Las Medallas de la AEPE: Mariano Benlliure Gil

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

      Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de su creador y en qué galardones se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

 

Medalla Mariano Benlliure Gil

del Salón de Otoño

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales.

Con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, para el Salón de Otoño se sustituyeron los premios de primera, segunda y tercera medalla, reservados únicamente a los socios, otorgándoles el nombre de los grandes maestros fundadores de la centenaria institución.

Fue en el 84 Salón de Otoño de 2017 cuando se establecieron los premios: Medalla de Pintura Joaquin Sorolla y Bastida, Medalla de Escultura Mariano Benlliure y Gil, Medalla de Pintura Cecilio Pla y Gallardo, Medalla de Escultura Miguel Blay y Fabregas, Medalla de Pintura Marcelina Poncela de Jardiel y Medalla de Escultura Carmen Alcoverro y Lopez.

 

Mariano Benlliure Gil

 

BENLLIURE Y GIL, Mariano       E    1910(F047)    8.set.1862   EL GRADO(V)   MADRID    9.nov.1947

 

Mariano Benlliure Gil nació el 8 de septiembre de 1862 en Valencia, en el seno de una humilde familia formada por los padres, Juan Antonio Benlliure Tomás y Ángela Gil Campos, y por sus hermanos Blas, José y Juan Antonio, todos ellos socios de la Asociación de Pintores y Escultores, si bien Mariano fue Socio Fundador con el número 47.

El cabeza de familia se especializó en pintura decorativa, introduciendo a sus hijos en el mundo artístico y preocupándose de que recibieran alguna formación, como José, que asistía como discípulo del pintor Francisco Domingo Marqués.

Mariano en cambio, que contaba haber sido mudo hasta los siete años, su hermano Juan Antonio fue ciego hasta los trece, no asistió a ninguna escuela ni academia, pese a su fuerte pasión por la escultura; era callado y observador, capaz de realizar movimientos finos que denotan que suplía la expresión oral por la plástica.

La insistencia en la falta de fluidez oral a lo largo de toda su vida, es la base de su alta capacidad manual, su agudeza visual y su autodidactismo, pues a los cinco años ya modelaba figuritas de cera con un alto grado de proporción y anatomía, que hacían las delicias de las monjas que atendían el asilo que el Marqués de Campo había levantado en la calle de la Corona y a cuyas escuelas asistió de niño.

Dibujo de José Benlliure en el que aparece su hermano Mariano, modelando a los seis años de edad

 

En 1874 la familia se traslada a Madrid, donde Mariano aprende el oficio de cincelador en la platería Meneses.

Dos años más tarde, participa en la Exposición Nacional de Bellas Artes antes de trasladarse de nuevo con la familia a Zamora, en donde recibe el encargo de un paso procesional para el que posó toda la familia y que terminó en Madrid, donde concurrió nuevamente a la Exposición Nacional con tres bustos en mármol y yeso.

En 1881 viaja a Roma junto a su hermano Juan Antonio, y donde ya residía su hermano José, abriendo un estudio que mantendría activo durante veinte años. Allí trabajó como pintor y acuarelista y se dedicó de lleno a la escultura.

 

Italia le permitió dominar las técnicas y materiales, conocer las fundiciones artísticas, visitar las canteras de Carrara y estudiar a los clásicos. Desde allí envió obra a la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1884, consiguiendo la Segunda Medalla.

Integrado en la vida cultural y artística de Roma, se relacionó con artistas como Alma Tadema, por cuya recomendación recibió un importante encargo de Henry Gurdon Marquand en Nueva York.

Viajó también a París, invitado por Francisco Domingo Marqués, para el que modeló los bustos de sus hijos, que envió a las Exposiciones Internacionales de Múnich (1890) y Berlín (1891), con las que consiguió las Primeras Medallas, y fue galardonado con Medalla de Honor en la de Viena (1894) y en la Universal de Paris de 1900.

En 1886 contrajo matrimonio con Leopoldina Tuero O’Donnell, con quien tuvo dos hijos, Leopoldina y Mariano, pero la ruptura del matrimonio le anima a trasladarse a Madrid y abrir estudio en la glorieta de Quevedo, pero sin cerrar su estudio italiano.

 

Ya conocido en el mundo artístico nacional e institucional, recibía numerosos encargos para la realización de monumentos conmemorativos, con los que consiguió la Primera Medalla en la Exposición Nacional de 1887.

En la  Exposición Nacional de 1890 presentó una gran producción en la que había obras de todo tipo de técnicas y géneros como el mármol, yeso, bronces,… mientras seguía triunfando en los concursos públicos para la realización de monumentos, alcanzando el más alto reconocimiento en la Exposición Nacional de 1895, la Medalla de Honor, que por primera vez se concedía a un escultor.

Leopoldina Tuero O’Donnell

 

En esos años, conoció a Lucrecia Arana, la primera tiple del Teatro de la Zarzuela, con quien emprendió una nueva y estable relación que perduró hasta la muerte de la cantante, y fruto de la cual nació un único hijo, José Luis Mariano.

Mariano Benlliure visto por  Ramón Casas

 

Mariano Benlliure visto por  Joaquín Sorolla

Mariano Benlliure visto por  Laszlo

 

Reconocido en los ambientes internacionales, le llegaron los primeros reconocimientos académicos e institucionales, siendo nombrado Director de la Academia de España en Roma e ingresando como Académico de Número en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.

Los nuevos y constantes encargos de monumentos en Madrid y distintas ciudades, hicieron que el artista ampliara su estudio, trasladándolo a la calle de Abascal, próximo al Paseo de la Castellana, que pronto se convertirá en punto de encuentro de los personajes más ilustres del momento, tanto para posar como participar en sus animadas tertulias. De allí salieron excepcionales y numerosos retratos y monumentos, entre ellos la larga serie dedicada a la familia real, que acostumbraba visitar al escultor para admirar sus últimas obras.

1910 fue un año trascendental para Benlliure por su concurrencia en tres exposiciones internacionales conmemorativas de las independencias de Argentina, Chile y México.  En la Exposición Internacional de Medallas Contemporáneas, organizada por la Sociedad Numismática de Nueva York, a raíz de la cual entró en contacto con Archer Huntington, que adquirió la placa Retrato de Santiago Ramón y Cajal (1909) para la Hispanic Society. Benlliure contribuyó de forma notable a la evolución de la medalla escultórica, con una abundantísima y constante producción.

Mariano Benlliure junto a Lucrecia Arana, el amor de su vida

 

Fueron años de intenso trabajo en monumentos públicos en América y España, como los monumentos a San Martín en Lima, a Simón Bolívar, a Núñez de Balboa, al cabo Noval, a José Canalejas y su mausoleo destinado al Panteón de Hombres Ilustres.

En 1917 fue elegido para ocupar la Dirección del Museo de Arte Moderno y la Dirección General de Bellas Artes, cargo desde el que asumió importantes retos como la conversión de la Ermita de San Antonio de la Florida en panteón de Goya y el traslado de sus restos desde el Cementerio de San Isidro; la creación de la Escuela de Paisaje del Paular (Rascafría, Madrid), de la Casa de Velázquez (Madrid) y del Pabellón Español en la Bienal de Venecia.

Tras su dimisión, fue nombrado Patrono del Museo Nacional del Prado.

Dos fotografías del escultor con La fuente de los niños y  junto a su nieto

 

En esos años, Archer M. Huntington le encargó un primer busto del pintor Joaquín Sorolla para presidir la sala destinada a albergar su serie de grandes lienzos Visión de España en la Hispanic Society de Nueva York, busto con el que se inició una serie de retratos de personajes ilustres de la vida cultural y política española para la sociedad y un segundo busto de Sorolla en 1932.

Además, continuó enviando obras a exposiciones nacionales e internacionales, obteniendo Medallas y distinciones, premios y honores que francamente, merecía.

Su fuerte atracción desde la infancia por el espectáculo de la lidia fomentó su amistad con algunos de los más famosos diestros a los que consagró en múltiples obras.

Lucrecia Arana y su hijo, retratados por Joaquín Sorolla

 

La repentina muerte de Lucrecia Arana el 9 de mayo de 1927, marcó profundamente a Mariano Benlliure, que se refugió en su trabajo.

En 1929, durante la inauguración en Jerez del monumento ecuestre al general Miguel Primo de Rivera, coincidió con Carmen Quevedo Pessanha, viuda del escritor y amigo Juan Nogales Delicado, a la que se uniría en matrimonio civil en 1931 en una ceremonia privada en su estudio, y que escribiría una extensa biografía del escultor publicada después de su muerte.

Unos meses después de la proclamación de la Segunda República, dimitió como director del Museo de Arte Moderno tras la remodelación de su patronato, y fue nombrado Director Honorario al tiempo que Patrono del Museo Sorolla de Madrid.

Los encargos oficiales y particulares seguían llegando, si bien se dedicó con mayor fluidez a realizar retratos  de su entorno más próximo y obras de menor tamaño en bronce y cerámica, generalmente de carácter costumbrista, modeladas con minucioso realismo.

Mariano Benlliure Tuero, fruto del primer matrimonio de Mariano con  Leopoldina Tuero O’Donnell,  fue un escritor (1868-1952) que  perteneció al Grande Oriente Español y su filiación masónica era conocida puesto que formó parte del consejo de redacción de la revista Latomia que publicaba                      la logia La Unión

 

En mayo de 1935 abrió las puertas de su estudio para presentar sus últimas obras: el Altar del Sagrado Corazón de Jesús para la Catedral de Cádiz, el Mausoleo de la familia Falla y Bonet para el Cementerio Colón de Buenos Aires, y el Sarcófago de Vicente Blasco Ibáñez, amigo desde la juventud, y del que ya había modelado un espléndido busto.

Durante los primeros meses de la Guerra Civil no quiso abandonar su estudio y permaneció en Madrid trabajando. Con 74 años de edad, casi ciego y con todos los achaques de la edad, invitado por el Gobierno Francés como miembro del Instituto de Francia, a visitar la Exposición Universal de 1937, accedió a viajar a París donde se exponían dos de sus obras, permaneciendo allí más de un año, hasta que cayó enfermo y a finales de julio de 1938 se traslada junto a su esposa Carmen Quevedo, de origen portugués, a Viseu donde ella tenía casa, familia y medios para atender su enfermedad.

Una vez recuperado, reemprendió su trabajo en el estudio del escultor Texeira Lopes que le cedió un espacio, hasta su retorno definitivo a Madrid en junio de 1939. Aún regresó a Viseu un año después para montar el Monumento a Viriato.

El escultor en uno de sus viajes a Nueva York

 

 

En los últimos años de su vida, los encargos de carácter procesional fueron abrumadores, saliendo de su taller multitud de imágenes religiosas que reemplazaron a las destruidas en la guerra civil. Tallas de las que se encargó el escultor Juan García Talens a partir de los modelos ampliados de los bocetos modelados por Benlliure.

Mariano Benlliure realizó también a lo largo de su vida artística, diseños para vajillas y elementos decorativos, como esta copa de champán para uno de sus clientes de Nueva York

 

La escultura religiosa ocupó gran parte de su trabajo de los últimos años de su vida

 

En 1942 Valencia le rindió un emotivo homenaje en el Paraninfo de la Universidad y le concedió la Medalla de Oro de la Ciudad, y en 1944 la Dirección General de Bellas Artes celebró un Homenaje Nacional en el que le fue concedida la Gran Cruz de Alfonso X, el último de la larga lista de reconocimientos oficiales y académicos que recibió a lo largo de su fructífera trayectoria artística.

Carmen Quevedo Pessanha, última esposa del artista

 

Mariano Benlliure fue miembro de diversas Academias de Bellas Artes: San Fernando de Madrid, Valencia, Zaragoza, Málaga, San Lucas de Roma, Brera de Milán, Carrara y París, así como de la Hispanic Society de Nueva York; y recibió innumerables condecoraciones entre las que destacan la Legión de Honor de Francia y Comendador de la Orden de la Corona de Italia, además de la mencionada Gran Cruz de Alfonso X y la del Mérito Militar de España.

Falleció a los 85 años, el 9 de noviembre de 1947, en su casa-estudio de la calle de Abascal en Madrid.

En cuanto se conoció la noticia de su muerte, acudieron a su casa estudio los escultores Ignacio Pinazo, Ramón Mateu y Víctor de los Rios, que hicieron mascarillas del cadáver. En su casa se instaló la capilla ardiente, habiendo sido amortajado con el hábito de San Francisco de Asís, y encerrado en un ataúd de caoba sencillo y sobrio. Llegaron después el Ministro de Educación y otras personalidades como el marqués de Lozoya, el subdirector del Museo del Prado, José Francés, en nombre de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y durante todo el día desfilaron por su domicilio numerosísimas personalidades, que firmaron en el libro de condolencias instalado en el jardín, a la entrada del estudio del escultor.

A las cinco de la tarde comenzó el traslado de los restos a la Estación de Atocha en una comitiva encabezada por su nieto, familiares y amigos íntimos, a la que seguía el clero de San Juan de la Cruz, y miembros de la Asociación de Pintores y Escultores, del Círculo de Bellas Artes, de la Real Academia de Bellas Artes y la Asociación de Escritores y Artistas. Al llegar a la estación, el cadáver fue trasladado al vagón habilitado para capilla ardiente.

A su llegada a Valencia, millares de personas desfilaron para contemplar los restos del ilustre artista, en la capilla ardiente instalada en el Ayuntamiento. Y tras tres solemnes misas celebradas allí mismo, la comitiva fúnebre encabezada por la Guardia Municipal montada, abría la marcha a los portadores de las numerosísimas coronas; tras ellas, representaciones de los gremios y entidades valencianas, de la Banda Municipal, el clero y el féretro, al que seguían el capitán general de la Región Militar en representación del Jefe del Estado, Ayuntamiento, Diputación, autoridades varias, su nieto y sobrino, Enrique Benlliure y José Campos Benlliure, junto a otros íntimos del finado, el representante del Director General de Bellas Artes, representantes de las Reales Academias y otros cuerpos, representación de la Real Academia de San Fernando y una inmensa multitud. Llegados a la catedral, el cabildo rezó un responso, siendo colocado el féretro ante la Patrona de Valencia, Nuestra Señora de los Desamparados, de la que el artista era tan devoto. Pasó después la comitiva por el Museo Provincial de Bellas Artes y desde allí el entierro continuó hasta el cementerio del Cabañal, donde los restos de Mariano Benlliure recibieron sepultura, en el panteón donde reposan los restos de sus padres.

La capilla ardiente en Madrid, el traslado de los restos hasta Valencia y el multitudinario entierro de Mariano Benlliure

 

Madrid: museo abierto de Benlliure

Autor de innumerables obras civiles y funerarias, de monumentos repartidos por todo el mundo, y de abundante obra religiosa, destacaremos que es el escultor del que más obras hay en la ciudad de Madrid: las Estatuas ecuestres de Alfonso XII y del General Martínez Campos en el Retiro, el Monumento a Miguel Moya y el Grupo escultórico a Cuba, también en el Parque del Retiro, distintos sepulcros en el Panteón de Hombres Ilustres de Atocha, la Estatua de la Regente María Cristina, frente al Casón del Buen Retiro, la Estatua de Francisco de Goya, junto al Museo del Prado, en la Plaza de la Villa la Estatua de Álvaro de Bazán, la Estatua del General Manuel Cassola Fernández, en el Parque del Oeste, la Estatua del Teniente Jacinto Ruiz Mendoza en la Plaza del Rey, la Estatua de Bárbara de Braganza en la Plaza de la Villa de París, la Estatua a Loreto Prado en la Plaza de Chamberí, la Estatua en honor al Cabo Noval en la Plaza de Oriente, la Efigie del Teniente Ruiz en Chueca, el Grupo Escultórico del edificio Metrópolis de la calle Alcalá con Gran Vía, el Grupo Escultórico a Emilio Castelar en el Paseo de la Castellana y las lápidas y placas conmemorativas a José Canalejas, en la Puerta del Sol, a Serafín y Joaquín Álvarez Quintero en la calle Velázquez y a José Nogales en la Calle Santa Engracia.

Decimos que es el autor de mayor número de esculturas en Madrid y por el contrario, no cuenta el artista en la capital de España más que con una humilde lápida de cerámica situada en la tapia de la Plaza de Toros de El Batán, dedicada por los aficionados al toro y al toreo. Triste recuerdo y mal pago le hace Madrid a quien culminara obras tan sublimes, a quien ha embellecido calles y plazas, parques y jardines con su arte.

Madrid se ha convertido en su gran museo abierto y le debe también una estatua. Propuesta que sale de esta humilde Asociación Española de Pintores y Escultores, y que como tantas otras, no tendrá eco en una sociedad que ya no requiere memoria.

Perfil humano

Mariano Benlliure es el escultor español que ha gozado de mayor reconocimiento público desde sus primeros éxitos logrados en vida hasta nuestros días.

En su persona confluyen unas excepcionales dotes para el oficio, conjugadas con una asombrosa versatilidad creativa, una originalidad renovada en sus planteamientos estéticos y un manejo absoluto de todos los recursos plásticos y escenográficos que permite la creación escultórica, en la que demostró un esfuerzo continuo por evolucionar en sus diversos lenguajes estilísticos, aderezado todo ello por una actividad creadora desbordante, resultado de su inagotable energía vital y de una dedicación total a su trabajo.

Su obra tiene la aparente facilidad con que utilizó todos los recursos de las distintas técnicas de modelado y cincelado, mostrando siempre un cuidado exquisito en el acabado de las superficies, con las que supo extraer el máximo provecho a su morfología y texturas, atento al virtuosismo en los detalles, pero sin caer en el manierismo.

Mariano Benlliure esculpiendo el caballo del Monumento al General Martínez Campos que se encuentra en el madrileño Parque del Buen Retiro y en el que trabajó directamente con sus dedos, imprimiéndolos en la materia

 

Con una incontenible fogosidad creativa, de genio dinámico, de activa y vivaz inteligencia, una inusitada vocación al trabajo, para Mariano, la escultura era una expresión personal, una habilidad innata y una paleta en la que trabajar.

En esta fotografía se aprecian las proporciones de una de sus esculturas ecuestres

 

Como ya hemos visto, sus problemas de expresión oral en la niñez, hicieron que sin embargo  su prodigiosa memoria almacenara las imágenes de las pinturas que colgaban del Museo Provincial de Bellas Artes de Valencia, situado en el Convento del Carmen, donde su madre enviaba a los hijos todos los domingos por la mañana.

Lucrecia López de Arana fue la compañera fiel, entregada y sincera que buscaba su torturado espíritu y, sin reparar en la hipócrita mentalidad de la sociedad del momento, le deparó la auténtica felicidad sentimental necesaria para realizar sus mejores obras.

