Las Medallas de la AEPE: Francisco Pradilla

Por Mª Dolores Barreda Pérez

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de los galardones en los que se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

 

Medalla de Pintura Francisco Pradilla

Del Certamen de Pequeño Formato

 

La pintura de pequeño formato es una síntesis de lo mínimo y no obstante es completa, plena, sorprendente y satisfactoria. Trabajar en un formato reducido permite la inmediatez, la experimentación creativa, el derroche de imaginación, el despliegue de color que no abordamos en obras de mayor escala.

Desde esta tradición pictórica, la Asociación Española de Pintores y Escultores convoca anualmente el Certamen de Pequeño Formato que siempre supone un gran éxito tanto en la participación de los socios como en la calidad de las obras presentadas.

Son obras grandes, pese a su pequeño formato, que nunca nos dejan indiferentes porque encierran, de la misma forma que una preciosa y costosísima esencia, lo mejor de los sentimientos de los maravillosos artistas que componen nuestra entidad.

En el año 1979, la Asociación Española de Pintores y Escultores llegó a un acuerdo con la Galería Eureka, situada en la vecina calle Caballero de Gracia, para realizar una exposición de pequeño formato que se celebraría en el año siguiente, buscando una continuidad en el futuro y llegando a ser ya una de las convocatorias más tradicionales de la entidad.

El I Certamen tuvo lugar del 28 de marzo al 12 de abril de 1980 con un límite de tamaño de 46 cms.

En Eureka se llevaron a cabo las seis primeras ediciones del premio, trasladándose en 1986 a la Galería Infantas hasta su cierre, y encontrando desde entonces cabida en distintos locales e instalaciones municipales que siempre ceden sus espacios expositivos para acoger una muestra tan característica.

El arraigo definitivo de este certamen hace que estemos a punto de llegar a su edición número 40, todo un logro que destila fragancia y crédito.

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales. En el caso del Certamen de Pequeño Formato, y como en el resto de las ocasiones con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, se instituyeron los premios: Medalla de Pintura Francisco Pradilla y Medalla de Escultura Juan Bautista Adsuara.

 

Francisco Pradilla y Ortiz

 

En el número de la Gaceta de Bellas Artes correspondiente al 15 de febrero de 1930, Ramón Pulido firmaba un artículo en el que se quejaba… “los que el año 1921, en Madrid, asistimos a su entierro éramos un número contadísimo, y el desprecio y la indiferencia de la crítica al dar noticia de su muerte, no podemos por menos de sentir tristeza al ver de qué modo muchas de las grandes figuras del arte, en el ocaso de su vida, son olvidadas, y ni la patria grande ni la chica tienen para ellos esos recuerdos póstumos de ternura y amor para quien, en vida, las dio tantos días de gloria”. Unas palabras que lamentable y tristemente un siglo después, mantienen su vigencia.

Francisco Pradilla es justamente considerado como uno de los máximos exponentes de la pintura española del último cuarto del siglo XIX, además del último gran maestro del género histórico en esta centuria.

Autorretrato de juventud

 

Consiguió situar a las grandes composiciones históricas, que tanto éxito tenían en el siglo XIX español, en lo más alto de la pintura europea. Su Juana la Loca bien puede considerarse como una de las mejores obras del siglo, gracias a la brillantez y la fuerza de su estilo realista, en el que las pinceladas de óleo vibran y se aprecian claramente en el lienzo.

Francisco Pradilla y Ortiz nació el 24 de julio de 1848 en Villanueva de Gállego, un pequeño pueblo de Aragón. De muy joven entró como aprendiz en el taller de pintura del escenógrafo de Zaragoza Mariano Pescador, quien le animó a acudir a la Escuela de Bellas Artes de San Luis.

El profesor Bernardino Montañés ve en él unas dotes excepcionales, encaminando sus pasos hacia Madrid, donde compaginará su trabajo como ayudante en el estudio de los escenógrafos Augusto Ferri y Jorge Busato, con la asistencia a la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado, donde tuvo como maestros a Federico Madrazo y Carlos Rivera.

Incitado por José Casado del Alisal, primer Director de la Academia Española en Roma, que deseaba contar en la primera promoción de pensionados con las mejores promesas del panorama artístico español, en 1874 ganó la pensión de la primera promoción en la Academia de España en Roma, junto a Casto Plasencia, Jaime Morera y Alejandro Ferrant y Fischermans, estos últimos, Socios Fundadores de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

El trabajo correspondiente al tercer año de pensión le supone a Pradilla un éxito rotundo. Se trata de Doña Juana la Loca, con la que consigue la Medalla de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1878 y la Medalla de Honor en la Sección Española de la Exposición Universal de París de ese mismo año.

Doña Juana La Loca

 

Desde entonces empezó Pradilla a pintar encargos para los amantes del arte del mundo entero, cotizándose sus obras a precios muy elevados.

Este sonoro triunfo le llevaría a recibir el encargo del Senado para la ejecución del cuadro La rendición de Granada, cuya difusión le catapultaría a una fama internacional.  Tan gran éxito obtuvo el cuadro, que el Senado no sólo recompensó al artista con mayor cantidad que la contratada, sino que durante muchos días permitió la entrada al edificio a todo el que quiso admirar la obra. Madrid entero desfiló por el salón de conferencias del Senado. Y es que esta obra produjo entre los pintores y los críticos profunda admiración, rindiéndosele homenaje en Roma por parte de todos los pintores. Las revistas del mundo entero reprodujeron la obra y publicaron todo tipo de elogios. En Francia, se le otorgó la cruz de la Legión de Honor y se le nombró además individuo extranjero de la Academia de Bellas Artes de París.

La rendición de Granada

 

Su nombramiento como Director de la Academia de España en Roma, sustituyendo a Casado del Alisal, le hizo fijar su residencia en la ciudad eterna, donde, emulando a su admirado Fortuny, abrió un estudio al que acudían los más importantes coleccionistas y marchantes de Europa. Pero agobiado por las obligaciones administrativas del cargo, presentó su renuncia a los ocho meses.

