Rafael Botí “Paisajes” en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid

El Museo de Arte Contemporáneo de Madrid acoge desde este jueves 20 de mayo, una exposición de las obras del que fuera socio de la Asociación Española de Pintores y Escultores (AEPE), Rafael Botí, bajo el título de “Paisajes 1922-1970”, con una cuidada selección de los más significativos.

Los paisajes de Rafael Botí conjugan la armonía y el ritmo de la música con el equilibrio, la profundidad y la expresividad del arte poético. José Caballero, al hablar de la obra de Botí, decía que “en sus paisajes siempre canta un pájaro”. El dominio del color es patente en su obra, así como la fidelidad que, a lo largo de su vida, el artista mostró siempre a su técnica y temática las cuales se convierten en características de su buen hacer y donde es palpable la autenticidad del pintor, la cual le llega tras su viaje a París en 1929, donde conocerá a Picasso y Braque. De este viaje Botí asimilará el color de Matisse y el cubismo picassiano, algo que dejará impronta de por vida en su obra.

Uno de los mayores intereses del artista cordobés fue el del paisaje, género que predomina de manera significativa en su producción. La presente exposición se centra en una serie de paisajes que reflejan la ciudad de Madrid, a la que llegó por primera vez en 1917. Realizados en diferentes épocas, la mayoría de ellos muestran la predilección del artista por paisajes de extrarradio, por los pequeños espacios urbanos o por escenas tranquilas dentro de la ciudad. Casi todas estas obras pertenecen a la colección del Museo de Arte Contemporáneo gracias a la donación realizada por Rafael Botí Torres, hijo del artista.

La exposición se completa con una serie de paisajes de otro de los lugares favoritos del pintor, el País Vasco. Desde 1925, Rafael Botí acude en varias ocasiones junto a su amigo y maestro, Daniel Vázquez Díaz, a plasmar el pasaje vasco, sobre todo en los alrededores de Fuenterrabía y Deusto. Son los momentos de máxima influencia del maestro en el alumno, que se traduce en la ordenación de los elementos en el plano, la contundencia en los volúmenes y una luz plateada, muy apropiada para esos paisajes.

Rafael Botí (Córdoba, 1900 – Madrid, 1995) fue músico de profesión y pintor de vocación. Perteneció a una generación de artistas que buscaban una renovación en las anquilosadas artes plásticas españolas sin llegar nunca a una ruptura total, tal y como proponían las vanguardias. Formado primero en la Escuela Oficial de Artes y Oficios de Córdoba, donde recibió clases de Julio Romero de Torres y posteriormente, ya en Madrid, en la escuela del pintor Daniel Vázquez Díaz, sería la figura de este último fundamental en su desarrollo como pintor.

 Su talante inquieto, siempre atento a las novedades en el terreno de las artes, se traduce en la elección de Vázquez Díaz como maestro, así como en su participación en iniciativas que pretendían impulsar un cambio en la conservadora atmósfera de las artes plásticas. Iniciativas como el Salón de los Independientes, que reunió a una serie de artistas renovadores muy críticos con los presupuestos oficiales que imperaban en las artes españolas.

Su estilo se caracterizó a lo largo de su vida por una coherencia irreductible, una sencillez seductora y una pureza inquebrantable. Sus primeras obras, deudoras de cierto impresionismo, sobre todo en el uso libre de la pincelada, fueron ganando en estructuración, definición de volúmenes e importancia del dibujo, todo ello gracias a la influencia del postcubismo de su maestro y amigo Vázquez Díaz. Ya después de la Guerra Civil, sus trabajos adquieren profundidad lírica y cierto aire nostálgico.

 

Rafael Botí “Paisajes 1922-1970”

Museo de Arte Contemporáneo de Madrid

Conde Duque, 9-11

28015 Madrid

Martes-Viernes: 10 a 14 y de 15 a 21 h.

Sábados: de 10 a 14 y de 17’30 a 21 h.

Domingos y festivos: de 10’30 a 14 h.

Metro: Ventura Rodríguez, Plaza de España, San Bernardo y Noviciado

Bus: 1, 2, 44, 74, 133, Circular 1 y Circular 2

Metro Ventura Rodríguez, Plaza de España, San Bernardo y Noviciado

Bus 1, 2, 44, 74, 133 y 749

BiciMAD parada 13 justo enfrente de la entrada principal

Minibús m-2

Abierta al público la exposición del «58 Certamen de San Isidro»

Con las medidas de seguridad higiénica que determina la ley, pero con gran expectación y afluencia de público, que pasa por la sala en reducidos grupos, el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, acompañado por algunos miembros de la Junta Directiva, como Antonio Téllez de Peralta, Paloma Casado, Carmen Bonilla Carrasco y Ana Martínez Córdoba, ha visitado esta tarde la Sala de Exposiciones “La Lonja”, del Centro Cultural Casa del Reloj de la Junta del Distrito de Arganzuela, donde cuelga ya la exposición del “58 Certamen de Artes Plásticas San Isidro de tema madrileño”.

 

La muestra, que podrá visitarse hasta el próximo día 28 de mayo, exhibe un total de 56 obras seleccionadas, además de un artista invitado como es Manuel de Íñigo, con una temática en torno a la ciudad de Madrid, que ha tenido tanta tradición y es siempre fuente de inspiración para artistas.

El Certamen de San Isidro de la Asociación Española de Pintores y Escultores es una convocatoria tradicional en la AEPE, que este año llega a su edición número 58 y suele siempre coincidir con las fiestas patronales de la ciudad de Madrid.

Ha venido siendo denominada indistintamente como exposición de temas madrileños o de San Isidro, que es su nombre oficial, puesto que las fechas han sido siempre más o menos coincidentes con las populares fiestas de Madrid y el tema casi siempre obligatorio “Madrid en su sentido más amplio”, aunque en alguna ocasión solamente recomendado.

Son más de medio centenar de obras que teníamos la ilusión de haber podido comentar en persona, pero que de forma responsable, se pueden visitar desde hoy mismo.

Para quienes no puedan asistir, hemos preparado una galería de obra, el catálogo digital habitual y las fotografías que el propio Presidente nos hace llegar, tomadas poco después del montaje de la muestra, y que nos anima a remitir a la AEPE más fotografías, que los propios socios realicen en su visita, para ir subiéndolas a la página web y guardar así el mejor recuerdo de estas exposiciones tan atípicas.