Su casa-estudio de la calle de Abascal, frecuentada por políticos, artistas, intelectuales, toreros…, aportó popularidad de su nombre, colocado hacía tiempo en la cima de los autores más afamados en el país, de modo que el asistir a su casa ya era un «acto público obligado» para todo aquel que quería destacar en el mundillo de la popularidad. Su casa y su amistad eran sinónimo de distinción social, abundando también los encargos de obras menores y los retratos, algunos acompañados de piezas de orfebrería.

Un destello de entrañable alegría fue el nacimiento de su nieto, hijo de su hija Niní en 1915, una de las últimas alegrías personales.

La longevidad de Mariano le acarreó la tristeza de ver desaparecer a todos sus seres queridos, desde Lucrecia Arana, que muere en 1927, hasta su hermano José, que muere en 1936. El contrarresto es siempre el hundimiento febril en su trabajo creador, capeando las circunstancias más o menos favorables que depara el proceso histórico de los años críticos de la Guerra Civil Española, una etapa en la que Mariano ya no espera más que morir trabajando. Sin embargo hay también hechos que le llenan de emoción, como si fueran la culminación de sus aspiraciones recompensadas: los homenajes que Valencia rinde a Joaquín Sorolla y a Vicente Blasco Ibáñez.

 

A pesar de tantos años de lucha y triste vejez, Mariano Benlliure tuvo la suerte de morir tal como siempre deseó: trabajando, tallando una Entrada en Jerusalén que parecía indicarle que había llegado la hora de iniciar el camino de salida de este mundo. Era el día 9 de noviembre de 1947.

El tedio de la estética clasicista avivó su propio instinto de observación de la realidad que, unido a su falta de expresión oral y a la situación humilde de su familia, redundó en un refuerzo del espíritu de trabajo, sacrificio, esfuerzo y unión familiar, cualidades que al haberlas captado desde niño pudo siempre valorar.

“Tenía una extraña mezcla de señor y bohemio,
bebía en copa de plata o en botijo verbenero
lo mismo esculpía a un rey que al golfillo colillero.

Orgulloso de su España, de sí propio era modesto,
suplicaba a la gente que le llamaba maestro
no me digáis don Mariano y escultor, ni nada de eso,
soy solo Marianet, alias el picapedrero”.

Trabajando en el busto a Sorolla de la Hispanic Society

 

No fue un artista ilustrado ni brilló por su elocuencia, sino precisamente por su sencillez, su carácter alegre y festivo, su sincera camaradería y su saber mantenerse en su puesto, pudo conservar la amistad de una clientela, indudablemente interesada en obtener su obra, a la que sabía mimar con sus detalles y atraer con el ambiente de salón, escaparate, exposición permanente y tertulia artística que lograba crear en su estudio taller.

Mariano convierte la pintura en escultura, o mejor dicho, hace una escultura que recuerda a la pintura, de ahí que podamos concluir que sus obras son el encuentro de las dos artes: composición, espacio y dibujo fusionados con el volumen, la forma y la textura, incluso el color se traduce en la combinación de volúmenes, en el logro de sombras y en la combinación de los materiales (mármol y bronce, terracota patinada, piedra natural y cerámica vidriada). El hecho de que gran parte de sus pinturas no se hayan localizado, se justifica precisamente porque las realizó en la época en que vivió en Roma y fueron vendidas en el extranjero, aparte de que nunca les concedió importancia al hablar de su obra.

Mariano gozó de la clientela del “todo Madrid” durante su prolongada carrera. La sociedad madrileña acomodada y especialmente aristocrática gustaba de su ingenio para la decoración y encontró en él, al artista que supo llenar sus ansias de novedad a tenor de las nuevas modas. Su temperamento y su sentido artístico le predisponían para ser un buen decorador y aquel ambiente, que prefería lo vago y lo impreciso, le fue favorable.

Todos los que le conocieron y han transmitido sus recuerdos nos destacan enseguida su atractivo personal: un cuerpo ágil y vigoroso, con manos encallecidas como las de un jovial trabajador, con un rostro que atrae por sus ojos pequeños y expresivos, sano de color, densas patillas rizadas y poblado bigote, pero en especial prominentes orejas que él siempre destaca en sus autocaricaturas. Y sobre todo destaca en él una sonrisa franca, eterna y contagiosa, que se hace más cálida cuando con su afable cordialidad, tiende su mano llena de vitalidad. A ello une su especial indumentaria: un gorrito de tela negra, chaleco sobre la camiseta, brazos al aire y pantalones de polaina “porque se le enfrían los pies”, todo ello manchado de barro y de tiznes blancos de escayola…, parece un obrero de la construcción al pie de la obra.

 

Gállego define así su obra: «es romántico como Carpeaux en sus niños, guirnaldas y composiciones históricas; impresionista al jugar con los efectos de luz sobre las superficies con destelleantes detalles minúsculos; expresionista porque nos habla de emociones y sentimientos; simbolista porque en toda su producción pervive la idea de la vida y de la muerte; modernista por sus ritmos ondulantes, que recogen el movimiento de una suave brisa; fidíaco en sus detalles realistas; helenístico en sus figurillas menudas de terracota; y primitivista en sus relieves de gruesos trazos […] y sobre todo un enamorado de la naturaleza y de la vida que pretende aprisionar en el barro». Sus delicados y juguetones niños que danzan entre frondas de guirnaldas, flores o frutas, así como los frisos de cerámica en donde el amor emerge entre besos furtivos y motivos alegóricos a la alegría y la abundancia, fueron sus mejores creaciones, que sus imitadores jamás llegaron a igualar.[…] En todos sus elementos ornamentales, de un potente barroquismo de raíz tan valenciana, es preciso reconocer siempre la perfección con que el artista modela, dotando a la piedra, barro o bronce de una afinada sensibilidad. De aquí también el primor incomparable de sus pequeñas composiciones, destinadas a una serie de adornos de mesa, fundidas en bronce o vaciadas en cerámica. Como en todos los escultores de su generación, la mayor excelencia de Benlliure fue el retrato. Como los grandes artistas del Renacimiento sabe captar en el modelo aquello que es constante, que constituye su expresión, el reflejo externo de su vida interior. El retrato, que obliga a ceñirse a lo natural, le permite ostentar la habilidad prodigiosa en el modelado. Es inútil citar ejemplos. En la lista innumerable de sus excelentes bustos y retratos, hasta los labrados en su extrema ancianidad, no se pueden señalar sino aciertos”.

En 1952 se realizó una emisión de billetes de 500 pesetas con el busto de Benlliure en el anverso, mientras que en el reverso figuraba el sepulcro del tenor Gayarre en el valle del Roncal, una de sus obras más conocidas y que fueron retirados de circulación en diciembre de 1971

 

Todos hemos tenido en la mano un auténtico «Benlliure»: las monedas que se acuñaron a partir de 1947 eran obra  del escultor valenciano

 

La peseta de 1946 con estrellas 19-48, se conoce como «Peseta de Benlliure», por haber sido diseñada por el escultor . La pieza fue presentada a Franco, que la rechazó porque no le gustaba la caída del cuello; en 1947 se hizo otra, con el cuello más redondeado y se puso en circulación sin que se retiraran las antiguas, que cuestan algo más de 3.000 euros la pieza

 

En el billete de 100 pesetas del 19 de febrero de 1946, aparece un retrato de medio cuerpo de Goya, inspirado en el monumento que realizó Benlliure al pintor aragonés en 1902, y que se encuentra frente al Museo del Prado

 

Mariano Benlliure y la AEPE

La fundación de la Asociación de Pintores y Escultores se fraguó según una idea de Mariano Benlliure, quien en 1904 y en el transcurso de un banquete celebrado en el Retiro, en honor de los artistas premiados en la Exposición Nacional de Bellas Artes de ese año, propuso ya la “formación de una Sociedad de Pintores y Escultores Españoles, aún residentes en el extranjero, con objeto de defender sus intereses materiales y artísticos,… fomentar todas las manifestaciones del Arte por medio de Exposiciones en España y en el extranjero, crear una Caja de socorros y pensiones…y la instalación de un salón permanente donde los individuos que perteneciera a la Asociación pudiesen exponer sus obras, dando así mayores facilidades al público y a los artistas para la venta”.

Estas y otras ideas expuestas entonces fueron acogidas por todos los presentes y los ausentes cuando las conocieron, con unánime aplauso. Pero Mariano Benlliure no volvió a acordarse de ello y la idea quedó sumida en el olvido.

Seis años más tarde, fue Eduardo Chicharro quien recordando las palabras del maestro, decidió retomar la idea y recordar a todos los artistas que era preciso unirse para constituir una fuerza, para prestarse mutualidad y recíproco apoyo, y así se formó una Junta organizadora que convocó a todos los pintores y escultores madrileños y logró reunirlos en el gran salón de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Más de 150 acudieron a este llamamiento que se convirtió en Asamblea y que reunió a artistas anónimos y a otros de primera fila, y en donde se habló de la conveniencia de la reunión de todos los artistas y se leyeron los estatutos, que habían sido previamente repartidos con las invitaciones a la convocatoria, para que los que quisieran pudieran presentar modificaciones o sugerencias, y que fueron finalmente aprobados con total unanimidad.

El encierro, presentada al XIX Salón de Otoño

Mariano Benlliure firmó el acta fundacional, convirtiéndose en Socio Fundador, con el número 47. Desde el inicio, se convirtió en miembro activo de la entidad, participando en festivales, en la suscripción popular para la adquisición de La Adoración de los Reyes de Van der Goes, iniciada por el Presidente Joaquín Sorolla.

En 1918 la Asociación de Pintores y Escultores convocó en España del I Congreso Nacional de Bellas Artes, con el beneplácito de todos los organismos oficiales y sociedades afines de la época, que estuvo bajo el Patronato del Rey, y teniendo como Presidentes de Honor, a los socios de la entidad Marceliano Santamaría, a Mariano Benlliure, Miguel Blay, Antonio Muñoz Degrain y José Llimona.

Desde su cargo como Director General de Bellas Artes, se reunió en multitud de ocasiones con el Presidente y la Junta Directiva de la Asociación de Pintores y Escultores, prestando todo el apoyo oficial que requería sacar adelante los importantes proyectos que llevó a cabo la entidad, como la realización de exposiciones en distintos países latinoamericanos, la buena marcha de la Residencia de Artistas de El Paular, la Comisión para la Exposición de Venecia, o la colaboración que mantenía en la Gaceta de Bellas Artes que publicaba la institución.

El Sagrado Corazón, que presentó al XV Salón

 

Cuando en 1921 dimitió de su cargo por razones de salud, Juan Espina y Capo, la Asociación de Pintores y Escultores le homenajeó haciéndole entrega en los locales sociales, de una Medalla de Oro modelada altruistamente por Mariano Benlliure, junto a un cuaderno con las firmas de los asistentes en reconocimiento a quien fue el alma del Primer Salón de Otoño.

Además, el propio Benlliure participó con la Asociación de Pintores y Escultores en la colaboración que hizo la entidad de una exposición y venta de obras en el Museo Provincial de Pintura de Huelva, con destino a los hospitales de sangre, en un intento de aliviar los sufrimientos ocasionados por la Guerra del Rif.

En 1924 fue elegido Vocal de la Junta Directiva de la Asociación de Pintores y Escultores bajo la presidencia de Pedro Poggio, junto a artistas como Cecilio Plá o Alcalá Galiano, y siendo Director del Museo de Arte Moderno.

En 1926 la Exposición Internacional del Grabado de Florencia, solicitó a la Asociación de Pintores y Escultores organizara la participación española, siendo elegido para presidir el comité de selección de obras.

Retrato de mi padre, que se exhibió en le XIX Salón de Otoño

 

Ese mismo año, abrió su estudio de la calle Abascal a los socios de la entidad para que pudieran ver el Monumento a Bolívar que hizo con destino a la República de Panamá.

En 1928 y con motivo del Centenario de Goya, publicó sus opiniones acerca del inmortal artista en la Gaceta de Bellas Artes, en un número dedicado al genio aragonés. Además, formó parte del comité organizador para la exposición de pintura y escultura en Bélgica y Holanda que le fue encomendado a la Asociación de Pintores y Escultores por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, así como en la que también se le encomendó a la AEPE, en la ciudad de Oslo en 1931.

En el XII Salón de Otoño de 1932 hubo una sala dedicada a Mariano Benlliure, que exhibía 17 obras, de ellas, cuatro bajorrelieves, siete cerámicas y barros, un bronce, un mármol y cuatro óleos.

1932 fue un gran año en el arte español. Las instituciones dedicadas al arte reunían a grandes maestros: Julio Moisés era el Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores, Mariano Benlliure el Presidente de la Asociación de Escritores y Artistas, y José Francés (ex Presidente de la AEPE), Vicepresidente del Círculo de Bellas Artes.

En 1934, comentando sobre las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, declaraba Mariano Benlliure que Es doloroso que nunca se haya preocupado el Estado de que existiese un local adecuado para celebrar las Exposiciones Nacionales y suponemos que esto lo decía con muy amplio conocimiento de causa puesto que él fue Director General de Bellas Artes en 1918 y se supone lucharía por conseguirlo.

Después de ver la película Alma de centauro Mariano Benlliure logro un pase privado exclusivo de la película, en el cine Progreso de Madrid, para tomar apuntes del caballo protagonista “Rex”.

Fue Jurado del XV Salón de Otoño.

Terminada la guerra en abril, en mayo de 1939, el secretario de la Asociación, José Prados López, envió una carta a los artistas que poseían Medalla de Oro de las Exposiciones Nacionales, para que entregasen de forma voluntaria aquellas medallas para ayuda a la patria en la posguerra. Toda la prensa se hizo eco, como no podía ser menos, de aquellas cartas y de la generosidad de los artistas a los que se ofreció fundir otras en inferior metal para recuerdo. Benlliure entregó la suya en un gesto altruista, otro más a lo largo de su carrera, que le honraba.

En junio de 1939, recién terminada la contienda, tomó parte en la exposición de “Obras ejecutadas en Madrid durante la guerra”.  Que se celebró en los locales de la Asociación en la calle Infanta, 30, junto a artistas como Moreno Carbonero, Martínez Cubells, Orduna, Ardavín, Llorens, Vázquez Díaz…

En 1944, la Casa de Valencia promovió un homenaje nacional a Mariano Benlliure, al que se adhirió la Asociación, siendo José Planes el representante de la institución en la Comisión del Homenaje.

En el entierro del artista, la Asociación Española de Pintores y Escultores tuvo una presencia destacaba, como no podía ser menos por uno de sus más ilustres miembros y fundadores.

Al I Salón de Otoño de 1920 concurrió Mariano Benlliure y Gil, inscrito así, reseñando que es “natural de Valencia; reside en Madrid, calle de Abascal, número 53”, y presentó las obras:

872.- El garrochista (bronce) y 873.- Mi nieto (mármol)

En el II Salón de Otoño de 1921 presenó:

277.- Escultura

Al VII Salón de Otoño de 1927, reseñado ya como Socio de Honor de Salones anteriores, presentó las obras:

482.- Busto-Retrato del Excmo. Sr. D. José Francos Rodríguez (bronce), 483.- Busto-Retrato del pintor Domingo Marqués (bronce) y 484.- ·l Garrochista (estatuita ecuestre, en bronce)

Al XI Salón de Otoño de 1931 concurrió con:

121.- Boceto de la estatua del duque de Rivas (bronce) y 270.- Arrancándose (bronce)

En el XII Salón de Otoño de 1932 hubo una sala dedicada a Mariano Benlliure, que exhibía 17 obras, de ellas, cuatro bajorrelieves, siete cerámicas y barros, un bronce, un mármol y cuatro óleos: Cuatro placas relieves de niños, tituladas Las cuatro estaciones, La Sagrada familia, placa en cerámica, Goya, ídem, Velázquez, ídem, La bailaora, figura en cerámica, Niño, barro cocido, Cabeza de gitana, ídem, Busto de mujer, ídem, Bretón, medalla barro cocido, Las víctimas de la fiesta, bronce, Amalio Gimeno, mármol, La vara, óleo, Matilde Benlliure, óleo, Angelita Benlliure, óleo

En el XIII Salón de Otoño de 1933 llevó las obras: 79.- Las víctimas de Navidad (bronce), 80.- Hacia el redil (bronce), 13.- La primera alegría (barro cocido esmaltado), 11.- Mantilla española (cerámica) y 35.- Busto de Romero de Torres

Al XIV Salón de Otoño de 1935 presentó 15.- Don Tirso Rodrigáñez y Sagasta (busto en bronce)

En el XV Salón de Otoño de 1935 presentó las obras:

372.- La maja de la mantilla, 373.- Retrato del escultor portugués Antonio Teixeira López, 374.- Sagrado Corazón (talla policromada)

En el XVI Salón de Otoño de 1942 exhibió las obras:1.- Cristo yacente de Hellín (escayola), 2.- Retrato de Mercedes Sangroniz (escayola), 3.- Anverso de la medalla de Rodríguez Marín (bronce), 4.- Reverso de la medalla de Rodríguez Marín (bronce), 5.- Medalla del maestro Bretón (bronce) y 6.- Retrato de Nelly Schultes (bronce)

En el XVII Salón de Otoño de 1942 llevó: 5.- La Marías y 8.- Retrato de Aniceto Marinas (escayola)

En el XIX Salón de Otoño de 1946 contó con Sala propia y se exhibieron las obras: 1.- Retrato del padre (bronce), 2.- Retrato de la madre (mármol), 3.- Retrato de don Aniceto Marinas (bronce), 4.- Autorretrato (bronce), 5.- Retrato de don José Benlliure (bronce), 6.- La perrita “Tinita” (bronce), 7.- La perrita “Tasquitas” (bronce), 8.- Retrato del Caudillo (mármol), 9.- Estatuita ecuestre de Fernando Primo de Rivera (bronce), 10.- Busto estudio del Teniente Gral. Orgaz (yeso), 11.- Retrato de Mercedes (yeso), 12.- Retrato del escultor Laszlo Zinner (yeso), 13.- Busto del pintor Jorge Apperley (yeso), 14.- Grupo del encierro (bronce), 15.- El arrastre (bronce), 16.- Busto de Lucrecita (bronce) y 17.- Toro marrajo (óleo)

En el 50 Salón de Otoño de 1983, en la Sala Homenaje a los artistas que hicieron posible el I Salón de Otoño en 1920, se exhibió la obra D. Segismundo Moret (Dedicado a don Natalio Rivas), bronce.

 

Mariano Benlliure fotografiado junto a su hermano José

 

Dos fotografías aparecidas en el diario ABC, arriba en la tumba de Cánovas, en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid y abajo, despachando cuando era Director General de Bellas Artes

Mª Luisa Pérez Herrero

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

María Luisa Pérez Herrero

 

PEREZ HERRERA, Mª Luisa    P  1919  12.abr.1887  MADRID  26 may.1934MADRID

Madrid, 12 de abril de 1898 – Madrid, 26 de mayo de 1934

Cuenta con una calle en el madrileño distrito de Chamartín

 

La pintora Mª Luisa Pérez Herrero nació en Madrid, el 12 de abril de 1898. Sin embargo, en los registros de la Asociación Española de Pintores y Escultores, en los que cada artista, de puño y letra, consignaba sus datos personales, figura como fecha de nacimiento el 12 de abril de 1887.

