Historia viva de la Asociación Española
de Pintores y Escultores
Un recorrido por la memoria y
el legado de la centenaria institución
Por Mª Dolores Barreda Pérez
El debate contemporáneo en torno al Estatuto del Artista en España (institucionalizado formalmente a partir de las reformas parlamentarias de 2018) tiende a ser analizado como un fenómeno estrictamente coetáneo.
Sin embargo, el análisis histórico de las políticas culturales en España revela que la arquitectura conceptual de esta legislación transversal fue proyectada de manera pionera por la Asociación Española de Pintores y Escultores.
Si en un artículo anterior publicado en la sección “Historia viva de la AEPE”, pudimos comprender la importancia que tuvo en la historia del arte en España, la convocatoria del I Congreso Nacional de Bellas Artes de 1918, un hito logrado en solitario por la Asociación Española de Pintores y Escultores, ahora analizaremos un texto encontrado en los archivos de la AEPE titulado “Notas para la redacción del Anteproyecto del Estatuto del Artista”, que pese a no estar fechado, podemos situar en la década de los 70, en base a varios detalles técnicos y legales que recoge el propio documento y así lo demuestran.
Del documento hay que analizar varias cuestiones:
Habla de la ley del 1% Cultural: esta medida protectora se introdujo por primera vez en España en la Ley de Patrimonio Histórico Artístico de 1933, y ya no volvió a hablarse de ella hasta la aprobación de la Ley de Patrimonio Histórico de 1985.
En cuanto al concepto de Diseño Industrial: el documento debate si el «Diseño, capaz de industrializarse» debe considerarse arte. Este debate sobre el diseño industrial y los derechos de reproducción masiva es característico de la segunda mitad del siglo XX y anterior a las leyes educativas de la democracia.
Y finalmente, el lenguaje y formato: Usa términos como «Seguridad Social» bajo convenios autónomos, y además, la tipografía de máquina de escribir eléctrica sitúan el documento en plena transición española.
Un documento que tiene un enorme valor histórico, ya que demuestra que la Asociación Española de Pintores y Escultores no solo abrió el debate en el Congreso de 1918, sino que décadas después, volvió a adelantarse a todo el país redactando un borrador formal cuando nadie hablaba aún de un Estatuto del Artista moderno.
El estudio de este hallazgo pone de relieve la trascendencia de la AEPE como un vector prelegislativo indispensable. La corporación no solo articuló la transición del paradigma romántico de la «vocación» al modelo moderno de la «profesión», sino que diseñó los mecanismos de protección fiscal, laboral y de propiedad intelectual que hoy cimientan el derecho cultural español.
Introducción: La redefinición institucional de la AEPE
El actual Estatuto del Artista, aprobado en sus primeros bloques en 2018, suele presentarse como un logro estrictamente contemporáneo. Sin embargo, la justicia histórica exige volver la mirada hacia la Asociación Española de Pintores y Escultores (AEPE), una institución centenaria que ha actuado como el motor ideológico y legislativo de la profesión en España desde hace más de un siglo.
La historiografía tradicional del arte en España ha confinado con frecuencia el papel de las asociaciones decimonónicas y de principios del siglo XX al ámbito de la dinamización estética, la gestión de certámenes o la representación gremial. No obstante, una revisión crítica de la trayectoria de la Asociación Española de Pintores y Escultores (AEPE), fundada en 1910, obliga a reformular este marco analítico. La AEPE debe ser entendida como una institución de carácter prelegislativo; un foro de pensamiento crítico y técnico que operó de forma sistemática para dotar al creador visual de un marco jurídico autónomo dentro del entramado del Estado social.
Mapear los esfuerzos de la AEPE implica conectar dos grandes hitos de su historia: la convocatoria del I Congreso Nacional de Bellas Artes de 1918 y la posterior redacción interna, hacia el último tercio del siglo XX, de las Notas para la redacción del Anteproyecto del Estatuto del Artista. Juntos, ambos momentos demuestran que la corporación poseía una clarividencia sociolaboral que se adelantó por décadas a la propia administración pública.
Un análisis de sus archivos históricos demuestra que la AEPE no solo plantó la primera semilla en 1918, sino que fue la primera entidad en poner sobre papel un borrador real y estructurado bajo el nombre de «Anteproyecto del Estatuto del Artista».
El punto de inflexión de 1918: El nacimiento de la conciencia laboral
El Primer Congreso Nacional de Bellas Artes, celebrado en Madrid entre el 14 y el 21 de mayo de 1918 bajo el auspicio directo de la AEPE, constituye el acta de nacimiento de la política cultural contemporánea en España. En un contexto europeo convulso y una realidad nacional fracturada por la crisis de 1917, la AEPE demostró una inusitada capacidad de interlocución institucional, logrando reunir en el Paraninfo de la Universidad Central a la Corona, los ministerios competentes, las reales academias y los patronatos de los principales museos nacionales.
