El «Año Pradilla»

2021-2022

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Este mismo año 2021 se conmemora el centenario de la muerte del artista Francisco Pradilla.

Autorretrato

 

En julio de 2020 en la Gaceta de Bellas Artes correspondiente a ese mes, firmé uno de mis artículos dedicado a Francisco Pradilla, con motivo de la creación en 2017 de la Medalla de Pintura “Francisco Pradilla” para el Certamen de Pequeño Formato que este año, llega a su edición número 40.

Comenzaba esa amplia biografía con una referencia a la Gaceta de Bellas Artes correspondiente al 15 de febrero de 1930, en donde Ramón Pulido firmaba un artículo en el que se quejaba… “los que el año 1921, en Madrid, asistimos a su entierro éramos un número contadísimo, y el desprecio y la indiferencia de la crítica al dar noticia de su muerte, no podemos por menos de sentir tristeza al ver de qué modo muchas de las grandes figuras del arte, en el ocaso de su vida, son olvidadas, y ni la patria grande ni la chica tienen para ellos esos recuerdos póstumos de ternura y amor para quien, en  vida, las  dio  tantos días  de gloria”. Unas palabras que lamentable y tristemente un siglo después, mantenían su vigencia.

Francisco Pradilla es justamente considerado como uno de los máximos exponentes de la pintura española del último cuarto del siglo XIX, además del último gran maestro del género histórico en esta centuria.

Consiguió situar a las grandes composiciones históricas, que tanto éxito tenían en el siglo XIX español, en lo más alto de la pintura europea. Su Juana la Loca bien puede considerarse como una de las mejores obras del siglo, gracias a la brillantez y la fuerza de su estilo realista, en el que las pinceladas de óleo vibran y se aprecian claramente en el lienzo.

En palabras de Wifredo Rincón, especialista en la figura del aragonés, y quien fuera también Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, «fue un pintor muy versátil que rivalizó en popularidad y prestigio con Joaquín Sorolla. Practicó todos los géneros: el retrato, la pintura de historia, estampas populares y costumbristas, paisajes, cuadros alegóricos y mitológicos próximos al simbolismo en ocasiones, aunque fue en la pintura histórica donde logró sus mayores éxitos y su maestría indiscutible. Fue un pincel refinado de ‘realismo ambiental’.

Hace no mucho tiempo, recibimos en la AEPE la visita de la bisnieta del maestro Pradilla, Sonia Pradilla, quien nos habló de la familia y de su abuelo, el también pintor e hijo del aragonés, Miguel Pradilla, figura desconocida que siguió los pasos de su padre, ambos miembros de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

En una exposición celebrada en octubre de 2018 en Pozuelo de Alarcón, se rindió homenaje a los dos artistas, pintores que compartieron el amor a Italia, donde Francisco vivió tantos años y Miguel pasó toda su infancia.

Tras 100 años de olvido e indiferencia, con pequeñas muestras como la última llevada a cabo en el año 2006, que exhibió 36 obras inéditas de Pradilla, los herederos del maestro han logrado toda una hazaña en España: conmemorar el centenario de su fallecimiento con seis homenajes distintos en los que instituciones y organismos recordarán al genio de Villanueva de Gállego de manera independiente. Quizás sea por eso mismo, que las exposiciones han salido adelante sin la figura de una “Comisión” global.

El “Año Pradilla” contará con seis exposiciones  en  Madrid,   Pontevedra, Zaragoza y Villanueva de Gállego.

En Madrid se honrará a Pradilla con dos grandes exposiciones que se celebrarán en 2022: una en el Museo del Prado, del que fue Director y que se centrará en la faceta más conocida del artista, su pintura de historia, y otra que se abrirá en el Museo de Historia de Madrid, antiguo Museo Municipal, y que coincidirá en el tiempo con la del Prado.

Según nos ha comentado Sonia Pradilla, se reunirán más de medio centenar de obras, algunas de ellas nunca antes expuestas, en un proyecto largamente trabajado y soñado en el tiempo.

Además de Madrid, el Museo de Pontevedra ha comunicado su intención de realizar una exposición en torno al artista, contando para ello con los más de 50 dibujos que posee del maestro, además de óleos.

Mientras que el Museo de Zaragoza, dependiente del Gobierno de Aragón ha subrayado que presentará pronto su proyecto de homenaje, el Ayuntamiento de Zaragoza lleva ya tiempo trabajando en una exposición antológica que estará comisariada por Widredo Rincón, especialista en el pintor aragonés.

Y como no podía ser menos, Villanueva de Gállego, su localidad natal estrenará un espacio que expondrá de forma permanente 8 pinturas y 35 acuarelas de Pradilla.

Como ocurre con tantos otros grandes artistas, su tierra no reconoció en vida su valía, y de ello se quejaba. No así le ocurre a uno de los contados casos que conozco, el turolense Javier Sierra, uno de los pocos aragoneses que goza de un amplio y merecido reconocimiento en su tierra, de la que es “Profeta”.

Cerrando este artículo, se publica la noticia de que el Ayuntamiento de Villanueva de Gállego y por unanimidad, termina de aprobar en pleno el nombramiento de Hijo Predilecto del municipio al pintor Francisco Pradilla y Ortiz, cuyo título se entregará a la familia del artista en una ceremonia que se celebrará el 29 de octubre, coincidiendo con el centenario de su fallecimiento.

Y además, se concederá el título de Hijo Adoptivo del Municipio a Wifredo Rincón García por su carrera académica y de investigación en la historia del arte, con especial dedicación en el arte aragonés y concretamente en la figura de Pradilla.

Desde estas líneas, nuestra más sincera enhorabuena por los títulos y los logros en ocasión de su centenario, al que se sumará la Asociación Española de Pintores y Escultores con la convocatoria de un certamen homenaje al genial artista aragonés  que tendrá lugar el año próximo.

 

Doña Juana la Loca

 

Día de los Pintores y Escultores

Con motivo de la declaración del Día del Cine Español

Por Mª Dolores Barreda Pérez

     La pintura y la escultura son uno de los aspectos más valiosos de la proyección y la identidad de España en todo el mundo. La obra de Velázquez, Goya, Picasso, Dalí, Sorolla, Pedro de Mena, Salzillo, Martínez Montañés, Benlliure, Chillida, Gargallo o Julio López por poner solo unos ejemplos, son parte del ADN de un país cuya influencia artística se mantiene viva, a pesar de todo, a día de hoy.

     No hablamos de monumentos y lugares, sino de personas, de artistas, de pintores y de escultores que han contribuido a hacer de España un valor universal y punto de referencia internacional excepcional.

     Tampoco hablamos de Museos ni de otro tipo de arte, del que también vamos sobrados los españoles si pensamos en Cervantes, en el Museo del Prado, en la ciencia, en la gastronomía…

     Los actores, los directores, los guionistas… los relacionados de alguna manera con el mundo del cine, son en realidad los únicos artistas en la España actual. Y eso, sin ningún tipo de detrimento hacia ellos.

     El Ministro de Cultura acaba de comunicar que “quiere declarar el día 6 de octubre “Día del Cine Español”, con el objetivo de reconocer el papel de los cineastas y su influencia e importancia en la vida cultural y social de nuestro país, así como el valor patrimonial de nuestro cine. Se elegirá el día 6 de octubre por la coincidencia con el día oficial del final del rodaje de ‘Esa pareja feliz’, película dirigida y guionizada por Bardem y Berlanga, símbolo de una irrepetible generación de cineastas de nuestro país”.

     Por lo visto, se quiere instaurar una fecha “señalada para reconocer la importancia de nuestro patrimonio fílmico, pero también una oportunidad para concederle a la industria del cine español la relevancia que merece por su contribución, no sólo a la cultura y a la modernización del país, sino a situar a España en el imaginario internacional y a fomentar con ello otros sectores productivos como el turismo”.

     ​​Y nos venden, una vez más, que “El Día del Cine Español será la fiesta del cine en este país,  y  cada  6 de octubre celebraremos la suerte que tenemos de ser testigos, espectadores más bien, de la profunda huella que deja nuestro cine en el presente y en el futuro de este país, y por extensión, en nuestras vidas” ha señalado el ministro.

     Y cómo no, habrá un completo programa de actividades, entre las que se realizará una exposición, contribuciones a Festivales de Cine y una vez más, el que han llamado “Plan Berlanga”, “un acontecimiento de excepcional interés público recogido en el Real Decreto-ley 17/2020, de 5 de mayo, por el que se aprueban medidas de apoyo al sector cultural y de carácter tributario para hacer frente al impacto económico y social del COVID-2019 y dentro de la celebración del centenario de Luis García Berlanga”.

     Desde estas líneas, nuestra más cordial enhorabuena a la familia del cine, destacando además la importancia de una celebración que tendrá la suerte de poder disfrutar toda España.

     Lástima de otro buen número de celebraciones y centenarios que se han ido quedando por el camino y no han encontrado más eco que el de algunas voces que reclamaban su lugar sin éxito ni ayudas.

     Me refiero a los “homenajes perdidos” como los denominó el periodista y escritor Javier Sierra, Socio de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores, que ya no tendrán hueco ni homenaje, ni acto ni recuerdo, desde el de los Amantes de Teruel hasta Delibes, Bécquer, Galdós, Antonio Ribera…

     Y eso que desde nuestra centenaria institución algo hacemos.

     Como en los certámenes realizados en honor de Cervantes, de El Greco, Leonardo da Vinci o en la reciente exposición homenaje a Galdós, que celebramos el pasado año, pese al covid, en el Silo de Hortaleza. O como la que vamos a celebrar en abril, en conmemoración del 275 aniversario del nacimiento de Goya, junto a un acto emotivo en su morada final de descanso, en San Antonio de la Florida.

     Pero fuera de eso, se nos hunde hasta desaparecer la memoria perdida y la cultura del recuerdo, que pasa por encima de acontecimientos y celebraciones que se están perdiendo irremediablemente ya para siempre de la memoria colectiva.

     Hay artistas inmortales que duermen el sueño de los justos sin más satisfacción que el recuerdo viejo y macilento quizás de alguna pequeña patria de origen de la que en su día, tampoco fueron profetas.

     Artistas que marcaron la historia del arte, pintores y escultores olvidados que ya ni se nombran en los textos sobre historia del arte y que marcaron un antes y un después en la cultura y el arte de España.

     Artistas olvidados que derrocharon talento e hicieron grandes aportaciones nacionales, al mundo entero, que ni siquiera encuentran cabida en los museos, que tampoco hacen pada para corregir esta injusticia.

     No hay grandes planes para recordar su memoria, no ya para la celebración de sus aniversarios, no hay actuaciones ni actividades encaminadas a descubrirlos, ni siquiera para rescatar su importancia y la revolución artística que sus trabajos supusieron.