Los años vividos en Italia, alternando su trabajo en Roma con los veranos pasados en las Lagunas Pontinas de Terracina, fueron los más felices de su vida.

En 1896 es nombrado Director del Museo del Prado, un cargo que colma las ambiciones de cualquier artista, más él que gozaba de un extraordinario reconocimiento artístico entre coleccionistas y marchantes de todo el mundo, viéndose obligado a regresar a España.

La situación real del Museo, las críticas a la conservación de la colección, el vivir atrapado nuevamente por las limitaciones administrativas, desatendiendo su verdadera vocación de pintar, hicieron que en 1989 abandonara el cargo y con cincuenta años, cansado, se alejó voluntariamente de actos sociales y políticos, dedicando su vida a pintar.

Autorretrato de 1917

 

En su magnífico palacio-estudio recibía a numerosos amigos como Pérez Galdós, Núñez de Arce, el Marqués de Pidal y al mismísimo rey, que solía visitarlo con frecuencia.

Aunque su muerte sorprendió a muchos por el alejamiento del pintor de la vida social, la exposición póstuma de sus obras que se instaló en su propio domicilio, fue un éxito de concurrencia, ya fuera para visitar un lugar difícilmente accesible o por ver «los Pradillas» que conservaba su propio autor.

Entre todos los géneros pictóricos que cultivó, la pintura de historia fue la que más fama le proporcionó. Se interesó por las anécdotas más emotivas de la historia. También pintó retratos de la aristocracia madrileña y conjuntos decorativos, como la ornamentación del Palacio de Linares de Madrid, para el que ejecutó la Lección de Venus al Amor, en el techo del salón de baile.

Pradilla por Alejandro Fischermans

 

Pradilla fue también un gran paisajista, como ya demostró en sus composiciones de historia. Intentaba ambientar las escenas en exteriores y con una depurada técnica, organizaba amplias perspectivas panorámicas con multitud de figuras y de motivos.

La faceta más moderna de su obra son los abocetados paisajes que realizó tomados del natural, en los que busca plasmar sensaciones atmosféricas y paisajes, y donde abundan las luces efectistas.

Falleció en Madrid a causa de un cáncer en la boca, en su casa estudio situada en la calle Quintana,33, el 1 de noviembre de 1921. A su entierro, celebrado en el cementerio de Santa María, acudieron multitud de miembros de la Asociación Española de Pintores y Escultores como Mariano Benlliure, Moreno Carbonero, Álvarez de Sotomayor, Casado del Alisal, Miguel Blay, Benedito, Cecilio Plá, Aniceto Marinas, Marceliano Santamaría…

Huecograbado del pintor

Autorretrato

 

La Asociación Española de Pintores y Escultores dedicó una corona al finado que la familia, agradecida, no aceptó porque la modestia de Francisco Pradilla así lo tenía dispuesto, y abrió con la triste noticia el número de la Gaceta de Bellas Artes del 1 de noviembre de 1921, en la que además de una semblanza y biografía de su vida, se acompañaba en el sentimiento a la familia.

Su nivel de maestría fue tal, que una narración de la historia de España sin sus cuadros es una crónica huérfana de imágenes.

Su obra fue ingente y se halla dispersa en colecciones particulares españolas y en diferentes países europeos y sudamericanos.

También fue un buen ilustrador gráfico de publicaciones literarias, un maestro retratista y un gran pintor costumbrista, siendo las pinturas de este último género las más abundantes y cotizadas.

Cortejo del bautizo del Príncipe Juan

 

Pradilla supo crearse un estilo personal fruto de la observación, aquilatando valores, con un espíritu analítico, dominando el color sin ser colorista, la técnica, la composición, el dibujo, y con un concepto estético muy elevado y espiritual del arte, creó obras que tuvieron un público entusiasta que en todo momento le rindieron franca y sincera admiración.

Juana La Loca recluida en Tordesillas

 

Sus cuadros de costumbres italianas y españolas son obras sugestivas, tienen interés y belleza, en ellas buscó Pradilla la psicología de los personajes y el ambiente de su propia naturaleza.

Las lagunas pontinas y los pueblos de Galicia recogieron una gracia extraordinaria cuyo profundo estudio supone la contemplación de la naturaleza como pocos pintores hicieran, trasladando esa atmósfera a sus lienzos con recogimiento.

El suspiro del moro

 

El pintor era amante del aislamiento: vivía entregado al trabajo, correcto, sin ganas de visitas y reuniones, lo que le hacía poco asequible. Los domingos por la tarde recibía en su estudio a sus amigos íntimos, artistas y no artistas, y si le pedían consejos los daba sin apelar a medias tintas, en forma clara y concreta, fuesen gratos o desagradables, él, a quien le molestaba la adulación profundamente.

Sorolla, que fuera discípulo de Pradilla en Roma y Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, recibió del maestro consejos tan sinceros que le molestaron por su rudeza, llegando a distanciarlos en el transcurso de sus vidas, si bien finalmente el valenciano tuvo para Pradilla frases de justicia y de cariño.

Últimas nieves en Terracina

 

Pintaba la figura de un modo admirable y era un gran paisajista, creando obras que es difícil superar. Fue además un acuarelista extraordinario, dando a este género de pintura la solidez y calidad del óleo, sin perder el encanto y la gracia de la acuarela.

Hizo retratos muy bellos, pero no transigía con adular al retratado, rechazando la mayoría de encargos si conllevaban esta “pena”.

Primavera

 

Sus cuadros eran de una preparación lenta y minuciosa, debido a los muchos apuntes, dibujos y estudios que hacía antes de dar comienzo a la obra definitiva; preparaba el fondo, sobre todo en sus cuadros de historia. En el aire libre buscaba el momento de luz y hora que respondiese de modo muy expresivo al asunto que había concebido para su cuadro, los efectos de nubes, los terrenos en que los grandes carros marcaban las huellas de las ruedas… todo era objeto de profunda observación.

