Presento mi candidatura a la presidencia de la AEPE
Presidir la AEPE es un acto de amor, entrega y compromiso con los artistas
Ser Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores no es, ni ha sido jamás, un simple trabajo.
No es una tarea administrativa ni un renglón más en un currículum. Para mí, es algo profundamente íntimo, algo que nace del lugar donde uno guarda lo más auténtico de sí mismo. Mi corazón y mi alma son mi trabajo, porque lo que hago aquí no se puede separar de lo que soy.
Dentro de esta casa centenaria, en la Asociación Española de Pintores y Escultores, yo no soy únicamente el cargo que figura en mi tarjeta de visita. Ese título, aunque digno y honorable, es apenas una etiqueta formal, casi anecdótica frente a lo que de verdad importa.
Lo verdaderamente esencial es la entrega, la energía que pongo cada día, el compromiso sincero y desinteresado con los artistas, con su crecimiento, con su visibilidad, con la defensa constante de su dignidad y de su lugar en la sociedad.
Porque es ahí, en esa entrega silenciosa, donde se crea la oportunidad real de marcar una diferencia. Ahí es donde se construyen los cimientos de algo que trasciende al cargo y al nombre propio. Y es ahí donde, con humildad pero también con orgullo, reconozco que estamos haciendo una contribución que instituciones, organismos, creadores y amantes del arte valoran y reconocen.
Mi vocación, esta pasión que me sostiene, es la que quiero que todos vean y escuchen. Quiero darle forma, envolverla con sensibilidad, presentarla con honestidad, para que el mundo de la cultura la reconozca y la valore como una fuerza viva, como una luz que no se apaga a pesar de las dificultades.
El director de orquesta argentino Ángel Mahler lo expresó de una manera que siempre me ha conmovido: «El talento tiene que ver con el placer, y el verdadero placer es hacer lo que amas». Y es ahí, justo ahí, cuando uno ama lo que hace con todo su ser, cuando de verdad existe una oportunidad de dejar huella. No una huella grandilocuente, sino una huella sincera, hecha de trabajo, amor por el arte y respeto por quienes lo crean.
Y eso es lo que hago, día tras día, siendo el Presidente de esta gran casa de los artistas. Una casa que resiste, que se adapta, que celebra, que acoge y que sueña. Una casa que no existe sólo en sus paredes o en sus actos, sino en cada persona que la sostiene, la siente y la honra con su trabajo.
Es esto lo que me llena de orgullo, lo que me emociona profundamente y lo que me impulsa a seguir adelante, incluso cuando el camino se vuelve cuesta arriba. Continuamos esta lucha desigual, esta batalla diaria por mantener viva una institución que representa tanto para tantos, y en esta travesía me acompaña, con su lucidez y su fuerza, nuestra Secretaria General y Secretaria Perpetua, Mª Dolores Barreda Pérez, quien en números anteriores nos recordó, con la claridad que la caracteriza, la magnitud del esfuerzo y la belleza de la misión que llevamos entre manos.
Y así seguimos: con pasión, con entrega, con amor por el arte y por quienes lo hacen posible. Porque esta no es sólo una responsabilidad. Es un privilegio. Es un honor. Y es, sobre todo, un acto de amor.