     Son miles, legiones, los artistas olvidados, reconocidos muchas veces en el exterior más que en su patria, en donde no cuentan con un Día del Pintor y un Día del Escultor español…

     La Asociación Española de Pintores y Escultores ya solicitó al Congreso de los Diputados la celebración de ese día en el año 2015 impulsando una Proposición No de Ley que lograra la declaración del Día Internacional de las Artes Visuales, según el escrito del Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, a los portavoces de los distintos grupos políticos en dicha comisión, y de cuyas gestiones se informó ampliamente en la Gaceta de Bellas Artes de enero de 2016.

     Aquella iniciativa, que recogió en su momento de forma única el Partido Popular y elevó a la Comisión de Cultura el día 1 de abril de 2014, fue enmendada en su totalidad por el Partido Socialista, que impidió de esa forma que se elevara a la Comisión Europea.

     Ahora asistimos a la declaración del Día del Cine Español, que imaginamos será la puerta que abra el resto de declaraciones nacionales y con este motivo, el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, he remitido una nueva carta al Ministro de Cultura, que reproducimos íntegramente:

D. José Manuel Rodríguez Uribes

Ministro de Cultura

 

Estimado Sr. Rodríguez Uribes:

     Leemos con sorpresa su intención de declarar el día 6 de octubre Día del Cine Español, con el objetivo de reconocer el papel de los cineastas y su influencia e importancia en la vida cultural y social de nuestro país, así como el valor patrimonial de nuestro cine”.

     Y desde nuestra institución, aplaudimos su iniciativa por el bien del cine español, de la misma forma que esperamos que en el más breve espacio de tiempo posible, proclame también la declaración del día 18 de junio como Día de los Pintores y Escultores Españoles, con el merecido objetivo de reconocer el papel de los artistas pintores y escultores y su influencia e importancia en la vida cultural y social de nuestro país, así como el valor patrimonial de nuestro arte.

     Dicha fecha, coincide con la del nacimiento de uno de los más grandes artistas que ha tenido España, fundador de la Asociación Española de Pintores y Escultores, hace ahora ya 111 años.

     A pesar del año de pandemia que el mundo viene sufriendo, seguimos esperando su llamada para recibirnos, tal y como llevamos solicitando desde que tomara posesión de su cargo el día 13 de enero de 2020, y pese a los vacíos recibidos a las reiteradas cartas que le hemos estado enviando, mantenemos aún la esperanza de que el arte, en su concepción más primitiva, pueda significar algo para usted, más allá del celuloide.

     No hace falta recordarle que Velázquez, Goya, Picasso, Dalí, Sorolla, Pedro de Mena, Salzillo, Martínez Montañés, Benlliure, Chillida, Gargallo o Julio López son parte del ADN de un país cuya influencia artística se mantiene viva en todo el mundo, más incluso que en nuestro propio país.

     La justificación pues, es clara. Y junto a la proclamación, estaremos encantados de presentarle para su diseño, un completo programa de actividades en el que instituciones y particulares estarán encantados de participar por la relevancia de los hechos que en la Asociación Española de Pintores y Escultores intentamos a diario celebrar, como es la supervivencia de pintores y escultores en España, pese al olvido de las administraciones a las que tantos momentos de gloria han dado.

     A la espera de sus noticias, reciba un cordial saludo,

José Gabriel Astudillo López

Presidente de la

Asociación Española de Pintores y Escultores

 

     A falta de homenajes institucionales, y dentro de nuestras posibilidades, la aportación de la Asociación Española de Pintores y Escultores se centrará próximamente en el inmortal Goya, el maestro Pradilla y algunos más como los ya realizados de Galdós, El Greco, Cervantes,…

  Mientras en el Ministerio de Cultura, en el gobierno de España, se siga creyendo que pintar o esculpir son elementos de utilización política, o caprichos o simplemente no se les dé el valor que realmente tienen, y sigan siendo “prescindibles” al interés general, al propio estado, a nuestra clase política, a la sociedad; mientras nadie aúpe a los generadores de cultura, a los creadores que con su arte vienen transformando la sociedad, con reconocimientos previos como el establecimiento del Día de los Pintores y Escultores; mientras se siga asumiendo por todos ellos que los pintores y escultores pueden seguir viviendo y creando en precario, de forma temporal, efímera y fugaz; mientras se les siga exigiendo que muestren su arte gratuita y espontáneamente sin ningún tipo de ayudas, financiando y proveyendo de contenido a sus expensas exposiciones; mientras el arte no adquiera la verdadera dimensión que se da a otro tipo de instituciones subvencionadas por gracia de un despilfarro discriminado; mientras el Estado no asuma la protección de los pintores y escultores, generadores de arte y cuya contribución es básica para el incremento de la creatividad artística de España… mientras no ocurra todo esto, España dejará de ser el punto de referencia artística que con tanto esfuerzo, talento y trabajo hemos logrado en tantos años de historia.

     Siempre se decía que para vivir del arte en España primero hay que morirse… quizás sirva para dejar un legado económico sustancioso a la familia, pero no servirá para que le reconozcan como se debe o le homenajeen… a no ser que sea un artista del cine, claro.

Las Medallas de la AEPE: Mariano Benlliure Gil

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

      Después de ver cómo y cuándo nació la Medalla de la Asociación de Pintores y Escultores, vamos a seguir conociendo más acerca de su creador y en qué galardones se otorga actualmente, con sus correspondientes denominaciones.

 

Medalla Mariano Benlliure Gil

del Salón de Otoño

En 2017 y gracias a la propuesta que realizara el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, bajo el título de “La plenitud de los nombres”, se acordaba la reorganización de los premios y galardones que otorgaba la institución en los distintos certámenes y concursos habituales.

Con el ánimo de honrar la memoria de los fundadores de la AEPE, para el Salón de Otoño se sustituyeron los premios de primera, segunda y tercera medalla, reservados únicamente a los socios, otorgándoles el nombre de los grandes maestros fundadores de la centenaria institución.

Fue en el 84 Salón de Otoño de 2017 cuando se establecieron los premios: Medalla de Pintura Joaquin Sorolla y Bastida, Medalla de Escultura Mariano Benlliure y Gil, Medalla de Pintura Cecilio Pla y Gallardo, Medalla de Escultura Miguel Blay y Fabregas, Medalla de Pintura Marcelina Poncela de Jardiel y Medalla de Escultura Carmen Alcoverro y Lopez.

 

Mariano Benlliure Gil

 

BENLLIURE Y GIL, Mariano       E    1910(F047)    8.set.1862   EL GRADO(V)   MADRID    9.nov.1947

 

Mariano Benlliure Gil nació el 8 de septiembre de 1862 en Valencia, en el seno de una humilde familia formada por los padres, Juan Antonio Benlliure Tomás y Ángela Gil Campos, y por sus hermanos Blas, José y Juan Antonio, todos ellos socios de la Asociación de Pintores y Escultores, si bien Mariano fue Socio Fundador con el número 47.

El cabeza de familia se especializó en pintura decorativa, introduciendo a sus hijos en el mundo artístico y preocupándose de que recibieran alguna formación, como José, que asistía como discípulo del pintor Francisco Domingo Marqués.

Mariano en cambio, que contaba haber sido mudo hasta los siete años, su hermano Juan Antonio fue ciego hasta los trece, no asistió a ninguna escuela ni academia, pese a su fuerte pasión por la escultura; era callado y observador, capaz de realizar movimientos finos que denotan que suplía la expresión oral por la plástica.

La insistencia en la falta de fluidez oral a lo largo de toda su vida, es la base de su alta capacidad manual, su agudeza visual y su autodidactismo, pues a los cinco años ya modelaba figuritas de cera con un alto grado de proporción y anatomía, que hacían las delicias de las monjas que atendían el asilo que el Marqués de Campo había levantado en la calle de la Corona y a cuyas escuelas asistió de niño.

Dibujo de José Benlliure en el que aparece su hermano Mariano, modelando a los seis años de edad

 

En 1874 la familia se traslada a Madrid, donde Mariano aprende el oficio de cincelador en la platería Meneses.

Dos años más tarde, participa en la Exposición Nacional de Bellas Artes antes de trasladarse de nuevo con la familia a Zamora, en donde recibe el encargo de un paso procesional para el que posó toda la familia y que terminó en Madrid, donde concurrió nuevamente a la Exposición Nacional con tres bustos en mármol y yeso.

En 1881 viaja a Roma junto a su hermano Juan Antonio, y donde ya residía su hermano José, abriendo un estudio que mantendría activo durante veinte años. Allí trabajó como pintor y acuarelista y se dedicó de lleno a la escultura.

 

Italia le permitió dominar las técnicas y materiales, conocer las fundiciones artísticas, visitar las canteras de Carrara y estudiar a los clásicos. Desde allí envió obra a la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1884, consiguiendo la Segunda Medalla.

Integrado en la vida cultural y artística de Roma, se relacionó con artistas como Alma Tadema, por cuya recomendación recibió un importante encargo de Henry Gurdon Marquand en Nueva York.

Viajó también a París, invitado por Francisco Domingo Marqués, para el que modeló los bustos de sus hijos, que envió a las Exposiciones Internacionales de Múnich (1890) y Berlín (1891), con las que consiguió las Primeras Medallas, y fue galardonado con Medalla de Honor en la de Viena (1894) y en la Universal de Paris de 1900.

En 1886 contrajo matrimonio con Leopoldina Tuero O’Donnell, con quien tuvo dos hijos, Leopoldina y Mariano, pero la ruptura del matrimonio le anima a trasladarse a Madrid y abrir estudio en la glorieta de Quevedo, pero sin cerrar su estudio italiano.

 

Ya conocido en el mundo artístico nacional e institucional, recibía numerosos encargos para la realización de monumentos conmemorativos, con los que consiguió la Primera Medalla en la Exposición Nacional de 1887.

En la  Exposición Nacional de 1890 presentó una gran producción en la que había obras de todo tipo de técnicas y géneros como el mármol, yeso, bronces,… mientras seguía triunfando en los concursos públicos para la realización de monumentos, alcanzando el más alto reconocimiento en la Exposición Nacional de 1895, la Medalla de Honor, que por primera vez se concedía a un escultor.

Leopoldina Tuero O’Donnell

 

En esos años, conoció a Lucrecia Arana, la primera tiple del Teatro de la Zarzuela, con quien emprendió una nueva y estable relación que perduró hasta la muerte de la cantante, y fruto de la cual nació un único hijo, José Luis Mariano.

