Director de la Academia de España en Roma
Promotor, Fundador y Vicepresidente de la Junta Constituyente de la AEPE
Presidente de la AEPE
Es preciso adelantar que David de Almeida parecía un actor de cine, antes que cualquier otra cosa; un galán de película, un dandi. ¡Buena planta, bien parecido, adecuada indumentaria, cadencia, presencia, naturalidad! Afable, cortés, sonriente, caballeroso sin afectación, con algo de flema inglesa o de distancia.
He dicho parecía, la primera impresión de su imagen. Otra cosa es lo que era, con rasgos a veces coincidentes y otros no. De piel blanca tirando a rosada, sencillo, campechano, mollar, cariñoso, enamoradizo, elegante. No importa dónde ni ante quién siempre su compostura era distinguida, armónica, lúcida, tranquila, incluso lúdica. Y un esteta, del griego aiscetés. que percibe por los sentidos. En el DRAE, esteta es quien “considera el arte como un valor esencial”, un versado en estética o un cultor de la belleza.
Se tenía por un hombre de izquierdas. Me parecía más bien un liberal, sin dogmas, sin ataduras, libre para decidir y opinar, para relacionarse. No hablaba adunia de política, pero actuaba de una forma que determinaba su conducta, su epiqueya. Relacionaba entre sí a sus amigos, creando lazos de fidelidad. Estuve en reiteradas ocasiones con él, acompañado de José Saramago y Rogério Ribeiro, Cisela, João Prates, Mónica…
A pesar de esa impronta de dandi, de señor refinado que no se mancha las manos, que trabaja con la palabra y el pensamiento, resulta que sí que trabajaba con las manos y que se manchaba de pintura, de tintas, en traje de faena, una suerte de mono blanco, porque hasta para eso era coqueto, o limpio, o pulcro. Visto en ropa de calle, en su día a día, uno no se hacía la idea de cómo se transformaba en el taller o realizando un grabado.
Otra paradoja: pareciera que sólo era grabador, o sólo pintor, cuando era mucho más. Porque le apasionaba la fotografía, porque practicó una escultura, nunca bien difundida, escasa pero intensa, donde deja ambuezas de sensibilidad y lisura, asociada con el canto de un pájaro, con una meguez, con un verso corto pero inmenso. Asiduo de la poesía, de poetas que musican los gestos, los signos y escriben sobre transparencias.
Hizo varios libros, con mucho mimo y creatividad, en colaboración, entre otros con José Saramago, Premio Nobel de Literatura. Tampoco debemos ocultar su obra pública, la única expuesta a todos: sus pinturas parietales de los Metros de Lisboa y Sao Paulo; Macao, Sao Pedro do Sul o el Memorial José Saramago.
Le conocí en 1989, cuando hizo una magnífica exposición en la galería Tórculo de Madrid y escribí acerca de la belleza de su creatividad. Era una obra sutil realizada con pasta de papel, blanca como la nieve, con incrustaciones de hilo de cobre, que lloraba en un verde veronés produciendo una sensación emotiva. Desde entonces nos vimos con frecuencia en Madrid, Lisboa, Marbella, Betanzos, Porto, Cascais, Peso da Régua…
Junto a João Prates la amistad se intensificó, se clarificó. J. Prates, director del CPS, ingeniero y artista, fotógrafo y hacedor de libros, persona sensible y fiable, colabora con obra y con todo tipo de apoyos hacia el nombre de David, de quien fue amigo y seguidor, confidente y protector, editor y ángel. Y lo sigue siendo, respetuoso guardián de sus esencias. Suyas son las fotografías que aquí se exhiben cabe este texto.
¿Minimalista? Si, pero algo más. Enamorado perene del papel. Comenzó con acrílicos sobre arpilleras, monocromas, pero cuajadas de signos de vida y de silencio. En un principio fue el blanco, luego iba compartiendo espacios con el negro y otros colores de fondos, comprometido con la sobriedad, con la soledad, la elegancia. Fue adjuntando, a modo de collage, otros elementos de hierro, cobre, zinc, madera quemada, acero, latón, en piezas espléndidas de 2011; arcilla, cartones, papeles… Y unas rarezas, ya en 2004, de telas y bambúes, desnudas escenografías para la inauguración de una plegaria.
¿Qué determina la obra de Almeida? La pureza, la limpidez, la esencialidad. Su pasión por el papel atañe al grabado, pero también al amor por los libros propios y ajenos. Gran lector, estaba al tanto de lo que se publicaba, pero es también importante referirse a los libros que ahormó, como dibujante y grabador, colaborando con poetas y escritores. En 1988, puso sus dibujos a la poesía de Egito Gonçalves, O mapa do tesouro, editado por Campo de Letras, Porto, en su colección “Aprendiz de Feiticeiro”.
El más relevante fue Os poemas possiveis de José Saramago con estampas de Almeida. Con unos textos míos y sus serigrafias armó Cadencia, edición de cien ejemplares, Centro Portugués de Serigrafía, Lisboa, 2011, propuesta diseñada y concebida por João Prates. Sin menospreciar las tarjetas que diseñó para recitales y encuentros de poesía.
En España tuvo grandes admiradores y conocedores de su obra como Antonio Lorenzo, Monir, Gonzalo Cabo, Luis Feito, Jesús Núñez, Juan Carrete, José Luis Morales y Marín, J. Mª. Luna, Antonio Maura, Paco Farreras, a quien a su vez admiraba David, que forjó una exposición de su obra en Lisboa y defendía su trabajo a donde fuere. Julio A. Zacchrisson, que fue un maestro del grabado, valoraba y ensalzaba su trabajo por su perfección técnica y su poética andradiana. Tenía mucho de Branco no branco de Eugenio de Andrade.
