Matilde Calvo Rodero

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

 

Matilde Calvo Rodero

CALVO RODERO, Matilde            P            1918             MADRID        MADRID

 

Matilde Calvo Rodero fue una pintora, escultora y maestra del grabado y la encuadernación que nació en Madrid, en 1899.

Hija de María Anunciación Rodero Domínguez (1874-1961) y de Gaspar Cástor Calvo Rodero, quien fuera subdirector de Tabacalera en Madrid. El matrimonio tuvo seis hijas y un hijo: Josefa, Carmen, Matilde, Rosalía, Isabel (maestra superior y socia de la Real Sociedad Española de Historia Natural, nombrada mecanógrafa-calculadora del Instituto Geográfico y Catastral), Pilar (maestra de la Sección Primera del Instituto-Escuela, cronista de moda y decoración, discípula de José Planés entre 1939 y 1941, que ingresó en la Escuela de Bellas Artes en 1942 y participó en numerosas muestras, siendo reconocida con una tercera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid) y Rafael.

La familia Calvo Rodero vivía en la calle Juan de Mena, número 16, muy próxima al Museo del Prado.

La desahogada situación económica de la familia permitió una esmerada educación y formación de las hijas, lo que denotaba la amplitud de miras del matrimonio.

En 1915 estaba matriculada en la Escuela de San Fernando cursando cuatro o cinco materias al año, reincidiendo en Perspectiva, Anatomía, Paisaje, Dibujo del Antiguo y Ropajes.

En 1918 se matriculó en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado. Fueron años de aprendizaje provechosos, sobre todo por su entrega al estudio y práctica de las materias en las que obtuvo altas calificaciones y reconocimientos.

En 1918 y 1919 logró el Premio en Pintura decorativa.

En 1919 obtuvo el Premio en Estudios del colorido  la Medalla y premio metálico en Grabado en dulce.

Durante su formación, conoció a Victorina Durán, a la que uniría algo más que una estrecha amistad y con quien compartió estudio de arte, ubicado en una terraza del primer número de la calle Ventura de la Vega, esquina a la Carrera de San Jerónimo, financiado por el padre de Calvo.

En 1920 participó en el Primer Salón de Otoño de Artistas Independientes fundado por la Asociación de Pintores y Escultores.

En el curso de 1922-23, se matriculó en la Escuela de San Fernando, formando parte de una promoción en la que estaban alumnos como Milagros Tercero, Encarnación Rubio y Gómez, Ana María Gómez González Mallo de Viveiro, luego conocida como Maruja Mallo, Matilde Calvo y Rodero, María Luisa Pérez Herrero, Victorina Durán Cebrián, Jesusa Torres Cañamares, Ana María Jiménez Cerra y Antonia Rodríguez Navarro, casi todas ellas, miembros de la Asociación de Pintores y Escultores, así como Rosa Chacel o Timoteo Pérez Rubio.

En esa época, sus amigas la bautizaron como “la princesa del dólar”, ya que solía ayudar a aquellos compañeros que no tenían posibilidad de comprar materiales, como hacía con Gregorio Prieto, miembro también de la AEPE.

Además de la titulación como artista, prolongó sus estudios unos meses para obtener el título universitario de profesor de Dibujo, que le permitiría en el futuro ejercer la docencia oficial y ganarse la vida con el arte.

Matilde pasaba los veranos en Galicia, Cantabria y Portugal, y realizaba amplias excursiones por la sierra madrileña junto a su amiga Victorina Durán.

En 1922 concurrió a la Exposición Nacional de Bellas Artes, siendo propuesta para los premios de grabado por la obra “Jardín romántico”,  tal y como recogió el diario El Sol.

Por su parte, la Revista de Bellas Artes del mes de junio, dedicó una página que incluía un aguafuerte, a la “notable artista, pintora y grabadora, discípula de la Escuela de San Fernando de Madrid. Matilde Calvo Rodero ha presentado unas pruebas de aguafuerte en la actual Exposición Nacional, que merecen la atención de los que gustan seguir los comienzos de los que practican el grabado al aguafuerte. Esta joven e inteligente artista nació en Madrid el año 1899, siendo por lo tanto, muy simpático el que en tan poco tiempo se haya manifestado tan notablemente, lo mismo en pintura que en el grabado. En los pocos años que lleva de vida, ha hecho verdaderos progresos como alumna en la Escuela de San Fernando, habiendo obtenido premios en las clases de Arte decorativo, en la de Estética del color, y medalla y premio en la de Grabado en dulce; ha asistido a los dos Salones de Otoño de Madrid, en los cuales se distinguió, como así en una particular que celebró en el Salón del Ateneo de Madrid; y en la actual Exposición Nacional ha obtenido, aunque modesto, el premio de una Bolsa de viaje.

La técnica de esta señorita artista se manifiesta de una manera agradable de ejecución, de una forma de rayar sus grabados algo a lo de los dibujantes que manejan mucho el carbón para hacer ilustraciones, y por ello vemos en sus aguafuertes una tonalidad en la que predominan sombras planas sobre el rayado; también puede ser esta tendencia de no dejar el rayado limpio y concreto, a la influencia de ciertas tendencias, hoy puestas en moda por algunos aguafortistas, equivocados desde luego en este concepto, y que, en Matilde Calvo no es sino una inocencia de aprendizaje que sabrá dejar, a medida que siga trabajando. Aparte de esas influencias, natural cuando se está en los primeros años, esta artista nos demuestra con sus trabajos un temperamento nada común en el sexo a que pertenece… esta artista, por el contrario, ella busca, se ve en sus actuales obras, la manera de tener un carácter propio que exprese su estado de alma, indudablemente de artista muy aceptable.”

Otros diarios del momento también destacaron los aguafuertes que la artista presentó a la Exposición Nacional.

En 1923 se presentó al concurso de aguafuertes del Círculo de Bellas Artes, donde coincidió con prestigiosas firmas en esta técnica como Castro Gil, Pedraza Ostos, Espinós Gisbert o Pilar Zamora. Así lo recogía La Moda elegante de principios de ese año.

En marzo de 1923 concurrió al Concurso Nacional de Pintura relacionada con las Artes Industriales, donde logró premio de 1.000 pesetas por su proyecto de friso cerámico en la sección “Cerámica sobre superficie plana, esmaltes y vidriería”.

Rafael Doménech, miembro de la AEPE, concedió el 5 de junio de 1923 a Matilde Calvo Rodero los diplomas de Estudio de los Métodos y Procedimientos de Enseñanza de Dibujo y del Arte en los centros de Enseñanza primaria y secundaria del Extranjero.

En 1924 se presentó al Concurso de dibujos para alfombras que organizó la Casa de Suárez, cuyo propósito era la creación de nuevos motivos para las alfombras de nudo. Pese a no lograr ningún premio, la prensa del momento destacaba que el jurado estimó como de mérito y recomendó por encontrar en ellos aciertos indudables, los trabajos de Matilde Calvo Rodero y Victorina Durán.

Ese mismo año presentó a la Exposición Nacional de Bellas Artes un tapiz que la prensa destacó sucintamente, pero con el que ganó una Bolsa de viaje y 500 pesetas en la sección de Arte Decorativo.

En 1925 ganó un premio de 1.000 pesetas en el Concurso Nacional de Arte Decorativo, al que presentó un proyecto de fuente para jardín en colaboración con Enrique González Edo, siendo recogido por los diarios y revistas.

 

Firma autógrafa de la artista

 

Acudió también a la Exposición Internacional de Artes Decorativas celebrada en París en 1925, y a la Exposición Nacional de Arte Decorativo, Arquitectura y Grabado de París, donde consiguió Diploma de Honor y Medalla de Plata con siete encuadernaciones artísticas en piel de las obras Vita Nova, Manon Lescaut, La dama de las camelias, Tratado de técnica ornamental, La luna nueva, Hernán y Dorotea y Salomé.

Reproducción aparecida en Gran Vida, 1927

 

También presentó obra a la Exposición Nacional de Artes Decorativas de 1926, reseñando la prensa de la época “la obra bien ejecutada y bien compuesta de Matilde Calvo Rodero, su cubierta de cuero repujado con aplicaciones”… o “merecen consideración las trece encuadernaciones y otros dos fragmentos de zoculada de Matilde Calvo Rodero, que acreditan sus condiciones de excelente docoradora”.

En diciembre de 1926 realizó una exposición junto a Victorina Durán en el Club Femenino Liceum, ya que fueron fundadoras de la institución fundada por María de Maeztu. Se trató de una colección de objetos y cuadros: batiks, aguafuertes, óleos, marcos, carpetas de escritorio, muñecos, tarjetones de pergamino, almanaques, limpiaplumas y cubiertas de libros. Los diarios destacaron que eran “en su mayor parte cubiertas para libros y encuadernaciones de excelente gusto”, de “dos artistas ya conocidas en los centros artísticos por haber sido laureadas en diferentes concursos nacionales. Matilde es una excelente grabadora que une al conocimiento de la técnica una fina intuición para el adorno”… “artistas cuya incesante actividad nos permite con frecuencia podernos recrear en sus obras, dignas siempre de elogio, porque demuestran un depurado sentido estético”… “Las numerosas obras que exponen en encuadernaciones en tela y cuero, en tapices y marcos, prueban que las artistas están dotadas de sensibilidad exquisita y tienen una apreciación sutil y opulenta de su arte. La esplendidez de colorido y la elegancia de línea que caracteriza muchas de las obras exhibidas muestran cuan bien saben sentir color y forma. Con no menos exquisita técnica aparecen ejecutadas las aguafuertes que avaloran y enriquecen la exposición”…

Jardín romántico, aguafuerte

 

En 1927 participó en la III Exposición Internacional de Artes Decorativas de Monza. Por aquella época mantenía estrechas relaciones con el Museo de Artes Industriales, actual Museo Nacional de Artes Industriales (denominación primera del actual Museo Nacional de Artes Decorativas), y con su círculo de artistas, diseñadores e intelectuales como Rafael Doménech, Pérez Dolz, Muñoz Dueñas, Victorina Durán… socios de la AEPE. De hecho, el Museo participó en la Exposición de Monza, y su director y equipo técnico formaron parte de la comisión organizadora de la del 25, recibiendo en sus colecciones parte de lo mostrado en el pabellón español.

 

Empleados en el Museo Nacional de Artes Industriales, 1921. De izq. a der.: sentados, Gregorio Muñoz Dueñas y Rafael Doménech; de pie, Francisco Pérez Dolz, Matilde Calvo Rodero, Lluís Montané, Luis Fernández, Victorina Durán y Rigoberto Soler. MNAD

 

En 1926 concurrió junto  a Victorina Durán, al Premio Guadalerzas de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, creado en memoria de su fundador, Emilio Nieto, marqués de Guadalerzas y académico de número. En él se convocaba a los artistas a presentar sus obras en “Tapas de cuero repujado, con colores y matices metálicos, apropiadas para guardar estampas y dibujos, siendo reconocidas con el primer accésit, dotado de 1500 pesetas, por la obra con el lema “Córdoba”.

 

Castillo, grabado

 

En 1928 su amiga Victorina Durán apoyó como secretaria de la Escuela del Hogar, junto a José Moreno Carbonero, Socio Fundador de la AEPE, el nombramiento de Matilde Calvo para la plaza de “Trabajos en ante y cuero-batik”.

En el Concurso Nacional de Arte Decorativo y Grabado de 1929 consiguió el Premio de encuadernación, dotado con 1.500 pesetas.

 

Grabado de Matilde Calvo Rodero

 

Con elogios recibió la prensa su participación en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1930, refiriéndose a ella como “admirable artista y mujer de gran inteligencia, hace alardes de buen gusto y de sutilísima sensibilidad con sus cubiertas y encuadernaciones en piel, pergamino y cuero, sabiamente repujadas, pirograbadas, pintadas o policromía. Meter dentro de ellos un libro es una desdicha para el autor, porque no se sabe hacer otra cosa que mantenerlo cerrado y admirar las tapas que hace con sus monos de hada Matilde Calvo Rodero”. En esta ocasión, por las obras expuestas, logró Tercera Medalla y 1.000 pesetas.

 

Patio de los leones de la Alhambra, Granada. Grabado, 35 x 31

 

En 1930, con su plaza de profesora de la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer, fue pensionada durante dos meses por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas para perfeccionar su técnica de encuadernación en París.

Allí perfeccionó sus técnicas de preparación de los libros en rústica para ser encuadernados, en la restauración de las páginas rotas, montado y restaurando grabados, y otros trabajos como encuadernación en papel y piel, la preparación de las pieles, la encuadernación completa en piel, montado de aplicaciones en marfil, plata y otros materiales en la encuadernación en piel, además de estuches, dorados y títulos

En el Salón Internacional del Libro de Arte de París de 1931 ya se la trataba como de “maestra del arte de encuadernar, confirmando sus relevantes aptitudes y fama”.

 

Encuadernación en piel blanca pirograbada aparecida en El Imparcial  en 1931

 

En 1934 participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes y dos años después, en 1936, en el Concurso de Artes Gráficas (que incluía las técnicas de encuadernación, tipografía, litografía y fotograbado) convocado por la Cámara del Libro de Madrid, consiguió el primer premio con los trabajos presentados bajo los lemas “Wizani» y «Rubalyat».

Tras la contienda, Matilde se dedicó básicamente a la enseñanza, aunque continuó exponiendo sus piezas como en 1946, cuando participó en el I Salón Femenino de Bellas Artes organizado por el semanario Domingo y patrocinado por la Dirección General de Bellas Artes junto a artistas como Rosario de Velasco, Ángeles Santos y Marisa Roësset, todas ellas miembros de la AEPE.

 

Encuadernación de libro de Poe

 

Encuadernación de libro de Ricardo Wagner

Encuadernación de libro Fairy Book

 

En 1948 seguía trabajando en la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer y fue promocionada con un sueldo o gratificación anual de 6.000 pesetas.

Falleció en Madrid, en 1982, a los 83 años.

En noviembre de 2015 la Pieza del Mes en el Museo de Artes Decorativas fue una encuadernación suya.

