El socio Ricardo Aparicio ha sido entrevistado por la Revista Placet, el 4 de marzo de 2026, donde hace referencia a las últimas obras que ha pintado y muestra su particular punto de vista con respecto a mantener su esencia de expresionismo de raíces mediterráneas.
Mientras Madrid se rinde al frenesí de ARCO, el pintor y escultor Ricardo Aparicio reivindica desde su taller madrileño la figura del artista que «vende lo que pinta» y no al revés, manteniéndose fiel a un expresionismo de raíces mediterráneas.
- La ética del artista frente al mercado: Inspirado por la máxima de Picasso, Aparicio defiende una trayectoria de lealtad absoluta a su visión personal, rechazando las modas pasajeras para buscar la «esencia secreta de las cosas».
- El Mediterráneo como refugio emocional: Desde los olivos cordobeses hasta el azul del mar, su obra actual se nutre de los paisajes del sur, transformando el recuerdo y el sentimiento en pinceladas gruesas y trazos vibrantes.
- Madrid como epicentro creativo: Instalado en su estudio madrileño desde 2004, el artista vive la semana del arte como un espectador activo que busca en las ferias la diversidad y los nuevos lenguajes, sin perder su identidad propia.
En pleno corazón de la ebullición artística madrileña, donde las ferias como ARCO dictan el pulso de las tendencias, Ricardo Aparicio representa la resistencia del artista de estudio. Para él, el arte no es una concesión al comprador, sino una necesidad de comunicación innata. «Un artista vende lo que pinta», afirma con la rotundidad de quien lleva dos décadas destilando su estilo en la capital.
Su evolución pictórica es un viaje de ida y vuelta al sur. Lo que comenzó como una búsqueda en las plazas de toros derivó en una fascinación por la dehesa, los olivos andaluces y, finalmente, el horizonte infinito del Mediterráneo. En sus lienzos más recientes —atardeceres en el campo y el mar—, el realismo desaparece para dar paso a un expresionismo visceral. La pincelada se vuelve gruesa, el trazo pasa de lo sutil a lo difuminado y el color se convierte en el único protagonista.
Aparicio no busca el equilibrio ni el placer estético vacuo; su obra es un filtro de sentimientos que se entrega al espectador para que sea este quien complete la experiencia. «No podemos hablar de bonito o feo», explica el artista, cuya técnica puede resultar tan relajante como agresiva, dependiendo de la mirada de quien se ponga frente a sus cuadros.
Aparicio vive el mes del arte con la curiosidad de quien sabe que «todo artista nace del anterior». Con referentes que van desde la maestría de Da Vinci hasta la fuerza de Barceló, pasando por la luz de Pissarro, Chagall y Cézanne, el pintor sigue recorriendo las ferias de Madrid buscando ese impulso que nos hace pararnos frente a una obra: la necesidad humana de conectar. Mientras el mundo del arte debate sobre precios y nombres propios, Ricardo Aparicio regresa a su estudio cargado de sentimientos, listo para seguir mirando a ese horizonte donde, según él, «está el todo o la nada».
Javier Estrada
Periodista
Director cultural PLÁCET












