Me regaló muchas cosas, libros, pinturas, la esculturilla de Pessoa, aquella famosa y primera en el género de Brito. Pero nada tan importante como su amistad, su confianza, su cariño y aquella sonrisa que prometía un paraíso. Tuvo un alto sentido del pudor, que le hizo conducirse con señorío y con solercia, con distinción, con lisura. Cuando hubiera cumplido ochenta años, le recordamos y lo damos a conocer a otros para que, a través de su obra, las nuevas generaciones se hagan una idea del vuelo de su aspiración.
David de Almeida, hijo de herrero, nació en Sao Pedro do Sul el 7 de noviembre de 1945 y falleció en Lisboa, 2014. Eso quiere decir que el pasado 7 de noviembre era su aniversario. Para incidir en esa efeméride, un grupo de amigos y colegas, capitaneados por Saskia Moro, hemos concurrido a este homenaje cuyo contenido se muestra en la sede de la Sociedade Nacional de Belas Artes, Rua Barata Salgueiro, 36, 1250-044, Lisboa, hasta el 6 de diciembre. Después, se expondrá en Árvore, Cooperativa de Actividades Artísticas, de Porto.
Entre los promotores: la Sociedade Nacional de Belas Artes, las Fundaçoes Gulbenkian, José Saramago y Jorge Alvares; AICA Spain, Centro Portugués de Serigrafia, C.C. São Lourenço, Atelier D. de Almeida y las hijas del artista. Mas, el peso de la convocatoria lo ha llevado Saskia Moro, la comisaria de este emociónate encuentro. Saskia Moro, Londres 1967, doctora en Bellas Artes por la Universidad Complutense, con un pie en Madrid y otro en Lisboa, pintora y grabadora, un dilatado historial de exposiciones y premios; trabajó con David y tuvo fuertes lazos de amistad y de aprendizaje con el maestro.
Entre las obras originales de David de Almeida, de distintas épocas y técnicas, se han ubicado las de los amigos: dos piezas realistas, barrocas, en mármol blanco de Vitor Ribeiro. Un calatorao soberbio, la Esfinge Atlántica de Alcántara, cabe otras esculturas de Paulo Neves y Rui Matos. Pinturas de aquella pareja maravillosa formada por Rogério Ribeiro, ya desaparecido y Cisela Björk, pintora y persona a la altura de su excelencia. Obras de Jaime Silva, retratos y miscelánea de Antonio Homem Cardoso; mi admirado y viejo amigo Diego Moya, José Brito, Francisco Providencia, José Emidio y joyería artística de Inés Almeida.
Una mágica fotografía del chileno Roberto Santandreu, mago de la imagen con misterio, del retrato de Francisco Ariztía; los grabados do mestre Marçal y dos obras de la comisaria, Saskia Moro, donde pone de manifiesto la dimensión de su contención y la sutileza de su técnica. Saskia es el arcángel del azul que fluye, sus celajes nos elevan al disfrute de la armonía lírica.
Con la bienvenida de Jaime Silva, SNBA, y Saskia Moro, a la inauguración asistieron: Ana, Sonia e Inés Almeida; Rui Penedo, Pilar del Río, J.A. Pinto Ribeiro, antiguo ministro de Cultura; el compositor y galerista António Prates, la doctora Emilia de Dios, Carmo Lourenço, Ana Barata, Antonio Maura, Humberto Marçal, la celista Irene Lima, el gran Vítor Ribeiro, Roberto Santandreu, el director de la Casa de América Latina, Manolo Gordillo, Cisela Björk, Alexandra Silvano, José Brito, Marie Huber, Mena y João Prates, José Moura, la poeta Lauren Mendinueta, António Homem Cardoso, Diego Kovadloff & Alejandro Erlich Oliva…
David de Almeida paseó la elegancia de su quehacer por cuatro continentes y su obra, vista con ojos del presente, no ha perdido ni un pizco de frescura y actualidad. ¡Cuándo una obra conserva la actualidad y la latencia, adquiere el valor de lo clásico, que tiene que ver con lo que está bien hecho! Propuesta pintiparada para repasar la fertilidad de su existencia y la proceridad de su trabajo: una visión sutil del arte a través de una obra instalada en la dimensión, la riqueza espiritual y la solercia.
Tomás Paredes
Presidente H. AICA Spain
Obras, artistas, socios, pequeñas historias…
Por Mª Dolores Barreda Pérez
REGOYOS VALDÉS REGOYOS Y VALDES, Darío de P 1910(N ) 1.nov.1857 RIBADESELLA LAS ARENAS 29.oct.1913
Autorretrato, 1895. Darío de Regoyos
Darío de Regoyos nació el 1 de noviembre de 1857 en Ribadesella, Asturias, en el seno de una familia de clase media.
Su padre, Darío de Regoyos y Molenillo, natural de Cabezón de Pisuerga, Valladolid, era ayudante de Obras Públicas en Asturias; en su desempeño, participó en el tendido de ferrocarriles. En Madrid se ocupó de la urbanización de los barrios madrileños de Argüelles (en el que se estableció con su familia) y Pozas. Además de su dedicación a la arquitectura ocupó algún cargo público y era diputado provincial de Madrid cuando falleció, en 1876.
Su madre, la gijonesa Benita Valdés Sieres, estaba relacionada con la burguesía de aquella villa asturiana.
Darío pasó su infancia en Asturias, donde se inició en el dibujo de la mano de su padre, gran aficionado a la pintura.
Después, la familia se trasladó a Madrid, donde estudió el bachillerato y mostró interés por la pintura y la música.
En 1876 se matriculó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la asignatura de Introducción al paisaje que impartía el socio de la AEPE, Carlos de Haes, introductor en España de las técnicas plenairistas.
Fotografías del artista en diferentes momentos de su vida
En el año 1879, viajó a Bruselas acompañando a Isaac Albéniz y Enrique Fernández Arbós, donde tomó contacto con la ‘modernidad artística’ y se convierte en discípulo de Joseph Quinaux.
