El mejor de los jurados para una gran celebración

La del 90 Salón de Otoño 

de la Asociación Española de Pintores y Escultores

 

El día 27 de septiembre de 2023 tuvo lugar la reunión del Jurado de selección y calificación del Salón de Otoño que este año llega a su edición número 90, siendo así el certamen más antiguo y prestigioso de los que se convocan en España.

Organizado por la Asociación Española de Pintores y Escultores, el primer Salón de Otoño nació en 1920 como un acto de rebeldía frente a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, dando cabida a todas las tendencias, todos los estilos y todas las vanguardias.

103 años después, el Salón de Otoño cumple su edición casi 40.000 artistas, desde Picasso a Sorolla, de Gutiérrez Solana a Dis Berlin, de Alberti a Antonio López… y se han otorgado alrededor de 2.400 premios.

El jurado del 90 Salón de Otoño ha estado formado por José Gabriel Astudillo López, Presidente de la AEPE, Mª Dolores Barreda Pérez, Secretaria General de la AEPE, actuando como Presidente y Secretaria del mismo, ambos con voz y sin voto, y ha tenido como vocales a los artistas Eduardo Naranjo, Paula Varona, Ricardo Sanz, Soledad Fernández, José Luis Fernández, Tomás Paredes, Presidente de Honor de la Asociación Española de Críticos de Arte, Mª Dolores Chamero, Directora del Centro Cultural Casa de Vacas y Wifredo Rincón, Doctor en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza, profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid.

 

Tal y como comenta José Gabriel Astudillo, “No puedo dejar de agradecer a los miembros del Jurado, directamente implicados en este proyecto común que es la Asociación Española de Pintores y Escultores, la encomiable labor que han realizado. Son ellos quienes entienden y comparten la sensibilidad del creador y quienes desde la serenidad y la reflexión, han sido capaces de vislumbrar lo mejor de cada artista”.

Y es que todos los miembros de este Jurado forman parte de una entidad que ha cumplido ya 113 años y que ha querido recuperar los orígenes y el espíritu de los primeros Salones de Otoño, en el que eran los artistas quienes dirimían sobre las obras de otros artistas.

Ha sido un enorme esfuerzo el realizado, con una elevada participación de obras de gran calidad, que darán fruto en la exposición que se inaugurará el próximo día 26 de octubre de 2023, en la Casa de Vacas del madrileño Parque del Buen Retiro, cuando tenga lugar además la gala de entrega de premios de una edición que podrá verse hasta el 26 de noviembre.

En esta edición especial del 90 Salón de Otoño, se va a realizar además un Ciclo de Conferencias que tendrán lugar en el Salón de Actos de la Casa de Vacas, durante los viernes que dure la exposición, y que tratará sobre los antecedentes, pasado, presente y futuro de un certamen por el que han pasado la inmensa mayoría de artistas del siglo XX y XXI.

Además, la Asociación Española de Pintores y Escultores ha puesto en marcha un libro conmemorativo del 90 Salón de Otoño titulado “Códex 90”, en el que han podido participar todos los artistas que así lo han decidido, con una obra original que compondrá un gran libro con el que podrán dejar testimonio de una edición tan especial.

Puedes seguir toda la información en esta misma web, pestaña «Certámenes», subpestaña «Salón de Otoño», así como unas impresiones de cada uno de los miembros del Jurado.

Firmas con sello de lujo. Tomás Paredes

 

La impasible mirada del estoico

                                                                                     

Vivimos tiempos de conductas innobles, de arbitrariedad, de indecencia; de fragmentación, de adulación de derechos y olvido tórpido de obligaciones. Urge pensar, aplicar la impasible mirada del estoico, dedicando a los hechos análisis desapasionado y objetivo, impersonal. Como dice René Char: “No nos está permitido enloquecer en una época demente, aunque nos pueda quemar vivos un fuego cuyo igual somos”.

Los sistemas filosóficos que no son formas de vida son materia de manual, teorías que se transmiten como objetos de pensamiento, sin ser conocimiento. El estoicismo afirma la esencial universalidad y la unidad del hombre. Nace en la época helenística y permanece hasta la actualidad, porque no elabora doctrinas, sino que ahorma un estilo de vida. Más que idearios requiere conductas, nobleza, limpidez, transparencia.

Nobleza, condición de noble, nada que ver con castas interesadas en vestigios o fortunas hereditarias. La nobleza es una forma de inteligencia y de belleza. Noble es quien de forma natural exhibe conducta generosa, tolerante, empática, limpia, iluminada por la inocencia genuina del ser. Tengo el privilegio de conocer y tener cerca personas nobles; no hablo de oídas, sino de actitudes que justifican la mejor condición del ser humano. Nadie es más rico, más afortunado que aquel que es noble, pero la nobleza se conquista.

La mentalidad helenística es racionalista, pragmática, empírica. El siglo III a. d.C. es el del apogeo helenístico, cuando prosperaron las ciencias positivas. Época augural para la física, la matemática, la química, la astronomía, la medicina. Tiempo de Arquímedes, Eratóstenes, Erasístrato, Euclides. Evoluciona el pensamiento, el arte se hace realista, se impone la koiné, la política se hace práctica: el sistema de Ptolomeo II es el ejemplo.

En ese lapso glorioso emerge el estoicismo, el mayor agente activo revolucionario de los siglos III a.d. C. al II d. C. en el Mediterráneo. Aunque oficialmente el estoicismo acaba con la clausura de la Escuela de Atenas por el emperador Justiniano, año 529.

Tras centurias de confusión, de guadianismo, resurge y se sincretiza con el cristianismo, s. XVI: el humanista belga, Justo Lipsio/Joost Lips, publicó en 1584 De Constantia, la obra que lo fundamenta. El estoicismo ha sobrevivido hasta nuestros días, ¿acaso Borges no es un estoico? El jovencísimo nadador rumano, David Popovici, asegura que su fuerza para vencer y romper todas las marcas se la da el estoicismo, citando máximas de Marco Aurelio y Epícteto.

Zenón de Citio llega a Atenas el 311 a.d.C. y después de merodear varias escuelas, se decide por crear una que se denominó estoicismo, que toma su nombre de la Stoa Pecile, o puerta del lugar donde el maestro exponía sus enseñanzas a seguidores. Al principio se llamó también zenoismo. Zenón propone la primera Utopía de un estado universal en el que los ciudadanos estarán regidos por el amor, como única ley. Y también la igualdad de los hombres y su respeto mutuo.

Para su estudio, se periodizan tres etapas: el estoicismo antiguo, integrado por su fundador y sucesores Cleantes y Crisipo de Solos. El medio, con Diógenes de Babilonia y Antípater de Tarso, que difunde la filosofía por el Mediterráneo, contando con las figuras de Panecio de Rodas y Posidonio de Apamea, los Catón y Escipión el Africano.

Todos saben que, Posidonio de Apamea, Siria, 135-51 a. d .C, fue el gran polímata de su tiempo: político, historiador, astrónomo, geógrafo, filósofo y viajero, incluso estuvo en Gades y midió las mareas y su relación con los flujos, lunares. Figura más universal de la ciencia, después de Aristóteles. De familia acomodada siria, estudió en Atenas y se convirtió en un paladín de lo estoico y de la cultura universal.

Y tercera fase, el estoicismo nuevo o romano, la introducción del sistema en el mundo romano, con las figuras señeras de Séneca, Epícteto y Marco Aurelio, siglo II. Senequismo no es sinónimo de estoicismo, pero ya veremos que coinciden en puntos sustanciales. Y que Séneca bebe en Posidonio de Apamea.

Marco Aurelio, 121-180, fue uno de los grandes emperadores, su honestidad y sus principios estoicos condicionaron su forma de gobernar con éxito. Adriano le llamaba, aun joven, verisimus, el honesto. Marco Aurelio escribió unas Meditaciones, que se han convertido en una almaciga de citas. Persiguió a los cristianos, pero fue noble, digno y respetuoso de la justicia. Valen más sus acciones que su benevolencia.

El estoicismo apunta dos ideas generales: la universalidad y la unidad del hombre. Las grandes virtudes que adornan a los estoicos son: el conocimiento, templanza, justicia y la fuerza para mantener la claridad y la integridad. Sin conocimiento no hay elección, criterio; sin templanza no hay tolerancia; sin justicia no hay libertad, ni igualdad; sin integridad, sin ética, ninguna conducta tiene orientación.

 No estoy hablando de un sistema de autoayuda, tan manoseados y tópicos ahora, sino de un estilo de vida, de unas normas de conducta, de un comportamiento, fundamentado en la ejemplaridad, no en la propaganda. Nuestro desarraigo intelectual y espiritual nos ha hecho intolerantes, macarras, insolidarios. Y todo eso tiene mucho que ver con el resurgimiento de los nacionalismos excluyentes, torpes y salvajes, ignaros, alimentados por fanáticos, frenéticos y fantásticos, con muy poco en la cabeza y nada en el corazón.

Polibio de Megalópolis hace la recepción de las ideas estoicas en la historiografía antigua. La historia con Heródoto se proponía narrar; con Tucídides, enjuiciar; con Teopompo, declamar. ¿Qué ofrece el estoicismo a la historiografía? Comprender, demostrar y comprobar, o sea investigar. Será Polibio el que imponga “la noble objetividad”, la impasible mirada, el examen desapasionado e impersonal de los hechos.

Posidonio de Apamea, 135-51 a. d. C., facilitará el paso del helenismo a la época grecorromana. Las Historias de Posidonio contienen tres ideas: la ambición universalista, la igualdad de los pueblos y la voluntad de la razón cósmica, que es la idea providencialista en el porvenir. En él se inspirará Séneca, quien a su vez influirá en Floro, cantor de la paz romana. El poeta Lucano será otro estoico.

Arriano, de formación estoica, es autor de Anábasis de Alejandro, uno de los libros más hermosos de la antigüedad, allí podemos leer: “Aunque censuro en el discurso de esta narración algunos de sus hechos, confieso sin rebozo que soy admirador entusiasta de Alejandro”. Esta aseveración se ha repetido después y se ha adjudicado a distintos personajes de la historia sin citar a su autor. Los estoicos no fueron nunca proclives a Alejandro, pero Arriano le admiró profundamente y lo dice sin tapujos.

Algunas ideas que hoy nos resultan asimiladas y comunes, como la existencia de una historia universal, el hecho de que el género humano es sujeto colectivo de la historia o que los hechos trascienden la esfera de un pueblo, son ideas que expresa e impone Polibio y que afinan sus sucesores.

El discurrir de los césares, con sus adulteraciones, produjo una cierta decadencia, que se salva con la llegada al poder de Trajano. Hay unas páginas extraordinarias, Semblanza de Trajano, de don Santiago Montero Díaz, que hablan del gran emperador español y de su influencia de Séneca y del estoicismo. Esas páginas me sirven de guía para esta nota.

Para Montero Díaz: “Lo heroico se realiza según tres categorías. La épica, en las culturas que nacen: el héroe domina el destino. La histórica, en las culturas que culminan: el héroe es la expresión del destino. La trágica, en las culturas que se hunden: el héroe es vencido por el destino. En la primera y la última hay conflicto. En la segunda, no. A ella pertenece Trajano”. ¡Deduzca el lector dónde nuestro momento!

Después de su campaña germánica, es nombrado emperador y hace su entrada en Roma a pie- lo que nunca había sucedido-, con manifiesta sencillez y exclama: “Quiero tratar a los demás como yo quisiera ser tratado si no fuera emperador”.  Tácito alaba a Ulpio Trajano asegurando: “en su tiempo cada cual podía pensar lo que quería y decir lo que pensaba”.  Suena a música liberal, “brisas liberales” las llama Montero Díaz.

Trajano, el general de la Bética es un romano de rancio abolengo. Nace el año 53, es pretor, gobernador de la Tarraconense y de Germania. Adoptado por Nerva, será emperador a los cuarenta y cinco años. Trajano “coloniza para la eternidad”, conquista a partos y dacios, a los germánicos y gobernará guiado por el cálculo y la prudencia.

Según Eutropio, cuajó de arte Roma, España, África, Italia, Oriente, reconstruyendo la destruida Antioquía. Hizo edificios, puentes, calzadas, acueductos, fortalezas. Para él “el bienestar de su patria radica en la agricultura como base vital y en la guerra como destino colectivo”. Y a eso se dedica con mano de seda y autoridad de bronce.

El estoicismo, con su punto de acendrada rebeldía, incita a la crítica del estatus imperial, corroe las bases del estado, socaba las viejas jerarquías, porque contiene un sentido tan fuerte de autoridad como de nobleza. Firme con el poderoso y tolerante con el vulnerable. Trajano tan imperial y respetuosos de las jerarquías, jamás pasa los límites. No es un estoico puro, pero es generoso, leal al decoro del estado, senequista ejemplar, duro, vive con modestia, como su hermana y su mujer, inusual en un emperador.

Para Montero Díaz: “Trajano es, pues, un traductor de su propia grandeza a fórmulas escuetas, exactas, infalibles […] intérprete fiel del destino irrevocable y único de su tiempo”. Sobrio, austero, castrense, tenaz, fiel.  ¡Igual que los gobernantes actuales!

                                                                                                                    Tomás Paredes

                                                                                               Presidente H. de AICA Spain   

 

Firmas con sello de lujo. Tomás Paredes

 

Las palabras

 

 

“Las palabras son para mí cuerpos tocables, sirenas visibles, sensualidades incorporadas” asegura Pessoa, Libro del desasosiego. Las palabras son hurmiento expreso de lo que sentimos, concreción de lo que pensamos y deben ser emblema de nuestra elegancia. Concretan idoneidad, precisión, rigor, transparencia. Si no es así, estamos haciendo mal uso de ellas, mostrando nuestra ignorancia, acreditando estulticia. (Deber + inf.= obligación; deber de + inf.= posibilidad o suposición).

