Obras, artistas, socios, pequeñas historias…
Por Mª Dolores Barreda Pérez
Gustavo de Maeztu y Whitney
MAEZTU Y WHITNEY, Gustavo P 1918 30 ago.1887 VITORIA ESTELLA
Autorretrato
Gustavo Jorge Pelayo Maeztu y Whitney nació en Vitoria el 30 de agosto de 1887. Pintor y escritor, fue miembro fundador de la Asociación de Artistas Vascos. Era hermano del escritor Ramiro de Maeztu y de la pedagoga María de Maeztu. Falleció en Estella el 9 de febrero de 1947, a los cincuenta y nueve años.
Autorretratos
Su padre, Manuel de Maeztu Rodríguez, era ingeniero y hacendado cubano, nacido en Cienfuegos y de ascendencia riojana. Su madre, Juana Whitney Boné, nació en Niza y era hija del cónsul británico en esta ciudad, Fernando Whitney, natural de Milán, y de Sara Boné, natural de Londres. Esta diversidad de orígenes familiares contribuyó a forjar el carácter cosmopolita que caracterizaría al artista.
Sus padres no llegaron a casarse y tuvieron cinco hijos: Ramiro, Ángela, Miguel, María y Gustavo. La muerte de su padre en Santa Clara, Cuba, en 1898, unida a los problemas administrativos relacionados con la herencia y al hundimiento de los negocios familiares en la isla, dejó a la familia en una situación económica precaria.
Ante estas circunstancias, Ramiro fue enviado a París con la familia materna, mientras el resto de la familia se trasladó a Bilbao. Allí, Juana Whitney fundó la Academia Anglo-Francesa, posteriormente conocida como Academia Maeztu, donde ella impartía inglés y Ángela enseñaba francés.
Foto familia Maeztu Whitney. Arriba, de izquierda a derecha: Ramiro de Maeztu, Ángela, Gustavo,
Ana de la Cortina, Miguel y María. Abajo, de izquierda a derecha: Mabel Hill,
Juan Manuel Maeztu, Juana Whitney y Mariuca Rosales de Maeztu
Tras una primera etapa de formación en Vizcaya, Gustavo de Maeztu viajó a París entre abril y junio, acompañado por artistas e intelectuales como Paco Durrio, Ignacio Zuloaga y Tomás Meabe. Durante esta estancia conoció también a Picasso y descubrió, a través de sus visitas al Louvre, la obra de algunos de los grandes maestros de la pintura española, entre ellos Herrera el Viejo, Zurbarán, El Greco, Velázquez y Ribera.
En 1905 participó en la que será su primera exposición colectiva al presentar obra a la Exposición de Bellas Artes de Bilbao.
En 1908 regresó a España y se instaló en Bilbao junto a su amigo y también pintor José Arrue. Ambos participaron en la creación de El Coitao, un periódico impulsado por un grupo de jóvenes artistas e intelectuales que contó con la colaboración de figuras como Miguel de Unamuno, Ramón de Basterra, Juan de la Encina, Tomás Meabe y José María Salaverría.
Ese mismo periodo estuvo marcado por su estancia en Sevilla. Durante la Semana Santa y la Feria de Abril, Maeztu y José Arrue entraron en contacto con el ambiente artístico y popular de la ciudad, y el mundo taurino despertó especialmente su interés. Allí coincidieron con Pablo Arriarán, José y Manuel Gutiérrez Solana y Ricardo Baroja. Maeztu, Arrue y Arriarán llegaron a instalarse durante unos meses en Triana, frente a la Torre del Oro, desde donde continuaron trabajando y recorriendo el entorno sevillano.
El artista pintando en su estudio
El artista en una fotografía de 1933
Gustavo de Maeztu retratando al General Zumalacárregui en 1937
En 1909, en un contexto político convulso, Maeztu se trasladó junto a su amigo Tomás Meabe, que se encontraba desterrado en Saint-Jean-le-Vieux, donde ambos se alojaron en el caserío Lutchienea. Durante esta etapa continuó pintando y acumulando experiencia, al tiempo que desarrolló su faceta literaria, que daría lugar posteriormente a varias novelas.