El acta del jurado del «58 Certamen de San Isidro», es la siguiente: el Jurado está formado por José Gabriel Astudillo López, Presidente de la AEPE, actuando como Presidente del Jurado y Mª Dolores Barreda Pérez, Secretaria General de la AEPE, en calidad de Secretaria del mismo, ambos con voz y sin voto; y como Vocales los directivos Juan Manuel López-Reina, Alicia Sánchez Carmona, Fernando de Marta y Ana Martínez Córdoba y acuerdan otorgar los siguientes premios:

MEDALLA DE PINTURA ANTONIO CASERO SANZ: Agustín González. La gran nevada de Madrid. Óleo / tabla. 85 x 130

MEDALLA DE ESCULTURA LUIS BENEDITO VIVES: Jesús Pérez Hornero. Pasado y Presente. Sintética / chapa de acero forjado en frío y roble. 54 x 54 x 33

MENCIÓN DE HONOR: Aracely Alarcón. Catedral de la Almudena. Óleo / madera. 100 x 100

MENCIÓN DE HONOR: Karfer Eguia. Centro Financiero BBVA. Óleo / lienzo. 81 x 65

MENCIÓN DE HONOR: M. García García. Menina. Resina y metal. 39 x 21 x 17

MENCIÓN DE HONOR: Juan Layos Pantoja. Casa Allende. Óleo / tabla. 110 x 72

MENCIÓN DE HONOR: Julio Nuez. Casa del Reloj. Hierro soldado y lacado óxido / madera. 76 x 76 x 31

MENCIÓN DE HONOR: Julián Peinador. Primavera en el Retiro. Mixta / lienzo. 73 x 92

 

Recordamos que los artistas participantes en la muestra del «58 Certamen de San Isidro» son:

Joaquín Alarcón González – Aracely Alarcón Morales (Aracely Alarcón) – Francisco E. Bertrán Hernández (Paco Bertrán) – Carmen Bonilla Carrasco (Carmen Bonilla) – Alfonso Calle García (Alfonso Calle) – Martina Cantero Jiménez (Martina Cantero) – Paloma Casado López (Paloma Casado) – Ignacio Cenarro Campos (Ignacio Cenarro) – Mari Luz Dupont (Dupont) – Carmen Durán Sanz (Carmen Durán) – Magdalena España Luque (Magdalena España) – Carmen Espinosa Soto (Carmen Espinosa) – José Carmelo Esteban Gracia (Carmelo Esteban) – Karlos Fernández Eguia (KarferEguia) – Rosa M. Fernández Fernández – María García García (M. García García) – Ángeles García-Quismondo – Manuel Gascón Roldán (Manuel Gascón) – J. Pedro Gómez Gómez (J. Pedro Gómez) – Agustín González Salvador (Agustín González) – Juan Antonio González Sáiz (Juan Antonio González Sáiz – Juanchi -) – Argentina González Tamames – Fernando Herranz Alonso (Alon) – Manuel de Íñigo Camús (Manuel de Íñigo) – Antonio Izquierdo Ortega – Mónica Jimeno Romero (Mónica Jimeno Arte) – Juan Layos Pantoja – Pablo Linares Amor – Carlos V. Losa Revuelta (Carlos Losa) – Antonio Lucas García (Antonio Lucas) – Juan Ramón Luque Ávalos – José Luis Martín de Blas Aguado (José Luis Martín de Blas) – Mª Luisa Martínez de la Pascua de Zárate (Zárate) – Santiago Morollón Quejido (Santiago Morollón) – Antonio Municio Gutiérrez (Antonio Municio) – Julio Nuez Martínez (Julio Nuez) – Ángel Núñez García – Catalina Orozco de la Torre (Catalina Orart) – María Padial Gallego (Mani Padial) – Julián Peinador de Juana (Julián Peinador) – Jesús Pérez Hornero – Paloma Ramírez-Montesinos Vizcayno (Paloma Ramírez-Montesinos) – Ana Reynolds Martínez (Ana Reynolds) – Juan Antonio Romero Pérez (Juan Antonio Romero) – Nuria Ruiz de Alegría – Guillermo Sanz Murat (Murat) – Jorge Andrés Segovia Gabucio (Jorge Segovia Gabucio) – Emilio Sotomayor Rodríguez (Emilio Sotomayor) – Arturo Tejero Esteban (Arturo Tejero) – Antonio Téllez de Peralta – José Valladares Moreno – Gregorio de la Vega Hernáiz – Begoña Zamora Maroto  (Begoña Zamora)

 

El catálogo digital editado con tal motivo lo puedes ver y descargar aquí:

 

Catálogo digital del 58 Certamen de San Isidro 2021

 

Por supuesto, también incluimos una galería de obras:

 

Y fotografías y vídeos de la exposición:

 

 

58 Certamen de San Isidro de tema madrileño

 Del 6 al 28 de mayo de 2021

Sala de Exposiciones La Lonja

Centro Cultural Casa del Reloj

De lunes a sábado: De 10 a 14 h. y de 17 a 20 h.

Domingos y festivos cerrado

Paseo de la Chopera, 6-10

28045 Madrid

Metro: Legazpi (líneas 3, 6)

Bus: 62, 6, 78, 148

 

Exposición de Ana Westley, Premio Ciudad de Getafe 2019

Abierta al público desde un día antes, en la mañana del 7 de mayo el Concejal de Cultura y Juventud del Ayuntamiento de Getafe, Luis Domínguez, el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo López y la artista Ana Wetley han realizado un recorrido por la exposición que bajo el título de “Narrativas con sentimientos” se puede ver hasta el 26 de mayo en la Antigua Fábrica de Harinas de Ayuntamiento de Getafe.

José Gabriel Astudillo López, Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, junto al Concejal de de Cultura y Juventud del Ayuntamiento de Getafe, Luis Domínguez, y Ana Westley

 

Cabe recordar que Ana Westley fue la artista ganadora del premio Ciudad de Getafe en el 86 Salón de Otoño de la Asociación Española de Pintores y Escultores de España (AEPE) en su edición de 2019, premio que consistía en la realización de una exposición que debería haberse celebrado en el pasado año 2020, pero la situación creada por la pandemia, obligó a retrasar hasta este mes de mayo de 2021.

La propia artista quiere que todos los interesados y ciudadanos de Getafe, ante la imposibilidad de poder ver su obra en directo, vean su trabajo a través de la redes sociales en la siguiente dirección: awestley.com.