Mariano Benlliure visto por  Ramón Casas

 

Mariano Benlliure visto por  Joaquín Sorolla

Mariano Benlliure visto por  Laszlo

 

Reconocido en los ambientes internacionales, le llegaron los primeros reconocimientos académicos e institucionales, siendo nombrado Director de la Academia de España en Roma e ingresando como Académico de Número en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.

Los nuevos y constantes encargos de monumentos en Madrid y distintas ciudades, hicieron que el artista ampliara su estudio, trasladándolo a la calle de Abascal, próximo al Paseo de la Castellana, que pronto se convertirá en punto de encuentro de los personajes más ilustres del momento, tanto para posar como participar en sus animadas tertulias. De allí salieron excepcionales y numerosos retratos y monumentos, entre ellos la larga serie dedicada a la familia real, que acostumbraba visitar al escultor para admirar sus últimas obras.

1910 fue un año trascendental para Benlliure por su concurrencia en tres exposiciones internacionales conmemorativas de las independencias de Argentina, Chile y México.  En la Exposición Internacional de Medallas Contemporáneas, organizada por la Sociedad Numismática de Nueva York, a raíz de la cual entró en contacto con Archer Huntington, que adquirió la placa Retrato de Santiago Ramón y Cajal (1909) para la Hispanic Society. Benlliure contribuyó de forma notable a la evolución de la medalla escultórica, con una abundantísima y constante producción.

Mariano Benlliure junto a Lucrecia Arana, el amor de su vida

 

Fueron años de intenso trabajo en monumentos públicos en América y España, como los monumentos a San Martín en Lima, a Simón Bolívar, a Núñez de Balboa, al cabo Noval, a José Canalejas y su mausoleo destinado al Panteón de Hombres Ilustres.

En 1917 fue elegido para ocupar la Dirección del Museo de Arte Moderno y la Dirección General de Bellas Artes, cargo desde el que asumió importantes retos como la conversión de la Ermita de San Antonio de la Florida en panteón de Goya y el traslado de sus restos desde el Cementerio de San Isidro; la creación de la Escuela de Paisaje del Paular (Rascafría, Madrid), de la Casa de Velázquez (Madrid) y del Pabellón Español en la Bienal de Venecia.

Tras su dimisión, fue nombrado Patrono del Museo Nacional del Prado.

Dos fotografías del escultor con La fuente de los niños y  junto a su nieto

 

En esos años, Archer M. Huntington le encargó un primer busto del pintor Joaquín Sorolla para presidir la sala destinada a albergar su serie de grandes lienzos Visión de España en la Hispanic Society de Nueva York, busto con el que se inició una serie de retratos de personajes ilustres de la vida cultural y política española para la sociedad y un segundo busto de Sorolla en 1932.

Además, continuó enviando obras a exposiciones nacionales e internacionales, obteniendo Medallas y distinciones, premios y honores que francamente, merecía.

Su fuerte atracción desde la infancia por el espectáculo de la lidia fomentó su amistad con algunos de los más famosos diestros a los que consagró en múltiples obras.

Lucrecia Arana y su hijo, retratados por Joaquín Sorolla

 

La repentina muerte de Lucrecia Arana el 9 de mayo de 1927, marcó profundamente a Mariano Benlliure, que se refugió en su trabajo.

En 1929, durante la inauguración en Jerez del monumento ecuestre al general Miguel Primo de Rivera, coincidió con Carmen Quevedo Pessanha, viuda del escritor y amigo Juan Nogales Delicado, a la que se uniría en matrimonio civil en 1931 en una ceremonia privada en su estudio, y que escribiría una extensa biografía del escultor publicada después de su muerte.

Unos meses después de la proclamación de la Segunda República, dimitió como director del Museo de Arte Moderno tras la remodelación de su patronato, y fue nombrado Director Honorario al tiempo que Patrono del Museo Sorolla de Madrid.

Los encargos oficiales y particulares seguían llegando, si bien se dedicó con mayor fluidez a realizar retratos  de su entorno más próximo y obras de menor tamaño en bronce y cerámica, generalmente de carácter costumbrista, modeladas con minucioso realismo.

Mariano Benlliure Tuero, fruto del primer matrimonio de Mariano con  Leopoldina Tuero O’Donnell,  fue un escritor (1868-1952) que  perteneció al Grande Oriente Español y su filiación masónica era conocida puesto que formó parte del consejo de redacción de la revista Latomia que publicaba                      la logia La Unión

 

En mayo de 1935 abrió las puertas de su estudio para presentar sus últimas obras: el Altar del Sagrado Corazón de Jesús para la Catedral de Cádiz, el Mausoleo de la familia Falla y Bonet para el Cementerio Colón de Buenos Aires, y el Sarcófago de Vicente Blasco Ibáñez, amigo desde la juventud, y del que ya había modelado un espléndido busto.

Durante los primeros meses de la Guerra Civil no quiso abandonar su estudio y permaneció en Madrid trabajando. Con 74 años de edad, casi ciego y con todos los achaques de la edad, invitado por el Gobierno Francés como miembro del Instituto de Francia, a visitar la Exposición Universal de 1937, accedió a viajar a París donde se exponían dos de sus obras, permaneciendo allí más de un año, hasta que cayó enfermo y a finales de julio de 1938 se traslada junto a su esposa Carmen Quevedo, de origen portugués, a Viseu donde ella tenía casa, familia y medios para atender su enfermedad.

Una vez recuperado, reemprendió su trabajo en el estudio del escultor Texeira Lopes que le cedió un espacio, hasta su retorno definitivo a Madrid en junio de 1939. Aún regresó a Viseu un año después para montar el Monumento a Viriato.

El escultor en uno de sus viajes a Nueva York

 

 

En los últimos años de su vida, los encargos de carácter procesional fueron abrumadores, saliendo de su taller multitud de imágenes religiosas que reemplazaron a las destruidas en la guerra civil. Tallas de las que se encargó el escultor Juan García Talens a partir de los modelos ampliados de los bocetos modelados por Benlliure.

Mariano Benlliure realizó también a lo largo de su vida artística, diseños para vajillas y elementos decorativos, como esta copa de champán para uno de sus clientes de Nueva York

 

La escultura religiosa ocupó gran parte de su trabajo de los últimos años de su vida

 

En 1942 Valencia le rindió un emotivo homenaje en el Paraninfo de la Universidad y le concedió la Medalla de Oro de la Ciudad, y en 1944 la Dirección General de Bellas Artes celebró un Homenaje Nacional en el que le fue concedida la Gran Cruz de Alfonso X, el último de la larga lista de reconocimientos oficiales y académicos que recibió a lo largo de su fructífera trayectoria artística.

Carmen Quevedo Pessanha, última esposa del artista

 

Mariano Benlliure fue miembro de diversas Academias de Bellas Artes: San Fernando de Madrid, Valencia, Zaragoza, Málaga, San Lucas de Roma, Brera de Milán, Carrara y París, así como de la Hispanic Society de Nueva York; y recibió innumerables condecoraciones entre las que destacan la Legión de Honor de Francia y Comendador de la Orden de la Corona de Italia, además de la mencionada Gran Cruz de Alfonso X y la del Mérito Militar de España.

Falleció a los 85 años, el 9 de noviembre de 1947, en su casa-estudio de la calle de Abascal en Madrid.

En cuanto se conoció la noticia de su muerte, acudieron a su casa estudio los escultores Ignacio Pinazo, Ramón Mateu y Víctor de los Rios, que hicieron mascarillas del cadáver. En su casa se instaló la capilla ardiente, habiendo sido amortajado con el hábito de San Francisco de Asís, y encerrado en un ataúd de caoba sencillo y sobrio. Llegaron después el Ministro de Educación y otras personalidades como el marqués de Lozoya, el subdirector del Museo del Prado, José Francés, en nombre de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y durante todo el día desfilaron por su domicilio numerosísimas personalidades, que firmaron en el libro de condolencias instalado en el jardín, a la entrada del estudio del escultor.

A las cinco de la tarde comenzó el traslado de los restos a la Estación de Atocha en una comitiva encabezada por su nieto, familiares y amigos íntimos, a la que seguía el clero de San Juan de la Cruz, y miembros de la Asociación de Pintores y Escultores, del Círculo de Bellas Artes, de la Real Academia de Bellas Artes y la Asociación de Escritores y Artistas. Al llegar a la estación, el cadáver fue trasladado al vagón habilitado para capilla ardiente.

A su llegada a Valencia, millares de personas desfilaron para contemplar los restos del ilustre artista, en la capilla ardiente instalada en el Ayuntamiento. Y tras tres solemnes misas celebradas allí mismo, la comitiva fúnebre encabezada por la Guardia Municipal montada, abría la marcha a los portadores de las numerosísimas coronas; tras ellas, representaciones de los gremios y entidades valencianas, de la Banda Municipal, el clero y el féretro, al que seguían el capitán general de la Región Militar en representación del Jefe del Estado, Ayuntamiento, Diputación, autoridades varias, su nieto y sobrino, Enrique Benlliure y José Campos Benlliure, junto a otros íntimos del finado, el representante del Director General de Bellas Artes, representantes de las Reales Academias y otros cuerpos, representación de la Real Academia de San Fernando y una inmensa multitud. Llegados a la catedral, el cabildo rezó un responso, siendo colocado el féretro ante la Patrona de Valencia, Nuestra Señora de los Desamparados, de la que el artista era tan devoto. Pasó después la comitiva por el Museo Provincial de Bellas Artes y desde allí el entierro continuó hasta el cementerio del Cabañal, donde los restos de Mariano Benlliure recibieron sepultura, en el panteón donde reposan los restos de sus padres.

La capilla ardiente en Madrid, el traslado de los restos hasta Valencia y el multitudinario entierro de Mariano Benlliure

 

Madrid: museo abierto de Benlliure

Autor de innumerables obras civiles y funerarias, de monumentos repartidos por todo el mundo, y de abundante obra religiosa, destacaremos que es el escultor del que más obras hay en la ciudad de Madrid: las Estatuas ecuestres de Alfonso XII y del General Martínez Campos en el Retiro, el Monumento a Miguel Moya y el Grupo escultórico a Cuba, también en el Parque del Retiro, distintos sepulcros en el Panteón de Hombres Ilustres de Atocha, la Estatua de la Regente María Cristina, frente al Casón del Buen Retiro, la Estatua de Francisco de Goya, junto al Museo del Prado, en la Plaza de la Villa la Estatua de Álvaro de Bazán, la Estatua del General Manuel Cassola Fernández, en el Parque del Oeste, la Estatua del Teniente Jacinto Ruiz Mendoza en la Plaza del Rey, la Estatua de Bárbara de Braganza en la Plaza de la Villa de París, la Estatua a Loreto Prado en la Plaza de Chamberí, la Estatua en honor al Cabo Noval en la Plaza de Oriente, la Efigie del Teniente Ruiz en Chueca, el Grupo Escultórico del edificio Metrópolis de la calle Alcalá con Gran Vía, el Grupo Escultórico a Emilio Castelar en el Paseo de la Castellana y las lápidas y placas conmemorativas a José Canalejas, en la Puerta del Sol, a Serafín y Joaquín Álvarez Quintero en la calle Velázquez y a José Nogales en la Calle Santa Engracia.