Amparito

 

Consiguió todos los honores que su talento le granjeó: fue académico de Bellas Artes en España y en las academias de París, Berlín, Munich y otras más. Fue condecorado con grandes cruces nacionales y extranjeras y sus cuadros se pagaban a precios muy elevados.

En palabras de Wifredo Rincón, especialista en la figura del aragonés, y quien fuera también Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, fue un pintor muy versátil que rivalizó en popularidad y prestigio con Joaquín Sorolla. Practicó todos los géneros: el retrato, la pintura de historia, estampas populares y costumbristas, paisajes, cuadros alegóricos y mitológicos próximos al simbolismo en ocasiones, aunque fue en la pintura histórica donde logró sus mayores éxitos y su maestría indiscutible. Fue un pincel refinado de ‘realismo ambiental’.

La tarde

 

Hace no mucho tiempo, recibimos emocionados en la AEPE la visita de la bisnieta del maestro Pradilla, Sonia Pradilla, quien nos habló de la familia y de su abuelo, el también pintor e hijo del aragonés, Miguel Pradilla, figura desconocida que siguió los pasos de su padre.

En una exposición celebrada en octubre de 2018 en Pozuelo de Alarcón, se rindió homenaje a los dos artistas, pintores que compartieron el amor a Italia, donde Francisco vivió tantos años y Miguel pasó toda su infancia, y la pintura de uno y otro volvía a los mismos escenarios (como las Lagunas Pontinas) con décadas de distancia.

Bajo el árbol consagrado a Ceres

 

Padre e hijo coinciden también en su interés por las escenas populares y costumbristas de fiestas, romerías, procesiones, mercados, etc. Y en la pasión por el paisaje, aunque con estilos muy diversos, con Francisco endeudado con el preciosismo y Miguel influido ya por el impresionismo.

La lectura de Anacreonte

 

En la página web de la AEPE www.gacetadebellasartes.es  publicamos también en el apartado “Recordando a nuestros socios”, la documentación que tan amablemente nos hicieron llegar en el ánimo de ayudar a difundir la memoria de ambos, que a todos recomiendo visitar.

Miguel recordaba a su padre “conmovido por su amor de hijo y su vocación de artista… yo consideraba a mi padre como a un dios, como a un coloso al que nunca podría llegar”… motivo por el que tantas veces declinó presentar sus trabajos al público, temiendo quizás, España es así… antes, durante y me temo que después… que la comparación entre uno y otro destrozaría su vocación.

Manolas en el palco

 

Pradilla gustaba de Rembrandt, Velázquez, Tiziano, el Greco y Ribera. Apasionado de Wagner, lector incansable, viajero y deportista, buen alpinista, gran nadador, practicante de gimnasia, senderista… el lado más personal del maestro así nos lo recordó su bisnieta, merced a las impresiones que su abuelo Miguel escribiera de él.

Retrato de la Marquesa de Encinares

 

Francisco Pradilla y la AEPE

En el III Salón de Otoño de 1922, Francisco Pradilla expuso tres obras cedidas para la ocasión por Félix Boix. Se trataba de hacer un pequeño homenaje al gran artista fallecido unos meses antes. Las obras expuestas fueron:

471.- “Recogedora de algas” (Vigo), óleo

472.- “El suspiro del moro” (boceto), óleo

473.- “Estudios de bordados y telas para La rendición de Granada” (acuarela)

En el V Salón de Otoño de 1924 estuvo presente también en la Sala de Recuerdos, junto a obras de Goya, Eugenio Lucas, Palmaroli, Rosales y otros muchos artistas fallecidos, con una obra propiedad de F.F.

413.- “Dibujo”

Niebla de primavera en Italia

 

 

Webgrafía y bibliografía

https://historiaragon.com/2016/11/01/francisco-pradilla/

AUTORRETRATOS DE FRANCISCO PRADILLA. A PROPÓSITO DEL CONSERVADO EN EL MUSEO DE ZARAGOZA Wifredo Rincón García online: https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/35/21/52rincon.pdf

http://www.bibliotecalazarogaldiano.es/carhis/descargas/Rincon-Garcia_De-pintura-y-fotografia-cartas-de-Francisco-Padilla-Ortiz-a-Antonio-Canovas-y-Vallejo-Kaulak.pdf

Wifredo Rincón ‘Francisco Pradilla’ (Aneto, 1999)

Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba” de la Asociación Española de Pintores y Escultores

www.gacetadebellasartes.es

www.salondeotoño.es

Las Medallas de la AEPE: Fructuoso Orduña

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de su creador y en qué galardones se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

 

FRUCTUOSO ORDUÑA LAFUENTE

ORDUNA LAFUENTE, Fructuoso    E    1922   23.ene.1893    RONCAL(Na)    MADRID    27.ago.1973

 

El escultor Fructuoso Orduña era el séptimo de ocho hermanos, y ya desde muy temprana edad manifestó su habilidad para trabajos de carpintería y afines.

Tras pasar su infancia en su localidad natal de El Roncal, en 1906 emprendió su carrera en Zaragoza primero en un taller marmolista que abandonó a los pocos días por el estudio del también escultor Dionisio Lasuén, quien fuera director de la Escuela de Artes e Industrias de Zaragoza, publicista de temas artísticos y que implantara en Zaragoza la fascinante arquitectura modernista.

El Sol, 10 de junio de 1922

Con Lasuén aprende los rudimentos artísticos del oficio, compaginando su labor de aprendiz con estudios, primero en la Escuela Elemental de Artes Industriales y más tarde, en la Escuela Superior.

En 1914, con veintiún años, se trasladó a Madrid para proseguir su formación en la Escuela de Artes y Oficios, entrando a trabajar en el estudio de Mariano Benlliure, con quien permanecería durante tres años.

Montó su estudio en la calle Atocha de Madrid, consiguiendo en mayo de 1917 de la Diputación de Navarra, una pensión de cuatrocientos duros con la que comenzó a realizar bocetos y estudios previos.

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1920 logró una de las medallas de tercera clase por el bronce “Busto de Roncalés”, un retrato de su padre, con el que la Diputación de Navarra amplió su ayuda, logrando trasladarse a Italia y establecerse en Roma.