Se une en 1882 al grupo de L’Essor (El Vuelo), creado en 1876 por un heterogéneo grupo de artistas, seguidores de diferentes estéticas, y cuyo objetivo común era una negación del neoclasicismo y el academicismo.
Sin embargo, Regoyos, por su preferencia inicial por los artistas del Realismo frente a los vanguardistas, se distanció de L’Essor dos años después, habiendo expuesto solo junto a ellos durante los años 1883 y 1884.
Promovido por el abogado y pintor Octave Maus y el mecenas y escritor Edmond Picard, nace en el año 1883 el grupo denominado Les XX, formado por veinte miembros (once fundadores y nueve invitados), que se hacían llamar veintistas, y estaba conformado por artistas como James Ensor, Theo van Rysselberghe o Fernand Khnopff.
Tres pinturas de Theo Van Rysselberghe en las que retrata a Darío de Regoyos tocando la guitarra
Su objetivo era promover una exposición anual, en las que cada artista presentaría seis obras, que al no existir jurado, niega o suprime la competición entre ellos. Todo esto sería, finalmente, acogido por un catálogo, así como un simultáneo ciclo de conferencias y conciertos. Entre los invitados a estas exposiciones figurarán nombres inscritos en lo más alto del desarrollo impresionista, como Paul Gauguin, Camille Pissarro o Toulouse-Lautrec.
Ese mismo año, Darío de Regoyos decide volver a pasar los meses del estío en Guipúzcoa, que con los años acabaría por convertirse en su residencia permanente, en la casa que poseía del camino de Ategorrieta, cerca de San Sebastián, donde recibió las visitas de Pío Baroja, Zuloaga, Durrio, Uranga… y otros artistas con los que promoverá exposiciones de carácter colectivo como las llevadas a Bélgica por la Asociación de Artistas Vascos.
Retrato de Darío de Regoyos, obra de Miguel de Unamuno
Retrato de Darío de Regoyos, obra de Vázquez Díaz
Darío de Regoyos, por Ramón Casas
En 1888, Darío de Regoyos le escribe una importante carta al poeta Émile Verhaeren, donde le invita a realizar juntos un viaje por España, del que nacería el libro La España Negra, que comenzó en Guipúzcoa y siguió por Guetaria, Zarauz, Rentería, Pamplona, Madrid, Ávila y Burgos.
No obstante, en primer lugar sólo se publicaron las observaciones de Émile Verhaeren, en la revista L’Art Moderne, bajo el nombre Impresions d’artiste. No es hasta su publicación en la revista Luz, fundada por el propio pintor, cuando recibirá el nombre de La España Negra, con la ampliación de esta con ilustraciones xilográficas y una serie de textos realizados por él mismo. Son, sobre todo, las aportaciones de Darío de Regoyos las que posicionan este libro como una obra crítica con la España del momento, y el que además, decide finalmente añadirle el calificativo de negra.
Las obras sobre esta España pueblerina y tradicional, se caracterizan por una búsqueda latente por la expresión, y unas ideas que le acercan a la que será la generación del 98. Una cercanía que no se basa, exclusivamente, en la idea trágica sobre España que plantean estos autores, sino la forma de vivir y ver el paisaje, donde predominan las ciudades crepusculares, la sensación de ruina, y de ser intercambiables entre ellas.
Derribos, Granada
Altos hornos, Bilbao
Otro artista que influyó en Regoyos fue El Greco, de quien copió obras en el Museo del Prado, donde se consigna su entrada como copista el 6 y el 23 de diciembre de 1884, pasión que transmitió a su amigo y también socio de la AEPE, Ignacio Zuloaga.
A partir de 1890 Regoyos, que sólo había participado en exposiciones realizadas en Bélgica y Holanda, comenzó a hacerlo también en París, en Madrid y en Barcelona. La acogida que tuvieron sus exposiciones en el Salón de los Independientes de París y en la galería Durand Ruel, fue buena. Sin embargo, en las Exposiciones de Bellas Artes de Madrid fue relegado a las peores salas y obtuvo críticas muy negativas, a pesar de lo cual participó en todas las celebradas entre 1890, año en que presentó cinco obras de tamaño mediano, y 1912.
Además de participar en el Salón anual de los XX, y quizá animado por el carácter internacional que en 1892 tenía la convocatoria de la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, presentó en ésta cuatro óleos, entre ellos su Noche de difuntos, el pastel Hijas de María y dos aguafuertes.
La crítica no fue favorable pero hubo excepciones, como la de Augusto Comas y Blanco, que en El Correo, señaló acerca de sus obras: “no son fantasías hijas de un cerebro perturbado, sino impresiones verdaderas transmitidas por procedimientos desusados”.
Almendros en flor
Aguacero en la Bahía de Santoña
Costa vasca por la mañana
Participó con su obra en el Salón de los Independientes, donde expuso también en 1894 y 1895, los comprendidos entre 1901 y 1906, en 1908 y 1911.
En 1894 participó en la Segunda Exposición General de Bellas Artes de Barcelona con cuatro cuadros.
En 1894 pintó Víctimas de la fiesta (Colección Cajastur), que envió a la exposición de la Libre Esthétique de 1895, año en el que concurrió con siete obras de La España negra al Salón de los Independientes de París. Esta serie anticipa los temas de desgarrado expresionismo de José Gutiérrez Solana que, como el mismo Picasso, apreció mucho a Regoyos. El artista visitó ambas exposiciones en Bruselas y París, donde le acompañaron sus amigos Camille Pissarro y Van Rysselberghe.
El 19 de octubre de 1895 se casó en Bilbao con Henriette de Montguyon, hija de los condes de Montguyon, franceses pero residentes en la capital vizcaína, con la que tuvo seis hijos.