Decimos que es el autor de mayor número de esculturas en Madrid y por el contrario, no cuenta el artista en la capital de España más que con una humilde lápida de cerámica situada en la tapia de la Plaza de Toros de El Batán, dedicada por los aficionados al toro y al toreo. Triste recuerdo y mal pago le hace Madrid a quien culminara obras tan sublimes, a quien ha embellecido calles y plazas, parques y jardines con su arte.

Madrid se ha convertido en su gran museo abierto y le debe también una estatua. Propuesta que sale de esta humilde Asociación Española de Pintores y Escultores, y que como tantas otras, no tendrá eco en una sociedad que ya no requiere memoria.

Perfil humano

Mariano Benlliure es el escultor español que ha gozado de mayor reconocimiento público desde sus primeros éxitos logrados en vida hasta nuestros días.

En su persona confluyen unas excepcionales dotes para el oficio, conjugadas con una asombrosa versatilidad creativa, una originalidad renovada en sus planteamientos estéticos y un manejo absoluto de todos los recursos plásticos y escenográficos que permite la creación escultórica, en la que demostró un esfuerzo continuo por evolucionar en sus diversos lenguajes estilísticos, aderezado todo ello por una actividad creadora desbordante, resultado de su inagotable energía vital y de una dedicación total a su trabajo.

Su obra tiene la aparente facilidad con que utilizó todos los recursos de las distintas técnicas de modelado y cincelado, mostrando siempre un cuidado exquisito en el acabado de las superficies, con las que supo extraer el máximo provecho a su morfología y texturas, atento al virtuosismo en los detalles, pero sin caer en el manierismo.

Mariano Benlliure esculpiendo el caballo del Monumento al General Martínez Campos que se encuentra en el madrileño Parque del Buen Retiro y en el que trabajó directamente con sus dedos, imprimiéndolos en la materia

 

Con una incontenible fogosidad creativa, de genio dinámico, de activa y vivaz inteligencia, una inusitada vocación al trabajo, para Mariano, la escultura era una expresión personal, una habilidad innata y una paleta en la que trabajar.

En esta fotografía se aprecian las proporciones de una de sus esculturas ecuestres

 

Como ya hemos visto, sus problemas de expresión oral en la niñez, hicieron que sin embargo  su prodigiosa memoria almacenara las imágenes de las pinturas que colgaban del Museo Provincial de Bellas Artes de Valencia, situado en el Convento del Carmen, donde su madre enviaba a los hijos todos los domingos por la mañana.

Lucrecia López de Arana fue la compañera fiel, entregada y sincera que buscaba su torturado espíritu y, sin reparar en la hipócrita mentalidad de la sociedad del momento, le deparó la auténtica felicidad sentimental necesaria para realizar sus mejores obras.

Su casa-estudio de la calle de Abascal, frecuentada por políticos, artistas, intelectuales, toreros…, aportó popularidad de su nombre, colocado hacía tiempo en la cima de los autores más afamados en el país, de modo que el asistir a su casa ya era un «acto público obligado» para todo aquel que quería destacar en el mundillo de la popularidad. Su casa y su amistad eran sinónimo de distinción social, abundando también los encargos de obras menores y los retratos, algunos acompañados de piezas de orfebrería.

Un destello de entrañable alegría fue el nacimiento de su nieto, hijo de su hija Niní en 1915, una de las últimas alegrías personales.

La longevidad de Mariano le acarreó la tristeza de ver desaparecer a todos sus seres queridos, desde Lucrecia Arana, que muere en 1927, hasta su hermano José, que muere en 1936. El contrarresto es siempre el hundimiento febril en su trabajo creador, capeando las circunstancias más o menos favorables que depara el proceso histórico de los años críticos de la Guerra Civil Española, una etapa en la que Mariano ya no espera más que morir trabajando. Sin embargo hay también hechos que le llenan de emoción, como si fueran la culminación de sus aspiraciones recompensadas: los homenajes que Valencia rinde a Joaquín Sorolla y a Vicente Blasco Ibáñez.

 

A pesar de tantos años de lucha y triste vejez, Mariano Benlliure tuvo la suerte de morir tal como siempre deseó: trabajando, tallando una Entrada en Jerusalén que parecía indicarle que había llegado la hora de iniciar el camino de salida de este mundo. Era el día 9 de noviembre de 1947.

El tedio de la estética clasicista avivó su propio instinto de observación de la realidad que, unido a su falta de expresión oral y a la situación humilde de su familia, redundó en un refuerzo del espíritu de trabajo, sacrificio, esfuerzo y unión familiar, cualidades que al haberlas captado desde niño pudo siempre valorar.

“Tenía una extraña mezcla de señor y bohemio,
bebía en copa de plata o en botijo verbenero
lo mismo esculpía a un rey que al golfillo colillero.

Orgulloso de su España, de sí propio era modesto,
suplicaba a la gente que le llamaba maestro
no me digáis don Mariano y escultor, ni nada de eso,
soy solo Marianet, alias el picapedrero”.

Trabajando en el busto a Sorolla de la Hispanic Society

 

No fue un artista ilustrado ni brilló por su elocuencia, sino precisamente por su sencillez, su carácter alegre y festivo, su sincera camaradería y su saber mantenerse en su puesto, pudo conservar la amistad de una clientela, indudablemente interesada en obtener su obra, a la que sabía mimar con sus detalles y atraer con el ambiente de salón, escaparate, exposición permanente y tertulia artística que lograba crear en su estudio taller.

Mariano convierte la pintura en escultura, o mejor dicho, hace una escultura que recuerda a la pintura, de ahí que podamos concluir que sus obras son el encuentro de las dos artes: composición, espacio y dibujo fusionados con el volumen, la forma y la textura, incluso el color se traduce en la combinación de volúmenes, en el logro de sombras y en la combinación de los materiales (mármol y bronce, terracota patinada, piedra natural y cerámica vidriada). El hecho de que gran parte de sus pinturas no se hayan localizado, se justifica precisamente porque las realizó en la época en que vivió en Roma y fueron vendidas en el extranjero, aparte de que nunca les concedió importancia al hablar de su obra.

Mariano gozó de la clientela del “todo Madrid” durante su prolongada carrera. La sociedad madrileña acomodada y especialmente aristocrática gustaba de su ingenio para la decoración y encontró en él, al artista que supo llenar sus ansias de novedad a tenor de las nuevas modas. Su temperamento y su sentido artístico le predisponían para ser un buen decorador y aquel ambiente, que prefería lo vago y lo impreciso, le fue favorable.

Todos los que le conocieron y han transmitido sus recuerdos nos destacan enseguida su atractivo personal: un cuerpo ágil y vigoroso, con manos encallecidas como las de un jovial trabajador, con un rostro que atrae por sus ojos pequeños y expresivos, sano de color, densas patillas rizadas y poblado bigote, pero en especial prominentes orejas que él siempre destaca en sus autocaricaturas. Y sobre todo destaca en él una sonrisa franca, eterna y contagiosa, que se hace más cálida cuando con su afable cordialidad, tiende su mano llena de vitalidad. A ello une su especial indumentaria: un gorrito de tela negra, chaleco sobre la camiseta, brazos al aire y pantalones de polaina “porque se le enfrían los pies”, todo ello manchado de barro y de tiznes blancos de escayola…, parece un obrero de la construcción al pie de la obra.

 

Gállego define así su obra: «es romántico como Carpeaux en sus niños, guirnaldas y composiciones históricas; impresionista al jugar con los efectos de luz sobre las superficies con destelleantes detalles minúsculos; expresionista porque nos habla de emociones y sentimientos; simbolista porque en toda su producción pervive la idea de la vida y de la muerte; modernista por sus ritmos ondulantes, que recogen el movimiento de una suave brisa; fidíaco en sus detalles realistas; helenístico en sus figurillas menudas de terracota; y primitivista en sus relieves de gruesos trazos […] y sobre todo un enamorado de la naturaleza y de la vida que pretende aprisionar en el barro». Sus delicados y juguetones niños que danzan entre frondas de guirnaldas, flores o frutas, así como los frisos de cerámica en donde el amor emerge entre besos furtivos y motivos alegóricos a la alegría y la abundancia, fueron sus mejores creaciones, que sus imitadores jamás llegaron a igualar.[…] En todos sus elementos ornamentales, de un potente barroquismo de raíz tan valenciana, es preciso reconocer siempre la perfección con que el artista modela, dotando a la piedra, barro o bronce de una afinada sensibilidad. De aquí también el primor incomparable de sus pequeñas composiciones, destinadas a una serie de adornos de mesa, fundidas en bronce o vaciadas en cerámica. Como en todos los escultores de su generación, la mayor excelencia de Benlliure fue el retrato. Como los grandes artistas del Renacimiento sabe captar en el modelo aquello que es constante, que constituye su expresión, el reflejo externo de su vida interior. El retrato, que obliga a ceñirse a lo natural, le permite ostentar la habilidad prodigiosa en el modelado. Es inútil citar ejemplos. En la lista innumerable de sus excelentes bustos y retratos, hasta los labrados en su extrema ancianidad, no se pueden señalar sino aciertos”.

En 1952 se realizó una emisión de billetes de 500 pesetas con el busto de Benlliure en el anverso, mientras que en el reverso figuraba el sepulcro del tenor Gayarre en el valle del Roncal, una de sus obras más conocidas y que fueron retirados de circulación en diciembre de 1971

 

Todos hemos tenido en la mano un auténtico «Benlliure»: las monedas que se acuñaron a partir de 1947 eran obra  del escultor valenciano

 

La peseta de 1946 con estrellas 19-48, se conoce como «Peseta de Benlliure», por haber sido diseñada por el escultor . La pieza fue presentada a Franco, que la rechazó porque no le gustaba la caída del cuello; en 1947 se hizo otra, con el cuello más redondeado y se puso en circulación sin que se retiraran las antiguas, que cuestan algo más de 3.000 euros la pieza

 

En el billete de 100 pesetas del 19 de febrero de 1946, aparece un retrato de medio cuerpo de Goya, inspirado en el monumento que realizó Benlliure al pintor aragonés en 1902, y que se encuentra frente al Museo del Prado

 

Mariano Benlliure y la AEPE

La fundación de la Asociación de Pintores y Escultores se fraguó según una idea de Mariano Benlliure, quien en 1904 y en el transcurso de un banquete celebrado en el Retiro, en honor de los artistas premiados en la Exposición Nacional de Bellas Artes de ese año, propuso ya la “formación de una Sociedad de Pintores y Escultores Españoles, aún residentes en el extranjero, con objeto de defender sus intereses materiales y artísticos,… fomentar todas las manifestaciones del Arte por medio de Exposiciones en España y en el extranjero, crear una Caja de socorros y pensiones…y la instalación de un salón permanente donde los individuos que perteneciera a la Asociación pudiesen exponer sus obras, dando así mayores facilidades al público y a los artistas para la venta”.