Nació en el seno de una familia humilde, hija de Manuel Pérez Calvo y de Francisca Herrero Fernández, que tuvieron también otro hijo llamado Félix.

Imagen aparecida en la Revista La Esfera, de 1923

 

Mª Luisa estudió en el Colegio San Luis de los Franceses de la calle Tres Cruces, fundado en esa ubicación en 1856 y que estaba a cargo de las Siervas de María, luego de las Siervas de la Caridad, y quedaba relativamente cercano a la residencia familiar, que por entonces estaba en la calle Orellana, 3.

Las dotes artísticas de la joven debieron quedar patentes desde temprana edad, y como la familia no disponía de recursos económicos con los que sufragar la inscripción en la Escuela de Pintura, Escultura y Grabado, solicitó la matrícula gratuita.

Ya en el curso de 1918-19, ganó un premio en metálico consistente en 62,50 pesetas en la asignatura de Paisaje, obteniendo también diploma en febrero de 1919, en Dibujo del antiguo.

Fotografía de 1920 aparecida en la prensa de la época

 

En la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid fue discípula de Antonio Muñoz Degrain, uno de los Socios Fundadores de la Asociación Española de Pintores y Escultores y un excelente paisajista del que sin lugar a dudas recibió el influjo que denota cada obra, de su intenso amor por el paisaje.

En 1919 consiguió una beca en el Monasterio de El Paular, en donde desarrolló su afición por la pintura de paisaje que la caracterizaba. Así lo recogía, en la sección titulada Actualidad femenina, la revista popular ilustrada Mundo Gráfico de 1919, en donde la información se acompañaba de una fotografía de la artista.

A finales de 1919, la Biblioteca Nacional (Salón de los Amigos del Arte), acogía la segunda exposición de los alumnos pensionados en El Paular, en donde obtuvo el Primer Premio, hecho que recogió la prensa de la época, que publicó fotografías de la artista y una breve reseña en la que destacaba que …“la artista presenta, entre cuadros, apuntes y estudios, trece obras muy bien pintadas… que tienen un gran encanto y poesía”…

De esa fecha data una reseña que el periodista Juan de la Encina le dedica en el Semanario España: “Rusiñol ha influido sin duda en la señorita María Luisa Pérez Herrero. No por el simple hecho indiferente de que esta señorita haya tomado por tema de algunas de sus obras los jardines de Aranjuez, sino por el modo de componer, en parte, por el estilo y la intención… paisajes finos, brillantes, decorativos. Están ejecutados con un cierto brío y franqueza poco femeninos. Parecen que han salido de mano de varón. Bien empastados y jugosos, sin embargo, a las veces, como es natural en quien comienza, se le enturbia y adensa el color y no consigue el efecto que se propone su autora. El tiempo y el estudio traerán lo que falta”…

«Calleja de Miraflores de la Sierra» y «Puesta de sol», de 1923

 

En agosto de 1919 el Círculo de Bellas Artes de Madrid organizó la Exposición de Bellas Artes en Santander, que incluía más de 350 obras de pintura, escultura y grabado, de artistas como Sorolla, Moreno Carbonero, Muñoz Degrain, López-Mezquita, Domingo Marqués y Pinazo Martínez, entre otros muchos, exhibiendo además una obra de la joven artista Mª Luisa Pérez Herrero.

En aquellos momentos la artista comenzó a destacar por su buen hacer, ocupando portadas de publicaciones a todo color algunos de sus cuadros realizados en El Paular, como el aparecido en La Esfera el 21 de febrero de 1920, titulado “Un rincón de la iglesia”.

 

El pintor y crítico de arte José Blanco Coris, dedica entonces unas líneas en El Heraldo de Madrid, a la artista: “Para nuestros lectores la Srta. Pérez Herrero no es una desconocida. Nos hemos ocupado de ella, con elogio… pertenece al grupo de alumnas que hace poco tiempo ingresaron en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, de las que han seguido con brillantez y aprovechamiento las enseñanzas de aquel centro de cultura… María Luisa Pérez no es una pintora femenina, no refleja el espíritu de mujer en sus obras que están resueltas con factura valiente de pincelada francesa y nerviosa. Su paleta es limpia y luminosa y siente el natural con grandeza… en sus estudios y apuntes no hemos encontrado ningún detalle mezquino, ninguna de esas notas pequeñas que todos los artistas hacen y poseen en el laboratorio de sus producciones… cuadros impresionados del natural con el tema obligado de la nota amarilla, nos recordaron las primeras obras de Mir, por su brillantez y luminosidad, por su factura amplia. La señorita Pérez Herrero, cuya modestia y sencillez son encantadoras, es una artista de gran porvenir, cuyos primeros pasos en la pintura revelan una disposición extraordinaria; la de ir al natural con lienzos de a metro a luchar con los elementos, y esto, que lo hacen contados artistas, es una gran virtud, un gran deseo de avanzar y llegar en poco tiempo a donde otros llegaron a maestros por sus pasos contados. María Luisa Pérez Herrero pertenece al grupo, que poco a poco vamos dando a conocer, de las mujeres pintoras y escultoras que en la actualidad honran y son el encanto de las Bellas Artes españolas”.

En 1920 se le concede una Bolsa de viaje con motivo de la Exposición Nacional celebrada ese año y participa en el Primer Salón de Otoño de Artistas Independientes de Madrid, celebrado en el Palacio de Exposiciones del Parque del Retiro de Madrid y organizado por la Asociación de Pintores y Escultores. Una presencia que no pasó desapercibidos para la crítica y el público.

En agosto de 1921 consiguió aprobar la plaza de ayudante de Dibujo de la Escuela Normal de Maestras de Madrid, participando en noviembre en la Exposición de Artistas Madrileños junto a grandes pintores, miembros de la Asociación de Pintores y Escultores, como Eduardo Chicharro, José Bermejo, Juan Espina, Martínez Cubells, Hernández Nájera, Ramón Pulido, Roberto Fernández Balbuena, Ricardo Fons, la familia Zuloaga (Daniel, Juan, Esperanza y Teodora), y otros muchos artistas.

Una vez más destacaron las obras de Mª Luisa, que mereció una reseña firmada por Ramón José Izquierdo en La Correspondencia de España, quien aseguraba que  “La pintura de paisaje ha hecho evolución en Madrid… en primera línea, debe contarse a María Luisa Pérez Herrero. Frondas estivales la revela como una artista indiscutible, y hace concebir incalculables esperanzas para lo porvenir, teniendo en cuenta que este cuadro, que vale más incomparablemente que los de muchos que se hallan en el final de su carrera artística y se llaman laureados y maestros, es debido a una joven que empezó ayer a pintar. Es verdaderamente raro que en tan poco tiempo se pueda adquirir tanta maestría en la interpretación del natural. La luz, el color, la perspectiva difícil de las enramadas iluminadas por el sol. En cuanto a la poesía que respira su cuadro, no nos extraña que la haya sentido, porque es mujer y artista”.

Con motivo de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1922, distintos periódicos de la época recogen la concesión de una Tercera Medalla a la artista por su obra titulada “Frondas estivales”.

En abril de 1923 realizó una exposición en el Salón permanente del Círculo de Bellas Artes de Madrid, que fue visitada por el rey Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia, llegando a ser portada del diario ABC.

Fotografía aparecida en El Heraldo de 1923

 

Los comentarios se vuelven cada vez más sólidos y prestigiosos, como el que hace en El Heraldo, el crítico Blanco Coris, destacando que fue “S.M. la Reina Victoria la primera en visitar la muestra y adquirir dos de sus  notables paisajes”…la artista ha puesto su alma entera en la tarea de ofrecernos el ambiente, el encanto y la poesía de las alamedas del Real Sitio, con la honradez y la brillantez de paleta que la caracteriza… en el grupo de los paisajes de la sierra sobresalen lienzos magistrales, obras completas de técnica, color, luz y perspectiva… una nota vigorosa y bien resuelta de una contraluz de sol. Conciertan con estas obras en número de treinta y una, ofreciendo un conjunto brillante y una demostración ponderante de las facultades de esta joven artista”.

Gran Vida destaca también la exposición comentando: … “la labor de esta artista que, aun no siendo nada brusca, ha sabido, sin embargo, abstraerse de ese algo de ñoñería que suelen tener los trabajos femeninos, hasta el punto que, de primera vez, da la sensación de haber sido ejecutadas por manos más vigorosas… una prueba de su valentía… en otras obras empieza a percibirse más el alma de la mujer, sin que esto quiera decir que hallásemos la más ligera falta de vigor. Es, pues, la obra de nuestra joven y estimada pintora, simpática por su modestia, decidida, pero sin estrabismos ni alucinaciones coloristas, antes por el contrario es delicada, bien definida, toda armonía, es la halagüeña esperanza del mañana, la promesa de un brillante porvenir…”

La artista fotografiada en 1935 para Mundo Femenino

 

José Francés, quien fuera Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores, le dedica un amplio reportaje, bajo el título de “Una pintora paisajista”, que incluye párrafos como éstos:

…”La vernalidad del ambiente y la fidelidad emocional de los lienzos de la señorita Pérez Herrero han sido, por el momento, más fuertes que nuestro afán de concretar. Dentro del alud paisajista, los cuadros de la señorita Pérez Herrero salvan y se libertan por su esencia peculiar.

«La calle Arcediano de Salamanca»

 

La señorita Pérez Herrero no es el turista mercantil del paisaje… La extraña y valiosa calidad viril del temperamento y de la técnica. Porque María Pérez Herrero pinta como un hombre»—se ha dicho demasiadas veces… el arte de la señorita Pérez Herrero, tiene un acento varonil, una seguridad varonil, una varonil elocuencia. No se sabría definir exactamente con palabras en qué consiste ese carácter de masculinidad en un paisaje; pero es lo cierto que existe. Otras pintoras—evitemos alusiones directas—se ve en seguida que pintan como su mamá bordaba relojeras y zapatillas o como una hermanita suya hace encaje de bolillos… La señorita Pérez Herrero… siente un comprensivo amor al paisaje, se le adivina el deleite de interpretar el amplio milagro de la luz en el aire libre. Su Exposición actual se compone de dos temas distintos: Aranjuez y Miraflores de la Sierra. Los jardines artificialmente logrados y el natural espectáculo pueblerino. Dos épocas también: el otoño preferentemente en los ¡jardines; el verano encandeciendo muros, azulando sombras y mustiando tierras, en las callejas o los caminos … Y siempre María Luisa Pérez Herrero acusa la veracidad de cada sitio y cada hora. Y siempre con un lenguaje enérgico donde hasta la misma languidez otoñal se libra de alfeñiquería femenina… la señorita Pérez Herrero lo consigue en la fidelidad expresiva de la Naturaleza. Cuando abarca horizontes no mengua su brío. Significación fuerte de esa capacidad es el lienzo titulado Lejanía, que está logrado de un modo sereno y atmosférico. En los apuntes se muestra también basta qué profundidad sabe abarcar los fugitivos matices de las cosas”…

Ilustración de 1920

 

En 1923 la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas le otorga una pensión en París. María Luisa Pérez Herrero recibe entonces un homenaje-despedida el día 27 de abril, tras el cual se trasladó a París y a Bélgica. El banquete de honor fue organizado por los profesores, compañeros admiradores y amigos, que deseaban ofrecerle su testimonio de admiración.

Fue un año de intenso trabajo para la artista y fruto de ese viaje, será premiada tres años más tarde en la Exposición de Cádiz de 1926.

Fotografía de la revista Blanco y Negro, 1934

 

Presentó obras a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1924 y ya finalizado su viaje, volvió a exponer los paisajes de Francia y Bélgica en el Salón de Exposiciones del Circulo de Bellas Artes en diciembre de 1925, recibiendo nuevamente la visita de los reyes y elogiosas críticas,  como esta, firmada por L.P.S. en la que destaca: “El triunfo logrado por esta notable pintora de paisajes no ha sido para nosotros una sorpresa. Lo esperábamos. La corriente y curso de su arte estaba definido para cuantos seguimos con interés las cuestiones que afectan al cultivo y desarrollo de las artes-bellas… La Pérez Herrero ha creado con fortuna esos sus cuadros, todos bellos y todos distintos. La mayoría de sus paisajes parecen querer ser y vivir por sí mismos, codiciosos de soledad y silencio. En los canales y viejas calles de Brujas todo parece sumido en el recuerdo de glorias. Quizá las primeras obras de la Pérez Herrero pudieron darnos la impresión de sentimiento de melancolía, de pesadumbre… del sentimiento romántico de Santiago Rusiñol… Desde entonces han pasado algunos años…”

«Melancolía«, aparecida en la revista La Esfera

 

Hesperia firmó en la revista Gran vida otro texto: “Tarea grata para la memoria es recordar la labor expuesta en el Círculo de Bellas Artes por María Luisa hace dos años; era toda una promesa de un porvenir halagüeño; …al contemplar sus nuevas producciones, realizadas unas entré la bruma del Sena, otras bajo el cielo de Bélgica, algo parecido al nuestro, hemos tenido la inmensa alegría de ver en sus lienzos, más enérgicos quizás, la misma serenidad que cuando marchó; ha retenido en ellos todo cuanto sus ojos contemplaron, sin ningún afán innovador, abstrayéndose con resolución inquebrantable del ambiente casi anárquico que la rodeaba. Esta firmeza suya en seguir el camino, comenzado acertadamente, en medio de una Babel de tendencias, en el centro de las exaltaciones y estridencias de unas u otras nuevas orientaciones del arte, nos demuestra que la base sobre la que desarrolla sus actividades nuestra artista es sólida, pues únicamente así puede permanecerse inmutable, sin el más leve contagio de influencia alguna. Indudablemente, el ardoroso celo en el estudio allende la frontera ha contribuido a que adquiriese mayor dominio en su técnica, cada vez más robusta, más resuelta. La diafanidad de su paleta se ha acentuado; esas notas grises, tan finas, …tiene, sin embargo, una vaporosa transparencia… Los efectos de sol en esos trozos de los jardines tienen la natural luminosidad…. El estímulo de la recompensa obtenida; el afán de demostrar al regreso que no se malgastó el tiempo; la ilusión del éxito, hicieron redoblar sus esfuerzos, trabajar intensamente, logrando que su labor fructífera, de una gran fecundidad, obtuviese la deseada aprobación unánime, a la par que el avance dado con tal brío la colocara entre las de los buenos paisajistas. Ante la nueva obra de María Luisa, de conjunto acertadísimo y bello; ante la realización de esperanzas concebidas, hemos de pensar con verdadera alegría que si su enérgica voluntad y la fe en sí misma le han dado valor para salvar dolorosos escollos y conseguir colocarse en primera fila, pronto, si, como es de esperar, sus ánimos no decaen, la veremos ocupar un puesto de honor, llegar a la cúspide de esa cumbre tan soñada, a la que pocas veces se llega joven aún”.

«Oración»

 

Los comentarios fueron unánimes. En otro artículo se lee: …”María Luisa Pérez Herrero es una pintora que hermana con feliz acierto el tecnicismo aprendido de los viejos maestros y la clara y moderna visión de los bellos paisajes, que traslada al lienzo Ubre de todo prejuicio, buscando reflejar en su obra la verdad y la emoción. Y tanto busca lo emotivo María Luisa, la gentil artista, que en ocasiones hace literatura con sus cuadros, porque en ciertos paisajes y apuntes se observa el atormentado espíritu de la autora, a quien impregnan de un sentimiento romántico, melancólico, él ambiente gris de las grandes urbes en que se agitan entre brumas y lluvias las vidas afanosas de las multitudes, o hacen soñadora los lagares solitarios y- sugeridores que recuerdan tiempos pretéritos y gloriosos. La obra de María Luisa Pérez Herrero, realizada con verdadero amor, atrae por su sinceridad y sencillez. No se advierten en ella afectación ni deseo de asombrar con procedimientos nuevos o extravagantes. Está hecha honradamente por quien tiene medios de halagar el snobismo de los que alardean de modernos o de conseguir el aplauso de la galería. Ni unos ni otros son adulados por la artista, a quien no faltan los plácemes del público, el premio de la crítica y el éxito de venta Todo se lo merece la trabajadora e Inteligente pintora”.

La artista en Mundo Gráfico

 

Y justo cuando empezábamos a dejar atrás críticas en las que se hace referencia continua a su condición de mujer, la Unión ilustrada publicó un artículo firmado por otra mujer llamada Regina, en el que se comenta en tono más que jocoso que: …”-Esta muchacha .pinta como un .hombre-… -Yo creo lo contrario, que pinta : como mujer -las mujeres no tienen generalmente esa maestría, ese verismo, y los asuntos, si se quitan las flores y los niños… – i Ah, vamos! Tú te refieres a las que disculpan su ñoñería» con un sexo, sin tener en cuenta que esa incapacidad de hacer acosas serias también se da en los hombres… Creo que si la mujer tiene verdadero talento, puede y debe hacer las cosas con la misma maestría que cualquier hombre; y, sin embargo, su obra ha de ser en todo momento viril. Aquí tenéis un ejemplo. María Luisa Herero pinta como un hombre y siente como una mujer que es. Sus cuadros, irreprochables en la factura, podrían ostentar en lo que a dominio de la técnica se refiere una firma masculina; pero un espíritu varonil no podría darles en esa ternura de interpretación, esa dulce melancolía tan femenina. -Tienes razón-asintió Marichu- se puede ser muy femenina sin ser ñoña”…

Nuevo Mundo, 1925

 

Presentó obra también a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1926 y en 1927 vuelve a realizar una exposición en el Lyceum Club Femenino que fue muy bien acogida con críticas como: “María Luisa Pérez Herrero sigue con inquebrantable tesón y entusiasmo su buen camino elegido, o sea desarrollando su actividad siempre al impulso del sentimiento y, por lo tanto, sin preocupaciones de evolución ni esnobismos. Una vez más esta artista ha traspuesto las fronteras, ha pasado entre la exaltación de diversas tendencias, logrando salir libre de todo contagio; su nueva obra, que hace bien poco hemos contemplado, así lo demuestra; en los bellos paisajes de Brujas, Holanda y París hay una enérgica resolución, una firmeza hay en permanecer fiel al íntimo sentir, que tarde o nunca podrá quebrantar ninguna de esas modalidades tan en boga e insustanciales. Nuestra amiga, hoy por hoy, unifica la acción con el sentimiento. ¡Dios le conserve la perseverancia!”.