Los problemas de salud de su mujer y los suyos propios, van a empezar a complicar la vida del pintor, que hasta el momento se mantenía en una situación acomodada, por lo que tuvo que multiplicar para poder financiar los cuidados que requería su familia, su participación en certámenes de pintura sin gran éxito.
A través de su amigo Pissarro, conocerá al marchante Paul Durand-Ruel, que comercializará progresivamente su obra, en la que prueba técnicas puntillistas, siendo el único español que llevará a cabo esta técnica en la que emplea mucho tiempo para su realización, y que finalmente abandona.
En 1897 se publicaron las quince litografías de El Álbum Vasco, en las que aparece bien marcada la visión de la España negra y que sólo tuvieron algún éxito en Barcelona. En esta ciudad, el artista fue asiduo de El Quatre Gats, el principal núcleo de la renovación artística catalana, donde realizó en 1898 una exposición individual.
Efectos de luz. Estación del norte de Bruselas
Fiesta vasca
La Concha. Nocturno
A partir de 1900 vuelve a sus rápidas pinceladas y a pintar en su mayoría al aire libre, durante un nuevo viaje por España en busca de diferentes paisajes. Esta serie de pinturas aumenta ligeramente su popularidad, consiguiendo a través de un impresionismo tardío, un equilibrio perfecto entre las tonalidades verdes, ocres, malvas y azules y en su composición.
En 1901 volvió a viajar con Verhaeren a través de La Rioja y de Castilla. Sus exposiciones se hicieron más frecuentes y, entre ellas, destacan individuales en Durand-Ruel en cada uno de los años de 1901 a 1905, fecha esta última en la que también expuso en la Sala Parés de Barcelona.
También continuaron sus viajes, aunque el conjunto más importante de sus obras lo pintó en el País Vasco. En ellas aparece un planteamiento opuesto a la pintura de ejecución fácil y colorido luminoso de Sorolla. Formó así un frente común con Zuloaga y los pintores afines al 98, y los principales escritores de esta generación escribieron en distintas ocasiones en favor suyo.
En 1904 obtuvo en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid una Mención de Honor, pero sufrió un duro ataque por parte de la crítica, no sólo por parte de Antonio Cánovas, Ismael Estevan y Rafael Doménech, que le eran hostiles, sino también de escritores luego más comprensivos con lo moderno, como Francisco Alcántara y José Francés, que años después le defenderían.
En 1908, año en que obtuvo una Medalla de Tercera Clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, expuso en el Salón Vilches de Madrid y participó en el Salón del Círculo con cuatro cuadros.
El baño en Rentería
Plaza de Burgos al atardecer
Noche de difuntos
El pino de Béjar
Tras dos estancias en Durango durante las cuales pinta diversas vistas de la villa y de localidades vecinas, en 1909 se traslada a Guecho y recibe los cuidados del médico Juan Antonio Gádiz, dado su cada vez peor estado de salud.
En 1910 realizó un viaje a Granada donde estuvo varios meses, pasando luego a Bilbao y, en busca de un clima más benigno, se trasladó a Barcelona, donde vivió entre septiembre de 1911 y mayo de 1912. Allí recibió el diagnóstico de su enfermedad: cáncer de lengua, que trató de curar viajando a Suiza y Alemania.
A su regreso a Barcelona, perdió la capacidad de hablar y celebró varias exposiciones individuales en Bilbao (1911), Barcelona (1912 y 1913) y Buenos Aires (1912).
Falleció en Barcelona, el 29 de octubre de 1913, tras haber continuado pintando hasta el final de sus días.
Pancorbo, el tren que pasa
El paso del tren
En Bélgica, en 1914 recibió el homenaje de una exposición a cargo de la asociación La Libre Esthétique, promovida por su director Octave Maus.
Considerado maestro de la luz y el color, en su pintura, se advierte un creciente simbolismo, en donde prácticamente todos los elementos responden a una idea mayor, en forma de metáfora.
Como pintor, es indudable que poseía una gran curiosidad, con la cual fue capaz de dejar de lado el naturalismo y adentrarse en el impresionismo, e incluso superarlo, con el puntillismo y pre-simbolismo. Llega así a ser más atrevido que pintores contemporáneos como Sorolla o Ignacio Zuloaga.
Su dibujo resulta un tanto primario, casi naif, en contraste con un colorido vivo de gusto internacional, que entonces era mayoritariamente denostado en España.
Existe una amplia muestra de su arte en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, el MNAC de Barcelona y el Museo Carmen Thyssen de Málaga.
La granja
Las redes
Plencia
Si se intentase dividir su pintura por etapas, habría que centrarse en el concepto, más que en el método, para encontrar diferencias. Como dos grandes categorías la pintura de Regoyos puede entenderse como en ocasiones íntima y en otras, crítica y expresiva. En la primera, la pintura estará supeditada a la consecución de un instante, de un recuerdo o de una impresión de la naturaleza. La paleta aquí, es clara, de colores suaves o a veces, artificiales. En la segunda se mantiene siempre crítico, con una visión desgarrada de la realidad y donde alcanza el expresionismo. Es en su etapa madura como pintor cuando se adentra en el plenairismo. Esta etapa pictórica podría resumirse fácilmente en las palabras del propio pintor en la revista francesa Mercure de France en 1905, cuando aseguró que “Si volviera a comenzar mi vida, volvería a utilizar una paleta clara, sin tierras, sin negros, y sólo haría paisaje, entregándome por completo a las impresiones que recibiera de la naturaleza”.
Por los muertos
Una calle de Córdoba
Sierra Nevada
Aunque el protagonismo es del paisaje, Regoyos introduce siempre figuras humanas que se integran perfectamente el paisaje.
Artistas españoles posteriores le tendrán como referencia, tanto por su rebeldía como por su obra, como Picasso, y escritores del 98, como Baroja, por su actitud, y su color en España, el negro.
