Certamen Internacional de Escultura «Monumento a la Semana Santa de Crevillent»

Declarada

de Interés Turístico Internacional

El Excmo. Ayuntamiento de Crevillent, la Federación de Cofradías y Hermandades de Semana Santa, y la Villa de Crevillent, quieren rendir un homenaje a su Semana Santa, elemento fundamental del Patrimonio Histórico y Artístico de la Villa y en su representación, a los integrantes de las Cofradías y Hermandades, portadores históricos de nuestra tradición, constituyéndose en un activo social y cultural de primera magnitud.

El no contar con un recordatorio memorable que homenajee su Semana Santa, es lo que impulsa a convocar este Certamen Internacional de Escultura, mediante el proyecto para la ejecución y materialización sobre las figuras representativas objeto del homenaje.

El “Certamen Internacional de Escultura-Monumento a la Semana Santa de Crevillent” presentado por el Ayuntamiento y la Federación de Cofradías y Hermandades de Semana Santa se desarrollará a lo largo de 2022 y está previsto que culmine con la inauguración del monumento en el primer trimestre de 2023 en la Plaza de la Constitución.

«Crevillent tendrá por fin un monumento a la Semana Santa«, así lo anunció el pasado jueves 14 de octubre, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento el alcalde, José Manuel Penalva, y el presidente de la Federación de Cofradías y Hermandades de Semana Santa, José Antonio Maciá.

La elección de la figura escultórica ganadora se decidirá mediante el “Certamen Internacional de Escultura-Monumento a la Semana Santa de Crevillent”, que se desarrollará a lo largo de 2022 bajo el lema “Emoción, voluntad, pasión” y que se verá culminado con la inauguración del monumento en el primer trimestre de 2023.

El alcalde de Crevillent ha destacado que el municipio tenía una deuda pendiente con la Semana Santa para homenajearla y que de este modo tengan presencia en el casco urbano las dos fiestas declaradas de Interés Turístico Internacional de la localidad.

Según ha explicado el presidente de la Federación de Semana Santa, José Antonio Maciá, a los creadores que realicen sus trabajos se les pedirá la creación de un monumento de carácter figurativo que en principio se contempla que se instale a ras de suelo en uno de los ángulos de la Plaza de la Constitución, junto a la Iglesia de Belén, “ágora y centro neurálgico cívico, depositaria eventos de fe, cultura y tradición”.

Desde la Federación han querido agradecer a la Asociación Española de Pintores y Escultores el trabajo prestado para la redacción y elaboración de las bases han mostrado su deseo de que se alcance el máximo de participación posible y poder contar así con un un recordatorio memorable que homenajee la Semana Santa.

Las bases del certamen, así como el resto de detalles, se podrán consultar a través de la página web del Ayuntamiento de Crevillent y de la Federación.

Aquí también puedes consultar las bases:

 

BASES MONUMENTO SSANTA CREVILLENT

 

Más información en:

https://semanasantacrevillent.es/

Crevillent nombrará hijo adoptivo de la villa a Mariano Benlliure

A iniciativa de la Federación de Cofradías y Hermandades de Semana Santa de Crevillent y con el apoyo del Ayuntamiento tras la declaración del 2022 como

“Año Benlliure”

El Ayuntamiento y la Federación de Cofradías y Hermandades de Semana Santa de Crevillent han iniciado en este mes de septiembre la apertura del expediente para nombrar Hijo Adoptivo de la Villa de Crevillent a Mariano Benlliure Gil (1862-1947), una iniciativa de la Federación que tuvo desde el primer momento el apoyo del Consistorio y que, tras informar de ella en la Comisión de Cultura y Fiestas, contó con el visto bueno de todos los grupos municipales.

Este trámite se ha hecho coincidir con la celebración del 75º aniversario del fallecimiento del insigne escultor y llega tras la declaración, el pasado 6 de mayo, del año 2022 como “Año Benlliure” en homenaje a este insigne escultor del siglo XX, reconocido tanto a nivel nacional como internacional.

Desde ambas entidades han resaltado la estrecha vinculación de Benlliure con el municipio, siendo Crevillent la ciudad que más obras suyas dispone: ocho procesionales y una devocional (Virgen del Rosario, patrona de Crevillent). Además la localidad cuenta desde el año 1961 con un museo entorno a la figura del escultor valenciano, con 1000 m2 de exposición y un total de 332 obras, con la rotulación de una calle y una placa conmemorativa de su presencia en 1945.

El presidente de la Federación de Semana Santa, José Antonio Maciá, ha explicado detalladamente la amplia relación del escultor con la localidad, razón fundamental a la hora de impulsar su nombramiento como Hijo Adoptivo de la Villa, y ha agradecido a la Corporación Municipal que “haya tenido la consideración de facilitar que en toda la Comunidad Valenciana y en todo territorio español se reconozca la figura de Mariano Benlliure”.

Mientras que el alcalde, José Manuel Penalva, ha agradecido el trabajo de la Federación así como el “apoyo unánime de toda la Corporación, que hará posible impulsar y aprobar esta relevante propuesta. Importante tanto por el reconocimiento a Mariano Benlliure como para el pueblo de Crevillent, mostrando nuestra gratitud por haber sido elogiados con este privilegio que aportará a su vez a nuestro municipio mayores oportunidades  económicas, culturales y turísticas”.

 

Certamen Internacional Literario Investigación y Ensayo “Benlliure, el viaje de la Escultura”

El Ayuntamiento de Crevillent y la Federación de Cofradías y Hermandades de Semana Santa han presentado el Certamen Internacional Literario Investigación y Ensayo “Benlliure, el viaje de la Escultura”.

Este Certamen está enmarcado dentro de las actividades organizadas con motivo del 75º Aniversario del Fallecimiento de Mariano Benlliure. La conmemoración de esta efeméride, tiene entre otros objetivos, el homenaje y reconocimiento al escultor valenciano por su aportación al mundo de la escultura, además de “poner en valor el Museo que Crevillent tiene dedicado al escultor valenciano”.

El objetivo del premio es fomentar el Ensayo y la Investigación basados en la vida y obras de Mariano Benlliure y su tiempo, mediante ensayos de divulgación, investigación, pensamientos, diarios y memorias, desde un punto de vista original, ameno y riguroso.

Cada uno de los apartados cuenta con un único premio en metálico de 1.500 €.

La presentación del Certamen cuyo cartel anunciador ha sido diseñado por el artista crevillentino Pepe Miralles, ha estado a cargo del Alcalde José Manuel Penalva Casanova y del Presidente de la Federación, José Antonio Maciá Ruiz.

El Primer Edil, destacaba que esta convocatoria literaria, ”nos proporcionará un mayor conocimiento de la figura de Mariano Benlliure Gil.”. Junto a este Certamen hay otras actividades que según el Alcalde, “pondrán en valor el Museo Mariano Benlliure y al propio Crevillent.”

Por su parte el Presidente de la Federación, José Antonio Macíá Ruiz, considera que, “este Certamen Internacional dará a Crevillent un gran prestigio cultural” .En este sentido espera que esta convocatoria cuente con una “gran participación de investigadores y ensayistas tanto nacionales como internacionales.”.

Las personas interesadas en participar en el Certamen podrán presentar sus trabajos entre el 16 de febrero y el 2 de marzo de 2022.

Aquí puedes descargar las bases

CERTAMEN LITERARIO Benlliure, viaje a la Escultura

 

Más información en: https://semanasantacrevillent.es/el-ayuntamiento-y-la-federacion-de-cofradias-y-hermandades-de-semana-santa-han-presentado-el-certamen-internacional-literario-investigacion-y-ensayo-benlliure-el-viaje-de-la-escultura/

 

 

El Año Benlliure

Crevillent declara 2022 como el

Año Benlliure

La Federación de Semana Santa y el Ayuntamiento organizarán conferencias, exposiciones y concursos para conmemorar el 75 aniversario de la muerte del escultor valenciano

Crevillent será el centro de la conmemoración del Año Benlliure 2022, en el que tendrá también una participación activa la Asociación Española de Pintores y Escultores que tiene el honor de contar entre sus fundadores con el genial escultor valenciano.

En la localidad de Crevillent se encuentra el Museo Mariano Benlliue, nacido de la reunión de un grupo de tallas religiosas para la Semana Santa que encargó al artista la familia Magro desde el año 1944, tallando un total de nueve obras para la localidad, constituyéndose así en la ciudad que más obra religiosa procesional posee de Benlliure. Esta familia inició, además, la adquisición de muchas de las piezas que hoy se exhiben en el museo logrando reunir en 1961 un total de ciento nueve obras, con las que abrió una primera exposición, embrión del actual museo, creado en 1967.

El Museo exhibe obras acabadas en materia definitiva: bronce, mármol, madera, cerámica e incluso metales preciosos como el oro. Dibujos y pinturas, y un importante archivo documental completan sus fondos. Además, el museo cuenta con obras de los pintores José y Juan Antonio Benlliure, hermanos del escultor y también socios de la Asociación de Pintores y Escultores, de Pepino Benlliure, hijo de José Benlliure, y otros pintores contemporáneos socios a su vez de la AEPE como los Garnelo o Aniceto Marinas.

En total son 332 las obras que guarda el museo, cuya exposición se divide en ocho ambientes: – Galería de retratos. Las técnicas – La casa estudio en la calle Abascal – El estudio. Monumentos públicos – Relieves conmemorativos – Escultura religiosa. El taller de imaginería – Obras de género: tauromaquia y bailaoras – Los Benlliure – Medallas y pequeñas placas conmemorativas Existe asimismo una pequeña sección dedicada al archivo personal de Mariano Benlliure, del cual este museo guarda un valioso conjunto de los primeros apuntes de sus obras, cartas, fotografías, noticias de prensa.

La Federación de Cofradías y Hermandades de Semana Santa, promotora del homenaje y el Ayuntamiento trabajan en la preparación de un amplio y extenso programa de actividades que tiene su base en la “intelectualidad escultórica del propio Benlliure y que se ve reflejado en el lema que lo identificará “LAS INFINITAS FORMAS EN EL ALMA”. En el plano promocional el Ayuntamiento trabaja para vincular a las Administraciones Estatal, Autonómica y Provincial al 75º Aniversario de la Muerte de Mariano Benlliure”.

De esta forma, las dos entidades llevarán a cabo la celebración del Año Benlliure, reivindicando así su figura con el derecho que les otorga ser los principales guardianes de su memoria y difusores de su grandioso legado artístico.

El Museo de Semana Santa acogió el pasado mes de mayo  el acto que sirvió de pistoletazo de salida a los actos conmemorativos del Año Benlliure 2022, que el presidente de la Federación, José Antonio Maciá, anunciaba que llevarán por título Infinitas formas del alma”.

Maciá destacaba que la Federación está trabajando codo con codo con el Ayuntamiento, para preparar esta conmemoración “que dignifique la figura del excelso escultor Mariano Benlliure, que visitó Crevillent en 1945 y que entre 1944 y 1947 esculpió varias obras para nuestra Semana Santa”.

Previstos están, por ejemplo, concursos literarios, de ensayo y de investigación. Ya en los programas, la creación de un apartado especial para las obras de Benlliure dentro del Concurso Internacional de Fotografía de la Semana Santa “Memorial Alberto Candela”.

También está pensado dedicar al artista valenciano parte del III Congreso Nacional de Escultura Religiosa, pensado para octubre en Crevillent. En 2022 se celebrarán diversas conferencias de expertos e investigadores, se implicará a las academias de bellas artes De San Fernando y San Carlos y a distintas universidades; se presentará un cartel sobre el 75 aniversario, se están diseñando publicaciones específicas y se va a organizar una exposición itinerante con obras del escultor.

La iniciativa nace de la Federación, pero el Ayuntamiento brinda todo su apoyo y, como señalaba el alcalde, José Manuel Penalva, “ya hacemos desde aquí un llamamiento a la Generalitat Valenciana, la Diputación de Alicante, el Gobierno de España, para que se impliquen en este Año Benlliure. También el pueblo de Crevillent debe implicarse en este proyecto tan ambicioso. A los crevillentinos nos gusta hacer las cosas a lo grande”.

El concejal de Turismo, Josep Candela, destacaba que el Año Benlliure “situará a Crevillent en el centro de las miradas turísticas y del mapa cultural, con una dimensión estatal e internacional”. Por ello, “nuestro Ayuntamiento se alegra de que gracias a la Federación podamos conmemorar este evento que adoptamos como una prioridad y sobre el que pondremos toda nuestra disposición y las herramientas de las que disponemos, como nuestra participación en Fitur. Todas nuestras actuaciones de promoción turística pivotarán en torno a la figura del escultor”.

En la imagen, el acto de presentación del Año Benlliure, a la izquierda, el Alcalde de Crevillent, José Manuel Penalva, José Antonio Maciá, Presidente de la Federación de Cofradías y Hermandades de la Semana Santa de Crevillent y el Concejal de Turismo, Josep Candela

Las Medallas de la AEPE: Mariano Benlliure Gil

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

      Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de su creador y en qué galardones se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

 

Medalla Mariano Benlliure Gil

del Salón de Otoño

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales.

Con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, para el Salón de Otoño se sustituyeron los premios de primera, segunda y tercera medalla, reservados únicamente a los socios, otorgándoles el nombre de los grandes maestros fundadores de la centenaria institución.

Fue en el 84 Salón de Otoño de 2017 cuando se establecieron los premios: Medalla de Pintura Joaquin Sorolla y Bastida, Medalla de Escultura Mariano Benlliure y Gil, Medalla de Pintura Cecilio Pla y Gallardo, Medalla de Escultura Miguel Blay y Fabregas, Medalla de Pintura Marcelina Poncela de Jardiel y Medalla de Escultura Carmen Alcoverro y Lopez.

 

Mariano Benlliure Gil

 

BENLLIURE Y GIL, Mariano       E    1910(F047)    8.set.1862   EL GRADO(V)   MADRID    9.nov.1947

 

Mariano Benlliure Gil nació el 8 de septiembre de 1862 en Valencia, en el seno de una humilde familia formada por los padres, Juan Antonio Benlliure Tomás y Ángela Gil Campos, y por sus hermanos Blas, José y Juan Antonio, todos ellos socios de la Asociación de Pintores y Escultores, si bien Mariano fue Socio Fundador con el número 47.

El cabeza de familia se especializó en pintura decorativa, introduciendo a sus hijos en el mundo artístico y preocupándose de que recibieran alguna formación, como José, que asistía como discípulo del pintor Francisco Domingo Marqués.

Mariano en cambio, que contaba haber sido mudo hasta los siete años, su hermano Juan Antonio fue ciego hasta los trece, no asistió a ninguna escuela ni academia, pese a su fuerte pasión por la escultura; era callado y observador, capaz de realizar movimientos finos que denotan que suplía la expresión oral por la plástica.

La insistencia en la falta de fluidez oral a lo largo de toda su vida, es la base de su alta capacidad manual, su agudeza visual y su autodidactismo, pues a los cinco años ya modelaba figuritas de cera con un alto grado de proporción y anatomía, que hacían las delicias de las monjas que atendían el asilo que el Marqués de Campo había levantado en la calle de la Corona y a cuyas escuelas asistió de niño.

Dibujo de José Benlliure en el que aparece su hermano Mariano, modelando a los seis años de edad

 

En 1874 la familia se traslada a Madrid, donde Mariano aprende el oficio de cincelador en la platería Meneses.

Dos años más tarde, participa en la Exposición Nacional de Bellas Artes antes de trasladarse de nuevo con la familia a Zamora, en donde recibe el encargo de un paso procesional para el que posó toda la familia y que terminó en Madrid, donde concurrió nuevamente a la Exposición Nacional con tres bustos en mármol y yeso.

En 1881 viaja a Roma junto a su hermano Juan Antonio, y donde ya residía su hermano José, abriendo un estudio que mantendría activo durante veinte años. Allí trabajó como pintor y acuarelista y se dedicó de lleno a la escultura.