Estas y otras ideas expuestas entonces fueron acogidas por todos los presentes y los ausentes cuando las conocieron, con unánime aplauso. Pero Mariano Benlliure no volvió a acordarse de ello y la idea quedó sumida en el olvido.

Seis años más tarde, fue Eduardo Chicharro quien recordando las palabras del maestro, decidió retomar la idea y recordar a todos los artistas que era preciso unirse para constituir una fuerza, para prestarse mutualidad y recíproco apoyo, y así se formó una Junta organizadora que convocó a todos los pintores y escultores madrileños y logró reunirlos en el gran salón de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Más de 150 acudieron a este llamamiento que se convirtió en Asamblea y que reunió a artistas anónimos y a otros de primera fila, y en donde se habló de la conveniencia de la reunión de todos los artistas y se leyeron los estatutos, que habían sido previamente repartidos con las invitaciones a la convocatoria, para que los que quisieran pudieran presentar modificaciones o sugerencias, y que fueron finalmente aprobados con total unanimidad.

El encierro, presentada al XIX Salón de Otoño

Mariano Benlliure firmó el acta fundacional, convirtiéndose en Socio Fundador, con el número 47. Desde el inicio, se convirtió en miembro activo de la entidad, participando en festivales, en la suscripción popular para la adquisición de La Adoración de los Reyes de Van der Goes, iniciada por el Presidente Joaquín Sorolla.

En 1918 la Asociación de Pintores y Escultores convocó en España del I Congreso Nacional de Bellas Artes, con el beneplácito de todos los organismos oficiales y sociedades afines de la época, que estuvo bajo el Patronato del Rey, y teniendo como Presidentes de Honor, a los socios de la entidad Marceliano Santamaría, a Mariano Benlliure, Miguel Blay, Antonio Muñoz Degrain y José Llimona.

Desde su cargo como Director General de Bellas Artes, se reunió en multitud de ocasiones con el Presidente y la Junta Directiva de la Asociación de Pintores y Escultores, prestando todo el apoyo oficial que requería sacar adelante los importantes proyectos que llevó a cabo la entidad, como la realización de exposiciones en distintos países latinoamericanos, la buena marcha de la Residencia de Artistas de El Paular, la Comisión para la Exposición de Venecia, o la colaboración que mantenía en la Gaceta de Bellas Artes que publicaba la institución.

El Sagrado Corazón, que presentó al XV Salón

 

Cuando en 1921 dimitió de su cargo por razones de salud, Juan Espina y Capo, la Asociación de Pintores y Escultores le homenajeó haciéndole entrega en los locales sociales, de una Medalla de Oro modelada altruistamente por Mariano Benlliure, junto a un cuaderno con las firmas de los asistentes en reconocimiento a quien fue el alma del Primer Salón de Otoño.

Además, el propio Benlliure participó con la Asociación de Pintores y Escultores en la colaboración que hizo la entidad de una exposición y venta de obras en el Museo Provincial de Pintura de Huelva, con destino a los hospitales de sangre, en un intento de aliviar los sufrimientos ocasionados por la Guerra del Rif.

En 1924 fue elegido Vocal de la Junta Directiva de la Asociación de Pintores y Escultores bajo la presidencia de Pedro Poggio, junto a artistas como Cecilio Plá o Alcalá Galiano, y siendo Director del Museo de Arte Moderno.

En 1926 la Exposición Internacional del Grabado de Florencia, solicitó a la Asociación de Pintores y Escultores organizara la participación española, siendo elegido para presidir el comité de selección de obras.

Retrato de mi padre, que se exhibió en le XIX Salón de Otoño

 

Ese mismo año, abrió su estudio de la calle Abascal a los socios de la entidad para que pudieran ver el Monumento a Bolívar que hizo con destino a la República de Panamá.

En 1928 y con motivo del Centenario de Goya, publicó sus opiniones acerca del inmortal artista en la Gaceta de Bellas Artes, en un número dedicado al genio aragonés. Además, formó parte del comité organizador para la exposición de pintura y escultura en Bélgica y Holanda que le fue encomendado a la Asociación de Pintores y Escultores por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, así como en la que también se le encomendó a la AEPE, en la ciudad de Oslo en 1931.

En el XII Salón de Otoño de 1932 hubo una sala dedicada a Mariano Benlliure, que exhibía 17 obras, de ellas, cuatro bajorrelieves, siete cerámicas y barros, un bronce, un mármol y cuatro óleos.

1932 fue un gran año en el arte español. Las instituciones dedicadas al arte reunían a grandes maestros: Julio Moisés era el Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores, Mariano Benlliure el Presidente de la Asociación de Escritores y Artistas, y José Francés (ex Presidente de la AEPE), Vicepresidente del Círculo de Bellas Artes.

En 1934, comentando sobre las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, declaraba Mariano Benlliure que Es doloroso que nunca se haya preocupado el Estado de que existiese un local adecuado para celebrar las Exposiciones Nacionales y suponemos que esto lo decía con muy amplio conocimiento de causa puesto que él fue Director General de Bellas Artes en 1918 y se supone lucharía por conseguirlo.

Después de ver la película Alma de centauro Mariano Benlliure logro un pase privado exclusivo de la película, en el cine Progreso de Madrid, para tomar apuntes del caballo protagonista “Rex”.

Fue Jurado del XV Salón de Otoño.

Terminada la guerra en abril, en mayo de 1939, el secretario de la Asociación, José Prados López, envió una carta a los artistas que poseían Medalla de Oro de las Exposiciones Nacionales, para que entregasen de forma voluntaria aquellas medallas para ayuda a la patria en la posguerra. Toda la prensa se hizo eco, como no podía ser menos, de aquellas cartas y de la generosidad de los artistas a los que se ofreció fundir otras en inferior metal para recuerdo. Benlliure entregó la suya en un gesto altruista, otro más a lo largo de su carrera, que le honraba.

En junio de 1939, recién terminada la contienda, tomó parte en la exposición de “Obras ejecutadas en Madrid durante la guerra”.  Que se celebró en los locales de la Asociación en la calle Infanta, 30, junto a artistas como Moreno Carbonero, Martínez Cubells, Orduna, Ardavín, Llorens, Vázquez Díaz…

En 1944, la Casa de Valencia promovió un homenaje nacional a Mariano Benlliure, al que se adhirió la Asociación, siendo José Planes el representante de la institución en la Comisión del Homenaje.

En el entierro del artista, la Asociación Española de Pintores y Escultores tuvo una presencia destacaba, como no podía ser menos por uno de sus más ilustres miembros y fundadores.

Al I Salón de Otoño de 1920 concurrió Mariano Benlliure y Gil, inscrito así, reseñando que es “natural de Valencia; reside en Madrid, calle de Abascal, número 53”, y presentó las obras:

872.- El garrochista (bronce) y 873.- Mi nieto (mármol)

En el II Salón de Otoño de 1921 presenó:

277.- Escultura

Al VII Salón de Otoño de 1927, reseñado ya como Socio de Honor de Salones anteriores, presentó las obras:

482.- Busto-Retrato del Excmo. Sr. D. José Francos Rodríguez (bronce), 483.- Busto-Retrato del pintor Domingo Marqués (bronce) y 484.- ·l Garrochista (estatuita ecuestre, en bronce)

Al XI Salón de Otoño de 1931 concurrió con:

121.- Boceto de la estatua del duque de Rivas (bronce) y 270.- Arrancándose (bronce)

En el XII Salón de Otoño de 1932 hubo una sala dedicada a Mariano Benlliure, que exhibía 17 obras, de ellas, cuatro bajorrelieves, siete cerámicas y barros, un bronce, un mármol y cuatro óleos: Cuatro placas relieves de niños, tituladas Las cuatro estaciones, La Sagrada familia, placa en cerámica, Goya, ídem, Velázquez, ídem, La bailaora, figura en cerámica, Niño, barro cocido, Cabeza de gitana, ídem, Busto de mujer, ídem, Bretón, medalla barro cocido, Las víctimas de la fiesta, bronce, Amalio Gimeno, mármol, La vara, óleo, Matilde Benlliure, óleo, Angelita Benlliure, óleo

En el XIII Salón de Otoño de 1933 llevó las obras: 79.- Las víctimas de Navidad (bronce), 80.- Hacia el redil (bronce), 13.- La primera alegría (barro cocido esmaltado), 11.- Mantilla española (cerámica) y 35.- Busto de Romero de Torres

Al XIV Salón de Otoño de 1935 presentó 15.- Don Tirso Rodrigáñez y Sagasta (busto en bronce)

En el XV Salón de Otoño de 1935 presentó las obras:

372.- La maja de la mantilla, 373.- Retrato del escultor portugués Antonio Teixeira López, 374.- Sagrado Corazón (talla policromada)

En el XVI Salón de Otoño de 1942 exhibió las obras:1.- Cristo yacente de Hellín (escayola), 2.- Retrato de Mercedes Sangroniz (escayola), 3.- Anverso de la medalla de Rodríguez Marín (bronce), 4.- Reverso de la medalla de Rodríguez Marín (bronce), 5.- Medalla del maestro Bretón (bronce) y 6.- Retrato de Nelly Schultes (bronce)

En el XVII Salón de Otoño de 1942 llevó: 5.- La Marías y 8.- Retrato de Aniceto Marinas (escayola)

En el XIX Salón de Otoño de 1946 contó con Sala propia y se exhibieron las obras: 1.- Retrato del padre (bronce), 2.- Retrato de la madre (mármol), 3.- Retrato de don Aniceto Marinas (bronce), 4.- Autorretrato (bronce), 5.- Retrato de don José Benlliure (bronce), 6.- La perrita “Tinita” (bronce), 7.- La perrita “Tasquitas” (bronce), 8.- Retrato del Caudillo (mármol), 9.- Estatuita ecuestre de Fernando Primo de Rivera (bronce), 10.- Busto estudio del Teniente Gral. Orgaz (yeso), 11.- Retrato de Mercedes (yeso), 12.- Retrato del escultor Laszlo Zinner (yeso), 13.- Busto del pintor Jorge Apperley (yeso), 14.- Grupo del encierro (bronce), 15.- El arrastre (bronce), 16.- Busto de Lucrecita (bronce) y 17.- Toro marrajo (óleo)

En el 50 Salón de Otoño de 1983, en la Sala Homenaje a los artistas que hicieron posible el I Salón de Otoño en 1920, se exhibió la obra D. Segismundo Moret (Dedicado a don Natalio Rivas), bronce.