Tiene calles en su honor en Oviedo, Ribadesella, Bilbao, Durango, Irún, Rentería, Azuqueca de Henares y Cabezón de Pisuerga.
Puerto de Bilbao
Mercado de Durango
Viernes Santo en Castilla
El puente del Arenal
Por Mª Dolores Barreda Pérez
HERRANZ CONSTENLA, Isidoro P 1967 4.abr.1913 NAVA ASUNCION MADRID 26.may.1995
Vocal de la AEPE
Socio de Honor
Isidoro Herranz Constenla nació el 4 de abril de 1913 en Nava de la Asunción, un pequeño municipio de la provincia de Segovia.
Era hijo de Vicente Herranz Bercial y de Antonia Constenla Casado, matrimonio que tuvo además otros dos hijos: Filomena y Gabriela.
Casado con Leoncia de Miguel Ricote, natural de Capisábalos, Guadalajara.
Falleció el 26 de mayo de 1995, a los 82 años de edad en Madrid.
Tierras del Atazar, obra presentada al 54 Salón de Otoño
Los pocos datos que sobre él se conservan, los conocemos y reseñamos gracias al trabajo del Bibliotecario de la AEPE, Fernando de Marta.
1966, Segundo Premio Provincial de Madrid.
1968, Primer premio Exposición Provincial de Madrid.
1969, Mención de Honor en la Exposición Nacional de Gibraleón.
1971, Segundo Premio del 1er certamen Santa Mª de Europa.
1972, Segundo premio IV Bienal de Avila.
1972, Segunda Medalla y Premio de las Provincias en Segovia.
1983, Tercer Premio Nacional de Huelva.
1968, Tercera Medalla. 1969, Segunda Medalla. 1969, Premio Jesús Aramburu.
1970, Accésit en 1970
1971, Primera Medalla del Salón de Otoño, Premio Pincel de Plata Galería Alcón y Premio Mª Luisa Martín en el Salón de Otoño.
1971, Premio Galerías Preciados
1973, Premio El Corte Inglés
1975, Premio Excmo. Ayuntamiento de Madrid
1980, Medalla Antonio Casero
1983, Premio Santiago de Santiago en el 50 Salón de Otoño
1984, Premio Excmo. Ayuntamiento de Madrid
Tierras de Castilla, del Salón de BBAA de 1982
Mirando a Valdemanco, del 34 salón de otoño
Manzanares el Real, del 34 salón de otoño
Isidoro Herranz Constenla y la AEPE
Vocal de la Junta Directiva de la Asociación en 1971, 1979 y 1980.
Vicesecretario de la AEPE de 1972 a 1978, y de 1981 a 1987.
Fue durante muchos años el Vocal encargado de exposiciones.
Promotor y principal impulsor de la Exposición de Pequeño Formato de la AEPE.
Jurado de numerosos Salones, actuando como secretario del mismo, y en otros certámenes, representando a la Asociación, como los Certámenes de Alcorcón de 1981, 1983 y 1987, o en la Diputación de Pontevedra.
Participó de forma activa en la redacción de los boletines informativos que editó la Asociación por los años 70.
Participó en las siguientes ediciones del Salón de Otoño:
34 Salón de Otoño de 1963: Mirando al Valdemanco y Manzanares
36 Salón de Otoño de 1965: Preparando la marcha y Navas de la Asunción
37 Salón de Otoño de 1966: Parque Sindical y Sepúlveda
38 Salón de Otoño de 1967: Paisaje de Ávila y Guadalix de la Sierra
39 Salón de Otoño de 1968: Berrocal de Sepúlveda y Sequía
40 Salón de Otoño de 1969: Atardecer en Ávila, tierras de Colmenar, Terras secas, Contraluz en la gruta y Segovia
41 Salón de Otoño de 1971: Pancorbo y Tierras doradas
42 Salón de Otoño de 1972: Pueblo Alcarreño y Tierras del Cid
43 Salón de Otoño de 1973: Pueblo de Gerona
Exposición de Bellas Artes de 1976: Guadalix de la Sierra, Tierras de Castilla y Tunos
45 Salón de Otoño de 1977: Toledo y Tobalinilla (Burgos)
46 Salón de Otoño de 1978: Sepúlveda y Valle de Tabladillo
47 Salón de Otoño de 1979: Barracos de Sepúlveda
48 Salón de Otoño de 1980: Sepúlveda y Paisaje de Castilla
49 Salón de Otoño de 1981: Casas de Sepúlveda y Tierras de Uceda
Salón de Bellas Artes de 1982: Pueblo de Gerona y Tierras de Castilla
50 Salón de Otoño de 1983: Barrancos del Atazar y Ávila
53 Salón de Otoño de 1986: Paisaje de Torrelaguna y Tierras del Atazar
54 Salón de Otoño de 1987: Tierras del Atazar
1978, Entrega de premios del Salón de Otoño, presidida por el Alcalde de Madrid, José Luis Álvarez
1983, Marcos Bustamante preside el acto de entrega de premios de San Isidro en la sede social
Barrancos del Atazar y Ávila , del 50 Salón
Almuerzo de entrega de los premios del XLI Salón de Otoño (Gaceta de Bellas Artes) En la foto recordamos a Ramón Ferreiro, L. Brihuega, F. Prados de la Plaza, J.Luis Pecker, Manuel G.M. Alcover, Isidoro Herranz, Manuel de Iñigo, Moreno Navarro, Miguel Carrión, José Barragan, Santiago de Santiago, Carmelo Basterra…
XLII Salón de Otoño Acto de entrega de premios. En la foto reconocemos a: Urbano Gamero, M.G.M.Alcover, Santiago de Santiago, Miguel Carrión, López Herrera, Isidoro Herranz, Fdez Aguilló, Justo Revilla, L. Brihuega, Ramón Ferreiro (Presidente), Sr. Aparisi, (representante del Ayuntamiento), Edmundo Lloret…
1973, S.A.R. el Príncipe D. Juan Carlos recibe en audiencia a la Junta Directiva. De izquierda a derecha: J. Barragan, ¿?, L. Brihuega, M. Alcover, Prados de la Plaza, R. Ferreiro, I. Herranz, S.A.R. D. Juan Carlos, ¿?, ¿?, Iñigo, Santiago de Santiago, M, Carrión, Moreno Navarro, ¿?