La ganadora, Ana Westley, comenta sobre su vocación artística que “Desde niña, me interesó la expresión de sentimientos y pensamientos a través del arte. Mi madre y abuela también pintaban y de adolescente en la universidad vendía cuadros para pagarme algunos gastos. Sin embargo, mi otra vocación, el periodismo, absorbió muchos años –más bien décadas–, de mi vida adulta profesional. He sido corresponsal de The New York Times y de The Wall Street Journal, entre otros diarios y revistas en lengua inglesa. Pero la pintura siempre fue mi pasión y continué haciendo cuadros para mi familia y amigos y hasta me las arreglaba para exponer de vez en cuando. Al cabo de los años dejé el ejercicio activo del periodismo y por fin pude dedicarme plenamente a la pintura”.

«Narrativas con sentimientos»

Ana Wetley

Del 6 al 26 de mayo de 2021

Sala Lorenzo Vaquero de la Antigua Fábrica de Harinas

C/ Ramón y Cajal 22

Getafe (Madrid)

Horario: De lunes a viernes de 10 a 14 y de 17 a 20:30 horas

 

Díptico Exposición Ana Westley Premio Ciudad de Getafe del 86 Salón de Otoño

 

 

Web:  cultura getafe.es  “Narrativas con sentimientos”., de Ana Westley – Agenda Cultura Ayto. Getafe

https://issuu.com/aytogetafe/docs/expo_ana_westley_getafe

https://cultura.getafe.es/index.php/exposiciones/narrativas-con-sentimientos-de-ana-westley

www.awestley.com

 

El «Año Pradilla en Aragón»

Se celebrarán tres exposiciones en la Lonja, en el Museo de Zaragoza y en Villanueva de Gállego, su localidad natal

Aragón se va a volcar con el centenario de la muerte de Francisco Pradilla (Villanueva de Gállego,1848-Madrid,1921). La comunidad acogerá durante los próximos meses tres exposiciones impulsadas por distintas administraciones para conmemorar el fallecimiento del «mejor pincel aragonés solo por detrás de Goya», según ha subrayado este martes en la presentación de los actos el presidente Javier Lambán.

Javier Lambán, junto a Frinnette Reynoso, Wifredo Rincón y el consejero Faci, en el Museo de Zaragoza

 

 

La que más obras del artista exhibirá (hasta un total de 200 piezas) será la antológica que organizará el Ayuntamiento de Zaragoza en la Lonja entre octubre y enero, mientras que el Museo de Zaragoza acogerá una exposición entre mayo y septiembre que planteará un diálogo entre su pintura y sus contemporáneos aragoneses, al tiempo que se sumergirá en su obsesión por la reina Juana I de Castilla. Por su parte, la localidad natal del pintor (Villanueva de Gállego) va a reformar el actual centro Pradilla armando un nuevo discurso expositivo para que pueda visitarse de forma permanente.

Según ha explicado Lambán, la muestra del Museo de Zaragoza incluirá tanto la pintura de retrato que tanta fama le dio, como pintura de género. Reunirá una treintena de piezas entre obra gráfica, óleo y escultura, e incluirá cuadros que ya se exponen en el museo (doce pinturas y un dibujo), como el autorretrato del propio autor realizado en 1887 o el cuadro de ‘La reina Juana la Loca recluida en Tordesillas con su hija’, pintado en 1907 y que constituye uno de sus principales ejemplos como artista.

Así, esta exposición se divide en tres ámbitos, el primero hace una incursión en el terreno de los artistas que, de una manera u otra, formaron parte de su vida: maestros, compañeros de estudios, discípulos y seguidores, pero ante todo amigos como Unceta, Gascón de Gotor, Gárate, Barbasán… La segunda parte, núcleo de la exposición, muestra una selección de obras de Pradilla procedente de los fondos del Museo de Zaragoza y de otras instituciones como el Museo del Prado, el Museo del Romanticismo de Madrid, la DPZ o el Museo de Huesca, y, por último, habrá un espacio dedicado a Juana la Loca, verdadera protagonista de muchas de las obras del pintor aragonés.

El Ayuntamiento de Zaragoza ya está preparando una antológica con 200 obras del artista en la Lonja que coincidirá con las Fiestas del Pilar. El encargado de organizarla es Wifredo Rincón, especialista en Pradilla y comisario de la mayoría de las exposiciones que se han celebrado hasta ahora sobre él. «Va a haber cuadros de hasta cuatro metros y vamos a recibir piezas del Museo del Prado, el Museo del Romanticismo de Madrid, el Thyssen, el Museo Nacional de Arte de Cataluña y de muchas colecciones particulares», ha destacado Wifredo Rincón, que ha apuntado que la muestra tendrá pintura, acuarela y dibujo.

Para conmemorar el centenario de Pradilla, el Gobierno de Aragón se ha aliado con el Ayuntamiento de Villanueva de Gállego, localidad que vio nacer a Pradilla en 1848, y con el que se ha organizado un completo catálogo de actos que no solo pasan por la pintura, sino también por la literatura o la música. Los actos del centenario arrancarán con la celebración de una nueva edición del Concurso de Pintura Francisco Pradilla.

Desde este año, la sala de exposiciones situada en la Hermandad Sindical se transformará en Espacio Pradilla, donde se podrán ver en próximas fechas obras del autor de titularidad municipal (ocho lienzos y 35 acuarelas), y que verá ampliado su espacio expositivo, dentro de una jornada que inaugurará la nieta del pintor, Inés Pradilla.

Asimismo, se desarrollará un ciclo de conferencias, en dos líneas diferentes: la primera, la artística, que contará con el historiador del arte experto en el pintor, Wifredo Rincón; la catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza Concha Lomba y el conservador del Museo del Prado Javier Varon; y otra línea de contexto histórico con los vecinos de Villanueva Carlos Urzainqui y Ramón Ortiz.

Además, el municipio organizará la realización de dos murales de arte urbano inspirados en la obra del pintor en la fachada trasera del ayuntamiento y en una nave municipal, obra del dúo creativo Fratelli Moca y la artista Pilar Tena, También se proponen representaciones escénicas, divulgativas y publicitarias, un concurso literario y otro artístico sobre la obra de Pradilla, la creación de un cómic sobre su vida, a cargo del ilustrador Chesus Calvo y otras actividades vinculadas con la Universidad San Jorge.