«Estampa«, 1929

 

O esta otra: “Acaso sea María Luisa Pérez Herrero una de las artistas que con mayor firmeza va creándose una personalidad en la pintura, y, sin duda ninguna, puede afirmarse, que nadie como ella trabaja y lucha en busca de aquella suprema fórmula de la belleza, que es ideal de todo aquel que a las artes consagra su obra. María Luisa recorre el Mundo, en su ansia de nuevos horizontes, y en todos lados recoge con delicada emoción y exquisita factura los paisajes que son regalo de los gemidos y sugieren ideas a la imaginación. Los cuadros de María Luisa Pérez Herrero -yo poseo uno que no vacilo en calificar de primoroso- son una demostración irrefutable de la marcha triunfal que sigue la inteligente y gentil pintora. Los paisajes españoles, las tierras holandesas, las viejas ciudades belgas, los bellos rincones de Francia, canales, calles, jardines. palacios, puertos, todo, en suma, cuanto impresiona la retina de nuestra compatriota tiene su interpretación justa y personalísima en los lienzos que manchan los pinceles de la joven pintora. Y por esto sus Exposiciones son éxitos rotundos de público, de crítica y de venta, que no sólo de aplausos viven los artistas”.

Gran Vida, 1926

 

A finales de 1928 realizó otra exposición en la Sociedad de Amigos del Arte, muestra que recogía sus obras, “interesantes recuerdos de sus recientes viajes por Francia, Bélgica e Italia”, cuyos cuadros son “muestras felicísimas de un fino impresionismo rezagado”… “Desde aquella muchacha … recién salida de la Escuela de San Fernando, a la que atraían los atardeceres otoñales de la Moncloa y del Retiro y las frondas de Aranjuez, a esta joven que se enfrenta con los parquea parisinos, sumidos en la niebla, con las silenciosas calles de las viejas ciudades belgas y con las piedras doradas de los antiguos edificios de Venecia y Roma, hay un corto período de tiempo en que su arte se depura precipitadamente y en el que esta notable paisajista logra captar mejor cada día que transcurre la infinita poesía de los paisajes que ve”.

Gran Vida, 1926

 

Luis León firmaba en la Unión patriótica, un artículo titulado “Los paisajes de María Luisa Pérez Herrero” en el que reseñaba que “emocionan por su sinceridad. Nada de convencionalismos ni de efectos rebuscados y artificiosos. Nada de amaneramientos de estilo, ni de audacias más o menos avanzadas, para seguir la moda. La artista se ha colocado ante el natural, sin prejuicios ni preocupaciones; una sensibilidad exquisita y susceptible de ser impresionada, un talento comprensivo, una noble sinceridad y un temperamento capaz de trasladar al lienzo las notas de color, de armonía y de belleza que han pasado por su alma. Lo que la ilustre paisajista ha llevado a sus cuadros, no son las frías copias del natural, sino sus propias emociones transformadas en luz, en acordes cromáticos y en bellas formas vibrantes de vida… ese es el supremo encanto de estos paisajes. Y en su sinceridad está el secreto de su valor…A través de las tonalidades y las líneas de estos paisajes aparece siempre el alma de la artista. La técnica es sencilla y sobria, desprovista de afectación. No se ve nunca la preocupación de producir efectos exteriores… Ella refleja los bellos matices del natural, pero no como espejo inconsciente, sino como un alma vibrante de emoción, que da vida al reflejo y en cada nota pone un acento de creación. Ofrece, pues, el conjunto de esta obra lo que en arte tiene más valor: personalidad, carácter y la noble orientación de un idealismo”.

Paisaje de Alsasua

 

Para José Francés, esta exposición supuso el triunfo de la artista y así lo relató en La Esfera, en un extenso texto del que destacamos: “María Pérez Herrero es la nómada apasionada de los lugares melancólicos… aprendió en los jardines rusiñolescos… bajo la sombra tutelar del viejo pintor catalán…pero en El Paular se evadió del rusiñolismo… su paleta gana en elementos cromáticos. No hay tanto verde de arquitecturas vegetales, ni tantos ocres y cadmios de otoño… Después se suceden los viajes… el pozo cromático no se agota…la señorita Pérez Herrero es una elegíaca del paisaje, como Rusiñol es un paisajista elegíaco…si al principio parecía coincidir con el maestro catalán, luego abandonaría las coincidencias temáticas y tonales para decir con acento propio la misma modalidad espiritual… temas preferentes que vemos reiterados sin fatiga ni obstinación. Al contrario, fluidamente, deliciosamente atractivos, con algo nuevo e inédito… Cada vez la encontramos mejor dueña de sus facultades y más aprovechada de la natural educación estética recibida. Cada vez también más afirmativa de su personalidad, sin peligro de amaneramiento… La exposición que ahora celebra en el Salón de Amigos del Arte tiene el valor consagrativo y definidor”…

La artista fotografiada para Gran Vida, en 1926

 

En julio de 1929 participará en la Exposición permanente del Círculo de Bellas Artes, en el Salón de Amigos del Arte, junto a otros grandes artistas como Chicharro, Hermoso, Adsuara, Verdugo Landi, Baroja, Julio Moisés, Pulido, Urquiola, Blanco Coris, Zubiaurre, Zuloaga…

Para finalizar el año, la revista La Esfera, le dedica una página completa con la reproducción de tres de sus obras, que firma Antonio García Bouza y titula “Lo que ha hecho María Luisa Pérez Herrero”, refiriéndose a su estancia en Salamanca. Según descubrimos en el relato, un amigo salmantino, Julio Fabrés de Solís, ha dado hospitalidad en su casa a la pintora durante tres semanas. Aquello debió ser un gran acontecimiento para una ciudad como Salamanca, sobre todo porque la artista se dedicó a pintar del natural sus calles y monumentos en plena calle, rodeada de la expectación propia que atraía a niños y mayores. Allí pintó más de una docena de cuadros en la primera visita que realizaba a la ciudad… “Todo lo que ha visto y traducido con sus pinceles ha sido por ella misma buscado con esa fina perspicacia de los verdaderos artistas”…

«Escena del bosque»

 

Entre 1929 y 1934 participó con sus obras en distintas exposiciones en las que siempre aparecía reseñada como “uno de nuestros excelentes paisajistas” o “célebre paisajista”, mientras sus obras ocupaban las portadas de prestigiosas revistas como Blanco y Negro o La Esfera y colabora en otras publicaciones como la revista Ellas, Semanario de las mujeres españolas, dirigida por José Mª Pemán, junto a Rafael Fernández Cuevas, «Osear» y Manuel Pedros..

«Interior con jarrón de crisantemos»

 

En 1930 la pintora visita la Puebla de Bolívar, en Vizcaya, tierra donde nacieron los antepasados del héroe. La prensa recoge el viaje…”Todo Puebla de Bolívar, con su ambiente de poesía y su atmósfera de luz, ha pasado a los lienzos de María Luisa Pérez Herrero… Diez y seis cuadros… magnífica obra, en verdad… por la perfección artística con que ha sido realizado… Los cuadros son de un inmenso valor histórico y de extraordinario mérito artístico… y figuran en una Exposición que, con motivo del Centenario del Libertador, ha de organizarse en Venezuela. Será indudablemente un maravilloso éxito. Venezuela sabrá apreciar como es debido la delicadeza del homenaje y el valor de la labor artística”.

El Liberal, 1928

 

Presentó dos cuadros a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1932 que merecieron el calificativo de “acertadísimos”.

Distintas ilustraciones aparecidas en La Esfera, en 1929

 

A la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1934 presentó dos obras tituladas  “Urdiain (Navarra)” y “Por tierras de Navarra”. En la inscripción situó su domicilio en la calle Isaac Peral, nº 12, 1º.

La exposición, celebrada en los Palacios del Retiro madrileño, se inauguró el día 24 de mayo y contó con la presencia del Presidente de la República y de Miguel Blay, Vicepresidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

«Canal de Brujas»

 

La artista había llevado sus obras y horas antes del “vernissage”, se sintió indispuesta.  El rápido desenlace de la funesta operación de apéndice a la que fue sometida “in extremis”, fue devastador, falleciendo dos días después, el 26 de mayo de 1934. Sus restos descansan en el madrileño cementerio de La Almudena.

La prensa recogió la triste noticia: “Casi repentinamente, en plena juventud, cuando las ilusiones de su arte parecían más próximas al triunfo, ha fallecido ayer en Madrid la notabilísima pintora María Luisa Pérez Herrero. La noticia causará dolor y sorpresa. Su pujante vigor artístico, puesto de manifiesto en la actual Exposición de Bellas Artes, donde se admiran dos obras suyas de las más destacadas del certamen, era promesa de esa consagración a que todos los artistas aspiran… fue prototipo de pintoras disciplinadas. Se formó en el estudio, a fuerza de constancia y vocación y había llegado, tras una lucha dura, pero sin claudicaciones ni desmayos, a ese grado de madurez y maestría que acreditan sus últimas obras. ¡Triste es pensar que son las últimas! Lo mejor de ellas no es solo la delicadeza y ternura con que están ejecutadas, ni la emoción profunda que difunde su espíritu sereno, sino las esperanzas que hacían concebir para un futuro próximo, que la muerte ha truncado. Descanse en paz la excelente pintora”….

En distintos medios se leía… “Se podía considerar como una de las figuras más interesantes de nuestra pintura contemporánea, y a sus méritos de artista, a sus lauros oficiales, había que añadir el encanto personal, su bondad, su gentileza, su talento. Entre artistas y profanos deja un recuerdo dulce y amable que servirá de lenitivo al dolor de perderla”….

O incluso: …”Esos son para mí los recuerdos más vivos; cartas donde expresaba siempre la nostalgia de España, y sobre todo, de su Madrid y de Aranjuez… Pero nos queda su densa obra, sin efectismos ni amaneramientos moderna, sin alarde de vanguardismo llena de vigorosa espontaneidad y trazada con soberbia técnica… La última tarde que estuvo a vernos, fué el 15 de mayo, con su madre, su sobrina y una excelente amiga, que ha velado su espantosa agonía de mártir. María Luisa cortó los últimos lirios del jardín. Para el estudio, me dijo. Y viendo los rosales cuajados de capullos, tardíos por el frío tenaz, añadió: —Volveré pronto, cuando estén abiertas las rosas. Ha sido la última vez que la he visto. Y esas primeras rosas han ido en su ataúd… Asociando su nombre al de tantos pintores y tantos poetas muertos cuando prodigaban el «divino tesoro», cuando ya las promesas habían cuajado en realidades, pero estas realidades habrían la promesa de más vastas perspectivas, buscaremos el consuelo posible en la idea de que los predilectos de los dioses mueren jóvenes, frase, no por mil veces repetida, tumba las rosas y los merecidos laureles.. menos oportuna. MATILDE RAS Las amargas lágrimas son para los que cumplimos el deber de dejar sobre su Ciudad Lineal, 30 de mayo 1934”.

La Gaceta de Bellas Artes destacó sobre su socia: “En la Sala XVII están los paisajes de la infortunada María Luisa Pérez Herrero, cuando más ansias de vivir tenía y más ilusiones se había forjado. Sus dos paisajes, sencillos y delicados, nos hablan de un buen temperamento de paisajista, prematuramente malogrado, y de una artista sensible al color y que sabía ver el natural”.

La Esfera, 1929

 

A propuesta del Jurado de la Exposición de Bellas Artes, el Estado adquirió por un valor de 3.000 pesetas, la obra titulada “Urdiain”, en reconocimiento de sus méritos y homenaje a su memoria.

Días después, la Junta Directiva de la Asociación Española de Pintores y Escultores acordó abrir una suscripción popular para poner una lápida sobre la tumba de la notable pintora, haciendo pública la noticia en los diarios e invitando a los artistas expositores de la Nacional a aportar sus donativos.

La Suscripción popular abierta por la Asociación de Pintores y Escultores se publicó en todos los diarios de la época

 

Vivió también en el número 10 de la calle Ataulfo en Madrid, ​ existiendo actualmente una calle con su nombre en el madrileño distrito de Chamartín.

Firma autógrafa de la artista

 

Sólo unos meses después, en diciembre de ese mismo año, el Círculo de Bellas Artes acogía una exposición póstuma de sus obras, de “aquellos lienzos que habían quedado en su estudio… el placer estético que ha de producirnos la contemplación de su obra ha de estar unido a la tristeza que nos causa el saber que ya la artista no exista…. Obras ejecutadas en Bélgica, Francia y en diversos lugares de España”…

A la inauguración de la muestra póstuma acudieron su madre y su hermano, y distintos familiares …”que han querido honrar su memoria con la mejor ofrenda para una artista, exhibir un conjunto seleccionadísimo y delicado de toda su producción estética… con una figura, se presentan cincuenta y cinco paisajes de Europa, en sus viajes de estudio y formación… de esta ilustre paisajista”…

 

Distintos paisajes de París

 

También se leía: …”Lienzos de una evocación nostálgica, la emoción estética se transfiere al recuerdo de la artista… María Luisa fue haciendo el camino de su carrera artística. Disputaba, sin privilegio alguno, y también sin debilidad, porque es justo reconocer la fortaleza de su carácter, el puesto que pretendía alcanzar; se  lo disputaba a los demás pintores y no era ni quería ser más que un pintor más cuyos laureles fuesen otorgados por el acierto con que la mano supiera llevar al lienzo las sensaciones captadas a la naturaleza. Un concurso, un certamen, una exposición. En cada paso afirmaba su personalidad. Llegó a situarse en la primera línea de nuestros paisajistas. Sus lienzos de Aranjuez, comenzaron a colocar su nombre entre los de los pintores más interesantes de la hora actual” …

«Una calle de Brujas» 1927

 

«Rincón de la Iglesia«, 1920

 

«El Monasterio de El Paular»

 

«Casa Rectoral de Salamanca», 1929

 

«Canal de Venecia»

 

Gil Fillol, en Ahora Madrid, fue más allá. Cerraba el artículo reivindicando lo que sería justo enmendar, lo que desde estas insignificantes líneas también apoyamos: …”En el estricto sentido profesional, María Luisa fue un «pintor». Me acuerdo aún de sus primeros cuadros, cuando, esclavizada todavía por las enseñanzas del colegio, concebía entonces el paisaje un poco a la práctica casera… Ya al celebrar la Exposición en la Sociedad Amigos del Arte (enero de 1929)… María Luisa Pérez-Herrero se había hecho pintor. Era su pintura robusta, vigorosa, arquitectural; pero sin ocultar los infinitos matices de su alma femenina. Parecía pintor por la fuerte solidez constructiva y el garbo masculino de los severos paisajes. Pero en sus Obras resplandecía siempre aquel encanto ingenuo y sencillo, de belleza modesta y natural, que fue siempre el mejor ornato de su labor artística. Supo salvar, a fuerza de talento, los instantes de peligro en que las pintoras, sintiéndose pintores, abandonan definitivamente su ventajosa posición en el Arte. La ternura, la comprensión, la afectividad, todas esas hermosas cualidades de la mujer sensible que estimula el amor a la Naturaleza, suelen apagarse ante las preocupaciones de una técnica briosa y varonil. En María Luisa no cedieron al impulso de sus alientos de pintor. Se hicieron, por lo contrario, más firmes y señeras bajo el signo de su sensibilidad de pintora. Y brillaron más destacadamente en aquellos dos cuadros últimos: “Urdiain» y “Por tierras de Navarra», en los cuales la malograda artista cifraba sus legítimas aspiraciones.

Yo no sé si María Luisa Pérez-Herrero está representada en nuestro Museo de Pinturas.  Es justo que lo estén todas las pintoras ilustres que pintan como los pintores ilustres. Pero es necesario que  no falte ésta, quien, además de ser notable en alto grado, dio a sus paisajes un sello personal, inconfundible, de auténtica y sincera feminidad”.

Un año después, aún era recordada en los círculos artísticos… hasta hoy.

«Urdiain»

 

Mª Luisa Pérez Herrero y la AEPE

Al primer Salón concurrió inscrita como Dª María Luisa Pérez Herrero; natural de Madrid, donde reside, en la calle de Ataulfo, núm. 10, y presentó tres óleos, los titulados “Sol de la tarde (Aranjuez), paisaje, óleo; 1,21 x 1,29; “Hora romántica”, óleo; 0,93 x 0,82; y “Jardín de Aranjuez”, óleo; 0,86 x 0,70.

Al VI Salón de Otoño de 1925 presentó tres óleos: el titulado “El Dyver” (Brujas); 130 x 120; “Una calle de Brujas”, 106 x 88 y “Canal viejo”, 112 x 86.

Al X Salón de Otoño de 1930 presentó dos óleos, el número 211 titulado “Jardín de la Princesa” (Madrid), 1,22 x 1,30; y “Plaza del Burgo” (Brujas), de 0,93 x 0,38.

 

Buscando la tumba olvidada… entre los sepulcros que ya nadie visita

Llegamos temprano al madrileño cementerio de La Almudena donde  se encuentra la tumba de Mª Luisa Pérez Herrero. Es un día radiante de sol que invita al paseo y a la búsqueda… Llevamos las referencias aportadas diligentemente por los servicios de la mayor necrópolis de Europa, y pese a ello… es casi casi, como buscar una aguja en un pajar.

Echamos más de media mañana en limpiar de hojas secas las tumbas, por ver si en alguna figura el nombre que buscamos; el musgo, la piedra… letras irreconocibles por el paso del tiempo y el olvido, que también esculpe como pinta en algunos lienzos.

Y de pronto,  encontramos a Matías, que cuida de muchas tumbas y de su arreglo y mantenimiento. Es providencial, porque estábamos a punto de tirar la toalla, pero conocedor de su oficio, rápidamente sitúa las coordenadas y en menos de diez minutos nos encontramos  limpiando una  tumba repleta de hojas y musgo, de tiempo y olvido, ante la que aparece, por fin, una simple lápida  con un bajorrelieve en el que se adivina la efigie de Mª Luisa y unos pinceles.

El texto es escueto: A LA PINTORA Mª LUISA PEREZ HERRERO SUS COMPAÑEROS.  Rodeando el círculo, a la derecha, difícilmente se lee: A LOS 36 AÑOS.

Esta fue la lápida que en 1934 , y por suscripción popular de la Asociación Española de Pintores y Escultores, le brindaron sus compañeros como último tributo.

Cinco años más tarde, la tumba recibió los restos de su madre, fallecida, curiosamente, el mismo día que realizamos la búsqueda de la tumba de la artista, un 15 de noviembre. Coincidencia?

En 1949 recibió también los restos de su hermano Félix y un 16 de noviembre de 1977, los restos de su padre. La familia  entonces, dispuso una lápida con los nombres de los padres y el hermano, situando justo en el centro, la lápida original de Mª Luisa.

Allí duerme el sueño inmortal de los justos, que en esta vida, da igual quien hayas sido, ni los méritos que aportes… el olvido es una lápida mucho mayor que cualquier mausoleo, y a pesar de la familia y los amigos… cuando caen las hojas de la indiferencia, ya no hay vuelta atrás…

Al menos ha quedado limpia, la hemos adecentado todo lo posible. Mientras lo hacemos, le cuento a Matías su historia, sorprendido como está por el inesperado hallazgo y curioso por algo tan inusual. Sólo lamenta pensar que el sitio no ha sido limpiado en… más de treinta años, de eso dice, puede dar fe. Y sólo piensa en la tristeza de comprobar cuántas tumbas como esa, no reciben ya la visita, aunque tardía, de nadie.

