¡Nadie somos demasiado buenos!

La bondad es una forma de inteligencia y la inteligencia es la máxima aspiración de la belleza. Así, la bondad resulta el estadio más elevado de la belleza. En ocasiones, escuchamos: ¡fulano o zutano es demasiado bueno! Nunca somos demasiado buenos, ya es muy complicado ser bueno, de modo que… La bondad se ha consensuado como <natural inclinación a hacer el bien>. Pero, eso es generalista y ambiguo en exceso.
La bondad no es una actitud religiosa, ni moral. Es aptitud humana y, en consecuencia, es una decisión de nuestra inteligencia respecto a nuestro desarrollo existencial, que hay que cultivar, convirtiéndola en permanente. Es tal la sensibilidad, o se posee o se carece de ella. No podemos ser sensibles a ratos o a capricho. ¡Atención a las palabras! Ludwig Wittgenstein, Investigaciones Filosóficas, pág. 109, escribe: “La filosofía es una lucha contra el embrujamiento de nuestro entendimiento por medio del lenguaje”.

Ludwig Wittgenstein
El bien se arracima en acciones éticas que generan impacto positivo en el otro, o en el grupo, sin esperar beneficio. Por asimilación se puede equiparar al mecenazgo, ayuda desinteresada, diferente al patrocinio, aportación que espera un retorno productivo. Son dos acciones fantásticas, pero distintas. La idea del bien es un concepto platónico. Platón lo ubica en la cúspide de su teoría de las ideas y lo identifica con el sol. ¡Cómo no va a ser una iluminación generativa el hecho de un bien en favor del prójimo!
La inteligencia no se explica desde un aserto expletivo, sino en acciones positivas concretas. Y exige ciertas características inmanentes. Es decir, un narcisista, un demagogo, una persona sometida a consignas, obedeciendo a ideologías, las que sean, per se, no puede ser bueno. Está incapacitado para ello por mucho que trasvista su proceder. Está condenado al servilismo por encima de todo, porque si no lo hace, estará fuera de ese círculo, grupo o mafia. Los gregarios tienen una función determinada, no pueden destacar, tienen que colaborar en la beatificación del patrón.
María Negroni, con poesía inicial muy fina, se ha demasiado y el que mucho abarca poco aprieta. No embargante, en un librito lleno de sorpresas, Pequeño mundo ilustrado, nos define algo mágico y real con una consigna memorable: “Todo narcisista fue antes un ser abandonado”.

