y en los próximos números de la Gaceta de Bellas Artes, y que a todos nos va a gustar rememorar y admirar por cuanto de luchadoras, vanguardistas y renovadoras tuvieron, porque merece la pena conocer más la historia de nuestra entidad, para sentirla grande y seguir haciendo de ella, hogar de memoria y recuerdo perecedero de cuantos ayudaron a encumbrarla como se merece.

Sin embargo, el espíritu de la recién nacida Asociación de Pintores y Escultores se manifestó desde el principio con un marcado carácter liberal, ya que la mayor parte de sus fundadores admitían mujeres en sus estudios y talleres y el nivel artístico de las socias venía ya avalado por sus obras y trayectoria artística.

Es decir, no se asociaban jovencitas deseosas de aprender de grandes artistas, sino artistas en el sentido más amplio de la palabra que eran mujeres, y que buscan y comparten el ideario asociativo de defensa de sus intereses materiales y artísticos, la difusión del arte, su fomento…

La trayectoria histórica de nuestra entidad nos muestra que las mujeres artistas se fueron incorporando y aproximando cada vez más y con mayor entusiasmo, al mundo del arte y al mundo asociativo. Las limitaciones sufridas a lo largo de la historia se iban superando poco a poco gracias al libre acceso a las escuelas de pintura, a la participación en exposiciones y concursos y a la dura tarea de lograr desechar los prejuicios instalados en una sociedad dominada por hombres.

Sin embargo, por encima de ser hombres y mujeres, los artistas son una rara especie aparte, especial, diferente, en la que prevalece el talento, la curiosidad, el carácter impulsivo, las interminables horas de trabajo, el esfuerzo creador y la autocrítica, el sacrificio y a veces la incomprensión, la pasión, la sensibilidad, la búsqueda de la belleza sublime, el placer, la ensoñación, el deleite, la capacidad de transformar la fantasía, la fragilidad del alma ante la crítica, la deslumbrante visión del color, la particular percepción de la luz, la desbordante imaginación, la genialidad misma y hasta la excentricidad, dejar aparte lo convencional, las reglas mismas del arte para llegar a ser visionarios, compulsivos, intuitivos, desbordantes, versátiles… y miles de cualidades innatas o adquiridas, en las que no importa si eres hombre o mujer, porque lo que sí eres es un ARTISTA.

La fundación de la Asociación de Pintores y Escultores se fraguó según una idea de Mariano Benlliure, quien en 1904 y en el transcurso de un banquete celebrado en el Retiro en honor de los artistas premiados en la Exposición Nacional, propuso ya la “formación de una Sociedad de Pintores y Escultores Españoles, aún residentes en el extranjero, con objeto de defender sus intereses materiales y artísticos,… fomentar todas las manifestaciones del Arte por medio de Exposiciones en España y en el extranjero, crear una Caja de socorros y pensiones…y la instalación de un salón permanente donde los individuos que perteneciera a la Asociación pudiesen exponer sus obras, dando así mayores facilidades al público y a los artistas para la venta”.

Estas y otras ideas expuestas entonces fueron acogidas por todos los presentes y los ausentes cuando las conocieron, con unánime aplauso. Pero Mariano Benlliure no volvió a acordarse de ello y la idea quedó sumida en el olvido.

Años más tarde, fue Eduardo Chicharro quien recordando las palabras del maestro, decidió retomar la idea y recordar a todos los artistas que era preciso unirse para constituir una fuerza, para prestarse mutualidad y recíproco apoyo, y así se formó una Junta organizadora que convocó a todos los pintores y escultores madrileños y logró reunirlos en el gran salón de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Más de 150 acudieron a este llamamiento que se convirtió en Asamblea y que reunió a artistas anónimos y a otros de primera fila, y en donde se habló de la conveniencia de la reunión de todos los artistas y se leyeron los estatutos, que habían sido previamente repartidos con las invitaciones a la convocatoria, para que los que quisieran pudieran presentar modificaciones o sugerencias, y que fueron finalmente aprobados con total unanimidad.

Tal y como se dijo en aquella Asamblea fundacional, a la que asistieron nuestras socias fundadoras, la naciente Asociación contribuía a “la regeneración del artista y al resurgimiento del arte, tan abandonado en nuestra patria de los poderes públicos, como la más rica del mundo en Arte e inspiración pictórica y escultórica”, contando desde un principio con el incondicional apoyo de la prensa, justificando que “si el artista moldea las costumbres de los pueblos, el periodista moldea la conciencia pública, siendo, por tanto, hermanos gemelos el periodista y el artista”.

Las Socias Fundadoras

Como decimos, cinco fueron las mujeres que estuvieron dispuestas a apoyar la fundación de la Asociación de Pintores y Escultores y que como tal, firmaron y que presentamos según su orden de adhesión. En los próximos meses, iremos conociéndolas una por una y aprendiendo de ellas:

Socia Fundadora Nº 16: Luisa Botet y Mundi.

Socia Fundadora Nº 29: Marcelina Poncela de Jardiel.

Socia Fundadora Nº 94: Paz Eguía Viuda de Pina.

Socia Fundadora Nº 131: Carmen Alcoverro.

Socia Fundadora Nº 137: Pilar Montaner y Sureda.

.

Luisa Botet y Mundi

Luisa Botet y Mundi

.

jardiel

Marcelina Poncela de Jardiel

.

Paz Eguía

Paz Eguía, Viuda de Pina

.

carmen alcoverro

Carmen Alcoverro

.

pilar montaner

Pilar Montaner y Sureda

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, aceptas el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver Política de cookies
Privacidad