En 1910 se creó la Asociación de Artistas Vascos, iniciativa destinada a impulsar y difundir el arte vasco también fuera de España. Maeztu participó activamente en este ambiente artístico y cultural, junto a otros artistas e intelectuales que escribían en la prensa y mantenían reuniones destinadas a promover nuevas iniciativas relacionadas con las artes.
Paralelamente, desarrolló una importante actividad literaria. En 1910 publicó Andanzas y episodios del Sr. Doro y, al año siguiente, El gato azul, que el propio autor definió como una novela de acción.
En 1907 en París
1917: Homenaje a Pablo Picasso
1932 En su exposición de Autolitografias en Madrid
El 29 de octubre de 1910 surgió finalmente el proyecto asociativo en cuya junta directiva figuraba Alberto Arrue como presidente y Gustavo de Maeztu como uno de sus miembros.
En la Exposición de Arte e Industrias Decorativas de 1910, celebrada en México con ocasión del I Centenario de la Independencia de aquel país, logró Medalla y Diploma.
En 1913, debido a sus vinculaciones familiares, participó como actor en Fulano de tal se enamora de Manón, película dirigida por Benito Perojo y considerada una de las primeras producciones cinematográficas españolas bien documentadas. En ella compartió participación con la cupletista Consuelo Torres, conocida artísticamente como Manón.
Ese mismo año, participó en la II Exposición de Arte Moderno celebrada en los salones de la Sociedad Filarmónica de Madrid.
El 15 de mayo de 1914 celebró en las Galerías Dalmau de Barcelona su primera exposición individual. Fue el inicio de un amplio recorrido expositivo que, durante los años siguientes, le llevó a diferentes ciudades españolas, entre ellas Madrid, San Sebastián, Bilbao, Salamanca y Vitoria.
Dos chinos
Café de la Paix
En 1915 volvió a exponer en Barcelona, en la sala Can Parés.
En 1917 consiguió la Tercera Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes por su tríptico Tierra ibérica y ofrenda de Levanta a la Tierra Española.
Su actividad artística traspasó pronto las fronteras nacionales. En 1920 expuso en Sheffield y Leeds, en el Reino Unido, y al año siguiente regresó a Londres para presentar su obra en la Walker’s Gallery.
En 1921 participó en la Exposición de Artistas Vascos celebrada en Bilbao, y también en la edición de 1923.
En 1922 expuso en París, en las Galerías Devambez.
Su trayectoria internacional continuó en los años siguientes. En 1934 participó en una exposición itinerante de grabadores españoles que recorrió las ciudades de Graz, Viena y Múnich.
A partir de 1933, Navarra adquirió una importancia creciente en la vida y trayectoria de Gustavo de Maeztu. Entre el 1 y el 15 de julio de ese año, con el apoyo del doctor Juaristi, participó en una exposición organizada por la Escuela de Artes y Oficios de Pamplona. Era la primera vez que su obra se mostraba en Navarra, donde presentó óleos, estampas y grabados —que denominaba autolitografías—, además de ejemplos de un procedimiento pictórico sobre cemento, las encaústicas.
Anochecer en la Catedral de Tuy
Alegoría de Cantabria
Copla andaluza
Durante esta primera estancia aprovechó para conocer diferentes lugares de Navarra, entre ellos los monasterios de Irache y La Oliva.
El 17 de mayo de 1935, la Diputación Foral de Navarra le encargó la decoración mural del nuevo Salón de Sesiones del Palacio de Navarra, en Pamplona. El trabajo quedó terminado en mayo de 1936.
En junio de ese mismo año se instaló con su madre en Estella, donde ambos pensaban pasar el verano. El comienzo de la Guerra Civil alteró sus planes. Su hermano Ramiro, que había viajado a Estella para visitarlos, regresó a Madrid el 12 de julio y fue posteriormente hecho prisionero y finalmente fusilado el 29 de octubre de 1936, en las tapias del cementerio de Aravaca de Madrid por las milicias republicanas, como represión contra su pensamiento conservador, católico y monárquico.