 

Matilde Calvo Rodero y la AEPE

Al I Salón de Otoño de 1920 presentó la obra:

137.- Panneau con seis apuntes de viaje, óleo, 0,79 x 1,10

Al II Salón de Otoño de 1921, en el que figuró inscrita como natural de Madrid, vive en Juan de Mena, 16,  presentó el óleo

51.- Bodegón, estudio en rojos, 1,16 x 0,97

Al III Salón de Otoño de 1922 presentó tres obras:

46.- Bodegón, óleo, 0,76 x 0,63

47.- Panó con cuatro apuntes, óleo, 82 x 0,72

48.- Panó con cuatro apuntes, 0,55 x 1,25

 

 

Recordando… El Museo Pérez Comendador-Leroux

Obras, artistas, socios, pequeñas historias…

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

El Museo Pérez Comendador-Leroux

 

Fachada del Museo Pérez Comendador-Leroux, en la Casa de los Dávila en Hervás, Cáceres

 

El 25 de octubre de 1986 se inauguró en Hervás, Cáceres, el Museo Pérez Comendador-Leroux, tras la donación del legado escultórico y pictórico del matrimonio Pérez Comendador-Leroux, realizada por Roger Lecourtier Morel al Ayuntamiento de la localidad. El museo está instalado en la Casa de los Dávila, rehabilitada por la Diputación de Cáceres, en un entorno arquitectónico declarado conjunto histórico en 1969 con la colaboración del propio Enrique Pérez Comendador, miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando

El museo está ubicado en una antigua casona de finales del XVIII y principios del XIX, construida por la familia de Miguel de Arce Soto y Quiñones y Pedro Lumeras Quiñones, y contaría con la posible intervención de arquitectos salmantinos que trabajan en Hervás en el último cuarto del XVIII como Nicolás Rodriguez, Juan de Sagarvinaga o Jerónimo Garcia de Quiñones.

Situada en el centro de la población, el edificio de planta rectangular presenta fachada principal y posterior a los jardines que en un primer momento lo formaba una amplia extensión dedicada a jardín, cocheras, parrales, huerta y prados. En 1969 fue incluida en la Declaración del Conjunto Histórico de Hervás, acompañando al Barrio Judío y a otros edificios de los siglos XVI al XVIII.

Junto a la obra de Comendador, la pintura de Magdalena Leroux Morel nos propone un viaje por las ciudades conocidas y sentidas por el matrimonio de artistas: París, Sevilla, El Cairo, Madrid, pueblos y ciudades de la geografía extremeña: Cáceres, Plasencia, Badajoz, Hervás, Aldeanueva del Camino… y Roma, una y otra vez en la obra de ambos, convirtiendo al Museo Pérez Comendador-Leroux- integrado en la Red de Museos de Extremadura – en parada obligada de la ruta cultural de la Vía de la Plata.

Se suman a los fondos del Museo otras obras de amigos del matrimonio, casualmente también todos ellos miembros de la Asociación de Pintores y Escultores, como Eugenio Hermoso, Alfonso Groso o Zuloaga.

Los fondos museísticos se abren además a jóvenes artistas extremeños que han expuesto en la Sala de Exposiciones temporales del Museo, que completa su oferta cultural con otros servicios y actividades culturales como la Biblioteca Pública A. Arrojo Muñoz, la Escuela Municipal de Música, talleres, cursos de verano dedicados a la plástica y a la música…

 

 

Recordando… Madelein Leroux Morel

Obras, artistas, socios, pequeñas historias…

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

El matrimonio

Madelein Leroux y

Enrique Pérez Comendador

El matrimonio

 

Continuando con la saga de artistas que estamos recogiendo a lo largo de estos meses, hoy recordamos a uno de nuestros más ilustres socios, Enrique Pérez Comendador, casado con otra artista desconocida, la francesa Madelein Leroux. Recuperamos así su memoria, para que no duerman en el olvido.

 

Madelein Leroux Morel

Autorretrato

 

Nació en la calle Notre Dame de Champs en Montparnasse, París, el 30 de junio de 1902, de una familia de descendientes bretones afincados en París, fruto del matrimonio entre Auguste Leroux y Jenny Clotilde Morel, del que nacieron además otros dos hijos: André y Lucienne.

Su hermana Lucienne Leroux (1903-1981), siguió los pasos de Madeleine, ya que fue alumna de su padre y Ferdinand Humbert (1842-1936) en la Escuela de Bellas Artes de París, compitió por el Premio de Roma de 1926 donde obtuvo una mención por su «Ninfa dormida», luego presentada sin éxito en 1927. Obtuvo una Medalla de Plata en el Salón de Artistas Franceses en 1924 y una Medalla de Pata en la Exposición Internacional de París de 1937. Fue residente de la Casa de Velázquez de Madrid en 1935. Pintora de composición, de influencia clásica, su toque es a veces más neoimpresionista («En el río», 1920). España fue una gran fuente de inspiración para ella. Se dedicó a la docencia en Dijon, al este de Francia, y luego en la región de París.

En una fotografía de 1922

 

Su hermano André (París 1911-Nogent sur Marne 1997) fue también pintor.

Su padre, Auguste Leroux, al igual que su tío Georges Paul, que era también pintor, fue un destacado artista y profesor de la Escuela Superior de Bellas Artes de París, que decoró con algunas obras los mosaicos de la Basílica del Sagrado Corazón de París.

August Leroux

 

En este ambiente artístico creció Madeleine, que al igual que sus hermanos, fue alumna de su padre y de Ferdinand Humbert, en la Escuela de Bellas Artes de París.

En 1923 expuso en el Salón de los Artistas Franceses y en 1926 logró la Medalla de Oro en el Salón de los Artistas Franceses.

Segundo gran Premio de Roma en 1927, consistente en una beca del gobierno francés, por su obra «Stylite»

En 1929 la Casa Velázquez gestionada por el gobierno francés, la pensionó para que completara su formación en Madrid, donde estudió a los grandes maestros españoles como Velázquez, Zurbarán y Goya.

La artista en 1932

 

En la exposición de trabajos de los artistas becados que se celebró en la Casa de Velázquez en febrero de 1931, la artista presentó un par de docenas de trabajos, vistas y paisajes de lugares españoles y alguna figura femenina popular, tal y como recogen el ABC, que reseña que el escultor Mariano Benlliure adquirió una de sus obras, y el diario La Voz.

En esa exposición participó también su hermana Lucienne, becada también en la Casa de Velázquez, como reseña el Blanco y Negro del 22 de febrero de 1931.

Ese año presentó obra al Salón de Otoño.

Es en esta época cuando conoce al que se sería su marido, el escultor Enrique Pérez Comendador, con el que se casará el 22 de abril de 1931, en París y que recogieron medios como La Época y Ahora.

Presentó obra a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1932, como recoge el Blanco y Negro de la época.

En mayo de ese mismo año, realizó una exposición en el Círculo de Bellas Artes, a la que asistió el embajador francés, y quedó inmortalizada con una fotografía en el Blanco y Negro del 19 de mayo, y a la que presentó óleos, acuarelas y dibujos.

Madelein Leroux ante un retrato obra de su marido, Enrique Pérez Comendador

 

El ABC del 5 de junio de ese año, anunciaba ya que en su próximo número incluiría  reproducciones en color de la obra “El Castillo de Alcañiz”, de Madeleine Leroux.

Pero fueron los diarios Ahora y La Voz, los que publicaron la misma fotografía de la artista con motivo de la exposición.

Madeleine Leroux en la inauguración de su exposición en el Círculo de Bellas Artes, en 1932

La Voz, 1932

 

Amiga de la también socia de la Asociación de Pintores y Escultores Rosario de Velasco, en junio de 1932 firmaba la convocatoria para un homenaje a esta artista, junto a personalidades como Concha Espina, José Gutiérrez Solana, Juan de la Encina, Antonio Méndez Casal o Matilde Marquina.

El diario Ahora dedicó una página con dos fotografías de sus obras, que firmaba Gil Fillol, a la “pintora españolizada”, en la que se reseña que “Madeleine Leroux ha sido pensionada en la Casa de Velázquez. Pero su retina venia demasiado cargada de pintura de Montmartre para dejarse impresionar por las frondas tranquilas de la Moncloa… Madeleine Leroux venía de París a la Casa de Velázquez; pero a nosotros sus primeros cuadros, sus paisajes y figuras, no nos daban la impresión de cuadros franceses, sino de cuadros de Montmartre, que es otra cosa. Como Mari Cassat, la ninfa del impresionismo, que llenaba de ternura femenina las ásperas composiciones de Renoir, Madeleine Leroux había dado a aquella pintura dislocada y turbulenta una gentileza y una gracia de que eran incapaces los asiduos expositores de Montmartre. Acusaba, además, su obra una personalidad que no es frecuente entre los jóvenes colocados en un medio artístico uniforme. En los primeros momentos, no obstante, la Moncloa, con su magnífica ejecutoria de parque natural, con su limpio cielo, con su arboleda majestuosa y su horizonte goyesco, no parecían sugerirle una interpretación de nuestro arte. Los apuntes de entonces seguían siendo reflejo demasiado directo del naturismo pictórico importado a la tendencia impresionista por los imitadores de Monet, de Sisley, de Pissano. Sisley, especialmente, aparecía con sobrada frecuencia en las notas de monasterios castellanos… En el Círculo de Bellas Artes ha celebrado recientemente una Exposición la pintora Madeleine Leroux. Junto a cuadros de su pensionado en la Casa de Velazquez figuraban otros, hechos bajo la influencia inmediata del ambiente español. (Si pudiéramos hablar a estas alturas de escuelas regionales, diríamos más propiamente castellano.) Madeleine Leroux se ha convertido. Sin renegar de aquellas enseñanzas que animaron su formación artística de ímpetu moderno, ha visto renovada su sensibilidad en una dirección netamente española. Artista de talento, espíritu bien cultivado, más asequible por ello a las emociones de la Naturaleza, ha sabido trocar la dulce melancolía gris de las imágenes parisienses por esta suculenta alegría del color, característica de nuestros jugosos paisajes. Pero insistamos: en la obra actual de Madeleine Leroux no hay rectificaciones caprichosas. No existe esa especie de domesticidad del arte, que nos proporciona  muchas veces la sensación equivocada de temperamentos fácilmente adaptables. Lo que hay es sinceridad, emotividad, franqueza de expresión. Por eso mismo, el tránsito es poco perceptible. Entre los cuadros del pensionado y los de ahora se ha filtrado el sentimiento español, de un modo que tal vez a la propia pintora haya sorprendido. Suavemente, silenciosamente. «No pierden estos lienzos de hoy la fuerza de dibujo y la manera constructiva, que son las mejores aportaciones de la pintura nueva. Y en cambio se enriquecen con gamas y tonalidades coloristas acordes con nuestras tradiciones. Podemos decir que Madeleine Leroux ha españolizado su arte. Y, al mismo tiempo, ha traído al concepto del paisaje español la sobriedad y robustez de tendencias que Montmartre, por exceso de apresuramiento, estaba malogrando”.

Por el ABC de mayo de 1934 sabemos que la artista inauguró en París una exposición de obras ejecutadas en España, en el Ofice National Espagnol du Tourismo, de la que “habla con gran elogio la crítica parisién. Exhibe 16 óleos, 13 acuarelas y ocho dibujos de figura, paisaje y naturaleza muerta. De esta exposición se ocupa Mr. Fouqueray con entusiasmo en Le Journal, como labor de artista que ha comprendido y abordado en el espíritu del paisaje y del ambiente españoles, plantando su caballete frente a los temas vivos de los que ha sabido recoger una emoción delicada. Esta joven e ilustre pintora ha recorrido para preparar los trabajos de esta exposición, diversos ambientes, tales como Segovia, Alcañiz, Hervás, Valverde, Carmona, Sevilla, Paracuellos, Candelario y la Sierra de Guadarrama. Al acto inaugural asistió selecta concurrencia francesa y española, que elogió calurosamente la distinción y acierto logrados”.

Jerez de los Caballeros. Museo de Sevilla

 

En 1935 participó en la exposición de obras de antiguos alumnos de la Casa de Velázquez que se celebró en el salón de la calle Faubourga Saint Honoré.

En Madrid vivió en la calle del General Pardiñas, 118,  en la calle Zurbano, 34.

Falleció en 1984.

Expuso sus obras en varios países del mundo junto a las de su marido, y actualmente pueden encontrarse dos en el Museo de Bellas Artes de Sevilla y en distintas colecciones particulares, aunque muchas de ellas, se encuentran en el Museo Pérez Comendador-Leroux de Hervás.

Chinas peinándose. Exposición Nacional de Bellas Artes de 1941

 

Sus últimos años de vida los dedicó precisamente a la creación de esta casa museo, que no pudo ver terminada, pero que finalizó su sobrino Roger Lecourtier Morel en 1986.

Vista de Roma

Un parque

Parque

Monasterio de El Parral

 

La merienda, 1934

Catedral de Segovia, presentada al Salón de Otoño de 1931

 

Madeleine Leroux y la AEPE

A pesar de no ser, como su marido, socia de la AEPE, participó en los siguientes salones:

*XI Salón de Otoño de 1931, con las obras:

33.- Paisaje mediterráneo, óleo, 0,89 x 1,07

35.- El Castillo de Alcañiz, acuarel93 x 0,76

36.- La Catedral de Segovia, óleo, 0,59 x 0,69

*Al XV Salón de Otoño de 1935,  en la Sala VIII donde exponían sus obras los pensionados de la Casa de Velázquez, presentó la obra:

134.- Porte de Toledo

Calle mediterránea

Maceta de flores

Busto de Madeleine Leroux de la Fundación Capa

Lámina del Blanco y Negro de 1930

Bodegón de Navidad, del Museo de Bellas Artes de Sevilla

Recordando… Enrique Pérez Comendador

Obras, artistas, socios, pequeñas historias…

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

El matrimonio

Madelein Leroux y

Enrique Pérez Comendador

El matrimonio

 

Continuando con la saga de artistas que estamos recogiendo a lo largo de estos meses, hoy recordamos a uno de nuestros más ilustres socios, Enrique Pérez Comendador, casado con otra artista desconocida, la francesa Madelein Leroux. Recuperamos así su memoria, para que no duerman en el olvido.

 

Enrique Pérez Comendador

 

PEREZ COMENDADOR, Enrique P.E.   1920   17.nov.1900   HERVAS (Ca)  MADRID

Socio de Mérito de la AEPE

Socio de Honor de la AEPE

Vocal de la Junta Directiva de la AEPE

Director de la Academia Española de Bellas Artes de Roma

 

Enrique Pérez Comendador nació en Hervás, Cáceres, el 17 de noviembre de 1900, fruto del matrimonio entre Ángel Pérez Neila y Enriqueta Camila Comendador.

