José Gabriel Astudillo López
Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores
«Una emoción que comparto con todos vosotros»
Queridos socios, queridos amigos, queridos artistas:
Hay noticias que se comunican. Y hay noticias que se sienten.
Esta es, para mí, una de esas noticias que cuesta escribir porque detrás de las palabras hay demasiadas emociones, demasiados recuerdos y, sobre todo, demasiadas personas.
Hoy quiero compartir con vosotros una de las mayores alegrías que he vivido al frente de la Asociación Española de Pintores y Escultores: el Salón de Otoño ha recibido el Premio de Cultura de la Comunidad de Madrid a las Artes Plásticas.
Y mientras escribo estas líneas, no puedo evitar pensar en todos aquellos que hicieron posible que hoy estemos aquí.
Pienso en los artistas que un día soñaron con tener un espacio propio, en aquellos que, hace más de un siglo, entendieron que unidos podían defender mejor el arte y a quienes lo hacen posible.
Pienso en quienes trabajaron cuando nadie miraba, en quienes dedicaron horas, esfuerzo y generosidad a esta Asociación sin esperar nada a cambio.
Pienso en nuestros socios, en los que estuvieron, en los que están, en los que todavía no han llegado.
Y pienso, inevitablemente, en todos los artistas que han pasado por el Salón de Otoño, porque cada uno dejó algo de sí mismo en nuestra institución: una obra, una ilusión, una esperanza, un recuerdo…
Algunos encontraron allí un reconocimiento, otros encontraron una oportunidad y otros más, simplemente, encontraron un lugar en el que sentirse artistas entre artistas.
Y eso, para mí, es lo verdaderamente hermoso. Porque un Salón de Otoño no son solamente sus obras, sus premios, sus catálogos o sus inauguraciones.
El Salón de Otoño son las personas que lo hacen posible, y detrás de esas personas siempre ha estado la AEPE. Por eso este premio me emociona especialmente.
Porque no siento que estén premiando solamente un certamen. Siento que, de alguna manera, están reconociendo el esfuerzo silencioso de generaciones enteras, están reconociendo a quienes mantuvieron encendida una luz cuando habría sido más sencillo apagarla y están reconociendo a quienes creyeron que el arte necesitaba una casa.
Y esa casa es la Asociación Española de Pintores y Escultores, nuestra casa.
HOY ME ACUERDO DE MUCHOS
Me acuerdo de los presidentes que me precedieron, de las personas que ocuparon cargos en nuestra Junta Directiva y dejaron en ellos parte de su vida.
Me acuerdo de quienes estuvieron al frente de la Secretaría, de la administración, de las exposiciones, de los jurados y de tantas tareas que nunca aparecen en los titulares, pero sin las cuales nada habría sido posible.
Me acuerdo de los artistas que ya no están, y me gustaría que, allí donde estén, pudieran conocer esta noticia, porque este premio también es suyo.
Y me acuerdo especialmente de nuestros socios actuales, de los que vienen a nuestras exposiciones, de los que participan en nuestros concursos, de los que nos llaman, escriben, preguntan, proponen, ayudan y nos animan a seguir y de los que, incluso cuando las cosas no son fáciles, continúan creyendo en la AEPE.
A todos vosotros quiero deciros algo muy sencillo: gracias.
SER PRESIDENTE DE LA AEPE
Ser Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores es un honor inmenso. Pero también es una responsabilidad que se comprende mejor cada día.
Porque cuando uno ocupa este puesto, deja de mirar solamente hacia delante y empieza a sentir detrás de sí el peso de una historia enorme, una historia que no nos pertenece, una historia que recibimos y que tenemos la obligación de cuidar.
Por eso, cuando hoy recibo esta noticia, no pienso en un reconocimiento personal, sino en la responsabilidad que tenemos de seguir estando a la altura de quienes nos precedieron y también pienso en quienes vendrán después.
Quiero que dentro de muchos años haya otros artistas celebrando que la AEPE sigue viva. Quiero que nuestros sucesores puedan seguir hablando del Salón de Otoño. Quiero que siga habiendo artistas que encuentren en nuestra Asociación un lugar donde mostrar su obra, crecer, aprender, compartir y sentirse acompañados. Quiero que sigamos siendo necesarios.
NADA DE ESTO SERÍA POSIBLE SIN UN EQUIPO
Y sería injusto hablar de este momento sin detenerme especialmente en quienes, día tras día, hacen posible que la AEPE funcione.
Este premio no habría sido posible sin el trabajo, la dedicación y el compromiso de nuestra Junta Directiva.