Busto de Roncalés

Allí modeló el grupo Post nubila Phoebus, con el que logró en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1922, una primera medalla.

Post nubila Phoebus

Establecido definitivamente en España, al finalizar 1923 expuso individualmente en el Palacio de Bibliotecas y Museos, Salón del Museo Moderno, una muestra de su labor, con carácter de auténtica selección y estenográficamente concebida por Mariano Benlliure, con la que obtuvo una gran acogida por parte de la crítica.

En 1924 contrajo matrimonio con Carmen Ballestero, momento que fue todo un acontecimiento en la Asociación, y con quien tuvo a Pilar, su única hija, aunque desgraciadamente quedó viudo muy pronto.

Monumento funerario de la familia Fierro

En los años treinta, dosificó su presencia en exposiciones celebradas dentro y fuera de España y recibió multitud de encargos de esculturas urbanas y algunas piezas de imaginería popular en distintas ciudades repartidas por toda España.

Busto de Julián Gayarre

Fotografía del Busto de Julián Gayarre con dedicatoria de Fructuoso Orduna a su amigo Valerio Labari. Roncal 1917

Monumento a Julián Gayarre

 

Cuando en diciembre de 1935 Orduña realizó una exposición en su propio estudio, era ya un maestro pleno, no ajeno a lo moderno, pero firmemente vinculado al clasicismo aprendido en Roma.

Relieves del Instituto Ramón y Cajal donde se puede apreciar el parecido en cuanto a posturas y poses del personaje femenino con el de la Medalla de la AEPE

Aunque aún participó en algunas muestras, se dedicó a atender encargos y asumir honores, formando parte de jurados en certámenes y exposiciones.

Busto del Doctor Medinaveitia

 

Antes de 1936 se había presentado a las oposiciones de profesor numerario de figuras de la Escuela de Cerámica. En 1939 reunió los nombramientos de vocal del Patronato de la Criptoteca y Museo de Reproducciones Artísticas, Presidente de la Junta Directiva de la Asociación de Pintores y Escultores y vocal del Patronato del Museo Nacional de Arte Moderno. Desde 1940 fue profesor de la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado, de Madrid. En 1942 el Círculo de Bellas Artes de Madrid le distinguió como Socio de Honor y fue nombrado Académico de Número de la Real Academia Española de Bellas Artes de San Fernando en mayo de 1962.

Retrato de mi esposa

En los años 40 fueron muchos los encargos oficiales de estatuas ecuestres y otros bustos para distintos organismos oficiales así como una ecuestre de Alfonso XIII para la Ciudad Universitaria de Madrid que no llegó a realizarse o como el encargo de labrar seis estatuas en piedra para el campo de deportes del Instituto “Ramiro de Maeztu” de Madrid, que representan respectivamente al Pelotari, Arquero, Discóbolo, Remero, Hondero y Corredor. También en 1947 repetiría el tema del Discóbolo para el estadio del Real Madrid, a la vez que estampó en lámina de bronce el perfil de su presidente, Santiago Bernabéu.

Después llegarían el monumento a Julián Gayarre, la imagen de Jesús Nazareno de la Catedral de Huesca, una Inmaculada, otra de San Fermín de los Navarros, San Francisco Javier…

Su producción final, situada en la década de los sesenta, se centró en bustos de bronce, como el de Sarasate, el de José María de Huarte, o el del Duque de Ahumada, realizado en 1969, que es su última obra y se conserva en Pamplona.

Cabeza de niña

Fructuoso Orduña fue un escultor tenaz, laborioso y perfeccionista. Abordó todos los temas y no desdeñó ningún material, piedra o madera, bronce o mármol.

Busto de Guillermo Schultz

En sus retratos practicó una marcada fidelidad al personaje. Fue un realista expresivo, aunque con perfectible evolución, que va desde la minuciosidad y detallismo de sus primeros trabajos hasta una integrada suavidad formal.

Parco en el movimiento, se mostró especialmente preocupado por la corporeidad y la arquitectura constructiva de las figuras. La acentuación de músculos, tendones y huesos, y en general de las formas, especialmente en los años veinte y aún treinta, se puede atribuir a su formación en el clasicismo italiano, pero sin olvidar su tierra de origen, ya que en Navarra es muy acusada la huella que en las postrimerías del siglo XVI y buena parte del XVII, dejó el romanismo miguelangelesco.

A su muerte, la RABASF dedicó un homenaje que protagonizó Juan Luis Vassallo, quien dijo de él que: “Fue Orduna un hombre de llana sencillez y verdadera modestia, sin que ello debilitara su recio temperamento, que le hacía expresarse rotunda y claramente y siempre con absoluta fidelidad a su sentir. En su obra ha quedado bien patente la impronta de su carácter, tesón y honradez profesional. Su ecuanimidad y rectitud inspiraban a todos la mayor confianza. No es extraño, por tanto, que entre nosotros gozase de general simpatía, que él supo ganarse con su amor a la Corporación y respetuoso afecto a sus compañeros Académicos”.

Cristo de la Hermandad de la Pasión de Pamplona

De él también habló Enrique Pérez Comendador, Director de la Escuela Española de Bellas Artes de Roma, en estos términos: …”irrumpe Orduna con su navarra contextura física y moral, sólida, noble y fuerte como todos lo habéis conocido…pese a su carácter entero, reacio a la sumisión, al halago y a la intriga… Ante el modelo vivo estudiaba la forma humana con fidelidad y buscaba una sumaria concisión característica del todo y las partes. Ponderaba y equilibraba las masas, percibiéndose en todo un dibujo afirmativo, tanto que a veces las formas quedaron como desposeídas de esa envoltura vital que las da morbidez y tibieza. En esta línea ardua llegó Orduna a un academicismo con voluntad de equilibrio en la composición, de nobleza y estatismo en las actitudes…A través de la diversidad técnica y temática civil o religiosa, monumental, imaginera o de retratista, ya trátese de la materia pétrea o de la dúctil arcilla que la pericia artesana y el fuego metamorfosean en broncínea presencia tensando y revivificando las formas, podemos percibir, si abarcamos en conjunto la obra de Orduna, unidad en el concepto, continuidad en la técnica y la inalterable serenidad que la anima desde su primera obra laureada  hasta sus últimas producciones”…

Fructuoso Orduña vestido de gala en su ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

 

Fructuoso Orduña y la AEPE

Tercera Medalla en la Exposición Nacional de 1920.