Además, se plantea la celebración de un concierto para finales de año con la Unión Musical de Villanueva y el escultor José Gabriel Astudillo realizará tres fundiciones en bronce de un busto de Pradilla. Una de ellas se colocará en Villanueva de Gállego, frente a la que fuera casa del exdirector del Museo del Prado, mientras que las otras se regalarán a Zaragoza y Madrid.

La imagen del centenario ha corrido a cargo del prestigioso diseñador Isidro Ferrer, que cuenta con dos premios del Ministerio de Cultura, al libro mejor editado y a las mejores ilustraciones infantiles y juveniles.

Mañana se abre al público la exposición “Narrativas con sentimientos” de Ana Westley

Fue la Ganadora del Premio Ciudad de Getafe en el 86 Salón de Otoño de la AEPE

 

Ana Westley, ganadora del premio Ciudad de Getafe en el 86 Salón de Otoño de la Asociación Española de Pintores y Escultores de España (AEPE) en su edición de 2019 expone sus obras en la Sala Lorenzo Vaquero de la Antigua Fábrica de Harinas de Ayuntamiento de Getafe del 6 al 26 de mayo de 2021.

Con las restricciones provocadas por la pandemia, el 7 de mayo a las 13 h. el Concejal de Cultura y Juventud del Ayuntamiento de Getafe, Luis Domínguez, visitará la exposición junto a la artista, estando también presentes el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo López, que estará acompañado de algunos miembros de la Junta Directiva de la AEPE.

El pasado mes de noviembre de 2019 la Asociación Española de Pintores y Escultores celebró en la Casa de Vacas del Parque del Buen Retiro de Madrid la entrega de premios del 86 Salón de Otoño. En el acto, el Concejal de Cultura y Juventud del Ayuntamiento de Getafe, Luis Domínguez, entregó el IV Premio Ciudad de Getafe, que el Jurado del concurso otorgaba a la artista Ana Westley por su obra “Marea Baja”.

El premio consistía en la realización de una exposición que debería haberse celebrado en el pasado año 2020, pero la situación creada por la pandemia, obligó a retrasar hasta este mes de mayo de 2021.

Ana Westley expone una selección de sus obras más representativas que reflejan momentos de tensión, serenidad y ternura.

«Marea Baja», “Encrucijada”, realismo moderno, e “Insomnia”, abstracto, fueron catalogadas en el Salón de Otoño, 2018 y 2020, respectivamente. Su obra expresa narrativas, algunas perturbadoras, llenas de sentimientos y pensamientos provocadores. Fusiona lo figurativo con lo abstracto, lo tranquilizador con lo inquietante. Tras una vida intensa de periodista, ahora escribe con pinceles.

La propia artista quiere que todos los interesados y ciudadanos de Getafe, ante la imposibilidad de poder ver su obra en directo, vean su trabajo a través de la redes sociales en la siguiente dirección: awestley.com.

La ganadora, Ana Westley, comenta sobre su vocación artística que “Desde niña, me interesó la expresión de sentimientos y pensamientos a través del arte. Mi madre y abuela también pintaban y de adolescente en la universidad vendía cuadros para pagarme algunos gastos. Sin embargo, mi otra vocación, el periodismo, absorbió muchos años –más bien décadas–, de mi vida adulta profesional. He sido corresponsal de The New York Times y de The Wall Street Journal, entre otros diarios y revistas en lengua inglesa. Pero la pintura siempre fue mi pasión y continué haciendo cuadros para mi familia y amigos y hasta me las arreglaba para exponer de vez en cuando. Al cabo de los años dejé el ejercicio activo del periodismo y por fin pude dedicarme plenamente a la pintura”.

«Narrativas con sentimientos»

Ana Wetley

Del 6 al 26 de mayo de 2021

Sala Lorenzo Vaquero de la Antigua Fábrica de Harinas

C/ Ramón y Cajal 22

Getafe (Madrid)

Horario: De lunes a viernes de 10 a 14 y de 17 a 20:30 horas

 

Díptico Exposición Ana Westley Premio Ciudad de Getafe del 86 Salón de Otoño

 

 

Web:  cultura getafe.es  “Narrativas con sentimientos”., de Ana Westley – Agenda Cultura Ayto. Getafe

https://issuu.com/aytogetafe/docs/expo_ana_westley_getafe

https://cultura.getafe.es/index.php/exposiciones/narrativas-con-sentimientos-de-ana-westley

www.awestley.com

 

 

 

Mañana se abre al público la exposición «El Amor y el Arte» de Susana García Bravo y Julio Murciego

La Junta Municipal del Distrito de Usera recupera su actividad y dentro del marco de restricciones en el que nos encontramos ya se han activado iniciativas y equipamientos culturales. Este es el caso de la Sala de Exposiciones que se encuentra dentro de la sede municipal, que mañana inaugura la exposición «El Amor y el Arte», que se podrá visitar del 6 de mayo al 4 de junio en la Sala de Exposiciones de la Junta Municipal de Usera, situada en la Avenida Rafaela Ibarra, 41, en horario de lunes a sábados de 10’30 a 13’30 y de 17 a 20 h (Domingos y festivos cerrado).

La muestra está protagonizada por las pinturas de Susana García Bravo y las esculturas de Julio Murciego, y el reducido acto que se llevará a cabo mañana a las 19 h. y por motivos de la pandemia, contará con la presencia de los autores en sala, así como de la Concejala del distrito, Loreto Sordo, del Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo López, y responsables culturales como José Luis Manzanares, de Tritoma Gestión Cultural.

Susana García Bravo y Julio Murciego, pareja personal y profesional, vienen participando en las iniciativas organizadas por la AEPE, y son artistas reconocidos por sus trabajos, todos ellos de excelente calidad en fondos y formas.

Susana García Bravo. Pintura

«Sus pinturas demuestran un control y cuidado exquisito sobre el dibujo y el color, y una gran maestría en las técnicas, materiales y procedimientos pictóricos, reflejando que hay en ellas mucho trabajo y estudio. 

En los retratos y la figura humana, realmente fieles al modelo y más allá, hasta conseguir reflejar su alma y personalidad, enseñándonos su mundo interior, interpretados con un talento lleno de ternura y humildad.

En los paisajes consigue adentrar en ellos al espectador, dotándolos de una bella y particular atmosfera, capaz de plasmar en el lienzo el olor a sal, el sonido de la brisa o el calor del verano.

En sus » paisajes rotos» se libera entre el realismo y la abstracción, creando un lenguaje único y un universo provocador de sensaciones y emoción. Inspirados en la naturaleza y sus elementos: el viento, la tierra, la lluvia… Evocadores, sugerentes, románticos y repletos de una gran sensibilidad, cuyo resultado es de una excelente calidad plástica, creativa y artística».