El nivel cultural de nuestra sociedad es calamitoso. Y más grave respecto de las personas o profesionales que viven de ahormar, gestionar o difundir cultura. Se editan muchos libros, ¿se lee tanto? Desde hace algún tiempo, las ruedas de prensa se colman de aplaudidores ¡Desconcertante!

En el MNCARS, después de cinco años de preparación, se presenta un galimatías difícil de asimilar: ¡Maquinaciones! -¿es normal que dure sólo dos meses?-Saludó el nuevo director y terminó con aplausos, sin justificación alguna. Habló Teresa Velázquez y lo mismo. Pero, ¿quién aplaude? ¿El periodista al que convocan? No; aplaude una claque -¿becarios, empleados?-, que estos funcionarios utilizan sin arrobo. Ha sucedido igual en la presentación de la expo temporal en la Galería de las Colecciones Reales.

Entras en una galería de arte y te entregan una hoja de sala diciéndote lo que debes entender. Te envían una publicación con un resumen de lo que debes decir. Para los medios la cultura es una maría ¡Vamos bien! Cualquier político, aunque sólo sea para saludar, tiene que sacar unas cuartillas que le han escrito y leer. ¿Puede empeorar?, Si, claro, lo que es susceptible de degradarse, acaba degradándose.

¡El colmo, Yolanda Díaz, cuyas charletas gesticulantes provocan alipori! ¿No le da vergüenza a esta señora mostrar su analfabetismo con tanto descaro y obcecación? No conoce las palabras, dice lo contrario de lo que pretende, pero sonríe. Rosa Belmonte, con solercia y sorna, le hacía un retrato, poco ha, que asumiría complacido Groucho Marx. ¿A qué Marx ha leído la Sra. Díaz si es que ha leído algo?

Alaíde Foppa

 

Si Alejandra Pizarnik aseguraba que su gran amor había sido “su amor por los espejos”; mi idilio ha sido con las palabras. Desde la adolescencia he leído con diccionario al lado. Lo sigo haciendo. Palabra que ignoro, a buscarla, no debe darse nada por asimilado si no comprendemos lo que leemos. Existen unas 94.000 palabras en nuestra lengua, referencia DILE. Nadie las conoce todas, pero hay que esforzarse en saber qué leemos y qué comunicamos. Nuestro Juan Luis Vives sabía que “No hay espejo que mejor refleje la imagen del hombre que sus palabras”.

Todos coincidimos en qué es una palabra: un sonido autónomo que identifica un objeto, natural o artificial; que nombra una acción, real o abstracta; una sensación; y se representa mediante signos. Luego vienen los filólogos y marcan territorio; para ellos es una “unidad de significado”; segmento del discurso unificado; unión de lexema y morfema; unidad léxica conformada por un sonido o más, con significado fijo y una categoría gramatical; todavía, unidad lingüística significante, que se representa en letras. Entre los sinónimos: voz, término, vocablo, expresión, palabro… Esta última, no me place, denota tosquedad y se confunde con palabrota.

Su etimología parte de parabolé griego- comparación alegoría-, para pasar al   latín –paraula, parabola– al castellano medieval- parabla– y a hoy. Cambio exiguo en veintitantos siglos. El lenguaje común va moldeando, con el uso, las palabras, creando otras o alterando su contenido. Nadie como los poetas para su invención. Azorín no inventa, precisa, restaura, sajela, revive. Valle es una almáciga de voces. Para Cesare Pavese “le parole sono il nostro mestiere”. Son más que artesanía, más que oficio.

Toda lengua tiene palabras genuinas, singulares, maravillosas. En sueco, gokötta, identifica la acción de levantarse al amanecer para oír el trino de los pájaros. Cuando no tenemos palabra para identificar algo y, en otra lengua existe la idónea, lo pulcro es adoptarla, como homenaje y reconocimiento. Lo grosero, lo inadmisible es aceptar una palabra de otra lengua, cuando existe en la nuestra para lo que nombramos No hay palabras hideputa, todas tienen padre, origen reconocido: lo decía Viola de los artistas.

Eunice Odio

 

Algunos escritores, aficionados o furtivos distinguen entre palabras hermosas, feas, poéticas, detestables…Es un hecho cultural, legítimo, pero confuso. Objetivamente, no hay buenas y malas palabras, pero en ámbito subjetivo sí. Le oí, en ocasiones adunia, a José Hierro renegar de la palabra entrañable, a mí tampoco me gusta, aunque se utiliza con un noble sentido de intimidad.

Hay palabras preciosas en español: justicia, alhucema, ángel, duende, como encanto inefable; meguez, serendipia, inocencia, xecudo, limpio, flébil, ternura, ñamería, muy usada en Panamá, vale por privación de juico, locura. Poetas hay que no hacen distingos, defienden que cualquier palabra puede ser válida para la poesía, es el caso de Francis Ponge. Otros, por contra, marginan ciertas voces y muchos tienen una calántica de términos que utilizan con insistencia en sus poéticas.

No hay palabras feas, ni malas; sí, desubicadas, pronunciadas a destiempo. En referencia al sexo se percibe con nitidez: hay un lenguaje científico, culto; otro, educado; aún, erótico; y todavía, uno grosero. Su empleo depende de las circunstancias, si te equivocas en su uso, lo culto puede resultar cursi, lo erótico ridículo y lo inadecuado soez.

Hay palabras hechiceras, que echan a volar sus reflejos, como un farolillo iluminado zarandeado por la brisa, por su musicalidad, por su estructura, por su claro colorido:  primor, colaudar, melarquía, lisura, lígrimo, reluctancia, procrastinar, imbele, segismundear, albanega, zahareño, entrelubricán, adehala, enlabiar, azorero, perlesía, ambrosía… deslumbrantes con independencia de su significado.

Tapa 1ª edición, Eunice Odio, En defensa del castellano

Libro de Sonetos de Edward Degas

 

Es fundamental hablar, escribir, con propiedad, sin ambigüedad para entendernos; aspirar a la belleza para elevarnos. No menos importa conocer el significado de las palabras. De lo contrario, sólo mantendremos diálogos para besugos, astracanadas inútiles, tipycoladas hilarantes. Preferible conocer pocas palabras bien que muchas mal.

Se cumple, 8.VI.23, el sesquicentenario del nacimiento de Azorín. El autor de La ruta de Don Quijote esculpió un monumento, aere perennius, a la palabra. ¡Qué inmenso poeta sin haber escrito un verso! Algunos, que le han leído con prisa, dicen que gustaba de las palabras raras. ¡Qué ceguera! Buscaba hasta encontrar la palabra idónea, la ajustada, la cabal, la originaria. Como su amigo y admirado Juan Ramón Jiménez: ¡Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas!

Ortega y Gasset le llamó: ¡Poeta de la costumbre! Hay cientos de razones para leer a Azorín, hoy cuando yo lo leo, sobre todo, por su amor a las palabras, por los horizontes que nos proporciona, por la limpidez, por deleitar enseñando, por su rigor expresivo. No busquen argumentos espectaculares, pero si aman la luz profunda de la sencillez, ahí están Al margen de los clásicos, Doña Inés, Pueblo…

 

Azorín posando ante el retrato que le hizo Ignacio Zuloaga

 

Lo cuenta Paul Valery, el manuductor de la poesía pura. Degas, el célebre pintor de las bailarinas, Edgar Degas, era un fiel y ducho poeta. Le costaba escribir, si encontraba dificultades, recurría a la opinión de sus amigos, entre ellos Mallarmé (1842-1898). Una tarde le comentó a Stephane Mallarmé: “No me explico por qué no consigo terminar mi poemita, cuando estoy lleno de ideas”. A lo que contestó Mallarmé: “Pero, Degas, los poemas no se hacen con ideas, se hacen con palabras”. Una sentencia que ha propiciado miles de páginas y exégesis.

Las palabras son mariposas iridiscentes que revolotean ante nosotros. Nos cabe la obligación y la satisfacción de distinguirlas, de ubicarlas, de abarloarlas, de provocar la chispa uniéndolas y alternándolas. Es preciso leer con acuidad para conocer palabras y aprender su empleo correcto. Algún escritor afirma que es un don. No, no nos viene dado por el ala de un ángel, ni por los dioses. Hay que saber leer, comprender su contenido, su significado, su raíz.

Paul Valéry. Técnica mixta sobre papel. Albano 2020

 

Jean Paul Sartre (1905-1980), filósofo marxista y gran escritor, existencialista, ya cincuentón, publicó Les mots, 1963, libro sugerente, esplendente, inteligible, diáfano. Una suerte de memorias de iniciación, dónde narra sus comienzos, rodeado de libros, que le marcarían de por vida. Ahí vemos como las palabras fortalecen y dignifican una ambición expresiva, una vida dedicada a la acción del pensamiento.

El poeta chileno Nicanor Parra, proteico, huraño y prestidigitador, pregonaba: “El poeta no cumple su palabra si no cambia el nombre de las cosas”. Es decir, una de las misiones fundamentales del poeta es nombrar, decir como nadie antes había dicho, con meguez e idoneidad. Conocí a Parra, hablaba poco, se fijaba mucho y elevó la sátira a una altura que no había tenido desde el tiempo de Juvenal. O de Quevedo.

El 6 de noviembre de 1970, en Excelsior, México, Salvador Elizondo lanzó un brindis al sol, una ocurrencia provocadora sobre la incapacidad del español, para expresar ideas abstractas, lo que había impedido “una más limpia traducción” a José Gaos de la obra cumbre de Heidegger. Sólo Eunice Odio, la poeta de esmeralda y ascuas, la pantera del tránsito del fuego impló, contestando al exabrupto con un panfleto categórico, En defensa del castellano, edición de Alejandro Finisterre, 1972.

Ahora, Los tres editores, con rubro otro, La lucha por la lengua, y prólogo prescindible de Constantino Bértolo, lo reedita. Es una ocasión ideal para acercarse a la vida y obra de Eunice Odio- no, no es un pseudónimo-. “Asesinada por el agua”, como escribe Díaz-Casanueva, tuvo un vivir trágico, duro, azaroso, árido, ríspido, hasta morir abandonada del destino y del hombre, putrefacta.

Eunice Odio (Cosa Rica 1919-México 1974) debería estar en un altar para los 600 millones de hispanohablantes. La poeta de los magnéticos ojos verdes cantó como manucodiata, exótica; pensó, sufrió y nos legó un sentimiento de esplendor y valentía. Fue costarricense, guatemalteca, mexicana y el límpido jazmín con aroma más profundo del español. Es una referencia para las dos orillas del idioma. O busquen denodadamente  Las palabras y el tiempo de Alaíde Foppa, ¡se estarán premiando!

América española es nuestro granero del idioma. Sé que el lector lo sabe, pero insisto. Nuestra relación consiguió una mezcla humana que ningún otro conquistador logró. Las palabras lo delatan: la mezcla de español e indio da un mestizo; negro y español: mulato; mestizo e indígena: cuarterón; mulato y español: morisco; morisco y español: albino; mestizo e indígena: cholo; negra e indio o al revés: zambo; indígena y chino: zambaigo; chino y genízaro: albarazado…

La mer, la mer. Técnica mixta sobre papel. Albano 2020

 

Desde que los poetas latinoamericanos han dejado de mirar a España, para embobarse con EE.UU., su poesía ha perdido y ellos también. Por una simple cuestión de lenguaje. Lo que dice Eunice Odio de Góngora, hoy no lo pueden decir los poetas suramaricanos porque no leen a los faros líricos del español. ¿Si Vallejo hubiere mirado a los poetas usamericanos habría podido escribir Trilce? Y Enrique Molina, ¿dónde miraba cuando escribió Las cosas y el delirio?

Todas las palabras son limpias, no las empecinemos, no las manoseemos con inventos ideológicos y sordideces. Y a los escritores, ¡no oscurezcan, hay magia más allá de las tinieblas! Para Paul Celan: “Cada palabra, incluso la aparentemente más ínfima, busca relaciones, tiende al lenguaje”. Claro, una palabra es la llave, el resto son la ventana que abre esa llave, para ofrecernos unas vistas impresionantes. Abundando, Virginia Woolf asegura que “las palabras se pertenecen unas a otras”, se buscan, se quieren o se repelen, para hacer lenguaje y entendernos. ¡Es lo que hace falta, por encima de todo, entendernos!

La french theory y sus descomposiciones han estructurado un buen pandemónium -¡vean Maquinaciones en el “Reina Sofía”- No trato de demonizar nada, sino de huir de la ambigüedad y del mariyolismo, alentando la claridad. Dejemos los trabalenguas, que caricaturizaban Tip y Coll, las peroratas de Antonio Ozores  y disfrutemos entendiendo lo que oímos y leemos ¡Perdamos el miedo a manifestar nuestra impresión, cuando no entendamos qué se nos dice, porque quién habla lo hace a tontas y a locas o por boca de ganso! J.M. López Reina sabe que la belleza es una aspiración, ¿por qué renunciar a ella con la palabra, la imagen, el sonido, el movimiento o la bondad?