 

Italia le permitió dominar las técnicas y materiales, conocer las fundiciones artísticas, visitar las canteras de Carrara y estudiar a los clásicos. Desde allí envió obra a la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1884, consiguiendo la Segunda Medalla.

Integrado en la vida cultural y artística de Roma, se relacionó con artistas como Alma Tadema, por cuya recomendación recibió un importante encargo de Henry Gurdon Marquand en Nueva York.

Viajó también a París, invitado por Francisco Domingo Marqués, para el que modeló los bustos de sus hijos, que envió a las Exposiciones Internacionales de Múnich (1890) y Berlín (1891), con las que consiguió las Primeras Medallas, y fue galardonado con Medalla de Honor en la de Viena (1894) y en la Universal de Paris de 1900.

En 1886 contrajo matrimonio con Leopoldina Tuero O’Donnell, con quien tuvo dos hijos, Leopoldina y Mariano, pero la ruptura del matrimonio le anima a trasladarse a Madrid y abrir estudio en la glorieta de Quevedo, pero sin cerrar su estudio italiano.

 

Ya conocido en el mundo artístico nacional e institucional, recibía numerosos encargos para la realización de monumentos conmemorativos, con los que consiguió la Primera Medalla en la Exposición Nacional de 1887.

En la  Exposición Nacional de 1890 presentó una gran producción en la que había obras de todo tipo de técnicas y géneros como el mármol, yeso, bronces,… mientras seguía triunfando en los concursos públicos para la realización de monumentos, alcanzando el más alto reconocimiento en la Exposición Nacional de 1895, la Medalla de Honor, que por primera vez se concedía a un escultor.

Leopoldina Tuero O’Donnell

 

En esos años, conoció a Lucrecia Arana, la primera tiple del Teatro de la Zarzuela, con quien emprendió una nueva y estable relación que perduró hasta la muerte de la cantante, y fruto de la cual nació un único hijo, José Luis Mariano.

Mariano Benlliure visto por  Ramón Casas

 

Mariano Benlliure visto por  Joaquín Sorolla

Mariano Benlliure visto por  Laszlo

 

Reconocido en los ambientes internacionales, le llegaron los primeros reconocimientos académicos e institucionales, siendo nombrado Director de la Academia de España en Roma e ingresando como Académico de Número en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.

Los nuevos y constantes encargos de monumentos en Madrid y distintas ciudades, hicieron que el artista ampliara su estudio, trasladándolo a la calle de Abascal, próximo al Paseo de la Castellana, que pronto se convertirá en punto de encuentro de los personajes más ilustres del momento, tanto para posar como participar en sus animadas tertulias. De allí salieron excepcionales y numerosos retratos y monumentos, entre ellos la larga serie dedicada a la familia real, que acostumbraba visitar al escultor para admirar sus últimas obras.

1910 fue un año trascendental para Benlliure por su concurrencia en tres exposiciones internacionales conmemorativas de las independencias de Argentina, Chile y México.  En la Exposición Internacional de Medallas Contemporáneas, organizada por la Sociedad Numismática de Nueva York, a raíz de la cual entró en contacto con Archer Huntington, que adquirió la placa Retrato de Santiago Ramón y Cajal (1909) para la Hispanic Society. Benlliure contribuyó de forma notable a la evolución de la medalla escultórica, con una abundantísima y constante producción.

Mariano Benlliure junto a Lucrecia Arana, el amor de su vida

 

Fueron años de intenso trabajo en monumentos públicos en América y España, como los monumentos a San Martín en Lima, a Simón Bolívar, a Núñez de Balboa, al cabo Noval, a José Canalejas y su mausoleo destinado al Panteón de Hombres Ilustres.

En 1917 fue elegido para ocupar la Dirección del Museo de Arte Moderno y la Dirección General de Bellas Artes, cargo desde el que asumió importantes retos como la conversión de la Ermita de San Antonio de la Florida en panteón de Goya y el traslado de sus restos desde el Cementerio de San Isidro; la creación de la Escuela de Paisaje del Paular (Rascafría, Madrid), de la Casa de Velázquez (Madrid) y del Pabellón Español en la Bienal de Venecia.

Tras su dimisión, fue nombrado Patrono del Museo Nacional del Prado.

Dos fotografías del escultor con La fuente de los niños y  junto a su nieto

 

En esos años, Archer M. Huntington le encargó un primer busto del pintor Joaquín Sorolla para presidir la sala destinada a albergar su serie de grandes lienzos Visión de España en la Hispanic Society de Nueva York, busto con el que se inició una serie de retratos de personajes ilustres de la vida cultural y política española para la sociedad y un segundo busto de Sorolla en 1932.

Además, continuó enviando obras a exposiciones nacionales e internacionales, obteniendo Medallas y distinciones, premios y honores que francamente, merecía.

Su fuerte atracción desde la infancia por el espectáculo de la lidia fomentó su amistad con algunos de los más famosos diestros a los que consagró en múltiples obras.

Lucrecia Arana y su hijo, retratados por Joaquín Sorolla

 

La repentina muerte de Lucrecia Arana el 9 de mayo de 1927, marcó profundamente a Mariano Benlliure, que se refugió en su trabajo.

En 1929, durante la inauguración en Jerez del monumento ecuestre al general Miguel Primo de Rivera, coincidió con Carmen Quevedo Pessanha, viuda del escritor y amigo Juan Nogales Delicado, a la que se uniría en matrimonio civil en 1931 en una ceremonia privada en su estudio, y que escribiría una extensa biografía del escultor publicada después de su muerte.

Unos meses después de la proclamación de la Segunda República, dimitió como director del Museo de Arte Moderno tras la remodelación de su patronato, y fue nombrado Director Honorario al tiempo que Patrono del Museo Sorolla de Madrid.

Los encargos oficiales y particulares seguían llegando, si bien se dedicó con mayor fluidez a realizar retratos  de su entorno más próximo y obras de menor tamaño en bronce y cerámica, generalmente de carácter costumbrista, modeladas con minucioso realismo.

Mariano Benlliure Tuero, fruto del primer matrimonio de Mariano con  Leopoldina Tuero O’Donnell,  fue un escritor (1868-1952) que  perteneció al Grande Oriente Español y su filiación masónica era conocida puesto que formó parte del consejo de redacción de la revista Latomia que publicaba                      la logia La Unión

 

En mayo de 1935 abrió las puertas de su estudio para presentar sus últimas obras: el Altar del Sagrado Corazón de Jesús para la Catedral de Cádiz, el Mausoleo de la familia Falla y Bonet para el Cementerio Colón de Buenos Aires, y el Sarcófago de Vicente Blasco Ibáñez, amigo desde la juventud, y del que ya había modelado un espléndido busto.

Durante los primeros meses de la Guerra Civil no quiso abandonar su estudio y permaneció en Madrid trabajando. Con 74 años de edad, casi ciego y con todos los achaques de la edad, invitado por el Gobierno Francés como miembro del Instituto de Francia, a visitar la Exposición Universal de 1937, accedió a viajar a París donde se exponían dos de sus obras, permaneciendo allí más de un año, hasta que cayó enfermo y a finales de julio de 1938 se traslada junto a su esposa Carmen Quevedo, de origen portugués, a Viseu donde ella tenía casa, familia y medios para atender su enfermedad.

Una vez recuperado, reemprendió su trabajo en el estudio del escultor Texeira Lopes que le cedió un espacio, hasta su retorno definitivo a Madrid en junio de 1939. Aún regresó a Viseu un año después para montar el Monumento a Viriato.

El escultor en uno de sus viajes a Nueva York

 

 

En los últimos años de su vida, los encargos de carácter procesional fueron abrumadores, saliendo de su taller multitud de imágenes religiosas que reemplazaron a las destruidas en la guerra civil. Tallas de las que se encargó el escultor Juan García Talens a partir de los modelos ampliados de los bocetos modelados por Benlliure.

Mariano Benlliure realizó también a lo largo de su vida artística, diseños para vajillas y elementos decorativos, como esta copa de champán para uno de sus clientes de Nueva York

 

La escultura religiosa ocupó gran parte de su trabajo de los últimos años de su vida

 

En 1942 Valencia le rindió un emotivo homenaje en el Paraninfo de la Universidad y le concedió la Medalla de Oro de la Ciudad, y en 1944 la Dirección General de Bellas Artes celebró un Homenaje Nacional en el que le fue concedida la Gran Cruz de Alfonso X, el último de la larga lista de reconocimientos oficiales y académicos que recibió a lo largo de su fructífera trayectoria artística.

Carmen Quevedo Pessanha, última esposa del artista

 

Mariano Benlliure fue miembro de diversas Academias de Bellas Artes: San Fernando de Madrid, Valencia, Zaragoza, Málaga, San Lucas de Roma, Brera de Milán, Carrara y París, así como de la Hispanic Society de Nueva York; y recibió innumerables condecoraciones entre las que destacan la Legión de Honor de Francia y Comendador de la Orden de la Corona de Italia, además de la mencionada Gran Cruz de Alfonso X y la del Mérito Militar de España.

Falleció a los 85 años, el 9 de noviembre de 1947, en su casa-estudio de la calle de Abascal en Madrid.

En cuanto se conoció la noticia de su muerte, acudieron a su casa estudio los escultores Ignacio Pinazo, Ramón Mateu y Víctor de los Rios, que hicieron mascarillas del cadáver. En su casa se instaló la capilla ardiente, habiendo sido amortajado con el hábito de San Francisco de Asís, y encerrado en un ataúd de caoba sencillo y sobrio. Llegaron después el Ministro de Educación y otras personalidades como el marqués de Lozoya, el subdirector del Museo del Prado, José Francés, en nombre de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y durante todo el día desfilaron por su domicilio numerosísimas personalidades, que firmaron en el libro de condolencias instalado en el jardín, a la entrada del estudio del escultor.

A las cinco de la tarde comenzó el traslado de los restos a la Estación de Atocha en una comitiva encabezada por su nieto, familiares y amigos íntimos, a la que seguía el clero de San Juan de la Cruz, y miembros de la Asociación de Pintores y Escultores, del Círculo de Bellas Artes, de la Real Academia de Bellas Artes y la Asociación de Escritores y Artistas. Al llegar a la estación, el cadáver fue trasladado al vagón habilitado para capilla ardiente.

A su llegada a Valencia, millares de personas desfilaron para contemplar los restos del ilustre artista, en la capilla ardiente instalada en el Ayuntamiento. Y tras tres solemnes misas celebradas allí mismo, la comitiva fúnebre encabezada por la Guardia Municipal montada, abría la marcha a los portadores de las numerosísimas coronas; tras ellas, representaciones de los gremios y entidades valencianas, de la Banda Municipal, el clero y el féretro, al que seguían el capitán general de la Región Militar en representación del Jefe del Estado, Ayuntamiento, Diputación, autoridades varias, su nieto y sobrino, Enrique Benlliure y José Campos Benlliure, junto a otros íntimos del finado, el representante del Director General de Bellas Artes, representantes de las Reales Academias y otros cuerpos, representación de la Real Academia de San Fernando y una inmensa multitud. Llegados a la catedral, el cabildo rezó un responso, siendo colocado el féretro ante la Patrona de Valencia, Nuestra Señora de los Desamparados, de la que el artista era tan devoto. Pasó después la comitiva por el Museo Provincial de Bellas Artes y desde allí el entierro continuó hasta el cementerio del Cabañal, donde los restos de Mariano Benlliure recibieron sepultura, en el panteón donde reposan los restos de sus padres.

La capilla ardiente en Madrid, el traslado de los restos hasta Valencia y el multitudinario entierro de Mariano Benlliure

 

Madrid: museo abierto de Benlliure

Autor de innumerables obras civiles y funerarias, de monumentos repartidos por todo el mundo, y de abundante obra religiosa, destacaremos que es el escultor del que más obras hay en la ciudad de Madrid: las Estatuas ecuestres de Alfonso XII y del General Martínez Campos en el Retiro, el Monumento a Miguel Moya y el Grupo escultórico a Cuba, también en el Parque del Retiro, distintos sepulcros en el Panteón de Hombres Ilustres de Atocha, la Estatua de la Regente María Cristina, frente al Casón del Buen Retiro, la Estatua de Francisco de Goya, junto al Museo del Prado, en la Plaza de la Villa la Estatua de Álvaro de Bazán, la Estatua del General Manuel Cassola Fernández, en el Parque del Oeste, la Estatua del Teniente Jacinto Ruiz Mendoza en la Plaza del Rey, la Estatua de Bárbara de Braganza en la Plaza de la Villa de París, la Estatua a Loreto Prado en la Plaza de Chamberí, la Estatua en honor al Cabo Noval en la Plaza de Oriente, la Efigie del Teniente Ruiz en Chueca, el Grupo Escultórico del edificio Metrópolis de la calle Alcalá con Gran Vía, el Grupo Escultórico a Emilio Castelar en el Paseo de la Castellana y las lápidas y placas conmemorativas a José Canalejas, en la Puerta del Sol, a Serafín y Joaquín Álvarez Quintero en la calle Velázquez y a José Nogales en la Calle Santa Engracia.

Decimos que es el autor de mayor número de esculturas en Madrid y por el contrario, no cuenta el artista en la capital de España más que con una humilde lápida de cerámica situada en la tapia de la Plaza de Toros de El Batán, dedicada por los aficionados al toro y al toreo. Triste recuerdo y mal pago le hace Madrid a quien culminara obras tan sublimes, a quien ha embellecido calles y plazas, parques y jardines con su arte.

Madrid se ha convertido en su gran museo abierto y le debe también una estatua. Propuesta que sale de esta humilde Asociación Española de Pintores y Escultores, y que como tantas otras, no tendrá eco en una sociedad que ya no requiere memoria.

Perfil humano

Mariano Benlliure es el escultor español que ha gozado de mayor reconocimiento público desde sus primeros éxitos logrados en vida hasta nuestros días.

En su persona confluyen unas excepcionales dotes para el oficio, conjugadas con una asombrosa versatilidad creativa, una originalidad renovada en sus planteamientos estéticos y un manejo absoluto de todos los recursos plásticos y escenográficos que permite la creación escultórica, en la que demostró un esfuerzo continuo por evolucionar en sus diversos lenguajes estilísticos, aderezado todo ello por una actividad creadora desbordante, resultado de su inagotable energía vital y de una dedicación total a su trabajo.

Su obra tiene la aparente facilidad con que utilizó todos los recursos de las distintas técnicas de modelado y cincelado, mostrando siempre un cuidado exquisito en el acabado de las superficies, con las que supo extraer el máximo provecho a su morfología y texturas, atento al virtuosismo en los detalles, pero sin caer en el manierismo.

Mariano Benlliure esculpiendo el caballo del Monumento al General Martínez Campos que se encuentra en el madrileño Parque del Buen Retiro y en el que trabajó directamente con sus dedos, imprimiéndolos en la materia

 

Con una incontenible fogosidad creativa, de genio dinámico, de activa y vivaz inteligencia, una inusitada vocación al trabajo, para Mariano, la escultura era una expresión personal, una habilidad innata y una paleta en la que trabajar.

En esta fotografía se aprecian las proporciones de una de sus esculturas ecuestres

 

Como ya hemos visto, sus problemas de expresión oral en la niñez, hicieron que sin embargo  su prodigiosa memoria almacenara las imágenes de las pinturas que colgaban del Museo Provincial de Bellas Artes de Valencia, situado en el Convento del Carmen, donde su madre enviaba a los hijos todos los domingos por la mañana.

Lucrecia López de Arana fue la compañera fiel, entregada y sincera que buscaba su torturado espíritu y, sin reparar en la hipócrita mentalidad de la sociedad del momento, le deparó la auténtica felicidad sentimental necesaria para realizar sus mejores obras.