1972 Entrega del premio de la IX Exposición de San Isidro: Ramón Areces, Miguel Carrión, Santiago de Santiago, Isidoro Herranz, Luis Brihuega y José Mª Fernández Aguillo
1977, Mesa presidencial de la entrega de premios del Salón de Otoño con: Brihuega, el Marqués de Lozoya, Herranz, Carrión y María Reneses
De nuevo la opinión pública, esa corriente que lidera no sabemos quién pero que es capaz de apedrear a quien no siga las normas de estilo artístico impuestas por la cultura woke, se ha hecho oír, berreando.
Se lo cuento a una amiga ajena al hecho cultural a quien le ha chocado la noticia. Resulta que un artista sevillano llamado Fernando Vaquero, ha hecho totalmente gratis un cartel para anunciar la Cabalgata de Reyes de Sevilla, con todo el cariño del mundo y como regalo sincero a su ciudad. El cartel es en realidad una imagen viva y recreada de su infancia, cuando a él mismo le trajeron los reyes una camiseta del Betis.
Se trata de un óleo sobre lienzo en el que se ve a un niño, el propio artista, que en la mañana de reyes va al salón a buscar los regalos, entre los que hay una túnica de la Hermandad de la Macarena, una bolsa de papel con el escudo del Ateneo, patrocinador de la cabalgata y hasta el rostro de su hija en una de las figuras infantiles.
La escena del niño pintado de espaldas en una estancia iluminada por el amanecer de la festiva jornada, refleja a ese niño con el que todos nos podemos identificar… bueno, todos no, ya se ve.
Pues resulta que ahora, los del Sevilla Club de Fútbol y los de la Hermandad de la Esperanza de Triana, los “rivales” de los símbolos inmortalizados en el cartel, se han ofendido gravemente. Pues vaya novedad. Aquí todo el mundo se ofende… como siempre… por todo.
Vivimos en una España en la que la gente se ofende con mucha facilidad por cosas mundanas, por el arte, por los símbolos ocultos del arte, por las palabras y los dichos, por los géneros y sexos, y otros miles de asuntos banales de importancia menor.
Pero resulta que en España no se ofende la gente por el robo, la malversación de fondos públicos, los sobornos, tráfico de influencias, la corrupción, las mentiras del gobierno, las promesas incumplidas, la manipulación, la ocultación de hechos, los escándalos de encubrimientos, los atentados a la democracia y a sus instituciones, la censura… por todo eso, nadie se ofende.
Por estas revelaciones que indican un claro abuso de poder público en beneficio privado, que socavan la confianza en las instituciones y tienen unas graves consecuencias económicas y sociales debido a la falta de transparencia y la desinformación, todo ello en aras de ocultar las prácticas corruptas, por todo ello, como digo, nadie se ofende. Por el cartel de la Cabalgata de Sevilla, sí.
Una vez más, gana la corrección política en lugar del sentido común. Una corrección que mina el humor y la capacidad crítica de la sociedad, en la que los chistes de hace apenas 10 años ahora son atentados, son censurados y mal vistos por la sociedad en su conjunto, perdón, por la ciudadanía. Hasta las canciones del Dúo Dinámico son calificadas de pornografía y machistas… no sé dónde vamos a ir a parar…
Todos sabemos que la mitad de nuestra sociedad es bastante intransigente… pero sólo en ciertas cosas por supuesto, no en las verdaderamente graves, como los delitos mencionados anteriormente.
Por eso desde esta tribuna, animo a los artistas a seguir explorando los límites, a seguir molestando y agitando conciencias. ¿No es esa una de las funciones del arte?
Dicho esto, puede parecer que apruebo cualquier manifestación artística en la que se ataque por ejemplo a los católicos, o a los monárquicos o a otros colectivos mal vistos ahora por la cultura woke.
Nada más lejos de la realidad, porque meterse con ellos, en la España de hoy en día, resulta impune a todos los niveles. Y es que sea cual sea el insulto o la ofensa, los jueces han decidido que cualquier falta de respeto en este sentido, es “libertad de expresión”, y a falta de amparo legal, y gracias a la ideología woke, hay mucho más respeto a otros colectivos, como los musulmanes o republicanos, porque esos ataques pasan por faltas de respeto, ofensas e insultos.
Sin embargo, no hay razón para que no se pueda llevar a cabo una crítica lógica, racional y respetuosa. Crítica que no se da en manifestaciones filosóficas o de la razón, ya que no se escriben ensayos ni artículos, ni discursos serios y fundamentados. Lo que se hace es ridiculizar artísticamente de una forma burda y pobre, en mensajes visuales que ofenden por la falta de discurso, además de groseros y reiterativos, faltos de imaginación y de ingenio.
Y es que para ello hace falta ingenio, maestría, arte… mucho arte.
Así que los del Sevilla, los de la Hermandad de la Esperanza de Triana, se convierten en realidad en intolerantes. No salen ellos en el cartel, pero se oponen a que salgan otros. Y aquí llegamos a un punto en el que empezamos a ver ejemplos que causan espanto, como la defensa de las pobres gallinas que son violadas brutalmente a diario por el gallo, o aquellos vegetarianos que no se contentan con comer verduras, sino que se oponen y se ofenden si tú comes carne…
La censura y autocensura nos constriñe a lo políticamente correcto, y así no podemos crecer.