En 1940 participó en la I Exposición de Artistas Navarros celebrada en Pamplona.
Eva
Bailarina semidesnuda
Dos toreros
La musa nocturna
Durante sus años en Navarra, Maeztu continuó desarrollando una intensa actividad artística. Realizó varios murales en edificios proyectados por su amigo Víctor Eusa, entre ellos el Hospital de San Juan de Dios. También pintó numerosas obras para la familia Baleztena y para la nueva parroquia de San Francisco Javier, donde realizó un cuadro dedicado al santo misionero.
Gustavo de Maeztu falleció en Estella el 9 de febrero de 1947, a los cincuenta y nueve años de edad.
Pamplona le honró poniendo una calle a su nombre: Pintor Maeztu, mientras que en Estella, además de una calle Gustavo de Maeztu, también existe en su recuerdo una placa conmemorativa en la casa donde residió, en la calle Mayor.
En el año 2011, el Museo de Bellas Artes de Álava tuvo lugar una Exposición Retrospectiva de 50 de sus obras.
El general Zumalacárregui
El orden
El mayor número de sus obras se conserva en Estella, donde se creó en su honor el Museo Gustavo de Maeztu, ubicado en el Palacio de los Reyes de Navarra.
Otro importante número de obras se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Vitoria, su ciudad natal, mientras que el Museo de Bellas Artes de Bilbao guarda también muchas de sus obras al ser la ciudad en la que vivió muchos de sus mejores años.
Mi hermana María
Las samaritanas
José María Iribarren, amigo íntimo del pintor y escritor, caracterizó con estilo ágil y afecto sincero a Gustavo de Maeztu en dos artículos que publicó en la revista Pregón en 1947, que a su vez también publicara la revista de la Sociedad de Amigos del Arte Arte Español. En el titulado “Genio y figura de Gustavo de Maeztu” Iribarren describe, al que fuera su gran y admirado amigo:
“Aún me parece verle, con su puro en la boca y su bastón, con su pelliza gris, guarnecida de piel de carnero (medio bohemia y medio pastoril) y aquella gorra horrible, aquella gorra azul de maletero, con visera de brillo, de la que él, a pesar de nuestras bromas, se mostraba tan orgulloso… Aún me parece ver su rostro inconfundible, su rostro vago y pálido, lampiño, casi blanco, aquel rostro sin cejas, donde los ojos, mínimos y azules, la nariz corta de anchas aletas, la boca grande y húmeda y el pelo escaso, con un mechón siempre rebelde en el cogote, le daban un aspecto de augusto, de un augusto aristócrata y jovial que tratase de ahogar, a voces y risadas, un viejo fondo de melancolía. Aún me parece oír sus carcajadas explosivas, que eran como una tos enorme, como un sifón de selz que se dispara de repente. Hablaba a ráfagas, como a brochazos, a frases sueltas y axiomáticas que remataba con un gesto de brazo, con un sacudimiento de cabeza, con una interjección rotunda, inapelable…
Era un hombre fantástico, mezcla de ingenuidad y de alegría, de ilusión y de excentricidad…
Cuando estaba de vena hablaba por los codos, de un modo arrollador, sentían admiraciones exageradas e indignaciones furibundas, porque era genialmente extremoso”…
Los novios de Vozmediano
Nieve en Jaundegui
Distingue también su poco aprecio del dinero, su falta de mercantilismo y su pródiga generosidad, que le hacía sentir admiración por la figura del “avaro”, en una oposición de valores.
También relata Iribarren cómo amaba a los animales, que incorporaba a sus pinturas humanizándolas o presentándoles como depositarios de ideas sublimes que el autor tenía en mente, acerca del valor de la raza o del futuro de la Patria.
Y sobre el pasado artístico de Gustavo, comentaba:
“A los 20 años se escapó a París. Era entonces casi un adolescente de revuelto cabello y ojos sagaces de un azul marinero, espigado y romántico, rebelde y descontentadizo. Soñaba con realizar un arte propio, colorista y dramático, fuerte y conmovedor. Dibujaba incansable y febril, semanas y semanas, para lanzar al fuego, en una racha de desilusión, sus apuntes de ayer. Vivió al día, una vida bohemia y agitada, absurda y turbulenta”.