Primera Medalla en la de 1922 con la obra Post Nubila Phoebus.

En enero de 1924 recibió un banquete homenaje en el Palace Hotel.

Designado Jurado en la Exposición Nacional por la Asociación de Pintores y Escultores en 1924, 1930 y 1940. También en el Concurso para la Medalla de Madrid convocado por el Ayuntamiento en 1935.

Jurado en la Exposición de la Asociación en 1930, y en mayo de 1935.

Socio de Honor en el Salón de Otoño de 1925.

En 1926 modeló la Medalla de la Asociación para la Exposición Nacional.

Vocal de la Junta directiva en 1926 y 1927, 1934 y 1935.

Tesorero en 1939.

Presidente de 1940 a 1943. Bajo su presidencia se trató con el Gobierno un sistema de pensiones que resolviera el problema de muchos artistas y entre otros proyectos estaba el pedir una pensión para los artistas galardonados en las exposiciones nacionales, proyecto bastante laborioso para el que la junta se entrevistó repetidas veces con el Ministro y el Director General, para subsanar la injusticia que suponen la indigencia de muchos artistas en los últimos años de sus vidas y desveló la necesidad de que todos los artistas medallados al cumplir los sesenta y cinco años cobraran del Estado una pensión y formando un comité que diera patente de profesionalidad a los artistas no medallados que soliciten las pensiones citadas.

En 1932 formó parte del comité de estudio de la Federación de Artistas promovida por la Asociación.

Participó en dos ediciones del Salón de Otoño:

En el VI Salón de Otoño de 1925, su inscripción rezaba: “narutal de Roncal (Navarra); reside en Madrid, Modesto Lafuente, 39”, y presentó dos obras, un mármol bajo el título de “Retrato” y un bronce titulado “Cabeza (Juez de Roncal).

En el XI Salón de Otoño de 1931 figuraba su domicilio en la calle Ríos Rosas, 31, y se hacía constar que era Socio de Honor de Salones anteriores. Para éste, participó presentando un “Relieve dedicado al Instituto Ramón y Cajal”, un “Retrato del escritor Ezequiel Endériz” y otro “Relieve dedicado al Instituto Ramón y Cajal”.

 

El grupo escultórico «Los Atletas» 

En la plataforma de acceso al polideportivo Antonio Magariños, proyectado por los arquitectos Antonio Vázquez de Castro y José Luis Íñiguez de Onzoño en 1957 y acabado de construir en 1965, se colocaron en esta última fecha –agrupados sobre un pedestal único– los “Atletas” que Fructuoso Orduna Lafuente había labrado hacia 1942 para puntuar el perímetro del campo de baloncesto del Instituto Ramiro de Maeztu, obra de Carlos Arniches y Martín Domínguez realizada entre 1926 y 1933 para la Institución Libre de Enseñanza, y reconvertida en «instituto modelo» tras la Guerra Civil.

Estas seis esculturas (1,80 x 2,60 x 1,70) responden a las influencias de la estatuaria fascista italiana, inspirándose especialmente en las figuras de sesenta atletas que rodean el llamado Estadio de Mármol del Foro Mussolini, construido en Roma entre 1927 y 1932 según un proyecto del arquitecto Enrico del Debbio.

Grupo de atletas del Instituto “Ramiro de Maeztu” de Madrid

El grupo es una agrupación de seis esculturas independientes sobre un pedestal prismático común, que estaba situado a la derecha de la rampa escalonada de acceso al polideportivo Antonio Magariños. Las figuras, de piedra arenisca blanca, representan a seis atletas ejerciendo seis modalidades deportivas diferentes, y en distintas posturas.

En la cara frontal, de izquierda a derecha, se representaban: un lanzador de piedra con honda, un remero y un saltador de pértiga, mientras que en la cara posterior, y en el mismo orden parecen hallarse representados un lanzador de peso, un lanzador de martillo, y un jugador de pelota.

Todas las figuras se representaban desnudas y en posturas que armonizan el movimiento con cierta serenidad clásica, estando talladas con un modelado realista pero idealizado, que delata su época de ejecución en las expresiones de los rostros y cortes de pelo, que recuerdan a los atletas que inmortalizó la cineasta del régimen nazi, Leni Riefenstahl, en su película Olympia sobre las olimpiadas de Berlín de 1936.

Las estatuas se encontraban ya muy deterioradas a principios del siglo XXI por la calidad deleznable de la piedra arenisca, pero sobre todo, por las agresiones vandálicas, que produjeron múltiples roturas y desperfectos en todas las figuras. En el plinto de una de ellas aún se apreciaba casi borrada la firma del escultor en letra romana incisa: ORDVNA.

El grupo escultórico fue destruido el 17 de julio de 2013, al parecer de forma accidental, durante la realización de unas obras, quedando cuatro de las seis estatuas originales seccionadas en varios trozos.

En la Gaceta de Bellas Artes de marzo de 2015, en la biografía que sobre los Presidentes de la AEPE hiciera su director, Juan de la Cruz Pallarés, ya se hablaba del grupo escultórico Los atletas y de su destrucción parcial accidental, pero nada más se supo del mismo hasta que hace pocos días, y tras mantener una conversación con José Asensio Laguna, Director General del Club Estudiantes de Baloncesto en donde su ubicaba el grupo, nos confirmó que el mismo fue retirado hace un par de años por el Departamento de Patrimonio de la Comunidad de Madrid para su restauración, puesto que la propiedad del conjunto corresponde a esta administración.

Sólo esperamos que dichos trabajos culminen lo antes posible y devuelvan a su emplazamiento original al menos las cuatro esculturas sobrevivientes del grupo.

