Por Mª Dolores Barreda Pérez
LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA
ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES
Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.
Ana María Fernández Aceytuno Gavarrón
FERNÁNDEZ-ACEYTUNO GAVARRON, Ana Maria Ac 8.nov.1924 ALICANTE MADRID

Ana María Fernández Aceytuno Gavarrón nació en Alicante el 6 de noviembre de 1924.
Era hija de Juan Fernández-Aceytuno y de María Teresa Gavarrón.
Como consecuencia de los diferentes destinos de su padre, sus hermanos nacen (por este orden) en diferentes ciudades: Federico en Cádiz, María Luisa en Ceuta, Ana María en Alicante (donde apenas estuvo unos meses) y Mariano en Madrid, General de División de Infantería destinado varios años en la Agrupación de Tropas Nómadas, auténtico conocedor del desierto y sus gentes.
A los ocho años de edad se traslada al Sahara Español, a raíz del nombramiento de su padre como Gobernador Político-Militar de la colonia Río de Oro (actualmente Dakla). Durante tres años vivirá en un lugar aislado, en un fuerte militar, “el fuerte de Villacisneros”, situado junto a un pequeño aeródromo, un poblado saharaui, una ría y el inmenso desierto.
Ese periodo, que recuerda como el mejor de su infancia, deja una impronta muy marcada en Ana María, una niña muy imaginativa y sensible que absorbe del infinito paisaje la importancia de la luz que pinta en diferentes tonos y colores según los momentos del día. Ocres las dunas al amanecer, del color del fuego la desembocadura de la ría al caer la tarde y, por las noches, de un azul luminoso, el cielo salpicado de brillantes estrellas el cielo, un cielo que “le proporcionaba una sensación de paz que no ha podido encontrar nunca en otros cielos”.

El comienzo de la guerra civil rompe esa aventura, la familia regresa a la península y, durante el periodo de la guerra, se desplazan de un lado a otro, ya que su madre intentaba estar siempre lo más cerca posible de su marido.
Terminada la guerra, vuelven a África, esta vez a la ciudad de Sidi Ifni, siendo nombrado su padre Jefe del Grupo de Tiradores, cargo que desempeñó hasta su jubilación. Ana María tenía 15 años.
Debido a los continuos cambios de residencia y las circunstancias que los acompañaron, no había tenido oportunidad de recibir una educación reglada, subsanándose de forma muy básica con profesoras particulares cuando era posible, mientras sus hermanos siguieron con éxito la carrera militar.
En el contexto de la época y del entorno social de la familia, eso no fue objeto de preocupación para sus padres, aunque sí para ella, que se rebelaba internamente y lo sintió durante muchos años como una carencia, un vacío de conocimientos que no podía satisfacer.



En Sidi Ifni contrae matrimonio con José Alonso Mayo, un oficial culto, buen lector, conocedor y estudioso de las lenguas, dialectos y costumbres de la población nativa, por lo que poco tiempo después, ya como capitán, se trasladarán a Tagragra, un distrito del interior de la provincia de Ifni.
La oficina de Asuntos Indígenas de Tiugsa, donde vive la familia, guarda cierta semejanza con el fuerte de su infancia, de hecho se la conocía en la zona como “el fuerte de Tagragra”. El paisaje nada tiene que ver con el desierto de dunas: es una extensa llanura rojiza, pedregosa, enmarcada por cadenas montañosas, pero de nuevo está presente ese cielo inconmensurable, la misma luz y las noches estrelladas.
Mientras su marido se ocupa de la administración del distrito, Ana María tiene oportunidad de ampliar su formación, al disponer de buena literatura a su disposición, al mismo tiempo que siente la necesidad de plasmar en lienzos lo que su retina y sus sentidos captan.
De esa época, autodidacta, son sus primeros cuadros, pintados al óleo, principalmente retratos, paisajes o construcciones típicas bereberes. En ese lugar permanecerán hasta avanzado 1955.
Tras unos meses en El Aaiún, en 1956, Ana María abandona África, a la que nunca volverá. Tiene 32 años y 4 hijos. Ha vivido en ella 25 años, solo interrumpidos por el paréntesis de la Guerra Civil Española. Y, aunque aún no lo sabe, le han dejado una huella que solo se hará visible en su obra artística años más tarde. Su paleta de colores ocres, amarillos, rojos, naranjas, morados, son los colores del desierto.
El matrimonio tuvo siete hijos: Maria Teresa (1948), Ana María (1949), José Miguel (1951-2004), Javier (1955), Carlos (1958), Elena (1961) y Cristina (1964).