De niño asistió a la escuela de su localidad natal hasta que su padre consiguió trabajo en una fábrica de harinas en Sevilla, trasladándose toda la familia a orillas del Guadalquivir. Allí estudió con los Salesianos y en el Colegio de San Ramón y a los catorce años ingresa en la Escuela de Artes, Industrias y Bellas Artes logrando el título de Perito Aparejador.

Su interés por el arte le llevó a ingresar como aprendiz, por intermediación de un tío suyo jesuita, en el taller del escultor y Socio Fundador de la Asociación de Pintores y Escultores, Joaquín Bilbao Martínez, actividad en la que se mantuvo hasta los diecinueve años.

Fotografía de un jovencísimo Enrique Pérez Comendador

 

Se traslada entonces a Madrid tras conseguir una beca del Ayuntamiento de Sevilla y de la Diputación de Cáceres, que le permitió viajar por España y por Italia y Francia.

Por esos años, conoció al duque del Infantado, que se convirtió, durante unos años, en su protegido, y para él realizó retratos de su familia.

En 1920 logró la Primera Medalla Regional de Badajoz.

En Madrid entabló amistad con otros colegas como Miquel Blay y Jacinto Higueras, además de con pintores como Moreno Carbonero o Javier de Winthuysen, todos ellos socios de la Asociación de Pintores y Escultores.

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1924, con sólo 24 años de edad, obtiene la Tercera Medalla de Escultura.

Trabajando en el Parque de María Luisa de Sevilla

 

En 1925 ganó el concurso para erigir un monumento a Gabriel y Galán en Cáceres.

En 1929 fue galardonado con la Medalla de Oro de la Exposición Iberoamericana de Sevilla.

Ese mismo año, conoció a la pintora francesa Madeleine Loroux Morel, que por entonces se encontraba pensionada en la Casa Velázquez de Madrid.

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1930 logra la Segunda Medalla de Escultura.

Trabajando en la escultura de Francisco Rodríguez Marín

 

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1932 consigue la Primera Medalla de Escultura.

Contrae matrimonio con Madelein Leroux en París en 1932, cuando contaba con treinta y un años.

En 1934 logra el Gran Premio de Roma y obtiene una pensión para la Academia de España en Roma, por lo que se instaló en la capital italiana durante más de cinco años, en los que estudió el arte clásico que influenció su obra, sobre todo el desnudo femenino, pero también la escultura etrusca y la pintura al fresco.

Viajó también por Grecia, Inglaterra, Austria y Francia.

En 1935 ganó el Premio Nacional de Escultura.

Trabajando en su estudio

 

En 1941 se instala en Madrid, donde trabajó como profesor de Modelado del Natural y Composición Escultórica en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando hasta 1970.

Tras desempeñar distintos cargos como miembro del Patronato del Museo de Arte Moderno de Madrid (1942-1950); comisario de la Exposición Oficial de Arte Español en El Cairo y Alejandría (1950); miembro del Patronato del Museo de Arte Contemporáneo de Madrid (1960-1967) y consejero Nacional de Educación (1966-1970), en 1969 fue nombrado director de la Academia Española de Bellas Artes en Roma, puesto en el que permaneció cinco años.

En 1975 obtuvo el Premio Barón de Forna de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Vasco Núñez de Balboa, Madrid

 

Su actividad académica fue muy intensa: en 1934, fue nombrado académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de Sevilla (Premio de Honor en 1967); en 1950, correspondiente del instituto de Francia de París; en 1954 numerario de la Academia Nacional de San Lucas de Roma; en 1955, numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, ingresando en 1957; en 1962 correspondiente de la Academia Nacional de Bellas Artes de Lisboa; en 1963 correspondiente del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid; en 1964 correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, y en 1968, correspondiente de la Bellas Artes de San Telmo de Málaga y de la de Bellas Artes San Jorge de Barcelona.

Entre otras distinciones, recibió la Medalla de Oro al Mérito del Trabajo; Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio; Encomienda de la Orden del Mérito Civil y la Cruz de la Corona de Talía. Asimismo, fue distinguido como Hijo Predilecto de Hervás; Hijo Adoptivo de Sevilla y miembro de honor de la Sociedad Nacional de Bellas Artes de Chile.

Monumento a Ramón Gómez de la Serna, Las Vistillas, Madrid

 

En su localidad natal, se halla el Museo Pérez Comendador-Leroux, instalado en un importante edificio histórico del siglo XVIII, que custodia una parte importante de la obra de este matrimonio de artistas.

El conocido como “el escultor de la hispanidad”, falleció en Madrid, el 2 de marzo de 1981, a los ochenta años de edad.

En su obra, el clasicismo adquirido tras su paso por Roma, se une al regionalismo-costumbrismo que había cultivado, principalmente, en su primera época, adquiriendo sus obras, con el paso del tiempo, una monumentalidad que le acercan a una visión épica de los modelos. Además de monumentos de personajes históricos y retratos de personalidades de su tiempo, Pérez Comendador realizó imaginería para el culto de la Semana Santa. La figura humana, pues, centró toda su actividad artística.

 

Su inclinación hacia la estética del mundo clásico queda atestiguada por la rotunda sobriedad de sus esculturas, siempre equilibradas, comedidas y alejadas de cualquier abigarramiento.

Dentro de la producción de Comendador destaca la retratística, pues efigió a más de cien personajes.

El arte de Pérez Comendador destaca sobremanera por el concienzudo estudio fisonómico y expresivo de sus trabajos y por  la maestría en el dibujo y en la composición de la pieza.

Del extenso artículo que sobre el artista apareció en la Gaceta de Bellas Artes de abril de 1936, firmado por Javier Tassara, destacamos: “… se dejó influenciar más fácilmente por el arte parisino que la gracia italiana, y su arte de los primeros tiempos era un arte en el que predominaba la concisión de líneas y volúmenes… pero a pesar de su gusto moderno, bajo una sumaria estilización ponderada y magnífica, se advertía un sentido tradicional y castizo, un modo y manera a lo español, una reminiscencia grata de la escuela sevillana, que más tarde culminó en varias obras de temas cristianos…. Pérez Comendador es uno de los escultores españoles que mejor conoce la técnica de la escultura en sus diversas manifestaciones y materias. En su obra ni hay preferencia temática, ni le es dilecto éste o el otro procedimiento. Madera, bronces, terracotas, piedra, mármoles… y siempre la misma pasmosa seguridad, idéntico dominio, pareja facilidad para el logro inmediato y seguro. Además, no le es ajeno nunca el procedimiento adecuado al tema que requiere la materia propicia para su expresión plástica; “su materia” con la manera justa. El arte del escultor sabe cuándo hay que tallar y cuándo el modelado es la precisa modalidad imprescindible. Ya lo he dicho: Rodin modeló una adolescente; pero talló en mármol una vieja… Su arte, robusto y recio; su modelado, caricioso; su personalidad se destaca más en algunas otras obras… Si la materia, la forma y el motivo no es obstáculo para logros estéticos de fina calidad, el tamaño no supone dificultad alguna para Pérez Comendador”

 

Retrato de José Hernández Díaz

 

Enrique Pérez Comendador y la AEPE

Autorretrato

 

En Madrid, vivía en la calle Daniel Urrabieta, núm. 3, en la Colonia del Viso.

Socio de Mérito en el Salón de Otoño de 1925 y Socio de Honor en el Salón de 1930.

Vocal de la Junta Directiva de la AEPE en 1931

*Al V Salón de Otoño de 1924 presentó:

Retrato de mi padre

Cabeza de estudio

*Al VI Salón de Otoño de 1925 llevó:

Retrato

Cabeza de mujer

Boceto

Mochuelo

Pájaro

*Al IX Salón de Otoño de 1929:

Cabrerillo conquense

*Al X Salón de Otoño de 1930 presentó:

Joaquín Bilbao

Macarena

Sevillana

Busto

*Al XI Salón de Otoño de 1931 presentó:

Cabeza

Retrato

Retrato

Maja

Monumento a Pedro de Valdivia, Chile

 

San Pedro de Alcántara, Cáceres

 

Auguste Leroux

Pizarro

 

 

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes de la AEPE: Francisco Llorens y Díaz

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Los Directores de la Gaceta de Bellas Artes

de la Asociación Española de Pintores y Escultores

 

La  Gaceta de Bellas Artes 1916-1920

Siguiendo la historia de la revista, en 1915 la Junta Directiva facultó a los señores Ramón Pulido y Francisco Llorens para que estudiaran lo referente a la publicación de la Gaceta.

Hasta 1935, Ramón Pulido publicó al menos treinta y seis artículos en la Gaceta de Bellas Artes sobre temas de muy variada índole.

En 1916, la dirigía Francisco Llorens, y tuvo algunas modificaciones, pues pasó a ser quincenal, incorporó un resumen de temario en primera, cambiando de cabecera en octubre y dejando de salir al público para distribuirse solamente entre los asociados y entes oficiales y artísticos.

Consta que en julio de 1916, la Junta Directiva mantenía un Vocal redactor de la Gaceta, Francisco Llorens, que figuraba además como Vocal segundo de la Junta.

En 1917 se mantenía quincenalmente con 8 páginas, impresa en Tipografía A. de Angel Alcoy, de la calle Atocha 30, dpdo. y distribución gratuita a los socios.

En julio de 1918 celebró su número 100, apareciendo entonces con doce páginas, que en octubre de 1919, llegó a las 16, con dos páginas completas de anuncios, y nuevo diseño y cambio de papel, “dándose gran importancia a la Sección libre, que significa el deseo de la Asociación de que se conozca el estado de ánimo de la vida artística”.

En los años 20 solo existían en España tres revistas dedicadas al arte, todas ellas de vida efímera y ninguna tan longeva en el tiempo como la Gaceta de Bellas Artes de la AEPE. Una de ellas era la revista MUSEUM, editada en Barcelona, que se mantuvo poco tiempo en el mercado, la de la Sociedad de Amigos del Arte, que no era para el gran público, la Revista de Bellas Artes, dirigida por Francisco Pompey y que sacó solo 20 números.

 

Francisco Llorens y Díaz

 

 

 

Retrato de Francisco Llorens en la Real Academia Gallega de Bellas Artes, 1946

 

 

LLORENS Y DIAZ, Francisco   P   1910(F082)   10.abr.1874   LA CORUÑA   MADRID  (c/Sta. Engracia)   11.feb.1948

 

Socio Fundador Nº 82

Socio de Mérito de la AEPE

Socio de Honor de la AEPE

 

Francisco Llorens Díaz nació el 10 de abril de 1874 en La Coruña.

Era el hijo menos de tres hermanos del matrimonio formado por José Llorens Batista, dedicado a la importación de ultramarinos  y de Paulina Díaz de Villar, perteneciente a una familia de la burguesía local.

Desde muy joven se sintió atraído por el dibujo, aunque debido a la presión familiar comenzó a estudiar la carrera de Comercio en La Coruña, ingresando poco después en la Escuela de Artes y Oficios de La Coruña, donde fue alumno de Román Navarro García, pintor de escenas castrenses, puesto que era también militar, que llegó a dirigir la Escuela de Artes de La Coruña.

En 1892 se matricula en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid, teniendo como profesor al paisajista Carlos de Haes.

Fue entonces cuando tuvo la oportunidad de hacer copias en el Museo del Prado, especialmente de Velázquez, Murillo y Rubens. Completó su formación en el taller del que fuera Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores, Joa­quín Sorolla, en 1893, de quien aprendió la pasión y el valor de la luz en el paisaje.

Ese mismo año participó en la Exposición de Impresiones de viaje celebrada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Costas gallegas

Estudio de mujer

 

En 1897 recibe el que será su primer trabajo profesional, el Casino de La Coruña le encarga realizar unos paneles decorativos con temas de paisaje.

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1899 obtuvo una Mención de Honor, y logró además una Beca para la Academia de España en Roma, donde pasará cuatro años, viajando por Roma, Bélgica, Holanda y París, donde quedó seducido por Cézanne y los impresionistas.

Llegada de Francisco Llorens de Roma a La Coruña

 

Compañeros y amigos se granjeó a lo largo de estos años en los que estuvo en Roma, como los socios de la Asociación de Pintores y Escultores José Benlliure, Manuel Benedito, Ramón Casas, Santiago Rusiñol, Gaudi, Sotomayor, Chicharro, Piñole y Bacarisas, con los que trabó profunda amistad.

Vive cuatro años en Roma, y desde allí colabora con el periódico coruñés El Noroeste, enviando sus impresiones bajo el pseudónimo de “Sor Checco”.

Distintas fotografías de Francisco Llorens

 

Vivió unos meses de intenso trabajo en Brujas, ciudad que le causó una profunda impresión. Tres de los cuadros que pintó en Roma, El golfo de Nápoles, Mar de Capri y Campesinas de Flandes, elogiados al parecer por el rey Víctor Manuel III, fueron adquiridos por el embajador de España en la capital italiana para que decorasen el palacio del Quirinal.

En 1906 regresa a La Coruña, frecuentando las tertulias de Emilia Pardo Bazán, en donde vivirá hasta 1913, cuando logra la cátedra de Dibujo Artístico en la Escuela de Comercio de Barcelona, ciudad en la que reside hasta que se instala en Madrid durante los inviernos, pasando los veranos en Galicia.

En 1907 obtiene la Tercera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes por su cuadro “La Encina”. Ese mismo año pinta “El Obelisco”, una de sus obras de referencia tras su regreso de Italia en la que, en palabras de Juan José Luna “Hay toda una evocación del impresionismo francés consolidado por el dibujo —Sisley, Pisarro…— y por un gusto modernista, bien puesto al día, sin someterse a ejercicios de decoración”.

Marina

El molino

Costa de Mera

 

En 1908 logra la Segunda Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes, participando en la Exposición Regional Gallega en Santiago, para la que realiza su cartel oficial y obtiene una de las tres medallas de oro de la misma.

Realiza varios carteles para el Real Club Deportivo de futbol de La Coruña.

En 1909 participa en la Exposición Internacional de Barcelona y en la Muestra Regional de Arte Gallego en Santiago de Compostela. Un año más tarde, en la Nacional de Bellas Artes, así como en la de 1912

En 1912 es elegido Académico de la Real Academia de Bellas Artes de La Coruña, de la que en 1919 es nombrado Supernumerario.

En 1916 es elegido Presidente de la sección de pintura del Círculo de Bellas Artes.

Contraluz

Aldeana 

Acuarela del bosque

 

En 1918 contrae matrimonio con Eva Rodríguez, la menor de los cinco hijos del reconocido médico coruñés José Rodríguez Martínez, con quien tendrá́ dos hijas, Eva (1920) y Rosario (1925), pero de la que enviudará en 1925.