 

                                                                                                                Tomás Paredes

                                                                                              Presidente de H. AICA/Spain

Gran éxito en la presentación del libro de Mª Dolores Barreda Pérez “El círculo Benlliure”

Presentado por Javier Sierra, Tomás Paredes,

José Gabriel Astudillo y Alejandro Aguilar Soria

 

La sede institucional de la Asociación Española de Pintores y Escultores, donde tuvo lugar la presentación del libro «EL CIRCULO BENLLIURE. Entresiglos: Diccionario biográfico de 76 artistas coetáneas de Benlliure», publicado por el Ayuntamiento de Crevillente, junto con el Museo Mariano Benlliure y la Federación de Cofradías y Hermandades de la Semana Santa de Crevillente, estaba llena minutos antes de la hora señalada para el inicio del acto.

La presentación, que supuso un enorme éxito para la centenaria entidad y para la autora, contó con la presencia del Socio de Honor de la AEPE, escritor y Premio Planeta, Javier Sierra, del Presidente de Honor de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA), Tomás Paredes, y del Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, quienes prorrogan el libro, junto al Alcalde de Crevillente y al Presidente de la Federación de Cofradías y Hermandades de la Semana Santa de Crevillente, mientras que la portada del mismo es una obra original creada expresamente para el libro, de Alejandro Aguilar Soria, artista multidisciplinar y Socio de Honor de la AEPE.

 

El Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo fue dando la palabra a los integrantes de la mesa, interviniendo en primer lugar Tomás Paredes, quien “elogió la metodología que adopta el libro, tan alejada de las actuales líneas investigadoras actuales en las que sólo prima la publicación urgente de errores repetidos, y puedo dar fe de los desvelos de Mª Dolores por aportar alma y vida a unos trabajos tan laboriosos como los que ha realizado.

Incluso propongo un nuevo título para la obra: Resurrección, que no haría sino alentar y reflejar lo que realmente hace el libro, que es resucitar la vida y obra de artistas perdidas y olvidadas con una corrección exquisita.

Felicito también a la autora, a la que emplazo a seguir con investigaciones tan provechosas para el mundo del arte como la que contiene el libro.

Mª Dolores es una valiosa trabajadora del mundo del arte, de la investigación, a la que sigo en sus escritos cada mes como Directora de la Gaceta de Bellas Artes, y que igual que este trabajo que presentamos, tiene otros muchos muy valiosos, como el que en la actualidad está haciendo con los directores de la Gaceta de Bellas Artes, personas muy importantes hoy olvidadas, que demuestran la importancia de esta institución en la vida artística de España.

Mis deseos para ella es que coja carrerilla, que continúe su labor de investigación y publique todo porque no hace más que resucitar la memoria del arte de España”.

 

Tras el decano de los Críticos de Arte, el Presidente cedió la palabra a Javier Sierra, que ahondando en la recuperación de vidas que contiene el libro, apostó por la visión femenina del arte, tan olvidada y que parece comenzar a vivir una transformación en la revisión de la historia en la que la mujer es la protagonista.

Este libro es una maravillosa aportación que rescata biografías de artistas con el mismo espíritu que en el renacimiento tuvo Giorgio Vasari, célebre por sus biografías de artistas italianos, que reunió en un libro las vidas de los pintores de su tiempo y que de no haber sido por él, muchas de las cosas que hoy sabemos de artistas del renacimiento, no habrían llegado hasta nosotros. Sin Vasari, nuestro mapa intelectual del renacimiento sería muy pobre.

Del mismo modo, en el siglo XXII o en el XXIII, cuando se examine cómo fue el periodo entresiglos del XIX al XX, para saber quiénes eran los pintores españoles, van a tener que acudir al libro de Lola, y ella va a ser la Vasari del siglo XX. Y eso es así porque es un libro que aporta, ya que ella no sólo se ha tomado la molestia de investigar en archivos y bibliotecas, sino que ha hablado con familiares y ha realizado un trabajo novedoso.

Además, el libro llega en un momento muy importante en la historia de la mujer, en el que se comienza a revisar la visión masculina del arte, dejando las ventanas abiertas para que se reconozca lo femenino, y eso mismo es lo que he querido reflejar en el prólogo del libro, que la mujer juega un papel importante en el desarrollo de las artes plásticas.

Y en medio de todo eso, llega Lola y reivindica la historia de 76 mujeres olvidadas en el mundo de la pintura en España, que transitaban alrededor de Benlliure y de los grandes maestros de aquel tiempo. Los críticos y analistas de museos y colecciones, tienen que revisar el papel de las pintoras y escultoras y su presencia en las mismas, y en eso el libro de Lola va a ayudar sobremanera a esa tarea y va a convertirse en una pieza clave en la historia del arte de España.

Le he dicho a Lola, y parece que ella no quiere creerme, que me gustaría mucho que una editorial grande pudiera hacerse con los derechos de la obra y pudiera hacerse una versión de librería, porque esta obra tiene una presencia obligada en universidades y bibliotecas de España.

Solo espero que detrás de estas 76, vengan muchas más”.

 

Antes de conceder la palabra a la autora, José Gabriel Astudillo quiso destacar que “son más de 35 años trabajando con Mª Dolores. Ella nos transmite su pasión por el trabajo, por recuperar hechos y vidas olvidados y que son importantes para la ciudad, para la AEPE, datos que nadie quiere tomarse la molestia de ver y revisar, pero que son importantes en la memoria colectiva de los artistas.

Eso es lo que hace que Mª Dolores sea distinta, y lo sea en el trabajo, en su forma de pensar. Y aunque aquí trabajamos por amor al arte y echamos muchas horas, creo que en realidad lo hacemos porque tenemos la necesidad de transmitir a las generaciones futuras lo que ella hace, con estas 76 mujeres, pero también con los directores de la Gaceta de Bellas Artes, con las Medallas de la AEPE, etc.

Por eso hoy estoy muy orgulloso y feliz de ver que un trabajo que ha durado seis años, al final tiene una recompensa, como es la publicación del libro.

Estoy muy agradecido a Mª Dolores, que para mí ha sido una compañera de viaje y de trabajo, una amiga importantísima en mi vida, porque ha hecho un trabajo cuyos frutos son desconocidos para todos. Tendría que recordar ahora que si Madrid tiene en la Puerta del Sol una escultura de Carlos III es gracias a ella y a su tesón por rescatar de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando una escultura de Juan Pascual de Mena, o la historia del Parque del Retiro que escribió antes de su recuperación como Parque histórico y tantas y tantas iniciativas y muchas otras cosas que se han hecho en la ciudad de Madrid y que se las debemos a ella, y a lo mejor debería yo escribir un libro de lo que le debemos.

Es un trabajo bien hecho por alguien que ama a la Asociación Española de Pintores y Escultores, no en vano la hemos distinguido como Secretaria Perpetua de nuestra entidad, y ama todo lo que es arte y cultura.

Muchas gracias de parte de todos, porque nos sentimos muy orgullosos de ti y de tu trabajo”.

 

Tomó entonces la palabra Mª Dolores Barreda Pérez, quien se mostró muy emocionada y olvidando el escrito que había preparado, improvisó con gran dificultad, su “agradecimiento a mis hermanos, sobrinos, a mi familia que hoy me acompañan aquí; a Tomás Paredes, el aguijón que cada mes me inspira a continuar este trabajo… a Javier Sierra, que antes que amigo mío, lo era de mi padre, con todo lo que eso supone para mí ahora, mi padre, que también está aquí hoy con nosotros… y a José Gabriel, más que un amigo, también familia, que has visto crecer a mis sobrinos y has compartido nuestras penas y alegrías… y a Alejandro Aguilar Soria, que con tanto cariño me ha hecho un maravilloso dibujo que sirve de portada al libro… a José Antonio Maciá, responsable de la edición…

Estoy emocionada por ver tantas caras amigas y a personas que han venido desde fuera de Madrid, de Salamanca, Alicante, Valladolid, Asturias… a los familiares de las artistas presentes en el libro, a compañeras de trabajo, amigos, por ver vuestro cariño…

Estoy muy emocionada por todo lo que han dicho de mí, que casi ni puedo creerlo y lo escucho como si estuvieran hablando de otra persona, y os lo agradezco en el alma…

Yo tenía preparado un discurso estupendo, larguísimo… pero estoy sufriendo por ver a tanta gente de pie, por el calor que estamos pasando… no me gustaría que este acto fuera muy largo, no quiero aburriros ni hacerme pesada…

Han sido seis años de trabajo y de lucha, pero muy gratificante… he intentado hacer un trabajo serio y responsable, no arrastrar certificaciones académicas no logradas, ni errores ni premios, no por desmerecerlas, sino por comprobar realmente los datos… las futuras biografías y estudios no pueden seguir arrastrándolos… y no por eso dejan de ser mejores o peores artistas, de hecho, muchos artistas nunca han tenido un premio y triunfan a todos los niveles… aquí tenemos algunos ejemplos, como Paula Varona o Ricardo Sanz, que nos acompañan hoy…

No puedo seguir por la emoción, solo puedo agradeceros vuestra presencia hoy aquí, y si me lo permitís, todo esto se lo dedico… a mis padres”.

 

El acto dio paso a una copa de vino español en la que todos departieron y disfrutaron.

Asistieron al acto, los miembros de la Junta directiva de la AEPE, Juan Manuel López-Reina, Alicia Sánchez Carmona, Antonio Téllez de Peralta, Paloma Casado López, Carmen Bonilla Carrasco, Fernando de Marta y Sebastián, Jesús Alcolea Ríos, el Presidente de la Asociación Española de Críticos de Arte, Miguel Ángel Chaves Martín, Pablo de Unamuno, Mª Dolores Pérez Cid, Mapi Gutiérrez, Olga Bravo, Pilar Ayuso, Dolores Expósito, Marisa Cerezo, Patricia Gil, Elena Terán, Sonia Pradilla e Inaki, Soledad Cánovas del Castillo, José Luis Manzanares, Paula Varona, Ricardo San, Emilia de Dios Montoro, Soledad Fernández, Carmen Hongueras, Pedro Sanz, Manolo Romero, Marisa Guzmán, Susana Mazzarino, Lola Santos Moreno, Alan Hernández, Blanca Mac-Mahon, Rosa Maroto, Concha Gil García, David John Butler, Toya y Román, Pedro Quesada, Tomás Pérez Martínez y Victoria, César Barreda Pérez, Carmen Barreda Pérez, Pilar Maqueda Rodríguez, César Barreda y Beatriz, Javier Barreda, Alberto Barreda, Alejandra Pardo y David, Luis Javier Gayá…

 

 

 

 

 

 

 

 

José Luis Galicia recibe la Medalla de Honor de la AEPE

«Emocionado y agradecido por el reconocimiento de mis compañeros artistas»,

ha dicho Galicia al recoger su Medalla

 

 

En el día de ayer, 1 de junio de 2023, el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo López, hacía entrega de la Medallas de Honor de la AEPE en un acto solemne pero sencillo, que se celebró en la sede social de la institución. Era además, el cumpleaños del artista.

Una hora antes, el homenajeado, acompañado de su esposa Maruja y de su hija pequeña, hacía acto de presencia en la sede social de la Calle Infantas de Madrid, siendo recibidos por la Junta Directiva, Juan Manuel López Reina, Alicia Sánchez Carmona, Antonio Téllez de Peralta, Paloma Casado, Carmen Bonilla Carrasco, Fernando de Marta y Jesús Alcolea, además de los socios y amigos que no quisieron perderse el acto.

Interesado por la entidad, de la que su padre fue socio, visitó las instalaciones y charló animadamente con los presentes, recordando anécdotas y artistas socios también que fueron sus profesores y de quienes aprendió “mucho y muy bueno”.

El acto comenzó un poco más tarde de la hora prevista, por la constante entrada de asistentes, dando paso el Presidente a una breve reseña biográfica que realizó la Secretaria General de la AEPE, Mª Dolores Barreda Pérez, que más allá de los datos y cifras, resaltó su aspecto humano y personal en una semblanza que reproducimos íntegramente:

Cuando uno consulta en Internet e introduce el nombre de José Luis Galicia, NO aparece  una entrada en la Wikipedia. Hoy en día, si no estás en la Wikipedia, no existes… pero he aquí el milagro, está vivo!!! Existe y es, y tal y como le describen otras muchas entradas, hablamos de un pintor, escultor, grabador, poeta, decorador, director artístico y constructor de decorados cinematográficos.

Y sí, está aquí mismo y muchos ahí fuera, donde el arte y la cultura son modas y postureos, ni siquiera lo conocen, pero José Luis Galicia es en toda la extensión de la palabra, un ARTISTA, escrito en letras mayúsculas.

Nació en la calle Martín de los Heros, 67, del madrileño barrio de Argüelles, un día 1 de junio de hace ya… unos años. Es decir, hoy es su cumpleaños. Si os animáis, le cantamos todos el cumpleaños feliz….

Estoy segura de que José Luis sabe que su padre, Francisco Galicia Estévez, fue socio de esta casa. Intento imaginar el orgullo que sentiría, que siente Francisco desde el cielo, al ver hoy a su hijo aquí sentado recibiendo el mayor honor y reconocimiento de esta Asociación Española de Pintores y Escultores.

Ahora veo en sus ojos el inmenso orgullo que siente él al saber que honramos también la figura de su padre al recordarle como uno de nuestros ilustres socios.

Su abuelo, el pintor vallisoletano Leónides Galicia Ayala, escenógrafo en el Teatro Calderón de la Barca de Valladolid, no pudo ser miembro de esta casa, que aún no existía, pero su padre, fue alumno y compañero de muchos otros socios nuestros, como Cecilio Pla, Muñoz Degrain, Romero de Torres, Joaquín Sorolla, Rafael Botí y Vázquez Díaz, integrándose en el grupo de pintores españoles de la Escuela de París.