Puente de San Juan, Estella
Pareja de club
Torada
Y de su paso por Londres: “Era momento en que “tenía mucho de perro vagabundo y un poco de ambicioso”, era entonces “muy poco serio y bastante divertido”. Gustavo, al que presenta como admirador de Turner, de Gavarni, de Goya, quiso renovar su arte, y por las noches, cuando marchaba en taxi desde el taller al club, a través de las calles en niebla, soñaba con hacer una pintura que, sin perder su raíz ibérica, tuviese una emoción universal. “Hay que hacer -se decía- un arte vario, trágico y grotesco”.
Y es entonces cuando, europeizado, siente el artista deseos de recorrer España movido por la nostalgia del emigrante, como escribe Iribarren “al estilo bohemio, con el álbum de apuntes al brazo, y los zapatos a la espalda, en carro y en caballería, conviviendo en ventorros y mesones con los tipos rurales, con el pastor y el trajinante, el arriero y la maritornes, dibujando retratos y apuntes para sus cuadros y sus aguafuertes.
España entera está en sus lienzos, dramatizada en su paisaje y en sus tipos más representativos, sin desdeñar el decorativismo, preocupado el autor por la belleza ideal.
Sintió el “regeneracionismo” de la misma manera que su hermano Ramiro, al igual que los literatos y pintores adscritos a la llamada Generación del 98, manteniendo una actitud semejante a la de otros pintores, como los vascos Zuloaga, R. Baroja, J. de Echeverría y V. de Zubiaurre; como Gutiérrez Solana y hasta Pablo Ruiz Picasso en un momento de su vida.
Por eso Maeztu viaja a los pueblos abandonados como a las ciudades. Madruga para ser testigo del amanecer, que frecuentemente plasma en sus lienzos. Vive y se zambulle en el paisaje, especialmente castellano. Es el interior mesetario donde trata de encontrar la España esencial, las raíces. Es el espacio en que bulle el repertorio humano, que en la figura del cura, del labrador, del boticario, de un sinfín de tipos, trasluce el espíritu de un pueblo.
Ante el altar. La Misa
Pero el Modernismo, surgido en la América Latina e importado a España por Rubén Darío, toca a algunos escritores y pintores españoles, cuyos estilos personales se inclinarán en lo sucesivo hacia el esteticismo. Es el caso de Gustavo de Maeztu que, mitad escritor y mitad pintor, será en parte noventayochista y en parte también modernista.
Como escritor, Maeztu coincidirá con el 98 en la actitud crítica con lo establecido, en su estilo directo; pero tomará del Modernismo una buena dosis de imaginación.
Como pintor, también puede decirse lo mismo.
Pero la búsqueda del esteticismo, que le conducirá a un decorativismo en su pintura mural, es plenamente modernista. Por modernista su estilo tiende a la grandiosidad, es imaginativo, fantasioso, metafísico. Por eso se ha calificado de simbolista la obra de Gustavo de Maeztu, que en sus invenciones de índole técnica pone especial cuidado en la preparación de una pintura al fresco sometida al fuego, en la consecución de cementos de color, en la compatibilidad del arte y la artesanía, en la recuperación del arte olvidado de la litografía.
Reclamó, como los renacentistas italianos, la colaboración de escultores y arquitectos con el pintor para la creación de obras inmortales. Posiblemente fuera idealista, pero es muestra del gran concepto que tenía del arte.
La tierra ibérica
Copla andaluza
Maja con cántaro
Pierrot en la taberna
Paisaje con búho
Valencianas de Estella
En su artículo “A Gustavo de Maeztu”, Iribarren habla del dolor de los estelleses ante su pérdida:
“¡Y si hubierais visto Estella el día de su entierro! El cielo gris, las calles mudas y el paisaje invernizo daban a la mañana una impresión silente y funeral. Doblaban las campanas en el aire pasmado y friolento, y las gentes de la ciudad, las que iban hacia el campo en sus caballerías, las que hacían sus compras en las tiendas de la calle Mayor, marchaban con el cesto adolecido y tácito de quien siente en el alma la muerte de un paisano queridísimo”.