En 1922 obtiene la Medalla de Honor de la Exposición Nacional de Bellas Artes por la obra “Rías Bajas”.

En 1924 Expone en Centro de Galicia en Madrid. Pasa ese verano en Perillo y Bastiagueiro (Oleiros, A Coruña), donde realizará numerosos apuntes que luego transformará en pinturas en su estudio madrileño de la calle Santa Engracia, nº 6.

En 1925 se le concede la Gran Cruz de la Orden de Carlos III.

Carretera de La Coruña

 

En 1926 Participa en la Exposición de Arte Contemporáneo Español en Buenos Aires.

En 1928 es nombrado académico correspondiente de la Real Academia Gallega de la Lengua.

En 1930 expone en Bélgica y Holanda. Es nombrado miembro correspondiente de la Real Academia Gallega.

Pasa el primer año de la guerra civil en su estudio de la calle Santa Engracia de Madrid, con sus hijas, trasladándose en 1937 con su familia a Valencia.

Paisaje

 

Finalizada la contienda volvió a Madrid, retomando sus veraneos en la localidad coruñesa de Sada.

En 1941 presentó una exposición en el Salón Cano de Madrid formada por paisajes de Galicia, bodegones y paisajes del jardín botánico de Valencia.

En diciembre de 1942 fue nombrado Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y un año más tarde, Académico de Honor de la Academia Provincial de Bellas Artes de La Coruña,

A partir de 1945 su salud se resiente y comienza a padecer perdidas de memoria. Realiza su último cuadro “La vela roja” que deja inacabado.

Anverso y reverso de la Medalla conmemorativa del centenario de Llorens de la Diputación de La Coruña

 

Falleció el 11 de febrero de 1948 en Madrid, donde fue enterrado junto a su esposa, pero los restos de ambos fueron trasladados posteriormente por el Ayuntamiento de La Coruña, al cementerio de San Amaro.

En 1972 se celebró en Madrid una gran exposición retrospectiva dedicada al pintor, repetida más tarde en La Coruña y Vigo.

Nuevas exposiciones de sus obras organizó Caixa Vigo en 1998 en La Coruña, Vigo, Orense y Santiago.

Madrid

Paisaje

Roma desde la Academia Española 

Encajera

 

Francisco Llorens y la AEPE

Socio Fundador de la Asociación de Pintores y Escultores, con el núm. 82. Fue Vocal de la Junta directiva desde 1914 a 1917 y en 1930. Tesorero de 1931 a 1934. Socio de Mérito en el Salón de Otoño de 1922, y de Honor en 1923.

Participó en el Salón de Otoño de los años 1920, 1921, 1931 y 1933, 1934, 1944, 1947 y en el de 1950, donde fue homenajeado. Jurado en los salones de 1931 y 1934.

*Al II Salón de Otoño de 1921 presentó las obras

Hórreos

Cuenca del Mandeo

*Al III Salón de Otoño de 1922

Nubes blancas

El pinar de Lóngora

*Al IV Salón de Otoño de 1923 las obras

El Hórreo y la iglesia

Marea alta

Roiveira

*Al XI Salón de Otoño de 1931

Otoño

Retrato

*Al XIII Salón de Otoño de 1933

Bodegón

Paisaje

Bodegón

*Al XV Salón de Otoño de 1935

Manzanas

Verde y oro

*Al XVIII Salón de Otoño de 1944

La huerta

*Al XXI Salón de Otoño de 1947

Paisaje gallego

En el XXIV Salón de Otoño de 1950 el artista contó con una Sala Retrospectiva, la Sala III, en la que se exhibieron un total de 27 obras

Mañanas de agosto en las mariñas, Valle esmeralda, Ría gallega, Canal de Brujas (Bélgica), Dehesa de la Villa, El Peirao (Betanzos), La nube, Verde gris, Detrás está el mar (La Coruña), Remanso, Playa de Sada, Playa de Sada, Autorretrato, La Beguinage, Otoño, Baceta de retrato

Otoño, Boceto de retrato, Río Mendo, El castaño, Carretera de Fontán (La Coruña), Retrato, Río Mandeo, Boceto, Serenidad, El camino del bosque, La Iglesia de San Michele (Capri), Dos apuntes de Roma, Capilla superior de la Iglesia de San Francisco de Asís, El pino, Casas de Betanzos y El Muelle (Betanzos).

En el XXXIX Salón de Otoño de 1968, una obra suya se exhibió en la Sala XII, correspondiente a Dibujos de maestros:

Paisaje

Valle Esmeralda (Valle de Barcia)

Paisaje

Mi hija

 Jardín Botánico

Ría Gallega

Paisaje

Paisaje con anciana

Pastoral

distintos paisajes de Francisco Llorens

Firma autógrafa

La Ternera

Pepa García Valenzuela

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

LAS PRIMERAS ARTISTAS DE LA

ASOCIACION ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES

Desde su fundación en 1910, y después de haber tratado en anteriores números a las Socias Fundadoras de la entidad, y las participantes en el primer Salón de Otoño, vamos a ir recuperando de la memoria colectiva, el nombre de las primeras socias que vinieron a formar parte de la Asociación de Pintores y Escultores.

 

Pepa García Valenzuela

GARCIA VALENZUELA, Mª Josefa            AD.        1942      UBEDA(J)            BILBAO

 

 

María Josefa García-Valenzuela Lillo nació en Úbeda, Jaen, en 1918, si bien es cierto que he encontrado otro tipo de referencias que sitúan la fecha en 1910 y también en 1912.

Estudió con el socio de la Asociación de Pintores y Escultores, Gustavo de Maeztu, durante cinco años en Estella.

Estudió tres años más con el artista esmaltador de exquisita sensibilidad y formación colorista, el bilbaíno Francisco Álvarez Galíndez, Medalla de Oro de 1913 en la Escuela de Arte Industrial de Ginebra.

Se trasladó después a Barcelona, para continuar los estudios de esmaltado, bajo la maestría de Miguel Soldevila, el esmaltador más destacado de su tiempo, con rica gama de colores e irisaciones y junto a Modesto Morató, el famoso orfebre que abandonó el taller familiar para dedicarse por entero a los esmaltes.

La primera noticia oficial que de ella tenemos la leemos en La Voz, La Libertad, El Debate y La Nación, con motivo de su participación en el XIV Salón de Otoño de 1934, siendo propuesta para socio, junto a otras artistas asociadas como Ana de Tudela o Flora López del Castrillo.

Participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de ese mismo año, según aparece en el diario Las Provincias.

Puerto de Bermeo. Acuarela y tinta sobre papel

 

En los Cuadernos de Arte e Iconografía de la Fundación Universitaria Española, Seminario de Arte e Iconografía “Marqués de Lozoya” de Madrid (2017), se publica un Anexo correspondiente a “La discípula de Gustavo de Maeztu, María Josefa García Valenzuela”, en la que se recoge que “la artista se presentó en 1935 a la Tercera Exposición de Artistas Vascongados celebrada, como otros años, en los salones del Museo de Arte Moderno de Bilbao, junto a otros sesenta y siete artistas.

Puente del Arenal. Acuarela y tinta sobre papel

 

Allí destacó María Josefa con dos esmaltes: Vieja Castilla y Puerto de pescadores, aunque en realidad era pintora al óleo y sobre todo, era la única alumna que tenía Gustavo de Maeztu.

Ésta y el joven Arturo Acebal Idígoras, pintor y escultor, son las únicas personas que pudieron llamar «maestro» a Gustavo de Maeztu.

El encuentro de la joven Mª Josefa con Gustavo de Maeztu nos lo ha contado muchas veces pues llegan a tener gran amistad, ella y su numerosa familia, con la familia Maeztu. Nos recordaba cómo al montarse en el tranvía de Bilbao se encontró que el número del ticket era capicúa y pensó que eso le iba a traer suerte, que ha llegado el momento de conocer al artista que admiraba desde hacía tiempo y que hasta ahora no se había atrevido acercarse. Decidida fue a su casa, preguntó por él y le pide ser su alumna. Gustavo se asombró porque, claro, el someterse a un horario fijo, el explicar paso a paso su pintura, el cobrar una cantidad determinada… no eran situaciones fáciles de admitir por el «libre» Gustavo, y quedaron en que fuera por su casa cuando quisiera para verle pintar.

Con ese acuerdo era difícil coincidir pero sí iba tomando la pintora el aire de su «maestro» y sobre todo le aconsejaba cómo hacerlo y hacia qué tipo de pintura debe dirigirse. Él fue el que le recomendó que aprendiera a esmaltar, técnica que desarrolló con mucho acierto. Fue su alumna durante toda la vida de Gustavo”.

Reproducimos el afectuoso y cercano recuerdo personal de su alumna, ya mayor, sobre su admirado Gustavo de Maeztu: «Hablar lo que se dice hablar, ni sé ni pretendo. La junta de P. Históricos me ha elegido a mí por haber sido la única discípula, junto con Acebal el ceramista, de este genial pintor. Y porque quizá crean que yo sea la más adecuada para hablar de su obra. ¡Todo lo contrario! No tengo talla para enjuiciar su pintura y lo único que les diré, y mal, es algo de su vida y un poco de su obra. A mi manera. Gustavo de Maeztu fue un gran amigo, un gran señor y un magnífico pintor, y genial en todo…  Con sus pinturas a la encáustica y sus cementos colorantes, empieza a estudiar las materias con que están pintadas las cuevas de Altamira, pero como Leonardo de Vinci abarca más de lo que la vida le puede dar de sí. Sin embargo revistas científicas hablan de los cementos, y un día, en su estudio de Bilbao me enseña una carta de una empresa noruega anunciándole la visita. Llega ese día, y con su chamarra de diez bolsillos, (porque los tenía hasta por la espalda, para sus álbumes de bocetos), se va a comer con estos señores al Torróntegui. Pero por la noche en su casa da una cena de smoking y les dice que su invento de cementos colorantes o se lo compra el Estado o se lo lleva a la tumba, como así desgraciadamente ha sido, pero que no sale de España. En esa casa estudio de Estella donde yo aprendí a pintar vi desfilar gentes bohemias como él, artistas, escritores, gitanos, diplomáticos y allí en esa casa-estudio propiedad de su gran amigo el Marqués de Feria, que se lo alquilaba creo que por dos duros al mes, Gustavo de Maeztu pintaba con una mano y con la otra sostenía el tubo que se le caía. Era tan genial, que un día compró una reja por tres cuartos, y dio una fiesta a la reja, para lo cual invitó a todos los escritores navarros, poetas y pintores. Llegó Zuloaga para ese acontecimiento, y cada uno puso de su cosecha algo para cantar a la reja, que le cortó creo que 50 pesetas y se gastó miles en el canto que le dedicó. Otro día el Embajador japonés le adquiere un cuadro: motivo, unos burros. Este gran coleccionista nipón propone regalarlo al museo de su país y Gustavo ordena que a esos burros de unos gitanos, se les de un gran pienso. Jamás le oí hablar mal de ningún pintor. El que no era artista, era un buen padre de familia, o un hombre que no podía permitirse el lujo de pintar bien porque otras actividades se lo impedían y así disculpaba o el fracaso o la falta de personalidad. Gustavo de Maeztu se viene a Estella cuando el asesinato de Calvo Sotelo. Le escribe a su hermano Ramiro para que se venga aquí, porque el ambiente se pone feo, pero el gran don Ramiro, como él le llamaba, le escribe y le dice que su puesto está en Madrid y no lo puede abandonar. Y con aquella manera de hablar a escopetazos que tenía Gustavo, me dijo: ya verá como tendré que ir a buscarle en un caballo blanco como Santiago y con la boina blanca de Zumalacárregui. Era amigo de todos los gitanos, que por Maeztu tenían verdadero respeto y adoración. Cuando yo iba a pintar a su estudio, muchas veces sola en aquel caserón, me daba la llave y me decía: no tengas miedo, ahí están los gitanos que te custodiarán, porque ellos no empiezan a ser peligrosos hasta los tres kilómetros. De cerca vigilan como mastines. Y yo temblando hasta que aparecía o la madre de Maeztu o las muchachas. Este pintor que tenía enfoque mundial, jamás quiso aprovecharse de la situación de su hermano Ramiro, ni en la política ni cuando estuvo de Embajador en Buenos Aires. Recibió una invitación para exponer en una gran sala argentina y me decía siempre que cuando pasaran unos cuantos años iría. Pero jamás en aquel tiempo para que no creyeran iba al calor del puesto de su hermano. Su pereza por salir de Estella donde todo el mundo le quería y tan popular era, le restó ese puesto que le correspondía en el panorama mundial del arte, como una primera figura que era. Su muerte tan prematura, cuando tantas cosas le quedaron por hacer tuvo un final que yo creo que en Estella se recordará como nota emocionante del gran pintor bohemio y bueno. Salió del cuarto el sacerdote que le confesó, y el pobre de Maeztu ya casi sin voz, le llamó a su hermana Ángela para que encargara la mejor tarta en la pastelería y se la enviara a este ministro del Señor que tan bien le había preparado para la otra vida. Cuando su hermana me contaba esta nota triste y graciosa a la vez del pintor a quien yo debo lo que soy, recé por el alma de este hombre de espíritu; mezcla de bohemio infantil que, al final de sus días, no quiso vender sus obras a ningún precio, porque Estella se merecía un museo. Y este lo regaló él. Descanse en paz el que en su vida fue un poco de todo: escritor, poeta y hasta torero a ratos. Pero artista genial siempre, gran amigo y gran señor. Que Estella corresponda a este gesto con otro y si esta bella ciudad que posee tantos monumentos nacionales le dedicara uno a su museo, sería de justicia».

Cuando Mª Josefa García Valenzuela escribió estas cuartillas todavía andaban las obras de Maeztu errantes por diferentes sótanos de la ciudad, hasta que definitivamente en 1991 se inauguró su Museo en el precioso edificio del Palacio de los Reyes de Navarra de Estella. Aunque ya muy mayor pero muy lúcida hasta el final, su alumna ha sabido que las obras de Maeztu están, por fin, bien albergadas”.

Úbeda

En 1939 estuvo presente en la Exposición de Pintura, Escultura y Arte Decorativo celebrada en el Hotel Carlton de Bilbao, que había sido la sede del Gobierno de Euzkadi, donde participa junto a otros pintores como Gustavo Maeztu, Julio Moisés, Marisa Roesset, Ignacio Zuloaga, Ignacio Zuloaga “El Mozo”, escultores como Moisés de Huerta y artistas de otras artes en las que entra nuestra artista, muchos de ellos socios de la Asociación de Pintores y Escultores.