 

Mariano Benlliure fotografiado junto a su hermano José

 

Dos fotografías aparecidas en el diario ABC, arriba en la tumba de Cánovas, en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid y abajo, despachando cuando era Director General de Bellas Artes

Publicada la biografía de Margarita Sans Jordi

Es una de las primeras artistas de la Asociación Española de Pintores y Escultores

 

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

El pasado año 2020 vio la luz la curiosa biografía de la escultora y socia de la AEPE, Margarita Sans Jordi, de manos de su hijo, Eduardo Mendoza Sans y de Paloma Soler, quienes hacen una revisión completa de la artista no sólo desde el punto de vista personal, sino profesional y humano.

El libro “Escultora. Margarita Sans Jordi”, editado en Barcelona y que puede adquirirse en Amazon, nos descubre la vida y obra de una escultora con gran relevancia en el ámbito de esta disciplina a lo largo del siglo XX.

 

Considerada por la crítica especializada como una de las grandes de su época -si no la mejor-, y quitando la biografía que le dedicara la Secretaria General de la Asociación Española de Pintores y Escultores, Mª Dolores Barreda Pérez, publicada en la Gaceta de Bellas Artes correspondiente al mes de marzo de 2020, en la sección “Las primeras artistas de la Asociación Española de Pintores y Escultores”, era hasta hace poco, una completa desconocida, que gracias a iniciativas como la de la AEPE y ahora la de su propia familia, se van rescatando del olvido para intentar colocarla en el lugar destacado en el que debe estar.

La artista no contaba aún con una obra acorde a su importancia que versara únicamente sobre su trabajo y su trayectoria profesional.

Este libro es la biografía personal y artística de esa gran mujer y esa excepcional artista que, con apenas 20 años, rompió los esquemas de una época en la que el papel de la mujer se circunscribía al ámbito doméstico, para alcanzar importantes premios y distinciones nacionales e internacionales y participar en los más importantes eventos artísticos de su tiempo.

Recopila la única catalogación de su obra existente hoy en día y es, además, una biografía inscrita en los diferentes «tiempos» que le tocó vivir, amena e interesante, aunque heterodoxa, eso sí”, como la ha definido el escritor Eduardo Mendoza Garriga (Premio Miguel de Cervantes, Premio Planeta), sobrino de la artista y autor del entrañable prólogo que da comienzo a este libro y en el que se reconoce que “no hay duda de que su arte la acompañó a lo largo de toda  su existencia, y eso la salva de quedar a merced de los recuerdos y le concede el mínimo consuelo de los artistas: mientras perdura su obra, su personalidad se va renovando con cada nuevo espectador”.

Eduardo Mendoza Sans y Paloma Soler abordan este trabajo desde las raíces mismas de la propia familia, haciendo un recorrido por su educación, sus primeras exposiciones, su etapa de esplendor, sin olvidar sus trabajos internacionales, estructurando todo respecto a su vida personal y la importancia y repercusión de su trabajo en la sociedad catalana de la época.

Los autores de la obra, Eduardo de Mendoza Sans y Paloma  Soler Durán

 

Una revisión profunda de su vida íntima que aborda también sus últimos años como escultora y el olvido que a partir de ese momento sufrió su obra, un declive en el que tanto instituciones como la memoria colectiva del arte han dejado olvidada su obra y sus logros, pese al importante papel de la mujer que ahora tanto se reivindica.

Con una edición cuidada, por primera vez se apunta una catalogación de sus obras, así como una relación de exposiciones y premios y distinciones, que nos ayudan a situar su vida y su trabajo en el contexto real del arte en la España del siglo XX.

A título de colofón, nos descubre también el legado último y más personal de la artista: un nieto también escultor, Javier de Mendoza, cuya obra figurativa comienza ya a ser reconocida internacionalmente, y se distingue básicamente por la calidad del trabajo.

Un libro recomendable a todas luces para los amantes de la historia del arte en España, para quienes sienten especial predilección por la escultura, y para quienes gustan de las biografías sobre artistas “especiales”, cuyo arte siempre triunfa.

Margarita Sans Jordi con su hijo Eduardo

La artista esculpiendo una pieza, elegida la foto de portada del libro

 

Javier de Mendoza, nieto de la artista, saluda a  S.M. la Reina Doña Sofía

La AEPE cumple 111 años

El día 15 de Abril

 

S.M. la Reina Doña Sofía, Presidenta de Honor de la AEPE, y José Gabriel Astudillo López, Presidente

 

A pesar de no poder celebrarlo como nos gustaría, el 15 de abril la Asociación Española de Pintores y Escultores cumplirá 111 años.

El año pasado, con ocasión del 110 aniversario, preparamos una magnífica exposición conmemorativa que tan solo pudimos inaugurar, ya que al día siguiente, España se sumió en el estado de alarma que hasta el día de hoy aún padecemos.

No es lo más grave. Ante el elevado número de pérdidas humanas, que son las únicas que realmente importan, ante la pérdida de familiares, socios, amigos, conocidos… no poder celebrarlo es también lo de menos.

Pero de algún modo debemos tomar conciencia de lo que significa llegar a cumplir 111 años.

Para una institución privada como la nuestra, solo llegar a cumplir 100 años es más que un hito. Muy pocas entidades pueden jactarse de ser centenarias y de tener en su haber un proceso ininterrumpido de crecimiento y de alta aceptación social, de apasionante historia y de enorme prestigio como la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Y así, celebrar que son 111 años es una ocasión, pero también una obligación inexcusable para la sociedad española, para resaltar el valor y alto significado de esta institución en nuestra sociedad actual.

La Asociación Española de Pintores y Escultores ha sobrevivido a una república, una guerra civil, dos dictaduras, al nacimiento de un estado democrático y, por el momento, a las transformaciones constantes que también han afectado al mundo del arte.

Ciento once años de promoción de la cultura en España, convirtiéndose en un referente artístico para toda la sociedad española gracias a su atención y a la enorme calidad de sus actividades en torno al mundo de las artes plásticas.

La AEPE es la única institución independiente existente en el área artística en toda España, que se nutre única y exclusivamente de las cuotas de sus socios, sin recibir subvenciones y mantiene un nivel de actividad difícilmente superable por otro tipo de entidades que cuentan con fondos auxiliares.

Entre sus socios, podemos encontrar artistas de todos los géneros y un sinfín de pintores y escultores de gran talento y prestigio.

Pero si cumplimos 111 años es sólo gracias a los socios, a los miembros de esta gran familia que formamos quienes pertenecemos a la Asociación Española de Pintores y Escultores, a los que sentimos que nos honra ser parte viva de la historia del arte de España.

Hoy celebramos 111 años felicitándonos por lo que significa que sigamos vivos y sobrevivamos a la más terrible pandemia a la que se ha enfrentado jamás España, y sobre todo, y lo más importante, que lo hagamos manteniendo un ritmo elevadísimo de actividades, con el ánimo puesto en ser conscientes de que nuestro proyecto sigue apasionando a los artistas.

Llevamos 111 años haciendo arte

111 años de pasión por el arte

111 años haciendo cultura en España

Asociación Española de Pintores y Escultores

 

Concepción Boter Torrens

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

Concepción Boter Torrens (Chita)

 

BOTER TORRENS (CHITA), Conchita   P     1933    BARCELONA     MATARO (B)    Calle Barcelona, 12, Mataró

Concepción Boter y Torrens o Torrents se inscribió en nuestra entidad en la sección de “Pintura”.

Socia de número nacida en Barcelona, y que era conocida como “Chita Boter”, como aparecía inscrita en los distintos certámenes en los que participó. En la ficha, aportó como dirección la Calle Barcelona, número 12 de Mataró.

Si bien en las fuentes consultadas aparece como que nació en Mataró, en el año 1900, y se desconoce la fecha de su muerte, tras una ardua investigación puedo afirmar que la artista nació en Barcelona, en el año 1899, y que falleció en Mataró, el 9 de septiembre de 1979, cuando contaba con 80 años de edad, y sin descendencia.

Poco conocemos de su vida personal, más allá del hecho de que tenía dos hermanos, Juan y María.

Su especialidad fueron las marinas, influida tal vez por la belleza de la costa de su ciudad natal.

En 1926 expuso cinco óleos en la Sociedad Artística y Literaria de Mataró, junto a otros artistas locales.

En marzo de 1930 realizó su primera exposición individual en la histórica Sala Parés de Barcelona, que la crítica recogió comentando que era una muestra …”sin grandes pretensiones, que presenta unas notas de color de tendencias impresionistas, que saben a pintura seria, y esto es muy recomendable para su actuación futura”.

También presentó la obra “Bodegón”, a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1930.

Barcas en la Playa de Mataró

 

Su labor expositiva continuó, con la muestra que llevó a cabo en junio de 1931 y posteriormente en 1933, en la sala La Pinacoteca, galería que abriera sus puertas en 1928. En aquellas exposiciones aparecía aún como Concepción Boter.

Presentó la obra titulada “Plaza de la Libertad (Mataró)” al Salón de Otoño de 1931.

En 1933 participó en el Salón de Otoño que convoca la Asociación de Pintores y Escultores, en la Sala de Artistas Catalanes, reseñando algunos medios “las finas notas” de la artista, o la afortunada autora de “Los eucaliptus”, “Playa de Tossa del Mar” y “Calle de Tossa del Mar”, mientras que otros comentaban que …”La Playa de Tossa, de la señorita Chita Boter, descarta, las pasadas creencias de la pintura de espíritu afeminado o monjil, que en arte equivale a ñoñería o mal gusto… Chita es la emoción sentida y transmitida en el mismo momento, y que produce el magnífico resultado de sus paisajes, de impresión rápida, gustosos de composición y de un sobrio colorido. La citada playa y los eucaliptos son buena muestra de la obra de esta muchacha”.

En 1934 participó en la Exposición de Primavera que organizaba la Junta Municipal de Exposiciones de Arte de Barcelona con la obra “Paisaje de San Andrés de Llavaneras”.

Ese mismo año, participó en una exposición celebrada en la Sala Busquets, con el grupo “Art Vivent”, junto a otros artistas como Bassa-Ribera, Clarasó, Farré, Gispert…

En febrero de 1935 inauguró una exposición individual en la Sala Busquets de Barcelona, junto al retratista cubano José Rovira y Soler. Exhibió cinco figuras, siete paisajes de Tarrasa y trece bodegones.