 

Estatua de Papiniano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Proyecto de banco decorativo

Boceto del monumento irrealizado a Fray Diego de Estella

Cristo en la Cruz

Desnudo, «Sorprendida»

Obras de Fructuoso Orduña en la ciudad de Madrid

Además del grupo Los Atletas, en Madrid se conservan otras esculturas del autor como la Estatua a Alfonso XIII, situada en la Avda Complutense de la Ciudad Universitaria, como homenaje del Ministerio de Educación Nacional y la Junta de la Ciudad Universitaria al rey en agradecimiento al esfuerzo e interés del monarca en la creación de la misma.

Con este fin en 1943 fue encargada la realización de la estatua al escultor Fructuoso Orduña, quien entregó dos originales en yeso tres años más tarde, uno de los cuales fue rápidamente descartado por sus descomunales dimensiones y destruido poco después por las dificultades que presentaba para su almacenaje; el otro original entregado corresponde a la estatua que existe actualmente, que durante muchos años permaneció almacenado por la paralización del proyecto hasta que, en 1988, el rector de la Universidad Complutense, Gustavo Villapalos, retomó la propuesta y, gracias a una subvención, consiguió que se realizara el vaciado en bronce de la estatua.

Su inauguración tuvo lugar el 28 de septiembre de ese mismo año, y a la misma acudieron, entre otros, los Condes de Barcelona, quienes presidieron el acto con sus hijas Dª Pilar y Dª Margarita, la hija del ya fallecido escultor, Pilar Orduña, el rector de la Universidad Complutense, que leyó un pequeño discurso, y otras personalidades universitarias.

La escultura está realizada al más puro estilo clásico y reproduce la figura completa del rey Alfonso XIII, de pie, con la cabeza erguida mirando al frente, el rostro serio, la mano derecha abierta con un ademán de ofrenda y la izquierda sobre el torso sosteniendo un cetro rematado con una flor de Lis y vestido con una túnica y una capa larga que se pliega sobre los brazos y en la parte trasera, abierta en la parte frontal y cerrada sobre el pecho con una cinta ornamentada.

En el cinturón que frunce la túnica, se lee la inscripción: AXIII, y en el suelo, y frente a la estatua, una pequeña placa metálica incluye la inscripción: FRUCTUOSO ORDUNA / S.M. El Alfonso XIII. La pieza central del pedestal contiene en su cara frontal una inscripción grabada, apenas perceptible, en la que se lee: LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE / A DON ALFONSO XIII / MCMLXXXVIII.

Como propietario de la obra, figura la Comunidad de Madrid, igual que la escultura Escosura, situada en la Escuela de Ingenieros de Minas de la Calle Rios Rosas, 21 (obra del arquitecto Ricardo Velázquez Bosco, que data de 1925 y fue erigida al ingeniero de minas madrileño Luis de la Escosura Morrogh (1821–1904).

Sobre un pedestal cúbico de granito con el apellido ESCOSURA inscrito en el frente –seguido por una placa metálica moderna, grabada con la siguiente leyenda; LUIS DE LA ESCOSURA (1821–1904) / Ingeniero de Minas y Profesor de Química Analítica. / Director de la Escuela de Minas de Madrid (1882–1900), / periodo en el que construyó este edificio / del que fue su principal artífice.– y coronado por una cornisa moldurada de piedra caliza, aparece la figura en bronce del homenajeado vestido con camisa, chaleco y corbata de lazo, y cubierto con una bata de laboratorio desabrochada, sentado con las piernas cruzadas sobre un banco de granito en el que apoya la mano derecha, mientras que con la opuesta sostiene un libro que descansa en su pierna izquierda, con el título QUÍMICA / ANALÍTICA escrito en relieve en la portada; pudiendo leerse la firma del escultor F.Orduna / 1925, incisa en el extremo inferior derecho de la bata.

  

En el mismo emplazamiento pero a la izquierda de la puerta principal, se ubica la escultura erigida en 1925 al ingeniero de minas alemán Luis Guillermo Schultz Schreizer (1800–1877), también sobre un pedestal cúbico de granito con el apellido SCHULTZ inscrito en el frente –seguido por una placa metálica moderna, grabada con la siguiente leyenda; LUIS GUILLERMO SCHULTZ (1800–1870) / Ingeniero de Minas que contribuyó al conocimiento geológico / de Asturias y Galicia. / Impulsó la reforma de las Escuelas de Minas / de Almadén y Madrid, de las que fue Director (1853–1857) / y la creación de la Escuela de Minas de Mieres (1854)– y coronado por una cornisa moldurada de piedra caliza, descansa la figura en bronce del homenajeado, vestido con traje y corbata de lazo, sentado sobre un banco de granito, mirando al frente, y sosteniendo una piedra en la mano izquierda, y el martillo con que va a golpearla en la diestra; pudiendo leerse la firma del escultor: F.Orduna / 1925, incisa en el borde inferior de la chaqueta.

Y ya por último, y esta vez de propiedad municipal, encontramos una lápida situada en la Calle Pavía 2, en los Jardines del Cabo Noval.

En diciembre de 1953, una asociación denominada “Tertulia Navarra” encargó a Fructuoso Orduña, la realización de una lápida a Gayarre para instalarla en la casa donde murió en la plaza de Oriente, número 6. La dueña del inmueble no permitió su instalación, y fue el Ayuntamiento de Madrid quien propuso su instalación en los jardines del Cabo Noval, cerca de la casa donde nació, adosada a un monolito.

En el año 1990, se instaló una lápida al mencionado músico en la casa donde nació, patrocinada por el pueblo de Navarra.

Se trata de un monolito de granito con una lápida adosada en bronce, termina por la parte central superior en semicírculo donde aparece el busto en perfil del tenor en bajo relieve y en un tondo,  en la parte inferior lleva la inscripción tallada en la que se lee: JULIAN GAYARRE / NACIO EN RONCAL – NAVARRA / Y / MURIO EN ESTA VILLA / MDCCCXC / HOMENAJE DEL / EXCELENTISIMO / AYUNTAMIENTO DE MADRID, se remata por los laterales con pilastras que sujetan los escudos de El Roncal  a la izquierda y el de Madrid antiguo, a la derecha. Está firmada y fechada en el ángulo inferior derecho: Orduña / 1954.