Ese mismo año participó también en la Muestra Internacional de Arte Sacro que tuvo lugar en Vitoria.

En 1941 obtuvo un Segundo Premio en el Milenario de Castilla, celebrado en Burgos, y en 1943 el Primer Premio de Artesanía con el tríptico “Castilla”, que adquirió el Estado español.

Paisaje. tinta sobre papel

 

En 1944 el periódico Destino, en su Sección “Las exposiciones y sus artistas. Formas y colores”, dedica una columna a María Pepa García Valenzuela y sus esmaltes:

No todas las artes gozan del mismo predicamento entre el gran púbico. La pintura al óleo absorbe la casi totalidad de las vocaciones que ven en ella una mayor posibilidad de prestigio y ganancia inmediata. No habría nada que objetar a este hecho si no viéramos, paralelamente, cómo van disminuyendo los cultivadores de otras técnicas «menos asequibles. Así, el esmalte, de tan gloriosa tradición y que actualmente, salvo contadas excepciones, tiene un simple valor de arte aplicado a la joyería.

Entre estas excepciones que continúan creyendo en el esmalte como un procedimiento capaz de recoger toda la inquietud de una sensibilidad artística, cabe señalar la de la joven artista norteña María Pepa García Valenzuela. He aquí un caso simpático de vocación. Después de sus primeros éxitos —primer premio de Artes diversas, en la pasada Exposición Nacional de Artesanía; Primer Premio de la Asociación de Pintores y Escultores de Madrid—,un buen día, Mª Pepa García Valenzuela se decide a seguir el consejo de su paisano, el doctor Jauristi, uno de nuestros pocos tratadistas del arte del esmalte, que le indica el nombre de algunos esmaltadores catalanes como posibles elementos eficaces para el enriquecimiento de su técnica, ya de sí depurada y suficiente. En ocasión de su estancia en Barcelona por motivos de estudios, María Pepa Valenzuela nos ha hablado del esmalte en España, de sus posibilidades, del arte señorial de SoIdevila, de la técnica apuradísima de Morató, de Ricardo Arrúe, de Andreu Álvarez Galíndez,  y de los grandes maestros extranjeros Schneider y Gaveau.

María Pepa García Valenzuela habla con simpática vivacidad de los problemas de su arte. Pero, más que insistir sobre los elementos técnicos de su arte, tiene un curioso afán para demostramos que el esmalte es un arte capaz de reflejar el carácter de una época y la fuerza de una personalidad.

—El esmalte —nos dice— no puede detenerse en su evolución. Quizá su principal defecto ha sido siempre su excesiva dependencia en relación a otras artes. Pero no puede ser juzgado por su parasitismo accidental. Yo creo que debe renovarse, perdiendo el fácil anacronismo o la sumisión excesiva a expresiones que ya no se adaptan a nuestro momento. En este sentido, estimo en mucho la obra de Soldevila  por ser, en algunos de sus aspectos, un reflejo exacto de su tiempo, servido con una técnica excepcional. Yo busco en mis esmaltes la máxima expresión con un mínimo de líneas. En cuanto a temas, creo en la vía directa, en el apunte del natural. Ese ha sido mi camino en mis esmaltes a base de tipos vascos. En cuanto a los temas religiosos lo sacrifico todo a una fuerte expresividad. Estos valores de expresión no pueden hacernos olvidar la necesidad de una técnica exacta y precisa, pero tampoco deben sacrificarse aquellos a ésta.

Expresado en otra forma, el esmalte no es únicamente una técnica. Marta Pepa García Valenzuela tiene el propósito de celebrar en la próxima temporada su primera exposición barcelonesa. En aquella ocasión las obras hablarán por ella. Pero los que ya hemos tenido ocasión de saborear las delicadezas de su arte nos complacemos en augurar un éxito a esta exquisita artista que los buenos hados nos han traído ahora a nuestra ciudad”.

En 1945 presentó el dibujo titulado “Sinfonía marinera”, a la Exposición Nacional de Bellas Artes celebrada en los palacios del Retiro.

Sobre estas líneas, algunas fotografías de su obra Vía Crucis, pertenecientes al Archivo Moreno

 

En 1946 expuso con gran éxito sus esmaltes en San Sebastián, como así lo recogió la revista Fotos, y realizó una Exposición de Esmaltes en la Sala de Estampas del Museo Nacional de Arte Moderno, que se clausuró el 11 de noviembre con un acto en el que habla sobre la exposición el que fuera Presidente de la Asociación de Pintores y Escultores, José Francés.

Anuncio del I Salón  Femenino de Arte Actual en el que participó

 

También en el año 1946, el periódico Destino, en su Sección “Las exposiciones de la semana”, dedica otra reseña a la artista, con motivo de su exposición en la Sala Argos de Barcelona:

 “El esmalte es el fruto de una técnica sabia y audaz. El llamear de los colores apasionados en el fuego helado de la superficie vitrificada, exige un cálculo certero, una lúcida penetración en el matiz, en los imponderables que cooperan en la fastuosa riqueza. María Pepa García Valenzuela ha llegado pronto a un completo dominio de tan difíciles y esquivos elementos.

  1. García Valenzuela no se aviene al triste papel que generalmente se atribuye al esmalte. Es simpático su gesto de rebeldía no admitiendo como única razón de esta técnica su fácil e inmediata aplicación a la orfebrería. De ahí este cargar el acierto sobre lo que en todo arte es expresión de una personalidad concreta. Estos esmaltes se enriquecen con la Intención explícita en sus elementos formales: en el arabesco lineal, en la modulación cromática. Se advierte que la artista ha buscado su inspiración en los apuntes del natural y que antes que esmaltadora se considera, simplemente, artista. Sus escenas vascas no son simple traducción al esmalte de formas halladas. Contienen un personal esfuerzo de interpretación de un paisaje y de un pintoresco. En cuanto a sus escenas religiosas, esta misma fuerza de personalidad se manifiesta en una expresividad amiga de laconismos que hacen más patentes las fulguraciones de la materia. Su «Via-Crucis» es un esfuerzo notabilísimo en este camino de dramática simplicidad.

María Pepa García Valenzuela acompaña sus esmaltes con algunas telas al óleo y una serie de dibujos. Estos últimos nos interesan, especialmente, porque en cierto modo constituyen los elementos previos de esta completa cristalización artística que se manifiesta en los esmaltes”.

Esta exposición fue recogida también en la Hoja oficial de la provincia de Barcelona, en la que leemos: “En las Galerías Argos hace su primera aparición en Barcelona la distinguida artista vasca María Josefa García Valenzuela. Expone algunas pinturas, dibujos coloreados y una magnífica colección de esmaltes. Estos últimos han ganado para su destacada autora lauros merecidísimos. Así, su “Rincón marinero”, obtuvo el primer premio –siendo adquirido por el Estado español- en la Exposición Nacional de Artes Decorativas de 1943; y su “Cristo muerto”- que forma parte de un interesantísimo “Vía Crucis”- fue acreedor de una Segunda Medalla en la Exposición de Artesanía celebrada en Burgos, en 1944, con motivo del Milenario de Castilla. Asimismo, fue merecedora de un Primer Premio en el Salón de Otoño del propio año, habiéndole sido adquirida también por el Estado una importante colección de dibujos sobre temas de nuestra Cruzada. María J. García Valenzuela tiene del esmalte un concepto moderno, apartado de la técnica miniaturista que parece ser la más seguida por sus cultivadores. Y en sus admirables piezas triunfa una hierática austeridad, un simplicismo lineal que no es óbice para que la artista prodigue generosamente las riquezas de color y de matiz, conseguidas en la mayor parte de sus obras con una abundancia y una armonía de tonos ciertamente notable. En otras piezas, como las que integran el aludido “Vía Crucis”, aquella también citada austeridad se acentúa adrede, en busca de una intensidad dramática cuya idónea función no se vea entorpecida por elementos que puedan paliar su ascética y emocionada expresión, lograda sobriamente. Aparte de este interesante conjunto, merece principalísimo elogio su espléndido tríptico “Alegoría” –acaso la más acabada y enjundiosa de sus realizaciones- “Puentedey”, rico en calidades y de varonil fuerza; “Dolorosa”, “Pataches”, “Nostalgia” y el ya citado “Rincón marinero”. Deseamos a la refinada y relevante artista una grata estancia entre nosotros, augurándole un éxito a todas luces justo”.

En 1950 participó en la Exposición de Arte Sacro de Roma y realizó algunas otras exposiciones, como la celebrada en la Universidad de Oviedo.

Obra presentada al XIV salón de otoño.

Estío, presentada al XXIII Salón de Otoño

 

Por Real Orden del 14/7/1953, el Estado lleva a cabo la compra de dos de sus obras con destino al Museo Nacional de Artes Decorativas, según ofrecimiento de la propia artista, y por importe de 60.000 pesetas. Se trata del tondo esmaltado titulado “Natividad”, y de la placa de vidrio y cristal titulada “Sagrada Familia. Adoración de los pastores”.

En 1954, por la revista Hola, sabemos que la artista regresó a exponer a Bilbao tras permanecer varios años en Barcelona.

Distintos apuntes y paisajes de la artista

 

En 1955 participó en la III Bienal Hispanoamericana celebrada en Barcelona.

En 1959 logró la Primera Medalla de Arte Decorativo de la Exposición de Bellas Artes correspondiente al XXX Salón de Otoño.

En 1960 obtuvo una Pensión de Bellas Artes, consistente en una asignación de 50.000 pesetas, concedida a los cultivadores de los diversos géneros artísticos, con objeto de favorecer la actividad creadora y facilitar al artista el poder liberarse por un cierto tiempo, de trabajos ajenos a la creación, estimulando otras actividades de carácter teórico, crítico o interpretativo.

En 1962 participó en el Salón Internacional Femenino, como lo recoge el Diario de Burgos, junto a otras artistas de la Asociación de Pintores y Escultores como María Revenga, Josefina Miró, Menchu Gal, Mercedes Gómez Pablos, Gloria Merino, Carmen Arozana y María Dolores Andreu.

Respecto a este I Salón Femenino de Arte Actual, recogido en la Hoja oficial de la provincia de Barcelona, hay que añadir que se celebró en la sala municipal de exposiciones del antiguo Hospital de la Santa Cruz de Barcelona, contando con la colaboración del Ayuntamiento y la Diputación de Barcelona. En el mismo participaron 56 artistas en las disciplinas de pintura, dibujo,  cerámica, grabado y esmalte, siendo la invitada de honor Olga Sacharoff.

Fuera de catálogo, María Josefa García Valenzuela exhibió varios esmaltes, figurando como becaria de la Fundación March, y destacándose que “la distinguida artista es muy conocida en el ambiente artístico de Barcelona por haber expuesto en ella varias veces sus exquisitas realizaciones”.

Natividad. Esmalte, Museo de Artes Decorativas

 

En 1962 presentó la acuarela titulada “Puerto de Agrigento”, a la Exposición Nacional de Bellas Artes, donde reseñó que era “natural de Úbeda, domiciliada en Bilbao, en el Paseo Campo Volantín, 28; discípula de Gustavo de Maeztu. Ha expuesto en Museo Nacional de Arte Moderno de Madrid, Universidad de Oviedo, Bienal de Barcelona, Exposición Internacional de Arte Femenino, exposiciones nacionales”.

En este mismo año, dentro de un estilo tradicional, pero con elementos renovadores, María Josefa García Valenzuela realizó, con ayuda de la Fundación March, un gran panel de esmalte en ópalos traslúcidos y opacos, con temas marinos.

Sagrada Familia: Adoración de los Pastores. Museo de Artes Decorativas

 

En 1970 se presentó a los Premios Villacis y Muñoz Barberán que convocaba la Diputación Provincial de Murcia, al igual que hiciera en 1974, año en que no fue admitida, y en 1976.

En 1973 presentó una exposición en la Caja de Ahorros de Oviedo con veintisiete cuadros y doce esmaltes.

Según algunas  fuentes, María Josefa García Valenzuela falleció en Bilbao, en 1997, sin embargo, en El Correo español del día 5 de marzo de 2001, se cita que “en el día de ayer falleció en Bilbao Doña María Josefa García Valenzuela, pintora”, lo cual no ofrecería dudas acerca de la fecha de su defunción, situándola en el 4 de marzo de 2001.

Los esmaltes de Maria Josefa Garcia Valenzuela figuran en museos y colecciones particulares de Méjico, Barcelona, Roma y Bilbao.

La Diputación de Asturias adquirió el esmalte “Descendimiento”, y, además de otros trabajos para esta última ciudad, la artista realizó un Vía Crucis, los esmaltes para los trasatlánticos “Cabo de San Roque” y “Cabo de San Vicente” y para algunos Paradores Nacionales.

 

La Espera, presentada al XVIII Salón de Otoño

Poema castellano, presentado al XIV Salón de Otoño

 

María Josefa García Valenzuela y la AEPE

*En el XIV Salón de Otoño de 1934, en Arte Decorativo

Poema castellano

* Al XVII Salón de Otoño de 1943 llevó

Puentedey, esmalte

La Virgencita de la aldea, esmalte

Mater Amábilis, esmalte

Puerto viejo de Algarta, esmalte

*En el XVIII Salón de Otoño de 1944 presentó

Cristo muerto, esmalte en ópalos

De la fuente, esmalte en ópalos y traslúcidos

La espera, esmalte en ópalos y traslúcidos

*Al XXI Salón de Otoño de 1947 presentó

Estío

*Al XXIII Salón de Otoño de 1949 presentó una única obra en la sección de Arte Decorativo

Estío, tríptico de esmaltes ópalos traslúcidos

*Al XXV Salón de Otoño de 1952 presentó

Paz marinera

*Al XXVI Salón de Otoño de 1954 presentó

Haro (Logroño)

Virgen marinera

José Gabriel Astudillo, Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores

En una votación atípica

Sobrevenida por las circunstancias especiales en que estos días se ve envuelta la ciudad de Madrid, debido a la celebración de la cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, la jornada electoral que la Asociación Española de Pintores y Escultores llevó a cabo el martes 28 de junio de 2022, se convirtió en una gran carrera de obstáculos contra la que nada se pudo hacer.