Julio Murciego. Escultura

«En sus obras se puede apreciar un dominio de la escultura en técnicas, materiales, y gran conocimiento de las actuales tendencias creativas.

Su obra es atemporal, de una gran belleza y calidad exquisita.

Su debate entre lo figurativo y la abstracción, sus figuras «desfiguradas», provocadoras, detenidas en un momento de trasformación, envueltas en una duda y movimiento continuo, llenas de energía y emoción.

Su trabajo en la abstracción, equilibrado y delicado, mezclando calidades y texturas, mostrando un universo tan romántico como hipnótico y lleno de una gran fuerza y expresión».

Toda la información, así como un catálogo digital que se ha editado con tal motivo, está disponible en esta misma web, pestaña «Otras exposiciones», subpestaña «Sala de Exposiciones de Usera».

 

«El Amor y el arte»

Pintura de Susana García Bravo

Escultura de Julio Murciego

Del 6 de mayo al 4 de junio de 2021

Sala de Exposiciones de la Junta Municipal de Usera

De lunes a sábados: 10’30 a 13’30 y de 17 a 20 h
Domingos y festivos cerrado
Avenida Rafaela Ybarra, 41
28026 Madrid

Metro: Plaza Elíptica  (líneas 6, 11)

Bus: 6, 60, 81,78

Cuatro tumbas, dos cuerpos y Goya sin cabeza

Cuatro tumbas, dos cuerpos y

Goya sin cabeza

Tumba de Goya en la Sacramental de San Isidro, en el Panteón de Hombres Ilustres, que fuera su tercer enterramiento

 

Francisco de Goya fue enterrado en el cementerio de la Grande Chartreuse, en el mismo panteón de la familia Goicoechea, donde yacía ya su amigo Martín Miguel Goicoechea, que era su consuegro, padre de Gumersinda Goicoechea, esposa de Javier Goya, el hijo mayor del pintor.

Goicoechea era un comerciante navarro de Alsasua, residente en Madrid, donde tenía un próspero negocio de tejidos y ropas.

Goicoechea nació en 1775 y murió en 1825, tres años antes que Goya y era contrario al absolutismo que habría de reinstaurar Fernando VII a su vuelta a España, por lo que se vio obligado a exiliarse, instalándose con su familia en Burdeos.

Memorial que recuerda en el cementerio de Burdeos Francia el enterramiento original de Goya

 

En el entierro de Goya, no debieron hacerse bien las cosas por alguna razón. El caso es que ambos, fueron depositados en la misma tumba sin que nadie identificara de una u otra forma ambos cuerpos.

Por este motivo, cuando fueron exhumados, no se pudo determinar quién era quien, por lo que, ante la duda, se decidió el traslado de los dos.

Fue su amigo Pío de Molina quien redactó en latín el texto pomposo de la lápida, y más adelante, en la casa mortuoria, otra lápida declara:

Francisco Goya y Lucientes

Ne a Fuendetodos (Espagne)

Le 30 mars 1746.

Est mort dans cette maison

Le 16 avril 1828.

La comunicación que el 8 de mayo se elevó a Fernando VII, dándole cuenta de la muerte de Goya, decía que murió “de una parálisis en el lado derecho que terminó en un accidente apoplético”.

Y así quedó todo.

     Desde este primer enterramiento en 1828 transcurren 52 años hasta 1880, en que el cónsul de España en Burdeos, Joaquín Pereyra, en una de sus visitas al  cementerio  de  La Chartreuse  en el que yacía su esposa, se topa con la tumba de Goya en muy mal estado: “Como desde el año 1878 tengo enterrado en el cementerio de la Chartreuse de esta ciudad el cadáver de mi señora, tengo la costumbre de visitarlo con mucha frecuencia. En una de estas visitas, en el año 1880, hizo la casualidad que descubriese la tumba que encierra los restos del insigne pintor Don Francisco de Goya y Lucientes en un estado ruinoso, y de tal manera abandonada que no puede menos de impresionarme, sonrojándome al considerar que los restos de esta ilustre gloria se encontrasen sepultados en el mayor olvido y abandono en tierra extranjera, y sentenciados de que un día fuesen a confundirse en el osario común. Traté de tomar informes sobre el particular a fin de dar cuentas a nuestro gobierno, y me propuse procurar hacer lo posible por mi parte para que estos restos fuesen trasladados a España a un panteón digno de tan insigne patricio.”

Pero tuvieron que pasar cuatro años, hasta que 1884 el gobierno español dio carácter oficial al estado de la tumba.

Pereyra entonces emprende las gestiones pertinentes ante las autoridades francesas para que le autoricen a abrirla. No se entiende muy bien el porqué de tanto empeño sabiendo que la apertura del féretro no le daba derecho al inmediato traslado a España.

Oficialmente no obtuvo permiso de apertura hasta pasados 8 años, es decir, hasta 1888, que es cuando redacta el detallado informe:

Habiéndose llevado a cabo la exhumación y reconocimiento de los restos mortales del insigne pintor Don Francisco de Goya con las debidas formalidades, observamos que abierta la tumba nos encontramos en presencia de dos cajas, una de las cuales estaba forrada de zinc, y la otra de madera sencilla sin ninguna placa ni inscripción exterior, y ambas de igual longitud, por lo que procedieron a abrirse ambas. En la que estaba forrada de zinc se encontraron los huesos completos de una persona, y en la otra estaban todos los huesos de un cuerpo humano, excepción hecha de la cabeza que faltaba por completo, lo que no dejó de sorprendernos grandemente a todos los allí presentes. Y precisamente todo induce a creer que los huesos encerrados en esta última caja son los de Goya por ser los huesos de las tibias mucho mayores que los contenidos en la caja de zinc y además por haberse encontrado en ella restos de un tejido de seda de color marrón, que deben ser los del gorro con que se presume fue enterrado Goya, así como por estando más próxima de la entrada del caveau debió ser la última que en él se colocó. No habiéndose encontrado  en  la  caja  de  madera traza alguna de que hubiere sido abierta  ni  la  mandíbula  inferior  ni diente alguno, todo induce á creer que á Goya lo enterrarían decapitado, bien por un médico o por algún amador furibundo de notabilidades.”