Antes de irnos, un enorme gato de los que abundan en esa parte del cementerio, toma posesión del espacio rehabilitado y me conforta pensar que a partir de ese momento, Mª Luisa va a tener ya siempre compañía…

 

Las Medallas de la AEPE: Francisco Pradilla

Por Mª Dolores Barreda Pérez

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de los galardones en los que se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

 

Medalla de Pintura Francisco Pradilla

Del Certamen de Pequeño Formato

 

La pintura de pequeño formato es una síntesis de lo mínimo y no obstante es completa, plena, sorprendente y satisfactoria. Trabajar en un formato reducido permite la inmediatez, la experimentación creativa, el derroche de imaginación, el despliegue de color que no abordamos en obras de mayor escala.

Desde esta tradición pictórica, la Asociación Española de Pintores y Escultores convoca anualmente el Certamen de Pequeño Formato que siempre supone un gran éxito tanto en la participación de los socios como en la calidad de las obras presentadas.

Son obras grandes, pese a su pequeño formato, que nunca nos dejan indiferentes porque encierran, de la misma forma que una preciosa y costosísima esencia, lo mejor de los sentimientos de los maravillosos artistas que componen nuestra entidad.

En el año 1979, la Asociación Española de Pintores y Escultores llegó a un acuerdo con la Galería Eureka, situada en la vecina calle Caballero de Gracia, para realizar una exposición de pequeño formato que se celebraría en el año siguiente, buscando una continuidad en el futuro y llegando a ser ya una de las convocatorias más tradicionales de la entidad.

El I Certamen tuvo lugar del 28 de marzo al 12 de abril de 1980 con un límite de tamaño de 46 cms.

En Eureka se llevaron a cabo las seis primeras ediciones del premio, trasladándose en 1986 a la Galería Infantas hasta su cierre, y encontrando desde entonces cabida en distintos locales e instalaciones municipales que siempre ceden sus espacios expositivos para acoger una muestra tan característica.

El arraigo definitivo de este certamen hace que estemos a punto de llegar a su edición número 40, todo un logro que destila fragancia y crédito.

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales. En el caso del Certamen de Pequeño Formato, y como en el resto de las ocasiones con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, se instituyeron los premios: Medalla de Pintura Francisco Pradilla y Medalla de Escultura Juan Bautista Adsuara.

 

Francisco Pradilla y Ortiz

 

En el número de la Gaceta de Bellas Artes correspondiente al 15 de febrero de 1930, Ramón Pulido firmaba un artículo en el que se quejaba… “los que el año 1921, en Madrid, asistimos a su entierro éramos un número contadísimo, y el desprecio y la indiferencia de la crítica al dar noticia de su muerte, no podemos por menos de sentir tristeza al ver de qué modo muchas de las grandes figuras del arte, en el ocaso de su vida, son olvidadas, y ni la patria grande ni la chica tienen para ellos esos recuerdos póstumos de ternura y amor para quien, en vida, las dio tantos días de gloria”. Unas palabras que lamentable y tristemente un siglo después, mantienen su vigencia.

Francisco Pradilla es justamente considerado como uno de los máximos exponentes de la pintura española del último cuarto del siglo XIX, además del último gran maestro del género histórico en esta centuria.

Autorretrato de juventud

 

Consiguió situar a las grandes composiciones históricas, que tanto éxito tenían en el siglo XIX español, en lo más alto de la pintura europea. Su Juana la Loca bien puede considerarse como una de las mejores obras del siglo, gracias a la brillantez y la fuerza de su estilo realista, en el que las pinceladas de óleo vibran y se aprecian claramente en el lienzo.

Francisco Pradilla y Ortiz nació el 24 de julio de 1848 en Villanueva de Gállego, un pequeño pueblo de Aragón. De muy joven entró como aprendiz en el taller de pintura del escenógrafo de Zaragoza Mariano Pescador, quien le animó a acudir a la Escuela de Bellas Artes de San Luis.

El profesor Bernardino Montañés ve en él unas dotes excepcionales, encaminando sus pasos hacia Madrid, donde compaginará su trabajo como ayudante en el estudio de los escenógrafos Augusto Ferri y Jorge Busato, con la asistencia a la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado, donde tuvo como maestros a Federico Madrazo y Carlos Rivera.

Incitado por José Casado del Alisal, primer Director de la Academia Española en Roma, que deseaba contar en la primera promoción de pensionados con las mejores promesas del panorama artístico español, en 1874 ganó la pensión de la primera promoción en la Academia de España en Roma, junto a Casto Plasencia, Jaime Morera y Alejandro Ferrant y Fischermans, estos últimos, Socios Fundadores de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

El trabajo correspondiente al tercer año de pensión le supone a Pradilla un éxito rotundo. Se trata de Doña Juana la Loca, con la que consigue la Medalla de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1878 y la Medalla de Honor en la Sección Española de la Exposición Universal de París de ese mismo año.

Doña Juana La Loca

 

Desde entonces empezó Pradilla a pintar encargos para los amantes del arte del mundo entero, cotizándose sus obras a precios muy elevados.

Este sonoro triunfo le llevaría a recibir el encargo del Senado para la ejecución del cuadro La rendición de Granada, cuya difusión le catapultaría a una fama internacional.  Tan gran éxito obtuvo el cuadro, que el Senado no sólo recompensó al artista con mayor cantidad que la contratada, sino que durante muchos días permitió la entrada al edificio a todo el que quiso admirar la obra. Madrid entero desfiló por el salón de conferencias del Senado. Y es que esta obra produjo entre los pintores y los críticos profunda admiración, rindiéndosele homenaje en Roma por parte de todos los pintores. Las revistas del mundo entero reprodujeron la obra y publicaron todo tipo de elogios. En Francia, se le otorgó la cruz de la Legión de Honor y se le nombró además individuo extranjero de la Academia de Bellas Artes de París.

La rendición de Granada

 

Su nombramiento como Director de la Academia de España en Roma, sustituyendo a Casado del Alisal, le hizo fijar su residencia en la ciudad eterna, donde, emulando a su admirado Fortuny, abrió un estudio al que acudían los más importantes coleccionistas y marchantes de Europa. Pero agobiado por las obligaciones administrativas del cargo, presentó su renuncia a los ocho meses.

Los años vividos en Italia, alternando su trabajo en Roma con los veranos pasados en las Lagunas Pontinas de Terracina, fueron los más felices de su vida.

En 1896 es nombrado Director del Museo del Prado, un cargo que colma las ambiciones de cualquier artista, más él que gozaba de un extraordinario reconocimiento artístico entre coleccionistas y marchantes de todo el mundo, viéndose obligado a regresar a España.

La situación real del Museo, las críticas a la conservación de la colección, el vivir atrapado nuevamente por las limitaciones administrativas, desatendiendo su verdadera vocación de pintar, hicieron que en 1989 abandonara el cargo y con cincuenta años, cansado, se alejó voluntariamente de actos sociales y políticos, dedicando su vida a pintar.

Autorretrato de 1917

 

En su magnífico palacio-estudio recibía a numerosos amigos como Pérez Galdós, Núñez de Arce, el Marqués de Pidal y al mismísimo rey, que solía visitarlo con frecuencia.

Aunque su muerte sorprendió a muchos por el alejamiento del pintor de la vida social, la exposición póstuma de sus obras que se instaló en su propio domicilio, fue un éxito de concurrencia, ya fuera para visitar un lugar difícilmente accesible o por ver «los Pradillas» que conservaba su propio autor.

Entre todos los géneros pictóricos que cultivó, la pintura de historia fue la que más fama le proporcionó. Se interesó por las anécdotas más emotivas de la historia. También pintó retratos de la aristocracia madrileña y conjuntos decorativos, como la ornamentación del Palacio de Linares de Madrid, para el que ejecutó la Lección de Venus al Amor, en el techo del salón de baile.

Pradilla por Alejandro Fischermans

 

Pradilla fue también un gran paisajista, como ya demostró en sus composiciones de historia. Intentaba ambientar las escenas en exteriores y con una depurada técnica, organizaba amplias perspectivas panorámicas con multitud de figuras y de motivos.

La faceta más moderna de su obra son los abocetados paisajes que realizó tomados del natural, en los que busca plasmar sensaciones atmosféricas y paisajes, y donde abundan las luces efectistas.

Falleció en Madrid a causa de un cáncer en la boca, en su casa estudio situada en la calle Quintana,33, el 1 de noviembre de 1921. A su entierro, celebrado en el cementerio de Santa María, acudieron multitud de miembros de la Asociación Española de Pintores y Escultores como Mariano Benlliure, Moreno Carbonero, Álvarez de Sotomayor, Casado del Alisal, Miguel Blay, Benedito, Cecilio Plá, Aniceto Marinas, Marceliano Santamaría…

Huecograbado del pintor

Autorretrato

 

La Asociación Española de Pintores y Escultores dedicó una corona al finado que la familia, agradecida, no aceptó porque la modestia de Francisco Pradilla así lo tenía dispuesto, y abrió con la triste noticia el número de la Gaceta de Bellas Artes del 1 de noviembre de 1921, en la que además de una semblanza y biografía de su vida, se acompañaba en el sentimiento a la familia.

Su nivel de maestría fue tal, que una narración de la historia de España sin sus cuadros es una crónica huérfana de imágenes.

Su obra fue ingente y se halla dispersa en colecciones particulares españolas y en diferentes países europeos y sudamericanos.

También fue un buen ilustrador gráfico de publicaciones literarias, un maestro retratista y un gran pintor costumbrista, siendo las pinturas de este último género las más abundantes y cotizadas.

Cortejo del bautizo del Príncipe Juan

 

Pradilla supo crearse un estilo personal fruto de la observación, aquilatando valores, con un espíritu analítico, dominando el color sin ser colorista, la técnica, la composición, el dibujo, y con un concepto estético muy elevado y espiritual del arte, creó obras que tuvieron un público entusiasta que en todo momento le rindieron franca y sincera admiración.

Juana La Loca recluida en Tordesillas

 

Sus cuadros de costumbres italianas y españolas son obras sugestivas, tienen interés y belleza, en ellas buscó Pradilla la psicología de los personajes y el ambiente de su propia naturaleza.

Las lagunas pontinas y los pueblos de Galicia recogieron una gracia extraordinaria cuyo profundo estudio supone la contemplación de la naturaleza como pocos pintores hicieran, trasladando esa atmósfera a sus lienzos con recogimiento.

El suspiro del moro

 

El pintor era amante del aislamiento: vivía entregado al trabajo, correcto, sin ganas de visitas y reuniones, lo que le hacía poco asequible. Los domingos por la tarde recibía en su estudio a sus amigos íntimos, artistas y no artistas, y si le pedían consejos los daba sin apelar a medias tintas, en forma clara y concreta, fuesen gratos o desagradables, él, a quien le molestaba la adulación profundamente.

Sorolla, que fuera discípulo de Pradilla en Roma y Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, recibió del maestro consejos tan sinceros que le molestaron por su rudeza, llegando a distanciarlos en el transcurso de sus vidas, si bien finalmente el valenciano tuvo para Pradilla frases de justicia y de cariño.

Últimas nieves en Terracina

 

Pintaba la figura de un modo admirable y era un gran paisajista, creando obras que es difícil superar. Fue además un acuarelista extraordinario, dando a este género de pintura la solidez y calidad del óleo, sin perder el encanto y la gracia de la acuarela.

Hizo retratos muy bellos, pero no transigía con adular al retratado, rechazando la mayoría de encargos si conllevaban esta “pena”.

Primavera

 

Sus cuadros eran de una preparación lenta y minuciosa, debido a los muchos apuntes, dibujos y estudios que hacía antes de dar comienzo a la obra definitiva; preparaba el fondo, sobre todo en sus cuadros de historia. En el aire libre buscaba el momento de luz y hora que respondiese de modo muy expresivo al asunto que había concebido para su cuadro, los efectos de nubes, los terrenos en que los grandes carros marcaban las huellas de las ruedas… todo era objeto de profunda observación.

Amparito

 

Consiguió todos los honores que su talento le granjeó: fue académico de Bellas Artes en España y en las academias de París, Berlín, Munich y otras más. Fue condecorado con grandes cruces nacionales y extranjeras y sus cuadros se pagaban a precios muy elevados.

En palabras de Wifredo Rincón, especialista en la figura del aragonés, y quien fuera también Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, fue un pintor muy versátil que rivalizó en popularidad y prestigio con Joaquín Sorolla. Practicó todos los géneros: el retrato, la pintura de historia, estampas populares y costumbristas, paisajes, cuadros alegóricos y mitológicos próximos al simbolismo en ocasiones, aunque fue en la pintura histórica donde logró sus mayores éxitos y su maestría indiscutible. Fue un pincel refinado de ‘realismo ambiental’.

La tarde

 

Hace no mucho tiempo, recibimos emocionados en la AEPE la visita de la bisnieta del maestro Pradilla, Sonia Pradilla, quien nos habló de la familia y de su abuelo, el también pintor e hijo del aragonés, Miguel Pradilla, figura desconocida que siguió los pasos de su padre.

En una exposición celebrada en octubre de 2018 en Pozuelo de Alarcón, se rindió homenaje a los dos artistas, pintores que compartieron el amor a Italia, donde Francisco vivió tantos años y Miguel pasó toda su infancia, y la pintura de uno y otro volvía a los mismos escenarios (como las Lagunas Pontinas) con décadas de distancia.

Bajo el árbol consagrado a Ceres

 

Padre e hijo coinciden también en su interés por las escenas populares y costumbristas de fiestas, romerías, procesiones, mercados, etc. Y en la pasión por el paisaje, aunque con estilos muy diversos, con Francisco endeudado con el preciosismo y Miguel influido ya por el impresionismo.

La lectura de Anacreonte

 

En la página web de la AEPE www.gacetadebellasartes.es  publicamos también en el apartado “Recordando a nuestros socios”, la documentación que tan amablemente nos hicieron llegar en el ánimo de ayudar a difundir la memoria de ambos, que a todos recomiendo visitar.

Miguel recordaba a su padre “conmovido por su amor de hijo y su vocación de artista… yo consideraba a mi padre como a un dios, como a un coloso al que nunca podría llegar”… motivo por el que tantas veces declinó presentar sus trabajos al público, temiendo quizás, España es así… antes, durante y me temo que después… que la comparación entre uno y otro destrozaría su vocación.

Manolas en el palco

 

Pradilla gustaba de Rembrandt, Velázquez, Tiziano, el Greco y Ribera. Apasionado de Wagner, lector incansable, viajero y deportista, buen alpinista, gran nadador, practicante de gimnasia, senderista… el lado más personal del maestro así nos lo recordó su bisnieta, merced a las impresiones que su abuelo Miguel escribiera de él.

Retrato de la Marquesa de Encinares

 

Francisco Pradilla y la AEPE

En el III Salón de Otoño de 1922, Francisco Pradilla expuso tres obras cedidas para la ocasión por Félix Boix. Se trataba de hacer un pequeño homenaje al gran artista fallecido unos meses antes. Las obras expuestas fueron:

471.- “Recogedora de algas” (Vigo), óleo

472.- “El suspiro del moro” (boceto), óleo

473.- “Estudios de bordados y telas para La rendición de Granada” (acuarela)

En el V Salón de Otoño de 1924 estuvo presente también en la Sala de Recuerdos, junto a obras de Goya, Eugenio Lucas, Palmaroli, Rosales y otros muchos artistas fallecidos, con una obra propiedad de F.F.

413.- “Dibujo”

Niebla de primavera en Italia

 

 

Webgrafía y bibliografía

https://historiaragon.com/2016/11/01/francisco-pradilla/

AUTORRETRATOS DE FRANCISCO PRADILLA. A PROPÓSITO DEL CONSERVADO EN EL MUSEO DE ZARAGOZA Wifredo Rincón García online: https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/35/21/52rincon.pdf

http://www.bibliotecalazarogaldiano.es/carhis/descargas/Rincon-Garcia_De-pintura-y-fotografia-cartas-de-Francisco-Padilla-Ortiz-a-Antonio-Canovas-y-Vallejo-Kaulak.pdf

Wifredo Rincón ‘Francisco Pradilla’ (Aneto, 1999)

Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba” de la Asociación Española de Pintores y Escultores

www.gacetadebellasartes.es

www.salondeotoño.es

Aurora Lezcano y de Saracho

Por Mª Dolores Barreda Pérez

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores..

AURORA LEZCANO Y DE SARACHO

MARQUESA DE O’REILLY

LEZCANO Y DE SARACHO, Aurora    P  1942  11.jun.1912  MADRID  MADRID  Marquesa de O’Reilly

Aurora Lezcano de Saracho se inscribió en nuestra entidad como “Pintora”. Socia de número nacida en Madrid, el 11 de junio de 1912, con domicilio en la calle Sacramento, 5. Así aparece en la ficha de la entidad, además de en otros escritos, documentos y portales online.

Sin embargo, sabemos ahora que la pintora, periodista, conferenciante, ensayista, columnista, guionista de cine e investigadora histórica, nació en Madrid, el 6 de junio de 1914, pese a que en otro tipo de diccionarios se cite como fecha de nacimiento el 9 de junio de 1914.

Aurora Lezcano en 1942

Aurora era hija del célebre pintor Carlos Lezcano, discípulo destacado del paisajista Carlos de Haes y de Joaquín Sorolla, quien fuera Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, y de Aurora Saracho Spínola, a quien todos conocían por “su bondad y la afabilidad de su trato exquisito”.

La familia Lezcano vivía en el palacete de la Calle Sacramento, hoy conocido como edificio O’Reilly.

Pese a que Carlos Lezcano estudió para abogado en el cercano Instituto de San Isidro, su pasión por el dibujo y la pintura le llevaron a realizar infinidad de apuntes con los que fue preparando sus estudios artísticos.

Retrato de Carlos Lezcano, por Joaquín Sorolla

En 1900, cuando Sorolla llega a Madrid y monta estudio y casa, Carlos Lezcano asiste a su taller, y le acompañará en alguno de sus viajes a Valencia. Lezcano viajó por Galicia y el País Vasco, conociendo en una finca de Galicia a una joven de Bilbao, llamada Aurora Saracho Spínola, con quien se casó, trasladándose el matrimonio a vivir a Madrid, dedicándose a los negocios y a su familia.

Además de con Sorolla, Carlos hizo amistad con multitud de artistas, especialmente con Eugenio Hermoso y Anselmo Miguel Nieto, ambos también socios de número de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

En un ambiente familiar propicio a las artes, creció Aurora, que tuvo por primer maestro a su padre, que bien pronto distinguió las dotes artísticas de su hija.