La relevancia de la AEPE en este congreso no radicó meramente en su éxito organizativo, sino en la mutación ontológica que propuso para la figura del artista. Por primera vez en un foro de dimensión estatal, se combatió la mitificación del arte como una actividad puramente espiritual o desinteresada. La ponencia de la AEPE introdujo conceptos disruptivos para la época: la dignificación económica, la estabilización profesional y la necesidad de regular las relaciones mercantiles entre el creador y la administración. Aunque las conclusiones del congreso encontraron resistencias bucráticas y una asimilación institucional lenta, la AEPE logró elevar la ordenación del sistema artístico a la categoría de debate público y cuestión de Estado.
El «Anteproyecto del Estatuto del Artista»: Un laboratorio de vanguardia técnica
El verdadero alcance de la AEPE como entidad pionera se manifiesta en su producción documental interna posterior. El texto mecanografiado Notas para la redacción del Anteproyecto del Estatuto del Artista es un testimonio archivístico de valor excepcional. El documento —cuya indexación temporal se sitúa en la horquilla de la transición política y la configuración de las leyes de patrimonio moderno— evidencia que la AEPE no limitó sus reclamaciones a la retórica, sino que asumió la responsabilidad técnica de legislar el sector.
El rigor del anteproyecto se despliega en cuatro ejes fundamentales que estructuran de forma idéntica las demandas que hoy en día, ya en el siglo XXI, configuran el Estatuto del Artista real:
- La acotación jurídica y laboral del creador: Consciente de la complejidad de definir la figura del artista ante la emergencia de las técnicas industriales y el diseño en serie, la AEPE propuso la creación de un Censo Nacional de Artistas. Este censo no pretendía una exclusión elitista, sino la delimitación de un sujeto de derecho protegido, diferenciando la praxis profesional de la actividad amateur o «dominguera» para posibilitar la asignación de ventajas y derechos laborales.
- La intermitencia y la especificidad de la Seguridad Social: Uno de los mayores logros del documento es la propuesta de un convenio especial de cotización a la Seguridad Social adecuado a las particularidades de los creadores plásticos, anticipando la actual fórmula de la intermitencia. El texto de la AEPE preveía tanto el régimen de autónomos como las especificidades de aquellos creadores vinculados por contratos de exclusividad con galerías o editoriales (que se nos vende como uno de los mayores logros del estatuto actual).
- El blindaje de la Propiedad Intelectual y el Droit de Suite: El documento muestra una profunda preocupación por la vulnerabilidad del artista frente a los agentes del mercado (marchantes, subastas y editoriales). La AEPE propuso una defensa férrea de los derechos morales y patrimoniales, exigiendo de manera pionera la aplicación efectiva del derecho de suite o de participación en las sucesivas reventas públicas de las obras, así como el consentimiento expreso del autor para evitar la destrucción o fragmentación caprichosa de su producción por parte de los adquirentes. (El droit de suite, o derecho de participación, es un derecho de propiedad intelectual que permite a los artistas plásticos y visuales (como pintores o escultores) recibir un porcentaje económico cada vez que sus obras originales son revendidas en el mercado secundario).
- Fiscalidad y Mecenazgo (El 1% Cultural): La propuesta de vincular el Censo Nacional de Artistas con las adjudicaciones de las obras derivadas del 1% Cultural denota una visión macroeconómica de la cultura. La AEPE exigió que las comisiones provinciales y un Consejo Superior de Bellas Artes fiscalizaran estos proyectos para arrebatar la selección artística del «capricho de criterios poco formados» de constructores y promotores, garantizando que los fondos públicos revirtieran directamente en el tejido profesional.
Conclusión: La relevancia de la AEPE en la historiografía del derecho cultural
Reducir la memoria de la Asociación Española de Pintores y Escultores a sus méritos puramente academicistas o a su rol de cronista de la memoria visual del país es incurrir en un reduccionismo histórico. La AEPE se erige, por derecho propio, en la piedra angular de la legislación cultural española.
La correlación entre las demandas mecanografiadas en su anteproyecto histórico y el cuerpo de Reales Decretos aprobados por el Gobierno de España entre 2018 y 2026 es casi simétrica. Conceptos como la compatibilidad de las prestaciones, la cotización adaptada a la intermitencia o la regulación de la propiedad intelectual frente a los abusos del mercado —que hoy celebramos como conquistas de la modernidad— ya habían sido estructurados, razonados y defendidos por los equipos jurídicos y artísticos de la AEPE. Por consiguiente, este hallazgo documental no solo enriquece el patrimonio de la centenaria institución, sino que resitúa a la AEPE como el faro intelectual e indispensable que trazó la hoja de ruta hacia la dignidad de la profesión artística en España.
La AEPE no solo ha pintado y esculpido la historia de España; también redactó las leyes de su dignidad.