Los siguientes 17 años transcurrirán en Las Palmas, una ciudad luminosa, en unas islas con un paisaje reconocible -no en vano están geográficamente frente a la costa africana- con el mar siempre presente.
Durante estos años se dedica fundamentalmente a atender a su amplia familia que ha ido aumentando hasta un total de siete hijos, y a su madre viuda. Su carácter dulce y generoso no le deja tiempo para plantearse otro tipo de realización personal.
En 1973 la familia se traslada definitivamente a Madrid. Fue un cambio brusco que sintió más que como un cambio de ciudad, como un adiós a una etapa de su vida. No tiene amigas, todo es muy distinto a lo que ha conocido hasta ahora, el ruido, las distancias, los edificios, la falta de espacio. Se siente sola, ahogada.
Pero los hijos han crecido, los mayores viven ya su vida, y por primera vez dispone de poco, pero algo, de tiempo para ella misma. La atracción por la pintura que sintió en su juventud sigue latente. Y Madrid le ofrece oportunidades insospechadas.



Uno de sus hijos le informa de la existencia de pruebas de acceso para ingresar en la Escuela Oficial de Cerámica de Madrid, se presenta y aprueba. Tiene 51 años y es en este momento cuando comienza su trayectoria artística.
Allí sigue cursos de dibujo, pintura y cerámica (1975 a 1982). Uno de sus maestros es el socio de la AEPE, Julio Quesada Guilabert, de gran talla artística y humana que ella vivió como un privilegio. Uno de los primeros días de clase, el profesor se acercó y observó su trabajo. Ana María esperaba que le corrigiera pero, tras un rato, el profesor le dijo: “Sigue tu camino”.
Descubre, en la técnica de la acuarela, la forma de expresión que da respuesta a sus sentimientos, a su mirada. Disfruta y sufre con la magia de la acuarela e intenta expresarse con libertad, buscando texturas difíciles de conseguir, caminos que la sorprendan.
Prosigue sus estudios en la Agrupación Española de Acuarelistas (1983-1986), con otro socio de la AEPE, el acuarelista Rafael Requena, permaneciendo como socia de la Agrupación Española de Acuarelistas de Madrid y de la Asociación Española de Pintores y Escultores durante muchos años, siendo su trabajo en el campo de la acuarela prolífico y reconocido.



En 1982 viaja a París. Es otoño, hace frío, y la luz, siempre la luz, esa luz imprecisa de noviembre, se filtra entre las hojas secas de los árboles que caen formando una alfombra amarilla en el suelo. Imágenes que recoge en su retina y más tarde se verán reflejadas en acuarelas de paisajes. Más allá de los monumentos, edificios, avenidas, los paseos por el Sena o por Montmartre, Ana María disfruta contemplando la pintura de Renoir, Toulouse-Lautrec, Degas, Cezanne, Matisse, Picasso, atenta a cada pincelada. Pasa largos ratos a solas, sentada en un banco de la sala de los nenúfares de Claude Monet, en el Musée de L´Orangerie. Es su primera salida a Europa.
A ese viaje seguirán otros. Durante varios veranos acude, con un grupo de acuarelistas y el excepcional Julio Quesada y su mujer, a distintos lugares donde, además de pasarlo muy bien, pintan al aire libre y al regresar exponen sus obras. Armados con sus maletas, pinceles y demás material, además de buen humor y hasta guitarras, viajan a Venecia, Amsterdam, Brujas, Portugal, Galicia, Asturias… En ocasiones se organizan encuentros con otros grupos de acuarelistas.
Por primera vez en su vida tiene un espacio propio en el que no es madre de, esposa de, hija de. Es ella, Ana María. Y sin abandonar sus obligaciones familiares, consigue compatibilizar el tiempo con una dedicación cada vez más intensa a la pintura. En el contexto de la época y del entorno social que la rodea, ha sido un logro de dimensiones sorprendentes.