Detrás de cada exposición, de cada convocatoria, de cada concurso, de cada gestión y de cada iniciativa hay muchas horas de trabajo que rara vez se ven. Horas que se hacen por amor al arte y por amor a esta institución.
Quiero reconocer públicamente ese esfuerzo y agradecer a todos y cada uno de los miembros de la Junta Directiva y del personal de administración su entrega, su generosidad y su compromiso con la Asociación.
Pero quiero hacer una mención muy especial a Mª Dolores Barreda Pérez.
Quienes conocemos de cerca la AEPE sabemos que su trabajo es mucho más que el que puede reflejar un cargo o una función.
Mª Dolores ha sido, y es, una verdadera artífice de la extraordinaria gestión y del funcionamiento de la Asociación.
Su dedicación constante, su conocimiento profundo de nuestra institución, su capacidad de trabajo, su memoria, su rigor y, sobre todo, su entrega personal han sido fundamentales para que la AEPE pueda seguir adelante, crecer y mantener viva una actividad que exige una enorme cantidad de esfuerzo cotidiano.
Hay trabajos que se ven y otros que sostienen todo lo demás sin que apenas se perciban. El suyo pertenece, muchas veces, a esa segunda categoría. Por eso hoy quiero decirlo públicamente y con todo mi cariño y reconocimiento: Mª Dolores, este premio también lleva tu nombre.
Porque detrás de muchas de las cosas que hacemos, de muchas de las puertas que abrimos y de muchas de las iniciativas que conseguimos sacar adelante, está tu trabajo incansable.
Y por eso quiero que conste. Porque hay reconocimientos que deben compartirse, y este es uno de ellos.
A ella, a la Junta Directiva y a todas las personas que trabajan y colaboran con la AEPE, mi más sincero agradecimiento.
LO MÁS IMPORTANTE NO ES EL PREMIO
El premio es algo extraordinario en nuestra historia, y debemos celebrarlo.Por supuesto que sí. Pero para mí hay algo todavía más importante y es que este reconocimiento nos recuerda que merece la pena seguir y defender el arte cuando todo parece ir demasiado deprisa.
Merece la pena proteger esos espacios en los que una obra puede ser contemplada sin prisas, merece la pena apostar por un artista que empieza, merece la pena conservar nuestra memoria, merece la pena cuidar nuestras tradiciones sin dejar de mirar hacia el futuro. Y merece la pena, sobre todo, seguir creyendo en aquello que un grupo de artistas creyó hace más de un siglo: que juntos somos más fuertes.
ESTE MOMENTO TAMBIÉN ES VUESTRO
Por eso no quiero que nadie sienta que este premio es algo que sucede lejos. Es nuestro, es de todos, es de la AEPE, es de cada socio que alguna vez llevó con orgullo nuestro nombre, es de cada artista que presentó una obra al Salón de Otoño, es de cada persona que estuvo seleccionado en una de sus exposiciones, es de cada familia que acompañó a un artista, es de cada amigo que nos ayudó a continuar, y es también de quienes todavía no saben que algún día formarán parte de esta historia.
Quizá esa sea la emoción más grande que me produce este reconocimiento: saber que no estamos celebrando solamente lo que fuimos, sino que celebramos lo que todavía podemos llegar a ser.
GRACIAS, DE CORAZÓN
Hoy quiero permitirme algo que quizá no hacemos suficientemente en nuestra vida cotidiana: dar las gracias.
Gracias a quienes hicieron posible la AEPE. Gracias a quienes la conservaron. Gracias a quienes la defendieron. Gracias a quienes la hicieron crecer. Gracias a quienes hoy trabajan para que continúe. Y gracias a todos vosotros por acompañarme en esta responsabilidad.
Cuando llegue el momento de entregar este premio, no subiré a recogerlo pensando que es mío. Subiré pensando en todos vosotros. Y, sobre todo, pensando en aquellos artistas que hace más de cien años decidieron que el arte merecía tener una casa.
Nosotros somos, simplemente, los custodios de aquel sueño. Y mientras tengamos fuerzas, seguiremos cuidándolo. Con humildad, con orgullo, con ilusión y con la certeza de que todavía nos quedan muchas páginas por escribir.
Gracias por estar ahí.
Gracias por creer en la AEPE.
Y gracias por hacer que, después de tantos años, podamos seguir diciendo con emoción y con orgullo:
Somos la Asociación Española de Pintores y Escultores.
José Gabriel Astudillo López
Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores


















































