Su casa-estudio de la calle de Abascal, frecuentada por políticos, artistas, intelectuales, toreros…, aportó popularidad de su nombre, colocado hacía tiempo en la cima de los autores más afamados en el país, de modo que el asistir a su casa ya era un «acto público obligado» para todo aquel que quería destacar en el mundillo de la popularidad. Su casa y su amistad eran sinónimo de distinción social, abundando también los encargos de obras menores y los retratos, algunos acompañados de piezas de orfebrería.

Un destello de entrañable alegría fue el nacimiento de su nieto, hijo de su hija Niní en 1915, una de las últimas alegrías personales.

La longevidad de Mariano le acarreó la tristeza de ver desaparecer a todos sus seres queridos, desde Lucrecia Arana, que muere en 1927, hasta su hermano José, que muere en 1936. El contrarresto es siempre el hundimiento febril en su trabajo creador, capeando las circunstancias más o menos favorables que depara el proceso histórico de los años críticos de la Guerra Civil Española, una etapa en la que Mariano ya no espera más que morir trabajando. Sin embargo hay también hechos que le llenan de emoción, como si fueran la culminación de sus aspiraciones recompensadas: los homenajes que Valencia rinde a Joaquín Sorolla y a Vicente Blasco Ibáñez.

 

A pesar de tantos años de lucha y triste vejez, Mariano Benlliure tuvo la suerte de morir tal como siempre deseó: trabajando, tallando una Entrada en Jerusalén que parecía indicarle que había llegado la hora de iniciar el camino de salida de este mundo. Era el día 9 de noviembre de 1947.

El tedio de la estética clasicista avivó su propio instinto de observación de la realidad que, unido a su falta de expresión oral y a la situación humilde de su familia, redundó en un refuerzo del espíritu de trabajo, sacrificio, esfuerzo y unión familiar, cualidades que al haberlas captado desde niño pudo siempre valorar.

“Tenía una extraña mezcla de señor y bohemio,
bebía en copa de plata o en botijo verbenero
lo mismo esculpía a un rey que al golfillo colillero.

Orgulloso de su España, de sí propio era modesto,
suplicaba a la gente que le llamaba maestro
no me digáis don Mariano y escultor, ni nada de eso,
soy solo Marianet, alias el picapedrero”.

Trabajando en el busto a Sorolla de la Hispanic Society

 

No fue un artista ilustrado ni brilló por su elocuencia, sino precisamente por su sencillez, su carácter alegre y festivo, su sincera camaradería y su saber mantenerse en su puesto, pudo conservar la amistad de una clientela, indudablemente interesada en obtener su obra, a la que sabía mimar con sus detalles y atraer con el ambiente de salón, escaparate, exposición permanente y tertulia artística que lograba crear en su estudio taller.

Mariano convierte la pintura en escultura, o mejor dicho, hace una escultura que recuerda a la pintura, de ahí que podamos concluir que sus obras son el encuentro de las dos artes: composición, espacio y dibujo fusionados con el volumen, la forma y la textura, incluso el color se traduce en la combinación de volúmenes, en el logro de sombras y en la combinación de los materiales (mármol y bronce, terracota patinada, piedra natural y cerámica vidriada). El hecho de que gran parte de sus pinturas no se hayan localizado, se justifica precisamente porque las realizó en la época en que vivió en Roma y fueron vendidas en el extranjero, aparte de que nunca les concedió importancia al hablar de su obra.

Mariano gozó de la clientela del “todo Madrid” durante su prolongada carrera. La sociedad madrileña acomodada y especialmente aristocrática gustaba de su ingenio para la decoración y encontró en él, al artista que supo llenar sus ansias de novedad a tenor de las nuevas modas. Su temperamento y su sentido artístico le predisponían para ser un buen decorador y aquel ambiente, que prefería lo vago y lo impreciso, le fue favorable.

Todos los que le conocieron y han transmitido sus recuerdos nos destacan enseguida su atractivo personal: un cuerpo ágil y vigoroso, con manos encallecidas como las de un jovial trabajador, con un rostro que atrae por sus ojos pequeños y expresivos, sano de color, densas patillas rizadas y poblado bigote, pero en especial prominentes orejas que él siempre destaca en sus autocaricaturas. Y sobre todo destaca en él una sonrisa franca, eterna y contagiosa, que se hace más cálida cuando con su afable cordialidad, tiende su mano llena de vitalidad. A ello une su especial indumentaria: un gorrito de tela negra, chaleco sobre la camiseta, brazos al aire y pantalones de polaina “porque se le enfrían los pies”, todo ello manchado de barro y de tiznes blancos de escayola…, parece un obrero de la construcción al pie de la obra.

 

Gállego define así su obra: «es romántico como Carpeaux en sus niños, guirnaldas y composiciones históricas; impresionista al jugar con los efectos de luz sobre las superficies con destelleantes detalles minúsculos; expresionista porque nos habla de emociones y sentimientos; simbolista porque en toda su producción pervive la idea de la vida y de la muerte; modernista por sus ritmos ondulantes, que recogen el movimiento de una suave brisa; fidíaco en sus detalles realistas; helenístico en sus figurillas menudas de terracota; y primitivista en sus relieves de gruesos trazos […] y sobre todo un enamorado de la naturaleza y de la vida que pretende aprisionar en el barro». Sus delicados y juguetones niños que danzan entre frondas de guirnaldas, flores o frutas, así como los frisos de cerámica en donde el amor emerge entre besos furtivos y motivos alegóricos a la alegría y la abundancia, fueron sus mejores creaciones, que sus imitadores jamás llegaron a igualar.[…] En todos sus elementos ornamentales, de un potente barroquismo de raíz tan valenciana, es preciso reconocer siempre la perfección con que el artista modela, dotando a la piedra, barro o bronce de una afinada sensibilidad. De aquí también el primor incomparable de sus pequeñas composiciones, destinadas a una serie de adornos de mesa, fundidas en bronce o vaciadas en cerámica. Como en todos los escultores de su generación, la mayor excelencia de Benlliure fue el retrato. Como los grandes artistas del Renacimiento sabe captar en el modelo aquello que es constante, que constituye su expresión, el reflejo externo de su vida interior. El retrato, que obliga a ceñirse a lo natural, le permite ostentar la habilidad prodigiosa en el modelado. Es inútil citar ejemplos. En la lista innumerable de sus excelentes bustos y retratos, hasta los labrados en su extrema ancianidad, no se pueden señalar sino aciertos”.

En 1952 se realizó una emisión de billetes de 500 pesetas con el busto de Benlliure en el anverso, mientras que en el reverso figuraba el sepulcro del tenor Gayarre en el valle del Roncal, una de sus obras más conocidas y que fueron retirados de circulación en diciembre de 1971

 

Todos hemos tenido en la mano un auténtico «Benlliure»: las monedas que se acuñaron a partir de 1947 eran obra  del escultor valenciano

 

La peseta de 1946 con estrellas 19-48, se conoce como «Peseta de Benlliure», por haber sido diseñada por el escultor . La pieza fue presentada a Franco, que la rechazó porque no le gustaba la caída del cuello; en 1947 se hizo otra, con el cuello más redondeado y se puso en circulación sin que se retiraran las antiguas, que cuestan algo más de 3.000 euros la pieza

 

En el billete de 100 pesetas del 19 de febrero de 1946, aparece un retrato de medio cuerpo de Goya, inspirado en el monumento que realizó Benlliure al pintor aragonés en 1902, y que se encuentra frente al Museo del Prado

 

Mariano Benlliure y la AEPE

La fundación de la Asociación de Pintores y Escultores se fraguó según una idea de Mariano Benlliure, quien en 1904 y en el transcurso de un banquete celebrado en el Retiro, en honor de los artistas premiados en la Exposición Nacional de Bellas Artes de ese año, propuso ya la “formación de una Sociedad de Pintores y Escultores Españoles, aún residentes en el extranjero, con objeto de defender sus intereses materiales y artísticos,… fomentar todas las manifestaciones del Arte por medio de Exposiciones en España y en el extranjero, crear una Caja de socorros y pensiones…y la instalación de un salón permanente donde los individuos que perteneciera a la Asociación pudiesen exponer sus obras, dando así mayores facilidades al público y a los artistas para la venta”.

Estas y otras ideas expuestas entonces fueron acogidas por todos los presentes y los ausentes cuando las conocieron, con unánime aplauso. Pero Mariano Benlliure no volvió a acordarse de ello y la idea quedó sumida en el olvido.

Seis años más tarde, fue Eduardo Chicharro quien recordando las palabras del maestro, decidió retomar la idea y recordar a todos los artistas que era preciso unirse para constituir una fuerza, para prestarse mutualidad y recíproco apoyo, y así se formó una Junta organizadora que convocó a todos los pintores y escultores madrileños y logró reunirlos en el gran salón de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Más de 150 acudieron a este llamamiento que se convirtió en Asamblea y que reunió a artistas anónimos y a otros de primera fila, y en donde se habló de la conveniencia de la reunión de todos los artistas y se leyeron los estatutos, que habían sido previamente repartidos con las invitaciones a la convocatoria, para que los que quisieran pudieran presentar modificaciones o sugerencias, y que fueron finalmente aprobados con total unanimidad.

El encierro, presentada al XIX Salón de Otoño

Mariano Benlliure firmó el acta fundacional, convirtiéndose en Socio Fundador, con el número 47. Desde el inicio, se convirtió en miembro activo de la entidad, participando en festivales, en la suscripción popular para la adquisición de La Adoración de los Reyes de Van der Goes, iniciada por el Presidente Joaquín Sorolla.

En 1918 la Asociación de Pintores y Escultores convocó en España del I Congreso Nacional de Bellas Artes, con el beneplácito de todos los organismos oficiales y sociedades afines de la época, que estuvo bajo el Patronato del Rey, y teniendo como Presidentes de Honor, a los socios de la entidad Marceliano Santamaría, a Mariano Benlliure, Miguel Blay, Antonio Muñoz Degrain y José Llimona.

Desde su cargo como Director General de Bellas Artes, se reunió en multitud de ocasiones con el Presidente y la Junta Directiva de la Asociación de Pintores y Escultores, prestando todo el apoyo oficial que requería sacar adelante los importantes proyectos que llevó a cabo la entidad, como la realización de exposiciones en distintos países latinoamericanos, la buena marcha de la Residencia de Artistas de El Paular, la Comisión para la Exposición de Venecia, o la colaboración que mantenía en la Gaceta de Bellas Artes que publicaba la institución.

El Sagrado Corazón, que presentó al XV Salón

 

Cuando en 1921 dimitió de su cargo por razones de salud, Juan Espina y Capo, la Asociación de Pintores y Escultores le homenajeó haciéndole entrega en los locales sociales, de una Medalla de Oro modelada altruistamente por Mariano Benlliure, junto a un cuaderno con las firmas de los asistentes en reconocimiento a quien fue el alma del Primer Salón de Otoño.

Además, el propio Benlliure participó con la Asociación de Pintores y Escultores en la colaboración que hizo la entidad de una exposición y venta de obras en el Museo Provincial de Pintura de Huelva, con destino a los hospitales de sangre, en un intento de aliviar los sufrimientos ocasionados por la Guerra del Rif.

En 1924 fue elegido Vocal de la Junta Directiva de la Asociación de Pintores y Escultores bajo la presidencia de Pedro Poggio, junto a artistas como Cecilio Plá o Alcalá Galiano, y siendo Director del Museo de Arte Moderno.

En 1926 la Exposición Internacional del Grabado de Florencia, solicitó a la Asociación de Pintores y Escultores organizara la participación española, siendo elegido para presidir el comité de selección de obras.

Retrato de mi padre, que se exhibió en le XIX Salón de Otoño

 

Ese mismo año, abrió su estudio de la calle Abascal a los socios de la entidad para que pudieran ver el Monumento a Bolívar que hizo con destino a la República de Panamá.

En 1928 y con motivo del Centenario de Goya, publicó sus opiniones acerca del inmortal artista en la Gaceta de Bellas Artes, en un número dedicado al genio aragonés. Además, formó parte del comité organizador para la exposición de pintura y escultura en Bélgica y Holanda que le fue encomendado a la Asociación de Pintores y Escultores por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, así como en la que también se le encomendó a la AEPE, en la ciudad de Oslo en 1931.

En el XII Salón de Otoño de 1932 hubo una sala dedicada a Mariano Benlliure, que exhibía 17 obras, de ellas, cuatro bajorrelieves, siete cerámicas y barros, un bronce, un mármol y cuatro óleos.

1932 fue un gran año en el arte español. Las instituciones dedicadas al arte reunían a grandes maestros: Julio Moisés era el Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores, Mariano Benlliure el Presidente de la Asociación de Escritores y Artistas, y José Francés (ex Presidente de la AEPE), Vicepresidente del Círculo de Bellas Artes.

En 1934, comentando sobre las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, declaraba Mariano Benlliure que Es doloroso que nunca se haya preocupado el Estado de que existiese un local adecuado para celebrar las Exposiciones Nacionales y suponemos que esto lo decía con muy amplio conocimiento de causa puesto que él fue Director General de Bellas Artes en 1918 y se supone lucharía por conseguirlo.

Después de ver la película Alma de centauro Mariano Benlliure logro un pase privado exclusivo de la película, en el cine Progreso de Madrid, para tomar apuntes del caballo protagonista “Rex”.

Fue Jurado del XV Salón de Otoño.

Terminada la guerra en abril, en mayo de 1939, el secretario de la Asociación, José Prados López, envió una carta a los artistas que poseían Medalla de Oro de las Exposiciones Nacionales, para que entregasen de forma voluntaria aquellas medallas para ayuda a la patria en la posguerra. Toda la prensa se hizo eco, como no podía ser menos, de aquellas cartas y de la generosidad de los artistas a los que se ofreció fundir otras en inferior metal para recuerdo. Benlliure entregó la suya en un gesto altruista, otro más a lo largo de su carrera, que le honraba.

En junio de 1939, recién terminada la contienda, tomó parte en la exposición de “Obras ejecutadas en Madrid durante la guerra”.  Que se celebró en los locales de la Asociación en la calle Infanta, 30, junto a artistas como Moreno Carbonero, Martínez Cubells, Orduna, Ardavín, Llorens, Vázquez Díaz…

En 1944, la Casa de Valencia promovió un homenaje nacional a Mariano Benlliure, al que se adhirió la Asociación, siendo José Planes el representante de la institución en la Comisión del Homenaje.

En el entierro del artista, la Asociación Española de Pintores y Escultores tuvo una presencia destacaba, como no podía ser menos por uno de sus más ilustres miembros y fundadores.