El informe exacerbó las cábalas, ayer y hoy. Algunos han supuesto que pudo ser el mismo Goya quien diese consentimiento a su amigo el doctor Jules Lafargue para que nada más fallecer le cortase la cabeza y la analizase. Entonces estaba en boga la frenología instaurada por el alemán Franz Gall, que trataba de relacionar la observación del cerebro y el cráneo con la genialidad, la maldad o la locura, entre otras cosas.

La operación la suponen algunos en secreto en el asilo San Juan de Burdeos, lugar donde Goya se inspiró para realizar su serie de dibujos conocida como Los locos de Burdeos. E     s decir, que si Goya falleció a las 2 de la madrugada, la siniestra operación tuvo que haberse hecho en las horas que quedaban de la noche, ya que en el transcurso del día que comenzaba Goya iba a ser enterrado.

Las cosas no concuerdan realmente, porque es del todo impensable que la familia del pintor, sus amigos y vecinos más queridos, además de las autoridades eclesiásticas, pendientes en aquel momento del cadáver del pintor, no se hubiesen percatado de la decapitación.

La desaparición  de  la cabeza, como sugiere Pereyra, pudo deberse también a su sustracción de la tumba con el fin de vendérsela sencillamente a quien podía interesarle entonces: un médico frenólogo, y es que en los años de la muerte del pintor, estaba de moda en medicina la llamada frenología. Esta ciencia, pretendía estudiar los rasgos intelectuales y morales de la persona a partir de la forma de su cráneo.

Algunos anatomistas de la época hacían estudios sobre cuerpos de personas corrientes para llegar a sus conclusiones. Pero rara vez se tenía la oportunidad de estudiar el cadáver de una persona sobresaliente, un genio del arte, y por eso el cráneo de Goya era una pieza apetecible.

Pero el enigma vuelve a surgir cuando el informe de Joaquín Pereyra constata que no había detectado manipulación alguna de tumba y féretro.

Pereyra obtuvo por fin permiso para abrir la tumba pero no bastó, puesto que tuvo que esperar tres años más hasta que en 1891, le concedieron la orden oficial del traslado de los restos de Goya a Madrid.

Columna de la Plaza del Pilar de Zaragoza trasladada en 1927 desde el cementerio de Burdeos. Es la original que presidía la tumba de Goya y de su amigo Goicoechea

 

Ante aquella dilación, la tumba abierta hubo de volver a ser cerrada a cal y canto, y así permaneció nada menos que ocho años, hasta que en 1899 se procede al traslado definitivo por tren, que se verificó el 5 de junio por la noche.

El día 6 de junio, el tren llega a Irún; Goya entraba de nuevo en suelo español, tras 71 años ausente en el cementerio bordelés.

El día 7 de junio, el tren llega a Madrid, y el féretro es llevado temporalmente a una cripta de la Colegiata de San Isidro, en la calle Toledo, donde permaneció un año más mientras terminaba la construcción del panteón que iba a acoger definitivamente a Goya, que finalizó el 11 de mayo de 1900.

La nueva tumba se hallaba en la Sacramental de San Isidro, junto a la Ermita de San Isidro, en lo alto de la margen derecha del Manzanares, donde estaba la Pradera de San Isidro que tan bien conoció Goya cuando vivía en la Quinta del Sordo.

En realidad, la sepultura constaba de cuatro tumbas opuestas, en torno a un pedestal con medallones sobre el que se alzaba una columna de varios metros coronada por la alegoría de la Fama. Goya tuvo que compartir el mausoleo con Leandro Fernández de Moratín, su amigo, Meléndez Valdés y Donoso Cortés.

La tumba de Goya mira hacia Madrid. Aun dentro de su elegante diseño, el mausoleo fue una desconsideración enorme, porque Goya se merecía una obra funeraria para él solo. La obra se había iniciado cuatro años antes, en 1896, a cargo del arquitecto Joaquín de la Concha y del gran escultor Ricardo Bellver, autor del Ángel Caído del Retiro, que realizaron un trabajo impecable.

Exhumación de los restos de Goya en 1919

 

En ese cementerio permaneció Goya diecinueve años, hasta 1919, compartiendo cementerio con Pepita Tudó, la Maja Desnuda y Vestida, amante y mujer de Manuel Godoy, ubicada en un modesto nicho a unos cien metros de donde estaba quien la hizo eterna.

En 1919 se determina su traslado a la ermita de San Antonio de la Florida, cuya bóveda había pintado.

Allí, en el centro del templo, Goya reposa en su última tumba diseñada por el arquitecto Antonio Flórez, juntamente con su inseparable consuegro, que lo acompañaba desde los días de Burdeos.

Detrás de ambos templos se encuentra el diminuto cementerio en que reposan los restos de los fusilados la madrugada del 3 de mayo de 1808 por tropas francesas de ocupación y que Goya plasmó en su obra maestra Los Fusilamientos del 3 de mayo.

 

 

 

 

Los Goyas desaparecidos

Los Goyas desaparecidos

La lista de obras que se sabe que han existido o existen, y de las que hace años se desconoce su paradero, es enorme.

Las obras más antiguas de Goya que se han perdido, y para siempre, son las que realizó para la iglesia de su localidad natal, Fuendetodos, y que desgraciadamente se destruyeron durante la guerra civil.

Goya pintó en el exterior e interior de las puertas del armario relicario. Y también en el muro, encima del mueble. De todo ello solo quedan unas fotografías en blanco y negro.

Algo parecido ocurrió con «San Joaquín y Santa Ana» y «Visión de San Antonio», que se encontraban en la catedral de Valencia, y con una «Aparición de la Virgen del Pilar» que estaba en la iglesia parroquial de Urrea de Gaén localidad y municipio español de la provincia de Teruel perteneciente a la comarca del Bajo Martín, Aragón. La guerra civil acabó con ellas y ahora nos podemos imaginar cómo eran por simples fotografías.

Años antes, durante la Guerra de la Independencia, se perdieron los cuadros de la iglesia de San Fernando en Torrero, hoy en día un barrio de Zaragoza.

El fuego acabó también con pinturas de gran belleza, como un retrato de Antonio Porcel, que al parecer estuvo en Granada hasta finales del siglo XIX y que después de ser comprado por el embajador argentino en España, estuvo expuesto bastante tiempo en el Jockey Club de Buenos Aires. Un incendio declarado en el edificio en 1953 acabó con buena parte de la colección de pintura de la institución, aunque del retrato se conservan fotografías.