Decía en esta misma tribuna en otro momento de controversia, que el arte actual se jacta de su temática y su contenido, despreciando el oficio, la belleza y la creación; pensando sólo en la idea, las más de las veces una idea política, como no podía ser de otra manera. Visto así, hasta podría colar, pero es que esas ideas son muchas veces ligeras y frívolas, sin hondura ni peso intelectual, olvidando que la obra es una creación estética para elevar el espíritu e iluminar la condición humana. Pero que es ante todo libre y debe respetar la libertad de creación de su autor, que en España brilla por su ausencia.
Ofendidos se sintieron también con el cartel de la Semana Santa de Sevilla de 2024, al contemplar un Cristo actual y hermoso, bello y joven, reparando únicamente en el impacto que genera, sin analizar la belleza de la obra, las horas de trabajo, el talento de sus creadores, el concepto que las inspira y su contenido.
Lo que ahora presenciamos es una vuelta de tuerca al hecho creativo, que no respeta al artista y que intenta coartar su libertad, al censurar su obra y sus propios recuerdos.
Es triste, muy triste, pero de algo hay que hablar.
Si nos ponemos quisquillosos, deberían ofenderse también todos aquellos que no se ven identificados en esa imagen, por ejemplo: las asociaciones de niños/as/es paralíticos, porque el del cartel es un niño/a/e sin discapacidades, los niños/as/es morenos, porque el del cartel es rubio, los niños/as/es gordos, perdón con sobrepeso, los negros, perdón los de color, los chinos, perdón los asiáticos, las personas calvas, perdón alopécicas, los mendigos, perdón personas sin hogar, porque en el cartel se adivina el salón de una casa, los que no creen en los reyes magos, los que creen en Papá Noel, que no aparece en el cartel…
Vaya por Dios, ya estamos otra vez con los eufemismos, la política y la ideología woke…
Es decir, ahora el artista, tiene que pintar algo que a pesar de ser fruto de su inspiración y libertad creativa, no ofenda a nadie…??? El acto creador pasa así a convertirse en una censura repleta de mensajes subliminales carentes de ofensa a colectivos agraviados por todo que no soportarán una imagen libre llena de talento y genialidad.
Decíamos en otro artículo que el arte ofende a quien lo mira con ojos sucios, a quien busca sexo en cuerpos desnudos que a diferencia de los clásicos, hieren la sensibilidad de la opinión pública. Los cuadros de batallas en los que han quedado inmortalizados los horrores de la guerra, deberían ahora descolgarse de museos y colecciones porque contienen imágenes que pueden resultar ofensivas, ya no se ven como lecciones de historia, sino como una crueldad innecesaria y grotesca que bien puede desaparecer.
Así alimentamos la cultura del escándalo, del miedo, la desconfianza, de lo irreal, a base de una sobreprotección artística que se empeña en regresar a la corrección política y a la censura.
Y como siempre, la ofensa depende de quien la mire, porque lo que cuenta es la interpretación de la obra, que contará con tantas opiniones como espectadores.
Todos tienen derecho a que no les guste y pueden expresar su opinión y rechazarla públicamente. Pero lo que no puede consentirse de ninguna manera, son los insultos y amenazas de las que está siendo objeto el artista.
La falta de educación de la opinión pública para poder leer contenidos artísticos se traducirá siempre en un enfrentamiento que nos aleja del diálogo enriquecedor que necesita la sociedad actual. Lejos de admirar críticamente la obra, nos atrevemos a descalificarla y lo que es peor, juzgamos al artista, lo ridiculizamos y vejamos de todas las maneras posibles. Su reputación queda así ya marcada en su trayectoria, sea cual sea la grandeza de su arte.
Sería estupendo que todos pudiéramos contemplar el cartel de una manera profesional y más crítica. Que un seguidor bético o sevillista pudiera ver la ternura de la escena, más allá de su fanatismo exaltado y nos preguntáramos qué es lo que ofende del cartel en realidad. Porque el artista ha puesto imagen a un recuerdo de su niñez y estoy convencida de que cuando lo hizo no pretendió ofender a nadie.
Alabado por unos, cuestionado por otros, una imagen puede ayudar a comprender qué está pasando en nuestra sociedad para que una escena de infancia sea así censurada.
Pero pese al debate y las pretendidas ofensas, la discusión radicaría en si como artistas, tenemos o no un derecho a expresarnos como mejor sabemos, y si nuestro arte puede ser motivo de ofensa para alguien. La crítica que se hace a esta obra es clara: no estamos respetando el hecho creador.
Es urgente evitar que los censuradores triunfen. Y es urgente revisar nuestro sentido de la ofensa y el agravio. No hablamos ya de un problema de carteles y amenazas al autor, sino de la falsa apropiación de una supuesta moral pública en la que los ofendidos, que son plaga, qué digo plaga, son una peste en estos tiempos, decidan qué se puede decir y en definitiva, qué es arte. El problema es que la polémica del cartel está llena de vergüenza, esa que no sentimos por el robo, la malversación de fondos públicos, los sobornos, tráfico de influencias, la corrupción, las mentiras del gobierno, las promesas incumplidas, la manipulación, la ocultación de hechos, los escándalos de encubrimientos, los atentados a la democracia y a sus instituciones, la censura… por todo lo que parece que nadie se ofende.
Por Mª Dolores Barreda Pérez
LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA
ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES
Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.
GARCIA MIRANDA, Piedad 1981 11.oct.1923 MADRID MADRID
Piedad García Miranda posando junto a su obra Las lilas ,con la que obtuvo la Medalla de Oro belga 1980, de la Académie Européenne des Arts
Piedad García Miranda nació en la Colonia del Comercio de Carabanchel de Madrid, el 11 de octubre de 1923.
Era la última de los seis hijos del matrimonio formado por Francisco y Lorenza. A la muerte de su madre en 1926 la familia se traslada al barrio madrileño de Salamanca, donde cursará sus estudios.