Madrid sufría cortes de tráfico con interrupciones que afectaron al Paseo de la Castellana, Gran Vía, Recoletos… y un largo etcétera de calles de la almendra central de la capital, donde se encuentra enclavada la sede social de la AEPE.

Fueron cientos las llamadas que se recibieron en la sede social de la AEPE, a través de las cuales los socios residentes en Madrid, principalmente, nos reiteraban su apoyo pero expresaban su imposibilidad de acercarse hasta el lugar de votación.

El Presidente en funciones, atendió muchas de estas llamadas en las que recibió el apoyo total de los socios, que lamentaban no poder acercarse a ejercer su derecho a voto.

Fuera de la sede social, el ambiente era bastante atípico, con unas calles tomadas por la policía en las que no era posible circular en vehículo, y se hacía difícil hacerlo incluso a pie.

Los controles policiales y los continuos cortes del poco tráfico rodado no hicieron posible que las segundas votaciones democráticas de la historia de la AEPE fueran lucidas.

No obstante, los pocos y osados “socios” que se acercaron a la sede social, arroparon al único candidato y además de cumplir con su derecho a voto, asistieron a la celebración de la Asamblea de proclamación de Presidente de la AEPE, y presenciaron la investidura.

Con una sola candidatura, José Gabriel Astudillo fue proclamado Presidente, acompañado de la casi totalidad de la Junta Directiva propuesta en esta nueva etapa, a excepción de Manuel Díaz Meré que se encontraba indispuesto, quienes en todo momento se mostraron ilusionados por continuar un trabajo que llevan a cabo con tanto orgullo.

Por su parte, el Presidente, se mostró agradecido por la cantidad de votos recibidos por los conductos reglamentarios, de los socios de provincia, principalmente.

Se mostró feliz y aludió a su responsabilidad por seguir haciendo de la centenaria entidad, una institución de referencia artística y cultural de España

 

Su Junta Directiva está formada por Juan Manuel López Reina, como Vicepresidente, Mª Dolores Barreda Pérez, como Secretaria General, y por los Vocales Alicia Sánchez Carmona, Antonio Téllez de Peralta, Paloma Casado López, Carmen Bonilla Carrasco, teniendo como Bibliotecario a Fernando de Marta y Sebastián, como Tesorera de la entidad a Ana Martínez Córdoba y como Consejeros a Manuel Díaz Meré y Jesús Alcolea Ríos.

José Gabriel Astudillo afronta así el que será su tercer mandato, aunque el segundo democrático, con una Junta Directiva formada por artistas y gestores con amplia experiencia y reconocido prestigio artístico y personal, y quiere destacar sobre todo su agradecimiento personal y reconocimiento institucional a los miembros que conforman la Junta, y dar especialmente la bienvenida a quienes se incorporan, para entre todos lograr muchos éxitos en los próximos cuatro años que redunden en beneficio de todos los socios de la entidad y del mundo del arte, de los artistas y de la sociedad española en general.

 

Inaugurado el XVI Salón de Primavera de Valdepeñas

En el Museo Municipal de la localidad manchega

El Museo Municipal de Valdepeñas acoge del 24 de junio al 14 de agosto de 2022, la edición número 16 del Salón de Primavera «Por Tierras de Castilla La Mancha”, para el que se han seleccionado un total de 66 obras de entre más del centenar de las presentadas al certamen que organiza la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Al acto de inauguración han asistido el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, acompañado de los Vocales de la Junta Directiva, Alicia Sánchez Carmona,  Paloma Casado, Carmen Bonilla y Ana Martínez, además de la teniente de alcalde de Cultura Vanessa Irla, así como otras autoridades municipales.

En el mismo acto de inauguración se llevó a cabo la lectura del acta del jurado y la entrega de premios. El Jurado ha estado formado por José Gabriel Astudillo, Presidente de la AEPE y Mª Dolores Barreda Pérez, Secretaria General de la AEPE, actuando como Presidente y Secretaria del Jurado, respectivamente, ambos con voz y sin voto,  y como Vocales del Jurado, Juan Manuel López Reina, Alicia Sánchez Carmona, Antonio Téllez de Peralta y Ana Martínez Córdoba.

Según recuerda José Gabriel Astudillo, Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, el interés de la AEPE por apoyar el Salón de Primavera de Valdepeñas llevó hace unos años a la creación expresa de los galardones, la Medalla de Pintura José Moreno Carbonero y la Medalla de Escultura Lorenzo y Federico Coullaut Valera, ambos socios fundadores y destacados artistas a quienes se rinde así homenaje, además de las Menciones de Honor que el Jurado haya considerado oportunas.

La teniente de alcalde de Cultura, Vanessa Irla, ha afirmado que “en Valdepeñas tenemos muy claro que tenemos que apostar por la cultura y por las artes plásticas, porque sin lugar a dudas lo que se involucre una ciudad e invierta en cultura es la mejor carta de presentación y dice mucho de una ciudad, y es algo que tenemos y lo llevamos muy a gala”.

Irla se refería al compromiso del ayuntamiento impulsado la Exposición Internacional de Artes Plásticas de la localidad, que celebra este año su 83 edición, así como la ruta de esculturas y murales en las calles de la ciudad o los Talleres de Artes Plásticas ‘Daniel de Campos’, entre otros.

 

Por su parte, el presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, incidía en la importancia de las instituciones para mantener la cultura y animaba a los miembros de la asociación a continuar fomentando la cultura. “Yo os animo desde la asociación, después de 112 años que llevamos trabajando, a que sigamos con el mismo empeño divulgando nuestro arte y cultura, porque somos uno de los pocos países que hemos demostrado que estar unidos y desarrollar esta actividad tiene sus frutos”, manifestaba Astudillo apostillando que “Gregorio Prieto era miembro de la asociación, así que todos pasamos por la asociación y todos dejamos nuestra creación”.

 

Tras la presentación de la exposición por parte del Presidente de la AEPE y la teniente de alcalde de Cultura, se procedió a la lectura del acta del jurado, que otorgó los siguientes premios:

Medalla de Pintura José Moreno Carbonero

José Lloréns. La presa del Tajo. Óleo / lienzo. 114 x 146

 

 

Medalla de Escultura Lorenzo y Federico Coullaut Valera

Sergio García. Manos tejiendo. Resina de poliéster patinada. 80 x 40 x 35

 

Mención de Honor

Joaquín Alarcón. Contraluz, entre candilejas. Óleo / cartón. 110 x 75

 

Mención de Honor

Federico García Zamarbide. En Castilla La Mancha. Óleo / tabla entelada. 100 x 130

 

Mención de Honor

Juan Francisco Pérez-Rosas. Cieguito. Modelado positivado en resina de poliéster. 34 x 21 x 27

 

 

El presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, ha felicitado al Ayuntamiento de Valdepeñas «que apuesta firme y decididamente por el arte actual y sobre todo por apoyar a la Asociación y hacer posible la realización de este certamen en una tierra que debería contar con la distinción de “Denominación Artística Protegida».

Los artistas seleccionados en esta ocasión de entre el más de un centenar de obras presentadas al concurso, para integrar la exposición del XIII Salón de Primavera, son:

Joaquín Alarcón González (Joaquín Alarcón) – Aracely Alarcón Morales (Aracely Alarcón) – Dámaso Arriero García – Concepción Artero García (Conchi Artero) – Jimena Aznar Rodríguez – Pardo (Jimena Aznar) – M. Carmen Bellido Márquez (Carmen Bellido) – Carmen Bonilla Carrasco (Carmen Bonilla) – Rosa Elvira Caamaño Fernández – Martina Cantero Jiménez (Martina Cantero) – Mª José Carmezim Rabaça (Carmezim) – Paloma Casado López (Paloma Casado) – Tomás Castaño Pérez (Tomás Castaño) – Rui Chen – Laura Fiona Cunillés Mulá (Fiona Olimpia) – Enrique Delgado Contreras (Enrique Delgado) – Sopetrán Domènech Llorente (Sopetrán Domènech) – José Domínguez Hernández (José Domínguez) – Magdalena España Luque (Magdalena España) – José Carmelo Esteban Gracia (Carmelo Esteban) – Mar Esteban Villar (Mar Esteban) – Diego Fernández Sánchez (Diego Fernández) – María Esther Flórez Fuentes (M. Esther Flórez) – Francisco José Franco Ramírez de Arellano (Arellano) – Sergio García Díez (Sergio García) – María García García (M. García García) – Federico García Zamarbide (Federico García Zamarbide) – J. Pedro Gómez Gómez (J. Pedro Gómez) – Juan Antonio González Sáiz ( Juan Antonio González Sáiz – Juanchi) – Joaquín Gracia Colldeforns (Tximo Gracia) – José Ignacio Gutiérrez Lloréns (José Lloréns) – Antonio Izquierdo Ortega – Patricia Larrea Almeida (Patricia Larrea)         – Alfonso Leal Muñoz (Alfonso Leal) – Laura López Parra (L.L. Parra) – Elisabet López Sáiz (Elisabeth López) – Paulino Lorenzo Tardón  (Paulino L. Tardón) – Juan Ramón Luque Ávalos – Carlos Alberto Márquez Mora (Carlos Márquez) – Daniel Mass Lorenzo – José Molares Fernández (José Molares) – Rafael Luis Moreno Flores – Emilia Moreno García (Emilia Moreno) – Fernando Peña Corchado (Leodegario) – José Antonio de la Peña García-Gadea (José Antonio de la Peña) – Juan Pérez Galiana (Galiana) – Juan Francisco Pérez-Rosas Hidalgo (Juan Francisco Pérez-Rosas ) – Ana Isabel Plaza Carcelen – Agustín Pontesta Icuza (A.Pontesta) – Pura Ramos Calderón (Pura Ramos) – M. Dolores Remesal Rodríguez (Lola Remesal) – Ricardo Renedo Herranz (Ricardo Renedo) – Julián Rodríguez Vázquez – Pilar Ruiz Sierra – Pilar Sagarra Moor (Pilar Sagarra) – M. Cristina Sánchez Estévez (Cristina Sánchez) – Annette Schock – Arturo Tejero Esteban (Arturo Tejero) – Adela Trifán (Adelacreative) – José Antonio Urosa Moujadami  (José Antonio Urosa) – Ángeles Vaquero Pascual (Ángeles Vaquero) – Carlos Vicente del Amo – Pilar Vich Pérez (Pilar Vich)

 

La exposición muestra los últimos trabajos de más de sesenta artistas, la mayoría de ellos pertenecientes a la Asociación Española de Pintores y Escultores, que han ido encontrando un lugar destacado dentro de la plástica contemporánea española. Cada uno de ellos representa a generaciones diferentes, pero unidos bajo el común denominador del lenguaje contemporáneo que se mueve entre la figuración, la abstracción y la vanguardia.

Toda la información, el catálogo digital editado con este motivo y una galería de obra, puedes seguirla en esta misma web, pestaña «Certámenes y Premios», Subpestaña «Salón de Primavera de Valdepeñas».

XVI Salón de Primavera de Valdepeñas

«Por tierras de Castilla La Mancha»

Del 24 de junio al 14 de agosto de 2022

Museo Municipal de Valdepeñas

Calle Real, 42

13300 Valdepeñas, Ciudad Real

Martes: de 17 a 20 h. X, J,V y S: de 10’30 a 14 y de 17 a 20 h. Domingos de 11 a 14 h.

José Gabriel Astudillo López presenta su candidatura a la Presidencia de la AEPE

Siguiendo los plazos establecidos en los Estatutos, el día 2 de junio de 2022,  el Presidente en funciones de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo López, ha presentado en el registro de la centenaria entidad, la candidatura con la que va a concurrir a las elecciones del día 28 de junio de 2022.

Tal y como establecen los estatutos, la candidatura presentada y por él encabezada, incluye la autorización y conformidad expresa de los miembros propuestos a la Junta Directiva, integrantes de la candidatura, y que son:

Presidente: José Gabriel Astudillo López

Vicepresidente: Juan Manuel López-Reina

Secretaria General: Mª Dolores Barreda Pérez

Vocal: Alicia Sánchez Carmona

Vocal: Antonio Téllez de Peralta

Vocal: Paloma Casado López

Vocal: Carmen Bonilla Carrasco

Bibliotecario: Fernando de Marta y Sebastián

Tesorera: Ana Martínez Córdoba

Consejero: Manuel Díaz Meré

Consejero: Jesús Alcolea Ríos

 

Elecciones

El día 28 de junio de 2022 se celebrarán elecciones en la sede social de la entidad, con horario de 10 a 19 h. A partir de las 19 h. se realizará el escrutinio de la votación.

En la mesa de votación se vigilará y garantizará que quienes ejerzan su derecho al voto estén inscritos en el Libro de Registro de Socios y tengan derecho de sufragio por estar al corriente de pago de sus cuotas, y que no puedan votar más de una sola vez.

El voto podrá ser presencial, y se admitirá también el enviado a través de correo certificado, telegrama, burofax, y el delegado expresamente y remitido también de forma certificada, mediante documento acreditativo que incluirá necesariamente el nombre completo, número de socio y el nombre completo de la persona en quien delega su voto.

Los socios tendrán a su disposición en la sede social la papeleta de voto de la única candidatura presentada, para facilitar su derecho al voto. Quienes lo hagan a través de correo certificado, burofax o delegado, podrán solicitar a secretaría la papeleta de voto para remitirla junto a la documentación consignada.

Convocatoria de Asamblea General Ordinaria de Proclamación de Presidente

En cumplimiento de los Estatutos vigentes, con fecha 3 de junio de 2022, queda convocada la  Asamblea General Ordinaria para la proclamación de Presidente que tendrá lugar en nuestro domicilio social, el día 28 de junio de 2022, martes, a las 19 horas en primera convocatoria y a las 19’30 horas en segunda convocatoria, con el siguiente

ORDEN DEL DÍA

  1. Aprobación, si procede, del Acta de la Asamblea General Ordinaria celebrada el pasado día 24 de mayo de 2022.
  2. Escrutinio de la urna de votación.
  3. Proclamación del Presidente y la Junta Directiva por él presentada.

El acta de la Asamblea anterior se encontrará a disposición de los asociados en Secretaría en su horario habitual, desde una semana antes de la fecha señalada para la convocatoria, para su lectura o consulta.