La artista considera la acuarela un ARTE con mayúsculas y le gusta investigar con total libertad distintas técnicas, materiales, hasta obtener el resultado deseado. Posiblemente, sin ser consciente de ello, se dejó influenciar por las principales corrientes de principios del siglo XX.
Podemos encontrar en sus cuadros trazos del impresionismo, el fauvismo, el expresionismo y hasta el abstracto, junto a obras más clásicas asociadas a un acuarelismo paisajista. Pero lo interesante es cómo hace suyas todas estas influencias imprimiendo a sus obras su carácter, su rebeldía, su estilo personal. Sus cuadros pocas veces retratan personas pero hablan en un lenguaje humano y orgánico, y esto es lo que le da el sello a la pintora: un lenguaje propio.
En el año 2004, la artista sufre un hecho devastador, la muerte de uno de sus hijos que, además, participaba con frecuencia activamente en la organización de sus exposiciones. A partir de entonces su paleta de colores se oscurece, se va apartando paulatinamente de la pintura hasta abandonarla. No vuelve a exponer.



Sin embargo es difícil poner freno a la creatividad del artista. En una de sus últimas exposiciones, titulada “El color del tiempo”, conoce al Dr. Juan Madrid, director de un grupo llamado “Los Mayores también cuentan”, que participaban en actividades de cuenta-cuentos en colegios, centros de mayores, bibliotecas públicas, etc. Inicialmente trabajaban con cuentos que ya existían, los de toda la vida, pero pronto Ana María sugiere que debían escribir sus propios cuentos. Y a sus 80 años emerge una nueva capacidad creadora de la artista: la de escritora.
Durante la siguiente década no solo escribió numerosos cuentos infantiles, algunos de los cuales fueron recopilados en un libro titulado “El libro de los cuentos y las historias verdaderas”, sino también relatos de su vida nómada durante su estancia en África, “Mi vida por entregas”, y numerosos textos de pensamientos y reflexiones que compartía con sus amigos o familia a través del correo electrónico (tuvo que aprender a manejar el ordenador al que llamaba Mi adorable enemigo). Mantuvo su actividad en el grupo mientras la edad se lo permitió.
Esta es por tanto la biografía no solo de una pintora, sino de una mujer que, sin estridencias, con tenacidad y mucho esfuerzo, y no sin dificultades, fue capaz de cambiar su destino, al tiempo que intentó siempre ayudar a cambiarlo a todos los que se cruzaron en su camino.
Falleció en Madrid el 24 de marzo de 2021.



EXPOSICIONES INDIVIDUALES- Pub-Galería “El Pilón” de la Ciudad de los Poetas. Madrid, 1984.- Casino de la Unión. Segovia, 1984.- Salas de exposiciones del Torreón de Lozoya. Segovia, 1986.- Galería de Arte Yurfa. Las Palmas de Gran Canaria, 1987, 1989, 1992.- Casona del Pagador. San Felipe, Gran Canaria, 1992.- Sala de Arte Mirart. Madrid, 1993.- Sala de Exposiciones del Colegio de Abogados de Las Palmas, 1995.- Sala de Exposiciones de la Fundación Canaria Mapfre Guanarteme de Las Palmas, muestra titulada “A través del color”, 2000.- Fundación Gregorio Sánchez. Muestra titulada “El Color del Tiempo”. Madrid, 2002.- Pub-Galería La Inquilina. Muestra titulada “El Color del Tiempo II”. Madrid, 2003.