 

 

Bibliografía y webgrafía

Arahuetes, El escultor Fructuoso Orduna, (Pamplona, 1986). F. Orduna Lafuente, La necesidad de las Bellas Artes en la vida humana. Discurso leído en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en la recepción pública de don…, (Madrid, 1963).

A. Gaya Nuno, Arte del siglo XX, “Ars Hispaniae” Vol XXII, (Madrid 1977), p. 85-88.

http://dbe.rah.es/biografias/7306/fructuoso-orduna-lafuente

https://www.museodelprado.es/aprende/enciclopedia/voz/orduna-y-la-fuente-fructuoso/05be23f2-b81f-4390-bd0e-a4daa53dbc59

Roncalés (el padre del artista), mármol, 50 x 20 x 24 cm (en dep. en el Consulado de España en Tánger, adscrito al MNCARS) [E895]

http://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/en/orduna-lafuente-fructuoso/ar-111310/

ANTOLÍN PAZ, Mario. Diccionario de pintores y escultores españoles del siglo XX. Madrid: Forum Artis, 1994.

AZANZA LÓPEZ, José Javier … [et al.]. Guía de escultura urbana en Pamplona. Pamplona: Ayuntamiento de Pamplona. 2010.

PRECKLER, Ana María. Historia del arte universal de los siglos XIX y XX. Madrid: Complutense, 2003.

http://www.esculturaurbana.com/paginas/ord.htm

Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, núm. 37, segundo semestre (1973), pp. 25-29. Edición digital de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes por cortesía del editor

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La Libertad

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La Voz

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Blanco y Negro…

Joaquina Zamora Sarrate

Por Mª Dolores Barreda Pérez

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LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

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Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

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JOAQUINA ZAMORA SARRATE

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ZAMORA SERRATE, Joaquina Pintora. 1922 26.may.1898 Zaragoza / Madrid.2. agosto.1999

Joaquina Zamora Serrate, veterana asociada, primera mujer licenciada en Bellas Artes por la Academia de San Fernando en 1931, falleció a los 101 años, fue una pintora y profesora de dibujo española.

Inició sus estudios de dibujo y pintura con Enrique Gregorio Rocasolano, profesor de Dibujo y de los talleres de pintura del Hospicio Provincial. En 1924 la Diputación Provincial de Zaragoza le concedió una beca que le permitió matricularse en la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado de San Fernando en Madrid, en donde estudió tres años, y uno más prorrogado.

Tuvo el honor de ser la primera mujer que accedía a este centro. Fueron sus maestros, entre otros, Julio Romero de Torres, Cecilio Pla, José Moreno Carbonero o Rafael Doménech.

Allí se especializó en bodegones, retratos y temas paisajísticos.

En 1919 participó por primera vez en una exposición colectiva en Zaragoza, en una muestra de pintores nóveles e independientes. En 1933 realizó su primera individual junto a las obras del escultor Ángel Bayod. Ambas tuvieron lugar en el Casino Mercantil de Zaragoza.

Durante la Guerra Civil destacó como enfermera recibiendo la Medalla de Campaña por los servicios prestados. Marchó después a Francia con la Cruz Roja y a su regreso participó activamente en la vida artística de Zaragoza.

Joaquina Zamora se presentó ante la Junta de Burgos para pedir el reingreso en la capital navarra; sin embargo, fue destinada a Calatayud, donde permaneció unos años y a cuya biblioteca «Gracián» hizo donación de dos obras suyas muy interesantes, a través de la Diputación de Zaragoza. Se trataba de «El Viejo» y «Plazoleta de Ansó», que el entonces Presidente de la Corporación provincial, agradeció mucho por tratarse de obra de una «distinguida señorita pensionada que fue por la Diputación».

En el año 1939 ingresa en el Estudio Goya de Zaragoza, porque, por una parte, podía seguir practicando con modelos del natural e involucrarse en el ambiente de los artistas, participando de las mismas inquietudes y exposiciones que avalaba el Estudio, y, por otra parte, porque con esta actividad de mayor cultivo espiritual, podía evadirse de la asfixiante presión que sobre una laboriosa y competente jovencita ejercía el sobrevivir de una pequeña población de provincias de la posguerra rural. Y porque, además, vocación obligaba.

El 12 de abril de 1940 participa en el Salón de Artistas Aragoneses, en su V Edición de Pintura y Escultura, con un retrato femenino y dos paisajes, posiblemente pintados años antes.

Participa también en la gran Exposición Regional de Bellas Artes del XIX Centenario de la Virgen del Pilar, en la que destacaban sus notables paisajes titulados «Calle de Ansó» y «Plaza de Albarracín». Este último comprado por el Ayuntamiento de Zaragoza, a propuesta de la Comisión de Gobernación.

Lo curioso de las obras presentadas por Joaquina, fue que una de ellas, la de Ansó, era un lienzo reutilizado, pintado en su dorso, en el que aparece esbozado el torso de una bella modelo femenina desnuda y llena de una muy aparente sensualidad, correctísimo de dibujo, muy propio de la moda estética de mediados de los años veinte y que, por lo demás, coincide con el apunte académico que realizara durante su primer año de estancia en la Escuela Superior de San Fernando. El de la plaza de Albarracín, por su parte, era un óleo que había expuesto en su individual de Pamplona, en febrero de 1936.

La adquisición de su obra por parte del Ayuntamiento de Zaragoza, animó sobremanera a Joaquina Zamora para, no solo seguir intentándolo en el terreno de la pintura, sino para estar resuelta, además, a dedicarse exclusivamente a ello, incluso abandonando las clases de Calatayud donde, por cierto, apenas le quedaban ánimos para pintar, ya que no se prodigó en obras realizadas durante su estancia en la ciudad bilbilitana, pues no hay constancia de que sus rincones urbanos o paisajes fueran reflejados en sus lienzos y, por contra, a las exposiciones en las que participa durante aquellos años manda obras referidas a localidades como Ansó, Albarracín o a la propia ciudad de Zaragoza.