El fallecimiento del hijo varón y hermano de Aurora, sumió a su padre en una nostalgia enfermiza que sólo la pintura logró mitigar en parte, dedicándose el matrimonio a viajar y a pintar la que sería su gran pasión: los castillos de España.

Una pasión que le llevó a exponer sus castillos españoles en las Galerías Georges Petit  y Galería Hantcourt, ambas de París, valiéndole que el gobierno francés adquiriera alguna de sus obras para el Museo de Jeu de Paume. Allí residió durante algún tiempo, logrando ser conocido como “el pintor de la España heróica” por los franceses. En 1927 expuso en Boston, vendiendo toda la colección de una sola vez.

Según confesaba la propia artista, “Mi padre, el pintor Carlos Lezcano, me enseñó desde niña a amar el arte y todo lo bello, especialmente la pintura. Mi padre era apasionado de Goya y de el Greco, yo heredé esta admiración, principalmente por Goya, maestro de la caracterización, porque al especializarme yo en el retrato, Goya me atrae por su estudio psicológico del modelo y por su técnica maravillosa”.

Además de a Goya, Aurora admiraba profundamente a Sorolla, a quien reconoce como maestro de su padre y genio impresionista, luminoso, colorista, lleno de pasión, seguridad y vibración.

Aurora, que vivía en la mansión familiar de la calle Sacramento de Madrid, acompañó a sus padres por algunos viajes y compartió su pasión por el dibujo y el arte.

Portada del libro en el que colaboró

Su primer y mejor maestro fue su padre, pero desde muy niña Aurora tuvo además otros destacados profesores como el propio Sorolla y Álvarez de Sotomayor, ambos serían Presidentes de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Su primera exposición colectiva tuvo lugar en Madrid, en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1934, a la que concurrió con una de sus primeras obras.

En 1936 se casó con Darío Valcárcel y Kholy, Marqués de O’Reilly, abogado, académico de la Academia de Jurisprudencia y Legislación, medalla de la Campaña, nacido el 31 de marzo de 1906 en Madrid. Con vocación literaria, desde muy joven colaboró en numerosos periódicos y revistas españoles y americanos como ABC, El Diario Vasco, La Nación de Buenos Aires y El Diario de la Marina de La Habana. Era autor, además, de tres novelas y dos comedias, por lo que compartía con Aurora inquietudes y experiencias artísticas, que desde el primer momento se mostraron muy fructíferas.

De la unión nacieron tres hijos: Aurora, Isabel Clara Eugenia y Darío Valcárcel Lezcano.

Aurora Lezcano junto a sus tres hijos

El matrimonio se trasladó a vivir a la calle Alarcón esquina con Maura, junto al Museo del Prado, que tantas veces visitaría Aurora y posteriormente quedaría como estudio de trabajo, muy cerca del estudio de Álvarez de Sotomayor, quien como hemos dicho, fuera su maestro.

Durante la Guerra Civil, Aurora fue corresponsal de ABC, ya que desde muy joven, alternó la actividad de la pintura con el periodismo: crónicas, artículos, entrevistas, reportajes, y con las actividades culturales y una intensa vida social. Además, colaboró con José María Pemán y con Ángel María de Lera en el libro “Papeles sobre los novios y el noviazgo”.

Su primera exposición individual tuvo lugar en noviembre de 1941 en Barcelona.

Concurrió además a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1941, de la que el crítico Manuel Abril destacó ya en su momento  …“autora afortunada con buen retrato…” y cuyo “Retrato de Enrique de Carlos” fue definido por otros medios como “realizado con pincelada rápida, segura y expresiva”.

En la I Exposición Nacional de Educación y Descanso de 1941 obtuvo la Medalla de Plata, que conllevaba como premio un viaje de estudios por Alemania e Italia.

En 1941 expuso en Barcelona una valiosa colección de lienzos de su padre, acompañando los mismos con 17 telas propias bajo el título de “Estudios de figura”, mereciendo ya entonces elogios por considerarlas la crítica “…aciertos donde apunta la personalidad de su autora, artista a la que, sin duda, esperan jornadas de positivo éxito”…

En 1944 Aurora y su marido se trasladan a vivir al palacete de la Calle Sacramento donde vivía de niña junto a sus padres, y que a partir de ese momento se conocerá como Palacio O’Reilly. Con 5 balcones a la Calle Sacramento, el estudio, dormitorio y otras piezas de la casa daban a la calle del Rollo, donde según confesaba Aurora, “quisiera morir”.

Aurora Lezcano en su casa de la calle Sacramento

En enero de 1944 expuso en el Salón Cano de Madrid, destacando la prensa del momento que “la Marquesa de O’Reilly es un temperamento artístico descubierto en la primera Exposición Nacional de Arte de Educación y Descanso, donde consiguió uno de los primeros premios. Desde entonces, corto espacio de un par de años, la inquieta artista viene realizando ampulosa obra que se traduce en que en todos los comicios nacionales y colectivos, veamos algún óleo prometedor de la misma… En esta exposición individual presenta 25 lienzos, casi todos ellos retratos… obsesión permanente de su arte… en este sentido tiene su mérito la obra de Lezcano al enfrentarse con el mismo con esa valentía temperamental que lo hace”…

Aurora Lezcano pintando en su estudio

Una interviú publicada en el ABC en febrero de 1944, titulada “Los retratos de Aurora Lezcano” y firmada por el periodista J.S., explica que  …”visitamos su estudio situado en la calle Alarcón… allí vimos los últimos retratos que pinta: el del obispo auxiliar de Madrid-Alcalá, Dr. Morcillo, un lienzo de Figuras de la Pasión para el concurso de los Amigos del Arte y el balbuceo ya definido de José Francés, difuminado su aire académico, en la castiza capa que apenas deja ver el libro casi cerrado…. No sé si la pintora que hay en Aurora se formó en Italia al calor de un turismo artístico….transformado después en pasión artística… Hay antes otra influencia decisiva: la de Carlos Lezcano, su padre… con estos antecedentes, fácil es ver la obra actual… No se improvisa el genio, aunque sea consustancial a la corporeidad física. Se es o no se es, pero hace falta demostrarlo. Y a este punto preciso sólo llegan no los que pueden, sino los que pueden y quieren. De ahí el triunfo de Aurora Lezcano, pintora por educación y vocación, que capta en sus retratos los más recónditos matices del modelo. Hasta hoy la Marquesa de O’Reilly sólo se nos ha mostrado artista consumada en la técnica del retrato. Pero día llegará –y eso nos lo ha dicho sin preguntárselo- en que peregrine con sus bártulos de pintar por la misma ruta que un día su padre, recorriera, captando para la posterioridad de sus lienzos, las mismas piedras venerables”.

En 1944 participó también en la IV Exposición Nacional de Educación y Descanso y en julio, en la exposición que la Sección Femenina de F.E.T. y de las J.O.N.S. realizó en San Lorenzo de El Escorial, en la que se presentaron sólo artistas femeninas como Julia Minguillón, Rosario de Velasco, Marisa Roesset, María del Carmen Álvarez de Sotomoyor, Emilia Legarde, María Teresa Perinat, Marta Valenzuela y otras….

En 1948 expuso en Madrid una muestra de sus cuadros que fue muy bien acogida por la crítica y el público, contando en su inauguración con la asistencia del Marqués de Lozoya, Director General de Bellas Artes, de Eugenio D’Ors, Joaquín Calvo Sotelo y otras ilustres personalidades del mundo de las bellas artes muy vinculadas a la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Aurora Lezcano junto al Infante D. Luis Alfonso de Baviera y Borbón y el Director General de Bellas Artes en una exposición en su domicilio

En 1948 comenzó a exponer sus obras en su propia casa, a cuyo acto de presentación acudían todo tipo de personalidades de la vida política y cultural madrileña, como Agustín de Foxá o José Francés, quien fuera Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, ambos grandes amigos de la artista.

Así, en los salones de su palacete, comenzó a llevar al uso una tertulia frecuentada por la intelectualidad de la época, a la que acudían aristócratas, librepensadores, artistas, como el Marqués de Santoflor, Agustín de Foxá, Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, José María Pemán, Luis María Ansón, Camilo José Cela, José Francés, Eugenio D’Ors, Torcuato Luca de Tena, Luis Rosales, Julio Caro Baroja, Pedro Sainz Rodríguez, Rafael Alberti, Sánchez Mazas, Cunqueiro, José Plá … una verdadera Academia en la que los espíritus ilustrados mantenían la tradición de los salones literarios.

Banquete ofrecido en honor de Aurora Lezcano al recibir el Lazo de Dama de Isabel La Católica

Su hospitalaria amistad era legendaria, presidiendo reuniones en salones adornados con exquisito detalle en donde lo mejor era el ambiente que sabía crear entre los tertulianos y el respetuoso silencio que lograba para las opiniones expuestas por cada cual. En esos años, el clima de tolerancia y libertad que allí se disfrutaba era un eslabón de futuro civilizado en una atmósfera exterior cargada de problemas. En palabras de Gonzalo Fernández de la Mora “Aurora presidía con su aire bonachón y risueño aquellos conciliábulos por los que desfilaron personalidades destacadas de la vida nacional que disertaban en un ámbito de respeto, aunque sus puntos de vista no fuera acogidos con unanimidad. El colofón era un suntuoso refrigerio en que los postres predominaban en versiones admirables que ella misma supervisaba “para endulzar las discrepancias” solía repetir al término de las sesiones. El ocio veraniego lo disfrutaba en Fuenterrabía en un piso que se asomaba a la ría y a la marisma de Chingudi. Allí pintaba los paisajes fronterizos que le enamoraban. Aurora hacía de la amistad un culto”.

A partir de entonces, la exposición de obras en su casa en exposiciones anuales fue una característica en su forma de presentar a la crítica su trabajo, que alternó con contadas exposiciones en salas y galerías, como las que hacía en la Abril de Madrid.

Participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1952.

Aurora Lezcano en su estudio, retratando a José Francés, quien fuera Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores

En 1965 recibió el Lazo de Dama de Isabel La Católica, concedido por el Jefe del Estado a través del Ministerio de Asuntos Exteriores, debido a sus trabajos de documentación histórica y pictórica sobre el primer Conde de O’Reilly

En 1966 realizó una gran exposición en la Galería Afrodisio Aguado, que confirmó la calidad de su pintura, estimada por quienes la conocían, pero no del público, ya que Aurora no prodigaba sus exposiciones. El hecho lo recogió el diario ABC, que destacaba …”algunos retratos, excelentes de factura y entrañablemente testimoniales, como los de Marañón, Vaquero y García Viñolas…. Lo más significativo de esta exposición son los cuadros madrileños, ese Madrid carreriano, que Aurora ha sabido interpretar como muy pocos”…

La artista en una fotografía de 1981

En 1975 realizó una exposición en la Galería Abril, reseñando la revista Bellas Artes de marzo de ese mismo año “Aurora, con su inquietud a cuestas manifiesta en tantas actividades, periodismo, literatura, plástica…. Posee un estilo marcado por esa inquieta observación de las cosas reales. Las apreciaciones, las contemplaciones de la realidad, marcan una emoción en la artista, que luego transforma en obra de arte. Su estilo es personal, influido por el impresionismo, muy suelto de línea y captador de ambientes y entornos.

Ese mismo año, la Estafeta Literaria recoge la noticia del ingreso de Aurora en la Sociedad Vascongada de Amigos del País.

En diciembre de 1969 expuso algunas de sus obras en el Centro Cubano de Madrid, como recogió el ABC en un texto que decía …”Aurora Lezcano, en cuya pintura podemos reencontrar el ya disperso espíritu de Madrid… cuyo único defecto consiste en no exponer todas las veces que debiera, y debiera exponer muchas, ha salido de su retiro y nos ofrece cinco cuadros deliciosos, de tema madrileño unos, y otros en los que varía con gran sensibilidad sobre el eterno tema de Venecia y Roma”.  Con Aurora exponen también Aniel, Emilio Sánchez, Hipólito Hidalgo de Caviedes, Jorge Mustelier, Prieto Nespereira y Ramón Estalella.

Una imagen tomada en la inauguración de la exposición en el Salón Cano en 1944

En 1974 presentó su primera obra literaria “Madrid, sus cosas y sus gentes y…” en la librería Abril, teniendo como introductor del acto al académico Camilo José Cela. Recibió magníficas críticas del mismo, como la aparecida en el ABC en el mes de febrero, escrita por Pedro Rocamora, en la que asegura que …”Sólo los escritores que han pasado del mundo de la pintura al de las letras son capaces de obtener este difícil contraste de matices, de luces y de sombras, de primeros planos y de esfumadas lejanías, en su obra escrita. Tal es el caso de esta fina madrileña que –a compás de una profunda vocación estética- trasfunde a sus páginas la delicadeza de su espíritu”.

En marzo de 1975 vuelve a la Sala Abril con 36 obras que introdujo en el catálogo José María de Areilza, en donde declaraba: “Si el arte de pintar consiste en la contemplación y en la recreación de lo visto a través del filtro personal de la mente o de la sensibilidad o de ambas a la vez, entonces hay que reconocer en Aurora Lezcano unos dones excepcionales de artista pintora. Sus lienzos demuestran que sabe mirar como nadie y adivinar la quintaesencia que late en el sentido profundo de las cosas. Y que interroga la psicología de los retratados con una certera intuición femenina que palpa el trasfondo de sus personajes en una exhaustiva auscultación pictórica. Pero luego elabora tales datos en esa misteriosa computadora biológica que es el cerebro y refleja en pinceladas certeras, sobrias, austeras lo que ella ha interpretado del tema propuesto: retrato, paisaje o naturaleza muerta… en la pintura de Aurora Lezcano ese entorno vital no podía falta y tiene su asiento en la tierra vasca… Aurora forma parte de esa admirable cohorte de espíritus sensibles que manejan el pincel con el fluido telúrico que entra por los ojos y sale por las manos. El terruño en el que Aurora trabaja y vive durante buena parte del año es la ribera del Bidasoa, en el paraje que el río ha cambiado de sexo y se ha vuelto mujer… allí sueña la pintora ante los desnudo lienzos que ya se hallan grávidos de los ambientes de Fuenterrabía, confín vascongado de España. Saludamos con alborozo la nueva exposición de Aurora Lezcano, en la que continúa un ilustre apellido de relevante significado en la historia de la pintura española de la Edad Contemporánea”.

Imagen de la inauguración de su exposición de 1948

En El País, en junio de 1977 se reseña que el libro “Madrid, sus cosas y sus gentes”, convertido ya en un clásico, ha batido una de las marcas de venta en la última Feria del Libro madrileña. Las 260 páginas del pequeño tratado matritense recogen, entre otros temas, los últimos atentados sufridos por el casco austríaco de la ciudad, a cuenta de la piqueta y la especulación. Desde la desaparición del circo Price hasta el derribo del convento de las Bernardas, en la calle más antigua de la pequeña zona medieval.

En 1979 expuso nuevamente en la Sala Abril “imágenes y composiciones reales y plenas de misterio”, bajo una introducción de Antonio Manuel Campoy, quien destacó el …”canto plástico a Madrid cuyos rincones más sugestivos conoce la pintora como nadie” y que resultó ser todo un éxito, tal y como recogía el diario ABC.

En 1979 falleció su marido, trasladando por esa época, su domicilio a la próxima Calle Mayor, 80, 2º piso, puesto que el Madrid de los Austrias era el espacio en el que se encontraba verdaderamente a gusto.

Portada de su libro que incluye una de sus ilustraciones

En 1981, fiel a la Sala Abril de Madrid, expone sus últimas obras, hecho que recoge el ABC de mayo, bajo el título de “Aurora Lezcano: una escritora que pinta:  “Así define a la marquesa viuda de  O’Reilly Gregorio Marañón Moya, que presenta el último catálogo de Aurora, cuya exposición se inaugura el martes 19 de mayo en la Sala Abril. Una escritora que pinta y una pintora que escribe desde hace cuarenta años, cuyos libros y cuyos cuadros son piezas del mismo “puzzle” vital, frangmentos de figuras y paisajes de experiencias y recuerdos, que saltan de Castilla a las Vascongadas, de Madrid a Fuenterrabía, sin romper el hilo del color, aunque matizándolo de un sitio a otro y sin que la palabra pierda su estilo. En esta ocasión Aurora presenta una muestra singular, en cuanto a más de sus estampas madrileñas y cantábricas, la pintora estrena seis retratos y una breve antología de autorretratos de 1935 a 1975. …. Habitual de los Jardines de El Retiro, del Madrid de los Austrias (su barrio), del mar encrespado….lo que ahora nos ofrece no son grandes lienzos para las Nacionales, los Salones de Otoño o los de Bellas Artes…. Sino una exposición intimista, en la que sobreabunda el pequeño formato, la instantánea plástica de un lugar y una hora. Y la mirada despierta y joven que nos contempla, década a década, desde media docena de autoanálisis al óleo, en los que el tiempo quedó detenido provisionalmente y que es, hoy, la biografía en imágenes de Aurora Lezcano”.

Tras una larga enfermedad, el 22 de agosto de 1987, Aurora falleció en Madrid.

Catálogo de su exposición de 1979 en la Sala Abril

A lo largo de su vida promovió muchas iniciativas culturales: desde la defensa de los cementerios románticos emprendida por Eugenio d’Ors y Agustín de Foxá, hasta la protección de edificios históricos amenazados por la especulación o la incuria en el Madrid de los Austrias. Impulsó premios literarios, ediciones, concursos y exposiciones que añadieron vitalidad a la vida intelectual de los años transcurridos entre el final de la guerra civil y la restauración de 1975.

Sus trabajos de documentación histórica y pictórica sobre el primer Conde de O’Reilly le valieron la concesión de la Orden de Isabel la Católica y un lugar de honor en la Sociedad Vascongada de Amigos del País.  El general hispano-irlandés Alejandro O’Reilly, gobernador de Luisiana en 1770, mantuvo bajo jurisdicción española en el reinado de Carlos III territorios norteamericanos de extensión superior al actual territorio españoles, desde Texas hasta Florida. Aurora investigó y contribuyó a restablecer en su verídica versión algunas páginas de esta etapa española de Norteamérica.

De ella dijeron:

…”Era una gran dama vasca de linaje y talante, y madrileña entusiasta de la mejor escuela. Había heredado de su padre, un refinado gusto artístico y un notable talento pictórico que acaso por modestia no quiso desarrollar por entero…. En los salones de Aurora, en la calle Sacramento, en la que presidía reuniones con selecta y sustanciosa concurrencia, adornados con exquisito detalle, muebles de época, tapices y cuadros, vitrinas y miniaturas, alfombras y lámparas espectaculares…. Aurora hacía de la amistad un culto. Sus amigos lo eran para siempre y en cualquier circunstancia”… José María de Areilza.

….”se nos ha ido. Ella, que era un volcán de noble y alegre vitalidad… pintaba con pasión muchas horas diarias. Buenos paisajes y acertados retratos… escritora inteligente y sagaz… adoraba Madrid”… Gregorio Marañón Moya.