EXPOSICIONES COLECTIVAS – II Muestra de Artistas Noveles en el Torreón de Lozoya. Segovia, 1984.- Grupo Libreros 4, Madrid, 1984.- Exposición-Homenaje a Francisco Bonnin, organizada por la Asociación de Acuarelistas Canarios. Las Palmas de Gran Canaria, 1986. – Exposición Acuarelistas Canarios en el Colegio de Abogados. Las Palmas de Gran Canaria, 1986.- Exposición Homenaje a Antonio Puche, 1989.- Obras de Pequeño Formato. Sala Mirart. Madrid, 1992, 1993, 1994. – Exposición “Galicia-94. Grupo Quesada”. Sala Mirart. Madrid, 1994.
PARTICIPACIÓN EN CERTÁMENES – Concurso de Pintura del Ayuntamiento de Leganés, 1980, 1981.- Concurso de Pintura de Galerías Preciados. Madrid, 1982, 1983. – Certamen de la AEDA Caja de Madrid, 1983.- Salón Temas de Madrid. AEDA, Madrid, 1986.- Certamen de Acuarela de la Caja de Madrid, 1986, 1987, 1988, 1990, 1991, 1992, 1993, 1997.- Salón de Otoño de Madrid. AEPE, 1986, 1987, 1989, 1990, 1991.- Certamen “Temas de Madrid”. Ayuntamiento de Madrid, 1986, 1987, 1988.- Certamen Pequeño Formato. AEPE, 1987, 1988, 1989, 1990, 1991, 1992, 1993, 1994.- Certamen Nacional de Acuarela Caja de Madrid, 1983, 1989, 1990, 1993.- Certamen “Tema Carnaval”. AEPE, 1990, 1991, 1992, 1993.- Certamen “Tema Jardines, Aranjuez”. AEPE, 1990, 1991, 1992, 1993, 1994.- Certamen de Acuarelas “El Tormo”. AEDA, 1990, 1991.- Certamen Minicuadros. AEPE, 1991, 1994, 1995.- Exposición Nacional de Acuarelas. AEDA, 1991.- II Salón de Invierno. AEDA, 1994. – Certamen Carmen Holgueras “Mujeres para la Democracia”. Ayuntamiento de Madrid, 1993, 1994.- I Exposición de Acuarelas “Puerta de Toledo”. AEDA, 1995.- II Certamen “Todos”. AEDA, 1998.- XI Certamen de Artes Plásticas “Tema Jardines, Aranjuez”. AEPE, 1999.


Es citada entre los acuarelistas actuales más activos en el libro “La acuarela y los acuarelistas. Prólogo a una exposición”, obra de Ángel del Campo y Francés, de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, edición realizada con motivo de la Exposición Nacional de Acuarela (Madrid, 1991). De. Correo del Arte S.L., 1991 , y es nombrada Miembro Honorífico de la Sociedad de Amigos del Museo de la Acuarela de México.
Posee entre otros galardones, el Premio Fortuny de la Agrupación de Acuarelistas de Madrid (1985), la Mención de Honor de la Agrupación de Acuarelistas de Madrid (1986), Mención de Honor del XVII Certamen de Acuarela (1990) de Caja de Madrid, Mención de Honor del VI Certamen de Pintura Carmen Hogueras, el Primer premio y la medalla del Ayuntamiento de Madrid en el Certamen “Mujeres para la Democracia” (1994), Accésit en el XI Certamen de Artes Plásticas “Tema Jardines”, organizado por la Asociación Española de Pintores y Escultores (1999).
Su obra ha sido seleccionada en importantes certámenes, entre los que cabe destacar, el Certamen Nacional de Acuarela Caja de Madrid (1983-89-90-93), la Exposición Nacional de Acuarelas de la Agrupación Española de Acuarelistas (1991); el Salón de Otoño (1986-87-89-90 91) y el II Salón de Invierno de Acuarela (1994) de la Asociación Española de Pintores y Escultores.
En 1984, con motivo de la exposición de acuarelas de pequeño formato que realizó en el Casino de la Unión de Segovia, la crítica decía de ella: “en las cuales demuestra su buen gusto y su soltura en el momento de plasmar los motivos que para ella son preferidos, los paisajes –campestres y urbanos-, las marinas y los bodegones. La soltura de la artista es lo que más nos gusta de toda la exposición. En algunas ocasiones y en determinados cuadros, quizás la pintora se deje llevar pocas veces, la verdad, por algún que otro efectismo, aprovechando la textura del papel o la acuosidad de la pincelada. Pero aún en estos casos todo queda equilibrado por el buen gusto y la profesionalidad del artista”…
Esta biografía ha sido posible gracias a los datos proporcionados por la familia Alonso Fernández-Aceytuno, especialmente por Ana María Alonso, a quien agradecemos la recuperación de la memoria de una gran artista.


Ana María Fernández Aceytuno y la AEPE
Participó en las siguientes ediciones del Salón de Otoño:
53 Salón de Otoño de 1986: Impresión de mar y Paisaje frío
54 Salón de Otoño de 1987: Tarde de otoño
56 Salón de Otoño de 1989: El río
57 Salón de Otoño de 1990: Rompiente