Recordamos así también al pintor Juan Alcalde, a quien honramos en el año 2016 con esta misma medalla, el último de la Escuela de París que aquí nos dejó su testimonio.

Francisco Galicia y Luisa González Fanlo, sus padres, tuvieron tres hijos: Francisco, José Luis y Mari Luz.

Y llegados a este momento, tengo que puntualizar que José Luis es nieto, hijo, hermano, sobrino y primo de artistas, ya que como hemos visto, pintores eran su abuelo Leónides y su padre Francisco, siendo su hermana bailarina y actriz, su primo, el torero Carlos Arruza y su tío, el gran poeta León Felipe.

Su afición a los toros data de su niñez, porque su padre, que era muy aficionado, y su tío León Felipe solían llevarlo a los toros. Además, José Luis tenía su propio traje de luces cuando tenía cuatro años y se lo ponía para “torear” en el salón de la casa.

Al inicio de la Guerra Civil, la familia se traslada a París. Allí comienza con solo siete años a  hacer grabados en linóleo, grabados que entusiasman al cubano Wifredo Lam, quien le retratará.

Cuando la Segunda Guerra Mundial hace que París peligre, regresan a España.

A los 18 años hace su primer grabado al aguafuerte, y solo un año después, su primera litografía.

Así que con 20 años, lleva a cabo su primera exposición en el Museo de Arte Moderno de Madrid, con 85 obras de muy diversas técnicas.

Con una preparación excelente, artística e intelectual, fue experimentando con todas las técnicas artísticas posibles, interesándose también por la escultura,  iniciándose de la mano de otro de nuestros socios, al que esta casa honra con la Medalla de Escultura Ángel Ferrant en el Salón de Arte Abstracto.

En 1952 vuelve a París y allí conoce a Picasso, a quien le unirá desde entonces, una profunda y sincera amistad. No en vano lo consideró como el mejor grabador del mundo.

En 1954 edita “La Tauromaquia”, y cuentan las anécdotas que al enseñarle esas 40 litografías a su amigo Picasso, el malagueño se acordó que él había iniciado una y le dijo: “espera voy a buscar unos grabados que hice para una tauromaquia que pensaba hacer hace muchos años”… Picasso tardó más de una hora en encontrar los grabados, diciéndole que eran para la tauromaquia del editor Gili, de Barcelona…”ahora después de ver tu tauromaquia voy a hacer este antiguo proyecto realidad, y lo voy a hacer del mismo tamaño y empleando el mismo papel”.

Y ese, sería el germen gracias al cual tenemos la Tauromaquia de Pepe Hillo de Picasso, que publicó finalmente en Barcelona en 1959.

Pero volvamos a José Luis. Tras la Tauromaquia, publica El Monstruario, y es nombrado jurado y secretario del Tribunal de la Real Academia de San Fernando de Madrid, para el premio de grabado de la Academia de Bellas Artes de Roma, labor que comparte con otros socios nuestros como Vázquez Díaz, Eugenio Hermoso, Valentín de Zubiaurre,…

En 1960 recibe de Fernando Chueca Goitia un encargo especial: la pintura de todos los techos de la Catedral de Madrid, Nuestra Señora de la Almudena, un encargo que realizó en diversas etapas y que  supuso una  verdadera obra titánica, al decorar el techo y cúpula, con 288 frescos, incluyendo la bóveda, ábside, sotocoro y techo de la catedral.

Casado con María Jesús Lobato, con dos hijas, es hoy feliz y orgulloso abuelo.

En 1966 lleva a cabo una exposición de grandes lienzos de temas abstractos en el Museo de Arte Moderno de Madrid y una colección de obras basadas en pinturas de Zurbarán.

En 1968, en San Feliú de Guixols realiza una serie de esculturas de gran sobriedad.

Ese año, se dirige al gobierno español para que se interese por la recuperación del Guernica, y dada su amistad con Picasso, consigue que éste, modifique las cláusulas y declare que el único propietario del cuadro es el estado español y que cuando en España haya una democracia, se recupere el Guernica para ser expuesto en el Museo del Prado.

Tras una serie de trabajos en madera policromada, una serie de paisajes italianos y una serie de serigrafías en color, en 1981 el Ateneo de Madrid organiza una exposición antológica que ampliará en Barcelona siete años después.

En 2002 obtiene el XX Premio Penagos de Dibujo, ilustrando un año después el libro “Crónicas del Océano”, del poeta Octavio Uña.

En 2005 lleva a cabo una gran exposición en la Casa de Vacas del Parque del Retiro.

A partir de ese año, pintó un apostolado basado en el del Greco, además, una colección de óleos bocetados en Tánger, lleva a cabo una gran muestra de litografías y serigrafías en Madrid y en 2009 celebra una antológica en el Centro Cultural La Vaguada.

En 2013 publica una serie de serigrafías sobre Venecia, prorrogadas por otro amigo de esta casa, Luis Alberto de Cuenca, y desde entonces, hasta ahora, no ha dejado de trabajar ni de crear belleza.

Amante de la poesía, influenciado quizás por la pluma de su tío, el poeta Felipe Camino Galicia de la Rosa, conocido mundialmente como León Felipe, también ha publicado el libro “Poesías” o “Mi amigo Picasso”, en total, media docena de libros. Su canto a la libertad es una defensa de la vida como aventura, que es lo que él vivió. Es un poeta directo, apasionado con un lenguaje elaborado y a la vez directo y fuerte, que tiene mucho puño.

Como decorador, director artístico y constructor de decorados cinematográficos, ha intervenido en más de 170 largometrajes, incluyendo “El joven Picasso”, dirigida por Bardem, o en películas míticas como “Por un puñado de dólares”, de Sergio Leone, con Clint Eastwood, siendo además el responsable de la construcción y decoración del primer poblado del oeste estable en España, el de Hoyo del Manzanares.

De él han escrito críticos, artistas, poetas, periodistas, amigos, admiradores de su talento…

A modo de resumen, y en cifras, José Luis Galicia ha realizado más de 60 exposiciones en París, Cincinnati, Nueva York, Londres, Bogotá, Milwaukee…

Ha participado en más de 200 exposiciones colectivas como la Bienal de Venecia, Sao Paulo, Salón d’Automne de París… 28 obras suyas cuelgan en el Museo Nacional Reina Sofia… ha publicado cuatro Tauromaquias, media docena de libros, ha realizado más de un millar de litografías, grabados y serigrafías…

Cifras, cifras que podría seguir enumerando, pero que  no nos dicen nada del hombre, de este hombre al que aquí contempláis hoy.

De él, me gustaría añadir que es innovador, excéntrico, creativo, extravagante, imaginativo, talentoso, poeta apasionado, generoso, sensible, sencillo, humilde, encantador, tranquilo, con gran sentido del humor, amable, afable, culto, de alma clara y dulce decir, conversador ameno…

Quienes lo conocen y lo han tratado destacan ante todo una cualidad: José Luis es un hombre bueno. Así que parafraseando a Antonio Machado podríamos apuntar que:

…”más que un hombre al uso que sabe su doctrina,

Es, en el buen sentido de la palabra, bueno”.

Al igual que esta Asociación Española de Pintores y Escultores, José Luis Galicia es historia viva del arte y la cultura españolas. Los dos, se han entregado en cuerpo y alma al mundo del arte; los dos rebosan vitalidad y genio, inspiración y arte, mucho arte aún por sus venas para seguir pintando, dibujando, grabando, esculpiendo y sobre todo, escribiendo poesías tan maravillosas como esta con la que quiero cerrar su perfil biográfico y que dice así:

“Comprueba,

comprueba todo,

pues el pobre te puede hacer rico,

el hielo puede darte calor,

y una sencilla piedra,

o una nube,

amor”.

Muchas gracias”.

 

Tras esta introducción, el Presidente concedió la palabra a Tomás Paredes, Presidente de Honor de la Asociación Internacional de Críticos de Arte, amigo y conocedor de la obra del homenajeado, quien destacó la importancia de su faceta poética y de su menos conocida como decorador y constructor de decorados, con toda la magnificencia que tiene el haber aportado a la ciudad de Madrid y a su Comunidad  obras tan señaladas como la decoración de la Catedral de la Almudena y los escenarios del oeste en Hoyo de Manzanares.

Resaltó además algunas de sus obras como “Mi amigo Picasso”, en donde reúne la correspondencia mantenida con su gran amigo malagueño, que recoge y desmiente afirmaciones acerca de la obra del genio andaluz, o las ilustraciones realizadas para el libro “Crónicas del Océano”, de Octavio Uña.

Se lamentó además del desconocimiento y la ingratitud del arte actual que olvida grandes artistas como Galicia, y felicitó a la Asociación Española de Pintores y Escultores por reconocer de manera tan honrosa a los auténticos y grandiosos creadores de arte.

 

Tras su intervención, el Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, y antes de hacerle entrega de la Medalla de Honor, tuvo también unas palabras de reconocimiento que reproducimos íntegramente:

En la hoguera cultísima de esta sala, ante socios y amigos de la institución, bajo el testimonio de quien nos preside y a la luz de las ideas que profesamos, afirmo que la cultura y el arte, que sólo ese saber del hombre sobre el hombre y ese hacer del hombre para el hombre, pueden salvar el mundo y aún salvarnos de la barbarie de la técnica y la tecnología e inteligencia artificial que nos acosa como generadores de arte y emociones.

La cultura y el arte, sólo ellos, repartidos en mil ciencias y saberes, nos pueden salvar. Por eso esta distinción es milagro, milagro de una entidad humilde cuya historia artística vuelve a salvar a España con su anual preceptiva, vuelve a salvar el honor de un premio que distingue a al artista.

Cuando hoy las distinciones se llenan de puñales e intereses políticos y villanos, la Asociación Española de Pintores y Escultores elige y discrimina, distingue y certifica, no reivindica piedras, milagros ni dineros, sino que abre caminos, escribiendo sus nombres y su gloria artística en las paredes de esta casa milagro del arte.

Es un aviso de lo que está pasando: la muerte de la pintura y la escultura, la de los libros, la herida en la idea, con grandes artistas burlados con pensamiento débil y ciencias sutiles, al servicio oneroso de tantos generales y dictadores.

La barbarie artística resultante derivada de la devastación de las humanidades, la degradación de las instituciones, entregadas a la imagen fácil que vende números y pasados, que alimenta la industria publicitaria de la falsa cultura y se aleja, cada día más, de los ideales creativos y del reconocimiento de los generadores de arte, nos sitúa en la cima del mundo, como guardianes del tesoro artístico inabarcable de los artistas españoles.

Por eso es oportuno que una entidad como la Asociación Española de Pintores y Escultores, nacida con espíritu noble, con mirada plural, distinga al artista bueno y entronice el ideal eterno de belleza y del arte, cultura en letras de oro que deberían tener presente desde el Ministerio de Cultura hasta Comunidades Autónomas y ciudades de toda España.

Ahora más que nunca, el arte y la creatividad son necesarias en nuestras vidas, en la sociedad, en el mundo, pese a que el mundo y la sociedad parezcan querer obviarlos y mirar hacia otro lado.

Los artistas somos generosos, hemos nacido con una capacidad especial única e irrepetible para expresar el arte. Por eso, tenemos la obligación de compartirlo, pese a la falta de reconocimiento que tanto daño nos está haciendo y que embrutece a una sociedad perdida en falsos valores y falsa cultura.

Dice un gran amigo de esta casa, el escritor Javier Sierra, que el arte se inventó en una cueva… y a través de los milenios y los siglos, los artistas hemos plasmado nuestra visión del mundo con perspectivas y sensibilidades tan distintas y dispares como individuos hay, pero dejando un inmenso legado para las generaciones futuras.

Y a pesar de los milenios y los siglos, los artistas seguimos luchando por el reconocimiento y el valor que merecemos, y son legiones los creadores que pese a su dedicación y talento, siguen siendo ignorados y despreciados por la sociedad.

Rendir tributo a los genios del arte es una obligación de la sociedad. El olvido es más dañino que la injusticia que supone, porque aunque la injusticia puede ser enmendada y reparada, el olvido es difícil de corregir.

De esta manera, la historia del arte no estará nunca completa si ignoramos las contribuciones de aquellos que olvidamos.

Olvidar a quienes nos han precedido es muy perjudicial para los artistas actuales, ya que al no tener puntos de vista distintos y reconocidos, nos limitaremos al éxito mediocre y la indiferencia, frenando la creatividad y la innovación artística.

Hoy honramos y distinguimos a José Luis Galicia, reconociendo su trabajo, valorando su dedicación y talento, que puede apreciarse en cada una de sus obras.

Queremos darle el lugar que merece y hacer de este reconocimiento un valor cultural, artístico y social que atesore toda la sociedad, como un rico presente que un genio creativo como el de José Luis nos regala.

Eso nos servirá además como fuente de inspiración para seguir los pasos de un hombre que ha dedicado su vida al arte, que ha demostrado un compromiso inquebrantable con el acto creador y con la sociedad a la que ilumina.

Esta Medalla de Honor tiene que servir para que sigas trabajando con más ahínco si cabe, inspirándonos y sirviéndonos de motivación al ver tu compromiso de promoción de los valores artísticos y culturales.

Es un honor para mí, en representación de los pintores y escultores de España, en representación de esta Asociación Española de Pintores y Escultores que ya es tu casa, y de la que desde este mismo momento tomas posesión, y expresarte nuestra más sincera admiración con este sencillo homenaje.

Como decía Mariano Benlliure cuando ocupaba el cargo de Director General de Bellas Artes, con este acto consagramos a un hijo ilustre y rendimos honor al arte por sí mismo.