…“pintora impresionista de ardiente paleta y pincel ligero, enraizada en la noble tradición magistral de su padre… enamorada de la belleza en el mueble, la porcelana, el tapiz, el bronce, el libro y las gentes… era impulsiva, apasionada y creadora”… Gonzalo Fernández de la Mora.

Su sólida formación profesional se esconde tras una especial sensibilidad plástica y se polariza en tres aspectos fundamentales: los tipos y paisajes vascongados, los rincones del viejo Madrid y los retratos (modelos de penetración psicológica).

Retrato del guitarrista Pedro Moreno

El catálogo del XVI Salón de Otoño reproducía tres retratos de la artista

Aurora Lezcano y la AEPE

A la Exposición de Bellas Artes correspondiente al 14 Salón de Otoño de 1935, concurrió Aurora inscrita como “Lercano Saracho (Dª Aurora), natural de Madrid. Vive en Alarcón, 7. Como vemos, un error con el apellido que sólo afectó a la relación final de expositores, puesto que en la ficha técnica de las obras, el apellido aparecía correctamente, y a la misma presentó dos obras:

86.- “Estudio de marinero” (óleo), 0,96 x 0,77

90.- “Estudio de gitana” (óleo), 0,93 x 0,77

A este certamen también concurrió su padre con la obra :

97.- “El acueducto de Segovia (impresión de otoño)” (óleo), 0,91 x 1,02

Al XVI Salón de Otoño de 1942 concurrió inscrita como Lezcano (Aurora), Marquesa de O’Reilly:

10.- “Retrato de Marianita Garrigues y L. de Chicheri” (óleo)

12.- “Retrato de Luis Joaquín Garrigues y L. de Chicheri” (óleo)

28.- “Retrato de la Marquesa de Bosch de Arés” (óleo)

Al XIX Salón de Otoño de 1945 presentó tres obras:

7.- “Bodegón” (óleo)

14.- “Marina”

284.- “El hombre del vaso de vino” (óleo)

Al XX Salón de Otoño de 1946 concurrió con la obra:

119.- “Torre de Comares” (óleo)

Retrato

Retratos del Conde de Foxá y de un niño aparecidos en la revista Medina

Retrato del niño Enrique de Carlos

Retrato de Eugenio D’Ors

Retrato de Agustín de Foxá

Felicitación manuscrita a Luis Rosales

Felicitación de Navidad de la artista

En el transcurso de una cena junto al Alcalde de Madrid y a Camilo José Cela

El Palacio O’Reilly

Situado en la calle del Sacramento, en pleno casco histórico de la Villa de Madrid, dentro del primitivo trazado medieval de la ciudad y del llamado Madrid de los Austrias.

Vista actual del Palacio O’Reilly

En 1725 se encargó a Pedro Hernández la construcción de un edificio anejo al Convento de las Bernardas del Santísimo Sacramento, destinado a casas del convento y del que asoma y aún puede visitarse, el que en su día fue huerto de las monjas y a la calle del Rollo.

En 1830 la familia Uceda vendió el edificio a la familia Lezcano, que fue pasando de generación en generación durante más de un siglo.

En 1913 parte del edificio fue utilizado como Museo Nacional de Artes Industriales, pero además de albergar el Museo, también estuvo instalada allí la Comisaría Regia de Turismo y en la planta baja, desde 1920 a 1923, la redacción del periódico La Libertad.

El portal en la época en que vivía allí Aurora Lezcano

Después de la Guerra Civil, se instaló en el edificio la Organización Nacional de Ciegos.

El pintor Carlos Lezcano vivía allí junto a su familia, pese a estar residiendo en la capital francesa largas temporadas y realizar continuos viajes, siendo sus hijos quienes habitaban la casa.

En 1929 el pintor falleció en el palacete, y no fue hasta 1944 en que su hija Aurora y su familia, se trasladaron a vivir al palacete, que desde ese momento se conoció como Palacio O’Reilly.

Después de la guerra civil también se le empezó a conocer como la “casa de las gabardinas” por hallarse instalados en una parte del palacio los talleres de la Fábrica de gabardinas Valls y Viña.

El Convento de las Bernardas sufrió importantes daños durante la guerra civil y tras diversas vicisitudes, finalmente a mediados de los años 70 se derribó la mayor parte de sus dependencias.

En los años cincuenta los marqueses venden el edificio a la Inmobiliaria Hispania que alquila una parte del edificio como viviendas. Con el tiempo el edificio se va deteriorando y comienza el abandono de las viviendas.

En 1978 fue adquirido por el Ayuntamiento que, tras restaurarlo bajo la supervisión del arquitecto Joaquín Roldán Pascual en 1982, lo destinó al área de Hacienda y Economía, manteniendo sólo las fachadas tras adaptar el inmueble al nuevo uso y sufrir distintas restauraciones que lo han ido adaptando a las nuevas necesidades del mismo uso.

Estudio del pintor Carlos Lezcano en el Palacete de Sacramento, 3

En la fachada del restaurado edificio se colocó una lápida el día 11 de abril de 1983 -fecha de inauguración de las obras de rehabilitación- que perpetuó el homenaje del Ayuntamiento de Madrid, con un medallón en bronce con su busto en altorrelieve, que preside la siguiente dedicatoria: «Esta casa fue hogar y estudio del pintor madrileño CARLOS LEZCANO (1870-1929). En su peregrinar por los caminos olvidados de España llevó al lienzo el hondo silencio de sus ruinas, desvelando la emoción dormida de sus pueblos y paisajes.» El Ayuntamiento de Madrid en el LI V aniversario de su muerte.

Ese mismo día fue inaugurada en el vestíbulo principal del edificio una Exposición conmemorativa del artista, montada con la colaboración del Servicio de Exposiciones del Museo Municipal, que reunió una serie de lienzos representativos de sus fases creativas más señaladas. Junto a dos óleos propiedad del Ayuntamiento de Madrid, se colgaron veintidós más, pertenecientes a las colecciones privadas de la Marquesa de O’Reilly y de su hija, Aurora Valcárcel, quien buscó la iconografía más ilustrativa de su abuelo.

Placa conmemorativa en la fachada del Palacio O’Reilly de la Calle Sacramento de Madrid

Webgrafía y bibliografía

Madrid, sus cosas, sus gentes y … Aurora Lezcano. Editorial: Prensa Española, Madrid, 1976

Revista Hidalguía número 165. Año 1981

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Insituciones artísticas del franquismo: las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes: (1941-1968), Lola Caparrós Masegosa. Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2019

http://royalisticism.blogspot.com/2018_08_25_archive.html

https://www.galiciadigital.com/opinion/opinion.18713.php

Beerman, Eric (1981). «Un bosquejo biográfico y genealógico del general Alejandro O’Reilly». Revista Hidalguía (Madrid) (165): 225-244. ISSN 0018-1285.

Campoy, A. M. (10 de mayo de 1966). «Arte y artistas. Crítica de exposiciones. Salones, salas y galerías»ABC (Madrid): 15-17. ISSN 1136-0143.

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Las Provincias: diario de Valencia 22/06/1934

Hoja Oficial del Lunes 7/07/1941 27/10/1941  10/12/1945  26/04/1948  10/04/1950 9/06/1969  25/10/1971 29/11/1971  31/12/1973 03/03/1975  07/05/1979   17/07/1995 

Diario de Burgos 11/10/1942

Hoja Oficial de la provincia de Barcelona 12/10/1942

Imperio: Diario de Zamora 14/01/1944 16/07/1944  30/07/1944

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La Estafeta Literaria 15/01/1974  15/03/1975 15/07/1975 01/08/1975

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Medina  7/12/1941 24/5/1942  08/11/1942  09/01/1944   10/06/1945

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ABC Sevilla  05/07/1959  25/08/1987

Blanco y Negro 26/01/1974 2/3/1974  05/06/1965 

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Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba” de la Asociación Española de Pintores y Escultores

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Las Medallas de la AEPE: Luis Benedito Vives

LAS MEDALLAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

 

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de su creador y en qué galardones se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

 

LUIS BENEDITO VIVES

Medalla de Escultura del Certamen de San Isidro de Tema Madrileño

 

El Certamen de Artes Plásticas “San Isidro” de tema madrileño es una convocatoria tradicional en la Asociación, ya que cuenta con 56 ediciones realizadas, y coincide con las fiestas patronales de la ciudad de Madrid.

En el número anterior de la Gaceta de Bellas Artes ya vimos cuándo nació y su trayectoria hasta el año actual.

Como vimos, en 1974 se concedió por primera vez la Medalla Antonio Casero, en memoria de ese gran artista de temas madrileños fallecido por esas fechas y que permanece hasta nuestros días, en que además de ésta, se concede la Medalla de Escultura Luis Benedito Vives, el que fuera socio fundador, directivo de la AEPE y uno de los mejores escultores animalistas, cuyas obras pueden contemplarse en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, así como en los mejores museos del mundo como el de Londres, Lisboa, Estocolmo…

 

LUIS BENEDITO VIVES

 

BENEDITO VIVES, Luis          E     1926           24.ago.1885     VALENCIA      MADRID            feb.1955

 

Especialista en mamíferos y precursor de nuevas técnicas.

Escultor de animales, dedicó su vida a naturalizarlos. Supuso la revolución de la taxidermia española.

Hijo de José María Benedito Mendoza (Valencia 1846-1899), taxidermista establecido en Valencia a finales del siglo XIX, en la calle Corregería, 24, cuyo negocio surtía de objetos de Historia Natural a coleccionistas e instituciones de enseñanza y que además de comerciante y taxidermista por encargo, fue Preparador del Gabinete de Historia Natural de la Universidad de Valencia. Su especialidad fueron las aves acuáticas y después, las cabezas de toro que le encargaban los toreros de la época.

Luis nació en Valencia el 25 de agosto de 1887.  tenía seis hermanos más que a la muerte de su padre, que ocurrió de forma repentina debida a un ataque cerebral cuando contaba solo con 53 años, eran menores de 25 años.

 

José María Benedito Vives, el primogénito, abandonó su trabajo y se puso al frente del negocio familiar, logrando el nombramiento de Proveedor Real y Naturalista-Disecador del rey Alfonso XIII. Obtuvo después la plaza de Disecador del Laboratorio de Taxidermia del Museo de Ciencias Naturales de Madrid y en 1907, la familia Benedito se trasladó al completo a Madrid, abriendo un taller de Taxidermia en la calle Ramón de la Cruz, 12.

En 1910 consigue la Primera Medalla en la Exposición del Centenario de Buenos Aires.

En 1918 figuraba como Presidente del Sindicato de la Propiedad Artística.

Luis Benedito Vives, el menor de los hermanos, se incorpora así al trabajo del taller, logrando después una beca de estudios que le lleva a la ciudad de Leipzig, Alemania, en donde estudia la técnica del maestro holandés Herman H. Ter Meer.

Los conocimientos dermoplásticos permitieron a Luis desarrollar su faceta de escultor, vocación artística en la que también destacaría, igual que sus hermanos destacaron en la pintura, Manuel Benedito fue un ilustre discípulo de Sorolla, y Rafael Benedito un gran compositor, pedagogo y director, además de José María Benedito, como un gran  taxidermista.

La nueva dermoplástica que introdujo en España incluía revolucionarias técnicas para el momento como la utilización de jabones arsenicales, entre otros productos, que impedían que las pieles se apolillasen, o el uso ojos de cristal de gran calidad que ofrecían a las piezas mayor realismo y rigor científico.

Pero su viaje por Europa también le permitió estudiar la producción artística de los principales escultores, especialmente de los animalistas. Ello hizo que lograra dotar a sus obras de una gran carga realista en los movimientos y especialmente en las anatomías, captando en ellas las proporciones exactas, posturas reales y movimientos de los propios animales vivos, producto igualmente del estudio directo de los animales en el campo.

Alfonso XIII y Jorge V inauguran una muestra en Londres, en el Museo de Ciencias Naturales junto a Luis Benedito

 

A su regreso a Madrid, se incorpora a la plantilla de disecadores del Museo de Ciencias Naturales, en donde aplica el procedimiento de la dermoplastia, que consiste en hacer con escayola y turba picada una escultura del animal y cubrirla con su piel humedecida sujeta firmemente con alfileres, de forma que en vez de resultar un animal feo a veces, por la falsedad de las formas, resulta una verdadera obra de arte.

Son obra suya casi todos los dioramas del Museo de Ciencias Naturales y también otros que fueron regalados por Alfonso XIII a los museos de Londres, Lisboa y Estocolmo.

Macho montés, obra presentada al XVI Salón de Otoño

 

Consiguió la Tercera Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1930, y la Segunda Medalla en la de 1934.

En 1932 formó parte del Comité designado por la Asociación de Pintores y Escultores para la redacción de los Reglamentos de una Federación de Artistas.

Nombrado Socio de Mérito del Salón de Otoño de 1928 y Socio de Honor en el de 1931.

Fue Vocal de la Junta Directiva de la Asociación de Pintores y Escultores en 1932, Tesorero en 1934 y de nuevo vocal de 1941 a 1943.

 

Los hermanos Benedito junto Príncipe de Asturias y el Infante Don Jaime, hijos del Rey alfonsoXIII, realizando prácticas de Taxidermia

 

En 1943 y a la jubilación de su hermano José María como jefe del Laboratorio de Taxidermia del Museo de Ciencias  Naturales, hereda el cargo que ejerció hasta 1954, en que también se jubiló. Trabajó por la mañana en el museo y por la tarde atendía a clientes particulares en su taller de la calle María de Molina, 11, con la ayuda de Julio Patón.

Por el taller pasaron ilustres personalidades de la época, como el rey Alfonso XIII, a quien gustaba ver el trabajo de Luis y charlar sobre caza. Una amistad en la que Luis Benedito ejerció de maestro del príncipe de Asturias y del infante don Jaime, los hijos del rey, a quienes enseñó a disecar una perdiz.

Alfonso XIII requirió de los consejos de Luis Benedito en ciertas cuestiones respecto a la creación del Coto de Gredos, para asegurar la conservación de los escasos ejemplares de cabra montés que allí permanecían. La anécdota de la preocupación de Alfonso XIII sobre el incremento del furtivismo, la solucionó rápidamente Luis Benedito: “Majestad, haga guardas del coto a los furtivos de siempre”. Y así fue.

Gacela, obra presentada al XVII Salón de Otoño 

 

Los trabajos más populares de Luis Benedito Vives en esa época fueron el toro de lidia que el Duque de Veragua regaló al Museo de Ciencias Naturales en 1911, la jirafa donada por el Duque de Alba en 1917 y sobre todo, el elefante africano que matara también en Sudán en 1913, especializándose en mamíferos.

Luis Benedito Vives murió el 20 de febrero de 1955. A su entierro acudió el ministro de comercio de la época. La “Gaceta de Bellas Artes” de la AEPE del mes de enero de 1955, recogía el suceso dedicándole estas palabras: “…Como escultor de animales, fue el más capacitado, por el profundo conocimiento que tenía de la fauna mundial, cuya vida, costumbres y movimientos conocía ampliamente. Laureado muchas veces con justicia, su muerte deja un vacío en la especialización escultórica a que estaba dedicado, dejando asimismo un vacío en la amistad, por su carácter cordial y leal, que recordaremos siempre que le tratamos. A su familia, y muy especialmente a sus dos hermanos don Rafael y don Manuel, le enviamos la expresión de nuestra profunda pena por la desgracia que les aflige”.

Además de taxidermista, Luis Benedito desarrolló sus habilidades como escultor de animales. Es en Alemania donde comenzó a desarrollar de una forma seria su capacidad de interpretar la fauna de forma artística.

Venado

 

En su estilo escultórico, imbuido del arte de la época que conoció en Alemania y Holanda, aunque manteniendo una cierta independencia en su estilo. En sus esculturas de animales se observa un gran realismo de anatomías y una gran elegancia en actitudes, generalmente de quietud y reposo.

Luis Benedito fue sin duda el mejor escultor animalista de la España de la primera mitad del siglo XX.

Como dato curioso, podemos añadir que el 2 de octubre, el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) inauguró la exposición ‘Naturalezas recreadas. La obra taxidérmica de los hermanos Benedito’, muestra en la que el público podrá adentrarse en el arte de la taxidermia a través de ejemplares y grupos naturalizados de los hermanos Benedito, pioneros en la naturalización de especies y artífices de la mayor parte de las vitrinas que alberga el museo.

Antílope, presentada al I Salón de Otoño

 

Ellos pusieron también la norma de incluir en los trofeos disecados las chapas en las que figuraba el lugar donde había sido cazado y de incluir además, anillas de plata para sujetar colmillos de jabalí, o preparar los cráneos de los animales de una forma más pulcra, blanquearlos y limpiarlos para su presentación, y junto a la Casa Real, la utilización de óvalos y tablillas de caoba de primera calidad para cabezas, cráneos y colmillos, suponiendo todo ello una práctica no utilizada en ningún otro país que creó escuela en España.

La contribución de los hermanos Benedito al Museo de Ciencias Naturales de Madrid es clave y pionera en la naturalización de especies, formando un conjunto impresionante de obras, verdaderas obras maestras de la taxidermia científica, que nada tienen que envidiar a los de los principales museos de ciencias naturales del resto del mundo, y cuyas creaciones se han convertido en imagen del museo madrileño.

 

Luis Benedito y la AEPE

Además de Socio Fundador, participó en:

* I Salón de Otoño de 1920, con dos piezas: “Antílope”, bronce con plinto de mármol y “Rebeco”, también bronce con plinto de mármol

* VI Salón de Otoño de 1925, un bronce titulado “Cabra de Gredos”

* VIII Salón de Otoño de 1928, participó con dos bronces: “Venado herido” y “Cierva echada”

* XI Salón de Otoño de 1931, con el bronce “Girafa” y con la obra tallada en mármol “Nutria”

* XVI Salón de Otoño de 1942, con las obras en bronce “Cierva” y “Macho montés”

* XVII Salón de Otoño de 1943, con el mármol “Pato moñudo” y la escayola “Gacela”

Cierva de pie

Con el toro de Veragua

Luis Benedito con el boceto del tigre de bengala

 

El taller de los Hermanos Benedito

 

Arriba, los hermanos Benedito trabajando en el Taller y con el lobo, pieza para el Museo de Ciencias Naturales de Madrid 

 

El traslado del famoso elefante por las calles de Madrid

 

Bibliografía y webgrafía

Las Provincias : diario de Valencia: 1903 Octubre 18

La Correspondencia de España: 1911 mayo 30 1911 agosto 8 1911 agosto 9 1912 enero 2 1912 enero 3 1912 enero 30

El Adelanto : Diario político de Salamanca: Año 46 Número 14139 – 1930 Junio 05

El correo de Cádiz: Año IV Número 710 – 1912 enero 5

Gaceta de instrucción pública y bellas artes. 10/6/1911

La Educación (Madrid. 1903). 30/6/1911, 10/1/1912, 30/1/1912

Revista general de enseñanza y bellas artes. 15/1/1912

El Imparcial (Madrid. 1867). 10/10/1925

La Libertad (Madrid. 1919). 9/6/1926 Exposición Nacional de Bellas Artes Luis Benedito Vives expone un pequeño elefante de bronce y mármol, que resulta muy gracíoso y decorativo. (07/06/1930)  (12/07/1930) (21/11/1931) (29/06/1932) dos magistrales esculturas difíciles de superar en su género

La Época (Madrid. 1849). 4/6/1930 Exposición Nacional de Bellas Artes Tercera Medalla por “Antílope-caballo”

La Ciudad lineal (Madrid. 1897). 10/6/1930

El Sol (Madrid. 1917). 19/11/1931, El Jurado de calificación del Salón de Otoño acordó por unanimidad otorgar las siguientes recompensas: Socios de honor. Luis Benedito Vives. 17/6/1934 igual

El Heraldo de Madrid. 16/6/1934, Exposición Nacional de Bellas Artes Segunda medallaLuis Benedito Vives, por «Oso negro»;

Luz (Madrid. 1932). 16/6/1934

Crónica (Madrid. 1929). 4/11/1934 Los bicbos. ¡Magníficos los de Luis Benedito, en mármol negro, que esos sí que tienen gracia decorativa!