La prensa de la época recogió que “Concepción Boter presenta una serie de treinta telas, con un estilo subjetivo netamente femenino. Los temas del paisaje son únicamente los pretextos necesarios a su fantasía colorística, llena de ingenuidad, sin notas brillantes, que se ejercita a lo largo de una gama apagada, sin perfiles ni volúmenes acusados, pero con la huella visible de una íntima inquietud que da a sus pinceladas una graciosa inseguridad”. Y en otro medio se comenta que “las pinturas de la artista Concepción Boter, obtienen un señalado triunfo por el lirismo que caracteriza la obra de esta joven pintora”.

En octubre de ese mismo año, la Unión Gremial Mataronesa inauguró su sede local con una exposición de artistas locales en la que estaba también incluida Concepción.

En 1935 participó en el Salón de Artistas Aragoneses y un año después en la Exposición de Primavera de Barcelona, con la obra titulada “La balsa de la roca”.

De mañana llegan barcas

 

En 1959 expuso nuevamente en la galería La Pinacoteca de Barcelona, en donde presentó una selección de paisajes y marinas. La prensa recogió el hecho reseñando que es …”una muestra de la pintora, que por su temática juzgamos es hija del Maresme… nos presenta la artista una extensa colección de óleos sobre temas de playa y de bosque, más un interior con figuras. Barcas en descanso sobre la arena, escena que algunas veces se acompaña con la presencia de algunas siluetas de pescadores, espesos conjuntos de árboles, en los que los múltiples verdes de la vegetación se extienden en copiosas diferenciaciones, le sirven a Chita Boter para comunicarnos su visión tierna y emocionada de sus horizontes acostumbrados.  Desde luego, Concepción Boter siente mucho más el color que la forma y, con el color, la luz. En este sentido, es uno de los más felices momentos de esta exposición la escena de playa marcada con el número 3, donde la embriaguez lumínica hace vibrar toda la superficie del lienzo. Señalemos, también el paisaje número 6, con su vertical hilera de álamos temblorosos, y el número 10, en el que la sensación de la pequeña llanura del prado en que pacen las bestias está buscada con diáfano colorido”.

En octubre de 1962, y repitiendo en la sala La Pinacoteca de Barcelona, la prensa recogía que …”con una lírica prosa del escritor y pintor José María de Sucre… caracteriza la obra de la artista una atenta emotividad a los encantos específicos de la naturaleza en sus diversos aspectos y un entusiasmo innegable para su plasmación, que exagerado sería decir que está lograda plenamente en todas las realizaciones que ofrece la artista a nuestra consideración”.

Anuncio de la exposición de Conchita Boter de 1931

 

Como ya he reseñado al inicio de esta biografía, falleció a los 80 años de edad, el 9 de septiembre de 1979, en su domicilio de la Ronda d’Alfons X, El Savi, 50 de Mataró. Soltera, sin descendencia, después de una vida dedicada a la pintura.

Tiene obra en el Museo de Mataró, en el Museo Marítimo de Barcelona, en el Museo de Hospitalet y en el Museo de Badalona.

Concepción Boter Torrens y la AEPE

En el XI Salón de Otoño de 1931, apareció inscrita como Srta. Chisa Boter Torrens, natural de Barcelona. Reside en Mataró, Barcelona, 12.

393.- “Plaza de la Libertad (Mataró)”, óleo 0,58 x 0,54

En el XIII Salón de Otoño de 1933 figura inscrita como Srta. Chita Boter Torréns, natural de Barcelona. Vive en Mataró, Barcelona, 11.

90.- “Los eucaliptus”, óleo

110.- “Playa de Tossa del Mar (Gerona)”

174.- “Calle de Tossa del Mar” óleo

Detalle de la obra «De mañana llegan barcas» con la firma de la artista

Lo hemos vuelto a hacer

José Gabriel Astudillo López

Lo hemos vuelto a hacer. Lo hemos logrado.

Abrimos el mes de abril con la novedad de que hemos conseguido lanzar todas las bases de los certámenes y exposiciones que, a falta del Salón de Otoño, van a tener lugar a lo largo de todo el año 2021.

No es solo un triunfo de la Asociación Española de Pintores y Escultores, sino de todos y cada uno de sus socios, de sus amigos y de todos aquellos artistas que nos están apoyando desde hace ya tanto tiempo.

Sabéis que mi mayor preocupación siempre es poder ofrecer a los artistas  oportunidades en las que sus trabajos puedan ser exhibidos y mostrados al mundo. Todo ese talento no puede quedarse en casa.

Y sobre todo, y como artista que soy, al entender que es necesaria una planificación básica, proporcionaros toda la información que precisáis para decidir a qué convocatorias vais a presentar obra.

Finalizamos el año 2020 con las convocatorias del certamen Pintura de interiores: naturalezas muertas y bodegones, que tanto ha destacado por la calidad de los trabajos presentados, posibilitando que prorrogaran su exhibición, ampliándola en beneficio de todos. Y continuamos el mes de enero con la convocatoria del cartel anunciador del 88 Salón de Otoño, con la del VI Salón de Arte Abstracto, de Goya: 275 aniversario, el 58 Certamen de San Isidro, el XV Salón de Primavera de Valdepeñas, el importantísimo certamen Alfonso, Sabio de corazón, que tendrá lugar en Toledo, y otra edición de EScultura.

Y ahora, abriendo el mes de abril, cerraríamos el año con las convocatorias del VI Salón de Arte Realista, el VI Salón del Dibujo, Grabado e Ilustración, el 40 Certamen de Pequeño Formato y una nueva edición de Solo Arte.

Sin olvidar una nueva edición del PREMIO REINA SOFIA DE PINTURA Y ESCULTURA, que cuenta con la incondicional colaboración de GOOGLE.

No sólo somos una entidad de referencia en el panorama artístico español. Es que nos hemos convertido en la única entidad que genera cultura y arte en España. Sí, lo sé, estamos en pandemia. Pero nuestra apuesta por el arte y la cultura la afrontamos en solitario y con unos medios escasos frente a quienes teniéndolo todo, desmerecen el esfuerzo y trabajo ingentes que conlleva.

Y eso sólo es posible, gracias a vosotros, los socios, sin cuya inquietud no podríamos seguir adelante. Muchas gracias.

La AEPE rinde homenaje a Goya depositando una corona de laurel en su tumba

El 30 de marzo de 1928, coincidiendo con el primer centenario de la muerte de Francisco de Goya y Lucientes, la Asociación Española de Pintores y Escultores rindió su tributo de admiración al gran pintor aragonés.

El entonces Presidente, Eduardo Chicharro, acompañado de un gran número de artistas, entre los que se encontraban representaciones de todas las manifestaciones del Arte, depositó una corona de laurel en la tumba de Goya, acto con el que se puso fin a los ya celebrados en honor del genial artista aragonés.

Este año 2021, celebramos el 275 aniversario de su nacimiento tal día como hoy, 30 de marzo, motivo más que suficiente para que la actual Junta Directiva, encabezada por José Gabriel Astudillo López, su actual Presidente, vuelva la vista al santuario donde reposa el genio.

De izquierda a derecha: Ana Martínez, Fernando de Marta, Emilio del Río, en representación del Ayuntamiento de Madrid, José Gabriel Astudillo López, Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores y Antonio Téllez

 

Como quiera que la situación de pandemia que vivimos no ha hecho posible la concentración de un número de personas en el interior de la Ermita, al pie de su tumba misma, la corona de laurel y el homenaje al artista, se ha llevado a cabo al pie de la estatua que frente a la ermita se levanta, al aire libre.

El acto lo ha abierto el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, quien ha referido que “Hoy como ayer, rendimos merecido tributo al aragonés de nacimiento, al madrileño de adopción artística, a la figura de la pintura, al mundial artista y genio universal que lo fue todo en el mundo del arte.

Imagen aparecida en el Blanco y Negro del 6 de mayo de 1928

 

Repito las palabras que en su día el maestro Chicharro dijo aquí mismo al depositar la corona: “Enséñanos, ilumínanos, inspíranos tú, que eres grande”.

Con inmenso honor estamos representadas aquí todas las artes: pintura, escultura, arquitectura, danza, música, literatura, fotografía, cine y artes tecnológicas (Tv, publicidad, diseño gráfico….), rindiendo tributo merecido y justo a quien fue un creador de belleza incomparable, popular, magnífico compositor de coloraciones orquestales y fantásticas, de conceptos universales.

Goya es una figura clave para entender a España, como lo son el Romancero, Cervantes, El Escorial… Goya es un antes y un después en la manera de entender a España, que exportamos al mundo con orgullo, que el mundo reconoce y aclama y al que recordamos agradecidos depositando una sencilla corona de laurel ante su tumba.

Es un acto simple, pero a veces olvidamos que gestos como el de hoy y otras pequeñas cosas, son las que logran llenar las carencias y omisiones de una España que debe mirar hacia delante, sí, pero que mientras escribe el presente, no puede prescindir del pasado y su aportación.

En esta corona que hoy depositamos a los pies del artista, están representados quienes por imposibilidad de la pandemia y por otras causas de fuerza mayor no han podido asistir, y por supuesto, todos los que aquí se encuentran. Instituciones como el Ayuntamiento de Madrid, la Comunidad de Madrid, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el Museo del Prado, los Padres Escolapios, y grandes artistas de todas las ramas creativas, a los que tanto el Socio de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores, Javier Sierra, como yo, representamos y depositamos en nombre de todos ellos, este tributo”.

Representando al Alcalde y a la Concejala de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, que no han podido acudir al acto por encontrarse celebrando el pleno, ha dirigido una escuetas palabras Emilio del Río, sumándose a un homenaje sencillo y sentido no sólo de los artistas, sino de toda la ciudad de Madrid, a la que engrandeció.

Y sin más, el Presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, ha colocado la corona de laurel ante la estatua de Francisco de Goya, por la que han ido desfilando una amplia representación del mundo del arte que acompañaba a la centenaria entidad, como los Padres Escolapios, representados por el Padre Zacarías Blanco, Rector de la casa en la capital, quienes también estuvieron presentes en el acto de 1928.

Emilio del Río, en representación del Ayuntamiento de Madrid, José Gabriel Astudillo López, Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores y Antonio Téllez

 

Una vez han desfilado ante la escultura, los presentes se han dirigido al interior de la Ermita de San Antonio de la Florida, ante cuya tumba han depositado finalmente la corona y en lugar de flores, han querido llevar pinceles, que han quedado allí como prueba del testimonio de los artistas de todo el mundo.