 

Madrid, 3 de junio de 2022

 

Fdo. José Gabriel Astudillo López                                   Fdo. Mª Dolores Barreda Pérez

PRESIDENTE EN FUNDIONES               SECRETARIA GENERAL EN FUNCIONES

 

Aquí os dejamos la Convocatoria de la Asamblea y la Delegación de voto

Convocatoria ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DE PROCLAMACION DE PRESIDENTE 2022

 

Recordando… Salón Amaré

Obras, artistas, socios, pequeñas historias…

Por Mª Dolores Barreda Pérez

 

Salón Amaré

La Familia Amaré y la primera Exposición Feminista de Madrid

 

El Salón Amaré

Situado en el piso bajo de la casa inmediata a las Calatravas, en la calle Alcalá 23, la familia Amaré inauguró el 10 de marzo de 1900 el Salón Amaré, como magnífico Salón de Bellas Artes creado “con todos los elementos que el buen gusto y la riqueza consienten”.

Iglesia de las Calatravas, en la Calle Alcalá de Madrid. A la derecha, el gran toldo señala dónde estaba el Salón Amaré

 

En 1890, Francisco Amaré estableció una empresa de decoración y fabricación de muebles,  un gran taller de carpintero en el número 1 de la Calle de Recoletos, con vuelta al número, 16 del paseo, colindando con el hotel de Manzanedo, donde trabajaban todos los hijos, «acreditados industriales madrileños», manteniendo el taller en la calle Alameda, 36.

 

Respecto a sus muebles modernistas, la prensa ya apuntó que “es natural que el nuevo arte sea vario, caprichoso hasta la exageración y sorprendente hasta escandalizar a las multitudes habituadas a la seriedad antigua… la valentía de los productores de muebles modernistas entre nosotros, tan mal preparados para recibirlos, merece gran estimación, así como el gusto artístico indispensable para comunicar belleza e interés a objetos que deben parecerse lo menos posible a todo lo conocido… todos estos méritos concurren en los hermanos Amaré, que consagran su gusto artístico y aptitudes industriales en un taller, honra de Madrid, al embellecimiento de la casa en decoraciones y muebles, como los representados en las fotografías adjuntas, inspirados en ese arte nuevo que es la aurora del porvenir”.

Comedor estilo moderno, blanco esmalte con adornos de metal cobrizado,  ideado por Amaré, para Eduardo Sancho Mata

 

El establecimiento del Sr. Amaré, cuya inteligencia en la materia y buen gusto es indiscutible, ha logrado rivalizar con los grandes establecimientos extranjeros reuniendo cuantos muebles artísticos puedes apetecerse para el decorado de la más elegante casa, todos ellos construidos en sus talleres y con arreglo a los estilos más en boga”.

La reputación de los muebles fabricados por la casa Amaré era grande, pues la prensa publicaba que “personándose un caballero en la casa de los Sres. Amaré, preguntando los  precios de todos los muebles del almacén, sin regateos ni tira y afloja, cuando tuvo la lista, pagó el importe, y dejando una tarjeta en la que puede leerse el nombre de Richard William, les dijo: -Facturen ustedes todos estos muebles para Londres”.

Adelantado a su tiempo, en 1897 el Sr. Amaré, “dueño del establecimiento de decoración y muebles artísticos de la calle de Recoletos, ha obsequiado a sus numerosos favorecedores con artísticos calendarios para el año próximo”, tal y como rezaba El Liberal.

Ese año, ya se anunciaba como “Muebles de lujo. Amaré. Casa única en mobiliarios y decoración artística de habitaciones. Exposición y talleres, Recoletos, número 1”.

 

En julio de 1899 Enrique Amaré consiguió licencia para un almacén de muebles en la calle Alcalá, 23, el que sería conocido como Salón Amaré.

Gracias al buen hacer de Enrique Amaré, uno de los hijos de la familia, y animados por Ángela María Apolonia Pérez de Barradas y Bernuy, la Duquesa de Denia, protectora de las artes y a quien se debe gran parte del éxito del Salón Amaré, los hermanos Enrique, José, Rafael y Miguel Amaré y Algueró abrieron un  salón moderno ricamente tapizado, que marcaría tendencia y tal y como lo definieron las crónicas de la época, sería un “espléndido estuche, donde como joyas sean expuestas las obras de nuestros grandes artistas”.

La empresa se justificaba en la “necesidad del intermediario entre los artistas y los compradores de obras de arte, tan bien entendida en el extranjero como olvidada en España a costa de la ruina, del abandono y de la oscuridad en que muchos artistas viven; esa necesidad que aquí se ha ido supliendo con las artificiosas exposiciones bienales, en que no llegan al dos por mil las ventas que se realizan, con las tres o cuatro tiendas de molduras alemanas, espejos, cornucopias, cromos y cuadros de poco precio, y con las antiguas Exposiciones permanentes de Bosch y de Hernández… Gracias a ellos el que quiera deleitarse viendo cómo pintan o modelan los españoles del día, no tendrá que irse al Museo Moderno de la Nueva Biblioteca, en que faltan varias de nuestras primeras firmas y sobran otras, ni habrá tampoco de emprender peregrinación fatigosa por los contados estudios de Madrid: le bastará con visitar el establecimiento de los Señores Amaré. Estos han reunido unos cuantos cuadros, no llegan a setenta, y una docena de esculturas. Pero la calidad suple con creces y ventaja la cantidad… dicha colección está presentada, alumbrada y dispuesta de suerte que encanta sin cansar la vista”…

Pero no era sólo una actividad entendida como las actuales galerías de arte, se trataba de hacer un fabuloso escenario en el que llevar a cabo la presentación de la forma más sublime conocida en esa época, de las obras de los grandes maestros. Y en eso, tal y como justificaba la prensa, no escatimaron lujos los hermanos Amaré. Se trataba de montar un “mercado artístico” de excelencia en donde absolutamente todos los detalles estaban ideados y cuidados.

La luz que ilumina el salón, ricamente alfombrado y tapizado con sedas de un azul cuya palidez hace resaltar las pinturas, se ha obtenido por medio de ingeniosa combinación. Una gran pantalla horizontal, unida a la escocia sobre que descansa el techo por gasas gris perla, encierra los potentes focos eléctricos, cuyos rayos luminosos se templan en las casas, adquiriendo en su gris la naturaleza de la luz del día.

La pantalla, adornada con festones de flores bordadas y con el apellido Amaré, arroja sobre el suelo grata penumbra, y el visitante puede gozar de las obras sin molestia y tan completamente como si las viera a una viva luz cenital. La ilusión de luz de día es tan completa, que penetrando en el salón en medio de la mañana o de la tarde, se cree entrar en un patio, al que la luz del sol llega tibia, pero viva, como para poder apreciar todas las delicadezas del dibujo y del color.

Los cuadros, colocados sobre rico zócalo de mármol, disfrutan de bastante holgura como para no perjudicarse entre sí con las distintas e interesantísimas notas que ofrecen; todo está previsto y arreglado convenientemente con el fino instinto artístico de que los hermanos Amaré dan muestras en cuantas obras salen de sus talleres”.

Frente al penoso estado de conservación en el que por aquella época se encontraban los Palacios del Retiro, donde se celebraban las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y cualquier exposición relevante en Madrid, el Salón Amaré ofrecía a los artistas y público visitante un decoro acorde a su categoría. Se trataba de servir de estímulo para los artistas, ya que exponer en él sería una distinción más preciada aún que las recompensas oficiales.

El Salón Amaré en ABC en una fotografía de 1904

En ABC, en 1907, en la exposición de Benedito

 

El Salón Amaré fue considerado como la mejor exposición (entiéndase por ello como continente) presentada en Madrid en el último cuarto de siglo, “favoreciendo el mercado artístico y la mejor adquisición de las obras”.

Por el lujo de la instalación; por las proporciones de la sala, que permiten presentar los cuadros con espacio y sin que se perjudiquen con las distintas tonalidades; por la admirable distribución de la luz y por la selección de las obras expuestas, puede llamarse Exposición bijou (joya) el salón artístico de los Sres. Amaré… Puede considerarse la fiesta de anoche como un barnizado sin barniz ni barnizadores”…

También sabemos por la prensa de la época, que en la inauguración de sus exposiciones “la entrada se limita a los invitados y será por el portal”.

Estaba compuesto de dos salas: para llegar a la primera, se atravesaba por un espacio ocupado por «exquisitos muebles de elegante y original traza«, divanes, sillones, armarios-vitrina y muros cubiertos con riquísimas tapicerías, todo lo cual recordaba los estudios de pintores de la época.

El artista e intelectual Balsa de la Vega escribió al respecto, mostrándose particularmente impresionado por la segunda sala del Salón: “de forma trapezoidal y totalmente tapizadas sus paredes de seda, se evidencia aquí la preocupación por el problema de la iluminación… Al parecer, y en línea con experimentaciones llevadas a cabo en la Sociedad de Acuarelistas de Londres (luz eléctrica moderada por gruesas telas blancas), se utilizaron lámparas veladas con tules al objeto de eliminar brillos y dar la apariencia de luz diurna”.

Blanco y negro 1901

Blanco y negro 1904 suscripción al monumento a Castelar

 

En el salón Amaré se expuso durante diez años la mejor pintura producida en España, y a la vez, en las habitaciones contiguas, exhibía la Casa Amaré sus muebles que, por aquel tiempo, iban a parar a las mansiones más ricas de Madrid.

Se debe, por tanto a los hermanos Amaré la creación del tipo de salón moderno de exposiciones de pintura ricamente tapizado, de coloraciones discretas, alfombras de adecuados matices, muebles como para realzar las pinturas y sobrias instalaciones de éstas, dando idea, más que de almacenes de cuadros, de estancias particulares, lujosas y exquisitas.

La prensa de la época hablaba de ellos en estos términos: “Los Sres. Amaré son Industriales a la moderna, con verdadero espíritu de artistas que se consagran a los negocios en los cuales han logrado envidiable reputación con nobles aspiraciones, no sólo cifradas en la ganancia material, que alcanzan también a la fama y que sirven para justo enaltecimiento del nombre.

Los muebles de los Sres. Amaré, construidos con arreglo a proyectos que idea y dibuja Enrique Amaré, un artista completo, dan a la casa de que hablamos grandísima notoriedad; pero ésta ha de acrecentarse de seguro con el propósito que realizan a la sazón los Sres. Amaré… Se trata de una exposición artística, pequeña por el número de obras, pero grande por su importancia. Los Sres. Amaré, con esplendidez por nadie igualada, han preparado un salón donde ofrecen grandiosa hospitalidad a los trabajos de los más insignes pintores y escultores de España. Decorada con sumo gusto, con el gusto que tiene un hogar propio en aquella casa, dispuesta en condiciones admirables, la sala Amaré es un alarde honroso de la fuerza de los artistas… Todas las obras expuestas son de tamaño propio para la venta”.

La primera exposición que inauguró el Salón Amaré lo hizo por todo lo alto, con las mejores firmas de los pintores y escultores del momento: Sorolla, Ricardo y Raimundo Madrazo, Bilbao, Muños Degrain, José y Luis Jiménez Aranda, Viniegra, Menéndez Pidal, Moreno Carbonero, Beruete, Simoner, Martínez Abades, Martínez Cubells, Benedito, Fortuny, Raurich, Gessa, Saint Aubin, Pulido, Tomás Martín, Domingo Muñoz, Ferrant, los hermanos Benlliure, Lhardy, los hermanos Masriera, Carlos Vázquez, Peña Muñoz, Nogales, Barruso, Nájera, Plá, Alcalá Galiano, Sala, Santa María, Pinazo, Domínguez, Haes, Miguel Blay, Susillo, Marinas, Alcoverro, Castaño, Vancells y Trilles.

Para la gran inauguración, los hermanos Amaré celebraron después un “banquete suntuoso” especialmente dirigido a la prensa y en el que participaron representantes de los principales periódicos y revistas ilustradas del momento, muchos artistas, intelectuales y altos cargos gubernamentales como el director del Museo de Reproducciones.

Era, pues, una forma de “vender” una gran sala de exposiciones y una muestra que se “vendía” sola por los grandes artistas participantes en ella.

En esta primera exposición con la que se inauguraba el Salón Amaré, la prensa destacó que “la instalación está hecha con exquisito y lujoso gusto, formando un conjunto superior a lo más notable que en este género se habrá hecho en España”.

El más selecto Madrid pasó por aquel Salón Amaré, incluso contó con la asistencia en días posteriores, de los Reyes de España, convirtiéndose pronto en una cita obligada en el panorama artístico español.

En septiembre de 1900, los hermanos Amaré crearon también un concurso abierto a los artistas para premiar el mejor cartel anunciador de su Exposición de muebles artísticos, siendo el ganador del mismo José Francés (Agramunt), hijo, adjudicándosele un premio de 500 pesetas (de la época). La prensa cita que los carteles que optaban a premio se expusieron, habiendo algunos “dignos de mención por su originalidad y buen gusto”.

Casi un año después de la apertura del Salón Amaré, la revista Mundo Gráfico hacía balance en los siguientes términos: … “Los lienzos expuestos han alcanczado casi todos precios elevados, y algunos afortunados maestros han recibido encargos para otros. Francisco Amaré fundó la casa hace años dedicando su inteligencia a la construcción de muebles de lujo de orden artístico… sus hijos y sucesores con acierto, establecieron una Exposición permanente de obras pictóricas escogidas, y lo han realizado con éxito… Los señores Amaré han ampliado las salas y decorado con gusto la entrada y salón central. El grabado que acompaña estas líneas, es reproducción de la talla en que se destaca el retrato del laborioso industrial Francisco Amaré, ya finado… El hecho de encontrarse un lienzo en dicha casa ofrece garantía de la autenticidad de la firma de su autor, sin que exista peligro alguno de error, toda vez que los interesados entregan directamente las obras que destinan a la venta… la casa Amaré no escatima gastos a la hora de montar la instalación en un lujoso templo”.

 

La familia Amaré

Relieve modernista con la talla del retrato de Francisco Amaré que preside la entrada al Salón Amaré

 

Francisco Amaré y Vilas, industrial dedicado a la ebanistería y Francisca Algueró, hermana del licenciado Reverendo Rafael Algueró y tía del que fuera concejal y alcalde del Ayuntamiento de Tortosa, Francisco de Paula Algueró y Morata.

El matrimonio tuvo seis hijos: Enrique (1864-1919), José María (1867-¿?), Rafael (1872-¿?), Federico (1874-¿?), Miguel (1882-¿?) y Arturo (1885-¿?).

Excepto de Enrique, que nació en Tortosa, del resto de los hermanos se conserva su expediente académico en el Instituto de Segunda Enseñanza Cardenal Cisneros de Madrid. De José además, el expediente de su paso por el Instituto de San Isidro de Madrid de enseñanza secundaria.