El Adelanto : Diario político de Salamanca: Año 47 Número 14592 – 1931 Noviembre 20

https://taxidermiabenedito.com/

https://www.taxidermidades.com/2012/10/taxidermia-la-familia-benedito-saga-de-taxidermistas22.html

http://museovirtual.csic.es/salas/benedito/oso.htm

Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba” de la Asociación Española de Pintores y Escultores

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La distinción de la AEPE a Javier Sierra, en el Diario de Teruel

La portada del Diario de Teruel del 12 de noviembre de 2019, se hace eco de la noticia del reconocimiento del turolense Javier Sierra como Socio de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

En el interior, la noticia se amplía y descubrimos cómo se informa en su ciudad natal de todo lo relacionado con el escritor, el más destacado ejemplo de un “profeta en su tierra”, que recibió recientemente también la distinción de Hijo Predilecto de Teruel, que posee un parque cercano al barrio en el que vivió que ahora lleva su nombre, y que alberga el Legado de Javier Sierra en la Biblioteca Pública de Teruel, que desde el mes de septiembre, pasó a denominarse oficialmente la Biblioteca Pública del Estado en Teruel Javier Sierra.

Como vemos, cualquier noticia relacionada con uno de sus más ilustres “hijos” interesa y más aún cuando se trata de una distinción como la de Socio de Honor, pasando a engrosar la lista de nombres entre los que aparecen reyes, como Alfonso XIII o la reina María Cristina, a mecenas como el Duque de Alba o el Marqués de Aledo, personalidades del mundo de la cultura como escritores, compositores, críticos de arte y galeristas como José Francés o Antonio Cobos y artistas como Eugenio Hermoso, Benedito, Vázquez Díaz…..

 

Pilar Montaner Maturana, Sra. de Sureda. Socia Fundadora Nº 137

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Por Mª Dolores Barreda Pérez

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LAS SOCIAS FUNDADORAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Cinco fueron las mujeres que estuvieron dispuestas a apoyar la fundación de la Asociación de Pintores y Escultores y que como tal, firmaron y que presentamos según su orden de adhesión, para ir conociéndolas una por una y aprendiendo de ellas:

Socia Fundadora Nº 16: Luisa Botet y Mundi

Socia Fundadora Nº 29: Marcelina Poncela de Jardiel

Socia Fundadora Nº 94: Paz Eguía Viuda de Pina

Socia Fundadora Nº 131: Carmen Alcoverro

Socia Fundadora Nº 137: Pilar Montaner y Sureda

 

PILAR MONTANER MATURANA

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(Palma de Mallorca, 1878 – Valldemosa, 1961) fue una pintora impresionista de principios de siglo XX, alumna entre otros de Joaquín Sorolla.

Madre de once hijos y esposa de Juan Sureda, heredero del Palacio del Rey Sancho de Valldemosa, vivió entre lujos y niños, arte y cultura.

Por el palacio de los Sureda pasaron personajes ilustres como Unamuno y Rubén Darío. En este contexto de actividad cultural, Pilar Montaner fue una de las pocas mallorquinas de la época que pudieron dedicarse a la pintura y su obra se expuso en las principales galerías de arte de Barcelona y Madrid.

Sin embargo, en la vida de esta artista no todo fue de colores. También aparecieron los grises, que quedan reflejados, como su talento artístico, en el documental titulado “La pintora sin rostro”, centrado en la figura de Pilar Montaner, una artista injustamente olvidada por la Historia.

No es poca la literatura publicada en torno a Pilar Montaner. Sobre su enorme espíritu escribieron autores de la talla de Rubén Darío, Unamuno, Azorín, Gabriel Alomar o Eugenio d’Ors, y su capacidad artística fue venerada por algunos de los mejores pintores de la época y por muchos de los que protagonizaron la cultura y el buen saber en aquel tiempo extraño que les tocó vivir. Sorolla, Toni Ribas, Anckerman, Rusiñol, Anglada Camarasa, Toni Gelabert, John Singer Sargent, el Archiduque Luis Salvador y todos los que tuvieron voz en la Mallorca de principios de siglo XX admiraron la excelente obra pictórica de esta pequeña pero increíble mujer.

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Pero a diferencia de todos los nombres citados, Pilar no encabeza enciclopedias ni aparece citada en los libros de texto. La explicación quizás se pueda encontrar en una concatenación de graves problemas personales, que comenzó con la ruina sobrevenida de su familia y que se prolongó con la enfermedad y muerte prematura de la mayor parte de sus catorce hijos. Algunas de las mejores críticas que recibió en vida hacían referencia a la virilidad de su pincelada como una de sus mejores virtudes.

Sólo cabe admirarnos de sus geniales cuadros, tanto los que pertenecen a su primera época -aunque ajustados a los rigores de los cánones de un siglo que agonizaba-, hasta los que imaginó y elaboró ​​cuando su mano se volvió valiente y su pincelada estremecedora.

Sería extraordinario poder participar de sus pensamientos a través de su pintura, conseguir ver a través de sus ojos esta Mallorca a la que adorar, con sus piedras, sus paisajes y su gente, participar del entusiasmo por una vida -a veces soñada, y muchas veces terrorífica- apurada hasta las últimas consecuencias, con Juan Sureda, su marido, y el intenso amor que sintió hacia sus hijos.

De entre la numerosa correspondencia en la que se cita a la artista, vamos a seleccionar una serie de textos en los que queda plasmada la personalidad de una mujer a la que la vida no trató especialmente bien, pese a contar con el talento que a todos impresionaba.

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Eugenio D’Ors a Pilar (A la Cartuja de Valldemosa, 21 de agosto de 1920:

“Pilar es una llama. Tiene de la llama la tenuidad, el brillo y, a veces, la palidez azul, centrada por una fina rubicundez. Se mueve, ligera y vacilante, sobre las cosas. Danza entre ellas, trémula de inquietudes. Ahora se agacha, y parece a punto de morir. Ahora se yergue; y, en un elástico serpenteo crepitante, se lanza, como si quisiera alcanzar el cielo. En ocasiones se deja encerrar en la lamparilla doméstica de la vela enfermiza. Luego salta, libre, y ronda solitaria los lugares del romanticismo nocturno, así un fuego fatuo. Como la llama, todo lo purifica. Tras de mi silla, en la celda de la Cartuja, hay un ladrillo que tiene marcada la huella de las patas del diablo. Pero yo he visto a Pilar pasar sobre él, pasar sin pasar, en uno de sus ígneos giros. Y ya sé, confiado, que cualquier maleficio está deshecho. Aquí vivió un año Rubén Darío. Como todo el mundo, debió de tener el gran poeta aspectos mediocres o ridículos en la intimidad. Ninguna anécdota sobre esto ha subsistido aquí. Ha quedado la imagen del genio, que fue grandeza, y la de su vicio que fue una manera de grandeza también. De la prosa, de lo cotidiano mezquino, nada. ¿Cómo es esto? El espíritu de Pilar ha pasado. Ha pasado la Pilar-llama, y ha consumido en su ardor noble cuanto era bajo o feo. Llama dulce, llama amiga, en las tempestades de mañana, te divisaremos, desde la lejanía, como una lucecita de puerto que hay que dejar atrás, pero dispensadora de consuelo y seguridad con solo saber que existe”.

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Francisco Madrid “El Diluvio”, del 10 de mayo de 1921:

“Pilar, así la llamamos en la intimidad; Pilar, y así saboreamos su nombre como si fuese un sabroso dulce, Pilar. Pilar es menuda, nerviosa e inquieta -esta santa inquietud espiritual que se refleja en su rostro-. Pilar sonríe a todo, con una risa entre maternal y de conformada hermana de la caridad. En los ojos de Pilar centellea una llama de genio y de dolor; de mujer aventurera y de mujer de su casa; de mujer que ha silenciado la posesión del secreto de la Naturaleza y quiere conocer el de la vida, estancada, no obstante, su existencia, en un remanso de paz mallorquina en el cual es constante el recuerdo cartujano de la muerte. Pilar anda con una serenidad -aunque sea paradójico- algo nerviosa, llena de un fuego de vida. Así son los gestos y las palabras de Pilar -¡sus palabras, que son pocas y que detiene en su boca como para gustarlas! Pilar es una mujer de una fuerte sensibilidad, oxigenada constantemente por la pureza del campo y del mar mallorquín…

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…Y en todas partes la sombra y la estela de Pilar dejan un perfume de santidad y de buenaventura, lo mismo en su casa, llena de cuadros y de chiquillos, que en la Iglesia de la Cartuja bajo la santa policromía de la luz cenital; lo mismo en el campo cuando pinta o como cuando se encarama a una roca lejana para mejor adorar una puesta de sol; lo mismo en el templete griego de Miramar, perfumado por las brisas de Paganía, como en la ermita perdida de Valldemosa… En todos los lugares por donde pasa Pilar queda un detalle, algo, en el que descubrimos el gusto y el cariño de Pilar. Porque Pilar ama todas las cosas con un amor pecador y santo. Pilar Montaner de Sureda…

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Pintora, con un estilo propio, un poco descuidado y limpio, ha ido trasladando a sus telas lo que sus ojos vieron y ¡han visto tantas cosas y de tal manera, que sus cuadros son alma de su alma! No ha puesto ni más ni menos; ha pintado lo que ha visto con precisión y exactitud y de no haber mirado y admiraba como pintaba Pilar, diríamos que aquellos apuntes de las calas son ensueños del alma, fantasía pictórica de Pilar, porque parecen talmente bellas alucinaciones de un país de cuento infantil. Pilar tiene una paleta rica de colores y un dibujo valiente, impresionista, impresionante e impresionable. Cuesta creer que las pinturas de Pilar Montaner sean de una mano femenina, eternamente femenina, de una feminidad inquietante y cordial. Pilar Montaner tiene una llama en sus ojos de paz, de paz, de paz,..

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Ballesteros de Martos “La Mañana” del 10 de septiembre de 1918:

 […] las obras […] son de una virilidad, de una pujanza, de una intensidad que en nada parecen ser hijas de un temperamento femenino, antes al contrario, se las creería engendradas por la rebeldía moceril de un púgil de las luchas estéticas. […] no son cuadros que se juzgan; son cuadros que se sienten. Hay que poseer un alma lírica; hay que ser sensitivo. Si el latigazo de la emoción no ha sacudido el espíritu, esos cuadros han de parecer absurdos y falsos, pictóricamente considerados; porque lo que hay en ellos es el tesoro imaginativo y sentimental de una mujer prodigiosa, que siendo muy mujer es también muy artista. Pilar Montaner no sólo sabe ver el paisaje, sino que lo siente y, además, sabe expresarlo como lo ve y lo siente, rara cualidad que sólo logran alcanzar los grandes artistas. Esta es una pintura realista, en la que la autora, sin prejuicios ni preocupaciones, se entrega por entero, ansiando fundirse con el natural, arrancar los secretos estériles con que la realidad le embriaga. Y lo consigue; porque esa misma embriaguez que ella sintió al pintar sus cuadros, la sentimos nosotros al contemplarlos.

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Caty Juan de Corral “El hombre en la pintura de Pilar Montaner” 1986:

[…] Situémonos en 1906, cuando Don Juan Sureda escucha con atención el consejo del pintor Sorolla, que le recomienda: “Hágase niñera de sus hijos y que su mujer pinte”. Palabras que significaron el aprobado al retrato exigido por el maestro, con el fin de diagnosticar si la fiebre pictórica de Pilar Montaner era pasajera o crónica. La obra pintada por la futura discípula, descubrió a Sorolla el temperamento y valía vocacional de Pilar Montaner. Mujer joven, ¡y madre ya de tres hijos! Mujer de mirada profunda y firme. La fuerza de sus ojos chocaba con el cuerpo, delicado y que nunca podría haber servido de modelo a Rubens o a Pablo Picasso. […] Pilar Montaner dibuja y pinta con pasión, exigiéndose a sí misma. Conquistada por la luz e imponiéndose su poder creacional. Los compañeros de taller le preguntaban asombrados que cómo se atreve a pintar como el maestro no quiere.

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Joaquín Sorolla, Pilar Montaner, Clotilde García del Castillo, Juan Sureda y otros excursionistas, Cala Sant Vicen 1919

A lo que ella contesta escuetamente: “Porque así lo veo yo». La tela trabajada era muestra patente de su personalísimo quehacer. […] Este último [estudio de Valldemosa] era fantástico, según expresión textual de Emilia Sureda. La escalera que conducía a él, tenía nombre de Virgen y de carabela. Se llamaba Santa María. Para llegar al estudio, había que ganar un puente que cruzaba por sobre la escalera, comunicando con el ala derecha e izquierda del piso superior. Ya en el estudio, la vista quedaba prendida en la pared frontal, donde los cuadros de desnudos de diferentes épocas se imponían por su gran belleza. Había una mesa descomunal, repleta de apuntes y bocetos que hoy se catalogarían como obras terminadas en espera de firma. Notas frescas, limpias de color y trazo seguro. Espontáneas y con un dominio del dibujo sorprendente. El caballete, en el centro de la estancia, y a unos pasos, la paleta ¡enorme! que a veces ofrecía una visión de color, abstracta y bellísima. Pilar Montaner ¡ya es pintora! y su marido contempla obra y mujer con entusiasmo y pasión.

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El matrimonio realizó múltiples viajes por toda Europa. Ella pintaba y exponía en varias ciudades. Luego, a comienzo de los años treinta, les llegó la ruina y Pilar ya no pudo seguir pintando óleos.

Rubén Darío cantó en unos versos inéditos que Gabriel Alomar recitó en la exposición que realizó en Barcelona en 1918, su arte y su pintura:

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«Los olivos que tú, Pilar, pintas son ciertos.

Son paganos, cristianos y modernos olivos,

que guardan los secretos deseos de los muertos

con gestos, voluntades y ademanes de vivos.»

«Se han juntado a la tierra, porque es carne de tierra

su carne; y tienen brazos y tienen vientre y boca

que lucha por decir el enigma que encierra

su ademán vegetal o su querer de roca.»

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«Un trabajo hecho con pureza de intención, corazón, alma y vida ¡siempre será hermoso! ¡No lo dudes!» Esta opinión manifestada al esposo, estando en Madrid, el 8 de mayo de 1906, define la obra de Pilar Montaner y Maturana. Siempre será fiel a ella y el paso de los años no lo debilitará. Casi de niña, la profesora de las tempranas lecciones de pintura, Catalina Narváez, le dijo que tenía ojos de artista, y ella, pese a pertenecer a una sociedad insensible a una carrera pictórica femenina, nunca dejó de cultivar esta inclinación natural, de la mano de Emilio Ordóñez en Madrid, de la de Antonio Ribas y de la de Ricardo Anckerman en Palma.

Sí recibió el impulso definitivo de su esposo Juan Sureda y Bímet, un intelectual idealista, enamorado de las artes y de las letras, el cual no escatima nada por tal de lograr el triunfo de la mujer: traslado a Madrid, clases con Joaquín Sorolla y en la Academia de Bellas Artes, viajes a numerosas ciudades europeas por conocer museos y las principales figuras de entonces y, sobre todo, aportando ánimo, dirección y consejos a la joven esposa, la cual bebe, ávida, las enseñanzas del marido, fundamentadas en inspirarse en la Naturaleza y en trabajar al dictado de su consciencia.

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Consigue los primeros premios el año 1906, en Madrid con el retrato del tío José Sureda y Villalonga, y en Marsella, con el retrato del notario Poquet, según fuentes familiares; en Madrid, el año 1910, es galardonada la tela titulada «Ligando los pámpanos», pero se plantea no aceptar el premio por considerarlo poco, lo cual tendrá ocasión de hacer con motivo de la Exposición Regional de Arte de Palma donde le dan un quinto premio a » Los molinos», un cuadro premiado nueve años antes en Barcelona con una segunda medalla.

Realiza dos exposiciones individuales en Barcelona los años 1917 y 1921, y una en Madrid el año 1918. En los catálogos respectivos su obra va siempre acompañada de los versos de Rubén Darío, el huésped que tantos delirios causaba en el mundo artístico de la época. No falta la prosa de Gabriel Alomar, la de Xenius, la de Llorenç Riber. Éste y el esposo hacen asimismo conferencias, glosando la Isla de Oro, cantando su luz y paisaje y, en ocasiones, los muebles señoriales abandonan el casal real de la Cartuja, para ambientar las salas de exposición peninsulares.

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Fue entonces cuando se inició la caída, no porque se acabara la inspiración, sino debido a la ruina económica y por las tragedias familiares que le rodean. Cuando la experiencia y el saber podrían dar los mejores frutos, Pilar ha de abandonar colores y pinceles, atenta sólo a la subsistencia familiar. Entonces hace retratos al carbón. Esto no obstante, no deja de participar en exposiciones colectivas de Barcelona, Palma, Buenos Aires. En el año 1941, el Círculo de Bellas Artes de Palma le dedica una exposición – homenaje. Y dieciséis años después, en el XVI Salón de Otoño del Círculo de Bellas Artes de la misma ciudad, recibe el Premio del Colegio Oficial de Arquitectos por el lienzo titulado «Visión de la Catedral».

Los críticos han admirado su obra, la han analizado desde los más varios aspectos. Quizás una de las mejores definiciones sea ésta: «Esta es una pintura realista, en que la autora, sin prejuicios ni preocupaciones, se entrega por entero, ansiando fundirse con el natural, pretendiendo arrancar los secretos estériles con que la realidad embriaga. Y lo consigue porque esa misma embriaguez que ella sintió al pintar sus cuadros, la sentimos nosotros al contemplarlos».

Más información en: http://pilar-montaner.blogspot.com.es/

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