Muchas gracias”.

 

 

 

Grandes y prolongados aplausos llenaron de calor la sala, mientras José Luis Galicia recogía, emocionado, la Medalla de Honor de la AEPE, dejándose querer, y como él mismo confesó, estando “muy a gusto en un acto entrañable que jamás podré olvidar”.

Tomó la palabra para expresar que “este acto de amor sólo puede ser correspondido con más amor y un profundo agradecimiento que me ha quedado grabado en mi corazón.

Todo lo que han dicho de mí, intento agradecerlo con más amor hacia ellos y a todos los que estáis aquí.

Yo creo que uno es artista porque nace así, y el arte es quizás la única cosa más maravillosa que puede existir en el mundo; el mundo como planeta, que es una creación de por sí y en la que todos los artistas intentamos crear algo, acertamos o no acertamos, pero lo que sí existe en nosotros es la voluntad de hacer algo que sea bueno y bello, porque el arte, siempre es bello.

Me encuentro muy emocionado y no tengo palabras para deciros todo lo que siento por todo lo que habéis dicho, que me ha parecido maravilloso, como maravilloso es vuestro corazón y sentimientos hacia mí, que quizás no merecía, con tantos elogios, pero que a partir de ahora llevo ya en el corazón y eso es lo que vale.

Esta Medalla que acabo de recibir es para mí un premio único porque demuestra lo generoso que son los artistas y sobre todo porque es un premio de todo corazón, y eso no tiene valor, no se puede comprar ni pagar con nada”.

Destacó también que valora sobre todo el hecho de que “es un reconocimiento que me otorgan mis compañeros, otros artistas que me entienden más que nadie, a quienes llevaré ya siempre conmigo”.

Tras firmar en el Libro de Honor de la AEPE, los aplausos se fundieron con el tradicional cántico del “cumpleaños feliz” que los presentes le brindaron cuando entraba una gran tarta con algunas velas que José Luis Galicia sopló más emocionado todavía, agradeciendo el detalle de haber hecho coincidir la entrega de la Medalla de Honor de la AEPE con el día en que celebra su 93 cumpleaños.

Tras una sesión de fotos con todos los asistentes, el homenajeado cortó la tarta que fue muy de su gusto.

 

Firmas con sello de lujo. Tomás Paredes

El sol azabache de la melancolía

La melancolía es una sensación que se convierte en estado emotivo; una tristeza vaga que nos contagia la realidad. Melancolía es familia de tristura, aflicción, pesadumbre, nostalgia, pesar, postración, añoranza, hipocondría, esplín, morriña, saudade…En un tiempo se asimiló a la locura, ha cambiado su apreciación. “Siempre vuelves de nuevo, melancolía, oh dulzura del alma solitaria”, escribe Georg Trakl.

 La mediocridad me produce melancolía, esta miseria intelectual hodierna dinamita la claridad y tiñe el horizonte de desasosiego. Pasa, pero deja un amargor que aúpa la reticencia. También la decepción genera melancolía. ¿Por qué? Porque estamos dominados por un voluntarismo atroz ajeno a la entidad vivaz de la vida, a la actitud noble del hombre. No hay que generalizar, pero estos son malos tiempos para la razón, para la perfección, para la lealtad, para la libertad, para sentir, para ser en puridad.

Escribir una novela de 548 páginas, con lenguaje espléndido, vocabulario feraz, contenido culto, elevado ritmo y denodada búsqueda de belleza es una transgresión, una provocación; una protesta contra la vulgaridad, la estulticia y la chabacanería. Eso es lo que ha hecho Carmen Pallarés -límpida poeta, escritora, ensayista, pintora, cantante de coro vocal y perito en soles de música clásica- escribir contra la precariedad.

 

Carmen Pallarés

 

El sol azabache de la melancolía, rubro de la novela, es un canto a la amistad, entre un hombre y una mujer, que se desarrolla, obsesivamente, en el marco de la actividad de una residencia para personas discapacitadas: un ambiente duro y exigente, salpimentado de sajelada sensibilidad. ¡Es llamativo el conocimiento de la autora en tantas opciones materiales y espirituales: medicina, gastronomía, bares, filosofía, poesía, música, canto, helenismo, artes!

¿Acaso no es una oda a la melancolía? ¿Cenicienta y dulce queja de un alma solitaria? Importa el qué, pero mucho más el cómo. Es un largo y generoso placer deslizar nuestro sentido por una escritura tan dúctil, tan idónea, tan precisa, tan mollar. Una palabra para cada sensación y cada impresión en su expresión exacta. ¡Cómo se puede escribir tan bien sin sonrojarse!

Aunque, las cualidades positivas jamás son excesivas: nunca se es demasiado bueno, demasiado culto, demasiado justo, demasiado humano, demasiado limpio, demasiado sano, demasiado llano. Las cualidades negativas, sin embargo, por mínimas que sean, siempre exceden la decencia, la prudencia, la dignidad, la hombría, la limpieza, la admiración. No debería darse la veneración de un canalla, pero se da, y con frecuencia.

Un pintor y poeta traba amistad con una novelista y tejen un monumento a la amistad, a la fidelidad, a la transparencia, a la temperancia, a la confianza a lo largo de una trama misteriosa. Para mi ha tenido cierta complejidad su lectura. Conozco a la autora y la identifico, o eso creo yo, con muchos sucesos de varios personajes, sobre todo Pavel Vidal, pintor-poeta, como ella. Es cine dentro del cine, es decir, se va explicando cómo se hace una novela al tiempo que se va construyendo la novela; una pretendida obra al alimón, pero sólo escriben unas manos. ¡Una galería de arquetipos raros o no!

 

No soy lector de novelas, lo soy de poesía. Me cuesta, pero un canto a la lealtad, urge una visión leal. Quinientas cuarenta y ocho páginas trufadas de citas y de acápites de Jenófanes, Eurípides, Aristóteles, Homero, Plutarco, Alceo, Sófocles, Empédocles, Arquíloco, Anacreonte de Teos, Safo, Pitágoras, Hipócrates, Orfeo, Platón, Alceo, Teognis de Megara, Epicteto, Hesiodo o Esquilo, el majestuoso poeta de la antigüedad, que hizo florecer la pintura y la solercia de Francis Bacon, no es un asunto baladí.

La Ilíada, la mitología griega, amén de los románticos de toda laya y condición, de los fundadores de la poesía moderna. Y no digamos nada de los compositores, en especial lo más monumentales. Y pintores y dibujantes. Carmen no puede disimular sus dotes plásticas, ni sus conocimientos de técnica y de historia del arte universal, su pasión armónica y mélica. En fin, un ambiente agridulce, porque cabe el arte, en su entorno diletante, vive el dolor de seres con problemas, el día a día de un ostugo de sufrimiento donde se ansía que broten rosas de las ruinas, pero donde de sólito tiene más peso la cruda realidad que la idealizada normalidad.

No es un texto vedado al lector general, no, pero es cierto que requiere de un lector especial, no necesariamente erudito, sí inteligente y con ganas de aprender, de buscar palabras, de conocer biografías, de paladear una prosa de miel perfumada de espliego, refinamiento, elegancia, hurmiento. Teniendo en cuenta el poder de redes y nuevas tecnologías, leer es un acto subversivo, un vicio solitario, una revolución, la única vía para preservar la libertad. Leer implica elegir, al margen de lo gregario, rebelarse, buscar la luz en esta noche oscura de egestad, zafiedad y narcisismos fascistas.

El sol azabache de la melancolía es un alegato descomunal, perfecto, insistente, contra la barbarie que nos rige y atosiga, contra la deshumanización. Más allá de una novela de tesis, Pallarés ha escrito una confesión: natural, fluida, sin el objetivo de una anábasis, más bien como una catábasis personal, una bajada a los infiernos y una purificación personal, un ejercicio espiritual, no religioso. En todo caso, se convertirá en un texto de culto, no hace falta que la lean miles de personas- no sé si esto satisfará a la autora-, pero si los precisos, aquellos the happy few que detectan el ángel de la gracia, cuando escribe un ángel.

El título ya da para un libro, para un joyel: El sol azabache de la melancolía. Cuarto verso del primer cuarteto del soneto, Desdichado, de Gérard de Nerval. En 1854, Nerval publica Les filles du feu, con un apéndice, Les Chimères, donde se ubica el soneto Desdichado, así en español. Un marbete que procede de Ivanhoe, cap. VIII, de Sir Walter Scott, donde aparece un escudo con el lema “Desdichado”.

Desde su tiempo, influyente como no podemos imaginar, el soneto se convierte en un ariete. Y T. S. Eliot en su Tierra Baldía – Tierra Agostada, como prefiere Ricardo Silva Santisteban- en el verso 429, introduce: Le prince d’ Aquitaine à la tour abolie”, segundo verso del primer cuarteto del mencionado famosísimo soneto nervaliano.

En traducción de Alejandro Bekes, el primer cuarteto:

                                       Yo soy el Tenebroso, el viudo inconsolado

                                       De la Torre Aquitana señor sin dinastía.

                                       Mi única estrella ha muerto; mi laúd constelado

                                      lleva en si el negro sol de la melancolía.

Ese soneto, prestidigitador de sueños y emociones, ha sido traducido a nuestra lengua por Octavio Paz, hasta en tres versiones; también por Xavier Villaurrutia, Juan José Arreola, Salvador Elizondo, José Emilio Pacheco, Tomás Segovia…Y podría continuar

No es la única ocasión en que Nerval, pseudónimo de Gérard Labrunie(1808-1855), maestro de la fantasía, celebrado por los surrealistas, aquel que dijo antes de Rimbaud Je suis autre, que paseaba con una langosta atada a un lazo azul, lúcido y loco, vividor y suicida, recurre a esa metáfora. En Voyage en Orient, 1851, aclara: “El sol negro de la melancolía, que derrama sus rayos oscuros sobre la frente del ángel soñador de Alberto Durero, se levanta también a veces en las llanuras luminosas del Nilo”.

Carmen Pallarés. Escritura

 

Carmen Pallarés, en ese cosmos precario y de encuentros atrabiliarios, disecciona la anatomía de la melancolía, un sol de azabache, que pesa en nuestras alas, controlando o impidiendo el vuelo. Lo que pretende ser luminoso, acaba siempre en tenebrosa noche, con nubarrones y ventoleras oscuras, con sufrimientos y huidas, en una prosa triunfal, que transcurre como el agua de un riachuelo, cristalina y burbujeante, que se desliza desde la proceridad de las montañas a la proceridad del vasto y hondo mar virgiliano.

Esta novela, este estilo, este intrincado poema, este carácter audaz ahorma un gigantesco desafío, en una época de desconcierto, de desasosiego. Es una pregunta permanente, recurrente, que tememos hacernos. No es narración para el entretenimiento, sino para el paladeo de una escritura artística, para el aprendizaje, para el deleite y la creación de pensamiento. Lo más alejado de lo que conocemos como un bestsellers.

Varios personajes dejan su ámbito de confort y se entregan a una vida alejada de sus intereses culturales, que acaba haciéndolos otros. ¿Seríamos los demás capaces de tal hazaña? Algunos sólo ejercen un trabajo alimentario. El egoísmo se convirtiendo en un muro que coarta. Hay muchas situaciones que me recuerdan la poesía doliente de Miltos Sachtouris, la música de Schönberg, el viaje del Alighieri.  Análisis de una amistad, que termina en suceso, una desaparición enigmática añade a la perfección literaria dosis de intriga.

La lectura se hace trabajosa, pero cuando acaba, nos produce una especie de orfandad  melancólica, porque querríamos seguir sabiendo más de estos seres, tan separados y tan unidos: Pavel Vidal y Margarita, Margot o Maló. Digamos que los protagonistas, aunque el protagonismo es de esa residencia de pacientes y sus cientos de historias y las gentes que salen y que entran. Para mí, el leitmotiv por excelencia de esta novela, Abedul Ediciones 2022, es su escritura, cómo están repujadas las frases, cómo están ubicadas las palabras, cómo están esculpidos los sentimientos, cómo danzan los autores.

Carmen Pallarés pinta ordenando un aluvión de líneas en bosque arcano del que conoce todos sus senderos, su talismán, sus caprichos. Y escribe trazando el mapa sutil de una melodía azul de Bob Dylan. Entre sus libros de poemas: La llave de grafito, ABBA, Caravanserai, Luces de travesía, Esgrima, Partitura adelante…Colecciones de cuentos y ensayos sobre arte, uno magnífico acerca de la obra de Marta Iglesias, Un reino nítido.

No se trata de exponer la bibliografía de la poeta, sería una falta de consideración hacia la novela, pero no puedo dejar de mencionar los libros que ha realizado con Ángel Sardina, y sobre todo, Camino de mi palacio, una fiesta maravillosa de la poesía en edición artesanal que sólo unos pocos hemos podido disfrutar, pero en ese camino hechicero está el mejor aliento lírico, lígrimo de esta poeta grande e íngrima.

Quienes la conocen saben todo lo que de suso digo, pero quiero dirigirme a quiénes no la han leído nunca, a quiénes no la han oído, para que la oigan, la busquen, como el que persigue una voz misteriosa que se oye en la lejanía sin saber muy bien de dónde viene, ni qué secretos nos confiesa. Como un Stradivarius sonando mágico en el hayedo anclado en el alfoz.

 

Para Georg Trakl, a quien Pallarés cita, la vida del hombre no es más que un peregrinaje que finaliza con la muerte. Aquí contemplamos parte de ese viaje de muchas almas privadas de destino- otra idea de Trakl-, a través del instrumento de la melancolía que aboceta con solercia el crepúsculo del pasar de tantas almas. Porque la melancolía también es una herramienta de conocimiento, que nos hace perfilar y agudizar nuestra capacidad de percepción. No ve lo mismo un alma clarividente que un sujeto siniestro.