Portada del libro Pequeño mundo ilustrado, de María Negroni
Sin dignidad no hay persona, ni entidad de ser. La dignidad ahorma la personalidad. La dignidad está directamente relacionada con los principios humanistas, con el respeto a los derechos humanos, con la decencia, con la limpidez. Se puede servir a un tiempo a Dios y al diablo, pero eso dista muy mucho del bien y la bondad. No debemos confundir la astucia con la inteligencia. Hay quien vive surfeando y se va salvando, sin tener en cuenta la libertad, ni el respeto a los otros. La pillería ayuda a ir tirando, pero es ajena a la dignidad de la persona, a la transparencia que exige la bondad.
Es cierto que, muchos congéneres no se plantean estas cuestiones y aspiran a vivir y medrar de cualquier manera con tal de flotar como un corcho. Y lo consiguen. ¿Puede ser un embustero, bueno? ¿Y un servil, adulador o seguidista? De toda evidencia, no. En la presentación del nuevo fiasco del “Reina Sofía”, dijo el ministro de Cultura, Ernest Urtasun: “Lo que presentamos hoy es una apuesta de gran trascendencia”. Se refería a la colección que pretende mostrar el arte surgido en España entre “1975 y el presente”. No sé si el Sr. Urtasun es más sectario que ignorante o más estulto que servilón.
Alguien que haya sido testigo del arte de ese tiempo, o lo haya estudiado con atención, verá que en esa nueva colectiva de cientos de cuadritos, no se refleja la historia, ni la realidad a la que se alude. Sin entrar en el desastre de montaje, ni en la torpeza de la selección. La crítica se ha dedicado, en mayoría, a atizar a Borja-Villel, a excepción de Fernando Castro y Ángela Molina, que atizan a Segade y su corte interminable de colaboradores. ¿Hace falta tanta gente para este resultado excéntrico y extemporáneo?
Cuando se comienza a ver el menú, que nos han preparado los nuevos genios de la museografía, uno va de susto en sobresalto, dando tumbos a cada capítulo, aburriéndose cada vez más hasta anhelar que aquello acabe y salir corriendo a respirar. Ya, desde el ascensor, la panorámica nos va dando aire. No se trata de números, ni de cuántas mujeres u hombres hay, sino de falta de empatía con el arte. ¿De verdad, ese conjunto triste resume los últimos cincuenta años del arte surgido en España y Latinoamérica?
La fechoría comienza con una fotocopia de Hermano lobo, un Genovés d’art pompier, un Concha Jérez y una obra del realismo social de Rafael Canogar. ¿Y no ha hecho nada más Canogar en cincuenta años, puesto que sigue ahí, vivito y trabajando? Picasso fallece en 1973, pero aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, ahí está presente con los grabados que vandalizaron los Guerrilleros de Cristo Rey en Theo en 1975. ¿En eso que vemos ha gastado el dinero público el “Reina Sofia”? ¡Vaya fiasco!
Gran parte de las reseñas, corta y pega de las notas de presentación del museo, reclaman la presencia de Jaume Plensa. No resto un ápice del interés de su obra, sobrevalorada y tan comercializada. No se trata de un nombre sólo. ¿No tiene el MNCARS un buen Sicilia del final de los ochenta, un gran Gordillo, algo de la Escuela de Madrid, alguna huella de realismo? El antefinal, una abundancia injustificada de gallegos, desconcierta con una ceremonia de la confusión. ¿Qué ha costado este innoble ejercicio de frustración e intento de originalidad?
Ángela Molina, El País 7.III.26, asegura: “La nueva presentación de las colecciones del Reina Sofía liquida los tres lustros de Manuel Borja-Villel al frente del museo, una etapa que lo situó en un circuito internacional de debate y cultura crítica”. Y líneas más abajo remata: “La apuesta de Segade delata la persistente adolescencia de la institución, no la madurez que llegó a conquistar”. ¿En qué fuentes apoya esta opinión? El caso es que, tras esta guerra de afectos y desafectos, la casa sigue sin barrer y el “Reina” continúa siendo una entelequia que el Sr. Urtasun ve como “una apuesta de gran trascendencia”.

Platón, Jusepe Ribera, 1637
La incompetencia, el fracaso de gestión del ministro de Cultura es incontestable, con cifras elocuentes. España ha generado cultura para el ámbito internacional, en varios y largos tramos de su historia, dejar esa fuente de energía existencial y económica en manos tan torpes y sectarias es un puro disparate. ¿Qué ha hecho el Sr. Urtasun con el Estatuto del Artista, la reforma del INAEM, las subvenciones de la Fundación Gitana, la Ley del Cine, el IVA al 21% a las galerías? Sus obsesiones: la tauromaquia, el cambio climático, la igualdad y la descolonización de los muesos, tampoco parecen resueltas a pesar de su grosera tenacidad contra los toros. En Luciérnagas apunta Rabindranath Tagore: “El sectario cree / que posee el mar / en su estanque privado”.
En entrevista a Manuel Borja-Villel, El País 12.II.26, afirmaba el insigne historiador: “El museo actual está basado en la violencia, la precariedad y la jerarquía […]Cuidar las instituciones es cuestionarlas. Y no podemos olvidar qué es lo que cuidamos: estructuras coloniales, basadas en la rapiña sistemática”. Borja-Villel tuvo ocasión de llevar a cabo algunas de estas consignas, pero los resultados no han sido brillantes, ni consistentes. Además, cuando habla de descolonizar, no hace referencia alguna a los bienes de Sigena, secuestrados por el MNAC, en contra de una resolución del T.S. Borja-Villel es un extraordinario estratega, sabe cómo articular redes de cobijo y suele dejar peones por donde pasa, pero no es un pensador y eso deturpa sus aspiraciones.

Tapa libro Rabindranath Tagore
Hay que distinguir el buenismo de la bondad. El buenismo es una actividad ingenua, que trata de evitar la responsabilidad, el sentido común o la evidencia de la realidad. No es lo mismo aspirar a la belleza a través de la inteligencia que emitir ocurrencias para eludir la responsabilidad, simulando lo que no se es. ¡Bastante castigo tiene aquel que miente, sistemáticamente, sin inmutarse, sabiendo que carece de dignidad; y si no lo sabe, peor aún, porque entonces, además de malo, es tonto!
Tomás Paredes
Presidente H. de AICA Spain