En el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid del martes 11 de julio de 1911, se publica una citación para Miguel y José María Amaré Algueró, de los que se dice que “Miguel Amaré y Algueró, de unos treinta y seis años, soltero, del comercio” y a “José María Amaré y Algueró, de unos cuarenta y cinco años, casado, de igual profesión”, “sus señas son: el primero, estatura regular, más bien grueso, pelo castaño; y el segundo, estatura alta, grueso, pelo castaño”.

Sabemos por las crónicas de la época, que todos trabajaron en el taller de muebles del patriarca, aunque después algunos siguieran su camino. Datos hay pocos, de algunos de ellos ninguno, pero vamos a intentar trazar un breve perfil de ellos.

José Amaré Algueró. 1867-¿?

Director económico del Salón Amaré. Cursó estudios de Bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros y en el Instituto San Isidro de Madrid.

En su expediente académico consta que a día 20 de septiembre de 1879 tenía 12 años de edad y vivía en la Calle Biblioteca, nº 8 de Madrid.

Trabajó con sus hermanos, siendo conocidos por la denominación de «hermanos Amaré».​

 

Rafael Amaré Algueró. 1872-¿ ?

Escultor y ebanista. Cursó estudios de Bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid.

En 1927 se siguió contra él un juicio verbal civil, sacándose a pública subasta una máquina de escribir marca “Royal” de su propiedad, tasada en 375 pesetas.

Trabajó con sus hermanos en el Salón Amaré.

 

Arturo Amaré Algueró. 1885 –¿

Del que nada sabemos.

Salón principal de la Exposición Amaré, Blanco y Negro 1900

 

Federico Amaré Algueró 1874-¿)  Fotógrafo.

Cursó estudios de Bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid.

Había participado en la prensa con varios reportajes gráficos.

Federico Amaré fue miembro de la expedición obrera comisionada para asistir a la Exposición Universal de París de 1900. Participará como delegado del Círculo de la Unión Industrial. En la lista de miembros publicada por la Gaceta de Madrid del 21 de julio de 1900 [Núm. 202, p. 297] figura como fotógrafo.

En 1905 será premiado en la Exposición Fotográfica de Bilbao con Medalla de Bronce y Premio Lumière al lema «Luz y Sombra».

En 1907 participará en la exposición organizada por la Real Sociedad Fotográfica Madrileña; obtendrá mención honorífica en la categoría de «Figura, retrato y composición». Sobre este premio había dicho la revista mensual ilustrada La fotografía: “Federico Amarés (que es profesional, pero que, al parecer promiscuo), presenta trabajos muy en grande y muy bien acabados. Señalemos un moro (de los que van a Cartagena) y un tirador de armas muy bien retratado. Merecía más de una Mención honorífica”.

Su estudio de Cartagena estaba en la calle San Miguel, número 1. La actividad principal eran las ampliaciones, reproducciones, pinturas y esmaltes. Comenzará a funcionar en 1905, sumando a la de estudio la condición de galería fotográfica. En 1910 el estudio estará en la calle Marina Española, número 11.

En el Diario de Tortosa del 25 de febrero de 1904 [Año XII, núm. 6719] se menciona a Federico como hermano de Enrique Amaré, «acreditados industriales madrileños».

En un artículo titulado La Casa Moderna, publicado el 11 de junio de 1904 en Blanco y Negro [Año XIV, núm. 684] se habla de un salón decorado al estilo Luis XV, «…construido por los Sres. Amaré para un capitalista de Cartagena». Una coincidencia que relaciona a los industriales madrileños con el estudio de Federico en aquella ciudad.

 

Miguel Amaré Algueró (1882-¿)

Madrid. Cursó estudios de Bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid.

Trabajó con sus hermanos, siendo conocidos por la denominación de «hermanos Amaré». Tuvo una hija natural, María del Carmen Dijes Fernández, que hubo de reconocer tras un fallo judicial de la Audiencia Provincial de Madrid en 1947.

Enrique Amaré y Algueró, Tortosa, hacia 1864.

Era un gran pintor decorador, escenógrafo, mueblista y marchante de arte que entre 1890 y 1891 realizaba las pinturas de decorados del teatro Eslava de Madrid.

Era además profesor de Dibujo de Adorno y Figura del yeso en el Círculo de la Unión Industrial de Madrid.

Enrique Amaré y Algueró  en Mundo Gráfico, 1919

 

Trabajó con sus hermanos, siendo conocidos por la denominación de «hermanos Amaré», aunque Enrique sería «el artista de la casa».

Fue jurado en casi todas las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de 1899 en la sección de Arte Decorativo.

En 1900 fundó junto a su hermano José el famoso Salón Amaré de Madrid.

En 1904 fue premiado en la Exposición  Nacional de Bellas Artes, en la sección de Artes Decorativas. Obtuvo también Primera Medalla en la Escuela Superior de Artes e Industrias de Toledo.

Por esos mundos  1 de junio de 1904

 

Falleció en 1919 a la edad de 55 años. Tal y como comentaron los periódicos de la época, Enrique Amaré era un verdadero artista de talla… una excelente persona, de gran modestia, que había logrado su reputación a fuerza de trabajo y virtuosidad.

En el registro de patentes aparece una suya, en la sección de Artes liberales (Economía doméstica e industrias diversas), con el número 55.475, “Enrique Amaré. Invención. “La fabricación de pañuelos de incrustaciones de maderas y otras materias para las habitaciones”.

Autorretrato de Enrique Amaré

 

De él escribió Francisco Alcántara, socio de la Asociación Española de Pintores y Escultores tras su muerte, “Enrique Amaré era el artista de la casa y lo era con las patriarcales apariencias de hombre de taller, de traje, porte, conversación, no existían diferencias con los más modestos de sus colaboradores, maestros, oficiales o aprendices, que se movían impulsados por las ideas de aquel para la ejecución de sus proyectos. Sus bellas decoraciones fueron premiadas en concursos oficiales con mercancías de segunda y de primera clase. También fue Enrique Amaré jurado en casi todas las Exposiciones de Arte decorativo celebradas en Madrid. Acabo de saber que este notable artista e incansable trabajador ha muerto, después de larga y penosa enfermedad, a los 55 años; y con la melancolía que la muerte pone en los recuerdos más gratos, voy, conducido por mi memoria, al través de los que acabo de enumerar, recuerdos de días felices para Enrique Amaré, hasta aquel gran taller de carpintero de la ronda de Atocha, muy cerca de la antigua Basílica, creado por su padre y en donde conocí a Enrique y a sus otros hermanos, cuando vivían en aquella atmósfera de constancia y entusiasmo triunfales que saben crear los espíritus valientes y las familias emprendedoras para educación de sus hijos. Pocas veces dejan esos hombres y esas casas, en las que una pareja feliz y fecunda lanza a la vida bien dotados luchadores, de alcanzar una página en la historia de la ciudad o de la nación. El viejo Amaré alcanzó su objeto en el notable artista decorador que acaba de morir y en sus otros hijos, siempre activos y trabajadores. Yo consagro hoy a la  buena memoria de Enrique Amaré el recuerdo de aquellos artículos que publiqué hace cuarenta años en periódicos que ya no existen, artículos poseídos del espíritu de reconstitución nacional que prevalecía en el taller de su padre”…

El Heraldo de Madrid. 13 de julio de 1919

 

El Salón Amaré realizó la primera Exposición Feminista de Madrid

Exposición de Pintura Feminista en el Salón Amaré, Madrid, 1903 ABC

 

En 1896 se celebró la primera exposición feminista de nuestro país en la Sala Parés de Barcelona, por influencia del ambiente cultural parisino, a la que siguieron otras tres celebradas en la misma sala hasta 1900 y por las que pasaron alrededor de 200 artistas.

Pero el triunfo obtenido por la primera muestra se fue diluyendo progresivamente y a partir de 1900 se interrumpieron por la crisis del mercado artístico barcelonés y por la baja participación de artistas en la última celebrada, a la que concurrieron únicamente veintitrés pintoras. En estas exhibiciones, de eclecticismo estilístico, había profesionales y aficionadas.

En 1903, emulando a las celebradas en la Sala Parés de Barcelona, se celebró la Primera Exposición Feminista en el madrileño Salón Amaré en la que participaron alrededor de cuarenta pintoras, entre las que destacaban asociadas de la Asociación de Pintores y Escultores como Julia Alcayde, Fernanda Francés y Marcelina Poncela.

La exposición se inauguró con una fiesta y en La Época se escribió: “El número y calidad de las obras que figuran en esta Exposición demuestran elocuentemente que el núcleo madrileño de femmes peintres tiene importancia y significación”.

La Dinastía indicaba: “Y la verdad, ensancha el ánimo que aquí, donde la mujer cuenta con tan limitado campo de acción, se le abran nuevos caminos que, no sólo han de poner de relieve su cultura, sino que hasta pueden llegar a ser medios de vida”.

El Liberal comentaba así la exposición: “La serie, tan interesante, de Exposiciones particulares de pintura y escultura presentadas este año en el Salón Amaré, se cierra con la primera Exposición de pintura feminista, recientemente abierta, y que durará hasta final de mes. Con esta Exposición, á la que seguirán otras de la misma clase en loa años sucesivos, la pintura femenina, que hasta aquí ha sido entre nosotros un elemento de recreo y adorno en la educación de la mujer, puede adquirir un valor artístico y comercial que la transforme de entretenimiento de lujo en una profesión. Así ocurre fuera de España. Las salas del Museo del Prado, sobre todo las de Velázquez y Murillo, se ven de ordinario más frecuentadas que por los pintores, por las pintoras del extranjero que acuden a copiar las obras maestras de nuestros grandes artistas. La pintura femenina, trasladada de la apreciación benévola y complaciente de la familia y de las amistades en el gabinete del hogar, a la sanción del público de la crítica en la Exposición, entrará en un periodo de indudable progreso, impulsado por el estímulo.

Esta sola consideración asegura el buen éxito que a la larga tendrá la primera Exposición de pintura feminista organizada por los Sres. Amaré. Pero este éxito es también actual, pues pertenece al conjunto do las setenta y ocho obras expuestas. No espera el visitante, al examinarlas, encontrarse con que casi todas corresponden a un nivel medio de pintura, más extraño que por la falta de cuadros sobresalientes, por la ausencia de cuadros que desentonen por su escasez de valor. Y esta sorpresa se torna más viva al saberse que la galantería dispensó a los cuadros de la selección, al ser admitidos.

Los asuntos de la mayoría de las obras concuerdan con el carácter doméstico que aquí tiene la pintura femenina. Dominan los bodegones, los estudios de frutas, de caza muerta y de animales caseros, y las composiciones de flores, trasladadas del jardín a la casa, y agrupadas a gusto. Son menos frecuentes los trabajos de paisajes y marinas pintados al aire libre, y hay una gran escasez de estudios del modelo humano, sobre todo del masculino.

Es la pintura de placer y de adorno, encerrada en casa, donde tiene forzosamente que escoger su material de estudio; pintura todavía tímida, por prevenciones de exotismo, para realizarse con desenfado ante la naturaleza, y no tan completamente informada por el arte, que pueda entregarse con libertad al estudio del modelo.

Prescindiendo en general, de la naturaleza y del modelo, esta pintura femenina no puede elevarse a una altura muy considerable; pero dentro del campo limitado en que se produce, hay en la Exposición Amaré obras de mérito muy apreciable, de verdadero valor artístico.

Los cuadros de más vuelo están hechos fuera de ese límite y uno de ellos, precisamente el más notable de la Exposición, pertenece a la señorita sevillana María Luisa Puiggener, que lo ha enviado desde Sevilla, donde pinta… De flores y frutas hay cuadros lindísimos, que recuerdan las obras de este género que pinta en París María Luisa de la Riva, cuyos cuadros se echan de menos en esta Exposición… las demás señoritas son…. Todas ellas demuestran en sus obras muy buenas aptitudes para la pintura, que se irán desarrollando con los certámenes sucesivos. Para la Exposición del año que viene habrá que apretar, porque los Sres. Amaré piensan nombrar un Jurado para la admisión de las obras, que podrá cumplir su cometido con entera libertad, porque serán pintoras las que hayan de componerlo.”

El Álbum Ibero Americano cita también a todas las participantes: Julia Alcayde, Marcelina Poncela, Fernanda Francés, Elvira Beltrán de Lis, Amalia de la Iglesia y Romea, Regina Alcaide de Zafra, Julia Argumosa de León y Rafaela Aroca, como Elena María Camarón, Esperanza Fonseca, Teresa Gil Sanz, Concha Lozano y Montalvo, Sánchez Aroca, Soledad y Victoria de la Vega Carrasco, Concepción Ramos Martín, Encarnación Bustillo, Ángela Dalmau de Grau, Pilar Bermejo Álvarez, María B. de Rivera, Eugenia Cañedo, Isabel Carré López, Milagros Castañeda, Ana de Ciraf, María Alieu Couselle, Chao de Romea, Matilde Escribano, Haselden, Ofelia Meléndez Pando, Luisa Nasaldeu, María Notario y Merino, Julia Oliet, Francisca Olivar Copons, Felisa Palacio, Ángeles, Isabel, Obdulia y Carmen Rodríguez Valdés, Luisa Samper, Aurora de la Torre.

Entre ellas había pintoras con cierto relieve artístico, algunas eran miembros de la aristocracia y de clases sociales adineradas, otras eran maestras y habían estudiado o estaban estudiando en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado o se habían formado en la Escuela de Artes y Oficios de la calle de la Palma; el resto eran aficionadas, algunas discípulas de Marcelina Poncela según se desprende de la noticia que apareció en el Boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones y que habla sobre la participación de dos castellanas en esta primera exposición feminista, Marcelina Poncela y Encarnación Bustillo Salomón: “Marcelina Poncela de Jardiel, laureada en Exposiciones generales, y verdaderamente maestra, pues en el Salón Amaré se ven obras de discípulas suyas, presenta cinco obras de paisaje, frutas y flores entre las que destaca su obra Camino del Pardo que parece producto de un pincel masculino“.

No fue favorable la reseña sobre esta exposición en La Correspondencia de España ya que su autor escribe que “había disfrutado más con la belleza de las artistas que con sus obras”. Indica que era una “muestra muy femenina” y la compara con la celebrada en París durante el mes de mayo de ese mismo año, dejando entender que ésta es un fracaso.

La Exposición del Salón Amaré de Madrid, se podría considerar como un primer paso asociativo, en el que las mujeres quisieron significarse.

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