En El sol azabache de la melancolía – ¿podría considerarse una historia de amor perdida? –, se purifican las almas como el oro en el crisol, se sajelan los espíritus, sin recomendación alguna, sólo siguiendo la actitud y la decisión de algunos personajes, que se entregan, solidarios, a cambio de estar bien consigo mismos. Aquí se toma conciencia de la importancia de saber expresarse con precisión, con lisura, con idoneidad. Carmen Pallarés es una poeta diáfana, un ser de cultura, con pensamiento y por eso hace lo que no pueden conseguir otros.

En los talleres creativos a los que se alude en la novela, se discute la idea de Beuys, y se matiza: todos podemos ser creativos, no todos somos artistas. No hay arte sin creatividad, pero no toda creatividad es arte. Novela atípica, no tópica, que nos relata sensaciones y nos hace vivir emociones con una extrema elegancia, de estilo, de ambiente, de finalidad.

En De qué hablo cuando hablo de escribir, Haruki Murakami, reciente Premio Princesa de Asturias de las Letras- ¡hay que felicitar al jurado por su perspicacia! – compara la literatura con un ring, al que todo el mundo puede subir, pero son pocos los que resisten la pelea y muchos menos los que resultan vencedores. En las antípodas de la escritura azarosa de Murakami, Pallarés ha subido al ring y ha ganado su combate, que lo vean o no es cuestión de los lectores, los árbitros están desaparecidos.

                                                                                                                  Tomás Paredes

                                                                                                    Presidente H. AICA Spain

 

Mª Dolores Barreda Pérez presentará el libro «El círculo Benlliure»

   El 15 de junio de 2023, 19 h. en la sede de la AEPE

En un acto que se celebrará el próximo día 15 de junio de 2023, a las 19 h. en la sede institucional de la Asociación Española de Pintores y Escultores, Mª Dolores Barreda Pérez presentará el libro que bajo el título de «EL CIRCULO BENLLIURE. Entresiglos: Diccionario biográfico de 76 artistas coetáneas de Benlliure», acaba de publicar el Ayuntamiento de Crevillente, junto con el Museo Mariano Benlliure y la Federación de Cofradías y Hermandades de la Semana Santa de Crevillente.

El acto, en el que estará presente la autora, contará con la presentación del Socio de Honor de la AEPE, escritor y Premio Planeta, Javier Sierra, del Presidente de Honor de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA), Tomás Paredes, y del Presidente de la Asociación Española de Pintores y Escultores, José Gabriel Astudillo, quienes prorrogan el libro, junto al Alcalde de Crevillente y al Presidente de la Federación de Cofradías y Hermandades de la Semana Santa de Crevillente.

La portada del mismo es una obra original creada expresamente para el libro, de Alejandro Aguilar Soria, artista multidisciplinar y Socio de Honor de la AEPE.

«He hojeado con asombro sus páginas y si algo une a estas artistas es su afán permanente de superación. Aun siendo orgullosas herederas de aquella jovencita anónima del cerro de Jabalcón, les tocó vivir en un mundo cuya historia escribieron hombres. Por eso, rescatarlas de las hemerotecas, recuperar sus nombres y sus trayectorias, y reivindicar lo que hicieron, es dar dignidad a la Historia del Arte«.

Javier Sierra

Socio de Honor de la AEPE. Escritor, Premio Planeta de novela

 

«Esa es la clave de este ensayo histórico de mujeres artistas que confeccionaron la historia de esta institución, AEPE, fundamental en el desarrollo del arte y la creatividad durante un siglo y pico en España. Este volumen se publica en conmemoración del 75 aniversario del fallecimiento de Mariano Benlliure, ocurrido en 1947, pero abarca desde el nacimiento de AEPE, situado con los últimos hallazgos de la autora, antes de lo que se creían«.

Tomás Paredes

Presidente de Honor de AICA Spain (Asociación Internacional de Críticos de Arte)

 

«Este trabajo es una perfecta revisión de la historia de la Asociación Española de Pintores y Escultores, ya que nos presenta los antecedentes de una entidad que sigue viva tras más de un siglo; y nos presenta la vida y las obras de las que fueron sus primeras socias, aquellas que se abrían paso en el difícil mundo de las bellas artes en unos momentos tan convulsos en la historia de España«.

José Gabriel Astudillo

Presidente  de la Asociación Española de Pintores y Escultores

La autora:

Mª Dolores Barreda Pérez (Madrid, 1966) es periodista, escritora, investigadora, miembro de la Asociación Española de Críticos de Arte, pintora, restauradora, gestora cultural y comisaria de exposiciones. Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Museología, Secretaria General y Secretaria Perpetua de la Asociación Española de Pintores y Escultores.

Dirige la Gaceta de Bellas Artes, una revista mensual que nació en 1910 y es el órgano de expresión de la AEPE.

Responsable del Archivo Histórico “Bernardino de Pantorba”, es además autora de otros trabajos de investigación sobre el arte y otros socios y curiosidades artísticas relacionadas con la entidad, cuyas publicaciones pueden verse en https://apintoresyescultores.es/entrevistas-y-reportajes/

Reúne en este libro, EL CÍRCULO BENLLIURE, el fruto de sus nvestigaciones acerca de la biografía de las primeras socias de la centenaria entidad, coetáneas de Mariano Benlliure.

Ávida lectora y apasionada de la escultura, en este libro ha querido rescatar del olvido a las artistas que tuvieron la suerte de vivir en un periodo de riqueza artística inigualable en la historia del arte de España.

 

 

 

Firmas con sello de lujo. Tomás Paredes

 

Carlos Muñoz de Pablos: Visita a su taller

 

Hay acciones efímeras, que no trascienden: ocurre a menudo con las performances habituales, mediocres, placebo. Por contra, otras alargan y agrandan sus efectos según pasan los días. Pocas fechas ha, un grupo de amigos visitamos el taller segoviense del maestro Muñoz de Pablos y la impresión inicial, que ya fue rotunda, se ha ido anchurando. El maestro, con su pausado decir, con su sosegada clarividencia, nos explicó algunas de sus obras realizadas, otros proyectos y mostró un retrato espléndido del doctor Laguna- “Tu duca, tu signore, e tu maestro”-., que acaba de hacer.

El grupo de los visitantes lo componíamos: Manuel Parralo, pintor y catedrático de la UCM, en la que fue Decano de Bellas Artes; Enrique Ybarra, escritor oculto, empresario y coleccionista de autómatas y saberes; la doctora Emilia de Dios, jefa de Servicio de Ginecología y Obstetricia; Paula Varona, pintora de éxito y miembro de jurados; Félix Ortiz, promotor cultural y artéfilo de abolengo; Ana Muelas, defensora de la naturaleza y denodada amante de los árboles; y quién firma estas líneas, humilde crítico de arte.

El lector conoce y admira el orbe de Carlos Muñoz de Pablos. Mas, por refrescar la memoria, apuntaré datos de su perfil humano y de su obra. Ante todo, hay que decir que Carlos Muñoz de Pablos es el maestro vidriero actual por excelencia. No es igual haber hecho alguna vidriera, que consagrar la vida a este soporte, materia y mester. Vitrales han hecho Farreras, Feito, Vilató, Manuel Ortega, Arcadio Blasco, Lapayessev…Pero, vidrieros son Muñoz de Pablos, Henri Dechanet, Galicia, Joan Vila-Grau, Luis García Zurdo, Pere Valldepérez, Fernández Castrillo, entre otros, cada uno con su dimensión. Sin olvidar los talleres de la Real Fábrica de Cristales de La Granja y los de Gordiola en Algaidas, Mallorca.

Andrés Laguna: veladura de aguatinta negra y negro compuesto sobre lino y cáñamo; 148×98, proporciones áureas; 2020, Carlos Muñoz de Pablos

 

Llamar maestro vidriero a Muñoz de Pablos es sólo dar una pista, porque dada su sólida formación y la obra realizada, se trata de un artista sobresaliente, de primer nivel,  avalado por la dimensión de su pintura, de su obra. ¡Quien dibuja ese retrato intuido, no apócrifo, del doctor Laguna es alguien con mano para llevar un momento creativo a la eternidad; un creador que sabe imbuir a sus formas poderío, dimensión y presencia!

Y todavía está su talante cordial y su talento, cultivado y veraz. Me satisfizo que recordara el contenido de Discurso sobre Europa de Andrés Laguna y que situara los movimientos en su tiempo, que diferenciare la obra exenta y las artes aplicadas; que nos mostrara los nidos de barro de las golondrinas y las plantas de celidonia de su patio, una papaverácea, también denominada celidonia mayor o golondrina, que ya clasificó Laguna. ¡Qué meguez para el oído y el espíritu que la palabra golondrina identifique una planta sanadora y un ave milagrera!

Carlos Muñoz de Pablos, Segovia 1938, se forma en la Escuela de San Fernando al tiempo que trabaja en los talleres de la Casa Maumejean. Becado por la Fundación March amplia estudios en Europa. Forma “Gremio 62” cabe José Luis Coomonte y Quico Argüello. Dura poco este grupo y ejerce por su cuenta con evidente éxito. Más adelante formará, con la complicidad de sus hijos, Vetraria Muñoz de Pablos S.L.

Impulsa la recuperación de la Real Fábrica de Cristales de La Granja, siendo en sucesivos mandatos director del Patronato de la Fundación del Centro Nacional del Vidrio. Académico de San Quirce y de San Fernando, pertenece a varias instituciones internacionales de la especialidad. Y al selecto grupo de españoles prestigiados más allá de nuestras fronteras: participó con lucidez en la restauración de la catedral de Cracovia.

Ha colaborado con arquitectos de la talla de José Luis Fernández del Amo, quién le consideraba gran artista y polímata; Sancho Roda, Félix Candela, Rodolfo García de Pablos, Curro Inza, Eladio Dieste.  Su mayor aportación al mundo del arte, desde mi óptica, ha sido la realización de un lenguaje que ha servido para introducir las vidrieras en el arte contemporáneo, para hacer del cristal una materia soporte de la obra de arte. ¿Acaso las vidrieras de Braque y las de Muñoz de Pablos no son arte de nuestro tiempo?

Paula Varona en el estudio de Muñoz de Pablos

 

Cuando un artista da rienda suelta a su fantasía creadora, las normas y los límites los precisa él mismo, con independencia del asunto. Rothko establece su mundo, al igual que Velázquez el propio. Cuando un creador plástico realiza encargos, se somete a numerosas exigencias: las propias y las del mecenas. Es extraño que haya obra de arte sin oficio, pero en la ejecución de las vidrieras es imposible hacer algo sin dominar un trabajo complejo y multidisciplinar.

Carlos Muñoz de Pablos, diseña sus obras, realiza maquetas, crea las cromías del vidrio; el artesano magistral se pone al servicio del creador concluyente y de ahí emergen esas piezas que misterian y emocionan; esa epidermis traslúcida de templos y palacios, que se sirve de la sonrisa de la luz. Y más aún, ahí está su mítico mural de la coronación de Isabel de Castilla en el Alcázar Trastámara.

Y no sólo crea ex novo, sino que salva piezas, restaura otras, complementa con pulcritud y solercia. Mago alquimista, conoce el comportamiento del fuego, algo mágico, y sabe orientar la dinámica del líquido coloriento, tocando a las puertas de la leyenda. Cuando le piden restaurar el templete de San Pietro in Montorio de Bramante, se encuentra que debe rehacerlo. Su huella en las vidrieras de la catedral de Segovia está a la altura de la de Sabatini y Gil de Hontañón. ¡Las vidrieras de la catedral de Pamplona, Santa Mª de Vitoria, Congreso de los Diputados de España, lucernario del rectorado Universidad Euroárabe de Granada son una carta insuperable de presentación de su magisterio!

Carlos Muñoz de Pablos entre sus hijos Pablo y Alfonso

 

Su vetusto e histórico taller, teatro de sus sueños, es tan acogedor como sorprendente. Ahí estuvo ubicada la Imprenta que dio a la luz el primer libro impreso en España: El Sinodal de Aguilafuente, 1472: volumen de 48 pp. actas del sínodo convocado por el obispo Juan Arias Dávila. Este eminente clérigo, bibliófilo e innovador, trajo de Roma al tipógrafo Juan Parix de Heidelberg, que se estableció en Segovia e imprimió ocho libros, no sin rifirrafes con la censura, por lo que abandonó Segovia y se fue a Toulouse en 1475.

En el patio suena el agua, hay un pozo y celidonias por doquier. En el muro cuelga un relieve magnífico de Francisco Toledo. Bajo los aleros, los nidos de golondrinas. Por veces, el muñidor del vidrio se funde con la figura de Juan Parix y uno se trasplanta a siglos de luz en esta época de sombra y de tinieblas. Aquel templo del saber y de la difusión del arte, que por su ventanal se asoma al monasterio jerónimo del Parral, está lleno de vida, pues allí ejerce su creatividad este hechicero de formas y tinturas.

 

En ese trance, uno se pregunta, ¿cómo es posible que la ciudad con la arquitectura civil más espléndida del s. XVII se haya convertido en un centro comercial; en un vaivén de gente desorientada y desafecta? En Segovia se proclama reina, 1474, Isabel la Católica, una inteligencia de altura. Es la capital de los Trastámara, de Enrique IV, el caldo de cultivo donde se destilarían las aguas que conducen al Imperio y a la proceridad hispánica. ¿Por qué no hay ni una mención a Doña Inés de Azorín, cimera creación, su gran novela segoviana?