Al I Salón de Otoño de 1920 concurrió Mariano Benlliure y Gil, inscrito así, reseñando que es “natural de Valencia; reside en Madrid, calle de Abascal, número 53”, y presentó las obras:

872.- El garrochista (bronce) y 873.- Mi nieto (mármol)

En el II Salón de Otoño de 1921 presenó:

277.- Escultura

Al VII Salón de Otoño de 1927, reseñado ya como Socio de Honor de Salones anteriores, presentó las obras:

482.- Busto-Retrato del Excmo. Sr. D. José Francos Rodríguez (bronce), 483.- Busto-Retrato del pintor Domingo Marqués (bronce) y 484.- ·l Garrochista (estatuita ecuestre, en bronce)

Al XI Salón de Otoño de 1931 concurrió con:

121.- Boceto de la estatua del duque de Rivas (bronce) y 270.- Arrancándose (bronce)

En el XII Salón de Otoño de 1932 hubo una sala dedicada a Mariano Benlliure, que exhibía 17 obras, de ellas, cuatro bajorrelieves, siete cerámicas y barros, un bronce, un mármol y cuatro óleos: Cuatro placas relieves de niños, tituladas Las cuatro estaciones, La Sagrada familia, placa en cerámica, Goya, ídem, Velázquez, ídem, La bailaora, figura en cerámica, Niño, barro cocido, Cabeza de gitana, ídem, Busto de mujer, ídem, Bretón, medalla barro cocido, Las víctimas de la fiesta, bronce, Amalio Gimeno, mármol, La vara, óleo, Matilde Benlliure, óleo, Angelita Benlliure, óleo

En el XIII Salón de Otoño de 1933 llevó las obras: 79.- Las víctimas de Navidad (bronce), 80.- Hacia el redil (bronce), 13.- La primera alegría (barro cocido esmaltado), 11.- Mantilla española (cerámica) y 35.- Busto de Romero de Torres

Al XIV Salón de Otoño de 1935 presentó 15.- Don Tirso Rodrigáñez y Sagasta (busto en bronce)

En el XV Salón de Otoño de 1935 presentó las obras:

372.- La maja de la mantilla, 373.- Retrato del escultor portugués Antonio Teixeira López, 374.- Sagrado Corazón (talla policromada)

En el XVI Salón de Otoño de 1942 exhibió las obras:1.- Cristo yacente de Hellín (escayola), 2.- Retrato de Mercedes Sangroniz (escayola), 3.- Anverso de la medalla de Rodríguez Marín (bronce), 4.- Reverso de la medalla de Rodríguez Marín (bronce), 5.- Medalla del maestro Bretón (bronce) y 6.- Retrato de Nelly Schultes (bronce)

En el XVII Salón de Otoño de 1942 llevó: 5.- La Marías y 8.- Retrato de Aniceto Marinas (escayola)

En el XIX Salón de Otoño de 1946 contó con Sala propia y se exhibieron las obras: 1.- Retrato del padre (bronce), 2.- Retrato de la madre (mármol), 3.- Retrato de don Aniceto Marinas (bronce), 4.- Autorretrato (bronce), 5.- Retrato de don José Benlliure (bronce), 6.- La perrita “Tinita” (bronce), 7.- La perrita “Tasquitas” (bronce), 8.- Retrato del Caudillo (mármol), 9.- Estatuita ecuestre de Fernando Primo de Rivera (bronce), 10.- Busto estudio del Teniente Gral. Orgaz (yeso), 11.- Retrato de Mercedes (yeso), 12.- Retrato del escultor Laszlo Zinner (yeso), 13.- Busto del pintor Jorge Apperley (yeso), 14.- Grupo del encierro (bronce), 15.- El arrastre (bronce), 16.- Busto de Lucrecita (bronce) y 17.- Toro marrajo (óleo)

En el 50 Salón de Otoño de 1983, en la Sala Homenaje a los artistas que hicieron posible el I Salón de Otoño en 1920, se exhibió la obra D. Segismundo Moret (Dedicado a don Natalio Rivas), bronce.

 

Mariano Benlliure fotografiado junto a su hermano José

 

Dos fotografías aparecidas en el diario ABC, arriba en la tumba de Cánovas, en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid y abajo, despachando cuando era Director General de Bellas Artes

Las Medallas de la AEPE: Francisco Esteve Botey

Por Mª Dolores Barreda Pérez

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de su creador y en qué galardones se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

Medalla de Grabado Francisco Esteve Botey

del Salón de Dibujo, Grabado e Ilustración

En el año 2016 la Asociación Española de Pintores y Escultores convocó por vez primera el Salón de Dibujo de la AEPE, que constituyó un rotundo éxito. Un año más tarde y con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, se instituyeron los siguientes premios: La Medalla de Dibujo Marceliano Santamaría Sedano, la Medalla de Grabado Francisco Esteve Botey y la Medalla de Ilustración Eulogio Varela Sartorio.

FRANCISCO ESTEVE BOTEY

ESTEVE BOTEY, Francisco    P.G. 1910(N)           19.ene.1884    S. MARTIN PROVENSALS(B)   MADRID              4.jul.1955

El pintor, grabador, aguafuertista y publicista Francisco Esteve y Botey, nació en la localidad barcelonesa de San Martín de Provensals, en 1884.

Hijo de un comerciante radicado en el barrio de Poble Nou de Barcelona, que poseía una especial habilidad para tallar en madera pequeñas figuras perfectamente modeladas, y de Natalia, el matrimonio tuvo tres hijos: Francisco, María Dolores y José María.

Llegó a Madrid siendo muy niño y pronto se descubrió su afición al arte, conociendo pronto también sus primeros éxitos.

Fue un estudiante brillante y su paso por la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid fue realmente extraordinario: obtuvo premios en todas las asignaturas de la carrera, lo que le valió el máximo galardón como alumno con más aprovechamiento.

Discípulo del vallisoletano Ricardo de los Ríos, uno de los más grandes grabadores españoles, un artista formado en la Escuela de Bellas Artes de París, donde residió varios años, «Caballero de la Legión de Honor» y reconocido internacionalmente con siete medallas de oro y tres diplomas de honor.

La estrecha relación con su maestro fue para Esteve Botey fundamental: su maestro fue quien decidió que estudiara grabado, cuya «taumatúrgica ejecución» le atraía poderosamente por su complejidad técnica, por «el color rojo de las planchas de cobre, el verde esmeralda intenso y transparente del aguafuerte, aquel tórculo que lanzaba la prueba»… Él lo recuerda en sus memorias: «Yo hube de dedicarme especialmente al grabado por la voluntad decidida del profesor De los Ríos».

La Gaceta de Bellas Artes del 15 de mayo de 1920

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La estrecha amistad con su maestro le permitió «repatriar» para España, en 1920, las 40 planchas de cobre de «La tauromaquia» de Francisco de Goya. Esteve las compró a De los Ríos en 1920 con dinero propio -25.000 francos- y tras realizar numerosas gestiones, frustradas todas, para que el Estado español las adquiriera, fue el Círculo de Bellas Artes el que las adquirió, tras haber rechazado inicialmente su compra, dando pruebas de lo que el artista calificó de «la desconfianza como norma», cuando ello no le reportaba ningún tipo de beneficio económico particular.

Este hecho tan singular fue recogido en la Gaceta de Bellas Artes del 15 de mayo de 1920 y en la de febrero de 1922, que reproducimos íntegras, por cuanto de hecho histórico debe tenerse y cuya actualidad, desgraciadamente, es tan similar al momento actual que vivimos, que sobrecoge.

La Gaceta de Bellas Artes de febrero de 1922

En la actualidad pertenecen a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde forman parte de los fondos de la Calcografía Nacional.

Viajó pensionado por dos veces a Francia, Italia, Bélgica, Inglaterra y Suiza, para ampliar sus estudios.

A los veinte años ganó por oposición la plaza de profesor de dibujo, teoría y práctica del arte en la benemérita institución Fomento de las Artes, cargo que desempeñó cerca de cuatro lustros.

En 1910 fue nombrado auxiliar de la clase de grabado en la Escuela de San Fernando y unos años después profesor de pintura decorativa con la enseñanza de ejercicios prácticos de ornamentación.

Fue profesor de dibujo, teoría y práctica del arte de la Sociedad de Fomento de las Artes, de las Escuelas Normales de Barcelona y profesor de dibujo artístico de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid.

Profesor de dibujo artístico de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Madrid en 1922, de la que fue también Director honorario y Profesor de los Becarios Superdotados del Ayuntamiento de Madrid.

Barcas en el puerto

Desde 1923, fue catedrático de la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado de Bellas Artes de San Fernando, y sacó a la luz dos del total de seis libros dedicados al arte, que escribiría a lo largo de su vida: «El grabado» y «El desnudo en el arte».

El primero, que lo convertiría en «el principal teórico del grabado en su época», estaba prologado por otro prestigioso grabador, el mallorquín Bartolomé Maura Montaner, hermano del que fue varias veces jefe del Gobierno de la Restauración Antonio Maura, y socio también de número de la Asociación Española de Pintores y Escultores desde 1910, y reproducía varias obras originales de Esteve Botey. Fue editado en 1914 y hoy está considerado una auténtica «joya bibliográfica».

El segundo, en el que hacía un recorrido por las creaciones pictóricas de lo que siempre consideró «la más bella expresión del Arte, síntesis de la Naturaleza, vituperada precisamente por quienes la miran con ojos profanos», el mismo año de 1926.

Pero, además, desde varios años antes, gozaba del más amplio reconocimiento a su obra. Tras haber alcanzado terceras medallas en las exposiciones nacionales de Bellas Artes de 1908 y 1910, el primer premio del Círculo de Bellas Artes en 1911 y una segunda en la Nacional de 1915, había obtenido una primera, en la de 1920, por un bello y vigoroso tríptico de motivo marinero, «Barcas en el puerto», cuyo título completo era «Barcas en el puerto de Barcelona», según escribió a lápiz en una de las pruebas que se conservan.

Casa de pescadores

Con aquel tríptico, de dimensiones poco habituales en aquellos años -49,4 x 64,5 cm el panel central y 48,5 x 32 cm cada uno de los laterales- y que, según escribió José Francés en «La Esfera», era «la culminación del género», se premiaba «su maestría indiscutible como grabador», diría años después Bernardino de Pantorba en su «Historia Crítica de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes». Y aquel máximo galardón sería refrendado después con la Medalla de Oro en la Exposición Internacional de Barcelona de 1929.

Francisco contrajo matrimonio con Inés, con quien tuvo dos hijos: Francisco, director de la Biblioteca de Toledo, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y autor de varias obras, entre ellas una notable «Historia de la Cultura»; y Lolita, que tras estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, seguiría como grabadora durante algunos años la andadura artística de su padre y la compartiría con su marido, el también pintor y grabador Luis Alegre Núñez, miembro también de la Asociación Española de Pintores y Escultores y que fuera Premio Nacional de Grabado en 1950.

La saga iniciada por Francisco continúa en su nieta, la pintora, grabadora y profesora de Arte en un instituto madrileño Lola Alegre Esteve.

Adscrito al realismo -Antonio Gallego lo calificaría de «un realismo de buena ley»-, Francisco Esteve Botey creó pinturas y grabados, fundamentalmente, de paisajes españoles y extranjeros con las distintas técnicas con las que trabajaba. Sintió una especial predilección por los motivos marineros. Después del tríptico doblemente galardonado creó, entre otro, un óleo sobre lienzo titulado «Costa cantábrica», que presentó a la Nacional de Bellas Artes de 1943, las litografías de Cudillero, el grabado titulado «Barcas», y otro precioso grabado, el díptico «De vuelta de la pesca», también de gran formato, que fechó en plancha en 1946 y presentó a la Nacional de Bellas Artes de 1950.

Cartón del aguafuerte Pobre hijo

Su habitual forma de trabajar consistía en pintar primero al óleo o a la acuarela directamente del natural, en una sesión rápida. Después plasmaría aquel paisaje con el buril o la punta seca sobre las planchas de cobre o de cinc, traduciendo con minuciosidad los matices y las múltiples calidades de sus grabados, en distintas gamas de rayados o de aguatintas.

Como dibujante, tenía maestría y precisión, derivada de su disciplina de grabador y su excelente paleta de acuarelista, que utiliza tonos cálidos para dotar de frescura sus obras.

En junio de 1928, expuso varias acuarelas en la Galería Nancy, de Madrid, junto a un total de 37 obras. Algunas de ellas fueron reproducidas en varios periódicos madrileños, entre otros el «ABC», y resaltados por los mejores críticos, como Francisco Alcántara, que en «El Sol» habló de Esteve Botey como un artista «descriptivo, minucioso, brillante en ocasiones…»

En la década de los cuarenta realizó una serie de seis litografías titulada «Cudillero», dibujadas con lápiz graso sobre cinc de grano fino y cuyas planchas, con una huella de 30 x 40 cm, de media, son, desde 1998, propiedad del Museo de Bellas Artes de Asturias y con las que alcanzó el Premio Nacional de Grabado, concedido en 1944 por la Dirección General de Bellas Artes.

Dama con mantilla

La asturiana localidad de Cudillero mantuvo con Francisco Esteve Botey una estrecha relación, siendo plasmada en infinidad de lienzos, tablas, cartulinas y planchas de cobre o cinc. Un paisaje evocador con antecedentes pictóricos en la “Colonia artística de Muros”, formada entre los años 1884 y 1890, similar a otras colonias artísticas a las que nos referimos en anteriores biografías.

En Cudillero, donde pasó largas temporadas con su familia, reunía además a sus discípulos de San Fernando pensionados en la Residencia del Monasterio de El Paular, una institución creada, en 1921, por el escultor valenciano Mariano Benlliure, uno de los fundadores de la Asociación Española de Pintores y Escultores, en su época de Director General de Bellas Artes, que dirigiría durante una década, desde 1923.

Trataba de acostumbrarlos a la «pintura al aire libre», porque «el cuadro debe pintarse en el natural, mirando frente a frente los árboles, las rocas y las charcas, en vez de ampliar los estudios con peligrosas invenciones fuera de la verdad», tal como escribió en su «Evocación del viejo Madrid. Recuerdos y experiencias de un viejo pintor».

Remitió asiduamente sus obras a muestras y certámenes, dedicando su vida al estudio del grabado y sus técnicas.

En Madrid, vivía en la calle Onésimo Redondo, 28, el actual Paseo de San Vicente, Nº 20.

Falleció en Madrid, el 4 de julio de 1955.

Francisco Esteve Botey

De él decía otro de nuestros ilustres socios, Bernardino de Pantorba, que “su retina y su pincel están acostumbrados a enfrentarse con el natural; no a huir de él, por seguir borreguilmente cualquier “ismo” de moderna fabricación. Su arte es sencillo y veraz, de los que  no necesitan exégesis; la soltura de su dibujo corre por cauce disciplinado, y su visión del color, nunca estridente, se mantiene afinada, ponderada… la personalidad de Esteve Botey debe señalarse a la juventud como un ejemplo digno de ser seguido”…

Fundador de la Asociación Española de Acuarelistas en 1945 y su primer Presidente, también presidió la Sección de Grabado del Círculo de Bellas Artes, al que siempre estuvo muy vinculado; impulsor de los trabajos de grabadores y acuarelistas, a través del grupo de «los 24» socio fundador de la Revista de Grabado La Estampa; y, sin duda alguna, el teórico y tratadista del arte de la incisión de mayor importancia en la historia artística española.

Concurrió, entras otras, a las Exposiciones artísticas celebradas en Buenos Aires, Aix-les-Bains, Bruselas, Munich, Brighton, Londres y Panamá, así como las de Madrid, Barcelona, Bilbao, Málaga, Cádiz, etc.

Figuró como jurado de concursos, exposiciones y oposiciones, y en el primer Congreso Nacional de Bellas Artes celebrado en Madrid por iniciativa de la Asociación de Pintores y Escultores, ocupó una presidencia.  Colaboró ​​con originales literarios y artísticos en importantes revistas y publicaciones de arte.

Dos de las múltiples portadas que las obras de Esteve Botey publicó en la revista Blanco y Negro

Corrida de toros pueblerina, obra presentada al XVIII Salón de Otoño

Premios y distinciones:

Tercera Medalla de la Exposición Nacional de 1908 y de 1910; Segunda Medalla en la de 1915 y Primera Medalla de la Exposición Nacional de 1920; Primera Medalla de Grabado de la Exposición Nacional de 1929; Medalla de Oro en Panamá en 1916; Premio en el Concurso del Círculo de Bellas Artes de Madrid de 1919; Primer premio del Concurso Nacional de Grabado 1923; Premio Nacional de Grabado en 1944; Medalla de Oro en grabado en la Exposición Internacional de Barcelona en 1929; Medalla de Honor de la Agrupación de grabadores; Medalla de Honor de la Diputación de Alicante; Académico correspondiente de las de San Jorge, San Carlos, y de Cuba; Cruz de Alfonso XII; Cruz de Alfonso X el Sabio; Encomienda de Alfonso X el Sabio; Oficial de la Academia de Francia en 1932; Medalla Roig Enseñat en el primer Salón del Consejo Nacional de la Acuarela, en junio de 1955

Entre otros escritos, La evocación del viejo Madrid. El camposanto de San Mateo. Recuerdos y experiencias de un viejo pintor; Publicó seis libros de arte, “Grabado” (1914) declarado «de Mérito», El grabado en la ilustración del libro, y colaboró en algunas revistas de arte, como Coleccionismo (226) en 1922.