 José Gabriel Astudillo López, Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores ha depositado la corona en el interior de la ermita de San Antonio de la Florida y ha cubierto la lápida de Goya de pinceles

 

 

Llamamiento de la AEPE a todas las Artes en el homenaje a Goya

La Asociación Española de Pintores y Escultores, a través de su Presidente, José Gabriel Astudillo López, y de la Secretaria General, Mª Dolores Barreda Pérez, invitan a todos los artistas al acto homenaje que el día 30 de marzo, a las 12 h., va a realizar la centenaria entidad, en el que depositaremos una corona de laurel en el Monumento a Francisco de Goya, situado en la Glorieta de San Antonio de la Florida, 3, con motivo del 275 aniversario de su nacimiento.

Hace 93 años, y coincidiendo con el primer centenario de la muerte del genial artista Francisco de Goya, la Asociación Española de Pintores y Escultores le rindió un homenaje al pie de su tumba, custodiada en la Ermita de San Antonio de la Florida.  Allí se reunieron una representación de todas las manifestaciones del arte, para rendir tributo al artista aragonés.

Como quiera que la situación de pandemia que vivimos no hace posible la concentración de un número de personas en el interior de la Ermita, hemos estimado oportuno que la corona de laurel y el homenaje al artista, se lleve a cabo al pie de la estatua que frente a la ermita se levanta, al aire libre, posibilitando así que pueda acudir una representación más digna y estudiada.

Os invitamos a uniros al acto sencillo, en el que Madrid, España, recuerde a uno de sus más grandes genios artísticos. Para nosotros, para el mundo del arte en general, será un placer poder contar con vuestra  asistencia.

 

 

LLAMAMIENTO A TODAS LAS ARTES,

CON MOTIVO DEL ACTO DE HOMENAJE A FRANCISCO DE GOYA,

POR EL 275 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO

 

Goya lo fue todo. Goya lo pintó todo

 

El 30 de marzo de 1928 el entonces Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, Eduardo Chicharro, acompañado de un gran número de artistas entre los que se encontraban representaciones de todas las manifestaciones del Arte, rodeado de las primeras firmas españolas, depositó una corona de laurel en la tumba de Goya, acto con el que se ponía fin a los celebrados en honor del genial artista aragonés.

Noventa y tres años después, la Asociación Española de Pintores y Escultores, encabezada por su Presidente, José Gabriel Astudillo López, convoca a los representantes de todas las Artes a unirse al homenaje a Francisco de Goya y Lucientes, en conmemoración del 275 aniversario de su nacimiento.

Nos proponemos hacer un sencillo acto que tendrá lugar el día 30 de marzo, ante el Monumento a Francisco de Goya, obra del pintor, escultor y también socio de la AEPE, José Llaneces, situado en la Glorieta de San Antonio de la Florida, 3, frente a la ermita donde tras cuatro sepulturas, descansa finalmente el cuerpo del inmortal genio español.

Como quiera que la situación de pandemia que vivimos no hace posible la concentración de un número de personas en el interior de la Ermita, al pie de su tumba, creemos oportuno que la corona de laurel y el homenaje al artista, se lleve a cabo al pie de la estatua que frente a la ermita se levanta, al aire libre, posibilitando así que pueda acudir una representación más digna y estudiada.

Como ha publicado en alguna ocasión el periodista Javier Sierra, “los homenajes requieren presencia. Se recuerda a los que no están, estando… Hay que llevar flores a sus tumbas”… y eso es precisamente lo que nos proponemos: depositar una corona de laurel ante la cuarta y última tumba del descabezado genio.

Buscamos desagraviar la memoria perdida, con esta cultura del recuerdo con la que paliar las omisiones y carencias de un acontecimiento que debería haber brillado con luz propia en el panorama mundial artístico, honrando a un gran talento.

Vivimos una época privada de manifiestos del arte actual, que olvida el pasado y no sabe rendir honores a quienes nos precedieron e hicieron grande el arte. Hay que mirar hacia delante, sí, pero mientras escribimos el presente es imprescindible contar con el pasado y su aportación.

Es este un homenaje a Goya, como genio singular nacido en España, y a cuanto pueda enaltecer su memoria y hacernos conocer su personalidad, su retrato, de una parte y de otra, muestras de su obra pasional y humana en todas las facetas que podamos imaginar:

Si hablamos de su arte religioso, decorativo y grandilocuente, así lo requieren las bóvedas del Pilar de Zaragoza y los medios puntos de Cádiz.

Si lo hacemos de su lado dramático y expresivo, nos encontramos con las cabezas del Cristo crucificado y el San José de Calasanz.

Ante la trágica conmoción de la revolución francesa, en desgarro de patética resignación, casi patriótico, pensamos en los mártires de los fusilamientos.

Y como ningún artista de su época le supera en ternura, tenemos presente a la Sagrada Familia, del Museo del Prado.

Si nos centramos en su ascetismo amargo, recurrimos al San Jerónimo.

Si pinta desnudos, nos da la Maja.

Si se trata de costumbrismo, nos deslumbra con la viveza cromática de El quitasol y de sus cartones para tapices.

La penetración psicológica que logra en sus retratos se refleja en el de la Marquesa de Santa Cruz o la Duquesa de Alba.

La imaginación de sus mitologías y alegorías se muestra en El Rapto de Europa.

La fascinación llega de la mano de los Caprichos.

La insólita y aguda sensibilidad social se adivina en los grabados y dibujos, pura sátira como se aprecia en Los horrores de la guerra, en donde destaca la solidaridad por el hombre corriente y el compromiso con la libertad de la conciencia individual, de sorprendente modernidad.

Si hace filosofía, nos da sus Aguafuertes.

Y si, adelantado a su tiempo, buscamos el tema social, nos muestra los vicios económicos, sociales y políticos más acuciantes de la España de su época, junto a la estupidez, los excesos de la guerra, la violencia, el oscurantismo y la superstición.

El conjunto urbano lo aporta en obras como La pradera de San Isidro, pero es en La Pirámide, donde experimenta con la arquitectura con verdadera primicia de la ilustración en España.

Y como hombre culto, muy bien informado, al día de todos los avances, no sólo técnicos como demostraría, sino que compartía absolutamente los avances científicos, filosóficos y artísticos de su época, encontramos al Goya de las nuevas tecnologías.

No podemos olvidar la presencia de Goya en las obras literarias de Vicente Blasco Ibáñez o de Christa Wolf.

Al Goya de los cómics de Olmos, Smudja y Bleys & Bozonnet.

La tradición goyesca de la «España Negra» y su reflejo en ensayistas del siglo XX.

Al Goya en la obra de compositores musicales como Granados.

Al Goya presente en la Jota aragonesa.

Al Goya en los «tableaux vivant» cinematográficos, en el cine de terror, en el NO-DO o en películas concretas como Bruc: el desafío.

Y, finalmente, a Goya en la fotografía de Laurent.

Goya, desde su propio tiempo histórico, ha sido un inagotable tema para la creación literaria hasta el punto que puede sostenerse que su biografía y su obra constituyen el asunto hispánico de mayor proyección en la literatura universal.

Y lo que es indudable es que en toda su obra, Goya se muestra como un hombre ilustrado, amante de las libertades y un auténtico humanista.

Dibujante, pintor, grabador, escrutador de la vida española y comentador de sus aspectos, con un vigor insólito, no ha habido más que un Goya.

 

Madrid, a 30 de marzo de 2021

 

José Gabriel Astudillo López                Mª Dolores Barreda Pérez

Presidente                                                                   Secretaria General

Asociación Española de Pintores y Escultores 

Jesús Alcolea expone en el Museo Cromática de Toledo

El próximo 27 de marzo, abre sus puertas al público en la mágica ciudad de Toledo un museo único en el mundo, el primer museo del instrumento pintado, el museo Cromática.

Un concepto diferente de Museo que sorprenderá al público por su emplazamiento, historia, originalidad, belleza y su nivel de obras expuestas, realizadas por grandes y reconocidos artistas nacionales o internacionales.

Jesús Alcolea tiene el honor de inaugurar el Museo Cromática, con una exposición individual que se suman a las piezas del museo, en la que presenta «Iconos de la Música». Una colección de obras en la que lleva trabajando los últimos dos años y medio, en la que rinde homenaje a grandes iconos que dejaron huella en la música, uniendo sus dos pasiones, la música y la pintura. Una de las obras de esta colección se presentó al certamen Puro Arte de la AEPE, obteniendo una Mención de Honor.

Obras formadas únicamente por «Diminutos» en una representación a través de lo humano, dotadas de una fuerza colosal.

Un gran muestra a la que el artista nos invita.

El proyecto del Museo Cromática de Toledo nace en 2019 de la mano de su director y fundador Luis Garcia-Cid, Gerente de Instrumentos Musicales Garcia-Cid, empresa y familia Toledana, dedicada a la fabricación y venta de instrumentos desde 1875, generación tras generación.

Una vida dedicada al instrumento y la admiración por la belleza del mismo, dio paso a la idea de combinar artes, uniendo la música y la pintura, forjando un sueño que culmina con este museo, que como no podía ser de otra forma,  se tenía que emplazar en un lugar mágico como es Toledo.

El Museo Cromática es un concepto diferente de museo, en el que el instrumento, bello de por sí, es utilizado como lienzo por grandes y reconocidos artistas nacionales e internacionales, dando como resultado una pieza única y genuina que pasa de ser una obra de arte, al calificativo de joya, por su gran elegancia y belleza.

Un espacio expositivo que sorprenderá al público por la calidad y exclusividad de sus obras a cargo de un elenco de reconocidos artistas, como Teruhiro Ando, Enrique Donoso, Stephanie Chang, Manuel Luna, Ciscu Tamayo, Aarón Izquierdo, Saúl Gil, Tomás Castaño, Elena Díaz, Carmen Alquezar, Olivier Malagnas, Dalila y Jesús Alcolea, por citar solo algunos.

Este Museo se ubica dentro del convento de clausura de la Orden de la Inmaculada Concepción, y fue fundado por Santa Beatriz de Silva en 1484.

Situado dentro de los Palacios de Galiana, este Monasterio desde su fundación ha sido protagonista de grandes acontecimientos históricos, que han ido dejando una huella imborrable para la posteridad.

Por este convento pasaron y vivieron Abderramán III, Carlo Magno, El Cid, Alfonso VI, Fernando III el Santo, nació Alfonso X el sabio, estuvo dos años escondido San Juan de la Cruz, fue enterrada Santa Beatriz de Silva y parte del convento lo reconstruyó, Isabel la Catolica. Sin lugar a dudas, un lugar que guarda mil historias y misterios.

El museo se encuentra en la Plaza de la Concepción,en pleno centro de Toledo y está rodeado de lugares de notable interés históricos y artísticos.

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