Maravillas Flores Müller

Por Mª Dolores Barreda Pérez

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LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

MARAVILLAS FLORES MÜLLER

 

FLORES MULLER, Maravillas    P     1946   20.ene.1905    LA CAROLINA (J)   MADRID

Maravillas Flores Müller nació el 20 de enero de 1905 en La Carolina, Jaén.

Poco sabemos acerca de su vida, si bien debió ser una artista completa, puesto que además de su faceta de pintora, cuenta con otra importante como “cuentista”.

Así aparece en la obra “La Reconstrucción del espejo: el cuento español en la Antología de cuentistas españoles contemporáneos”, de Francisco García Pavón, según el trabajo de investigación de Gloria García Urbina del año 2009 para la Universidad Autónoma de Barcelona.

El trabajo ofrece un estudio exhaustivo de la Antología de cuentistas españoles contemporáneos, de Francisco García Pavón, obra que contribuyó en su día a la difusión y consolidación del cuento en nuestro país y en la que puede observarse la evolución que ha experimentado el género en España desde los años de la primera posguerra hasta la década de los ochenta.

En la obra se cita textualmente:  “Más temprana es la (antología) realizada por Federico Carlos Sainz de Robles, Cuentistas españolas contemporáneas, en 1946, dedicada en exclusiva a figuras femeninas. La edición, publicada en la colección “Crisol” de la editorial Aguilar, no contaba con un aparato crítico que permitiera conocer la trayectoria profesional y vital de cada una de las autoras, pero sí de una nota preliminar en la que el compilador habla de la situación del cuento, y sobre todo de la condición de las escritoras de cuentos. Nombres hoy casi desconocidos como Luisina Alberca, María del Carmen Barberá, María Bollaín, Isabel C. Bosque, María Cordero Palet o Maravillas Flores Muller, formaban el plantel de esta obra, hasta un total de veintidós autoras cultivadoras de un género que Federico Sainz de Robles consideraba profundamente español”…

De su actividad como pintora, podemos afirmar que presentó obra al 23, 25 y 27 Salón de Otoño, concretamente al XXIII Salón de Otoño de 1949, inscrito con el número 103, la obra “La niña del jarro”; al XXV Salón de Otoño de 1952, dos óleos titulados “Atardecer” y “Chozas”; mientras que al XXVII Salón de Otoño de 1955, presentó un óleo bajo el título de “Juanito el plantao”.

En Madrid, donde imaginamos que transcurrió su vida, vivía en la Calle Ferraz número 50.

Concurrió también al XLIV Salón de Otoño de 1974, donde consiguió una Segunda Medalla con el óleo titulado «Iglesia de Aldea» y el Premio “Esperanza Belloso”.

Nos consta además que sus inquietudes artísticas la llevaron a realizar algunas exposiciones; sobre todo por el Díptico – Catálogo de la que realizara del 1 al 15 de marzo de 1949 en la Sala Kebos, situada en la madrileña Plaza Vázquez de Mella, número 12 (horario de visita: de 7 a 9), en la que exhibió 50 de sus obras.

Para este díptico-catálogo, contó con una crítica muy especial que de su obra hizo Francisco de Cossío, periodista español, académico de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid y ​Director del Museo Nacional de Escultura de Valladolid y gracias a la cual, podemos conocer su identidad pictórica:

“Hace algunos años, siendo Murita Flores una niña, me presentaron unos dibujos suyos que me dejaron asombrado. No era el caso de precocidad, la edad para el juicio no contaba, era el sello personal, la síntesis perfecta de la forma, la pureza del perfil en la que la sabiduría jugaba un papel más importante que la ingenuidad.

Desde entonces, paso a paso, he venido siguiendo su proceso y su progreso como pintora. De una parte, su facilidad, y, de otra, su lucha. En plena juventud nos hallamos ante un (ilegible) en el que, sin romper normas, ni (ilegible) a prejuicios de escuelas, se mueven sus pinceles con la independencia y la soltura del que no quiere asombrar, sino simplemente expresar. Decir lo que siente y mostrar lo que ve. En este aspecto su pintura se nos ofrece de una manera espontánea, sin artificio, ni retórica, como reflejo sano de su sensibilidad. Esto ya es bastante en una época en la que los diferentes “ismos” inquietan a no pocos jóvenes que quieren inventar la pintura, cuando lo que hacen es imitar a muchas pinturas ya inventadas.

Los resortes de Murita Florez se hallan en la sinceridad y en la ingenuidad. En ese contacto directo entre una sensibilidad un poco infantil, y una construcción reflexiva, que la lleva a las formas simples, por el camino más (ilegible). En el arte, lo más difícil es la fuerza, pero sin que nadie advierta ni el esfuerzo, ni el peso”.

 

Por otro tipo de referencias, tenemos conocimiento de su participación en distintas exposiciones y certámenes, como la recogida en el libro “La Política artística del franquismo. El hito de la Bienal Hispano-Americana de Arte”, de Miguel Cabañas Bravo. Biblioteca de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 1996.

En la misma, se cita textualmente: “Otra de las exposiciones preparatorias de la región andaluza parece que se celebró en Sevilla, la ciudad para donde, como vimos, la Dirección General de Relaciones Culturales había pensado realizar un gran certamen de carácter hispanoamericano…. Algunos de los artistas sevillanos, jaeneses, onubenses y cordobeses (…) a los que destacó la prensa local fueron las pintoras sevillanas Pepi Sánchez y su hermana Dolores y los jóvenes pintores (…) No obstante, participaron muchos otros artistas de estas provincias –aunque buena parte se había radicado ya en Madrid- como Sebastián García, Isabel Martínez Ruiz, Antonio Calvo Carrión, Maravillas Flores,(…) Rafael Botí, (…) Daniel Vázquez Díaz….”

 

Por último, podemos citar también la tesis doctoral de Matilde Torres López titulada “La mujer en la docencia y la práctica artística en andalucía durante el siglo XIX”, Dirigida por Rosario Camacho Martínez, para la Universidad de Málaga en el año 2007, en la que también se menciona a la artista de la siguiente forma: “Cerramos este capítulo, viendo incluso que, pasada la centuria analizada y hasta mediados de la siguiente, cuando una mujer realizaba bien su actividad artística, aún había referencias que la marginaban a ella y a su obra, pues se seguían aplicando los antiguos estereotipos, además de la comparación que se les hacía con las virtudes varoniles, según los siguientes comentarios: “Maravillas Flores, conocedora del oficio y con una visión muy varonil de la pintura…” (PRADOS LÓPEZ. José. Arte español. Críticas radiadas en la emisora de Radio España de Madrid. Vol. III. Años 1950-1952. Imp. Samaran. Madrid, 1953. Págs. 281-284).

Maravillas Flores aparece escuetamente en el “Spanish Artist from the fourth to the twentieth century. A critical Dictionary. Hall, 1996, University of Michigan (página 280).

Sin embargo, en el Boletín de la Real Sociedad Geográfica, volúmenes 99-100, T. Fortanet, 1963, página 31, aparece textualmente “Un rincón de esta casa: chimenea, cacharros de cobre y fuentes del país, fue captado, en óleo primoroso, por la pintora almeriense Maravillas Flores (lám. XX)”.  Casi con toda seguridad, no debe ser correcta la calificación de almeriense para la pintora, puesto que además de en los archivos de la AEPE como en otras muestras andaluzas, aparece como jienense.

Presente además en el “Spanish Cultural Index”, número 4. Ministry of Foreign Affairs, Cultural Relations Department, 1949.