Parque de París, presentada al XVII Salón de Otoño

Autorretrato

Francisco Esteve Botey y la AEPE

Socio de Número de la Asociación donde ingresó en 1910. Donó obra para el festival benéfico en 1915.

Socio de Mérito en el Salón de Otoño de 1927 y Socio de Honor en el de 1929.

Vocal de la Junta Directiva entre el 27 junio de 1929 y 1930.

Se hizo cargo de la dirección de la Gaceta de Bellas Artes.

Presentó obra a once Salones de Otoño, concurriendo como forma de alentar a las nuevas generaciones de artistas y apoyarlos en la exhibición de sus obras.

Al I Salón de Otoño de 1920 presentó un grabado titulado “Aguafuerte”.

Al VII Salón de Otoño de 1927 la pintura titulada “Lolita” y la pintura “Nuestra Señora de París”

Al IX Salón de Otoño de 1929 presentó las pinturas “Paisaje del Guadarrama” y “Claustro de Santillana del Mar”

Al XVI Salón de Otoño de 1942 la pintura “Lirios del Valle” y el grabado “Nieve en Venecia”

Al XVII Salón de Otoño de 1943 la pintura “Garganta en el purtagorio (El Paular)” y el grabado “Jardín de Saint Cloud (París)”

Al XVIII Salón de Otoño de 1944 los grabados “Campesina”, “Somnolencia” y “Corrida de toros pueblerina”.

Al XX Salón de Otoño de 1946 presentó el grabado “Oración”

Al XXII Salón de Otoño de 1948 la acuarela “La Virgen del Lluch (Mallorca)” y el grabado “Puente de Austerlik”

Al XXIII Salón de Otoño de 1949 presentó la acuarela “Casas de pescadores en Asturias”

Al XXV Salón de Otoño de 1952 la acuarela “Enfermera” y el grabado “Hogar asturiano”

Al XXVI Salón de Otoño de 1954 la pintura “Casa de la Hermandad del Señor”

«Enfermera», obra presentada al XXV Salón de Otoño

«Descanso»

«Un canal de Venecia», aguafuerte

«La vieja gitana», acuarela

«Cardando lana»

«Fuente de Apolo»

.

Bibliografía y webgrafía

“Historia y crítica de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes celebradas en España” Pantorba, Bernardino de [1948], Madrid, Jesús Ramón García-Rama, 1980, p. 400.

“El grabado en España. Siglos XIX-XX”, Valeriano Bozal, «Summa Artis», Madrid, Espasa Calpe, 1988, t. XXXII, pp. 617-618.

Vega, Jesusa, Catálogo de estampas, Madrid, Museo del Prado, 1992, pp. 39-40.

https://www.museodelprado.es/aprende/enciclopedia/voz/esteve-y-botey-francisco/4680398e-47ce-4fe6-9cef-2aa96688fcad

https://aedamadrid.org/wp-content/uploads/2020/07/20200707_Acuarelia_83.pdf

https://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=1350880

http://www.culturaydeporte.gob.es/mnceramica/colecciones/seleccion-piezas/pintura-artes-graficas/barcas-en-el-puerto.html

https://www.lne.es/nueva-quintana/2010/01/25/esteve-botey-fascinacion-cudillero/861563.html

https://www.duran-subastas.com/tienda-online/pintura/francisco-esteve-botey-la-vieja-gitana.html

La Correspondencia de España 25/10/1925 5/1/1913  27/10/1914  29/10/1914  8/12/1914  9/12/1914  22/5/1915  23/5/1915  16/7/1915  28/10/1915  8/9/1917  29/8/1918  5/3/1923

La Esfera 24/7/1920  11/2/1922

La Ilustración artística  14/7/1915

Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba” de la Asociación Española de Pintores y Escultores

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Las Medallas de la AEPE: Juan Bautista Adsuara

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de los galardones en los que se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

 

Medalla de Escultura Juan Bautista Adsuara Ramos

del Certamen de Pequeño Formato

 

En 1980 la Asociación Española de Pintores y Escultores convocó el I Certamen de Pequeño Formato, con gran tradición entre los asociados y que este mismo año llega a su edición número 39.

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales. En el caso del Certamen de Pequeño Formato, y como en el resto de las ocasiones con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, se instituyeron los premios: Medalla de Pintura Francisco Pradilla y Medalla de Escultura Juan Bautista Adsuara.

 

JUAN BAUTISTA ADSUARA

 

ADSUARA RAMOS, Juan Bautista  E 1924   31.jul.1891  CASTELLON     MADRID/CASTELLON   17.ene.1973

 

Juan Bautista Adsuara Ramos nació en Castellón de la Plana, el 31 de julio de 1893.

Hijo de José Adsuara, natural de Alfara de Algimia (Valencia) y de Mariana Ramos (Castellón), era el cuarto de los seis hijos de un modesto matrimonio de artesanos alpargateros.

Sin ningún tipo de influencia artística, su hermano Emilio, siete años mayor que Juan, se inclina hacia la pintura, y guiado por Eduardo Laforet, profesor del instituto de Castellón, llega a trasladarse a Madrid para continuar sus estudios, si bien falleció prematuramente en 1911.

Autorretrato de 1926

 

El mismo profesor contempló las actitudes que para el dibujo y el modelado en barro tenía Juan Bautista, al que animó a seguir estudios de la Academia de Dibujo.

Becado por la Diputación Provincial de Castellón, en 1907 comienza sus estudios en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, teniendo como maestros a dos de los Socios Fundadores de la Asociación Española de Pintores y Escultores: José Garnelo y Miguel Blay.

Mientras duraron sus estudios trabajó en un taller modelando medallas conmemorativas.

En 1912 consiguió la Tercera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes por su obra “Estudio. Cabeza de niño” y tras cumplir el servicio militar en Marruecos, regresa a su tierra natal para realizar algunos trabajos, regresando en 1916 a Madrid.

Comienza a trabajar en los talleres del sacerdote Félix Granda, dedicados a la imaginería religiosa principalmente. Allí entablará amistad con otro de los firmantes del acta fundacional de la AEPE, el escultor José Capuz.

«El mago de la madera», como fue bautizado por la prensa, trabajando en su estudio

 

En 1920 firma un contrato con la compañía de seguros La Aurora Polar, para la realización de una obra monumental que culminará el edificio que la entidad poseía en el Paseo de Recoletos de la capital.

El mismo año en el que consigue también la Segunda Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes con la obra “San Juan Bautista”.

En esta época montó su propio taller animado por los encargos de retratos y distintos monumentos, que le permiten ya dedicarse por entero a la profesión.

Participa entonces en las distintas exposiciones nacionales hasta que en 1922 lleva a cabo un largo viaje por distintos países europeos como Francia, Italia, Grecia y Alemania.

En 1923 logra el Primer Premio de la XVI Bienal de Venecia y al año siguiente es galardonado con la Primera Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes con un yeso titulado “Piedad”, que adquiere el Estado para el Museo Nacional de Arte Moderno.

En 1925 participó en la Primera Exposición de Artistas Ibéricos y en 1926, y para Castellón, realizó el monumento al pintor Francisco Ribalta.

En 1927 expuso en la ciudad holandesa de La Haya y dos años más tarde, participó con la maternidad titulada “La Carga”, en la Exposición Internacional de Barcelona, cuyo ayuntamiento compró la escultura.

Una fotografía de Juan Adsuara aparecida en la prensa en 1929

 

En 1929 consiguió el Premio Nacional de Escultura con dos alegorías tituladas “Las Artes” y “Las Ciencias”, que adornan la fachada del Ministerio de Educación y Ciencia con sede en la calle Alcalá de Madrid.

“Las Artes” y “Las Ciencias”, de la fachada del Ministerio de Educación y Ciencia de la calle Alcalá de Madrid, que le valieron el Premio Nacional de Escultura

 

En 1932 consigue la Cátedra de Dibujo de ropajes y del natural de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, cubriendo la vacante dejada por Julio Romero de Torres, quien también fuera uno de los Socios Fundadores de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Bañista

 

La docencia para él es una vocación a la que se entrega con fuerte sentido del deber, siendo reconocido no sólo como un gran escultor, sino como un gran maestro.

Siguió realizando encargos de todo tipo, especialmente de Castellón, donde pasaba sus vacaciones estivales y donde la sorprende el estallido de la guerra civil, que le acarreó que fuera desposeído de su cátedra sin más.

Testigo de saqueos y desmanes de todo tipo con valiosas obras de arte, alertó a las autoridades al respecto, siendo nombrado Delegado Oficial de la Junta de Protección del Tesoro Artístico de Castellón, salvando por su mediación importantísimas obras de arte religioso de la zona del Maestrazgo.

Eva

 

Reincorporado a su Cátedra en 1937, su vuelta a Madrid le depara, por imposición oficial, la tarea de depurar, junto al Director de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, Manuel Menéndez, otro de los Socios Fundadores de la AEPE, aquellos profesores considerados “fascistas” por las autoridades del momento. Su informe se limitó a calificar los valores profesionales y pedagógicos de los profesores.

Retrato de Juan Bautista Adsuara

 

De vuelta a Castellón, reanuda el rescate de obras de arte, siendo trasladado a Barcelona en 1938 y a Perelada, donde se depositaron las más importantes obras del Museo del Prado que fueron llevadas a Ginebra.

Terminada la guerra, volvió a Castellón a pasar sus vacaciones en un clima enrarecido en el que es acusado y detenido como colaborador del gobierno republicano.

Demostró que sus intervenciones fueron sólo de asesoría técnica, no política, como experto en Bellas Artes, poniéndose de manifiesto que su actuación en los primeros meses de la guerra fue meritísima, pues gracias a su celo se libraron de la destrucción multitud de obras de arte religioso que hoy se exhiben en iglesias y museos.

Juan Adsuara en la plenitud

 

La intervención a su favor de numerosos amigos como Álvarez de Sotomayor, nuevo director del Museo del Prado y uno de los Presidentes de la Asociación Española de Pintores y Escultores, fue decisiva para que la causa fuera sobreseída, y si bien era por todos conocido que Adsuara era republicano, incluso amigo personal de Azaña, su desinterés por la política activa también era más que sabida.

En 1940 se integró a su Cátedra en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, ocupándose de sus clases y de los encargos de obras originales y de restauraciones, como la reconstrucción que llevó a cabo del Monumento al Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles de Madrid.

Cadencia

 

Desde su casa y estudio en Madrid, situada en la calle Sánchez Bustillo, 3, y entre 1943 y 1946 realiza la que se ha considerado su obra más importante: toda la decoración escultórica de la iglesia del Espíritu Santo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, compuesta por diversas esculturas y relieves.

En 1948 es nombrado Académico de la Real Academia, cubriendo la vacante de Mariano Benlliure, otro de los Socios Fundadores de la AEPE, siendo contestado en su discurso de toma de posesión por José Francés, quien fuera también Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

En 1958 ocupó el cargo de Director de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, hasta que por problemas de salud, presentó su renuncia en 1963.

Sello conmemorativo editado hace unos años 

 

Jubilado de su cátedra en 1961 y honrado como premio a su labor docente con la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio, en 1964 y tras la muerte de Capuz, finalizará los relieves del Circulo de Bellas Artes de Madrid y en 1965 realiza una estatua de Carlos III para los jardines de Sabatini, por encargo del Ayuntamiento de Madrid.

Antes de fallecer legó a la Diputación Provincial de Castellón toda la obra que conservaba en su estudio madrileño y que hoy se exhibe en el Museo de Bellas Artes de Castellón.

Su última exposición tuvo lugar en 1971, con motivo de la muestra que de Artistas Socios de Honor se llevó a cabo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid

En 1973 se traslada a Castellón donde muere el 17 de enero de 1973.

Estudio. Cabeza de niño

 

Según nos describía F. Pérez Dolz, Juan Adsuara era “por naturaleza, modesto, serio meditativo, honestísimo y artista muy respetado. Desde niño, y antes de haber recibido lección alguna, en cascotes de yeso  tallaba graciosas filigranas. Juan es un caso de perseverancia en la personalidad nativa, sin vacilaciones ni desmayos”.

En el periódico El Debate se apuntó que Adsuara exhibía en sus obras la “exaltación de las cualidades que son el fundamento de su personalidad y de su carácter, fuerza, sinceridad, energía expresiva y delicadeza. Sencillo y claro como un buen levantino, es adorador de la forma, que bajo sus dedos y buscando siempre la mayor emoción, unas veces se hace amplia y barroca y otras se simplifica y estiliza en un ansia  de elocuencia sorprendente”.

Fauno

 

De él dijo Fernando Álvarez de Sotomayor, quien fuera Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, como Director del Museo del Prado: “No olvidare nunca su trabajo y desvelo para devolver a España su tesoro de arte depositado en Ginebra colaborando conmigo durante varios meses”.

Fue un artista deseoso de incorporarse a la renovación plástica, pero en él pesaba mucho su formación clásica así como su excesiva admiración por la imaginería barroca. De esta manera aunque su intención fuese honrada y sincera y su escultura cambie poderosamente de dirección, siempre va a dar la sensación de que su cambio es externo y formal, que no llega a entender en lo más profundo esta renovación y que prácticamente lo que hace es un lavado de cara de la escultura tradicional.

Escultor bien dotado, especialmente en su tallas de madera, entre 1927 y 1936 realiza su obra más valida con un cierto esquematismo de líneas y planos pero llena de una gracia especial con cierto ascendente Mediterráneo.

Crucifijo

 

Como otros muchos artistas que proceden de tierras valencianas, se integró en el llamado grupo del realismo castellano y en la denominada “Generación valenciana post Benlliure” en el que podríamos incluir escultores como Julio Vicent, José Capuz, Julio Antonio, José Ortells …. todos ellos socios, Socios Fundadores y Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Estos artistas no crearon una Escuela ni un grupo homogéneo en sus tendencias, puesto que lo único que les unía era desvincularse del pasado e iniciar una renovación de la escultura. Lo hicieron cada uno según su entender, creando volúmenes y formas personales, aunque manteniendo su conexión con el clasicismo en la acepción más pura del término.

Adsuara estudió profundamente a Alonso Berruguete, al que llamaba su maestro y cuya obra es la “más extraordinaria del mundo, en cuanto a expresión de vida”, confesaba.

La cúpula del edificio de Seguros de la Aurora, en el Paseo de Recoletos, 4 de Madrid, con  la cuadriga en bronce de Juan Bautista Adsuara

 

Cultivó todos los géneros de la escultura y sus variadas técnicas, porque fue un artista formado e informado, destacando entre sus temas preferidos las maternidades, figuras femeninas, desnudos, obras religiosas, alegóricas, monumentos públicos y retratos.

Influido también por el escultor y amigo Victorio Macho, de gran expresividad, su escultura presenta una preocupación por formas y volúmenes. En sus imágenes religiosas se acerca más a la escultura castellana, mientras que en sus figuras femeninas y sus maternidades, son frescas y con unos planos llenos de gracia.

Parte trasera de la cúpula del edificio de Seguros de la Aurora y detalle de la cuadriga

 

Sus obras de madera tallada son exquisitas y sus alegorías, sin perder la raíz clásica, acentúan sobriamente la estilización de los planos y extrema rigidez de sus líneas, con vestigios de formas geométricas. Un idealismo novedoso de cierta influencia neocubista y de Mestrovic.