¡Gracias a Carlos por conservar esta cuna cultural, este ostugo de gloria! Manuel Parralo, quien mejor conocía la obra de Muñoz de Pablos, explicaba y planteaba cuestiones. Paula Varona, con ojos de pintora, ponía sus ojos en las figuras y sus vibraciones. Enrique Ybarra, precisaba datos y detalles históricos- se ha hecho perito en lunas y en historia de Segovia-. Félix Ortiz, que tanto ha hecho por la vida cultural de la villa, recordaba y proponía. Emilia, se dolía de un pie y observaba, como Ana y como yo, emocionados y absortos, aquella lección tibar que Carlos nos brindaba, gracias al saber, no al azar; merced al sentir y a su sensibilidad de ahormador de creencias y fantasías.

Vidriera de Muñoz de Pablos

 

Carlos, sobrio, natural, ascético, mollar, explicando. El runrún imaginario de la imprenta. El moho tapizando el empedrado. El tizne esquinero y las plantas verdes. La música del agua. Y yo reinando acerca de ese retrato de Andrés Laguna, que Carlos Muñoz de Pablos propone. Efigie en majestad, poderosa, portentosa, de converso y renacentista, de sabio y de vidente, que exhibe el retrato del doctor, traductor de Aristóteles y Cicerón, Galeno y Luciano; “español europeísimo, honra de la medicina y del helenismo de la época de Carlos V”, al decir de Marcel Bataillon.

 

Fue como un puñetazo en el cerebro, la imagen exergónica, imperiosa, en blanco y negro, ¡como debe ser!, con aquella inscripción de la pieza maestra de Laguna: “Europa que a sí misma se atormenta”; Europa sese discrucians; “Europa Eautentimoroumene, esto es, que miserablemente se atormenta y deplora su desgracia”, como reza la traducción hecha del latín en que fue pronunciada. ¡Europa que sigue cuestionándose en lugar de laborar!

Andrés Fernández Velázquez Laguna, conocido como doctor Laguna, Segovia 1510- Guadalajara 1559, “segoviano y amante de la Medicina”, helenista y escritor, erasmista, humanista, médico del Papa Julio III, peregrino y cortesano, botánico, asesor del emperador Carlos, arquiatre de papas y reyes, fue una conciencia de su tiempo y del hombre, un referente de la ética y los saberes. Autor de una amplia bibliografía, aquí nos convoca su determinante Discurso sobre Europa, pronunciado en Colonia, 22 de enero de 1543, siete de la tarde, en el célebre Gimnasio de las Artes coloniensegripiniense.

Acudió a la lectura del Discurso vestido de capuz y capote, de negro rigoroso, al atardecer, a la luz de los hachones, con un auditorio de príncipes, reyes y notables, que aplaudieron la enjundia de su pensamiento. Acompañó al emperador en la toma de Saint Dizier, estuvo nueve años en Italia y en Venecia se alojó en el palacio de Don Diego Hurtado de Mendoza, su protector. En 1555, en Amberes, publicó su Dioscórides, dedicado a Felipe II, y al año siguiente, Discurso de la pestilencia.

 

M. Parralo, Muñoz de Pablos y E. Ybarra ante el dibujo del doctor Laguna

 

A la par de su colombroño Andrés Alciato (1452-1550), se compara su alegato sobre los peligros que acechaban a Europa, dicho en Colonia, con la “Meditación de Europa”, de Ortega y Gasset, Berlín, unos siglos más tarde. Andrés Laguna, prohombre renacentista, alcanza el somo de su presencia en esta imagen, que a su vez anuncia la dimensión de Muñoz de Pablos, como dibujante y como forjador de efigies, porque si no existen imágenes directas creíbles de su figura, esta podría ser un acierto milagroso y una lealtad a lo que representa.

Muñoz de Pablos honra la luminosidad del arte con su limpidez, con su destreza en el dibujo que define, con su diáfana manera de expresar la experiencia de sus sensaciones, con las vidrieras que congregan al timepo. Y nosotros tuvimos el privilegio de asistir a un acto de concienciación, a una lección de humanismo presidida por la figura del prócer doctor Laguna y del maestro que ha sabido ponerle imagen a su dignidad. Sin ánimo de parangón, cuando Carlos levantó la tela que cubría el retrato para mostrarlo, sobrecogido en el silencio, me vino a la mente la actitud de Tiziano cuando enseñaba a sus retratados la cumbre de sus comendamientos.

 

Tomás Paredes

                                                                                         Presidente de H. de AICA Spain

Firmas con sello de lujo. Tomás Paredes

 

Oroza: el Poeta, la Poesía

 

La literatura es una cosa, la poesía otra. La gallina y el ruiseñor son aves, pero ¡qué diferencia del cacareo al canto, que misteria la noche! La literatura es una creación cultural, a veces puede ser arte; la poesía es un canto del alma, anterior a la escritura. La escritura es estructura para soportar sensaciones e impresiones; la poesía oral es arquitectura melódica y rítmica de la espiritualidad sensible. Oroza: “Soy poeta y no tengo por qué ser otra cosa. Estoy prendido de contar cantando”.

Para quienes le hayan leído, es un momento idóneo de volver a su mundo y constatar cómo resiste al tiempo y las adversidades, cómo sigue de fresca su intensidad poética. Para aquellos que le desconocen, al leerlo van a descubrir un paraíso, que nunca imaginaron; un oasis en el desierto de nuestra cultura. El día 13 de mayo el autor de Cabalum hubiera cumplido cien años. Se ha ensamblado, en Vigo, una Asociación Cultural Évame-Oroza, que se encargará de organizar la celebración del centenario.

En vida, siendo un poeta idolatrado por la juventud y los creadores, institucionalmente fue atropellado, oscurecido, abandonado, menospreciado, histrionizado. Representó a la perfección el ideal romántico de poeta: antisistema, nefelibata, nocherniego, anárquico, pacifista, luminoso; lo fue todo, excepto bebedor y espadachín. Apasionado por Li Bai, más por su vida, se diferencia en muchos extremos del poeta chino. Importa su poesía, la que le mantendrá siempre actual. Los avatares de su vida, no se deben ocultar, pero no son determinantes.

 

Carlos Oroza a finales de los 60

 

Se tiende, en general, a liarlo en el envoltorio del mito y la leyenda. Es muy sugerente; todas esas fantasías que se cuentan, a veces deturpan la dimensión de su poesía. Su vida no fue fácil, todos se jactan de conocerle mejor que nadie y de inventarle un aluvión de sucesos apócrifos. Ni buscó ni le importó el reconocimiento: “Lo que hago es una cosa muy especial, un documento interior: buscar detrás de la realidad, donde está la verdadera poesía, saltar el tiempo y entrar en otro espacio”, confiaba a La Voz de Galicia, 28.I.2000,

Sigo creyendo que Oroza vive. Esbelto, enteco, sarmentoso, seco, cetrino, imbele, enhiesto, cipariso, eterno: “No vuelvas nunca al lugar donde has sido feliz”. Lo veo paseando, majestuoso, las calles de Vigo hasta el mirador de las Cíes, como una sombra que nadie descubre, allí se detiene cabe el olivo, enciende otro cigarro, y atiende atento la voz del Alighieri- “tu duca, tu segnore , e tu maestro-“.

No, no estoy comparando. Oroza no es Virgilio, ni Dante, ni Hölderlin, ni Rimbaud, ni Pound, ni Vallejo, ni Ginsberg. Oroza es otro, él, único, genuino. Impresente, secluso, clandestino, sin dejar de fumar, ahumado, como una vaina llena de semillas de la que emerge su “poesía palabrera y única”, como reza el exergo umbraliano. Fue varios, pero siempre único, incontrolable, indomable, impredecible, como el viento, la lluvia, los terremotos, los volcanes.

Ruibal, Oroza y Tomás Paredes, Ponrevedra 1995

 

Oroza era naturaleza, nemoroso y viene de la pulsión originaria; de Li Bai, nostálgico del agua, el vino y de la luna; del trovar ric y los aedos, Mendinho, Johan Zorro y Aires Nunes. De Viveiro, do nació, a un Madrid luctuoso, en blanco y negro. Vive la golfemia del “Gijón”, se relaciona con Lucía, Eléncar, Álama, Marlaria, Ávea, Brasalomba, Atelaida, Rosamunda. Se casa y se descasa ¡MAO, Perico Beltrán, Don Jaime, Campal, Villán, Hernández, Pepe Esteban, Julián Marcos, Manolo Calvo, El Gayina, Laxeiro, Gómez de Liaño, Bepo, le miran de cerca!.

Viaja a Ibiza, donde convive con los hippies, interviene en una película de Summers, vive en casa de Úrculo, era el 69. Y vuelta a la calle Jardines, Madrid, a la panadería que le surte al amanecer, cabe la Discreta. Mas tarde pasa unos años en O Courel con Uxío Novoneyra; luego, Pontevedra, donde sería injusto no mencionar al pintor Ruibal, a Celso. Después, vagabundea por Vigo largos años, a salto de pensión y de cafés, hasta que aparece Javier Romero, que normaliza sus años finales.

Muchas son las etiquetas que se le asignan: bohemio, poeta beat, resistente, poeta maldito, hampón, ágrafo, hippie, rapsoda, trovador. Nunca tuvo que mandar ni obedecer para vivir, un ángel azul le acompañó toda su vida, que le fue resguardando de la penuria y la egestad. Nunca, aún en graves situaciones, perdió la elegancia, el señorío, el resplandor que construye su verdad y su leyenda. ¡A todo esto, a la frugalidad, a alimentarse de la propia austeridad, sin dejar de ser estrella, se llama orozear!

Tapa de «América» Yurihito Otsuki

 

 Amistad de cuarenta y cinco años. En ocasiones, más cerca; otras, más lejano. A veces, desaparecía y hasta qué no llamaba por teléfono, no sabía por dónde circulaba. Era muy difícil que escribiera cartas, pero tengo algunas. En los últimos lustros, me daba la dirección, pero si no me telefoneaba, no hacía uso de ella. En 2000, La Voz de Galicia, confesaba: “El teléfono es necesario, pero yo no lo necesito. Y el ordenador tampoco. No escribo a mano, sino en voz alta. No tengo tele. Escucho música y leo. La música tiene ojos más amplios. Donde termina la imagen empieza la música”.

Sus libros son pocos y delgados, pero contundentes. La poesía nunca fue amiga de la cantidad. Sus rubros: Eléncar, 1974, con cinco serigrafías de Benigno Morilla; Cabalum, 1980; Alicia, 1985; Una porción de tierra gris del norte, En el norte hay un mar que es más alto que el cielo, La llama prestada, Un sentimiento ingrávido recorre el ambiente y como antología y resumen general, en 2012, la editorial Elvira publica Évame, revisado y autorizado por él. Aunque prefiero leer los libros sueltos, uno a uno.

Oroza, un ángel, al margen, anarco, ajeno, huido del tumulto, desheredado. Un ángel, siempre protegido por un ángel, que variaba de rostro y menester. Amparado por la luz, cuando más oscuro hacía, que le iluminaba. Nunca tuvo sueldo, ni ocupación, ni propiedad, ni pensión, ni cobijo definido, nada: era poeta, desnudo, inocente, desaprensivo, en manos del destino, por el mecido. El azar hizo un trabajo excelente, siempre respirando el humo de su cigarro.

Colofón de «América» con firmas de Oroza y Otsuki

 

Insistió adunia, en algunas entrevistas: “Soy un solitario que rechaza el tumulto. ¿Mi empeño? Huir de la obviedad; darle a la poesía su sonoridad. Porque la poesía es más voz que signo. Es, sobre todo, ritmo. No rima, sino ritmo”. Rechazó la televisión, una beca y cualquier ayuda institucional, que no fuere el pago de un recital. Querían modificar su estilo y eso era cambiarlo y, claro, prefirió el silencio, la lejanía de los políticos, la soledad encielada por su estro.

Poeta de la palabra hablada, corregía en la memoria, arreglaba los poemas en su cabeza. Se resistía, pero no tuvo más remedio que publicar. Editó siete títulos desde 1974, varias antologías, y cinco con pintores. Siempre reproducido en horizontal, tal la raya de un horizonte infinito. Alicia, seis serigrafías de Enrique Gran, 1988; El sentimiento se mueve allí con soltura”, ocho serigrafías de Din Matamoro, 2005, el único que desconozco. “Un sentimiento imaginario recorre el ambiente”, cinco litografías de Antón Lamazares, Raiña Lupa, París 2006; Malú, serigrafías de Nelson Villalobos. Y América, su primera traducción al japonés por Yurihito Otsuki, que también lo ilustra con pinturas, reproducidas a chorro de tinta, Madrid-Tokio 2015, preciosa edición firmada por el poeta y el pintor.

Inventó varias palabras que le ayudaban a acelerar el ritmo apasionado de su decir, a acompasar su trino, a vivificar el galope de su verso: ómnima, onilios, luctus, unicar, golosar, azúlida, miyomas, traspariendo, americando, elesdé, coelesdé, eglantina, laya, paramez, europar, lumacha, malú, nóbul, cópul, mántrica, rina, explandidos, turmándose, amaramer, nubelina, trasálidos, copro, cabalum.

Cofundador de la revista Tropos, con Zabildea y Paniagua. Grabó con el grupo Elipse, en 1975, el primer rap de la música española. Y Ariola hizo una grabación exitosa de Malú. Actuó con Nico, a la que conoció en la discoteca Mau Mau en los setenta, musa de Velvet Underground, que moriría en Ibiza. Aute, Eduardo Aute musicó y canto unos cuantos poemas, siendo el último trabajo que firmó antes de su desaparición.