En el mismo incendio pereció «El huracán», un cuadro de 73 por 100 centímetros, pero del que ahora los expertos dudan de que realmente fuera realizado por Goya, y apuntan a Eugenio Lucas como posible autor.

Y es que en el catálogo de obras de Goya hay cuadros desaparecidos para siempre por catástrofes o sucesos y también muchas sorpresas, con cuadros que ocultos durante años, aparecen a la venta o acaban en el extranjero.

 

Un cuadro que no se ha vuelto a ver es un retrato de Bayeu que estuvo en la colección del marqués de Casa Torres y que desde principios de siglo los estudiosos no saben dónde está.

Lo mismo sucede con un retrato de Ramón de Pignatelli de cuerpo entero. Se enseñaba una copia hasta ahora en el Museo de Zaragoza, pero del original que estaba en Zaragoza en 1860 se ha perdido la pista.

El que sí ha aparecido es el retrato del barón de la Menglana, que en la actualidad está siendo restaurando.

Hay otras obras a las que es harto difícil poder seguir la pista debido a sus pequeñas dimensiones, como el  «Don Juan y el comendador», o un boceto de «La multiplicación de los panes y los peces», la monumental pintura realizada para la Santa Cueva de Cádiz.

Pierre Gassier, autor del catálogo de obras de Goya, sitúa «La cocina de las brujas», en México, pero hay otras como un «Retrato de mujer», firmado y realizado entre 1808 y 1812, de las que no se sabe nada, como el retrato de «La infanta María Isabel», pintado hacia 1800, que fue vendido en subasta por la casa Lempertz, de Colonia, en 1935. Los bombardeos y destrucciones que sufrió la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial arrasaron los archivos de la citada casa de subastas, y se desconoce a quién fue vendido y dónde ha acabado.

El aguafuerte «Un ciego cantando con su guitarra y su lazarillo», también titulado «Romance de ciego», que guarda relación con el cartón para tapiz «El ciego de la guitarra», pertenecía en 1928 al zaragozano Sebastián Monserrat, y su destino actual se ignora, ya que el ejemplar que se conserva en el Metropolitan de Nueva York fue adquirido por el museo neoyorquino con anterioridad a la venta de la colección Monserrat.

Hace un tiempo, unos ladrones se llevaron del castillo de Voergaard, en Dinamarca, el cuadro «El loco», aunque algunos expertos dudaban de que realmente fuera de Goya.

Pero el robo más famoso de los últimos tiempos tuvo lugar en noviembre de 2006, cuando fue sustraído durante un traslado a Nueva York la obra «Niños del carretón», que el FBI recuperó días después.

Otras obras de las que nada se sabe serían un retrato de Ramón Cabrera, otro de la condesa-duquesa de Benavente y una escena con el emblema del Real Instituto Militar de Madrid.

En 2018 apareció la obra Visión fantasmal, un óleo sobre lienzo de 26 por 17 centímetros, en paradero desconocido desde 1928, gracias a la donación al Museo de Zaragoza de una familia aragonesa.

Visión fantasmal

 

En 2019 aparecieron tres retratos que un día huyeron de la Guerra Civil a Francia y desde allí a un lugar aún hoy desconocido. Hasta 1936, los tres retratos de Goya formaron parte del catálogo que decoraba el Palacio de Zubieta de la bella localidad de Lekeitio, ya que eran parte del patrimonio artístico de sus ilustres moradores, Bernarda Tavira y Cerón Cuevas (Viuda de Fernando Adán de Yarza), cuyo retrato pintó Goya entre 1787 y 1788 en un óleo sobre lienzo, y que acompañó a los retratos de su hijo y su nuera, Antonio Adán de Yarza y María Ramona de Barbachano.

Retratos de María Ramona de Barbachano., Bernarda Tavira  y  Antonio Adán de Yarza

 

 

 

 

 

Enfermedad y muerte de Goya

Diagnósticos y últimos días del artista

 

Autorretrato de Goya con el Doctor Arrieta

 

Por supuesto, no podemos obviar la edad en la que falleció, cuando contaba con 82 años, ni que la esperanza de vida de mediados del siglo XIX era de tan solo 40 años. Si a ello añadimos las ínfimas condiciones sanitarias en las que se vivía, el transcurso de una vida en la que se ha presenciado una guerra, la penuria de los viajes por caminos inmundos y otros muchos condicionantes, podemos afirmar que Francisco de Goya fue un privilegiado por llegar a esa edad.

Otra cosa es las condiciones físicas en las que vivió 82 años, las secuelas que su salud arrastraba.

En 1792 cayó gravemente enfermo en el transcurso de un viaje a Cádiz. Contaba con 46 años de edad y los médicos le diagnosticaron cólicos.

La enfermedad, cuya recuperación le llevó casi dos años, la pasó junto a su amigo Sebastián Martínez, quien fue testigo de cómo el artista quedó sordo, explicando su dolencia como un “mal que le hace a su cabeza, que es donde tiene todo su mal” y que “el ruido en la cabeza y la sordera en nada han cedido, pero está mucho mejor de la vista y ya no tiene la turbación que tenía, que le hacía perder el equilibrio. Ya sube y baja las escaleras muy bien y por fin hace cosas que no podía”.

A partir de estas referencias, se llegó a la conclusión que el artista había padecido una crisis psicótica (algunos investigadores apuntan que fue de tipo esquizofrénico) o sífilis.

La dificultad para mantener el equilibrio y para ver, las alucinaciones, los fuertes dolores de cabeza y la pérdida de audición en ambos oídos podrían estar causados por una enfermedad que se propagó desde el cerebro hacia los órganos auditivos.

Infecciones como la meningitis o la sífilis pueden provocar estas reacciones, aunque no encajan exactamente en este caso. Se podría esperar que la sífilis mostrara con los años algunos síntomas neurológicos progresivos o la demencia, que no apareció durante la vida de nuestro artista.

Ésta y otras crisis de salud que ya sufría, se han querido explicar también por el llamado “saturnismo”, envenenamiento por el manejo casi cotidiano de albayalde con que imprimaba todos sus lienzos, hecho con plomo, y que puede causar cólicos y sordera, ya que se sabe que Goya usaba una cantidad excesiva de pintura blanca de plomo. Pero últimamente parece descartarse el envenenamiento por plomo porque aparte de su sordera, Goya se recuperó de sus otros síntomas.

Ahora se apunta como hipótesis más plausible una enfermedad autoinmune conocida como síndrome de Susac, que se caracteriza, precisamente, por alucinaciones, parálisis y pérdida de la audición.