Relieves del edificio del Banco Bilbao Vizcaya situado en  la calle Alcalá, 45 de Madrid

 

Los principales monumentos que llevó a cabo se pueden contemplar en Madrid, Castellón, Vigo y Chile, y su obra religiosa en la Iglesia del Espíritu Santo de Madrid, Benicasim y en el Museo Provincial de Bellas Artes de Castellón.

La Abundancia, obra presentada al IX Salón de Otoño

 

Juan Bautista Adsuara y la AEPE

Conocido como el “mago de la madera”, Juan Bautista Adsuara fue nombrado Socio de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores en 1927, año en el que ingresó como Vocal de la Junta Directiva, cargo que ocupó también en los años 1930 y 1931.

Participó en los siguientes salones:

* I Salón de Otoño de 1920, inscrito como “Juan Adsuara Ramos, natural de Castellón de la Plana, reside en Madrid, calle de la Reina, 45” con la obra:

852.- “Desnudo femenino” (bronce)

* III Salón de Otoño de 1922, “Juan Adsuara, natural de Castellón de la Plana, vive en Madrid, Ferraz, 61”, y la obra:

489.- “Estudio de Evangelista” para talla en madera, yeso patinado.

* VII Salón de Otoño de 1927, inscrito como “Juan Adsuara, n. de Castellón de la Plana; reside en Madrid, Sánchez Bustillo, 3”, con la obra:

554.- “El pintor Ribalta” (boceto en bronce).

* IX Salón de Otoño de 1929, apareció inscrito como “Juan Adsuara, natrual de Castellón. Vive en Madrid, Sánchez Bustillo, 3. (Socio de Honor de Salones anteriores)”. Presentó tres obras:

208.- “La abundancia” (yeso)

209.- “Flora” (yeso)

210.- “Maternidad” (madera)

* En el L Salón de Otoño estuvo también presente por conmemorarse el 50 aniversario de la creación del certamen, con el bronce titulado “Madrileña”.

Desnudo

Maternidad

 

Madrileña

Las tres Gracias (Castellón)

 

 

 

Webgrafía y bibliografía

La Voz 26/6/1925

El Imparcial 5/6/1929

La Libertad 7/7/1929  27/10/1922

La Gaceta literaria 15/10/1929,

Las Provincias: diario de Valencia 17/01/1910  18/06/1917

El Pueblo: diario republicano de Valencia 12/03/1912  02/01/1924  19/06/1924  26/06/1924

La Ilustración artística 25/10/1915

La Correspondencia de España 15/06/1917  26/06/1923

Diario de Valencia  04/03/1918  29/06/1923

La Esfera 05/06/1920  21/07/1923

La Prensa: 18/06/1924

El Heraldo de Castellón 05/06/1926 

Josefina Alix Trueba (1985). Escultura Española 1900-1936. Madrid Ed. El Viso

Jaime Peris Domínguez (1991). Adsuara(1891-1973). Castellón-Servei de Publicacions Diputació de Castelló.

“La obra artística de Fisac, Adsuara y Stolz en la Iglesia del Espíritu Santo”, Fidel García Cuéllar. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 2007

Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba” de la Asociación Española de Pintores y Escultores

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Las Medallas de la AEPE: Francisco Pradilla

Por Mª Dolores Barreda Pérez

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de los galardones en los que se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

 

Medalla de Pintura Francisco Pradilla

Del Certamen de Pequeño Formato

 

La pintura de pequeño formato es una síntesis de lo mínimo y no obstante es completa, plena, sorprendente y satisfactoria. Trabajar en un formato reducido permite la inmediatez, la experimentación creativa, el derroche de imaginación, el despliegue de color que no abordamos en obras de mayor escala.

Desde esta tradición pictórica, la Asociación Española de Pintores y Escultores convoca anualmente el Certamen de Pequeño Formato que siempre supone un gran éxito tanto en la participación de los socios como en la calidad de las obras presentadas.

Son obras grandes, pese a su pequeño formato, que nunca nos dejan indiferentes porque encierran, de la misma forma que una preciosa y costosísima esencia, lo mejor de los sentimientos de los maravillosos artistas que componen nuestra entidad.

En el año 1979, la Asociación Española de Pintores y Escultores llegó a un acuerdo con la Galería Eureka, situada en la vecina calle Caballero de Gracia, para realizar una exposición de pequeño formato que se celebraría en el año siguiente, buscando una continuidad en el futuro y llegando a ser ya una de las convocatorias más tradicionales de la entidad.

El I Certamen tuvo lugar del 28 de marzo al 12 de abril de 1980 con un límite de tamaño de 46 cms.

En Eureka se llevaron a cabo las seis primeras ediciones del premio, trasladándose en 1986 a la Galería Infantas hasta su cierre, y encontrando desde entonces cabida en distintos locales e instalaciones municipales que siempre ceden sus espacios expositivos para acoger una muestra tan característica.

El arraigo definitivo de este certamen hace que estemos a punto de llegar a su edición número 40, todo un logro que destila fragancia y crédito.

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales. En el caso del Certamen de Pequeño Formato, y como en el resto de las ocasiones con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, se instituyeron los premios: Medalla de Pintura Francisco Pradilla y Medalla de Escultura Juan Bautista Adsuara.

 

Francisco Pradilla y Ortiz

 

En el número de la Gaceta de Bellas Artes correspondiente al 15 de febrero de 1930, Ramón Pulido firmaba un artículo en el que se quejaba… “los que el año 1921, en Madrid, asistimos a su entierro éramos un número contadísimo, y el desprecio y la indiferencia de la crítica al dar noticia de su muerte, no podemos por menos de sentir tristeza al ver de qué modo muchas de las grandes figuras del arte, en el ocaso de su vida, son olvidadas, y ni la patria grande ni la chica tienen para ellos esos recuerdos póstumos de ternura y amor para quien, en vida, las dio tantos días de gloria”. Unas palabras que lamentable y tristemente un siglo después, mantienen su vigencia.

Francisco Pradilla es justamente considerado como uno de los máximos exponentes de la pintura española del último cuarto del siglo XIX, además del último gran maestro del género histórico en esta centuria.

Autorretrato de juventud

 

Consiguió situar a las grandes composiciones históricas, que tanto éxito tenían en el siglo XIX español, en lo más alto de la pintura europea. Su Juana la Loca bien puede considerarse como una de las mejores obras del siglo, gracias a la brillantez y la fuerza de su estilo realista, en el que las pinceladas de óleo vibran y se aprecian claramente en el lienzo.

Francisco Pradilla y Ortiz nació el 24 de julio de 1848 en Villanueva de Gállego, un pequeño pueblo de Aragón. De muy joven entró como aprendiz en el taller de pintura del escenógrafo de Zaragoza Mariano Pescador, quien le animó a acudir a la Escuela de Bellas Artes de San Luis.

El profesor Bernardino Montañés ve en él unas dotes excepcionales, encaminando sus pasos hacia Madrid, donde compaginará su trabajo como ayudante en el estudio de los escenógrafos Augusto Ferri y Jorge Busato, con la asistencia a la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado, donde tuvo como maestros a Federico Madrazo y Carlos Rivera.

Incitado por José Casado del Alisal, primer Director de la Academia Española en Roma, que deseaba contar en la primera promoción de pensionados con las mejores promesas del panorama artístico español, en 1874 ganó la pensión de la primera promoción en la Academia de España en Roma, junto a Casto Plasencia, Jaime Morera y Alejandro Ferrant y Fischermans, estos últimos, Socios Fundadores de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

El trabajo correspondiente al tercer año de pensión le supone a Pradilla un éxito rotundo. Se trata de Doña Juana la Loca, con la que consigue la Medalla de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1878 y la Medalla de Honor en la Sección Española de la Exposición Universal de París de ese mismo año.

Doña Juana La Loca

 

Desde entonces empezó Pradilla a pintar encargos para los amantes del arte del mundo entero, cotizándose sus obras a precios muy elevados.

Este sonoro triunfo le llevaría a recibir el encargo del Senado para la ejecución del cuadro La rendición de Granada, cuya difusión le catapultaría a una fama internacional.  Tan gran éxito obtuvo el cuadro, que el Senado no sólo recompensó al artista con mayor cantidad que la contratada, sino que durante muchos días permitió la entrada al edificio a todo el que quiso admirar la obra. Madrid entero desfiló por el salón de conferencias del Senado. Y es que esta obra produjo entre los pintores y los críticos profunda admiración, rindiéndosele homenaje en Roma por parte de todos los pintores. Las revistas del mundo entero reprodujeron la obra y publicaron todo tipo de elogios. En Francia, se le otorgó la cruz de la Legión de Honor y se le nombró además individuo extranjero de la Academia de Bellas Artes de París.

La rendición de Granada

 

Su nombramiento como Director de la Academia de España en Roma, sustituyendo a Casado del Alisal, le hizo fijar su residencia en la ciudad eterna, donde, emulando a su admirado Fortuny, abrió un estudio al que acudían los más importantes coleccionistas y marchantes de Europa. Pero agobiado por las obligaciones administrativas del cargo, presentó su renuncia a los ocho meses.

Los años vividos en Italia, alternando su trabajo en Roma con los veranos pasados en las Lagunas Pontinas de Terracina, fueron los más felices de su vida.

En 1896 es nombrado Director del Museo del Prado, un cargo que colma las ambiciones de cualquier artista, más él que gozaba de un extraordinario reconocimiento artístico entre coleccionistas y marchantes de todo el mundo, viéndose obligado a regresar a España.

La situación real del Museo, las críticas a la conservación de la colección, el vivir atrapado nuevamente por las limitaciones administrativas, desatendiendo su verdadera vocación de pintar, hicieron que en 1989 abandonara el cargo y con cincuenta años, cansado, se alejó voluntariamente de actos sociales y políticos, dedicando su vida a pintar.

Autorretrato de 1917

 

En su magnífico palacio-estudio recibía a numerosos amigos como Pérez Galdós, Núñez de Arce, el Marqués de Pidal y al mismísimo rey, que solía visitarlo con frecuencia.

Aunque su muerte sorprendió a muchos por el alejamiento del pintor de la vida social, la exposición póstuma de sus obras que se instaló en su propio domicilio, fue un éxito de concurrencia, ya fuera para visitar un lugar difícilmente accesible o por ver «los Pradillas» que conservaba su propio autor.

Entre todos los géneros pictóricos que cultivó, la pintura de historia fue la que más fama le proporcionó. Se interesó por las anécdotas más emotivas de la historia. También pintó retratos de la aristocracia madrileña y conjuntos decorativos, como la ornamentación del Palacio de Linares de Madrid, para el que ejecutó la Lección de Venus al Amor, en el techo del salón de baile.

Pradilla por Alejandro Fischermans

 

Pradilla fue también un gran paisajista, como ya demostró en sus composiciones de historia. Intentaba ambientar las escenas en exteriores y con una depurada técnica, organizaba amplias perspectivas panorámicas con multitud de figuras y de motivos.

La faceta más moderna de su obra son los abocetados paisajes que realizó tomados del natural, en los que busca plasmar sensaciones atmosféricas y paisajes, y donde abundan las luces efectistas.

Falleció en Madrid a causa de un cáncer en la boca, en su casa estudio situada en la calle Quintana,33, el 1 de noviembre de 1921. A su entierro, celebrado en el cementerio de Santa María, acudieron multitud de miembros de la Asociación Española de Pintores y Escultores como Mariano Benlliure, Moreno Carbonero, Álvarez de Sotomayor, Casado del Alisal, Miguel Blay, Benedito, Cecilio Plá, Aniceto Marinas, Marceliano Santamaría…

Huecograbado del pintor

Autorretrato

 

La Asociación Española de Pintores y Escultores dedicó una corona al finado que la familia, agradecida, no aceptó porque la modestia de Francisco Pradilla así lo tenía dispuesto, y abrió con la triste noticia el número de la Gaceta de Bellas Artes del 1 de noviembre de 1921, en la que además de una semblanza y biografía de su vida, se acompañaba en el sentimiento a la familia.

Su nivel de maestría fue tal, que una narración de la historia de España sin sus cuadros es una crónica huérfana de imágenes.

Su obra fue ingente y se halla dispersa en colecciones particulares españolas y en diferentes países europeos y sudamericanos.

También fue un buen ilustrador gráfico de publicaciones literarias, un maestro retratista y un gran pintor costumbrista, siendo las pinturas de este último género las más abundantes y cotizadas.

Cortejo del bautizo del Príncipe Juan

 

Pradilla supo crearse un estilo personal fruto de la observación, aquilatando valores, con un espíritu analítico, dominando el color sin ser colorista, la técnica, la composición, el dibujo, y con un concepto estético muy elevado y espiritual del arte, creó obras que tuvieron un público entusiasta que en todo momento le rindieron franca y sincera admiración.

Juana La Loca recluida en Tordesillas

 

Sus cuadros de costumbres italianas y españolas son obras sugestivas, tienen interés y belleza, en ellas buscó Pradilla la psicología de los personajes y el ambiente de su propia naturaleza.

Las lagunas pontinas y los pueblos de Galicia recogieron una gracia extraordinaria cuyo profundo estudio supone la contemplación de la naturaleza como pocos pintores hicieran, trasladando esa atmósfera a sus lienzos con recogimiento.

El suspiro del moro

 

El pintor era amante del aislamiento: vivía entregado al trabajo, correcto, sin ganas de visitas y reuniones, lo que le hacía poco asequible. Los domingos por la tarde recibía en su estudio a sus amigos íntimos, artistas y no artistas, y si le pedían consejos los daba sin apelar a medias tintas, en forma clara y concreta, fuesen gratos o desagradables, él, a quien le molestaba la adulación profundamente.

Sorolla, que fuera discípulo de Pradilla en Roma y Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, recibió del maestro consejos tan sinceros que le molestaron por su rudeza, llegando a distanciarlos en el transcurso de sus vidas, si bien finalmente el valenciano tuvo para Pradilla frases de justicia y de cariño.

Últimas nieves en Terracina

 

Pintaba la figura de un modo admirable y era un gran paisajista, creando obras que es difícil superar. Fue además un acuarelista extraordinario, dando a este género de pintura la solidez y calidad del óleo, sin perder el encanto y la gracia de la acuarela.

Hizo retratos muy bellos, pero no transigía con adular al retratado, rechazando la mayoría de encargos si conllevaban esta “pena”.

Primavera

 

Sus cuadros eran de una preparación lenta y minuciosa, debido a los muchos apuntes, dibujos y estudios que hacía antes de dar comienzo a la obra definitiva; preparaba el fondo, sobre todo en sus cuadros de historia. En el aire libre buscaba el momento de luz y hora que respondiese de modo muy expresivo al asunto que había concebido para su cuadro, los efectos de nubes, los terrenos en que los grandes carros marcaban las huellas de las ruedas… todo era objeto de profunda observación.

Amparito

 

Consiguió todos los honores que su talento le granjeó: fue académico de Bellas Artes en España y en las academias de París, Berlín, Munich y otras más. Fue condecorado con grandes cruces nacionales y extranjeras y sus cuadros se pagaban a precios muy elevados.

En palabras de Wifredo Rincón, especialista en la figura del aragonés, y quien fuera también Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, fue un pintor muy versátil que rivalizó en popularidad y prestigio con Joaquín Sorolla. Practicó todos los géneros: el retrato, la pintura de historia, estampas populares y costumbristas, paisajes, cuadros alegóricos y mitológicos próximos al simbolismo en ocasiones, aunque fue en la pintura histórica donde logró sus mayores éxitos y su maestría indiscutible. Fue un pincel refinado de ‘realismo ambiental’.

La tarde

 

Hace no mucho tiempo, recibimos emocionados en la AEPE la visita de la bisnieta del maestro Pradilla, Sonia Pradilla, quien nos habló de la familia y de su abuelo, el también pintor e hijo del aragonés, Miguel Pradilla, figura desconocida que siguió los pasos de su padre.