1947: el entierro del artista
Gustavo de Maeztu y la AEPE
Socio de número inscrito en 1918: Maeztu, D. Gustavo de.-Orueta, 8, Bilbao
Congresista en la sección y mesa de Pintura el I Congreso Nacional de Bellas Artes de la AEPE
1920: El martes 30 de noviembre, día prorrogado oficial de clausura, el importe de las entradas fue a beneficio del proyectado monumento a Rosales y, hasta el día 3 de diciembre, se admitían inscripciones, para el homenaje que se pensaba hacer al Secretario General de la Asociación. De acuerdo con Heraldo de Madrid, de 15 de setiembre, por problemas de transporte las obras de Gustavo de Maeztu llegaron tarde al Salón, pero se instalaron.
En el IV Salón de Otoño de 1923, en el acta figuraba una larga lista de unos sesenta propuestos para socios, entre ellos Pablo Picasso y Rafael Botí, y una nota final comentada en otro punto: “El jurado hace constar que su deseo era hacer socios de honor a Pablo Ruiz Picasso y Gustavo de Maeztu, pero se han visto imposibilitados de hacerlo porque el Reglamento del Salón de Otoño sólo permite tal cosa respecto a aquellos artistas que ya sean socios”.
La Gaceta de Bellas Artes informó periódicamente de las exposiciones que realizaba, en 1925, en 1928, 1930 en la Bienal de Venecia, en la Exposición en Oslo de 1931…
Participó en las siguientes ediciones del Salón de Otoño:
I Salón de Otoño de 1920: El orden y La fuerza.
IV Salón de Otoño de 1923: Retrato del Arquitecto Zuazo, Retrato del Dr. Basterra y Retrato del Arquitecto Ularqui.
V Salón de Otoño de 1924: Misa nocturna.
VIII Salón de Otoño de 1928: Invierno en un canal de Haarlem y Barco de Ávila.
El museo Gustavo de Maeztu
En 1936, la Guerra Civil llevó a Gustavo de Maeztu a permanecer en Estella, ciudad en la que vivió hasta su fallecimiento en 1947. Poco antes de morir, fue nombrado hijo adoptivo de la localidad y manifestó su deseo de dejar allí su patrimonio artístico. Tras su muerte, y con la colaboración de José María Iribarren, se hizo realidad la donación de la obra conservada en su estudio.
En 1949 se creó el Museo Gustavo de Maeztu en el Palacio de los Reyes de Navarra. Las posteriores obras de restauración del edificio obligaron a trasladar los fondos a diferentes ubicaciones, lo que afectó a su conservación. Desde 1973, el legado permaneció almacenado y sometido a procesos de restauración, hasta que el impulso ciudadano y el apoyo del Gobierno de Navarra favorecieron la recuperación del museo.
Actualmente, el Museo Gustavo de Maeztu pertenece al Ayuntamiento de Estella-Lizarra, que gestiona la colección, mientras el Gobierno de Navarra aporta el edificio y colabora en su financiación. En 2010, el museo se incorporó al Sistema de Museos y Colecciones Museográficas Permanentes de Navarra.
La colección del museo está compuesta por más de 500 obras de Gustavo de Maeztu distribuidas en varias salas. En la planta noble se exhiben sus pinturas más representativas, óleos, acuarelas y obra gráfica, mientras que la segunda planta muestra dibujos, grabados, litografías y encáusticas que ilustran su proceso creativo.
Más allá de custodiar y poner en valor el legado de su protagonista, el centro actúa como un dinámico motor cultural que da voz a grandes creadores nacionales y navarros, desde figuras clásicas como Javier Ciga o Jesús Basiano hasta propuestas contemporáneas de vanguardia. Con entrada gratuita y una programación continua de muestras temporales, talleres y actividades, es el lugar perfecto para inspirarse, aprender y disfrutar del arte en todas sus dimensiones.












