Secuelas de su mal será una sordera total, que le imposibilitó para comunicarse si no era a través de señas.

Según el doctor Pedro Montilla, que ha estudiado la enfermedad de Goya en base a sus cartas, el propio artista describía sus síntomas: zumbidos, alucinaciones acústicas y visuales y pérdida de conocimiento. Señales que como decíamos, eliminarían la posibilidad de que se tratase de la sífilis, dado que esta enfermedad acaba en una demencia absoluta que Goya no sufrió en sus 82 años de vida.

También desmonta la teoría de que se tratase del síndrome de Cogan, que afecta al laberinto del oído, que está en relación con la autoconciencia de nuestro espacio en el mundo. Y descarta una posible intoxicación por plomo, ya que a la larga produciría una parálisis en las manos que Goya nunca tuvo, pese a que usaba el albayalde, carbonato de plomo, al comenzar sus cuadros. Aleja también la teoría de una locura maníaco-depresiva, que ha sido otra posibilidad con la que se ha especulado a lo largo de los años.

Según el doctor Montilla, la enfermedad que sufrió el pintor fue la malaria, endémica en la zona de Aragón y el delta del Ebro, y que al utilizar la corteza de quina como remedio a sus dolores, se volvió adicto a esta sustancia, ya que de ello habla en sus cartas. Y es que la quina en exceso, es neurotóxica y potencia los efectos negativos de la malaria.

En base a este planteamiento, la malaria pudo afectar al cuerpo en su momento de mayor gravedad, en 1792, estando hospitalizado en Cádiz durante dos meses hasta su recuperación. Por tanto, ese factor patológico pudo suponer un disparadero que separó su mundo real y su mundo imaginativo y sirvió para fomentar ese mundo pictórico que él creó.

Como quiera que podamos seguir especulando con el tema, baste recordar que Francisco de Goya, en 1824, es decir, con 78 años, pide una licencia al rey (pues su puesto de pintor de cámara así lo requiere) para irse a Francia con la excusa de tomas las aguas de Plombieres, saliendo de viaje hacia París, y haciendo parada en Burdeos, que le llevó más de tres días.

De París vuelve a Burdeos, como huésped de Leocadia Zorrilla, donde cultiva la amistad de compatriotas como Leandro Fernández de Moratín, Manuel Silvela, Juan Bautista Muguiro, José Pío de Molina y Martín Miguel de Goicoechea.

Solicita otra prórroga al rey que obtiene, pese a que en 1826 regresa a Madrid casi ya con 80 años y otros tres días de viaje que debieron resultar agotadores. En la capital, solicita la jubilación y regresa a Francia, instalándose nuevamente en casa de Leocadia, en Burdeos.

Allí transcurren sus últimos meses, los días de su enfermedad; allí muere rodeado de un nieto, su ahijada Rosarito, Leocadia, los amigos, el pintor Brugada, que son los que le rodean en las horas finales y quienes ven su rostro inmóvil en la madrugada del 16 de abril. Su hijo, Francisco Javier Goya, que había salido de España para ver a su padre, no llega a tiempo para verlo vivo.

Doce días después de la muerte, Leocadia dirigía a Moratín una carta en la que cuenta cómo acabó la vida del maestro: “El día 2 de abril, día de sus días, amaneció a las cinco sin habla, que recobró a la hora y se le paralizó  el  lado.  Así ha estado trece días. Conocía a todos hasta tres horas antes de morir, veía la mano, pero como alelado. No hubo momento después seguro, pues la debilidad le impedía entender lo que decía, y disparataba. Falleció del 15 al 16, a las dos de la mañana. Se quedó como él duerme, y hasta el médico se asombró de su valor. Dice éste que nada padeció”.

 

Unos pinceles y una paleta de Goya

Unos pinceles y una paleta de Goya

Paleta de Goya que se exhibe en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

 

En 1933 la Gaceta de Bellas Artes del 1 de julio, recogía una noticia que pasó inadvertida en la prensa de la época. Se trataba de la adquisición de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de una paleta y unos pinceles que fueron de Goya.

Una paleta y unos pinceles que en realidad eran mucho más que unas reliquias: eran la puerta abierta a la fantasía y a la imaginación y a todos esos pensamientos que nos vendrían a la cabeza al pensar si con ellos, justamente con esa paleta y esos pinceles, el gran genio aragonés hubiera pintado su Maja… o los Fusilamientos, o la familia de Carlos IV…

La historia de la paleta y los pinceles comienza en Burdeos, donde residió algún tiempo el pintor español Antonio Brugada, quien pintó un cuadro en el que reproducía el mausoleo que guardaba los restos de Goya en aquella población.

Allí adquirió una paleta y unos pinceles que pertenecían al artista cuya tumba acababa de pintar, y que llevó consigo cuando volvió a España.

En Madrid, se los muestra a Federico de Madrazo en 1843, hasta que de Brugada pasaron a ser propiedad del señor Badiola, padre de Dolores Badiola, que heredó las reliquias de su padre y que se casó con el maestro Saco del Valle.

Una vez fallecido Saco del Valle, su viuda, Dolores Badiola, ofreció al Estado su adquisición, que tras un estudio e informe de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, fueron adquiridas en 1933.

Antonio Brugada Mausoleo de Goya en Burdeos

 

Entre los documentos que prueban su autenticidad, hay un certificado de Federico de Madrazo, que presidiera la Academia durante veintisiete años y cuya palabra aporta, pues, garantía, además de un testimonio del académico y socio de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Moreno Carbonero, quien afirma que oyó a Luis Madrazo hablar con veneración de una paleta y unos pinceles que habían sido de Goya, hace ya muchísimos años.

Todo ello fue estudio de la Academia, que cotejó la letra del documento de Madrazo con la de otros documentos existentes en el centro, resultando ser auténtico el certificado de Federico de Madrazo y auténticas, por tanto, las goyescas reliquias.

Tanto el cuadro de Brugada, que reproducía el mausoleo que guardaba los restos de Goya en Burdeos, como la que él mismo denominó como última paleta de Goya, las donó al Liceo Artístico y Literario de Madrid, en donde se colocó, orlada de un ramo de oro, en la sala principal.

La paleta se exhibe en la actualidad en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Es de madera de nogal y está enmarcada en laurel dorado. A título de curiosidad, el lote que vendió Dolores incluía el cuadro y la paleta y ascendió a 3.000 pesetas, de las de 1933.

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