En una exposición celebrada en octubre de 2018 en Pozuelo de Alarcón, se rindió homenaje a los dos artistas, pintores que compartieron el amor a Italia, donde Francisco vivió tantos años y Miguel pasó toda su infancia, y la pintura de uno y otro volvía a los mismos escenarios (como las Lagunas Pontinas) con décadas de distancia.

Bajo el árbol consagrado a Ceres

 

Padre e hijo coinciden también en su interés por las escenas populares y costumbristas de fiestas, romerías, procesiones, mercados, etc. Y en la pasión por el paisaje, aunque con estilos muy diversos, con Francisco endeudado con el preciosismo y Miguel influido ya por el impresionismo.

La lectura de Anacreonte

 

En la página web de la AEPE www.gacetadebellasartes.es  publicamos también en el apartado “Recordando a nuestros socios”, la documentación que tan amablemente nos hicieron llegar en el ánimo de ayudar a difundir la memoria de ambos, que a todos recomiendo visitar.

Miguel recordaba a su padre “conmovido por su amor de hijo y su vocación de artista… yo consideraba a mi padre como a un dios, como a un coloso al que nunca podría llegar”… motivo por el que tantas veces declinó presentar sus trabajos al público, temiendo quizás, España es así… antes, durante y me temo que después… que la comparación entre uno y otro destrozaría su vocación.

Manolas en el palco

 

Pradilla gustaba de Rembrandt, Velázquez, Tiziano, el Greco y Ribera. Apasionado de Wagner, lector incansable, viajero y deportista, buen alpinista, gran nadador, practicante de gimnasia, senderista… el lado más personal del maestro así nos lo recordó su bisnieta, merced a las impresiones que su abuelo Miguel escribiera de él.

Retrato de la Marquesa de Encinares

 

Francisco Pradilla y la AEPE

En el III Salón de Otoño de 1922, Francisco Pradilla expuso tres obras cedidas para la ocasión por Félix Boix. Se trataba de hacer un pequeño homenaje al gran artista fallecido unos meses antes. Las obras expuestas fueron:

471.- “Recogedora de algas” (Vigo), óleo

472.- “El suspiro del moro” (boceto), óleo

473.- “Estudios de bordados y telas para La rendición de Granada” (acuarela)

En el V Salón de Otoño de 1924 estuvo presente también en la Sala de Recuerdos, junto a obras de Goya, Eugenio Lucas, Palmaroli, Rosales y otros muchos artistas fallecidos, con una obra propiedad de F.F.

413.- “Dibujo”

Niebla de primavera en Italia

 

 

Webgrafía y bibliografía

https://historiaragon.com/2016/11/01/francisco-pradilla/

AUTORRETRATOS DE FRANCISCO PRADILLA. A PROPÓSITO DEL CONSERVADO EN EL MUSEO DE ZARAGOZA Wifredo Rincón García online: https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/35/21/52rincon.pdf

http://www.bibliotecalazarogaldiano.es/carhis/descargas/Rincon-Garcia_De-pintura-y-fotografia-cartas-de-Francisco-Padilla-Ortiz-a-Antonio-Canovas-y-Vallejo-Kaulak.pdf

Wifredo Rincón ‘Francisco Pradilla’ (Aneto, 1999)

Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba” de la Asociación Española de Pintores y Escultores

www.gacetadebellasartes.es

www.salondeotoño.es

Las Medallas de la AEPE: Juan Cristóbal

Por Mª Dolores Barreda Pérez

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de los galardones en los que se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

Medalla de Pintura Juan Cristóbal

del Salón de Arte Realista

En el año 2015, la Junta Directiva de la Asociación Española de Pintores y Escultores creó el Salón de Arte Realista, en contraposición del Salón de Arte Abstracto, que se ha convertido ya en una de las más esperadas convocatorias de la centenaria entidad, nacido para hacer de este arte una continua experiencia creadora que aporta todo tipo de conocimientos y la belleza de otra realidad, que sólo está en las manos de los artistas.

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales. En el caso del Salón de Arte Realista, y como en el resto de las ocasiones con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, se instituyeron los premios: Medalla de Pintura José Villegas Cordero y Medalla de Escultura Juan Cristóbal.

 

JUAN CRISTOBAL GONZALEZ QUESADA

 

GONZALEZ DE QUESADA, Juan Cristobal      E    1928 24.may.1898           OHANES(Almeria)      GRANADA/MADRID            19.set.1961

 

Juan Cristóbal González Quesada, conocido como Juan Cristóbal, nació el 25 de mayo de 1896 en Ohanes, Almería. Cuando contaba con 10 años, su padre emigra a Argentina y el resto de la familia se traslada a vivir a casa de una tía en Granada.

En 1908 comienza a trabajar de botones en el Centro Artístico y Literario de Granada, y un año después, ingresa en el estudio del escultor Nicolás Prados Benítez y en la Escuela de Artes y Oficios de Granada.

Al año siguiente, obtiene la Primera Medalla de la Exposición de Escultores Noveles, organizada por la Sociedad Filarmónica de Granada.

Juan Cristóbal en su juventud

 

En 1913, en el Centro Artístico de Granada, realizó su primera exposición, siendo descubierto por el escultor francés Daniel Backe y por Natalio Rivas, que le ofrece su protección, creándose desde ese momento una relación casi paterno-filial durante el resto de sus vidas.

Consigue una beca del Ayuntamiento, Diputación de Granada y Centro Artístico y Literario de Granada para estudiar en la Escuela de Bellas Artes en Madrid, a donde se traslada a vivir en 1914, ingresando en el estudio de Mariano Benlliure, uno de los Socios Fundadores de la Asociación de Pintores y Escultores, durante un breve tiempo.

Su primer estudio estaba situado en una buhardilla de la calle Atocha 151, que sirvió de refugio a jóvenes intelectuales granadinos como Ismael González de la Serna, Manuel Ángeles Ortiz y Miguel Pizarro.

Retratando a Natalio Rivas en Granada

 

Durante sus estudios, entabla amistad con artistas como Antonio Vila Arrufat, Timoteo Pérez Rubio, Ramón Acín, Paulino Vicente, los arquitectos Emilio Castro, Enrique Colás, Adolfo Blanco, y los escultores Moisés Huertas, Fructuoso Orduña, José Ortells y Julio Vicent, todos ellos Socios y Fundadores de la Asociación de Pintores y Escultores.

En 1917 expone por primera vez en el Ateneo de Madrid, junto a su amigo el pintor Ismael de la Serna, inaugura su primer Monumento en el Puente Internacional de Irún (Guipúzcoa) y recibe el encargo del Monumento a Ángel Ganivet del Ayuntamiento de Granada.

Durante esos años, participa en numerosas exposiciones nacionales y certámenes internacionales de todo tipo, obteniendo la Segunda Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1917.

En su estudio de la Calle Londres de Madrid

 

El Ministerio de Instrucción Pública le concede una bolsa de viaje junto a Nicanor Piñole, Ricardo Urgell, Jesús Corredoira y Leandro Oroz.

A partir de 1918 recibe numerosos encargos y proyectos que le proporcionan una estabilidad económica.

Imagen aparecida en La Esfera

 

En 1919 traslada su estudio a la calle Don Ramón de la Cruz, 56 y en 1931 a la calle Londres, 44 de Madrid, que realizara el arquitecto Emiliano Castro.

Curiosamente hoy, en este número de la Gaceta de Bellas Artes correspondiente al mes de junio de 2020, se entrelazan las historias de Juan Cristóbal y de Mª Teresa Jiménez de Blas, la artista socia de la AEPE cuya biografía descubrimos también en este ejemplar, por ser vecinos del Madrid Moderno.

Juan Cristóbal en una fotografía de 1934, en su estudio

 

En 1920 contrae matrimonio con Juana Granel, del que nacerán seis hijos: Luisa, Rafaela, Micaela, Manuela, Teresa Cristobalina y Juan Cristóbal.

Tras una intensa actividad realizando esculturas y monumentos por toda la geografía nacional, obtiene la Primera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes.

La gitana Elvira

 

En 1923 comienza a ser jurado en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, bienales y concursos, junto a otros miembros de la Asociación de Pintores y Escultores como Mariano Benlliure, Victorio Macho, Juan Adsuara, Fructuoso Orduña, Moisés Huertas, Julio Vicente, José Ortells…

En 1926 inauguró en Salamanca el Monumento a Gabriel y Galán, realizando para el Círculo de Bellas Artes de Madrid el Alto Relieve La Música.

Trabajando en el busto de Goya para San Antonio de La Florida, de Madrid

 

Muy activo en la vida cultural y artística de España, participó en innumerables homenajes a pintores y escultores de su época, actos solidarios, e incontables iniciativas relacionadas con el mundo de las bellas artes.

En 1928 es invitado por el Gobierno de la Unión Soviética a visitar el país junto a Ramón Pérez de Ayala, Gregorio Marañon, Hernández Catá, Clemente de Diego, Anselmo Miguel Nieto.

Monumento a Zuloaga, Madrid

 

En estos años se reunían en su estudio de Don Ramón de la Cruz, asiduamente, un amplio círculo de amistades entre otros Ignacio Zuloaga, Julio Camba, Julio Romero de Torres, Rafael Penagos, Enrique de Mesa, Anselmo Miguel Nieto, Emiliano Barral, Lorenzo Domínguez, Ramón Pérez de Ayala, Casto Fernández – Shaw, Emiliano Castro…

Monumento a Ángel Ganivet

En 1930, con motivo de una excursión a Los Toros de Guisando y Cadalso de los Vidrios, de homenaje a Ramón Pérez de Ayala por haber sido nombrado académico de la Lengua, Juan Cristóbal descubre el Palacio de los Duques de Frías, adquiriendo, posteriormente, a Rafael Carlevaris la primera parcela del monumento, iniciando desde ese momento su restauración y conservación.

Victoria, portada de la Gaceta de Bellas Artes de julio de 1924

 

En esos años, es nombrado Vocal del Patronato del Museo de Arte Moderno.  
Cofundador en 1933 de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, fue recibido en distintas ocasiones por el Presidente del Gobierno, Manuel Azaña, con quien mantuvo estrecha amistad.

En 1934 la Real Academia de Bellas Artes le concede una beca para estudiar en Roma, costeada por el Legado del Conde de Cartagena, si bien se verá obligado a renunciar por motivos personales.

Cabeza (mármol)

 

Llevó a cabo la restauración de la estatua de Felipe III (Plaza Mayor de Madrid), de Juan de Bolonia (Giambolagna) y Pedro de Taca, regalo del gran Duque de Florencia Cosme de Medicis a Felipe III, tras el atentado sufrido el 14 de Abril de 1931, teniendo que reconstruir la cabeza del caballo, la grupa y la figura de Felipe III, siendo reinstalada la estatua el 23 de Agosto de 1934 en La Plaza Mayor.

Pasó la guerra civil en Madrid.

Princesita de ojos azules, obra presentada al I Salón de Otoño

 

En 1940 cede un tercio del Molino Burleta a Ignacio Zuloaga y otro a José Minguijon, con la intención de crear un Museo Cervantino.

Destacan la exposición organizada en 1958 en la Biblioteca Nacional de Madrid, la de 1972 del Círculo de Bellas Artes, institución para la que había creado en los años 30 la imagen de la Sibila Casandra, o la celebrada en el Palacio de Carlos V de Granada. En los últimos años de su vida, instaló su estudio en Ávila, donde vivió y trabajó hasta morir en la cercana población madrileña de Cadalso de los Vidrios el 19 de septiembre de 1961.

El artista junto al monumento a El Cid, de Burgos

 

Juan Cristóbal trabajaba piedra, bronce y madera. En su estilo confluyen el helenismo y el quattrocento italiano más clásicos con las corrientes contemporáneas, combinando asimismo en su lenguaje el simbolismo y el realismo.

Se especializó en arte urbano e imágenes monumentales. Son obra suya, entre otras muchas, el majestuoso Cid Campeador a caballo de Burgos, el monumento a Julio Romero de Torres de Córdoba o las estatuas de Manuel de Falla y Ángel Ganivet de Granada. También retrató a Indalecio Prieto o Ramón Pérez de Ayala.

En 2001 el Ayuntamiento de Cadalso de los Vidrios nombró a Juan Cristóbal “Hijo Adoptivo de la Villa” a título póstumo.

Desnudo

 

En el 2002 la Real Academia de Bellas Artes Nuestra Señora de las Angustias de Granada, creó la Medalla de Bellas Artes, Escultura, “Juan Cristóbal”.

En 2019, el Ayuntamiento de Madrid, colocó una placa en memoria del escultor en el número 87 de la madrileña calle de José Ortega y Gasset, lugar donde más tiempo vivió Juan Cristobal en la capital.

Al acto, asistieron familiares del escultor, amigos de la familia y representantes de grupos políticos del Ayuntamiento y el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, invitado especialmente por la familia.

Retrato del pintor Pérez Rubio

 

Por su estudio han pasado alumnos que han terminado siendo grandes artistas, como como el escultor Emiliano Barral, a quien conoció haciendo el servicio militar, el pintor y escultor .

Tras la guerra y hasta su muerte, siguió siendo el de siempre, pero haciendo cierta revisión de los criterios plásticos y de representación contra los que él y su generación se habían definido en su juventud: naturalismo, abocetamiento, cierto carácter narrativo y hasta cierta retórica decimonónica.

Retrato de Goya

 

Pero lo que más siguió haciendo fueron bustos y cabezas, casi todos retratos, reflejo del ancho mundo de sus amistades, que, como antes de la guerra, incluía a muchos de los principales protagonistas de la vida cultural y social de Madrid.

Hombre apasionado, vital en extremo, que vivió intensamente la amistad y el amor, a su muerte dejó un generalizado sentimiento de humanidad y simpatía, así como el recuerdo de un tiempo que, en la España de entonces, empezaba a parecer muy lejano.

Retrato de José María Pemán

 

Juan Cristóbal y la AEPE

* Participo en el I Salón de Otoño de 1920, inscrito como Cristóbal, D. Juan; natural de Granada; reside en Madrid, calle de Don Ramón de la Cruz, número 56. Al mismo, presentó las obras:

889.- “Princesita de los ojos azules” (bronce)

890.- “El hombre sin ojos” (piedra).

* Al VI Salón de Otoño de 1925, en el que figuró inscrito de la misma manera,  presentó el mármol

420.- “Un Ángel”.

Protagoniza la portada de la Gaceta de Bellas Artes de la Asociación de Pintores y Escultores del 1 de julio de 1924, en donde Pedro G. Camio firmaba un artículo bajo el epígrafe de “Artistas contemporáneos”

En la Gaceta de Bellas Artes de junio de 1930, Bernardino de Pantorba firma un artículo en el que reconoce a Juan Cristóbal como “un escultor de su tiempo… que conoce la curva que trazan en la historia los diversos estilos escultóricos, y en vez de fijarse en uno de ellos, para seguirlo ciegamente, procura la alianza de todos, hasta lograr una síntesis equilibrada. Sus obras tienen, como casi todas las buenas obras de nuestro siglo, un acento nuevo al par que viejo”…

Juan Cristóbal fue Vocal de la Junta Directiva de la AEPE en 1929. Fue nombrado como Jurado para la Exposición Nacional de 1930 y actuó de Jurado en el IX Salón de Otoño. Siempre que se solicitó su ayuda y colaboración para la entidad, cumplió su cometido.