Sea como fuere, Joaquina Zamora dejó Calatayud a finales de 1941, para pasar a dar clases en el Instituto «Miguel Servet» de Zaragoza, durante el siguiente año; no obstante, y como ella afirmaba: «pronto me cansé de la pobreza de sueldos del Estado, dejando la enseñanza oficial». En consecuencia, decidió abrir una academia de dibujo y pintura en su propio domicilio de la calle Pignatelli, 88, al que acudieron jóvenes decididos a ser pintores como Juanito Borobia, Martínez Lafuente, Pilar Burges, Pilar Aranda,…

El año 1942 para Joaquina Zamora supondría un espaldarazo definitivo en su consideración como artista, entre otras cosas porque la Comisión Gestora de la Diputación Provincial la designa para formar parte del Tribunal de Oposición que ha de juzgar a los aspirantes presentados a la rebautizada edición de la Pensión de Pintura como «Beca Francisco Pradilla», dotada con 5.000 pesetas anuales por dos años improrrogables.

Los buenos comentarios sobre su arte debieron llegar a los oídos de los responsables de la barcelonesa Sala Gaspar, por parte de críticos y coleccionistas, para que en ese mismo año de su apertura como galería de arte en Zaragoza, decidiesen organizar una muestra individual a nuestra pintora, entre el 7 y el 14 de noviembre. Sin ninguna duda era una pintura interesante, tenía la factura de quien se había disciplinado en la Escuela Superior de San Fernando, respondía a las exigencias de una obra admitida en una Nacional y, por si fuera poco, era la creación de una mujer culta, comedida y muy inteligente, valores, sin duda, muy apreciados por los aviesos y emprendedores comerciantes artísticos catalanes.

Joaquina Zamora por su condición de mujer se enfrentó al impedimento para manifestarse con plenitud artística pero, también, dada su académica formación consigue atemperar prejuicios pictóricos, aunque su caso de «rara avis» entre la profesión, cuando menos hacía proferir expresiones tan cumplidas entre los críticos como «decoro artístico», «fina sensibilidad», «personalidad poco común», o «airoso encomio».

No obstante, su riesgo, su gran fe y su entusiasmo fueron «dignos del triunfo y su exposición individual en la «Sala Gaspar» prestigió definitivamente su labor para toda la posguerra, e incluso le sirvió para dar el paso definitivo al abrir su propio Estudio Zamora de dibujo y pintura, con el que pretendía independizarse económicamente para poder seguir pintando con cierta libertad.

Pero acudió a la cita con toda una serie de obras realizadas con mucha anterioridad y otras pintadas, como pudo, sobre tela reutilizada de sacas de harina o talegas, tal era la escasez y penuria general de aquellos difíciles años, para presentar con dignidad lo más florido de su arte que, en realidad, iniciaba una nueva carrera hacia la introspección e intelectualización de los temas y asuntos, como ya se manifestaba en su cuadro «Galas y juegos», cuya aparente y cándida inocencia temática a primera vista, un bodegón, sin más, muy académicamente resuelto, encerraba unas sutiles dosis de «surrealismo», bajo el siempre irónico trasunto de una «vanitas», que representaba con diversos objetos femeninos de aquella actualidad. Como ya sabemos, con este cuadro había participado en la Nacional de Barcelona recientemente.

Joaquina Zamora gozaba de muy buena estima profesional. Su consideración también llegaba a su Academia o Estudio de dibujo y pintura, a la que se dedicaba en cuerpo y alma, pues no en vano su sólida formación académica le hacía ser muy exigente con sus discípulos, en su mayor parte alumnas. Así que, entre la enseñanza y la práctica de la pintura en su propio estudio, fue pasando por los oscuros años de la década.

Su pintura siempre ha destacado por la corrección del dibujo; la organización de las masas de color, dependiendo de la iluminación, y por la sequedad y severidad de su pincelada, quizá como herencia inevitable de los que fueron sus maestros y sus más admirados artistas. Su estudio lo tuvo abierto y mantenido con encomiable ilusión hasta que marchó a Tarazona, en 1950, para dedicarse de nuevo a la enseñanza del dibujo en el Instituto Laboral turiasonense, coincidiendo con la reciente creación de quince de ellos en toda España.

Obtuvo plaza de Catedrática Numeraria de Institutos Técnicos de Enseñanza Media en 1960, siendo la primera mujer en lograrlo.

Tres años después es nombrada Consejera nata del Centro de Estudios Turiasonenses de la Institución «Fernando el Católico».

Primer Premio del Ayuntamiento de Zaragoza en la Exposición-Concurso Rincones y Jardines, en 1943.

Primer Premio del Concurso de copias de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza, en 1944, al ejecutar una copia de la «Virgen con Niño» de ISEMBRANDT La espectacular copia de esa tabla flamenca del siglo XVI que efectuó Joaquina Zamora la llevó, casi involuntariamente, a revivir sus antiguas ejercitaciones como copista en el Museo del Prado durante su estancia madrileña, ya que, a partir de entonces, puede decirse que le Ilovieron los encargos de este tipo.

Treinta exposiciones, varios premios de su ciudad, pero fue la enseñanza la que ocupó gran parte de su vida. De hecho, abrió su propia academia, además de impartir clases en Pamplona, Calatayud, Tarazona o Zaragoza.

Su obra cercana al impresionismo es, en gran parte, propiedad de la Diputación Provincial de Zaragoza. La pintora legó la mayor parte de ella a la institución antes de fallecer, cuando también recibió la Medalla de Oro de Santa Isabel, que concede la Diputación de Zaragoza.

Dentro de la época destaca por su espíritu independiente y por su aportación en tareas docentes.

La pintora Joaquina Zamora falleció cuando le quedaban tres meses para cumplir los 101 años. La decana de los artistas plásticos de Aragón fue enterrada en su ciudad natal, la misma en la que vivió los últimos años de su vida.

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