Interior de «América», texto español y japonés, obra de Yurihito Otsuki

 

Decía que no era culto, no es verdad. No era erudito, culto sí: “Yo me he embriagado de éter, de Hölderlin y de la poesía más alta”. Sus preferencias estaban en Li-Bai, Rilke, Whitman, Hölderlin, Rimbaud, Dylan Thomas, César Vallejo; amigo de Ferlinghetti, al que recibió en Madrid en el “Gijón”. Escribía pensando cuando paseaba, anotaba algo en un papel, pero era raro. En el escenario, recitando, se crecía, era imbatible, acontecimiento ascensional: un tremendo seductor de auditorios y mujeres. Sin suerte. Vivió del aire, en el aire, a su aire, como el aire, a la intemperie.

Oral, dominando la cesura con la respiración, sin puntos ni comas. A brazo partido con el momento, performativo, trovador prendido al canto, como antaño en Occitania. Todos los libros se ahorman en un título: Évame, como un largo poema, una melopea lírica en llamas, azotada por el viento, que arde en el miajón de la magia y el misterio. “El poeta nace cuando le sorprende la primera palabra. El poeta organiza el caos, da sentido al absurdo de la existencia”, afirmó.

Su primer libro, acerca de la pintura del poeta dominicano Manuel del Cabral, Cabral, Colección Goya, Madrid 1952. Tuvo algunos premios, que no buscó: Internacional de Poesía Underground, Laxeiro 2008. La Fundación Cristóbal Gabarrón publicó una antología, En el norte hay un mar que es más alto que el cielo, Valladolid 1996, 1.000 ejemplares destinados a otras tantas universidades del mundo ¡Una idea inteligente, concluyente, eficiente!

En la intimidad era fino, elegante, cariñoso, dulce, hospitalario, tierno, limpio, llano. Fuera y dentro, vitalista, genial conversador, acumuló aura, tal Arnaut Daniel. Siempre contigo, poeta enamorado de la claridad, del son y de la gracia, voz mágica surgida del corazón de las tinieblas, fuiste semilla y por eso sigues creciendo, eres canto: Tu Guía, Tu Señor, y Tu Maestro, Inf. II, 140, así se dirige Dante a Virgilio, en la Comedia.

 

                                                                                                                 Tomás Paredes

                                                                                   Presidente de Honor de AICA Spain

Firmas con sello de lujo. Tomás Paredes

 

2023 ¡Año Blanco!

 

El blanco es símbolo polisémico; es uno, en cuanto suma de los tres colores primarios, e indica totalidad, síntesis de lo distinto. Según Guenon, Symboles fondamenteaux de la Science sacrée, después de considerar la composición del arco iris, el blanco es asimilado al oro, no a la plata; al andrógino, a la deidad. La blancura refiere pureza, límpida epifanía, sol iluminador, inocencia, desnudez. En la India se asocia a la “tierra de los vivientes” o paraíso. El blanco mueve al optimismo, a la claridad, a la luz, a la ascensión del ser, que irradia beneficios a la gloria de su existencia.

Hay pintores, compositores, poetas que crean con luz, en medio de la luz, potenciándola, sajelándola, lustrándola, aseando el aire y ahuyentando las sombras; el blanco como meguez, que se extiende en la evidad más virginal de la materia; así, Ortega en su filosofía, Eugenio de Andrade en el poema, Cage en el silencio sonoro, Juan Carlos Lázaro en la pintura, Bach en la Chacona o la poesía que purifica el canto o la nieve que no habla, pero dice. ¿No es blanco el amor, cuando amanece?

Las palabras siempre enferman de ignorancia, al ser pronunciadas por estultos. Herimos las palabras con torpeza y el deber de todos los hablantes, de los que escribimos, es curar esas heridas. Aunque sólo los poetas salvan las palabras, como al arte lo sanan los artistas. Debemos huir de los lenguajes sucios, golfos, de la contaminación, de la palabrería basura, huera, que huele mal, porque se convierte en mercenaria, en hez.

2023, ¡Año Blanco! Pero no me voy a referir al simbolismo, ni a perspectivas halagüeñas, lo que sería difícil, sino a algo concreto como es el centenario de Venancio Blanco, Matilla de los Caños del Río 1923-Madrid 2018. Un escultor, ¿un ángel?, que supo imbricar en la materia- madera, bronce, cemento, escayola, cera, yeso- el tiempo, el movimiento, la música, el canto, la espiritualidad, la epiqueya del vuelo, la lírica.

Venancio Blanco

 

Este año se celebran diversos y significativos centenarios: Eugenio de Andrade, que publicó Branco no Branco, 1984; Miroslav Holub, Manuel Álvarez Ortega, Yves Bonnefoy, Carlos Oroza, Anilda Leao de Maceio, Jorge Cáceres, Wislawa Szymborska, Ory, Antonio Pereira, Marcel Marceau; artistas plásticos: Tápies, Sempere, Sam Francis, Cruz-Diez, Soto, Venancio Blanco. También, María Callas, Lola Flores.

En 1923 se publican, en Leipzig, Elegias de Duino de Rainer María Rilke, ¡un resplandor de cal en las tinieblas!, un monumento que explica la emoción, el misterio y el miajón de la poesía; la esencia de la humano. De algunos de ellos me ocuparé en esta Gaceta a lo largo del año.

En los cincuenta del siglo pasado, en el mundo del arte, había algunas personas que llegaron a identificarse con sólo el nombre, una de ellas era Venancio, Venancio Blanco, el escultor que hizo dialogar el canto y el bronce, el hueco y lo sólido, que ahorró pesantez a la materia, y Venancio Sánchez Marín, un crítico de arte augural y poeta fantástico. El chico ”rojo” que lo aprendió todo en el taller de grabado de la Casa de la Moneda. Si bien este siempre iba seguido del primer apellido. En poesía, Gerardo, era Diego y, en pintura, Gerardo era Rueda.

Monumento al vaquero charro

 

¿Y qué han preparado las instituciones públicas para celebrar estas efemérides? Poca cosa, nada. ¿Dónde está el “Reina Sofia”? En el ruido, la ideología partidista y el ronroneo con las asociaciones vecinales de Lavapiés.  ¿Y el Ministerio de Cultura y Deportes? En la inopia, en el trotecillo cochinero y ramplón de Chiquito de la Calzada. Afirma Valery en sus Cuadernos que los idiotas no son tantos como se dice, “¡pero están tan bien elegidos!”. Las fundaciones Manuel Álvarez Ortega y Venancio Blanco respectivamente, haciendo lo que pueden.

Portada del catálogo

 

A la cultura, al arte hay que dejarlos crecer, sin directrices; cuanto más se haga, en distintas direcciones, más se beneficiará la sociedad que promueva su desarrollo. La cultura no requiere sino libertad para que la sensibilidad humana se manifieste.

¿Qué hace el “Reina Sofía” por el arte español? Avergonzarse de él, obstaculizar su difusión, manipular su realidad. ¿Qué puede conocer el visitante extranjero, u ocasional, del arte español, cuando visita el viejo hospital? Mucha documentación, escaso arte. Y ¿qué hace el Instituto Cervantes más allá de promocionar a su director y ser academia de idiomas? ¿Qué prestigio tiene una institución que el presidente del Gobierno utiliza como prebenda para pagar silencios? ¿Qué son M. Álvarez Ortega, Oroza, Antonio Pereira, Carlos Edmundo de Ory para el Instituto Cervantes? A lo que se ve, nada.

El día 27 de enero se inauguró una antológica de Venancio, en Santo Domingo, Salamanca, comisariada por Vanesa Gallardo. Habrá otra en Casa de Vacas de Madrid. Un libro excepcional, editado por Mapfre, sobre la vida y la obra de Venancio. Un concierto, mesas redondas, conferencias y otros actos que difundan la dimensión de la figura de este escultor fundamental del siglo XX. En su pueblo natal se mostrará una escultura, con la idea de permanencia. ¿En el “Reina”?, nada; ¿en la Academia de San Fernando?, menos que nada; ¿en el Museo Nacional de Escultura?, más de lo mismo.

“Venancio Blanco. 1923-2918”, Fundación Mapfre y Fundación Venancio Blanco, ya está en las librerías. ¡Una belleza de edición, por continente y contenido! Que yo participe en él, no puede condicionarme a silenciar sus virtudes e impedir felicitar a sus editores por la elegancia y la prestancia del documento. A veces, las editoriales no cuidan sus trabajos y degradan el aura de la imprenta. No es este el caso, con toda probabilidad, este libro quedará como el hito de la conmemoración del centenario.

Cristo vuelve a la vida

 

Más que a sus datos biográficos, voy a referirme a su obra, a sus obras, que son las que le dan la dimensión que exhibe. Amó con pasión la vida de taller, la docencia, fue profesor de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Madrid, académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, director de la Academia de España en Roma; siempre cerca de los jóvenes y de la enseñanza del dibujo, su talismán; en talleres de la Academia, de la Universidad de Salamanca y de otras instituciones. Pero, su fuerte es su obra: escultura, dibujo, pintura.

Aunque a lo largo de su dilatada vida realizó cientos de exposiciones, sólo hubo unas pocas antológicas, como la celebrada en el Palacio de Velázquez- con un texto claro y sólido de Venancio Sánchez Marín-. De sólito la exhibición de su obra se hizo de forma temática: primera época, escultura religiosa, música y danza, flamenco, iconografía clásica, tauromaquia, caballos, retratos, dibujos, pinturas. Fue un autor muy completo, por su formación, y un piquito de oro, haciendo arte cuando hablaba.

Su influjo es italiano, pero sus caballos vienen de Grecia, según confesión propia. Descubrió a Marino Marini y le tuvo fiel respeto, llegando a dibujar todas las piezas de una de sus exposiciones. Nunca obvió la impresión que le produjeron los caballos de la cerámica griega y conviene apuntar que su niñez la pasó en el campo, en una naturaleza entre toros y caballos, porque su padre era mayoral de una ganadería de reses bravas.

Juan Belmonte

 

Sus tauromaquias son uno de los ejes de su obra, pero, ante todo, su admiración por el caballo. La fuerza, el aire, la belleza, la elegancia que sabe infundirle a sus caballos es una de las características principales de su obra. También el toro bravo, al que efigia exultante de empaque, potencia y tronío. El primer enamoramiento de Anthony Quinn por su obra viene de la prestancia audaz y pulquérrima de sus caballos y por la dimensión que infunde a los lances de la fiesta.

Pero, no quiero ceñirme a una parcelación. No voy a distinguir el arte religioso, aunque sea el único escultor español que goce de un espacio exclusivo para esta vertiente de su obra -Museo Religioso Venancio Blanco, en el palacete Monte del Pilar, El Plantío, propiedad de Mapfre-. Ni del flamenco, por mucho que le disfrutase. Venancio hizo enamorarse al aire y la materia a fin de crear hondura y fragilidad, haciendo que la contundencia vuele. Venancio es figurativo, a veces pudiera parecer abstracto, pero no, siempre referencia formas, que ambicionan explicar la música, el baile o el cante.

Venancio crea idiolecto, el estilo Blanco, entregando a sus obras una impronta que en cuanto las observas sabes que le pertenecen, materia blanca; blancor de la ensoñación, cortesía de la ambición creadora, Sea la Perrata, que nos traslada a los sonidos negros del cante; o la imagen de San Juan de la Cruz o la cabeza del torero Juan Belmonte. Con esta obra se desmarca de todas las clasificaciones, es un retrato, pero mucho más: es la expresión de un torero que se enfrenta con el peligro en cada grano del albero y de ello hace belleza, trágico expresionismo.  Prognata, los machos de la montera equilibrando; los ojos hundidos en el corazón de las tinieblas, la vida cabe la muerte.

Venancio y su monumento al Quijote

 

Obras maestras: retrato de Gerardo Gombau; Torero, descomposición, El Nazareno, Espíritu Santo, Homenaje a Antonio Bienvenida; Portagayola, larga cambiada; Formas para el espíritu de Castilla; Brahms, Sinfonia nº 4. La escultura de Venancio es poemática, con ritmo, con cadencia; es poesía en sus vuelos y sus sones, en su diáfano destino de trascender, en su vocación de plegaria, en su coreografía sagrada, en la magnitud de su presencia. Sus formas articulan un territorio por donde transita la poesía. No en balde el trofeo que simboliza el Premio Adonais era de su autoría.

Para Venancio Sánchez Marín: “La escultura en metal ha otorgado tanta importancia espacial a la ausencia como a la presencia de la materia. Gargallo comunicó una relevancia extraordinaria a la oquedad. Julio González, a lo que otorgó primacía espacial en sus obras fue al vacío. Y Venancio Blanco, en esta misma línea problemática de las figuraciones, ha resaltado como nadie el poder de sugestión espacial de la rotura de la materia escultórica”.

Es Medalla de Honor de AEPE, pero este recuerdo no va de galardones. El gran premio fue su presencia entre nosotros. Su clasicismo, su constante mirada a Grecia, su oficio y su conocimiento del álgebra de los fragmentos, la consideración del aire como materia a modelar, la figuración vanguardista: la convicción y certeza de que, como apunta Pessoa, en toda forma trascendente hay alma, determinan su obra y la distinguen, jerarquizando su proceridad.

                                                                                                                   Tomás Paredes

                                                                                                   Presidente H. AICA Spain

 

 

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver Política de cookies
Privacidad