El inicio de la Guerra Civil le sorprende en la casa familiar de Villasecino de Babia, en León, donde se encontraba junto a sus hermanos Mercedes y Paco, quedando así separados del resto de la familia durante toda la contienda.
Al terminar, Piedad retomará sus estudios en Madrid, y ante la oposición familiar a iniciar los estudios de Bellas Artes, cursará la carrera de Derecho en la Universidad Central de Madrid, que concluirá obteniendo la licenciatura en 1951.
Flores
Chatarrería de Puerta Cerrada
Casada con el abogado madrileño Juan Manuel Vicent en 1957, el matrimonio tendrá tres hijos, a cuyo cuidado se dedicará enteramente Piedad hasta que, a principios de la década de 1970, alcanzan una edad que le permite retomar su vocación por la pintura.
Entonces, se matricula en la Facultad de Bellas Artes. Sin embargo, antes de iniciar su primer curso, otro estudiante le convence para que ceda su plaza para que alguna persona más joven pudiese iniciar sus estudios, por lo que renuncia a su matrícula.
A pesar de todo, y decidida a continuar con su vocación artística, comienza a tomar clases de pintura de la también socia de la AEPE, Marisa Roesset, en el estudio que esta tenía en la calle Ortega y Gasset de Madrid, consolidando allí su formación hasta la muerte de su maestra, acaecida en 1976.
Decide entonces inscribirse en la Escuela nº 2 de Artes y Oficios de Madrid, donde conoce a la pintora y también socia de la AEPE, Maruja Bardasano, comenzando a trabajar en el estudio de ésta con la supervisión del maestro y también socio, José Bardasano.
En esta última etapa iniciará la participación en múltiples exposiciones colectivas y certámenes internacionales.
Castañas
Bodegón castellano
Expondrá en las Galerías Cava Baja, Caja de Ronda y Verona de Madrid, Doña Endrina de Navacerrada y Casino de la Manga del Mar Menor.
Resultará finalista en los certámenes Premio Cullera, Premio Casa de Ávila, Premio Día del Mar de Guadalajara, Premio Artes y Oficios de Huelva y Premio Ciudad de Puertollano.
Y como miembro de la Académie Européenne des Arts participará en diversos certámenes, obteniendo la Medalla de Oro Belga en la exposición de la AEA celebrada en Charleroi en 1980, la Medalla de Plata Internacional de la AEA en 1981 y la Medalla de Honor (Colectiva) de la ciudad de Charleroi, también en 1981.
Los diplomas acreditativos de la concesión de medallas de la Académie Européenne des Arts, en su caballete junto a su paleta
En 1982 monta su propio estudio junto con la pintora y socia de la AEPE, Carmen García Cabrerizo, que mantendrán en activo hasta finales de los años 90.
Posteriormente, y ya sin la disciplina de un estudio, seguirá pintando en la intimidad de su hogar.
Firmó toda su obra como Miranda.
La despensa
Maternidad
Mariscadoras
Falleció en Madrid, en 2020.
Esta biografía ha sido posible gracias a los datos biográficos proporcionados por uno de sus hijos: José María Vicent García, a quien agradecemos también el aporte gráfico de las obras.
Holandesa
Uvas y melón
Retrato de Juan
Paloma y José en la orilla
Muñeca de trapo
Retrato de Paloma
Retrato de Paloma a carboncillo
Dibujo regalo de José Bardasano
Cristo, carboncillo
Palacio de Cristal del Retiro
Trucha (óleo). Colgado en la Taberna La Trucha de Madrid
Vista del estudio que tenía con Carmen García Cabrerizo
Piedad (izquierda) junto con la pintora Carmen García Cabrerizo, en una exposición conjunta en la Galería Cava Baja de Madrid
Las dos medallas de la Académie Européenne des Arts
La artista en su madurez
Socio de Honor
Vicepresidente de la AEPE
Santiago de Santiago, que tiene repartidas su obras por todo el mundo -México, Dinamarca, China, Japón, Grecia…-, realizó a lo largo de su vasta carrera bustos para personajes relevantes del mundo de la política, la cultura y de la Familia Real Española, entre los que figuran Nancy Reagan, el Rey Felipe, los Príncipes Elena, Felipe y Cristina, el conde de Barcelona o la emperatriz Michiko de Japón.
Socio de Honor
Rafael Botí se nos muestra en sus cuadros como un verdadero enamorado de la naturaleza. Ha llevado a sus lienzos paisajes de encantadora espiritualidad, cuya belleza hubiera pasado desapercibida para los ojos profanos.
En la policromía de sus cuadros revela que su retina impresionista ha sabido recoger con extraordinaria precisión las múltiples tonalidades de los jardines y huertas, adormecidos bajo la diáfana claridad de sol del mediodía, para ofrecérnosla en un admirable conjunto de luces y de colores.
Socio Fundador
Vocal de la Junta Constituyente
Socio de Honor
Tesorero de la AEPE
«La Bailaora» demuestra que Benedito ha asimilado y llevado a su propio terreno las lecciones de maestros modernos y contemporáneos. Así lo vemos en el claroscuro de reminiscencias barrocas que otorgan dramatismo y espectacularidad a la escena, pero también es fácil establecer conexiones con el desenfado de la obra de Toulouse-Lautrec, así como una cierta atmósfera de retratos de Renoir.
Presidente de la AEPE
Socio Fundador
Socio de Honor
Director del Museo del Prado
Este cuadro titulado «En la huerta», fue realizado en Almería, donde el pintor acudió el verano de 1902 para recuperarse de fiebre tifoidea contraída en Roma, estableciéndose entonces en el cortijo que su abuelo paterno poseía en el pueblo almeriense de Vera.
Las grandes pinceladas revelan la influencia de Sorolla en sus primeros años de producción.