Juan Cristóbal

Retrato de Julio Romero de Torres

 

El Museo Juan Cristóbal en Cadalso de los Vidrios

El recientemente restaurado Palacio de Villena alberga las obras más representativas de Juan Cristóbal que posee la familia del artista

 

 

 

Webgrafía y bibliografía

https://juancristobalescultor.es/biografia-1896-1920/

http://ceres.mcu.es/pages/ResultSearch?Museo=MNEV&txtSimpleSearch=P%EDo%20del%20R%EDo%20Hortega&simpleSearch=0&hipertextSearch=1&search=simple&MuseumsSearch=MNEV%7C&MuseumsRolSearch=15&listaMuseos=[Museo%20Nacional%20de%20Escultura]

http://dbe.rah.es/biografias/13443/juan-gonzalez-quesada

«Juan Cristóbal», Chueca Goitia, F., 1965, Madrid

«Diccionario de pintores y escultores españoles del siglo XX», Editorial Forum Artis. Texto de Manuel Ruiz Ruiz

«La escultura española contemporánea 1800-1978». José María Medina. Editorial Edarcón, 1978,Madrid

«Arte español siglo XX. Colección Ars Hispanae». Juan Antonio Gaya Nuño, Editorial Plus Ultra, 1978, Madrid

«La escultura española contemporánea». Juan Antonio Gaya Nuño, Editorial Guadarrama, 1957, Madrid

«Historia de las Exposiciones de Bellas Artes celebradas en España». Bernardino de Pantorbo, Editorial Roma, 1985, Madrid

«Vida y obra de Ignacio Zuloaga». Enrique Lafuente Ferrari. Revista de Occidente 1972, Madrid

«Cuadernos Ignacio Zuloaga», Casa Museo Ignacio Zuloaga, Zumaya, Guipúzcoa, AAVV

Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba” de la Asociación Española de Pintores y Escultores

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En torno a la cultura y al arte: voluntad política o más de lo mismo

Por José Gabriel Astudillo López

 

Desalentador. Con una sola palabra definiríamos las declaraciones del titular de Cultura del gobierno de España al referirse al sector cultural y asegurar que “ya llegará el momento en que tendremos que reimpulsar la cultura y el deporte”. Todos imaginamos cómo se ocupará del mundo del deporte después de tanto tiempo sin un solo partido de fútbol… pero miedo nos da pensar en las medidas que “implementarán” (palabra que ahora está tan de moda) para el sector cultural.

De momento, promete mantener reuniones y una mesa de diálogo permanente con el sector… pero para qué, o es que el propio Ministerio no sabe todavía la problemática del arte y la cultura.

Reuniones que parece ser ya ha tenido con los Consejeros de Cultura de las comunidades, con la Federación Española de Municipios y Provincias y con interlocutores válidos en el sector que parece ser, agrupan a la práctica totalidad de artistas visuales de nuestro país…

Y los demás qué? ¿Los demás no tenemos derecho a opinar? ¿O es que acaso lo que no se quiere realmente es que opinemos? Porque el ejemplo es claro, en el año 2018 todos estos agentes del sector cultural a los que me refiero, se dieron mucha prisa en aprobar el Estatuto del Artista, y a cuyo fracaso hoy asistimos y denunciamos, pues sigue sin dar soluciones a la precariedad de los artistas en España, encontrándonos todavía  completamente desprotegidos al no existir una legislación específica adaptada al sector que contemple nuestra actividad.

Es decir, los interlocutores válidos junto con el gobierno, aprueban un estatuto y se olvidan de desarrollarlo. Es más, personados en el Congreso para hablar con los diputados, nos dan la razón al no contemplarse en el sector como hay muchas profesiones, a los pintores y escultores específicamente, indicándonos que al haberse hecho mal, cuando pasara por el Senado habría que enmendar y corregir todas estas cuestiones. Y yo me pregunto ¿Entonces, para qué tanto correr?

La Asociación Española de Pintores y Escultores trabajaba en ese sentido; de hecho, fue consultada por algunos partidos políticos que encontraron en nosotros y en nuestra institución, razones sobradas para ser consultados, reafirmando nuestro válido papel como interlocutores más que cualificados a la hora de hablar de los problemas de los artistas en España.

Nadie recuerda ya que fue de la Asociación Española de Pintores y Escultores de dónde nació la creación de la Dirección General de Bellas Artes del Ministerio de Cultura; tampoco que a propuesta de la AEPE se aprobó la Ley de Propiedad Intelectual, pero sin embargo los interlocutores válidos para tratar sobre el arte y la cultura en España parecen ser otros, y los demás, con nuestras opiniones, debe ser que no debemos ser dignos de consulta.

Pedro Poggio y Álvarez (1863-1929), primer Director General de Bellas Artes y Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores en 1917

 

Aprobado el Estatuto, todos pasaron página, porque ya no era “necesario” y tampoco era el momento de abordar unas medidas que deben implicar obligatoriamente a distintas áreas de un gobierno como son las tributarias, legislativas, económicas, culturales…

Se nos llena la boca a la hora de decir que el arte es necesario en nuestra sociedad pero, sinceramente, dudo mucho que esta afirmación que encontramos a diario en todo tipo de discursos y publicaciones, sea real.

Y lamento afirmarlo porque algo que no está contemplado en la educación básica de nuestros hijos no podrá nunca ser algo que se valore como debiera.

Los planes de estudio que arrinconan las enseñanzas artísticas, no pueden ser nunca depositarias de la memoria artística de una sociedad simplemente porque no reconocen su importancia. Sin memoria no hay avance, igual que sin patrimonio no hay diversidad.

La crisis de los artistas no es nada nuevo. Venía de lejos y ahora se ve final e inexorablemente agravada, aflorando la precariedad cotidiana y haciendo patente la necesidad de soluciones que no se queden en simples parches.

El artista ha luchado contra ello desde siempre, echando mano a la imaginación, a la reinvención propia de todo proceso creativo, a la acumulación de obras sin salida que llenan espacios físicos y rompen el alma pero a las que no se puede renunciar porque según grita la sociedad, “forman parte de esta estructura democrática a la que pertenecen, haciendo solidaria a nuestra sociedad, explicando así su necesidad obvia”.

Qué palabras tan bonitas y huecas, qué discurso más encantador y vacío… porque si preguntamos a los artistas, el arte así concebido no da de comer, un oficio así concebido no da para ganarse la vida.

Mariano Benlliure, quien fuera Director General de Bellas Artes y Socio Fundador  de la Asociación Española de Pintores y Escultores

 

Si el artista se reinventa a cada momento, ¿no debiera reinventarse también todos los problemas asociados al arte? Me refiero a la Ley de Mecenazgo y Patrocinio que tenemos ahí plantada y con la que ocurrirá lo mismo que con el Estatuto del Artista…. que un buen día se hará a toda prisa, diciendo haber contado con el consenso de todos los agentes culturales (mentira que vuelvo a exponer por si cabían dudas al respecto), o con el tema del IVA cultural o las prestaciones y tributaciones a la seguridad social de los artistas y a las que ningún gobierno, ninguna administración, ningún partido político, va a meter mano jamás.

Todo ello, claro está, en beneficio de los artistas. Sobre todo ahora, en que de buenas a primeras, la sociedad cae en la cuenta de que en España hay millones de artistas. El confinamiento ha sacado de cada uno de nosotros un artista que ya se reivindica para cuando pase la cuarentena y se convoca para realizar exposiciones y actividades públicas de todo tipo.

Todos somos artistas. Ese parece ser ahora el lema. Entonces, ¿Qué pasa con los verdaderos artistas, con aquellos que llevan trabajando en esto toda una vida? ¿Qué pasa con aquellos a los que se ha negado una visibilidad que necesitaban? Pues simplemente, que se quedan ahí como mera anécdota, diluidos en el torrente imparable del creciente número de artistas que han aflorado con el desastre.

Es curioso cómo reconoce la sociedad a un individuo cualificado en un campo específico y es incapaz de reconocer que en el arte, como en el resto de profesiones, es necesaria una preparación, una formación, unos estudios y una experiencia para ser denominado como artista.

El intrusismo en nuestra profesión está subvencionado por los poderes públicos que animan a los ciudadanos a manifestar su arte y creatividad. Sin embargo, niega el reconocimiento a quienes se han formado y preparado de alguna manera para ello, igualándolos a quienes sin ningún tipo de preparación, proclaman su arte.

Nos resultaría escandaloso pedir a un abogado que fuera repartiendo recursos y pleiteando de forma altruista, pero nos parece lógico que quienes tienen arte tengan que aportarlo en beneficio de la sociedad así, libre y espontáneamente, amparados por la administración.

Ese desprecio por la profesión es el mayor daño que jamás se haya hecho a un colectivo profesional en una campaña de descrédito implícita a la que asistimos desde hace décadas.

Todo ello agravado por quienes se “intitulan” personas de la cultura, que parece ser son quienes deciden qué es arte y las acciones que cada gobierno que es encumbrado al poder, debe llevar a cabo en el ámbito cultural.

Claro está que todo se reduce al séptimo arte, que nació, creció y sigue multiplicando sus reivindicaciones a costa del erario público y de unos fondos que salen de los impuestos de todos los españoles, que cada acción que realizan está amparada por fondos públicos y cuya libertad se encuentra de esta forma, limitada a quienes se deben. El pago de las lealtades sigue vigente desde el nacimiento mismo de la humanidad.

Sobrevivir literalmente, sin más ayuda que la fe depositada en unas acciones limpias y honestas como es el caso de la Asociación Española de Pintores y Escultores, no vende nada. Sobrevivir sin ningún tipo de subvención, sin costar a los españoles ni un solo euro, sin comprometer nuestra libertad para acusar a quienes viven del cuento, de explotar una imagen y crear una corriente de opinión, no es algo de lo que presumir hoy en día.

Y sin embargo, la AEPE lo hace a diario, por eso su voz está más autorizada que otras en este invento cultural de la sociedad actual; por eso nuestra neutralidad y objetividad están fuera de dudas; por eso no somos consultados por el ministro, nosotros, que creamos la Dirección General de Bellas Artes en la época de Benlliure; nosotros, que organizamos Exposiciones Nacionales e Internacionales, Bienales de Arte…; nosotros, que buscamos únicamente el arte sin ningún tipo de condicionante ni beneficio propio; nosotros, que valoramos a quienes llevan una vida entera dedicada a esto; nosotros, que luchamos por dar visibilidad a los artistas con los escasos medios de que disponemos…

Eduardo Chicharro, Director General de Bellas Artes y Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores

 

Ahora hablan ya de reflexionar para sacar conclusiones de esta crisis que vivimos a raíz del coronavirus. No, señores, no. La crisis la llevamos sufriendo muchos, muchos años, los mismos que la sociedad lleva mirando hacia otro lado y señalando como cultura falsos mitos y doctrinas, falsos héroes y espejos estéticos, siendo dirigidos por quienes dicen “hacer cultura” en bien de la sociedad.

Y el panorama así, se vuelve desalentador. De esta manera iniciaba esta reflexión tras escuchar las declaraciones del ministro de Cultura. Desalentador y decepcionante, añado. Seguimos pidiendo que los artistas creen gratuitamente frente al resto de profesionales, y no nos avergüenza pedirlo. Esa es la sociedad que dice estar abierta a la cultura y al arte. La que dice necesitar del arte para hacernos más solidarios. Inexplicable.

El arte continuará, siempre lo ha hecho pese a todo. Lo que ya no será igual será lo que llamamos el “mundo del arte”. La degeneración comercial de las mini galerías de arte terminaron de agravar la situación que atravesaba el sector justo antes de la pandemia. Galerías que se habían convertido en salas de exposiciones de alquiler en las que funcionaba la fórmula de la exhibición bajo condiciones de alquiler de espacio.

Quizás sobrevivan porque su función se limita a la cesión de uso de un espacio para el que no van a faltar artistas que tengan la necesidad de exhibir su arte ante la falta de espacios públicos y gratuitos en los que realizarlo.

Decía que el arte continuará existiendo y lo hará porque siempre habrá auténticos artistas, pese a que el “mundo de la cultura” vulgarice e iguale a creadores, siempre quedarán aquellos que “hacen arte” realmente, haciéndose fuertes y destacando frente al resto y pese a toda aquella corriente de opinión que se empeñe en diluirlos con la masa.

El arte es profesionalismo, eficiencia, exigencia, virtuosismo, constancia, práctica…. y por supuesto, genialidad. No todos los artistas la poseen, pero esa será la clave que los distinga y haga sobresalir en una sociedad que cuenta con tantos millones de artistas…

El ministro se empeña en proponer reconocer la cultura como un “bien de primera necesidad”, y quiere hacerlo con un “gran Pacto de Estado por la Cultura”, para la que no se han dado ni fórmulas ni se han adoptado medidas, quedando todo, como siempre, en pura palabrería que suena deliciosa pero sigue hueca. Me río más aún cuando dice que no dejará a nadie fuera, no sabemos de qué o de dónde, pero fuera estamos ya los pintores y escultores con los que no se ha contado, y la carcajada es total cuando asegura que la cultura “debe estar fuera del regateo político” en el que no entramos tampoco jamás… pese a las 21 peticiones de subvenciones de los proyectos y actividades que la AEPE lleva presentados en los últimos 3 años.

Todo continuará, me temo, como siempre… con los “señores de la cultura” encumbrados, con subvenciones, dispendios y apoyos millonarios a sectores audiovisuales, como ya comprobamos por las recientes concedidas a las televisiones… increíble pero cierto, y con el descubrimiento de nuevas formas de hacer cultura a raíz de frases tan tontas como “reivindicar el papel transversal de la cultura”… ¿me quiere explicar alguien qué es el papel transversal de la cultura y cuántas más tonterías tenemos que seguir escuchando acerca de la cultura?

¿Cuesta tanto hablar claro y directo de la cultura y el arte y dejarnos de frases y eufemismos que no dicen nada? Este sería quizás otro artículo para tratar las tonterías que en torno al arte manifiestan los “señores de la cultura”…

Así que sin propuestas serias, claras, definidas, reales y en papel, lo único que puedo decir es que los propios artistas sí estamos capacitados para hablar de arte, para discernir entre lo que es arte, para incluso, gestionar el mundo del arte. La Asociación Española de Pintores y Escultores así lo viene haciendo desde hace ya 110 años, sin ningún tipo de sobrecosto adicional, sin ningún tipo de gravamen, sin ningún afán de lucro o especulación, sin burbujas ni aviesas intenciones, reduciendo costes innecesarios, centrándose únicamente en la exhibición del arte pura y dura, sin artificios. Y lo hacemos bueno, bonito y barato. Cualquiera de nuestras exposiciones cumple el más exigente de los parámetros para dar paso únicamente a la calidad. Los últimos Salones de Otoño, los Premios Reina Sofía de Pintura y Escultura son sólo una muestra de lo que estamos haciendo.

Por eso es urgente revisar las modalidades de actuación vigentes de las administraciones públicas. Quizás una nueva modalidad de pacto público-privado pueda cumplir todas estas expectativas. Una institución como la nuestra está más que capacitada para realizar exposiciones de gran calidad en espacios públicos y llevar a cabo una programación de actividades en las que los artistas, con toda su grandeza y diversidad, puedan exhibir de forma “normal” sus obras y ponerlas al alcance de la sociedad.

Quizás porque es lo que llevamos haciendo ya 110 años, sabemos de lo que hablamos.

Quizás por ello seamos los más cualificados para ser interlocutores válidos ante las administraciones.

Quizás el hecho de que todos nuestros cargos directivos no perciban retribución alguna por el desempeño de su tarea a favor del arte y los artistas, nos haga diferente a quienes cuentan con consejos de administración y puestos más que bien remunerados.

Quizás porque entendemos que el arte es lo primero, seamos conscientes de lo que “cuesta” generar arte.

Quizás por ser artistas entendamos mejor que no hace falta “espectáculo” cuando se ofrece sólo arte.

Quizás sea hora ya de que la sociedad afronte nuestra existencia con el respeto debido al resto de profesiones y oficios, sin contemplar una “fatua gratuidad” mal entendida.

Quizás debería el ministro revisar los conceptos de cultura y arte y discernir sobre quienes lo generan si es que queremos que el arte y los artistas sobrevivan en la sociedad resultante al confinamiento.

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